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Seasons don't fear the reaper // [Libre] [FB]

Gwendoline Edevane el Jue Mayo 17, 2018 4:25 am


Viernes 18 de mayo, 2018 || Valle de Godric, Cementerio || 00:37 horas || Mi ropa (Soy morena, no rubia)

Generalmente, las misiones para la Orden del Fénix tenían un objetivo claro. Vigilar los movimientos de ciertos mortífagos y recabar información solía ser lo mío, para lo que me había unido a ellos, y en los últimos tiempos me había puesto por objetivo limitarme a este tipo de misiones, las cuales no entrañaban un riesgo "real". Había prometido a Sam ir con mucho cuidado, hacer las cosas bien, y avisarla de cada uno de mis movimientos. Bastante le había ocultado ya la verdad cómo para no honrar esa promesa.
Aquella misión era algo fuera de lo común, pues a decir verdad, ni siquiera era una misión oficial. Se trataba más bien de un chivatazo, algo que se comentaba entre susurros en los pasillos del refugio. Los rostros de aquellos que hablaban del tema se ensombrecián al mencionarlo, y conceptos cómo "magia oscura" o "rituales satánicos" salían a colación en dichas conversaciones. Por mi parte, yo era un poco excéptica, dudaba que se tratase de algo tan esotérico, pero había una evidencia clara: en las últimas semanas, en el cementerio de Valle de Godric se habían encontrado numerosas tumbas abiertas y saqueadas.
¿Qué pintaba yo metida en todo aquello? Bueno, mi condición de ciudadana libre y empleada del Ministerio de Magia me permitía moverme con relativa libertad por el mundo mágico, e investigar aquel asunto enmascarándolo cómo algo "oficial". El Ministerio de Magia no había dado una versión oficial acerca de aquello, por lo que suponía que estaban tan confundidos cómo los miembros de la Orden del Fénix. Y yo tampoco podía ni empezar a imaginarme quién estaba detrás de aquello. No es cómo que los mortífagos necesitasen saquear un cementerio en aquellos días para conseguir huesos o cuerpos humanos, teniendo en cuenta la facilidad con que podían simplemente asesinar a alguien y destinar su cuerpo... a lo que fuese que lo destinasen estos saqueadores. Por no mencionar que seguro que del Área-M, cada mes, salían docenas de cadáveres...
Sentí una punzada de dolor al pensar en el Área-M, recordando a Steven Bennington y a mi propia madre. La conversación de hacía una semana con Beatrice había reabierto viejas heridas que creía cerradas, o al menos lo suficientemente cerradas cómo para poder soportarlas. Pero mi amiga estaba sufriendo demasiado por aquello, cómo si le hubiesen arrancado una parte de sí misma. Ya ni siquiera parecía ella...

—Concéntrate, Gwen... Esos pensamientos no te sirven para nada ahora mismo.—Me dije a mí misma en voz baja, en medio de la oscuridad del cementerio del Valle de Godric, mientras el teléfono móvil vibraba una vez más en mi mano: era un mensaje de Whatsapp de Sam.

Mi amiga y yo habíamos bromeado un poco acerca de aquella misión, acerca de la cantidad de fantasmas o zombies que me iba a encontrar en aquel cementerio. Sí, había sido divertido, y Sam me había recordado que a los vampiros no les gustaba el ajo. Yo le había recordado que eso era de mal gusto, que Charlie se ofendería si nos escuchase hablar así. Y Sam se disculpó poniendo un cerdito al final de su mensaje, cómo siempre. Tras eso, señaló que no estábamos hablando, si no escribiendo. Minipunto para Samantha.
Pero pronto, tuve que hacer frente a la realidad, y le confesé a mi amiga que tenía un poco de miedo, que me estaba metiendo en un cementerio por la noche, y que no me hacía especial gracia. ¿Y sabéis cómo respondió a mi mensaje de pánico? Pidiéndome que volviese a casa, que viésemos películas juntas, y añadiendo un emoticono de carita triste al final (:C). Yo le respondí que me encantaría, pero que tenía que hacer aquello. Lo que en verdad quería decirle es "¿Eres consciente de lo mucho que te quiero en estos momentos, Sam?" Decir aquello hubiese parecido una despedida, cómo si temiese por mi vida... y no iba a llegar a tal punto.
Pero sí, a Sam la quiero muchísimo, eso no va a cambiar.
Tras mi confesión de cobardía, recordé a mi amiga que mañana trabajaba, que debía descansar, pero que de todas formas le enviaría un mensaje cuando estuviese en casa. No tenía intención de estar mucho tiempo en aquel sitio. Y cuando nos despedimos, temporalmente, me guardé el teléfono móvil en el bolsillo, devolviendo mi atención al lúgubre cementerio.


***

Suspiré profundamente, clavando la mirada en lo que tenía por delante. Hileras de lápidas que emergían del suelo, cómo dientes desordendados en la mandíbula inferior de alguna bestia grotesca. Semejante comparación iba muy bien con el ambiente de película de terror que me rodeaba. La noche era nublada y oscura, y al mirar al cielo ni siquiera podía atisbarse la forma de la luna. Soplaba una brisa fresca, y yo ya empezaba a arrepentirme de haberme ofrecido a echar un vistazo.
Y no solo eso: me sentía horriblemente sola. Ahora que no estaba hablando con Sam, era cómo si de repente me hubiese quedado sola, cuando realmente llevaba sola todo aquel tiempo.
Caminaba varita en mano, un hechizo Lumos iluminando un poco mi camino, y todos los sonidos que me rodeaban me parecían aterradores. Me recordaba a mí misma la procedencia más probable de aquellos sonidos: grillos cantando, el viento entre los árboles, mis propios pasos... Sin embargo, mi imaginación se disparaba, y me daba la sensación de estar escuchando el sonido de más pasos además de los míos. Cada poco tiempo tenía que detenerme, y en mi cabeza seguía oyendo durante un par de segundos aquellos pasos imaginarios. Son imaginarios, Gwen, son imaginarios... O no...

—¿Por qué no le he pedido ayuda a alguien? Este sitio me pone de los nervios...—Hablaba sola en un intento por mantener la calma, por sentirme más segura, y con todo y eso, no podía quitarme de la cabeza la idea de que, en cualquier momento, una voz me respondería. Y si una voz me respondía, fuese humana o no, Gwendoline Edevane saldría disparada de aquel sitio cómo si le hubiesen prendido fuego en el mismísimo trasero.—Vamos... un vistazo, y para casa. Un vistazo, y para casa...

Pronto encontré lo que andaba buscando: una tumba abierta. Estuve a punto de darme de bruces con el montículo de tierra que había junto a la hoyo recién excavado, y menos mal que fue esto lo que me encontré, pues de haber sido el hoyo en sí, estoy segura de que habría caído dentro.
Paseé la luz de la varita por allí, y finalmente me acerqué al hoyo. En su interior había un ataúd viejo cuya tapa había sido hecha pedazos, posiblemente a causa de un hechizo, y cuyo interior estaba ocupado por... bueno, por nadie. Faltaba el cuerpo de aquel difunto.
Examiné la lápida a continuación: "Jerome Stormare, 1911-1973". ¿Qué daño habría hecho el pobre señor Stormare a nadie para que su tumba fuese saqueada y su cadáver robado? Y mucho más impotante: ¿Seguiría por allí el artífice de aquello?
Francamente... esperaba que no. Semejante sujeto, capaz de robar tumbas, debía estar completamente loco. Y un loco en un cementerio por la noche... Aquello tenía todas las papeletas de salir muy mal.
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Jacob A. Fraser el Jue Jun 21, 2018 6:52 am

Viernes 18 de mayo, 2018 || Valle de Godric, Cementerio || 00:15 horas || Vestimenta (sin gafas)


Las palabras “magia oscura, peligro y sigilo” me habían puesto esta noche como uno de los perfectos candidatos para ir a echar un vistazo. Tenía pocas semanas que había logrado contactar de nuevo con la orden, después de casi un año escondido en las Highlands, aún ni siquiera terminaba de desempacar mis cosas en la zona segura y ya tenía trabajo por hacer. Me encogí de hombros, aunque nadie en ese momento me estuviera mirando; era la vida que había elegido (de servicio y protección) desde que me convertí en Auror.
Levanto un poco la manga de mi chaqueta y aprovecho la luz de las farolas de la calle para ver las manecillas de mi reloj marcar las 12:15 am, no puedo evitar que un escalofrío recorra mi cuerpo y se me erice el vello de la nuca. Los escoceses tenemos ciertas supersticiones (por llamarlas de alguna manera) acerca de los cementerios; el lugar donde descansan los cuerpos y algunas almas quedan atrapadas juntos a sus cuerpos. Doy una respiración profunda y antes de entrar al cementerio del valle godric me persignó (pues hay costumbres muggles que no se van con el paso del tiempo ni siquiera siendo un mago.)
El ambiente a mi alrededor es pesado, puedo sentir la tensión sobre mis hombros. Todo está oscuro, apenas y puedo ver por donde camino, conforme me adentro en el cementerio la luz de las farolas disminuye, saco mi varita y susurro. –Nocte Visionem.- la visión en mis ojos mejora muchísimo y puedo ver perfectamente donde piso y lo qué hay a mi alrededor, si utilizara otra cosa, sería un blanco perfecto y no puedo permitirme errores.  
Caminar se hace más fácil con la visión nocturna, así qué pasó entre las tumbas pensando en quién demonios podría venir aquí y alterar el lugar de descanso de estas almas. El viento me golpea el rostro así que levanto la mirada para comprobar el cielo cubierto por nubes, puedo sentir que se acerca una tormenta, la lluvia no tardara mucho en caer y las evidencias de huellas pueden perderse o incluso los culpables de esos saqueos de cadáveres pueden irse rápidamente. Así que estoy pensando en apresurar el paso, cuando escucho el crujido de unos pasos sobre las hojas secas. El sonido es muy ligero, pero es perceptible, me escondo detrás de una lapida para poder tener ventaja, una silueta al parecer de mujer pasa por delante de mi sin percatarse de mi presencia, puedo verla bien puesto que alumbra su camino con un hechizo Lumos. Me deslizo sobre las tumbas con sigilo para seguirle. Se detiene algunas veces y yo también lo hago para evitar que me descubra, quiero ver su rostro para saber quién, solo puedo tener un vistazo de su nuca y el largo cabello castaño, de alguna manera me parece familiar…
Cuando se detiene por última vez también lo hago y puedo escucharla murmurar, su voz me suena tan familiar que me acerco mas de lo planeado, la luz de la varita le ilumina el rostro y caigo en cuenta de que efectivamente la conozco, es Gwendoline Edevane. Se que es parte de la orden, por lo que por una parte estoy feliz de tener un poco de apoyo, pero por otro lado estoy decepcionado de que no sea el responsable de los saqueos, aunque a decir verdad encontrarle tan rápido hubiera sido demasiado fácil y sospechoso.
La veo parada a un lado de una tumba que al parecer ya ah sido profanada, salgo de mi escondite de manera silenciosa y me coloco a un lado de ella y el montículo. La luz de la varita lastima un poco mi visión nocturna y además nos convierte en un blanco perfecto así que estiro mi mano para tocar la suya y bajar la varita. -Con esa luz, estas gritando a los cielos “Hey soy una diana, disparen justo aquí.”- aparto mi mano y miro hacia la lápida, la inscripción "Jerome Stormare, 1911-1973" me vuelve a erizar los bellos, pero ignoro la sensación y me agacho cerca del montículo de tierra. -Edevane es un placer verte, supongo que estas aquí por lo mismo que yo. - tomo entre mis dedos un poco de tierra y siento la textura, la tumba no tiene mucho tiempo de haber sido exhumada, así que el culpable debe seguir por aquí. Al mirar inclinarme un poco mas para ver dentro de la tumba la idea de los inferí llega a mí, ¿podrían los mortifagos estar causando esto? ¿Por qué robarían cuerpos de un pequeño cementerio cuando diariamente matan a mucha gente? Mire de nuevo la fecha “1973” ¿Acaso el tiempo de putrefacción tenia que ver con aquello? Alguna vez había escuchado que entré más putrefacto estaba el cadáver mas peligroso y letal era el inferí; pero no sabia si aquello era real o solo era una conclusión o un rumor que corría por ahí.
El primer trueno retumbo sobre nosotros recordándome que la tormenta cada vez estaba mas cerca. Me levante de un salto y mire a Gwendoline. -La primera idea que se me ocurre es la de los inferí, pero no estoy muy seguro. - le dije frunciendo el ceño. -Seria buena idea dar un vistazo en lo más profundo del cementerio, averiguar cuantas tumbas mas se encuentran profanadas de esta noche y ver si podemos dar con los culpables ¿Qué te parece? - le pregunte mientras miraba sobre su hombro, note un pequeño movimiento y erguí mi varita.
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Gwendoline Edevane el Lun Jun 25, 2018 3:36 pm

En los segundos que siguieron al descubrimiento de la tumba abierta y del sarcófago que en otro tiempo había contenido los restos del pobre Jerome Stormare, tuve tiempo de arrepentirme de haber abandonado mi habitual rol de informante para la Orden del Fénix. ¿Y por qué? Pues principalmente porque creí que no iba a tener ocasión de morir asesinada por ningún saqueador de tumbas en potencia, si no que me moriría de un infarto allí mismo. Porque lo sabía sin lugar a dudas: si escuchaba una voz responderme, o hablarme, o lo que fuese que pudiese hacer una voz en un cementerio a aquellas horas de la noche, saldría corriendo cómo alma que lleva el Diablo.
No salí corriendo cuando sentí cómo una mano se apoyaba sobre la mía, pero sí pegué un chillido, y cuando una voz siguió a aquel breve contacto de piel contra piel, me giré bruscamente, retrocedí un par de pasos, metí el pie sin querer dentro del hoyo abierto en medio del cementerio, y caí. No terminé dentro del hoyo, por fortuna, si no que acabé cayéndome de culo en el suelo, con la pierna izquierda metida hasta la rodilla en agujero. Mi corazón estaba tan acelerado que, por un momento, me imaginé algo saliendo de mi pecho cómo en aquella película, Alien: el octavo pasajero. Con una expresión de pánico en el rostro y ojos desorbitados, examiné al recién llegado a la luz de mi varita...
...y conseguí relajarme. Por fortuna, no era ningún ladrón de tumbas: se trataba de Jacob Fraser, un fugitivo y miembro de la Orden del Fénix. Habíamos coincidido también en Hogwarts, pero dada mi ineptitud de aquel entonces para hacer amigos y que Jacob había estudiado en la casa Gryffindor mientras yo estudiaba en la casa Ravenclaw, nuestro trato había sido más bien escaso. En su mayor parte, dicho trato se debía a mi amistad con Beatrice Bennington.
Sin aliento, no fui capaz de responderle a lo primero que dijo. Es más, ¿qué fue lo primero que dijo? Estaba demasiado concentrada intentando no sufrir un maldito infarto cómo para percatarme de lo que dijo. Algo de la luz de la varita. Con un Nox no verbal, apagué esta luz, quedándome virtualmente a oscuras. De hecho, el mundo se volvió incluso más oscuro para mis ojos acostumbrados a la brillante fuente de luz.

—Casi me matas del susto.—Le dije por todo saludo. En algún momento, mis buenas formas británicas se habían perdido, posiblemente cuando el corazón se me había acelerado hasta alcanzar un ritmo peligroso.—Si te refieres al tipo que hay...—Me di cuenta, mientras sacaba la pierna del interior de su tumba, de que Jerome Stormare ya no ocupaba su lugar de reposo eterno.—...había en este hoyo, sí. He venido por eso. Quería averiguar si los rumores eran ciertos...

¡Rumores confirmados, Gwendoline! ¡Ahora, mueve tu pequeño trasero de ahí y vuelve a casa! Mi mente hizo una imitación casi perfecta de la voz de Sam. Seguramente, las palabras escogidas por Sam fuesen otras—ella era más de "culo" que de "trasero"—pero el mensaje estaba claro: yo no pintaba nada allí. Debía levantarme, marcharme de allí, e informar a la Orden de que, efectivamente, había algún enfermo saqueando tumbas con un propósito desconocido. ¡Misión cumplida, no iba a volver a pisar un cementerio en toda mi vida!
Sin embargo, al parecer, Jacob Fraser tenía otros planes, lo cual me pareció lógico hasta cierto punto: antes de todo aquello, el joven era auror, y alguna vez habíamos tenido que colaborar juntos para resolver algún caso de magia accidental—o no tan accidental—perpetrado por magos de dudosa reputación. Los mismos que ahora ocupaban cargos dentro del Ministerio, sí. Desmemorizadores y aurores trabajaban habitualmente en cooperación, y aunque generalmente los aurores solían llevarse todo el mérito, se trataba de un esfuerzo conjunto entre ambos departamentos.

—No me gusta hacer conjeturas tan pronto.—Dije, mientras me ponía en pie y me sacudía con una mano la parte trasera de los pantalones, machada de tierra.—Mientras venía hacia aquí he descartado a los mortífagos. No creo que necesiten saquear tumbas para conseguir restos humanos.—Utilicé ese hechizo, el mismo que imaginaba que estaba utilizando Jacob—podía advertir su silueta a unos pocos pasos de mí—para ver lo que ocurría a su alrededor. En seguida, el mundo se transformó, para mí, en una suerte de imagen night shot, cómo las de las cámaras de vídeo más modernas, y pude ver a mi acompañante.—Nunca me acostumbraré a este hechizo... Sé que eso que he dicho es una conjetura, pero es poco probable que esto sea cosa de mortífagos.

Y entonces, Jacob propuso lo que yo temía que propusiese: echar un vistazo a lo más profundo del cementerio. ¿De verdad? ¿Es necesario? Me recordé a mí misma una vez más que yo era una informante, no una guerrera, que nadie me obligaba a meterme en aquellas situaciones... pero tampoco podía dejar solo a Jacob en una situación así. ¿Qué peligros podrían cruzarse en su camino? ¿Y si me equivocaba, eran mortífagos, y le atrapaban? Si me veían a mí, no pasaría nada, podría inventarme una excusa. Pero la suya era una cara reconocible, y no por buenos motivos, precisamente.
Podría haber intentado convencerle de marcharnos y volver con refuerzos, de pedir ayuda a alguien más capaz que yo, cómo quizás Leon Denson. Y sin embargo, por debajo del miedo, asomando ahí cómo una molesta y pequeña aguja clavada en la base de mi cerebro, estaba esa, esa que había tomado gran parte en que el Sombrero Seleccionador me enviase a la casa Ravenclaw: mi curiosidad. Esa que quería saber qué había tras todo eso. ¿Sabes que te odio muchísimo, curiosidad?

—No me parece una buena idea.—Fue lo primero que dije, a pesar de todo.—Hasta ahora solo eran rumores, habladurías, porque nadie había visto nada, realmente. ¿Y por qué?—Señalé la tumba abierta.—Porque hasta ahora habían tapado las tumbas. Es la forma de no dejar pistas, supongo. Si no han tapado esta, es que he debido sorprender a quién fuese en plena faena... por lo que puede seguir por aquí.—"Curiosidad" se impuso entonces, adueñándose de mis palabras.—Echemos un vistazo, pero... si tenemos algún problema...

No necesité terminar la frase. No había otra manera de terminar la frase: si aquello se torcía, habría que echar a correr y punto. O desaparecerse de allí lo más rápido posible. Dudaba que nadie fuese a echarnos una mano con todo aquellos.


***

La joven bruja no estaba equivocada, a decir verdad: no estaban solos, alguien les estaba observando.
El primer relámpago retumbó, iluminando brevemente el cielo nocturno y haciendo que la tierra se sacudiese. La joven bruja se sobresaltó, abrazándose a sí misma, y la persona desconocida que les observaba casi pudo sentir el escalofrío que recorrió la espalda de la mujer.
En una mano huesuda y oscura, la persona desconocida sostenía un saco de huesos, pertenecientes al difunto Jerome Stormare; en la otra, sostenía un bastón, una especie de báculo adornado con una piedra de ámbar moldeada hasta adquirir una forma ovoide; sus labios se curvaron en una sonrisa.
Oculta entre la maleza, la persona no se dejó ver. No todavía, pero sí dejó suavemente, en el suelo, el saco de huesos. Extrajo uno del interior y lo examinó con una veneración casi religiosa. Sus labios empezaron a moverse, a susurrar, a conjurar...
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Jacob A. Fraser el Jue Jul 05, 2018 3:07 am

Casi suelto una carcajada al ver su sobresalto y mirarla caerse sobre su trasero, pero soy lo bastante rápido y lo suficientemente caballeroso como para llevarme el puño a los labios y cubrir la risa con una tos. Estoy a punto de soltar una ingeniosa broma a Gwendoline, pero me detengo y giro el rostro mirando a nuestro alrededor para recordarme que no es momento para bromas y que estoy aquí por trabajo. Además de que mi relación con Gwendoline no me da la suficiente confianza como para hacerle bromas a diestra y siniestra, claro que tenemos un trato cordial gracias a Beatrice y un poco de confianza por el trabajo en conjunto realizado para el ministerio. Pero aun no estoy listo para burlarme por caerse sobre su trasero. —Lo siento, no era mi intención asustarte. —
Escuche a Gwendoline decirme que estaba aquí por la misma razón que yo, investigar sobre los rumores de los cadáveres desaparecidos y no es que piense que Gwen no tiene la capacidad o la fuerza para resolver esto por su cuenta. Pero debió pedir algún tipo de refuerzo, estar aquí solo le pone los pelos de punta a cualquiera. Es más, no soy un cobarde pero me alegro de tener compañía esta noche. Puedo verla mover su varita y sé que después de eso puede verme con la misma claridad que yo la veo, escucho atento sus palabras y las medito un poco.  —Si no son los mortifagos, ¿Crees que deberíamos intervenir? — Las cosas eran muy confusas, si eran muggles haciendo de las suyas… Aunque de cierta forma era poco probable que un muggle común y corriente anduviera por ahí entrando en el cementerio y profanando tumbas.  No había forma de saber con certeza lo que estaba pasando a menos que echáramos un vistazo y averiguáramos lo que en realidad estaba pasando y quien estaba haciendo de las suyas. —Si alguien sigue por aquí lo atraparemos entonces. — puedo sentir su duda ante mi propuesta de adentrarnos más en el cementerio pero al final termina aceptando. —Si algo pasa al menos nos tenemos el uno al otro para salir del problema. — le aseguro antes de comenzar a caminar y adentrarme  entre las tumbas  con mucho sigilo y con la varita en alto.

El viento frio me golpea la nuca y el olor de la lluvia que esta por caer puede sentirse en el aire, el cielo se ilumina con la caída de un rayo y da la luz suficiente para que un par de objetos que están en el suelo brillen y llamen mi atención, con un par de zancadas estoy  a un lado, me agacho y observo los objetos; una daga con la hoja manchada con sangre, una pequeña pala de mano (de esas que podrías utilizar para remover la tierra en un jardín) y un muñeco de trapo, bastante sucio, tiene unos alfileres clavados y es un objeto que solo eh visto en las películas. Nunca creí que vería uno en la vida real y que este tipo de cosas existiera. Pero vaya supongo que si la magia existe  y los magos existen, este tipo de cosas también. Guardo mi varita un momento para poder tomar la daga y el muñeco antes de levantarme del suelo, miro a Gwen  con una ceja alzada y le tiendo el muñeco. — ¿Qué opinas? A decir verdad en mis años como auror nunca vi uno de estos y la verdad jamás espere que fueran otra cosa que objeto de una película. — le confieso antes de observar la daga en mi otra mano. La sangre sigue fresca, roja y brillante como si estuviera llamando a algo o a alguien…
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Gwendoline Edevane el Lun Jul 09, 2018 7:51 pm

Me imaginaba que Jacob no pretendía asustarme. Nada más lejos de mi intención acusarle de semejante cosa, pero a veces hacíamos cosas sin pretenderlo… y el susto que me había llevado era muy real. La casualidad, la fortuna, el destino, o lo que fuese, quisieron que no acabase con mi trasero en el fondo de aquel hoyo abierto. Me habría dado un buen porrazo y, todavía peor, habría terminado aterrizando sobre lo que había sido el último lecho ocupado por el finado señor Stormare.
Resté importancia a lo ocurrido, y gracias a la oscuridad que nos rodeaba no pude ver sus gestos, cómo se contenía para no reírse. De haberlo visto, posiblemente se lo habría agradecido mentalmente. Ya bastante estaba haciendo yo el ridículo esa noche sin necesidad de que alguien se riese de mí. Y espera a que llegues a casa y le cuentes a Sam todo esto. Podrás poner un contador de bromas acerca de ‘caerse de culo’ de todas las que va a hacer, pensé mientras me ponía en pie.

—Estoy bien, que es lo que importa.—Respondí, suspirando mientras me sacudía la tierra y la suciedad de los pantalones. Poco importaba que lo hiciese, pues se avecinaba una buena tormenta que nos calaría hasta los huesos.

Intercambiamos hipótesis acerca del motivo de la desaparición de aquel hombre—pobre o no—que hasta hacía minutos, posiblemente, había ocupado aquella tumba. Jacob propuso a los mortífagos, quienes quizás estuviesen fabricando un ejército inferi. Sin embargo, conjetura de por medio, me pareció interesante dejar a los mortífagos a un lado: con la nueva sociedad mágica, los mortífagos eran los reyes del mundo mágico, de forma que no necesitaban saquear tumbas para conseguir sus cadáveres frescos. Quizás me equivocase, no decía que no, pero me parecía poco probable que fuese una respuesta tan sencilla.

—La verdad es que no lo sé.—Respondí a la pregunta de Jacob, pensativa. ¿Debíamos intervenir si se trataba de un caso sin relación con los mortífagos? Si están haciendo daño a inocentes, supongo que sigue siendo problema nuestro, pensé con toda la lógica que fui capaz.—Supongo que dependerá de la naturaleza del problema. Si hay alguien en peligro, o si conseguimos pruebas de que hay alguien inocente en peligro, imagino que algo deberemos hacer.—Pero, personalmente, yo seguía siendo partidaria de recabar toda la información que pudiésemos y retirarnos. La Orden podría hacer mucho más que nosotros dos solos.—Sugiero proceder con mucho cuidado.

Ya habíamos quedado en que echaríamos un vistazo a lo que había en el cementerio, así que nos pusimos a caminar. Jacob parecía confiado del hecho de que nos tuviésemos el uno al otro, lo cual quería decir que me tenía en mucha más estima que yo misma. ¿Cómo podía confiar tanto en mis aptitudes? Que yo supiese, nunca había dado muestra alguna de ser una buena duelista. Había entrenado un poco con aurores, sí, pero nada más allá de aprender aquel hechizo defensivo, Thalitus, de Leon Denson.
Quizás hubiese escuchado cómo Drake Ulrich, Dorcas Meadowes y yo habíamos logrado detener el atentado en Hogsmeade. No había sido una decisión muy popular la que habíamos tomado, pero la orden de Dumbledore era clara: detener aquello a toda costa. Pero quizás había sido suficiente para que Jacob me creyese más de lo que en realidad llegaba a ser.
Mientras caminábamos, el viento nos azotaba, cada vez más húmedo. Poco a poco seguía componiéndose un escenario de película de terror. Ya solo faltaba que apareciese Jason Voorhees con su máscara de hockey y su machete, y ya tendríamos el escenario completo…
...o podríamos encontrarnos con un cuchillo cuya hoja está manchada de sangre. Eso también vale. Jacob fue el primero en divisar el hallazgo. Claramente, su vista estaba más entrenada que la mía. Con razón, él había sido auror y yo no era más que una desmemorizadora… cosa que cambiaría en un par de meses. Si entonces me hubiesen contado que acabaría siendo la jefa de la oficina de desmemorizadores, no me lo habría creído ni por asomo.

—Opino que...—Empecé a decir cuando Jacob me tendió el pequeño muñeco, confeccionado con trapo. Lo cierto es que no me apetecía tocarlo para nada, así que me limité a examinarlo desde una distancia prudencial. Tenía miedo de acabar maldita por tocarlo, o algo por el estilo.—...no me gusta nada que hayan dejado esto aquí. Nada, ni siquiera esa pala. Quiere decir que sigue habiendo alguien por aquí...—Al decir aquello se me heló la sangre: alguien tenía que estar observándonos. Pero… ¿dónde?


***

La persona agitaba con violencia tanto el hueso que sostenía en la mano izquierda como el báculo que sostenía en la derecha. Sus labios se movían incesantemente, pronunciando palabras en un idioma extranjero. Sus ojos estaban en blanco y parecía alzar brazos y cabeza en dirección al cielo nocturno.
Empezó a llover, mientras un nuevo relámpago sacudía el silencio nocturno. La persona no se inmutó, se limitó a conjurar. Entonces, asestó un golpe con el extremo de su bastón en el suelo y este comenzó a temblar.
Unos metros más adelante, cerca de la pareja de magos a los que estaba espiando, los árboles empezaron a sufrir una transformación. Sus raíces crecían bajo el suelo, y no tardaron en emerger al exterior, como serpientes, y avanzar lentamente hacia los dos magos desconocidos...
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Jacob A. Fraser el Sáb Jul 14, 2018 5:31 am

Estaba por tenderle mi mano para ayudarla a levantarse cuando ella lo hizo por su cuenta y se sacudió la tierra de la ropa, solo cerré el puño para no quedar como un completo imbécil con la mano estirada. Ante mi pregunta Gwen dijo que no estaba segura, que nuestra intervención debería ser solo si había alguien en peligro y que había que ser cuidadosos.  A mi parecía que lo único que hasta el momento parecía correr peligro eran todos los cadáveres enterrados en este cementerio.
Mientras caminábamos pude ver en el rostro de Gwendoline que no parecía muy segura de estar aquí, y bueno no la culpaba todo este escenario tenía la pinta de una maldita película de terror muggle con todas esas cosas de vudú, exhumaciones de cuerpos en el cementerio, la noche y la lluvia que había comenzado a caer sobre nosotros…  Este ambiente de película no era mi punto fuerte y por eso agradecía su compañía.
—A mí tampoco me gusta nada. — Y es verdad, me había enfrentado a magia oscura pero nunca a una como esta, me sentía fuera de mi zona y eso comenzaba a frustrarme. Casi preferia a los mortífagos, casi…

Cuando  Gwendoline miro el muñeco vudú pero lo dejo mi mano sin tocarlo comencé a pensar que tal vez no había sido buena idea tocar los objetos, si existían y alguien los estaba usando era por que algún efecto real debían causar ¿cierto? Justo cuando tuve ese pensamiento el suelo tembló fuertemente y  los objetos comenzaron a arder como si acabara de sacarlos de las brasas calientes de una fogata, solté un par de malas palabras en gaélico y los solté al instante. Podía sentir el ardor en mis manos, estaba distraído tratando de aliviar un poco el dolor con el agua de lluvia y frotando mis manos que fue demasiado tarde cuando me di cuenta del movimiento a sus espaldas. — ¡Gwen! —
Una gran raíz avanzaba  al principio con lentitud y después con más rapidez hacia Gwen, me dio el tiempo suficiente para darle un empujón y apartarla del camino de la raíz, pero era demasiado tarde para mí, pues otra se había acercado sigilosamente por mi espalda y me sujeto por los tobillos. Sentí un fuerte tirón y lo siguiente que supe es que estaba tirado sobre el barro que se había formado debido a la lluvia, mi cabeza había golpeado el suelo tan fuerte que por un momento pensé que se me había partido por la mitad, trate de buscar a tientas  mi varita pero de un momento a otro ya había mas raíces rodeándome y atándome por completo.
Apenas pude darle una mirada a Gwen  antes de que las raíces comenzaran a arrastrarme por el cementerio. La había visto en el suelo pero no sabía si seguía ahí por mi empujón o las raíces la habían atrapado, solo esperaba que no fuera lo último. Mientras las raíces me arrastran, más se unen para apretarme cada vez más fuerte, comienzo a sentir la falta de aire y mi vista se torna borrosa, lucho contra perder la conciencia pero al final pierdo.

***

A unos pasos de la anciana con el báculo otra mujer más joven emerge de las sombras, es tan delgada y una capucha que le cubre una mata de cabello pelirrojo y el rostro hundido;  su cuerpo casi vibra por la anticipación, la joven se arrodilla y frota sus manos de una forma casi macabra ante la idea de dos posibles víctimas, la sangre fresca siempre es tan buena con unos pútridos restos, tan buena…  La joven  comienza a lamer el gran corte que adorna la palma de su mano izquierda mientras mira a la anciana con veneración, en espera de las ordenes de su maestra.
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Gwendoline Edevane el Sáb Jul 14, 2018 12:57 pm

La situación empezó a adquirir tintes de lo más siniestros cuando aquellos dos objetos, el puñal manchado de sangre y lo que a todas luces era un muñeco de vudú, aparecieron en nuestro camino. Jacob, como buen ex-auror, no se amedrentó y revisó los objetos con minuciosidad. Supuse que sería la fuerza de la costumbre, lo que por norma general se haría en el cuerpo de aurores, pero la mera visión de aquel muñeco a mí, en lo personal, me producía escalofríos. Así que no se me ocurrió, ni por un momento, cogerlo cuando Jacob me lo ofreció.
No sabía de dónde había salido aquella cosa, quién la había hecho ni con qué objetivo. Maldito no estaba, a todas luces, pues Jacob no empezó a convulsionar en el momento en que puso su mano sobre él, ni nada que se le pareciese. Sin embargo, había algo dentro de mí que me decía: Ni se te ocurra tocar esa cosa. Tal vez fuesen manías, tal vez no pasase nada, pero igualmente…
Y entonces el suelo comenzó a temblar. ¿En serio? ¿Un terremoto ahora? La tierra bajo mis pies se volvió inestable, y tras recuperarme del susto inicial que casi me lleva a acabar en el suelo una vez más, flexioné ligeramente las piernas y mantuve los brazos abiertos en un intento por conservar el equilibrio y mantenerme en pie.
No me imaginé que aquello no era algo natural hasta que vi cómo el supuesto muñeco de vudú, con lluvia y todo, estallaba en llamas y se convertía en una tea en la mano de Jacob. Abrí la boca para decir algo, mis ojos casi desorbitados por la sorpresa, pero no tuve tiempo: todo se desarrolló demasiado rápido.
Lo que ocurrió a continuación lo tengo totalmente desordenado. No sé qué fue primero, si Jacob lanzándose sobre mí, si las raíces emergiendo del suelo a su espalda, y yo rodando por el suelo… Todo se confundió en un maremoto de imágenes y sonidos, y un tiempo indeterminado después me encontré a mí misma luchando por ponerme en pie utilizando mis manos. Estas se hundían en el barro húmedo y viscoso, el mismo que embadurnaba mi ropa y mi cara. Y eso no era lo peor: más raíces.
Las formaciones vegetales emergieron de la tierra, casi como si se tratase de feroces serpientes. Tres se cernieron sobre mí, alzándose amenazadoras como las cabezas de una hidra. No pasó mucho tiempo antes de que se lanzasen sobre mí, como si fuesen látigos empuñados por un domador.
Alcancé mi varita, medio hundida en el barro, justo a tiempo. Nada más cogerla, demasiado nerviosa para concentrarme en la magia no verbal y sintiendo la adrenalina fluyendo por mis venas, conjuré a voz en grito:

¡Partis temporus!Las llamas formaron un círculo a mi alrededor, rugiendo bajo la tormenta. Una espiral de fuego me envolvió y consumió las raíces que intentaban atacarme, reduciéndolas a cenizas en cuestión de segundos. Las llamas iluminaron bruscamente la noche, haciendo que el hechizo de visión nocturna se convirtiese más en un impedimento que en otra cosa.

Cuando las llamas mágicas se extinguieron, me costó un par de segundos recuperar la vista. Para cuando lo hice, tenía una quemadura en la retina y, una especie de mancha de colores bailaba en mi campo de visión. Tardaría unos minutos en irse, pero yo no tenía minutos: a mi compañero lo estaban arrastrando más de aquellas raíces, lleveándose lo lejos, a saber a dónde.
Me puse en pie y eché a correr en su dirección. Su varita había quedado perdida, atorada en medio del barro, y gracias al hechizo de visión nocturna pude verlo. Un Accio no verbal me ayudó a recuperar el arma de mi compañero.
El suelo volvía a temblar, y un estruendo me indicó que más raíces habían emergido a la superficie. De soslayo pude atisbar varias en mis laterales, dispuestas a golpearme. Y lo que fue peor: en medio de mi camino, entre Jacob y yo, emergieron más raíces.
Combatí las raíces con diversos hechizos, tanto de fuego como de hielo, pero pronto comprobé que aquella era una batalla que no podía ganar. Literalmente, estaba haciendo frente a una fuerza de la naturaleza, y nadie podía ganar ante aquello. Además, mi compañero estaba cada vez más lejos de mí, y no podía abandonarle a su suerte.
Así que apreté los dientes y conjuré un Fuga Incesus: con movimientos de las dos varitas que tenía en mis manos, generé un campo mágico bajo mis pies. Tomé entonces impulso y di un salto. El campo mágico me impulsó hacia arriba, permitiendo elevarme por encima de las raíces y de las copas de los árboles, alejándome temporalmente del peligro.
Sin embargo, todo lo que sube acaba bajando, y eso es lo que ocurrió: empecé a descender vertiginosamente hacia el suelo, en dirección a Jacob. Conjuré un hechizo Aura a mi alrededor y caí con una rodilla sobre el suelo. La barrera absorbió el daño del impacto y se desvaneció. Yo me apresuré a ayudar a Jacob.

—¡Jacob!—Le llamé mientras congelaba las raíces que le arrastraban con un hechizo Frigus. Estas se volvieron duras y quebradizas, por lo que no tardaron en agrietarse y romperse. Las demás raíces aflojaron entonces la presión sobre el cuerpo de mi compañero improvisado de misión, quien al parecer había perdido el conocimiento.—¡Vamos, hombre! ¡No me hagas esto!—Le pedí, palpando su cara con la mano izquierda—en la que sostenía su varita—y observando para mi desazón que no respondía.¡Ennervate!Conjuré, en un intento por devolverle la consciencia.

No tuve tiempo de comprobar si mi hechizo reanimador había tenido éxito, pues las raíces que había dejado atrás con aquel salto mágico que había dado segundos antes volvían a la carga. No tuve tiempo de hacer otra cosa que conjurar un Fianto Duri en un intento de protegernos a ambos...


Off: Me ha parecido ya suficiente acción la que he metido aquí. Wanda Maximoff Gwen no se va a creer lo que acaba de hacer cuando piense en ello después xD
¡Te dejo decidir a ti qué hacen nuestras enemigas! :dios:
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