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It's a pleasure || Priv. {Laith Gauthier}

Dante Fiore el Lun Abr 30, 2018 4:36 am

San Mungo, 29 de abril / 19:00

Tic tac, tic tac... El sonido de los relojes en San Mungo le resultaba cada vez un poco más molesto con el pasar de los minutos, el turno de hoy había sido prácticamente interminable y, curiosamente extenso, hacía bastante que no tenía un día tan intenso como éste, pero qué se le va a hacer. Paciente tras paciente, parecían nunca acabarse... Realmente nunca lo hacían, la sala de espera se encontraba repleta, y cada que se atendía a un paciente, llegaban dos adicionales, todos por causas sumamente estúpidas, nada serio ni de preocuparse, lo cual nos hacía descartar la probabilidad de que algo malo estuviera sucediendo allí afuera. No tenía seguro si el turno se le hacía particularmente extenso por la cantidad de pacientes, o por el hecho de que estaba ansioso por un compromiso que tenía por la noche.

Así es, pero lo de esta noche no era cualquier compromiso, sino que era más bien algo que le interesaba muchísimo, había quedado de ir a beber unos tragos con uno de sus compañeros en San Mungo, Laith. Y no por nada, pero para Dante, aquel joven satisfacía todos sus estereotipos de belleza en un hombre, en lo que se refiere a contextura física, color de cabello y de piel, y otros rasgos menores. Además de ello, era bastante inteligente y agradable, no habían tenido demasiado trato en el año que llevaba el italiano laborando como sanador, pero siempre le había resultado sumamente agradable, y esta sería la oportunidad para poder conocerlo mucho más a fondo.

Fue un alivio total cuando por fin acabó el turno, sintió que nuevamente podía respirar y volver a la tranquilidad. Cogió sus cosas sumamente veloz, ya eran aproximadamente las 19:00 y habían quedado para las 21:00, en el tiempo que le tomaría salir de San Mungo, trasladarse hasta su casa, bañarse, vestirse y moverse hacia el bar en el que se encontrarían, tenía el tiempo casi contado.

Londres, 29 de abril / 20:50

El tiempo le había incluso sobrado un poco, pudiendo hacer todo con calma, incluso le dio tiempo de exfoliarse la cara rápidamente, era algo que hacía siempre por lo menos dos veces a la semana para mantener su cutis saludable, y sí que lo ayudaba bastante. No tenía idea con exactitud de cómo debía vestirse, así que optó por un vestuario no tan formal, un pantalón chino de color beige, una correa de cuero tejida marrón oscura, una camisa de vestir manga larga de color azul celeste, un blazer azul marino de rayas verticales, un reloj negro de cuero y unas tenis de color beige. Usualmente Dante tardaba un poco más de lo acostumbrado por un hombre por eso mismo, siempre intentaba estar muy bien combinado, aunque no le importaba mucho eso de las tendencias en la moda, sí que le gustaba innovar sobre su propio cuerpo, compraba toda clase de prendas de todo tipo por separado, para luego crear varios atuendos que le podían funcionar en cualquier ocasión.

Salió de su casa en su automóvil, era un Bentley Continental GT Speed 2015, era un auto que particularmente amaba con su vida entera, y que era como su pequeño hijo. El carro tenía un color negro mate, que le hacía lucir sumamente elegante. El bar no se encontraba demasiado lejos, por lo que cuando llegó, aún eran las 20:55, como siempre, cinco minutos antes del encuentro, la puntualidad siempre había sido lo del italiano. El bar era un lugar que ya él había visitado antes en una ocasión, y que le había resultado bastante agradable y cómodo, no era nada más y nada menos que 'American Bar' Un lugar bastante abierto, con una enorme y colorida barra, un suelo con un diseño colorido, varios cuadros en blanco y negro sobre paredes de color beige, adornos iluminados perfectamente divididos entre todo el bar, buena iluminación, cómodos asientos y mesas y amplias ventanas con vista hacia las calles de Londres.

Ingresé por la puerta principal y me encaminé hacia una mesa que se encontraba vacía cerca de la barra, era un lugar perfecto, buena iluminación, mesa para dos, buenos asientos, una ventana diagonal. Pocos segundos tardó en llegar un mesonero, que me entregó un pequeño pero colorido y bien surtido menú, y luego se retiró durante un corto periodo de tiempo. Era una de las decisiones más difíciles, no sabía si debía pedir alguna botella en específico, debido a que no conocía para nada los gustos de Laith, no podía ordenar nada para él ya que no tenía ni idea de si sería de su agrado o no, así que no le quedaba otra opción que esperar. Cuando el mesero se acercó nuevamente, Dante levantó su muñeca izquierda, para observar el reloj de cuero negro que tenía en ella, y darse cuenta de que ya eran las 20:59, lo cual significaba que, si aquel joven era puntual, no tardaría mucho en llegar - Estoy esperando a alguien, de momento tráeme un Martini, por favor. - Comentó, a la par que le dedicaba una amable sonrisa al mesero, el cual se retiraba lentamente con la orden.
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Laith Gauthier el Lun Abr 30, 2018 8:24 am

Su día parecía interminable, estaba agotado ya. Por suerte no estaba en urgencias, pero sólo había dos sitios peores que urgencias: cuidados intensivos, donde muchas personas morían, y pediatría. Laith ese día tenía pediatría para él, y encontraba desalentador ver a tantos pequeños humanos enfermos, unos más graves que otros, algunos nuevos, otros llevaban ahí días o semanas, meses incluso. Era una carga emocional más pronunciada el tener que sonreírles y jugar con ellos cuando le dolía a un nivel personal verlos ahí, aunque por suerte estaba sobreviviendo el día sin ninguna pérdida.

Por lo menos era un buen profesional, y su carisma y sentido del humor tenía maravillados a los pequeños que tenía que visitar y medicar. Si bien no había tenido ninguna baja, sí había descubierto un par de casos insalvables. Ni siquiera la medicina mágica era infalible, por mucho que le doliera reconocerlo, y menos cuando se trata de maldiciones y magia oscura. ¿Qué persona en su sano juicio ataca con magia negra a niños? Detengan el mundo, Laith quería bajarse. Le daban ganas de dormir un par de días enteros cuando tenía días tan desalentadores como ese, y sin embargo ese no era el plan de esa noche, no desde que acordó con Dante ir a beber algo después del trabajo.

Dante le parecía un buen tipo, aunque no había hablado demasiado con él además de las formalidades laborales, cortesías de comunicación, y un par de casos en el que trabajaron juntos. Además, todo había que decirlo, le parecía muy guapo, de esos que alegran la vista con su presencia. No le pareció más conocer un poco al italiano fuera del ambiente laboral. A pesar de eso, el día de Laith no terminó a su hora, no cuando la pequeña Katherine le llamó la atención, con dudas acerca de su próxima intervención médica.

Verás nena, es fácil —Laith se había sentado en una silla al lado de su camilla. — La persona que te atienda te lo explicará mejor, pero básicamente lo que va a hacer es utilizar su varita y volver transparente tu piel para mirar tus nervios, y ver si eres candidata para una poción o si tenemos que usar otro método para curarte —le explicó a grandes rasgos, aunque Katherine, que muy orgullosa tenía ya nueve, no tenía sólo una pregunta, sino otras tantas que le absorbieron su tiempo.

***

Cuando Laith salió finalmente del hospital, ya eran las ocho y veintitrés por la noche, tenía que apurarse si quería llegar a tiempo. Volvió volando a su departamento y rápidamente tomó un baño. Secó su cabello con secadora y lo arregló, aunque luego pensó que debió primero vestirse para no arruinarlo, los minutos iban pasando y se cobraban su puntualidad. Desodorante, colonia, lavado de dientes y al armario, mirando todas las prendas que tenía para averiguar qué ponerse. Como siempre hacía, tomó lo primero que vio: una camiseta clara, un pantalón rasgado y sus zapatos marrones nuevos. Se miró al espejo por última ocasión, un look no muy formal pero apto para la ocasión, en su opinión.

Tomó su billetera, su varita, sus llaves, su teléfono todo guardándolo en sus bolsillos y se puso su reloj en la muñeca derecha. Cuando salió, un soplo frío chocó contra su cuerpo. — No importa, no pasa nada —se dijo a sí mismo, saliendo. — No, mierda, me voy a resfriar —sí, Laith se regañaba a sí mismo, así que regresó sobre sus pasos a buscar una chaqueta negra antes de salir definitivamente. Los minutos pasaban, iba a llegar a tiempo, tenía que contar con eso. Dejó la motocicleta para convertirse de nuevo en ave y salir volando con dirección a aquel bar.

Lo había visitado un par de veces, sólo tenía que llegar y buscar a Dante, no parecía tan complicado. Lo complicado fue que, en medio de su camino, a un pajarito de colores se le echó encima un jodido cuervo. Laith siempre tenía encontronazos con putos cuervos, lo que desencadenó una emplumada contienda, ¡no tenía tiempo para eso! Debía llegar pronto, no faltaban más que unos minutos para la hora, ¿por qué siempre pasaba algo que lo hacía llegar tarde? Casi llegaba, sólo tenía que… ¿Ese gruñido era su tripa? ¡No había comido nada toda la tarde!

En un callejón se transformó en su forma humana de nuevo. — Qué listo eres, Laith, vas a beber con el estómago vacío, ¿qué quieres? ¿Quedarte ebrio en un callejón? —se reñía a sí mismo. No era doble personalidad, sólo… Le gustaba reñirse a sí mismo en voz baja. Paró en una tienda cercana donde compró unos cuantos panes rellenos de jamón y queso, comiendo uno en el camino que le quedaba en dirección al bar hasta entrar. Iba siete minutos tarde. — Joder, Dante, lo siento, se me ha cruzado un inconveniente en el camino —se excusó rápidamente, nervioso, esperando que no se enfadase por su retraso. — Eh… ¿Quieres un pan? —le extendió la bolsa con sus panes.

Laith era un poco desastre a veces, pero sonrió encantador. Entonces se dio cuenta de lo dispares que iban: mientras él optó por un estilo bastante casual, Dante se veía mucho más formal. ¿Aquello era una cita y no se dio por enterado? ¡Pensó que sólo era una bebida de amigos con un “a ver qué pasa” al final! Se sentía tan torpe. Pidió un Jack con coca cuando volvió el mesero. Tierra, trágale por favor.
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Dante Fiore el Mar Mayo 01, 2018 4:39 am

Los minutos pasaban rápidamente, Dante sacó su teléfono para entretenerse, además de aprovechar de contestar unos cuantos mensajes, que en todo el día prácticamente no había tenido tiempo para atender el teléfono. Su teléfono era un Samsung J7 Metal, sí, igual que siempre, eterno amor por la Samsung, de hecho, se notaba con solamente entrar a su casa, que el refri, los televisores y casi todos los electrodomésticos eran de la misma marca. No había nada muy interesante en su celular hoy, sólo respondió unos cuantos mensajes de sus familiares, quienes le escribían con bastante frecuencia para mantener el contacto, se excusó, explicando el ocupado día que había tenido y por ello la demora para responder los mensajes. Aparte de familia, únicamente tenía un mensaje de uno de sus 'amigos' muggles, al cual de vez en cuando llamaba para salir, o para que le hiciera algo de compañía, aunque no era demasiado constantemente.

No tardó más de tres minutos en llegar el Martini, el bar no estaba demasiado lleno, así que no había tenido que esperar mucho para que lo sirvieran - Muchísimas gracias - A la par que hacía este comentario, le sonreía de forma amable al mesero, el cual se retiraba luego de entregarle la bebida. Observó el Martini muy detalladamente, lucía como un trabajo bastante pulcro, era una copa un poco más amplia de lo que acostumbraba para esta clase de tragos, y venía con dos aceitunas ensartadas en un pequeño palillo de color negro, y puesto dentro de la bebida, sin duda alguna, era un cóctel simple, pero muy bueno. Otro dato importante sobre Dante, sabía mucho sobre bebidas, y es un feroz crítico cuando se trata de alcohol, es increíblemente bueno preparando tragos, aunque nunca ha realizado ningún estudio en específico al respecto.

Estaba probando el primer trago de la bebida, cuando justamente levantó la mirada y se cruzó con la de Laith, quien justo acababa de llegar al lugar, y se disculpaba por la tardanza, ante esta disculpa, Dante puso con cuidado la copa sobre la mesa, y levantó su muñeca izquierda para observar la hora, no había llegado tan tarde, sólo se había retrasado por unos cuantos minutos, nada grave - No pasa nada, a todos nos pasa - Le dedicó una amable y tierna sonrisa, como para que supiera que no había problema alguno en tener un retraso pequeño. Al analizarlo bien, pudo percatarse de que habían elegido vestir estilos bastante diferentes, mientras que Dante iba vestido un poco más formal, con camisa manga larga y un blazer, su acompañante había optado por algo mucho más casual, aunque no podía negarlo, le sentaba muy bien, igual que toda la ropa que le había visto usar, el joven era como un modelo salido de una revista.

- ¿Cómo negarme a ese manjar? - Aunque pudiera sonar como tal, no había ni una pizca de sarcasmo en sus palabras, y era así, el italiano, fiel amante de las comidas increíblemente elaboradas y complejas, era incluso más amante aún del pan, para él, era una de las grandes maravillas del mundo. Estiró su brazo derecho para alcanzar uno de los panes rellenos con jamón y queso y lo mordió, como lo esperaba, la gloria. Luego de acabar de masticar, le miró a los ojos y esbozó una tierna sonrisa - Gracias, está delicioso... - Hizo una breve pausa y continuó - Por cierto, estás muy guapo esta noche, y todas - Ahí iba él, apenas llegaba y ya empezaba a coquetearle, pero es que era inevitable.

Continuó comiendo el pan lentamente, hasta que quedó un poco menos de la mitad. Se detuvo unos cuantos segundos a apreciar el entorno nuevamente, el bar era sumamente atractivo, la gente comenzaba a llegar, y el lugar empezaba a poblarse un poco más, sin embargo, no había exceso de gente y aún se mantenía agradable y para nada molesto, era más bien acogedor - ¿Sabes? Acá venden comida también, pero he de admitir que me has encantado con estos panes, diste justo en el blanco - Soltó una pequeña carcajada al decir esto, mientras que tomaba un sorbo de su copa, ya había probado anteriormente la comida del local, y era muy buena, de hecho, servían unos cuantos postres que eran de muerte, lo cual era más que magnífico para el hombre, ya que personalmente adoraba todo tipo de postres, en especial si incluían chocolate.
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Laith Gauthier el Mar Mayo 01, 2018 8:16 am

Era una especie de conspiración del universo que nunca pudiera llegar a tiempo a ninguno de sus encuentros. Si no era por una cosa, era por la otra, aunque tomase el tiempo necesario para llegar sano y salvo. Al menos llegó, mejor tarde que nunca, sentándose atropelladamente a la mesa con Dante, disculpándose con él por haber llegado tarde. Hay gente que con un par de minutos de retraso ya estaban asesinándole, pero por suerte ese no fue el caso del sanador que con amabilidad le dijo que no pasaba nada.

El mejor pan de toda la ciudad —le dijo con una sonrisa galante, aunque era la primera tienda que vio cuando pensó en comprar algo para meter en su estómago vacío. Le ofreció un pan y pareció gustarle, al menos empezaba a calmarse al ver que Dante no estaba de malas con su pequeño retraso. — Claro, cuando quieras… —hizo un gesto condescendiente con su mano, dejando el pan sobre la mesa y tomando otro trozo. El repentino coqueteo lo hizo sonreír ligeramente, travieso. — Gracias, aunque pudiste haberme dicho que era algo más… Ya sabes, “elegante” —se quejó con una risa. — Tú también luces muy guapo —le devolvió el cumplido.

Poco a poco empezaba a pasar la vergüenza que había sentido desde el momento en que apareció por la puerta, viendo cómo desentonaba por completo con su vestimenta y todo lo que llevaba digno de darse con la palma en la mano. Dante le dijo, como si no hubiese acabado de avergonzarlo, que había posibilidad de conseguir algo de comida en el bar, ahora sí podía tragárselo la tierra. No obstante, el canadiense sacó su mejor sonrisa, sin demostrar lo tonto que se sentía. Sólo iba a pasar un buen rato, tenía que dejar de pensarlo tanto, pensar era agotador a veces.

¿De verdad? No se me ocurrió… No he comido nada más que el desayuno, estuve en pediatría, sabes que nadie puede comer en pediatría sin que los pequeños humanos le roben toda la comida —sonrió resignado, aunque no estaba molesto con los pequeños humanos, Laith disfrutaba compartir su comida, sin embargo sí que le habría gustado tener un bocado de aquellos dedos de queso y alitas sin hueso que había comprado para almorzar. — Me alegra que te hayan gustado mis panes, los he comprado en una tienda de aquí cerca, te la mostraré al irnos —hizo un gesto hacia sus espaldas con el pulgar para mostrar el camino.

El mesero trajo su bebida, recibiendo una sonrisa amable de agradecimiento antes de llevárselo a la boca. Seseó del ardor del whisky en su garganta junto con el gas del refresco, sabía justo como siempre lo hacía. Le dio un vistazo al lugar: no estaba muy abarrotado, era bonito estéticamente hablando y parecía muy higiénico. Luego de ir a bares mágicos, la mayoría pareciendo aquellos bares oscuros de las películas donde hay drogas y asuntos sucios, agradecía un poco que alguien le invitara a un bar nomaj para variar, un bonito bar nomaj donde podían arrestarles por traidores a la sangre, pero, ¿qué más daba?

¿Qué hay de ti, cómo fue tu día? Fue una sorpresa, que quisieras salir a beber conmigo, quiero decir —empezó a hacerle conversación sin preocuparse por nada más, ya estaba tranquilo, estaba comiendo, tenía una buena bebida y gran compañía. — Creo que puedo contar las palabras que hemos cruzado —destacó, divertido. — Háblame de ti, ¿a qué colegio fuiste, por ejemplo? ¿Qué instrumento tocas? ¿Qué canción te hace sonreír? —dijo varias preguntas sueltas para ayudarlo a darse una idea de qué cosas eran las que podía contarle.

Todo. A Laith le gustaban esas conversaciones irrelevantes en apariencia, le gustaba abordar cualquier tema que se le plantara, incluso si no parecía serio. Quería hablar de extraterrestres, de la vida, de las galaxias lejanas, de su niñez, de sus preocupaciones, de sus virtudes, de sus defectos. De cualquier tema que el otro quisiera tocar. Todo con un vaso de alcohol en la mano, del que sorbía ocasionalmente, mostrando todo el interés del mundo en la otra persona. No preguntaba sólo por preguntar: realmente estaba escuchando atento todo lo que tuviera para compartir con él. Debía ser defecto de psicólogos.
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Dante Fiore el Mar Mayo 01, 2018 8:49 pm

- Veo que así es - Le dedicó una amable sonrisa, mientras que elogiaba el sencillo pan con jamón y queso que le había traído, pero de qué se podía quejar, si para él, eso era un manjar hecho por los mismísimos dioses. Soltó una pequeña y corta carcajada al escuchar al joven decir que podría haberle avisado que sería algo un poco más elegante, aunque en realidad, esa jamás había sido la intención, Dante casi siempre solía vestir así de elegante para ir a todos lados - No hace falta, ¿O es que se puede quedar más guapo aún? - Tomó un pequeño descanso entre las palabras para dedicarle una coqueta sonrisa y continuar hablando - No te preocupes, no lo habrás notado porque no nos vemos demasiado, pero el 80% de las veces visto así - No había sido por el tipo de encuentro, la persona ni nada por el estilo, sino más bien que el italiano era totalmente fanático de la elegancia, de cuidarse a sí mismo y su apariencia, no le gustaba mucho salir vestido con ropa casual, a menos que fuese cualquier clase de compromiso más sencillo.

Le guiñó un ojo, acompañado de una encantadora sonrisa al escuchar cómo le devolvía el cumplido rápidamente - Muchas gracias - Ciertamente, adoraba esa clase de cumplidos, dado que le dedicaba un buen tiempo a cuidar su apariencia, era grato que al menos se lo reconocieran de vez en cuando. Era cómico que no hubiera considerado la idea de poder comer en el bar, debido a que hoy en día, la gran mayoría de bares, si no eran todos, contaban con servicios de comida - Personalmente adoro Pediatría, pero es complicado siquiera pensar en comer allí - Terminó este comentario afirmando con la cabeza y era que sí, no había nada más doloroso que comer en frente de niños, era como si tu propio subconsciente te obligara a darles toda tu comida, ¿pero como no? los críos son todo un amor.

Continuó comiendo el pan de forma calmada, a pesar de que en realidad tenía hambre, no le había dado tiempo de comer nada en San Mungo con el turno tan apretado que había tenido, y al llegar a casa sólo comió algo para amortiguar un poco mientras que llegaba al bar a comer finalmente - Muchísimas gracias, en serio que me has salvado, que yo también moría de hambre, con todo el gusto la vemos luego - No sabía exactamente de qué lugar le estaba hablando, a pesar de que Dante siempre había sido fiel amante del mundo muggle, es decir, sólo había que pensarlo, casa común en el mundo muggle, móvil y auto muggles, vestía comúnmente como un muggle también, él ciertamente le hacía honor a la frase de 'tener lo mejor de ambos mundos'.

Dejó escapar un pesado suspiro al escuchar la pregunta que le hacía Laith sobre como había ido su día, y es que, sinceramente, había sido un rotundo y total desastre, era pesado siquiera recordarlo - Mi día fue un total desastre, urgencia estuvo de locos hoy... - Cogió la copa con el Martini entre sus dedos y dio un profundo sorbo, para luego continuar - No tuve ni un respiro en todo el turno, había un sinfín de gente llegando con lesiones simples, hechizos mal hechos, accidentes con artilugios mágicos, lo de siempre, pero con más gente de lo habitual, no hubo ni un caso grave - El solo recordar el día le daba gracia, en todo el año de trabajo que había tenido allí, jamás había sufrido tanto en un turno, aunque, a pesar de tanta gente, por lo menos se sentía bien por poder ayudar a la gente, además de estar feliz porque nadie había sufrido daños mayores, ni había perdido la vida o nada por el estilo.

Una risa traviesa se escapó de él al escuchar las palabras del sanador - Para mí fue una sorpresa que aceptaras, más bien, ¿En todo el año no se notaron las intenciones de invitarte a salir? - Una risa salió nuevamente de él, no había tenido muchas oportunidades para hablar con Laith, hasta la última vez, que fue cuando lo invitó a salir, no sabía qué era más gracioso, que todo el año Dante no hubiera sido franco con él como para invitarlo a beber unos tragos, o que su acompañante ni siquiera se hubiera dado cuenta en todo el año de la forma en que lo miraba ni nada por el estilo, era hasta gracioso - Las formalidades del trabajo, solamente - Asintió con la cabeza, muy pocas veces habían siquiera hablado, siempre eran simples saludos, el típico '¿Cómo va tu día?' y demás cosas.

- Hogwarts, todos en mi familia asistimos allí, aunque es raro salir de Italia e ir allí, pero no me arrepiento - Sonrió amablemente, contestando la primera de las preguntas que le había formulado. Ciertamente, ahora Hogwarts no era para nada el lugar que había sido hace muchos años atrás, aunque no podía quejarse para nada, siempre la consideró una escuela de magia muy buena, allí aprendió mucho, además, conoció a un montón de gente muy agradable - Piano, y también la guitarra - Ah, el piano... Si había algo que amaba profundamente era la música clásica, y el sonido del piano siempre le había resultado extremamente reconfortante, desde muy pequeño comenzó a aprender, pero más que nada como un hobby, siempre se le dio de maravilla, al igual que la guitarra, aunque esta última no la tocaba muy frecuentemente.

Con lo de la canción lo había dejado completamente indeciso, sus gustos musicales eran demasiado variados, en serio, demasiado - No sabría escoger una, adoro la música clásica, romántica, pop, rap, todo, pero si debo escoger una definitivamente sería 'No Lie', pero es que bueno, Dua Lipa es increíble - Asintió, bastante seguro, la artista británica había sido su favorita desde hace unos cuantos años. Acabó de comer el pan, y por último le dedicó una sonrisa al joven, una sonrisa que en los pocos minutos que llevaban hablando, no se había borrado en casi ningún momento - ¿Y tú? ¿Me podrías responder esas mismas preguntas? Sería un gusto conocerte mejor - Bebió un sorbo de su Martini y pensó la pregunta que él siempre había preferido, y es que sinceramente, era un tema de conversación fascinante - ¿Eres creyente de algo? Digo, en lo religioso - Esta pregunta generalmente le brindaba una idea muy clara de las personas, ya que de esa forma, podía analizar bastante su personalidad en base a sus creencias.
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Laith Gauthier el Jue Mayo 03, 2018 2:28 am

Oh, qué coqueto se encuentra hoy, señor Fiore —Laith se burló sutilmente de su esfuerzo por cortejarlo llamándolo guapo. Esa noche iba a haber fiesta, ya se lo estaba oliendo. — ¿De verdad? Lo siento por no haberme fijado, aunque no seas alguien fácil de perder de vista —comentó. Al sanador le hacían feliz esas personas que siempre tenían alegría y amabilidad para todos, Beatrice, Dante, eran de ese tipo de personas. Realmente echaba de menos a su gemela-novia dentro del hospital, hace ya más de un año que las circunstancias la habían obligado a alejarse y esconderse del mundo mágico.

El otro comprendía su dolor al no poder comer nada en pediatría, lo que lo hizo sonreír con ligera resignación. No era fácil simplemente sacar comida y zampársela, casi era una misión imposible que esos niños no te mirasen con esos ojitos compradores pidiendo comida. Laith siempre cedía a esa mirada y por eso pasaba lo que pasaba: casi un día entero sin probar bocado. Ambos habían tenido agendas apretadas en un día ocupado, por lo que la idea del canadiense de ir a conseguir algo de comer antes de entrar al bar había sido gratamente recibida también por el italiano, comentándole sobre la tienda ya que tanto parecía haberle gustado el pequeño tentempié.

Al preguntar sobre su día, Laith tenía un interés honesto. No le gustaba que las personas lo preguntaran sólo por cortesía si no tenían un verdadero interés por saberlo, de modo que lo escuchó atentamente. — Siento que haya sido tan complicado para ti hoy, aunque por lo menos no hubo casos graves, no es tan malo ver el lado positivo de los días complicados —comentó. No quería despreciar su día tan duro, pero Laith pensaba que cualquier día sin urgencias graves o bajas ya era un buen día en sí mismo.

¿Dante llevaba un año intentando invitarlo a salir? No era posible. Es decir, si bien Gauthier era mucho más formal y centrado en el trabajo, no creía estar tan ciego para no ver durante un año los intentos de acercamiento de un hombre guapo. Debía estarlo engañando o debía haber sido demasiado sutil como para ser notado. El otro ni siquiera le daba la impresión de ser totalmente heterosexual. En fin, el “hubiera” no existe y en el presente se encontraban sentados en la mesa de ese bar con bebidas y panes de por medio, ya no había necesidad de pensar en el pasado.

Ah, ¿a qué casa te mandó el sombrero? —¡su pregunta favorita de toda la vida! Le daba mucha gracia ese sombrero seleccionador, y se metía con él siempre que podía. — Tienes buen gusto, aprobado —le sonrió al escuchar esa canción que escogió. Era su turno de responder preguntas. — Yo estudié en Ilvermorny, en Norteamérica —le sonrió, sin dar tampoco su casa como no la dio el otro. — Toco también la guitarra y el piano, estoy mejorando en mi guitarra eléctrica y en el saxofón —le comentó, como dato extra. — Y si tuviera que elegir una canción… Sería “Superhero”, de Simon Curtis.

No eran preguntas muy complicadas, a decir verdad, más que nada para conocerse un poco más: música y estudios. Era hasta gracioso, siempre era divertido discutir sobre los colegios mágicos, era su tema de conversación favorito en la universidad. Dante tiró una pregunta un poco más alto en el nivel de dificultad, pero en lugar de intimidarlo Laith sonrió, alzando una ceja mientras se lo consideraba un par de minutos. Incluso bebió de su vaso en ese intervalo de tiempo disponible para dar la respuesta más acercada a la realidad posible.

Podemos decir que tengo mis reservas respecto al tema, demasiadas preguntas sin respuesta, me temo —le explicó. — Pero a veces me gusta pensar que no es mi culpa todo lo malo que me sucede, así que al menos se puede culpar a un poder divino, creo todo el mundo necesita creer en algo para aferrarse en los momentos de oscuridad, sea religioso o espiritual, o lo que sea —dio su punto de vista respecto a su propia postura religiosa y/o espiritual. — ¿Qué hay de ti? ¿En qué crees tú? —devolvió la pregunta, antes de indicarle al mesero que les llevara algunas botanas.

Eligió, por su cuenta, unos nachos, unas tapas y dedos de queso, por supuesto con intención de compartirlo con el italiano, aunque por supuesto iban por él. Su estómago estaba agradecido con el tributo, gruñó de hambre cuando se fue el mesero para preparar la comida, antes de volver su atención al sanador para continuar con la conversación.
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Dante Fiore el Jue Mayo 03, 2018 5:30 am

No pudo evitar morderse el labio y sonreír de forma pícara al escuchar la forma en que Laith parecía corresponder bastante bien a su coqueteo - Siempre y cuando sea un buen lugar y me intereses, lo coqueto se me sale sólo - Ambas cosas eran sumamente importantes, el interés por el canadiense jamás le había faltado, aunque no le parecía del todo adecuado estarle coqueteando en el trabajo, pero eh, ganas no le habían faltado ni una vez - Lo mismo digo de ti, que eres tan radiante, amable y guapo que no pasas desapercibido jamás - Nada de mentira había en aquellas palabras, pero es que bueno, el joven no era sólo un buen sanador, además era bastante atractivo, y aunque sabía que igual que todos, tenía sus momentos de poco amor, la mayor parte del tiempo era demasiado amable y cordial, aspecto que era de admirarse en una persona.

Sinceramente, no había nada que pudiera adorar más de una persona que su personalidad, y todo lo interesante que tenía para ofrecer, nunca había sido de esa clase de personas que podían liarse con alguien que no les resulta interesante, con tantas cosas que habían para pensar y hablar en este mundo, tantas cosas que nos pueden diferenciar, los gustos y preferencias, era decepcionante ver a alguien que no tenía nada más que ofrecer que un bonito físico, eso jamás había ido con Dante. Por ello, lo que más disfrutaba de una persona era que tuviera buenos temas de conversación, que fuese una persona con ideas y pensamientos propios, que no sólo se guiará por lo que había aprendido, sino que sacara sus propias conclusiones sobre cualquier tema, y que expresara su opinión sin miedo a nada, definitivamente no había nada más valioso que eso.

Pero que descortés, por estar hablando sobre la atrocidad de día que había tenido, ni siquiera se había preocupado por preguntarle más acerca de su día, aunque ya sabía que había estado en pediatría, ahora sólo tenía que intentar hacer que todo se viera como que estuviera aguardando a salir de un tema para entrar en el otro, sí Dante, siempre tan sutil - Eso es lo que considero grato, y que a pesar de todo, ya sea grave o no, me alegra prestarle mi servicio a la gente - Una sonrisa se posó inmediatamente en su rostro al hablar de ello, y es que no se imaginaba haciendo cualquier otra cosa, no había nada que lo llenara más de alegría, que ver la cara de satisfacción de un paciente, totalmente agradecido por la ayuda que le habías brindado, sinceramente son cosas que no tienen precio - ¿Qué cuentas tú de pediatría? ¿Fue un buen día? - Retomó nuevamente la conversación, mientras que daba un sorbo más a su bebida y posaba sus ojos sobre el sanador, para dedicarle su total atención.

Claramente, Dante no había sido el más evidente de todos sobre la atracción que le ocasionaba Laith, de hecho, se había quedado bastante atrás, siempre al margen de todo, comiéndoselo con la mirada, aunque parecía nunca haberse percatado de ello. Como siempre, no se acostumbraba mucho a eso de involucrar el coqueteo con el trabajo, precisamente por eso mismo jamás había sido del todo claro con el joven, y hasta hace poco fue que en realidad se decidió, francamente, si tenía que pasar, sencillamente pasaría y ya, sin darle tantos rodeos. No podía quejarse de absolutamente nada, pues aquí estaban, tomando unos tragos y conversando sobre cualquier tema que se les atravesara por la cabeza.

La famosa pregunta del sombrero, siempre era un método muy efectivo, en especial para saber más sobre la persona, dado a que básicamente, los estudiantes en Hogwarts se sortean según su personalidad, temperamento y demás aspectos muy característicos y que diferencian claramente a los miembros de una casa de los de la otra - Mi casa favorita desde siempre, Ravenclaw - Le sonrió al escuchar lo que decía acerca de que tenía buen gusto, y en ese mismo momento su foco se iluminó, había una canción que adoraba con su vida entera y que no sabía cómo había podido pasar por alto - También está 'What's up' de 4 Non Blades, todo un clásico, es inevitable alegrarme y cantarla a todo pulmón - Una sonrisa que rebosaba alegría por todas partes se posó sobre su rostro, definitivamente esa canción representaba mucho para él, siempre le había traído una felicidad incomparable.

¡Ilvermorny! Había leído bastante acerca de esa escuela, aunque no sabía nada que no pudiera ser hallado en libros de magia - Así que Ilvermorny... Déjame adivinar, ¿Pukwudgie? - Siempre le había gustado eso de adivinar, y por las cualidades que tenía el sanador, definitivamente no podía pensar en otra casa que fuese ideal para él, había leído en varios sitios que esta casa representaba el buen corazón del mago. Le fue totalmente inevitable ver con asombro al canadiense cuando dijo que tocaba los dos mismos instrumentos que él, añadiéndole dos más, en realidad, muy pocos de sus conocidos sabían cómo tocar un instrumento, y muchísimo menos el piano, por lo que le resultaba fascinante por fin coincidir con alguien que supiera acerca de este fascinante instrumento - Veo que te fascina la música... Adoro el piano, es como un anti-estrés para mí -  Nunca habría esperado esto, pero el encuentro parecía estar saliendo mucho mejor de lo que él había esperado, de hecho, Laith cada segundo le parecía una persona mucho más fascinante

- 'Say come on, come on, come on' - Respondió justo un par de segundos luego de que el contrario terminara de decirle la canción que había seleccionado, sí, aunque no era su género favorito, sin duda esa canción era bastante buena, y se sabía por lo menos la mitad de la letra. Dante volvió a beber de su copa, y pudo notar que su Martini ya se estaba terminando, lo cual lo llevó a que empezara a pensar en su siguiente opción para la bebida, ya que si había algo que no le gustaba demasiado era quedarse seco.

Dio una respuesta sumamente inteligente ante la pregunta de la religión, y algo que le parecía al italiano completamente humano, el hecho de siempre querer tener algo a lo que aferrarse, era algo que sucedía prácticamente por naturaleza, y que era más que entendible - Es más lo que desconocemos que lo que en realidad conocemos, todo lo relacionado permanece inconcluso - Le dedicó una sonrisa bastante tierna, para continuar hablando - Comprendo muy bien eso, siempre es bueno tener algo a lo que aferrarse, algo o alguien a quien tenerle fe - Ahora, se venía lo más enredado de toda la conversación, la opinión de Dante - Sinceramente no creo mucho en las religiones, son todas muy distintas, la mayoría demasiado extremistas, pruebas no muy sólidas... Yo soy más un hombre de ciencia, pienso que todo pasa por algo, todo tiene su razón de ser, y pienso que todo lo que somos no pudo haberse formado en un día, pero si hay algo que soy es tolerante, nunca intento interponerme en las creencias ajenas - Conocía muy poca gente que supiera respetar las opiniones de los demás como lo hacía él mismo, pero le parecía algo de suma importancia, nadie era quién para juzgar en que cree y en que no la otra persona, mientras a ella la hiciera feliz y le pareciera sano, que disfrutara de ello.

Al acercarse nuevamente el mesero, el italiano acabó por beber todo el contenido de su copa para luego entregársela - Ahora un Singapore Sling para mí, por favor - Era una idea bastante inteligente, no tenía ni la más mínima intención de empezar a ligar tragos, a pesar de que tenía una resistencia bastante alta a las bebidas alcohólicas, nunca estaba de más ser cuidadoso. También pudo notar cómo Laith pedía que trajeran unas cuantas tapas, lo cual sería increíble, ya que a pesar del pan que había comido hace un momento, todavía permanecía bastante hambriento - ¿Sabes algo? - Depositó nuevamente su mirada de forma fija sobre el joven, para dedicarle una sonrisa juguetona - Mientras más hablamos, siento que me interesas más, me parece que eres alguien con demasiado para ofrecer, no eres sólo un lindo envoltorio, como la gran mayoría - Sinceramente lo creía, con muy pocas personas los temas de conversación fluían tan rápido, y a pesar del poco tiempo de interacción se entendían tan bien - Eso sí, que envoltorio más provocativo - Estas últimas palabras vinieron acompañadas de una risa bastante pícara, sin duda, como ya había dicho, le era imposible no coquetearle a estas alturas.[/color]
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Laith Gauthier el Sáb Mayo 05, 2018 4:45 am

A Laith le encantaba que le acariciaran la vanidad y el orgullo, no se podía negar, así que le estaban cayendo de perlas aquellos cortejos uno tras otro que soltaba el italiano. Vaya forma de engatusar a una persona. A pesar de eso, el canadiense permanecía ligeramente renuente, no se dejaba abandonar, le divertía ver los intentos por atraerlo de Dante. Prefería los “tira y afloja” y era lo que estaba dispuesto a brindarle. Por ello, dejó a un lado el tema de los coqueteos para centrarlo en otros temas, como lo era el trabajo, le apetecía conocerle un poco mejor.

Para eso hemos estudiado, ¿no? —sonrió, soltando aire nasal a modo de risa. Aunque la pregunta de vuelta sobre su día en pediatría le hizo cambiar el semblante, aunque permaneció su sonrisa, se tornó más suave y quizá hasta algo resignada. — Bueno, fue un día… Pesado, si quieres que sea honesto, es deprimente, si me lo preguntas, ver niños enfermos, pero no estuvo del todo mal —no quería amargar el ambiente, además no podía dar información de los pacientes fuera del trabajo, por lo que para bien o para mal era un tema que por ética profesional no podía tocar a fondo.

Una de sus cosas favoritas en las conversaciones era saltar de tema a tema, no le gustaba estarse quieto ni siquiera durante sus charlas, así que del trabajo pronto saltaron al colegio y a la música, asintiendo cuando el otro le dijo que su casa era la de los cuervos, la azul, la misma de Steven. Sí, no eran cuervos, pero realmente no le interesaba demasiado a Laith, así que no había nada que decir al respecto. Trató de ubicar dentro de su cabeza la segunda canción que mencionó y, si no se equivocaba, era más de esas canciones que pones de fondo con unas cervezas y cigarros con una conversación descorazonadora.

¿Oh? ¿Me vas a decir que también eres adivino? La casa de los sanadores, bonito —hizo un ademán soberbio, estaba orgulloso de que el Pukwudgie lo hubiese elegido aquel día. — Sí, soy un apasionado por la música, creo que me cuesta quedarme en silencio, me encanta Simon Curtis, Daughtry, Axwell Ingrosso, The Script, Chris Crocker, podría pasarme toda la noche hablándote de mis cantantes favoritos —soltó una risa, negando con la cabeza, no planeaba hacer girar la conversación toda la noche sobre música y cantantes, pero era innegable lo mucho que lo apasionaba.

Por alguna razón al italiano pareció interesarle el tema de la religión, y Laith aceptó darle su opinión al respecto. Podría no parecerlo, pero era un pensador pesimista, y siempre creía que todo era su culpa. Era más fácil que culpar a los demás, porque a raíz de eso nacen pensamientos tóxicos del estilo “nunca les perdonaré”, y eran una negatividad que no quería en su vida. Pero a veces, sólo a veces, quería creer que no tenía la culpa y que no había modo de cambiar el rumbo de las cosas. Por destino, o por una fuerza divina.

Creo que estás confundiendo dos conceptos, supongo que tiene sus diferencias fundamentales “creer en algo” y “religión”. En realidad no entiendo mucho acerca de… Sabes, de diferencias, entre unas y otras, pero pienso que se puede “creer en algo” universalmente, siguiendo un patrón simple: ser bueno, amable, no hacer daño a nadie, no es tan complicado como parece —le sonrió suavemente de forma agradable. — Aunque te concedo eso, todo pasa por algo. Soy fiel creyente del “hubiera no existe”, que las cosas sólo podían suceder de la forma en que acontecieron —dio un largo sorbo a su vaso.

Laith pidió a continuación abundante comida y botanas para seguir pasando el rato sin morir de hambre. Además de una segunda bebida, más de lo mismo: Jack Daniel’s con coca-cola. Todo para tener una noche tranquila y agradable, pues los panes uno a uno habían dejado la bolsa vacía, ahora llenando los estómagos de ambos sanadores. Devolvió su mirada al otro cuando llamó su atención, causándole sonreír al escuchar aquello, sin estar seguro si sentirse ofendido o halagado, ¿estaba insinuando que a simple vista parecía ser “sólo un envoltorio”? Decidió no tomárselo personal.

Lo dices porque he pedido tapas, ¿verdad? Te voy a compartir, no necesitas comprarme —bromeó con él. — En todo caso, tú tienes que esforzarte más —no estaba hablando en serio, pero una cosa en que Laith Gauthier se especializaba era en molestar a las personas, así que, ¿por qué no? — Cuéntame, ¿cómo fue tu salida del closet? ¿Eres gay sólo? ¿Bisexual? ¿Heterocurioso? —se burló un poco, aunque estaba preguntando en serio, le daba algo de curiosidad. Si Laith se cuidaba mucho, había que ver a Dante, que parecía cuidarse diez veces más que él, bastante metrosexual en su opinión.
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Dante Fiore el Mar Mayo 08, 2018 4:53 am

Era casi imposible contener los cumplidos hacia el pelinegro, aunque sentía que de ahora en adelante iba a tratar de detenerlos un poco, o por lo menos de hacerlos un tanto más sutiles, pero es que, teniendo en cuenta que hace más de un año que se había estado guardando toda clase de cumplidos para Laith, no le faltaba ni un poco de creatividad a la hora de cortejarlo, aparte, ésto formaba también una parte muy importante de su personalidad, a pesar de ser muy selectivo con la gente a la que trataba de este modo.

Rió con suavidad al escuchar cómo el afirmaba que para eso habían estudiado y, tenía la razón, totalmente. Él se había decidido por estudiar medimagia por dos cosas, primero porque era lo que le apasionaba, que todo lo relacionado con la biología, anatomía, patologías y demás siempre le había interesado de sobra, y también porque se sentía lleno ayudando a los demás, incluso si lo hacía de manera desinteresada, pero no podía evitarlo, sentía que no podía hacer del mundo un lugar mejor si ayudaba a la gente, pero si podría hacer que sus mundos se tornaran un poco más coloridos y con esperanzas, por lo menos, era lo que amaba de su oficio, el ayudar a la gente con problemas menores, aunque lo más reconfortante era cuando en serio salvaba una vida, traía a alguien que estaba a punto de morir y le daba una oportunidad más, era una sensación que no podía ser descrita.

Tienes toda la razón en eso — De no estar como un sanador en San Mungo y no haber estudiado la carrera, muy probablemente había estudiado para ser un cuidador de criaturas mágicas, o también podría haber estudiado el arte de las pociones, dado que ambas cosas se le habían dado especialmente bien desde un inicio. Su faceta se volvió un poco más seria al escuchar como su acompañante le platicaba acerca de lo que había visto hoy en el trabajo, y le comprendía perfectamente, si no era fácil lidiar con personas enfermas debido a que de por sí ya te partía el alma, la sensación era mil veces peor si se trataba de un niño, esas pequeñas criaturas sí que te tocaban lo más profundo del alma, incluso a los que tienen una muy fría.

Sabía de sobra que no podían platicar demasiado acerca de lo sucedido en el trabajo, era algo un poco confidencial para todos aquellos que eran profesionales en lo que hacían, no se podía ir por todos lados contando el estado de sus pacientes ni su día a día, eso no era nada agradable — Te comprendo muy bien, no hay nada peor que ver a un pobre niño enfermo — Le dedicó una muy sutil sonrisa sin enseñarle los dientes, intentando reconfortarlo, a pesar de que muchas veces el trabajo te podía llenar de un humor bastante alegre y contagioso, no siempre era así, en especial cuando los pacientes no se encontraban en óptimas condiciones — Pero estoy seguro que va a mejorar, eres un gran sanador, en este año pude notarlo — Por unos segundos consideró en juntar su mano con la ajena, buscando hacerle una pequeña caricia para reconfortarlo, era algo que siempre le había resultado muy especial, aunque luego de que su mano avanzara unos cuantos centímetros se retractó, deteniendo su mano, mientras que con la otra recogía la manga de su blazer, y retiraba también la otra mano para hacer lo mismo del lado contrario, disimulando aquel intento de acercamiento que había preferido no terminar, puesto que no estaba seguro si al otro le gustaría o le parecería demasiado.

Ahora el tema había cambiado nuevamente, le fascinaba estar revoloteando de un tema a otro, para luego retomarlos y así, era de lo más fascinante que había al hablar con una persona que en realidad tuviera algo que aportar a una conversación. Sonrió al escuchar su comentario acerca de Pukwudgie y la manera en la que le decía 'bonito', le delató esa mirada pícara que era característica de él, que indicaba lo mucho que podía llegar a desear más interacción con una persona — Me gusta hacerme el adivino de vez en cuando, pero debes admitir que soy bueno

Nuevamente, le fue imposible no sonreír al escuchar como el sanador le platicaba más acerca de sus gustos musicales, a la vez que Dante lo miraba fascinado, definitivamente adoraba cuando una persona se enfrascaba en un tema y hablaba de él sin poder contenerse, únicamente porque le apasionaba, eran de las conversaciones más naturales y fascinantes que habían, además, eran las que más te acercaban a una persona y te ayudaban a conocerla, las amaba — Yo no tendría problema en escucharte, personalmente, algo que me fascina es ver como una persona platica sobre algún tema que le gusta mucho — Admitió, solía compartir esta clase de ideas con los demás muy fácilmente, a fin de cuentas, eran pensamientos nada polémicos — Esa emoción al hablar de algo que te apasiona lo hace muy lindo, es imposible no interesarse — En más de una ocasión, alguien incluso le había hablado sobre temas que a él no le agradaban mucho, pero era imposible no ponerles atención y comprenderlos cuando te lo explicaban con tanto amor y de una manera tan natural, casi te enfrascaban sí o sí al tema.

Totalmente, considero que no importa si la religión existe o no, si hay alguna deidad allá arriba o no, con ser bueno y obrar bien, me sobra y me basta para morir con una conciencia limpia — Nuevamente estaban dentro del tema de las creencias, a pesar de que él en sí era creyente de que era probable que existiera alguna clase de Dios, no confiaba en que fuera exactamente como lo pintaban los religiosos, y no era en absoluto devoto a él — Personalmente, considero que sólo soy devoto a mí mismo, y tienes razón, la religión y el creer en algo son conceptos muy similares, aunque a la vez muy alejados, también es algo enredado — A veces se sentía como un alto filósofo, aunque habían tantas cosas que lo confundían y que no tenían respuesta que en más de una ocasión sólo sentía que era un completo imbécil, sí, sus ideas acerca de él podían cambiar sólo en cuestión de segundos — A veces me gusta sentarme a pensar en... Cosas, sobre la vida y todo eso, de ahí vino la pregunta, me gusta explorar las perspectivas de la gente — A pesar de que las opiniones de los otros no siempre se le hacían del todo útiles, siempre había sido fanático de hacer que la voz de los demás también se escuche, que tuvieran derecho a pensar y a hablar, y muchas veces alguien que jamás en su vida había intentado pensar en algo importante, le hacía aclarar un poco su mente y ver todo de una forma diferente.

Le fue inevitable reírse al escuchar el comentario de las tapas que hacía el pelinegro, no sabía en realidad qué era lo que le causaba más gracia, si el comentario que había hecho o que en serio creyera que él iba a pagar algo de la cena — No te preocupes que igual yo fui quien invitó, todo corre por mi cuenta — Ésta era otro aspecto que él personalmente pensaba que lo caracterizaba, si había algo que le gustaba en la vida era pagar por los consumos de la gente que le agradaba, a él no le faltaba el dinero, y sentía que los demás lo podían aprovechar muchísimo mejor que en una cena, además, las cifras generalmente no eran nada elevadas, por lo que no marcaban ninguna clase de diferencia.

No supo exactamente si sentirse ofendido cuando escuchó las palabras 'tienes que esforzarte más' como un reflejo, llevó ambas manos hacia su pectoral izquierdo, y haciendo una mueca de asombro — Justo en el orgullo — Luego de este comentario le fue inevitable romper en una fuerte risa, tapándose ligeramente la boca para que no hiciera demasiado ruido, no quería resultar molesto para nadie más en el bar. Esta era una manía que había adquirido, generalmente cuando se reía en un lugar similar, siempre se tapaba la boca. Nuevamente rió al escuchar como surgía el tema de la sexualidad, y es que le recordaba a algo que siempre decía al tocar este tipo de temas.

No me gusta mucho hablar sobre esto, pero... — Hizo una breve pausa para darle suspenso a la frase, además que en ese justo instante, llegó el camarero con algunos de los pedidos, entre los cuales se encontraba la bebida que el italiano había solicitado hace algunos pocos minutos — Soy pansexual, ya habrás visto cómo me excité comiéndome ese pan — Este comentario vino acompañado de una faceta bastante seria, a la vez que lo observaba fijamente a los ojos, con esa mirada penetrante que de vez en cuando le surgía de manera natural, sin poder evitarlo. Luego de unos cuantos segundos observándolo así, enseñó sus dientes en una auténtica y divertida sonrisa, para proseguir con el tema — En realidad si soy pansexual, y la salida del closet fue algo... incómoda — Sólo pensarlo le daba vergüenza, aunque no por lo que había hecho, sino por el momento en el que lo habían descubierto.

Él tenía tan sólo diecisiete años, se suponía que estaba sólo en casa y había invitado a un chico con el que llevaba unas cuantas semanas saliendo, y allí estaban, en la habitación teniendo sexo, aunque cuando se vino a dar cuenta que ya no estaban solos dentro de la casa ya era tarde, su abuela había abierto la puerta de par en par, y los había hallado en el acto. Las siguientes semanas fueron un escándalo total, dentro de su familia siempre habían sido bastante tradicionales, siendo el primer miembro en la familia que se había atrevido a ser distinto — Al igual que muchos padres, los míos no comprendían por qué simplemente no podía elegir un sexo en específico para sentirme atraído, además siempre fueron un poco a la antigua... Fue un proceso bastante largo — Por un tiempo, incluso su abuelo le había dejado de dirigir la palabra, sus padres y su abuela estaban bastante desconcertados, aunque no sabían con exactitud si debían sentirse enojados, decepcionados o si debían intentar entender los sentimientos de Dante. Por otra parte, su hermano, sus primos y sus tíos, todos eran menores que los demás y eran un poco más modernos en todo, por lo que siempre lo apoyaron y fueron parte de este proceso, cosa que agradecería el resto de su vida — ¿Qué me dices de ti?
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Laith Gauthier el Vie Mayo 11, 2018 4:19 am

Laith hubiese deseado, sin temor a equivocarse, que realmente no hubiese preguntado sobre su día. Él era de ese tipo de personas que simplemente desea dejar las cosas malas atrás, y, aunque lamentable, esas noticias eran así de desalentadoras, aunque Dante deseaba animarlo un poco. — Me gustaría creerlo —suspiró, haciendo un ademán con los hombros. Uno tenía que saber distinguir una causa perdida. — Gracias por mencionarlo, de todos modos, tú también eres un buen sanador —apreciaba el intento por alentarlo, devolviéndole el cumplido de la misma forma amable en que él lo había hecho al momento de hacérselo llegar.

Notó el movimiento de esa mano aproximándose a la suya, la que no movió ni para acercarla ni para apartarla. Tampoco hubo un verdadero intento, así que realmente lo pasó desapercibido, no parecía ser especialmente importante, tomando su vaso para dar un nuevo sorbo. Prefirió dejar aquel amargo tema en el pasado para poder pasar a temas más interesantes, como por ejemplo la casa en la que habían estado. Mientras que Dante fue a la de los cuervos, éste adivinó acertadamente sobre la suya, lo que ocasionó un altanero comentario respecto a sus habilidades de adivinación. Laith sonrió divertido y puso los ojos en blanco, en un gesto gracioso en apariencia resignado.

Claro, ¿ahora toca leerme la mano? —extendió su zurda, la palma por delante. La palma de su mano izquierda estaba cicatrizada en quemadura, dando relieve y cambios en el tono del color, pero las líneas podían apreciarse igualmente. Además, en los dorsos de ambas manos tenía una flor, en la derecha una rosa roja y en la izquierda una magnolia negra, la pintura aún brillante decía que no hacía mucho los había hecho. Parecía ser un aficionado a las flores, con ese loto en el cuello.

El siguiente tema fue la música y Laith se dio cuenta que Dante era más parecido a él de lo que al principio hubiese llegado a creerlo. Hay un momento en las conversaciones donde una persona se emociona hablando, y explica aquello que le apasiona, los ojos le brillan y por un momento parece perderse del mundo a su alrededor. Laith detestaba cuando una persona perdía el brillo y se disculpaba por emocionarse con un tema. Y ese placer que sentía al oír a una persona conversar con tanto entusiasmo lo compartía con el otro sanador, un detalle inesperado pero agradable. De todas formas, no quiso monopolizar la conversación y la dejó fluir como agua.

Hablar sobre religión y creencias siempre era, en el fondo, un tema contradictorio cuanto controversial. Laith pensaba que la religión sólo estaba dictada por cuestiones de geografía poblacional más que en la veracidad de una religión en particular. En cambio, creer en algo le parecía importante, porque en eso se basaba la esencia misma del ser. — Cada persona es un mundo, ¿no es así? A veces eso de la exploración espacial no viene mal —bromeó sutilmente, — en especial cuando hay mundos tan atractivos —apuntó, mirándolo con descaro de arriba abajo.

El canadiense era de ese tipo de personas que siempre querían pagar. No le costaba nada, estaba bien pagado después de todo, y si había algo en lo que nunca le dolía gastar era comida. Amaba la comida e invertir dinero en ella siempre era un gasto bien justificado, por lo que lo tomó por sorpresa que Dante le dijera que todo corría por su cuenta. Sonrió, colocando los codos sobre la mesa para inclinarse sobre la misma, acercándose como si fuera a decirle un secreto que sólo ellos dos podían escuchar.

Cada quien paga su consumo, señor Fiore —le dijo en un tono divertido, si no lo iba a dejar pagar todo entonces iban a dividir la cuenta. Era un poco demasiado orgulloso, qué podía hacer. Mismo orgullo que hirió en Dante cuando dijo que él debía esforzarse más, arrancándoles una risa a ambos. — ¿Qué puedo decir? No soy fácil de complacer, expectativas demasiado altas, me temo —se llevó una mano al pecho en un ademán vanidoso, exagerado en sus formas. Sólo estaba bromeando, y esperaba que eso Dante lo interpretara bien antes de pensar que realmente era así de pedante.

Entonces, el tatuado hizo una pregunta que parecía comprensible, a simple vista. Meramente curiosidad, interrumpida la respuesta por el camarero que llegó a traer la comida que Laith había pedido: nachos, dedos de queso y tapas. Además, aprovechó para guiñarle el ojo y hacer un movimiento con el escaso líquido restante de su vaso para pedirle una segunda bebida. Se llevó un dedo de queso a la boca cuando el camarero se hubo retirado a buscar su bebida para retomar su atención en su acompañante, quien hizo una broma con su sexualidad, “pansexual”. Laith a veces se confundía un poco con todo el tema de las sexualidades, pero no juzgaba, a fin de cuentas.

¿Entonces te van los panes? Santo cielo, habérmelo dicho antes, y yo trayéndote pan, qué indecencia la mía —dramatizó, aunque no estaba seguro de si debía preguntar un poco más. Si no se equivocaba, esa la de “le doy a todo lo que tenga pulso”. Un poco como la bisexualidad, pero más… ¿abierta? Dejó que le contara todo lo que quiso hasta que regresó la pregunta a él. — ¿Yo? Sólo gay —comentó. — Fue… sencillo, creo, me parece que nunca estuve en el armario realmente… Vengo de una familia… pequeña, y mi abuelo lo sabía antes que yo, incluso se burló de mí cuando intenté tener una novia —hizo saber, con un gesto gracioso. — Por otro lado, en el colegio fue… una tortura, si tengo que describirlo de alguna forma.

El colegio había sido eso, una tortura, al menos los primeros dos años. Luego las cosas se suavizaron, pero no fue ni por asomo sencillo. Tampoco iba a ponerse a contarle su vida, sus momentos más oscuros, a Dante, no era eso para lo que habían salido. Eso ya sería darse a conocer demasiado. Sería para otra ocasión. Por el momento, Laith estaba muy entretenido con la comida, pillando un poco de esto y otro poco de aquello, llenando su estómago que hasta ahora había estado suplicando por comida.

¿Y qué más me cuentas sobre ti? ¿Qué te gustaría que supiera? —le preguntó divertido, acariciando la boquilla de su vaso con el dedo medio, mirando a los ojos a Dante, antes de sonreír. — Tus sueños, aspiraciones, qué te gusta, qué no, cómo pretendes terminar esta noche, son cosas interesantes —decidió, entre las ideas que le dio para seguir la charla, apuntar a matar: ¿qué esperaba de esa noche? ¿Pretendía acabarla con un apretón de manos, yéndose cada quien por su lado? Era el momento de poner las cartas sobre la mesa.
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Dante Fiore el Mar Mayo 15, 2018 6:50 pm

Se sentía apenado, realmente apenado por haber preguntado sobre su día, aunque en realidad lo había hecho en medio de un intento por mostrar interés hacia él y sin ninguna doble intención, entendía perfectamente lo terrible que era el siquiera pensar en esos pacientes que se encontraban en muy mal estado, aunque si algo estaba claro, era que esta sensación era incluso diez veces peor si los pacientes eran niños, ¿A quién no le parte el corazón ver a un pobre niño, enfermo, probablemente cerca de la muerte? De hecho, estaba tan apenado, que ni siquiera se había molestado en contestar a las demás palabras del pelinegro acerca del tema, únicamente dedicándole una sonrisa cuando él efectuó el último comentario, diciendo que él era un buen sanador también, debido a que solo quería evadir el tema, para no incomodarlo más.

Le fue inevitable reír divertido al escuchar el comentario que hacía Laith referente a la adivinación, y debía admitir que el gesto que había hecho también le hizo mucha gracia — Dame unos segundos, joven — Inmediatamente, cogió la mano ajena con su mano derecha, al igual que siempre, era su mano dominante, y era también la que utilizaba casi para todo. Observó cuidadosamente su mano y sonrió, mientras que con su dedo pulgar hacía suaves caricias en la blanca mano contraria, tratando de no tocar las líneas del tatuaje. Unos segundos después, adquirió un semblante mucho más serio y cerró sus ojos, fingiendo concentración — Veo que en otra vida fuiste florista... Y que esperabas ansioso a que te invitara a a salir— Luego de este comentario, sonrió divertido, a la par que abría los ojos y lo miraba, para luego deslizar su mirada hasta su mano, tomando su tiempo para admirar el tatuaje.

Una magnolia negra en la zurda, mientras que en la derecha tenía una rosa roja, y en el cuello una flor de loto, sin duda se había ganado ese chiste sobre lo de ser florista. El comentario aparte, había sido totalmente en juego, aunque esperaba que tuviera un buen efecto, en lugar de verse como cualquier comentario prepotente  ni cualquier cosa por el estilo — Por cierto, me gustó mucho este, personalmente — Elogió al tatuaje de su mano izquierda, él amaba enormemente las magnolias, y sinceramente le habían gustado mucho los trazos del tatuaje, aunque sí que había uno que otro detalle que podría haber quedado mejor, en general había sido un trabajo muy bueno. Sí, él era muy exigente en estas cosas, en realidad, creía que esa es la razón principal por la cual no se había tatuado, porque creía que tenía que encontrar un artista que hiciera el trabajo totalmente perfecto, de lo contrario jamás lo haría. Siempre había sido así, más que nada con sus cosas, no se conformaba con trabajos con siquiera un error.

Se dio cuenta de que ambos eran muy similares, porque pudo notar la sonrisa que el pelinegro tenía en su rostro cada que Dante se sumergía profundamente en un tema, pero se le hacía inevitable, cada que tenía un tema que le atraía mucho, o del cual le parecía bastante interesante hablar, podía hablar incluso por horas, le encantaba platicar de todo tipo de cosas, por muy simples o también extrañas que fuesen, en especial, disfrutaba mucho de pensar y de hablar con personas que tuvieran conocimientos distintos a él, sentía que esa clase de conversaciones le generaban un aprendizaje muy alto.

No acostumbraba mucho a sacar el tema de la religión, en especial antes de conocer muy bien a la persona, aunque no sabía porqué, pero se había sentido en ambiente rápidamente con su acompañante de esta noche, tanto así que se había sentido libre de sacar ese tema que generalmente no le traía muy buenas impresiones, debido a que mucha gente era excesivamente cerrado con lo que respectaba a la religión y demás. Se mordió el labio inferior en medio de una amplia sonrisa que se asomó por su rostro al escuchar el comentario tan provocador que hacía el sanador, acompañado de esa pícara mirada que tanto le atraía — En frente tengo un mundo que me encantaría explorar — Sí, los piropos básicamente brotaban de su ser, desde comentarios sutiles hasta piropos de albañil bien babosos, todo dependiendo de la ocasión.

Cogió su vaso para beber un trago, y sonrió al sentir el familiar sabor de la ginebra, y sentir como el dulzor de la bebida recubría su paladar con suavidad, en definitiva, había pocas cosas que adorara tanto como beber cócteles. Dedicó unos cuantos segundos a observar nuevamente a Laith de pies a cabeza, o por lo menos, todo lo que tenía a la vista, como si ese año completo viéndolo a diario no hubiera sido suficiente, como si necesitara observar más esa piel blanquecina, recubierta de tatuajes para poder reconocerlo, como si fuera la primera vez que viera a ese hombre tan bien parecido.

Esbozó una juguetona sonrisa al observar como el pelinegro se acercaba hacia él, como para susurrar en su oído, le fue inevitable — Esta cercanía se aprovecharía mejor en otro sitio — Le sonrió, aunque lo había dicho en forma de broma, en realidad era un pensamiento verdadero, no podía evitar tener a alguien que le atraía así de cerca y no querer estar en un lugar más privado, se le hacía inevitable — Vine a invitarte de tan buen rollo, ¿Y no me dejarás pagarte la cena y los tragos, por lo menos? — No podía evitar el querer pagar siempre, era como un instinto que tenía en las salidas de este tipo, él era un hombre muy generoso, y consideraba que si había sido él quien lo había invitado a salir, era totalmente justo que pagara por los consumos, a fin de cuentas, la idea de salir fue suya. Se hizo el ofendido al escuchar el comentario de su acompañante, en conjunto con aquel gesto — Lamento no llenar tus expectativas, me retiro con el corazón roto — Puso inmediatamente un gesto triste, mientras que bajaba la mirada por unos cuantos segundos, para luego romper en una fuerte carcajada.

Durante casi toda la cena se la había pasado riendo y sonriendo, y las pocas caras serias que había puesto eran para aparentar antes de realizar un comentario gracioso, se dio cuenta de que la estaba pesando realmente bien con Laith, a pesar de que en general no cruzaban muchas palabras. Se llevó un dedo de queso a la boca, dedicando unos cuantos segundos únicamente para poder saborearlo como es debido, como si fuera una delicia de otro mundo, ¿Pero quien lo culpa? Amaba la comida. Rió ante el comentario que hizo Laith referente a la pansexualidad, siempre le parecían graciosos esa clase de comentarios, aunque a algunos les pudieran resultar un tanto ofensivos, él mismo jugaba con eso — Me has hecho poner caliente con esos panes muy temprano, mala jugada, mala jugada — Rió, a veces le daban incluso más risa las bromas que hacía él que las de los demás, y en esos mismos momentos siempre pensaba 'Maldición, me amo'.

No muchos de los que tenían una sexualidad distinta a lo que se consideraba... 'habitual' tenían la dicha de que su familia no los juzgara, o no tener ninguna clase de problema al respecto, por lo que rió bastante alegre, al escuchar lo que había dicho sobre su abuelo, y también al darse cuenta de que él jamás había tenido esa clase de inconvenientes, debido a que la salida del clóset muchas veces era lo más complicado de ser gay. Por otra parte, parecía que el pelinegro había tenido bastantes problemas en la escuela debido a su sexualidad, lo cual era incluso más común que en la familia, sí, en muchas ocasiones, los niños y adolescentes podían ser totalmente hirientes, por suerte, Dante nunca había sido alguien de prestar atención a la opinión de los demás, ni sabía lo que los demás hablaban sobre él, siempre los mandaba a tomar por culo.

Lamento que haya sido así... Los chicos muchas veces pueden ser unos completos idiotas — Era muy poco usual ver al pacífico Dante hacer uno de estos comentarios haters, sí, él no era de hablar así de la gente con mucha frecuencia, a pesar de que muchas veces lo tuvieran bien ganado. A medida que iban hablando, él ingería constantemente parte de las tapas, y también venía de su trago paulatinamente, puesto a que no se encontraba muy familiarizado con eso de dejar el trago de lado en una conversación, de hecho, era de esas personas que se bebían siempre el trago como agua, sí. Al igual que siempre, escuchó ese comentario que le hacía dudar de su propia existencia, y es que para él no había nada más letal en una conversación que le preguntaran algo aleatorio sobre él, como decir 'cuéntame de ti' en esa clase de momentos, se le olvidaba incluso en dónde estaba.

Vamos Dante, no te puedes quedar en blanco justo ahora, aquí es donde tienes que ser creativo, piensa... ¿Quién diablos eres? Sin embargo, su mente se aclaró por completo al escuchar cómo Laith le preguntaba la manera en la que quería acabar la noche, sí, él sí que sabía como iluminar su mente — Metas y aspiraciones... Opino que con ser buena persona, pasarme bien y disfrutar de la vida tengo... No soy demasiado exigente al respecto, aunque siempre busco apuntar alto — Sí, él siempre se exigía mucho a sí mismo, a pesar de que era alguien espontáneo y que no iba por ahí planificando toda su vida, le gustaba dar todo su esfuerzo siempre, no dejar nada a medias.

Muchas cosas, adoro la comida, cocinar, beber cócteles, escuchar música, viajar, explorar, leer, esta clase de salidas, muchas cosas... — Bebió un profundo trago de su bebida, mientras que mantenía sus ojos clavados sobre los ajenos, como si de un duelo de miradas se tratase — Las cosas que me disgustan son pocas, en realidad, las avispas... Sí, es una fobia. Esperar, las duchas con agua fría, no recuerdo más de momento — Continuaba pensando, aunque no eran muchas las cosas que le desagradaban, él más bien era una persona muy tolerante, en la mayoría de los aspectos — Buena pregunta, a mí también me intriga saber en qué acabará — Comentó, a la vez que le dedicaba una pícara mirada, acompañada de una pequeña sonrisa que no enseñaba demasiado sus dientes — Por como van las cosas, he de admitir que me encantaría que nuestra noche no acabe en las puertas de este establecimiento — Una nueva sonrisa se asomó por su rostro, aunque esta vez, mucho más amplia, mientras que tomaba un nuevo sorbo de su bebida y le observaba, juguetón — Mi casa está disponible, en caso de que quieras hacerme una visita — Un comentario directo pero no tanto, con esto, dejaría todas las intenciones claras y sabría también si todo lo que había intentado hasta el momento había dado resultados, o si no lo había convencido de alargar la noche.
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Laith Gauthier el Vie Mayo 18, 2018 9:25 am

Le dio su mano a Dante para que él la “leyese”. Se quedó mirándolo mientras le observaba las líneas, la cicatriz en su palma y el tatuaje en su dorso. No habló para permitirle concentrarse en tratar de adivinarle algo, sonriendo con gracia al oír el chiste sobre su trabajo en la vida anterior. Sí, estaba ganado a pulso, y eso que Dante no conocía otras flores escondidas en su pecho. Entonces escuchó lo siguiente, qué presuntuoso era el sanador, le provocó reírse mientras negaba con la cabeza. Era divertido, de hecho, porque Dante parecía semejante a él, capaz de sacar cualquier cosa con tal de mantener viva la conversación.

¿Es eso verdad, señor adivino? —le preguntó con una sonrisa coqueta. — Habrá que creerle —comentó, aparentando no estar muy seguro. La verdad era que no sabía que eso era una cita hasta que llegó a ella, pero para ser tan improvisada no iba mal. — ¿Sí? Gracias, lo diseñé yo —miró el tatuaje de su mano. — Todos mis tatuajes los diseño yo, de hecho —añadió por mero dato. Él lo dibujaba y se lo daba al artista en cuestión para que se lo plasmara en el cuerpo. — ¿Qué tal tú? ¿Algún tatuaje?

Los temas iban y venían, era divertido, a él le gustaban esas conversaciones que saltaban de tema a tema, tocando algunos, profundizando en otros, hasta el grado de llegar verdaderamente a conocer a otra persona. “Exploración espacial”, podía llamarlo, tal y como lo hizo, y ambos se encontraron de acuerdo al desear “explorarse” mutuamente, sólo otra forma de decir que les gustaría llegar a conocerse más allá del formato laboral, incluso, si las cosas salían bien, un poco más lejos de la amistad, que parecía ser a lo que estaban los dos apuntando a juzgar por la cantidad de halagos y cortejos en aquella noche.

Laith era tan orgulloso que permitir que alguien pagase era un capricho que no se daba muy frecuentemente, sólo con allegados amigos. Dante no perdió oportunidad de lanzar otra ficha. — Cada quien paga su consumo, he dicho, sé un buen chico y obedece —le dijo, haciéndole un breve cariño en la barbilla, sujetándola entre la falange media del índice y la yema del pulgar, tratándolo como un niño aunque era evidentemente mayor que él. — Oh, lo siento por herirte los sentimientos, aunque la noche es joven, puedes imponerte y llenar todas mis expectativas —lo invitó, travieso, dando un largo sorbo a su bebida.

Las risas parecían estar aseguradas entre esos dos, lo cual era de hecho bastante agradable, eran dos hombres coquetos y con ganas de pasarlo bien, por lo que casi parecía que eran amigos de hace mucho tiempo, nadie se imaginaría con sólo verlos que apenas y habían intercambiado algunas palabras en el trabajo. Como si la buena compañía no bastara, buena comida era el ingrediente perfecto para cocinar una gran noche. Metafóricamente hablando, porque si Laith tuviese que cocinar algo, incluso una noche, ya se veía haciendo un desastre como siempre.

Lo siento, yo, que soy tan decente, haciendo esas cosas… —se burló ligeramente de él, era grato que tomase las cosas con humor, que había cada persona que se enfadaba por nimiedades. Es decir, no es como si pudiese cambiar algo, ¿qué más daba? Ya lo decía Tyrion: “Nunca olvides quién eres, porque, desde luego, el mundo no lo hará. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil. Úsalo como armadura y nadie podrá utilizarlo para herirte”. — Es cierto, pero no nos amarguemos por el pasado, todo pasa por una razón, ¿no es cierto? Las cosas sólo pudieron haberse dado de la forma en que se dieron —justo lo que estaban hablando antes.

Decidió hacerle una pregunta que se decía fácil pero, en realidad, era mucho más complicada de lo que a simple vista parece. La gente siempre se olvida hasta de su nombre cuando le piden que hablen de ellas mismas. Entre sus dudas estaba una clara, porque al quebequés le gustaba tener las cosas así de claras, era directo con sus intenciones y esperaba que los demás lo fueran con las suyas. Una cosa le llamó la atención: “cocinar”. Era del tipo de gente que le gustaba tener en su círculo, aunque sonara demasiado interesado. Él era un asco en la cocina. Le agradó lo que Dante le compartió, apuntándolo todo en una zona reservada en su cabeza para datos no tan relevantes pero importantes de la gente.

Laith había movido su pieza, y Dante no se quedó atrás. — Bueno, digamos que me encantaría saber de qué color son las cortinas de tu habitación —bromeó, haciendo un ademán con su vaso, un gesto abierto antes de sorber. — Pero tienes que saber una cosa antes, entenderás que tengo cierta… reputación —se preguntaba si era la palabra adecuada, “reputación”. — Digamos que sólo pretendo ser un amigo que se lo pasa bien con un amigo; si quieres compromiso o sentimientos, entonces no soy tu hombre —consideraba que era muy importante dejarlo claro. Luego las personas se enamoraban, se confundían y había drama.

Para él, las cosas siempre eran claras: no tenía intenciones de enamorarse. Especialmente cuando tendría que ver al otro en el trabajo, prefería que el ambiente fuera distendido con todas las cartas sobre la mesa. No creía en amores eternos y, al menos en ese momento, no parecía ir a cambiar su perspectiva de vida pronto, por lo que vivir siendo el “amigo” de muchos hombres no sonaba a un mal plan. Por ello mismo, el hecho de decirle lo que pretendía no era sino la forma de llevar la fiesta en paz. Si Dante no estaba de acuerdo, la conversación y la bebida eran agradables para acabar la noche como dos personas decentes.

Y si no soy tu hombre, mira que me tiene comprado esta bebida y las tapas están para chuparse los dedos, la conversación era buena antes —le hizo un gesto moviendo el contenido de su Jack, sonriendo divertido antes de haberle dado tiempo a responder. No quería que sintiera que sólo había dos caminos: aceptar o marcharse. Bastante social era el colibrí como para pensar en largarse a la mínima de cambio, y aprovechó para tomar una tapa y llevársela a la boca, estaban por terminarse al igual que el resto de la comida que había pedido para el disfrute de ambos.
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Dante Fiore el Sáb Mayo 19, 2018 5:52 am

Probablemente, si había algo que disfrutaba de sí mismo era el siempre tener la capacidad de hacer reír a la gente, de una manera u otra, hacer que se desconectaran de los problemas, era por mucho lo que más amaba de su personalidad. Y es que, a veces no podía comprender a las personas que eran totalmente serias, que no disfrutaban de la vida, porque independientemente de lo que estuviera pasando, él podía sentirse vivo nuevamente sólo con ver la forma en que provocaba una auténtica sonrisa, para él era algo totalmente indispensable, y casi siempre intentaba hacer feliz a los demás, no por hacer que su día mejorara, o que tuvieran una mejor perspectiva de la vida ni nada similar, sino por el simple hecho de que hacer feliz a alguien, lo daba incluso más felicidad a él. Perder por completo la madurez y seriedad en ciertos momentos valía la pena para ver rostros sonrientes, felicidad auténtica, como la que tenía justo en frente ahora mismo.

Sus ojos nunca dejaban de estar clavados en él o en el resto de su cuerpo, tanto así que apenas y notaría cualquier alboroto en el establecimiento, de no ser por su excelente sentido auditivo. Afirmó con la cabeza, con un semblante bastante serio — Totalmente, y te sorprendería ver lo bien que te leo con una bola de cristal — Aunque ya no estuviera leyendo su mano, aún no paraba de sujetarla, aunque ahora la bajó un poco, para que no fuera incómoda la posición, y continuaba haciendo leves caricias en ella, mientras que clavaba sus ojos en los ajenos, en una pícara y no tan sutil mirada. Le sorprendió un poco escuchar que él mismo diseñaba sus tatuajes, eso suponía el hecho de que él mismo adquiría la idea inicial y la plasmaba en papel, por lo que tenía que ser buen dibujante — ¿Dibujas, entonces? — En caso de que la respuesta fuera sí, sería espectacular, una cosa más en común, en especial para el italiano, quien era fiel amante del arte.

Cuando le preguntó acerca de los tatuajes, intentó hacer la mejor actuación de su vida, llevando una de sus manos hacia su cabello para peinarse, y lanzando una prepotente mirada hacia el pelinegro — ¿Disculpa? ¿Es que acaso alguna vez has visto un Ferrari con calcomanías? — A veces, no sabía de dónde sacaba esa clase de estúpidos chistes, siempre eran extrañas ocurrencias suyas, aunque en la mayoría de los casos solían resultar bastante graciosos, incluso para él, era el más grande admirador de sus bromas, siempre se reía. Pocos segundos después, rompió en una fuerte e incontenible risa — Los tatuajes me encantan, me parecen una fascinante forma de arte, aunque siento que... No sé, no son para mí — Admitió, en realidad, disfrutaba observando tatuajes ajenos, buscando incluso en internet, le parecían totalmente increíbles y hermosos, aunque nunca se había decidido a hacerse uno — O quizás sienta que jamás he encontrado un diseño del que no me vaya a arrepentir — Una cosa era empezar una actividad, entrar, cambiar de hábitos, pero los tatuajes eran permanentes, sabía que en caso de hacerse uno, arrepentirse no era una opción.

Las cosas parecían estar yendo incluso mejor de lo que lo habían planeado, no por el hecho de todos los halagos, aunque eso formaba una parte bastante interesante, sino que sentía haberse conectado con Laith, al punto de sacar temas de conversación de manera tan natural desde un principio, y cada que esto ocurría, generalmente adquiría un buen vínculo con la persona, independientemente de si fuera una amistad o algo más, aunque debía admitirlo, no tenía planeado nada con él, aceptaría lo que se viniera, siempre y cuando a él le parecía una buena idea.

Siempre había tenido esa costumbre de ser él quien paga, de lo contrario, sentía que le estaba debiendo algo a esa persona, aunque por como iba todo, no es como si no fuera a tener tiempo de retribuirle luego. Enarcó una ceja al escuchar cómo lo trataba, aunque no rechazó esa pequeña caricia en su barbilla, y no tardó en echarle una traviesa ojeada al joven — ¿Qué tan buen chico quieres que sea? — Intentó hacerle ojos de cachorro, aunque siempre le hacía gracia, desde que tenía barba y lucía como todo un adulto, ya se le hacía un poco complicado el intentar hacerse el tierno — Pagamos mitad y mitad, y que quede claro que no estoy cediendo porque seas tan guapo — Una sonrisa divertida se asomó para acompañar a este último comentario, acompañado de esa mirada pícara que contradecía totalmente lo que decía de lo que en realidad pensaba.

Le fascinaban estos comentarios de Laith, en serio, esas invitaciones tan decentes pero también tan abiertas hacían la situación bastante divertida, y les daba la oportunidad de juguetear un poco — Pues, debo decirte lo ansioso que estoy por llenar esas expectativas tan altas — Bebió él también de su trago, sin quitar la mirada de aquel pelinegro tan atractivo. Por primera vez en un rato le echó una ojeada al lugar, continuaba bastante tranquilo, algunas mesas se habían llenado, sin embargo, todos platicaban y comían de manera pacífica, sin hacer mayor ruido ni perturbar a nadie, el ambiente era agradable y acogedor, y personalmente estaba disfrutando de la noche, aunque sabía que luego la iba a disfrutar aún más.

De vez en cuando, comía bocados de aquellas tapas, y era que no tenía demasiadas ganas de interrumpir la conversación por comer, así que sólo comía en ciertos momentos en los que estaba observando al tatuado hablar, aunque sin dejar de prestar atención a la plática ni en un segundo. En realidad, era esa clase de personas que podía estar haciendo dos cosas a la vez perfectamente sin descuidar ninguna, como por ejemplo leer y escuchar a alguien a la vez, no sabía cómo, pero nunca se le había complicado nada de esto, en realidad, disfrutaba más de hacer dos tareas al mismo tiempo que una sola, sentía que aprovechaba mucho más el tiempo.

Nunca había sido una persona enojadiza, o no demasiado. Se estresaba con muchísima facilidad, y pequeñas cosas podían hacerlo decepcionar o sentir enojo, aunque no era de explotar, ni mucho menos de tomarse las bromas a pecho, por lo que no solía tener conflictos con los demás muy a menudo, sino que se enojaba por cosas pequeñas que ocurrían en su entorno, cosas que las personas hacían mal o que simplemente no hacían, esas eran las cosas que generalmente provocaban sus enojos — Exacto, cualquier cosa ocurrida ayudó a que estuviéramos como estamos, con el trabajo que tenemos, la vida que llevamos, aquí, cenando juntos... — Jamás solía arrepentirse de las cosas que le ocurrían, que hacía o decía, pues si había algo que hacía a la perfección era llevar la vida de una forma bastante madura, aceptaba los golpes de la vida y se levantaba, sabiendo que ahora tenía una nueva historia para contar, no se aferraba demasiado a las cosas, sabía que la vida te quita cosas y que también te pone otras en el camino, y que la vida no se terminaba a causa de una ausencia, y que todo lo vivido, independientemente de ser bueno o malo, contribuía a lo que somos hoy en día, y era una experiencia más.

No era demasiado bueno describiéndose a sí mismo, en realidad, se le hacía mucho más sencillo describir a alguien más, podía hacerlo con extrema facilidad. También solía hablar bastante sobre sí mismo, aunque sólo cuando alguien hacía un comentario que le trajera cualquier clase de recuerdo a su mente, en esos momentos, era como si se activara un disparador, y de inmediato sintiera esa necesidad de hablar sobre su recuerdo, era casi incontenible, aunque cuando alguien le pedía alguna clase de comentario aleatorio, su cerebro se vaciaba casi por completo. Eso le hizo recordar lo detestables que eran para él las presentaciones en lugares como Hogwarts y la universidad, esas situaciones en las que te pones de pie y dices tu nombre, el lugar en el que vives, edad, dices algunas cosas sobre ti y también platicas un poco acerca de tus metas, era mejor sencillamente respondiendo preguntas.

En realidad, no sabía si debía reírse o qué clase de expresión debía adquirir en aquel momento, con ese comentario tan directo por parte de Laith, había tirado la ficha y sí, lo había hecho justo en el momento y lugar exacto. Acabó por esbozar una blanca sonrisa y mirar cuidadosamente a su acompañante, analizándolo como por décima vez en la noche — Me encantaría decírtelo, aunque me sentiría mejor mostrándote que combinan con la cama — Si algo le había enseñado la vida era que cada que alguien jugara una buena carta, debías responder con una incluso mejor, y sí, a veces se le daba bastante bien este juego llamado vida, si excluía las veces que arruinaba todo sin darse cuenta. Sin embargo, a pesar de haber utilizado también aquel comentario como una forma de respuesta rápida e inteligente para Laith, no se encontraba ni un milímetro alejado de la realidad, tanto en el hecho de que su casa y los accesorios estaban muy bien colocados, como el hecho de que se encontraba ansioso por tenerlo en la cama, en especial con todo lo que había deseado que esta noche llegara, en especial durante los últimos meses, cada que observaba a su apuesto compañero en el trabajo.

Los siguientes comentarios si lo dejaron totalmente desconcertados, pero no por lo que estaba diciendo en realidad, sino por la forma en la que se expresaba, no sabía el porqué, pero le hacía demasiada gracia. Soltó una corta y divertida risa, mientras que le echó una pícara mirada al pelinegro — No tienes nada de que preocuparte, no me gustaría dañar tu 'reputación' — Esa última palabra era probablemente lo que más lo hacía reír, aunque entendía a la perfección su punto — Y estoy totalmente de acuerdo, en ese caso... Yo creo que podemos ser unos muy buenos amigos — Ya había venido venir esto, y no especialmente por parte de Laith, sino porque él mismo tampoco se encontraba especialmente interesado en algo más que disfrutar ocasionalmente, de momento no estaba en busca de ninguna relación amorosa ni nada por el estilo, aunque sabía muy bien que no la rechazaría en caso de que llegue.

Además, tenía muy en claro que las relaciones en el trabajo eran algo difíciles de manejar, incluso si en caso de algún rompimiento o cualquier situación por el estilo ellos actuaran como unos completos profesionales, no dejaría de ser incómodo y hasta desagradable, por lo cual consideraba mucho mejor evitar cualquiera de estas situaciones. Sonrió, en un divertido gesto ante el último comentario referente a toda la cita que había hecho el pelinegro — Pues, ya dejé en claro que sí eres mi hombre, así que podemos hacer de estas cenas un buen hábito — Afirmó, sin quitar esa característica sonrisa de su rostro, que en ocasiones se veía más repleta de picardía y dobles intenciones que de cualquier cosa, pero no podía evitarlo, Laith le generaba unos muy interesantes pensamientos — Aunque sería un mejor hábito lo de las cenas en mi casa, a solas — A pesar de que disfrutaba en gran medida de esta clase de salidas, no había nada que le fascinara más que los encuentros privados, esos en los que podía tocar y hacer lo que quisiera con su acompañante en el momento en que le provocara, y donde no tuviera que experimentar esa cruel situación de aguantar antes de tomar lo que te corresponde.
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Laith Gauthier el Mar Mayo 22, 2018 6:06 am

Las caricias de Dante en su mano insinuaban, eran suaves, pero de alguna manera parecían intensas en el idioma de lo no dicho, en el lenguaje corporal. Laith, por su lado, se dejaba, simplemente, permitía que su mano fuera presa cautiva de las manos ajenas en ese contacto leve que lo calmaba. Asintió con su cabeza cuando le preguntó si dibujaba, a juzgar por su comentario de diseñar él mismo sus tatuajes. Era agradable, de hecho, divertido si se lo preguntaban, aunque no solía dibujar personas. Odiaba no saber darle esa expresividad propia e inherente del ser humano.

Enarcó una de sus cejas al oírlo preguntar por un Ferrari con calcomanías, ¿de qué le hablaba este loco? Y con una sonrisa ladina, irguió una respuesta: — Por supuesto, todo el tiempo en los coches de carreras —fue lo que dijo, ¿no era acaso evidente? Y no es que Laith fuese un apasionado ni a las carreras ni a los coches, pero era algo que claro que sabía. — Los tatuajes pueden llegar de las formas más inesperadas… Creo que la mayoría de las veces sólo empecé a dibujar algo basado en algún sentimiento y de ahí salió lo que quería en mi cuerpo —le explicó su método.

Entendía que a muchas personas, en especial en el mundo mágico, no les entusiasmaran particularmente los tatuajes. Sin embargo, para Laith la excusa de Dante no era válida, no cuando vida sólo hay una y pasar el tiempo arrepintiéndose no era una forma de vivir. El más evidente motivo para no arrepentirse no era otro que saber que si se lo hizo fue porque en algún momento de su vida así lo quiso. No iba a imponerse a la mentalidad de Dante, de todos modos, así que lo dejó tranquilo.

No pudo evitar reírse cuando Dante intentó hacerse el tierno, que no le quedaba mucho con sus treinta años y barba, pero el intento al menos se hizo. — Depende, digamos que la mayor parte del tiempo prefiero a los chicos malos —confesó con una mirada coqueta, esperando ver el efecto que sus palabras tenían. — Claro, di lo que quieras, sé que sólo lo haces porque soy guapo —se burló de él, acomodándose el cabello en un gesto galante. — No te culpo, sin embargo, ¿es que has visto esta belleza? No es fácil resistirse —exclamó con vanidad fingida.

Laith se quería, se adoraba incluso, pero eso de ir vanagloriándose por su físico o creerse superior no era lo suyo. Por eso mismo, lo de sus altas expectativas no era precisamente serio, cuando no era tampoco una total mentira. Un punto intermedio, podría decirse. Además, no es que estuviera por obligación con una compañía de mal ver: estaba con un compañero de trabajo con quien podría congeniar al grado de tener una amistad y que, encima, era bastante atractivo, con comida deliciosa y una buena bebida, no podía pedir mucho más que lo que ya tenía.

Dante respondió a su intento de ligoteo, a su ficha bien lanzada, y fue principalmente por ello que decidió ser directo con sus intenciones, decirle qué esperar y qué no esperar. Sorprendentemente, el mayor estaba de acuerdo. — Estaba seguro que eras un hombre muy razonable, señor Fiore —asintió de forma muy madura, como si estuviera hablando de negocios y uno de una relación “más que amigos”. — Podremos conseguir interesantes beneficios los dos —era maravilloso encontrar gente con sus mismas aspiraciones en una relación interpersonal, odiaba las complicaciones generadas por la falta de comunicación.

Aunque le había dado la opción a Dante de esquivar su clara invitación, el otro se vio de acuerdo en que era su tipo de persona, incluso sugirió hacer cenas como hábito, lo que el quebequés creyó que era una grandiosa idea, sonriendo encantador, un gesto agradable cuanto intentaba seducir sólo con su presencia. Cuando creyó que ya no había modo de hacer mejor aquel encuentro y su posterior “contrato”, Dante sugirió que hicieran cenas en su casa. Y Dante dijo que él sabía cocinar. Y eso era maravilloso.

Tomaré nota de eso, cenas en casa de Dante —lo escribió con su bolígrafo imaginario en su cuaderno imaginario. Luego de hacerlo, extendió lentamente su mano hasta tocar la ajena. — Entonces, ¿qué opinas de pedir la cuenta y… continuar con la cena en tu casa? —se autoinvitó a su casa, o lo invitó a invitarlo, lo que era un poco lo mismo. — Sería una buena idea —comentó, acariciándola suavemente, ésta vez él coqueteando con todas las de la ley, no estaba dispuesto a obtener un no por respuesta. — Aunque más vale que sea cerca porque no aparezco.

Su advertencia podría saber repentina. Laith odiaba aparecer, por raro que pudiese sonar para un mago, porque su cuerpo era demasiado susceptible a los cambios de presión y le provocaban mucho malestar. Además, era ignorante de que el otro no había llegado precisamente a pie, lo que iba a resultar ser una grandiosa idea cuando eso facilitaba la existencia del sanador. Pidió la cuenta al mesero cuando terminaron su bebida y, dicho lo dicho, puso su mitad del pago que habían acordado ambos. No era una cuenta muy elevada, a fin de cuentas.

Se levantó de su asiento, acomodándose la ropa con un gesto resuelto, ya no parecía importarle que estuviesen tan distintamente vestidos y no parecieran congeniar sus estilos. — Guías el camino —hizo un gesto caballeroso con su mano para que caminase por en frente de ellos y realmente pusiese el paso, ya que Laith no tenía ni la menor idea de dónde había estacionado su coche.
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Dante Fiore el Sáb Mayo 26, 2018 4:55 am

Sus caricias no paraban, eran suaves, en un intento por familiarizarse al tacto ajeno, a esa cálida piel blanquecina con tantos atractivos dibujos sobre ella. En esos momentos las palabras sobraban, con solo el contacto entre sus manos la plática estaba más que nutrida, como si no necesitaran ningún tema de conversación ajeno al lenguaje corporal. Él personalmente, a pesar de ser una persona mayormente orientada a accionar luego de pensar, siempre calculando todo al menos segundos antes, en más de una ocasión se dejaba llevar por sus instintos y deseos, y debía admitir que esos momentos eran los que en realidad valían la pena, donde sentías que como un reflejo mostrabas algo, y la otra persona te correspondía sin pensarlo, también.

No era para nada aficionado de las carreras de coches, es decir, sí, él adoraba los coches con su vida entera, pero no estaba demasiado familiarizado con los vehículos en el ámbito competitivo, aunque siempre le había hecho gracia ese comentario acerca de los Ferrari — Es broma, en frente tengo la clara prueba de que los Ferrari pueden tener calcomanías y lucir espectaculares — Guiñó el ojo, en un pícaro intento de hacer reír a su acompañante a pesar de aquel comentario de hace unos cuantos segundos que parecía no haber sido de su agrado — Yo lo he pensado seriamente más de una vez, debo admitirlo

Y es que, cientos de veces se había imaginado a sí mismo con tatuajes, aunque jamás concretaba alguna idea acerca de un diseño, en realidad, no tenía siquiera algo que pudiera resultar totalmente de su agrado, además, siempre había sentido que quería plasmarse algo significativo para él en el cuerpo, si luego de hacerlo no podría arrepentirse, ¿Qué mejor que tatuarse algo importante para él? Generalmente solía apoyar eso de 'Solo se vive una vez' Aunque en momentos así se daba cuenta que necesitaba ser algo más intrépido, no importaba que la vida fuera una sola, si se vivía adecuadamente, con una sola era diferente, y sí, esta conversación podría llevar a un futuro tatuaje, nunca se sabía.

Siempre le parecía divertido intentar hacerse el tierno, pero sinceramente, no sabía que había de tierno en un adulto de más de treinta años con barba y esa cara de anciano que tenía él, porque sí, más de una vez lo habían tomado por alguien un poco mayor, aunque por dentro su alma siguiera siendo la de un niño pequeño — Oh... ¿Con que malos? — Una sonrisa pícara salió de él, desde lo más profundo, como instintivamente. Dante era de esas personas extremadamente versátiles, podían pasar de un lado al otro en cuestión de segundos, podía ser del todo complaciente y pasivo en un segundo, y al otro dejarse dominar por todos sus deseos y volverse un poco... ¿Rudo? Sí, esa podía ser la palabra. De igual forma, podía ser tan serio como la situación lo amerite, o tan divertido como lo provoque la persona que se encuentre a su lado, aunque todo sin perder su esencia, y sin dejar de ser el mismo hombre de siempre.

Se le hizo totalmente imposible reírse al escuchar los 'vanidosos' comentarios por parte de su acompañante, que no se encontraban del todo alejados de la realidad. Él personalmente solía tener ciertas confusiones con respecto a su ego, algo así como que la mitad de las ocasiones se adoraba plenamente a sí mismo y se consideraba el ser humano más hermoso en pisar la Tierra, y la otra mitad se encontraba criticando una que otra de sus facciones o siendo humilde al respecto, sí, no le acababa de quedar claro si era del todo egocéntrico o no — Podrás decirlo en broma, pero resistirse es imposible — Entre risas, su comentario era del todo sincero, había tenido que pasar varios meses conteniendo sus ganas de siquiera invitarlo a salir por ser profesional, aunque al final, el deseo le había ganado rotundamente a cualquier otra cosa.

Durante su adolescencia tuvo bastantes problemas sobre su autoestima, siempre tuvo facciones perfiladas y que la mayoría consideraban atractivas, aunque él no lo hacía, ni de cerca en realidad. No fue sino hasta luego de los veinte años que dejó crecer su barba y se siente del todo bien consigo mismo. Aunque su estilo de la barba ha ido variando, también, en un principio no era más que una barba bastante corta de unos cuantos días, también en ocasiones se ha dejado crecer bastante la barba, aunque no se siente a gusto con la barba larga, así que prefiere dejarla como está actualmente, en un punto intermedio, una barba bien cuidada y que se encarga de podar bastante seguido.

Las tapas ya casi se habían acabado, y él balanceaba entre sus dedos lo poco de bebida que todavía le quedaba, para luego llevarse el vaso hasta sus labios y dar un largo sorbo, acabando por beber todo lo que le quedaba, saboreando ese último trago de alcohol que acariciaba sus papilas gustativas de forma tan armoniosa. Y allí estaban ellos, con rostros y posturas dignos de toda una conversación de negocios de lo más diplomática, ignorando el hecho de que básicamente solo estaban acordando ser algo similar a 'amigos con derecho' Si es que aún se empleaba ese término, y no había pasado de moda.

Si había algo que adoraba de su habilidad en la cocina aparte de tener la dicha de comer platillos cargados de sabor a diario, era el hecho de que resultaba un total imán. Sí, no había nada que la gente amante de la comida quisiera más que una pareja, amigo o ambas cosas que estuviera dispuesto a alimentarlo con toda clase de comidas, y él disfrutaba plenamente de ofrecerle comida a los demás, de compartir su sazón con el mundo, así era él, siempre compartiendo. Cocinar era algo parecido a su mayor liberación, no había ningún día malo o ajetreado que se resistiera a estar en medio de la cocina, con las papilas gustativas repletas de distintos sabores, y con el olfato siendo acariciado por toda clase de aromas proveniente de la comida.

¿Dónde has comprado esa libreta? Se ve práctica — Comentó en tono divertido, acompañado de una risa al ver como el joven sanador parecía estar anotando lo que recién le había dicho, aunque su expresión pareció tornarse un tanto más pícara al momento de sentir nuevamente el tacto de esa blanca mano, con una invitación que no pudo sonar más provocadora — Pues, debo admitir que no podrías haber propuesto algo mejor — Le fue inevitable saborearse, para probar por última vez ese poco gusto a licor que aún había en sus labios, y también de gusto, ese gusto que había estado esperando por tanto tiempo sentir. Entrelazó por unos cuantos segundos sus dedos con los ajenos, a la vez que le dedicaba una más que incitadora mirada a los ojos — No hay problema, traje el coche

No tardó mucho más en venir el mesero, a retirar los platos y vasos que habían vacíos, y a regañadientes pagó la mitad de la cuenta, al final, Laith no había accedido a dejar que al menos por esta vez, todos los gastos corrieran por su cuenta, pero ya vería, no podía hacerse el duro para siempre. Miró por última vez a su alrededor antes de ponerse de pie, el lugar se encontraba un poco más repleto ahora, la noche parecía empezar apenas dentro del establecimiento, aunque para esta pareja de sanadores, la noche era joven, pero no precisamente para mantenerse en aquel lugar. Se le hacía gracioso el hecho de que un mago de la edad de aquel blancuzco sanador no se apareciera, a pesar de desconocer si se trataba de no contar con la licencia, o simplemente le desagradaba o no sabía hacerlo. La aparición no era para todos, algunos no contaban con la habilidad de hacerlo, mientras que otros lo hacían, aunque su técnica era bastante inestable.

Salió del establecimiento, siendo seguido por su acompañante, hasta que a no más de unos diez metros de aquel bar fue visible su tan amado automóvil negro. Sacó de uno de los bolsillos de su blazer las llaves del coche y desactivó la alarma rápidamente — Después de usted — Hizo un caballeroso gesto, abriendo la puerta del copiloto para abrirle paso a él, aunque podía ser interpretado como un gesto, también como un chiste, puesto que no mucha gente hoy en día acostumbraba a esa clase de cosas, aunque también era cierto que a muchos se les hacía incómodo abrir la puerta de un coche ajeno y entrar como si nada.

Una vez ambos en el coche, se despojó de su blazer y le dedicó una última mirada de arriba hacia abajo a Laith, con esa traviesa mirada que tan característica de él se hacía. Encendió el auto, y no tardó más que unos cuantos segundos en ponerse a andar. No se encontraban muy lejos de su destino, en realidad, no les tomaría más de ocho o nueve minutos llegar hasta la casa del italiano, dado a que había tenido suerte en conseguir un lugar tan bien ubicado dentro de la ciudad — ¿Se te antoja comer algo más, aparte de a mí?
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