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Crazy Loop | Priv. Dante Fiore

Freya Howll el Mar Mayo 01, 2018 3:46 am


CAPÍTULO UNO: Un problema de penes.

Residencia universitaria
Miércoles 25 de abril – 16:40hs

No podía hablar porque no salía ninguna oración coherente de mis labios, además de que era uno de los momentos más calientes que estaba teniendo esta semana. Mi boca se encontraba demasiado entretenida con la de mi compañero de clases, Eric. Sí que pierdes la memoria con él, podría recibir ahora mismo el título universitario de desmemorizador.

Como suponen, estaba a punto de caerme de culo en la cama de la habitación de Eric para seguir con esta exploración que involucraba mucha lengua. Sentí como sus manos se deslizaban por mi cintura dándome el último empujón para caer dejando abiertas mis piernas esperando que se acomode entre ellas. Mi falda se levantó con el movimiento dejando visibles mis bragas de color negro, sus dedos recorrieron el borde de ellas jugando con mi paciencia. No miento si digo que gemí como una mujer necesitada porque lo estaba, él se estaba apropiando de mi cuerpo por lo menos hasta que entremos a clases. Estaba adorando mi clítoris cuando su otra mano, instantáneamente, se posó sobre mi pecho derecho para apretujarlo a su antojo. Jadeé cuando sentí sus besos en mi cuello, mi boca libre comenzó a lanzar los típicos monosílabos. Sí, sí, sí.

-Bonitos son tus gemidos…-
no me dio tregua a responder, sus labios capturaron los míos con ansias y frenesí tratando de pegarse a mi cuerpo todo lo que pueda. Comencé a notar su crecida erección, mi mano curiosa se dirigió hasta la cremallera de su vaquero para tantear el notable miembro que tenía Eric. Todo estaba yendo bien hasta que le salió un quejido gutural, no del tipo sexual. Este era más de dolor. Su atención de alejó de mi cuerpo y yo me enderecé.

-¿Te dolió?- cuestioné analíticamente viendo como había cierta cosa tratando de explotar sus pantalones que parecían asfixiar, la misma que al tocarla le provocó dar un respingón.

-Maldita mierda, me duele como la mierda la polla.-
se sentó en la cama cubriéndose el rostro con sus manos, en una clara expresión de fastidio.

-Podríamos ir a San Mungo, no tenemos clases hasta dentro de dos o tres horas.- sugerí intentando adivinar la hora porque los preliminares estuvieron ocupando toda mi razón. –Vamos, no nos llevará nada de tiempo. Mejor prevenir que curar, lo que falta es que se te caiga la polla y eso que la tienes grande, sería un desperdicio para la multitud femenina.- comenté viendo como palidecía quedándose de piedra expectante. –Es broma, no me mires con esa cara. Vamos, vamos que el tiempo apremia.- lo agarré del brazo para irnos.

-Con eso no se jode Freya.- la seriedad con la que lo decía era sumamente graciosa.

-Sí, con eso se jode. Tú me deberías de estar jodiendo en este momento con tu pene adolorido.- me quejé.

San mungo
Miércoles 25 de abril – 17:23hs

Cruzada de piernas esperé a que el nombre de Eric sea llamado, no era una urgencia por lo tal no entramos armando un escándalo sobre cómo se le estaba por caer el pene. Solo esperamos a que lo atendiesen, sentados en unas sillas de todo menos cómodas ya estaba por sentir como mi trasero se hacía cuadrado.  Mientras pensé que este día había dado un giro radical, de estar cachonda a punto de hacerlo a encontrarme en un hospital para sacarnos la duda que la alabada polla de mi amigo no esté a punto de caerse.

-Eric Kortajarena-

-Ahí nos llaman, no te pongas así que te estoy acompañando. Deberías estar agradeciendo que no esté diciendo por ahí que te agarró algo y se te está cayendo.- murmuré caminando hacia la voz que llamaba. Era un hombre que me veía impresionado. Claro, soy hermosa pero seguro no era por eso. Ciertamente no me llamaba Eric Kortajarena. – Soy su acompañante. A mi querido amigo le dolió la polla en pleno acto sexual y no precisamente por la erección pero él te puede explicar.- me senté en el borde de la camilla que se encontraba allí. La falda se subió por mi muslo pero no revelaba nada, tampoco había algo que ocultar teniendo en cuenta que los doctores deben ver genitales cada cinco minutos por aquí.


Última edición por Freya Howll el Mar Jun 19, 2018 10:54 pm, editado 4 veces
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Dante Fiore el Mar Mayo 01, 2018 11:05 pm

El día de hoy en urgencias había sido bastante tranquilo, sin ninguna novedad, un par de personas lesionadas, otras con pociones mal hechas, incluso tuvimos a un chico que acabó con cabeza de gato debido a una importante equivocación con los ingredientes de una poción, pero nada que fuese especialmente difícil de solucionar - Que tranquilo que está esto hoy - Comentó una de las recepcionistas, Dante se encontraba de pie junto a ella, como solía hacerlo cuando no tenía ningún trabajo por hacer - Ni me digas, ya se me hace rara tanta tranquilidad - Como si hubiera hecho un conjuro con esas palabras, así mismo fue, de repente entraron a la sala de urgencias dos pacientes, uno tenía la mano derecha completamente inflada, como si de un globo se tratase, y su acompañante igual, pero con una oreja inflada en lugar de la mano - Parece que los invocamos -

Inmediatamente, ingresó a una de las secciones con el que tenía la mano inflada, pidió todos sus datos y comenzó a analizarlo, además de pedir su versión de la historia, es decir, siempre había algo detrás de estos desastres, no eran cosas que pasaban porque sí. El paciente tenía apenas 16 años, y como era de esperarse, había sido producto de una idiotez que cometieron con una poción para una broma pesada... En momentos así es que creía en el karma - Permanezca sentado y tranquilo - Comentó para tranquilizar al paciente, mientras que sacaba su varita de entre su bata, y con ella apuntaba hacia la mano del joven - Cardium Revelabit - Hizo un sutil movimiento con su varita, deslizándola a través de la superficie de la mano del paciente, en seguida se hicieron más visibles las venas del joven, las analizó muy cuidadosamente y no había ninguna clase de obstrucción, por lo que sólo había una solución, una poción.

- No es nada grave, pronto vas a estar bien - Le dedicó una tranquilizadora sonrisa, lo cual hizo que el joven soltara un pesado suspiro, probablemente pensaba que le iba a tomar un enorme tiempo recuperarse, pero como estaba de avanzada la medicina mágica, esta clase de sencillos incidentes no representaban ninguna complicación - Cardium Desvanece - Hizo nuevamente el mismo movimiento de varita de antes sobre la mano del joven, para que así desapareciera inmediatamente cualquier rastro de alguna vena, que de por sí habría sido imposible de chequear, que no es fácil encontrar una vena en una mano del tamaño de un balón de soccer.

Salió del lugar por un momento para ir al almacén de pociones a unas habitaciones, y justo allí, la recepcionista se acercó a ella y le entregó el pisapapeles con los datos de un paciente - Cuando termines ahí te encargas de este - Inmediatamente le dejó esto en sus manos y se retiró, Dante lo cogió y continuó su rumbo, sin detenerse ni un segundo a leer el informe del nuevo paciente. Sacó una poción de color amarillento y bastante repugnante, sí, estos remedios del mundo mágico no traían sabor a fresa precisamente. Al volver a la habitación, jugueteó con el envase entre sus manos, para luego dárselo al joven en la mano que no tenía inflada - Debes tomarlo ahora, y dentro de aproximadamente media hora vas a empezar a ver mejorías en tu mano, podría irse desinflando poco a poco, pero no te apures, que el proceso tarda unas cuantas horas - Luego fue lo típico, el chico le agradeció por sus servicios y se fue nuevamente a recepción.

Dante salió lentamente, mientras que cogía el informe entre sus manos y lo leía detalladamente, hasta que llegó a la sala de espera y levantó la vista, sólo había una joven de cabello castaño y llamativos ojos verdes, acompañada por un joven que se veía bastante adolorido, o eso aparentaba por la expresión que había en su rostro - Eric Maxstein - Lo nombró en voz alta, y de inmediato ambos se encaminaron hacia el lugar en el que estaba el sanador... No sabía por qué, pero sentía que esto iba a ser bastante interesante. Intentó disimular la risa al momento de que la chica hablara, confesando que básicamente estaban en pleno acto sexual, cuando de repente le empezó a doler el pene, ciertamente, esto se me hacía muy típico de una sala de urgencias muggle, aunque no eran muy frecuentes estos casos en San Mungo - Vengan por aquí - Los guió lentamente hacia uno de los cubículos para atenderlo, podría haberlo hecho más rápido, pero era considerado, que un dolor en el pene no era cualquier cosa, era peor que el mismísimo infierno.

Al llegar al cubículo, le señaló la camilla para que se recostara en ella y descansara un poco, además, así podría analizarlo con mucha más calma - Necesito que me digan con exactitud lo que ocurrió, si sufre de hipertensión o alguna otra enfermedad... Y por favor, recuéstese y bájese los pantalones para chequearlo - Analizó bastante bien al joven durante unos segundos, probablemente no tendría más de veinte años, era muy poco probable que tuviera alguna enfermedad, así que todo se pudo deber a algún mal movimiento realizado, nada grave, pero sí que era algo excesivamente doloroso - ¿Es la primera vez que le interrumpen así? - Dirigió estas palabras hacia la chica, quizá para romper un poco el hielo, dado a que no era nada fácil venir a urgencias por un problema en los genitales, comprendía lo difícil que debe ser.
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Freya Howll el Miér Mayo 23, 2018 5:53 am

¿Por qué estaba acompañando a Eric? La razón era que quería ver que tenía, casi esa cosa se mete por uno de mis agujeros. ¿Qué hubiese ocurrido si la metía y no salía más? O peor aún, me contagiaba vaya uno a saber qué. Sí, tener sangre mágica te salvaba de una que otra cosa pero algunas bacterias sí que mutaban a tal punto de afectarnos. No quería que se muriera mi vagina o algo parecido. Aclaremos unos puntos que poca gente conoce porque juzgan a la primera, yo no me acostaba con el primero que se me cruzara. Necesitaba al menos una cita o una buena conversación con el chico en cuestión, tampoco es un punto tan raro como pedir un análisis de sangre para ver que llevaban encima. Siempre me cuidé, desde que empecé a ser sexualmente activa y nunca corrí con algún susto. Y toco madera para que este no sea el año de cometer errores y que el bombo se me infle. No negaré que he pasado a tercera base con varios chicos pero algunos quedaron en un strikeout que dieron pena. ¡No es tan difícil tocar un par de tetas!

Por otro lado, Eric era un buen amigo a pesar de todo el sexo que compartiéramos. Lo conocí en Hogwarts, se había hecho el listillo queriendo practicar kickboxing conmigo pero luego de un gran golpe comprendió que no estaba mintiendo sobre saber patear traseros. La tensión sexual no tardó demasiado en presionarnos a enrollarnos y acostarnos donde fuese. Con la uña de mi pulgar rasqué mi oreja, el tiempo transcurría y aún no era llamado mi dramático amigo. Suspiré.

¿Ese sería el doctor? Crucé los dedos, con el codo empujé el de Eric para que levantase la mirada. Una voz varonil, áspera pero a la vez sonaba amable. –Vamos, vamos, quita esa cara amargado.- murmuré para el chico que seguía con una expresión adolorida plasmada en su rostro. Siendo guiados por el hombre, nos encaminamos hacia uno de los cubículos que se disponían para la atención de pacientes de urgencias. La camilla extendida por si sola invitaba a Eric a recostarse, jadeó al moverse mientras intentaba ubicarse.

-Santa mierda, como duele. Nunca odie tener pene pero en este momento lo hago.- exclamó, cubrió con uno de sus brazos sus ojos dando a entender que yo sería su intermediaria. Pero no fue necesario por la interrupción del doctor, ordenando a Eric a bajarse los pantalones y relajarse. Si, tener que mostrar el pene porque está a punto de caerse sería relajante. –Freya…- mi mirada estaba centrada en la bragueta de los vaqueros oscuros de mi amigo, perdonen pero era la primera vez que ocurría esto y estaba recordando cualquier cosa que hablase de este asunto. Mi memoria era buena pero no podía dar con la solución, mis ojos recorrieron el torso masculino hasta llegar a sus orbes.  

-¿No te parece idiota pedirme que mire hacia otro lado teniendo en cuenta que casi me metes eso?- pregunté alzando una ceja, sin embargo, le dejé su escasa intimidad para que se desabrochara y así cayeran sus pantalones en el suelo junto a unos boxers negros.

-Recuérdame no volver a un hospital contigo de compañera.- bufó.

-Recuérdame no volver a acostarme contigo.- recalqué prestando atención  a las palabras de ¿Cómo se llamaba este doctor? Mencionarlo como “doctor” en mis propios pensamientos era cansino. –Sí, no nos había ocurrido en ninguna otra ocasión. ¿O te pasó con Vanessa?- volteé para dar con una respuesta negativa a regañadientes. El tema de la pelirroja llamada “engendro del mal” por mí no era algo mencionable. Esa sería otra historia la cual contar. Sentada sobre el borde de la camilla crucé mis piernas, la falda levantada no dejaba mucho a la imaginación. – Ahora se estará preguntando porque menciono a otra chica, tranquilamente puede ser la ex novia, y acertaría, pero debo agregar que los dos somos solteros. Solo nos divertimos un poco cuando las cosas no se interrumpen.- fulminé con la mirada a Eric. Me había dejado con las ganas, sentía mi cuerpo tenso y necesitaba un masaje allí abajo. No me dio tiempo siquiera a colarme en algún baño y saciar mí sed.

-Eso de decir que estás soltera sonó a que te estabas vendiendo diosita querida, pero tiene razón. Puedes pedirle el número cuando mi polla sea arreglada.- se dirigió al doctor como si de un amigo se tratase.- No me ocurrió antes y no tengo nada raro en la sangre, simplemente me comencé a excitar, no me culpe que está de muerte Freya, y de pronto me estaba doliendo desde la base del pene hasta la espalda. ¿Podrían ser los riñones? No entiendo una mierda de Medimagia o medicina, o lo que sea. Pero si tiene algo rápido me vendría bien.- apremió Eric sacándose el brazo de su frente y posicionando detrás de su cabeza me observó, entrecerró los ojos.- Más te vale no decirle esto a Mónica, lo último que falta es que mi hermana se eche unas risas de mi malestar.- era claro que no quisiera que nadie supiese de este desafortunado hecho.

-No seas gruñón. Seguro tiene la solución, es mago, hará magia con tu polla.- reí ante mi mal chiste. -¿No?- cuestioné al médico.
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Dante Fiore el Dom Mayo 27, 2018 4:54 pm

Sí, puede que estuvieran hablando de una sala de urgencias, y en esta clase de lugares podía verse de todo, en especial con lo amplio y diverso que era el mundo mágico, todos sus hechizos, complicaciones con las pociones, artilugios mágicos, cosas que podían salir mal y demás, pero... ¿Problemas con penes? Eso sí que no se veía cada día, en realidad, podía contar con los dedos de las manos las veces que había tenido que arreglar un pene durante el año, en general no era problema de los magos, siempre lo solucionaban fácilmente o iban a un médico muggle, pero esto si que era peculiar. Aunque había tenido una jornada laboral bastante pesada y ya le faltaba poco tiempo para finalmente ser libre e irse a su casa, esta clase de casos sentía que lo reiniciaban, vamos, incluso en el ámbito profesional, ¿A quién no le daba risa tener que arreglar un pene? Eso no se hacía todos los días, lo más gracioso era cuando de vez en cuando los pacientes estaban muertos de pena, como si les fueras a arrancar el miembro o algo similar, o como si fueras la primera persona a la que le enseña el pene en su vida entera, pero por suerte en este caso no era así, muchos penes habían pasado ya por sus ojos, así que le daba totalmente igual uno más.

No podía quejarse, esta pareja de jóvenes lucía bastante interesante, eran de esa clase de adolescentes que se veía que eran buenos amigos, pero que solo morían por tener sexo, era divertido, en especial si consideraba que todos en algún momento pasaban por algo similar. Y la chica, como buena amiga que era, se lo había traído hasta urgencias, para arreglarle el pene que ella ansiaba que le metieran, sí, definitivamente a éso se le llamaba trabajo en equipo. A estas horas los pasillos no se encontraban demasiado llenos, por lo que muy poca gente fue capaz de ver como aquel joven Eric caminaba por el pasillo hasta el lugar en el cual iba a ser examinado, casi cojeando del dolor en la entrepierna.

Una sonrisa divertida se asomó por su rostro al escuchar como la chica, en un momento de estos le decía a su acompañante que quitara esa cara de seriedad, y es que claro, una posible lesión en el pene no era para nada doloroso, no, era cuestión de echarse a reír, en realidad. Lo comprendía muy bien, si en más de una ocasión con un sencillo golpe podías durar minutos tendido en el suelo, literalmente revolcándote del dolor, el sencillamente imaginarse un dolor en pleno acto sexual podía implicar cualquier cosa, y más considerando que el dolor aún perduraba. Una vez estando ya en el cubículo, su mirada se posó fijamente sobre el paciente, al cual le tomó un poco más de lo normal ubicarse adecuadamente en la camilla, y seguidamente se quejó del dolor, con un vocabulario bastante gracioso, de hecho.

El joven se despojó de sus pantalones y de su bóxer, pero no sin antes pedirle a su acompañante que se diera la vuelta, como si no hubieran estado a punto de tener sexo cuando todo ocurrió, ¿Quién entendía a estos jóvenes de hoy en día? — En algún momento ella va a tener que mirar, igual — Es decir, no era como si la chica fuese a pasar todo el diagnóstico sin poder mirar a ambos, no, que se sintiera libre de mirar lo que ya antes había visto. Esto no podía estar pasando, no. Si sabía que había algo que nunca había pasado en esta sala de urgencias, o por lo menos durante sus turnos, era que la acompañante del chico le preguntara detalles sobre su otra pareja sexual, y es que no había nada más incómodo que estar en medio de una conversación con esa hostilidad — En realidad no me lo estaba preguntando, creo que ya capté — Le dedicó una rápida mirada a la chica de cabellera castaña, acompañada de una tierna sonrisa, siempre solía hablar con los pacientes con esa misma gentileza, independientemente de lo que estuviera ocurriendo adentro de ese cubículo.

El solo imaginar lo que deberían estar pasando ambos podía ser un poco estresante, si se consideraba el hecho de que ambos habían quedado sedientos, justo antes del acto sexual, aunque Eric, como era de esperarse, parecía estar poco interesado en eso y mucho más al tanto de que su pene pudiera continuar funcionando. Y es que puede que las mujeres no lo comprendieran, porque no es tan sencillo que se lesionen sus partes íntimas, pero sí, en los hombres era un poco más preocupante, con todo eso de las futuras erecciones y demás, nadie podía permitirse un error al momento de hablar de su propio pene.

Lo que aún no le encajaba no era para nada lo de la chica que le acompañaba, la tal Vanessa ni mucho menos su hermana Mónica, sino que la forma en que se generó el dolor no se le hacía nada familiar, técnicamente, le empezó a doler así por así cuando se excitó e intentó tener una erección, aunque todo quedó claro cuando finalmente observó el pene de su paciente, y era algo que ya había visto antes, aunque con una causa un poco... ¿Rara? — Por supuesto, polvo de hadas y quedas curado — Respondió rápidamente y sin premeditar las palabras hacia la chica.

Actualmente su pene había cambiado un poco su color, tornándose más en un tono morado claro, además estaba un poco hinchado, claramente ahora podía entender lo que estaba ocurriendo. Levantó su mirada para ver como hacia un lado, se encontraba una pequeña mesa con algunos de las herramientas básicas para los análisis, y observó cuidadosamente unos guantes de látex de color beige — Accio guantes — Pronunció a la vez que ponía su mano justo en dirección a los guantes, viendo como en cuestión de un segundo, estos salían volando hasta caer en el agarre de sus dedos. Se puso solo el guante de la mano izquierda con rapidez, generalmente no necesitaba ocupar ambos, considerando que en la mano derecha casi siempre iba su varita — No creo que sea difícil de curar, así que puede que en poco tiempo pueden regresar a donde quedaron — Este comentario iba más dirigido hacia aquella chica que acompañaba al paciente, no sabía precisamente el porqué, pero le agradaba bastante, era única.

Con su mano izquierda recubierta por el guante de látex tomó el pene desde la base y lo movió un poco hacia arriba — ¿Esto duele? — Era casi obvio que le doliera, aunque en realidad se refería a si el dolor era más intenso que cuando no lo estaba moviendo. Sacó su varita de su bata con la mano derecha, y realizó  un rápido movimiento — Translucens — Esta clase de cosas era lo que en realidad amaba de la magia, con un simple movimiento de varita y una palabra había conseguido que la piel del pene de Eric se volviera totalmente transparente, permitiendo que observara las capas inferiores. Se podían observar las acumulaciones de sangre justo debajo, y le había quedado totalmente claro cual era el problema, al ver como la envoltura fibrosa en sí del pene había sufrido complicaciones — Luce como una lesión en la túnica albugínea, básicamente con un mal movimiento se 'lesiona' y se empieza a acumular la sangre, en el mundo muggle se hace intervención quirúrgica, pero aquí no será necesario
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Freya Howll el Miér Jun 20, 2018 12:40 am

-Eres un abuelo, un jodido abuelo de noventa años que no puede subirse a la camilla. ¿Y te dignas a verme  con esa cara?- alcé una ceja retándolo a que mantuviese la mirada. Sí, él podía ser un hijo de puta cuando quería y con una miradita conseguir las cosas en la palma de la mano pero conmigo no iba a serlo. Primero, no era una niñata que caía de rodillas babeando por lo atractivo que era. Segundo, el que tenía para perder, en este momento, era él. No ganaba nada haciéndose el chulo conmigo. Y olvidando el pequeño duelo de miradas, terminó de acomodarse en la camilla entre quejas. – Imagínate que te duela más de tres días cada mes. Como si te serrucharan el pene. Eso es dolor, eso si es para lamentar y odiar tu fisionomía. – acoté dando alusión a la querida menstruación. Esa abominación que te parte en dos y sangras, literal, se desprende parte de tu endometrio funcional  y todo eso regulado por hormonas junto a otros procesos que no vienen al caso. A no ser que seas una pre adolescente que necesitó investigar cuando vio que sus bragas se teñían de rojo de un día para el otro.

Ordenado por el doctor, Eric jugó con el botón de sus pantalones. ¿Qué le pasaba? Cierto, la vergüenza le viene ahora cuando ya hemos follado hace tiempo y tenemos nuestros maratones de películas en ropa interior. Sorprendida de lo idiota que es mi amigo me giré, saqué el móvil y recorrí   mis redes sociales prestando atención a cada palabra que salía de los labios de cada uno de los dos hombres que me acompañaban en ese apartado. –Es lo que digo, en algún momento lo veré y disculpa Eric, pero te he visto el pene desde mis… ¿Cuánto tenía? ¿Quince o dieciséis? – volteé nuevamente observando la expresiones del español-húngaro. Vi cómo se tensionaba, bufé y dejé el tema atrás. Podía verse como el chico malo, al que quieres cambiar, podía verse como el chico simpático que le enseñarías a tus padre pero también podía ser este chico sacado de una telenovela mexicana que por cualquier asunto hacia un drama.

Volví a encararlo cuando pregunté por Vanessa, mi querida mejor amiga con la que comparto una gran amistad, a la cual invitaría a mi boda como dama de honor, a la que le pediría que sea la madre adoptiva  de mis hijos cuando muera o tenga un accidente, con la que comparto cerveza de mantequilla cada noche en la que estoy  estresada y necesito cariño. JA. Que no, el sarcasmo señores. Vanessa era una pelirroja,  solamente esa cualidad insignificante daré porque si a Eric le jodió un momento de la vida, a mí me reventó la paciencia. Y sí, a Eric ya le dije el famoso “te lo dije” cuando terminaron. Lo único que debo agradecer es que se cansó de acosarlo pasado un tiempo al igual que a mí, ya no era su incumbencia con quién se acostaba su ex. Lo siento, ahora yo tengo el gusto de pasar las noches con él. Lo malo, se había sacado las ganas de degustar las maravillosas sesiones de sexo que nuestro querido Kortajarena logra dar.

“Puedes pedirle el número cuando mi polla sea arreglada.”

Sí, eso eran celos. ¿No habíamos acabado con ese problema? Negué con la cabeza, apoyando un codo sobre mi rodilla dejé caer en la palma de mi mano mi barbilla. Escuché la hipótesis que tenía con respecto a lo que le había pasado. Era la primera vez que le ocurría, nunca tuvimos dificultades cuando se exitaba y eso que parecemos unos conejos por eso no tardé en decirle que vengamos a San Mungo. Vale, podríamos ir a un hospital muggle pero la cantidad de gente que está en espera y, especificamente, lo que uno tarda para que lo atiendan y ahí recién derivarlo a donde se debe dejar ver pues no me parecía algo para experimentar un día así. Al encender mi móvil vi el horario con el que habíamos venido, la última clase que tenía ya estaba por finalizar, mordí mi labio inferior. Muy pocos eran los sucesos que me hacían faltar a alguna clase en la universidad, al fin y al cabo era una carrera que me llamaba la atención y no quería perder el hilo. ¿Eric? Ni idea.  

-Cuento malos chistes pero tú, Freya, me has ganado. Realmente me has ganado. Es una mierda de chiste ese.- exclamó irguiendose aunque una punzada, seguramente desde su parte intíma, le hizo recostarse haciendo una mueca de desagrado.

-Un polvo de hadas.- moví mis cejas sugestivamente. Rompí el silencio. – Vale, ese sí fue un fiasco pero no me nieges que te reíste. Aunque no se te ocurra pensarlo gráficamente, eso sería enfermo- él no pudo ocultar la sonrisa ladeada que le había sacado. En ningún momento había dirigido la mirada hacia abajo, ninguno de los dos hasta que fui la primera en darme el lujo de echar un vistazo. Morado. Su cara era todo un poema. – ¿Te estás poniendo pálido? Es un poco de morado. Un poquito. ¿Qué? Si, claro. No, ya después de esto creo que no va a querer hacer trabajar a su amigo por miedo.- rodeé los ojos, me acomodé en la camilla, estaba inquieta más de lo que se observaba.

-Me duele como la mierda pero, tío, no me muevas así la polla pienso que quieres lo mismo que Freya.- cerró los ojos con fuerza, exhaló y me observó.- Aunque, seguro a eso no se quería referir. Me duele más que al estar quieto, hasta es tolerable si no lo muevo como si fuese una manguera de bomberos.- comparó sin cortar con nuestro contacto visual, no quería ver hacía abajo. Era como perder su dignididad, tal vez.

Yo no desaprovecharía la oportunidad de ver tal hechizo en vivo y en directo, ni mucho menos que estaría conociendo el interior de un pene sin la necesidad de tomar horas y horas de estudio en Medimagia para adquirir tal habilidad o  de alguna forma sangrienta. Estaba encantada con lo que tenía ante mis ojos, mientras el hombre explicaba lo que había ocurrido, comprendía cada una de sus palabras siguiendo con la vista el flujo de la sangre y donde se estaba acumulando dandole un gran dolor a Eric.

-¿Cirugía? ¿Qué mierda? Agradezco a quién sea que me hizo mago, gracias.- suspiró melodramáticamente.

-A veces me pregunto quién permitió que fuese tu amiga.- cuestioné.

-Mi pene, tanto me amas por mi pene que vienes  a ver si está todo en orden.-

-Imbécil.- entrecerré los ojos antes su comentario. Me fijé en el doctor, bastante bueno. ¿Qué digo? En este mundo mágico el noventa por ciento parece sacado de una revista de modelos. Lo dice la Academia de… que me lo he inventado yo pero era muy cierto. Lo único que te hacía replantear en presentarte a un tío o una tía era el grado de ignorancia y estupidez humana que llevaba encima. Mis preguntas salieron sin planearlo- ¿De verdad solamente será lo del polvo de hadas? ¿Necesita algun tiempo de descanso Eric luego de esto? Y disculpe, ya habrán pasado cinco minutos o vaya uno a saber cuanto pero no se su nombre. –

-Empezamos…- bufó el húngaro no tan húngaro.

-Tú no empieces. Piensa como que esta escena está siendo relatada, mi narrador interno necesita saber el nombre del doctor que te va a curar tu “varita”.- alcé una ceja esperando a que me contestase. – Y una última pregunta, es la vena ravenclaw que tengo la culpable de tantas preguntas, pero ¿Cuánto le tomó aprender ese hechizo? Me sorprende que aún siga siendo visible todo y que no haya durado tal transparencia solo unos segundos. –

-Nerd.-

-Tú callate o le diré a Monika donde te encuentras.-
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Dante Fiore el Mar Jun 26, 2018 5:39 am

La pareja que tenía justo frente a él parecía ser bastante, pero bastante interesante. No era lo habitual, de ir por la vida llenándose de amor, no, estos más bien se tiraban veneno cada que podían, pero en la cama se entendían bien, o eso era lo que había podido intuir con los escasos dos minutos que había compartido con ellos, porque eran bastante... comunicativos, sí. Intentaba no reírse frente a los diferentes comentarios que hacían, pero era inminente en su mirada que por dentro estuviese muriendo de ganas de soltar una carcajada de horas. No acostumbraba a tener unos pacientes tan interesantes como ellos dos, pero la verdad es que, estas eran sus visitas favoritas, ¿a que clase de sanador no le encantaba recibir a dos jóvenes que parecían tener una inminente relación de amor-odio? Si era lo mejor, como un drama adolescente.

Le fue inevitable soltar una pequeña carcajada, apenas de un par de segundos al escuchar el comentario que la mujer hacía sobre la menstruación, una de las razones por la cual Dante agradecía inmensamente ser hombre, mira que eso de ir por ahí sangrando por los genitales no debía de ser nada bonito — Creo que el ejemplo más preciso sería una serruchada en los huevos, digo — Añadió. No se imaginaba que le serrucharan el pene, la verdad, los huevos eran mucho más delicados, y probablemente se asemejaran más con el dolor que las mujeres sentían en medio de la demoníaca regla. Durante el tiempo que estuvo casado, hace ya bastante, recordaba que su día a día se había casi transformado en un infierno, pero los días de la menstruación, el maldito satanás en persona se apoderaba de la lunática de su ex-mujer, sí, cuando él creía que la tía no podría estar más chiflada.

Observó expectante mientras el hombre que tenía frente a él jugueteaba con los botones de su pantalón, era común que alguien se pusiera nervioso en esta clase de situaciones, a fin de cuentas, no había nada de bonito en enseñarle el pene a alguien que acababas de conocer, bueno... depende del contexto. Mira que a veces eso del sexo con alguien desconocido era lindo.

Adoraba recibir a gente joven en el consultorio, siempre estaban tan llenos de vida, unos de amor, otros de odio, pero la vida rebosaba de ellos, la magia de la juventud. Dante podía ser un pequeño crío en el cuerpo de un adulto la mayor parte del tiempo, pero la verdad es que a veces extrañaba sus días de juventud, y es que con sus treinta y dos años, ya se sentía como un anciano que pronto quedaría calvo y necesitaría alguien que lo ayude a mear y todas esas cosas. Tampoco era para tanto, que los magos vivían montones, en especial él, al ser sangre pura, podía tener una larga, larga vida por delante, pero de vez en cuando le gustaba exagerar, en especial en presencia de otras personas, pero cuando no tenía con quien hacerlo, solía incluso hacerlo en pensamiento.

Examinó con bastante cuidado al hombre justo en aquel momento, su pene parecía totalmente fuera de lo normal, y alguien que no tuviera ni el más mínimo conocimiento que tenía él acerca de medicina, tanto mágica como muggle, probablemente se habría asustado montones y habría salido corriendo, pensando que tenía alguna clase de enfermedad venérea, pero el problema era incluso más sencillo de lo que parecía. La túnica albugínea era bastante delicada, por ello se solía tener algo de cuidado en medio del acto sexual, o por lo menos, era lo que hacían las personas que tenían un mínimo de conocimiento acerca de sus cuerpos, o que por lo menos, querían conservar sus órganos viriles intactos, porque no había nada peor que un problema en la entrepierna, y eso había quedado claro en un montón de casos. Por suerte, el sanador nunca había tenido un problema similar, a pesar de no tener demasiado cuidado con lo que hacía la mayor parte del tiempo, solía ir por la vida sin tomar mayores precauciones en los actos sexuales, y no podía quejarse, hasta la fecha todo le había salido de maravilla.

El chico que tenía frente a él parecía ser algo menor que Dante, la verdad, es que apostaría que apenas y tenía veintiuno, más que nada por su personalidad y por su acompañante, más que por su apariencia, dado a que lucía unos cuantos años mayor. Intentaba no observarlo demasiado, la verdad es que era jodidamente apuesto, y lo más probable es que si no tuviese el pene hecho mierda, incluso lo habría calentado. Pero no, que eso de verle el pene inflamado y morado a alguien no tenía nada de bonito ni de sensual, por lo menos, no para él.

La mujer no estaba más alejada de la realidad, tenía el pene bastante, bastante mal, y probablemente en un hospital muggle le habrían dado el pene por perdido, o habrían querido hacerle cirugía, pero la verdad es que todo era mucho más bonito en el mundo mágico, donde no era necesario tanto rollo para curar una herida o una enfermedad, todo era mucho más sencillo — Probablemente, yo que tú tendría cuidado luego de esto — Afirmó con la cabeza, con una expresión seria. La mayor parte del tiempo le gustaba jugar con las esperanzas y el dolor de sus pacientes, probablemente porque le divertía un poco, en especial al ver la cara de trauma que podían llegar a poner, pero también porque le gustaba eso de aliviar la tensión, nunca era nada lindo ir a un consultorio, pero en medio de bromas todo podía hacerse más fácil — Bromeo, vas a quedar como nuevo, no debes tener miedo — Quería sobre todo, hacerlo sentir que luego no tendría complicaciones, porque la verdad es que era cierto, y nadie debía sentir que su pene iba a quedar inútil, porque la mayoría de los hombres tenía la clara demostración de orgullo entre las piernas, y que fuese disfuncional era una grave pérdida.

Rió ante el comentario de la manguera de bomberos, la verdad es que, debía moverlo precisamente para saber la cantidad de dolor que producía, y lo urgido que estaba por tratamiento, porque no siempre era igual atender un problema recién generado, que uno que ya había avanzado bastante — Perdón, pero es que si no muevo la manguera de bomberos, no me doy cuenta de que expulse suficiente agua — Agregó, en tono ligeramente sarcástico, más que nada porque no le gustaba que pusieran quejas mientras que trabajaba, él tomaba todo a su ritmo y a su manera, y precisamente por eso era tan buen sanador, o por lo menos, era lo que casi todos decían.

Ay, esta puta pareja era lo mejor, ¡adoraba el veneno! A veces se aburría de tanta monotonía, ¿y qué mejor que un par de almas jóvenes lanzándose comentarios sarcásticos e hirientes? Aunque parecía que se tomaban cada insulto de buena manera, eso sí, sin resentimientos — Ser mago es todo un privilegio, si fueses muggle, probablemente te estarían abriendo el pene — Comentó, en medio de un comentario más bien aleatorio, que no venía en nada al caso, porque la verdad es que ya estaba allí, era un mago y no era necesario que le abrieran el pene a nadie. La sangre parecía haberse acumulado bastante, pero la cura no sería algo demasiado complicado, especialmente para un sanador.

De repente, la mujer parecía estar bastante interesada en su trabajo, en lo que le ocurría al pene de su amigo también, y las dudas eran entendibles — Con un par de días debería estar bien, su forma volverá a la normalidad de inmediato, pero estará sensible por un rato — Probablemente esos dos días podían equivaler a una tortura para ellos, en especial si se le asomaba la idea de que querrían retomar las cosas por donde las habían dejado — Pero luego de eso estará como nuevo, pene nuevo, hombre nuevo — Podía resultar en una buena experiencia para él, porque así se cuidaría como se debía, y tendría muchas más precauciones a la hora del acto sexual, la rudeza casi siempre era una de las mejores y más excitantes opciones, pero demasiada brusquedad podía resumirse en montones de problemas, únicamente por unos minutos de desenfreno.

¡Oh! Yo también he ido a Ravenclaw, las águilas mandamos — Desde el principio de los tiempos siempre había amado su casa, todos eran fascinantes en ella, y ciertamente, era la casa de los más ingeniosos, se podían hallar un montón de talentos en un grupo de jóvenes — ¿El translucens? Unos cuantos días para perfeccionarlo, diría yo, la academia de medimagos precisa de rapidez — Al igual que el trabajo, los rápidos siempre se quedaban atrás y sacaban malas notas, y Dante, quien no había tenido demasiada vida social durante la universidad por tener la cabeza metida entre los libros, era el claro ejemplo de que con dedicación se podía aprender rápido — El primer día apenas y lucía como un parpadeo, pero ya luego he tenido que mejorarlo — Estaba tan sumido intentando recordar lo que había hecho durante la universidad, y el momento exacto en el cual debió aprender aquel hechizo, que incluso se había olvidado el hecho de que la chica, hace tan solo unos cuantos segundos había prácticamente exigido una presentación — Dante Fiore, por cierto — Giró su mirada unos cuantos segundos hacia la mujer, dedicándole una cálida sonrisa, de esas que le salían tan familiares, tan amenas.

Se movió unos cuantos metros para empezar a revisar un pequeño estante ubicado en el cubículo en el cual se hallaban, empezó a hurgar entre las pociones, cogiendo entre sus manos primero una solución reductora, que calmaría la hinchazón, pero esa debería beberla luego — Busco algo rápido y vuelvo — Se fue sin más dilación, en dirección al 'almacén' en el cual tenían montones de pociones y brebajes, porque no tenía a la mano justo lo que necesitaba. No le tomó más que unos cuantos minutos abrirse paso por el hospital mágico hasta llegar al lugar, e incluso encontró el preparado con bastante rapidez, por lo cual en cosa de tres o cuatro minutos estuvo de vuelta al lado de aquellos jóvenes tan vigorosos.

Vale, te bebes primero ésta — Dijo, mientras que le daba una pequeña sacudida a un ligero frasco que sostenía con su mano izquierdo, una botella bastante pequeña, con unos diseños de coágulos de sangre que poco a poco comenzaban a turnarse en sangre líquida, adoraba las imágenes con movimiento que se veían en todas partes en el mundo mágica, la botella también llevaba escrita 'descoagulante' en letras bastante pequeñas — Y luego de un par de minutos, te bebes ésta — Señaló esta vez la botella que tenía en su mano derecha, ésta era un poco más grande, y lucía el diseño de una mano bastante inflamada por una alergia, cuya inflamación iba disminuyendo a paso rápido, aunque esta no llevaba ningún escrito. Acercó las botellas hacia donde estaba el hombre, poniéndolas justo en sus manos — Debes esperar un rato, puede que minutos solamente, algunas pociones son rápidas, pero no inmediatas
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Dante FioreMedimago

Freya Howll el Dom Jul 29, 2018 10:36 am

Realmente era una buena amiga porque pasar metida en un cubiculo para que inspeccionen el pene de tu amigo  para ver si no hay que amputar, pues un premio merecía mínimo. Y con mayor razón cuando eres la voz en el problema en cuestión, la vergüenza de la nada había tomado posesión del cuerpo de Eric. Vale, venir a San Mungo para que te vean el miembro reproductor que esta morado puede acojonar un poco pero ¿tener incomodidad para desnudarse frente mío? Eso sí que no.

-¡Mira! Hasta él se lo toma bien. Y sí, creo que una serruchada en los huevos sería la mejor definición para la menstruación.- asentí con la cabeza mientras mostraba mi contento. ¿Qué estaba pasando un poco del dolor de Eric? Claro pero no era yo la que tenía el pene morado a punto de ser desmembrado. Soy lo suficientemente misericordiosa como para darle una alternativa a su dolor, hasta acompañarlo en su decisión pero tampoco lo alabaría ni le aplaudiría a su alrededor para que no la pasase mal. Que ante todo, me había dejado un calentón de aquellos. ¡Y no era normal que el mismisimo Eric me dejase con ganas de frotarme a un poste con tal de relajarme! De todas las relaciones sexuales que he tenido en esta corta vida, Eric me dejó más allá que satisfecha, sus dotes en la cama y en otros muebles eran tan grandes que me hacía estar feliz una semana completa, ni siquiera me masturbo para cubrir mi apetito sexual porque él se encarga como yo de él que ambos en ámbito del sexo estemos más que contentos.

Los nervios, innecesarios, que se apoderaron de Eric me permitieron ver otra faceta del chico que le encantaba hacer bromas crueles, ser un malhablado y bastante inestable con su temperamento. Mi vista cayó rápidamente al móvil que entre mis manos se sostenía, estaba tentada a enviarle un mensaje a Monika para que esta lo molestase luego de salir de San Mungo pero también corría con el problema de no poder acabar con lo empezado y eso no me hacía ni un poco feliz. Bufé mientras mi pulgar subía y bajaba por Instagram, si de algo debo agradecer al mundo muggle (más allá del trabajo que tengo a medio tiempo allí) es la técnología que podemos tener mucha magia pero tener redes sociales o poder hacer una videollamada era algo para agradecer. Más si tu feed está lleno de chicos bastantes guapos como memes, esas imágenes sí que se merecían una mención.

Mi mirada volvió a la escena de mi gran amigo con su pobre cosa muerta entre piernas. Mostrandome interesada me incliné hacia ellos. Cambiaría de carrera con solo tener tiempo de fundirme en aquellos libros para obtener todo ese conocimiento, el hechizo que estaba siendo utilizado hasta me llamó la atención. Si hasta hace rato estaba alabando la tecnología de los muggles quiero tener mi momento para aplaudir de pie todo lo maravilloso que traía la magia a nuestras vidas que si bien muchas veces se utiliza para situaciones banales, casos como estos me dejaba la boca abierta. Tal vez si me hacía amiga de este mago podría conseguir unos cuantos cursos para utilizar tales hechizos.

Realmente el miembro viril de Eric daba pena, aún más con ese tono morado pero lo ignoraba para seguir viendo el procedimiento. El mencionado alejaba su vista porque aunque fuese curioso a veces uno prefiere prevenir un infarto en ciertos escenarios. El sanador ensimismado en su trabajo continuó dando explicaciones las cuales provocaban un posible desmayo en mi amigo pero saciaban mi curiosidad innata. – Listo, perderás tu pene por andar de promiscuo.- bromeé a la par del sanador. La palidez de él se intensifico y una risa salió de entre mis labios. -¿Es posible que le vuelva a ocurrir esto? ¿O fue una desgracia en su vida pero no dejará secuelas en un futuro?- él solo alzó una ceja porque conocía mis motivos.- ¿Qué? Velo por nuestro momento íntimo, si descubro que no me sirves me voy con otro que me permita disfrutar.- volví a bromear, mi sonrisa pícara no se perdía de mi rostro pero mi amigo no se lo tomó demasiado bien puesto que repitió mi nombre en una clara muestra de enfado. –Vale, no es para que te enojes. Sabes que somos algo así como exclusivos. No deberías pegar el grito en el cielo.- rodeé los ojos, el tema de los celos era mejor no mencionarlo frente a extraños. Podía querer un montóna Eric pero en esto era un grano en el culo, tampoco se lo hacía fácil pero siempre recalcar que no eramos pareja se volvía un poco tedioso.

-Estamos bastante graciositos Doc.-
respondió con mala gana. Sí, se estaba volviendo cada vez más y más quejoso nuestro amiguito. Como estaba sentada a los pies de la camilla, mi mano izquierda encontró una de las piernas del castaño sin mediar palabra lo pellizqué para que se comportara. El quejido no tardó en llegar y con una sonrisa de suficiencia lo mandé a callar. Y por tal obediencia a veces temo por nuestra relación, no era el mismo chico que me había cruzado en Hogwarts y si uno de estos días decía que era un estúpido dominado, alias, un idiota enamorado estaríamos perdido. Una vez se puede rechazar a una persona, dos porque te haces la tonta mientras te escudas en como debes proteger a tu hermanita por tu padre mierdoso podría salvarte pero ya una tercera que puedes llegar a decirle. ¿Perdón pero le temo a los compromisos? ¿Mis padres se comprometieron y así mi madre sufrió toda su vida? ¿Estoy demasiado ocupada intentando que el donador de esperma no me aniquile ni torture a mi hermanita? Hmm, era complicado claramente y no quería lidearlo este año. Y nunca si era posible.

Sí, si uno lo pensaba el haberme enamorado de su pene podría ser la razón de que seamos amigos pero antes de tener nuestro primer contacto sexual nos conocimos y nos creíamos amigos. Todo hasta descubrir que no podíamos ser unos amigos normales si teníamos esa tensión a punto de explotar cuando nos encontrabamos en lugares encerrados.

¿Yo dije que había empalidecido hace rato? Pues ahora Eric era una puta hoja de calcar de lo blanco que se encontraba. El comentario del sanador no se perdió y yo no pude siquiera mantenerme callada. –Hasta podrías perder tu capacidad de ponerte duro porque con la suerte que traes y llevas te quedas sin descendencia.- cien puntos para Freya, que si siguiera en Hogwarts caerían en la casa de Ravenclaw. Ahora el pellizco ganado era para mí y mi brazo que sintió la presión de las uñas del chico que se hacia llamar vibrador humano.

-Vale. ¿Lo has escuchado diosita? No más sexo hasta que me reponga. Será toda una pena para ti.- mi mueca era evidente y se estaba aprovechando. Hacía años que no me tocaba para saciarme y no caería tan bajo como hacerlo ahora que solo eran dos días los que debía esperar para volver a llamar a Eric a mi recamara o para que él me invitase a invadir la privacidad de Mark con mis gemidos. Negué con mi cabeza, mechones se movieron a la par dandole volumen a mi negativa. Sería un asco teniendo en cuenta que los últimos días parecía que mi libido estaba por las nubes. Pocas veces eramos rudos a la hora del acto sexual pero era de las mejores experiencias, tanto para él como para mí hasta seguro el sanador degustaba aquello con emoción. Pero no, nada de nada hasta que eso se parase sin problemas.

-Pudrete Eric.- fueron mis mínimas palabras en respuesta. Sonreí ante la exclamación del sanador que había pasado olimpicamente sobre mi pregunta de como se llamaba. Si fuese otra chica me largaría a llorar en medio de una isla con su mandragora por no  tener la atención sobre ella. Aunque rápido me arrepentí del hilo de mis pensamientos cuando luego de una explicación sobre la carrera de Medimagia me dijo su nombre. Le sonreí pero no necesariamente coqueteandole. Era un hombre atractivo y podía apreciarlo así con ropa encima, sin ella tal vez hasta me corría con solo verlo pero no estaba precisamente interesada en otros. Y tan solo tener ese parpadeo de sentimientos me hizo querer salir de ese cubículo. No, Freya, no caigas en esa mierda del amor. No.

En unos minutos se despidió para luego volver. Me quedé sola con el pobre hombre desnudo.

-Sabes, estoy sorprendida de estar aquí al lado tuyo. No pensé que haría eso por alguien, no es que te esté sosteniendo la mano ni donando sangre pero el tan solo acompañarte es mucho de lo que pensaba.-
murmuré mientras veía el estante que hacia segundos Dante estaba pispeando. Había sonado cursi y un pellizco me lo recordó sumandole una ceja alzada con esa sonrisa de egocentrico. – Luego recuerdo que hago esto para que te gran polla pueda funcionar y me la metas profundo.- sonreí. Teníamos un trato, si nos poníamos un poco cursi diríamos un comentario picante para que se pasase pero nunca negabamos lo anterior.

-Y tú recuerdas mi propuesta, no ha cambiado.- me volteé para encararlo. Ya no me parecía interesante el estante que sostenía pociones de la mar diversas. Mi silencio lo desalentó pero mi cuerpo respondía mejor que mi propia labia. Una de mis manos recorrió sus dedos que estaban apoyados en la camilla, dirigí mis ojos allí en esa unión. Por Merlín, sentía que me estaba sonrojando como una colegiala. Alcé mi cabeza, mis labios se abrieron para cerrarse cuando el sanador volvió con otros frascos dando instrucciones que Eric callado aceptó. Se sentía un ambiente extraño todo provocado por nosotros mismos.

Mi cuerpo tenso se relajó a los minutos. Dante, el sanador, nos dio unas cuantas instrucciones que solo fueron respondidas con asentimientos de cabeza y unos cuantos chistes de Eric pero mi mente estaba en otro lado. Aprendí a disfrutar del sexo con otras personas, hombres y pocas mujeres pero nunca se sintieron con esa conexión que lograba con Eric. No lo culpo, su insistencia se había calado en mi cuerpo y mente. No quería seguir pensandolo.  No hoy.



CAPITULO II: PROBLEMA CON PAÑALES

San mungo
Viernes 08 de junio – 14:31hs

¿Por qué mierda dejé que metiera aquello entre mis piernas? ¿Por qué me permití tomar alcohol sin supervisar cómo lo hacían? ¿Por qué no pensé que los antibióticos anularían mis pastillas anticonceptivas? ¿¡Si éramos magos no podíamos hacer “Tachán” y chau bebés!? Estaba en un punto donde dramatizaba todo hasta descubrí que en esta condición puedo ponerme depresiva porque no me den de desayuno una tostada con dulce. Hasta ese punto de locura y nadie me acompañaba a mi control.

No, estaba equivocada, medio mundo me acompañaría. Entre el verdadero padre de mi futuro frijol y el chico que es mi vibrador humano. ¿Cómo le explicaré a mi hijo que tiene casi dos papás y que ambos pelearon en pleno Las Vegas para ver de quién era su padre? Y la pregunta más maravillosa es ¿Por qué no silencié el móvil? Eric está desde hace media hora llamándome para ver si no me morí en el camino y recibo mensajes de Ryan que está con el primer mencionado esperando en San Mungo para el control. Claro se olvidaron de lo importante, la chica con la sanguijuela dentro.

¿Qué si me haré un control o abortaré la misión? Con el estrés que estoy sintiendo ni siquiera sé lo que haré mañana. Y mucho menos lo que haré con esto que llevo dentro. Otra llamada entró. El zumbido estaba irritándome, mi dedo indice arrastró la imagen del teléfono contestando.

-Eric, estoy en camino no entres en desesperación. No me mató nadie ni nada de lo que te estás inventando.- exclamé. - ¿Siquiera me estás escuchando? ¡Me iré ya mismo a la mierda si me sigues presionando!- lo vi a unos pasos, le corté la llamada y vi su expresión de incredulidad. ¿Alguien podría regalarme unas vacaciones junto a mi hermana en un mundo paralelo donde esté bendecida por la buena suerte?
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Ryan Goldstein el Lun Ago 06, 2018 1:49 am


Donador de esperma
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😂😂😂

Hola, bellas😍

Te lo dije. Será una ELLA

Estoy seguro

Y estaba a punto de preguntarte por tu control

Estaré ahí

😘😘😘  




Estaba en la sala de espera. Freya no llegaba, y ya se había saltado el primer llamado. Ryan, muy cordialmente, habló con el doctor sobre la demora. No había problema, podían esperar. Sí, pero. Freya no llegaba. Por supuesto, Ryan parecía calmado. O eso quiso transmitir, con su rostro tranquilo y sus buenos modales. Pero claro, dar buenos consejos y obedecer tus propios consejos, son dos cosas muy distintas. Hacia fuera, se decía que todo estaría bien y que Freya lo conseguiría. Las treinta llamadas no respondidas, decían otra cosa. Pero a él no se le caía la cara de hipócrita, eh.

Por otro lado, puede que las cosas resultaran malas al principio, allá en Las Vegas, pero podía decirse que existía cierta complicidad tácita entre los dos ¿candidatos a padre del año? Si ellos lo sabían o no, era otra historia. Pero como se sabe, hay cosas que sólo puedes compartir con alguien que está en las mismas o casi las mismas que tú. Esa impaciencia compartida sobre dónde estaría Freya y por qué se tardaba tanto, era una de esas cosas. Igualito a aliarse con la suegra cuando el tema en cuestión es el hijo o hija, cuando toda postura entre nuero y suegra parecía irreconciliable. Siempre quedaba aliarse hallando cosas en común. Freya, en este caso. Freya y su bebé. Y la hora, que se iba volando.

Así que, entre las batas blancas que eventualmente iban y venían y el resto de pacientes, estaba Ryan impaciéntandose con una sonrisa paciente. Finalmente, luego de mirar a la puerta por un buen rato esperando a que Freya se apareciera, Ryan decidió tomar asiento. Junto a él, había otra embarazada con rostro bondadoso y sonrisa maternal. Ryan la miró y le metió conversación.

—¿Es su primero?


—Oh, no—Ella rió y se llevó una mano al abdomen, bien crecido que lo tenía—. Ella es la nena. Luego de tener dos niños varoncitos.

—Oh.

—¿Y usted?, ¿es su primero?


Estaban rodeados de embarazadas, lógicamente la mujer hacía deducciones.

Ryan le devolvió la sonrisa.

—No.

—¡Debe estar muy contento!—
expresó calurosamente la mamá—¿Y su mujer?

—Oh, no. Somos algo así como “compañeros” en esto.


La mujer no entendía, y Ryan siguió explicando:

—Bueno, la madre, creo que tiene un novio y no está muy segura de cuál de los dos…

—¡Oh!—
exclamó la mujer, interrumpiéndolo rápidamente. Sí, sí, ya lo entendía. El aire risueño se quebró entre ellos, así como cortas el aire con un cuchillo. Volteó la cara hacia otro lado, como si de pronto la pared le pareciera más interesante que el libertino a su lado (porque ya se imaginaba ella lo peor), y Ryan no pudo más que sonreírse.





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😱😱😱

donde estas???

quieres que vaya por ti???

el doc dice que te esperará

estás a tiempo

segura de que todo está bien?

si de algo ayuda

puedo llevarte a comer después de esto

pero tienes que venir

😉😉😉

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