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It's a pleasure || Priv. {Laith Gauthier}

Dante Fiore el Lun Abr 30, 2018 4:36 am

Recuerdo del primer mensaje :

San Mungo, 29 de abril / 19:00

Tic tac, tic tac... El sonido de los relojes en San Mungo le resultaba cada vez un poco más molesto con el pasar de los minutos, el turno de hoy había sido prácticamente interminable y, curiosamente extenso, hacía bastante que no tenía un día tan intenso como éste, pero qué se le va a hacer. Paciente tras paciente, parecían nunca acabarse... Realmente nunca lo hacían, la sala de espera se encontraba repleta, y cada que se atendía a un paciente, llegaban dos adicionales, todos por causas sumamente estúpidas, nada serio ni de preocuparse, lo cual nos hacía descartar la probabilidad de que algo malo estuviera sucediendo allí afuera. No tenía seguro si el turno se le hacía particularmente extenso por la cantidad de pacientes, o por el hecho de que estaba ansioso por un compromiso que tenía por la noche.

Así es, pero lo de esta noche no era cualquier compromiso, sino que era más bien algo que le interesaba muchísimo, había quedado de ir a beber unos tragos con uno de sus compañeros en San Mungo, Laith. Y no por nada, pero para Dante, aquel joven satisfacía todos sus estereotipos de belleza en un hombre, en lo que se refiere a contextura física, color de cabello y de piel, y otros rasgos menores. Además de ello, era bastante inteligente y agradable, no habían tenido demasiado trato en el año que llevaba el italiano laborando como sanador, pero siempre le había resultado sumamente agradable, y esta sería la oportunidad para poder conocerlo mucho más a fondo.

Fue un alivio total cuando por fin acabó el turno, sintió que nuevamente podía respirar y volver a la tranquilidad. Cogió sus cosas sumamente veloz, ya eran aproximadamente las 19:00 y habían quedado para las 21:00, en el tiempo que le tomaría salir de San Mungo, trasladarse hasta su casa, bañarse, vestirse y moverse hacia el bar en el que se encontrarían, tenía el tiempo casi contado.

Londres, 29 de abril / 20:50

El tiempo le había incluso sobrado un poco, pudiendo hacer todo con calma, incluso le dio tiempo de exfoliarse la cara rápidamente, era algo que hacía siempre por lo menos dos veces a la semana para mantener su cutis saludable, y sí que lo ayudaba bastante. No tenía idea con exactitud de cómo debía vestirse, así que optó por un vestuario no tan formal, un pantalón chino de color beige, una correa de cuero tejida marrón oscura, una camisa de vestir manga larga de color azul celeste, un blazer azul marino de rayas verticales, un reloj negro de cuero y unas tenis de color beige. Usualmente Dante tardaba un poco más de lo acostumbrado por un hombre por eso mismo, siempre intentaba estar muy bien combinado, aunque no le importaba mucho eso de las tendencias en la moda, sí que le gustaba innovar sobre su propio cuerpo, compraba toda clase de prendas de todo tipo por separado, para luego crear varios atuendos que le podían funcionar en cualquier ocasión.

Salió de su casa en su automóvil, era un Bentley Continental GT Speed 2015, era un auto que particularmente amaba con su vida entera, y que era como su pequeño hijo. El carro tenía un color negro mate, que le hacía lucir sumamente elegante. El bar no se encontraba demasiado lejos, por lo que cuando llegó, aún eran las 20:55, como siempre, cinco minutos antes del encuentro, la puntualidad siempre había sido lo del italiano. El bar era un lugar que ya él había visitado antes en una ocasión, y que le había resultado bastante agradable y cómodo, no era nada más y nada menos que 'American Bar' Un lugar bastante abierto, con una enorme y colorida barra, un suelo con un diseño colorido, varios cuadros en blanco y negro sobre paredes de color beige, adornos iluminados perfectamente divididos entre todo el bar, buena iluminación, cómodos asientos y mesas y amplias ventanas con vista hacia las calles de Londres.

Ingresé por la puerta principal y me encaminé hacia una mesa que se encontraba vacía cerca de la barra, era un lugar perfecto, buena iluminación, mesa para dos, buenos asientos, una ventana diagonal. Pocos segundos tardó en llegar un mesonero, que me entregó un pequeño pero colorido y bien surtido menú, y luego se retiró durante un corto periodo de tiempo. Era una de las decisiones más difíciles, no sabía si debía pedir alguna botella en específico, debido a que no conocía para nada los gustos de Laith, no podía ordenar nada para él ya que no tenía ni idea de si sería de su agrado o no, así que no le quedaba otra opción que esperar. Cuando el mesero se acercó nuevamente, Dante levantó su muñeca izquierda, para observar el reloj de cuero negro que tenía en ella, y darse cuenta de que ya eran las 20:59, lo cual significaba que, si aquel joven era puntual, no tardaría mucho en llegar - Estoy esperando a alguien, de momento tráeme un Martini, por favor. - Comentó, a la par que le dedicaba una amable sonrisa al mesero, el cual se retiraba lentamente con la orden.
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Dante FioreSan Mungo

Laith Gauthier el Vie Jun 01, 2018 10:03 pm

Se le notaba un poco que no había entendido el comentario acerca de los Ferrari, y tampoco es que fuese realmente un aficionado a los coches, así que tampoco es que le diese demasiadas vueltas. Lo que sí que notó, es que Dante aprovechaba totalmente de cualquier situación para tirar fichas, algo que resultaba en parte gracioso. Es que no parecía entender el concepto del “tira y afloja” que Laith estaba jugando. — Todo lo que digas puede y será usado para cortejarme, ¿no? —se burló amablemente de él, aunque todo el mundo tenía su forma de ligar y no era quién para juzgar la de Dante.

Para Laith el tema de los tatuajes siempre había sido simple, y era porque Laith no creía en el arrepentimiento. Siguiendo su filosofía, todo lo que ocurría era porque así tenía que ser, ¿entonces para qué pensar en lo que “hubiera pasado si…”? Y si bien a veces le costaba aferrarse a ese principio, al final lo conseguía. Era una regla simple, si algo le gustaba y representaba otra cosa, ¿por qué no? Fiore parecía ser bastante más analítico que eso. Era una extraña contradicción de hombre, en su opinión.

Sólo sé… suficientemente malo para mí —bromeó un poco, soltando una risa. La verdad Laith era versátil respecto a sus gustos, pero realmente no le ponía tanto un tipo demasiado amable como lo haría un hombre todo lo contrario. — Siempre tan galante, ¿no? —se burló ligeramente. Ni siquiera le podía contradecir un poco cuando le decía aquello, no. Y el ego y la vanidad de Laith eran como un cachorro que adoraba las caricias, lo que era completamente comprensible, ¿por qué sino el sanador pasaría tanto tiempo arreglándose y cuidándose, sino para sentirse y verse bien?

No quiso rechazar la invitación de Dante de hacerle de cenar en ocasiones. Eran ese tipo de invitaciones que se agradecen y se guardan para otro momento, porque siempre son necesarias. Como al quebequés que no le salía bien cocinar nada, tener a un contacto dispuesto a cocinarle siempre era encantador, y lo apuntó con sus artículos imaginarios antes de guardarlos imaginariamente dentro de uno de los bolsillos imaginarios de su ropa. Sí, todo con ademanes de manos en el aire y una sonrisa divertida en los labios que se volvió una risa en cuanto él le preguntó al respecto.

Práctica, económica y altamente confiable, puedes encontrarla en tiendas como la de la esquina o yo vendo las mías en dos presentaciones: imaginaria e invisible —hizo negocio con sus artículos imaginarios, volviendo al ruedo ese donde uno a uno iban haciendo invitaciones al otro, avanzando la noche hasta lo que ambos deseaban. Asimismo pagaron la cuenta, mirad y mitad, como fue acordado, antes de salir del establecimiento, yendo hacia su coche y viéndose interrumpido de subir al Fiore abrirle la puerta. No pudo evitar reírse. — Qué caballero, señor Fiore —dijo con un tono divertido, evidentemente no acostumbrado a ese tipo de trato.

Paseó a través del coche su mirada, un auto bonito, todo hay que decirlo, pero fue tan sólo los segundos antes de que el dueño del mismo apareciera del otro lado y tomase el asiento del piloto. Escuchó la voz de Lindsay dentro de su cabeza, como esa voz de madre que a veces lo asalta a uno, diciéndole idiota por irse con gente “desconocida”, y sonrió para sí mismo. Probablemente le habría dicho, en esa situación en específico, algo como: “a ver qué haces cuando te secuestren por subirte a coches ajenos”. La sanadora podía ser a veces una fiera, sólo porque se preocupaba por su amigo.

Su amiga y su imaginaria voz guardaron silencio al escuchar a Dante. Lo miró de arriba abajo, una ceja enarcada y la comisura del labio estirada en una sonrisa leve. A continuación, se recargó en el apoyabrazos más cercano del sanador y le colocó la mano en la rodilla, subiendo despacio, pero sólo hasta la mitad de la pierna. — No lo sé, ¿qué podrías ofrecerme…? ¿Quizá algo dulce, algún postre, para ponerme en ambiente? Sorpréndeme —muchas personas dicen que se atrae por el estómago, y Laith no era la excepción para aquel buen dicho.

Estuvo tranquilo y quieto, porque no pretendía causar un accidente automovilístico por ir distrayendo a quien iba al volante, aunque no quitó de su pierna su mano que acariciaba suavemente sólo con su pulgar. Sin embargo, una vez que llegaron a un semáforo en rojo, Laith volvió a sentirse travieso de nuevo, acercándose más al grado de conseguir darle un recorrido de besos desde la base de su cuello beso a beso ir subiendo hasta su oreja, la que sujetó con sus dientes con suavidad y tiró de ella, soltando una pequeña risa.

La vista en el camino, Dante —le susurró al oído volviendo a separarse cuando la luz verde tomó lugar para permitirles seguir avanzando. Una vez que llegaron al sitio donde el mayor vivía, Laith salió del auto sin esperar a que el otro le abriese la puerta, ya que él era un hombre independiente que se había licenciado en abridor de puertas él solito. — ¿Hogar, dulce hogar? —le preguntó, mirando alrededor con curiosidad, con una mano adentro del bolsillo del pantalón.
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Dante Fiore el Miér Jun 06, 2018 4:34 am

¿Qué te puedo decir? Se me hace difícil verte y no cortejarte — Él, que había estado guardando todo lo que le había querido decir al pelinegro desde hace tanto tiempo, claramente tenía problemas para no decir exactamente lo que pensaba sobre él, admirar su apariencia o como no, para intentar estar un poquito más seguro del ligue, porque a veces es mejor ir un poco más allá del inicio, para comprobar que todo estuviera en orden y no fuera un simple coqueteo. En más de una ocasión, disfrutaba de hacerse el interesante, también el difícil, aunque no sabía el porqué de con él, ninguna de estas dos cosas le salían bien, no había estado esperando tanto tiempo por esta cita como para hacerse el difícil, claro está.

En cualquier lugar en el que vieras a Dante, iba a mostrar ser un tipo bastante amable, educado y respetuoso, o bueno, eso en la mayoría de las ocasiones. Él mismo también podía llegar a ser bastante atrevido, le gustaba tomar lo suyo con frecuencia, podía ser increíblemente descarado y demás cosas tan solo en público, excluyendo todo lo que podía ser en privado, y todo depende de la situación, o de que tanto lo provocara la persona que estaba a su lado, ¿Y Laith? Él le provocaba un montón de cosas, excepto ser un hombre bueno con él, debía admitirlo. El pelinegro tenía cierto aspecto de chico malo que le encantaba, él desconocía la razón, pero siempre había tenido inclinación hacia los chicos malos, o por lo menos a los que lucían como uno, y es que en muchas ocasiones, ver a un hombre misterioso, pudiendo también estar repleto de tatuajes y piercings le fascinaba, incluso más de lo que lo hacía una persona del todo común y apacible, sentía que las primeras tenían muchísimo más que ofrecer.

Sí, él siempre era galante, aunque pudiera decirlo en forma de broma, no estaba tan alejado de la verdad — ¿Qué sería de mí si no lo fuese? — Sonrió, aunque aquella sonrisa se había borrado de su rostro muy pocas veces en el transcurso de la noche, debía admitir que el joven había sabido mantenerlo de buen ánimo, con sus ocurrentes comentarios, y el constante coqueteo que parecía alimentar su alma. Adoraba más que nada en el mundo compartir su don culinario, le encantaba pasar tiempo en la cocina, y en especial, llevar a otra gente para que probara sus platillos, porque generalmente, para él mismo hacía comidas un poco rápidas y sencillas, aunque para las demás personas siempre solía hacer platillos elaborados, o lo que él considere que sea más adecuado o delicioso para la ocasión, le encantaba lucirse frente a los invitados, eso si era totalmente cierto.

Me pido una de cada una — Dijo, en tono divertido, seguido por una pequeña carcajada, burlándose de la libreta imaginaria en la cual Laith había anotado los planes. No estaba del todo seguro si se vería bien el abrirle la puerta de su coche, como si Dante fuera el chófer, o como si el pelinegro fuese una señorita, pero él solo lo hizo porque algunas personas se sentirían incómodas entrando así como así a un automóvil desconocido, y él siempre había sido fanático de evitar que la gente se avergüence, prefería hacerlo él que los demás, sí, así de bondadoso era de vez en cuando.

Subió al auto, y luego de unos cuantos segundos de trayecto, respiró profundamente al sentir como la mano del sanador se deslizaba a través de su pierna, sin detenerse siquiera a mirarlo, aunque deseando que no la mantuviera allí, que avanzara más o que la quitara, porque él detestaba el trabajo a medias, en especial cuando era de esta índole — Hay muchas cosas que puedo ofrecerte, eso seguro — Sonrió, pícaro, aunque sin dedicarle una mirada, siempre mirando fijamente al camino, porque si había algo que siempre había sido era precavido, en especial para conducir. De niño siempre había tenido miedo de crecer por el simple hecho de tener que conducir su propio automóvil, aunque luego aprendió y le perdió todo el temor que le tenía a esta práctica, aún mantiene bastante cuidado al conducir, para evitar cualquier contratiempo, porque nunca estaba de más cuidarse.

No hablaron demasiado en el camino, además de cosas sencillas, comentarios sobre lo que ocurría ahora mismo en la calle, sobre la cena y demás, comentarios bastante cortos y precisos, hasta que se detuvieron tan solo a un par de minutos de donde se encontraba ubicada la vivienda de Dante, y pudo sentir como los labios del contrario se posaban sobre su cuello, dando suaves besos y comenzando a subir poco a poco, sujetó el volante con fuerza, aunque sin soltarlo, sabía perfectamente que él lo hacía a propósito, pero le fue inevitable ponerse duro en aquel mismo momento, porque todo aquel que lo conociera bien sabía muy bien que los besos en el cuello le sentaban fatal, muy pocas cosas lo calentaban tanto como un beso en el cuello, en especial cuando cerró el contacto con un leve mordisco en el lóbulo de la oreja, a lo cual le dedicó una corta mirada de pies a cabeza, pero más que con un rostro serio, una sonrisa o cualquier otra clase de expresión, con una faceta que mezclaba la alegría con algo de lascivia, porque sí, tener a Laith ahí, dándole besos en el cuello lo calentaba bastante, y no podía esperar a estar en su casa — Esto es cruel, que conste

Al llegar a su casa, estacionó el coche justo en la entrada, cogió el blazer y se lo colgó al hombro, no sin antes sacar de uno de los bolsillos del mismo las llaves de su casa, para luego bajarse, al mismo tiempo que el pelinegro — Así es, aquí vivo — Le dio un pequeño vistazo a su casa, tenía por fuera un estilo bastante moderno, la verdad, a él siempre le había agradado bastante. No lucía demasiado espaciosa, aunque tenía dos pisos y en realidad lo era, tenía una amplia cocina abierta con una isla central que utilizaba como comedor (aunque tenía también un lindo comedor justo al lado, pero prefería comer en la isla), la habitación principal, una habitación para invitados, una sala de estar, una habitación aparte en la cual tenía todo lo relacionado con la limpieza, la lavadora y demás, y también una habitación no tan grande en la cual hacía ejercicio, tenía una caminadora, una máquina multifuerza, una bicicleta y un área de pesas, pero era más que suficiente para él, en realidad.

Mi casa es tu casa, adelante — Le dedicó una cálida sonrisa, mientras que caminaba hacia la puerta, introduciendo la llave y abriéndola rápidamente, dando paso al pelinegro y haciéndole un gesto con la mano para que entrara primero. Luego de que él entrara, también pasó a su casa, había un pequeño pasillo que conducía inmediatamente hacia la sala de estar, y un poco más adelante se encontraba la amplia cocina, todo dentro del mismo espacio, en un estilo abierto, porque así le gustaba. Los colores eran en su mayoría blanco, negro y gris, con algunos detalles como la cocina y los bordes inferiores de la pared en granito, todo el lugar tenía un estilo bastante moderno, la sala de estar tenía unos amplios muebles de color blanco, una mesa en negro con algunos detalles pequeños de cristal que había comprado, cada uno de un viaje distinto, además, tenía un amplio televisor pantalla plana en la pared, justo en frente del sofá. La cocina tenía un estilo básicamente igual, con gabinetes de color negro, y las superficies todas en granito, con una amplia isla central, que hacia el lado de la cocina tenía el lavaplatos, mientras que por el otro lado, tenía algunas altas sillas blancas que estaban puestas allí para que los invitados pudieran conversar y verlo cocinar, aunque él utilizaba también para comer, porque el comedor no le gustaba demasiado, era una amplia mesa de color negro con detalles centrales de color blanco, y unas sillas enteramente de color blancas, únicamente con cuatro patas negras.

Cerró la puerta luego de entrar, y se acercó a Laith, deslizando sus manos suavemente por detrás, hasta sujetar su pecho con delicadeza, y darle cortos besos en el cuello, del lado contrario a donde se encontraba su tatuaje de la flor de loto — ¿Qué quieres hacer primero?
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Dante FioreSan Mungo

Laith Gauthier el Dom Jun 10, 2018 10:38 pm

Un coqueto, eso era lo que Dante Fiore demostraba en cada poro de su piel y, realmente, a Laith no podría interesarle menos. No era de esos que pensaban en a cuántos les habría dicho aquellas mismas frases de ligoteo. La mayoría de los donjuanes eran así, tenían una especie de baraja donde ponían todas sus jugadas y las cartas las apostaban cuando creían que iban ganando al juego de la seducción. Por lo menos era respetuoso y eso le daba muchos puntos, un hombre educado que no parecía suponer un peligro realmente. No estaba seguro de si eso era bueno o malo.

El peligro siempre atrae un poco, no por nada lo prohibido tiene un aire que tienta y atrae a los incautos hacia sus redes. Muy por encima de sus juegos donde, por ejemplo, Dante le pedía por encargo de sus utensilios de trabajo invisibles, había cierta seducción demasiado fácil. A Laith era a quien le tocaba hacerse un poco el difícil para poner algo de salsa al platillo, porque estaba seguro que con las palabras correctas podía llevarse a Dante hasta al baño si hacía falta para satisfacer sus deseos. Ya que el caballero era Laith, tocaba ser elegante y no proponerle un baño para ello. Una casa sonaba mejor.

Y así empezó el viaje en coche, luego de que el otro le abriese la puerta como si hablase con una mujer o algo por el estilo, mas no pareció ser importante. No cuando Laith jugaba en la seducción física, acariciando su pierna para empezar a animar el ambiente, entre sonrisas de picardía y comentarios sin trascendencia. Llegados al semáforo, Laith quiso jugar más y empezó a besar su cuello con lentitud. — Lo sé —sonrió, travieso, antes de darse cuenta de algo. — ¿Oh? ¿Tan bueno soy besando que ya te has puesto… feliz?

Mirando descaradamente hacia su entrepierna que se había abultado en una erección, deslizando su mano tan sólo un poco más hacia arriba. Aún no lo tocaba, pero faltaba más bien unos centímetros para conseguirlo. Qué malo podía ser Laith a veces. Estacionaron en su casa y ahí inspeccionó un poco: no parecía una casa de locos, era de hecho bastante ordenada, lucía bien, le gustaba, aunque parecía fría. ¿Era que las casas de todos los sanadores eran frías? Debía ser porque pasaban realmente poco tiempo en ellas si no era para dormir, no pensaba que sólo fuera su caso, ¿o tenía algo que ver con esa aversión al silencio y a la soledad de Laith?

Suspiró cuando sintió sus manos acariciarle, sus besos en el cuello, y sonrió, travieso, apegándose a él, restregándose contra su cuerpo. — Que quede clara una cosa: yo siempre quiero comer primero, tengo corazón gordo, ¿por qué no me conquistas por el estómago? —sonrió burlón, quitándose su chaqueta y dejándola en el mismo sitio donde Dante hubo dejado su blazer, rascándose el cuello del lado contrario a los besos. — Algo dulce, ¿qué te parece, quizá…? ¿Cupcakes, pudín, lo que sea? —pidió, sonriente, deslizándose por su cuerpo como una serpiente, los brazos en su cuello.

No pudo evitarlo, formalizó aquella cercanía con un beso, un beso profundo mientras restregaba sus cuerpos, sintiendo la “alegría” de Dante debajo de su pantalón. Se sentía deseado y pocas cosas le encantaban más a Laith que sentirse deseado, ¿quién no quiere saber lo que provoca en las demás personas? De su cuello sus manos cayeron hasta recorrer sus costados y deslizarse a su espalda, apretando su trasero. Estaba jugando, cómo no, era simple. Más o menos le estaba diciendo entre el silencio que la forma más rápida de meterlo en su cama no era otra que cumpliendo con su pequeño capricho dulce.

Linda casa —soltó repentinamente, liberándolo de su sujeción y alejándose un par de pasos, mirando un interesantísimo adorno que no era realmente tan interesante. Tomó un libro de encima de un mueble y de este se deslizó una fotografía, que Laith se agachó para levantar. Una fotografía que no favorecía mucho al sanador y eso lo hizo reír ligeramente. — ¿Oh? ¿Este eres tú? ¿Tienes rizos? ¿Cuántos años tenías aquí, diecinueve, veinte? Qué lindo —y su “qué lindo” sonaba más al que le dices a un niño que al que usas para un hombre atractivo.
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Dante Fiore el Miér Jun 13, 2018 4:49 am

Laith, desde el primer día que se cruzó por su campo de visión en aquellos amplios corredores de San Mungo, siempre se le hizo un hombre bastante correcto. Tenía cierto aspecto de chico rudo, pero lo que siempre pudo ver de él, es que era una dulzura, un bombón, y siempre había tenido la misma imagen de él, a pesar de jamás haberlo comentado con nadie más, ni siquiera con el pelinegro mismo. Y él, que siempre se jactaba de ser todo un seductor, no había sido capaz siquiera de insinuarse a él en todo el año, o por lo menos no lo fue, sino hasta hace poco, no sabiendo si sentirse bien o mal al respecto, puesto que, a pesar de la espera, todo estaba yendo de maravillas, en realidad estaba conociendo mucho más al sanador y, ¿Para qué negarlo? Era un hombre de lo más agradable, y le tenía incluso más alta estima desde que había accedido a que fueran solamente amigos, pero que también pudieran tener sexo, ¿Es que había algo mejor que eso? Bueno, probablemente una relación fuese mucho más buena para el alma, ¡Pero que el sexo casual también era una pasada!

Él particularmente no acostumbraba a llevar a nadie a su casa en la primera cita, por lo menos esperaba hasta la segunda, en realidad, siempre le había gustado muchísimo más el disfrute en casa, era todo más privado, el menú era totalmente abierto y el tiempo, se sentía que el tiempo era en realidad extenso, que tenían una larga noche para conocerse mejor, por eso mismo era fanático de las citas en privado. Pero claro, podía hacer una excepción por su querido amigo, o bueno, su querido amigo desde esta noche, sí, porque el día anterior tan solo lo habría descrito como el sexy sanador tatuado que tanto lo miraba pero nunca le hablaba, y seguramente habría empezado a decir lo injusta que era la vida y todo eso, ¿O es que sólo él se molestaba con la vida cuando sentía que cruzaba muchas miradas con alguien guapo y no se hablaban? Al final, siempre tenía él que dar el primer paso, pero acababa valiendo la pena, eso sí.

Una sonrisa traviesa se asomó por su rostro al escuchar como el pelinegro, ya una vez en el auto, afirmaba que conocía muy bien que lo que hacía era cruel, y es que besarle el cuello y deslizar su mano de esa forma por su pierna mientras que él tenía que estar concentrado en la vía era cruel, no habían más palabras para describirlo, con la de ganas que tenía de lanzarse sobre él, de abrirle paso a sus manos para que exploraran poco a poco esa piel, que hasta el momento era desconocida para él, sin embargo, el pelinegro consideró que jugar con él era mucho mejor de momento — Sí, aunque seas un malvado él se alegra — Asintió con la cabeza, divertido, para luego cambiar esta última expresión, para cerrar los ojos y respirar profundo por un par de segundos al sentir la mano de Laith deslizarse un poco más hacia arriba, tan solo a unos cuantos centímetros de su miembro, en serio, esto debería ser penado. Lo miró por el rabillo del ojo, y por tan solo un par de segundos, cogió el volante únicamente con su mano izquierda, mientras que su mano derecha se paseó rápidamente hasta sujetar el dorso de la ajena, para acabar poniéndola en su entrepierna, porque si estaban allí y le había subido tanto la mano, que por lo menos lo tocara, algo era mejor que nada — Eres libre de tocar — ¿Qué? Podía ser todo lo caballero que quisiera, sin embargo, de vez en cuando ser un poco atrevido no le resultaba mal, de igual forma, siempre lo hacía con todo el estilo posible.

Una vez en su casa, le echó una ojeada, igual que como siempre hacía. El lugar era bastante ordenado, y él mismo se encargaba de mantenerlo así, porque el desorden jamás había ido de la mano con él, siempre había disfrutado más de los trabajos y los lugares bastante pulcros, aunque eso implicara un montón de tiempo dejando todo perfecto, claro, que con magia todo era mucho más sencillo. Su hogar tenía un diseño bastante moderno, porque así le gustaba, siempre había sido muy poco apegado con los diseños antiguos o tradicionales, teniendo una fuerte inclinación por todo lo moderno e innovador. Y como tanto le gustaba hacer esa clase de cosas, lo envolvió por detrás con sus calurosos brazos, en medio de un abrazo, haciendo que sus cuerpos rompieran con toda la distancia posible, mientras que permitía que sus labios recorrieran suavemente algunas secciones del blanquecino cuello de su acompañante, entre dulces besos, sin dejar de envolverlo con sus brazos — Eso del corazón gordo está bien, con lo que yo adoro cocinar — Y es que, ¿Qué tantas parejas habían mejores que alguien que ama cocinar y alguien que ama comer? Pocas cosas se complementaban tanto, la verdad.

Sonrió, al verlo acercarse nuevamente a él, luego de colgar su chaqueta, y sentir sus brazos envolverse en su cuello, mientras que sus rostros se acercaban con lentitud, hasta acabar por fundirse en un beso profundo, permitiéndose a si mismo explorar esos labios, que desde hace tanto tiempo había ansiado tener para él. Restregó su cuerpo al ajeno, mientras que sus ágiles manos se deslizaban hasta los costados del joven, tomándose el atrevimiento de meter las manos bajo su ropa, para que sus manos exploraran lentamente la espalda baja, y subieran, mientras que la yema de sus dedos se paseaban, traviesos, por la curvatura del medio de la espalda, ascendiendo y descendiendo. Y es que él pocas cosas disfrutaba tanto en la vida, y se le hacían tan increíblemente sensuales como la espalda humana, siempre la había considerado arte puro. Parecieron detenerse prácticamente en sintonía, puesto que retiró sus manos del cuerpo ajeno justo un segundo antes de acabar con el beso, y que ambos cuerpos tomaran ya algo de distancia.

Gracias, me costó un montón decidirme por una — Al igual que siempre, le dedicó una tierna sonrisa, de esas que él tenía incluso para obsequiar, mientras que lo observaba de pies a cabeza, pasearse por su casa con fluidez, lo cual le agradaba, por lo menos no era de esa clase de personas que moría de pena al entrar a una casa ajena, y se quedaban pegados de la puerta si no le decías que pasara. Fue inevitable que una carcajada saliera de él justo al observar como se agachaba para coger una foto, y es que ya sabía con exactitud de qué foto se trataba, y sí, era un horror total. En su juventud, le había dado un ataque por dejarse el cabello 'largo' tenía rulos y todo, y no había que mentir, se le veían fatal. Por suerte no permaneció mucho tiempo así, y ya luego se cambió el corte, por lo que su apariencia dio un giro enorme — ¿Lindo? Si era espantoso, no me mientas — Rió nuevamente, esta vez con más suavidad, mientras que se apoyaba de una pared con uno de sus hombros, y lo observaba fijamente — Tenía veinte, sí, hay muchas más de donde salió esa, por si te quieres reír un rato — Sí, como si no fuera suficiente con haber vivido un buen tiempo con ese horror de cabellera, también se había sacado un montón de fotos para aquellos tiempos, y las había guardado todas, porque él amaba los recuerdos, de hecho, tenía álbumes repletos de fotos por todas partes.

• • •


Allí estaba en la cocina, justo a un lado del horno, terminando con la mezcla para los cupcakes que tenía pensado hacer, unos Red Velvet, que tanto amaba, con fresas por encima. Ya tenía casi todo preparado, solo le faltaba acabar la mezcla y luego al horno y estaría casi listo, aunque la verdad, eso de consentir el estómago primero a veces podía ser un poco cruel, entre el tiempo que hacía falta para preparar la mezcla, que se hornearan, y luego que se enfriaran un poco para poder decorarlos con la crema batida y la fresa, más de una hora podía pasar, y eso era mucho tiempo esperando por el postre, y no precisamente el dulce — ¿Cual es tu postre favorito? Supongo que tienes uno, todos lo tienen — Probablemente no todos, que entre tantas exquisiteces que había en el mundo, no era cualquier cosa decidirse únicamente por uno, pero sí podía elegir uno de los que más le gustara, claro estaba.
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Laith Gauthier el Lun Jun 18, 2018 8:39 am

A Laith le divertía en cierto cruel modo el hecho de jugar con Dante, sabiendo que él era intocable gracias a que él debía concentrarse en conducir para no matarles, ¿y él? Era libre de tocar y hacer cuanto quisiera como el buen copiloto que era, como besarle el cuello, morderle la oreja y tocar sin pudor alguno su pierna, acariciando con delicada travesura, hasta el grado de levantarle una erección y ponerle “feliz” como bien lo había dicho. Parecía encantarle la malicia con que iba calentándole muy por encima de sus quejas.

Oh, eres todo un impaciente, Dante —se quejó al sentir que tomaba su mano y él mismo la posicionaba en su paquete. — Yo no quería tocar todavía, ¿crees que quiero ser responsable de un accidente? —hacía drama, llevándose la mano libre al pecho en un gesto melodramático, aunque su mano “ocupada” estaba bastante entretenida acariciando ahí donde fue ubicada. — Me traes sólo para aprovecharte, ¿no? Ya te lo veo —seguía quejándose como si algo de sus palabras tuviera al menos una pizca de realidad.

Llegados a la casa, observó el lugar como una nueva localización que le daba curiosidad hasta que fue apresado por unos brazos cálidos que por su espalda lo sujetaron, apegándose a él en un ataque de besos que le erizaron la piel. Una sonrisa estiró la comisura de su labio, pidiendo primero comida como una especie de trueque. Antes de llevárselo a la cama, algo dulce no iba a venirles nada mal. Qué bien se entendían esos dos, uno que adoraba cocinar y otro que adoraba comer, ¡eran algo así como el dúo perfecto!

Huyó de él para ir a colgar su chaqueta antes de acercarse a él hasta besarlo, sin quejarse ni siquiera de las manos intrusas que acariciaban su piel provocando estremecimientos, acariciando su cabello mientras el movimiento sutil entre sus labios se mantenía, apegándose y abusando de la proximidad para empezar a elevar la temperatura y, nuevamente, crear frío. Paseó por la casa como si estuviera en la suya propia, mirando por aquí y por allá y tocando cuanto pudiera tocar. A veces, en confianza, los Laith salvajes eran invasivos y se adaptaban al hábitat en que se encontraban. Así fue como descubrió una fotografía donde la apariencia de Dante no se veía precisamente favorable.

Tenías… un adorable encanto abstracto —sonreía divertido. Él no había cambiado tan radicalmente, creía, sus amigos casi siempre decían que seguía teniendo incluso la misma cara de niño del colegio. — Sería divertido para verlo más tarde —aceptó su propuesta, porque le resultaba de lo más divertido. Incluso le robó una fotografía de la fotografía tomándole una con su teléfono móvil. No había peligro de ser acusado de traidor con Dante, lo había descubierto desde que vio su coche. — La guardaré para extorsionarte, si no haces lo que quiero la cuelgo en el hospital —bromeó con él, guardándose el teléfono.

***

Laith observaba la espalda de Dante mientras este cocinaba, deslizándose a su trasero sin meter las manos en su mezcla. Básicamente porque todo lo que tocaba en la cocina no resultaba bien, así que mejor no hacía el daño. — ¿Hmn? —devolvió su mirada a la altura de su cabeza, sonriendo. — ¿Un postre favorito? No realmente, todo me gusta por igual —declaró. — Pero si tuviera que elegir… Creo que diría el helado. No, el tiramisú, me gusta mucho el café… O el helado de tiramisú, ¿ves? Soy un tipo simple —hizo un ademán gracioso con su mano para restarle importancia.

Esta vez fue él quien se acercó por la espalda del sanador, abrazándolo por la espalda y susurrando a su oído que no descuidase la mezcla. Empezó a besarle el cuello lentamente, deslizando sus manos a través de sus costados hasta colarse al interior de su camisa, acariciando su vientre y subiendo hasta su pecho hasta realmente llegar a desabrochar uno a uno sus botones al grado de poder tocar sin impedimentos. Se iba restregando contra su espalda, besando su espalda y tirando lentamente de su camisa para deshacerse de ella y dejarla sobre una encimera, deleitándose la mirada con la piel al descubierto.

No puedo esperar a que termines con el postre —le sonrió coqueto, resbalando a través de su espalda ahora al desnudo entre besos y caricias. Crueldad, lo llamaban, aunque ahora la vida de nadie estaba en riesgo. — ¿Casi terminas? Quiero atención —Laith podía ser exigente con la cantidad de atención que recibía, a veces quería todas las miradas. Probablemente fuese uno de los motivos para tener múltiples compañeros en lugar de optar por una pareja estable.
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Dante Fiore el Miér Jun 20, 2018 5:10 pm

Rió, sin desviar ni por un segundo la mirada del camino. Porque sabía muy bien lo que el sanador estaba intentando hacer, quería jugar con él, ¿Y quién mejor para responder a su juego que el propio Dante? Él, por otra parte, disfrutaba de esta clase de juegos, y de vez en cuando le gustaba aprovecharse de ellos, para conseguir un poco de atención, para hacer más divertido el coqueteo — Lamento decirlo, pero sí lo soy, mi amigo estaba impaciente — Nunca se acababa de habituar a llamar a su miembro viril 'pene' directamente en estos casos, solía utilizar ese término en el ámbito laboral, pero emplearlo en la vida cotidiana se le hacía muy poco natural. Comenzó con su actuación, casi impecable. Habría incluso fingido no tener ganas de hacerlo, pero algo imposible de creer, con aquellas caricias que el tatuado hacía sobre la entrepierna del conductor, ya no había vuelta atrás, ya sabía que lo tenía clamando por algo más de contacto.

Te sorprendería probar todo lo que podemos hacer en el auto sin acabar chocando — Tan sólo por un par de segundos, sus oscuros orbes se pasearon hasta el rostro del sanador, dedicándole una mirada pícara, como tanto acostumbraba a hacerlo. Díganle lo que sea, pero ya se había incluso adaptado a tener sexo en el auto, ¿Qué? De vez en cuando había prisa y habían ganas, y quedarse con una era sacrificar la otra, pero como él detestaba dejar ir esos momentos, siempre se las ingeniaba para tener un poco de todo. Abrió la boca de par en par al escuchar el último comentario que hacía Laith, e incluso se habría puesto una mano sobre el pecho, fingiendo estar ofendido, si no tuviese un poco de miedo de soltar el volante — ¿Yo aprovecharme? Jamás — Dijo, sin quitar la vista de la vía, observando los pocos carros que circulaban a aquellas horas de la noche por aquellas calles — Puede que quiera algo de sexo, pero siempre como un caballero, claro — Afirmó varias veces con la cabeza, para luego dejar escapar una pequeña risa traviesa, a pesar de que no había nada de falso en sus palabras.

Siempre le había gustado que las citas acabaran en su casa, ¿Por qué? Conocía todo el lugar a la perfección, y tenía también una que otra estrategia allí que siempre lo ayudaba, sin embargo, también le encantaba explorar nuevos lugares, nuevas camas. Desde su matrimonio no volvió a sostener una relación amorosa de verdad, sino que más bien ya se había adecuado bastante bien a la rutina de los deslices. Le gustaba más bien tener 'amistades', ser un poco más libre, eso sí, sin que le faltara ni por un momento algo de cariño y de calor corporal, porque al igual que la comida, era una necesidad primaria del organismo.

Aprovechó la primera oportunidad que tuvo para finalmente poder besarlo, como era adecuado, mientras que permitía que sus manos recorrieran su cuerpo con total familiaridad, como si no fuese la primera vez que lo hacían, como si ya se hubiesen paseado por aquella blanquecina piel unas cuantas veces antes. Se separaron poco tiempo después, aquel pequeño encuentro solo había sido como para saciar un poco las ansias mientras proseguían con el postre. Sonrió, mientras que lo observaba fijamente pasearse por su casa, en especial al sujetar aquella foto tan desfavorable suya. Ya incluso se había acostumbrado al hecho de que todos vieran esa foto, aunque la verdad él jamás se tomó la molestia de ocultarla, en sus tiempos le daba algo de vergüenza, pero ya no, a fin de cuentas, su estilo había cambiado bastante — Muy, muy abstracta — Se detuvo unos segundos para liberar una carcajada ante el comentario que hacía Laith, y curiosamente, en su cabeza no podía siquiera imaginarlo con unos años menos.

Levantó una ceja, fingiendo seriedad por unos cuantos segundos, para luego acabar en una pequeña risa al escucharlo tan seguro de haber conseguido el objeto perfecto para extorsionarlo — Entonces no puedo ser un chico muy malo contigo, ¿No? — Se acercó a él a paso lento, hasta llegar a sujetar sus manos, entrelazando sus dedos con los ajenos, mientras que se acercaba para depositarle un corto beso en la comisura de los labios.


• • •


La mezcla estaba casi lista, y la cobertura estaba refrigerándose un poco, por lo que una vez que acabara de batir la mezcla y que pusiera los cupcakes en el horno, estaba seguro de que tendrían un rato solo para ellos, un rato que podrían aprovechar bastante bien. Rió al escuchar lo difícil que se le hacía escoger un postre favorito, y es que la verdad, con la enorme variedad de exquisiteces que había a lo largo del mundo, no era demasiado raro que a alguien le resultara escoger solo uno — Me anoto todo para futuras citas — Aunque a veces pudiese parecer que él lo único que deseaba era pasar un rato, en serio disfrutaba de escuchar las conversaciones, conocer a las personas, lo que les gustaba y lo que no, y de vez en cuando complacerlos, darles exactamente en ese punto débil, amaba ver sus reacciones.

Tomó aire profundamente al ser interrumpido tan solo por un par de segundos, al sentir la cercanía repentina de aquel hombre, justo detrás suyo. Continuó preparando la mezcla, ya estaba prácticamente acabada, ya todos los ingredientes estaban allí, y luego de un momento, tendrían la textura ideal para ir al horno. Los moldes ya estaban preparados, solo debía verter todo y acababa — Eres un travieso, Gauthier — Sonrió, divertido, mientras que sentía su ágil mano deslizarse sobre su abdomen y pecho, explorando su figura sin pudor alguno. Se apresuró a pasar la mezcla hacia los moldes, deteniéndose solo por un momento al sentir como el hombre se deshacía de su prenda superior, dejando su torso totalmente al descubierto, a lo cual solo respondió con una pícara mirada, para continuar con su labor. Porque sabía que mientras más rápido acabase de preparar todo, mucho más rápido iba a poder tenerlo para él, mucho más tiempo iba a poder deleitarse con aquel sanador, con el cual había deseado estar hace tanto tiempo.

Su respiración se aceleraba poco a poco al sentir sus manos recorrer su cuerpo, y sus labios besarlo con suavidad — Pues, resulta que hoy es tu noche de suerte — Acabó por poner la mezcla en los moldes, apartando el recipiente que había utilizado para mezclar. Había hecho mezcla para un total de ocho cupcakes, porque siempre era mucho mejor que sobren a que falten, a fin de cuentas, sabía lo mucho que él adoraba comer, e incluso si no comiera lo suficiente, Dante también tenía un apetito bastante voraz. Abrió el horno, el cual ya llevaba unos cuantos minutos encendido, y en seguida introdujo la bandeja en él, para luego cerrarlo y proceder a lavarse las manos. Su cocina era bastante amplia pero también práctica, tenía todo muy cerca, por lo que jamás le hacía falta pasearse por todos lados en medio de una tarea.

Cogió entre sus manos una toalla de cocina que tenía justo a un lado de la estufa, para secarse las manos con rapidez, y luego arrojarlo hacia el primer lugar que vio. Se aproximó nuevamente al cuerpo del sanador, con una sonrisa juguetona dibujada en su rostro, mientras que sus manos se posaban en sus costados con suavidad — Ya puedo darte toda la atención que haga falta — En seguida su rostro se movió hacia el suyo, y se aferró más a su cuerpo, aprisionándolo contra la isla, mientras que se fundían en un profundo beso. Introdujo sus manos por debajo de la ropa de Laith, encargándose de disfrutar bien del tacto con su abdomen y pecho, pasando posteriormente a su espalda. No detuvo ni por un momento al beso, sino hasta el momento en el que tiró de la tela desde abajo, comenzándola a subir lentamente, para finalmente acabar por despojarse de la prenda superior del pelinegro.

Lo analizó nuevamente de pies a cabeza, sin duda alguna el hombre era todo lo que siempre se había imaginado, y al verlo así, comprendió nuevamente porqué siempre le había resultado tan atractivo — Una vista de estas la podría tener a diario — Sonrió nuevamente, aunque esta vez no era su habitual sonrisa de amabilidad, sino más bien una pequeña risa traviesa, de esas que tanto acostumbraba en medio del coqueteo — Tenemos un buen rato hasta que acabe la cocción — Se aferró nuevamente a su cuerpo, mientras que una mano se deslizaba con agilidad hacia su pecho, y sus dedos se tomaban el atrevimiento de juguetear con uno de sus pezones, mientras que la otra paseaba hacia su retaguardia, apretando uno de sus glúteos y asegurándose de que sus cuerpos se acercaran incluso más, frotando su alegre entrepierna con la ajena.
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Laith Gauthier el Vie Jun 22, 2018 11:12 pm

A Laith lo ponía a niveles insospechados saberse deseado. Le gustaba el acto, el mero hecho de saber lo que podía provocar en otras personas. Ver a Dante ponerse erecto sólo con algunas atenciones le elevaba el ego y el orgullo, como leña al fuego que crepitaba por contacto y pasión desenfrenada. Estaba impaciente por llegar a la casa del mayor, sabiendo que seguramente acabarían nuevamente enredados en el contacto, ¿quizá de manera definitiva? Dudoso, sin embargo, porque gran parte del placer provenía del juego previo, de los preliminares y todo lo que estaba detrás.

Con una sonrisa coqueta, Laith respondió a la provocación, inclinándose sobre su regazo. — ¿De verdad, Dante? —amenazó con lamer su pantalón, pero sólo besó su vientre antes de incorporarse de nuevo. No le era extraño el sexo en el auto, pero desde que era mayor lo prefería lento y caliente en un sitio cómodo. Los coches eran más para la calentura juvenil de follar por follar, y no lo rechazaba, pero no era su favorito. — ¿Entonces me lo harías como todo un caballero respetando mis sentimientos? —le susurró burlón al oído, volviendo a morder su oreja, jugando con la tentación. Laith no ponía las manos al fuego por sexo, no involucraba sentimientos más allá que el calor del momento, así que sus palabras eran vacías.

Una vez en aquella casa habían chocado en un beso, en las pieles calientes que querían un poco de contacto, de estrecharse uno contra el otro. Se restregaron mutuamente, paseándose en el cuerpo del otro como si este les perteneciera, antes de romper el contacto que quedó en la sensación efímera de la calidez. Y Laith se alejó, como el pájaro que era, libre como colibrí explorando aquella casa, descubriendo en ella secretos que probablemente el dueño no estaba del todo feliz de ver revelados, pero no había más que lo que había.

No lo sé, no lo sé… Dije “si no haces lo que quiero” y eso no está del todo peleado con “ser un chico malo” —le sonrió coqueto, apretando sus manos al tenerlas entrelazadas y dejando que lo besara, sonriéndose y luego dándole un pequeño empujón. — Anda, a la cocina —susurró travieso, mirándolo a los ojos en una pequeña batalla antes de disponerse a caminar en dirección a la cocina para que comenzara a prepararle aquella delicia con que planeaba deleitarlo y seducirlo para volverlo más… ¿receptivo?

***

Dante había preguntado sobre postres favoritos y Laith se vio con un dilema. Era un poco injusto cuando a él le encantaba toda la comida por igual que quisiera ponerlo a elegir una en particular, y no lo consiguió del todo, pero se quedó satisfecho con la respuesta. El helado le encantaba y el café también, así que se sintió conforme con decir que el helado de tiramisú era su favorito. — ¿Qué hay de ti? ¿Cuál es el tuyo? —le devolvió la pregunta, mirándolo desde su sitio donde podía observarlo de pies a cabeza desde el sitio donde se encontraba recargado.

Estar quieto no era para Laith y pronto se vio acercándose al mayor con malicia en la sonrisa, empezando a acariciarlo sin pudor alguno, permitiendo que Dante continuase con sus labores mientras él se encargaba de excitarlo, desprendiéndose de su camisa y desnudándole el torso. Repartió besos en su espalda ahora desnuda, sólo dejándolo ir cuando se aproximó al horno. No quería quemarlo, así que dejó de molestarle en ese momento para que pudiese introducir la bandeja con los cupcakes sin riesgo a que su mano se desviara hacia el calor del metal.

Ya te estabas tardando —reprochó exigente, sintiendo sus manos en sus costados segundos antes de verse prisionero de un beso, inclinándose hacia adelante y respondiendo con hambre, moviendo sus labios contra los ajenos robándole el aliento. Permitía que lo acariciara con la misma naturalidad con que él repasaba el cuerpo ajeno, deslizando sus dedos a través de su vientre, su torso, sus costados y yendo a la espalda alta, donde se dejaría caer deslizándose hasta apretar sus glúteos. Eso al menos hasta que tuvo que levantar los brazos para dejarlo quitarle la camisa. — ¿Te gusta lo que ves? —preguntó, presuntuoso, mirándolo en desafío galante.

Una risa emergió de su garganta, encantada por esa respuesta. No estaba convencido de dejarle tener esa vista a diario pero, ¿qué demonios? Bien podría permitirle tenerla de vez en cuando. Lamió su colmillo, acariciando el filo de este con su lengua en una sonrisa pilla cuando ese dedo acarició su pezón, jugueteando con este, y su otra mano era mucho más indecente yendo hasta su trasero, empujándole y permitiendo sentir su “alegría” en la entrepierna. Estaba empezando a excitarse y se le notaba en el abultamiento que iba creciendo bajo su cadera.

Entonces tendremos que aprovechar el tiempo mientras está listo —pronunció travieso, besándole y mordiéndole el cuello con suavidad, acariciando su cuerpo y atrayéndolo más a él tan juntos que podrían fusionarse si tan sólo empujaran un poco más. Además, movía rítmicamente su cadera, acariciando así la entrepierna de Dante con la suya. Su piel era tersa y adoraba acariciarla, se notaba que el italiano se cuidaba más de la cuenta en ese aspecto. Laith era mucho más dedicado al deporte y se le notaba en los músculos marcados. Una combinación hecha para encender una habitación en llamas. Y no literalmente porque Dante sí sabía cocinar.
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Dante Fiore el Dom Jun 24, 2018 4:03 pm

Siempre se le había hecho especialmente complicado decantarse por uno o por otro al hablar de postres, pero sin duda alguna, gracias a sus raíces, tenía un fuerte apego hacia la comida y los postres italianos, se había criado comiendo las diversas exquisiteces que acostumbraban en aquel país, y la verdad es que, su infancia la repetiría miles de veces sin pensarlo dos veces — Difícil decisión... — Se detuvo a pensar por unos cuantos segundos, por su mente pasaron cientos de deliciosos postres, pero la verdad es que sus preferencias se acababan cerrando por dos postres en especial — Cannolis y tiramisú, no me decido entre uno — Anunció, en tono alegre. Uno de sus postres favoritos era incluso uno de los favoritos de su acompañante, lo cual le dio la idea de que para una futura cita podía tener preparado algo, o mejor montones de tiramisú para ambos.

No me puedo resistir a la comida italiana, la adoro — Deteniéndose a pensar las cosas con calma, la verdad es que la mayoría de sus comidas favoritas eran de su país de origen. Intentó mantener la calma a medida que acababa de preparar la mezcla, y mientras sentía las cálidas manos del hombre recorriendo su cuerpo, con delicadeza, y sus labios paseándose por su cuello, y posteriormente por su espalda.

Sabía lo que hacía, pero no se detuvo ni por un momento, porque lo que el pelinegro quería era que consintieran su estómago y luego sus ansias sexuales, en ese orden, y él lo tenía bien en claro para aquel punto. Se sintió aliviado al poner la bandeja con cupcakes en el horno, porque sabía que finalmente podría tener un buen rato únicamente para ellos, para dedicarle su atención, y disfrutar de su cuerpo — Valió la pena la espera, ¿o no? — Sonrió, antes de fundirse con él en un apasionado y profundo beso. Esta vez con más desenfreno, aunque sabían que ahora tenían más tiempo disponible que antes. Sus manos se paseaban con picardía y libertad a través de su cuerpo.

Se tomó unos cuantos segundos para deleitarse con el cuerpo que tenía frente a él justo luego de quitarle la prenda superior, detallando lo más que pudo cada una de sus facciones, los tatuajes, y lo marcado del cuerpo, seguramente ejercitaba bastante, aunque no precisamente de la forma convencional — Me encanta lo que veo, eso seguro — Subió su mirada a través de su cuerpo mientras que jugueteaba ya con uno de sus pezones, deteniendo su vista justo en los labios del sanador, observándolos con deseo, porque ningún beso parecía suficiente para satisfacer sus deseos, necesitaba más de él, más de su cuerpo, más de sus labios.

Sonrió ante el comentario de su acompañante, que no podía hacerlo más feliz. Por supuesto que estaba encantado de tener algo de tiempo libre sólo para los dos, en privado. Esbozó una traviesa sonrisa, mientras que lo observaba acercarse y comenzar a besar su cuello, a lo que él respondió más bien con un quejido, ahogado, mientras que frotaban sus entrepiernas con movimientos rítmicos, y sus manos se paseaban juguetonas por la espalda del hombre frente a él. Sujetó el rostro del sanador por un par de segundos, elevando su vista únicamente para abalanzarse nuevamente contra sus labios en un feroz beso, cargado de lujuria, permitiendo que su lengua explorara con total libertad. En aquellos momentos, sus cuerpos no podrían tener más cercanía, sus torsos desnudos se frotaban, y en sus entrepiernas parecía que la ropa sobraba. Sus manos se pasearon de forma ágil hasta los glúteos de Laith, dando un fuerte azote en ellos primero, para luego sujetarlos con suavidad y levantando al pelinegro del suelo, haciendo que sus piernas se entrelazaran alrededor de la cintura de Dante,

Su rostro se separó unos cuantos segundos del suyo, únicamente para que sus labios bajaran suavemente por su cuello, acabando por torcer levemente la espalda para dar rápidos besos en los hombros y pecho de su acompañante, acabando por juguetear con su pezón, lamiendo y succionando con total libertad durante unos cuantos segundos, era una de sus zonas preferidas del cuerpo, y sin duda alguna, era una de las que más le ponía.

Al tener a su colega levantado entre sus brazos, realizaba suaves movimientos con la cadera ,presionando su entre pierna contra la ajena aún más que en momentos anteriores, y después de solo unos cuantos segundos, lo soltó sobre la isla con delicadeza, dejándolo sentado justo en el borde de ella con bastante cuidado — Ahora parece que no soy el único 'feliz' — Soltó una pequeña carcajada, de solo un par de segundos, mientras que llevaba una de sus manos hacia el pantalón de Laith, introduciendo su mano como pudo para acariciar su virilidad por debajo del pantalón, su mano libre se paseó, por otra parte, hacia la espalda de Laith, haciendo suaves caricias descendentes con las yemas de los dedos, mientras que su rostro se clavaba en el cuello de su acompañante, tomándose el tiempo de besarlo con suavidad, justo del costado opuesto a el de su tatuaje de la flor de loto, dando rápidos lametones, subiendo y bajando lentamente a través del cuello.
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Dante FioreSan Mungo

Laith Gauthier el Vie Jun 29, 2018 10:05 pm

Tienes un punto por buen gusto —bromeó con él, ya que las dos cosas que había mencionado le gustaban, y, sin embargo, ¿había alguna comida que no le gustara a Laith? — Yo adoro toda la comida del mundo y soy de esos que no pueden no probar algo, así que digamos que he hecho algo de turismo estomacal mundial —desde las rarezas que probó en África, hasta la comida de alta cocina de Francia, con muchos países de por medio. Era algo de lo que se jactaba: pensaba que para conseguir entender una cultura uno debía ser receptivo y no cerrarse a nuevas experiencias.

Le dio cierta gracia lo centrado que era Dante. Había entendido bien la cuestión de que el sexo podía esperar pero sus ganas de comer no, y por ello no se distrajo con su insistencia sino hasta dejar la bandeja en el horno. Y cuando él obtuvo lo que quiso, que era un postre en proceso de cocción, le dio a Dante lo que él quería, que era el choque de sus labios, el roce de los cuerpos, romper la paz poco a poco para volverse locos y caer presos de las pieles y sus ansias.

Laith era incluso vanidoso, así que esa pregunta carente de humildad lo hizo sonreír al recibir la respuesta. Le encantaba sentirse deseado, no porque tuviese alguna autoestima que llenar, sino más bien porque tenía un ego que hinchar. Ambos comenzaron a atender al otro, se les notaban las ganas en cada beso y cada quejido que salía de sus labios, los jadeos necesitados conforme sus cuerpos se friccionaban. Las entrepiernas en constante roce, rítmico y agradable al tacto, que conseguía acabar con su paciencia poco a poco. Por otro lado, sus labios se devoraban con hambre en lujuriosos besos, acariciando sus lenguas ahí donde les apeteciera.

Sintió las manos ajenas en sus glúteos y ese jalón que provocó que sus pies se separaran del suelo. Respondió abrazándolo con las piernas y por el cuello con los brazos. — Como me tires te vas a enterar, cabrón —lo amenazó en un susurro y con una sonrisa traviesa, permitiendo que besara su cuello y su pecho tanto como quisiera, siempre con ese pequeño cuidado de no irse de espaldas a riesgo de quebrarse todo lo que se llama cabeza. Pero por el momento todo iba bien, aquella fricción más intensa en sus caderas, hasta acabar sentado sobre la isla. — Pareces saber cómo alegrarme, Dante —susurró con una sonrisa ladina.

No le importaba realmente, era tan natural el hecho de que su entrepierna despertara. No era un adolescente descubriendo su cuerpo sino un adulto hecho y derecho que tenía plena consciencia del acto. Por eso recibió con un jadeo esa mano en su entrepierna, permitiendo que lo atendiese con sus manos y su boca mientras él, ahora que podía usar sus manos sin miedo a caerse, le iba acariciando por igual a través de los hombros, el pecho y la espalda. El principio lo dejó atender su cuello pero pronto decidió cambiar los papeles y ser él quien lo hacía mordiendo y dejando pequeñas marcas en su camino.

Eran sanadores y podían curarlas luego, pero tanto como a Dante le ponían los pezones, a él le encantaba cierta violencia a la hora de hacerlo. Tampoco quería llegar demasiado lejos, porque si se enfrascaban en ello iban a acabar quemándose los cupcakes y eso no lo quería. Pero un juego previo, empezar a saborear de sus cuerpos y sus labios, no era ningún impedimento para tener un delicioso postre antes de comenzar. Todavía tenía que enseñarle las cortinas de su habitación y cómo estas combinaban con la cama, que no se le olvidaba lo que el sanador le había dicho durante la comida.

Pronto fue él también quien introdujo su mano en su pantalón, imitando sus caricias para ver cuánto podía llegar a despertar su entrepierna. Ah, qué bella era la vida cuando uno sólo se preocupaba por el placer humano, no poner barreras al instinto. Sí, probablemente Laith fuera distinto al resto de los hombres, pues era esa especie de imán que cuanto atraía también repelía. Buscaba todo pero sólo bajo sus términos, y parecía haber un conflicto entre los sentimientos y la pasión dentro de su cabeza. Probablemente porque todo se complicaba cuando uno pensaba con el pecho. Por ello era físico y magnético cuanto distante.
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Dante Fiore el Miér Jul 04, 2018 5:26 am

Mira, vienes con sistema de puntos y todo — Rió levemente frente a aquel comentario que hacía el sanador, sobre tener un punto adicional debido a su buen gusto. Asintió, en un gesto divertido, justamente porque ambos parecían ser iguales en lo que se refería a comida, y es que, por lo menos en su opinión, no era demasiado sencillo rechazar una buena comida — Que viva el turismo estomacal — Y en aquellos momentos, la verdad es que habría deseado tener entre sus manos una copa para brindar, y probablemente para embriagarse, juntos.

Por fin, tenía un poco de lo que quería. Y no se trataba precisamente de aquello que quería o no, sino más bien con quien. Porque el contacto físico lo podía tener con más de una persona, pero probablemente, jamás había deseado tanto a alguien antes de conseguir hacerse con él, porque nunca se hacía esperar, pero esta vez, había tenido que observar al pelinegro en silencio por más de un año, cual niño tímido, que no era capaz de expresar sus sentimientos. Lo de él no eran sentimientos, eran más bien ansias, porque podría contar con una mano la cantidad de veces que una persona realmente le había llegado a gustar, y sabía diferenciar bastante bien entre la atracción física, y lo que en realidad era querer a alguien.

Sus manos se movían con total libertad, como si conocieran el terreno desde hace un tiempo ya, cuando la verdad era que no podía ser más inexplorado para él. Los besos parecían no detenerse, no ser suficientes, el hambre parecía ir incluso más allá de sus estómagos, sus cuerpos parecían estar hambrientos de calor, de contacto, y no estaban más que saciando sus necesidades. Las palabras sobraban justo en aquellos momentos, sus labios parecían estar suficientemente ocupados presentándose, explorándose.

Le observó cuidadosamente el rostro, apenas a un par de centímetros de distancia frente a aquel comentario, mientras que lo tenía sujeto entre sus brazos — La propuesta es tentadora, que lo sepas — Asintió con la cabeza, en tono divertido, antes de que sus labios se abalanzaran nuevamente hacia él, aunque esta vez no hacia su boca, sino que se tomó el detenimiento de conocer más a profundidad su cuello, descendiendo lentamente por los hombros y por el pecho, porque jamás estaba de más hacer un poco de turismo, especialmente en un destino tan atractivo como era el hombre frente a él. Una pequeña sonrisa fue visible en su rostro al sentir la alegría entre la entrepierna de aquel hombre, y es que la verdad, adoraba que así fuese, por más que sintiera que justo en aquel momento no podría dedicarle el tiempo que quería brindarle, no era más que esperar un rato, comer y tendrían la noche completa para ellos solos, y eso le entusiasmaba — Nos damos alegría el uno al otro, parece

Sus manos parecieron volverse más juguetonas de repente, al punto de incluso introducirse en su pantalón con total libertad, porque sabía que era bien recibido allí. El contacto parecía nunca parar, e incluso se turnaban para explorar sus cuellos, gemidos ahogados salían de él al sentir los dientes del pelinegro presionándose contra su piel, lo disfrutaba de verdad, aquellas pequeñas presiones, dolores en medio del acto siempre le habían resultado excitantes, e incluso sus límites solían ir más allá, siempre y cuando la persona supiese como sacarlos. Las marcas no le preocupaban para nada, no eran demasiado difíciles de quitar, y justo ahora, podían dedicarse a hacerse lo que quisieran, marcándose el uno al otro, sin remordimiento alguno.

Recibió la mano ajena dentro de su pantalón con una sonrisa en el rostro, ambos se alegraban de su presencia. Ahora, fue él quien lo tomó para marcarlo, sus labios eran rápidos y feroces, succionaban y marcaban a su paso, midiendo bastante poco la intensidad de lo que hacía. Por unos segundos, separó su rostro de él, observó la isla cuidadosamente, y levantó nuevamente la mirada para lanzar una mirada traviesa hacia su acompañante. Y es que la isla estaba casi vacía, tenían buen espacio y era resistente, y no le gustaba para nada estar de pie en aquellas situaciones. De forma veloz se trepó a la isla, sentándose cuidadosamente sobre la entrepierna de Laith, procurando no ser nada brusco justo en aquellos momentos — Estaba algo incómodo — Vociferó en un tono ligeramente divertido, antes de que sus labios se abalanzaran inmediatamente sobre los ajenos.

Sujetó su blanquecino rostro entre sus manos, e hizo que su cuerpo bajara hasta acostarse en la isla, con Dante encima, haciendo lentos movimientos de cadera sobre la alegre entrepierna de su colega, que amenazaba cada vez más con salirse del pantalón, mientras que sus labios procuraban explorar aún con más profundidad los ajenos, y su lengua arremetía contra la contraria, porque el deseo parecía sentirse cada vez más, o por lo menos, por parte del italiano era así. Aún faltaban unos cuantos minutos antes de que los cupcakes estuviesen listos, aunque lo más probable es que no tuviesen tiempo para hacer demasiadas cosas antes de tener que interrumpir los actos para sacarlos del horno, por lo cual sería toda una desgracia iniciar algo, para no acabar en aquel preciso momento.
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Dante FioreSan Mungo

Laith Gauthier el Sáb Jul 07, 2018 11:56 am

Siempre era un poco divertido. Conocer otras camas, otros cuerpos y ser testigo de nuevas pasiones, como una especie de coleccionista de experiencias que no dejaba de añadir una a una a ese álbum imaginario o a un diario que no era escrito a tinta y papel. Un estilo de vida donde el amor no tenía cabida, donde sólo el calor hablaba y el resto, ¡qué sabía él! Sólo un absurdo agregado, en su opinión. Nada tenía que ver el romance, sólo se trataba de lo que había dentro de los pantalones. Las introducciones, muchas veces, sólo sobraban: había que saltar directo a la cama.

Entre mordidas y marcas, ninguno de los dos tenía cuentas que rendirle a nadie. Sin embargo, en la cocina, los minutos iban agotándose uno a uno conforme avanzaban pues iban a contrarreloj, sólo una pequeña probada de lo que ocurriría en el futuro. Dante subió con él a la isla y en ella se volcaron para continuar con los besos y caricias, arremetiendo contra el cuerpo ajeno, buscando el placer oculto en las más densas intenciones. Eran claras, sí, pero los pigmentos de rojo pasión no pasaban desapercibidos.

Las palabras sobraban en esa ocasión. Sin embargo, una parte de Laith permanecía atenta, despierta y a la expectativa de algo. No era difícil adivinar qué era, contaba en su mente, como un único pensamiento claro, el tiempo que faltaba antes de sacar los cupcakes del horno. Así era él, no sólo tenía corazón de gordo, sino que sus ansias de comer superaban con creces a las que tenía de tener relaciones. Prioridades, lo llamaban. Por eso, justo a tiempo, se separó de él, empujándole por los hombros con un brillo travieso en la mirada. — Saca los cupcakes.

***

Sólo después de comerse aquellos deliciosos cupcakes, siguieron el camino que no llevaba a su corazón, ni a su cabeza o su cerebro. Es más, no llevaba a nada que se encontrase en la parte superior de su cuerpo. Dante, por su lado, tenía ese destello negro que llegaba a zonas tan profundas que no podían ser nombradas. Un margen al dolor relativamente alto y mucha imaginación lo pueden todo, sólo por diversión. No pudieron detener el deseo que estaban sintiendo, como dos locos escribiendo una noche llena de pasión.

Muchas caricias inconscientes se habían enredado en la cama, mas el tiempo resultó ser corto y la luna al esconderse empezó a despedirles. Laith llevaba clara su postura, como un buen rito que no se debe dejar a un lado, pues al acabar, con la noche amenazando con acabarse, y su pasión desenfrenada al fin alimentada, se estiró sentado sobre la cama. Al final, las cortinas sí combinaban con la cama. — Fue divertido —frío, como debía ser una vez que la flama se ha apagado. — Nos veremos en el trabajo, gracias por la cena, pasa una buena noche —hablaba mientras se vestía, de abajo hacia arriba.

Los calcetines primero, la ropa interior, el pantalón. Así, con todas sus prendas. Laith era desapegado emocionalmente después del sexo por un motivo más bien simple: no quería malinterpretaciones. Si bien ambos habían llegado a un agradable común acuerdo, era mejor así. Una distancia razonable para impedir que la línea clara entre sexo casual y una relación parecía ser siempre necesario después de una aventura, a menos que conociese suficiente a la persona como para estar totalmente seguro de que nada de eso ocurriría. Vestido por completo, salió por la puerta.
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