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Vacaciones con hotel 5 estrellas. [Eva Waldorf]

Leonardo Lezzo el Jue Abr 26, 2018 7:44 pm

Recuerdo del primer mensaje :

El corazón de Leo no dejó de estar acelerado ni siquiera mientras dormía. También durmieron poco. El día anterior había sido de locos. Con la confesión de Eva, la posterior confesión de Leo y la vergüenza de ambos, el día fue bastante completo. Lo coronaron comiendo hamburguesas en el piso de Eva, y terminaron medio dormidos en el sofá mientras se contaban cosas el uno al otro. El fugitivo le contó la historia de como se había escapado de morir a manos de dos mortífagos y de como empezó su vida como fugitivo. También le habló de su etapa en Hogwarts, donde fue realmente feliz en Gryffindor, y donde empezó a jugar a Quidditch. Le habló de su madre, Brianna, y de sus abuelos maternos, también de Italia y de como echaba de menos su tierra. Y le habló de la universidad, de como las clases para ser Auror se hicieron insoportables. De momento guardó para él su pasado amoroso, que no había sido nada extenso. Le comentó de pasada sus aficiones. Principalmente el dibujo, pero también el cine o los deportes. Y así fue como empezaron a conocerse mejor, hasta que se quedaron medio dormidos en el sofá de Eva y el amanecer los sorprendió.

Ella tuvo lista su maleta muy rápido. O bien fue cosa de magia, o bien la tenía preparada de antes. Como si estuviese segura de que Leo no iba a tener ningún impedimento a que ella pasase sus vacaciones en el refugio. Salieron temprano, recorriendo las calles todavía vacías, desayunando por el camino. El chico se sentía casi normal. Como si hubiese recuperado su libertad por un instante. No era un inconsciente. Llevaba su gorra morada con el escudo de la Fiorentina y unas gafas de sol. Parecían turistas, con sus bolsas de ropa. Como si recién hubiesen aterrizado en la ciudad. Leo sonreía. - Me siento normal. - Le dio la mano a Eva, sintiéndose más seguro. - Pero es mejor que vayamos a la zona segura. - Esta vez Leo le enseñó a la chica una nueva entrada al refugio, para que pudiese llegar a conocerlas todas. Allí todo estaba igual que siempre. Algunas personas en el patio, niños aprendiendo lo básico y otros jugando. Subieron hasta la habitación de Leo. Todo estaba tal cual lo dejaron. Dejó pasar a Eva primero, y soltó la bolsa sobre una silla. - Bienvenida de nuevo. Puedes dejar tus cosas donde desees. Hay sitio en el armario, en el baño y en la mesilla. - Dijo amablemente intentando ser un buen anfitrion.

Dejó que la chica se organizase, y mientras tanto él dejó las cuatro cosas que llevaba en su bolsa para lavar. Excepto el pijama, que lo dejó en el armario de nuevo. No lo había usado. Ni siquiera habían dormido en una cama y con pijama. Esa era la mayor preocupación de Leo. Se sentía feliz, tonto y dichoso. Quería disfrutar de aquella sensación, disfrutar de Eva y del momento. No quería estropearlo pensando solo en sexo. Pero sabiendo que iban a dormir juntos, muchas cosas le pasaban por la cabeza. Cuando Eva tuvo sus cosas listas, Leo la atrajo hacia él. - Me gusta como me haces sentir. No recuerdo haber estado tan contento desde hace tiempo. Cuando íbamos por la calle ni siquiera estaba preocupado por los cazarrecompensas. - Le cogió ambas manos. - No quiero estropearlo. Si hago algo mal, si algo no te gusta, solo dilo. Quiero que te sientas cómoda en todo momento. - Esa forma de ser con las mujeres no la había aprendido de su padre, sin duda. Todo era gracias al amor de su madre, y a la educación que ella le había dado. Ya estaban en el refugio, Eva y él, quedaban casi dos semanas por delante. ¿Qué harían?
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Eva Waldorf el Vie Sep 21, 2018 2:06 am

Habérselo dicho le había quitado un peso de encima, era un proyecto inmenso y lleno de sentimientos encontrados. Por una parte sentía orgullo por rendir homenaje de ese modo a su abuelo, sabía que se sentiría orgulloso. Pero por otra tenía mucho miedo de no ser capaz, de que fuese un fracaso, o que se le llenase de puristas y sentirse incómoda en su propio local. Todo era muy complicado, pero eso no le quitaba la ilusión.

- Será dentro de unas semanas, estoy reformándolo, sonará idiota pero lo estoy reformando a la antigua usanza, sin magia. - Sólo de decirlo ya tenía ganas de gritar de la emoción. - Quiero implicarme en cada cambio que haya en el local, y con magia eso no sería posible. Será un local para magos, pero seguro que podrás venir, habrá horas en las que no haya nadie y podrás aparecerte en el almacén. - Le hacía mucha ilusión imaginarlo.

El abrazo de Leo era cálido, mullido y muy tierno, invitaba de forma indirecta a mucho más, pero estaba tan cansada y el alcohol la adormecía tanto que el arrebato sexual se había calmado. Sentía como Leo era vencido por el sueño poco a poco, hacía verdaderos esfuerzos por permanecer despierto, pero con lo intenso que había sido el día era normal que no aguantase más. Todo lo que le estaba contando Leo sobre su pasado era alucinante, ya desde el colegio quería formar parte de la Orden, no conocía a nadie que lo tuviese tan claro a esa edad. Oírle hablar de cómo le enfadan las injusticia le mojaba las bragas (dicho mal y pronto, pero era la pura verdad). - Ya sé que no te puedes quedar quieto pero... procura estarlo lo justo para que no te maten, por favor... - Le susurró Eva mientras le acariciaba el pelo. - Me gusta que seas así. No sé si te lo he contado, pero yo también soy mestiza, y empatizo más con mi lado muggle que con el mágico. Nos merecemos ser libres como el resto.

Leo pedía a gritos dormir, apagar la luces y cerrar los ojos. En el fondo Eva temía quedarse dormida mientras hablaban y que Leo se lo tomase como una falta de respeto. Que él propusiese dormir le pareció estupendo. - Pues sí que tengo sueño, ha sido un día cargado de emociones, no creo que falte demasiado para que amanezca y más nos vale dormir algo, ¿no? - Dejó que Leo apagase la luz y se acomodó abrazada a él. - Espero que peguemos ojo, aunque no sé, te huelo y no puedo dejar la mente en blanco para relajarme y quedarme dormida. Es que hueles muy bien...

Pero poco a poco le fue venciendo el cansancio, y que Leo le acariciase el cabello aceleró el proceso. Se sentía como en casa, le daba besitos en la nuca y parecía susurrar cosas. Era como un arrullo placentero, le abrazó con más fuerza y suspiró, ya dormida.
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Leonardo Lezzo el Lun Sep 24, 2018 1:45 am

Eva estaba muy contenta con su nueva empresa, y contagió a Leo con su entusiasmo. Estaba tan implicada que la reforma la estaba llevando a cabo sin magia, completamente a mano. Una ardua tarea, sin duda. El chico la comprendía muy bien. No solía usar la magia más que para lo imprescindible. A parte de limpiar los platos. Odiaba tener que limpiar los platos. En esos momentos cuando le tocaba lavar los platos en el refugio, agradecía ser un mago. Aunque era un fugitivo, estaba deseando poder colarse en el local y verlo terminado. Eva lo tenía todo planeado, él podría aparecerse en el almacén cuando no hubiese nadie pues el local era para magos. - Ya lo estoy deseando. Incluso puedo ir en caso de que necesites ayuda. Seguro que se convierte en el local de moda. Y casi mejor que sea un local para magos. Así no podrán acusarte de nada. - Lo que más preocupaba al chico era la repercusión que podría tener el gobierno sobre Eva si sospechaban que se juntaba con los fugitivos. No estaba dispuesto a permitirlo, y por eso se mantendría siempre muy precavido cuando fuese a visitar el local de su novia.

Sonrió cuando Eva le dijo que procurase que no le mataran. Lo dijo de un modo muy cariñoso, casi maternal, pero Leo sonrió. Hacía mucho tiempo que nadie se preocupada por él de ese modo. Se sintió querido, y demostró que también él la quería dándole un suave beso en la frente. - Somos mestizos. - Bufó. - ¿Verdad que no es algo que vayas diciendo por ahí ni preguntando a alguien cuando le conoces? Es que no es algo importante. No debería haber diferencias. Y seguiría pensando igual de tener sangre pura o sangre totalmente muggle. Espero que eso cambie algún día. Pronto. - Sentenció soñador.

Lo que ambos necesitaban era descansar, y dormir. Habían sido un par de días bastante diferentes a lo normal para ellos. Leo pasando la noche fuera, luego yendo a una fiesta, y ahora metido en la cama con una chica. Su chica. Habían cambiado muchísimas cosas en unos días. Dormir ayudaría a asimilarlo. A pesar de que ella decía que no iba a poder dormir oliendo a Leo, terminó vencida por el sueño. Él no tardó mucho aunque la postura era difícil. No estaba acostumbrado a dormir abrazando a alguien. Nico solía subirse a la cama, pero no se abrazaban. Como mucho se empujaban peleando por ganar más zona en la cama.

Leo despertó primero, acostumbrado a madrugar y a dormir poco porque siempre estaba alerta. Eva respiraba plácidamente a su lado. Lo primero que hizo fue mirarla embelesado y desconcertado. Todavía no había asimilado que ella iba a quedarse allí y unos días, y que no había sido un sueño si no algo real. Quería acariciarla, pero no despertarla, así que solamente la miró. Estaba muy tranquila. Era todo bastante ideal hasta que Leo empezó a pensar en las cosas cotidianas. Necesitaba ir al baño, además no sabía si tenía mal aliento al despertar, y tenía otro problema matutino en los bajos. Podía jurar que no había pensando en nada sexual mientras la miraba, simplemente había despertado así, un poco contento. Ocurre a veces, no es por nada. ¿Y si ahora despierta ella y lo malinterpreta?
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Eva Waldorf el Mar Sep 25, 2018 8:33 pm

Apenas se dio cuenta el momento en el que se quedó dormida, estaba tan a gusto que simplemente se dejó llevar. La noche pasó en un suspiro, había descansado mucho a pesar de no ser su cama. Hacía mucho que no compartía la cama con alguien, y contra todo pronóstico, había sido como si llevasen compartiéndola toda la vida.
Sin un motivo concreto se despertó, era placentero no tener un despertador que te sacara del sueño, se había despertado porque así lo quiso su cuerpo. Sin abrir los ojos se estiró cual gato perezoso y suspiró, y cuando abrió los ojos se encontró con Leo observándola y sonriendo.

- ¿Cuánto llevas así, mirándome? No sé si es romántico o raro. - Dijo mientras se incorporaba un poco en la cama. - Sea como sea es bonito. ¿Qué tal has dormido? Espero no haberme movido mucho.

Estaba tan guapo... Con el pelo revuelto, aún sin camiseta, algo cortado por la situación y sonriendo con algo de timidez. Podía acostumbrarse a despertar así todos los días, hacía que el día se viese de otro modo, mucho mejor. Además, Leo estaba bien contento, eso hizo que Eva levantase una ceja mientras sonreía. No iba a decirle nada, porque bastantes vueltas le habría dado ya el pobre. Comenzaba a conocerle mejor y seguro que recalcarlo sólo lo empeoraría.

Después de que comiesen algo y se adecentaran un poco, le apetecía salir a ver a Nico. No tenía ni idea de dónde se habría metido, pero quería jugar un rato con él. También tenía muchas ganas de entrenar con Leo, y de hacer mil cosas más, pero no quería atosigarle, prefería que también él marcase un poco el ritmo. Le daba la sensación de que le iba arrastrando de una actividad a otra, le daba miedo que se hartase de ella por pesada.

- Espera, voy a traer algo de desayuno. - Mientras decía eso se levantó y se puso la ropa rápidamente, apenas fue consciente de que se cambió delante de Leo, sin meterse en el baño. - ¿Alguna preferencia de desayuno? ¿Café, té, colacao...? Procuraré que sea el desayuno perfecto. Seguro que tendremos un día movidito y más nos vale tener energía. - Comentó flexionando el brazo derecho intentando sacar bíceps, para hacer reír a Leo, que la miraba con la boca un poco abierta. - Puede que me haya levantado con demasiada energía...
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Leonardo Lezzo el Jue Sep 27, 2018 11:31 pm

Cuando Eva despertó el chico se puso un tanto nervioso. No contaba con que ella despertase tan pronto y le pillase mirándola como la estaba mirando. Se ruborizó, más cuando ella preguntó si llevaba mucho rato mirándola. Ella no sabía si era romántico o raro. Aunque tampoco le dio mucha más importancia. Enseguida se preocupó por si Leo había dormido bien. - Lo siento. Es que estabas tan... -¿Qué decir? Estaba pensando que estaba adorable, calmada, bonita, sexy, preciosa... - tranquila. No quería despertarte. - Y es que estaban un poco enlazados, cosa que había ocurrido todavía estando despiertos y no se habían soltado en toda la noche. - He dormido muy bien. ¿Y tu? - Se sentía avergonzado todavía. Eva pareció notarlo y se levantó a toda prisa. Solo iba a por el desayuno, pero el chico no quería que se fuera. Tenía sentimientos encontrados.

La energía desbordante de la chica sorprendió a Leo, que era más lento en terminar de despertarse. Se sentó en el borde de la cama pensando en qué quería desayunar. En el refugio solía haber de todo. - Leche y café está bien. Suele haber bollos, galletas, … Coge lo que quieras. - Sonrió como un bobo cuando ella apretó el brazo sacando músculo. Definitivamente, tenía mucha más energía de la esperada para una persona que se acostó tarde y habiendo bebido. Cuando ella salió de la habitación Leo dejó la puerta abierta, por si a Nico le apetecía volver. El perro no suele perderse el desayuno con su amigo. Mientras tanto aprovechó para adecentarse y poner en orden la habitación. Hizo la cama y despejó la mesa donde podían desayunar. Pensó en vestirse y recordó que Eva lo había hecho antes de salir, delante de él. Ese pensamiento alegró de nuevo sus ánimos y tuvo que contenerse. Se había comportado como un caballero desde que conoció a Eva, no iba a ser distinto ahora porque estaban saliendo. Tenían muchos días por delante, para conocerse mejor y no precipitar las cosas. Estaba casi desnudo cuando se abrió al puerta. Era ella, con el desayuno. Leo se ajustó los calzoncillos lo más rápido que pudo, sonriendo. Y luego se puso el pantalón. - ¡Qué rápida! - Se puso la camiseta y fue a ayudarla con el desayuno. Al oler el café le entró hambre. O ya la tenía de antes pero su cuerpo no se había dado cuenta. - Gracias. Qué hambre tengo. - Se sentaron para desayunar tranquilamente y al poco rato entró Nico, un tanto dudoso. Saludó a Eva con un lametón en la mano y fue directo hacia Leo, casi subiéndole encima. - ¿Qué te pasa grandullón? ¿Solo una noche y ya me echas de menos? - Acariciaba al perro hablándole como si fuese una persona. - Hace tiempo que estamos juntos. Antes de estar en el refugio solíamos dormir en trastiendas, parques y sitios un tanto desagradables. Hemos pasado por mucho juntos. Que no te extrañe si le hablo como a una persona. - Le contó a Eva con un nudo en el corazón. - Es un buen chico. Vamos, siéntate si quieres desayunar. - Nico obedeció, sentándose en el suelo cerca de Leo y de Eva, para ver que le daban de comer. - ¿Qué quieres hacer hoy? ¿Más entrenamiento con varitas, o algo de lucha física? - Se rio sabiendo que eso último podía sonar bastante mal, y ruborizándose de nuevo.


Última edición por Leonardo Lezzo el Miér Oct 17, 2018 1:18 am, editado 1 vez
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Eva Waldorf el Miér Oct 10, 2018 12:05 am

Era adorable ver a Leo tan adormilado, si él no estuviese allí entonces el despertar de Eva habría sido mucho más perezoso y largo, habría remoloneado en la cama con el moño casi derecho y enredado, habría maldecido al mundo entero con tal de no tener que salir de la cama. El hecho de estar con él la hizo saltar como un resorte fuera de la cama, llena de nervios y energía que no sabía bien cómo canalizar. El ir a por el desayuno le daba algo de margen para respirar hondo, encontrarse con que Leo la estaba observando mientras dormía la había puesto realmente nerviosa. No quería aparentar que no controlaba la situación, quería que todo pareciese muy natural y cotidiano, precisamente porque Leo no estaba relajado, así que ella tenía que crear el ambiente adecuado para conocerle mejor.

- Genial, tardo un momento en volver con todo... - Salió por la puerta mientras terminaba la frase, fuera se cruzó con Nico, que le hizo bastante fiesta y se entretuvo acariciándolo. Era una preciosidad de perro, le encantaba, luego jugaría un rato con él.

No le resultó difícil dar con todo lo necesario para el desayuno y volvió con una bandeja llena de café, leche, pan y un dulce. La imagen que la recibió le encantó, Leo estaba casi desnudo. Le había dado tiempo a recoger la habitación, pero no a vestirse y eso hizo reír a Eva.

- Vaya, me alegro de haber llegado en el momento oportuno. - Dijo mientras le guiñaba un ojo a un Leo bastante colorado. Al momento se sentaron a desayunar, y a Eva le extrañó no ver a Nico, ya que lo había visto deambulado por la puerta. Pero no se hizo de esperar demasiado y entró en la habitación. - ¿Verdad que tienes hambre, Nico? - Comentó mientras se agachaba un poco con un trozo de pan con mantequilla y acariciaba las orejas al perro.

Escuchar vivencias tan tristes hizo que Eva se pusiese un poco seria, no podía ni imaginarse el verse en la situación en la que estuvo Leo, pero por lo menos siempre tuvo la compañía de Nico. Quería saber mucho más de él, y saber que también había sido feliz en algún momento, que no todo había sido tan malo.

- Pues... Me vendría bien practicar físicamente, creo que estoy más verde en eso y si me toca pelear cuerpo a cuerpo me veo muy en desventaja. - Lo dijo bajito, con algo de vergüenza, casi como un murmullo. Aprovechó para dar un trago al café con leche. - Oye Leo, ¿tienes familia por aquí? ¿Alguien en quien apoyarte y confiar? Yo he sabido hace poco que tengo una prima política viviendo en Londres, lo que pasa es que tampoco hemos coincidido, creo que no sabe que estoy aquí.
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Leonardo Lezzo el Miér Oct 17, 2018 1:18 am

La situación era rara, fuera de lo normal, aunque eso no significaba que fuese mala. Leo se sentía más contento y animado que de costumbre. De hecho, estaba eufórico. Había podido dormir con Eva, y pasarían unos días juntos. Además del significativo cambio de relación. Ya no es solamente una amiga muy especial, ahora es su novia. SU NOVIA. No sabía si debía tratarla diferente. Y es que el pobre solamente había tenido una relación en su vida, y fue tan parecida a una amistad, que era prácticamente imposible diferenciar una cosa de la otra. Esta vez estaba decidido a lanzarse, a ser un novio ideal, a abrir puertas y regalar flores. A no callarse los sentimientos. Al menos era lo que sentía ahora, justo después de despertar.

Muy pronto llegó Eva con el desayuno, y lo pilló vistiéndose. Se estaba acostumbrando al modo en que ella lo miraba cuando estaba sin poca ropa. Casi de igual modo que Leo miraba una lasaña recién salida del horno. Se ruborizó un poco y agradeció a Nico su entrada. Se sentía cómodo con Eva, confiado. Fue ella misma la que se encargó de darle algo para desayunar, aunque el pastor alemán tenía su comida en el corral, donde estaban todas las mascotas. Era muy glotón, y más si se lo daban. El chico quiso saber que pretendía hacer ella hoy, y se decantó por la lucha física. Esa era su mejor arma, el Krav Magá. Aunque desconocía si podría practicar algo de eso con ella. No quería herirla. - Estoy de acuerdo. La lucha cuerpo a cuerpo es muy importante en caso de desarme. Pero iremos con cuidado, no quisiera herirte. - Desayunaron sin ninguna prisa, charlando de todo un poco. Eva quiso saber si Leo tenía familia en Londres ya que ella había descubierto que tenía una prima. - ¿Qué es una prima política? - Preguntó con total curiosidad. - Mi familia no es tan extensa. No tengo familia aquí, pero confío en toda la gente de la Orden, que no son pocos... Por suerte mi madre y mis abuelos están en Italia, ajenos a todo esto. - Dicho eso, tomó media taza de café de golpe. La necesitaba. Se acostaron tarde anoche y quería rendir hoy en el entrenamiento. Se tomaba muy en serio sus prácticas. - Tengo un buen amigo aquí llamado Connor. Al que agradezco que me dejara solo en la fiesta de la discoteca, así pude estar contigo. - Sonrió con ternura sabiendo que lo que ahora era agradecimiento en su día fue rabia. Se enfadó un poco con su amigo por haberle dejado solo en una fiesta llena de desconocidos. - Luego está Gwen, que es de plena confianza.


Desayunaron sin prisas pero sabiendo que tenían cosas que hacer. Desde el primer momento Eva había insistido en entrenar, y Leo lo estaba deseando. Así que recogieron la mesa, se terminaron de asear y bajaron a la sala de entrenamiento. Nico bajó con ellos. En breve los niños despertarían y al perro le gustaba jugar con ellos y entretenerlos. - Quiero que en cualquier momento me avises si te hago daño, o si no entiendes algo. Vamos a hacer una clase ligera pero intensa. Pretendo que te des cuenta que a pesar de nuestras diferencias de altura y peso, tu puedes conmigo. ¡Ya lo verás! - Dejó que ella entrase primero en la sala, y cerró la puerta detrás de él. Se quitó la camiseta, como siempre hacía, y se puso en medio de la sala. - El Krav magá consiste en usar todo tu cuerpo para reducir al atacante. Ahora imagina que quiero hacerte daño, capturarte. Atácame como si te fuera la vida en ello. - Leo la animó con una sonrisa, gesticulando con las manos para que se acercase. Él estaba preparado para recibir un fuerte empujón y para detener alguna patada.  
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Eva Waldorf el Dom Oct 21, 2018 5:06 pm

El desayuno iba tan bien, era todo tan aparentemente normal... Como si no hubiera luchas y tuviesen una vida feliz y sencilla. Ojalá no tuviesen que salir nunca de esa burbuja, aunque poco podría durar, y Eva no podía quedarse para siempre. Pero no quería pensar en esas cosas, era mejor vivir el momento, lo demás ya se vería. Por ejemplo, pensar en el entrenamiento que harían después del desayuno ponía a Eva de muy buen humor. Era cierto lo que decía Leo, podía salir herida del entrenamiento, pero eso no iba a frenarla para nada, estaba más que decidida a dominar el cuerpo a cuerpo para no sentirse desprotegida nunca más, y para no depender de los demás, ser útil.

- Claro, iremos con cuidado, pero no me protejas ni mimes, tengo que aprender... Y si es a base de golpes, pues que sea así. - Le dijo guiñándole un ojo muy segura de lo que decía. Siguieron charlando de esto y de aquello, cosas cotidianas para saber más el uno del otro, también charlaron de la familia. - Una prima política es la mujer de mi primo. No la recuerdo muy bien, yo era pequeña cuando ocurrió una tragedia. Mi primo apareció asesinado y ella parecía ser la causante, aunque aquello queda muy difuso, a los niños esas cosas no se les explica. Pero hace poco supe que estaba en Londres y me sorprendió. - Esperaba haberse explicado más o menos bien, le daba escalofríos pensar en la posibilidad de que en realidad fuese cierto que esa mujer asesinase a su primo, esperaba que fuese producto de su imaginación y que tuviese una explicación más lógica. Por otra parte, era una pena que la familia de Leo estuviese tan lejos, era más seguro así, pero de todos modos... - Pues me encantaría ir a Italia y conocerlos. Nunca he estado en ese país, pero parece tan bonito e idílico. - Se puso a pensar en un montón de situaciones románticas como la de los libros y sonrió. - Vaya, pues tengo que darle las gracias a Connor, nos hizo un grandísimo favor. A ver si le veo algún día y charlo con él.

Siguieron desayunando sin demasiada prisa, disfrutando del momento antes de comenzar un día que prometía ser intenso y agotador. Ya habían tenido su noche de fiesta y tocaba volver a la realidad y a las obligaciones. Cuando salieron de la habitación tras recogerlo todo se puso nerviosa, así que iba acariciando a Nico, que había salido con ellos de la habitación. Leo le iba repitiendo que le avisase si le hacía daño y todo lo demás, muy entusiasmado por la mañana que iban a pasar, y Eva trataba de estar tan entusiasmada, aunque se le hacía un nudo en el estómago que le apretaba. Cuando entraron en la sala de entrenamiento ya no tuvo a Nico para acariciarlo, pero ver como Leo se quedaba sin camiseta dejó a Eva con la boca seca, ya no le importaba que el perro se hubiese ido, aquello era todavía más interesante. Le costó centrarse en lo que le estaba diciendo.

- Vale... Entonces se supone que si te ataco o me defiendo de la manera correcta, debería poder contigo, aunque seas más corpulento que yo. - Dijo sin mucha convicción. Imaginar que Leo la quería atacar y capturar no le hacía sentir miedo precisamente, sino que le entraban ganas de dejarse capturar y hacer lo que él quisiese, pero más le valía centrarse.

Respiró hondo y fue a darle un rodillazo en la entrepierna, un clásico y también demasiado previsible.
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Leonardo Lezzo el Miér Oct 31, 2018 1:43 pm

Por nada el mundo heriría a Eva, no era su intención. Pero era cierto que para aprender a defenderte cuerpo a cuerpo terminas recibiendo algún golpe doloroso. Leo iba a intentar por todos los medios enseñarle a ella nociones básicas de Krav Magá sin herirla. Lo que podía ocurrir es que ella se lanzase confiada y Leo terminase recibiendo algún golpe. Pero él lo prefería así, sin duda. El chico tenía que dejar de verla como una chica alegre e inocente, débil. Porque no lo es. Con su ayuda, será muy buena peleando. Aunque por el momento, la veía como la chica más hermosa del mundo y no quería que nada ni nadie pudiese lastimarla. En eso consiste también el amor, ¿no?. En no querer que el ser amado resulte dañado por ninguna causa. Eva le hizo saber que no quería ser mimada ni protegida, quería aprender. Leo asintió, no muy seguro.

Siguieron charlando mientras desayunaban. Eva mencionó que había encontrado una prima política, y aprovechó para saber sobre la familia de Leo. El chico no dijo nada sobre el asunto de su prima política. Entendió que el primo de sangre había sido asesinado, culparon a su mujer. Y a esa mujer, Eva la llamaba prima política. Es decir, casada con alguien de su sangre. Se le escapaban ese tipo de parentescos. Él ni siquiera tenía primos... - Espero que las cosas se esclarecieran. - El chico había aprendido desde muy pequeño a no juzgar. Como dicen las sagradas escrituras, no juzguéis si no queréis ser juzgados. Además, siendo claros, también él había sido acusado por el gobierno de asesinar a unos muggles. Y entre su madre y él asesinaron a su padre, aunque de eso nadie fue culpado. - Me encantaría llevarte a Italia algún día. No quiero pecar de soberbia pero dicen que Italia es el país más romántico, y los hombres italianos somos los más guapos y románticos de todo el planeta... - Se sonrojó al haberse atrevido a decir aquella sandez. - Me encantaría poder presentarte a mi familia. - Dijo volviendo a un tono más normal en él. Leo le explicó que en el refugio tenía muchos conocidos, algunos en los que confiaba plenamente. Y también estaba Connor, ese canalla insolente que le había dejado solo en la fiesta. Visto de esa forma, había que agradecérselo porque Leo y Eva pudieron hablar y bailar. Pronto lo verían, siempre anda por allí haciendo ver que está haciendo algo útil para la comunidad.

Cuando llegaron a la sala de entrenamiento Leo insistió en entrenar en la zona acolchada. De modo que cualquier caída sería menos dolorosa. Le intentó explicar las nociones básicas como pudo, pues él era más de acción y aprender con la práctica. Ella no se veía muy convencida de poder con él. - Puede que hoy no puedas conmigo, pero pronto podrás. Se trata de aprovechar cada movimiento en mi contra, usar mi propia fuerza contra mí. Lo verás mejor con la práctica. - El chico insistió en que ella le atacase. Estaba preparado, aunque teniendo en cuenta la hora en la que se acostaron y que no llevaban mucho tiempo despiertos, bien podían terminar en el suelo los dos. Eva se preparó, y fue directa a darle un rodillazo. Leo fue rápido, paró con su mano el golpe de su compañera, y acto seguido la sujetó fuertemente por la rodilla. Ahora ella estaba en desventaja, con un solo pie en el suelo, y resultaría fácil tirarla. Lo que hizo el chico fue cogerla por el hombro con la mano izquierda, mientras que con la derecha sujetaba su rodilla todavía. - Si ahora te empujase perderías el equilibrio y terminarías en el suelo. De mi fuerza dependería que el golpe fuese más leve o más intenso. - Dicho esto, la soltó. - ¿Entiendes lo que he hecho? Usar tu fuerza contra ti. ¿Crees que podrías ponerlo en práctica si yo te ataco a ti? Si, por ejemplo, te cojo del cuello... Tu podrías distraerme posando tu mano sobre la mía como si fueras a tirar de mi mano, y mientras tanto podrías darme un rodillazo certero en... - Leo hizo señas sobre sus partes más nobles, no sin sonreír con cierta inocencia. - Vamos a practicarlo, ¿vale? Pero no me des. Solamente la acción. - El chico se acercó a ella decidido, y agarró el cuello de Eva tan delicadamente que en lugar de un atacante más bien parecía lo que era, un amante delicado acariciando el cuello de su pareja.


Última edición por Leonardo Lezzo el Mar Nov 20, 2018 1:44 am, editado 1 vez
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Eva Waldorf el Lun Nov 12, 2018 2:34 am

Ya desde que entraron en la sala de entrenamiento, estaba dispersa. Iba pensando en que Leo quería llevarla a Italia, que quería presentarle a su familia, y eso era importante. A pesar de ello, prestó atención a las explicaciones de Leo, no quería que ninguno de los dos resultase herido por un golpe mal dado, porque el desconocimiento a veces puede provocar más lesiones que golpear sabiendo lo que haces.

El rodillazo, como era de esperar, fue parado de una manera ridículamente sencilla. De repente se vio aguantando el equilibrio sobre una pierna, mientras la otra estaba sujeta por Leo, fue muy rápido y la pilló por sorpresa. Acto seguido sintió como la cogía del hombro y perdía un poco más el equilibrio. En una pelea real, ya estaría mordiendo el polvo y en un serio aprieto. Pensó que definitivamente el rodillazo no era una buena idea, al menos para comenzar.

- Vale, creo que lo he entendido. No hay que perder nunca la estabilidad, así que mejor no separar los pies del suelo... Al menos de momento. - Resumió bastante seria. Aquello había dejado de parecerle algo relajado para convertirse en una especie de reto personal, como cuando era adolescente. Atendió a la explicación de lo que harían a continuación, hasta cierto punto la ponía muy tonta pensar en Leo intentando "atacarla", pero aquello era otro tema. - Creo que podré hacerlo, adelante. - Dijo poniéndose en una posición estable con los pies bien colocados en el suelo.

Leo se acercó rápido, y Eva supo reaccionar sólo porque antes habían comentado cómo debía actuar ella, sino quizá se hubiese bloqueado ante la rapidez de movimientos y no habría sabido qué hacer. La agarró del cuello sin apenas apretar, lo justo para tener el brazo firme y simular una pelea real. Eva puso su mano izquiera sobre la de Leo, haciendo el amago de quitársela intentando doblar el brazo de Leo, mientras tanto subió rápido la rodilla hasta la altura de su entrepierna, frenando a pocos milímetros.

Practicar con tanta tensión sexual de por medio era un arma de doble filo, hacía que Eva se mantuviese alerta todo el tiempo, sintiendo cada gesto y cada roce. Pero a la vez la desconcentraba, estaba demasiado pendiente de las sensaciones, no se focalizaba bien. Al menos parecía que la técnica de despiste que acababan de practicar, la había hecho bien.

- ¿Crees que podría haberte doblado el brazo de alguna manera? Como alternativa al rodillazo. - Preguntó aún con la mano de Leo en el cuello, que la acariciaba con la yema de los dedos. - Aunque me lo pones difícil para querer deshacerme de tu mano ahora mismo, me gusta lo que me haces. - Quizá aquello no debería haberlo dicho, pero prefería ser sincera y natural, en vez de fingir que aquello no estaba pasando.
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Leonardo Lezzo el Mar Nov 20, 2018 1:39 am

Eva estaba totalmente entregada a las enseñanzas de Leo, y este intentaba ser el mejor maestro posible, aún sin estar acostumbrado a enseñar nada a nadie. Lo tomaron bien, ambos muy involucrados. El chico intentaba buscar los movimientos más simples para que ella no se decepcionase al primer instante y viese que con la práctica también ella podría ganar a alguien como él de grande en un ataque sin magia. Los magos están muy acostumbrados a usar su varita para todo, y en el momento que te desarman en una pelea quedas abandonado a tu suerte. Lo que Leo pretendía era enseñar a Eva a no quedarse nunca sin recursos. Ambos estaban muy animados y de buen humor, eso también ayudaba.

La primera lección fue rápida. Ella quiso atacar con un rodillazo y él la neutralizó en un momento, dejándola en clara desventaja. Lo único malo de la situación es que para entrenar tenían que tocarse. Y para Leo tocar a Eva no era como tocar a nadie más. Principalmente porque no quería herirla. Pero también porque anhelaba la calidez de su cuerpo, y porque quería sentirla cerca, más cerca a cada momento. Eso podía desconcentrarles bastante a ambos. Intentó explicarle un nuevo movimiento. Esta vez sería el chico el que atacaría a la mujer y ella debía defenderse. La ejecución del ejercicio fue precisa. La rodilla de ella quedó a escasos centímetros del cuerpo de Leo. Ella quería saber más, si había más cosas que podía hacerle a un posible enemigo. - Si que podrías, usando toda tu fuerza y girando sobre ti misma. Suena extraño, pero me harías perder el agarre de tu cuello y podrías soltarte. - Iba a explicarle como pero Eva le dijo que se lo estaba poniendo difícil para querer desprenderse de la mano de Leo. El chico subió su mano, acariciando la cara de Eva. Se acercó y la besó. La besó intensamente. Lo estaba deseando desde que entraron en la sala. O mejor dicho, desde que había despertado. O puede que desde que la conoció.

El beso fue largo y pasional. Leo se despegó lentamente de sus labios, sonriendo como un idiota. - Así no hay quien se concentre. ¿Cómo voy a enseñarte a pelear si todo lo que quiero es acariciarte hasta que conozca todos los recovecos de tu cuerpo de memoria? - Se separó un poco, tomando aire intentando recuperar el sentido común. - ¿Quieres intentar lo que te he dicho? Solo tienes que tirar de mi manos hacia debajo con fuerza, pasar tu codo por encima de mi brazo y dar la vuelta sobre ti misma. Podrás soltarte, pero quedarás de espaldas. Tienes que ser rápida si pretendes ser tu la que ataque. ¿Lista? - Leo no la volvió a coger del cuello hasta que ella no contestó. Luego, esperó pacientemente a que ella siguiese sus instrucciones para poder soltarse.
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Eva Waldorf el Jue Nov 29, 2018 6:37 pm

Lo último que dijo Leo casi ni lo entendió, le tenía tan cerca que podía sentir su respiración agitada en la cara. Apenas podía tragar ni respirar hondo, pero tenía que hacerlo porque sino se iba a marear. La mano de Leo subió por la cara de Eva, acariciándole la mejilla, acercando sus rostros cada vez más. Y cuando creía que Leo se alejaría, tratando de destensar el ambiente, la besó, pero no como otras veces. La timidez había desaparecido, parecía otro Leo completamente distinto.

No le costó nada reaccionar, siguiendo el ritmo al beso, acariciando el cogote de Leo y su pecho, mordiéndole el labio inferior y sacando una pasión que hasta a ella misma le sorprendía. La temperatura de la sala parecía haber subido varios grados, hacía un calor mortal, pero Eva sólo podía pensar en seguir besando esos labios tan suaves, tan cálidos y mullidos. Nunca hubiese creído que Leo besase tan bien, hacía que le temblasen las piernas y no parase de suspirar. Quería... No sabía lo que quería, pero desde luego nada decente que se pudiese hacer en aquella sala donde cualquiera pudiese entrar. Cuando notó que Leo se separaba, soltó un pequeño gemido de queja, no podía parar ahora, estaba de los nervios, muy cachonda y acelerada.

- Joder Leo... ¿Qué quieres que intente? No puedo ni pensar... - Podía optar por adoptar una postura de control de la situación o de mostrar la realidad, que la había dejado desmontada con ese beso, ni todos los ataques de Krav magá habría tenido el mismo efecto devastador que ese beso. ¿Podía llamarlo beso? Eso había sido sexo puro y duro.

Decidió que si hacía bien el ejercicio que Leo le había dicho, tenía más papeletas de continuar ese beso que si le gimoteaba para que continuase. Así que respiró hondo y se centró. Leo la volvió a agarrar del cuello suavemente, y obviando el escalofrío que le produjo, Eva tiró de la mano con toda la fuerza que le permitía la flojera del beso. Después enlazó el siguiente movimiento pasando el codo por encima del brazo de Leo y, como él dijo, acabó de espaldas a él y con el cuello libre. Entonces quiso darse la vuelta para darle un puñetazo en el estómago, pero Leo fue más rápido que ella, aprisionándola entre sus brazos.

- Pues tienes razón, quedas libre pero tan vulnerable que no merece la pena... - ¿Y qué más podía decir? Tampoco quería liberarse. - Aquí podría intentar inclinarme hacia delante para tirarte, aunque no sé si resultaría bien. Y ya teniendo al enemigo en el suelo estaría yo en una posición de ventaja encima de él, ¿no?

Tenía que intentar mantener la cordura, no paraba de repetírselo una y otra vez.
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Leonardo Lezzo el Miér Dic 05, 2018 3:01 pm

Por más que Leo intentase ser sensato, la lucha interna entre su ética y sus instintos estaba cada vez más presente. Y es que Eva estaba preciosa, con su ropa deportiva y su sonrisa, y sus ganas de aprender. El roce de sus cuerpos no era un intento de pelea, ni una clase magistral. Estaba siendo una tortura para el chico. Por un momento ganaron sus instintos y la besó, intensamente, quizá bruscamente, con deseo. Ella no se apartó. Más bien todo lo contrario, estaba encantada de recibir los besos de su novio. Como si nada hubiese pasado, la soltó, y le dijo que el era imposible concentrarse. Aún así, intentaron seguir con la clase práctica. A Eva tampoco le era fácil seguir con la clase como si nada. Por más que el chico intentaba centrarse solamente tenía una cosa en mente. Y esa cosa era deseo sexual encubierto. Leo no quería que nadie les viese tan acaramelados en aquel lugar, podría entrar cualquiera. El chico no quería ser como son la mayoría de chicos. Quería respetar a Eva, darse un tiempo, conocerse mejor y dejar claro que le gustaba su novia por algo más que por su cuerpo. ¡Pero que cuerpo!

Pensó en Dios, en la de pecados que llevaba cometidos desde la última vez que pudo confesarse. Sabía que el cura de su iglesia, en Florencia, le castigaría con más de cien rezos contra aquellos pecados. Se centró en la clase, en la pelea. Explicó a Eva como tenía que hacer para soltarse de su mano y quedar libre. Ella obedeció, concentrándose incluso más que él para hacerlo bien. El chico sonrió al ver que lo había conseguido. Se había soltado aunque quedó de espaldas a él. Si se tratase de un atacante, ella quedaría de nuevo en desventaja. Leo la abrazó, aunque pudiese parecer que la estaba reteniendo. Podía oler su aroma, notar su respiración agitada. Un deseo irrefrenable estaba interfiriendo en aquella clase. Leo intentó centrarse, pero ya no podía. Le avergonzaba reconocerlo, pero estaba empezando a sentirse excitado. - Tienes que ser más rápida, eso lo iras aprendiendo con la práctica, no te preocupes. - La soltó, suspirando profundamente. - Pero así es imposible. Yo no me puedo concentrar... - El chico no estaba acostumbrado a hablar de sus pensamientos, no sabía muy bien como expresar lo que ella le hacía sentir.

Le estuvo dando vueltas a una idea mientras daba vueltas por la habitación, caminando con pasos rápidos y discontinuos. Notaba una sensación extraña en el cerebro, como cuando intentaba comprender las ecuaciones matemáticas en la escuela. O como cuando tomaba apuntes en una clase de Pociones en Hogwarts. - Esto no funciona. - Soltó de repente. Hubo un silencio bastante incómodo mientras el pobre Leo intentaba ordenar sus ideas. Quería expresarse bien, para que Eva no tuviese ningún problema con él. No quería ser un cretino. - Estas lecciones no tienen ningún sentido, no consigo centrarme en enseñarte lo que yo sé hacer. Me cuesta mucho porque... - Para rematar la jugada, era incapaz de mirarla a los ojos. Se moría de la vergüenza. Eva podía malinterpretar sus palabras, así que lo mejor sería decir lo que pensaba ya mismo. - Te deseo. Mucho. - En ese instante se atrevió a mirarla, desde la distancia. Sin darse cuenta se había alejado de ella mientras caminaba para pensar. - Cada vez que te toco, o me tocas, siento escalofríos. Me dan ganas de acariciarte, de besarte, y... - En ese momento no podía apartar la vista de sus pies. - No quiero que tengas una mala impresión de mi. Solo intento ser respetuoso contigo todo el tiempo. Pero cuando estamos así... no puedo evitar tener ciertos pensamientos. No me lo pones nada fácil... - Ella no tenía ninguna culpa. La mente de hombre de Leo actuaba por instinto y no podía remediarlo. La deseaba. Habían dormido juntos y él no había querido casi ni tocarla. Pero ahora se estaban tocando, y podía notarse la electricidad. Pero él quería hacerle saber a Eva que no tenía ninguna prisa, que podían esperar. El sexo no lo es todo en una relación.
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