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Censored Travel ━ 「Priv.」

Beatrice A. Bennington el Lun Mayo 28, 2018 3:04 pm


Laith Gauthier ▸ Bea Bennington ▸ Freya Howll ▸Dante Fiore ▸ Ryan Goldstein ▸ Joahnne Herondale
Las Vegas, Nevada ┊17:30 Pm en el Hotel ┊Sexo, drogas & rock n' roll ┊Desde el 5 de Mayo



Aun no era capaz de creerlo. ¡No podía! ¿Cuáles eran las posibilidades de ganarse un viaje a las Vegas todo pagado? Sonaba a algo de película. De esas donde viajas con tu grupo de amigos y terminan haciendo una cantidad de locuras inimaginables. “¿Qué paso ayer?” Llego a su mente mientras reía. Ya se imaginaba terminando casada con un diente menos, con un tigre en el baño o despertando naranja en la parte de arriba del hotel. Que suerte que no iba con un grupo grande que incluyera a un tipo loco y con problemas mentales, aunque llevaba a Ryan, lo cual era algo similar, si lo pensaba bien.

Las Vegas era llamada la ciudad del pecado, de las segundas oportunidades, pero para ella, era la ciudad de las apuestas. Iba con la intensión de ganar lo que más pudiera, por pura diversión. No tenia nada que ver el hecho de que se hubiera gastado un montón de dinero en ropa y animales el mes pasado, nada que ver. De todas maneras, ya estaba lista.

Se puso sus gafas de sol de corazones, esas que adoraba muchísimo porque iban con ella y le cubrían el rostro, antes de usar la aparición. Se equivoco un montón, como siempre, pero llego a casa de Ryan, con sus dos maletas intactas.

━ ¡RAPIDO, PREPARA TUS COSAS! ¡NOS VAMOS A LAS VEGAS! ━

✦✦✦✦

El viaje en avión fue divertido. De hecho, parecía como si estar cerca de Ryan significaba tener una diversión infinita, lo cual le agradaba. En algún momento se había quedado dormida, porque cuando quería podía caer dormida en cualquier rincón, y cuando al fin volvió a abrir los ojos, se encontraba en el hombro del rubio como si se tratase de un saco de papas o algo parecido. No podía llevarla como princesa, claro que no. Él debía llevarla como si se tratase de un bulto más.

━ Estoy despierta. ━ Susurro, bostezando, aunque el sueño se fue en segundos al ver a su alrededor. ¡Era un hotel que lucia carísimo! Realmente era muy hermoso, de seguro tenía piscina y toda la cosa. Beatrice ya estaba enamorada, totalmente.

━¡Señorita Goldstein! Que alegría verla despierta. ━ ¿Qué Ryan no era hombre? ¿No debería ser señorito? ¿O estaba hablando de ella? ¿Qué? ━ Soy John, el que esta a cargo de ustedes. Les enseñaré sus habitaciones, y entregaré estos pequeños mapas para que no se pierdan en las instalaciones. El resto de los ganadores llegará en cualquier momento, espero puedan esperar. ━

¿Al resto? ¿Estaban esperando más personas? Asintió hacia el hombre, antes de jalar al rubio a su lado, para que hablen en voz baja. ━ ¿Señorita GOLDSTEIN? ¿Desde cuando soy tu futura señora, hermana o lo que sea que hayas dicho? ━ ¡Que alguien le explicará que estaba sucediendo! Nunca más se dormía, que luego estaba toda perdida en la vida.

━ ¡Ya vienen algunos! ━ Ese tipo, John, parecía ser el más emocionado con todo el tema. A Beatrice le daba gracia. ¿No eran ellos los nuevos en Las Vegas? Esperen…

━ ¡YA HEMOS LLEGADO A LAS VEGAS! ¡VAMOS A EXPLOTAR LA BILLETERA! ━ Y choco los cinco con Ryan, sin que el supiera que, realmente, la pequeña rubia, tenía planes que no incluían SU billetera, sino la de ALGUIEN más.

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[color=#cc6600] John Sin Apellido [/color]
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Ryan Goldstein el Miér Mayo 30, 2018 4:19 am

INTRO:

¡RAPIDO, PREPARA TUS COSAS! ¡NOS VAMOS A LAS VEGAS!


En pantuflas, lo agarró en pantuflas, con cara de dormido. Y es que, ¿sabes?, ocurría algo insólito en ese preciso instante, algo de lo que sólo él parecía darse cuenta. Y frente a los despampanantes anteojos de sol y esa sonrisa muy segura, el rubio, un aguafiestas total, bostezó, antes de soltar una REVELACIÓN.

—Pero Bea, cariño…—empezó a decir, con somnolencia, con dulzura—El avión… Nuestro avión sale mañana.


¿Eh?


—Sí, sí. Mira tu pasaje.


AL DÍA SIGUIENTE, DE NUEVO.
¡RAPIDO, PREPARA TUS COSAS! ¡NOS VAMOS A LAS VEGAS!
(100% REAL NO FAKE)



En comparación a lo cargada que iba ella, con maletas en cada mano, Ryan iba de lo más ligero, con un bolso al hombro y. Y eso le duró bien poco, especialmente en el aeropuerto, cuando se vio a sí mismo cargando con su bolso más las maletas de una muy campante Bea —que iba de aquí para allá, sin pena, sin culpa—, más las bolsas de regalos que le caían encima y no porque fueran para él, y en fin, le tocó ser el burro de carga. Pero era un hombre vengativo, perverso, y ya en el avión, tomó el asiento de la ventana, sí, se hizo con el lugar, y cuando vino la azafata, se hizo obvio que su cara de rubio encantador se granjeó todas las atenciones durante el viaje, sí. Indignante.

Ni siquiera escuchó las quejas de otros pasajeros: un señor regordete y muy nervioso que juraba y perjuraba, cual paranoico entrado en la locura, que esos dos andaban en algo raro y hacían mucho ruido con un juego de cartas, ¿que explotaba?, entre otra serie de cosas que no se explicaba. Y no, no lo decía por el hecho de que la chica pudiera ganarle al hombre en una pulseada. El caso era que hasta les echó la culpa de la gallina que apareció a mitad de pasillo, cacareando y extendiendo inútilmente las alas haciendo aspaviento. ¿Que de dónde salía?, ¿que quién había conseguido pasar una gallina por delante de las narices de seguridad?, sí, todos los pasajeros se hacían las mismas preguntas, entre risas.

Y el señor casi pega un grito cuando una de las rubias se le acercó para pedirle un bolígrafo o un lápiz: “para hacer crucigramas”, le dijo; lo cual era insólito. ¿Se sacaban gallinas de los bolsillos pero no tenían ningún boli?

***

En la recepción del hotel, Ryan se había desprendido de todas las maletas excepto por una, la más importante. La más pesada, también. No lo dirías, pero no era exactamente “ligera como una pluma”. La recepcionista que los atendiera los vio llegar sin sorprenderse mucho, como si hubiera visto otras cosas más sorprendentes que el culo de una Bennington, casi sobre el mostrador.

—Ryan Goldstein—había dicho, con Bea al hombro, o no, más bien—y Bea Goldstein. Sí, luna de miel. Realmente queremos esa suite matrimonial, gracias.  

Y entonces, conoció a John. Al principio las presentaciones fueron complicadas, porque el mentado John pareció dudar sin saber si decir HOLA TRASERO o dirigirse directamente a la cara del rubio encantador, y su momento de indecisión le costó unos segundos de incomodidad. Por suerte, el culo, digo no, la fortuna, pareció sonreírle.


Estoy despierta.


¡Y menos mal!, con lo tedioso que se hacía hablarle a un trasero…no, repetir una y otra vez la perorata de guía del año Sólo quedaba esperar a los demás. Y John, que parecía uno de esos muchachos tan eficientes como impacientes, estiró un poco el cuello intentado discernir la llegada de alguno, por entre los rostros que iban y venían, por el hall.

Ryan, al oírla, le permitió volver a anclar los pies en la tierra. Aunque de anclados nada, que ya se sabía que su lugar eran las nubes.Y ahora la tenía jalándole del brazo, juntitos, como Sr. y Sra. Goldstein.

—¿Recién te enteras, darling? ¿Tendré que decir que mi esposa sufre de amnesia?—soltó, jocoso— Oh, tú sígueme el juego en esto. No ibas a usar tu apellido de soltera, ¿verdad?—inquirió, con una mirada muy elocuente que decía a las claras: “Tú eres una fugitiva, recuerda”. Y sonrió—Tú no te preocupes por nada. Disfruta, Sra Goldstein.

¡YA HEMOS LLEGADO A LAS VEGAS! ¡VAMOS A EXPLOTAR LA BILLETERA!

Ryan chocó los cinco, por inercia, y sin embargo, algo lo inquietó por dentro, levantando sus sospechas: ¿puede que Bea se tomara muy en serio lo de ser suya en el dolor, la enfermedad… y la bancarrota? No, seguro que si lo dejaba en bancarrota, volaría a otro nido. Y ya sabía lo derrochadora que podía llegar a ser. Así que, sin soltarle la mano, y atrayéndola hacia sí, agregó, a manera de pregunta (conociendo la respuesta, pero fingiendo seriedad):

—La billetera, ¿de quién?


—¡Oh, sí!—
Los interrumpió John—¡Aquí llegan los demás, creo...!


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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Laith Gauthier el Miér Mayo 30, 2018 5:44 am

”Señor Gauthier, nos complace informarle que ha sido ganador de… ¿un viaje a Las Vegas todo pagado?

Laith se quedó mirando el papel de aquella carta con esa cara confundida, ¿cuándo había él aplicado para un viaje a Las Vegas? ¿Y por qué a Las Vegas específicamente? Habiendo tantos lugares donde no jugarse los ahorros de la vida… Entonces lo recordó. Sí, sí, recordó cuando el idiota de George le dijo que le compraba un boleto para aquel concurso a cambio de que le prestase algo de plata. El boleto no costeaba el precio del préstamo, pero como Laith era muy benevolente lo había aceptado, y ahora tenía ese papel en las manos.

Me está jugando una broma, ¿no? —le preguntó a Robín, observando al pajarito que miraba el papel muy concentrado, como si pudiera leer, cuando en realidad no podía. — Es una broma, estoy más que seguro —insistió. — Tiene que ser una broma de George, no tiene otra explicación, y seguramente cuando contacte para recibir el premio me va a decir que soy idiota o algo… —pero, en nombre de la suerte que en ocasiones Laith tenía, accedió a contactar.

Y era real.

***

Había hecho un equipaje ligero, sólo lo esencial… con un buen hechizo de ampliación dentro de su maleta para guardar toda su ropa. Varios pares de zapatos, conjuntos de ropa pensados, productos de higiene, todo lo que cualquier persona que va un mes a un lugar necesita. Aunque él sólo fuera unos días. Llevaba unos lentes de sol, una camiseta negra y un pantalón gris. Iba fresco y le parecía que no iba nada mal, seguramente llegaría, le darían su habitación y saldría a recorrer aquel sitio. Y esperaba no verse en la incómoda situación de gastarse todo su sueldo.

Llevaba puestos los audífonos mientras escuchaba a The Script, conversando por textos con Lindsay. Se había comunicado con ella para que se encargara de sus mascotas y que no ocurriese nada mientras no se encontraba en casa. Y en el avión se tomó una siesta durante un rato y sólo conversó un rato con la joven que estaba sentada a su lado, al parecer una escritora en proceso de publicar un libro interesantísimo. Laith escuchó sus ideas, le gustó verla entusiasmarse mientras conversaba, y sonrió amablemente participando activamente en el intercambio de comentarios.

Fue un largo trayecto en taxi hasta llegar a la recepción del hotel. Hizo los registros y todo parecía normal, ¿verdad? Es decir, todo debería ser normal… ¿no? Eso creyó hasta que se giró sobre su eje hacia el lugar donde el sujeto ese, el guía, ¿John? Y la vio. Al principio creyó que era un paranoico y que nada de eso podía suceder, ¿pero cuántas rubias había con esa cara y ese pelo y ese… todo? ¡Era su Beatrice, no había lugar a dudas! Y prácticamente corrió hacia ellos, lanzándosele encima a la chica y colgándosele de la espalda por unos segundos, antes de que se cayeran al suelo.

¡Beatrice, cariño! ¡Qué sorpresa verte aquí! —se emocionó, restregándole la mejilla contra la suya en el suelo, forcejeando entre risas. — ¡Te he echado de menos! —le dijo, sin parecer importantes los otros dos hombres hasta ese momento en que se levantó del suelo y le dio la mano para ayudarla a ponerse de pie, a continuación estrechándole la mano a John. — Laith —se presentó con el hombre y se giró sobre su eje para encarar al otro rubio, y estuvo a punto de estrecharle la mano también. — ¿Golgomatch? —y dale con ese apellido, si ya te han dicho mil veces que ese ya no es, ¡es Goldstein!

Sí, no era momento de hacer fricciones, eso estaba claro, ¿una tregua, quizá? ¿Un “no me meteré contigo si no te metes conmigo”? Sonaba… no tan mal, realmente. Así que extendió la mano también para estrecharla con él, dispuesto a disfrutar de aquellas vacaciones así se le fuera el sueldo la vida en ello.


Última edición por Laith Gauthier el Sáb Jun 02, 2018 5:43 am, editado 2 veces
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Dante Fiore el Jue Mayo 31, 2018 6:29 am

¿Qué demonios? — Sujetaba entre sus manos tambaleantes la carta, sí, esa carta que le alegró totalmente la vida. Sus ojos abiertos como platos y su pulso completamente inestable, ¿Estaba leyendo bien? ¿Se había comprado un maldito boleto de un concurso solo para que Allen lo dejara de molestar y se había ganado — ¡ME VOY A LAS MALDITAS VEGASSSSS! — Empezó a correr por toda la casa, arrasando con todo a su paso, mientras que Eros lo seguía de cerca, corriendo detrás de él y brincando, sí, él siempre se emocionaba tanto como él por nimiedades, pero vamos a ser sinceros, ¿Qué tan seguido comprabas un boleto para participar en un concurso solo porque tu amigo te pedía que entraras con él, y te ganabas el concurso? Casi nunca, en especial si era un viaje todo pago a una ciudad tan loca como Las Vegas.

***

Su equipaje, como siempre, era excesivo. Estaba lleno casi completamente de ropa, de toda clase, porque todos los que lo conocen bien saben que él adora la ropa. El resto de la maleta iba repleto de sus artículos de cuidado personal, cremas, dos libros para el camino y demás, una maleta grisácea, sin olvidar un hechizo de ampliación que hacía posible que todo entrara, debido a que llevaba ropa aproximadamente para una semana, con unos dos o tres cambios por día aproximadamente, lo usual. También, como era de esperarse, llevaba los papeles necesarios para los viajes, para ir siempre en regla. El vestuario era a su parecer, bastante fresco e incluso casual para lo que él acostumbraba a vestir, aunque le parecía una buena elección y algo cómodo, teniendo en cuenta que debía estar preparado para el viaje.

Disfrutaba como nadie de viajar, conocer nuevas culturas, costumbres y también, como no, divertirse como nunca. Era de lo que más disfrutaba hacer al viajar, divertirse al máximo, de igual manera, estaba en un lugar completamente desconocido y con personas que probablemente no vería nunca más en su vida, así que no le importaba hacer más de una estupidez con tal de pasar un buen momento. No tenía demasiada información acerca del viaje, solo había llamado para confirmar su asistencia, concretar los detalles y demás. Había ido a Norteamérica tan solo unas cuantas veces en su vida, y a pesar de que le resultaba un país bastante atractivo y completo en ciertos aspectos, también se le hacía un desastre total en muchas otras cosas, en especial considerando el hecho de lo ruidosos e intolerantes que eran algunos estadounidenses la mayor parte del tiempo, mientras que él prefería mucho más la paz y la tranquilidad.

No acostumbraba demasiado a dormir durante los viajes, en especial por lo emocionado que estaba por viajar a Las Vegas. Jamás había ido a aquel lugar, pero había escuchado muy buenas cosas al respecto, y a pesar de ser una gran ciudad, desastrosa y ruidosa como pocas, también estaba repleta de diversión y montones de entretenimiento por todas partes, y eso la hacía irresistible. Durante todo el vuelo se colocó unos audífonos para reducir un poco el ruido de los demás pasajeros, mientras que dedicaba toda su atención y tiempo a un libro llamado 'El amor molesto' Una preciosa novela, al menos para su gusto, que se basaba en el amor entre madre e hija, un asesinato y un montón de recuerdos que van a ayudar a alimentar la historia. El libro pertenece a una misteriosa autora, que utiliza un pseudónimo, por alguna extraña razón, y que supuestamente es italiana.

Iba muy poco atento a su entorno durante el vuelo, no recordaba ni un rostro de las personas que pudo haber dentro del avión, y luego de bajar, su mente estaba ocupada pensando en toda clase de acontecimientos posibles del libro, debido a que no había tenido tiempo de terminarlo. Tuvo que coger un taxi hacia el hotel en el cual tenía preparada la habitación, según le habían asignado la información. Por suerte, el hotel se encontraba relativamente cerca del taxi. Entró, ya con la mente despejada y una amable sonrisa en el rostro, al igual que casi siempre, realizó todos los registros necesarios y también entregó la maleta para que fuera llevada hasta su habitación, suspiró aliviado, sinceramente, amaba totalmente esta clase de atención.

El recepcionista lo envió a unos cuantos metros con quien se suponía iba a ser su guía en el viaje, y vamos, esto tenía que ser una broma. Él mismo habría pagado miles de dólares por poder ver la expresión de su rostro en aquel preciso momento, no sabía si era de emoción, de incertidumbre, de preocupación o de que exactamente, solo sabía que el estómago se le revolvió totalmente al ver eso, y se le hizo incluso divertido. Ahí estaban Laith y Ryan, dos de los hombres más guapos que conocía, y también con los que se había acostado durante los últimos siete días, ahí, tomándose de la mano, en otro continente, y casualmente tenían que estar los tres ahí, juntos en ese preciso instante, a veces se sorprendía de las vueltas que daba la vida. No estaba seguro de que pensar, por un lado solo esperaba que no fuera incómodo, o que ninguno de ellos supiera de lo que 'tenía' con el otro, si así se podía llamar, dado que de momento no era más que algo de diversión, mientras que por el otro solo podía imaginarse un trío con ellos en el cuarto de hotel, sí, porque en un viaje a Las Vegas no puede faltar el sexo.

Allí también estaba esta rubia que había conocido por Laith durante la fiesta de primavera, ¿Cómo era su nombre? Verónica, Valentina... ¡Victoria! Sí, Victoria. Él generalmente no era demasiado olvidadizo con los nombres, y muchísimo menos con las caras, aunque en las fiestas, con la alta cantidad de personas y el alcohol en su organismo, se le borraban unas cuantas de su memoria. Se acercó hacia ellos con una amplia sonrisa — ¡Ry! ¡Laith! ¡Victoria! — Nótese que había puesto algo más de cariño en el primer nombre, aunque no se acostumbraba del todo a llamarlo por su nombre, para él, era Ry y no había discusión.

Que casualidad encontrarnos todos en otro continente — Ahora que lo recordaba, si Lluna estuviera en este preciso momento, se habría formado el mismo grupillo que hubo durante unos cuantos minutos en la fiesta de primavera en Babylon hace tan solo unos cuantos días, en la cual había conocido a la rubia y también había visto por primera vez al rubio, aunque su trato con él había sido mínimo. No tenía ni idea de que era posible encontrarse a tanta gente conocida aquí, o bueno, por supuesto que era posible, pero vamos, ¿Qué tan grandes eran las posibilidades? Bueno, ahora parecía que se había sacado más de una lotería, al menos tenía personas conocidas allí, aunque podía resultar un tanto incómoda la situación.
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Freya Howll el Jue Mayo 31, 2018 6:15 pm

PRÓLOGO

RESIDENCIA UNIVERSITARIA

Su mirada se clava en mí y estoy deseando que otra “cuestión” se ocupe de la acción de clavar.

-Que no, que volverá Marc y nos encontrará liados. Ya sabes que como se pone, el puritano no puede ver siquiera un beso sin pegar el grito en el cielo.- me niega mi propuesta Eric, eso de que si nos llamábamos tendríamos un poco de alivio estaría siendo una total farsa. Mis manos, aún insistentes, recorren como si tuvieran vida propia por su pierna.- Yo soy el que debe tolerar el sermón sobre esperar hasta el matrimonio.-bufa.

-Vamos, sabes que hemos roto tiempos record. Además, está el baño. Si llegamos a escucharlo nos mudamos, me conoces, me gusta estar mojada.- sonrío con picardía. Decidida agarro su muñeca y la atraigo a mi seno, usando mi mano como guía apretando sobre la suya vuelvo a reclamar atención, con la misma presión como la invasión de mis deseos.

Los dos conocemos el cuerpo del otro, nuestras limitaciones y como esto no es más que sexo, o eso al menos de mi parte. Sin poder resistirse a mis encantos femeninos, su cuerpo tiembla. Estoy ganando mi sí. Cogiéndome con fuerza, me sube a horcajadas. Lo bueno de ser delgada es que en estos momentos puedes hacer más de una pirueta. Sus labios ansiosos tanto como los míos, se besan hasta llegar a leves mordiscos. Mis brazos pasan por detrás de su cuello, una mano se detiene en su cabello para sujetarlo mientras río expectante.

-Tú ganas. Si viene Marc corremos al baño.- lo hace sonar como un suplicio cuando soy conocedora de su entusiasmo por esto, por debajo de mis piernas.


***


Jadeo. Nos miramos llenos de pasión y no podemos evitar reírnos como tontos, callándonos entre besos. Hace unos cinco minutos que Marc ha entrado a la habitación y, como ratas, nos hemos escondido en el baño. La encimera donde está el lavabo me está haciendo daño en el trasero, la maldita sí que está dura pero eso lo dejo como un dolor en segundo plano.

-Vale, vale. Me vas a odiar por arruinar el momento pero si no te lo digo me olvido.- se queja Eric, sin parar con los trámites que estamos haciendo. Tú sabes. Trámites. Crucigramas. Ajedez.

-¿Ahora qué?- entrecortadas salen mis palabras, sigo atenta a la puerta que no sea abierta y Marc nos encuentre haciendo esto que él llama “inmoral”.

-He comprado unos boletos para un concurso. Sabes, que tengo un pequeño problema con comprar mierda que no sirve.- con su mirada me pide disculpas por estar teniendo una conversación en pleno apogeo. Mis facciones deben estar diciéndole que es un imbécil, será mi amigo pero es un idiota. ¿No podía parar a terminar en lo que estamos y ahí decirme? –Mierda...- se tensa quejándose cuando escucha como aporrean la puerta del baño. Ruedo mis ojos porque mi calentón está bajando con todo esto. -¡Marc estoy cagando! ¡Déjame en paz, mierda!-  protesta a los gritos, con el enojo que lleva encima todos sus movimientos son duros, precisos y profundos. Sí, eso de llenar trámites en un baño, es algo pasional.


***


Caminamos por las afueras de la residencia. Con un movimiento de mi mano recorro mi cabellera, removiéndola.

-Entonces, dices que gastaste dinero en un boleto para un concurso.- asiente mientras nuestro camino va llegando al fin. Debo entrar a clases y después de un baño, mi energía está renovada.- Un concurso para un viaje todo pago a Las Vegas, y  quieres que ganemos para ir al mundo muggle a la ciudad del pecado. ¿No?- vuelve a asentir. Me giro, quedándome quieta en mitad del recorrido.- ¿Piensas que ganaremos? ¿Sabes la cantidad de gente que se inscribe en esas cosas?- pregunto asombrada de ese impulso. Su cara me dice todo. Soy una perra pesimista.- Vale, vale. Si lo ganamos vamos. Al menos agradezco que me avisas ahora y no tres horas antes de tomar un vuelo. Que, tranquilamente, podríamos aparecernos allí en el hotel.-

-Lo sé pero esa es la gracia, toda una experiencia, y es gratis.- exclama con absoluta emoción.

-Técnicamente has comprado un boleto para un concurso, no es gratis Eric pero lo acepto. Avísame si es que llegamos a ganar.
- me alejo agitando mi mano en el aire como muestra de saludo. -¡No llegues tarde a clases! ¡Y cámbiate esas pantuflas!- el claramente, no se había enterado que me acompañó hasta mi edificio de clases con esas pintas.



CAFÉ EN LONDRES

-Eric, estás fatal.- hago una mueca ante mi amigo que solo rueda sus ojos y parece que está a punto de caerse al suelo.-Es una pregunta estúpida pero ¿Te encuentras bien? Si me avisabas iba a visitarte y no te decía de encontrarnos aquí.- lo veo ubicarse en la silla que tengo al frente. La mesa está ocupada por un servilletero elegante de color negro, acompañando a mi café moca y una rebanada de una tortita de moras.

-Hemos ganado.-
me dice con sus codos apoyados en la mesa sosteniendo el peso de su cabeza, ubicada entre sus manos. ¿Qué hemos ganado? Que no estaría comprendiendo nada.

-¿Qué?-

-Ganamos el viaje a Las Vegas.- ¿Y ese es su entusiasmo? ¿A qué Vegas nos están por mandar? ¿Un lugar turbio apodado igual que la ciudad del pecado? ¿Un encuentro espiritual? No estaría cazando una idea de todas ellas.

-Entonces… ¿Vamos a Las Vegas? O a donde vamos a ir que tu cara me está diciendo que vamos a la muerte.-

-Tú irás a Las Vegas, Freya, yo me quedaré postrado en mi cama recibiendo mensajes tuyos mientras te diviertes allá. ¡Tengo un maldito examen! Debo quedarme estudiando, si voy sé que no lo haré.- quejándose de la vida, aporrea la mesa.

-Hala, cálmate. Qué pensarán que estamos discutiendo y solo eres un dramático lloriqueando que debe estudiar. Puedes prepararte, rendir ese bendito examen y venir para Las Vegas. Sabes que tengo dinero muggle, bastante gracias a mi trabajo. Podemos quedarnos más tiempo si quieres.-le ofrezco una alternativa y su sonrisa aparece en su rostro, cambiando totalmente la nube negra de pesimismo con la que había entrado.

-¡Tienes razón! ¡NOS VAMOS PARA LAS VEGAS!- exclama y yo, en ese momento, caigo en la realidad. ¡NOS VAMOS PARA LAS VEGAS, LA CIUDAD DEL PECADO!


CAPÍTULO 1: La llegada de los ganadores.

Las Vegas, Nevada

Vibrador Humano (08:00): Disfruta del viaje que luego me debes poner al día.
Vibrador Humano (08:02): Seguro ya has de estar en pleno vuelo, te conozco, no me hablarás hasta que llegues. Avisa si no moriste en el intento.
Visto: 16:58HS.
Vibrador Humano (17:01): ¿Llegaste?
Vibrador Humano (17:01): ¡No moriste! Ahora sé que es seguro viajar en avión. O no.
Vibrador Humano (17:03): El idiota de Marc me ha estado echando mierda de que le use la maquinilla de afeitar. ¡Que yo no me depilo los huevos! Creo que tiene un amiguito nuestro querido Marc.
Vibrador Humano (17:06): ¿Muñeca inflable? ¿Me puedes contestar corazón?
Vibrador Humano (17:10): ¿PUEDES CONTESTARME MIERDA? VEO LOS TICS AZULES NO SOY CIEGO, UN POCO IMBÉCIL TAL VEZ
Me (17:20): Eres un poco intenso.
Me (17:20): Por eso te abandonan.
Me (17:21): Llegué y tengo un sueño del horror. Creo que estoy peor que tú cuando me dijiste que ganamos para venir a Las Vegas.
Me (17:25): Entraré al hotel, luego te mando fotos.
Vibrador Humano (17:30): MIRA MIRA
Vibrador Humano (17:30): JAJAJAJAJAJAJA
Vibrador Humano (17:31): IMAGEN.


Dejé mi celular en la chaqueta que llevaba puesta. Lo bueno de tener magia corriendo por tus venas, es la cantidad infinita de cosas que puedes hacer con ella. Por ejemplo, mi valija, parecía pequeña teniendo en cuenta el promedio de pertenencias que llevan las mujeres en esta clase de viajes, pero es un maldito agujero negro si la abres. Mis botas repiquetearon en las baldosas del hotel. Como modelo, había viajado, pocas veces teniendo en cuenta mi agenda pero tomar un avión no era algo nuevo. La desgracia, todas las horas de sueño que si no la sabes manejar terminas perdida en espacio y tiempo. La mitad del vuelo, dormí lo suficiente para que mis parpados un poco hinchados sean confinados a estar detrás de unas gafas de sol. Creo que entre sueños habré personificado cada videoclip de las canciones que se reprodujeron desde mi celular, no era demasiado conversadora y el tipo que tenía al lado como pasajero me daba mal rollo. Gruñía, no les miento, gruñía como un perro. Agradecí estar pagando Spotify y tener la batería cargada.

Con simpatía me registré en el hotel. Usando mi segundo nombre, como todas las veces que viajaba. Denisse. Un botones apareció para que le entregase mi equipaje, sorprendido, se alejó llevándose la valija hacia la que sería mi habitación. La recepcionista sonrió, como siempre, y me pregunté si no tendría dolor en sus mofletes después de tantas risitas. Negué con la cabeza cuando me preguntó si necesitaba algo más. Con su dedo índice apuntó a un pequeño grupo de personas, ellos eran otros ganadores juntos, según sus palabras, el guía de este viaje. Con un gracias, me aparté de la recepción encaminándome hacia el grupo.

Una rubia divertida que en la fiesta de primavera (si no me equivocaba) la había visto siendo participe del pseudo asesinato de Ian, un chico al cual intuía haber visto en algún lugar, el doctor que le salvo el pene a Eric y, como olvidarlo, el rubio que la había hecho decir “Sí” más de cinco veces en un minuto. Esto se pondría bueno.

La comisura de mis labios se elevó en una verdadera sonrisa. Si venía Eric, podría proponer el deseado trío que tanto vengo pensando. Que entre exámenes, una no puede ir pidiendo a la gente si le apetece montárselo a lo grande. Este viaje era una oportunidad, no la desaprovecharía.

-Parece que la mayoría se conoce.- añado al comentario de Dante, el querido doctor. – ¿Tú serás nuestra guía en este viaje de perdición?- señalé a John. Asintió confundido por los saludos efusivos de varios. Sí, había visto como el chico que desconocía abrazaba con euforia a la rubia.- Ya saben, son Las Vegas, la ciudad del pecado. No podemos irnos de aquí sin pecar.- sugerí viéndolo con una sonrisa pícara a Ryan. Sí, que quería pecar junto a él nuevamente. Y ya estaba lamentando no traer falda para aprovechar el primer sitio recóndito. Nunca hay que perder el tiempo, dicen.


OFF: Me emocioné un poquito, lo siento.


Última edición por Freya Howll el Jue Jun 14, 2018 3:17 am, editado 1 vez
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Joahnne Herondale el Vie Jun 01, 2018 12:22 am

Southend, Londres.

Con su dedo índice recorrió el borde del vaso, su mirada perdida en esa diminuta acción. Suspiró. Se encontraba en ese departamento, nuevamente había desaparecido allí y nadie la encontraría. Su familia había sido estricta al decir que ese lugar no debía ser ni siquiera mencionado a amigos, la pelirroja había mirado con escepticismo a sus dos padres cuando la seriedad del asunto era palpable. Recuerda como había dado una respuesta afirmativa, y no se volvió a hablar de aquello. Al final la reticencia sobre el paradero de esa edificación, valdría la pena.

Cuando su verdadera madre, su madre biológica, apareció para plantearle la verdadera historia de su vida solo se limitó a huir. ¿Cuánto podía llegar a doler una mentira? Esa pregunta nunca pudo cuantificarla ni contestar la siguiente. ¿Debía llorar por un padre muerto del cual no tenía conocimiento hasta ahora? Esas dos grandes preguntas rondaron por su mente en una especie de nube negra y pantanosa de la cual no podía deshacerse. Al huir recordó este piso en Londres, pequeño pero acogedor. No lo ocupó más que unas cuantas semanas, como si fuesen vacaciones, antes de decidir continuar con la universidad y plantearse vivir una nueva vida, una vacía pero viva. Sin dar una mirada hacia atrás, continuó hasta que hace un mes comenzó de nuevo a vivir aquí, al menos hasta que encontrara una solución, un grupo o alguien que la ayudase. Con las necesidades básicas cubiertas, sus ahorros seguían disminuyendo y trabajos de medio tiempo la ayudaban a mantenerse a flote. Antes su vida era entre libros, compañeros que querían sobrepasarse, reencuentros con ex compañeros de Hogwarts y poco más. Convivía en la residencia universitaria, comiendo poco por las ansías que tenía en los días cercanos a los exámenes. Pero todo lo mencionado desapareció cuando con una varita apuntó el centro del pecho a un mortífago, ese había sido el primer paso para que la palabra “huir” fuese tatuada en su vida.

Gracias al chico de la tienda de discos, pudo salir viva de aquel encuentro. No quedó mucho tiempo con él cuando decidió desaparecer del mapa, al menos por un tiempo. Tampoco había recibido su manual de “Cómo ser un fugitivo, pequeño tutorial de vida” con todos los números de contacto por si se te explota la cocina o un hechizo salió bastante mal y no quieres llamar la atención de tus persecutores.

Joahnne se había quedado absorta entre pensamientos, a la espera de lo expectante, como en otro tiempo esperara la llegada de su padre, con la esperanza de que su madre viniera a darle un abrazo y decirle que la cena estaría dentro de unos cuantos minutos. No le gustaba ser dramática, no le gustaba estar sola, no le gustaba esta situación. Aislada. ¿Qué podría hacer? Técnicamente en el mundo mágico estaban buscando su cabeza, viva o muerta. Y no conocía siquiera donde se ubicaban los refugios de fugitivos. ¿La suerte estaría de su lado en algún momento?

Fue hasta el cuarto de baño, viendo su reflejo su rostro le contestó con una mueca. Necesitaba ordenar sus prioridades, salir de esa burbuja y valerse por sí misma una vez por todas. Vamos, había derrotado una quimera hace unos años, aprendió lo básico del kickboxing, sobrevivió de un susto de embarazo y no era tan mala con la varita. Basta de penas, ya había tenido la misma charla un mes atrás. Con esa fuente de valor, abrió la perrilla del agua fría dejándola correr desde la canilla hasta el lavabo. Formando con sus manos una especie de cuenco tomó el agua cristalina que salía para refrescarse el rostro. Necesitaba salir de allí, de esas paredes que la aprisionaban.

Cuarenta y ocho minutos más tarde.

-¡Mierda que esto quema!- reía risueñamente hacia el hombre que la miraba de una manera lujuriosa. Su estómago reposaba en sus piernas de una manera poco grácil, la camisa no podía retener más la hinchada panza del señor que intentaba hacerle ojitos a la pelirroja. La mujer que entregaba los tragos hizo una mueca de desprecio, dirigió su vista hacia Joahnne y negó con la cabeza.

-Niña, deberías volver a tu casa. Si quieres llamo un taxi para que llegues en una pieza. No te daré más alcohol.- recriminó la mujer rubia que aún estaba sorprendida que luego de tres vasos altos de cerveza (esos que contenían lo mismo que una botella pequeña), su clienta estuviera lo suficientemente ebria como para resbalar entre sus palabras y reírse por cualquier palabra. – Y usted debería de tener vergüenza, deje de acosar a la chica o lo haré irse de mi bar.- con ceño fruncido se dirigió al hombre pasado de los cuarenta años.

Con una queja y uno que otro improperio al aire se alejó. Joahnne estaba pasada de copas, sentía como su cabeza daba vueltas y no haber comido antes de beber había sido una muy mala idea. Teniendo en cuenta que quería salir adelante, tal vez el ir a un bar a celebrar su nueva etapa no parecía lo mejor. Menos sin compañía, ella sabía que se ponía “divertida” muy rápido.

-¡Sabes! Claro que no sabes si no te he dicho nada.- una carcajada salió desde su boca que no hacía más que parlotear.- Me inscribí a un concurso, de esos que te ganas viajes. ¡Siempre quise viajar! Nunca me lo permití porque tenía mi cabeza en los estudios ¡Malditos exámenes! Tienes que ver cómo nos acribillan cuando damos un oral, no, no te estoy hablando de sexo oral. Eso no me va, o no sé, soy más virgen que la virgen María. ¿Está bueno? Aunque no tengo con quién hacerlo, digo, podrías conseguirme un chico lindo pero no, puede que luego me entregue. ¿Sabías que me quieren matar? O torturar puede ser. ¿Piensas que a ellos les va el sadomasoquismo? –entornó sus ojos a la chica que la veía expectante, no estaba entendiendo nada de lo que estaba hablando pero la dejó ser, dejó que fuese de esas ebrias que habla hasta por los codos.- Eso tampoco lo experimenté pero tú debes saber de qué se trata. ¿Por qué no me detienes? Te quería decir que me inscribí a un concurso.- se acomodó en el taburete alto junto a la barra, corrió su cabello hacia atrás y apoyando sus codos en la tabla de madera movía sus manos dando énfasis a sus palabras.- ¡Me voy a Las Vegas! Bueno, no, me inscribí para ganarme un viaje pero no sé si gane, nunca tuve suerte con eso. ¡Hey! Creo que ingresé el número de mi tarjeta. ¿Me habrá cobrado algo? No lo recuerdo, yo puse aceptar solamente. ¿Qué pasa si me roban todo el dinero? Tengo poco y creo que no llego a fin de mes. ¿Qué hice? ¡Oh mira! Que guapo es ese chico. Tiene cara de André o de Miguel Ángel. Es un ángel del Señor. ¿O tú no crees? Yo tampoco, bah, que digo, no lo sé. Tampoco creo que me gane un pasaje a Las Vegas así que imagínate lo que creo o no. O no, no te lo imagines.- suspiró triste. Volvió a voltearse para ver al chico que hacia escasos segundos cruzó en su campo de visión, este ya estaba a su lado con una gran sonrisa. Divertido de las palabras, que claramente había escuchado. -¿Eres real? ¡Esa chica dijo que debo ir a casa! ¿Me llevas a tu casa? Digo, a mi casa. O la tuya si quieres. ¿Sí?

-¿Quién es esta chica tan dulce, Rise?- pregunta curioso.

-No lo sé, pero si la llevas a su casa mejor. Confío que no te propasarás con ella, igual, según lo que escuché entre tanta palabra suelta, vive cerca. Asegúrate que todo quede en orden, cuidado que no te siga ese tipo de allá que estaba violando con la mirada a la niña.- con un gesto rápido señaló al hombre y siguió atendiendo.

-Bien, vamos para tu casa. Es tu día de suerte, tienes una cita con Ethan. ¿Me dirás dónde vives?-

-¿Yo? ¿Tú? ¿Una cita? ¿Va a terminar en sexo?- recorrió con sus ojos todo el cuerpo masculino, sonrió abiertamente dando saltos en su lugar.- Eres mayor, tienes cara de tener muchos años. Yo tengo pocos.- contó con sus dedos su edad, el alcohol por supuesto que no era su amigo.- ¿Vamos a mi casa? Creo que no guardé la ropa sucia que dejé tirada en pasillo pero no te molesta ¿No? ¿Me vas a mostrar tu gran polla? Te llaman Ethan el Grande, Ethan la GRAN maravilla. ¿Cómo? ¿Polla gigante? ¿El colosal?- se levantó del taburete, con ayuda del Ethan se encaminaron hacia la salida dejando a una graciosa Rise detrás.

Al volver a su piso, horas más tarde, de la fiesta de primavera.

-Ethan…- murmuró al leer el nombre en una nota adhesiva que se había despegado, tirada en el pasillo de su piso. Debajo un número. ¿Era el chico de la fiesta? Pero si, lo poco que recordaba, le indicaba que nunca lo trajo a casa, es más, había estado ella en casa ajena desayunando, durmiendo, almorzando y otras situaciones más con nuevas personas, que esperaba que sean dentro de poco amigos. –El bar…- y ahí recordó, pequeñas lagunas que se esfumaban, que el mismo Ethan de la fiesta la trajo a su casa aquellos días atrás. ¡Le había dicho que la tenía grande! Sonrojada se quedó sentada sobre su cama, sosteniendo la nota.

Las Vegas, Nevada

Y sí, había ganado el pasaje de avión  y la estadía junto a un tour por toda Las Vegas. Todo incluido y pago. En su arrebato aquellos días atrás, pagando por un boleto para un concurso que prometía, o así lo vio en su euforia, ganó la oportunidad de viajar, a un lugar que antes no había explorado pero que se sonrojaba con solo pensar todo lo que sucedería. El título “Ciudad del pecado” la entusiasmaba como la acobardaba a la vez, tenía sus motivos para tener tales pensamientos encontrados.

Entre las millones horas en el avión y su larga siesta no había ocupado el baño, grave error, ya pisando el suelo del aeropuerto quiso salir corriendo a algún baño cercano. Los servicios estaban luego de desembarcar, con prisas y dando pequeños saltos en el lugar esperó su valija. En este momento sería bastante útil utilizar el “Accio valija” pero se aguantó las ganas. Jugó con el puño de su chaqueta mientras pensaba en otra cosa que no sea orinar. A penas divisó su valija se lanzó a ella, como un animal desesperado por comida, elevó la manija para arrastrarla. Era de esas con pequeñas rueditas. Preguntó a un hombre de seguridad sobre los baños. Marcando el de mujeres, agradeció y salió corriendo. Sus piernas sin coordinar se cruzaron y provocaron que el cuerpo de la pelirroja se arrastrase por las baldosas lustradas del recinto, algunas personas jadearon al ver el espectáculo. -¡No pasó nada!- con rapidez se levantó y siguió su objetivo.

Miró entretenida las pocas oraciones que estaban escritas con bolígrafos en la puerta. Su pie derecho se movió, acompasado, con el sonido del repiqueteo que venía por fuera del cubículo. Una mujer ansiosa con su tacón golpeaba el suelo esperando que así cualquiera de las mujeres dentro de los baños se marchase. Hizo lo que debía hacer luego de ocupar el inodoro y se entretuvo lavándose las manos. ¿Qué hora era? Se sentía perdida. De reojo, echo un vistazo al reloj de una señora canosa que también usaba los lavabos. ¡Que era tarde! En el folleto que le habían dado junto a los pasajes para el vuelo, venía con unas pequeñas instrucciones para así todo el grupo ganador encontrarse en el lobby del hotel. Joahnne llevaba tiempo de retraso, o eso suponía por el horario y el desconocimiento de que tan lejano estaba el edificio donde se hospedaría.

El trayecto en taxi se le hizo eterno, su celular había muerto por lo que pidió la hora dos veces al chofer que andaba de malas. Agradeció su viaje, y por poco no llega a sacar la valija del asiento de atrás. Claro, tanta mala leche tenía el tipo que le dijo que la dejase atrás que no pensaba abrir el baúl por ella. Cerrando a duras penas la puerta trasera, suspiró y se encaminó a las puertas del hotel. Preguntó en recepción que debía completar, haciéndolo mientras la chica le sonreía e indicaba todo lo que debía tener en cuenta para su hospedaje. Indicando con su índice, la recepcionista se desentendió de Joahnne. Dio una vuelta al lugar que había sido marcado, se hallaba un grupo de varios jóvenes. ¿Ellos no eran sus nuevos amigos? ¡Se ganaron también el viaje! Esto no podría salir mejor, sus labios se curvaron en una gran sonrisa.

Un botones tomó su valija y con un asentimiento se alejó, con la llave de su habitación en mano salió corriendo hacia ellos. ¡No había dudas! No usaba lentes como para equivocarse. En todo caso, pediría disculpas por su siguiente coraje. -¡Son ustedes!- gritó sin importarle las miradas ajenas que comenzaban a posarse sobre el grupo. Con los brazos extendidos saltó sobre Bea y Ryan. Apretujando en un abrazo, rió. -¿Por qué no me dijeron que venían? Claro, no soy su mejor amiga y esto era un concurso así que hasta hace poco no se sabía. ¿O lo sabían? ¡Miren el maravilloso hotel donde estaremos! Podemos…- se cortó sola, el vómito paró y vio a los demás. -¿Me esperaban? Lo siento, tenía que hacer pipí antes de venir o me iba a hacer encima. Nadie quiere una chica sin alma con sus pantalones sucios ¿No?- cuestionó dando una sonrisa de disculpas. Estaba últimamente más risueña. -¿Qué esperamos? ¿Quién es el guía? ¿Tenemos excursiones o algo por el estilo? ¿Cómo se recupera eso del jet lag?- tiró sus preguntas a ver si alguno contestaría.
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Beatrice A. Bennington el Vie Jun 01, 2018 10:10 pm

Ir a las vegas significaba muchas cosas, como, por ejemplo, que podría ir a tomar prestado un auto policial y nadie tendría porque enterarse. O quizá si lo harían, pero como la bruja toda poderosa que era, realmente lo olvidarían luego. Aunque esperaba no hacer esto último, porque no le gustaba, pero su sueño era manejar un auto policial, vestida de policía sexy y hacer sonar la sirena. Nadie podría arruinarle su meta, necesitaba cumplir ese sueño, aunque fuera lo ultimo que hiciera en esa vida. Ah, las Vegas. Que buen lugar para vivir debía ser.

De todas maneras, sus pensamientos se habían desviado de camino. ¿Cómo era eso de que ahora era la señora Goldstein? Que va, no le molestaba, pero si se le hacía extraño. ¡Tenía 27 años, no estaba para casarse! Pero, siempre podía usar eso a su favor. Ryan no sabría que lo golpeo, justo en el bolsillo de la billetera.  

━ Uhm… ━ ¡Salvada por la campana! ¡Por el tipo ese, Josh! ¿O era John? ━ Ya viene el resto, quédate callado querido mío, demos buena primera impresión. ━ Claro, lo dice la chica de buen culo que llego al hotel en el hombro de su supuesto marido.

Y ENTONCES SE VIO ATACADA. PORQUE FUE ATACADA. Choco contra el suelo, cayendo junto a la persona ATACADORA DE BEA… mejor conocida como Laith. Como Laith. Como Laith… ¡ERA LAITH! ━ ¡Precioso! ━ Fue lo primero que dijo, toda emocionada ella. ¿Cuáles eran las posibilidades de encontrar a tu novia/gemela justamente en las Vegas? Su mente de un segundo a otro se llenó de nuevas ideas. Ahora que tenía a ese hombre a su lado, sus planes habían subido de 100% a 200% de éxito. ━ ¡No esperaba encontrarte aquí, que bella coincidencia! ━ Menos mal la había ayudado a levantarse, que el golpe igual había dolido.

Y otra vez. ¿Golgomach? ¿Qué cosa con ese apellido tan feo? Si ella tuviera ese apellido se habría encerrado en su casa de la pura vergüenza, y recién habría salido luego de haberse creado una nueva identidad, donde nadie sabría que su apellido era ese. Ella no se hubiera casado, aunque fuera de mentiritas, con alguien que tuviera ese apellido, además.

De todas maneras, si encontrarse con alguien conocido era una sorpresa, IMAGINATE ENCONTRARTE A DOS MÁS QUE TAMBIÉN CONOCES. Ya, que le digan la verdad. ¿Era una broma o algo así? Porque esto era demasiado. No se quejaba. ¡Al menos habían llegado más mujeres! Que, entre tanto hombre, pues no, no.

Saludo a la chica desconocida, esa que decía algo sobre la ciudad del pecado y no de las apuestas, con una sonrisa de esas solo cordiales, para luego devolverle el abrazo todo emocionado de Joah. ¡Ay, que lindo era saber que no eres la única fugi en el lugar! Se preguntaba si la pelirroja también se cambio el apellido, si no, podrían darle el apellido del tipo ese, el fauno de la fiesta.  ¿Dani se llamaba? ¿Drey? Ni idea.

━ ¡Bien, ya están todos! ━ John había llamado su atención, con esa sonrisa de “que bonito, que bonito. Ya quiero ver como se irán de demacrados y todos endeudados” ━Tendrán acceso a todos los rincones del hotel por el tiempo que estén aquí, y pueden visitar los lugares que deseen, aunque eso sí, sus visitas a ciertos lugares y los problemas en los que se metan, corren por vuestra cuenta. ━ Mientras hablaba, los había guiado a un ascensor todo hermoso que lucia de oro. Bee se preguntó si podría tomar prestada alguna pieza. Siguió hablando de muchas cosas, como las diversas entretenciones que puedes encontrar, los lugares que debías evitar si querias seguir vivo. Lo normal. Finalmente, terminaron saliendo del ascensor cuando llegaron al ultimo piso. ━ ... hoy en la noche tendrán una cena destinada a que se conozcan mejor, a que disfruten de los servicios que ofrecemos…. Bla bla bla. ━ No escucho más, de hecho, hasta se quedo tiesa en su lugar, sin mover ni un solo músculo. Su corazón comenzó a palpitar rápidamente, y sus ojos brillaron, todos felices, mientras observaba… eso.

━ Es… es… ━ Y camino, hasta llegar frente a frente a una hermosa estatua de ELVIS PRESLEY. Estaba que se largaba a llorar. Solo mírenlo, todo guapo. ━ ¡Eres lo mejor de lo mejor! ¡Te adoro! ━ Se lo llevaría a casa, aunque fuera lo ultimo que hiciera, de verdad. ━ No le cuentes a nadie, pero te amo. ━ Y lo abrazo. Si, Bee había abrazado una estatua, así, de la nada. De seguro eran efectos secundarios de volverte una Goldstein temporal. SI, debía ser eso.

Se tardo cinco minutos completos, seguramente, en volver a soltar aquella estatua, y solo por que la volvieron a buscar. Le dolió profundamente abandonarlo, en ese rincón, todo solito, de seguro esperando otro abrazo de su parte. ━ ¿Podemos llevarlo a casa, cierto? ━ Le susurro a su supuesto marido, aferrándose a su brazo y haciendo un puchero con los ojos cristalizados. Mirala, que buena actriz.

━ Bueno ganadores, este es su “piso” por decirlo de alguna manera, pues tendrán que compartir el lugar, y cada llave tiene un número que corresponde a su habitación. ━ ¿Habitación? ¿Llave? ¿Numero? ¿Compartir? ¡ELLA NO TENÍA NINGUNA LLAVE! Y por eso, levanto la manito, como si fuera una estudiante curiosa. ━ ¿SI, Señora Goldstein? ━ Que rarito sonaba aun.

━ No tengo una llave, me han estafado, pero quiero la cama más grande, o una habitación con balcón. Quiero un balcón que de justo a la piscina, porque así puedo lanzarme desde el balcón al agua sabe. ¿Se puede? Ah, también quiero saber si puedo traer un tigre. No digo que vaya a traer uno, pero ya sabe, todo puede pasar, estamos en las Vegas. Así que puede que finalmente y aunque diga que no, si llegue con un par, o un oso polar. ━
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Ryan Goldstein el Sáb Jun 02, 2018 5:29 am

Ya viene el resto, quédate callado querido mío, demos buena primera impresión.



Ryan enarcó una ceja, divertido. Así que, si él hablaba, ÉL, ¿su esposa se sentiría decepcionada?, ¿es que no confiaba en el encanto de su marido? Mira que mujer autoritaria que resultó ser, ya ajustándole la correa y no llevaban  ni un día de casados.

Estuvo a punto de agregar un comentario, para picar un poco a su mujer con un chascarrillo de pareja, pero no vio lo que hubo de venir. Al principio, incluso estuvo a punto de levantar al sujeto del cuello —un balín humano que se arrojó contra Bea, llevándosela por delante— y hacerlo retroceder, pero el “¡Precioso!”, lo detuvo. Bueno, no precisamente. Fue más bien… algo en su cuerpo, algo familiar, lo que lo hizo preguntarse si acaso no lo había visto en alguna otra parte, y exactamente qué tan bien había llegado a… Oh. Claro, ellos eran amigos. Lo supo en la fiesta. Y todavía lo hacían sonreírse.

—Goldstein, por favor—
corrigió, haciendo la misma petición de miles de veces antes, sin una sola nota de espereza, sólo, ligeramente desconcertado, que no era lo mismo que sorprendido. Y no, tampoco era porque fuera Laith, sino más bien, esa evidente confusión al inicio, ese lapsus, en el que el otro no lo reconoció, a él, el rubio. E hizo el ademán de tenderle un brazo amistoso mirándolo hacia dentro de los ojos como si fuera tan normal cruzarte con tu ex a kilómetros de “casa” y en Las Vegas.  

No llegó a estrecharle la mano cuando lo llamaron y en cambio, y riendo con incredulidad, le palmeó a Laith levemente el hombro —un apretón, de aprecio—, antes de salirle al encuentro al italiano, con esa misma espontaneidad con que ahora le regalaba al italiano una blanca, blanca sonrisa. Y ya se sabe que la sangre italiana, te mueve a gestos efusivos. ¿Que si Ryan Goldstein tenía una sola gota de sangre…? No, no, pero bastaba rondarlos, para dejarse llevar. Oh, bueno, era sólo un decir. La verdad, era que le alegró verlo, sin esperarlo. Y le abrió los brazos, en un amplio gesto, y lo abrazó, palmeándole calurosamente la espalda, y robándole un beso en el cuello al hundir el rostro en esa curva, tú sabes, un beso rápido, sentido y pícaro.

—En otro continente, sí—Rió. Y reparó en el detalle, con una ligera mueca, contento como nunca—¿Así que ya se conocen entre ustedes?

No le dieron tiempo a oír una respuesta a ESO, porque otro concursante fue a añadirun comentario, que lo hizo voltearse y. Oh. Sí, sí que esa mujer le sonaba, ¿y cómo no? La última vez, ¿había sido en…? Sí. Mira tú, las casualidades. ¿Qué si el rubio se mostró impactado? Sí, ¡pero tan contento! No dejaban de sacarle sonrisas, esa gente. Es que tú sabes, lo de avergonzarse por una escapadita al baño, no era lo suyo. Él celebraba la vida. Y era siempre motivo de celebración, un rostro bello, y así de simpático. Porque Freya era una mujer simpática, muy, muy simpática.

—¡No me lo creo! ¿Tú también? Lo siento, ¿tú nombre era...?—Y como no era maleducado, se acercó a besarle la mejilla. Al comentario que hiciera ella sobre “pecar”, él le agregó un guiño, pero no dijo nada. Que era hombre casado, si no mal lo recordaba. Pero bueno, no era como si importara eso en Las Vegas. Tanta casualidad le estaba haciendo mucha gracia por dentro.

La última en llegar, pero no por eso la menos importante, fue la cereza del pastel. Ryan se había acercado a Bea para comentarle algo al oído, cuando ZAS, les llegaron el grito y los brazos al cuello. La saludó con ternura, con un “Hola, cariño”, demostrando preferencia. Y es que, después de que le limpias el vómito a alguien (y de eso, días atrás, después de la fiesta), surge cierta intimidad.

El guía debía estar que se destornillaba de risa interna con tanta coincidencia, pero no dudó ni una sola vez en darles toda la información. Ya fuera del ascensor, Bea se mostró tan enamorada de un Elvis Presley tan frío como la roca, que a pesar de que el rubio la amenazara con seguir de largo, y a pesar de que anduvo unos cuantos pasos por el pasillo, esperando que los siguiera —que había que dejarla atrás, para que los extrañara—, eso no pasó, y volvió a por ella, amenazándola esta vez a volverla a cargar como un saco de patatas, lo que supuso un forcejeo amistoso entre marido y mujer, hasta que ella desistió y prefirió tomarlo del brazo.

—Oh, nosotros podemos. Claro que podemos, cariño.


¿Qué? No parecía que lo dijera de mentiritas, ¿sabes? Y para quien no supiera: la casa de Ryan Goldstein era como un depósito de cachivaches, que iban a parar allí de todas partes. En el fondo, el hombre no veía qué inconveniente podría suponer llevarse a casa otro cachivache más, y que encima tenía la cara de…

—No sabía que fueras tan fanática de Elvis, ¿cómo es que no lo has puesto a sonar en casa? ¿No lo sabes? Rcuerdo que alguien me regaló sus long plays, deberían estar por algún lado…


Por algún lado del desorden que era su departamento, lleno de cosas.¿Estaba seguro de lo que decía? En eso, el guía, John, parecía darles la despedida.

—¡Oh!, ¡gracias Josh! Has sido muy amable.

—¡John!—corrigió, riendo por el desliz—Johh, mi madre era fanática de Johnny Cash, así que…

—Oh, ya veo. Tú no te preocupes, querida. ¡Te prometo que nuestra cama es la más grande de todas!—Y lo era, porque se trataba de una cama matrimonial, algo que ella estaba a punto de descubrir y él había encubierto hasta entonces—Yo tengo las llaves—dijo, arrastrándola hacia una de las puertas.

—Bueno, si eso es todo y no tienen más preguntas…

—Sí, sí. De nuevo, ¡gracias, Josh!—Dándose cuenta de que había pecado con el mismo desliz, rió y se disculpó—Lo siento, es que mi ex se llamaba Joshua y… Bueno, son nombres parecidos—Se sonrió, nostálgico, y agregó—: Él me trajo a Las Vegas, en otra oportunidad. Supongo que estoy empezando a recordarlo. ¡Rayos!, a veces lo extraño.

¿Eh? La cara de John era muy elocuente: ¿Qué le importaba a él la historia de su ex?, ¿y era prudente hablar de tu ex, delante de tu esposa, hombre?

—¡Ja! Ok. Los veo luego.

—¡Joah!—
llamó Ryan, por el pasillo, haciendo dudar al guía de si seguía hablando con él o no, ¿es que quizá primero lo llamaba Josh, y ahora Joah?—¿Por qué no te pasas a visitarnos? Salgamos juntos.

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Laith Gauthier el Sáb Jun 02, 2018 6:30 am

¡Hermosa! —expresó cuando la oyó a ella llamarlo precioso, jugando en el suelo como dos niños hasta que decidió que era momento de dejar de hacer el ridículo y levantarse del suelo. — Yo tampoco, ¿cómo fue que acabaste aquí? ¿Es que me vienes siguiendo para que no te eche de menos? —bromeó dulcemente con ella antes de saludar a su acompañante. Y este acompañante al que, para bien o para mal, él conocía. — Ya —dijo, aunque estaba seguro que volvería a llamarlo “Golgomatch” a la mínima oportunidad. — ¿Qué haces con él aquí? —cuestionó a Beatrice en voz baja al el otro ir a saludar a otra persona.

No mucho tiempo después se dio cuenta de que esos dos no eran los únicos a quienes conocía. También apareció otro amigo suyo, un compañero de trabajo más bien que, para colmo de males, parecía tener una relación… bastante estrecha con Ryan. Porque Ryan siempre contamina a todas sus amistades, ¿saben? Es como una especie de virus que se pega hacia los demás. Pero tranquilo, Laith, porque Ryan Golgomatch no te va a arruinar las vacaciones. Aún había cientos de juegos de azar y caballeros a los que meter a tu habitación.

¡Dante! Qué sorpresa verte por aquí, bonito —lo saludó amistosamente, en principio pensó meramente apretarle la mano, pero no lo hizo, lo que hizo fue en cambio abrazarlo también, igual que lo había hecho Golgomatch, y besarle el cuello, del lado contrario al que había besado el rubio aquel. — Un gusto verte, eso sí, siempre —le sonrió amablemente, liberándolo de su sujeción para ver a quién más estaban esperando. Y lo que ocurrió fue que vio a aquella chica, la de la falda corta. Pero fue elegante, y le extendió la mano. — Laith, un placer —se presentó con ella. — Claro, para pecar… —“pero no contigo”, pensó, pero se lo guardó.

La, al parecer, última miembro de aquel viaje era otra chica que de algo le sonaba pero no era capaz de traerlo a su memoria, y se presentó tal cual lo hizo con la chica de antes. Un gesto reservado pero bien educado, aprovechando para mirar alrededor con curiosidad porque, honestamente, los detalles del por qué había llegado tarde ni le iban ni le venían. Lo único que estaba bien seguro de querer era un cigarro, pero ya lo fumaría luego de instalarse en su habitación y salir a la vida. Ese era el plan.

No hay una herramienta mágica —eso sí que lo había, para qué mentir, pero era obvio que no traía esas pociones en la maleta, — pero bastará con que comas bien y no tomes siestas durante el día hasta que te acostumbres —habló su lado médico. En realidad también se debía dormir a la hora usual sin importar el cambio de horario, pero eso no iba a ocurrir en Las Vegas. — ¿Se puede fumar en las habitaciones? —le preguntó a John mientras miraba a Beatrice ir a lanzarse a una estatua de Elvis, haciéndolo sonreír.

Se puede fumar en las habitaciones y en el interior de los casinos, sólo no se puede en las áreas de restaurante cerradas —le dijo aquella buena noticia, guiándolos hasta su piso. Laith tenía su llave, recibida en la recepción, aunque en ese momento estaba más preocupado por otra cosa llamada: “¿Beatrice va a dormir en la misma habitación de Ryan?” así como también: “¿Por qué esos dos actúan como si estuvieran casados, señora Goldstein?”. Se aproximó discretamente a su amiga para preguntárselo directamente.

¿De qué va todo este teatro con Ryan? —porque él estaba seguro de una cosa y es que Beatrice no estaba saliendo con el idiota de Golgomatch. Era su mejor amigo gay, ¡es el tipo de cosas que una le cuenta a su mejor amigo gay! — Todo está bien, ¿no? —porque no iba a dudar en actuar si algo raro estaba ocurriendo ahí, por mucho que ellos dos pareciesen ser tan buenos amigos. Tanto que le daba algo de rabia. Al final suspiró, y tuvo que ir a su habitación. — Eh, señor Fiore, ¿no te apetece venir a ver mi habitación? —le susurró pasando por detrás de él, dándole un pequeño azote en el trasero, con una sonrisa traviesa y abriendo con su llave.

Una habitación preciosa y muy amplia, con enormes ventanas que no podían abrirse que mostraban los edificios. Aunque aún no anochecía, ya era posible ver algunas luces de neón al son de la ciudad. Se preguntaba qué tan difícil iba a ser conseguir un buen mercader que le diese otra opción además del tabaco. Por lo pronto, se encendió un cigarrillo y exploró la habitación, un enorme baño con una tina que más bien parecía jacuzzi, sacó su teléfono y empezó a mandar fotografías a Lindsay. Y envió también un texto a “Gemela/novia”: “Llámame si pasa algo. Mi habitación es grande, cabemos juntos. Puedes dormir en la bañera si traigo amigos.”
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Dante Fiore el Dom Jun 03, 2018 12:57 am

Si había algo que podía mejorar claramente un viaje a Las Vegas, era llegar allí y toparte con la sorpresa de tener a tus amistades allí, en especial cuando dos de ellos eran súper calientes y no podía estar con ambos en un mismo espacio sin que a su mente llegaran las imágenes de un candente trío, ¿Qué? Solo bastaba con mirar a esas dos hermosuras de hombres juntos para que más de una mente se llenara de pensamientos lujuriosos, eso era claro. Le dedicó una genuina sonrisa al rubio, mientras que iba rumbo a sus brazos, para acabar por unirse con él en un caluroso abrazo, palmeando con suavidad su espalda y aferrándose a su cuerpo por un par de segundos, mientras que recostaba su cabeza a la contraria por unos cuantos segundos, en un gesto cariñoso en medio del trabajo, sin dejar de sonreír aún — Es bueno verte, cariño — Dijo sin dejar de sonreír, con una voz dulce, como si no hubiera visto al rubio por lo menos tres veces en los últimos días, últimamente parecía estar en todos lados, y no iba a mentir, su compañía le fascinaba.

Sintió el pícaro beso que depositó sobre su cuello, y únicamente le dedicó una juguetona mirada, porque sabía muy bien que lo hacía a propósito, casi todos sabían que pocas cosas le daban más emoción que los besos en el cuello, y estaba jugando con él, aunque no se quejaba. Sí, apenas soltando al rubio vino el siguiente abrazo, y no lo pensó siquiera dos veces para coger al blanquecino sanador entre sus brazos ━ Tienen razón con eso de que el mundo es bastante pequeño ━ Le dedicó una amistosa sonrisa a Laith, pero no sin también picarle un ojo, ya saben, porque el jugueteo nunca podía faltar entre estos dos. Inhaló profundamente al sentir como él, al igual que el rubio, le había dedicado un suave beso en el cuello, aunque este del lado contrario, y se tomó el tiempo de observarlo de pies a cabeza con detenimiento, y con una mirada bastante sugerente ━ A mí siempre me fascina ver a una hermosura de estas ━ Ahí iba, con sus piropos interminables para el sanador, ¿Pero habían visto a ese hombre? Con su atractivo físico y personalidad, seguro que no se le escapaba ningún hombre.

Y justo cuando él creyó que estaban todos, se apareció la chica letal, sí, porque si había algo más peligroso que estar en Las Vegas, era claramente el estar en Las Vegas con la famosa rompepenes ━ En serio, como se aparezca otro conocido por aquí, voy a pensar que me están tomando el pelo ━ Aún seguía sin tener demasiada confianza con ella, pero estaba seguro de que ambos se agradaban, es decir, el arreglar el pene de su amigo, el cual estaba a punto de follar con ella creaba un lazo bastante íntimo entre dos personas — Hay buenas opciones para pecar estos días — No añadió nada más, pero si dedicó unos segundos a echarle un buen vistazo a los dos hombres que estaban con él, ¿CÓMO DEMONIOS SE HACÍA PARA SACARSE LAS IMÁGENES DE ESTOS DOS CANDENTES HOMBRES TENIENDO SEXO CON ÉL? Urgentemente. Y sí, justo allí cuando conocía a las cuatro personas que estaban con él dentro del viaje, una adorable pelirroja llegó pitando al lugar, y hablando como una cotorra, como un radio viejo con pilas nuevas, aunque él sencillamente le dedicó su mejor sonrisa a la chica, porque él era así la mayor parte del tiempo, una persona amable y amorosa, incluso con las personas que no conocía.

¿Qué? ¿Piensan dormir en Las Vegas? ━ Preguntó, extrañado, no sabía si él era el único que se había imaginado todos estos días como un maniático, despierto día y noche, y llegando a Londres a caer en coma por unos cuantos días para poder recuperarse, aunque ahora que lo pensaba por segunda vez, sonaba mucho más raro que la primera. No tenía demasiada información acerca del viaje, pero era una total maravilla, el hotel era fascinante y tenía demasiadas cosas incluidas, y también, entre la poca información de la cual era conocedor, sabía que las habitaciones eran igual de espaciosas y fascinantes, incluso tenían jacuzzi, y él solo se imaginaba el agua caliente... El rubio y el pelinegro junto a él en medio de la vaporosa habitación... Basta ya, que como se le pusiera dura frente a toda esta gente se iba a avergonzar.

Caminaban por los pasillos tranquilamente, él jugueteaba con las llaves de su habitación entre su dedo índice, haciendo que giraran alrededor de su dedo una y otra vez, mientras que analizaba cuidadosamente las instalaciones. El hotel era bastante espacioso y moderno, en serio, como no hubiera venido pero luego se hubiera enterado de esta experiencia por Laith o Ryan, se habría arrojado de un décimo piso. Notó también que al caminar todos juntos, que Victoria y Ry parecían estar bastante unidos, a un punto... sospechoso, incluso, la rubia tomaba del brazo al hombre, y se hablaban en un tono bastante cariñoso, aunque él decidió no reparar en estos detalles y continuar con el recorrido, con esa jovial sonrisa tan característica en él.

¿Hay servicio a la habitación? Por favor, díganme que hay servicio a la habitación ━ Era de vital importancia que en serio lo hubiera, porque con el vuelo de más de diez horas y la, para su paladar, tan espantosa comida del avión, lo que necesitaba era tumbarse a comer por un buen rato, en especial para aprovechar que probablemente, no tendría que cocinar por unos cuantos días, y es que, aunque fuera su pasión y una de las cosas que más amaba hacer, de vez en cuando se necesitaba salir un poquito de la rutina, y también descansar de uno que otro hábito.

Una sonrisa traviesa se paseó por su rostro cuando sintió la mano de su colega palmear su trasero, y le dedicó una pícara mirada, de esas que casi siempre cruzaba con él ━ Luego de ver la mía sería un gusto estar allí, señor Gauthier ━ Comentó, no sin antes devolverle el azote, que supiera que él también tenía derecho. Rió ante las ocurrencias de Ryan, y los comentarios que estaba haciendo acerca de un ex, además del hecho de confundir el nombre del guía por segunda vez ━ Tan elocuente como siempre, rubio

Continuó hasta su habitación, se encontraba ubicada justo al lado de la del pelinegro, utilizó la llave que le habían dado hace algunos minutos atrás para ingresar, y vio el paraíso. Una habitación bastante amplia y con un aspecto moderno y acogedor, la cama era bastante cómoda, y ya podía imaginarse claramente utilizándola. Pudo ver que su equipaje se encontraba justo al lado de su cama, y él se tumbó en la cama por un rato, sacó el móvil y se sacó una foto para enviarla a Allen, no sin escribirle primero 'Mira, un amigo me insistió para que comprara un boleto de concurso y gané un viaje a Las Vegas y él no' Con una fotografía sonriendo a tope, y es que le gustaba burlarse de su amigo mucho más que cualquier otra cosa, y de vez en cuando se lo merecía, porque vamos a ser sinceros, él era un capullo la mayor parte del tiempo, pero era su amigo.

Y como él no rechazaba una buena invitación de un hombre candente, por más que fuese jugando, salió de su habitación y se encaminó a la habitación del sanador, aunque no sin antes tocar la puerta, y para su sorpresa, ver que estaba abierta, por poco, pero lo estaba. Entró y miró la habitación, era muy similar a la suya, a excepción de unos cuantos detalles en las decoraciones. No lo vio por ninguna parte, así que caminó hacia el baño, a pasos fuertes, para que se notara que estaba allí, igual, con los zapatos que tenía puestos, no es como si pudiera ser del todo sigiloso. Lo vio allí, de pie en medio del cuarto de baño, sujetando el teléfono entre sus manos y fumándose un cigarrillo, y se acercó a él, no sin antes darle dos suaves golpes al marco de la puerta, para asegurarse de que él supiera que estaba allí ━ Alguien te había dicho ya... ━ Finalmente, se aferró a él, abrazándolo por detrás, apegando su cuerpo lo mayor posible al suyo, y rodeándolo con sus brazos ━ ¿Que te ves increíblemente sexy vestido así? ━ Prosiguió, dando suaves besos en su cuello, por sobre el tatuaje que tenía allí, mientras que sus manos se deslizaban suavemente por el área del abdomen del pelinegro, acariciando la suave tela negra de su camisa ━ Tengo muchas ganas de aplicar eso de pecar en Las Vegas, pero, ¿Te parece si vamos a dar un paseo? ━ Las cosas como son, ya tendrían bastante tiempo luego para jugar, ahora que recién llegaban, prefería hacer un recorrido por todo el lugar, y divertirse en el exterior.
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Freya Howll el Vie Jun 15, 2018 9:35 pm

CAPÍTULO 2: Todo era risas hasta que...
Avión a punto de despegar

Un ronquido, dos, tres. Estaba a punto de meterle una media al que tenía al lado. Primero, cuando me dejé caer en el asiento que me correspondía, el señor prominente me gruñó. ¡Sí! Me gruñó como si fuese un perro rabioso que solo quería morder algo antes de irse a dormir. No tardé demasiado en buscar en mi bolso de mano los auriculares blancos de mi móvil, sin mandar un mensaje a nadie (que debía enviarle a Eric que estaba todo bien, pero ya recibiría mi mensaje al aterrizar) abrí la aplicación paga de Spotify. Imagine Dragons invadió mis pensamientos con una de sus tantas canciones, el volumen no era peligroso para mis oídos pero otro gruñido provocó que apretara con mi pulgar el botón largo que subía  la música. Salió el pequeño aviso de que tuviese cuidado con el volumen o en un futuro me quedaría sin oídos, en resumen.

Me gané un ceño fruncido y un bufido. ¿Qué le ocurría? Negué con la cabeza y apoyando la espalda contra el respaldo cerré los ojos disfrutando de, ahora, Rihanna. Admitía que era una buena idea haber descargado una playlist antes de abordar. Mi cuerpo sentía como se despegaba un poco del suelo, estaba claro que estábamos recién comenzando el viaje. Jet lag, nos vemos dentro de unas horas.
O no.

No podía dejarme caer en los brazos de ese tal Morfeo porque, uno, el señor estaba tirando insultos casi inaudibles pensando que yo no era capaz de escucharlos, dos, la señora de atrás le daba toda la razón, tres, se estaban quejando de mi figura. Me habían reconocido, como la chica que salía en lencería en más de un anuncio publicitario.

¿Qué era demasiado escuálida?

¿Qué no tenía tetas?

¿Qué era una anoréxica que aprovechaba la fama?

Y unas cuantas cosas más estuvieron murmurando hasta que me harté. Sí, esto era innecesario de soportar, no quería mostrar al público una “Denisse” que los mandase a la mierda. Me volteé hacia donde estaba ubicado el señor “gruño gruño” y la señora “no me follan hace tiempo”.

-Disculpen, no pude pegar un ojo por tantos cuchicheos. Quería aclararles algo, con todo el respeto del mundo. Ustedes tienen la libertad de escucharme y comprender lo que diré, o directamente no tener en cuenta la verdad. Mi cuerpo es así de delgado, como bastante bien y no soy ninguna anoréxica. Me gustaría que no se hablase de mí como si fuese un objeto, soy una persona y me gustaría disfrutar de este viaje a Las Vegas sin que alguien estuviese inventando hechos de mi vida privada. Gracias.- sonreí con todo el amor que un Hufflepuff tiene encima. Volviendo a mi asiento y conteniendo las ganas de tirar algún hechizo para que se callasen.

Los auriculares no eran una gran barrera, seguía oyéndolos quejarse de cómo era una irrespetuosa siendo una niña. Que mis padres no hicieron su trabajo  y que era una exhibicionista por mostrar mi cuerpo sin cuidado alguno.

Me resigné y me dormí.

Las Vegas, Nevada

Los lentes de sol, ayudaban, no, más que eso. Mis ojos se sentían hinchados de todas las horas de sueño, creo recordar de haber despertado para comer una colación (ignorando a los sabios que tenía al lado) y volver a reproducir la playlist que colaboró a que mi sueño me tragara viva, regresando a la realidad minutos antes de que la azafata se acercara anunciando que habíamos llegado. Sí, todas las horas que mi cuerpo necesitaba fueron dadas de golpe en este vuelo, que no me quejaba oye.

Me anuncié en el hotel hacia la recepcionista y recibí una sonrisa junto a la señalización del grupo ganador del sorteo. Al unirme a dicho grupo, no pasé por desapercibida la existencia de que el rubio estaba entre nosotros, Ryan, bendita la suerte que había empujado a Eric para comprar este boleto de concurso. Claro, el primero mencionado seguía viéndose apetecible y debía comentarlo, en esa maldita fiesta había consumido poco alcohol pero la bebida preparada había tenido una mierda, vaya uno a saber qué, pero me hizo quedar como toda una cachonda pidiendo mimos. Mimos que Ryan ayudó a calmar. Mi amigo sería el que hubiese cubierto aquella cuota pero un ser simpático le ganó. Todo un caballero hacia la causa.

Ryan se acercó para darme un beso pequeño, llegó a la comisura de los labios este, sabiendo que el destino del beso quedaba en mi mejilla no me hice de rogar moviendo ligeramente mi cabeza hacia su lado. Era un contacto inocente, no era un pleno apogeo de besuqueos con gemidos en el lobby. Era algo sutil.

Toda mi agitación por el reencuentro cayó al ver como una pelirroja saltaba a abrazarles a Ryan y a la rubia que le acompañaba. Mierda. Joahnne. Todo era risas hasta que apareció. ¿Estaba preocupada por su vida? No necesariamente. Con solo verla, observar como sonreía sin preocupaciones y en un lugar público donde cualquier mortífago podía llegar a pasar unas “vacaciones” me revolvió el estómago. Sabían que con Isaac habíamos sido una mierda para completar la misión pero una cosa era que se convirtiera, uno de los objetivos, en una rata escurridiza que intenta tener un día más de vida y otra era verla acá bailando campante con entusiasmo por ganar un viaje a Las Vegas. ¿Estaba bien de la cabeza? Rogaba por Merlín que todo esto no se fuese al cuerno, lo último que quería era que Robert se hiciera el listo agrediendo a mi hermana. Solo pensar en cómo sus manos acariciaba de manera escalofriantemente el cuerpo de ella, sin dejarla escapar y culpándome del caos que provocaría en su vida me desestabilizaba emocionalmente. Hijo de puta. Esto tenía que quedar acá, en Las Vegas, no dejaría que Joahnne fuese descubierta. ¿Compasión? No, si alguien debía matarla sería yo. No pondría su vida por encima de la de Skadi. Nunca, con nadie.

Y así es como mi mal humor reinó el comienzo de mi día.

Seguía los pasos del grupo, mis tacones repiqueteaban las baldosas pero mi mente estaba completamente aislada. Ni siquiera estaba prestando atención de que Ryan y la rubia se veían acaramelados hablando de cómo llevarse a un Elvis frío como la roca a su casa, ni cómo el médico que le curó la polla a Eric estaba bastante excitadillo con el otro tipo del grupo mientras una que otra manita se les escapaba. Ni como la pelirroja risueña que  caminaba feliz de la vida como si protagonizara una película de Disney. ¿Qué mierda estaba haciendo acá? Mi móvil vibró en el bolsillo trasero de mis jeans. Cerré con fuerza mis parpados, estaba claro quién me estaba llamando con solo escuchar como vibraba constantemente.

John, Josh, Carlos, Ruperto, el nombre que tuviese el guía terminó con las indicaciones. Cena por la noche, todo el piso para nosotros, habitaciones para cada uno, diversión y emoción por todos lados. Asentí perdida. Siendo la primera en entrar en una de las habitaciones arrojé las llaves que nos asignaron a un pequeño buró que se ubicaba en el pasillo antes de dar a conocerse el lugar donde me hospedaría.

Tanteando con mi mano derecha quité el móvil que seguía vibrando, la pantalla táctil anunciaba que era mi abuela. Apreté con fuerza mis parpados, nuevamente, y suspiré.

-Hola cariño, sabes que no soy de entrometerme en tu vida pero como debo entender que en este momento estés en…- en silencio escuché lo que Senna tenía para decirme. Ella, mi abuela, era la encargada de mi “figura pública”. Al comienzo no nos pareció importante, eran fotos esporádicas para anuncios pero con el tiempo era necesario tener alguien que sirviera de intermediario para la agencia. Por supuesto, era una bruja y no podía decirle a mi manager “hey, no puedo este día porque tengo clases en Hogwarts. Si, ahí donde tiro hechizos, aprendo a hacer pociones, interactúo plantas que me pueden a llegar a comer y animales que pueden arrancar mi cabeza de lugar o quemarme entera con solo estornudar”. Sí, no era una buena idea. Mi abuela se ofreció y con toda la curiosidad que poseía se abrió en el mundo del negocio, velando por mi seguridad y también por este pequeño pasatiempos.

-Sí, estoy en Las Vegas.- suspiré, del otro lado solo se oía la respiración de Senna.- Eric ganó un concurso para venir a Las Vegas, está todo pago o lo que cabe. Recuerdas a Eric ¿No?- pregunté.

-Claro cariño, el apuesto joven que nos habló por tu cumpleaños el año anterior. Todo un caballero.- comenzó a halagar a mi amigo y se sembró en mí un poco de su tranquilidad con solo escucharla hablar.- Deberías traerlo más seguido. ¿Es cierto que no están juntos? Son una linda pareja y sabes que los años pasan volando. Una envejece y es bueno disfrutar de la vida. O bueno, estas generaciones son más de tener “rollitos”. ¿Tienen uno? Eso me haría feliz.- no era una de esas abuelas entrometidas que quería arreglarte la vida como a ella le parece, no sigue tampoco el estilo de señoras que quieren que estudies, te cases, tengas hijos y seas una ama de casa. No, no era así pero el tema del amor siempre era un tema donde tanteaba la zona. Con la cuestión de que mi progenitor había abusado sexualmente de mí, ella siempre quiso descubrir cuáles fueron las secuelas que eso me había dejado. Un tiempo pensó que me costaría sociabilizar y parece que ahora teme porque no le dé la oportunidad a otro hombre.

Vale, no le diría que con Eric nos llevábamos fenomenal en la cama y si estuviese interesada en una relación tal vez lo intentaría con él porque, vamos, ante todo era un gran amigo. Sabía en donde mierda estaba metida y hasta donde era capaz de llegar por mi hermana.

-No contestaré aquello.- sonreí al escuchar el gritito de conmoción que había pegado Senna.- Estaré una semana por aquí, Eric vendrá a mitad de viaje porque estaba estudiando para un examen. Pero trataré de ser discreta, no verán mi cara borracha en revistas rosas.- suspiró tranquilizada por mi itinerario.- La primera que no quiere que se divulgue su vida soy yo, no te preocupes.-

-Sabes que si necesitas algo puedes llamarme, cariño.-

-Lo sé, hasta pronto Senna.- jugué con la suerte.

-¿Qué te dije de Senna? Quiero que me llames abuela, no te permitiré llamarme por el nombre.- refunfuñó.

-Vale, vale, abuela. Chao.- me despedí y sin pensarlo demasiado me arrojé a la cama King size que estaba impoluta hasta que mi cuerpo rebotó en ella.

Realmente estaba en Las Vegas.
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Joahnne Herondale el Lun Jun 25, 2018 2:15 am

Sus piernas seguían doliendo por el golpe que se había provocado al correr en pleno aeropuerto. No era para menos teniendo en cuenta que estas chocaron contra el suelo obedeciendo a la teoría de la gravedad, si bien salió pitando cuando una señora se quiso acercar a ayudarle, los baños eran más importantes dejando atrás la molestia física que sentía atrás. Su vejiga diminuta la hacía estar en contra de la espada y la pared en más de una ocasión. ¿Podría compararla con la de su nueva amiga? Vamos, hablamos de la ardilla diminuta que se encontraba dentro de la maleta de Joahnne porque ser bruja traía ventajas como por ejemplo crear una segunda dimensión en un equipaje tan pequeño. No era raro para la pelirroja aprovechar de sus circunstancias aunque claro, tal vez, solo tal vez, no era la mejor idea traer una ardilla a las Vegas. ¿Dónde la ocultaría? ¿Debajo de un sombrero? ¿Y si compartía habitación? ¿Estarían prohibidas en donde se hospedarían?

Aunque un punto que no había tenido en cuenta, solo en el momento de descender del auto cuando este por poco la deja sin equipaje, era que su maleta había sido arrastrada por todos lados. Esta había golpeado contra el suelo de baldosas cuando Joahnne tiró de ella para quitarla de la cinta que se movía ligeramente para que los dueños de tales bultos retirasen luego del viaje, otro golpe cuando cayó de rodillas la pelirroja por andar corriendo al estilo de Indiana Jones (personaje de una película muggle que su “padre” amaba), otro golpe vino cuando ella con impulso y sin pensarlo, la tiró en los asientos traseros del vehículo que la traería al hotel y por último, uno peor que todos los anteriores cuando casi cae en la orilla de la calle al bajarla porque el taxista no quiso ayudarla a descargar (sin contar que estaba yéndose con la puerta abierta como si la policía lo estuviese siguiendo). No quería recibir la ira de ese cuerpo pequeñito que seguro le iba a morder un dedo o peor, la asesinaría por esta falta de respeto.

¿Y por qué llevó una ardilla a las Vegas? NI IDEA, NO TENÍA UN GRAMO DE COHERENCIA ESA ARDILLA. Joahnne había terminado de  encantar su maleta, había creado casi un universo dentro cuando al despedirse, dejando una bolsa de frutos secos abierta de par en par para que el animalito comiese en su ausencia y una ventana abierta por si le apetecía recorrer el lugar, la siguió. La ardilla sin nombre aún, la siguió por todo el departamento y fue mucho más rápida que ella al cerrar la puerta para por fin irse derecho al aeropuerto. No pasaron más que dos minutos al darse cuenta de su error, corrió con ella hasta el departamento y la dejó allí pero esta se rehusaba. Controlando el tiempo con su móvil y dándose por vencida, decidió meter dentro a la ardilla de su valija.

Por ello, pidió al botones que fuese cuidadoso al llevarse la valija. ¿Cómo fue su inscripción al hotel? Sencilla, en el viaje en coche del aeropuerto a las puertas del edificio pensó su identidad. Es más, negó y se volvió loca por unos cuantos segundos pensando en la locura que estaba a punto de cometer. Eran Las Vegas, un gran tránsito de personas hacia que a uno ya lo marease, ningún mortífago debería estar dando vueltas por el lugar en busca de fugitivos ¿No? Ni siquiera se había teñido el cabello o puesto lentillas para cambiar el color de sus ojos y fingir ser de otro lugar, desconocedora de la magia. Era inconsciente, lo sabía. Desde aquellas copas en un bar de Londres, pasando por la fiesta de primavera que se celebró en Babylon y ahora esto, un viaje a Las Vegas. Quería vivir la vida pero de estar encerrada estudiando a tirar la casa por la ventana, pues era un poco extremista su cambio. ¡Y con una ardilla! No olvidemos que se fue con una ardilla.

Joahnne se encontraba radiante, desprendía una euforia por todo lo que estaba ocurriendo (lo bueno) desde el momento que cruzó esas puertas. Bea la recibió con un abrazo pero tenía cara de ¿dormida? Sí, esa podría ser la razón. Mientras que Ryan le había dicho “Hola cariño” ese guapo rubio que la veía con una sonrisa le había dicho cariño y estaba a punto de sonrojarse hasta que la cara de Ian se materializó delante de ella mientras que este se burlaba de ella. Aish, ya no le parecía tan magnifico dejarse llevar por los sentimientos. Sin embargo, el vómito de preguntas salió de ella sin problema alguno, pocas preguntas fueron respondidas pero algo era algo.

-Gracias.- respondió con una sonrisa sincera cuando uno de los ganadores le respondió que comiendo bien y no tomando siestas podría recuperarse del jet lag. Estaba segura que comería, la cantidad de prohibiciones que ella misma se dio para no gastar todo el dinero que le restaba provocó que perdiera el apetito por la comida, vamos que no habían pasado meses sin comer pero no darse esos pequeños gustos le había hecho perder el gusto por varias recetas. ¿Siestas? Había dormido todo en el avión que sentía que llevaba hormigas en sus pantalones. No tomaría siestas pero si podría llegar a ser difícil volverse a dormir por la noche luego de la cena prometida en el folleto.

El ascensor era lo suficientemente grande como hacer caber siete personas dentro y poco más. Jugó con las llaves que llevaba encima, eran las que la recepcionista te daba indicando cual sería tu habitación. ¿Y Beatrice? Se volteó al darse cuenta que la presencia de la rubia faltaba allí. ¿Ese era Elvis Presley? Obviamente si y si, la rubia estaba abrazándolo como si quisiera casarse con él en tan solo minutos en alguna capilla que disponía Las Vegas. Ryan volvió a buscarla y una pequeña risa salió de los labios de la pelirroja, solo pasar tiempo con ellos hacía que se olvidara que era una infractora de la ley, que querían su cabeza o querían torturarla y que su familia vaya uno a saber dónde se encontraba.

¡Su ardilla!

¿Qué? ¿Qué le dijo? Ryan estaba ahí como todo un hombre simpático invitándola a su cuarto pero ella estaba preocupada por su ardilla. Asintió entusiasta pero a la vez negó con su cabeza. – Debo ir a mi habitación, quiero revisarla si es apta para una ard… ¡Para mí! Me gustan los lugares amplios, tengo claustrofobia. ¡Si! Por eso no quiero ver que es pequeño y no poder dormir allí. ¿Te imaginas despertar a la madrugada porque comienzo a gritar? No, eso sería horrible pero dentro de un rato vengo y les hablo y lo que quieras. Si quieres les bailo pero quiero ver mi habitación porque claro no estoy ocultando nada, nada, para nada.- mientras decía sus últimas palabras dio pasos hacia atrás esperando que detrás de ella estuviese su habitación, como en las películas muggles cuando muestran que la protagonista nerviosa sale de la escena y justo, justo es esa la habitación asignada o esa es la cocina o el baño o donde sea que dijo. Pero no. Joahnne no llevaba ese tipo de suerte, las llaves que colgaban de su dedo mostraban otro número de habitación, al lado de la pareja feliz. Sonrió y ladeó el su cabeza con simpatía fingiendo que todo era normal pero la realidad es que no se notaba nada de lo que fingía, a años luz cualquiera se daría cuenta que algo ocultaba.

Las llaves se le habrán caído dos veces hasta que pudo dar la última vuelta y desaparecer detrás de la puerta. -¿Ardillita? ¿Holi? ¿Dónde estás?- se detuvo y parecía un meme en vivo. Con la palma de la mano golpeó su frente. Una, dos, tres veces con suavidad.- Me deben estar pagando para ser idiota. ¡No!- alzó sus brazos exasperada- Claro que no me pagan.- con una mirada recorrió el recinto, más tarde tal vez lo describiría pero estaba ocupada buscando su valija. ¿El botones no habrá visto que era mágica y tiene de rehén a su ardilla? Claramente esa no era la razón por la que no la encontraba, sino porque donde se había olvidado de ver era justo en el pasillo. Volteándose con rapidez la vio, cayó de rodillas y la abrazó dramáticamente. – Aquí estás, lo siento por golpearte miles de veces.- la acostó para poder correr el cierre de la maleta y saliendo desesperada, ardillita sin nombre se posó en el hombro de Joahnne. En un idioma que no entendía pero atónita vio como esta se quejaba, con pequeños quejidos como si intentara hacerse entender.

Olisqueó algo y salió ¿Corriendo? ¿Cómo se dice cuando una ardilla pierde el control y corretea por todo el lugar posible? Como sea, la pelirroja la persiguió, había unos estantes donde unas decoraciones extrañas adornaban, una de estas cayó al suelo cuando desfiló por detrás el roedor. ¡Mierda! ¿Le habían dado café? ¿Drogas? ¿Se tomó el perfume que llevaba en la valija? No sabía pero el baño, misteriosamente o por falta de tiempo de los empleados o porque así lo hacían lucir, se encontraba con la puerta abierta dejando que cualquiera se abriese paso como su amiga que no quería hacerle caso. Ni que fuese una mascota. ¿Y si se caía en el retrete? ¿Se ahogaba? ¿Moría? No, ese cargo de consciencia era demasiado.

Tal fue la preocupación ajena que no se dio cuenta que no conocía de nada el cuarto de baño, ni su disposición ni sus colores, nada, a tal punto que al dar una pequeña vuelta se derrumbó contra el retrete. Sus manos, en un impulso, quisieron sostenerse de algo como por ejemplo el toallero que al parecer no estaba muy bien sujeto, este se desprendió golpeando el lavabo y haciendo añicos su costado en cuestión de segundos. Ambas se petrificaron en su lugar, las manos de la pelirroja fueron directo a su boca cubriéndosela mientras que la ardilla se posicionaba en su hombro. Giraron sus cabezas hasta conectar sus miradas. La habían cagado en menos de cinco minutos.

Lo siguiente fue rápido. Salieron ambas, cerraron la puerta del baño, Joahnne dio instrucciones dejando una bolsa de avellanadas y nueces sobre la cama, reacomodó su valija que había sido olvidado en medio del pasillo, cerró su habitación y se encaminó  a la habitación de Bea junto a Ryan. Tocó dos veces la puerta esperando que la abriese alguno de los dos. ¿En qué momento se casaron? Quería explicaciones, no, explicaciones no. Quería saber cómo no le dijeron que eran pareja. Cuando cuidaron, bueno Ryan cuidó porque Bea también estaba muerta al estilo zombie, todo daba a entender que eran amigos que se conocían de hace tiempo, ni un solo beso de esos que se dan los novios ni apodos específicos, nada. Solo que eso no fue lo primero en salir de sus labios.

-Rompí el baño y estoy escondiendo una ardilla en mi habitación.- pronunció en el momento que uno de los dos salió a recibirla.
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