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Intento nº2, Sr. O'Neill « Aaron O'Neill »

Uriana V. Aveyard el Lun Mayo 21, 2018 4:07 pm

Si os digo la verdad, no estoy segura de la razón por la que estoy haciendo esto. Quizá esta es la "cosa" más impactante que os vaya a contar nunca: vuelvo al museo con el Sr. O'Neill. Sí, ese mismo que se me acercó de la nada -demasiado extrovertido para mi gusto, ¿acaso no conoce el espacio personal de las personas?-. No sé en qué momento estuve dispuesta a probar de nuevo aquella situación, quizá en el momento en el que descubrí que él era mi compañero de trabajo en el área-m. Sorprendente, ¿verdad? Yo también me sorprendí, imaginé que iba a tener compañeros más "serios", pero también era problema mío confundir trabajo con el día a día, algo que debía admitir que pecaba demasiado a veces, pero no había ningún día que no se aprendiese algo. Hoy, por lo que respecta, estaba aprendiendo lo que significaba la frase de: "volver a caer en la misma piedra". No por ello significaba que fuera a ir mal aquel nuevo intento, pero debía entenderse de aquello que mi compañero era la piedra y caer nuevamente significaba volver a repetir aquel día, pero en un museo distinto.  

Sábado, primavera, si se podía decir eso. Nunca antes había estado en el Valle de Godric, debo admitir que resulta ser un pueblo de lo más humilde y encantador, a su manera. Tranquilo y lejos de donde estaba todo el movimiento que Londres acogía. Allí era donde, además, ocurría la magia del arte aquel día. Había llegado una exposición especial de unos cuadros de un mago famoso, procedente de Francia - a lo que debo añadir que no soy muy fan de los franceses, al menos no de los artistas que conozco de allí, demasiado creídos -. Quitando estos minúsculos detalles por el momento, debía encontrar dónde estaba la plaza en la que había quedado con el señor extirpador, de lo cual no iba a pronunciar nada al respecto. Nadie de aquel lugar le interesaba donde trabajaban, y prefería que se mantuviese en la privacidad, no por avergonzarse pero si por precaución. Había que ser precavido para todo. Eso sí, no pensé que encontrar esa plaza fuera más complicado que encontrar el pueblo. Londres no dejaba de sorprendenterme.

Cuando la encontré. Oh, cuando la encontré.

Una vez en la plaza me senté en un banco de los que había, con un periódico, el cual ya había leído esta mañana, pero era simplemente un acto para pasar el rato, analizando cada una de las frases por si había algo nuevo con lo que entretenerme. No fue difícil sumergirme en las palabras de tintas, en aquellas imágenes en movimiento tan llamativas y en las caras de los buscados, desaparecidos y otras variantes de personas desconocidas para mí, ajenas a mis propósitos. Cuando me enteré de lo ocurrido en Inglaterra, nunca imaginé que fuera de tal magnitud, al menos en Estados Unidos se veía de otro modo. Jamás estuve tan orgullosa de la pureza de mi sangre, aunque mis padres no pensaran igual que yo, tan repudiados de mi orgullo y amor por mis antecedentes familiares, de los cuales debía seguir estudiando. (Nota mental: repasar los apuntes sobre el último libro prestado de la biblioteca). ¿No está tardando demasiado? Diría mi pequeña vocecilla, inquieta por comenzar aquel paseo por el museo. No seas tan impaciente. Respondió la más tranquila de todas mis "yos". Y así comenzó un debate interno de cuanto tiempo había pasado esperándole, cuando ni si quiera había pasado dos minutos desde que me había sentado en el banco. Pero así eran a veces las cosas, tan complejas como la realidad misma.
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Aaron O'Neill el Lun Mayo 21, 2018 9:54 pm

La señorita Uriana le resultaba bastante interesante, lucía como una muy buena mujer, amable y educada, o al menos eso era lo poco que conocía de ella. Su primer encuentro había sido una vez hace ya varios meses, se la cruzó en un museo de arte, admirando un conocido cuadro realizado por uno de los más aclamados pintores dentro del mundo mágico, sí, eran de esas obras mágicas que tenían su propio movimiento y que jugaban con el sentido de la vista de las personas, que hacían a la persona considerar más de una perspectiva y, que además, resultaban completamente fascinantes. En medio de un arrebato del tan impredecible Aaron, se acercó a hablarle, estaba de muy buen humor justo en aquel momento, le había resultado una mujer simpática y también disfrutaba en gran medida de compartir sus opiniones acerca del arte con los demás, así que en aquella ocasión, aprovechó el encuentro para platicar un poco con ella acerca de los cuadros y además, de compararla con las obras de arte que habían en el lugar, sí, así de directo, como siempre era con casi cualquier tema, directo al grano.

No tendía demasiado a acercarse a platicar con desconocidos, en especial con lo purista y lo selectivo que era, no consideraba a cualquiera digno de relacionarse con él, aunque siempre tiene esos arrebatos de espontaneidad, donde hace las cosas más por instinto que por cerebro u orgullo, volviéndolo un mago totalmente impredecible, te podía decir algo y hacer completamente lo contrario solo porque así lo deseaba en aquel momento, porque era lo que le apetecía y satisfacía sus antojos en el momento. Para su sorpresa, algunos meses después, había visto a esa misma mujer a la que tan amablemente había cortejado en el museo de arte mágico, entrando por las puertas del Área-M tan solo algunas semanas luego de su primer encuentro, y aquel preciso día se enteró que ella sería una extirpadora más, por lo que se la cruzaba ocasionalmente en los pasillos de la prisión, aunque no contaban con un trato que excediera lo formal.

Sin embargo, él mismo se encargaría de que eso acabara, puesto que de forma totalmente inesperada, hace algunos días el castaño la había invitado a ir al Valle de Godric, como si fuera un cliché, justo sería una salida dentro del mismo contexto en el que se conocieron, en un museo artístico del lugar, no demasiado conocido, pero sí bastante llamativo. La mujer aceptó, lo cual para él no resultó sorpresivo, dado que jamás le habían rechazado una invitación hasta la fecha, y con total sinceridad, esperaba que jamás ocurriera. Se había vestido bastante bien para la ocasión, casi igual que siempre, con un estilo que se balanceaba entre lo casual y lo elegante, con un pantalón chino de color marrón claro, y unos zapatos Derby marrones de cuero, además, con una pulcra y a su parecer, perfecta camisa blanca de mangas largas, abierta desde un poco más arriba de la división de su pecho, y además llevaba las mangas recogidas, dejando ver todo su brazo a partir del codo, y luciendo una pulsera de color marrón oscuro que completaba con el estilo de vestir del día de hoy.

Llegó al lugar un par de minutos tarde, debido a que había tardado en dejar su casa, puesto que le tomó algo de tiempo escoger la camisa adecuada para la ocasión, estando a punto de llevar una azul, aunque acabando finalmente por escoger la blanca, que a su parecer, le sentaba mucho mejor. Al llegar a la pequeña plaza en la que habían quedado en encontrarse, pudo observar allí a Uriana, que se encontraba sentada en un banco a unos cuantos metros con un periódico, por lo que apresuró su paso hacia ella, y se detuvo cuando estuvo justo en frente, aunque en vez de hablarle, se sentó a su lado — Lindo día, ¿No le parece? — Comentó, como si estuviera hablando con una total desconocida. Levantó una de sus piernas, apoyando el área de su pantorrilla sobre la otra, sentándose con mayor comodidad, situando una de sus manos sobre su muslo, mientras que extendía la otra a lo largo del borde superior del banco.

Giró su rostro, y casi totalmente inexpresivo la miró fijamente — ¿Sabe? Escuché que hay un muy llamativo museo artístico aquí cerca... — Realizó una pausa para aclarar su garganta, y también dio la vuelta
a su rostro, mirando hacia su alrededor y admirando el clima, ese clima frío, pero tan acogedor y hermoso, el cielo despejado, con muy pocas nubes en el cielo, que solo aparecían ocasionalmente para embellecer la vista aérea del lugar — ¿No le gustaría acompañarme?
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Aaron O'NeillExtirpador

Uriana V. Aveyard el Jue Jun 07, 2018 8:28 pm

Desconocía realmente la naturaleza de mi impaciencia, el porqué permanecía inquieta por la llegada del hombre. No tienes de qué preocuparte, no te va a dejar tirada. Bastante ridículo hizo la última vez para quedar de nuevo, sabiendo donde trabaja. No cometerá ese error. La paciencia había hablado y se hizo el silencio pleno que muchas personas decían imposible de callar, aunque siempre quedaban rumores de fondo que trataba de ignorar. Mi paciencia siempre había sido algo a destacar en muchas ocasiones, por ser tan variopinta como los colores de flores existentes, sobretodo de las maravillosas variantes mágicas que existían en los alrededores de este pueblo. Pero poco tiempo más tuve para pensar en ello, tras callar mi intranquilidad, puesto que el deseado acabaría llegando con suma tranquilidad y haciéndose pasar por un desconocido casual. ¿Le gusta jugar a estas cosas? Suspiré con tranquilidad, tratando de evitar en caer en el mismo saludo cordial del trabajo para darle el placer de seguir su juego. No puede ser que esté apunto de hacerlo...Oh, vaya. No esperaba compañía.

Lo acabaste haciendo, Uriana...Si, hermoso día y brillante sorpresa, justo vine al pueblo por ella. — Debía admitir que todo esto me parecía cada vez más absurdo, pero de algún modo divertido. No me tomaba últimamente descansos sociales de este tipo. — Mis padres me enseñaron que no debía irme con extraños, pero supongo que puedo hacer una excepción. — Finalmente respondería a su invitación con una sonrisa amable, la cual no costó mucho mostrar, pero no era una tan abierta como otras personas que estaban más acostumbrados a ello. Me levanté con cuidado de no dejar enganchado la tela de mi pantalón negro de delicada seda, puesto que aquel banco podía estar en mejores condiciones, y después llevé mis manos a los bolsillos del mismo para colocarme frente al caballero con el que trabajaba y hacerle una ligera reverencia con el rostro, para luego señalar con la cabeza el camino. — Si no recuerdo mal, era por ahí. ¿Vamos? — Estaba segura de ello, al menos ahora que había encontrado la plaza y estaba orgullosa de mí misma, era nueva en el lugar pero una siempre tenía tiempo para hacer las tareas.

Comenzar a andar no supuso un problema, menos aún el silencio que se pudo haber generado con ello y hacer como si fueran completos extraños, claro que esta vez quería ser yo quien rompiese el hielo en el camino. — Mi nombre es Uriana, soy estadounidense, por si no se nota en mi acento. Vaya presentación más mierda, ¿es así como socializas? "Mi nombre es Uriana"... Patética. Carraspeé, ya os podéis imaginar porqué, quizá me incomodase un poco, yo misma y sin necesidad de que ocurriese nada, pero volví a la compostura sin que pudiera dar tiempo a notarse. Me di cuenta yo misma porque conocía los motivos y lo que estaba haciendo, como si mantuviera hablando conmigo misma. — ¿Con quien tendré el honor de compartir un paseo ante tales obras de arte? — Pregunté con suma educación, manteniendo una entonación adecuada a la situación. Cordial y fluida, sin pesadez y, ante todo, claridad a la hora de hablar. Desde que había llegado a Londres trataba de mantener mi marcado acento retirado para tratar de que se me pegase de esa delicadez en la pronunciación, que muchos ingleses presumían pero que rara vez veía de normal.
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Aaron O'Neill el Sáb Jun 09, 2018 5:35 am

Como siempre, era un actor bastante convincente. Estaba allí, sentado junto a la señorita, con una expresión totalmente frívola y tan común en él, aunque en el fondo le ocasionara risa la situación. Y es que de vez en cuando le encantaba liberarse de la monotonía, de eso de los saludos tan habituales, e incluso le gustaba actuar un poco con los demás, fingir que no eran ellos, o mejor, que si eran ellos, pero no en las mismas circunstancias que las verdaderas, porque eso siempre te sacaba por unos cuantos minutos de lo habitual, te liberaba un poco el poder fingir por un rato que, podías ser exactamente quien quisieras, o que por lo menos, podías simular que lo eras.

A veces, la mejor compañía es la que no se espera, ¿No cree usted? — Muy pocas personas que interactuaban con él hoy en día, recibían por su parte un trato que no fuera hostil, o por lo menos, un tanto hipócrita, pero aquí no era así, estaba dejando que las cosas ocurrieran así como así, siendo espontáneo, sin premeditar tanto las cosas, como él acostumbraba. Le aliviaba que la mujer le hubiera contestado el gesto con la misma espontaneidad que él, y que le hubiera seguido el juego a la perfección, porque muy pocas cosas lo habrían decepcionado tanto como ver que se sentaba allí, a mirarlo de pies a cabeza, como si estuviera totalmente demente por llegar a hablarle como una desconocida, y aunque él fuera un ser casi carente de la mayoría de emociones, o más bien, de las que lo hacían frágil, ¿Había gente que no tenía ni una pizca de sentido del humor? Vamos, una cara sonriente de vez en cuando no le hacía daño a nadie, que incluso, torturar a un sucio hijo de muggles con esa expresión seria no servía, no, más bien había que hacer sentir la alegría correr por todo tu cuerpo, sonreír, burlarte de él, que la tortura no fuese solo física, sino también emocional, porque él consideraba que si se hacía algo, lo mejor era dejar todo allí, de lo contrario, no valía la pena, y eso incluía también su trabajo, y la pasión con la cual hacía cada experimento, y el amor con el que venía los rostros desesperados de todos y cada uno de los presos, clamando por solo un poco de compasión.

Le dedicó una mirada de pies a cabeza frente al comentario de los extraños, aunque intentó mantener su semblante aún serio, un pequeño atisbo de gracia se dejó ver en su rostro, con unos ojos brillantes y una pequeña, muy pequeña sonrisa, que no se permitía avanzar más — Extraños... No sé, hay algo en su rostro que se me hace familiar, ¿De casualidad no la he visto alguna vez en mi taller de pociones? — Se permitía jugar con ella aún, aunque más bien, considerando que ella había cogido el hilo desde el primer instante, podía estar seguro de que ambos estaban en el juego, y no solo uno de ellos. Se puso de pie al mismo tiempo que su acompañante, y le dedicó una caballerosa sonrisa, acompañada de un gesto con el brazo, invitándola a que fuera ella quien diera el primer paso — Después de usted, y sí, parece que tiene buena memoria

No les tomó más de un par de segundos en comenzar a caminar hacia su lugar de destino, que en realidad no estaba tan lejos, sino más bien a unos cuantos minutos, pasando por algunas pequeñas tiendas del lugar y alguna que otra residencia. Siempre le había parecido un lugar bastante atractivo y misterioso, aunque nunca lo había considerado como un buen lugar para vivir, o por lo menos no en su caso, no era para nada su tipo. Observaba el camino, hasta después de unos segundos andando, escuchó la voz de aquella mujer, que se presentaba a sí misma como norteamericana — Es imposible no fijarse en el acento, y mucho menos en una estadounidense tan atractiva, si no es demasiado atrevido decir — Al haber vivido por toda su vida en el mismo lugar, y también haber viajado a tantos países y ser políglota, reconocía con facilidad cuando alguien de otra parte llegaba a hablarle, y es que el acento londinense no se confundía en ningún sitio, era algo que muy pocos tenían la capacidad de pasar por alto.

Él mismo siempre había sido bastante educado, acostumbraba a usar palabras suaves y delicadas, además, su acento estaba bastante marcado, a cualquier lugar que viajara lo reconocían su utilizaba su forma de hablar habitual, aunque igual que muchas cosas en él, era capaz de suprimirlas cuando él quisiera para adaptarse a la situación, o por lo menos, reducirlas un poco, dado a que se le hacía casi imposible adquirir otro acento, luego de veinticinco años de vivir en el mismo país, con esa forma de hablar tan característica en ellos — Oh, disculpe, soy todo un maleducado — Hizo una mueca de sorpresa, como si ni él mismo se pudiera creer el haberse olvidado de la presentación, incluso luego de que aquella 'desconocida' se presentase tan cordial y formalmente. Se detuvo por un momento, giró hasta quedar de frente hacia ella, y con delicadeza, tomó la mano derecha de la extirpadora — Aaron O'Neill, para servirle — Luego, le dio un suave beso en el dorso de la mano, devolviendo después su mano exactamente al lugar del que la había tomado, para continuar con su camino, pero que no lo tuviera tan creído, que él no servía a nadie — ¿No te perdiste? — Preguntó ya, fuera de la actuación, regresando a esa anhelada realidad, en la cual habían dos colegas, caminando hacia una muestra de arte en en lugar.
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Uriana V. Aveyard el Dom Jun 10, 2018 12:31 pm

Durante los pocos encuentros, de pasada la mayoría, con mi compañero: jamás me había planteado en volver a quedar con él, pues consideraba que bastante era la imagen que tenía de él en el primer día que nos conocimos. Mucho antes de saber que era compañero en el área-m. La vida sin duda daba muchas vueltas, y entre ellas estaba esta persona con la que se quedó sorprendida al conocer su trabajo. Había sido una grata sorpresa, por un lado, por el hecho de no ser una de esas personas que pretenden defender la impureza de la sangre, aunque podía entender que se fuera más permisivo con los mestizos, podían salvarse pero no había nada como la pureza. Y esta persona junto a mí, con la que ya había comenzado a caminar, compartía esos pensamientos - en principio - conmigo y eso era algo que me hacía estar más cómoda. Aun así, no había que olvidar en la nueva sociedad que estábamos y lo normal que podría resultar aquello, pero aun así mantendría mi propia discreción en sitios públicos, por si acaso.

Solo a veces, no cualquier cómoda. — Acabé respondiendo con mis pies rumbo al museo, lo malo era encontrarse tantas calles que no conocía, por mucho que en mi cerebro estuviera las direcciones a seguir. Y después de aquello no correspondí a muchas de sus frases porque estaba bastante atenta de mirar por dónde íbamos para no equivocarme, puesto que lo último que quería hacer era quedar mal delante de mi compañero, aunque ciertamente no tuviera motivos porque aquello no era mi pueblo y mucha menos una experta en el lugar. — Si que resultas atrevido, pero de vez en cuando no es nada malo. — Me encogí de hombros mostrando una pequeña sonrisa de vuelta al joven, al menos esta vez no estaba resultando tan incómodo como cuando nos habíamos conocido, y aquello era bueno. Lo cual no significaba que me cayese bien y fuera mi amigo, sólo eramos dos compañeros conociéndose. No pretendía estar sola en mi estancia por Londres, sabía perfectamente que sola la vida era aburrida, pero todavía quedaba mucho para elegir el círculo con el que rodearme. Por lo pronto, no me estaba causando ninguna repulsión, que ya era algo para las sensaciones que muchos me creaban.

Parece que está siendo mucho más cortés que la última vez. Estaba tardando en salir una de mis voces interiores, pero tampoco quería darle más importancia de la que tenía. ¿Para qué? No eran más que distracciones que solían llegar en el peor momento. — Me perdí ciertamente al comienzo, este pueblo es demasiado enrevesado para las calles tan simples que me suelo encontrar por América. Supongo que es una de las bellezas del lugar, entre otras que se pueden destacar. — Entonces llevé mis manos tras mi espalda y entrelacé los dedos de mis manos para mirar mi alrededor, observando de lejos el museo y la larga cola que había en la puerta. ¿Se habían puesto todos de acuerdo? Miré a mi compañero con rostro sereno, clavando mis ojos claros y azules en él para que así pudiéramos cruzar miradas y hablarnos ya con más confianza, dado que él se había salido de algún modo del papel. Tampoco pareció necesario seguirlo. — Espero que no te importe esperar en la cola, pero no parece ir lento. — Una vez alcanzada la cola, me puse frente a él esperando para mientras entablar una conversación, lejos de las típicas conversaciones de trabajo. — Bueno, háblame de ti. Aún no tuve ocasión por saber tus gustos y aficiones. A parte del arte, claro...
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Aaron O'Neill el Lun Jun 11, 2018 4:37 am

Si había algo de lo que estuvo seguro siempre, es que la norteamericana le había resultado un tanto simpática desde el primer día, y que sin duda, era un total misterio, y todo el que lo conocía por lo menos un poco, podía darse cuenta de lo mucho que a él le encantaban los misterios, y que siempre buscaba, a toda costa, resolverlos, porque pocas cosas habían tan grandes en el mundo como su curiosidad, la cual más de una vez lo había llevado a ponerse en peligro, únicamente por querer descubrir algo. Sin embargo, él mismo se había encargado de que no todo el mundo tuviera pleno conocimiento de lo curioso que podía llegar a ser, de hecho, solía hacer averiguaciones siempre por su cuenta, sin necesidad de involucrar a nadie más de por medio, porque si había algo que le quedaba bien, era ser un hombre solitario.

El camino no tenía demasiada pérdida, es decir, no es como si fuera un sitio demasiado extenso, y él, quien tenía un muy buen sentido de la ubicación, podía llegar hasta el lugar sin siquiera pensarlo dos veces, porque rara vez se olvidaba de un lugar, su memoria fallaba muy poco con lo que veía, muy pocas veces olvidaba un rostro o un lugar, y estas dos cualidades le habían sido increíblemente útiles a lo largo de su vida. La analizó de pies a cabeza al escuchar el comentario que emitía sobre su atrevimiento, ¿En serio lo estaba diciendo? Pues sí, él era bastante atrevido de vez en cuando, aunque sin perder lo galante, claro estaba — Sin la gente atrevida, el mundo sería aburrido — Esta vez, le dedicó una mirada sugerente, más que nada, en lugar de una sonrisa. Claramente no tenía intenciones de ser demasiado coqueto, más bien, ya lo había sido bastante con la mujer, por lo cual intentaría aprovechar una que otra oportunidad, mientras que dejaba pasar otras, porque eso de ser del todo constante nunca había sido para nada lo suyo.

Disfrutaba de una buena conversación, aunque la mayor parte del tiempo le gustaba estar solo, no despreciaba para nada una buena plática, un adecuado intercambio de ideas, en especial cuando la otra persona era alguien con bastante para ofrecer, más que una sencilla mente hueca, y en lo poco que había logrado conocer a Uriana, en conjunto con lo que había intuido, podía notar que ella no era para nada así, que tenía algo de interesante — Es un lugar bastante interesante, eso sí, siempre lo ha sido — El lugar era bastante antiguo, y por eso mismo, tenía montones de historia que le precedían, siempre era agradable darse una vuelta por el lugar, y escuchar las diferentes historias que tenían para contarte, ver las muestras de arte, que allí parecían abundar, y disfrutar un poco de los paisajes, porque aunque en ocasiones podía verse como un pueblo bastante frío y vacío, la verdad era que, el lugar tenía una extraña forma de belleza.

Cuando empezaron a aproximarse al sitio en el que se encontraba ubicado el museo, podía verse que habían unas cuantas personas esperando para entrar al lugar, y que unos cuantos minutos de espera serían necesarios, en caso de que ambos quisieran ingresar al establecimiento de inmediato — Yo no tengo problema alguno en esperar si tú no lo tienes — Muy rara vez solía sentir la confianza suficiente como para decirle 'tú' a alguien, aunque no se le hizo demasiado difícil con ella, considerando que no lo estaba tratando precisamente de usted. Se posicionó de inmediato como el último de la fila, junto a la mujer que lo acompañaba, se cruzó de brazos y le dedicó nuevamente su atención completa, clavando sus ojos firmemente en su rostro. Pensó durante unos cuantos segundos la respuesta que podía darle, ¿Sus gustos y aficiones? En realidad, a veces a él mismo le confundía un poco lo que quería y lo que no — Bastantes cosas, me gusta cocinar, practicar artes marciales, leer, cosas sencillas, también disfruto mucho del trabajo, ya me entiendes — Al igual que siempre, no es como si le gustara ser demasiado específico con las cosas de la prisión, por más que estuviera frente a una de sus colegas, no se sentía del todo a gusto hablando sobre esas cosas con alguien más, en público, por más que el trabajo fuese en apoyo al actual gobierno — ¿Y qué me puedes decir de ti?
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