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La flauta de Hamelín. {Stella}

Ian Howells el Dom Jun 03, 2018 2:24 am


Callejón Knockturn, 22:30 horas || Día 03 de junio del 2018 || Ian Howells & Stella Thorne

¡PUM!

-Tío, ¿a qué juegas? -Preguntó Marcus, otro aspirante a mortífago.

-Colega, tranquílizate, me he tropezado sin querer con esta puta mierda. -Ian se agachó, cogiendo la caja de madera del suelo con la que se había chocado, colocándola a un lado del callejón en dónde no estorbase.

-Se supone que hay que pasar desapercibidos, no hacer el subnormal haciendo ruido, así que mira en donde narices pisas. -Le dijo, altanero. Ahora mismo Ian tenía unas ganas horribles de pegarle un hostión en el plano de simetría de su cara para rompérsela por completo, pero no podía. Era el favorito del mortífago con el que iban a esa "misión" por lo que sólo sería cargarla. -Lestat ha dicho que esperemos aquí, que seguramente más pronto que tarde se arme una buena. Y tenemos que estar preparados, así que deja de hacer el idiota y ponte en posición. -Señaló a una esquina. -Allí, corre.

Lestat era mortífago, un mortífago de los pies a la cabeza que dedicaba su vida exclusivamente a la Causa Mortífaga. No tenía trabajo y sobrevivía gracias a la herencia de su difunto padre así como al dinero que ganaba matando o capturando fugitivos. Marcus era su ahijado dentro de las filas mortífagas, uno de los aspirantes que más cerca estaba de conseguir la marca tenebrosa. Sin embargo, si Ian y Elizabeth (otra chica que estaba en este momento en compañía de Lestat, alejado de ellos) estaban allí, es porque el líder de la operación había creído necesario que necesitarían más apoyo pues se venía algo grande.

Y claro, a Marcus no se le ocurrió otra cosa que recomendar a Ian, sabiendo lo poco interesado que estaba el chico en esas mierdas. Marcus siempre había sido un poco cabroncete, la verdad. Pero bueno, Ian tampoco tenía inconveniente en hacer lo que fuera necesario para estar a salvo. Como decía él: primero tú culo y luego el del resto. Y ahora mismo la sociedad era así: o jodías o te jodían. O dabas por culo, o te dan por culo. No había más.

¿Que qué narices estaban haciendo en el Callejón Knockturn? Ah, claro, que no te lo he explicado. Uno de los negocios recién abiertos de allí había prestado ayuda a un grupito de fugitivo hace relativamente poco, en base a un trato en donde el negocio saldría ganando económicamente. No obstante, ese grupito de fugitivos lo estafó y, como es normal, el jefe del negocio se enfadó. Se chivó a la gente adecuada (en este caso, su gran amigo Lestat) y no dudó en tenderle una trampa de nuevo al grupito de fugitivos, prestándose como fiel aliado, comprensible por sus limitaciones económicas y sus necesidades como personas que van en contra de la ley.

Pero no, sólo buscaba venganza. En esta sociedad o ganas algo por prestar ayuda, o directamente te ganas a un enemigo que solo querrá joderte.

Así que Ian estaba ahí un poco de prestado (como siempre), haciendo algo por obligación que, aunque le sudase mil, tampoco le importaba hacer. ¿Quería hacerlo? No. ¿Se iba a sentir mal después de hacerlo? Pues probablemente tampoco. Eso sí, tenía bien claro que como su madre descubriese que estaba en donde estaba, en vez de en donde le había dicho que estaba (en casa de Circe, viendo una película) se la iba a ganar muy mucho. Sí, le daba más miedo la reacción de su madre al darse cuenta de lo que hacía que la de los propios mortífagos o fugitivos.

Pero vamos, no le dio mucho tiempo a perderse en sus pensamientos, pues una figura misteriosa apareció en el fondo del callejón en el que se encontraban. Les lanzó una maldición y echó a correr en dirección contraria. Eso sonaba descaradamente a trampa mortal, ¿eh? Pero Marcus, que al parecer alardeaba de ser más inteligente que Ian, echó a correr detrás de la figura. Ian pues... le persiguió. No se iba a quedar ahí, como un idiota. Así que ambos se lanzaron, con varita en mano, a por la figura.

Algo le decía que sólo era una distracción, ¿pero sabes qué? Ian no era precisamente el cerebro de esa operación.

***

Mientras tanto, ellos se alejaron y un grupo de cuatro fugitivos apareció en donde se encontraban hace un momento los dos chicos vigilantes. Era su momento para entrar en escena. Si los mortífagos se creían listos por crearles una "emboscada" los fugitivos lo serían más, dividiendo las fuerzas para ganar la batalla. Sólo tenían que encargarse del traidor del negocio, de Lestat y de Elizabeth, los únicos tres que estaban en el interior del negocio.
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Ian HowellsUniversitarios

Stella Thorne el Mar Jun 12, 2018 6:32 pm

La noche era de esas típicas primaverales, en donde sólo bastaba una chaqueta delgada para cubrir el frío. Y a veces, si te movías lo suficiente ni necesidad de ella tenías. Podías andar más libre, con tan solo una capa de ropa encima y moverte a tu merced. Pero en esa ocasión no andaba así, estaba cubierta de pies a cabeza, totalmente de negro. Como un gato que quiere pasar desapercibido en la oscuridad y, que de verse algo sería el brillo de mi mirada. O como en mi caso también se unieron al baile mis frondosas cejas, tan reconocibles ya en mí.

Se había ofrecido junto a otros fugitivos a ir hacer una emboscada a un local del Callejón Knockturn. Que en principio pretendió ayudarles pero a la más mínima de cambio se había ido con el otro bando. Traición le llamarían algunos, otros estrategias de juego. Es que en una Guerra, los ideales se reafirman o se vuelven más flojos, moldeables. Y el encargado del local pertenecía al segundo grupo. El dinero no había llegado a sus manos en el momento acordado, y una lechuza ya andaba por los aires con las noticias de una próxima cacería de brujas y magos fugitivos. A su favor, también se encontraban esas personas las cuales sus ideales se vuelven más fuertes. Gente infiltrada que vivía su diario vivir con aquellos que gritaban a viva voz sus pensamientos puristas y hasta los ejercían. Y que ilusos o cegados de esa presuntuosa seguridad confiaban en personas como ellos, que no tardaban en dar aviso de sus pasos a seguir al refugio. Haciendo un llamado de advertencia, e indicando la noche en que los Mortifagos harían un encerrón en el local.

Todos dirían que lo más sensato era dejarlo estar y no volver jamás a ese local. Pero a veces el orgullo y más aún la necesidad te hace volver a esos lugares en que no eres tan bienvenido. El traidor le había ofrecido toda clase de objetos mágicos que lo ayudarían para sus próximas misiones. Se le había ofrecido el doble de dinero del que él ya ganaba por venderlas. Pero un error de cálculos y una que otra estafa por parte de algunos fugitivos, hizo que las alianzas entre él y nosotros se rompieran profundamente. Haciendo que hoy, fuéramos a por él, su mercancís  y los Mortifagos en vez de tener una agradable conversación a al luz de la luna.

Como siempre yo era la más pequeña del grupo, luego de mí venía Charlie, con veintidós años, aunque parecía de mayor edad, gracias a su barba y sus rulos revoltosos. Yo de broma lo tildaba como el "Náufrago" del refugio, y para su último cumpleaños le había regalado una pelota con el nombre "Wilson" escrita sobre ella, sólo para molestarlo porque yo soy así, molestosa. No éramos los mejores amigos de la vida,  pero nos llevábamos bien en misiones como esta. Donde siempre nuestra misión era el despistar, aún no nos ganamos el ticket para entrar de lleno en el campo de batalla, pero ya pronto lo ganaríamos, lo sé.

- Listo, llegó el momento.- me indicó mostrandome su reloj, donde las manecillas se encontraban justo en el lugar que habían indicado. Asentí y tomé aire.- Haz lo tuyo, enana.- Le dediqué una mirada de mini reproche, es que odiaba que me dijera enana, quizás del mismo modo que él odiaba que yo le dijera Naufrago. Es que lo nuestro era un constante tira y afloja de molestar y cariño.

¿Y qué era hacer lo mío? Lo que a continuación he de hacer.

Salí del escondite en que nos encontrábamos y lance un hechizo en contra de los dos cuerpos que se encontraban al otro lado de callejón, para luego comenzar a correr hacia el lugar dónde nos esperaría Charlie, y otra fugitiva más, Kenya . ¿Qué no les he contado sobre Kenya? Bueno, ustedes tranquilos. Que ya sabrán como es esa mujer.

Corrí lo más rápido que mis pies me permitieron, hasta que llegué a la zona indicaba. Me detuve en seco y silenciosamente conjuré un hechizo protector. Uno que me diera el tiempo suficiente para tener a los Mortifagos suficientemente cerca y así darle espacio a mis otros compañeros. Y así  tuve a esos dos hombres frente a mí, la poca iluminación del Callejón no me permitió ver sus rostros  pero sí a sus  varitas en alto apuntando hacia mí. Mi vestuario no debió haberlo permitido ver, pero sonreí, ampliamente al observar como Charlie y Kenya salían de su escondite rodeando a los Mortifagos.

Que el juego comience.

***

La puerta del local se abrió dejando entrever a una hombre de cabellos blancos, se podía observar la grasa que cubría su cabello pese a la escaso luz que ofrecía la luna aquella noche. Por su parte Thomas ofrecía una cálida sonrisa, casi cariñosa. De mentira, claro está. Pero una de muy buena calidad. - Hedlund, que gusto volver a verte .- le saludó, sabiendo muy bien que detrás de esa puerta habrían más personas esperandolo.

Pero él tampoco estaba solo esa noche, claro que no.
Que la batalla comience.

Charlie= #ff0000 || Kenya = #cc6699 || Thomas = #996600


Última edición por Stella Thorne el Dom Jul 01, 2018 5:33 am, editado 2 veces
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Mar Jun 19, 2018 2:58 am

Se colocó la capucha de su chaqueta, sacó la varita y comenzó a correr detrás de Marcus como si fuese su el Mortífago al mando o alguna gilipollez como esa. En realidad era un Don Nadie, como él. En realidad, si seguían las órdenes de Lestat a rajatabla, deberían de haberse quedado en donde estaban pese a aquella figura, ya que irse de la situación en donde vigilaban, hacía que todo quedase evidentemente desprotegido. Y vamos, no había que ser Ravenclaw como para sumar dos más dos y llegar a la conclusión de que si estaban allí era para ser vigilantes y proteger lo que sea que estuviesen haciendo Lestat & Co en el interior.

Pero vamos, Marcus era el líder del dúo del exterior, por lo que Ian en realidad tenía que hacerle caso. Y como él también era un poco inconsciente, se limitó a correr detrás de él hacia aquella figura misteriosa que CLARAMENTE era una distracción. ¿Era cosa de él o ya no era tan tonto? O simplemente Marcus era más tonto que él y entonces parecía que no era tan tonto.

Y al final, llegaron a una zona de no retorno. La figura, enfundada en ropa totalmente negra que solo dejaba ver sus ojos, estaba en mitad de un cruce de callejones. Marcus fue el primero en llegar, mientras que Ian se quedó unos pasos por detrás de él. Pudo ver, a pesar de la oscuridad, como aparecían dos nuevas figuras amenazantes. Y no se sorprendió. ¡Pero si es que estaba claro que era una maldita distracción, me cago en la leche! ¿Lo peor de todo? Que aunque lo pensase, no reaccionó en consecuencia. Y ahora lo único que se le pasaba por la cabeza es que seguramente Lestat y Elizabeth estuviesen en problemas. Suspiró, un tanto estresado. Podría pelear, divertirse y probablemente morir en el intento, si no es que éstos fugitivos deciden llevárselo para cortarle en trocitos y hacer caldo de Howells. Pero no estaba por la labor. Ian ni era valiente, ni tenía coraje, ni tampoco apoyaba los ideales por los que se suponía que peleaba, por lo que no pensaba caer ahí. Ni de coña, vamos. Y dirás: "¡Ay, ¿pero vas a abandonar al pobre Marcus?!" ¡Qué le den al puto Marcus, el subnormal!

Marcus, ávido de poder, alzó la varita contra la figura centra para conjurar un hechizo derribador que no tuvo efecto contra ella, por lo que automáticamente conjuró unas cadenas que intentaron apresar a una de las figuras de los laterales. Todo muy rápido. ¿Ian qué hizo? Pues correr en dirección contraria, por dónde habían venido. Y sí, no errabas en pensar que corría por salvar su puto culo, pero no solo eso: iba a ir a avisar a Lestat y a Elizabeth. Lestat era un bruto de tres mil pares de narices, un poco asqueroso, pero nunca había tratado mal a Ian perse. Y Elizabeth era su amiga.

Sintió (más bien oyó) que le perseguía uno de los malvados. En realidad vio como un hechizo impactaba contra la pared del callejón, haciendo pedacitos los ladrillos, por lo que solo consiguió seguir corriendo. Y entonces cayó en algo: si ellos se tapan la cara es porque están salvaguardando su identidad, ergo no son fugitivos como tal. Entonces se emparanoyó. ¿Y si esa persona iba a su clase? ¿A su universidad? ¿Y si lo veía después de eso y querría cobrarse venganza mientras Ian hacia pipí en los baños de su facultad? No pudo con la presión de ser reconocido, por lo que conjuró alrededor de su cara una máscara de pato que sabía que tenía en su armario de los disfraces. Y es que Ian no tenía máscara de Mortífago. La última vez que la llevó a una misión, la Mortífaga al cargo le obligó a hacerla estallar para que no volviese a intentar ocultar su identidad cuando pelease en nombre de Lord Voldemort.

La puta esa, ahora tenía que ir de pato por ahí.

Y lo pero de todo: ¡con esa máscara no se veía nada! Por casi no se come una esquina, pero por suerte consiguió seguir corriendo, aunque con una limitación visible en la visión. No sabía cómo narices iba a salir de ahí.

***

-No estoy solo, Thomas. -Le dijo claramente, nada más verlo entrar por la puerta de su local. -Y no te voy a devolver nada. He dejado de hacer negocios con vosotros, asque... ¡asquerosos traidores!

Hedlund tenía miedo. No era más que el hijo de su padre (WOW, LA LÓGICA), un padre que había llevado ese negocio con sudor y sangre, con coraje, valentía y un par bien puestos que le hacían mantener una reputación. Sin embargo, Hedlund padre estaba desaparecido y él había tenido que coger un relevo del cual no estaba a la altura.

En ese momento, salió Lestat de detrás de unas estanterías. Elizabeth, por el momento, estaba escondida.


HEDLUND: #669966 || ELIZABETH: #ff99ff
MARCUS: #3399cc || LESTAT: #993366
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Stella Thorne el Dom Jul 01, 2018 6:40 am

Cualquiera que me tuviera un poco de estima odiaría veme aquí. Caminando derechito a la boca del lobo, y haciéndole cosquillas en su paladar. ¿Es que acaso no me bastaba con las misiones de la Orden que tenía que andar ayudando también a fugitivos que buscaban hacer caer una tienda traicionera? Al parecer no, no me bastaba solo con eso. No sé que debe pasarme para que cambie de una vez esta sensación constante de provocar a la vida, de desafiarla, de decir "Hola, aquí estoy ¿qué tienes para darme?". Algún día algo me iba a pasar y ya no habría vuelta atrás, pero por mientras aquí me encontraba, saliendo de mi escondite y siendo el cebo para atrapar a esos dos aliados del nuevo gobierno, que ya no es tan nuevo pero que siempre será extraño ante mi mirada. Lejano y asqueante.

Corrí rápidamente hasta llegar al punto donde habíamos quedado, y como buen cebo traje conmigo a las presas de esas noche. Mi compañeros hasta el momento resguardados en la oscuridad que ofrecía esa noche, al verme en el lugar junto a esos dos salieron de sus escondites.  Uno de los magos no tardó en lanzar un hechizo sobre mí persona, fallido gracias a mi escudo mágico protector. No contento con aquello, lanza otro hacia Kenya, quién al verse amarrada por cadenas en vez de asustarse, o desesperarse empezó a reír fuertemente, descolocado al mago. Reía muy fuerte, como si le hubieran contado el mejor chiste de todos. Una de las tantas cosas curiosas que tiene Kenya es que le encanta el peligro, pero no en el mismo sentido que a mí sino mucho más allá. "Verme al límite de la muerte me hace sentir viva, Stella", me lo dijo una noche mientras veíamos un documental de animales. Yo sólo la mire y le sonreí, sin entender  el por qué alguien desearía encontrarse en esas circunstancias, pero sólo me faltaban dos semanas, para poder comprenderla mucho mejor, sólo tenía que conocer su historia.

- ¿Te sientes poderoso teniendo así de amarrada? ¿Te cuento algo? Siempre me han encantado las cadenas .- le dijo con voz áspera, muy parecida a la voz que suena en uno después de despertar de una gran fiesta donde se tomó y fumó de todo, con la diferencia de que esa era su voz natural, Kenya venía con ella de fábrica.

- ¿Qué haces  idiota? ¡Ven ahora mismo para acá! .- exclamó uno de los magos al ver que el otro, en un acto sumamente cobarde o astuto (depende de la perspectiva) se escapaba del lugar.

- Al parecer te han dejado solito. Y nosotros que pensábamos que el gran señor de los señores tenían seguidores fieles . - dijo Charlie con un tono sumamente burlón y de superioridad.- Enana, encargate del desertor o chismero . - porque una de dos, o ese chico se le chingaron los cojones, o iba a ir avisarle a los otros que los fugitivos sabían todo.

- ¡Malditos bastardos, no se encargaran de nada porque acabaré con...! .- y silencio, miré a Charlie que sonreía, ampliamente.- [Callado te ves más bonito .- le señaló divertido.- Enana, VE AHORA, en un rato te seguimos .- me repitió pero esta vez con un tono mucho más mandatario. Fruncí el ceño, odiaba cuando se ponía así. Gruñendo por lo bajo pero sabiendo que era lo que tenía que hacer comence a correr detrás de la figura, con todas mis fuerzas, como si mi vida dependiera de ello.

Escuché una explosión, me detuve unos segundos y miré hacía atrás, no logre ver con claridad, la oscuridad  y la distancia no me lo permitían. Sólo esperaba que aquel sonido sólo significara un punto a favor de los fugitivos y no al revés.  Seguí corriendo hasta que lo pille a escasos metros de mí, eleve mi varita.- Tremor Inferius.- exclame en dirección al mago que terminó cayéndose de bruces al suelo.  Corrí hacia él y antes de que lograra reincorporarse   me abalance sobre él.- No te irás a ninguna parte.- le susurre tras su espalda, en eso el hombre se gira  y su rostro era de...¿pato? descolada arrugué el ceño, el tiempo suficiente que necesitaba el hombre para mandarme a volar lejos.

En el aire,  a centímetros de caer de sopetón sobre la acera logré pensar en un hechizo que amortiguara mi caída. Y lo hizo, pero a medias, fijo mañana (si es que había un mañana) despertaba con moretones en todo mi costado derecho. Desde el suelo, eleve una vez más mi varita apuntando al hombre-pato.- Expelliarmus.- le lancé en dirección a su varita, con disposición a desarmarlos y tener más ventaja que él.

***

Thomas sonrió al ver al hombre tiritar de impotencia o miedo al ver su presencia en la puerta de su local. - Mira qué coincidencia más grande, yo tampoco estoy solo, Hedlund. Y venimos a hacer explotar tu negocio, rata traicionera .- le escupió la palabras para luego de un hechizo hacer volar la puerta y entrar al local con varita en alto. Junto a él  se encontraban Dorothy y Carter.

- Vamos, Hedlund. Demuestrale a tu padre de lo que eres capaz por defender su negocio .- le provocó Thomas, y elevando su varita lanzó su primer Sectum.

- Yo me encargo del grandulón.- dijo Carter sonriente, lanzandole un "Animabilis" no verbal. Es que sí una cosa le gustaba en la vida al mago, era  pisotear como un insecto a sus contrincantes.

Mientras que Dorothy por otro lado, comenzaba a guardar todo lo que encontrase a su alcance en un gran bolso extensible. De aquí no se irían con las manos vacías.

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Thomas = #996600
Dorothy= #521c52
Carter= #ff3300
Kenya= #cc6699
Charlie=#ff0000
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Lun Jul 02, 2018 1:56 pm

Corrió y siguió corriendo, sin ver un carajo por la máscara de pato que tenía en el rostro. De hecho, cuando el suelo mágicamente se elevó para hacerlo caer, él estaba segurísimo que por ahí había un escalón y con esa puta máscara de mierda no lo había visto, haciéndolo caer de bruces al suelo. Puso las manos, por supuesto. La careta era voluminosa y molesta, pero no era acolchada. Como se cayese al suelo de cabeza, le iba a doler igual. Al intentar recomponerse, la mujer se lanzó sobre él.

Se giró cuando escuchó sus pasos aproximándose, mirándole con cara de pato siniestro (la única cara con la que podía mirarle, en realidad), aunque en realidad los ojos de Ian solo enfocaban, de vez en cuando, a una figura femenina que no alcanzaba a reconocer. ¿Lo gracioso? Que en verdad el ochenta por ciento de su visión era puro plástico interior de careta inútil. Tal y cómo leéis. Repito: no había máscara más inútil. Tuvo tiempo suficiente como para poder alzar la varita rápidamente y conjurar un hechizo que mandase lejos a la fugitiva, lo suficiente como para él levantarse y continuar corriendo.

Sin embargo, en lo que se puso de pie y volvía a correr, un hechizo hizo que su varita saliese despedida hacia algún lugar desconocido. En realidad cayó unos pasos por detrás de él, pero no veía una puta mierda, así que para él se había perdido en la suprema inmensidad de la oscuridad absoluta. Un agujero negro se la tragó.

Por un momento, se cuestionó algo realmente importante en su vida.

¿Arriesgaba su vida por su varita o seguía corriendo?

Dudó. Dio un paso hacia atrás, otro hacia adelante y... ¡joder! ¡La vida era muy complicada! Al ver por uno de los orificios como aquella figura volvía a por él, optó por la opción más conservadora: seguir corriendo. Abandonó su varita, queriendo pensar que Ollivander tendría alguna otra que encajase con la subnormalidad profunda del Howells.

Un tanto temeroso (básicamente por no tener varita), se escondió detrás de una esquina, en un cruce, para coger aire y poder mirar por uno de los orificios de su máscara para saber si estaba yendo por buen camino. Estaba sudando, madre mía. Esa maldita máscara... Pero entonces dejó de respirar, escuchando como las piernas de aquella persona que le perseguía corrían hacia él. Esperó, esperó y... cuando por el sonido supo que la persona estaba aproximándose, a punto de pasar al lado de él, sacó el pie y le puso un traspié. Cayó al suelo, por lo que Ian lo aprovechó: lo mejor era intentar dejarlo medio atontado para que no fuese capaz de perseguirle y... bueno, porque se supone que esas cosas son las que hacen las personas como él. Y ahora que tenía la ventaja...

Se puso sobre la mujer, intentando sujetar sus muñecas. Al no poder, intentó golpearla en el rostro y si bien le consiguió dar un golpe, el resto fue imposible. Ian notó enseguida que aquella chica tenía nociones de defensa personal y, cuando le hizo aquella espectacular llave para quitárselo se encima, lo corroboró completamente. Cayó hacia un lado y puso las manos por delante al ver como la mujer se levantaba y lo atacaba. ¡Él no veía una puta mierda, joder! Pese a eso, intentó atacar. Al final, recibió un golpe directo en el rostro y él aprovechó para golpear bajo al enemigo. Al final, ganó la otra. Era normal, Ian no podía hacer nada con eso en la cabeza. Una patada por parte de ella, justo en el pecho, hizo retroceder a Ian dos pasos hasta que cayó de espaldas al suelo.

Al ver por uno de los orificios de la pato-máscara que la otra estaba de pie, con la varita en mano, Ian se limitó a alzar las manos, en señal de paz, sin moverse ni un ápice de su posición, tirada en el suelo. Había escuchado cosas horribles de los fugitivos, pero quería pensar que, en su situación, siendo terriblemente triste su máscara y su actuación, aquella persona no le hiciese nada. No habló, no se movió, simplemente se quedó quieto, observando a la figura a través de aquellos orificios.

***

Lestat, con su varita, desvió con desdén el hechizo del fugitivo con una rapidez inesperada.

-No te va a servir esa técnica conmigo. -Le respondió. -Hedlund, vete a la trastienda.

Hedlund no lo dudó ni un segundo, yéndose de allí y metiéndose por una puerta rápidamente. Estaban dentro de la tienda, por lo que aquello se iba a convertir en un campo de batalla. Sin embargo, como el espacio era reducido y peligroso por la cantidad de cosas que había, Lestat no dudó en alzar la varita y atacar con un ataque de viento super controlado que empujó a los dos tipos hacia atrás, rompiendo el cristal del escaparate para salir al exterior del Callejón Knockturn y poder mantener cierta ventaja. No pensaba dejar que muriese Hedlund, ni mucho menos que esos fugitivos se saliesen con la suya. Lestat tenía las cosas muy claras. Lo único que no sabía era: ¿dónde narices se habían metido Marcus e Ian?

Elizabeth, por su parte, se deslizó entre las sombras, silenciosa, hasta encontrar a Dorothy. La cogió por la espalda, desprevenida, para entonces apuntar a su cuello con su varita.

-Suelta la varita y me pensaré lo de dejarte vivir, ¿quieres? -Y, aunque sonó jodidamente amenazante, en realidad Elizabeth estaba un poco en la cuerda floja, como Ian. No quería matar si no era estrictamente necesario; más por defensa propia que por gusto o ideal.


HEDLUND: #669966 || ELIZABETH: #ff99ff
MARCUS: #3399cc || LESTAT: #993366
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Stella Thorne el Mar Jul 24, 2018 10:48 pm

Un pato.
¡¿Desde cuando los Mortifagos habían cambiado su máscara a la de un jodido pato?!

Ahí me quedé, descojonada. Grave error, ya que el chico no tardó en utilizar esos segundos de confusión para mandarme a volar lejos, mis reflejos fueron lo suficientemente rápidos y evitaron que quedara con algún hueso roto, de seguro tendría una nueva colección de moretones en mi cuerpo, pero eso ya era parte de mi día a día, tenía toda una galaxia de cosmos violetas repartidas por mi piel. Me levanté como un mono porfiado del piso y lancé un nuevo hechizo a su dirección. Sonreí al ver que lo había logrado con éxito y la varita del mago se encontraba lejos de él. Logré observar su confusión, y entendí que era el mejor momento de ir por él. Perfectamente podría haberlo hecho papilla ahí mismo con algún hechizo ahora que lo tenía desarmado, pero soy una maga fanática del combate muggle, y si me dan a elegir prefiero dejar K.O a alguien que lanzarle un simple hechizo y ya, cosa de gustos.

"Pero que me ha tocado el salvaculo" pense para mis adentros, al ver que el chico volvió a correr sin siquiera preocuparse o hacer el intento de querer recoger su varita. Tomé su varita y la guardé en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta para volver a correr en su dirección. No podía dejar que chivara lo que estaba sucediendo y hacer que el plan ataque sorpresa de Thomas en ese negocio fallase. Entre tanta calle de un momento a otro le perdí el rastro, pero algo me decía que no debía estar tan lejos y esas máscara de pato podía reconocerla a distancia, sólo debía apresurar más el paso y darle su merecido...pero no. De bruces al suelo caí, me sentí patética al caer en una jugarreta tan básica como esa. El golpe que sentía en mi rostro hirió de lleno a mi orgullo, pero de paso sirvió para aumentar mi adrenalina y mis deseos de partir a ese capullo a golpes. Y si hay una posición de la cual siempre logró zafarme con suma elegancia y técnica es aquella, me fue fácil voltearlo y volver a estar de pie, él se volvió a parar y de ahí comenzó un carnaval de puñetazos y patadas de mi parte.

El chico cayó una vez más.
¿Me está alzando las manos en plan de paz? ¿Que clase de Morti es este? , me pregunté acercándome hacia él.

- ¿Me estas pidiendo clemencia? ¿En serio? ¿Pero de qué vas? .- le pregunté aún contrariada. Que yo no soy una persona mala  y que anda con ganas de golpear al mundo de la nada (o bueno a veces sí, pero la mayoría del tiempo solo lo llego a pensar no hacer) pero ese gilipollas que se encontraba en el suelo, que al parecer había llegado tarde a la repartición de máscara, valentía y cérebro representaba todo lo que odiaba en el mundo. A todas esas personas que le importaba un huevo si un hijo de muggle sin importar su edad estuviese con sus manos elevadas pidiendo piedad. Uno igualito a él se había llevado a su amigo Adae y había matado a sus padres; uno igualito a él la había atacado sin piedad hasta querer dejarla sin respiración y otro la había querido hacerla trocitos ; y otros, eran al parecer familiares. La sola idea de imaginarme a mi "primo" bajo esa máscara de pato hizo que naciera en mí unas ganas de reír, pero no lo hice. En cambio me lancé nuevamente sobre el chico y le saqué la máscara de sopetón. Que si algún rasgo tengo de ravenclaw es mi curiosidad, y soy de las que le gustaba ver el rostro a su enemigo.

Apoyé mi rodilla en su estomago y con una mano capturé sus brazos para inmovilizarlos, mientras que con mi otra mano le saqué la máscara.

Nudo en el estomago, mini infarto.

Me despejé el rostro para realmente verificar mis sospechas, que a gritos me decían que eran las correctas pero me negué a aceptarlo a la primera.- ¿Ian?- pregunté más a mi misma, o a la vida que se pone malvada y te pega una patada en pleno estomago cuando menos te lo esperas. Estaba en shock, congelada, hasta se me había olvidado respirar, deseando que de un momento a otro sonará el despertador (algo imposible porque me había encargado de destruirlo lanzándolo a la pared hace un par de días) informando que todo había sido una jodida pesadilla.

- ¡ Así se hace enana! .- escuché tras mi espalda, giré mi rostro y ví como pasos más allá venían sonrientes Kenya y Charlie ¿más una gallina? Volví a mirar a Ian y sin pensarlo me desaparecí junto a él. Al abrir los ojos me separé de él como si de un leproso se tratase, todo me daba vueltas y por más que respiraba no sentía que el aire llegase a mis pulmones.

Me dolió, ver su rostro debajo de esa máscara de pato me había dolido más de lo que me gustaría admitir. Lo odiaba profundamente por hacer que me sintiera de esta forma, porque yo debería haberlo entregado, debía haberlo dejado K.O. y seguir mi vida, no encontrarme en medio del primero lugar que se me vino a la cabeza, y que más tarde me fijaría que era el bosque de Edale, mi pueblo.

Pero de pronto la pena se convirtió en rabia, en una grande, una explosiva.

Me dirigí hacia él con ojos aguados y manos empuñadas, no pensé en nada más que desquitar todas mis emociones en movimientos que buscaban el dolor ajeno. Fallé cada uno de mis golpes, Ian los esquivo todos, pero la verdad es que tampoco quería dañarlo a posta. Lo odio, lo odio, lo odio.- ¡Al menos dejame pegarte un puñetazo fuerte maldito gilipollas! .- le grité empujándolo con ambas manos su pecho, me giré y con mi brazo saqué bruscamente cualquier rastro de agua que no fuese sudor.

No quería verlo, no quería saber nada más de él, y no quería escuchar nada que viniese de su boca, estaba profundamente dolida. Saqué la varita de Ian de mi bolsillo y la lance al suelo - Solo lo hago porque tienes un hijo, pero si decides volver a esa calle, te prometo que me encargaré de hacerte trocitos. - le dije con rostro frío y neutral para desaparecer del lugar.  

Mentí, y eso era lo que más detestaba. Porque sabía que no sería capaz de hacer aquello, y detestaba al estúpido de Howells por ello. Por ponerme en esa encrucijada, donde mis ideales sufren un remezón por algo tan blando como el cariño que le tenía a ese maldito capullo.

- JODER ¿QUÉ HA PASADO, ENANA?

Fue la primera pregunta que escuché al volver a aparecer en ese callejón. Pero en el fondo sólo tenía ganas de desaparecer de allí y del mundo por un buen rato.


***

De pronto el local se volvió en un campo de batalla, cada uno de los que se encontraban en el lugar sacó su varita, exceptuando a Hedlund que había optado por ir a esconderse al lugar más cercano y seguro.  Un hechizo hizo que ambos magos salieran expulsados por el cristal cayendo de espaldas al callejón. Por otra parte Dorothy sonrió al escuchar la amenaza de aquella chiquilla.- Como les gusta amenazar a ustedes, eh...- dijo justo antes de desaparecer y aparecer justo en la espalda de la chica y pegarle un patada en plena espalda que la hizo caer de bruces al suelo. - Conmigo no, nenita .- le escupió las palabras para luego conjurar un hechizo que la atrapase e imposibilitara sus movimientos.

Thomas y Carter ya se habían levantado, de sus varitas salían hechizos sin cansancio. Ese local si no terminaba destruido por completo, terminaba con varios daños o a duras penas en pie.
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Sáb Jul 28, 2018 4:44 am

"¿Ian?"

¿Cómo que "Ian"? ¿Es que acaso lo conocía?

La cara que tenía cuando le quitó la máscara de: "por favor no me mates, no soy inocente pero tampoco malvado" cambió radicalmente cuando mencionó su nombre. En realidad en aquel momento no quería pensarlo, pero reconocía esa voz a pesar de estar tapada y que no fuera cien por cien natural. La reconocía, claro que sí. Y lo peor de todo es que era la última fugitiva con la que querría encontrarse en una situación así. No quería enfrentarse a Stella por nada.

De repente escuchó como llegaba más gente y vio su futuro MUY TURBIO, pero Stella lo sujetó y se desapareció con él a saber a dónde. Lo siguiente que sintió fue un empujón, viendo como ella se separaba de él como si fuera un ser despreciable que pudiese pegarle la lepra con la mirada. Querría haber dicho muchas cosas, de verdad, pero ahora mismo solo le salía poner cara de subnormal mientras la miraba, totalmente en shock. ¿Qué iba a decir, acaso? "Perdona Stella, pero pertenezco a una organización que va a mataros porque hace un par de años era subnormal profundo y ahora no puedo desertar si no quiero terminar como tú." Y claro, como respuesta recibiría un patadón en todas las pelotas: por cobarde, por imbécil y por ser simplemente Ian. Pero lo siguiente que vio fue como la chica se acercaba a él, intentando propinarle un golpe. Él, inconscientemente, se los intentó esquivar, cosa que consiguió; uno tras otro. -Stella, para. -Le pedía, de manera inútil, hasta que gritó y le empujó, volviendo a separarle. -¡Déjame explicarte! -Él lo intentaba, aunque en realidad todavía no sabía muy bien cómo decir nada. Vio como le tiraba la varita a los pies e Ian no la recogió, sino que dio un paso adelante para intentar sujetarla antes de que se fuese. -¡Stella, espera! ¡Déjame hablar! -Pero se fue. Madre mía, debía de.... de odiarle mucho en ese momento. Y no quería que Stella le odiase.

"¡Me cago en...!" Apretó fuertemente el puño y... ¡Joder, necesitaba algo a lo que golpear! Al final, se decantó por el tronco de un árbol, fuerte, aunque al final terminase con heridas en los nudillos. ¡No podía ser otra fugitiva, otra cualquiera! ¡No, tenía que ser Stella! Él no quería hacerle daño, ni a ella ni a nadie que no se lo mereciese, pero mucho menos a ella. ¿Y ahora qué debía de hacer? ¿Quedarse ahí como un idiota? No, no podía. No podía vender a sus aliados; Elizabeth tampoco se lo merecía. Y no podía permitir que Lestat le hiciese nada a Stella o no se lo iba a perdonar. Suspiró, consciente de lo que estaba por llegar iba a ser difícil. -¡Pffffffff...! -Se pasó las manos por el pelo, hacia atrás. Finalmente enfocó su varita y se agachó para cogerla, volviéndose a aparecer en el Callejón Knockturn.

Se lo pensó dos veces pero... esta vez no tenía dudas.

Corrió a rostro descubierto por los callejones hasta ubicarse, apareciendo en uno de los extremos del callejón en dónde recién se apareció con Stella. Frenó en seco, retrocediendo unos pasos. Miró, medio escondido. Qué diferencia ahora que no tenía la máscara de pato estorbándole la vista. Pudo ver como todos comenzaban a correr en dirección a la tienda, quedándose Stella rezagada en última posición. Ian corrió detrás de ella, lanzando con la varita una cuerda que sujetó una de sus muñecas, haciendo que parase, acto seguido le atacó por la espalda con un "silencius" no verbal, para que no pudiese quejarse y así sus amigos continuaron corriendo en compañía de una gallina, sin reparar en la falta de Stella.

Ian tiró de la cuerda, atrayendo a Stella a él. Cuando estuvo a dos metros de ella, le soltó la mano y le quitó el silencius rápidamente, no fuese a darle esa tan merecida patada en los huevos que se estaba mereciendo. Luego sencillamente elevó ambos brazos en señal de paz. -Déjame hablar porque no hay tiempo. -Le pidió, con una seriedad que muy pocas veces habría visto en Ian Joseph Howells. -Tus amigos van hacia una trampa y supongo que no querrás que nadie muera. Yo no quiero que una amiga que está en esa tienda muera, por eso corría a avisarle. -Hizo una pausa, sujetándole para que no se fuese a ningún lado. -No me verás levantar la varita contra ti nunca. Ni pienso hacerle daño a tus amigos. Pero al igual que tú no te mereces que te hagan nada, a ella tampoco. -Le daba igual Marcus, le daba igual Hedlund y le daba igual Lestat. Se veía preocupado por la chica porque tenía su mismo problema y estaba allí prácticamente por obligación, una obligación mucho mayor que la de Ian. -Puedes creerme o no, pero igual que hay gente que no merece estar en tu posición, hay personas que no podemos decidir apartarnos de esto si no queremos perder nuestra vida.

Tras una breve pausa. -Si confías un poquito en mí dile a tus compañeros que se vayan porque quedan refuerzos por venir y sois minoría. Hazme caso. -Y se separó de ella un paso hacia atrás, todavía más serio que nunca. Se desapareció nuevamente.

***

Lestat continuaba duelándose con los otros dos fugitivos, mientras que Elizabeth había perdido toda ventaja. ¿Cómo había ocurrido? Pues porque tenía miedo y, al igual que Ian, en realidad no tenían suficiente experiencia en el tema como para estar ahí en medio de una batalla. La diferencia es que Ian daba golpes a diestro y siniestro, mientras que Elizabeth, por mucha cara de malvada que pudiera tener, no lo era.

La tiraron al suelo de una patada por detrás y por suerte consiguió defenderse de un primer hechizo inmovilizador, pero no fue lo suficientemente rápida como para salvarse de esas cuerdas, al menos de manera general. Varias de ellas se ataron a través de sus brazos y sus piernas, por lo que intentó quitárselas de encima rápidamente.

Dorothy parecía aprovecharse del momento para lanzarle algo a Elizabeth, pero justo apareció Ian, medio perdido, detrás de ella. Al ver que apuntaba a su amiga, la golpeó por detrás con el codo, para entonces pegarle una patada en la mano y hacer que su  varita saliese despedida. Ayudó a Elizabeth a ponerse en pie. -Nos vamos. -Le dijo.

-¿Cómo que nos vamos? No podemos irnos, Lestat y Marcus están...

-Me dan igual, nos vamos porque son muchos. -La sujetó para desaparecerse con ella pero algún subnormal había creado una barrera anti-aparición. ¡Bien, genial, de puta madre! -Me cago en la putísima madre. Vamos por detrás, corre, por la puerta trasera.

-Pero ahora vienen los refuerzos que dijo...

-Elizabeth. -Dijo Ian, serio. -Nos vamos, he dicho.

Elizabeth se quedó a cuadros y, sin quejarse más, se dirigió a la puerta trasera.
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