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Drunk with a... werewolve? | | Priv. Edward Westenberg

Aaron O'Neill el Sáb Mayo 19, 2018 7:00 am

19 de Mayo del 2018, Caldero Chorreante
00:35 A.M.


¿Por qué no puede sólo aparecer? — Su cabeza daba vueltas y ya empezaba a divagar, y es que, seamos francos... No podía siquiera contar con los dedos de las manos la cantidad de cervezas que había bebido. Durante los últimos años su vida no había tenido demasiado sentido, y aunque consideraba ser una persona bastante fuerte y estable, estas recaídas ocasionales lo ayudaban a mantener el equilibrio, en medio de su fría y vacía existencia. ¿Quién se sentiría a gusto con una vida así? Padre muerto, lo asesinó con sus propias manos, madre muerta por una enfermedad, una hermana que había desaparecido y lo había dejado de lado sin siquiera darle una explicación, y cuando por fin conseguía a alguien con quien compartir su vida, alguien que se convirtió en su luz y en su todo, muere trágicamente, ¿El mundo le estaba enviando una señal para que se rindiera? No lo sabía, pero si había algo de lo que estaba seguro, era de que el mundo le podía chupar los malditos cojones, porque sin importar que hoy estuviera aquí, en la barra de un hotel/restaurante mágico, con el organismo repleto de cerveza y cualquier otro licor que se hubiera cruzado por su camino, mañana iba a levantarse como cualquier otro día, ir y torturar a esos despreciables sangre sucias, a hacer su labor y sentirse más lleno, porque no había nada más reconfortante que desgraciarle la vida a alguien más, ¿No?

Y era que aún tenía oportunidades, era un hombre joven, bien parecido, con dinero y un buen empleo... Sí, hablando del empleo, todo un privilegiado extirpador, ¿Cuántos no querrían tener acceso al Área-M? Pues él lo tenía, y si había algo que lo reconfortara, era llegar al trabajo sintiéndose destrozado, pero ver cómo podía hacer la vida de alguien más incluso tres veces más miserables que la suya propia, porque si él no era feliz, ningún otro maldito lo sería, en especial un repugnante sangre sucia. Siendo sincero, había algo de relajante en llegar y poder torturar a esos seres inferiores, aunque no le hallaba explicación, no sabía si sentía que defendía su raza, o que sólo se sentía feliz por ver que había alguien más arruinado que él, no sabía con exactitud, pero mientras continuara dándole esa sensación, siempre iba a ser bienvenida.

A pesar de su buena posición, no era demasiado abierto sobre su trabajo, por lo que muy pocos sabían acerca de su verdadera ocupación, sólo lo comentaba cuando en realidad le preguntaban, aunque de no ser necesario jamás tocaba el tema, porque estaba plenamente seguro de que allí afuera habían muchas personas que se oponían al régimen del Señor Tenebroso, y si en algún momento ocurriera algo y él cayera, no quería que todos lo señalaran como un enemigo y empezaran a cazarlo, no, él siempre iba a buscar lo más conveniente para él, y si lo más conveniente era mantener un perfil bajo, a pesar de lo mucho que le gustaba alardear, pues así sería.

Se tomó unos cuantos segundos para salir de su estado de reflexión y observar a su alrededor, el Caldero Chorreante jamás había sido su lugar favorito y de eso estaba muy seguro, sin embargo, estaba cerca del lugar cuando llegó allí, y no tenía ganas de ir más lejos. A esta hora, sólo habían como dos o tres personas que se encontraban teniendo conversaciones sanas y tranquilas, los demás o estaban borrachos, o estaban discutiendo, quizás por el mismo estado de ebriedad. Estas recaídas no le daban con mucha frecuencia, en realidad, sólo ocurrían una vez cada tantos meses, cuando recordaba demasiado la ausencia de su mamá y su hermana, quienes eran básicamente los dos pilares de su vida, lo cual ocasionó que el momento en que ambas se fueron, su estructura se dañara por completo, si era una buena forma de describirlo.

Hoy tenía puesto un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] un poco más casual de lo normal, aunque siempre con el mismo porte y estilo de siempre, pero es que vamos, ¿Cómo podía un bombón de estos verse mal? Jamás, en especial con sus buenos gustos para la ropa. Levantó la mirada para ver detrás de la barra, había un joven castaño, de tez clara y bien parecido que lo había estado atendiendo desde hacía ya un rato, sirviéndole tragos, no lo había visto nunca por aquí, aunque siendo sincero, muy pocas veces había entrado a este establecimiento. Si algo se le daba bien era aparentar, y sin importar que ahora en su cabeza le costaba un poco ordenar las ideas adecuadamente y la vista se le nublaba ocasionalmente, podía actuar como si estuviera totalmente sobrio, por lo que inició por dedicar a este joven una tierna sonrisa, dejando ver sus blancos dientes, mientras que centraba su mirada en él, para luego llevar su mano derecha, la dominante hacia el vaso de cerveza que tenía en frente, y acercarla un poco más en dirección al chico — ¿Me puedes traer algo más? Pero esta vez sorpréndeme — Sí, adoraba las sorpresas, sólo había algo mejor que recibir algo, y era recibir algo que no estabas esperando.
Aaron O'Neill
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Aaron O'NeillExtirpador

Edward Westenberg el Miér Mayo 30, 2018 9:17 pm

Edward se sorprendía de él mismo, de verdad.  Es que si le hubieran preguntado meses atrás jamás habría imaginado que llegaría tan lejos con lo del Caldero. Es que las primeras semanas pensaba que iba a quedarse calvo de estrés. Es que sino eran las cuentas, eran las remodelaciones, o los tramas amorosos que terminaban con loza quebrada, o el resfriado de Martha que en menos de una semana hacía que todos sus trabajadores estuvieran enfermos,  en fin, mil cosas. Pero siempre algo pasaba, justo cuando  lograba tener todo en orden,  un imprevisto que le sacaba canas verdes, al más estilo Hulk. Pero había sobrevivido, a todas esas cosas y estaba seguro que lo lograría con las cosas que terminarían viniendo por delante, ahora se tenía más confianza, ahora creía un futuro posible de él en ese lugar.

Pero no lo había hecho solo, no señoras y señores. Lo que el castaño tenía a su favor es que tiene ese don de ser increíblemente encantador con las personas, es de esos que gana fácil el corazón de los demás, sino es con una sonrisa lo es con alguna burrada graciosa que dice y que uno termina diciendo "Hey, regalenme un Edward para navidad", y él no se daba cuenta de aquello. Eso era lo más bonito y donde radica su magia, que le salía natural al muy cabrón. Todos los trabajadores del Caldero lo amaban, y desde el día uno le ayudaron en todo y asi en conjunto habían sacado todo adelante.

Y ahí estaba en la barra en vez de su oficina. Porque él podía y lo valía. Es que se aburría ahí encerrado, él era de esos encargados que pasan todo el tiempo junto a sus trabajadores, apoyando en la cocina, apoyando a repartir cosas, apoyando en caja, pero por sobre todo su lugar favorito era estar junto a Tim en la barra.  Que lo pasaba de mil maravillas, joder. Se divertía montón sirviendo tragos, escuchando historias de borrachines, y dándoles consejos de amor a otros cuantos.  Es que el desamor le traía mucha clientela, eso ya lo sabía él después de estar trabajando tantos meses en el Caldero.

Pero hoy estaba feliz no sólo por estar dandosela de Barman, sino que por era noche de bandas emergentes. Esa idea se le había ocurrido implantar hace ya un par de meses y había sido un éxito total, atrayendo a más público joven al Caldero que ya harta falta le iba siendo. Los que estaban tocando ahora eran los "Magic Monkeys" eran una banda de funk que en todas sus presentaciones llevaban una máscara de mono. No eran malos, pero el bajista se perdía en muchos acordes para el gusto del castaño, que hacía que no sonaran del todo bien a ratos.

En eso su mirada periférica le indicó que un vaso iba en su dirección, desvió su mirada y miró al rubio que estaba atendiendo hace un buen rato y que de vez en cuando le escuchaba balbucear cosas que no llegaba a entender. ¿Qué será lo que lo trajo aquí? ¿Una pena de amor, trabajo o familiar?, se preguntó. Que curiosidad le había entrado de repente.

Le ofreció una sonrisa de lo más encantadora cuando este le dijo que le sorprendiera.- Bien, lo haré. - le dijo tomando su vaso y aceptando el desafío. Y lo hizo gustoso porque quería lucir sus conocimientos adquiridos en el curso que había tomado hace unas semanas de preparación de tragos, había aprendido más de quince .  Después de unos cinco minutos le tendió nuevamente el vaso al rubio. - Te presento esta maravilla titulada "[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]" Le dicen así porque es capaz de levantar hasta los muertos.- bromeó sonriente.- Vamos, vamos pruébalo y dime que te encanta.- dijo todo vanidoso, es que lo Gryffindor no se lo quitaba nadie. - Por cierto, mira que mal educado soy. Me llamo "Edward Westenberg" y esta noche seré tu barman.- se presentó.

Por esas cosas es que amaba estar en la barra, porque siempre conocía a personas nuevas, de paso podía ensayar sus conocimientos en tragos, y sentirse un mega barman por una noche.
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Aaron O'Neill el Jue Jun 07, 2018 2:39 pm

Él, que siempre había amado locamente a toda su familia, estaba allí, bastante pasado de tragos, extrañando a su difunta madre, su difunto prometido y también a su desaparecida hermana. Y es que a veces era contradictorio, sentía que la odiaba, en cierta parte, es decir, la muy maldita se había ido y lo había abandonado por completo sin decir ni una palabra, ¿Qué clase de persona le hace eso a su hermano? Y no a cualquier hermano, porque Aaron siempre había intentado ser el mejor para ella, consideraba que uno de las pocas cosas que ella podría no extrañar de él, era que en serio la sobre protegía, pero por otra parte... No podía dejar de amarla, habían compartido toda su vida, y a pesar de que los dos podían ser una mierda total de personas, entre ellos jamás había sido así, se mostraban tal cual eran, incluso eran mejores entre ellos que con lo demás, y ese vínculo, que no había logrado establecer con nadie más, era lo que tanto extrañaba.

Entre los tragos, incluso rió una que otra vez recordando algunos momentos que vivió con ella, como la vez que iban caminando por el Callejón Diagón y un tío le echó una de esas miradas repletas de lascivia, y él, como todo un caballero decente, se le echó encima y le sacó tres dientes, como el buen hermano que era. Y es que si algo lo había hecho molestar desde siempre, era que alguien se quedara mirando demasiado a su pequeña hermana, o que intentara tocarla, siempre había sido demasiado pesado en ese sentido, era como esos padres que no dejan a su hija volar fuera del nido por miedo a que les pase algo, exactamente así, aunque él tenía el pleno conocimiento de que Claryssa era capaz de cuidarse por su cuenta, y que lo hacía muy bien, a fin de cuentas era una O'Neill, y él que se metía con uno, pagaba.

Cuando se pasaba de trago siempre era un poco más amable que de costumbre, en realidad, demasiado más amable, pero cuando debía ser hostil, lo era sin escrúpulos, aunque eso no cambiaba así tuviera más alcohol que sangre en el organismo. Le dedicó una tierna sonrisa al castaño, mientras que lo observaba preparar el trago. Ciertamente nunca lo había visto por allí, pero no es como si pudiera esperar lo contrario, que él no acostumbraba para nada esta clase de sitios, le gustaban los lugares un poquito más modernos y privados, aunque nunca estaba mal salirse un poco de la zona de confort.

Él mismo habría pagado por ver su rostro cuando el barman le extendió ese trago, y es que era una bebida roja, que tenía una cereza y una... Una fruta con los bordes rojos, no sabía como se llamaba. Sí, él podía ser un asombroso cocinero y todo lo que quisieran, pero si había algo que siempre se le había hecho difícil, era reconocer el montón de frutas y vegetales que existían, se volvía un lío total y al final solo se conocía los más básicos — Probablemente mañana necesite otro de estos — Dejó escapar una pequeña y corta risa ante su propio comentario, y en reacción a lo que el mismo castaño había dicho acerca del trago, y es que ya se imaginaba, levantándose mañana con una resaca de los mil demonios, porque muchas veces con solo beber unos cuantos tragos, al día siguiente se encontraba fatal, con el estómago hecho un desastre y una migraña terrible, definitivamente el alcohol no lo quería demasiado.

Esbozó una amable sonrisa al escuchar la cordial presentación del joven, y él extendió su mano, para estrechar la de él — Mucho gusto, Edward Westenberg que será mi barman esta noche — Ay, a veces él mismo se encantaba con lo simpático que podía ser cuando bebía, si tan solo fuese así todo el tiempo, no estaría trabajando en donde trabajaba ahora, no tendría las mismas amistades y probablemente ni siquiera estaría en el mismo bando — Yo soy Aaron O'Neill, y esta noche seré su... Cliente, sí, eso — Afirmó con la cabeza, divertido, mientras que una nueva risa salía de él.

Unos segundos luego, sujetó el vaso con su mano derecha y lo acercó hasta él, con la mano izquierda cogió la pajilla entre sus dedos, para luego acercar su boca y dar un largo sorbo. Luego, se arrepintió de haber tomado ese sorbo tan largo, sintió su garganta escocer a medida que el líquido avanzaba por su boca, y su pecho se calentó con rapidez, sí, no le había prestado demasiada atención a lo que le había agregado, pero podía sentir que tenía más alcohol que cualquier otra cosa, a diferencia de la mayoría de los tragos que acostumbraba a beber, que eran más que nada suaves — Si esto no me resucita, me acaba de matar — Sacudió su cabeza ligeramente, para luego reírse y beber otro sorbo, tenía un sabor bastante bueno, ignorando el hecho de que podías sentir como te violaba completamente el paladar con sus mezclas tan fuerte de licor, y dentro de un rato vería como le violaba el hígado, también.
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Aaron O'NeillExtirpador

Edward Westenberg el Vie Jun 29, 2018 7:54 am

Sonriente el licántropo comenzó a preparle el trago, y mientras lo hacía a veces le dedica miradas de reojo tanto a la banda como a su cliente. Le gustaba mucho eso de observar a las personas que llegaban a visitar el Caldero a esas alturas de la noche. En ocasiones cuando la cosa iba medio lenta hasta comenzaba a generarse historias de cada uno en su cabeza, y cuando se encontraba más osado hasta iba y le preguntaba él mismo esas interrogantes que le surgían, donde la mayoría de las veces tenía una buena acogida y terminaba la noche escuchando miles de historias de personas que al día siguiente quizás ni siquiera le recordasen. Pero eso a él no le importaba, no era rencoroso, le bastaba con escucharlos aunque sea por unas horas. Era como una especie de coleccionador de relatos de borracheras, con todo lo que había escuchado hasta el momento podría escribir una trilogía.  

Cuando terminó la preparación del trago volvió acercarse al rubio, sin perder ni por un segundo la sonrisa que parecía querer negarse de irse del rostro del castaño,  al menos por un buen rato. Rió al escucharlo.- Pues, puedo preparar un poco para que te lleves a casa, y así te lo tomas de desayuno.- bromeó con ojos achinados y brillantes. Se presentó y le estrechó la mano al mago encantadoramente.- Un gusto Aaron, pues espero que lo pases muy bien en el Caldero y que después nos recomiendes diciendo "Que el Caldero ya de por sí es mega increíble, pero los tragos que sirven son tan buenos que parecen como de otro planeta".- soltó en broma para luego liberar una carcajada.- Ahora, hablando en serio. Realmente me gustaría que me dijeras qué te ha parecido lo que te he preparado. Que el que te hice es uno del cual me creo especialista, e innovador, que le agregué un poco de mi cosecha a la receta ¿sabes? pero qué va, no te digo nada más para no alterar tu opinión.- elevó ambos brazos mostrando sus manos en plan de "soy inocente".- Y dime, Aaron. ¿Qué te trae por acá esta fría noche?.- le preguntó curioso, mientras que por inercia pasaba un trapo por sobre la barra. Que el podía ser muy desordenado en su vida pero el Caldero como que despertaba una especie de Toc en el castaño que hacía que este estuviera siempre pendiente de su limpieza y presentación. - ¿Te gusta la música?.- volvió a preguntar sin siquiera dejarle tiempo al rubio de responder a su primera pregunta.- Es que más tarde, después de los "Magic Monkeys" viene la hora musical, con karaoke y esas cosas. Por si quieres ir pensando en algún tema y anotarlo en la lista que esta....- hizo una pausa y comenzó a buscar por la barra el tablera de canciones de esa noche. Se topó con llaves, limones, utensilios para preparar tragos, cédulas de identidad extraviadas... ¿Eso de allí era un sostén? se preguntó mentalmente y dirigió su mirada hacia Tim que se encontraba unos pasos más allá. Quien lanzó una carcajada al aire al ver lo que le señalaba con la mirada Edward y se encogió de hombros divertido para continuar haciendo sus quehaceres. El castaño por su parte negó con la cabeza risueño hasta que por fin encontró lo que andaba buscando.-... aquí.- terminó por decir poniendo el tablero por sobre la mesa tendiendoselo al rubio junto a un bolígrafo.- ¿Ya has pensando en alguna canción?.

Cuando volvió a clavar su mirada en los claros ojos del mago comprendió que de un momento a otro había comenzado a atacar al rubio con preguntas, sin siquiera darle tiempo para que las respondiera.- Si te estoy provocando molestias, tú simplemente detenme y mandame a volar, eh. Que soy de esos barman preguntones y habladores, si quieres un cambio te puedo pasar a Tim, él prácticamente no habla, pero hace buenos tragos, aunque entre nos...- se acercó un poco a él, y llevó su mano a un costado de su boca, como generando una barrera que cubría las palabras que estaba apunto de decir.-... A mí me quedan mucho mejor.- terminó por decir guiñandole el ojo.

- Y hablando de tragos, ¿cómo va ese Zombie?.- preguntó como si nada de lo reflexionado anteriormente le hubiera quedado en la cabeza. Porque ahí estaba nuevamente él, atacando con preguntas al mago. Y  era precisamente ese descaro en su accionar  que hacía que  la gente terminaría cediendo ante esos ojos achinados y sonrisa encantadora, porque era tan cálido el trato del castaño que hasta los más tímidos comenzaban a contarle sus historias tarde  o temprano.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Aaron O'Neill el Miér Jul 04, 2018 7:06 am

Observó fijamente al barman mientras que se encontraba preparando el trago, probablemente porque siempre le había gustado ver exactamente lo que le daban, aunque con la cantidad tan increíble de alcohol que tenía en el organismo, lo único de lo que estaba seguro es de que apenas y podría levantarse de aquel lugar, y que sería mala idea que utilizara la aparición para dejar el lugar, porque lo más seguro es que apareciera en cualquier lugar remoto, menos en las comodidades de su casa. El trago parecía bastante fuerte, y no lograba distinguir con exactitud el montón de cosas que le había agregado, pero pudo darse cuenta de que llevaba por lo menos más de dos tipos de licores, y que la cosa, encima de todo, era roja, exactamente lo que necesitaba para cerrar su ebriedad, una bebida que le hiciese pensar en sangre, sí, debía ser el destino remarcando que por beber cuando no debería querer más, le soltaba una bebida demoníaca justo frente a él, por ignorar eso que algunos llamaban sentido común.

Claro que el trago parecía de otro planeta, la maldita cosa era roja y tenía un montón de licores, de otro planeta era la borrachera que te podía meter, eso sí — No puedo decir lo contrario, todo ha estado de lo mejor — Afirmó, bastante seguro de lo que decía. La verdad es que los tragos de aquella noche le habían gustado bastante, incluso se arriesgaría a decir que el barman era bastante bueno, además de guapo — También tengo un hermoso barman al que recomendar — Le guiñó un ojo, casi por instinto, y luego desvió su mirada hacia otro sitio, mientras que fruncía el ceño, porque vale, él generalmente era coqueto, pero eso había sido completamente involuntario, el barman era bastante guapo, eso sí, ¡pero en ningún momento quiso coquetearle! Si se veía un poquito menor, y había sido tan gentil con él, tanto que de no conseguir dinero por cada trago que bebiese el extirpador, incluso habría estado seguro de que le daba tantos tragos únicamente para poder llevárselo a la cama luego.

Le dio un nuevo sorbo al contenido de aquel vaso, y siseó luego de que recorriese su garganta, mientras que su cabeza se sacudía ligeramente, era bastante fuerte, eso sí, pero el sabor era incluso agradable, y es que a él los tragos fuertes siempre le habían gustado. Devolvió la mirada hacia el castaño, mientras que saboreaba aún la bebida entre sus labios — Está bastante bien, fuerte, pero adoro el sabor — Afirmó con la cabeza, mientras que con sus ojos analizaba brevemente la bebida, sujetando el vaso suavemente entre sus manos, y encargándose de balancear con suavidad el líquido en el envase, no era para nada espero, pero joder, que la cosa era increíblemente fuerte — ¿Cosecha personal y todo? Tengo a un barman de lo más dedicado frente a mí, por lo que veo — Una sonrisa divertida se asomó por sus labios, era primera vez que escuchaba algo similar de parte de un barman, que eso de tener una cosecha tampoco es que fuese demasiado frecuente, y muchísimo menos para incorporar los ingredientes a los tragos, aunque debía admitir que se le daba bastante bien — Tienes mi total aprobación, el trago está jodidamente bueno, la cosecha vale la pena — Generalmente su vocabulario era un poco más decente, pero estaba ebrio, y no le interesaba ni siquiera un poco medir sus palabras.

Parecía ir a por todas, y al igual que casi cualquier barman, se veía que le gustaba bastante conversar, especialmente por el hecho de que le había preguntado qué era lo que hacía allá en una noche como aquella, sin tapujos algunos. Él era un poco más abierto de lo usual con alcohol, y cuando estuvo casi dispuesto a contarle acerca de sus penas, lo interrumpió nuevamente el sonido de su voz. ¿La música? La verdad es que no le había prestado demasiada atención a lo largo de la noche, bueno, no le había prestado siquiera un poco de atención, sólo escuchaba un ruido detrás de él, pero con el estado en el que se encontraba, apenas y escuchaba las voces a su alrededor, algunas un tanto difusas, no podía concentrarse lo suficiente como para escuchar claramente la música — Si me gusta — Mintió rápidamente, mostrando una sonrisa de lo más carismática, que le salía tan natural, incluso aunque fuese mentira y no pudiese distinguir siquiera la música que tocaba aquella banda.

Se había equivocado, y se había equivocado bastante, porque podía estar todo lo ebrio que quisiera, pero avergonzándose a sí mismo sobre un escenario haciendo karaoke jamás, esas cosas no se le daban, e incluso pensaba que los que lo hacían eran idiotas. Además, le quitaba la fachada de hombre resistente al alcohol que quería demostrar, por más que estuviese a punto de colapsar por todo el alcohol que había dentro de su organismo — ¿Karaoke? No, gracias — Mostró un claro gesto de rechazo ante aquella idea, y es que no permitía siquiera que aquel pensamiento le pasara por la cabeza, subirse al escenario a cantar no era una opción. Tampoco es como si conociera demasiadas canciones, y las pocas que podía saber se le habían borrado de la mente justo en aquellos momentos, por lo que no tenía ni la más remota idea de lo que podría escribir en aquella lista.

Volvió a dar un sorbo a la bebida, esta vez mucho más largo y profundo que los anteriores, aunque sentía que podría permanecer con aquel trago por un buen rato más, no le convenía demasiado beber tan rápido, probablemente porque no quería sufrir un colapso. Una sonrisa divertida se asomó por su rostro al escuchar las palabras del joven, y asintió de forma leve con su cabeza, aún en un gesto divertido — De eso no me queda duda alguna, que tus tragos son fantásticos — Soltó una pequeña carcajada luego de aquellas palabras, llevándose el vaso hacia los labios nuevamente, ingiriendo un sorbo de aquella rojiza bebida, y sintiendo el escozor en su garganta a medida que el líquido se abría paso por la misma — No eres nada molesto, me gusta que hables un montón, me hace divertidísima la noche — Quien lo viera expresándose así, igual que en aquellos precisos momentos, seguro se haría una imagen increíblemente buena de él, y pensaría que el hombre era un amor total, y no podrían estar más alejados de la verdad. Su actitud jamás era así, especialmente durante los últimos años, su vida había sido un horror total, carente de cualquier clase de amor o de afecto, y estos momentos de simpatía repentinos se debían al alcohol, y nada más que a él — Y aquí entre nos, ven, ven — Hizo un rápido gesto con su mano en dirección hacia el joven, para que se acercase a él y así poder susurrarle al oído, justamente como había hecho él hace unos cuantos segundos atrás — Apuesto a que me aburriría con él como barman, vamos, ni se te ocurra cambiarme — Observó su rostro por un par de segundos, dedicándole una sonrisa de lo más amistosa, que generoso podía parecer cualquiera con unos cuantos tragos encima.

Bebió del contenido de su vaso nuevamente, mientras que acababa por sacudir la cabeza y sisear, al sentir el fuerte sabor de la bebida, mientras que sonreía con picardía y elevaba su pulgar en dirección hacia el castaño, en medio de un divertido gesto — Cada trago sabe mejor — El trago claramente tenía su aprobación, por más que todo le diese vueltas, no parecía sentirse más afectado por el alcohol con aquella bebida, o por lo menos, no le había afectado aún — ¿No venden comida aquí? Jamás había venido, me cruje el estómago como... Como una tabla mal puesta, sí, así — Añadió, con su mirada perdida en la barra, mientras que se imaginaba una deliciosa hamburguesa frente a él, y es que de repente parecía estar cercano a morir del hambre, porque se había lanzado hacia el Caldero Chorreante sin comer nada en la cena, y a él se le hacía increíblemente difícil resistirse unas cuantas horas a comer, su apetito era casi insaciable, al menos la mayor parte del tiempo lo era.
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Aaron O'NeillExtirpador

Edward Westenberg el Jue Ago 16, 2018 12:59 am

Al castaño le encantaba estar en la barra y poder compartir con todos aquellos magos y magas que venían en busca de un hospedaje o un momento agradable en el Caldero Chorreante. Una de las cosas que más agradece de este trabajo (aparte de ganar mucho más dinero y sentirse más independiente) era el hecho de que aprendía mucho todos los días, es que siempre ha pensando que mientras más compartas con mundos(personas) distintos a tí más crece, y amplía sus horizontes. Por ejemplo el licántropo jamás se hubiera imaginado estar preparando un trago de la manera que lo estaba haciendo en esos momentos, irradiando una pequeña maestría y picardía al mismo tiempo al meterle cosas de su propia cosecha.

El día de hoy había atendido a muchas personas, pero de un punto a otro siempre la clientela comenzaba a bajar en número y sólo quedaban aquellos sobrevivientes y resistentes nocturnos, como el chico rubio que ahora se encontraba atendiendo el castaño y ofreciendole una de sus espacialidades, su trago "Zombie". Sonrió ampliamente cuando escuchó esas palabras positivas por parte del rubio refiriéndose al local, es que el castaño realmente había puesto mucho esfuerzo en su trabajo, queriendo demostrar que pese a su edad y su apariencia a primera infantil podía lograr sus objetivos si se lo proponía, y uno de ellos es que la atención en el Caldero sea memorable para cualquier mago o bruja que pusiera un pie en el, y hasta el momento lo estaba logrando.- Oh, muchas gracias.- se llevó su mano al pecho y sonrió coquetamente, que recibir halagos era uno de los pasatiempos favoritos del ex-Gryffindor. - Si yo pudiera recomendarte como cliente, te prometo que lo haría.- soltó en broma risueñamente. Observó expectante la reacción  del mago, analizando cada gesto para poder traducir en su cabeza si efectivamente le había gustado o después encantadoramente le diría falsamente que sí, pero que todos sabían que era más un no. Sonrió ampliamente cuando escuchó al rubio referirse de buena forma de su trago, infló el pecho orgulloso, como cual león en medio de la selva luciendo su frondosa cabellera.- Que bueno que te gustó, y quizás viene muy de cerca el comentario pero sí, has tenido suerte, te ha tocado el mejor barman de la zona.- le guiño un ojo todo vanidoso para luego volver a su desplante divertido y ligero, para ofrecerle una sonrisa sincera, con cero artilugios y superficialidades.- De verdad, me alegra mucho que te guste, ya muy pronto lo podrás ver en la lista de tragos, estoy trabajando para que los del equipo alcohol me lo aprueben.- le confesó divertido y de mirada traviesa. Es que Edward era un encargado entrometido, le encantaba formar parte de todas las reuniones de los equipos específicos de cada labor, pero a diferencia de molestar su presencia, hasta el momento siempre era muy bienvenida, al menos por parte de los trabajadores del Caldero.

Ese mismo encantado que tenía para hacerse de amigos a veces se podía volver en su contra, como por ejemplo en ese momento que si de haber sabido cerrar la boca a tiempo ahora Edward estaría escuchando los pesares del rubio para poder darle algo de apoyo en vez de hablar sin parar como una cotorra sobre esto, aquello, y eso otro. Es que el joven mago sería un perfecto actor de monólogos.  Y en esa montaña rusa que tenía como conversación salió el tema de la música, un tema que aunque haga todos sus esfuerzos por evitar, simplemente el castaño no podía, lo llevaba en las venas, y se le salía por los poros. Hizo una mueca al recibir una negativa de su parte, es que le había buscado hasta la lista para que se anotara....pero lo comprendía, por supuesto que sí. Además la noche era joven aún, nadie sabe qué puede pasar en unas horas y par de Zombies más.- Vale, para otro momento será. Yo me inscribire con una, pero ya más tarde.- soltó una risita y se encogió de hombros, mientras dejaba la lista en un lugar visible sobre barra para que la gente comenzara a anotarse.

¡Y por fin se dió cuenta! Que había hablado sin parar todo este tiempo dandole solo espacios pequeños al mago para intervenir, dio las disculpas respectivas y de paso le dió la alternativa de liberarse de él, que por más que le dolería bastante ese rechazo lo entendería perfectamente porque si algo había aprendido en el Caldero es que hay un sin fin de personalidades y no siempre uno iba a congeniar con todos, y tenía que lidiar con eso le gustase o no. Respiró aliviado cuando el rubio le dijo que su presencia no era una molestia, se acercó a él para escuchar más de cerca lo que le tenía que decir.- Prometo no cambiarte, Aaron. Palabra de chico no explorador.- bromeó guiñandole un ojo y elevando su mano inventando una pose con sus dedos que estaba lejos de ser la que ocupaban los niños exploradores.

- Claro que vendemos comida, y la mejor de la redonda, que nuestra querida Martha es la ama de la cocina. Acá está la carta para que escojas lo que desees.- le dijo mientras sacaba una carta de la barra y se la tendía al rubio. Le dió un tiempo para que la observara, pero él siempre tan hablador no se pudo quedar mucho tiempo en silencio.- Este parlanchín no te dejo hablar sobre qué es lo que te trae por acá, prometo cerrar mi bocota y escucharte. Si quieres decirlo, obvio. Sino, pues...te cantó una canción.- bromeó divertido, mientras se desordenaba los cabellos con su mano derecha por inercia. - Soy un barman muy multifacético.- agregó soltando una risa contagiosa.

OFF: MIL PERDONES POR LA DEMORA, RUBITO :C ¡NUNCA MÁS! <3
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Aaron O'Neill el Miér Sep 19, 2018 2:59 am

El mundo le daba vueltas. Literalmente, al menos, solo en su cabeza. Se hallaba sentado en aquel taburete, con los brazos puestos sobre la barra, sin quitar su mirada ni por un segundo del rostro del castaño frente a él, dando su mejor esfuerzo por disimular su ebriedad. Aunque no había mucho por hacer, estaba seguro de que, con solo un trago más, acabaría perdiendo el control de sus actos, pero, ¿qué importaba? No tenía a quien rendirle cuentas, y no tenía nada que perder, porque no se puede perder más. Y si alguien no lo creía así, solo bastaba verlo. Emborrachándose solo en un bar mágico, con el único fin de distraerse un poco de sus pensamientos, para no vivir tanto en el pasado, aunque sus esfuerzos no parecían ser demasiado efectivos, considerando que su situación, en vez de mejorar, parecía agravarse cada vez más y más.

El barman que lo atendía aquella noche parecía tener algo que le faltaba a muchos, y era carisma. Sabía decir cosas agradables, y hacerlo de una manera tan dulce, que no había manera posible en la cual no te robe una sonrisa. Incluso cuando se trata del amargado de Aaron. No tendría miedo de arrojar un maleficio sobre cualquiera que interrumpiera su sufrimiento en una noche como aquella. Pero con él no podía, lo había atendido demasiado bien y era demasiado adorable como para hacerlo.

— Deberías anotar eso de recomendar como cliente, es una idea divertida — Afirmó lentamente con la cabeza, dando un nuevo sorbo a su rojiza bebida, la cual parecía ser un invento del más joven — Cliente del mes, Aaron O'Neill. Me gusta como suena — Soltó, acompañado de una sonrisa estúpida. Claro que era una idea de lo más imbécil, ¿por qué votarían por los clientes? Si los que hacen el esfuerzo son los empleados, pero estaba ebrio, y en aquel estado, solía decir lo primero que se le pasara por el cerebro, y divagaba bastante. Por suerte, aún parecía no haber perdido el juicio por completo, y podía controlar sus acciones. Aunque no sería por mucho tiempo, considerando la velocidad con la que bebía el trago preparado por el castaño — ¿Hay una bandeja de sugerencias? Lo pongo, así te aceptan el trago más rápido, ya sabes, el cliente siempre tiene la razón — Aaron sabía cómo ser persuasivo, y estaba dispuesto a serlo para que el hombre consiguiera la aceptación de sus compañeros con el trago.

Observó el lugar con detenimiento, ya no quedaban demasiadas personas en él, su cuerpo parecía hacerle más caso al alcohol que a su cerebro, e incluso parecía buena idea aceptar la propuesta indecorosa del castaño para subirse y cantar al escenario, en especial al escucharlo decir que él se anotaría luego. Lo observó fijamente, y le sonrió un tanto tímido por lo que iba a decir, lo cual era curioso, considerando el hecho de que la timidez no iba dentro de él — Puedo considerar anotarme, pero debemos hacer dueto — Asintió levemente con la cabeza, sin borrar ni por un segundo aquella sonrisa de su rostro.

Se le había despejado la mente más fácilmente de lo que se había imaginado, probablemente por el alcohol, o por la buena compañía, pero así era mucho mejor, estaba cansado de deprimirse.

— ¡Tengo a un no explorador de clase alta justo frente a mí — Vociferó, simulando sorpresa al escuchar las palabras del joven y analizar aquel curioso gesto que había hecho con los dedos. No sabía porqué, pero el alcohol lo hacía un tanto más ocurrente de lo normal, y fingir parecía buena idea — Te estás haciendo el saludo mal, y ya estaba considerando darte la insignia del saludo del niño no explorador — Sí, era tan maduro la mayor parte del tiempo que ni él mismo se lo creía.

Lo escuchó atentamente, y tomó la carta entre sus manos apenas se la entregó, para así echarle un vistazo rápido a las comidas. Se había ido a beber como un desquiciado sin tener nada en el estómago, no era para menos que estuviese llegando a un nivel de ebriedad del cual probablemente se arrepentiría. Era bastante indeciso para la comida, y para todo, si fuese por él, pediría una mezcla de todos los platillos juntos. Se rascó levemente la cabeza mientras que observaba el menú con alta concentración, iba a tener que usar un comodín para escoger su comida — ¿Me recomiendas algo? Soy algo indeciso. Oh, esto se ve delicioso. ¿De qué tamaño son las comidas? Es que soy de estómago algo grande, creo que necesito dos platillos, ¿o crees que es demasiado? — Maldito alcohol que lo hacía hablar de más. Bebió nuevamente del vaso por ignorar la vergüenza, sin percatarse de que cada sorbo lo sumía más a la perdición.

Bebió otro sorbo más al escuchar lo que le dijo el castaño en un inicio, no es que tuviese precisamente muchas ganas de hablar justo ahora de lo que le había llevado a aquel lugar, aunque fuese inevitable. Sin embargo, sonrió, apoyando ambos brazos sobre la barra y acercando su rostro un poco más, con una pícara sonrisa, al escuchar el comentario tan dulce del joven — Ahora me provocó no contarte solo para que me cantes — Soltó una pequeña carcajada, a la vez que le guiñaba un ojo en medio de un gesto divertido.

Probablemente si estuviese un poco menos ebrio y en otras circunstancias, Aaron no se habría cortado en coquetearle al atractivo y dulce barman que lo atendía. Pero aquella noche no, solo necesitaba platicar, entretener su mente, dejar su faceta de conquistador a un lado. Solo quería desahogarse, y reír un rato, de paso — Probablemente no hay un motivo específico por el que estoy aquí. Puede ser que ya no tengo a mis padres, mi hermana se fue, el amor de mi vida murió, y con la partida de todos, se fue la esperanza que tenía en la vida — Dejó caer su rostro en la barra, golpeándose levemente la frente con la superficie de madera.
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Edward Westenberg el Dom Oct 28, 2018 7:33 pm

Soltó una risa y asintió.- Sí, suena muy bien. Anotaré esa idea, y al ganador del mes ofrecerle un trago a elección todos los viernes del mes.- agregó pensando seriamente en realmente realizar aquello, ya que podría incentivar a los clientes ser el ganador y venir más a menudo al Caldero, se lo anotó mentalmente para presentarlo en una próxima reunión con la gente manda más del local. Le sonrió al chico, y busco un libro de color gris en la barra.- Voilá, usted pide y este servidor se lo trae...el libro de sugerencias para usted don O´neill.- hizo una mini reverencia bromeando para luego reír y tenderle además un lápiz por si realmente quería anotar algo allí. - Tenemos hasta un autógrafo de Gwenog Jones en una de las páginas una vez que vino...- le comentó buscando la página y sonriendo cuando la encontró.- Allí mira, tú también puedes dejarnos tu autografo si quieres, eh. A todo esto ¿Qué haces por la vida? bueno, si quieres contarlo.- preguntó siempre tan curioso el castaño.

- ¡Pues claro! Anotemonos un dueto para más adelante ¿Tienes alguno en mente?.- le preguntó emocionado, es que una de las pasiones de Edward era la música, la amaba y si ahora no se encontraba estudiando aquello o componiendo música era porque al salir una pequeña mordida había cambiado su destino por completo, y no es que se quejara, eh. Ahora realmente se encontraba muy feliz con su vida, pero la música siempre se encontraba allí coqueteandole desde una esquina, y él sabía que tarde o temprano terminaría por caer en sus encantos.

Soltó una risa y se encogió de hombros.- ¿Que te podrás creer que si fuí un niño explorador? Pero no duré ni un mes, eso de seguir reglas no es lo mío y ellos tienen muchas.- confesó el castaño para luego añadir.- Y el saludo jamás me lo llegué aprender bien ¿tú te lo sabes? que si es así, enseñamelo para no pasar más vergüenzas a futuro.- le pidió divertido.

Le ofreció la carta con comida, ya que era su deber darle alimento a alguien que se embute de esa manera alcohol al cuerpo, ya que no quería después muertos en vida en su barra. Además el chico le caía bien y realmente probar la mano mágica de la cocinera del Caldero era un regalo que él le estaba haciendo al rubio, ya que Edward pensaba que él tenía un don con la cocina pero cuando conoció a Martha comprendió que estaba muy lejos de lograr lo que ella producía con la comida.- Nunca es demasiado cuando se trata de comida.- señaló Edward, el glotón más glotón entre los glotones.- Pues va depender que quieres, dulce, salado...ambos. Porque si me preguntas, si andas realmente con mucha hambre la lasaña de Martha es...wow, de otro mundo. También su tarta de manzana, o su torta tres leches, también hay papasfritas que pese a no tener mucha ciencia nunca viene mal, o también se encuentra la tabla mediterránea con unas salsas que te harán tocar el cielo, la verdad... si te soy sincero todo lo que sale en ese menú está para chuparse los dedos.- le dijo y fue realmente sincero, ya que jamás mentiría con lo que respecta a la comida, porque él sabía muy bien lo importante que era.

Soltó una carcajada.- Ya me escucharás más adelante, cuando cantemos los dos juntos ¿recuerdas? ya me lo has prometido, no me puedes fallar ahora.- le recordó risueño, pero esa sonrisa no le duró mucho tiempo tras escuchar las siguientes palabras del rubio.- Wow...- fue lo único que logró decir tras escuchar toda ese tumulto de desgracias juntas.- y yo que pensaba que tenía una vida dura.- soltó, así bien bruto y con cero sutileza. Llevó una mano al hombro del chico y le dió unas palmaditas.- Hey, vamos como dicen por ahí: No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante. Sé que ahora todo puede parecer una mierda, pero mira te encontraste conmigo, la vida quiso darte un regalito.- bromeó para soltar la tensión en el ambiente.- Ahora hablando en serio, pues si quieres desahogarte estoy aquí, y sino pues también. Sé que nos conocemos hace apenas unos minutos pero pues realmente he has caído muy bien y entiendo lo que es sentir que absolutamente todo se viene abajo y nada tiene sentido. Por lo que comprendo tu sentir. - le dijo tratando de poder hacerlo sentir acompañado aquella noche.
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Edward WestenbergMagos y brujas

Aaron O'Neill el Miér Ene 02, 2019 11:22 pm

Su corazón podía estar todo lo destrozado que fuese, pero no importaba, al menos en aquel momento. Aquel joven barman de cabellos castaños había conseguido sacarle una sonrisa y subirle el ánimo, olvidarse de su desgracia, incluso si fuese solo por cuestión de minutos u horas, la perfecta mezcla entre aquel hombre tan dulce y el candente alcohol que se apoderaba de todo su organismo parecían estarlo ayudando. Aaron se pensaría eso de ir a aquel sitio más a menudo, a fin de cuentas, estaba seguro de que se la pasaría bien incluso yendo solo, pues tenía ahí a Edward, para servirle sus tragos y distraerlo durante unos momentos.

Oh, ¿entonces me estás diciendo que tengo que seguir viniendo para ganar tragos gratis? Me lo apunto — Dejó salir una fuerte carcajada, que apenas se escuchó por un repentino escándalo que hacían un grupo de hombres ebrios justo en el centro del lugar, quienes parecían estar cantando alguna canción estúpida que el extirpador no alcanzaba a escuchar del todo. No había nada de malo en la idea de sugerir también al cliente del mes, así quién fuese más constante, le diese más ambiente al sitio y se comportara mejor, podía tener la libertad de ir al menos un día por semana y saber que gozaría de tragos gratis en su lugar preferido. Además, era innovador, considerando que jamás había escuchado de algún sistema parecido en ningún bar al que hubiese entrado.

Abrió la boca simulando sorpresa cuando el menor le acercó aquella libreta para las sugerencias, y aplaudió luego de un par de segundos, de manera suave y bastante sutil — ¡Bravo! Eres magnífico — Vociferó con gentileza, y con una muy amistosa sonrisa en su rostro, mientras que tomaba el lápiz entre sus dedos, y observaba fijamente las páginas mientras que el barman comenzaba a pasarlas, una tras otra, en busca de un autógrafo en específico — ¿Quién es? Me suena su nombre, pero con los más de diez tragos en el organismo, mentiría si te digo que se me viene alguien a la mente — Desvió la mirada unos cuantos segundos, mientras que enfocaba su mente en intentar pensar en aquel nombre, Gwenog Jones... Sin duda se escuchaba bastante familiar, en especial aquel apellido, pero no le venía nadie concreto a la mente — Ya que me lo pides con tanta ternura, no me puedo negar — Sujetó la libreta con firmeza porque todo le daba vueltas, y buscó un espacio prudente para estampar su firma en ella. La escribió rápido y correctamente, su firma era bastante pulcra y elegante, y un don que tenía era que, incluso ebrio, podía escribir perfectamente bien. Buscó entre las hojas el espacio de las sugerencias, y al conseguirlo, apuntó con palabras sutiles la idea del cliente del mes, y también, sugirió que agregaran al menú el mismo trago que ya Edward había sugerido, porque seguro que, viniendo de parte de un cliente, si le hacían caso.

¿En la vida? Tampoco es que haya mucho que contar, soy pocionista, si llegas a necesitar alguna, me dices y te hago un buen descuento, a ver... Creo que no hago demasiado aparte de mi trabajo, me gusta viajar y conocer sitios nuevos, me gusta considerarme todo un aventurero de la vida — Al igual que siempre, solía omitir por completo el hecho de que tenía cualquier relación con el Área-M, y prefería describir más bien la vida que todos creían que llevaba.

Se entusiasmó al escuchar que el joven parecía estar dispuesto a hacer un dueto con él, y comenzó a pensar en la canción ideal, aunque probablemente, debido al alcohol, no tenía ningún indicio — ¡Perfecto! Pero tendremos que pensar la canción un momento, no se me ocurre nada — Admitió, mientras que aún deslizaba entre sus dedos el lápiz con el cual había anotado las sugerencias. Algo que todo el mundo desconocía de Aaron, era lo bueno que era para la música. Algunos pocos sabían sus impresionantes dotes para el piano, aunque jamás había disfrutado de hacer alarde de ellos, sin embargo, consideraba el canto como uno de sus mejores talentos, aunque podría contar con los dedos de las manos a las personas frente a las que había cantado seriamente. Vale, probablemente con los de una sola mano, porque solo se le ocurría su madre, Claryssa, su ex, y su viejo instructor de música. ¿Sería ideal escoger alguna canción movida? ¿O algo romántico? Un country seguro no, ni tampoco algo demasiado deprimente, porque se volvía a poner triste.

Soltó una carcajada bastante espontánea al escuchar que en verdad, el barman si había sido explorador, aunque afirmaba no haber sido muy bueno para ello — Seguir reglas apesta, ¿no te parece? Son útiles, pero no siempre — El extirpador era una persona que valoraba mucho las normas, pero solo cuando eran convenientes, de lo contrario, no tenía inconveniente alguno en romperlas. Intentó emular con sus manos el saludo de los niños exploradores, pero no podía recordarlo del todo, él jamás había sido uno de ellos — Anda, de verdad que no lo recuerdo, mi hermana fue quien estuvo en los niños exploradores, y me enseñó el saludo de niños — Admitió. Cualquiera pensaría que el alcohol lo hacía olvidadizo, pero la verdad era que, incluso sobrio, no podía recordar aquel peculiar saludo con precisión.

Le escuchó atentamente hablar sobre el menú y como elogiaba cada uno de los platos, y luego, tomó la carta entre sus manos y comenzó a leerla. Tenía bastante hambre, y lo cierto era que, para aquellas horas, y con la cantidad de alcohol que tenía encima, muy pocas comidas serían adecuadas, porque su paladar se volvía especialmente exigente cuando bebía alcohol — Vale, que sea una tabla mediterránea, ¡que me sorprendan! — Exclamó con euforia, de solo pensar en aquella exquisitez que acababa de pedir — Y algo de beber también, no muy alto en alcohol, porfi — ¿Acababa de decir 'porfi'? En definitiva, el alcohol ni era bueno para él.

Mantuvo la mirada gacha mientras dijo todo aquello, no le gustaba sostener la mirada a nadie mientras hablaba de temas tan delicados como era su miserable vida. Sonrió levemente al escuchar al barman decir que él creía que tenía una vida dura. El mismo Aaron también lo pensaba de vez en cuando en el pasado, cuando se veía repleto de trabajo y obligaciones, aún así, tenía a las personas más importantes a su lado. Sin embargo, no era igual a como estaba ahora, desgraciado y sólo. Levantó la mirada hacia el rostro del hombre al sentir que su mano se posaba sobre su hombro, y le observó con un rostro prácticamente frívolo, aunque ligeramente manchado por la melancolía. No era muy de mostrar sus sentimientos frente a nadie, era el alcohol quien lo volvía así. Le fue inevitable que se le escapara una tierna carcajada al escuchar el comentario que hacía para romper la tensión, sin duda alguna, era bastante bueno haciendo sentir mejor a las personas. Le sonrió con mucha gentileza cuando se percató de que dejó de hablar, muy pocas personas eran tan serviciales y amables como él con un total desconocido — Aprecio mucho eso, pero no es que haya mucho que desahogar. Lo que queda es vivir con ello y sentirme mejor, ¿no te parece así? — Afirmó levemente con la cabeza, con una mirada decidida — Te agradezco mucho por escucharme, te prometo que te lo recompensaré luego — Sujetó con suavidad la mano del hombre, la puso en frente y luego la tomó entre ambas manos, con una tierna sonrisa, que muy pocas veces se veía en su rostro.
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Edward Westenberg el Miér Ene 16, 2019 3:33 am

Durante el tiempo que llevaba en el Caldero Edward ha visto toda clase de personas, en un principio su interacción con ellas era simple y cortés, más que nada porque él al ser el encargado no tenía que hablar mucho con los clientes más que nada porque ese no era su real labor. Pero ya al pasar los días, de a poquito comenzó a habitar otros labores dentro del local más que nada por diversión, ya que el castaño jamás ha sido de esos que disfrutan mucho tiempo detrás de un escritorio, leyendo cosas, mandando emails y firmando papeles. Él era más de los que le gustaba coleccionar historias ajenas, descubrir nuevas personalidades, y si el contexto da para poder entablar relaciones con personas de todo el mundo mágico que por cosas del destino llegaron a parar al Caldero, buscando una habitación o un trago para pasar la noche el no lo desaprovecharía.

En esta noche en particular, sin duda la persona que recordaría al día siguiente era Aaron O´neill, aquel rubio que se sitúo en su barra con ojos perdidos pero que al comenzar a hablar con él de a poco se comenzó a dar cuenta que aún quedaba brillo en esa mirada y que, pese a su fría o quizás distante primera impresión después se tornaba muy agradable y cálida. Y claro que tenía su historia, y claro que tenía sus problemas, como todo en el mundo. Solo que, y ya más tarde lo descubriría, que las de él estaba un poco más complicada que la de la mayoría de la gente que se instala en la barra como cual salvavidas dentro de un océano, porque en general la respuesta promedio era penas de amor, esas que te incitan a ahogarte en alcohol como si no existiera un mañana.

- En otras palabras...pues sí. Eso es exactamente lo que te estoy diciendo.- corroboró junto a una sonrisa encantadora.- Y que bueno saber que te tendremos más por estos lados, y si no estoy en la barra tan sólo pregunta por mí y vemos si puede haber un regalito por parte de la casa.- le comentó para luego guiñarle un ojo. Es que Ed siempre ha sido de esos amigos que mientras pueda te dará lo que esté a su alcance, quizás no le pueda regalar una lasagna de Martha, pero quizás si una tarta, o una porción de papas con salsas ricas, que al menos él de manera personal no negaría por nada del mundo.

Le buscó el libro de sugerencias y se lo tendió para que el rubio escribiera en el.- Claramente no eres un amante del Quidditch.- comentó divertido, para luego encogerse de hombros y hacerle un gesto con la mano restándole importancia.- Fue una de las capitanas más importantes que han tenido las Arpías de Holyhead, yo... yo la amo.- confesó con ojos brillantes. Es que el era su fan number one, bueno no número uno porque de seguro tiene miles, pero uno de esos miles que no se perdía un partido del cuál ella jugase. Rió cuando vio que pusó su autógrafo en el libro.- En unos años más lo venderé por un millón de galeones, me harás millonario O´neill.- bromeó divertido.

- ¿Pocionista? Wow, interesante. Yo era de los que explotaba los calderos en las clases.- le dijo entre risas. Y no era mentira, aunque no era porque él fuera un desastre en ello, todo lo contrario era muy bueno, es sólo que le gustaba hacer travesuras y más si se trataba de poner cosas que no iban en el  caldero de las serpientes. - Y te tomare la palabra con eso de las pociones. ¿Sabes cuál me haría muy bien? una que relaje el cuerpo, o los músculos, a veces la vida en el Caldero, aunque no se note puede ser muy intensa.- puso una mueca y suspiró, para luego encogerse de hombros.- Pero vale la pena, sísísí.- agregó después volviendo adoptar una sonrisa en su rostro.

- Vale, pensemos. Pero primero ¿Qué estilo te gustaría cantar? Porque como ya sabrás el mundo de la música es infinito. Yo soy más de clásicos, su Guns N' Roses, Ramones, The Rolling, o ¡The beatles!.- exclamó animado mientras se le iban ocurriendo miles de cantantes y grupos más.- Vale, vale, me detengo hay muchos.- terminó por decir divertido.

- ¡Yo alcance hasta a vender galletas para un campamento que no fuí! Pá-te-ti-co.- soltó riendo, recordando como ese par de días que había ido uno de ellos tuvo que ir casa por casa ofreciendo esas galletas del demonio que olían maravilloso y él, que desde siempre ha sido un glotón empedernido sufría con ellos al no poder comer ninguna. Y hablando de comidas, uno de los temas favoritos del castaño, pasaron al menú. Al menos a Ed todo lo que se encontraba en ese cartón era sumamente tentador, es que en la cocina de Martha y sus cocineros ocurría magia, pero no de esas que todos los magos hacen alarde de tener, sino una mucho más maravillosa que esa, ella hacía magia con el arte de la comida. Maga pura.  Anotó el pedido del chico.- ¡Hey! y yo que pensé que te pedirías otra copa más de mi trago.- simuló un puchero para luego ir a dejar a la ventanita que unía ese sector con la cocina.- ¡Sale una tabla mediterráneas para la barra cinco!.- canturreó divertido, para luego volver a estar más cerca de él.- Ahora, un trago sin mucho alcohol...- susurró pensativo, barajando cuál podría ser la mejor opción.- ¿Qué fruta te gusta? Así te hago un trago frutal.

Y llegó el momento de la historia y sus pesares, y no cualquieras. Ed al escucharlo agradeció en silencio ya haber pasado por ese lapsus negro que tuvo hace tiempo atrás, tras la desaparición de Stella, su brutal independencia y su soledad en las noches de luna llena. De paso se sintió muy afortunado también, al ver cómo habían cambiado las cosas desde ese entonces. Por lo que con ese conocimiento de causa es que intentó consolar al mago.- Sí, a veces sólo queda eso. Pero también a veces uno necesita soltar los pensares, o simplemente una compañía amiga, y pues nada, ya sabes dónde encontrarme.- le ofreció una cálida sonrisa junto a sus palabras sinceras. - No tienes por qué.- agregó.- Pero ya, vamos. No hablemos más de esas cosas que esta noche existe para que lo pasemos bien. Ahora...- hizo una pausa dramática para voltear su cabeza y sonreír al encontrar lo que andaba buscando. De la cocina salió un chico que le tendió la tabla mediterránea.- ¡...a comer!.- exclamó todo animado, tendiendole la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]al chico.- En un pestañear te tengo tu trago.- agregó mientras se lo terminaba preparar, más que anda adornandolo con frutas que lo hacían ver más bonito a la vista, ya que todo el mundo sabe que lo importante es lo que está en el interior del vaso, lo demás poco y nada importaba, bueno a excepción de Ed que se las da de barman.

- Cuando termines vamos por ese dueto, eh.- le sonrió, es que el castaño no olvida las promesas, no, no, no.
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