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Priv. || FUCK AWAY THE PAIN ||

Ryan Goldstein el Miér Abr 18, 2018 7:04 am

Recuerdo del primer mensaje :

stalker:

tema +18



Derribó un qué importaba, forzado a retroceder o urgido a ello, dependiendo cómo se interpretara la ilusión, de amor o guerra.

El estrepito los tuvo sin cuidado, o más bien, ambos tenían su atención, no, sus manos puestas en el otro, entregados a un tira y afloje, besos de por medio.

Suele ocurrir, en medio de una disputa. Olvidarse del motivo que te ha llevado a la afrenta, el roce. Hasta que las cosas se tuercen, del todo.

Sólo que Ryan, no hacía la guerra. Jamás. No con Laith.

No atendió a una sola queja, y en cambio. Era su falta de resistencia, lo que acabó por desnudarlos, antes siquiera de que las ropas cayeran al suelo. Y es que, puede que el único punto de entendimiento entre ellos, fuera ese en el que hacía falta estar embriagado para dejarse llevar, sin pedir disculpas.


***


El día antes, en un café

—No vine a Londres por ti—dijo, el semblante ligeramente grave. Acodándose sobre la mesa, entrelazó las manos a la altura de esa sonrisilla que para otros podía resultar entrañable, misteriosa, esa que no moría, en su rostro de rubiales de ojos dulces.

Y se suponía que era entonces que le decía, que no, que lo del acoso era imaginación cuando lo curioseaba con esa mirada, insistente como era. Y contundente, especialmente contra todo rastro de orgullo que pudiera tener un hombre bello:

—No detrás de ti, no loco por ti.


*

Quebró en un suspiro, hundido en el cuello de Laith, sólo porque era su aroma—que se sentía en deseos de morder, porque sí, se podía morder el aroma, hasta obnubilar los sentidos—, y él estaba hambriento por debajo de toda esa máscara hecha a medida que llevaba encima, de efusiva calma, esa con la que a su vez quería engullir cada trocito de antojo, que era Laith Gauthier.

Sólo porque era su aroma—que quizá podía haber olvidado o que no fuera suyo como tal contaminado por la fuerte presencia de alcohol y colonia, pero que era Laith en esencia, y lo atraía volviéndolo imprudente y seguro de una sola cosa: quería tenerlo contra lo que sea, bien sujeto—, y lo volvía loco, por ese atropello ciego con que lo hacía rendirse a él, sin preguntas, o sin esperar realmente una respuesta, sin que esta última importara para nada.

No había manera de explicarle por qué. O de que se sintiera de la misma forma que él. Tampoco necesitaba más que ese momento. Vería las cosas diferentes por la mañana, quizá. O por la mañana que le seguiría a aquella. Y puede que volvieran a esas sábanas, a ese cuarto, al encuentro de algo que no estaba allí desde el principio. Pero en él, Ryan, siempre hallaría renuncia voluntaria, sólo con un beso.  


***

—Hoy no soy esa persona que solía ser. Ahora, hay cosas que yo no—Se interrumpió brevemente. Había una cierta inquietud en su mirada, como si recordara. Sonrió, por encima de su café—Las personas cambian, Laith—Se cruzó de brazos sobre la mesa, despreocupado—Tú cambiaste. ¿Por qué no puede ser igual para mí?

*

Momentos antes, en casa de Ryan Goldstein.

En pantuflas, abrió la puerta en pantuflas. Había abandonado el libro que estuviera leyendo (“Cómo cocinar, sin incendiar la cocina”) en medio del sueño, pero se había dejado los anteojos de montura gruesa y lentes redondas, que a todas luces, lo hacían ver como un hombre sensible y profundo, y casi intelectual. No esperaba visitas, y esta lo tomó desprevenido. Hubiera sonreído, sólo que adoptó una expresión de circunstancias al oír la primera queja, y o porque no supo qué contestar o porque no era esa su preocupación inmediata, la invitó a pasar, queriendo que se quedara. Mejor dentro, que fuera.



Momentos después, ya sin pantuflas.
En el ahora, cuando la respiración se hace pesada, y dulce..

Ryan se volvió hacia el interior del cuarto y arrimó a Laith contra la pared, de espaldas a la cama. Lo tomó por la cintura, lo atrajo y. Ah. Repasó la piel musculada subiendo con sus manos —que eran tibias, que eran yema, tacto y ansia quebrada— hacia el pecho, apartando lo que no hacía falta, porque lo que tapaba sobraba, incluso en la penumbra del cuarto, una oscuridad sugerente que invitaba a tumbarse con ella, o sobre ella, en complicidad, y enredarse en ese juego de los claroscuros.

Lo besó y, ay. Ryan retrocedió, con un ‘tsk' —que no ofendido, más bien encendido— y la mano en la cara, mordiéndose el labio, sonriéndose. Insistió, de nuevo. Esta vez, le apartó las manos y atropelló la lengua en su boca, dejándose caer, repentino, en el gemido tierno de esa boca.


Última edición por Ryan Goldstein el Mar Mayo 22, 2018 8:51 pm, editado 1 vez
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Ryan Goldstein el Lun Ago 13, 2018 7:25 am

Fuck Away The Pain

—¿A qué…?—¿A qué juego? Oh. Ryan hubiera suspirado, pero nada pasó. Sólo permaneció anclado en el mutismo estático del momento. Porque algo gatilló Laith con ese comentario en lo hondo de su memoria. Y no se sentía como algo agradable. Entreabrió la boca y se dejó arrastrar por el efluvio del pensamiento, que blanco, blanco, transcurría mientras que Laith seguía siendo Laith, ese que iba y venía entre sus cambios de humores—Bueno, eso es rudo.

Si fue una réplica, su cuerpo no reaccionó como en una réplica, Ryan simplemente se acomodó contra el respaldo, ensimismado en vaya a saber qué idea, tan tormentosa que cerrando los ojos con disimulo, contó, contó hasta. Uno. Dos… Uno, dos tres. Entonces, suspiró, abiertos los ojos otra vez. Viéndolo todo de nuevo, con otra perspectiva, sí.

—Tú puedes quedarte en silencio—
Se levantó sin mucho reparo y sólo se volteó hacia Laith un momento, esos ojos, atacándolo con dureza, mientras que hablaba en un tono tibio, calmado pero tibio—.Cuando lo hacíamos, parecías más del tipo conversador, ¿no? Pero luego, luego es no importarte nada, ¿es eso?—No lo interpelaba al respecto, porque ya lo sabía, sólo lo confirmaba. Tampoco elevaba la voz, no le interesaba imponerse sobre ninguna cuestión, pero había juicio en su mirada—, ¿ni siquiera un poco de conversación?, ¿como si fuera sólo decoración?, ¿ni siquiera una persona con la que puedas hablar, con la que puedas estar? Ya veo. ¿Sabes? No es nada bonito, incluso para ti. Pero tú quieres que sea así conmigo, ¿verdad? Que sienta qué tan poco te importa. Oh, no, disculpa—ironizó—¡Que no te importa para nada! Así es como tú quedas como el chico listo, y yo el idiota. Lo cual, debe hacértelo mucho más fácil a la hora de desentederte. Listo, listo de maravilla. Oh, está bien por mí. Pero no necesito que me aburras con tus humores. Vete a casa—resolvió, apagando de paso la pantalla del televisor antes de dejar caer el control con un gesto desganado de la mano, para segudamente marcharse rumbo al dormitorio.


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Laith Gauthier el Lun Ago 13, 2018 10:20 pm

Quizá era. No, más bien, así lo había sido. Demasiado borde, innecesariamente hostil, como Laith acostumbraba en ocasiones. Escuchó el reclamo que supo extraño mientras lo observaba con un gesto inquisitivo, dubitativo cuando menos. ¿Se había pasado, un poco al menos? Escuchó una voz que venía del fondo de la memoria y que, sin embargo, dolió más que el reclamo que oía a tiempo real. Sabía de una persona que no estaría en lo absoluto de acuerdo con su comportamiento, que lo reprobaría con tanta o más dureza que aquella presentada en Ryan Golgomatch. Se hubiera ido, si, tal cual el otro lo dijo, pero no pudo.

En cambio se puso de pie, tomando su camiseta y vistiéndola yendo detrás, cada paso más vacilante que el anterior, ¿qué era aquella muestra de duda desenfrenada? Inhalo profundamente y suspiró despacio. — Ryan, yo... Lo siento, quizá... ¿me haya pasado un poco? —las palabras le sabían amargas, así era. Laith, quien siempre pensaba que no era necesario contemplar los sentimientos de Ryan, hoy reconocía un error. — Me iré de todos modos, si eso quieres —dicho aquello, dio la media vuelta sin esperar más nada. — Sólo, gracias por… Eso.

“Eso” significaba, de hecho, muchas cosas, de esas que Laith no quiso pronunciar. Tranquilo y galante se arregló, colocándose los zapatos. Uno de ellos le faltaba, no pudo encontrarlo, pero sí que encontró su varita y con ella pudo cambiar su zapato disponible por un par de su armario. Guardó su billetera y se encontró con sus cigarros, guardándolo todo dentro de su ropa. También se despidió de Ludo, acariciando su cabeza, mirando en la dirección a la que había ido Ryan para pensar en ello, ¿irse, así, sin más? ¿Acercarse a despedirse? Se sonrió, para sí mismo, sintiéndose en un punto de él culpable.

A Laith no le gustaba jugar con los sentimientos de los demás. Lo habían hecho con los suyos y sabía que se sentía como la mierda. Por ello fue, quizá, que se aventuró a la habitación de Ryan, buscándolo. — Sólo quería despedirme —indicó, el tono suavizado. Se aproximó, lentamente, si el otro se lo permitía le besaría la mejilla a modo de despedida. De lo contrario, no insistiría. Sonriendo, empezó a caminar, con la chaqueta colgada al hombro al no querer utilizarla todavía.
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Ryan Goldstein el Mar Ago 14, 2018 2:01 am

Fuck Away The Pain

Hizo un alto, Laith lo paraba. Se recargó de lado contra el marco de la puerta que daba a su habitación. Resopló con desgana, pero lo escuchó hablar, a un Laith que se había adelantado para mediar por sí mismo mientras que Ryan sólo podía pensar en que no había nada que hacer allí, entre ellos. Si no te ven como una persona interesante, no hay nada que hacerle. Unos te odian, otros te adoran, pocos llegarán a conocerte. Así es, según lo que la gente dice. Así que allí estaban, a pesar de todo. Le dedicó una larga, escéptica mirada, cruzado de brazos.

Gracias por… ¿“eso”? No pudo ni sonreírse. “Eso”, es el resultado de haber puesto algo más que el cuero en la relación. Te expones, haces algo bello con tu tiempo, lo moldeas con tus manos, de forma que, por favor, por favor, no se rompa, pero que en algún momento se te resbala, estalla, vuelves a la normalidad, al mundo, y lo de antes es ahora sólo un puñado de uñas rotas en una sábana sucia.

No dijo nada, se limitó a asentir y meterse en su habitación. Luego la ducha, una ducha rápida, luego la toalla, todo otra vez, luego. Se acercó a la mesita de luz y tomó un reloj de bolsillo del cajón. Lo inspeccionó con el rostro gacho y dedos nostálgicos. Si alguna vez te ha importado algo, aprecias el tiempo en que lo has disfrutado. Vuelves a ese momento, a ese lugar, a esa persona, a través de dimensiones imposibles. El reloj era un símbolo de ese viaje, cada vez que se retiraba hacia dentro de sus memorias, en su mente. Nadie tenía que saber de qué se trataba. Él lo sabía y lo que atesoraba era un sentimiento.

Lo distrajo el abrir de la puerta. Ah, ¿no se había ido?

—Seguro.


Seguía sin poder sonreírse, pero su mirada era amable. Siempre. En el fondo de sus ojos, una mancha de luz. Que era entrañable, que era juego de luces en la tarde atravesada por la sombra de aves que remontan el vuelo. Transpórtate a un parque. Ryan era, una tarde tranquila de parque. El sol se va con un brillo dorado, para esconderse, para dormir, y a esa hora la oscuridad no da miedo, sino que parece hecha por encanto, mágica, hasta que ya no queda nada, sólo frío y nada. Pero Ryan era, la luz. La oscuridad era su pasado, y el hombre que se agazapaba muy adentro de su pecho, otra cara de sí mismo. La oscuridad era el hombre. La luz era.

Cerró los párpados, qué placentera sensación, por ese instante en que Laith, (adelantándose) con un beso de despedida, le arrancó un asomo de sonrisa que hasta se destilaba por el brillo entrañable de sus ojos azules. Así que, esbozó una mueca curvando su boca y punzó a Laith con una mirada, buscando sus ojos. Adiós, sí, adiós. Sólo lo tomó por la perilla por unos segundos y lo dejó libre para marcharse. Luego, y ya podía verse a sí mismo en el pensamiento, se tiraría en la cama, llevándose una mano a la cara a modo de visera. Luego, luego. El sueño y el hombre, el hombre escapándose en sueños.

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Laith Gauthier el Mar Ago 14, 2018 2:51 am

Por “eso” significaba muchas cosas que Laith no podía, o no quería simplemente, decir. Gracias por estar ahí cuando soy un imbécil contigo, por ejemplo. O gracias por darme tus sentimientos, aunque no crea que son reales, aunque no pueda darte los míos. Gracias por aguantar mi mal carácter, cuando hay días en los que ni siquiera yo lo aguanto. Muchas cosas que Laith Gauthier callaba pero que estaban ahí, cosas que no estaban dichas y sin embargo eran. Fue a vestirse, sin embargo, a pesar de todo, queriendo convencerse a sí mismo que qué más daba. No tenía que caerle bien a todos.

Sin embargo, si bien aquello era cierto, no podía evitar sentir culpa. ¿Por qué? Lo meditó largo y tendido mientras se estaba vistiendo, pero no pudo llegar a una respuesta concreta. Más bien, llegó a la conclusión de que estaba loco, de que necesitaba café y un baño caliente para relajar los músculos. Fue hasta él con intenciones de despedirse, a pesar de que no acostumbraba a saludar o despedirse de beso, sólo con amigos muy cercanos. ¿Por qué, entonces? Quizá porque entre aquella dureza de su expresión, se sentía tan extraño que tuvo que intentar cambiar su rostro.

Lo hizo, en la forma de una alegría pequeña, o fue la impresión que le dio. Laith podía ser fuego crepitante, arder con la pasión del sol del verano, y sin embargo también ser agua. Agua que fluía, que se deslizaba a través de un canal sin pedir permiso, sin invitación, intenso como la corriente y de intentar detenerle se escaparía por entre los dedos. Esa agua, que no rinde cuentas a nadie, tampoco solía rendírselas a la mente de Laith Gauthier, motivo por el que, en ocasiones, actuaba. Y actuaba sin pedirse permiso a sí mismo, hacía y deshacía. Si se tenía que romper, ya tendría tiempo para pegarse.

Soltó su mentón y Laith se derritió hacia su dirección, no exigente, sino suave, condescendiente, besando sus labios en silencio. El corazón latía con la intensidad de un colibrí, agitando sus alas y queriendo escaparse del pecho que lo tenía cautivo. Colibrí que en materia de emociones iba y venía de flor en flor pero, en ocasiones, se quedaba unos segundos a descansar. No pidió permiso, pero una mirada bastó para hacerlo todo. Se quitó los zapatos, azul contra verde, chocando mirada a mirada, como un caos. Los meteoritos aniquilan civilizaciones enteras pero crean, a un tiempo, una evolución que pretende llegar más lejos, nueva vida y una historia por escribir.

Se acostó en la cama, a su lado. Esta vez no acurrucándose en él sino todo lo contrario, encontrándolo en sus brazos, acunándolo en su pecho, dejándole oír el ritmo de la melodía de su corazón. El mundo estaba lleno de preguntas y, en ese momento, Laith no tenía ninguna respuesta. Acarició, pues, su cabello lentamente, dudando de cada uno de sus miedos, sabiendo que podría ser rechazado en cualquier momento. Se lo merecería, si así fuera.

Cuéntame sobre —Laith guardó silencio, rebuscando en el archivero de su memoria un dato con el que hablar que no encontró, sino que miró alrededor buscando cualquier cosa, — ¿has ido a ver algún partido de Quodpot? Últimamente, me refiero. A veces recibo cartas o leo en periódicos sobre resultados, pero es complicado recibir información de América, creo que al último partido que fui fue al de Montreal Canadians contra Philadelphia Flyers hace años —empezó a hablar, con duda en la voz y un tono suave, invitándolo a explayarse, a seguir hablando sobre él tan innecesariamente como siempre acostumbraba. — El Quidditch no me gusta, realmente, nada explota, ¿a ti te gusta?
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Ryan Goldstein el Mar Ago 14, 2018 4:27 am

Fuck Away The Pain

Luego, el beso. Corto y suave. ¿Te vas?, ¿te quedas?, hubiera sido cosa de preguntarle. Ryan estaba ocupado, capturando el rostro de Laith. No hizo ademán de continuar el beso, en principio. Lo que hizo fue esperarlo en una tácita invitación, para luego recibirlo con el silencio de sus labios entreabiertos. Era tibia su respuesta.

Fue Laith el que se quitó los zapatos, Ryan se sentó en el borde de la cama como quien se deja caer, como quien no puede hacer nada más que caer, cuando comprendió que, otra vez, estaba siendo arrastrado. Si  fue antes o después de dejarse seducir por la suavidad del momento entre los dos, difícil decir. Se sentó y echó la cabeza ligeramente hacia atrás con un disimulado suspiro, estudiando con ojos silenciosos el porqué no podía simplemente negarse. El porqué estaba ante él, y se llamaba “ex”. Dicen, dicen, que cuando haces a alguien parte de tu historia, dejas en esta persona una huella, y en un futuro el eco de lo que fuiste tú te alcanzará a través de la piel de esta persona, a la que amaste. Una pobre excusa egoísta para explicar su debilidad ante el contacto de sus pieles, pero que servía lo mismo para justificarse sobre las cosas que no podía deshacer, como uno de esos ovillos enredados.

Acabaron tendidos, uno junto al otro. Ryan miró al techo, todavía pensando en el reloj. En sus memorias. Ahora, era Laith el que hablaba. Le hizo gracia, y lo demostró con ojos entretenidos. “Cuéntame sobre…”. Lo tocó. Fue sorprenderlo buscando por los alrededores, distraído, y pensar que era en verdad curioso verlo pensar demasiado. ¿Por qué haría eso? “¿Te vas?, ¿te quedas?”, hubiera sido cosa de preguntarle. Y si te quedas, por qué te quedas. Y si te vas. Yo me quedo.

Lo escuchó, sin decir nada. Estaba tan dentro de sí mismo como sus pensamientos, pero le dedicaba todas sus miradas.

—Quidditch—Hizo una mueca de ligero, cómico desagrado, removiéndose en el lugar. Había conseguido atraer su atención. Explosiones, decía—. ¡Ja! No, sí, no. Todavía trato de hallarle el sentido, si entiendes lo que quiero decir. Pero lo que sí me gusta, es ver buenos jugadores en la escoba, cruzando el cielo. Hay maniobras increíbles. Tú volabas increíble.

Calló brevemente. Nostalgia, otra vez. ¿Qué es la nostalgia? Algo, una cola de serpiente que te apretaba fuerte en el pecho. ¿Qué te arrancaba? El aliento. Imágenes, se te atoraban en la garganta. Ryan se mostraba tan apacible.

—¿Así que quieres hablar de Quodpott y campeonatos, ahora?, ¿por qué?


El timbre sonó.


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Laith Gauthier el Mar Ago 14, 2018 4:49 am

Laith había permanecido como una esencia agridulce, besándolo después de hacerle daño, la calma tras el dolor. Lo hería de una estocada y después mimaba la herida. Era cruel, sí, pero el asesino siempre vuelve a la escena del crimen, en la mayor cantidad de veces. Ryan lo había aceptado, aunque pareciese hacerlo con recelo, sin esa confianza entregada con que antes lo había hecho, estudiando la situación en que se encontraba y la postura de ambos. Cómo el sanador intentaba enmendar algo, como un perro que ha mordido y después quiere lamer la mano.

Trató de hablar, de invitarlo a hablar, de querer comunicarse con él. Un acto de justicia, tal vez, o meramente el hecho de sentir esa culpa que no dejaba de mirarlo con ojos acusadores. Como una entidad que pretendía irse, pero dejaba la puerta abierta, o lo contrario. Que quería quedarse mientras soltaba despedidas. Habló sobre el primer tema que se le vino a la mente, dispuesto por quién sabe qué iniciador. Lo importante era llenar el silencio, no importaba con qué, ¿el clima, tal vez, los cocodrilos, el Quodpot, el Quodpot, política, economía, medicina? Cualquier cosa bastaba cuando no se sabía qué se estaba buscando.

Supongo que… ¿lo juegan porque es más seguro? No lo sé —dio su opinión respecto al sentido que el Quidditch tenía. Para Ryan iba más allá de las explosiones, era sobre maniobras, el arte del vuelo. — Muchas de las tácticas que utilizaba las aprendí de ti —confesó, mirando al techo. — ¿Recuerdas esa…? ¿Cómo la llamabas…? Esa maniobra donde hacías una caída libre para forzar al otro a soltar la pelota… Esa me gustaba mucho —le confesó, en voz baja, preservando la quietud del momento y mirando su propia mano, esa que había sido víctima de una jugada peligrosa.

Ryan le preguntaba el motivo para su repentina necesidad de hablar, para aquel interés que de pronto había aparecido. Laith no supo qué responderle, quizá porque no había una respuesta. Cuando una persona siente demasiado, hay emociones a las que no se les puede dar nombre y estas ocasionan acciones que no tienen explicación. Abrió la boca para hablar, la cerró guardando silencio, una vez y otra más, intentando poner en orden un hilo de pensamientos que, dispersos, no parecían conectar en una oración lógica. Lo salvó el sonido del timbre. Miró la puerta de la habitación y se dio cuenta de que ya no tenía hambre. Mejor dicho, no tenía ganas de comer.

¿Vas a…? Yo… Lo siento por haberte hecho pedir tanta comida, yo lo pago —buscó su billetera, sentándose en la cama y contando dinero. Aproximó una cantidad y esta la tendió hacia Golgomatch, esperando que aceptase. La verdad es que, sin apetito, la idea de quedarse era difusa. Al menos podría acompañar al otro a comer, si él quería, a pesar de sospechar que ese no iba a ser el caso.
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Ryan Goldstein el Mar Ago 14, 2018 5:59 am

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Era una “caída libre”, pero no le respondió, sino que preguntó por aquello que de verdad quería saber. Pero. Sí. Una caída libre. Así, tal cual, como cuando tienes sentimientos por alguien, y te arriesgas. Al momento siguiente, hecha la pregunta, supuso que con Laith sería imposible el sólo ser dos personas en una habitación. Laith se las arreglaba todo el tiempo para que el “nosotros” se sintiera como algo fuera de lugar. Le apenaba. Porque habiendo tantas maneras de dar y recibir en la vida emocional de una persona, elegían primero apartarlo, a él, Ryan. Laith elegía.

No había nada que hacerle.

Fue apretar el botón con su pregunta, lo sabía. Enseguida, Laith se puso sobre aviso, como si sonara la alarma en algún lugar de su mente. Lo vio a través de sus ojos. Lo sintió en el silencio. En el silencio perturbado por el ruido. En la evasión de la pregunta. Lo vio en cómo le daba la espalda. No había nada que hacerle.

¿Vas a…? Yo… Lo siento por haberte hecho pedir tanta comida, yo lo pago

—Caída libre—
respondió por fin, descolocadamente, cuando Laith le tendió su dinero. Se lo quedó mirando por un momento y entonces estiró su brazo y le corrió la mano en un gesto, antes de sujetarlo y atraerlo de vuelta a la cama—. No. Y no tienes que insistir en pagarme nada, ¿sabes?—Dicho que podía, no, tenía, un doble sentido. De tenerlo con él, contra su cuerpo, lo retendría con él, removiéndose en la cama y posicionándose de forma de que Laith quedara atrapada en su abrazo. De forma de poder quedarse mirándolo, desde arriba—Guárdate tu dinero—Sonrió— ¿No sabes que mi familia es rica?

Hacía tiempo que había dejado de depender de la fortuna de su familia, pero. El chiste. Y, ese no era el asunto, de todos modos. El caso era que.

—¿Por qué?—insistió. El timbre volvió sonar, y al toque añadió—: Tú deja que llamen. ¿Por qué?—repitió.

Sí, ¿por qué?


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Laith Gauthier el Mar Ago 14, 2018 6:58 am

Miró a Ryan con sorpresa cuando de repente respondió sobre su jugada, al mismo tiempo que le extendía el dinero para pagar la comida. Golgomatch pasó a sujetarlo y devolverlo a la cama, apretándolo en un abrazo del que forcejeó unos segundos antes de rendirse a la sujeción. Frunció el entrecejo cuando le dijo que se guardara su dinero, “su familia era rica”, pero lejos de hacer un comentario despectivo, de esos que con Ryan eran tan frecuentes, suspiró y sonrió. — Claro, cómo olvidar tu fortuna —ironizó, mirándolo con un gesto tranquilo.

Insistía en la pregunta, en obtener algún tipo de razón o motivo que, realmente, no tenía. Trató de convencerlo de ir a atender la puerta, de dejarlo ganar algunos minutos para pensarlo, pero el rubio no se lo permitió. Dejó caer su cabeza a la cama en un gesto derrotado, ¿por qué? Se lo preguntó, guardando silencio. Tenía que haber un motivo, él lo sabía, y todas las respuestas que se le ocurrían eran superficiales, verdades a medias, hasta decidir dejar de pensar. A veces, la cabeza no es buena hablando. Mucho menos cuando se trata de cosas tan abstractas.

Creo que… Sí, he sido bastante borde, y quiero… Diablos, no lo sé. Sólo quería intentar compensarte un poco, creo, que no pienses que… Quiero decir… Escucha, he sido un asco contigo, me refiero a que, sí, eres excéntrico, pero… Podías haberme dado una patada anoche y no lo hiciste, o cuando… Quiero… Agradecértelo y disculparme —no tenía ni la menor idea de si algo de lo que había dicho era coherente, y en ese momento suspiró, escondiendo su rostro entre el cuello y el hombro de Ryan, sintiéndose verdaderamente tonto.

No tenía ni la menor idea del por qué se sentía así, como si todo lo que dijera fuese una respuesta errada que nada tenía que ver con el tema en cuestión. Probablemente tuviese que ver con el simple hecho de que era difícil saber qué era lo que Ryan Golgomatch pensaba y, de cierta manera, eso le crispaba los nervios a Laith.
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Ryan Goldstein el Miér Ago 15, 2018 12:12 am

Fuck Away The Pain

—Eso es..., gracias—Calló un instante, antes de continuar, hablando despacio, pausado, en susurros—A mí. Me gusta estar contigo. Hablarte. Verte. Tocarte. Me gusta volver a ti. Eso es todo—Se encogió de hombros. Tan cerca que lo tenía, y bien sujeto en la complicidad de esa cercanía—. Entiendo si no es de esa manera para ti. Pero luego, tú haces estas cosas. Caes en mi casa. Me miras a los ojos. Me das sexo. Y ¡oh!—estiró una de sus comisuras en una pícara sonrisa, el muy canalla—, tú haces que se sienta tan bien.

Lo dijo, tan convencido.

—¿Y sabes? El sexo sin ataduras es algo real. Pero. Si vas a hacerlo algo regular entre nosotros, no hace falta negarse a todo lo que pueda venir aparejado con ello, sólo piénsalo. Además. Tú podrías acabar con cualquiera. Y en vez de eso, vas con tu ex. Y no cualquiera. Digo, vuelves con alguien que ha sido un bastardo contigo. Pero podrías estar con cualquier otro. Así que, tu eres masoquita —No era una pregunta, era una reafirmación de lo evidente—. Eso puedo entenderlo. Sí, puedo entenderlo. ¿Por qué no? Si lo disfrutas, yo estoy dentro. Pero tú no quieres que te entienda o entenderme. Te muestras, ¿reacio?, siempre quieres escurrirte, como si huyeras de alguna verdad incómoda. Pero Laith.

Laith estaba atrapado, si acaso no se había dado cuenta hasta el momento. Daba la impresión de que Ryan no se lo iba a hacer fácil, en sólo dejarlo ir. ¿Pero…?

—Podría gustarte el tiempo conmigo, dejar que fluya, volver a conocerme, disfrutarlo de formas que reinventaríamos. Podríamos tener algo. Sin que te detengan tantos “peros”, sin obligaciones. No quiero exigirte nada. Pero estoy cansado del ir y venir, contigo. Y pienso que a ti te resulta fastidioso también, que te disgustas contigo mismo y yo no quiero verte mal, así que. ¿Por qué no sería más fácil sólo aceptar que podemos llevarnos bien y que eso podría gustarte? Que podríamos ser eso, por empezar. Dos personas que se llevan bien y que disfrutan de...—Iba a decir "sexo", pero se corrigió. Para él, era la compañía de Laith lo que lo hacía todo tan diferente—Sólo "estar"—Lo ponía tan simple. Ese era un hombre que no se andaba con complicaciones. El mismo hombre que no se hacía cargo de los hijos que iba esparciendo por el mundo—. Además. Anoche dijiste que yo era hermoso para ti, eso tiene que signifcar algo bueno—Oh, no. ¿Qué?—Sí, tú lo dijiste. De una forma, que… ¿no me crees?—Ryan, desgraciado—Me enamoraste, tengo que decir. ¿No lo recuerdas?  


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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Laith Gauthier el Miér Ago 15, 2018 2:33 am

Parecía que había dado en el clavo con aquella verborrea sin aparente sentido, de alguna manera que encontró sobrecogedora. Ryan estaba vengándose, podía leerlo en la manera en que tan cruel le recordaba lo que había hecho la noche anterior, eso que permanecía como recuerdos borrosos de la idea de ir a casa de Ryan y atacarlo en su propiedad, antes de derretirse con él, de ser uno en su cuerpo, mezclándose en la cama y… Había que concentrarse. Esta vez, se esmeró en mantenerse atento a la conversación, pero no era fácil dado el tema y la posición en que sus cuerpos se encontraban.

Ryan, escucha, yo no… —“quiero hacerlo algo regular”, iba a decir, pero el otro atropelló su intento de reclamo con sus palabras. — El plan no era acabar en la cama contigo, yo sólo… Santo cielo, no lo sé, pero sé que no —seguía negándose, aunque el otro pareciese no entender la negación en sus palabras, sólo hablaba como si supiera de lo que estaba hablando, cortándole hilos de pensamiento. — Podemos pretender que está bien, pero los dos sabemos que es equivocado —lo corrigió, tratando de hacerlo ver desde su perspectiva, de su forma de ver las cosas.

Ryan insistía en que todo podía estar bien si aprendían a disfrutar del tiempo juntos. Mejor dicho, si él permitía que el otro le enseñara a hacerlo. Aceptarlo, como una verdad definitiva, cuando Laith dudaba. Había saltos a abismos que no estaba dispuesto a hacer, y aquel era uno de ellos. ¿Cómo le pedía ese hombre disfrutar de su compañía, “sólo estar”, como él lo decía? Podía sonar muy simple, lo era incluso, pero cuando metía a Ryan Golgomatch en la ecuación todo cambiaba y no precisamente para ser más llevadero, sino todo lo contrario.

Oye, recordaría si hubiese dicho algo como eso y no tengo ni el más pálido recuerdo —se quejó al oírlo poner en su boca palabras que nunca dijo. — Eres un mentiroso, Golgomatch —se quejó, forcejeando un poco en el agarre con que lo apresaba. — Creo que no lo estás pensando bien, todo es diversión y juegos hasta que nos causemos daño, no puedes ignorar que hay demasiada historia detrás de nosotros, y la mayor parte de ella no es buena —trató de razonar con él, paciente, suspirando.

Parecía que había sido hechizado por alguna fuerza que no tenía nombre, como una dulce melodía que puede calmar a las bestias, eso le sucedía, tranquilo a pesar de la situación actual. Hay victorias que se pagan con dolor, eso Laith lo sabía bien, y ocasiones en que uno pierde cuando cree que va ganando. Liberó uno de sus brazos con el que a primera vista aparentó querer empujar al otro hasta su liberación y, sin embargo, lo que hizo fue acariciar su mejilla tan sólo con el dorso de sus dedos antes de sujetarlo por el costado de su cuello y derretirse en él.
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Ryan Goldstein el Miér Ago 15, 2018 7:38 pm

Fuck Away The Pain


Laith lo atrajo. Ryan nunca se resistía. Pero esa vez, no hubo ninguna “caída libre”. En cambio, el rubio se sonrió con una chispa de ternura y se lo quedó mirando, atado al momento, sin dar señales de querer salirse de ese instante de contemplación, y también, sin ahogarse del todo en otra cosa que no fueran sus propios pensamientos.

—Sí, quizá tengas razón.

Se quedó sin palabras. Hay poder en las palabras, pero la gente es demasiado enferma, el mundo está enfermo. ¿Cómo poner las cosas claras entonces? Cuando los corazones son ponzoña, cuando las mentes son cortas de entendimiento, hediondas y malintencionadas. Siempre será una maravilla descubrir en una palabra un mundo de significados, palabras que puestas juntas te muestran cómo existen diferentes formas de hacer, de sentir. Pero hay momentos en que el corazón se para, y te quedas sin palabras. Eso le sucedió a Ryan Goldstein.

Su tiempo se había parado, junto con las agujas imaginarias de un reloj roto. No el tiempo de su vida o de su andar por diferentes caminos, no el cruzarse con otras personas, otras historias. El tiempo con Laith Gauthier se había parado. Tú no puedes convencer a alguien de algo para lo que no está preparado. Ryan era la invitación, pero Laith lo rechazaba. Porque no le gustaba, porque no lo quería, porque ya estaba hecho, todo lo que podía darse entre ellos dos, porque no había otro vínculo entre ellos que un pasado que había fracasado en su esfuerzo por hacerse porvenir.

Ryan se apartó con delicadeza.

Pensó en contarle una de sus místicas experiencias en algún paraje perdido del mundo, en donde arrobado de éxtasis había explorado las fronteras de su cuerpo y de su alma hasta sentir que se desbordaba, vaciándose dentro del universo. Había experimentado una ruptura de los límites que lo ataban a la realidad tangible, de las costumbres y los conceptos; y lejos de destruirse sintió que nunca se había experimentado tan íntimamente a sí mismo en consonancia con alguien más. Pero, nada de lo que pudiera querer hacerle sentir tendría sentido para Laith. Para Laith, él era un excéntrico. Que por definición, es algo que no debería estar ahí, en el mundo normal. En el mundo de Laith, Ryan no tenía cabida.

—Sólo piénsalo.


Se había tendido a su lado, con la cabeza apoyada en un puño. Lo miraba con esa pereza que traen consigo las personas que han tenido un día largo, cansado. Una vaga sonrisa colgaba de su boca.

—Un día, quizá.


No, jamás lo haría. Pero tú sabes, el corazón de un hombre estaba condenado a los:” ¿Y si…?”.



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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Laith Gauthier el Jue Ago 16, 2018 4:26 am

Laith podía a veces ser un idiota. Estaba tan acostumbrado a proteger sus sentimientos para evitar confusiones, para no confundir a los demás respecto a sus intenciones y, más importante, no confundirse a sí mismo. Y ya se sabe lo que se dice de las personas que se defienden mucho: acostumbran a utilizar la espada antes que el escudo. En muchas ocasiones era consciente de aquellos deslices que tenía y, realmente, en muchas ocasiones lo defendía, era la mejor manera de mantenerse a salvo. Había aprendido a querer así, románticamente hablando, porque si no pasaba tiempo con alguien que pudiera romperlo, no iba a romperlo nunca.

Miró a Ryan apartarse de encima para acostarse a su lado, haciéndolo girar para mirarlo también. El timbre había dejado de sonar, seguro un muy molesto chico del pollo que estaba llamando a la central para confirmar la casa porque en esa nadie le abría. “Sólo piénsalo”, le decía, como si creyera que iba a cambiar de opinión, como si no supiera que Laith era un hombre de palabra que nunca traicionaba el interior, ¡mucho menos a sí mismo! Impensable, las cosas no podían ser de esa manera, se repetía mientras le acariciaba la mejilla.

Entonces, suspiró. ¿Hemos mencionado que, de hecho, Laith siempre tendía a la contradicción? Qué mencionarlo, si el hombre era una contradicción en sí misma, fuego y agua, frío y calor. Laith era veneno que mataba y la cura que sanaba. — Sí, quizá… Podríamos intentarlo —susurró, como temiendo que aquello fuera un pensamiento, ¿o temiendo que sus pensamientos salieran a la luz? — Hemos pasado por tanto juntos que… no entiendo por qué insistes siempre —hablaba en voz baja, perdiendo su mirada en un punto detrás de Ryan, uno que en la pared no existía pero él insistía en mirar.

Por un momento, el sanador se había visto reflejado en Ryan. Eso le ocurría a veces, se preguntó que si él volvería, ¿Laith iría detrás de él, ciego de amor, masoquista de corazón? Qué podía hacer él si su amor implacable había nacido y el viento del desierto no había podido ni borrar sus huellas ni las propias de sangre, la sangre de un corazón que fue tomado cautivo con rumbo desconocido. Había amado a un asesino que le hizo pedazos el corazón y había noches que sentía que incluso podría perdonarlo, ¿Ryan se había enamorado, también, de un asesino?

Supongamos que seguimos este… ¿este trato? De volver a conocernos, de reinventar las formas de disfrutarlo, ¿qué pasaría si resulta que no quiero continuar? ¿Si al final no me termina de convencer? —quería aclarar ciertos puntos, puntos que lo asustaban. — O si al final sigues con este amor tuyo que no puedo corresponderte —porque al corazón no puede obligársele a sentir nada. Para él no serían otra cosa que dos amigos que a veces pasaban tiempo juntos, que en ocasiones “sólo estaban”, hasta que se demuestre lo contrario.
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Ryan Goldstein el Jue Ago 16, 2018 10:23 pm

Fuck Away The Pain


Desde la cocina, el murmullo de una conversación atrajo por un momento la atención de Ludo. Llevando un zapato (con el que no se suponía que tenía que jugar) preso de sus dientecitos, iba él muy tranquilo, a disfrutar del buen día en el patio. Pronto perdió el interés.

Pero sentado a la mesa, una mesa pequeña ubicada contra la pared con sólo dos sillas haciendo juego, había alguien que insistía e insistía con “saber”. Era un hombre de complexión delgada y fuerte, pelo negro y revuelto y una barba desprolija de hacía días (tendría unos, ¿qué?, ¿treinta?, ¿veinte y tantos años?, difícil aclarar el dilema de la edad). En su cara tenía clavado un interrogante. Miraba a la espalda de su anfitrión con los ojos grises abiertos y la boca floja, como si quisiera articular un mudo “oh”, que le salía a medias. Nada, sin embargo, le impediría seguir masticando. Sin importar qué tan descabellada fuera la historia.

De tanto en tanto estiraba el brazo y tomaba pepinillos curtidos de un frasco que Ryan había servido para él, trozos que degustaba chupándose los dedos. En lo que a Ryan concernía, él estaba muy tranquilo preparándose una ensalada de espaldas a su invitado. En tanto que no encendiera el fuego, no había plato frío que no pudiera preparar. De ahí que, en general, disfrutara de la comida saludable. La había hecho parte de su dieta, en vistas de que no podía aspirar a otro estilo de cocina.

—Así que, ¿qué? Tú le dijiste todas esas cosas tan bonitas, y él sólo respondió intentando tantear el asunto de si le seguirías dando sexo o no. Aparentemente, tú no sirves para otra cosa. No te ofendas. Pero no te habrás creído que DE VERDAD estaba interesado en quién eres, en ser tu amigo, “crear lazos”, hacer memorias juntos.


—¿Tú piensas?

—¡Por supuesto que eso es!, ¿qué más? Pero sexo del malo—
Expresó su asco con una mueca desagradable, sacando la lengua y apretándola contra sus dientes en un siseo. Hasta fingió escalofríos—Digo, el tipo debe ser un asco en eso.

Ryan rió.

—Oh, no.


—Oh, sí—
insistió—. ¿Por qué crees que vuelve contigo? Debe gustarle saber que lo pones en un pedestal. Ahora debe estar preguntándose por qué es tan bueno contigo. Cuál es tu pequeño secreto. Pobre diablo. Hay gente que nunca se da cuenta de los miserables que son en la cama, ¿verdad?

—En realidad, sólo lo hizo porque estaba borracho. Dudo que hasta recuerde cómo fue.


—¿Tú sabes que eso es una excusa de cobardes con las hormonas calientes, verdad?

—Pienso que él creyó que podría sólo usarme en un momento de calentura y que eso estaría bien.


—Oh, bueno, eso también—
concedió, pero enseguida lo atacó—: ¿Por qué parece que esa idea ni siquiera te enoja?

—No lo sé. Supongo porque.


Ryan no supo qué responder y negó con la cabeza, encogiéndose de hombros.

—Oh, madre mía—
exclamó John, incrédulo. Se llevó una mano a la cara, dando a su amigo por caso perdido.

—Él es “hot”—dijo por fin, con una sonrisa, como si eso sirviera de excusa—Y no es como si yo hubiera sido mejor acostándome con alguien bebido…

—Pero no fue por eso que le abriste la puerta.


—No.


—¿Y por qué le abriste la puerta?


Ryan deslizó un silencioso intervalo entre ellos antes de volver a hablar.

—¿Creo que me he estado sintiendo solo? Aquí, en Londres. Y honestamente, siempre quise al chico. Me siento naturalmente inclinado a desearle bien, y a desearlo también, y no veo por qué eso tendría que cambiar. Lo que no entiendo es porque…

—¿Sí?—se apuraron a inquirir, buscando algún botón qué presionar, para provocar alguna pasión cercana a la ira. John estaba seguro que presionar algunos botones le haría bien a su amigo, para desfogarse, para parecer más humano.

—Bueno. No entiendo por qué largarse una vez que “tú terminas”. Confieso que una vez, hizo que me doliera. Había pensado estúpida, egoístamente, que él me necesitaba, y. No fue precisamente de ese modo. Pero, sigo sin entenderlo. Me apena, la verdad.


—¿Tú estás seguro sobre eso? Creí que estaba claro que a tu chico no le gustas. Sólo se trata sobre tu salchicha.


—Sí, sí. Es sólo. Él es mejor que eso. Pienso que es una pena eso de largarse como si nada, o como algo de lo que te arrepientes. Especialmente porque si te arrepientes de algo, te angustias. Sólo pensé que esta vez podría ser diferente. Pero no fue tan sencillo.


—¡Oh! Lo siento. No me cae bien ese tipo.


—Oh, pero él es un encanto de persona.


—¿¡Y encima lo defiendes!?

—Pero, es como tú dices, ¿verdad? Hay gente que te gusta y gente que no—Se sonrió y miró su plato—Y resultó que yo nunca le gusté mucho (y hasta puedo comprenderlo), eso no lo convierte en una mala persona. Sólo en una que prefería tenerme lejos. La verdad. Es que siento que le fallé de alguna manera.

—¿¡Qué carajo!?

—Sí, bueno. Nunca pude hacerlo sentir en confianza conmigo cuando hubiera querido que sepa que soy alguien en quien puede contar. Supongo que no puedo culparlo, ¿quién soy después de todo? Digo, dejando de lado el pasado, que no fue bueno tampoco. Actualmente, sólo un “ex” loco que lo acosó en su trabajo por un café luego de años sin verse. Al menos, debe ser lo que él piensa. Además. Por alguna razón, mis sentimientos por él lo alteran, como si fuera a atacarlo o algo, no lo sé. Pero no tendría que ser de esa manera. Y no puedo cambiarlo de la noche a la mañana. Es una verdadera pena porque. Creo que tener sentimientos por alguien. Digo. Lo que quiero decir es que. Estos sentimientos que yo tengo por él, son lo mejor de mí mismo. ¿Más ensalada?


John se lo quedó mirando.

—Cásate conmigo.


—¿Qué?


Ryan se sorprendió, a punto de echarse a reír.

—Estoy de broma. Sé que eres un dolor en el culo.

—Bueno, ¿gracias? De verdad, ¿más ensalada?

—No, creo que ya me voy yendo.


—Oh, eso es una pena.

Jonh se adelantó con los codos sobre la mesa, calándolo con la mirada.

—¿No le has dicho nada sobre las memorias?


John era un legeremante. Uno bastante bueno. Ryan se quedó sin aliento, pero no se inmutó.

—No.


John se enderezó con un respingo, y se desarmó en la silla de cualquier manera, casi aburrido. Hasta que se sonrió con una mueca, ciertamente descarada.

—Bueno, aunque se lo dijeras. Seguro que seguirías sin caerle bien. Mírale el lado positivo. Nada cambiaría.

Ryan no dijo nada y su amigo se levantó, de un salto. Se despidieron, pero Jonh se demoró en el marco de la puerta, indeciso.

—Ryan.

—¿Sí?


Había ido hasta el fregadero, cargando con los platos sucios.

—Échate un novio. Uno que no te odie.


—Lo tendré en cuenta.

Seguía sin poder sólo irse.

—¿Quieres que me quede?—susurró contra su oído. Se le había acercado por detrás, y Ryan lo dejó caerle como una sombra que se estrechaba contra su cintura, con una calculada suavidad.

—Tú dijiste que era urgente.

—Lo era, quizá. Ya no lo recuerdo.


—¿Una película, en el sofá?


—Oh, eso suena tan bien. ¿Tienes algo dulce? Espera… ¿qué es lo que le respondiste tú?


—¿Mmm?


—Bueno, él te tanteó por sexo—
John no tenía ninguna duda a este respecto—, ¿y tú que le dijiste…?, ¿qué pasó después?, ¿él sólo se fue? Ahora que lo pienso, como que yo sólo lo di por sentado…

—Oh. Bueno…


*******************************************

Lo dejó hablar, lo observó y. ¿Conoces este sentimiento que te oprime en algún punto del pecho? Ryan respiraba despacio como si no quisiera quebrar el momento, o quebrarse allí mismo. Estaba atento al intento de Laith de meditar cuanto le había dicho. Hasta esa instancia del diálogo no se había sentido para nada ansioso. A pesar, de todo lo que había dicho.

Siempre lo hacía parecer tan fácil. Y es que, ese hombre tenía un filtro diferente cuando se trataba de expresarse abiertamente sobre sus emociones. No todas, pero las positivas. Dejaba traslucir las emociones que lo invadían de amor o alegría, de forma que llegaran a alguien y te derritieran, ya sea con una tímida sonrisa o un aullido de euforia.

Estaba en su naturaleza. Él, tenía que dar. Darte, un soplo tibio de vida. Hay gente que puede alentarte, porque tiene un “algo”, que te aporta el coraje que necesitas. El día que Ryan Goldstein caiga hondo en la melancolía y la soledad, en la derrota, ¿quién lo rescataría? Porque hace falta tener un “algo” muy extraordinario para encender una mecha tan apasionada que se ha apagado, mutilada incluso en la ceniza, por la frialdad del mundo. Ojalá nunca le suceda a él. Y mientras nada le suceda, él siempre tendrá ese “algo”. Eso, y otras cosas menos placenteras, ¿como el muy arraigado ego de los Golgomatch?

*******************************************

Sí, quizá… podríamos intentarlo

Se sonrió cuando Laith señaló lo mucho que insistía, pero no dijo nada. Hasta el final, durante el que hizo una breve pausa antes de responder a esas preguntas que al colibrí le hacían aletear inquieto.

¿La verdad? Daba la impresión de que Laith sólo quería asegurarse de que tendría un compañerito sexual para cuando se emborrachara, otra vez. Como si quisiera tantear la posibilidad de un segundo encuentro, puramente carnal. Sólo tantear. ¿Su error? Que en cuanto a filosofía del amor y filosofía del sexo, esos dos vivían a través de conceptos muy diferentes en su día a día. Si él pensaba que podía caminar por la cuerda floja y no sentir el vértigo, es porque estaba muy equivocado. Vivir el vértigo era lo que lo hacía excitante, lo que te daba verdaderas palpitaciones de adrenalina, tanto como para querer repetir. Por otro lado, Ryan era. Había cosas que él no sabía sobre Ryan.

—Bueno, hipotéticamente—
dijo, cómico el énfasis. Suspiró—. Yo me desangraría en tus brazos—dramatizó, con esa cara de nada que tenía. Se sonrió, de pronto. Y añadió—. O… —Pero no se le ocurrió qué decir, y negó con la cabeza, en un gesto—Mira,  ¡te amo! No voy ni a aparentar que no siento esto para no asustarte. ¡No eres la única persona a la que he amado y no serás la última, Laith!

Se tendió sobre él, apegándose con calor a su cuerpo. Tenía esa mala costumbre. De cercar el paso y ponerse delante, de forma que no tuvieras otra escapatoria que caer hacia el fondo de sus ojos, de insistente mirada.  

»Pero no creo que sepas qué significa eso para mí. Significa que, si vienes a mi casa, lo hagas porque sabes que te abriré la puerta. Y luego que no te largues como si te hubieras echado un mal polvo del que te arrepientes. Especialmente eso. Porque si te arrepientes, es porque algo te angustia. No quiero ser eso para ti. Sólo algo “bueno” en lo posible, estaría bien. De forma que si un día vienes, te quedes aunque sea un rato. Porque lo quieres, no porque quieras compensarme por algo. Y puedes entrar y salir las veces que quieras. Luego, si un día me dices que te vas para siempre, ¡no te detendré! No te encadenaré, no te celaré, no te… Lo entiendo, no es normal. Me lo han dicho. Parejas que he tenido—comentó, sin darle importancia—. Y en última instancia, esto lo hago por mí. Pero no porque quiera sufrir eternamente un amor no correspondido, ¡ni siquiera puedo imaginarme a mí mismo viviendo una pesadilla así! Es porque.

Soltó el aire por la boca. Pausa. El verde de sus ojos, oh, podía hundirse en ellos.

—Porque eres importante para mí, y eso siempre será de esa manera.


Rió brevemente, ¿de sí mismo?

—No tengo remedio.


Si vas a usarme, úsame bien
, pensó.

Luego, confesó:

—Y porque me pones terriblemente caliente. ¿Eso supone un problema para ti?



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Laith Gauthier el Jue Ago 16, 2018 11:22 pm

Ryan había esperado hasta que él terminó de hablar, sólo para entonces tomar la palabra. Enarcó una de sus cejas ante la evidente dramatización, esperando algo. En silencio, lo dejó continuar hasta escuchar esas palabras que, aunque pudieron parecer ofensivas, no lo fueron para Laith. Laith sonrió, se cubrió los ojos con el antebrazo y soltó una carcajada. ¿Por qué? No porque se burlara de su amor, sino porque se dio cuenta de algo. No todas las personas eran como él. No todas las personas se entregaban hasta el punto de no saber sobrevivir sin alguien, hasta el grado de no ser nadie sin la persona amada. Muchas amaban a más de una persona, aun cuando les han roto. Él no. Él tenía miedo de dejarles acercarse demasiado porque estaba horrorizado del sólo pensamiento de que alguien pudiera quebrarle si volvía a confiar en quien no debía.

Lo alegró, quizá, saberlo. Lo alegró saber que, aunque podría ser importante para Ryan, no lo fuera tanto. No lo suficiente para ser la única persona a la que había amado. Porque duele hasta las entrañas ser abandonado por alguien que es tan importante para ser el único en la vida de uno, ese que deja el miedo en las venas. Lo volvió a mirar cuando se tendió, de nueva cuenta, encima de él, con esa sonrisa que no lo abandonaba, pensando en sólo Laith sabría qué cosas.

No, no sé lo que significa para ti simplemente porque no amamos en la misma sintonía, porque no sé amar libremente, o quizá no lo quiero hacer —confesó, mirándolo directo a los ojos. — Por eso me da miedo, porque yo no querría dejar ir a alguien que amo de esa manera sin ataduras, y si lo hicieran… Joder, si lo hicieran —se burlaba de sí mismo, porque era más fácil reír que llorar sobre la leche derramada. — Así amo, que no puedo imaginar que alguien más ame de forma diferente, lo entiendes, ¿verdad? —le parecía hilarante, ¿era la resaca? Sí, una parte, y otra porque, ¿no era idiota? Sí, Laith sabía reírse de sí mismo cuando lo ameritaba.

Siempre lo había pensado, lo temía por experiencias pasadas, suyas y con otros a quienes había también usado, por quienes había sido usado también. Era un colibrí libre y lo escandalizaba imaginar que alguien podría meterlo en una jaula. La de Ryan parecía eso: una jaula que tenía la puerta abierta, en la que poder entrar y salir, era así como el rubio lo estaba manejando, como se lo había planteado. Cerró los ojos durante un momento, contemplando los caminos que tenía. Inhaló profundamente, y suspiró.

Soy terriblemente sexy —le contestó cuando le dijo cómo lo ponía, como si quisiera decir que no lo culpaba por ponerse caliente en su presencia. Lo abrazó entonces, pensativo, tratando de corroborar algunos datos para sí mismo. — De acuerdo, sí, puede… que no sea una mala idea —si ponía en una balanza el todo, no había nada que perder. — Está bien —dicho aquello volvió a mirarlo a los ojos, acariciando su nariz con la de Golgomatch. Se estaba convenciendo a sí mismo que la idea no era mala. Aún le costaba un poco.
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Ryan Goldstein el Sáb Ago 18, 2018 2:07 am

Fuck Away The Pain

Ludo volvía del patio balanceando el rabo y el zapato había quedado atrás, olvidado y roto sobre el césped. De nuevo, lo atrajo la voz de John, un John que no parecía querer callarse la boca a mitad de película.

—No, no, aclárame esto—¿Qué?, ¿sobre la película? Esa era Julia Roberts— Así que, ¿tú estás saliendo con este tipo?, ¿este tipo que te estoy diciendo que me cae terrible?, ¿el mismo tipo?

—¿Mmm?

Ryan no le prestaba atención, miraba a la pantalla abrazado a un cojín y hundido en su lado del sofá, descansando en esa postura. John, por su parte, no parecía querer saber nada de relajarse.

—Oh, no realmente—Ryan consideró la idea, dejando caer el cuello hacia un lado. La pereza lo ganaba en ese día—. Pero supongo que podría, pedirle de salir—Se sonrió—. Aunque creo que sólo voy a esperar.

—¿Qué?, ¿estás jugando a hacerte el irresistible?


Ryan rió

—No, es sólo. Muy seguramente me responda que. En fin, que no puede.

—Oh. Lo normal. Sí, sí. Cuando te están dando calabazas. Es justo así.

—No es como si.

—¿Sí?

Ryan carraspeó, lo que su amigo lo interpretó como una manera de hacer tiempo para armar una respuesta creíble y distinta a la de las calabazas. A ver, con qué salía.  

—No estamos en una relación, es más como…, ¿una tregua? Yo estoy bien con que estemos bien. Y bueno, nosotros… estamos bien.

—Define “bien”, por favor—pidió Josh, muy educadamente, observándolo con suma curiosidad desde la otra punta del sofá. Tenía las piernas recogidas y los codos apoyados hacia atrás, arqueado el pecho. Por su expresión, diríase que lo estaba desafiando a que lo sorprendiera.

—El otro día, él se quedó un rato. Hablamos. Me contó un poco sobre sí mismo. Eso fue dulce, la verdad. Y…, bueno, parecía menos a la defensiva. Sólo un poco. Aunque creo que no le gustó mi lista de películas.

—Bueno, no lo culpo por eso. Pero. Ok. Así que. ¿Qué cosas le gustan?

—¿Eh?

—Sí. Te habla, ¿verdad? Bien. ¿Qué hace? Además de “hacerlo” con su ex. ¿Qué querría hacer en un futuro?, ¿hay algo interesante que puedas contarme sobre “este tipo”?, ¿algo que lo haga más fácil de digerir?

—Mmm. No es sólo “este tipo”. Creo que ya sabes de quién estamos hablando.

—Oh, sí—exclamó, aburrido. Y añadió, con ensayada desgana, una que era hasta despectiva—: Todos conocemos a Laith Gauthier—Enseguida, lo tacleó con un comentario en voz alta, como si le hablara al viento—A todos nos cae mal en la biblioteca.

El ambiente entre los dos amigos se tornó ligeramente tenso por un segundo, enrarecido por ciertas verdades de las que no hablaban. Ninguno de los dos se miraba. Fue Ryan el primero en romper el hielo, con un delgado hilo de voz que se oyó perfectamente claro.

—No es su culpa.

—No, ¡por supuesto que no!—se resintió John, negándose a mirarlo. Una mancha imaginaria en el techo era mucho más interesante que Ryan Goldstein en ese momento. Hizo una pausa antes de continuar, casi murmurando—. Pero definitivamente no te hizo ningún bien—argumentó, testarudo—Digo, si no hubiera estado en el momento y lugar menos indicados, ni siquiera estaríamos hablando de ESTO… No es fácil, ¿sabes?...  Siendo tu amigo… Piensa en qué situación me pones… No es…

—Lo sé—Ryan lo tocó con un pie, conciliador—Lo siento.

John lo meditó un momento antes de volver a hablar.

—Así que—dijo, aventurándose a cambiar el tono de la conversación por uno más animado—, aquí estoy, intentando conciliarme con la idea de que, quizá, sólo quizá, el tipo sí fuera alguien “encantador” como has dicho. Porque tú sabes, cómo mínimo quisiera pensar que el tipo es… simpático,  ¿y sabés qué? No le veo nada bueno.

Ryan rió.

—Oh, él es maravilloso.

—Hasta ahora no has dicho nada que lo respalde.

—Bueno—Ryan suspiró, pensativo—. Él es un sanador. Hallo lo que hace algo respetable e inspirador. Así que…

—Sí, sí. Córtala ahí. No todos los que llevan bata son buenos tipos.

Ryan rió.

—Me hace gracia que te lo tomes tan en serio. Todo esto.

—¡Por supuesto!—saltó, enojado—. ¡Es tu tiempo de lo que estamos hablando!, ¿¡y qué se supone que estás haciendo con este!?

Silencio, Ryan optó por guardar silencio y esperar a que John se calmara.

—Por si quieres saber—Ryan se removió, enderezando la postura y olvidando la pantalla— Me alegra poder estar en buenos términos con alguien que conoció una parte de mi historia que me avergüenza. Creo que es por eso que yo. No sé si puedas entenderlo. Pero. Cuando miras atrás y ves que has cometido tantos errores de los que a día de hoy te arrepientes. Es. Bueno, es—calló un instante—. Sólo poder mirar a la cara de esta persona y saber que puede soportar estar en el mismo cuarto que yo es. Es bueno saberlo. Yo. Estoy agradecido. Me hace bien al alma.  

—Ajá. Y al cuerpo, supongo.

—Ok, ya cambia el tema.

—No, no, pero si yo entiendo. Si estás bien en cuerpo y alma, eres hombre contento.

—Sólo quise decir que es bueno tener su compañía. Me ayuda a perdonarme a mí mismo.

—¿Y él sabe algo sobre esto?

—Oh, no, claro que no. Si él tuviera una pista de lo mucho que me compadezco, creo que sólo se iría de un portazo.

Josh soltó una risita.

—Sí, confieso que suenas algo patético ahora mismo. Compadeciéndote de ti mismo. No eres tan interesante así. Prueba a quitarte la ropa. Dame un show. Ey, ¿qué se te hace tan gracioso? ¡Voy en serio!




Rato después, casi al final de la película.


—¿Ahora por qué tú ríes?

—Sólo pensé. Porque tú solías ir a estos recitales con ese jodido loco de la hostia, tu novio, tu otro ex.

—Oh, Joshua. Sí, yo iba a ver sus recitales.

—Sí, sí. Y sólo pensé que sería gracioso que, tú sabes, ¿tuvieran una salida los tres? Porque a este tipo podrían gustarle los recitales y tú dirías: “Oh, ya sé dónde podríamos tener entradas gratis”

Ryan rió.

—No, no, no lo creo—pareció meditarlo, sin embargo—Ni siquiera sé si va a recitales. Pero de verdad, no creo que a él le guste la idea de…

—¡Pero por la madre de Dios!—exclamó John, impaciente—Luego de decirle todas esas cosas, ese palabrerío, ¡de refregarme lo bien que te hace su compañía!, ¿no vas ni a invitarlo a un café para preguntarle si le gustan los recitales? ¡Que no eres hombre muerto, madre mía! ¡Vive un poco!

—No deja de hacerme gracia que le pongas tanta energía al asunto.

Jonh chasqueó la lengua.

—Ok, se terminó. Dame tu celular.

Ryan abrió el cajón de la mesita junto al brazo del sofá e hizo el amague de tendérselo, pero lo escondió contra su pecho cuando el otro intentó tomarlo. Fingió que lo meditaba, entretenido con el caprichoso fastidio que atacaba la expresión de su amigo. No sabía qué quería hacer, pero se lo imaginaba.

—¡Dame tu celular!

—No lo molestes demasiado, ¿ok?

—¡Tú sólo…!—extendió la mano, requirente. Al final, Ryan se lo entregó y volvió a la película. John se arrojó sobre el móvil, como poseído por la llama de la obsesión—¿Y quién es?, ¿cómo lo tienes aquí? Ey, ¿Qué es este sobrenombre tan raro…? Ok, no quiero saber. Sólo dime…

—Colibrí, sólo “Colibrí”.

John suspiró.

—¿”Colibrí”, con un corazoncito? ¡Hombre!

El rubio se limitó a encogerse hombros. Pero luego, John vio a julia Roberts en la pantalla y arqueó una ceja en un gesto elocuente, antes de volver a ensimismarse con la pantallita del móvil.

Qué haces?
Miércoles a la noche
Te va?

Enviado el mensaje, curioseó en el resto de la conversación. Su expresión fue todo un poema. No entendía nada.

—Ey, ¿qué es esto?, ¿desde ese día no dejan de enviarse…miel y panqueques?, ¿qué es esto de mensajearse con comida?

Colibrí♡
En línea


WELL FUCK

*we'll

😚😚 😚

x/x/x



¿C.P.A?

No encontraba tu whatsapp jaja

Quiero verte.

¿Dónde estás?

Ryan, contéstame.

Oye.

Dime😏

Ven por mí, ¿sí?

Salí a beber y...

No sé dónde estoy.

Ha enviado una ubicación.

Busco alguien que me cubra y estoy ahí.

No tardaré mucho

Te estaré esperando.


😍😍😍  

😘

x/x/x


Bonito


Deja de molestar.

No quiero verte.


🖕


Salgo para allá.

😚😚😚






Ryan se hundió más en el sofá, sin responder.

—No, explícame esto. ¿Tú le mandas la foto de un panqueque y él te responde “Ok, iré”?, ¿es un mensaje en código?

—No, realmente—contestó, evasivo—Es… “una cosa”.

—¿Qué dem…? ¡Oh, él respondió!

—¿De verdad?—Ryan apartó la mirada de la pantalla, interesado—John, no seas pesado o se enojará conmigo.

—No sé por qué. Pienso que le gusto.

Ryan puso cara de interrogante.

—Sí, mira. “En qué estás pensando?”, me pone. Ey, creo que este chico está flirteando conmigo. Eso, o es que no soy el único al que le cuesta figurarse qué carajo pasa por tu mente. Ok, le diré que… —caviló en voz alta—Hoy pasé por un mercadillo cerca de aquí que estará toda la semana, se veía bastante cool. Le diré de ir. Pienso que les vendría bien pasear un poco, estirar las piernas, salir un poco de la cama, tratarse como humanos, gente civilizada, ¿qué te parece? Ok, tú no opines. Yo soy el que está en poder del móvil ahora. Descuida, le enviaré mil corazones para que no sospeche.

—¿Un mercadillo?

El rubio hizo una mueca, poco convencido.

—Sí, sí. Tú tranquilo. ¡Oh, respondió!, ¡eso fue rápido!—De pronto, John alejó la pantallita del móvil, asombrado y con los ojos bien abiertos—. ¡Oh!, ¡oh!, ¡oooh!

Ryan lo miró con cierta desconfianza.

—¿Por qué tantos “oh”?

—¡Oh!, ¡oh! Bueno, es que… ¡Vaya!, no es nada tímido. Ahora lo entiendo, todo ese asunto “sobre lo bien que este chico le hace a mi alma”—se burló. Le mostró la pantalla. Habían mandado una foto. Ryan se llevó una mano a la cara, riéndose—. Sí, este chico, tan encantador, tan maravilloso, de verdad que sabe llegarte al corazón, ¿eh? ¿Y cuántas de estas te ha enviado? Vaya, creo que lo agarramos en un buen momento. Todo indica que está bebido.

—Por favor, ya para.

—Ey, pero ahora que me empieza a caer bien, ¿y quieres que lo pare?


*************************

Por eso me da miedo, porque yo no querría dejar ir a alguien que amo de esa manera sin ataduras, y si lo hicieran… Joder, si lo hicieran”. Te dolería, pensó Ryan, suavizada la mirada con que lo observaba. Imposible desoír el acento de su voz al hablar tan claramente sobre lo que sentía. Lo inesperado de esa confesión, la hiriente sinceridad en esas palabras, hicieron que se reblandeciera por dentro. Fue como si en algún momento mientras hablaba, Laith se hubiera colado hacia dentro de su sensación, abriéndose paso. Entró, siendo bienvenido. Podían no amar en la misma sintonía, pero. Aun así.

Hubiera querido preguntarle “quién”, “quién” lo había hecho sentir así, si es que había habido alguien, y era fácil imaginar que sí. No pensó que fuera un buen momento, sin embargo. Si presionaba demasiados botones, Laith podría sentirlo como una intrusión. Y había sido simplemente mágico, dulce, que soltara aquel puñado de palabras que aisladas podían no significar nada, pero que puestas juntas simbolizaron un pequeño voto de confianza, porque a Ryan se las confió. Hubiera querido llenarlo de besos. Eso también hubiera estado bien. Se contuvo.

—Lo entiendo.

Y lo entiendes de nuevo cada vez que te relacionas con alguien. Diferentes historias, diferentes memorias. Tú cambias un poco tu forma de hacer las cosas, o sientes que podrías adaptarte a algo por descubrir. Es siempre una maravilla hallar cosas en común, tanto como las otras cosas, que son sólo diferentes. Tú siempre puedes aprender de otra persona. Le gustaba la idea de aprender de Laith.

Dejándose llevar por el momento, se inclinó sobre él y sus narices se tocaron en el juego entrañable de una caricia. “Está bien”, había dicho. Ryan se demoró en el verde de sus ojos antes de deshacerse en un beso tibio contra su mejilla, y otro, y otro. Hasta caer rendido en el hueco de su cuello, respirando suavidad, sosiego, y gratitud. “Está bien”, respondió a su vez, cerca de su oído, “Gracias”.

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