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Priv. || Puertas Adentro ||

Ryan Goldstein el Vie Mayo 04, 2018 5:37 pm

Recuerdo del primer mensaje :

stalker, stalker, stalker:


Tema +18

Abres los ojos, y tienes esa sensación de que ese día será como cualquier otro día, empezando con que despiertas en tu cama, entre tus cosas, en tu habitación. Hasta que una cierta incomodidad te asalta desde algún rincón de tu mente, y. No, esa no es tu cama. Así que, ese no es como “cualquier otro día”. Y, ¿qué hiciste la noche anterior?, ¿y con quién? Ahora lo recuerdas, eh. Y todo comienza a cobrar sentido, un nuevo sentido, y Ryan se sonrió —cerrados los ojos, dormida la expresión—, una vez incorporado, todavía perezoso, sentado al borde de la cama, ladeando el cuello hacia un lado, luego hacia el otro, girándolo con cuidado, preso del sueño matutino, aunque afuera, afuera parecía de noche, porque así de gris estaba el tiempo, mientras que la lluvia y el frio empañaban la ventana, pero él. Sólo tenía que estirarse entre las sábanas, por algo de calor.

Sintió que se removían a su lado y se giró a mirar, estirando un brazo hacia atrás. Fue a enterrar sus dedos en el cabello del morocho en la cama, subiendo por su nuca, cuando un trueno quebró el cielo de tormenta y lo tomó por sorpresa, inmiscuyéndose, penetrando su percepción, arrancándole un instante de lucidez, ese pasaje momentáneo de la consciencia en el que por un segundo, sólo un segundo, el corazón se emociona, como alcanzado por el rayo. Eso no detuvo su mano, sin embargo, y le aprisionó los cabellos en una caricia. Hacía rato que tronaba allá afuera, y la lluvia repiqueteaba desde el exterior, vertiéndose entrometida, entre ellos dos, en ese cuarto, en el que “sólo ellos dos”. Sí, sólo estaban ellos dos, y un perro. Uno que rompió en ladridos desde el exterior, detrás de la puerta. ¿Inquieto por el clima?, ¿o por Ryan Goldstein?  

El rubio rió por lo bajo y volvió a tenderse en la cama, todo a lo largo de ese morocho,  recogida una pierna e incorporado en un codo, ladeado hacia. Sonriéndose, Ryan tapó sus ojos —oscureciéndole la visión— con la derecha. Las suyas eran manos tibias, que te abarcaban por entero, manos que acariciaban, y que no dejaban nada a la imaginación.

—Tú no—dijo—. Es temprano para ti, Doc.

Se oyó un ahogado lamento canino del otro lado, insistente, demandante, pero que hizo su retirada, quizá con el rabo entre las piernas, ¿sabiéndose ignorado? Volvería al ataque, muy probablemente, pero mientras. Sólo la lluvia caía en el cuarto, como Ryan cayó sobre ese cuerpo remolón, contradiciéndose en lo que hacía y decía —dicho sea, le gustaba molestar a la gente en su sueño—, acorralándolo entre sus piernas, encimado a horcajadas. Y se acarició a sí mismo, casi distraídamente, repasando su piel por arriba de la cintura, al tiempo que se miraba el ombligo, parecía.

—Ya no tengo marcas—dijo. Lo miró y agregó, muy sencillamente (y con él, no hacían falta más palabras, que era sincero)—: Gracias.

Y descendió en un beso, directo a la boca, atropellando su lengua con esa delicadeza tibia que tiene el envolverse con el aliento, y probarlo. Fue breve. Ryan Goldstein era muy cortante con el tiempo, algunas veces.

—Me iré—Más que nada, por consideración. Ya bastantes horas de sueño le había quitado, cayendo a mitad de la noche. Y en verdad que apreciaba tanto como respetaba su trabajo, con sus horas extras, sus dobles turnos. No debía ser fácil—. Tú no querrás llegar tarde—susurró, ligeramente ronco, con una sonrisa que invitaba a lo contrario. Era traicionero, ese hombre—. Tomaré una ducha primero, ¿ok?






Había sido en un día de lluvia, también. Ocurrió un incendio en mitad de la calle, dentro de lo que parecía una casa abandonada. Los maleficios salieron por las ventanas, destrozando los cristales. Había sido en medio del estallido y la tormenta que Ryan Goldstein salió a su encuentro, apareciéndose en el lugar. No porque estuvieran destinados a ese encuentro, sino porque un mortífago lo seguía detrás y había interceptado su desaparición hacia fuera de la zona de las explosiones y el fuego. Sólo que. Al aparecerse, el mortífago cayó, muerto, atravesado por un pedazo de cristal, y Ryan, él, recargó su espalda contra una pared, boqueando e incapaz de otro esfuerzo. Y debajo de su camisa, todo su pecho se había vuelto negro, tocado por un maleficio. Sólo había alcanzado a decir “Por favor”, antes de dejarse caer, sintiendo cómo las fuerzas lo abandonaban.

Pero detrás de ese ruego había mucho en juego, porque todos lo sabían: eran tiempos oscuros, en los que las lealtades se hallaban divididas. En los que, de verse comprometido bajo los ojos del nuevo gobierno, cualquier cosa podía sucederte, y ninguna buena. O tenías las ideas claras sobre lo que estabas dispuesto a ignorar o. Era peligroso andar sobre la cuerda floja, era peligroso andar cerca de gente como Ryan Goldstein. No sólo porque podías ser deportado, o encarcelado, sino porque todo tu mundo de valores podía verse amenazado.


*


—¿Estás seguro sobre esto?—preguntó, mirándolo directo a los ojos, casi inexpresivo—Me has acogido, me has curado. ¿Y no me denunciarás?—Sonrió, sorbiendo de su taza de café. Hizo una ligera mueca, porque le quemaba—. Soy afortunado—concluyó, aunque no parecía muy contento. Ligeramente grave, añadió, a modo de proposición—: Sé mi doctor. Tú sabes, mi sanador. Te necesitaré.




Última edición por Ryan Goldstein el Lun Mayo 21, 2018 2:27 am, editado 1 vez
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Dante Fiore el Lun Jun 25, 2018 4:51 pm

Había pasado casi todo el día en un agotador turno en la sala de urgencias que apenas y le había dado tiempo para respirar. No había siquiera tenido oportunidad de comer como se debía, y sus ojos, al final del día parecían cerrarse solos. Curiosamente, había una cantidad excesiva de heridos durante los últimos días, presuntamente víctimas de enfrentamientos, pero desconocía los detalles mayores. Había pasado todo el día cerrando heridas graves y poniendo todo en su lugar, además, también había llegado una cantidad exorbitante de personas con pociones mal realizadas, como un filtro de la paz con unos ingredientes de más, que había acabado teniendo el efecto contrario a lo esperado. Últimamente, la gente parecía tener cada vez menos cuidado, y al sanador le estaba costando caro, con sus turnos interminables y sus contadas horas de sueño. De no ser por lo mucho que cuidaba su apariencia, o más probable es que unas profundas ojeras ya se hubieran asentado sobre su rostro, víctima de la falta de sueño.

Llegó a casa y, justo al momento de tomar una merecida ducha y tocar la cama para dejarse seducir por los encantos de Morfeo, recibió un llamado que rompió toda su tranquilidad. Probablemente no se habría tomado el tiempo de asistir a tal emergencia para otra persona, pero tenía dos motivos para hacerlo, la primera era que le había prometido tenderle una mano cada que lo necesitara, sin importar la hora, y la otra es que, aquel llamado le causó felicidad, únicamente porque los encuentros con su rubio siempre le acababan alegrando el día, por más turbio que hubiese sido.

No tienes porqué pedir perdón — Respondió, con voz suave y la mirada hacia el suelo, aún estaba ligeramente adormecido, incluso luego de haber tenido que salvar la vida de un hombre gravemente herido. Pero no se arrepentía, salvar una vida valía todas las horas de desvelo del mundo, y ver su rostro de agradecimiento no tenía precio alguno. Se hallaban sentados en un banco, en medio de una amplia plaza, la gente circulaba constantemente, a pesar de que ya era bastante tarde por la noche. Respiró profundamente al sentir un dulce olor a caramelo que se extendía por el lugar, y de no ser por la hora, lo más probable es que se hubiese atiborrado de caramelo, porque lo adoraba — ¿Qué habrías hecho si no me llamabas? No pidas disculpas, una vida se salvó — Una jovial pero pequeña sonrisa se asomó por su rostro, y es que detrás de aquel rostro de hombre agotado que tenía, aún vivía el increíblemente hospitalario sanador, cuya vida se alegraba únicamente con alegrar la de los demás.

Su mano más cercana al hombre se deslizó por el brazo ajeno, para acabar entrelazando sus dedos con los del rubio, al sentirlo acurrucado sobre su hombro. Sonrió, instintivamente, porque eso era exactamente lo que le hacía falta, algo compañía, de calor corporal, y no podía imaginar alguien mejor para aquel momento que su adorado y aventurero Ryan. Con el pulgar, hacía leves caricias en el dorso de la mano del bibliotecario, mientras que observaba fijamente al suelo, permaneciendo en silencio por unos cuantos segundos.

Al escuchar nuevamente su voz, sus orbes se deslizaron nuevamente hacia el moreno rostro del hombre, devolviendo a él la cálida sonrisa que le brindaba. Acercó ligeramente su rostro al ajeno, hasta quedar únicamente a unos cuantos centímetros de distancia — ¿Y es que hay una mejor forma de pasar la noche? — Soltó una pequeña carcajada, divertido, por más que sus palabras eran totalmente verdaderas — Lo mismo digo, debo lucir destruido, pero estoy dispuesto a todo — Curiosamente, no se le venían demasiadas cosas a la mente al pensar en una actividad para hacer con Ryan. Solían ser un poco más espontáneos, como cuando Dante, sin conocerlo, lo nalgueó en una fiesta, o como cuando lo rescató de una muerte inminente, hallándolo únicamente por casualidad, y aún le parecía encantadora la curiosa manera en la que todo había surgido, pero no debía entenderla, la verdad, era feliz con ella, con esas llamadas de madrugada, visitas inesperadas y con su persona, tan acogedora, que parecía estar dispuesto a todo cuando ambos estaban juntos.

Poco tardaron en emprender una caminata nocturna, lenta, disfrutando de una amena conversación, como las que solían surgir tan fácilmente entre ellos, de forma tan espontánea, igual que ellos — Y se fue, así como así, con lo que me encanta que me proponga matrimonio un crío que no conozco de nada — Rió a carcajadas frente a aquel comentario, mientras que mantenían un paso regular y Dante comentaba acerca de una experiencia que le había ocurrido justo aquel día, en la que una presunta poción de amor había salido mal, y un joven de poco más de diecisiete años había acabado en San Mungo, tirándole el tejo a todo el que se le acercara, pero especialmente al italiano, que de no ser por su sutil manera para rechazar a las personas, probablemente lo habría tenido que soportar un buen rato. Al final, el joven acabó por irse del hospital, con la excusa de que iba a buscar los anillos para el compromiso, y no volvió más, probablemente porque se agotó el efecto de la poción.
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Dante FioreMedimago

Ryan Goldstein el Vie Jun 29, 2018 8:20 am

Aceptó una caminata nocturna porque quería despejarse la cabeza, y eso ayudaba. La noche se sentía agradable. Guardó silencio mientras escuchaba una historia de hospitales y matrimonios, interviniendo de a ratos con un comentario casual. Se sonrió hondamente en una, dos ocasiones, y por dentro se dijo que tú nunca, nunca subestimas una poción de amor, ya sabía de los dolores de cabeza que eran capaces, si eras descuidado.

—Definitivamente, tú causaste una impresión en él—dijo, y el llamado de “Dante, ¡ey!, ¡Oh, Dante!, ¡ooooi!”, hizo que se detuvieran en mitad de la plaza, casi a oscuras. Era siempre sobrecogedor mirar al cielo y saberte tan pequeño entre tanto espacio negro, profundo, y de vértigo. Ryan no solía experimentar sobresaltos, así que no se vio sorprendido, y en cambio, se mantuvo a parte.

Fue entonces cuando se les acercó un tipejo alegre y escandaloso que se le arrojó a Dante como si fueran amigos de toda la vida. Ryan no quiso interrumpirlos y se desapegó del momento, pero este tipejo, Enzo se llamaba, olía a alegría, en el sentido de que iba ya bastante borracho antes de invitarles a una copa, pero se lució con toda la simpatía, tanto que hasta que coqueteó con Ryan, algo que en el fondo le hizo mucha gracia. Ni siquiera iba en serio, pero dijo algo de una comida en un resto, y por alguna razón, el rubio sospechó que andaba buscando una comida gratis. Y sin embargo, tú nos juzgas a los amigos de tu Doc, ¿no?

—¡Dante, amigo!—Enzo se le echó encima y le palmeó la espalda, a su amigo de toda la vida (?). Diríase que era hasta conmovedor el momento. En seguida, le soltó tantos “te quiero”, en plan borracho feliz, que el momento se hizo de risa. Otras cosas dijo sobre “cuánto tiempo”, “que cosa más loca porque ayer soñé contigo”, pero lo que en verdad hizo que a Ryan le llamara la atención, por lo inesperado más que nado, fue—: ¿Y cómo te trata la vida de casado? ¡Leah está de buena…!, ¡que envidia! ¿Ya le ha crecido el bombo? Te confieso, amigo, que yo siempre le miré las… ¿Qué?—Enzo se interrumpió por la terrible noticia, horrorizado—¿MUERTA?—gritó. Un grupo de muchachas que pasaba por ahí se alarmó y apuraron el paso, juntando las cabezas mientras susurraban. A Enzo lo había trastornado la noticia. Rompió a llorar y se arrastró hasta un banco cual herido de guerra. Diríase que acaba de perder al amor de su vida. Era curioso, que para ser tan buenos amigos, estuviera tan poco enterado de la vida de su amigo—. ¡No, Leah, no…!—exclamó compungido, hundiendo su cara entre las manos, llorando, pero… sin lágrimas, sólo gimoteando, mientras que seguramente pensaba lo bien que le vendría una copa en ese momento. La alegría, nunca venía sola.

¡Apasionado que era su corazón!, dirías que se desarmaba de pena. Y no parecía tener intenciones de soltar a Dante, porque se colgó a él, en plan “puedes llorar sobre mi hombro, amigo”, cuando el único que hacía escándalo era él, y no quedaba claro qué relación tenía con la difunta.  

—¡Mira que yo te decía que estaba loca! Un poquito estaba, ¿bueno? ¡Pero, pero…!, ¡muerta! Yo no hablo mal de los muertos, amigo. Estaba como una cabra, pero seguro que te quería…  

Ryan se acercó.

—¿Necesitas ayuda?—preguntó, sonrisa de por medio. A Dante, evidentemente, porque el otro no parecía querer salirse de encima, negándose a soltarlo y colgándosele. Porque así era la pena, cuando no estabas en tus cinco sentidos.



*



—¡Y si pierdes te haces cura!


La comida le había sentado bien, claramente. Aunque era imposible quitarle el pedo alegre, y hablaba un poco más alto de lo que debería, pero alrededor era puro bullicio. Estaban sentados a una mesa en un resto, habían pedido, habían comido, y Enzo, luego de haberse disculpado y jurando que el alcohol le había bajado, había propuesto una apuesta. Le aseguró a Ryan que Dante siempre ganaba en las carreras de caballo cuál sería el caballo ganador, y cosas por el estilo, y al parecer Enzo era un jugador compulsivo que se guiaba por lo que el Doc le decía, pero como Enzo además apostaba su dinero, parecía que era cábala eso de proponerle un reto ridículo al otro si perdía. Así que, sí que se conocían. Que tipejo más peculiar. A Ryan le había sacado un par de risas.

Al final de la cena, en la puerta del resto. Enzo estaba vomitando por ahí. Ryan prefirió mantenerse al margen, como todo rubio traidor.

—Tu amigo tiene pinta de necesitar una cama esta noche—Le guiñó un ojo, pícaro y huidizo—. Yo estoy en verdad cansado, iré a casa—Y sí, lo adivinabas en sus ojos. Cubrió un bostezo con su mano antes de agregar, con una blanca, blanca sonrisa—: Nos vemos. Gracias por hoy—tomó el rostro de Dante entre sus manos y le dio un beso en la mejilla. Seguidamente, lo abrazó, y se demoró unos segundos, en los que le susurró—: Y siento tu pérdida—Claro que él no sabía toda la historia. Una última caricia en el hombro, y se soltó—Cuídate.

Y se largó, pensando que la noche se había puesto más fría.  

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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Dante Fiore el Sáb Jun 30, 2018 5:21 am

Él jamás había sido partidario de hablar demasiado acerca de lo que ocurría con sus pacientes, o sobre cualquier acontecimiento del hospital mágico, pero con Ryan siempre había sentido tener esa libertad, la de expresarse sin ninguna clase de miedo, sin temer que la información fuese a salir de allí, o que pudiese utilizarla en su contra, le había tomado muchísima confianza en tan poco tiempo, aunque la verdad era que no se conocían desde hace demasiado tiempo, había conseguido algo que no se hacía con mucha facilidad en él, y era hacer que confiara en ti.

Y es que vamos, a fin de cuentas eso no había sido siquiera un paciente, sino un loco que se había aparecido de la nada, y que era muy gracioso, por cierto. Dante nunca había sido demasiado cerrado con eso de recibir halagos, más bien le gustaba, era claramente acariciarle el ego, y le fascinaba cada que lo hacían, pero eso de aquel chico ya había sido otro nivel completamente distinto, eso ya era acoso. Pero no lo culpaba, a fin de cuentas se sabía que no era por su propia voluntad, pero igual no lo culparía, ¿eh? Que incluso él mismo le echaría los tejos a un tipo igual que él.

Yo causo una impresión e... — Interrumpió sus palabras debido a un grito, bastante familiar para él, un hombre escandaloso y al cual a decir verdad no veía hace ya algún tiempo, pero sus visitas siempre eran gratas. Claro, siempre y cuando no fuesen a estas horas de la madrugada, mientras que estaba disfrutando del primer momento de tranquilidad con el cual se había podido hacer durante las últimas veinticuatro horas, cuando se hallaba justamente tomándose un respiro con Ryan luego de salir de salvar a una víctima y finalizar con una situación en la cual los dos se vieron bastante presionados, o cuando llegaba como loco preguntando por su ex-mujer, la cual había muerto hace ya MONTONES DE AÑOS, y él nunca había sido capaz de siquiera nombrarla, tenía que ser justo en aquel momento.

Le correspondió el abrazo, con todo el cariño que se podía brindar un italiano a otro, porque ambos provenían exactamente del mismo lugar, y la verdad es que se habían conocido durante sus tiempos de Hogwarts, y habían congeniado de maravillas, a fin de cuentas, ambos eran dos extranjeros en un lugar completamente desconocido, no tardó demasiado tiempo en que se formase un lazo bastante cercano. Claro, que todo parecía haberse desvanecido un poco con los años, al igual que casi cualquier amistad que comenzara a temprana edad.

Dichosos eran aquellos que conservaran un amigo desde la infancia, porque Dante claramente no era uno de ellos, aunque si mantenía contacto con unos cuantos. La verdad, podía contar con los dedos de una sola mano a sus verdaderos amigos y aún los dedos le sobraban, siempre había sido un tanto selectivo en ese aspecto, y precisamente por eso tenía un grupo social no demasiado abierto. Sonrió con gentileza, intentando esconder el repelús que le dio al sentir como lo rodeaba ese increíble tufo a distintas bebidas alcohólicas, que de por sí, jamás se le habían hecho demasiado agradables los olores de los licores. Observó a Ryan por sobre el hombro de aquel hombre, y le dedicó una sonrisa sarcástica, la verdad es que no se alegraba nada de ver al hombre.

Se murió — Comentó, con el menor tacto que pudo, al escuchar el nombre de Leah. Siempre había tenido muy poco tacto para decir las cosas, y la verdad es que su muerte no había sido nada demasiado importante, al menos para él, como para expresarse de una forma más cuidadosa. Lo que si fue totalmente inesperado para él fue la reacción que tomó Enzo, porque podía recordar que apenas unas cuantas veces se habían visto, y en ellas, por lo menos en un par la mujer se había portado bastante desagradable, porque fue ya luego de casados, cuando ya todo empezó a derrumbarse. Trató de seguirle el juego, aunque la verdad es que no estuviese demasiado animado para ello, por lo cual únicamente daba suaves palmadas en su espalda, mientras que intentaba consolarlo por su repentino apego emocional con Leah — No pasa nada, fue hace muchos años, y si no lloré para aquel entonces, no lo haré ahora — Dejó escapar un pesado suspiro, mientras que hacía leves caricias en su espalda, intentando calmar su pérdida tan inesperada — Y sí, estaba un poquito loca, pero ya sabes, a fin de cuentas tenía muchas otras cualidades — Asintió con gentileza, intentando encontrarle las partes buenas a su difunta ex-mujer, y la verdad si las tenía, aunque él, luego del matrimonio, casi nunca podía verlas.

No era la primera vez que debía ayudar a Enzo a un estado similar al que se tenía en aquel momento... La verdad, tampoco era la segunda, la tercera ni la cuarta, que al hombre le gustaba pasarse de tragos bastante seguido. Sonrió jovial, aceptando la adorable ayuda que le ofrecía el rubio, porque él siempre era capaz de recibir la ayuda de una mano amiga, en especial en una situación similar — Llevémoslo a dar una vuelta, y a comer algo, por favor — Suplicó, luciendo incluso un tanto apenado por la situación. Ryan se había ofrecido con mucha amabilidad a pasar la noche con él, y la verdad es que, había tenido que llegar su amigo justamente a arruinar todos sus planes, aunque de vez en cuando decían que lo inesperado era incluso lo mejor, él no veía lo bueno de aquella situación — Y discúlpame, juro que te lo compenso

• • •

Soltó un pesado suspiro, a veces aún se preguntaba como hacía todo el tiempo para acabar cayendo en las estúpidas apuestas de Enzo, pero la verdad es que no podía evitar hacerlo, eran tan estúpidas y fáciles de ganar que su boca no podía simplemente emitir un 'no'

Por suerte, parecía que la idiotez ya había salido un poco del organismo de su amigo, y había quedado únicamente lo habitual, lo que era común e insalvable en él. Habían disfrutado de una buena comida y una agradable plática, aunque ya el hombre estuviese justo a un lado del restaurant, vomitando toda la comida que acababa de ingerir hace unos cuantos minutos, ¿pero quién podía culparlo? Sabía bien como eran esas borracheras, y no podía quejarse, tampoco, que tendría bullying suficiente como para unos años más — Lastimosamente así es — Dejó de observar el vómito del hombre por unos cuantos segundos, para devolver su mirada hacia el rubio, quien le dedicaba una sonrisa, juguetona.

Y sabía lo que hacía, lo estaba dejando solo con la responsabilidad, pero a fin de cuentas se le hacía indiferente, no tenía absolutamente nada que ver con él, la responsabilidad debía recaer en Dante, y no en nadie más — Gracias a ti, descansa bien, y llámame — Deslizó sus hombros hacia la espalda baja del hombre, sujetándolo y aferrándose a él, dejándose besar, y acurrucándose a su cuerpo únicamente unos cuantos segundos, estaba cansado, realmente cansado, y no había nada que deseara más que llegar a casa y dormir entre aquellos tan confortables brazos. Lo analizó descaradamente de pies a cabeza al escuchar el comentario acerca de su pérdida, ¿es que acaso no había escuchado ni siquiera un trozo de alguna conversación durante toda la noche? Porque parecía que de repente todos olvidaban cualquier detalle acerca de Leah, la mujer lo hacía incordiar incluso luego de la muerte, bien hecho, rubia — Vale, feliz noche — Respondió sin más, era tarde por la noche, y en vez de discutir por razones estúpidas, lo único que quería hacer era llevar a aquel ebrio a que descansara con él, por lo menos aunque se sintiera mejor.

Se dio la vuelta, aunque habría querido tener la compañía de Ryan para aquella noche, la verdad es que prefería acabarla descansando, había tenido suficiente, y el poco tiempo que había podido compartir con él había sido agradable, tenía suficiente, al menos por aquella noche — Vamos, borracho, mueve ese culo o te dejo — Se acercó a él, con una pequeña sonrisa entre el rostro, mientras que le daba una pequeña palmada en la retaguardia, que lo hacía tambalearse por un par de segundos — Y como me vomites a mí, te juro que te abandono
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