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The Bad Place || +18

Dorian Richter el Lun Mayo 21, 2018 3:10 pm

Dorian había tomado una decisión llegados a este punto. No podía seguir teniendo a Egon Auerbach de extirpador personal. No si quería seguir viviendo unas semanas más. Después de su último encuentro había quedado derrotado y aún se sentía enfermo por otro de sus tantos venenos que le obligó a ingerir. Ya había pasado lo peor, al menos del primer asalto, porque Richter tenía la certeza de que eso solo traería más sesiones hasta que su cuerpo colapsase y no quedase más de él que pudiese interesarle al sádico alemán. Y entonces sería su final. Así fue como Dorian puso en marcha su plan, un plan desesperado pero a lo mejor viable. Había estado observando desde su celda asignada el ir y venir del personal, en especial los contactos de Auerbach. Con quien parecía más afín, con quien menos. El adolescente siempre había sido muy observador y pronto captó la mejor opción. Lo llamaban Blondie y era el extirpador más atractivo con diferencia de todo Azkaban. No es que en un lugar tan tétrico y deprimente rondasen los rostros alegres, por no hablar de la decadencia de los presos torturados, así que tampoco era difícil que un hombre joven y con buena salud destacase entre el resto. Con esos pensamientos, Dorian no pudo evitar preguntarse cual sería su propio aspecto en esos momentos. Para su plan necesitaba llamar la atención del extirpador, no asquearlo con un color de piel enfermizo y un cabello grasiento. Hacía unos dos días que le permitieron ducharse... Tan mal no estaría, quiso esperanzarse. Pero lo importante era creerse su papel, sacar el máximo rendimiento de lo poco que podía ofrecer. Así fue como Dorian decidió atraer a su nuevo extirpador personal, porque esta vez sería él quien eligiese a su verdugo, no al revés. Y esperaba acertar.

Era la hora del recreo, como lo llamaba el personal, el poco tiempo que tenían los presos para salir y tomar un poco de aire. Porque la luz del Sol nunca brillaba en aquel rincón del mundo olvidado de la mano de Dios. Demasiado era pedir que no lloviese. Los reclusos salían en orden de sus celdas, seguidos de cerca por las miradas de la vigilancia y el recuento de algún que otro extirpador. Hoy era el turno de Blondie, o Aaron, como otros lo llamaban. El doctor atendía a su listado, apuntando sobre una carpeta, casualmente muy cerca de su celda. Lo suficiente como para dirigirse a él y ser escuchado tras las rejas de su celda aún cerrada con llave.

- Bonito anillo. ¿Es un dragón?- rompió así el hielo, ya habiéndose fijado antes en la joya de plata que siempre lucía el extirpador en su dedo anular. Cuando captó su mirada de increíbles ojos azules, Dorian se irguió un poco más, deseando parecer lo suficiente seguro de si mismo, desenfadado y natural.- ¿Representa el estandarte de tu familia o algo parecido? La mía tiene un estúpido unicornio, ¿te lo puedes creer?- bufó con sorna antes de separar el rostro, que hasta el momento había estado apoyado en los barrotes, aunque sin apartar un segundo el contacto visual. ¿Habría sonado estúpido? Por favor, ojalá que no, ojalá que funcionase. Por favor. Por favor. Por favor.
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Aaron O'Neill el Lun Mayo 21, 2018 8:30 pm

Shelby, Shelby... — Este comentario vino acompañado de un siseo proveniente del mismo Aaron, a la vez que alternaba sus ojos entre la libreta que tenía entre sus manos, en la cual hacía anotaciones acerca del estado de los pacientes una que otra vez, para seguir más de cerca su progreso frente a los experimentos y diversas torturas, para llevar un registro de todo. Movía la pluma de forma ágil, siempre se le había dado especialmente bien el leer y escribir con gran agilidad, siendo capaz de hacerlo incluso hablando o mirando a alguien más, por lo que le echaba pequeñas ojeadas a la presa a la vez que anotaba todo en su libreta, al estilo de una bitácora común y corriente. Siempre había sido de sus presas favoritas, le causaba mucha gracia, estaba total e irremediablemente loca, iba por ahí hablando con todo el mundo cosas acerca de leer el futuro, diciendo lo primero que se le venía a la mente, haciendo comentarios totalmente aleatorios y sin importancia alguna, era tan demente que incluso resultaba divertida — ¿Qué cenaré hoy? — Acto seguido, esbozó una risa traviesa, sin aún dejar de mirar la libreta, para luego dedicarle unos cuantos segundos a la prisionera. Era totalmente desaliñada, incluso para estar presa, tenía el cabello grasiento y esponjado, alborotado hacia cada sentido, su piel era grasosa por naturaleza, en especial ahora que no tenía ni un poco de cuidado en ella, caminaba siempre a lo largo de su celda, dando pequeños saltitos, como si se tratara de una cavernícola, y sinceramente, su apariencia le contribuía bastante a parecerlo.

Lo que más adoraba de este trabajo era poder ser testigo de los estados mentales de los presos, porque siendo sinceros, aquí se veía de todo. Algunos eran bastante calmados, no oponían resistencia y eran de los más sumisos, aunque aburridos... Otros, por su parte, se volvían totalmente dementes, empezaban a divagar, a hacer estupideces, se volvían agresivos, caían en una intensa depresión o en traumas, intentaban golpear a los trabajadores del lugar, escaparse, pero cada que lo hacían, solo obtenían a cambio una reprimenda más intensa que las anteriores, porque si había algo imperdonable en este lugar, era que un asqueroso sangre sucia intentara desafiar su autoridad, como si tuvieran siquiera derecho a algo.

Abrió la celda de Shelby y retrocedió unos cuantos pasos, con esa mirada frívola que solía predominar en él cada que se encontraba dentro de la prisión, no parecía para nada uno de los extirpadores más crueles del lugar, sino que lucía más bien como el más apacible y comprensivo de todos, aunque solo lo era dependiendo de su humor, y como no, del preso con el que se encontrara. Con algunos tenía un 'buen trato', no iba más allá de las torturas necesarias para concretar sus experimentos, las pruebas de métodos innovadores y los demás experimentos reglamentarios, dado a que no llamaban su atención en lo más mínimo, y buscaba no establecer demasiado contacto con ninguno de los impuros, por más hostil que fuera. Pero habían ciertos presos que ciertamente captaban su atención, y que los utilizaba más para diversión que para trabajo, con nuevas torturas, cosas que le generaban más placer que ningún otro sentimiento, podía ser el ser humano más dulce con ellos por un momento, y cinco segundos luego estarlos sometiendo a un dolor bastante próximo a la muerte, porque si había algo que disfrutaba, era jugar con lo que les quedaba de esperanza a los pobres reclusos, que se emocionaban ante el mínimo trato gentil que les brindaba ocasionalmente alguno de los extirpadores.

Era la hora del receso, por lo que estaba dejando que alguno que otro preso saliera, escoltado por los guardias, a hacer sus necesidades ¿Y cómo no? También a disfrutar de unos cuantos minutos fuera de esas tres paredes y los barrotes de la celda, en otros espacios más amplios y menos claustrofóbicos. Hacía ya casi un año que se encontraba trabajando en el lugar, y no podía quejarse, aquí obtenía todo lo que quería, desde contactos hasta el placer de hacerle miserable la vida a los mugrosos sangre sucia, que tanto se empeñaban por dañar la noble estirpe de los magos. Una voz llegó fácilmente hasta su oído, estaba bastante cerca de él así que lo pudo escuchar con claridad, y lo reconocía, aunque nunca antes había escuchado su voz, era el pequeño Dorian Richter.

Giró de inmediato su mirada hacia él, observándolo con esos profundos e interrogantes ojos azules suyos, con un rostro totalmente inexpresivo. Balanceaba la pluma entre sus dedos con su mano dominante, la mano en la que llevaba puesto el anillo de dragón, tan característico de su familia como el mismísimo apellido, aunque un poco más... Exclusivo, considerando que solo había un anillo de estos en toda la familia. Este preso había capturado su atención hacía ya un tiempo, siempre lo observaba y estaba atento a sus registros, aunque no había tenido contacto directo con él, recordaba muy claramente la forma en que Egon, otro de los extirpadores del lugar, le había prohibido terminantemente que lo mirara o que siquiera tuviera contacto con él, señalando que era su juguete exclusivo, lo cual fue un gran error, porque si hay algo más tentador para Aaron que una de estas vulnerables presas, era una que estuviese prohibida.

Se podía decir que conocía bien a Egon, o medianamente, y ya se hacía la idea de que por más que siempre mostrara una faceta bastante amable y caballerosa, no sería así todo el tiempo, podía sentir de lejos esas ansias de violencia, ansiando salir, pero el miedo jamás fue una de las pocas emociones que le quedaban al castaño, sino que por el contrario, resultaba equiparable con un incentivo, tomar lo prohibido... ¿Acaso había algo más tentador? Desconocía por completo la clase de relación que tuviera el extirpador con este preso, pero si había algo que sabía de sobra era que no dejaba de captar su atención. Su piel lucía bastante deteriorada por las condiciones a las cuales se había visto sometido, tenía el cabello largo y podía apostar a que estaba un poco más pálido de lo usual, aunque podía notar que su tono de piel siempre había sido ese blanquecino intenso, sobre el cual resaltaban esos saltones y azules ojos que tenía.

Deberías sentirte orgulloso de que un asqueroso squib sea representado por tal maravillosa criatura — Igual de áspero que siempre, no podía evitar hacer esta clase de comentarios estando en presencia de los presos. Los squibs eran, por otra parte, unos seres totalmente extraños a su parecer, eran hijos de magos, pero eran casi totalmente carentes de magia natural, por sí solos, se les hacía bastante difícil incorporarse al mundo mágico, por lo que no se veían muy frecuentemente, más bien, la mayoría vivía como totales muggles sin ninguna complicación, puesto que tenían más de esto que de magos, aunque siempre estaban los que trataban de jugar a los graciosos y acceder al mundo mágico, con su tan limitada e inservible magia.

Dio unos largos pasos hasta aproximarse hacia la celda de Dorian, guardando la libreta y la pluma cuidadosamente en uno de los bolsillos de su blazer. Al igual que siempre, estaba vestido formal para el trabajo, con ropa cara y muy bien combinada, el mal gusto era incluso tan detestable como los muggles, así que no podía permitirse ser informal. Su vestuario estaba compuesto por unos pantalones chinos de color azul marino, una camisa manga larga de estilo blue jean claro, y encima un blazer gris de lana, acompañando todo con unos zapatos brogue marrón oscuros de cuero. Acercó un poco su rostro hasta los barrotes de la celda, quedando sólo unos centímetros de aquel joven, observándole fijamente a los ojos — Hoy día hay unos sangre sucias bastante atractivos, he de admitir — Este comentario fue más bien por capturar su atención, puesto que su apariencia era un poco demasiado alejada de sus gustos, Aaron siempre había sido fiel amante de los hombres ligeramente mayores a él, con todo el porte de un hombre maduro, hecho y derecho, mientras que el recluso era más bien un poco joven para su gusto.

Sabía muy bien que, en cuestiones de terminología los squib no eran considerados sangre sucias, aunque para él, que tenía unos ideales puristas bien marcados, todo aquel que no tuviera un nivel al menos aceptable de magia y también los que no descendieran de dos progenitores hechiceros eran un fracaso para la raza. Generalmente, sentía repulsión por casi todos los presos, al punto de no querer tocarlos ni estar muy cerca de ellos, aunque este jugueteo le resultaba interesante, quizá jugar un rato con las esperanzas del pequeño squib era lo que le interesaba, y era perfecto fingiendo ser capaz de hacerlo, darle ese pequeño rayo de esperanza, para luego acabar por confinarlo y aplastar cualquier atisbo de fe que se mantuviese vigente en su ser. Deslizó su mano con total propiedad hasta el rostro del joven, sujetando su rostro fuertemente, aunque sin excederse, no quería iniciar siendo demasiado brusco — ¿Disfrutas de tu agradable estancia? — La expresión en su rostro se balanceaba entre la frivolidad y la intriga, sin despojar su mirada de sobre el rostro ajeno, buscando siempre intimidarlo.
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Dorian Richter el Mar Mayo 22, 2018 12:28 am

Con tal respuesta cortante cualquier otro podría haber perdido toda confianza en sí mismo y quedar como poco más que un bulto balbuceante. Pero Dorian ya había sufrido suficientes veces aquel tipo de insulto y lo había convertido en su fuerte. Si no puedes contra tu enemigo, únete a él, se decía a menudo. Y es que aquel lema representaba tan bien su sentido de la supervivencia como la vuelta de tuerca que le dio a su condición de squib.

- Supongo que tienes razón. Somos criaturas igual de singulares al fin y al cabo.- le respondió sin vergüenza ninguna, saliendo ileso del primer golpe. Ya que había comenzado con la jugada, no podía echarse atrás ahora que Aaron dejaba sus quehaceres y se centraba por completo en él. Incluso cortó distancias y Dorian tuvo que dejar de lado la idea de lo perturbador que resultó para no apartar las manos que apoyaba en las rejas. O retroceder. En cambio se mantuvo en su lugar, impasible, sin decaer su media sonrisa ni por un segundo. Y ésta solo creció un poco más cuando escuchó el "piropo". Porque había sido un piropo, ¿verdad? ¿De dónde había salido? Frunciendo ligeramente el ceño, no pudo creerse que hubiese acertado tan de lleno con aquel extirpador. Había pretendido llamar su atención, pero no de forma tan fácil. ¿Sería que Blondie ya tenía sus propios planes acerca de él? Sin molestarse en corregir su error sobre la calidad de su sangre, Dorian prefirió centrarse en la mano que de pronto tomó su mentón como si fuese suyo y lo acercó un poco más, acortando la poca distancia que separaba su rostro del de Aaron. No recordaba la última vez que quedó tan cerca de otro hombre, y ese gesto, tuvo que admitir que le hizo saltar sus pulsaciones por un instante. ¿Qué demonios pretendía? Tragando saliva, el adolescente se obligó a no caer en su vacilación ante la poca experiencia que tenía sobre estos terrenos. No contento con eso, se propuso hacer alarde de su capacidad para mentir y parecer completamente seguro sobre el tema, dirigiéndole una mirada comprometedora de arriba a abajo al extirpador antes de responder a su pregunta.

- Podría mejorar sustancialmente con un cambio de compañía.- le dedicó con un tono incitador por si la mirada no había quedado clara. Luego se humedeció ligeramente los labios antes de encogerse de hombros.- El señor Auerbach no comprende a los jóvenes tan bien como podría hacerlo usted.- probó con un tono más respetuoso esta vez, notando que su nueva elección parecía tan deseoso de poder como Egon. ¿Sería un requisito obligatorio en el currículum de todo extirpador?
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Aaron O'Neill el Mar Mayo 22, 2018 7:15 am

Él no acostumbraba para nada esta clase de trato con los presos, ni de cerca, únicamente en los momentos en que quería juguetear con algún atractivo recluso, aunque eso no ocurría con demasiada frecuencia. Conocía las razones exactas que tenía un preso para intentar relacionarse con su extirpador, querían algo más de piedad, beneficios, querían sentir que tenían esperanzas, en los meses que llevaba en el lugar, eso le había quedado más que claro, y no había nada más satisfactorio que tomar las esperanzas de un mugriento sangre sucia y pisotearlas, que quedara claro que no merecían incluso la poca atención que recibían.

Ignorando mi superioridad, sí, se podría considerar así — El pasillo se encontraba totalmente vacío, unos cuantos presos se encontraban justo ahora tomando su tiempo de descanso, y los guardias de seguridad se encontraban todos escoltándolos, por lo que los pasillos estaban bastante libres y aburridos, por lo menos de momento. Lo mejor de este trabajo no era torturar a un preso que ya no tenía esperanzas ni motivos para vivir, esa clase de torturas a él no le hacían nada de gracia, el verdadero arte en este trabajo era el de resquebrajar todos los sentimientos y pensamientos de los sangre sucias, jugar con sus mentes, hacer que se sientan especiales por unos segundos y miserables el resto del día, esa era la verdadera magia de la labor. Podía ver como esos claros ojos azules seguían sus movimientos bastante de cerca, mientras que él, ansiaba por descubrir los secretos del pequeño juguete de Egon, ¿Qué era lo que a él tanto le interesaba? Probablemente tendría que darle un buen castigo para así conocerlo más a fondo, ¿O debería probar sus emociones? Sí, esa era una mejor idea, aunque no rechazaba la mezcla.

Esbozó una pícara sonrisa al sentir como por un momento, al apropiarse del rostro de aquel chico, sintió su respiración acelerarse y lo vio tragando saliva, ¿Así de fácil era ponerlo nervioso? Este squib era demasiado débil para ser el juguete de Egon. Sin embargo, pudo notar las ansias que tenía de no ser descubierto, de simular la fortaleza de la cual obviamente carecía, aunque a Aaron, que era prácticamente un experto en analizar la conducta humana y que además era el rey del engaño, no le convencía ni un poco su actuación — Veo que mantienes muy bien la calma — Inmediatamente liberó su rostro, pero se dedicó a pasar su dedo índice, desde la base de su cuello, subiendo por la blanquecina piel del recluso, pasando por sobre su barbilla y llegando hasta sus labios, haciendo suaves caricias en ellos, mientras que su rostro se acercaba lentamente, tentándolo. Si estaba pensando en jugar con el castaño, el pobre no sabía en que clase de juego macabro se estaba metiendo, y él mismo se iba a encargar de demostrárselo, aunque con cada segundo en que establecía contacto físico con aquel sangre sucia, lo único que su mente maquinaba era la cantidad de desinfectante que se tendría que aplicar para no sentirse impuro.

Siguió la traviesa e incitadora mirada que le dedicaba Dorian, esa juguetona mirada que recorrió todo el cuerpo del extirpador, que se balanceaba tanto entre el deseo y las ganas de sobrevivir — ¿Y la compañía de este apuesto servidor le haría bien a un sucio prisionero como tú? — Estas palabras habían salido de su boca con un tono tan tierno que incluso no sonaba tan hostil como era, pero eso era lo que buscaba, generar una buena imagen, apacible, que no viniera venir el golpe. Justo ahora estaba seguro de no haberse equivocado al respecto, este era el recluso que tanto utilizaba Egon, aunque hasta el momento, no le encontraba lo interesante como para enfocarse tanto en él — ¿Egon no comprende a los jóvenes? Es una lástima... — Deslizó su mano esta vez hacia su nuca, tomándolo firmemente entre sus dedos y juntando su rostro con los barrotes, de forma brusca — Una lástima considerando que no se merecen siquiera restos de comprensión de nuestra parte — Y era tierno, ver ese blanco rostro aplastado entre los barrotes, totalmente vulnerable, y poder percibir en su mirada que no hay nada que no haría por algo más de atención, por salir de allí, o por lo menos por recibir un trato mejor que el que podía recibir con el sanguinario extirpador de tan peculiar estilo que se encontraba a cargo de él.

Sin embargo, es algo que se puede negociar — Saltar de la crueldad a la amabilidad y la diplomacia se le daba especialmente bien, a la vez que decía estas palabras, aflojó el agarre que tenía sobre la nuca de aquel recluso, y comenzó a deslizar sus dedos a través de la superficie de su cuello, haciendo suaves caricias descendentes, con un tacto que haría derretir a más de uno, en aquella tan vulnerable y excitante área del cuerpo — Cuéntame, ¿En qué consiste tu relación con mi colega? ¿Por qué te guarda para él solo? — Acabó por preguntar, directo y tajante como siempre, con una frívola expresión en su rostro, una pregunta más dirigida a satisfacer su curiosidad que al juego mental con Dorian, pero en su cabezas, no paraba de formular posibles teorías por las cuales este joven muchacho podía acaparar tanto la atención del extirpador, aunque aún no concretaba en ninguna idea específica.
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Dorian Richter el Mar Mayo 22, 2018 9:24 pm

Antes incluso de que le presionase con un golpe el rostro contra los barrotes, Dorian ya había detectado que se encontraba ante otro sociópata manipulador. Carente de empatía y con un alto grande amor propio, el único tipo de afecto que podía sentir un espécimen como Aaron. Pero aún estaba por demostrarse quien de los dos era más de lo segundo, al menos. Quien podía jugar mejor sus cartas. Porque en fuerza física Blondie ya había demostrado también ser superior con ese innecesario golpe contra las rejas a las que aún lo presionaba. Dorian no pudo contener una breve mirada de odio antes de volver a teñirla de cautela. Cuando al fin lo soltó, el chico hizo un esfuerzo por seguir firme en su lugar, tan cerca del rostro del hombre que sabía que dentro de muy poco ya no se le antojaría tan atractivo. Pues la belleza era algo relativo y si por dentro había solo fealdad, no había nada que lograse salvarla por fuera. Pero por ahora las finas yemas de los dedos de Aaron lograron hacerle contener el aliento para evitar soltar un suspiro tembloroso. Qué fácil había sido atraer a la presa, pensó, y qué fácil fue también sacarle la información que necesitaba. "¿Por qué te guarda para él solo?" fue la cuestión que resolvió las dudas de Dorian. La única que hacía falta para poder seguir jugando su propia partida. El chico sonrió con algo más de seguridad esta vez, aunque supiese que se estaba metiendo de lleno en la boca del lobo. Ofrécele lo único que tienes y le interesa, se recordó, ofrécete todo tú.

- ¿La verdad? No lo sé.- dijo sencillamente sin perder la expresión confiada, con sus labios tan próximos a los de Aaron mientras éste se los acariciaba sin pudor ninguno. Sin temor a ser visto y juzgado por ningún otro extirpador presente que pudiese estar pasando de largo. Porque todos eran iguales allí. Unos perturbados enfermizos.- Supongo que me quiere solo para él por la sencilla razón de que yo le doy lo que los demás no.- dejó caer de nuevo retomando el misterio y la picardía tras esos ojos que tanta inocencia podían transmitir la mayoría de las veces. Con dedos prudentes pero decididos, pasó a acariciar el botón del blaser, juguetón.- A él le gusta investigar y a mi darle resultados. Una relación profesional como cualquier otra.- ironizó dejando que el otro comprendiese el juego de palabras por sí mismo.- ¿Por qué no me saca de aquí y se lo muestro yo mismo en un lugar más adecuado, doctor?- terminó sugiriendo tan directo como el extirpador, notando su corazón bombear con más fuerza después de eso, tan expectante como inquieto.
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Aaron O'Neill el Miér Mayo 23, 2018 5:20 am

Su rostro se tiñó inmediatamente de perversión al observar esa tan corta pero visible mirada de odio que le había dedicado Dorian por unos cuantos segundos, no había nada más atractivo para él que hacerse odiar por las personas a las que odiaba, era de las cosas más gratificantes en la vida. Esperaba una reacción diferente de su parte al haber soltado el fuerte agarre que tenía sobre su nuca, pero allí se había quedado, con la cabeza entre los barrotes, como una presa que ya se había resignado a la vida, y que estaba dispuesta a ser cazada de una vez por todas. Pero él sabía muy bien que no era así, esos intentos por parecer calmado lo delataban cada segundo más, ¿En serio ansiaba tanto un cambio de extirpador? No sabía con exactitud que tan cruel podía ser Egon, dado a que sabía muy poco acerca de sus métodos o su personalidad, pero si algo sabía era que su interés comenzaba a crecer al notar como el pobre joven se encontraba decidido a hacer lo que fuera con tal de aminorar su sufrimiento.

Ver esa sonrisa tan sincera en el rostro de uno de estos moribundos sangre sucia de la prisión se le hacía completamente repugnante, y aunque debía admitir que se estaba divirtiendo con el pequeño juego que había empezado, no podía parar de sentir repulsión hacia el squib, y es que se le hacía inevitable, desde bastante pequeño siempre le resultó totalmente desagradable el siquiera tener que dirigir la palabra a uno de esos seres, en muchas ocasiones el tacto con estos fétidos seres podía generarle arcadas. Le tomaba muy poca importancia a lo que los demás dentro del lugar pudieran pensar, en realidad, él sentía curiosidad por ver qué ocurriría si Egon apareciera como por obra de magia, viéndolo allí, observando como tocaba a lo que él mismo había nombrado intocable, como se metía con lo que él denominaba prohibido, sería una clara forma de captar la atención de aquel peculiar extirpador, de conocerlo un poco más a fondo, de ver su reacción, sinceramente, el sujeto le ocasionaba una gran curiosidad, y en más de una ocasión, utilizaba métodos un tanto extremos con el único fin de conseguir los conocimientos que deseaba, porque a él jamás se le negaba algo.

¿Darle lo que los demás no? Sabía que eso era totalmente imposible, claramente no podía ser el permitir que experimentara sin emitir ninguna clase de objeción ni oponer resistencia, de lo contrario no estaría allí, simulando tranquilidad, pero clamando por dentro una mejor atención, algo más de compasión hacia ese joven y vulnerable cuerpo y mente — ¿Y qué me puedes ofrecer a mí, entonces? — Siempre disfrutaba de hacer esta clase de preguntas, que requerían de una respuesta rápida para que resultaran, y que eran capaces de cambiar más de una opinión en caso de recibir una respuesta errónea.

Sus ojos siguieron el movimiento de la mano del squib, que se acercaba con lentitud hacia el cuerpo de Aaron, y sin siquiera mover alguna otra parte del cuerpo a excepción de su brazo, le sujetó fuertemente la mano justo antes de que lograra establecer algún contacto con su vestuario, y apretó bruscamente su huesuda mano entre sus dedos, aprisionándola sin una gota de compasión — Estoy seguro de que no querrás tocarme, no sin mi consentimiento — Murmuró cerca de su rostro, con esa mirada que incitaba a pecar, pero que a la vez era capaz de intimidar a cualquiera que no tuviera la suficiente fortaleza como para resistirse a él — Claro que, jamás tendrás la oportunidad de hacerlo — Siempre se le había dado bien el combate cuerpo a cuerpo, las artes marciales y el deporte, por lo que tenía unos muy buenos reflejos que en más de una ocasión lo ayudaban a librarse de una situación desagradable, como podría haber sido la repugnancia de que su ropa fuera tocada directamente por uno de esos roñosos impuros.

No tardó más de unos veinte segundos con el fuerte agarre a su mano, hasta que la soltó y la empujó sin cuidado hacia adentro de la celda — ¿Y por qué te urge tanto un cambio de lugar justo ahora? ¿Tantos secretos guarda un pequeño squib? — Por dentro no hacía más que reírse, podía sentir la desesperación en el aire, podía sentir que aquel vomitivo sangre sucia estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de obtener beneficios, de conseguir sobrevivir en aquel lugar, era una actitud vulnerable, aunque habían un montón de maneras mejores para llegar allí — ¿Qué es tan importante que no me puedes mostrar aquí mismo?
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Dorian Richter el Miér Mayo 23, 2018 8:52 pm

- ¿Y qué me puedes ofrecer a mí, entonces?

- Lo mismo que a él. O incluso mejor.- respondió el chico a la pregunta formulada sin siquiera tener que meditarlo. Pero de repente el sugerente gesto hacia el botón de su chaqueta fue bruscamente parado, tensándolo al momento. Con los ojos muy abiertos, bajó la mirada a la fuerte mano que frenaba la suya, demostrando con aquel simple movimiento cuanto rechazo sentía el extirpador hacia el squib. No, no era dominación, era repudio, y Dorian debería haber tenido en cuenta que eso podía pasar. Un purista como Aaron sería muy capaz de ver al chico como un engendro despreciable difícil de tocar, y peor aún, de mirar. Sus caricias lo tenían algo confundido por otra parte, pero desde luego, con aquel agarre doloroso en su mano, lo dejó bastante más claro. ¿Y ahora qué? sollozó el joven en su interior, viendo como sus posibilidades se reducían considerablemente si el extirpador no sentía atracción física hacia él. Porque sabía que era al menos homosexual. No hacía falta más que fijarse en cómo se desenvolvía con sus compañeros y cómo miraba al mismísimo Egon, pero eso no significaba que Dorian tuviese que resultarle atractivo. Al final, Aaron lo soltó con desprecio y esta vez sí, el adolescente retrocedió un paso y se acarició la muñeca sin ahorrarse el dedicarle una resentida mirada por debajo de sus pestañas.

- Mire, yo...- comenzó, aunque al momento supo que no sabía qué decir. Al menos, lo que venía a continuación no era fácil de formar en palabras. No sin correr algunos riesgos que podrían llevarle a grandes problemas. Con pesadez, Dorian terminó soltando un suspiro y después de unos segundos con los ojos en el suelo, los alzó de nuevo hacia el extirpador que tenía en curiosa expectativa.- No sé si estará al tanto de mi archivo, pero en él no constan mis verdaderos orígenes. En cambio... el señor Auerbach si los conoce, y desde entonces que muestra un gran interés hacia mi...- volvió a tragar saliva en ese punto y echó un fugaz vistazo al pasillo antes de proseguir con un tono más bajo, casi susurrante.- sangre noble. Provengo de la casa Stuart, de ahí lo del unicornio en el estandarte. El caso es que... A Egon le gusta mi sangre. Él... se la bebe.- reveló con una mueca de horror en su gesto, intentando hacerle entender con ello a su salvación lo mucho que le aterrorizaba la idea de volver a vivirlo.- No quiero ser más su aperitivo humano, señor. Y sé que no tardará en volver a por mí. Quizás ya esté de camino, no lo sé por seguro.- ya con tono apremiante y sobre todo de ruego, Dorian miró con sus claros ojos a Aaron, deseando que esta vez accediese.- Haga conmigo lo que más desee, pero no deje que me chupe la sangre otra vez, por favor. A- a lo mejor puedo servirle de experimento. Auerbach cree que podría haber alguna forma de extraer la magia de los squibs.- improvisó desesperado por ver alguna señal más cooperativa y de interés que hasta el momento.- Y no hay nada que desee más que poder conseguir eso.- se sinceró, por un momento pausando sus palabras con la simple idea de que algún día pudiese tener el control sobre su propia magia.- Así que haré lo que esté en mi mano si es lo que quiere, señor.
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Aaron O'Neill el Sáb Mayo 26, 2018 6:36 am

Lo mismo que a él. O incluso mejor


Él mismo no tenía demasiado interés por andar por toda la prisión, de preso en preso buscando al más interesante, al contrario, prefería divertirse con el primero que llegara a su vista, de igual manera, a todos les iba a tocar su momento de sufrimiento, o ante los ojos de los extirpadores, su momento de contribuir a la raza. Si había algo que detestaba con su vida entera, era que un squib o un hijo de muggles se sintiera con la libertad de tocarlo, de hecho, él mismo era bastante selectivo con respecto a las personas a las cuales les permitía ponerle siquiera un dedo encima, y se llenaba de repugnancia cuando veía la mano de alguien no autorizado aproximarse hacia su cuerpo, se le hacía totalmente repulsivo. Incluso era divertido y contradictorio, en especial por el hecho de que él se sentía con total libertad de tocar a cualquiera que se atravesara por su rango de visión, aunque estaba en todo su derecho, o en fin, tenía el suficiente poder para hacerlo, considerando que la mayor parte del tiempo su trabajo era lidiar con los reclusos, tenía rienda suelta para hacer con ellos lo que le plazca, siempre y cuando no acabe despojándolos de su vida, no, la pérdida de un conejillo de indias dentro del Área-M era imperdonable. Al momento de soltar el fuerte y dominante agarre que unos segundos atrás había ejercido sobre la blanquecina mano de Dorian, pudo notar como por fin, un tanto resignado, se hizo unos cuantos pasos atrás, para finalmente acabar por agrandar esa distancia que había entre ellos, luego de esas dos agresiones en tan corto tiempo, apostaba a que el impuro estaría seguro de que cualquier error podía resultar en una reprimenda mayor.

El joven mantenía la mirada gacha, parecía no estar demasiado seguro de lo que debía decir a continuación, Aaron por un momento incluso pensó que ya finalmente se había resignado, que no estaba buscando nada más de él, que había aceptado que no iba a conseguir lo que quería — No me interesa perder el tiempo leyendo archivos de squibs, me satisface más utilizar ese tiempo en las torturas — Su tono de voz y ese rostro, como siempre, le daba esa apariencia tan tajante y a la vez un aire taciturno, aunque no era un conversador nato, cada que debía hacerlo o que conseguía algún digno tema de conversación, podía entablar conversaciones por horas, aunque no con los reclusos, generalmente se limitaba a los comentarios despectivos y humillantes, únicamente con el fin de reducir su moral y sus esperanzas hasta el subsuelo en medio de los experimentos y de las torturas, y como no, también en los recreos. ¿Acaso le estaba tomando el pelo o algo por el estilo? Tampoco es como si él fuera un experto en los influyentes del mundo mágico, por el contrario, solo conocía a unos pocos, pero no distinguía ese apellido de nada, mientras que él lo nombraba, como si se tratase de una familia reconocida. No le resultó del todo impactante el hecho de que Egon bebiera la sangre del preso, en realidad, era un gusto que de vez en cuando le gustaba darse, aunque era un tanto selectivo con la sangre que bebía, pero podía entender muy bien las razones que tenía Egon para hacerlo.

Pobre... ¿Temes quedarte sin una gota de sangre? — En esta ocasión, simulaba total compasión y lástima en su rostro y también en su voz, como si entablara una conversación con un pequeño niño temeroso — ¿Y esperas un buen trato de mí? — Ciertamente, él no sabía de lleno lo que estaba haciendo, en medio de aquel desesperado intento de mantenerse con vida. Muchos de los extirpadores tenían sus propios fetiches, no estaban dentro del lugar por ser del todo 'normales' si funcionaba utilizar esa palabra. Al igual que a Egon le gustaba beber sangre, muchos otros sentían atracción por realizar cualquier práctica sobre los reclusos, por disponer de ellos a su antojo, a fin de cuentas, el tener sangre fría no solo implicaba matar, sino que también implicaba recurrir a cualquier clase de prácticas fuera de lo común sin titubear, sin remordimientos, y en más de una ocasión, ninguna de estas se hacía con la finalidad de conseguir un resultado a cambio para la investigación, sino que más bien, se hacían para el goce propio del extirpador en cuestión.

Y finalmente lo vio, esa clara señal de desesperación, la mirada de súplica de esos claros ojos, que parecían estar haciendo su último intento por sobrevivir, por mantener la sangre dentro de sus venas, o por lo menos evitar que otro organismo se adueñara de ella. ¿Extraer la magia de los squibs? No estaba del todo seguro de ello, pero si de algo estaba seguro, era que con todo el gusto del mundo sería capaz de realizar los experimentos necesarios, con el único fin de borrar del mundo mágico a esos despreciables seres de una vez por todas — ¿Sabes que me encanta ver estos rostros de desesperación? — Se saboreó en conjunto con este comentario, simulando que no le había interesado ni un poco aquel comentario acerca de la magia — Bueno, ¿Qué te parece si te saco de aquí? Para hacerte unos cuantos... exámenes, lo habitual — Fuera de esos comentarios hostiles que prácticamente brotaban por sí solos de él espontáneamente, podría casi haber parecido compasivo frente a aquel chico, que estaba ansioso por ver un rayo de luz en medio de aquella caverna, por ver una probable salida, aunque era probablemente que solo acabara por retirar las piedras, que luego caerían y lo enterrarían, en conjunto con toda su fe y esperanzas, que se irían en ese último suspiro que todos acabamos por vivir.

Sin esperar respuesta a su propia pregunta, dio unos cuantos pasos para acercarse a lo que era la puerta de la celda de Dorian, para en seguida abrirla, ingresar en ella y coger al recluso del cuello de su camisa y arrastrarlo hacia afuera — Igual lo haría independientemente de tu respuesta — Comentó, con esa expresión frívola tan característica en él, mientras que lo arrastraba a lo largo del pasillo a paso rápido, la mayor parte del personal se encontraba cuidando de los presos en el comedor, por lo que muy pocos lo veían recorrer esos largos y austeros pasillos acompañado de lo que podría ser su siguiente víctima. El transcurso fue bastante corto, las celdas no se encontraban demasiado alejadas de los laboratorios, por lo que en cuestión de dos minutos habían conseguido llegar hasta su destino. Abrió la puerta del laboratorio y literalmente arrojó a Dorian fuertemente hacia adentro, empujándolo con un fuerte manotazo en su espalda que lo condujo a chocar con una pequeña mesa llena de recipientes vacíos. Entró en el lugar después de él y cerró la puerta con seguro, lo cual era casi innecesario, considerando que cualquiera con dos dedos de frente y una varita mágica podría sencillamente utilizar un Alohomora y abrir el lugar — ¿Contento? — Nuevamente, no le hacía falta aguardar por su respuesta, sino que más bien lo empujó hasta arrinconarlo a una de las paredes del lugar, y él mismo se situó frente a él, con ambas manos apoyadas en la pared y dedicándole una mirada decidida, como un depredador observando los movimientos de su presa para finalmente lanzarse al ataque. El cuerpo del recluso se encontraba aprisionado entre la pared y entre el alto cuerpo del extirpador, que se encargaba de no darle ni un centímetro de libertad, a excepción de sus rostros, los cuales se encontraban cercanos aunque sin ningún roce, nuevamente, lo analizó de arriba a abajo con esa tentadora mirada tan común en él, esperando por el próximo movimiento de su víctima.
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Aaron O'NeillExtirpador

Dorian Richter el Dom Mayo 27, 2018 4:58 pm

"No me interesa perder el tiempo leyendo archivos de squibs, me satisface más utilizar ese tiempo en las torturas" dijo en cierto momento el extirpador. "¿Sabes que me encanta ver estos rostros de desesperación?" añadió poco después, a lo que remató sobre dejar salir al chico con un "Igual lo haría independientemente de tu respuesta" sin siquiera dejarle responder. En definitiva, todo ello supuso la clara e irrevocable demostración de que Aaron sentía una inmensa necesidad de demostrar una superioridad que ni él mismo se creía. Porque ¿qué ser superior se molestaba en insistir cúan sádico y arrogante podía ser? ¿O en recordar una y otra vez lo poco que era todo aquel que lo rodeaba? En definitiva, Dorian llegó a la conclusión de que aquel extirpador era un completo capullo.

Pero Dorian no tuvo tiempo para meditar más sobre él. Su depredador entró en la celda, se le echó encima y de un tirón del cuello de su camiseta lo obligó a seguirlo a trompicones pasillo adelante, demostrándole con aquella poca delicadeza que el buen doctor no tenía intención de andarse con rodeos con él. Habría que ser idiota para pensar que un torturador como Aaron iba a ser mejor que el enfermizo de Egon. No, Dorian no se acercó a él en primer lugar para ser protegido precisamente. ¿Protegido de qué exactamente? ¡El muy sádico seguramente planease tratarlo mucho peor de lo que lo hacía Auerbach! Y no tardó en demostrarlo con hechos, empotrando de un fuerte empujón al preso contra una mesa llena de recipientes de vidrio. Fue tan brusco el golpe que Dorian volcó con sus propios brazos y cuerpo gran parte de los objetos, algunos incluso rompiéndose y cayendo al suelo. El dolor cegó un instante su visión, uno ya tan bien reconocido. Su piel se había abierto allá donde la sangre brotó con alarmante facilidad, en la palma de su mano derecha. Luego descubriría que sus brazos también habían recibido varios arañazos. Porque en ese momento no hubo tiempo para contemplaciones. Aaron volvió a la carga y de otro par de violentos empujones, dejó al joven de menor estatura y complexión acorralado en un rincón donde apenas podía ver más allá del rostro del extirpador. Tenía su cara a tan pocos centímetros que Dorian contuvo la respiración por mucho que su corazón amenazase con salírsele por la boca. Aquella mirada, aquel odio y desprecio que sentía hacia su propio ser le quitaba el hipo a cualquiera. Pero para sorpresa de todos, incluso para sí mismo, el adolescente rompió el silencio y la densa tensión con su risa. Por alguna razón, lo que empezó siendo una leve sonrisa terminó en carcajadas. De pronto no podía dejar de reír, sin dejar de mirar al tipo con clara burla.

- ¿De verdad... siendo tan purista... no podías cerrar la puerta con tu preciada magia? ¿Qué clase de mago eres tú?- con tal insultante desprecio, más aún viniendo de un squib que ni siquiera debería poder mirar a los ojos a un ser tan superior, Dorian consiguió toda la atención que necesitaba. Y unos segundos clave en los que Aaron quedó demasiado estupefacto mientras asimilaba la situación con toda la ira que estuviese formándose en su estómago. No, Dorian ya estaba listo para el siguiente paso. Así que antes de que el mago reaccionase, el chico agarró aún con más fuerza el fragmento de vidrio que había guardado en secreto en su sangrante puño, y sin miramientos y con la frialdad que lo caracterizaba para esta clase de situaciones, lo clavó en uno de los homoplatos del extirpador. Pero la sola sensación de herir a su oponente causó en él una satisfacción que le hizo sonreír y olvidar por un decisivo instante que debía salir corriendo y no seguir observando su triunfo. Gran error.
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Aaron O'Neill el Lun Jun 04, 2018 5:28 am

Uno que está consciente de que cualquier mago con dos dedos de frente que haya en las instalaciones puede abrir la puerta con magia — No se inmutó por el hecho de que el recluso intentara reírse de él, es más, a él mismo también le causaba gracia el simple hecho de que aquel repulsivo intento de mago creyera que de algo habría servido la cerradura, a pesar de tener muy buenas habilidades en la magia, más de uno dentro del lugar lo superaba, puesto que casi todos eran mayores y tenían muchísima más experiencia en el área con él — Precisamente porque no tenemos sucios squibs como tú, que a duras penas abren una cerradura incluso sin magia — Más de uno se enojaría, o incluso se indignaría por el hecho de que aquel mugriento se estuviera riendo de él, ¿Pero él? Él no, más bien, él se rió junto a él, porque los intentos de gloria del preso no dejaban de causarle gracia ni por un segundo.

Lo observó fijamente mientras que, con su mano, el joven de piel blanquecina realizaba un rápido movimiento, enterrando en su omóplato algo que él creía un vidrio. Giró a ver y sí, era un vidrio. La herida no había sido muy grave, sintió dolor, e hizo un gesto que lo demostraba, por suerte, su llevaba una camisa y también un blazer un poco grueso, por lo cual el trozo de vidrio no había alcanzado a ir más profundo — Pobre de ti... — A pesar del dolor que había experimentado hace un par de segundos, le dedicó una mirada de arriba abajo, acompañado de una perversa sonrisa, porque sí, él era bastante masoquista, en más de una ocasión disfrutaba del dolor, y sabía que para él, que uno de los reclusos lo tocara siquiera, le daba motivos para torturarlo con mayor satisfacción, ahora quería devolverle el dolor, pero multiplicado por cien, porque sí, no había mejor tortura que la que tenía algún motivo aparente.

Su mano derecha se movió ágilmente para sacar el vidrio de su omóplato, que no se encontraba clavado con demasiada fuerza. Al sacarlo, un chorro de sangre salió por su piel y manchó el blazer, arrojó el vidrio al suelo y se hizo atrás en un salto rápido, sacando la varita de entre su blazer y haciendo un rápido movimiento, apuntando hacia la pierna derecha del recluso — Intermissumos — De inmediato, un pequeño rayo salió de su varita hasta impactar con la pierna de Dorian, rompiendo su fémur, lo cual lo haría caer al suelo de inmediato, al ver su pierna básicamente inútil — ¿Qué tan buena idea creías que sería 'herirme' y quedarte parado? — Había hecho principal énfasis en lo de la herida, ¿Por qué? Por el simple hecho de que no podía llegar a considerar del todo una herida a algo que le generaba placer, o no que le generaba placer... Que le daban ganas de un poco más de sufrimiento, para él o también para cualquier otro.

Con su mano libre, levantó su blazer de manera ágil, dejando a la vista la herida, un corte poco profundo, pero que podría complicarse en caso de no cerrarse pronto — Sutura Pellis — En serio amaba la magia, porque por más que no fuera un trabajo del todo perfecto, que no le hubiera hecho mayor tratamiento a la zona, se limitó a arrugar la cara en una mueca de dolor, mientras que en cuestión de segundos, con un movimiento de varita se suturaba su propia herida. Le observó por lo bajo, con una sonrisa en rostro, aún sintiendo el escozor del previo corte en su omóplato, aunque sin detenerse a prestarle mayor atención, luego de haber sido suturado, continuaría doliendo, pero al menos podía encargarse de no complicarse por perder sangre ni nada similar, él no sabía demasiado acerca de medicina, o siquiera de anatomía, pero estaba plenamente seguro de que con eso tenía más que suficiente de momento.

Se sincero, solo querías motivarme para que te torture mejor — Le sonrió, y al cabo de unos segundos, esa sonrisa se convirtió más en una carcajada, porque así era él, de vez en cuando frente a los presos, dejaba salir ese lado desquiciado que nadie más veía de él. Sujetó la varita con fuerza, y empezó a juguetear con ella entre sus dedos por unos segundos, para luego apuntar hacia donde se encontraba él, o más bien, hacia la parte de la pierna en la cual le había roto el hueso — Religio — Inmediatamente, desde la punta de su varita salieron unas largas cadenas, que se extendieron hacia Dorian y aprisionaron fuertemente su muslo derecho, lo cual debería ser increíblemente doloroso, considerando que acababa de romper su fémur en dos, esto probablemente acabaría por hacerlo picadillo, aunque lastimosamente, en el mundo mágico no era demasiado complicado reparar un hueso — ¿Esta era toda la valentía que tenías, asqueroso squib?
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Dorian Richter el Sáb Jun 09, 2018 4:56 pm

Como si el mundo hubiese dejado de ir a velocidad normal y todo se desarrollase con una lentitud pasmosa, Dorian comprendió demasiado tarde que había perdido el tiempo miserablemente al no correr directamente hacia la salida después de apuñalarlo. Aaron ya sacaba la varita cuando el preso echó a correr, alejándose de la pared para dejar de estar acorralado. Pero apenas dio un par de zancadas que a la tercera, su pierna derecha crujió bajo su peso y con un calambre de dolor desde los dedos del pie hasta la punta de la coronilla, Dorian se desplomó en el suelo golpeándose también la rodilla de la mala suerte por tercera vez. Más incrédulo que nada, el chico se volteó lo suficiente para ver el extraño bulto que se marcaba bajo la tela del pantalón a la mitad del fémur. En shock y comprendiendo que era el hueso lo que sobresalía hacia arriba, al prisionero le costó unos segundos antes de gritar tanto de dolor como de terror. Fue un solo grito, pues luego una chispa en su consciencia le recordó dónde y con quien estaba. Aaron no se merecía verlo gritar y darle ese placer, así que el adolescente aunó todas sus fuerzas en morderse el labio y ahogar un gemido de intenso dolor, agarrándose la pierna y dejando caer la espalda al suelo, demasiado saturado para mantenerse incorporado y seguir viendo aquel horror. Por ello, apenas vislumbró por el rabillo del ojo el siguiente efecto del último hechizo. Oh, no. Las serpientes de acero rodearon su muslo y apretaron, obligándole a apartar las manos para intentar deshacerse de ellas, pero fue todo el vano. Un nuevo grito escapó de entre sus labios, haciéndole temblar por el propio sufrimiento. Por unos segundos incluso estuvo a punto de perder la conciencia, pero el chico se mantuvo presente, pues no pensaba dejarse hacer lo que aquel perturbado quisiese mientras estaba ausente. Se obligó a recuperar la respiración, inhalando y exhalando, controlando de no derramar más lágrimas, y cuando volvió a clavar sus ojos en su torturador, estos relucían de tanto odio como dolor. Y mofa.

- Tenías razón. Solo buscaba provocarte... Y lo he conseguido.- le dedicó una sonrisa torcida más cercana a una mueca tensa.- ¿Cuánto crees que... tardará Auerbach en darte tu merecido? Has tocado lo que es suyo, capullo. Estás muerto.- la risa que vino después no fue más agradable que la sonrisa de antes, seca y entrecortada, y no por ello menos inquietante.- O peor, despedido del cargo. El malote de Blondie ya no podrá... hacer más pupita nunca más.- se burló aumentando el volumen de sus sufridas carcajadas, volviendo a tumbarse por completo y perdiendo el contacto visual.
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Aaron O'Neill el Dom Jun 10, 2018 6:40 am

La sonrisa de su rostro era imposible de borrar, y es que para él, ver la mueca de sufrimiento de cualquiera de los presos al sentir el dolor que él mismo les generaba no tenía precio, era algo completamente irreemplazable. Su risa salía, a carcajadas de su ser, y es que, era gracioso que allí, tirado en el piso y con el dolor que estaba sintiendo justo en aquel preciso momento, intentara oponer resistencia o provocarlo. Por si no le había quedado claro aún, no cualquiera hacía enojar a Aaron con simples palabras, él estaba sumido dentro de su propio mundo, y no dejara que cualquiera se colara en sus pensamientos, y mucho menos que jugara con ellos, por lo que todos aquellos juegos eran totalmente inútiles frente a él, lo torturaba más por gusto que por sentirse provocado, lo torturaba más por conocer más de él, por observar cuanto dolor podía soportar, el rostro de sufrimiento, y como aguardaba sus palabras de súplica luego de que la tortura se extendiera más.

¿Provocarme? — Nuevamente, dejó que de él saliera una sonora carcajada, la cual se fue alargando poco a poco, mientras que sujetaba las cadenas de la pierna derecha de Dorian, haciendo cada vez más presión en la zona — ¿Por qué crees que hago esto? Aparte de por gusto, claro está — Y es que él parecía no haberlo notado aún, no, el recluso no tenía ni la más mínima idea de el porqué Aaron se había acercado hasta él, aún sabiendo que lo tenía prohibido, el porqué le había dado una pequeña esperanza, aunque fuera solo al principio, el porqué lo estaba torturando, intentando dejar marcas, buscando que sus gritos se escucharan, claramente, aparte de disfrutar de esos estruendosos gritos y de su rostro de sufrimiento, tenía un motivo oculto, algo que había estado esperando ya por un tiempo — Solo te estoy usando como carnada, a quien quiero aquí es a él — ¿Es que era tan difícil de intuir? Estaba claro que no se habría acercado tanto a él, estando consciente de los riesgos, si no quería algo a cambio, y sí, él lo quería, y lo que quería era conocer un poco más al extirpador, develar sus secretos, ver más allá de lo que en el simple ámbito laboral era capaz de obtener, verlo enojado, celoso, de que tomaran lo suyo sin su consentimiento, de que alguien más que él tuviera la dicha de torturar a su juguete, lo que quería era ver su reacción, sin importar cual fuera.

El rostro de satisfacción en su rostro era casi imposible de borrar, y es que en aquel momento, no le importaba nada de lo que pudiera ocurrir — ¿Qué tanto crees que me importa el cargo? Una mierda, la verdad — Y es que, a pesar de gustarle tanto su trabajo, no es como si fuese el único lugar en el que podía trabajar, estaba del todo seguro que un cargo en el ministerio no le sería demasiado difícil de conseguir, también era graduado en la carrera de pociones, así que las oportunidades eran bastante amplias, ¿Pero por qué estaba allí? Por la experiencia de torturar y experimentar con los hijos de muggles, por supuesto, y por los contactos, porque quería reunir un montón de contactos influyentes, y ya llevaba uno que otro en su lista, y estaba seguro que algún día le serían de utilidad.

Apenas vio a Dorian tumbarse, sonrió nuevamente, soltando las cadenas — ¿Muy cómodo? — No, frente a él no había ninguna clase de descanso, y mucho menos en una de sus torturas, porque podía tener diferentes cortes, entre ellos en las manos, el fémur roto y probablemente la pierna inflamada y marcada por la presión de las cadenas, pero no iba a descansar hasta que él no considerara que ya había acabado con él — Flare — De su varita de inmediato salió una línea de fuego, de color anaranjado y bastante larga, que utilizó para envolverla alrededor del cuello de Dorian, y sujetarlo con fuerza, con el objetivo de asfixiarlo por unos cuantos segundos. Con la misma fuerza del hechizo y la presión en su cuello, lo levantó, haciéndolo quedar en el aire, aproximadamente a un par de metros de distancia frente a él, y observando como el fuego del 'látigo' quemaba su cuello, claramente eso dejaría marcas, que se podrían borrar, aunque no con facilidad — ¿Tanta risa te daba? — Movió su varita de lado a lado, encargándose de zarandear a aquel joven en el aire con ayuda del hechizo, asegurándose de contar bien los segundos, y de no hacer demasiada presión como para dejarlo sin aire con rapidez, porque no quería eso, quería que él viviera todo en sus cinco sentidos, no lo quería desmayado, ni mucho menos muerto.
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Egon Auerbach el Dom Jun 10, 2018 12:32 pm

Cuando Egon llegó al Área-M fue directo hacia la sala de descanso a recoger su cuaderno de investigaciones, el cual había dejado oculto con un hechizo y a buen recaudo. Aquel día estaba de muy buen humor, pues los avances en sus pociones venenosas estaban dando resultado en diversos muggles, así como en mestizos y en squibs. Todo apuntaba a que, con unos pequeños cambios, dos de las pociones estarían listas para su uso definitivo. ¿Y cuánto había tardado? ¿Quizás un par de meses? Un record, si se tenía en cuenta que los efectos eran realmente específicos.

En cualquier caso, una vez hubo recogido dicho cuaderno para acudir a la celda de Jennifer y continuar con sus últimos experimentos, por el camino pasó cerca del pasillo de los laboratorios y escuchó un grito desgarrador. Aquello no era algo que lo extrañase ni lo sorprendiese, ni siquiera era algo que pudiera causarle el más mínimo atisbo de piedad, pues el alemán no tenía la capacidad de poder sentir empatía al ser un psicópata, pero escuchar aquel tono de voz lo detuvo de su marcha, haciéndolo mirar hacia el pasillo. ¿Era esa voz la de...?

Entrecerrando los ojos por la profunda sospecha, no lo dudó un instante. A paso firme atravesó todo el pasillo en dirección al lugar. Fue entonces cuando dentro escuchó otra voz familiar, esta vez algo más adulta. "¿Tanta risa te daba?", seguida de varios jadeos más. Sólo tuvo que asomarse desde la oscuridad del pasillo a la ventanilla de la puerta para comprobar, efectivamente, que se trataba de Dorian y de Aaron. Pero la imagen que contempló, no fue en absoluto de su agrado.

El cuaderno cayó al suelo. Y no por sorpresa. No de manera involuntaria, sino plenamente consciente. Era un estorbo. Un obstáculo entre sus intenciones y su objetivo, al igual que lo era la puerta. Y en lugar de que esta fuese abierta con un simple alohomora, lo fue con un hechizo más violento que provocó que se abriese de par en par. Cerradura destrozada de por medio.

Extinguere —Pronunció de primeras, para eliminar el hechizo de fuego y hacer caer a Dorian al suelo. Pero no lo miró, sus ojos se habían concentrado en Aaron y no parecía haber nada que los detuviese. Sin embargo, a pesar de que los actos de Egon estuviesen llenos de violencia, su expresión no podía estar más vacía de ira. Había una frialdad muy llamativa.— Durante el tiempo que llevas aquí, sólo te he prohibido una cosa. —Su voz era ronca y calmada, al igual que los pasos que dio hacia el mago.— Una sola cosa. —inclinó su cabeza hacia un lado, ignorando los posibles signos de dolor del otro. Dorian había quedado relevado a un segundo plano. Por el momento.—  Por un instante llegué a pensar que sabrías obedecer. Pero parece ser que me he equivocado. Fallo mío. —Miró hacia abajo y sonrió por unos segundos.—  Supongo que esto me pasa por confiar demasiado en las capacidades del resto. Por... pensar que se asemejan lo más mínimo a mi. —alzó la mirada, y en su rostro, aún no se había borrado sonrisa alguna.

Dareen.

Tras pronunciar aquella palabra, Aron comenzó a sentir cómo los nervios de su cuerpo empezaban a dejar de ejercer su función normal. Sus músculos se entumecían, sus sentidos parecían volverse locos, e incluso tenía algunas convulsiones. Pero no contento con eso, habiéndose asegurado de que Aaron sufriese aquellos efectos, el alemán pronunció otro conjuro más.

Servusfilum —Si Aaron tenía un mínimo conocimiento de historia de la magia actual, sabría reconocer aquel conjuro como una de las creaciones del extirpador que tenía delante. Un hechizo que provocaba ser convertido en una marioneta ante su atacante.— Dime una cosa, Aaron. —añadió, sosteniendo la varita tan sólo con dos dedos a muy poca distancia del otro. No se había molestado en separarse de él, pues no había forma alguna de que pudiera realizar un contra ataque ahora que el alemán lo había obligado a abrir la mano para que la varita cayese al suelo bajo su pie.— ¿Es esto lo que te la levanta? ¿lo que te la pone dura? —sonrió de nuevo, mientras que ordenaba al cuerpo de Aaron apretarse fuertemente el miembro. Demasiado como para que aquello pudiera dar placer.—  ¿Sabes qué es lo que me la pondría dura a mi en este instante? —se relamió los labios, continuó regalandole esa sonrisa a Aaron y ahora lo obligó a apretarse aún más el miembro al mismo tiempo que tiraba de él hasta el límite— Ver cómo tú mismo te la arrancas de cuajo. —alzó las cejas— Porque... como buen compañero que eres, supongo que no te importará que yo destroce tu juguete preferido después de que tú hayas destrozado el mio. ¿No te parece?

Hechizos:
► Dareen: Crea una neuropatía a la víctima. Los nervios dejan de ejercer su función y el afectado puede experimentar desde entumecimiento, debilidad muscular y mal funcionamiento de algunos de su sentido hasta parálisis, convulsiones, atrofia muscular, etc... Entre más fuerte sea la maldición, peores serán sus consecuencias.  (Puede ser finalizador).
► Servusfilum: El cuerpo de la víctima queda relevado al control físico del atacante. Sin capacidad de movimiento, la víctima es manejada cual títere con la varita. Sin embargo no es posible obligar al mago a pronunciar hechizos (sí que podrá hablar), ni se tiene manejo alguno de su mente. (Creación de Egon)


Última edición por Egon Auerbach el Dom Jun 10, 2018 10:41 pm, editado 1 vez
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Egon AuerbachExtirpador

Dorian Richter el Dom Jun 10, 2018 10:32 pm

Dorian no había esperado esa respuesta. ¿Aaron también estaba buscando la atención de Egon después de todo? Si la situación hubiese sido distinta, incluso le habría producido gracia. Pero saber que el extirpador solo lo había traído hasta allí por su propio beneficio le hizo sentir bastante estúpido al joven. Y pensar lo mucho que había tenido que rogar para convencerlo de algo que buscaba desde un primer momento el maldito Blondie... ¡Ni siquiera tenía sentido! A no ser que al muy pirado se la pusiese dura ver a los prisioneros rebajarse... Si, eso tenía más sentido. Aunque seguía hiriéndole en el orgullo al adolescente, que se esforzó en mirar una última vez a su torturador con un odio poco reprimido. Pero en cuanto formuló el último hechizo su expresión se volvió de terror. No tuvo tiempo de retroceder antes de que el látigo de fuego rodease su cuello con exagerada fuerza y lo alzase del suelo, asfixiándolo casi al instante. Por no hablar de lo mucho que le ardía el propio contacto de las llamas mágicas. La necesidad de separar el lazo con las manos solo le provocó más dolor, quemando sus dedos sin fuerzas por unos segundos mientras pataleaba y la rotura del fémur le producía aún más sufrimiento. No tardó en dejar caer los brazos y dejar de luchar, demasiado mareado por el propio martirio que lo tenía en el filo de la inconsciencia mientras sus pulmones suplicaban algo de aire. Su último sufrido jadeo se volvió un quejido cuando de repente el látigo dejó de mantenerlo en el aire y Dorian aterrizó por suerte por el costado bueno.

Ni siquiera fue consciente de la interrupción de Egon hasta largos segundos después, cuando pudo dejar de toser en busca de oxígeno y le extrañó que la tortura se hubiese detenido. O lo que es más, la insufrible voz de Aaron. En cambio fue otra muy distinta la que escuchó. Sorprendido y más alarmado que aliviado, Dorian buscó la figura de Egon, que quedó a pocos pasos por delante, entre medias de su martirizador y él. Temiendo cómo pudiese reaccionar su extirpador personal, el joven se encontró de pronto en una encrucijada que no había valorado antes. ¿Y si Auerbach le dejaba toda la culpa a él, como cualquier machista acusaría a una víctima de violación por ir provocando? Pero igual que la adrenalina del temor lo golpeó, el agotamiento le hizo olvidar toda importancia en su último intento por incorporarse. Tumbado como estaba de costado y teniendo en el punto de mira a ambos adultos, Dorian se centró en mantenerse despierto y recordarse que debía seguir respirando por mucho que le doliese todo el cuerpo. Por desgracia, no pudo atender a toda la conversación, pero escuchar cómo Aaron se quejaba de dolor mientras se mutilaba las partes bajas ya fue suficiente satisfacción para la sed de venganza del joven squib.

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Aaron O'Neill el Mar Jun 12, 2018 9:15 pm

Sus 'deseos' parecieron hacerse realidad incluso más rápido de lo que él mismo lo creyó. No hacía demasiado que había llevado al recluso hacia aquella habitación, y pudo sentirlo claramente, pudo sentir que Egon estaba ahí, cuando la puerta, en vez de abrirse con normalidad, fue prácticamente destruida y echada a volar por el lugar. Una sonrisa de satisfacción se mostró en su rostro, aunque sabía que lo que le venía no era nada agradable. Estaba bastante acostumbrado a romper las reglas, de hecho, era casi como el pan de cada día, sin embargo, él mismo se encargaba de romperlas de forma discreta, silenciosa, que nadie se enterara de lo que estaba haciendo, pero aquí solo tuvo una opción, hacerlo y ser descubierto, porque en el fondo eso era lo que en realidad estaba buscando. Sus deseos más de una vez podían ser un poco extremos, ¿Pero qué había de divertido en una vida de plenitud? Sin romper ninguna regla, sin exponerse al peligro, por más que él disfrutara en muchos aspectos ir a lo seguro, podía sentir constantemente como el riesgo le susurraba al oído, como lo incitaba a tomarlo, como una voz dentro de su cabeza que no podía siquiera pensar en evadir.

Una entrada dramática digna de un extirpador — Esa sonrisa pícara prevalecía en su rostro, a pesar de que por dentro su cuerpo moría de curiosidad por saber lo que ocurriría, pero ya sabía el rumbo que cogería, y no sería nada, pero nada sencillo. Se giró para observarlo, aunque sin acabar por darle la espalda a Dorian, dedicándole a Egon una sugerente mirada, de pies a cabeza, analizándolo profundamente, como él acostumbraba a hacer con casi todo el mundo, pero muchísimo más en el caso de aquel extirpador.

Sus orbes azules se posaron firmemente sobre el rostro de aquel hombre, siguiéndolo con la mirada, analizándolo, y sin perder de vista esa preocupante y frívola mirada. Porque él mismo se había esperado de todo en aquel momento, un fuerte ataque de cólera, probablemente, una cara de desconcierto total, pero... ¿Esa expresión tan frívola? Eso, claramente, era lo que le ocasionaba más curiosidad. La serenidad que se veía en su rostro llegaba a ser incluso alarmante, porque pocas cosas lo eran tanto como la incertidumbre, como ver ese rostro tan sereno, cuya mente podría estar maquinando toda clase de crueles acciones. Sin embargo, no dejaba que esa incertidumbre siquiera se abriera paso por su rostro, sino que, por el contrario, no borraba la sonrisa burlona de su rostro.

Desde su llegada al Área-M hace ya tanto tiempo, nunca había tenido ni un solo inconveniente con Egon, a pesar de haberle resultado un hombre misterioso e interesante desde el primer día, podía ver algo en él, algo que lo llamaba, que incluso lo hacía desear involucrarse con él, y es que a Aaron siempre lo habían atraído ferozmente los misterios — ¿Obedecer? Tengo muchas cualidades, pero esa no es una de ellas — Y es que ese desapego por las normas, era tan común en él como su propio nombre, su forma de caminar o su habitual carisma.

Sin embargo, no esperó para nada lo que vino los segundos siguientes, aunque no intentó siquiera resistirse al escuchar como el extirpador enunciaba un hechizo. De repente, sintió como que perdía el control de su cuerpo, no de esas veces en las que sientes que no tienes la capacidad de moverte, porque te controla alguien más, sino mucho peor, cuando eres consciente de absolutamente todo lo que ocurre, y aunque sientes ese impulso por moverte, tus movimientos o son demasiado torpes, o no se llevan a cabo. Si, esa era la definición más fácil para lo que vivía con aquel hechizo. Podía sentir tics en todo su cuerpo, sus nervios alterados, había dejado caer la varita al suelo, y algunos de sus dedos se movían involuntariamente. Sus ojos parpadeaban mucho más de lo normal, y en un orden totalmente disparejo, y las sensaciones... Eran algo totalmente curioso, podía sentir ciertas partes de su cuerpo, mientras que las otras no, frío, calor, todo mezclado. Sufría pequeñas arcadas justo ahí donde estaba, que se complicaban en unas incluso más graves, su mirada se perdía con frecuencia, siempre había amado ese hechizo, aunque era la primera vez que lo padecía él mismo.

Podía sentir como, en medio de las arcadas, incluso convulsiones que no duraban más que un par de segundos llegaban a él, sus piernas, curiosamente, a pesar de tambalearse y parecer fideos, no le habían fallado del todo y por ende, no había caído rendido al suelo, y no quería, no disfrutaba que nadie tuviera el gusto de hacerlo caer, ni siquiera en estas condiciones, en las que él mismo se lo había buscado. El siguiente hechizo, por otra parte, no lo utilizaba nunca, pero sí que lo conocía, a él que le gustaba tanto estudiar, por diversión y también para ampliar los horizontes de sus prácticas de tortura, sabía muy bien que era un hechizo creado por el mismísimo Egon, y que consistía básicamente en convertirte a ti mismo en tu peor enemigo, era incluso bastante parecido a un Imperius en lo referente a controlar las acciones del objetivo, aunque su mentalidad continuaba presente allí, su cuerpo no reaccionaba a ninguna de las señales que su propio cerebro enviaba.

La mueca que hizo después no fue nada, en realidad, nada agradable. Con lo delicado que había sido siempre con sus partes, en lo referente a cuidarse demasiado, que le hicieran esto a él le parecía una total y completa falta de respeto, y aunque su expresión quería mostrar el dolor que sentía, el resentimiento no se lo permitía para nada, sino que su mueca reflejaba un montón de odio, mientras que su propia mano prácticamente estrangulaba su miembro, mostrando paulatinamente atisbos de dolor en su expresión. En cualquier otra situación, el dolor le ocasionaba placer, aunque tampoco es como si disfrutara mucho de todos estos excesos, que no había nada de placentero en sentir como por poco y te arrancabas el pene, en especial con lo que disfrutaba él del sexo. Intentó hablar más de una vez, aunque se le hizo particularmente difícil articular las palabras, en medio de sus nervios alterados — Tu juguete preferido, es... tan... interesante como lo puede ser cualquier otro... su-cio squib
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