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El infierno de la pesadilla [Gwen || Wolfgang ]

Kyle Beckett el Dom Jun 03, 2018 2:08 am

26 de Mayo de 2018 05:46 PM
Callejuelas de Londres
Gwen - Wolfgang - Kyle

¿Cuánto tarde en volver a ver a mi madre de nuevo? Supongo que poco tiempo. Después de volver a ver a Nick, de encontrarme con él gracias a Gwen, me di cuenta de que ella nunca dejaría de estar a mi lado, que si la necesitaba por cualquier motivo podía contar con ella (claro que no fuera una estupidez) ella tenía sus cosas, sus problemas, tenía miles de cosas en la cabeza, tenía tanas cosas que hacer como mujer adulta que era que entendía si estaba ocupada, pero a veces no es como las cosas creemos o deseamos ser. Siempre pensé que volver a casa todo podría volver a la normalidad, pero no era así, toda mi familia poco a poco se había ido desvaneciendo poco a poco, todo había ido a peor, en cierto modo todo se había ido a la mierda. Y sin saber porque, a día de hoy, mi madre ni tan solo me hacía medio caso de lo que creía.

Deje pasar una semana desde el reencuentro de Nick para volver a salir a la calle, quizá espere unos días más, unos nueve o diez, no lo recuerdo con certeza, solo recuerdo que el cielo estaba negro, tenía intenciones de llover y doy gracias al destino que no lo hiciese en ese momento, no quería aparecer empapado al lado de mi madre, y menos aún que ella no estuviera en la cafetería porque lloviese, aunque era tan testaruda y de armas tomar que hasta se quedaría ahí mismo para poder verme.

Sentí que se lo debía a ella, y sobre todo a Gwen, se lo debía, debía de quitarle la carga de encima, debía de quitar aquel peso que le puse con mantenerme en secreto, por ende, esa misma tarde camine dirección a la cafetería donde estaba mi madre sentada tomando un café, trague saliva y aparte la silla con cuidado para sentarme a su lado sin decir nada.

Tardo poco más de dos segundos en alzar al vista y poder mirarme. No dijo nada, ni yo ni ella, tan solo puse los brazos encima de la mesa antes de observarle aquellos ojos tan bonitos que había heredado de ella, vi sus ojos llorosos mientras agarraba mi mano con fuerza, la apretó tanto que hasta tuve que soltar un leve “ay” para que se percatase que aquello me estaba doliendo. Intente decir algo pero cuando me di cuenta estaba entre sus brazos mientras acariciaba mi cabeza y me daba leves besos en la frente, como no, estaba en casa, de nuevo había vuelto, por fin, después de un año y medio fuera, estaba en casa.

Durante los meses siguientes había hecho nuevos amigos, la mayoría más mayores que yo, en cierto modo había un chico en especial el cual compartía muchos gustos y cosas en común, la verdad me gustaba tener a alguien con quien hablar, con quien poder estar si me sentía solo o “enfadado con el mundo” alguien que no le importaba tenerme leyendo en un rincón de su cama en busca de paz y descanso, la verdad, era agradable tener a alguien así.

La verdad es que sobre la protección que me daba mi madre a mí era realmente extensa, no quería que nada malo me ocurriese y para evitar que alguien me pudiese reconocer, así que acabe con varias pelucas de diferentes colores y cortes, la mayoría eran cortes estilo “emo” y con colores pues negros, castaños, y bueno, alguna de color rosa y verde, no sé, me dio la locura y compré dos de ese tipo, lo bueno de aquello es que realmente eran comodas, aunque en cierto modo si las llevaba un buen rato acaban molestando, pero al haberse hecho a medida y ser de pelo natural ayudaban bastante.

*

Paso unas semanas desde que todo se calmó en mi vida, bueno, eso no quitaba la opción de que si me pillaban podría acabar en Azkaban, pero la verdad tampoco es que me desagradase la vida que tenía, como no, le conté a mi madre que hacía un par de meses, en Febrero había sido descubierto por Gwen y que temí lo peor, le conté que ella me había cuidado un tiempo antes de que tuviera el valor de hablar con ella misma (mi madre) y le dije que Gwen se sentía mal por tener que ocultarle la verdad, y sin embargo, me ayudo en todo lo que pudo.

La verdad su reacción fue buena, se alegró de que no estuviese solo, y también me confeso que pertenecía a la orden del fénix, apenas hacía dos días que había entrado en ella, supongo que al fin y al cabo mi madre no era la mujer que pensé que era, realmente, ella era buena. Supongo que lo que más anhelaba en el mundo era encontrarme, y proteger a aquellos que no podían hacerlo por sus propios medios. No pude evitar me reir al contarle que era bueno escondiéndome, sin embargo me pude quitar el peso de encima de saber que mi madre no odiaba a Gwen, que al fin de todo lo había entendido, y me alegraba saber que aquello no iba a interferir en su relación. Pero quizá, la calma, el echo de cuidarme y de protegerme se había quedado todo en el aire, como promesas sueltas. Se centró de nuevo en su trabajo dejándome apartado como un muñeco viejo, y lo único que cuidaba de mi, era Noah, y a veces dolía, de tal manera que siempre intentaba sonreír y ver el lado bueno de todas las cosas.

Sin embargo aquel día iba a ser dedicado a mi y a mi hermano, por ende ambos íbamos a ver un parido de Baseball, como era de nuestros gustos, pero antes de ir a ver el famoso partido, hicimos una pequeña parada en una tienda como no para comprar algo de comida y demás, y supongo que la siguiente sería ir a por alguna gorra o camiseta nueva de nuestro equipo.


Última edición por Kyle Beckett el Lun Ago 20, 2018 12:09 am, editado 6 veces
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Kyle BeckettFugitivos

Wolfgang Rawson el Mar Jun 05, 2018 12:55 am

Muggles.
Algo en aquella palabra provocaba repulsión a Wolfgang. Un escalofrío le recorría la columna vertebral, y viejas heridas parecían reabrirse, tanto heridas físicas cómo heridas emocionales. Su antebrazo derecho parecía arder una vez más, cómo ardió aquella ocasión en que su padre vertió aquella poción ácida sobre él, sin ningún tipo de compasión, mientras aleccionaba a su hijo acerca de lo despreciable de los muggles.
Tal vez aquellas creencias no fuesen genuinamente suyas, no en un inicio, pero en la actualidad, Wolfgang las llevaba arraigadas en lo más profundo de su ser. Despreciaba a los seres no mágicos, seres que poblaban el planeta igual que una paga, y en una parte muy profunda de su mente, en la parte más inconsciente, los culpaba de todos y cada uno de los suplicios que había padecido de joven.
Y sin embargo, a Wolfgang le gustaba su mundo.
Los muggles eran casi cómo ovejas. Ovejas incautas, incapaces de reconocer a un lobo que se paseaba entre ellas. Wolf era el lobo, y al igual que siempre, las ovejas no lograban diferenciarle de una de ellas. Muchos años había pasado perfeccionando su disfraz, con ayuda de Desmond. De él, de hecho, había sido la idea de que Wolfgang se internase de cuando en cuando en el mundo muggle y aprendiese sus costumbres, su forma de comportarse, que por lo general era muy diferente a la de los magos.

***

Esa tarde, Wolfgang no estaba allí para aprender, si no para cazar.
Su aprendizaje había concluido tiempo atrás, y en la actualidad, Wolfgang veía el Londres mágico cómo una oportunidad. Generalmente, no encontraba un disfrute especial en el acto de asesinar, pero había sido educado para servir a Lord Voldemort. Había crecido en las filas del Señor Tenebroso, y desde que hacía algo más de año y medio, este se hiciese con el poder del mundo mágico, muchos magos se habían convertido en fugitivos.
¿Y dónde se ocultaban dichos fugitivos? En el mundo de los muggles.
Repudiados por la sociedad que una vez los idolatró, estos magos nacidos de seres no mágicos eran considerados aberraciones por muchos de los integrantes de las filas a las que Wolfgang pertenecía. Muchos de ellos aprovechaban el anonimato que les brindaba el mundo muggle para tratar de llevar vidas tranquilas.
Algunos lo conseguían; otros no. Algunos ya habían acabado encerrados, o asesinados, por el propio Wolfgang. El mago no solía deleitarse en la tortura o la muerte, pero si servían a un fin, nada le impedía cometer tales actos. Actos deleznables para muchos, pero socialmente aceptados en el mundo mágico en los tiempos que corrían.

***

Esa tarde, Wolfgang caminaba en pos de dos muchachos adolescentes.
Al principio, los dos muchachos no habían llamado su atención. No destacaban demasiado entre los muggles. Y sin embargo, había algo llamativo en el más joven. Algo que llevó a Wolfgang a seguirlos a una distancia prudencial. Creía reconocer al chaval de uno de los carteles de "Se busca", pero no tenía pensado arriesgarse sin estar seguro.
Los muchachos caminaron durante algunos segundos, y Wolfgang los siguió sin demostrar el interés que sentía por ellos. Caminaba con las manos en los bolsillos de sus pantalones, mostrando despreocupación, desviando la mirada hacia los distintos escaparates junto a los que pasaba. No había nada en ellos que le interesase, pero servía para que nadie reparase en la persecución que llevaba a cabo.
Dicha persecución terminó cuando los muchachos entraron en una tienda.
Wolfgang se detuvo a unos metros de la tienda y esperó, prudencialmente, un par de minutos. Dedicó aquellos minutos a repasar los artículos exhibidos en el escaparate contiguo al de la tienda en que los dos muchachos habían entrado. Y cuando consideró que ya había esperado un tiempo prudencial, avanzó hacia la tienda y también ingresó en su interior.
La campanilla sobre su cabeza emitió un tintineo, y el dependiente—un hombre hindú de mediana edad, con gafas de pasta y una incipiente tripa cervecera—le saludó con educación. Wolfgang compuso una sonrisa amable y también saludó al hombre.

—Buenas tardes.—Dijo simplemente, y casi al momento se puso a examinar un expositor giratorio de revistas que había casi a la entrada. O, mejor dicho, a fingir que lo examinaba. Las revistas no tenían el menor interés para él.

Los muchachos que recorrían las estanterías, en cambio... ¡Oh, ellos sí que tenían interés para Wolfgang!

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Wolfgang RawsonMagos y brujas

Kyle Beckett el Jue Jun 14, 2018 5:19 am

Era verdad, el tiempo perdido era tiempo que no podría volver a recuperar jamás, era consciente de todo, tan consciente de que sabía que todo este tiempo que había estado fuera de casa no iba a poder hacer las cosas que siempre había querido. En parte sabía que mi hermano y mi hermana habían cambiado, en un año la gente cambia, y mucho para mi parecer. Mi madre se había vuelto más fuerte y más independiente de ello, había sabido afrontar los pequeños baches de la vida y poco a poco iba demostrando que podía con todo.

Mi hermana seguía igual, creída, diva, ambiciosa y fuerte como siempre, a la vez que valiente. Mi hermano, como no era el típico chico que pasaba de todos los problemas un poco, hacía de las suyas y además siempre tenía aquel gusto y aquel comportamiento de líder y compañerismo que lo hacían tan especial. Aunque en el tema de mi padre, él había cambiado mucho, en parte era frío y distante, no solo conmigo, sino con mi madre y con mis hermanos, y aunque eso no me gustase tenía que aceptar como era, pero no me fiaba de mi padre, aquel hombre que ahora mismo estaba en casa (aun doliéndome teniendo que llamarlo de esa manera) algo había hecho para estar así.

Tras llegar a la zona comercial de Londres para poder ir a ver el partido, antes mi hermano decidió parar en una tienda, no me negué por ello ya que de seguro que me compraba dulces y demás, así que no esperé ni tan solo un segundo antes de entrar en la tienda con él. Aunque al poco de entrar, entro un hombre bastante alto y con apariencia misteriosa, aunque no le di importancia a ello, total, iba a ver un partido de baseball y estaba comprando dulces, en parte actuaba como un chico muggle normal, como lo hacía mi hermano cuando estaba conmigo.

Con los dulces ya en mano y las bebidas, decidimos pagar aquello y salir de la tienda — Hasta luego — Dijimos despidiéndonos de aquel hombre a la vez que de aquel señor misterioso, así que dicha compra express pusimos rumbo hacia el bar donde siempre solíamos ir a ver los partidos de baseball, aunque esta vez como todas las demás, tomamos un atajo por un callejón para evadir un poco el cumulo de gente en los bares de las terrazas y poder llegar a nuestro bar tranquilamente.
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Wolfgang Rawson el Jue Jun 14, 2018 2:56 pm

Wolfgang actuaba con toda naturalidad, cómo un muggle normal y corriente. Con una mano en el bolsillo de sus pantalones y la otra recorriendo los expositores de productos, parecía un cliente normal y corriente del pequeño establecimiento. Sus ojos parecían concentrados en los titulares de periódicos o portadas de revistas y libros, pero no era así. Por el rabillo del ojo, Wolfgang no perdía de vista a los dos muchachos, uno más alto que el otro, y cuando estaban distraidos les echaba una breve mirada directa.
Hablaban de cosas de críos, intercambiando comentarios y risas, ajenos a las miradas del hombre que en ese momento no sabían que era su depredador. Porque sí, Wolfgang había acertado con su primera intuición: había visto el rostro de aquel muchacho en carteles de "Se busca". Del pequeño, no del mayor. Le había costado un poco reconocerlo, pues el tiempo había pasado y el muchacho había crecido. Un año era mucho para un crío de esa edad, y se le había notado el cambio.
Wolfgang estaba dispuesto a actuar, dispuesto a cerrar las puertas de aquel establecimiento, darle la vuelta al cartel que decía "Abierto" para que dijese "Cerrado", y acabar con todos los presentes, tendero incluido. No pensaba dejar testigos. Sin embargo, los muchachos decidieron dirigirse a caja, pagar lo que llevaban consigo, y marcharse. No lo sabían en ese momento, pero al hacerlo le salvaron la vida al pobre tendero.
La campanilla sobre la puerta sonó cuando los dos muchachos abandonaron la tienda, y Wolfgan no perdió el tiempo: salió tras ellos, seguro de que el muchacho pequeño era un fugitivo. El mayor no lo era, aunque posiblemente muriese también solo por estar en compañía de su objetivo. A Wolfgang le hubiese gustado poder decir que lo lamentaba, pero lo cierto es que no lo lamentaba en absoluto.

***

Los siguió por la calle a una distancia prudencial. No quería que se diesen cuenta de lo evidente: que les seguía. Podrían echar a correr, atraer la atención de todas las personas que circulaban por la calle aquella tarde, y mandar al traste su caza. No era tan inconsciente cómo para ponerse a hacer magia delante de muggles, pues siempre se había caracterizado por su discreción. Así que procedería con cautela.
Y casi cómo si sus plegarias hubiesen sido escuchadas por algún ser superior, los muchachos se internaron en un callejón. La sonrisa de Wolfgang se ensanchó incluso más. Estaba muy cerca de su objetivo.
Se internó en el callejón. Unos metros más allá iban los muchachos. Podría haberlos atacado de inmediato, pero en su lugar, primero decidió tomar precauciones. Aquello podía ser muy rápido, o podía ser muy lento, pero no pensaba dejar nada al azar. Sacó su varita, que tenía una forma muy parecida a una hoz negra, y empezó a conjurar: Salvio Hexia, y el pequeño callejón en que se encontraban se volvió invisible a ojos de los muggles; Repelio muggletum, que haría que cualquier muggle que se acercase en aquella dirección se diese la vuelta o la evitase; Terreo aparecium, el cual incapacitaba a cualquier mago dentro de los límites de aquella zona para usar la aparición.

—¡Muchachos!—Exclamó Wolf con tono jovial, elevando la voz para que se le escuchase. Sonreía de una manera aparentemente agradable.—Sé que probablemente vuestro padre y vuestra madre os dirán a menudo que no habléis con desconocidos, pero...—Wolfgang hizo una floritura con su varita, y las sombras del callejón se movieron a su voluntad. Se posicionaron al frente del callejón, al lado opuesto en que se encontraba el mortífago, formando una pared negra que no iban a poder atravesar a no ser que sacasen sus varitas.—¿...hacemos una excepción?

La sonrisa de Wolfgang se transformó de inmediato, tornándose más lupina y amenazante. Los dos chicos estaban en un aprieto de los grandes, y tenían que saberlo. Seguro que ahora mismo ese niño desearía haber sido un poquito más cuidadoso...
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Wolfgang RawsonMagos y brujas

Kyle Beckett el Lun Jul 02, 2018 2:26 am

La verdad es que no había nada de extraño en ese día, parecía todo normal, todo era diferente y al parecer hacia mis ojos no había ningún peligro alguno. Era tratado como un muggle normal, como todos, mi hermano era tratado igual y eso en parte me gustaba, sentía que podría ser un chico decente, una persona la cual no podría temer nada de nada, por suerte la mía, todo aquello era lo que siempre había deseado, poder estar tranquilo, ser una persona normal, ser completamente una persona que no destaca en nada, al menos eso es lo que yo pensaba, hasta que en cierto momento, en un instante mi hermano me detuvo un segundo haciendo que se girase por completo observando aquel hombre que anteriormente estaba en aquel establecimiento.

Trague saliva de manera leve al escuchar su voz, de por si el hombre no traía buenas vibraciones, es decir, no me daba aquella confianza que otras personas me daban, como Gwen, Sam, Bea, y los demás los cuales me relacionaba.

Mi hermano se puso delante de mi persona observando al hombre con atención mientras alcazaba la voz — Lo siento, tenemos prisa para ir a cierto lugar cuyo cual nos están esperando, si nos permite seguiremos nuestro camino si no es un problema — Comentó mi hermano con una habla sutil sin tono amenazante, si era alguien que nos quería hacer algo, era mejor ser cuidadoso y respetuosos par ano salir mal heridos.

— No me da buena espina — Susurré mientras este me ponía a su lado intentando disimular mi miedo hacia aquel hombre, aunque era imposible, su mirada era penetradora y podría dejarte de piedra con solo mirarte, realmente era aterrador, pero aquello no era lo de menos, aquel callejón no era normal, lo sentía, algo raro ocurría en ese sitio y me temía lo peor si no salíamos de ahí ahora mismo.

Mi hermano frente a las nuevas palabras de aquel señor negó con la cabeza y sonrió de manera normal, sin hacer ningún gesto agresivo — Me disculpo, pero como bien dijo usted, si así me permite llamarle, mi madre siempre dice que no hablemos con extraños, no queremos meternos en problemas, ni mi hermano ni yo, así que le pido por favor que nos deje seguir nuestro camino — Comentó de nuevo mi hermano mientras me observaba de reojo, sabía la situación, si algo salía mal, debía de correr hasta encontrar una salida, costase lo que me costase si aquello se torcía debía de huir.
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Wolfgang Rawson el Lun Jul 02, 2018 11:05 pm

De haber sido de ver la gracia en aquella situación, de habérselo permitido su imperfecto cerebro, Wolfgang la habría encontrado muy graciosa: los muchachos, inicialmente sorprendidos por lo fortuito del encuentro, intentaron aparentar normalidad. Sin embargo, el mayor sí se colocó delante del pequeño, posiblemente en un intento por protegerle de lo que aquel desconocido pudiese hacerles.
Cuando el muchacho mayor empezó a hablar, Wolfgang, con una mano en el bolsillo y la otra en la varita, alzada hacia el muro de sombras, esbozó una leve sonrisa: el muchacho mayor hablaba con educación, y desde luego, el mortífago valoraba la educación. Su mentor le había enseñado a ser educado, a pasar por una persona normal y corriente en una sociedad antaño gobernada por los pro muggles. Aquello había arraigado profundamente en su personalidad, y Wolf no pudo evitar mantener las viejas costumbres incluso ahora que los lobos reinaban sobre las ovejas sin necesidad de vestir sus pieles.
Así que se le antojó apropiado hablar con toda la educación posible al muchacho, sin abandonar su media sonrisa lupina. Dio un paso adelante.

—Lamento importunarte, muchacho.—Aseguró Wolf, dirigiéndose únicamente al mayor, al que protegía al pequeño; este último era claramente un fugitivo, sin lugar a ningún tipo de dudas.—Tú puedes seguir tu camino, por supuesto. Pero no puedo decir lo mismo de él.—Wolfgang alzó la barbilla en dirección al otro muchacho, el que se resguardaba detrás del mayor.

El muchacho pequeño le dijo algo al mayor, pero Wolfgang no lo escuchó. El mayor siguió intentando salir de aquella situación acompañado del pequeño, pero por desgracia para él, aquello no era opción. Eso sí, Wolfgang sabía cuando tenía que perdonar una vida, y estaba dispuesto a hacerlo. Asintió con la cabeza ante las palabras del muchacho, que si bien había estado protegiendo a un fugitivo, podía salir de aquello indemne.
Todo dependía de qué le importase más: su vida o la del muchacho más pequeño.

—Eres un buen chico, y estoy seguro de que tu madre es una buena mujer.—Asintió Wolfgang con la cabeza.—Pero ese muchacho que tienes detrás es un traidor al nuevo gobierno, y cómo tal, ha de ser llevado ante la justicia.—Wolfgang movió ligeramente la varita, señalando al muchacho más pequeño, y volvió a mirar a los ojos al mayor.—¿Quieres marcharte? Por supuesto. Olvidaré que te he visto aquí, tienes mi palabra. Pero él se queda...

Aquellos eran los instantes definitivos, los instantes en que se decidía si el muchacho mayor vivía o por el contrario acababa muerto. Si se empeñaba en defender al pequeño, el mortífago no tendría el más mínimo problema a la hora de matarlos a ambos. Ni le gustaba ni le desagradaba, eran asuntos oficiales del Señor Tenebroso. Wolfgang se había propuesto cumplir con su objetivo en la vida de la mejor manera posible.
No le importaba lo más mínimo manchar sus manos con la sangre de dos simples críos, cuando estas ya llevaban encima cubos enteros de sangre de gente. Inocentes y no tan inocentes.
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Wolfgang RawsonMagos y brujas

Kyle Beckett el Vie Jul 06, 2018 2:27 am

¿Perder a mi hermano? No. No estaba en mi cabeza hacer que este sufriese algún daño por mi culpa, es más, no me perdonaría ni un solo día de mi vida si algo le ocurría, realmente él lo había sido todo junto a mi hermana, en parte al dejarlos atrás hace un año se me hizo muy duro, se me hizo tan duro que hasta no podía imaginar cómo lo deberían de estar pasando con todos los nuevos cambios y más a más el hecho de que yo había desaparecido volviéndome un fugitivo, alguien “peligroso” huyendo por sus derechos y no querer tener que ser algo que no era por mis propios principios, y en parte era consciente de que poco a poco las cosas irían a más, sabía que aquel día, mi vida iba a cambiar, como el primero del que empecé a ser un fugitivo.

Las palabras vacías de aquel hombre se habían vuelto espadas y agujas afiladas haciendo que tanto mi hermano como yo reculásemos un par de paso hacia detrás de aquel muro, intenté mirar una vía de escape, al menos algo que no se le hubiese pasado a aquel hombre cubrir, y por mi suerte una de las salidas de los callejones era saltar un pequeño muro y salir a la siguiente calle, el cual estaba completamente viable.

Trague saliva y mi hermano me sonrió de medio lado revolviendo mi cabello artificial ya que llevaba una peluca, una maldita y estúpida peluca que no servía para nada ¿Por qué? ¿Por qué no podía seguir mi vida, como si nada hubiese ocurrido? A veces hasta deseaba no haber nacido nunca con poderes mágicos, ser un niño normal y corriente por el cual sus padres le echaban la bronca por irse tarde a jugar a videojuegos.

Pero mi vida nunca iba a ser tranquila, nunca iba a tener aquello que deseaba, una gran paz, un sitio tranquilo donde poder estar sin miedo a ser acusado, atrapado o encerrado cual rata de laboratorio — Kyle, quiero que sepas una cosa, nunca me has defraudado, y pase lo que pase, siempre voy a estar a tu lado — Dijo mi hermano mientras me sonreía de medio lado antes de sacar su varita a modo de defensa.

Intente hacer el gesto de tirar de su brazo, pero cuando me di cuenta este me agarro como un saco de patatas , mire a todos lados y escuche el hechizo de "lumos" haciendo que se abriese una pequeña grita suficiente como para lanzar mi cuerpo al otro lado viendo como esta se cerraba dejando a mi hermano ahí dentro.

Solo grite, esuche como mi hermano me gritaba que me fuese. Un hechizo, y salí corriendo de aquel sitio, ¿A dónde? No tenía ni la más mínima idea, tan solo corrí, corrí por mi propia vida sintiendo que ahora una muerte estaba en mis manos.
*


26 de Mayo de 2018 09:23 PM
En algún parque de Londres

Durante tres horas me las pase llorando dentro de una casa de plástico de parque infantil, por suerte hoy no había nadie cerca para poder verme, ya no llevaba puesta la peluca, que más daba, tan solo mi cabello rubio el cual una vez fue brillante, ahora era negro, tan negro como el carbón mismo, quizá había algunos mechones de color plateados, mostrando entre tristeza y frialdad, a la vez que angustia creando aquel deseo de querer desaparecer.

No podía volver solo a casa, no podía regresar al refugio, no tenía a donde ir. Solo podía contar con una persona. Abrí mi agenda y le di a llamar. Espere un par de tonos antes de que Gwen me contestase. Escuche su voz, tranquila y calmada, como siempre. Normalmente la gente se solía saludar, preguntarse qué tal, sin embargo yo solo tome aire y solloce — Por mi culpa — Comenté entre lágrimas — Por mi culpa Noah a muerto — Exclamé llorando.


Última edición por Kyle Beckett el Vie Jul 13, 2018 12:55 am, editado 1 vez
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Wolfgang Rawson el Dom Jul 08, 2018 6:27 am

Ante lo que sucedió a continuación, Wolfgang Rawson no pudo hacer más que esbozar una media sonrisa cargada de ironía, al tiempo que negaba con la cabeza. De haber sido una situación distinta, de haber sido un mero testigo de aquello y no protagonista, habría incluso puesto los ojos en blanco. Y es que la situación no era para menos.
¿En qué estaba pensando aquel muchacho? ¿De verdad se sentía capaz de hacerle frente a un mortífago? Podía intentarlo, sin duda, y a Wolfgang no le importaría en lo más mínimo darle una lección de vida que no olvidaría. Tampoco es que fuese a darle mucho uso, pero al menos viviría sus últimos momentos para arrepentirse de ser tan bravucón. Wolfgang había sido razonable… y el muchacho parecía dispuesto a ser un héroe.
Por mera diversión, el mortífago contempló cómo se desarrollaban los acontecimientos. Primero, un hechizo Lumos que sirvió para abrir un pequeño agujero en la barrera de sombras; después, el muchacho mayor se atrevió a sacar al pequeño del callejón a través del agujero, quedándose solo ante el peligro; por último, y tras una sentida despedida que no causó la más mínima reacción en Wolfgang, el muchacho mayor empuñó su varita, dispuesto a hacer frente al mortífago.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto, muchacho?—Preguntó Wolfgang, justo antes de conjurar una defensa contra el patético hechizo ofensivo que el chico conjuró contra él.—Veo que sí estás seguro…

—¡No dejaré que toques a mi hermano!—Exclamó el muchacho mientras conjuraba un nuevo hechizo en dirección a Wolfgang; el mortífago no tuvo más que hacerse a un lado y este impactó contra la pared a su derecha. Provocó una pequeña explosión que arrojó pedazos de ladrillo sobre el hombro de Wolfgang, quién ni siquiera se inmutó.

El mortífago guardó silencio y mantuvo un pequeño duelo con el muchacho. Lo hizo más por entretenimiento que por otra cosa, pues no necesitaba mucho esfuerzo para derrotarle en cualquier momento. Wolfgang era un experimentado duelista mágico, y sus movimientos defensivos eran perezosos. ¿Su interés? Totalmente nulo. Aquel muchacho no suponía un desafío; más bien era una molestia, una mera pérdida de tiempo. En un momento dado, cansado de defenderse perezosamente, sin molestarse en atacar, negó con la cabeza.

—Suficiente.—Dijo Wolfgang, tajante, tras conjurar una última defensa; sin dar tiempo a su oponente a reaccionar, ejecutó un movimiento ascendente de varita. Una fuerza invisible golpeó al muchacho, lo hizo dar una voltereta y caer de bruces al suelo. Otro movimiento de varita y un Impedimenta no verbal mantuvo al muchacho pegado al suelo, incapaz de moverse.

Wolfgang no habló más. Caminó hacia él, manteniéndolo pegado al suelo con su magia, y se detuvo a un paso de su rostro. Alzó un pie, amenazante, y seguramente el muchacho pensó que lo bajaría con fuerza sobre su cabeza. A saber qué efecto tendría en él un golpe semejante.
Pero la intención de Wolfgang no era acertarle en la cabeza. Su pie aplastó su mano derecha, la que sostenía la varita, con tal fuerza que esta crujió. El chico abrió la boca y lanzó un largo grito de dolor. Wolfgang giró su pie a un lado y a otro, incrementando el dolor, hasta que el muchacho no tuvo más remedio que soltar la varita. El mortífago la apartó de una patada, con desprecio, mientras liberaba al chico del hechizo Impedimenta.
El dolorido muchacho, sin embargo, no se rindió. El mortífago vio cómo hacía un esfuerzo para levantarse. No llegó a ponerse en pie, solo a erguirse hasta quedar a gatas. Wolfgang le arreó una patada en el estómago, con fuerza suficiente para hacer que el muchacho rodase hasta quedar tenido otra vez, en esta ocasión boca arriba. Wolfgang le apuntó con la varita y el muchacho empezó a retorcerse de dolor, fruto de una maldición Cruciatus no verbal.

—Tu hermano.—Dijo Wolfgang, quién mostraba un rostro totalmente apático, prolongando la pausa que siguió durante un tiempo excesivamente largo para alguien que sufría tanto dolor cómo el muchacho.—¿A dónde ha ido?—Prolongó el hechizo unos segundos más, mientras el chico se agitaba y se contorsionaba, padeciendo un terrible dolor, y entonces lo interrumpió.

—No… no diré… nada...—Dijo débilmente el muchacho, que temblaba a causa del dolor sufrido momentos antes; su negativa fue recibida con una nueva maldición Cruciatus, más gritos y más espasmos de dolor. Wolfgang lo mantuvo así, en esta ocasión, quince largos segundos, y cuando por fin le liberó, no repitió su pregunta. El chico le había oído perfectamente.—Prefiero… m-morir… antes que decir… nada.

—Lo cierto es que no vas a morir.—Wolfgang reanudó la maldición Cruciatus sobre el muchacho casi con aburrimiento. La tortura no le ofrecía ningún tipo de satisfacción, y mucho menos si esta no cumplía con su objetivo. Sin embargo, mantuvo al muchacho bajo semejante suplicio durante un buen rato, mientras hablaba.—Pero en una cosa sí has acertado: vas a desear morir. Pero, por desgracia para ti...—Wolfgang mantuvo un poco más la maldición Cruciatus sobre él, antes de parar para terminar de hablar.—...vas a tener una vida muy larga.

Y dicho aquello, mientras el muchacho temblaba en el suelo, hecho un ovillo, con lágrimas cayendo por sus mejillas, el mortífago le apuntó de nuevo con la varita. Lo obligó a sentarse con un brusco movimiento, a exponer su delgado cuello, y una vez lo tuvo a la vista, empezó a ejercer presión mágica sobre este. Una fuerza invisible empezó a comprimir su  tráquea, y el chico comenzó a experimentar angustiosos problemas para respirar. Sus manos buscaron en su cuello una mano que no existía, y Wolfgang fue girando la muñeca de la mano en que sostenía la varita, poco a poco, infligiendo cada vez más presión.
Pronto, los ojos del chico se quedaron en blanco, y sus brazos cayeron laxos en paralelo a su cuerpo. Cerró poco a poco los ojos, sumiéndose en la inconsciencia, y Wolfgang le soltó. Envolvió su cuerpo con cuerdas mágicas y observó con una leve sonrisa su captura.
Solo restaba avisar a su pupilo. Ayax iba a ponerse muy contento cuando le llevase un nuevo espécimen para sus experimentos.

Off: Mañana posteo con Gwen. De momento, aquí se acaba la parte de Wolfgang.
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Wolfgang RawsonMagos y brujas

Gwendoline Edevane el Dom Jul 08, 2018 9:43 pm

Casa de Caroline Shepard y Samantha J. Lehmann.
Sábado 26 de mayo, 2018. 21:20.

Sam alargó la mano hacia la mesita que ocupaba el centro del salón, cogió un pañuelo, y tras pensárselo mejor, cogió la caja entera. La acomodó sobre su regazo y se secó las lágrimas que rodaban por sus mejillas. Volví a pasar mi brazo alrededor de sus hombros, y ella acomodó la cabeza sobre mi hombro. Aquello estaba siendo duro para ella, y lo único que podía hacer yo era ofrecerle consuelo.
No era fácil, desde luego: se trataba de una historia bien triste. Mientras yo le ofrecía consuelo, Caroline le cogía la mano, y ella se secaba los ojos. Verla llorar me daba pena… pero no lo suficiente como para llorar, teniendo en cuenta que estábamos viendo una película romántica, una de esas que tanto gustaban a Sam. Love, Rosie, se titulaba la película. Estaba bien, estaba entretenida… pero no hasta el extremo de llorar.
Caroline debía pensar lo mismo que yo, pues miraba la pantalla con los ojos bien abiertos, y una expresión lejana al llanto. Pero, ¿sabéis qué? Una de las cosas que más me gustaban de Sam era que llorase con las películas, que pese a todo lo que le había pasado en su vida no hubiese perdido esa parte suya tan bonita.

—Quiero señalar que yo...—Empecé a decir, pero no terminé la frase. Sam se llevó el dedo índice a los labios y con un sonoro “shhhhh” me pidió silencio. ¿Qué iba a decir yo antes de ser interrumpida? Que yo había sugerido ver episodios de Mr. Bean. Nunca veremos episodios de Mr. Bean, pensé con tristeza. No es que no me gustasen las películas románticas, pero a veces me apetecía simplemente reírme.

Esta es mi parte favorita.—Explicó Sam. Puse los ojos en blanco, apoyando mi cabeza sobre la de Sam y componiendo una leve sonrisa; sonrisa que se ensanchó incluso más cuando desvié la mirada hacia Caroline y me la encontré poniendo los ojos en blanco también. Sam se percató de esto y levantó la mirada hacia mí, ofendida.—¿Te estás riendo de mí, Güendolín?

—¿Yo? ¡Jamás! En todo caso, me reiré contigo.—Me excusé, dándole un leve toquecito en la nariz con mi dedo índice, un gesto cariñoso. Sin embargo, miré en dirección a Caroline, alzando las cejas en una expresión de “Casi nos pilla”.

Fue entonces cuando mi teléfono móvil empezó a vibrar sobre la mesita. Le eché un vago vistazo y vi que el nombre que aparecía en pantalla era el de Kyle Beckett. Suspiré profundamente. Seguía sintiéndome profundamente contrariada cada vez que aquel muchacho me llamaba por teléfono, pues seguía sin sentirme cómoda con la relación que había entre nosotros. Seguía sin gustarme que me viese como su madre, teniendo en cuenta que tenía una buena familia que se preocupaba por él.
Me separé con suavidad de Sam—ella, como si tuviese un resorte, osciló hacia el otro lado del sofá, dónde se encontraba Caroline, y ella me tomó el relevo rodeándola con su brazo—y alargué la mano hacia el teléfono.

—Es Kyle… Tengo que cogerlo.—Expliqué mientras me ponía en pie. Sam me dijo algo, pero tenía un pañuelo delante de la boca, y no la entendí.—¿Qué dices?—Ella repitió, esta vez más claramente, “Uva pasa”. Entonces sí lo entendí, y solté una breve carcajada.—Sí, sí, es “Uva pasa”.

Me separé unos cuantos pasos del sofá, y al hacerlo, Lenteja debió pensar que iba hacia la calle, pues me siguió con entusiasmo. Empezó a pegar saltitos a mi lado, y yo estiré la mano libre hacia ella. La perrita, de cuando en cuando, lograba darme un lametón en la palma de la mano. La miré con una sonrisa, mientras me llevaba el teléfono móvil a la cara para responder la llamada.

—Hola, Kyle.—Respondí como si tal cosa. Al otro lado de la línea escuché un llanto y una respiración agitada. Fruncí el entrecejo, y entonces escuché las palabras de Kyle. Decía que Noah, su hermano, había muerto. Me llevé entonces los dedos de la mano libre a la sien, sin entender aquello.—Kyle, ¿de qué estás hablando? ¿Cómo que Noah ha muerto? ¿Qué ha pasado?—Mantuve un tono de voz calmado. No comprendía qué estaba pasando. ¿Se trataba de una broma? Bueno, no lo parece… Está llorando.

En el sofá, la expresión de Sam cambió, y pasó a estar preocupada. Puso en pausa la película y se quedó mirándome, expectante, para saber qué ocurría. Eso quiero saber yo… No entiendo nada.


Off: Tengo permiso de utilizar los PNJ’s de Sam J. Lehmann y Caroline Shepard :pika:

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Kyle Beckett el Vie Jul 13, 2018 1:30 am

¿Cómo podía hablarle a alguien sobre lo que acababa de ocurrir? Es decir, podía ser alguien fuerte, si, podía ser valiente pero a veces cuando me topo de cara a cara a alguien que realmente puede hacerme daño, que no tiene miedo a hacerlo, siento que tiemblo y que en cualquier segundo pueda darme un bajón y cagarme las patas abajo sin poder reaccionar a nada, pero aquello no era lo peor, lo peor era el momento en que le hicieron decidir a mi hermano, darme y quedarse el libre o quedarse ahí sufriendo conmigo. Mis intenciones eran apartarlo de mi lado y hacer que se fuese. Sin embargo él fue más rápido.

Lanzo un hechizo de lumos contra aquel muro y me lanzo cual saco de patatas al suelo mientras daba pequeñas vueltas de campana observando como el muro se cerraba en mis narices ¿De verdad? ¿Aquello iba a acabar así? ¿Había perdido a mi hermano? Y al ver que el muro no se abría, se quedaba todo en silencio deje escapar un grito y salí llorando de aquel sitio, a cualquier otro.

Tras unas pocas horas dentro de aquel parque escondido debía de llamar a alguien, debía de avisar a alguien al menos que fuera para poder decir lo que había ocurrido, tenía miedo, mucho miedo y estaba asustado. ¿A quién iba a llamar? ¿A mamá? ¿A mi hermana? ¿A quién? Supongo que sería un gran golpe para ellas dos si les decía lo que realmente había ocurrido ¿Por qué? Porque ese idiota tenía que hacerse el héroe en el momento menos oportuno de todos, a veces, odiaba esa faceta tuya tan especial, odiaba que siempre tuviera que salir siendo el héroe de las cosas cuando a veces, él podía escapar, pero siempre, siempre ha sido así, prefiere salvar a otros que salvarse a sí mismo, por ello, por mi culpa, ahora él estaba muerto.

Pero quizá cabía la posibilidad de que estuviese con vida, pero aquel hombre, era tan cordial, que a mi parecer dudaba mucho que diese segundas oportunidades a las personas, por ello mi pelo poco a poco aquel rubio que tanto se caracterizaba, aquel brillo se fueron apagando hasta convertir mi melena en una mata de color negro como el carbón mismo, aunque ciertos mechones se quedaron de un tono blanco grisáceo, por el miedo y el pánico que sentía.

Tras debatir aún mucho más a quien debía de llamar opte primero por avisar a alguien cercano a mí, como a mi familia. Sabía de sobras que no me atrevería a llamar a mi madre de primeras, necesitaba primero desahogarme, tener aquel apoyo de alguien, por pequeño que fuese, así que tan solo abrí mi lista de contactos y marque el nombre de Gwen, para dejar que el teléfono hiciese la llamada.

Intente explicarme como pude a Gwen mientras que tome aire y deje escapar un sollozo — Iba con Noah por la calle y un mortifago nos atrapó, intente hacer que se fuese pero me lanzo por los aires y se quedó…con él, y…él no salió, y hui y él… — Comenté antes de llorar secándome las lágrimas con los brazos — Gwen, tengo que avisar a mi madre, pero tengo miedo, estoy solo, no quiero moverme de donde estoy, no sé a dónde ir — Exclamé entre lágrimas.
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Kyle BeckettFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Jul 13, 2018 6:36 pm

La llamada de Kyle sumió aquel momento en una especie de irrealidad. Toda la escena adquirió ese tinte que tienen los sueños: el subconsciente opera y crea un mundo a tu alrededor que imita lo real y lo mezcla con lo imaginario hasta alcanzar algo dotado de coherencia para dicho subconsciente. Sin embargo, siempre está esa pequeña parte tuya, esa parte que observa el conglomerado sin sentido y dice: ‘Esto no es real. Esto tiene que ser un sueño.’
Me había dormido. Tenía que haberme dormido en algún momento, abrazada a Sam y disfrutando de lo agradable que era dormir junto a ella. Mi subconsciente, jugándome una mala pasada, había elaborado aquella escena idéntica a la que tenía lugar en el mundo real, momentos antes de dormirme, y por eso no podía ver la diferencia entre ambos mundos.
Estoy soñando, me dije a mí misma mientras escuchaba la voz al otro lado del hilo telefónico, y Sam y Caroline me miraban con ansia de saber qué estaba ocurriendo.
No podía ser cierto. Noah Beckett no podía haber muerto. Supongo que me sumí en un estado de negación semejante a la primera fase del duelo, y es que no podía siquiera visualizar a aquel joven muchacho tendido en algún callejón, sin vida. Aquel muchacho que seguía recordando igual que hacía unos años, cuando me ganaba un pequeño sobresueldo trabajando como canguro para Beatrice Beckett.
Casi al momento, un latigazo de ira de solo pensar que aquello había ocurrido fruto de la inconsciencia: había personas en este mundo que no lo comprendían, que no entendían que ser fugitivo no era pasear por el campo. Que aquello había ocurrido por una maldita imprudencia y que podía haberse evitado por completo.
Me llevé los dedos índice y pulgar al puente de la nariz mientras cerraba los ojos, contrayendo el rostro en lo que parecía una expresión de dolor. No era dolor realmente lo que sentía, sino rabia, y aquella expresión no era otra cosa que una manifestación física de mis esfuerzos por no estallar allí mismo.
Cuando por fin hablé, lo hice con toda la calma que me fue posible.

—Está bien.—Mi voz sonó sorprendentemente ronca, fruto de los esfuerzos que estaba haciendo por no ponerme a gritarle allí mismo.—Necesito que te escondas. Si no estás escondido, hazlo inmediatamente. Cuando lo hayas hecho, envíame la ubicación por Whatsapp. Iré a buscarte.—En este momento pude ver, por el rabillo del ojo, la expresión de gravedad y preocupación en los rostros de Sam y Caroline. Las dos mujeres parecían congeladas en el tiempo, sentadas en el sofá a la espera de comprender lo que estaba ocurriendo.—Y Kyle: no dejes que nadie, absolutamente nadie, te vea. Si alguien te ve, da igual quién sea, te vas y buscas otro sitio. Busca un sitio escondido, poco frecuentado, donde puedas esconderte. Evita los lugares al aire libre. Espero tus indicaciones.

Casi sin dar tiempo a Kyle a responder a mi última frase—no admitía ningún tipo de discusión—colgué la llamada. Era consciente del miedo que tenía el chico, desde luego, pero en esos momentos no quería seguir al teléfono. Me sentía más furiosa que otra cosa, pues estaba harta de decir las cosas y que nadie pareciese escucharme. ¿Qué pasaba en este mundo? ¿Acaso la única persona consciente de su limitada situación era Samantha Lehmann?

—Tengo que irme.—Informé a Sam y Caroline. Les ofrecí una breve explicación de lo ocurrido, lo mejor que pude dado mi estado actual. Caroline me ofreció un fuerte abrazo de ánimo, y Sam uno que casi me estrangula. Yo le di un fugaz beso en la mejilla, prometiendo a ambas que las informaría en cuanto supiese algo respecto a Kyle. También me despedí de Lenteja, que pegaba saltos a mi lado y me arañaba el muslo desnudo con las uñas de sus patas delanteras.


Bolera abandonada ‘Saint Anton’
Sábado 26 de mayo, 2018. 21:47.

La dirección que Kyle me envió se correspondía a una vieja bolera que llevaba años abandonada. Me pareció un sitio bastante apropiado, un buen lugar donde esconderse. Quizás fuese el hogar ocasional de vagabundos o el fumadero de algún que otro drogadicto muggle, pero me dio la impresión de que sería poco probable encontrar mortífagos allí.
Nada más aparecerme en la parte trasera del edificio, en un hueco detrás de un contenedor de basura, pude advertir la decrepitud del edificio: las ventanas estaban rotas y la fachada estaba cubierta de pintadas. No había duda de que era un lugar de mala muerte, lo cual me daba buena espina dadas las circunstancias: cuanta menos gente frecuentase aquel lugar, mejor.
La puerta estaba cerrada con cadenas. Haciendo pantalla con las manos, pude atisbar el interior. Estaba oscuro y desértico, pero imaginaba que Kyle estaría allí dentro. Así que, tras echar un vistazo a mi espalda y a ambos lados, cerciorándome de que nadie me veía, me desaparecí y me aparecí en el interior. Saqué mi varita y conjuré un Patronus: había dado indicaciones a Kyle de que solo saliese de su escondite si veía mi Patronus, una tortuga marina que revoloteó por el lugar, derramando su tenue luz allí donde iba.

—Kyle.—Dije en voz baja.—Soy yo, Gwendoline. Puedes salir.

El patronus recorrió las pistas de la bolera de un lado a otro, repitiendo las palabras que yo había dicho: ‘Kyle. Soy yo, Gwendoline. Puedes salir.’ Esperaba que Kyle estuviese allí dentro, y no que hubiese escogido un contenedor de basura o algo así para esconderse...


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Kyle Beckett el Jue Jul 19, 2018 1:07 pm

La verdad es que no podía negar que no estuviera asustado, estaba aterrado y no quería tener que sufrir aquello lo más mínimo, era consciente del peligro que tenía salir a la calle, pero sabía de sobras que lo que habíamos decidido yo y mi hermano estaba mal, estaba muy mal y realmente jamás debíamos de haber hecho aquello, pero ninguno de los dos fuimos conscientes en el momento de aplicar las normas, de entender el peligro que aquello iba a suponer ir a ver un partido de baseball, y yo tan ingenuo, ni tan solo me percate a negarme, supongo que la felicidad de estar de nuevo en casa, había hecho que nublase el peligro que aquello era salir, pero ahora lo sabía, lo entendía.

Tras colgar a Gwen del teléfono me puse la capucha de la sudadera que llevaba y me fui dirección a la bolera cuya cual me había citado Gwen, al menos sabía que ahí nadie me buscaría, nadie iría detrás de mí y mucho menos nadie nunca se preocuparía e buscarme en un sitio abandonado, por lo que tome la primera calle hacia la derecha para ponerme rumbo al lugar acordado con Gwen, también sabía que iba a caerme una leve charla sobre mi imprudencia, pero ahora lo veía, Gwen y Sam tenían toda la razón del mundo, la vida de un fugitivo no era fácil. Estaba llena de peligros, de baches y las imprudencias se pagan caro.

No podía ser un chico de catorce años normal, no. Ante la política del mundo mágico era alguien peligroso. Y sin embargo solo hui porque no quería aceptar las mismas normas de los puristas, pero bueno, ahora realmente sabía que todo esto era una mierda, y que a partir de ahora, pensaría con la cabeza, de aquí en adelante me privaría de poder salir a la calle, debería de tomar precaución sobre todas las cosas, y sobre todo, nunca, jamás, debería de volver a jugármela como lo hice a hoy.

Tras una leve charla conmigo mismo, sobre todo lo que estaba mal de ser un fugitivo y darme cuenta de los peligros que tenía aquello, me metí por una de las ventanas de la bolera para no hacer ruido y me escondí en el hueco de donde se iban los bolos, cuyos pasillos interiores daban a dos puertas donde ahí estaría la sala de máquinas, los vestuarios, etc. Como la parte de trabajadores por así decirlo.

En silencio me abracé las piernas y me puse a llorar en silencio esperando la llegada de Gwen, solo esperaba que fuese pronto, solo quería ver a alguien, aunque supiera que la había cagado hasta el fondo, aunque supiera que lo que había hecho estaba mal, sabiendo que no debía de salir a plena luz del día, aun sabiendo todo eso, solo quería ver a alguien. Sabía que Gwen era madura y que las cosas no me las decía para regañarme, sino porque sabía todos los peligros que corría, y sin embargo, no la escuche.

Me encontraba perdido en mi mente, en mis pensamientos hasta que escuche algunos ruidos por la bolera viendo como algo brillaba cerca de donde estaba, era la voz de Gwen, por lo que me levante haciendo que algunos bolos rotos se cayesen por el suelo así haciendo que los chutase un poco para dar un leve salto y salir de donde los bolos observando a Gwen a los ojos fijamente.

El silencio se hizo y a medida que nadie decía nada fui avanzando poco a poco hasta quedarme a pocos metros de ella — Prometo, que a partir de hoy, nunca más voy a ser inconsciente, y…que no voy a volver a salir del refugio — Dije mientras agache la cabeza poniéndome a llorar.
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Gwendoline Edevane el Vie Jul 20, 2018 3:18 pm

Mi Patronus recorrió la oscura estancia, derramando su luz a su paso, al tiempo que reproducía mi mensaje. Había sugerido a Kyle aquella forma de anunciar mi llegada teniendo en cuenta que no había forma de falsear aquello: aquellos seducidos por las Artes Oscuras, por norma general, eran incapaces de conjurar un Patronus, y por si fuese poco, cada Patronus es único. Tiempo atrás, como una manera de hacer reír a un Kyle mucho más joven, había mostrado aquella tortuga luminosa. Mis dotes de canguro no llegaban a más. Los niños no eran lo mío.
El Patronus recorrió la estancia en círculo, y cuando regresó a mí, se desvaneció. Bajé entonces la varita y esperé, inmóvil junto a los sillones sucios donde se sentaban los jugadores esperando su turno para lanzar, o donde lo habían hecho tiempo atrás. Kyle no tardó en aparecer, saliendo del hueco al final de una de las pistas, lugar que antiguamente estaba destinado a los bolos contra los que tiraban los jugadores.
En la penumbra del edificio abandonado, resultaba un poco difícil advertir los rasgos de Kyle. Sin embargo, su pelo me resultó muy llamativo: se había tornado oscuro, a excepción de algunos mechones más claros, hasta el punto de dotarlo del aspecto del de un hombre que está entrando en la vejez y empieza a exhibir las primeras canas.
Había tenido tiempo suficiente, de camino allí, para calmarme. Para evitar decir la mitad de las cosas que pensaba decir. Y había llegado a una simple conclusión también: Kyle no tenía la culpa de lo ocurrido. ¿De quién era la responsabilidad de asegurarse de que no saliese a la calle, de que no fuese visto? Por supuesto, de su madre. Beatrice Beckett siempre me había parecido una buena persona, pero en tiempos recientes no podía evitar sentirme cada vez más y más decepcionada con ella. Con todo lo que había batallado yo para conseguir que Kyle volviese a su casa, o cuanto menos hiciese saber a su familia que estaba bien, y ella era incapaz de conseguir que su hijo se quedase a salvo en casa y en el refugio. Pues lo siento, Beatrice, pero es tu responsabilidad, pensé con amargura, tratando de mantenerme inexpresiva.

—Ven aquí..—Respondí a sus palabras, y aunque eso fue lo que dije, en realidad fui yo quién salvó los pocos metros que nos separaban. Entonces apoyé una rodilla en el suelo y le envolví suavemente con mis brazos. Apoyé mi rostro en su mejilla y acaricié su pelo con mi mano derecha, para después depositar un beso en su mejilla.—Casi me matas del susto y de la preocupación. Me alegra ver que estás bien.—Me separé, dejando mis manos apoyadas en sus hombros, y le miré de arriba abajo.—¿Estás herido? ¿Te has hecho daño?—A simple vista, no lo parecía, pero no podría saberlo. Perfectamente podía estar ocultando alguna herida bajo la ropa.

Me resultaba muy difícil mantener la calma en aquellos momentos. Quería gritarle a alguien, pues Noah Beckett no tenía por qué haber muerto. No hacía falta más que un poco de cuidado. Ya había suficientes muertes causadas por descuidos en aquellos días, suficiente daño irreparable causado por descuidos. Era consciente de que el mundo perfecto de antes, ese en que podíamos ser nosotros mismos, ya no existía y quizás jamás volviese, pero si no nos esforzábamos en cuidar lo poco que teníamos, acabaríamos por no tener nada.
Esperaba que Kyle honrase su promesa desde aquel entonces...
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Kyle Beckett el Lun Jul 30, 2018 12:43 am

No sabía bien con certeza que es lo que sentía en ese mismo instante ¿Miedo? ¿Tristeza? ¿Angustia? La verdad es que eran muchas emociones sentadas en un solo día, quizá ahora la prudencia era lo que debía de tener, ser una sombra delante de todos y quizá debía de limitarme a salir durante un tiempo por el gran incidente ocurrido en aquel callejón, pero era irónico, ahora mismo estaba lejos del refugio, estaba fuera, aunque ahora mismo estuviese esperando a Gwen, lo cual temía que me llamase la atención y me echase la bronca, pero en cierto modo sabía que me lo merecía, por no haberla escuchado, por no haber seguido su consejo de quedarme donde debía y podía estar a salvo, a veces parecía inútil.

Pero al menos ahora mismo estaba escondido en aquella bolera, al menos me había metido en un sitio un tanto asqueroso y mugriento, que no quería ni tan solo saber que estaba pisando, porque mi intención no era averiguarlo, pero algo no era bueno cuando escuche varias cosas romperse a mis pies mientras me metía por aquel agujero.

¿Qué pasaría de ahora en adelante? Es decir, cuando mi madre se dé cuenta de que Noah no vuelve más, cuando me vea el pelo de aquella manera, todo aquello iba a estallar en cero coma cuando me viese, y no quería, no quería enfrentarme a la realidad del dolor, no quería sentir más dolor en mi cuerpo, en mi alma, si por no fue fuera, si hubiese dicho que no, quizá y solo quizá ahora mismo Noah estaría vivo.

Pero a veces hay decisiones que se pagan muy caro, a veces querer salir a dar una vuelta, a despejarse por las calles, era peligroso, ya no era como antes, y eso me molestaba, me cabreaba y quería gritar, hasta tal punto en querer tomar una vajilla y romperla contra el suelo y sentir aquel desahogo que muchas personas podían permitirse a ir a esos sitios donde podía romperse muchas cosas, pero en mi caso no era aquel, estaba entre los bolos caídos esperando la llegada de Gwen escuchando como la madre de la misma bolera crujiese por lo antigua que era y lo podrida que estaba por la humedad.

Tras ver el Patronus de Gwen, decidí salir de mi pequeño escondite saliendo de aquel lugar, que por suerte la mía no tenía nada de suciedad, bueno, tan solo un poco, ya que no era menos que los otros sitios, porque en cierta zonas del suelo hasta podría parecer que hubieran nuevas células de virus, porque dejaba mucho que desear, pero bueno, al fin de cuentas estaba abandonada y ya nadie cuidaba de ella.

Una vez delante de ella tuve el miedo de que me dijese algo, aunque me lo merecía, me merecía que me echase la bronca por lo sucedido, pero tan solo hizo que me fuese con ella para después estar entre sus brazos haciendo que la estrujase con fuerza empezando a llorar en su hombro por el miedo que tenía, el pavor que tanto sentía por haber perdido a mi hermano delante de mis ojos, si tan solo nunca hubiera salido, eso no hubiese pasado.

Ante el beso en la mejilla de Gwen me sentí un tanto más calmado, relajado, aún más con una de sus manos posadas en mi cabeza haciendo que cerrase los ojos mientras me limpiaba estos de las lágrimas que tenía — Estoy bien, no estoy herido por suerte…pero…— Deje ir un leve silencio antes de negar con la cabeza — Por suerte la mía — Comenté mientras me abracé a un brazo medio temblando como un flan, si no fuera poco, no quería afrontar la dura realidad de la cual estaba viviendo, ojalá ahora abriese los ojos y aquello fuese solo un sueño.
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Kyle BeckettFugitivos

Gwendoline Edevane el Mar Jul 31, 2018 2:12 pm

A simple vista, Kyle estaba bien; por sus palabras, supe que no lo estaba. No físicamente, claro, pues a excepción de un poco de suciedad aquí y allá, posiblemente fruto de haberse arrastrado por los recovecos más oscuros de aquella bolera abandonada en un intento por esconderse, no mostraba herida alguna; emocionalmente… bueno, eso ya era otro tema. Pero nadie podía culpar al muchacho. ¿Quién estaría bien tras perder a un hermano? Yo nunca había tenido hermanos de sangre, pero sí sabía lo que era perder a un ser querido. Demasiado bien lo sabía.
Con una rodilla apoyada en el suelo, miré a Kyle a los ojos y le puse una mano en la mejilla. El chico había estado llorando, y su pelo, a diferencia de otras ocasiones, no había cambiado ni una vez desde que nos habíamos reunido: negro como el carbón, moteado de mechones más claros aquí y allá. Aquello se debía, sin lugar a dudas, a la tristeza que sentía.
Tenía que decir algo, no limitarme a mirarlo con pena. Aquellas cosas se me daban fatal, a pesar de haber tenido que padecerlas o presenciarlas asiduamente desde noviembre de 2016, cuando todo se fue al infierno y comenzó la pesadilla de Voldemort. Además, todavía estaba enfadada, aunque no con Kyle. El objeto de mi furia era Beatrice Beckett, una persona inconsciente que permitía a su hijo mayor salir a la calle con su hijo fugitivo.

—Ven conmigo.—Mi voz sonó suave a pesar de los pensamientos que circulaban por mi mente. Quería gritarle a alguien… pero había trabajado muchos años en mi temple, en enmascarar lo que realmente pensaba y sentía bajo una máscara de aparente serenidad.—Tenemos que limpiarte un poco. Estás todo lleno de suciedad.

Cogí la mano de Kyle y me puse en pie. Le conduje a uno de los sofás que había frente a las pistas, donde los jugadores se sentaban a esperar su turno mientras tomaban algo y conversaban con sus compañeros de partida. O eso hacían antaño, cuando aquella bolera no era un edificio abandonado. Con un movimiento de varita y un sencillo Fregotego limpié un poco la superficie del sofá, indicándole a Kyle que se sentase. Yo me senté a su lado.
Rebusqué entonces en mi bolso hasta dar con un paquete de pañuelos de papel, así como con mi teléfono móvil. Le mostré este último a Kyle.

—Tengo que avisar a Sam de que te he encontrado y de que estás bien, ¿vale? Estaba muy preocupada por ti.—Dibujé en mi rostro una pequeña sonrisa, una que intentó ser tranquilizadora, y procedí a abrir la aplicación de Whatsapp.


WhatsApp:

Melocotón
Got me looking so crazy in love
Hola, Melocotón.

He encontrado a Kyle. No te preocupes: está bien, no ha sufrido ninguna herida.

Voy a llevarle al refugio y a asegurarme de que está bien. Creo que pasaré la noche con él.

Seguiré informándote. Pero no te quedes despierta preocupándote por nosotros, ¿vale?

Te quiero <3

Dile a Caroline que la quiero y que siento que la noche terminase así :C


Hecho aquello, volví a dejar el teléfono móvil dentro del bolso para concentrarme en la labor que tenía que hacer: eliminar un poco la suciedad de la cara de Kyle. Para ello, mojé un poco con agua de mi varita y comencé a limpiar su rostro con suaves caricias. Mis ojos se concentraban en la suciedad y mi rostro era una máscara inexpresiva. Sin embargo, estaba genuinamente preocupada por el niño. Había presenciado cosas que no debería presenciar nadie, mucho menos un niño de su edad.

—¿Puedes contarme lo que ocurrió?—Pregunté, y tras un pequeño segundo de duda, añadí una segunda pregunta.—¿Dónde está tu madre y por qué no iba con vosotros?

La pregunta que quería hacer era otra: ¿Cómo ha sido tan inconsciente como para permitiros salir? Sin embargo, preferí omitirla. Aquella pregunta podía llevarnos por dónde no quería ir. Quería que Kyle estuviese tranquilo. Ponerle nervioso no iba a servirme de nada. Simplemente le alteraría una vez más.
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