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La flauta de Hamelín. {Stella}

Ian Howells el Dom Jun 03, 2018 3:24 am


Callejón Knockturn, 22:30 horas || Día 03 de junio del 2018 || Ian Howells & Stella Thorne

¡PUM!

-Tío, ¿a qué juegas? -Preguntó Marcus, otro aspirante a mortífago.

-Colega, tranquílizate, me he tropezado sin querer con esta puta mierda. -Ian se agachó, cogiendo la caja de madera del suelo con la que se había chocado, colocándola a un lado del callejón en dónde no estorbase.

-Se supone que hay que pasar desapercibidos, no hacer el subnormal haciendo ruido, así que mira en donde narices pisas. -Le dijo, altanero. Ahora mismo Ian tenía unas ganas horribles de pegarle un hostión en el plano de simetría de su cara para rompérsela por completo, pero no podía. Era el favorito del mortífago con el que iban a esa "misión" por lo que sólo sería cargarla. -Lestat ha dicho que esperemos aquí, que seguramente más pronto que tarde se arme una buena. Y tenemos que estar preparados, así que deja de hacer el idiota y ponte en posición. -Señaló a una esquina. -Allí, corre.

Lestat era mortífago, un mortífago de los pies a la cabeza que dedicaba su vida exclusivamente a la Causa Mortífaga. No tenía trabajo y sobrevivía gracias a la herencia de su difunto padre así como al dinero que ganaba matando o capturando fugitivos. Marcus era su ahijado dentro de las filas mortífagas, uno de los aspirantes que más cerca estaba de conseguir la marca tenebrosa. Sin embargo, si Ian y Elizabeth (otra chica que estaba en este momento en compañía de Lestat, alejado de ellos) estaban allí, es porque el líder de la operación había creído necesario que necesitarían más apoyo pues se venía algo grande.

Y claro, a Marcus no se le ocurrió otra cosa que recomendar a Ian, sabiendo lo poco interesado que estaba el chico en esas mierdas. Marcus siempre había sido un poco cabroncete, la verdad. Pero bueno, Ian tampoco tenía inconveniente en hacer lo que fuera necesario para estar a salvo. Como decía él: primero tú culo y luego el del resto. Y ahora mismo la sociedad era así: o jodías o te jodían. O dabas por culo, o te dan por culo. No había más.

¿Que qué narices estaban haciendo en el Callejón Knockturn? Ah, claro, que no te lo he explicado. Uno de los negocios recién abiertos de allí había prestado ayuda a un grupito de fugitivo hace relativamente poco, en base a un trato en donde el negocio saldría ganando económicamente. No obstante, ese grupito de fugitivos lo estafó y, como es normal, el jefe del negocio se enfadó. Se chivó a la gente adecuada (en este caso, su gran amigo Lestat) y no dudó en tenderle una trampa de nuevo al grupito de fugitivos, prestándose como fiel aliado, comprensible por sus limitaciones económicas y sus necesidades como personas que van en contra de la ley.

Pero no, sólo buscaba venganza. En esta sociedad o ganas algo por prestar ayuda, o directamente te ganas a un enemigo que solo querrá joderte.

Así que Ian estaba ahí un poco de prestado (como siempre), haciendo algo por obligación que, aunque le sudase mil, tampoco le importaba hacer. ¿Quería hacerlo? No. ¿Se iba a sentir mal después de hacerlo? Pues probablemente tampoco. Eso sí, tenía bien claro que como su madre descubriese que estaba en donde estaba, en vez de en donde le había dicho que estaba (en casa de Circe, viendo una película) se la iba a ganar muy mucho. Sí, le daba más miedo la reacción de su madre al darse cuenta de lo que hacía que la de los propios mortífagos o fugitivos.

Pero vamos, no le dio mucho tiempo a perderse en sus pensamientos, pues una figura misteriosa apareció en el fondo del callejón en el que se encontraban. Les lanzó una maldición y echó a correr en dirección contraria. Eso sonaba descaradamente a trampa mortal, ¿eh? Pero Marcus, que al parecer alardeaba de ser más inteligente que Ian, echó a correr detrás de la figura. Ian pues... le persiguió. No se iba a quedar ahí, como un idiota. Así que ambos se lanzaron, con varita en mano, a por la figura.

Algo le decía que sólo era una distracción, ¿pero sabes qué? Ian no era precisamente el cerebro de esa operación.

***

Mientras tanto, ellos se alejaron y un grupo de cuatro fugitivos apareció en donde se encontraban hace un momento los dos chicos vigilantes. Era su momento para entrar en escena. Si los mortífagos se creían listos por crearles una "emboscada" los fugitivos lo serían más, dividiendo las fuerzas para ganar la batalla. Sólo tenían que encargarse del traidor del negocio, de Lestat y de Elizabeth, los únicos tres que estaban en el interior del negocio.
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Mar Jun 12, 2018 7:32 pm

La noche era de esas típicas primaverales, en donde sólo bastaba una chaqueta delgada para cubrir el frío. Y a veces, si te movías lo suficiente ni necesidad de ella tenías. Podías andar más libre, con tan solo una capa de ropa encima y moverte a tu merced. Pero en esa ocasión no andaba así, estaba cubierta de pies a cabeza, totalmente de negro. Como un gato que quiere pasar desapercibido en la oscuridad y, que de verse algo sería el brillo de mi mirada. O como en mi caso también se unieron al baile mis frondosas cejas, tan reconocibles ya en mí.

Se había ofrecido junto a otros fugitivos a ir hacer una emboscada a un local del Callejón Knockturn. Que en principio pretendió ayudarles pero a la más mínima de cambio se había ido con el otro bando. Traición le llamarían algunos, otros estrategias de juego. Es que en una Guerra, los ideales se reafirman o se vuelven más flojos, moldeables. Y el encargado del local pertenecía al segundo grupo. El dinero no había llegado a sus manos en el momento acordado, y una lechuza ya andaba por los aires con las noticias de una próxima cacería de brujas y magos fugitivos. A su favor, también se encontraban esas personas las cuales sus ideales se vuelven más fuertes. Gente infiltrada que vivía su diario vivir con aquellos que gritaban a viva voz sus pensamientos puristas y hasta los ejercían. Y que ilusos o cegados de esa presuntuosa seguridad confiaban en personas como ellos, que no tardaban en dar aviso de sus pasos a seguir al refugio. Haciendo un llamado de advertencia, e indicando la noche en que los Mortifagos harían un encerrón en el local.

Todos dirían que lo más sensato era dejarlo estar y no volver jamás a ese local. Pero a veces el orgullo y más aún la necesidad te hace volver a esos lugares en que no eres tan bienvenido. El traidor le había ofrecido toda clase de objetos mágicos que lo ayudarían para sus próximas misiones. Se le había ofrecido el doble de dinero del que él ya ganaba por venderlas. Pero un error de cálculos y una que otra estafa por parte de algunos fugitivos, hizo que las alianzas entre él y nosotros se rompieran profundamente. Haciendo que hoy, fuéramos a por él, su mercancís  y los Mortifagos en vez de tener una agradable conversación a al luz de la luna.

Como siempre yo era la más pequeña del grupo, luego de mí venía Charlie, con veintidós años, aunque parecía de mayor edad, gracias a su barba y sus rulos revoltosos. Yo de broma lo tildaba como el "Náufrago" del refugio, y para su último cumpleaños le había regalado una pelota con el nombre "Wilson" escrita sobre ella, sólo para molestarlo porque yo soy así, molestosa. No éramos los mejores amigos de la vida,  pero nos llevábamos bien en misiones como esta. Donde siempre nuestra misión era el despistar, aún no nos ganamos el ticket para entrar de lleno en el campo de batalla, pero ya pronto lo ganaríamos, lo sé.

- Listo, llegó el momento.- me indicó mostrandome su reloj, donde las manecillas se encontraban justo en el lugar que habían indicado. Asentí y tomé aire.- Haz lo tuyo, enana.- Le dediqué una mirada de mini reproche, es que odiaba que me dijera enana, quizás del mismo modo que él odiaba que yo le dijera Naufrago. Es que lo nuestro era un constante tira y afloja de molestar y cariño.

¿Y qué era hacer lo mío? Lo que a continuación he de hacer.

Salí del escondite en que nos encontrábamos y lance un hechizo en contra de los dos cuerpos que se encontraban al otro lado de callejón, para luego comenzar a correr hacia el lugar dónde nos esperaría Charlie, y otra fugitiva más, Kenya . ¿Qué no les he contado sobre Kenya? Bueno, ustedes tranquilos. Que ya sabrán como es esa mujer.

Corrí lo más rápido que mis pies me permitieron, hasta que llegué a la zona indicaba. Me detuve en seco y silenciosamente conjuré un hechizo protector. Uno que me diera el tiempo suficiente para tener a los Mortifagos suficientemente cerca y así darle espacio a mis otros compañeros. Y así  tuve a esos dos hombres frente a mí, la poca iluminación del Callejón no me permitió ver sus rostros  pero sí a sus  varitas en alto apuntando hacia mí. Mi vestuario no debió haberlo permitido ver, pero sonreí, ampliamente al observar como Charlie y Kenya salían de su escondite rodeando a los Mortifagos.

Que el juego comience.

***

La puerta del local se abrió dejando entrever a una hombre de cabellos blancos, se podía observar la grasa que cubría su cabello pese a la escaso luz que ofrecía la luna aquella noche. Por su parte Thomas ofrecía una cálida sonrisa, casi cariñosa. De mentira, claro está. Pero una de muy buena calidad. - Hedlund, que gusto volver a verte .- le saludó, sabiendo muy bien que detrás de esa puerta habrían más personas esperandolo.

Pero él tampoco estaba solo esa noche, claro que no.
Que la batalla comience.

Charlie= #ff0000 || Kenya = #cc6699 || Thomas = #996600


Última edición por Stella Thorne el Dom Jul 01, 2018 6:33 am, editado 2 veces
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Mar Jun 19, 2018 3:58 am

Se colocó la capucha de su chaqueta, sacó la varita y comenzó a correr detrás de Marcus como si fuese su el Mortífago al mando o alguna gilipollez como esa. En realidad era un Don Nadie, como él. En realidad, si seguían las órdenes de Lestat a rajatabla, deberían de haberse quedado en donde estaban pese a aquella figura, ya que irse de la situación en donde vigilaban, hacía que todo quedase evidentemente desprotegido. Y vamos, no había que ser Ravenclaw como para sumar dos más dos y llegar a la conclusión de que si estaban allí era para ser vigilantes y proteger lo que sea que estuviesen haciendo Lestat & Co en el interior.

Pero vamos, Marcus era el líder del dúo del exterior, por lo que Ian en realidad tenía que hacerle caso. Y como él también era un poco inconsciente, se limitó a correr detrás de él hacia aquella figura misteriosa que CLARAMENTE era una distracción. ¿Era cosa de él o ya no era tan tonto? O simplemente Marcus era más tonto que él y entonces parecía que no era tan tonto.

Y al final, llegaron a una zona de no retorno. La figura, enfundada en ropa totalmente negra que solo dejaba ver sus ojos, estaba en mitad de un cruce de callejones. Marcus fue el primero en llegar, mientras que Ian se quedó unos pasos por detrás de él. Pudo ver, a pesar de la oscuridad, como aparecían dos nuevas figuras amenazantes. Y no se sorprendió. ¡Pero si es que estaba claro que era una maldita distracción, me cago en la leche! ¿Lo peor de todo? Que aunque lo pensase, no reaccionó en consecuencia. Y ahora lo único que se le pasaba por la cabeza es que seguramente Lestat y Elizabeth estuviesen en problemas. Suspiró, un tanto estresado. Podría pelear, divertirse y probablemente morir en el intento, si no es que éstos fugitivos deciden llevárselo para cortarle en trocitos y hacer caldo de Howells. Pero no estaba por la labor. Ian ni era valiente, ni tenía coraje, ni tampoco apoyaba los ideales por los que se suponía que peleaba, por lo que no pensaba caer ahí. Ni de coña, vamos. Y dirás: "¡Ay, ¿pero vas a abandonar al pobre Marcus?!" ¡Qué le den al puto Marcus, el subnormal!

Marcus, ávido de poder, alzó la varita contra la figura centra para conjurar un hechizo derribador que no tuvo efecto contra ella, por lo que automáticamente conjuró unas cadenas que intentaron apresar a una de las figuras de los laterales. Todo muy rápido. ¿Ian qué hizo? Pues correr en dirección contraria, por dónde habían venido. Y sí, no errabas en pensar que corría por salvar su puto culo, pero no solo eso: iba a ir a avisar a Lestat y a Elizabeth. Lestat era un bruto de tres mil pares de narices, un poco asqueroso, pero nunca había tratado mal a Ian perse. Y Elizabeth era su amiga.

Sintió (más bien oyó) que le perseguía uno de los malvados. En realidad vio como un hechizo impactaba contra la pared del callejón, haciendo pedacitos los ladrillos, por lo que solo consiguió seguir corriendo. Y entonces cayó en algo: si ellos se tapan la cara es porque están salvaguardando su identidad, ergo no son fugitivos como tal. Entonces se emparanoyó. ¿Y si esa persona iba a su clase? ¿A su universidad? ¿Y si lo veía después de eso y querría cobrarse venganza mientras Ian hacia pipí en los baños de su facultad? No pudo con la presión de ser reconocido, por lo que conjuró alrededor de su cara una máscara de pato que sabía que tenía en su armario de los disfraces. Y es que Ian no tenía máscara de Mortífago. La última vez que la llevó a una misión, la Mortífaga al cargo le obligó a hacerla estallar para que no volviese a intentar ocultar su identidad cuando pelease en nombre de Lord Voldemort.

La puta esa, ahora tenía que ir de pato por ahí.

Y lo pero de todo: ¡con esa máscara no se veía nada! Por casi no se come una esquina, pero por suerte consiguió seguir corriendo, aunque con una limitación visible en la visión. No sabía cómo narices iba a salir de ahí.

***

-No estoy solo, Thomas. -Le dijo claramente, nada más verlo entrar por la puerta de su local. -Y no te voy a devolver nada. He dejado de hacer negocios con vosotros, asque... ¡asquerosos traidores!

Hedlund tenía miedo. No era más que el hijo de su padre (WOW, LA LÓGICA), un padre que había llevado ese negocio con sudor y sangre, con coraje, valentía y un par bien puestos que le hacían mantener una reputación. Sin embargo, Hedlund padre estaba desaparecido y él había tenido que coger un relevo del cual no estaba a la altura.

En ese momento, salió Lestat de detrás de unas estanterías. Elizabeth, por el momento, estaba escondida.


HEDLUND: #669966 || ELIZABETH: #ff99ff
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Dom Jul 01, 2018 7:40 am

Cualquiera que me tuviera un poco de estima odiaría veme aquí. Caminando derechito a la boca del lobo, y haciéndole cosquillas en su paladar. ¿Es que acaso no me bastaba con las misiones de la Orden que tenía que andar ayudando también a fugitivos que buscaban hacer caer una tienda traicionera? Al parecer no, no me bastaba solo con eso. No sé que debe pasarme para que cambie de una vez esta sensación constante de provocar a la vida, de desafiarla, de decir "Hola, aquí estoy ¿qué tienes para darme?". Algún día algo me iba a pasar y ya no habría vuelta atrás, pero por mientras aquí me encontraba, saliendo de mi escondite y siendo el cebo para atrapar a esos dos aliados del nuevo gobierno, que ya no es tan nuevo pero que siempre será extraño ante mi mirada. Lejano y asqueante.

Corrí rápidamente hasta llegar al punto donde habíamos quedado, y como buen cebo traje conmigo a las presas de esas noche. Mi compañeros hasta el momento resguardados en la oscuridad que ofrecía esa noche, al verme en el lugar junto a esos dos salieron de sus escondites.  Uno de los magos no tardó en lanzar un hechizo sobre mí persona, fallido gracias a mi escudo mágico protector. No contento con aquello, lanza otro hacia Kenya, quién al verse amarrada por cadenas en vez de asustarse, o desesperarse empezó a reír fuertemente, descolocado al mago. Reía muy fuerte, como si le hubieran contado el mejor chiste de todos. Una de las tantas cosas curiosas que tiene Kenya es que le encanta el peligro, pero no en el mismo sentido que a mí sino mucho más allá. "Verme al límite de la muerte me hace sentir viva, Stella", me lo dijo una noche mientras veíamos un documental de animales. Yo sólo la mire y le sonreí, sin entender  el por qué alguien desearía encontrarse en esas circunstancias, pero sólo me faltaban dos semanas, para poder comprenderla mucho mejor, sólo tenía que conocer su historia.

- ¿Te sientes poderoso teniendo así de amarrada? ¿Te cuento algo? Siempre me han encantado las cadenas .- le dijo con voz áspera, muy parecida a la voz que suena en uno después de despertar de una gran fiesta donde se tomó y fumó de todo, con la diferencia de que esa era su voz natural, Kenya venía con ella de fábrica.

- ¿Qué haces  idiota? ¡Ven ahora mismo para acá! .- exclamó uno de los magos al ver que el otro, en un acto sumamente cobarde o astuto (depende de la perspectiva) se escapaba del lugar.

- Al parecer te han dejado solito. Y nosotros que pensábamos que el gran señor de los señores tenían seguidores fieles . - dijo Charlie con un tono sumamente burlón y de superioridad.- Enana, encargate del desertor o chismero . - porque una de dos, o ese chico se le chingaron los cojones, o iba a ir avisarle a los otros que los fugitivos sabían todo.

- ¡Malditos bastardos, no se encargaran de nada porque acabaré con...! .- y silencio, miré a Charlie que sonreía, ampliamente.- [Callado te ves más bonito .- le señaló divertido.- Enana, VE AHORA, en un rato te seguimos .- me repitió pero esta vez con un tono mucho más mandatario. Fruncí el ceño, odiaba cuando se ponía así. Gruñendo por lo bajo pero sabiendo que era lo que tenía que hacer comence a correr detrás de la figura, con todas mis fuerzas, como si mi vida dependiera de ello.

Escuché una explosión, me detuve unos segundos y miré hacía atrás, no logre ver con claridad, la oscuridad  y la distancia no me lo permitían. Sólo esperaba que aquel sonido sólo significara un punto a favor de los fugitivos y no al revés.  Seguí corriendo hasta que lo pille a escasos metros de mí, eleve mi varita.- Tremor Inferius.- exclame en dirección al mago que terminó cayéndose de bruces al suelo.  Corrí hacia él y antes de que lograra reincorporarse   me abalance sobre él.- No te irás a ninguna parte.- le susurre tras su espalda, en eso el hombre se gira  y su rostro era de...¿pato? descolada arrugué el ceño, el tiempo suficiente que necesitaba el hombre para mandarme a volar lejos.

En el aire,  a centímetros de caer de sopetón sobre la acera logré pensar en un hechizo que amortiguara mi caída. Y lo hizo, pero a medias, fijo mañana (si es que había un mañana) despertaba con moretones en todo mi costado derecho. Desde el suelo, eleve una vez más mi varita apuntando al hombre-pato.- Expelliarmus.- le lancé en dirección a su varita, con disposición a desarmarlos y tener más ventaja que él.

***

Thomas sonrió al ver al hombre tiritar de impotencia o miedo al ver su presencia en la puerta de su local. - Mira qué coincidencia más grande, yo tampoco estoy solo, Hedlund. Y venimos a hacer explotar tu negocio, rata traicionera .- le escupió la palabras para luego de un hechizo hacer volar la puerta y entrar al local con varita en alto. Junto a él  se encontraban Dorothy y Carter.

- Vamos, Hedlund. Demuestrale a tu padre de lo que eres capaz por defender su negocio .- le provocó Thomas, y elevando su varita lanzó su primer Sectum.

- Yo me encargo del grandulón.- dijo Carter sonriente, lanzandole un "Animabilis" no verbal. Es que sí una cosa le gustaba en la vida al mago, era  pisotear como un insecto a sus contrincantes.

Mientras que Dorothy por otro lado, comenzaba a guardar todo lo que encontrase a su alcance en un gran bolso extensible. De aquí no se irían con las manos vacías.

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Thomas = #996600
Dorothy= #521c52
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Kenya= #cc6699
Charlie=#ff0000
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Lun Jul 02, 2018 2:56 pm

Corrió y siguió corriendo, sin ver un carajo por la máscara de pato que tenía en el rostro. De hecho, cuando el suelo mágicamente se elevó para hacerlo caer, él estaba segurísimo que por ahí había un escalón y con esa puta máscara de mierda no lo había visto, haciéndolo caer de bruces al suelo. Puso las manos, por supuesto. La careta era voluminosa y molesta, pero no era acolchada. Como se cayese al suelo de cabeza, le iba a doler igual. Al intentar recomponerse, la mujer se lanzó sobre él.

Se giró cuando escuchó sus pasos aproximándose, mirándole con cara de pato siniestro (la única cara con la que podía mirarle, en realidad), aunque en realidad los ojos de Ian solo enfocaban, de vez en cuando, a una figura femenina que no alcanzaba a reconocer. ¿Lo gracioso? Que en verdad el ochenta por ciento de su visión era puro plástico interior de careta inútil. Tal y cómo leéis. Repito: no había máscara más inútil. Tuvo tiempo suficiente como para poder alzar la varita rápidamente y conjurar un hechizo que mandase lejos a la fugitiva, lo suficiente como para él levantarse y continuar corriendo.

Sin embargo, en lo que se puso de pie y volvía a correr, un hechizo hizo que su varita saliese despedida hacia algún lugar desconocido. En realidad cayó unos pasos por detrás de él, pero no veía una puta mierda, así que para él se había perdido en la suprema inmensidad de la oscuridad absoluta. Un agujero negro se la tragó.

Por un momento, se cuestionó algo realmente importante en su vida.

¿Arriesgaba su vida por su varita o seguía corriendo?

Dudó. Dio un paso hacia atrás, otro hacia adelante y... ¡joder! ¡La vida era muy complicada! Al ver por uno de los orificios como aquella figura volvía a por él, optó por la opción más conservadora: seguir corriendo. Abandonó su varita, queriendo pensar que Ollivander tendría alguna otra que encajase con la subnormalidad profunda del Howells.

Un tanto temeroso (básicamente por no tener varita), se escondió detrás de una esquina, en un cruce, para coger aire y poder mirar por uno de los orificios de su máscara para saber si estaba yendo por buen camino. Estaba sudando, madre mía. Esa maldita máscara... Pero entonces dejó de respirar, escuchando como las piernas de aquella persona que le perseguía corrían hacia él. Esperó, esperó y... cuando por el sonido supo que la persona estaba aproximándose, a punto de pasar al lado de él, sacó el pie y le puso un traspié. Cayó al suelo, por lo que Ian lo aprovechó: lo mejor era intentar dejarlo medio atontado para que no fuese capaz de perseguirle y... bueno, porque se supone que esas cosas son las que hacen las personas como él. Y ahora que tenía la ventaja...

Se puso sobre la mujer, intentando sujetar sus muñecas. Al no poder, intentó golpearla en el rostro y si bien le consiguió dar un golpe, el resto fue imposible. Ian notó enseguida que aquella chica tenía nociones de defensa personal y, cuando le hizo aquella espectacular llave para quitárselo se encima, lo corroboró completamente. Cayó hacia un lado y puso las manos por delante al ver como la mujer se levantaba y lo atacaba. ¡Él no veía una puta mierda, joder! Pese a eso, intentó atacar. Al final, recibió un golpe directo en el rostro y él aprovechó para golpear bajo al enemigo. Al final, ganó la otra. Era normal, Ian no podía hacer nada con eso en la cabeza. Una patada por parte de ella, justo en el pecho, hizo retroceder a Ian dos pasos hasta que cayó de espaldas al suelo.

Al ver por uno de los orificios de la pato-máscara que la otra estaba de pie, con la varita en mano, Ian se limitó a alzar las manos, en señal de paz, sin moverse ni un ápice de su posición, tirada en el suelo. Había escuchado cosas horribles de los fugitivos, pero quería pensar que, en su situación, siendo terriblemente triste su máscara y su actuación, aquella persona no le hiciese nada. No habló, no se movió, simplemente se quedó quieto, observando a la figura a través de aquellos orificios.

***

Lestat, con su varita, desvió con desdén el hechizo del fugitivo con una rapidez inesperada.

-No te va a servir esa técnica conmigo. -Le respondió. -Hedlund, vete a la trastienda.

Hedlund no lo dudó ni un segundo, yéndose de allí y metiéndose por una puerta rápidamente. Estaban dentro de la tienda, por lo que aquello se iba a convertir en un campo de batalla. Sin embargo, como el espacio era reducido y peligroso por la cantidad de cosas que había, Lestat no dudó en alzar la varita y atacar con un ataque de viento super controlado que empujó a los dos tipos hacia atrás, rompiendo el cristal del escaparate para salir al exterior del Callejón Knockturn y poder mantener cierta ventaja. No pensaba dejar que muriese Hedlund, ni mucho menos que esos fugitivos se saliesen con la suya. Lestat tenía las cosas muy claras. Lo único que no sabía era: ¿dónde narices se habían metido Marcus e Ian?

Elizabeth, por su parte, se deslizó entre las sombras, silenciosa, hasta encontrar a Dorothy. La cogió por la espalda, desprevenida, para entonces apuntar a su cuello con su varita.

-Suelta la varita y me pensaré lo de dejarte vivir, ¿quieres? -Y, aunque sonó jodidamente amenazante, en realidad Elizabeth estaba un poco en la cuerda floja, como Ian. No quería matar si no era estrictamente necesario; más por defensa propia que por gusto o ideal.


HEDLUND: #669966 || ELIZABETH: #ff99ff
MARCUS: #3399cc || LESTAT: #993366
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Mar Jul 24, 2018 11:48 pm

Un pato.
¡¿Desde cuando los Mortifagos habían cambiado su máscara a la de un jodido pato?!

Ahí me quedé, descojonada. Grave error, ya que el chico no tardó en utilizar esos segundos de confusión para mandarme a volar lejos, mis reflejos fueron lo suficientemente rápidos y evitaron que quedara con algún hueso roto, de seguro tendría una nueva colección de moretones en mi cuerpo, pero eso ya era parte de mi día a día, tenía toda una galaxia de cosmos violetas repartidas por mi piel. Me levanté como un mono porfiado del piso y lancé un nuevo hechizo a su dirección. Sonreí al ver que lo había logrado con éxito y la varita del mago se encontraba lejos de él. Logré observar su confusión, y entendí que era el mejor momento de ir por él. Perfectamente podría haberlo hecho papilla ahí mismo con algún hechizo ahora que lo tenía desarmado, pero soy una maga fanática del combate muggle, y si me dan a elegir prefiero dejar K.O a alguien que lanzarle un simple hechizo y ya, cosa de gustos.

"Pero que me ha tocado el salvaculo" pense para mis adentros, al ver que el chico volvió a correr sin siquiera preocuparse o hacer el intento de querer recoger su varita. Tomé su varita y la guardé en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta para volver a correr en su dirección. No podía dejar que chivara lo que estaba sucediendo y hacer que el plan ataque sorpresa de Thomas en ese negocio fallase. Entre tanta calle de un momento a otro le perdí el rastro, pero algo me decía que no debía estar tan lejos y esas máscara de pato podía reconocerla a distancia, sólo debía apresurar más el paso y darle su merecido...pero no. De bruces al suelo caí, me sentí patética al caer en una jugarreta tan básica como esa. El golpe que sentía en mi rostro hirió de lleno a mi orgullo, pero de paso sirvió para aumentar mi adrenalina y mis deseos de partir a ese capullo a golpes. Y si hay una posición de la cual siempre logró zafarme con suma elegancia y técnica es aquella, me fue fácil voltearlo y volver a estar de pie, él se volvió a parar y de ahí comenzó un carnaval de puñetazos y patadas de mi parte.

El chico cayó una vez más.
¿Me está alzando las manos en plan de paz? ¿Que clase de Morti es este? , me pregunté acercándome hacia él.

- ¿Me estas pidiendo clemencia? ¿En serio? ¿Pero de qué vas? .- le pregunté aún contrariada. Que yo no soy una persona mala  y que anda con ganas de golpear al mundo de la nada (o bueno a veces sí, pero la mayoría del tiempo solo lo llego a pensar no hacer) pero ese gilipollas que se encontraba en el suelo, que al parecer había llegado tarde a la repartición de máscara, valentía y cérebro representaba todo lo que odiaba en el mundo. A todas esas personas que le importaba un huevo si un hijo de muggle sin importar su edad estuviese con sus manos elevadas pidiendo piedad. Uno igualito a él se había llevado a su amigo Adae y había matado a sus padres; uno igualito a él la había atacado sin piedad hasta querer dejarla sin respiración y otro la había querido hacerla trocitos ; y otros, eran al parecer familiares. La sola idea de imaginarme a mi "primo" bajo esa máscara de pato hizo que naciera en mí unas ganas de reír, pero no lo hice. En cambio me lancé nuevamente sobre el chico y le saqué la máscara de sopetón. Que si algún rasgo tengo de ravenclaw es mi curiosidad, y soy de las que le gustaba ver el rostro a su enemigo.

Apoyé mi rodilla en su estomago y con una mano capturé sus brazos para inmovilizarlos, mientras que con mi otra mano le saqué la máscara.

Nudo en el estomago, mini infarto.

Me despejé el rostro para realmente verificar mis sospechas, que a gritos me decían que eran las correctas pero me negué a aceptarlo a la primera.- ¿Ian?- pregunté más a mi misma, o a la vida que se pone malvada y te pega una patada en pleno estomago cuando menos te lo esperas. Estaba en shock, congelada, hasta se me había olvidado respirar, deseando que de un momento a otro sonará el despertador (algo imposible porque me había encargado de destruirlo lanzándolo a la pared hace un par de días) informando que todo había sido una jodida pesadilla.

- ¡ Así se hace enana! .- escuché tras mi espalda, giré mi rostro y ví como pasos más allá venían sonrientes Kenya y Charlie ¿más una gallina? Volví a mirar a Ian y sin pensarlo me desaparecí junto a él. Al abrir los ojos me separé de él como si de un leproso se tratase, todo me daba vueltas y por más que respiraba no sentía que el aire llegase a mis pulmones.

Me dolió, ver su rostro debajo de esa máscara de pato me había dolido más de lo que me gustaría admitir. Lo odiaba profundamente por hacer que me sintiera de esta forma, porque yo debería haberlo entregado, debía haberlo dejado K.O. y seguir mi vida, no encontrarme en medio del primero lugar que se me vino a la cabeza, y que más tarde me fijaría que era el bosque de Edale, mi pueblo.

Pero de pronto la pena se convirtió en rabia, en una grande, una explosiva.

Me dirigí hacia él con ojos aguados y manos empuñadas, no pensé en nada más que desquitar todas mis emociones en movimientos que buscaban el dolor ajeno. Fallé cada uno de mis golpes, Ian los esquivo todos, pero la verdad es que tampoco quería dañarlo a posta. Lo odio, lo odio, lo odio.- ¡Al menos dejame pegarte un puñetazo fuerte maldito gilipollas! .- le grité empujándolo con ambas manos su pecho, me giré y con mi brazo saqué bruscamente cualquier rastro de agua que no fuese sudor.

No quería verlo, no quería saber nada más de él, y no quería escuchar nada que viniese de su boca, estaba profundamente dolida. Saqué la varita de Ian de mi bolsillo y la lance al suelo - Solo lo hago porque tienes un hijo, pero si decides volver a esa calle, te prometo que me encargaré de hacerte trocitos. - le dije con rostro frío y neutral para desaparecer del lugar.  

Mentí, y eso era lo que más detestaba. Porque sabía que no sería capaz de hacer aquello, y detestaba al estúpido de Howells por ello. Por ponerme en esa encrucijada, donde mis ideales sufren un remezón por algo tan blando como el cariño que le tenía a ese maldito capullo.

- JODER ¿QUÉ HA PASADO, ENANA?

Fue la primera pregunta que escuché al volver a aparecer en ese callejón. Pero en el fondo sólo tenía ganas de desaparecer de allí y del mundo por un buen rato.


***

De pronto el local se volvió en un campo de batalla, cada uno de los que se encontraban en el lugar sacó su varita, exceptuando a Hedlund que había optado por ir a esconderse al lugar más cercano y seguro.  Un hechizo hizo que ambos magos salieran expulsados por el cristal cayendo de espaldas al callejón. Por otra parte Dorothy sonrió al escuchar la amenaza de aquella chiquilla.- Como les gusta amenazar a ustedes, eh...- dijo justo antes de desaparecer y aparecer justo en la espalda de la chica y pegarle un patada en plena espalda que la hizo caer de bruces al suelo. - Conmigo no, nenita .- le escupió las palabras para luego conjurar un hechizo que la atrapase e imposibilitara sus movimientos.

Thomas y Carter ya se habían levantado, de sus varitas salían hechizos sin cansancio. Ese local si no terminaba destruido por completo, terminaba con varios daños o a duras penas en pie.
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Sáb Jul 28, 2018 5:44 am

"¿Ian?"

¿Cómo que "Ian"? ¿Es que acaso lo conocía?

La cara que tenía cuando le quitó la máscara de: "por favor no me mates, no soy inocente pero tampoco malvado" cambió radicalmente cuando mencionó su nombre. En realidad en aquel momento no quería pensarlo, pero reconocía esa voz a pesar de estar tapada y que no fuera cien por cien natural. La reconocía, claro que sí. Y lo peor de todo es que era la última fugitiva con la que querría encontrarse en una situación así. No quería enfrentarse a Stella por nada.

De repente escuchó como llegaba más gente y vio su futuro MUY TURBIO, pero Stella lo sujetó y se desapareció con él a saber a dónde. Lo siguiente que sintió fue un empujón, viendo como ella se separaba de él como si fuera un ser despreciable que pudiese pegarle la lepra con la mirada. Querría haber dicho muchas cosas, de verdad, pero ahora mismo solo le salía poner cara de subnormal mientras la miraba, totalmente en shock. ¿Qué iba a decir, acaso? "Perdona Stella, pero pertenezco a una organización que va a mataros porque hace un par de años era subnormal profundo y ahora no puedo desertar si no quiero terminar como tú." Y claro, como respuesta recibiría un patadón en todas las pelotas: por cobarde, por imbécil y por ser simplemente Ian. Pero lo siguiente que vio fue como la chica se acercaba a él, intentando propinarle un golpe. Él, inconscientemente, se los intentó esquivar, cosa que consiguió; uno tras otro. -Stella, para. -Le pedía, de manera inútil, hasta que gritó y le empujó, volviendo a separarle. -¡Déjame explicarte! -Él lo intentaba, aunque en realidad todavía no sabía muy bien cómo decir nada. Vio como le tiraba la varita a los pies e Ian no la recogió, sino que dio un paso adelante para intentar sujetarla antes de que se fuese. -¡Stella, espera! ¡Déjame hablar! -Pero se fue. Madre mía, debía de.... de odiarle mucho en ese momento. Y no quería que Stella le odiase.

"¡Me cago en...!" Apretó fuertemente el puño y... ¡Joder, necesitaba algo a lo que golpear! Al final, se decantó por el tronco de un árbol, fuerte, aunque al final terminase con heridas en los nudillos. ¡No podía ser otra fugitiva, otra cualquiera! ¡No, tenía que ser Stella! Él no quería hacerle daño, ni a ella ni a nadie que no se lo mereciese, pero mucho menos a ella. ¿Y ahora qué debía de hacer? ¿Quedarse ahí como un idiota? No, no podía. No podía vender a sus aliados; Elizabeth tampoco se lo merecía. Y no podía permitir que Lestat le hiciese nada a Stella o no se lo iba a perdonar. Suspiró, consciente de lo que estaba por llegar iba a ser difícil. -¡Pffffffff...! -Se pasó las manos por el pelo, hacia atrás. Finalmente enfocó su varita y se agachó para cogerla, volviéndose a aparecer en el Callejón Knockturn.

Se lo pensó dos veces pero... esta vez no tenía dudas.

Corrió a rostro descubierto por los callejones hasta ubicarse, apareciendo en uno de los extremos del callejón en dónde recién se apareció con Stella. Frenó en seco, retrocediendo unos pasos. Miró, medio escondido. Qué diferencia ahora que no tenía la máscara de pato estorbándole la vista. Pudo ver como todos comenzaban a correr en dirección a la tienda, quedándose Stella rezagada en última posición. Ian corrió detrás de ella, lanzando con la varita una cuerda que sujetó una de sus muñecas, haciendo que parase, acto seguido le atacó por la espalda con un "silencius" no verbal, para que no pudiese quejarse y así sus amigos continuaron corriendo en compañía de una gallina, sin reparar en la falta de Stella.

Ian tiró de la cuerda, atrayendo a Stella a él. Cuando estuvo a dos metros de ella, le soltó la mano y le quitó el silencius rápidamente, no fuese a darle esa tan merecida patada en los huevos que se estaba mereciendo. Luego sencillamente elevó ambos brazos en señal de paz. -Déjame hablar porque no hay tiempo. -Le pidió, con una seriedad que muy pocas veces habría visto en Ian Joseph Howells. -Tus amigos van hacia una trampa y supongo que no querrás que nadie muera. Yo no quiero que una amiga que está en esa tienda muera, por eso corría a avisarle. -Hizo una pausa, sujetándole para que no se fuese a ningún lado. -No me verás levantar la varita contra ti nunca. Ni pienso hacerle daño a tus amigos. Pero al igual que tú no te mereces que te hagan nada, a ella tampoco. -Le daba igual Marcus, le daba igual Hedlund y le daba igual Lestat. Se veía preocupado por la chica porque tenía su mismo problema y estaba allí prácticamente por obligación, una obligación mucho mayor que la de Ian. -Puedes creerme o no, pero igual que hay gente que no merece estar en tu posición, hay personas que no podemos decidir apartarnos de esto si no queremos perder nuestra vida.

Tras una breve pausa. -Si confías un poquito en mí dile a tus compañeros que se vayan porque quedan refuerzos por venir y sois minoría. Hazme caso. -Y se separó de ella un paso hacia atrás, todavía más serio que nunca. Se desapareció nuevamente.

***

Lestat continuaba duelándose con los otros dos fugitivos, mientras que Elizabeth había perdido toda ventaja. ¿Cómo había ocurrido? Pues porque tenía miedo y, al igual que Ian, en realidad no tenían suficiente experiencia en el tema como para estar ahí en medio de una batalla. La diferencia es que Ian daba golpes a diestro y siniestro, mientras que Elizabeth, por mucha cara de malvada que pudiera tener, no lo era.

La tiraron al suelo de una patada por detrás y por suerte consiguió defenderse de un primer hechizo inmovilizador, pero no fue lo suficientemente rápida como para salvarse de esas cuerdas, al menos de manera general. Varias de ellas se ataron a través de sus brazos y sus piernas, por lo que intentó quitárselas de encima rápidamente.

Dorothy parecía aprovecharse del momento para lanzarle algo a Elizabeth, pero justo apareció Ian, medio perdido, detrás de ella. Al ver que apuntaba a su amiga, la golpeó por detrás con el codo, para entonces pegarle una patada en la mano y hacer que su  varita saliese despedida. Ayudó a Elizabeth a ponerse en pie. -Nos vamos. -Le dijo.

-¿Cómo que nos vamos? No podemos irnos, Lestat y Marcus están...

-Me dan igual, nos vamos porque son muchos. -La sujetó para desaparecerse con ella pero algún subnormal había creado una barrera anti-aparición. ¡Bien, genial, de puta madre! -Me cago en la putísima madre. Vamos por detrás, corre, por la puerta trasera.

-Pero ahora vienen los refuerzos que dijo...

-Elizabeth. -Dijo Ian, serio. -Nos vamos, he dicho.

Elizabeth se quedó a cuadros y, sin quejarse más, se dirigió a la puerta trasera.
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Miér Sep 05, 2018 4:04 am

No había sentido un dolor así desde que se habían llevado Adae frente a mis ojos, porque pese a que aún no tenía la claridad de entenderlo, de algún u otro modo mi cuerpo comprendía que la persona que se encontraba en esos momentos frente a mí y que tanto estimaba también había desaparecido, y en su lugar había aparecido un perfecto desconocido, uno que destruyó por completo al anterior haciéndolo añicos en mi memoria. Y me dolía, como jamás pensé que me llegaría a doler, quizás porque jamás pensé que Ian me iba a llegar hacer algo así, porque de las pocas personas que escogía para confiar en este hostil mundo, yo sí había escogido al castaño para hacerlo. Me queme las manos en el fuego, y dolía mucho.

Escuché la pregunta de Charlie a lo lejos, pero lo suficientemente audible para desviar mi mirada hacia él, quien se encontraba a paso rápido acercándose a mí. Me levanté por inercia y con un vértigo enorme, sentía mis rodillas débiles y como si de pronto el aire se hubiera reducido haciendo que no pudiera respirar tranquilamente, como si un gran nudo se hubiera estancado en medio de mi laringe. - Yo...- susurré sin saber muy bien qué decir. Que podía estar confundida pero aun así amaba mucho mi vida para decirle a Charlie que había dejado libre y devuelto la varita a un...mortifago. Pensar en esa palabra junto al rostro de Ian me dieron ganas de vomitar. - Hey enana ¿estas bien? ¿te hizo algo ese gilipollas?.- me preguntó preocupado yendo hacía mí y rodeándome los hombros con su brazo.- Estoy bien, solo...solo que se me ha escapado, lo siento...- musité a duras penas y apretando mis dientes para no dejar escapar un sollozo de entre rabia y pena.- Hey, tranquila... que a cualquiera le pudo haber pasado, lo importante es que estas bien ¿vale? .- miré a Charlie y me sentí peor aún, que miren que el jodido es un puto insensible y ahora se comportaba todo tierno conmigo sin tener ni puñetera idea de que le estaba mintiendo frente a su nariz.

- ¡HEY, VAMOS YA! ¡MUEVAN ESOS CULOS! .- gritó Kenya metros más allá aferrando a una gallina junto a ella.- ¡YA VAMOS!.- gritó Charlie en su dirección.- ¿Segura que estás bien?.- insistió el mago y yo tan sólo atine asentir y sonreír débilmente.- Vale, yo iré junto a Kenya para ganar ventaja, tu ve a tu ritmo. Ya nos vemos allá para patear traseros de idiotas .- me guiño el ojo y corrió en dirección a la castaña. Cuando lo ví alejarse una distancia prudente deje escapar mi respiración, encorvando mi cuerpo y apoyando ambas manos en mis rodillas, solté un quejido lamentoso pero que sólo duró un segundo ya que detuve en seco mi sentir. Porque no, no iba a permitir que Ian me arruinara esa noche y mucho menos que abandonará a mis compañeros fugitivos, no le iba a dar ese nivel de implicancia en mí. Por lo que me erguí nuevamente e inspire profundamente, limpie de mi rostro cualquier rastro de lo que la decepción de Ian había producido en mí y comencé a caminar a paso rápido hacia los chicos. Pero cuando estaba a medio camino una cuerda invisible rodeó mi muñeca y me jaló hacía un lugar, quise gritar qué cojones estaba pasando pero me era imposible. Y ahí, frente a mis ojos nuevamente Ian Howells.

Me gustaría decir que pensé que aún tenía el hechizo silenciador sobre mí y una especie de petrificus en mi cuerpo que no me permitía moverme ni hablar, pero no los tenía, simplemente nuevamente me había quedado ahí congelada, sin todavía creer del todo lo que acaba de suceder. ¿Podría volver alguna vez a creer en sus palabras? ¿Me está protegiendo o jugando una vez más con mi idiota credibilidad hacia su persona? ¿Quién mierda eres Ian Howells? eran solo algunas de las preguntas que dominaban mi cabeza.

Puedes creerme o no, pero igual que hay gente que no merece estar en tu posición, hay personas que no podemos decidir apartarnos de esto si no queremos perder nuestra vida.

Pero al menos tú pudiste decidirlo
, pensé. Quise decirlo en voz alta, pero han escuchado hablar sobre esas personas que quedan mudas luego de un evento de alto impacto, como una especie de protesta de su cuerpo de no querer hablar más hasta que el dolor se haya ido...bueno, un sentir así estaba viviendo. Y me daba rabia, mucha rabia porque yo no era así, pero por alguna extraña razón el castaño había hecho que todo mi ser entrara en colapso y de la nada se formateara. Tan sólo lo miré, como sólo se puede mirar a alguien que te ha hecho mucho daño.

Y desapareció, así sin más. Dejándome quizás peor que antes, si es que eso era posible. Salí de ese rincón al cuál había sido arrastrada y comence a correr hacia el encuentro de mis compañeros fugitivos, sintiendo como absolutamente todo me giraba.

***

Cuando llegue hacia ellos el local era todo un caos, hechizos iban y venían, un hechizo pasó a centímetros de mi rostro e hizo que reaccionara de sopetón, parpadee un par de veces y saqué la varita de mi bolsillo y la elevé para ir hacia allí y ayudar a mis compañeros.- ¡JODER, ESTÁN LLEGANDO MÁS!.- escuché gritar a Kenya y dirigí mi mirada hacia donde ella se encontraba y observé como al menos diez mortifagos aparecían en el lugar. Y frente a mi ojos comenzó una batalla campal, de la cual sentía que no tenía las fuerzas suficientes para formar parte, pero ahí estaba corriendo hacia ellos para meterme en la lengua del león y hacerle cosquillas. Ví como un patronus de cuervo emprendía su vuelo en los cielos, de seguro Thomas lo había enviado para pedir refuerzos. Rayos iban y venían, pero pese a ser menos en número le estábamos dando pelea, no veía el rastro de Ian por ningún lado y tampoco quería hacerlo. No sabría decir cuánto tiempo estuvimos allí dando pelea hasta que llegaron refuerzas de fugitivos, eran al menos cinco que llegaron en el momento preciso en que las fuerzas comenzaban a decaer, la idea era dar la pelea hasta que ya no se pudiera más para luego retroceder, ya que repitiendo las palabras de Thomas sacadas de ya no se quién..."soldado que huye sirve para otra batalla", lo importante era causar un remezón, y si se tenía suerte sacar algunas cosas del local.

En una bocanada de aire para recobrar energía desvié mi mirada hacia un costado vi a Ian. Al verme se quedó quieto una milésima de segundo, lo suficiente para que un fugitivo lo tomará como presa fácil y lanzará un hechizo al castaño, por inercia como si pronto una fuerza del más allá o más acá se apoderara de mí, elevé mi varita lanzando un hechizo protector sobre Howells. Como acto seguido alguien tomó fuertemente mi chaqueta y me empujó con brusquedad hacía la pared más cercana, haciendo que soltara un quejido por el dolor que se había producido en mi espalda por tal impacto.- ¿Qué mierda acabas de hacer? .- preguntó Kenya irradiando fuego por los ojos.- ¿Estás de tu parte acaso o te han tomado? .- preguntó entrecerrando sus ojos buscando si de alguna forma me habían hechizado y no fuí yo la que quiso hacer aquello.- Yo...- ¡Joder! ¿Es que acaso sólo diré esa palabra esta noche?.- ¿Qué Stella, qué? ¡Explícate ahora si no quieres que te haga añicos! .- exclamó con furia la castaña, pero no alcancé a contestarle a Kenya cuando un hechizo la impactó y salió volando metro más allá.- ¡Kenya!.- grité para luego desviar mi mirada hacia donde había provenido el ataque, topando con un hombre barbudo que parecía tener la edad de mi padre, y con rabia acumulada comencé a lanzarle hechizos sin cansancio en su dirección que él no demoraba en evitar.

De pronto de un costado, un nuevo ataque hizo que mi hombro comenzara a sangrar, desee llevar mi mano allí para detener la hemorragia pero los hechizos hacía mi persona no cesaban, no sabía cuánto tiempo más podía aguantar dando pelea, pero no me iría hasta que los demás decidieran hacerlo. Y si no lo hacían, daría la pelea hasta el último round.
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Miér Oct 10, 2018 12:42 am

Tenía las cosas claras: avisar a Stella de lo que iba a ocurrir y sacar a Elizabeth de allí. No podía decidir por su amiga después de haberle soltado en la cara que era un estúpido aspirante para entrar en una organización que era su enemiga, pero al menos podía decidir por Elizabeth, una persona que se encontraba exactamente en la misma posición que Ian: se había metido en un sitio en el que no podían salir. Así que desde que tuvo oportunidad y siendo consciente de que nadie de su bando reparaba en ellos (para que no pudiesen acusarlos de traición), salió con ella por la puerta trasera de la tienda, con toda la intención de huir.

Sin embargo, la vio a ella. Se paró y, por mucho que Elizabeth tirase de él, se quedó observándola el suficiente tiempo para que un enemigo le fuese a atacar. No le dio tiempo de apuntar con su varita para defenderse, pero no le hizo falta, pues pudo ver como Stella le defendía, posicionándose en contra de sus propios aliados. Ian iba a aprovechar lo que había hecho por él para irse, hasta que vio que una chica empujaba a Stella contra la pared, en un gesto agresivo por haber ayudado a un enemigo. Fue ahí cuando Ian no dudó en empujar a Elizabeth hacia el camino que debía de coger para irse de ahí.

-¿Qué haces? -Preguntó la chica.

-Vete por ahí hasta llegar a un sitio en donde puedas aparecerte, venga corre. -Le instó de nuevo Ian, sin prácticamente mirarle, pues estaba a punto de ir hacia donde estaba Stella y quitarle a esa subnormal de encima. De hecho, dio un paso hacia allí hasta que Elizabeth le paró los pies.

-¡Ian, no puedes meterte ahí! ¡Son más que nosotros! Vienen refuerzos a ayudarlos, no se nos pierde nada ahí. Vayámonos ya antes de que alguien más nos vea o vamos a...

Pero Ian solo se fijó en que la mujer que retenía a Stella salía despedida, para entonces ver como Lestat atacaba a Stella. Y no era por menospreciar a Stella, pero aquel mortífago era un bruto desalmado y no iba a parar hasta ver a Stella hecha añicos en el suelo o presa en el Área-M junto con sus amiguitos. Y evidentemente Ian no estaba dispuesto a dejar que eso pasara. Así que de un manotazo se soltó de Elizabeth y fue hacia allí. No se enfrentó a Lestat (pues evidentemente él tampoco tenía el nivel necesario), sino que utilizó una distracción al ver que el que había dañado a Stella había sido otro que antes no estaba. ¿Los refuerzos habían llegado tan rápido? Primero creó una explosión frente a Lestat que le hizo retroceder varios pasos, luego rellenó toda la ubicación de humo y no  tardó en auto-hechizarse para poder ver a través de ella en donde estaba Stella. La sujetó por la mano y tiró de ella, aunque un hechizo a ciegas a través del humo denso le dio a Ian de lleno en el costado, haciendo que chocase contra el muro y se cayese al suelo, desequilibrando a Stella. Se levantó rápido y siguió tirando de ella. No sabía si ella sabía que le estaba tirando Ian, pero no dijo nada, solo tiró de ella hasta ir por el camino por el que iba a huir junto a Elizabeth. De hecho, cuando salieron del humo, Elizabeth todavía estaba allí, asustada, con la varita en alto mirando hacia ellos.

Ian se deshechizó, se llevó una mano fuertemente al costado en el que le habían dado y se giró, mirando a Stella e ignorando un poco a Elizabeth. Ahora mismo una cortina de humo los separaba de la batalla y, por suerte, estaban en un lugar que por el momento parecía neutro y seguro. Ian siguió con la mano en el costado, intentando no darle importancia. Sentía muy bien como le sangraba y que probablemente fuera un corte profundo, pero precisamente por eso se había llevado la mano allí, para evitar sangrar y, sobre todo, que Stella no viera que estaba herido. No quería causarle pena.

Así que la miró con seriedad. -Han venido los refuerzos, por favor, vete. Vas a morir si te quedas. No quiero que te mueras... -En realidad quería decir un montón de cosas, pero el pinchazo que le dio la herida le paró en mitad de una frase que todavía carecía de sentido. -Sé que es tu lucha, pero esta no es tu batalla. No te metas ahí o... -Y suspiró, mirando al suelo para mantener el equilibrio, cosa que no consiguió. Perdió el equilibrio hacia la izquierda y para apoyarse en el muro tuvo que quitar la mano de la herida del costado, por lo que esta comenzó a mojar toda la camiseta negra y su mano, totalmente mojada, dejó un marca en el muro, ya que intentó apoyarse pero terminó cayendo de un lateral.

Elizabeth se acercó rápidamente a Ian, le levantó la camiseta y vio como un corte muy feo le cortaba gran parte de su costado, el cual sangraba muchísimo. La rubia hizo un remedio super cutre (los pocos conocimientos médicos y mágicos que tenía) para conseguir que dejase de sangrar tanto, pero rápidamente intentó que Ian pasase una de sus manos alrededor de su cuello para ayudarle a llegar a una zona en donde poder aparecerse, o si no allí se iban a quedar. O se los llevaban los fugitivos por ser aspirantes a mortífagos o morían por los mortífagos por no haber prestado ayuda.

-Necesito ayuda... -Balbuceó Elizabeth, en un intento de pedirle ayuda a la fugitiva para cargar con el gordo de Ian que no se mantenía en pie.
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Stella Thorne el Mar Oct 30, 2018 5:12 am

Y le ayude sin pensarlo, mi primer impulso fue en contra de todo raciocinio que me invitaba a odiarlo tras haber descubierto que él era parte de las filas de las personas que yo más aborrecía en el mundo. ¿Por qué lo había hecho? Sabía muy bien el por qué, pero me negaba a aceptarlo, ahora más que nunca. Era consciente que ese accionar me traería problemas y así fue, una enojada Kenya vino hacía mí como un toro salvaje para encararme. No pude siquiera generar una palabra cuando un hechizo la impactó de lleno haciéndola volar lejos. Toda esa pena que sentía en mi interior en un segundo se convirtió en rabia, rabia que canalice enviando hechizos como loca sobre quién había atacado a mi compañera de misión, era tanto mi ahínco que no logré ver que venía un hechizo por mí desde un costado haciendo que mi hombro sufriera una rasgadura, no tan profunda pero una que sangraba y me causaba un ardor muy molesto.

De ahí todo el aire se volvió denso,  haciendo que no pudiese ver del todo bien, y entre esas neblina de polvo de cemento un mano cogió mi brazo y me alejó de allí. Fue tan rápido el cambio de aire que no alcance ni siquiera a pensar en generar un hechizo para poder ver mejor, tanto solo me dedique a toser y llevar mi brazo a mi rostro para cubrirlo y dejar de sentir ese ardor en mis ojos, garganta y piel. ¿Quién era la persona que me llevaba? Ni idea, pero por la seguridad de su agarre podía deducir que era un aliado. Pero estaba equivocada, ya que al salir de esa nube de humo la primera persona que ví fue Ian Howells.

Me solté de su amarre rápidamente y elevé mi varita hacía la chica que tenía enfrente, dudosa y temblorosa, no por miedo sino por la emoción extraña que me producía estar al lado de Ian, que rondaba entre querer partirle el rostro a golpes y también abrazarlo para llevarlo a un lugar seguro, y esa contradicción sentía que en cualquier momento me haría explotar la cabeza.

Ian se giró y me miró con una seriedad poco común en él, yo una vez más permanecí allí quieta, inmóvil, como si su presencia generara una especie de petrificus totalus en mí. Iba a reclamarle que si no quería que muriese por qué permanecía a un grupo que buscaba precisamente aquello, pero no pude hablar ya que un gemido de dolor por parte del castaño me hizo olvidar mis palabras y centre mi atención en esa herida que tenía en un costado , detuve a medio camino mis manos que inconscientemente iban ayudarlo para que no terminase cayendo al suelo.

Me quede en un costado observando como la chica se acercaba a él y le observaba esa herida que se veía horrible. Y odie verlo así, pero por sobre todo odie sentirme así de mal viéndolo como estaba, porque yo debería odiarle, debería querer alejarlo de mi vida,  o al menos partirle el rostro a puñetazos pero no querer ayudarlo y de paso asegurarme que se encontrase del todo bien. Sentía tanta rabia conmigo misma en ese momento, me sentía traicionando de lleno mi ideales por alguien que no vale la pena.

>>Necesito ayuda...<<

Le escuche decir a la chica, lo mire y dudé unos segundos, pero luego mi rostro de confusión se torno en rabia y desprecio.- A mi no me mires, por mí que se desangre,  así le hacemos un favor al mundo con un Mortifago menos.- arrastré cada palabra acompañada con una mirada de asco, pero por dentro esa frase me quemaba, porque sabía que no era verdad. Pero el dolor que sentía por esa traición era más grande en este momentos, por lo que sin más me dí media vuelta para ir nuevamente hacía donde reinaba el caos, sin mirar ni una vez atrás.

Cuando volví hacia donde se encontraba la batalla campal, escuché el grito de Charlie diciéndome que había que retirarse, que las cosas se habían complicado y que había que irse, no tardé en correr hacía la calle más cercana para poder escaparme de allí, corrí con toda mis fuerzas, hasta llegar a un callejón bastante apartado de todo, y cuando pude me desaparecí para aparecerme en el primer lugar que se me vino a la cabeza.

Allí me derrumbe, y en el suelo me abrace a mí misma largandome a llorar, era tanta la tristeza que sentía que ni siquiera le había dado importancia a la herida que tenía en mi hombro, pero tras unos cinco minutos que permanecí allí el ardor me la recordó. Por unos momentos pensé aparecerme donde Robert y decirle que ya no queria volver nunca más, que mis tiempos de maga habían acabado, que nos fuéramos lejos los cuatro y partieramos de cero. Pero tras pensarlo un par de veces terminé, tras una llamada telefónica apareciendome en un lugar diferente.

- Stella, ¿qué ha pasado?.- me preguntó un preocupado pero siempre tan adorable Laith.

- Es mortifago, Laith. Ian es mortifago y...lo he dejado allí desangrándose.- y ahí como una niña pequeña de seis años me aferré a sus brazos buscando consuelo, consuelo para un corazón roto.

- ¿Ian? ¿Ian Howells? .- me preguntó para luego verme la herida que tenía en el brazo, yo le asentí ahí sin querer apartarme de su lado, sin siquiera llegar a detenerme en el hecho de que Laith conociera a Ian, es que por fin tenía un apoyo a mi lado tras enterarme de todo aquello y sólo quería estar ahí siendo débil y frágil por unos momentos.- Déjame verte esa herida, y me cuentas qué ha pasado, vamos... a ver.

***

De ese entonces habían pasado meses y pese a que los días posteriores logré confirmar que Ian seguía vivo, más que nada porque su rostro jamás apareció en los periódicos,  su imagen era como una especie de fantasma, que de vez en cuando, en las noches sobre todo o cuando la soledad me invadía venía a hacer acto de presencia. Su recuerdo dolía cada vez menos, o así lo creía, había seguido mi vida tratando incansablemente de borrar su persona de mi memoria, por eso me había llenado de cosas y de personas para no tener que pensar en esas cosas que me hacen mal.

Un año más había llegado a mi vida y un de mi regalos había sido comprarme una entrada para el festival de música mágico más importante de todos los tiempos. Si lo quería era distraerme esa era la ocasión perfecta, quería de todo corazón por unos días dejar de ser la jodida fugitiva que anda escondiéndose por los rincones para al menos por unas horas ser una simple adolescente que se emborracha, baila y grita al son de sus cantantes y grupos preferidos.

Dicho y hecho, allí me encontraba yo arriba de una barra bailando toda borracha y cantando a todo pulmón cosas sin sentido, y lo más bonito es que nadie me miraba con extrañeza,  al contrario, más bien querían unirse a mi baile  y canto improvisado.  

Todo iba de maravilla, ya era mi segundo día en el festival y tenía muchas buenas experiencias encima, como protagonizar Titanic, por ejemplo. Todo era felicidad, diversión hasta que...- ¿Ian?.- pregunté en voz baja y parando en seco, los que se encontraba  mi lado no se fijaron de mi radical cambio, ellos seguían en su mundo como yo también lo hacía segundo atrás.

Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, entre cerré mis ojos para poder ver mejor bajo ese antifaz que tenía puesto aquel día para no ser reconocida por alguien indeseable. Y sí, era él, no me equivocaba, era él borrachisimo bailando con una chica todo coquetón, apreté mis puños rabiosa, no sabía si me había dado rabia el hecho de que hubiera seguido con su vida así de campante o que ahora estuviera a punto de besar a esa rubia desabrida. Pero sea como sea, sin darme cuenta ya me encontraba a un paso de él dándole un empujón con mi dos manos. - Tú...- un empujón.- no debes...- otro.- estar...- otro más.- aquí. Lo arruinas todo.

- ¿Quien te crees que eres, niñita?.- me pregunto la rubia desabrida.

- Tú no te metas.- le amenace con mi dedo para luego clavar su felina mirada en Howells. Que podía estar borracha, pero si esa rubia quería pelea yo se la daba, eh.  

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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Miér Oct 31, 2018 2:56 am

No había olvidado, ni se olvidaría, de aquel día en donde se encontró con Stella, una de sus mejores amigas, en una situación en donde ambos eran enemigos. Él terminó entendiendo el por qué de lo que hizo, el por qué del odio que parecía tenerle de repente. Él entendía que las cosas no estaban bien y que la política actual te hacía hacer cosas horribles con tal de sobrevivir. Sin embargo, era tan culpable el fugitivo superviviente que ataca a quién cree malvado, que el malvado que ataca inocentes sólo por sobrevivir. Debido a la culpa que sintió después de eso, se liberó con su hermana, la persona en la que más confiaba, de todo lo que sentía. Su hermana no le dijo que pertenecía a la Orden del Fénix, pero le dio los mejores consejos que creía que le harían mejor a su hermano. Sin embargo, Ian Howells ya no podía salir de la fila de los aspirantes declarando que ya no quería pertenecer a ellas, puesto que eso significaría clara deslealtad a la causa que ahora mismo gobierna el mundo mágico inglés. Así que lo único que le quedaba era quedarse en donde estaba, redimirse a lo que tenía que hacer y fingir no ser capaz. Lo que sí tenía una cosa clara: no pensaba poner en peligro a su familia, ni mucho menos a su hijo, por volver a cagarla con todo el tema de los Mortífagos. Tenía que ser cuidadoso y… evitar ante todo resaltar en esas filas, pues lo último que quería era que le pusieran esa dichosa marca tenebrosa en el antebrazo izquierdo, marcándolo como uno más en una facción a la que no quería pertenecer.

Días después de lo sucedido Ian intentó hablar a Stella a través del móvil, pero como es normal, no recibió respuesta de ella. Estaba bastante seguro de que lo habría bloqueado y… bueno, no le iba a reprochar nada por ello. Llegó un momento en el que dejó de intentarlo, sin ganas de seguir siendo ignorando. Había tomado una decisión y, debido a eso, había recibido las consecuencias, perdiendo a una de las personas más importantes para él en ese momento. Porque no sabía qué narices tenía Stella, pero a Ian le jodió muchísimo haberla cagado de esa manera. O más bien... haberlo hecho así, ¿porque de verdad la había cagado? ¿Por qué él tenía la culpa si solo estaba intentando sobrevivir, como ella?

Sin embargo, debía de seguir con su vida asumiendo que ya nada podía cambiar y que definitivamente ambos habían tomado caminos diferentes. Cada vez que lo pensaba se decía a sí mismo que debía de haber sido así en un principio y se hubieran ahorrado decepciones, pero a decir verdad Ian no estaba dispuesto a dejar a ninguna amiga fugitiva a su suerte si él podía hacer algo por ella. Al final, Ian se había terminado enfadando por no haber tenido la oportunidad de hablar bien las cosas con Stella y que no le hubiese dado tiempo a explicarse y, sobre todo, porque Stella se había desentendido totalmente de él de repente, sin nada, ¿era tan fácil para ella?

Dos meses después.
Un día, en la última quincena de agosto

En el Magicland

Eris se había ido de vacaciones con su hermano mayor, acompañado de su sobrino y Perseo, por lo que Ian había aprovechado para tomarse sus bien merecidas vacaciones en el festival mágico más grandioso de todo el Planeta Tierra: el Magicland. No lo dudó ni un momento y, aprovechándose de que sus padres eran asquerosamente ricos y que por el momento no le habían desheredado, no dudó en irse por todo lo alto. Fue acompañado de dos amigos, varones, los cuales había conocido en la universidad debido a la afición que compartían de los tatuajes. Eso sí, uno de ellos era un empollón que terminaría como fiscal en Wizengamot y el otro era tan cafre como Ian, aunque con verdadera vocación, no como Ian, que estaba estudiando la mierda de carrera sólo para contentar a sus padres. Ya tenía bien claro que más pronto que tarde debía decirles que la dejaba para enfocarse sólo en su trabajo como tatuador, pero todavía no estaba del todo preparado. Dejaría ese problema para el Ian del futuro muy próximo.

Llevaba ya un par de días en el Magicland y, precisamente ese, era el día en el que Ian ya se había ligado a esa ‘rubia desabrida’, alias Agatha Kubáckova, una rusa muy sexy. Él había calculado que ya ese día, tras varias copas y un buen baile sensual, podría llegar a besarla y convertirse en el ‘amor de verano’ de esa rubia despampanante.

Estaba junto a ella y sus amigos en uno de los muchos pubs, bailando muy borracho y muy pegado junto a la rusa, hasta que de repente alguien apareció a su lado, despegándolo de la rubia y empujándolo no una, ni dos, sino tres veces hacia atrás. Ian elevó las manos sin entender nada, hasta que reconoció de quién se trataba. Y debía de admitir que lo último que se esperaba era encontrarse a STELLA THORNE, alias LA PERRA QUE LE ABANDONÓ en el Magicland. —¿Que yo lo arruino todo? —Preguntó en voz baja cuando se lo dijo en toda su cara. ¿Pero qué dice la loca esta?

La rusa entró en plan defensora de su hombre, pero fue el mismo Ian quién la apartó a un lado, pues evidentemente si ahora mismo enfrentabas a RUSA vs LA PERRA QUE LE ABANDONÓ, toda su atención se la llevaba esa última. Así que Ian apartó con ‘suavidad’ a la rusa hacia atrás, aunque más parecía un ‘quita bicho y déjame espacio’. —¡¿Qué yo lo arruino todo?! —Dijo ahora, en voz alta, mirándola fijamente. La verdad es que que entrase en escena con esa altanería no había sido muy bueno, sobre todo porque Ian también estaba borracho y de repente se le había puesto a hervir la sangre. —¡No fui yo el idiota que se metía en una batalla suicida, ni el que abandonó al otro por orgullo mientras se desangraba en un lugar sin escapatoria! —Le echó en cara, señalándole con el dedo. —Mucho echarme la culpa a mí de todo, ¿pero quién es la cerrada de mente, incapaz de ver más allá de todo lo que le rodea y su propia mierda? ¡Te recuerdo que fuiste tú sola quién se metió en todo esto por culpa de tu estúpida impulsividad y ahora se te ha olvidado que hay gente ahí fuera que también tiene mierda encima! ¡Pero no, doña niñita perfecta es la única que sufre! —Y le dio con el dedo en la frente como un niño de tres años. —¡Deberías ponerte más en la piel de resto de personas, que no eres la única que tiene una vida difícil! —Añadió finalmente, con rostro serio y enfadado.

La rusa, por su parte, debía de estar mojando las bragas, dicho claro y vulgarmente. La veía con ojos amorosos, viendo como rechazaba a una chica. No entendía muy bien lo que le estaba diciendo, pero estaba viendo con otros ojos al joven inglés que se iba a convertir en su affair de verano. Por otro lado, los dos amigos de Ian acababan de tomarse una dosis de Amylan, por lo que los dos veían la discusión partiéndose de risa, sin caer en ningún momento en que Stella era una fugitiva de su país. De hecho se pensaban que era la chica que se había tirado ayer, viniendo a recuperar su orgullo de amante herida.

¿Qué haces aquí que no estás lloriqueando en Londres, defendiendo a todos y repartiendo justicia? Qué egoísta. Aquí pasándotelo bien mientras otros lo pasan tan mal… —Le dijo con intención de chinchar y joder, mientras se giraba para salir por la puerta del pub y levantaba la mano, tropezándose en el camino. —En realidad no quiero hablar contigo, ya me has dejado claro que no éramos amigos.

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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Miér Nov 07, 2018 4:39 am

Había sido una ilusa, una de esas que pese a que todo sea una mierda creyó que en el alcohol y parranda podría olvidarse y alejarse de todo lo que alguna vez le hizo y le sigue haciendo mal. Pero la vida, siempre tan curiosa, y jodidamente cabrona tenía pensando algo muy distinto para mí aquella noche que de primeras se veía absolutamente fabulosa e inolvidable, para ponerme a tan solo unos pasos la imagen de alguien que hizo que todo se removiera, y aparecieran cosas de un pasado bastante cercano que había querido evitar a toda costa.

Mira yo no sé cómo logré llegar a su lado sin tropezar ni caer de bruces con todo el alcohol que traía encima, pero a veces la convicción lo puede todo, y la mía era desquitarme de una y otra manera con el gilipollas de Howells, por su mentira, traición, y al parecer tan fácil olvido a mi persona. Lo primero era apartar a los mosquitos molestos de alrededor, alías "rubia desabrida" para luego dar tres empujones al castaño, para que le quedara bien claro que su presencia allí no me venía para nada bien.

- ¡Sí, lo arruinas todo!.- le respondí con una mirada de fuego y ceño fruncido, elevando aún más mi tono ya que si él jodido quería gritar, pues yo no me iba a quedar atrás.- ¡Pero sí eres el puto idiota mentiroso  que es parte de una mierda horrible! ¿Por qué hubiera pasado si yo no estoy, eh? ¿Qué? ¡Una mierda! porque es lo único que saben hacer, mierdas, mierdas y más mierdas.- le seguí gritando mientras me tambaleaba un poco acercándome a él y alejándome por la euforia del momento.

Abrí mis ojos como plato y puse un rostro de indignación nivel everest cuando Ian me apuntó con su dedo en la frente, lo saqué un fuerte manotazo.- ¿Vida difícil? ¿TÚ TIENES UNA VIDA DIFÍCIL? ¡JÁ! ¡Miren quién lo dice el jodido hijito de mami y papi que no se puede ni el culo!.- le espete para darle otro empujón más, pero esta vez mucho más fuerte, sabiendo que si seguía así lo otro fijo sería un puñetazo.

"¿Qué haces aquí que no estás lloriqueando en Londres, defendiendo a todos y repartiendo justicia? Qué egoísta. Aquí pasándotelo bien mientras otros lo pasan tan mal "


Jo. Eso me había dolido, y bastante. Tanto que me hizo detenerme en seco y tomar distancia de todo. Puto Ian, puto, puto, puto, y más puto, pensé. Porque por más que sabía que lo decía solo para joderme y provocarme, había hecho mucho más que eso, había logrado hacerme sentir mal, culpable, NUEVAMENTE ME HACÍA SENTIR COMO LA MIERDA.

- ¡¿Tú no quieres hablar conmigo?!.- exclamé sorprendida, es que ¿acaso ahora él es la víctima de todo esto? y ahora más encima me da la espalda, no, esto no va a quedar así... Con toda la furia del mundo fuí y lo voltee con una de mis manos para que al girarlo con la otra le diera un puñetazo directo en su rostro. Uno que me dolió hasta a mí.

- ¿Qué haces? ¿Estas loca o qué?.- chilló la rubia desabrida empujándome de un costado. Oh...pequeña saltamontes, no sabes con quién te haz metido, pensé para mis adentros para luego hacer un intento de ir a por ella pero alguien antes me tomó de la cintura

- Wow, wow, wow vamos a calmarnos, pequeña.- escuché decir a la persona que acababa de detener mi impulso de ir a romper y golpear a todos, como cual huracán. - ¡Suéltame!.- fue lo primero que atiné a decir intentando aún ir por esa rubia desabrida que seguía gritando cosas como : ¡Esa esta loca! ¡Llamen a los guardias! ¡Saquen a estos inadaptados de aquí!, que no hacía más que enfurecerme más y más. - Te dejo un segundo bailando y te vuelves tazmania, chocolatosa.- esa última frase hizo que detuviera mis intentos escapatorios de esos grandes brazos para observar quién era exactamente la persona que me tenía retenida.- Sebas...- susurré, comenzando a bajar del estado que me encontraba antes y dejar de ver todo en rojo.- Hola.- me dijo sonriente, lejos de parecerle una locura lo que acaba de hacer se veía todo feliz.- Que buen puñetazo te mandaste.- agregó, lo que me hizo sonreír y por una fracción de segundos olvidé todo lo que había pasado hasta que...

"Aléjate de esa desestabilizada mental"

Esa voz. Vuelta a la realidad, pero esta vez no solo fuí yo la que lo miro con rostro de mierda sino que me acompañó Sebastián.- ¿Quieres que vaya a por él? Que si nos echan conozco un lugar cerca donde poder continuar la fiesta.- me dijo mirándome de reojo, y lo pensé, realmente imaginé la posibilidad de aquello, pero no. Porque más que hacerme sentir bien ese tipo de desahogo, con Ian no era ese el caso, todo lo contrario, mientras más rabia sentía hacía él más dolía.- No, mejor vámonos a otra parte. Mañana está el rey del pop y no me lo quiero perder.- le dedique una sonrisa cansada.

- Bien, estamos aquí y ya no...- fue lo último que le escuche decir para luego desaparecer junto a él.

***

Tercer, y último día en el festival.

Amanecí con un dolor que te mueres y lagunas mentales horrorosas, pero gracias a Sebastian pude ir construyendolas de a poquito. Como los bailes, tragos tomados, canciones cantadas, y bueno...algunos shows que me pegué, como encontrarme con Ian y pegarle un puñetazo. Caña moral tenía, eso. Porque ni siquiera podía construir mi propia versión del asunto, sino que otro venía a contarmelo y eso solo significaba una cosa, que vaya a saber cómo de un momento apague tele, y dejé de recordar.

Pero ya, ya fue. Además mucho mejor no recordar del todo bien ese puto encuentro, que de paso no me lo hacía olvidar mis nudillos por el sendo golpe dado.

Y llegó el momento del rey del pop, ahí estábamos junto a Sebastian y otros amigos que nos habíamos hecho en el festival, e iba una vez más todo bien, el solcito era el preciso, la compañía era agradable, la música que se avecina aún más...hasta que apareció Howells unos pasos más allá, me puse tensa de inmediato y lo notó enseguida el castaño que se encontraba abrazandome en ese instante, él dirigió su mirada hacía donde iba la mía para luego mirarme de reojo.- ¿Quieres que nos vayamos a otro sitio?.- me preguntó, inspiré profundamente para luego decir.- No, quedémonos acá.- le respondí, ya que de unas cuantas frases me había acordado y una de ellas era que ya no eramos amigos con Howells, y bueno la vida de seguro con lo jodida que es nos seguirá topando, y debía acostumbrarme a su presencia y todo lo que ella conllevaba.

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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Lun Nov 12, 2018 2:42 am

Su cabeza sufrió un tirón hacia atrás fruto del puñetazo, directo en la nariz, que había recibido de Stella. Ian se quedó estupefacto, congelado. ¿De verdad había sido TAN NIÑATA de tener que recurrir a la violencia ante las diferencias? Notó como le salía un hilillo de sangre por la nariz y se llevó la mano allí, intentando no mancharse. No sabía qué narices tendría en la cabeza Stella, pero Ian jamás de los jamases hubiera pensado en ningún tipo de agresión física hacia ella para saldar ninguna diferencia. Y sí, interpretó eso como que estaba rabiosa, llena de ira, quizás incluso dolida. Pero él también lo estaba y lo máximo que había hecho era tocarle la puta frente. Es por eso que retrocedió hacia atrás al ver que su rubia había intervenido, alejándola del conflicto. Además, vio que ella también recibió apaciguamiento de parte de... ¡Y le vino el señor! ¡Un señor tatuado y que se parecía a Ian hasta en lo blanco del ojo! ¡Pero será...! Ian miró a ese tipo de arriba abajo, como diciendo: "¿me has buscado un clon?" Porque era un clon, claramente.

Se giró hacia Agatha, intentando evitar más conflicto porque como es evidente SE NEGABA a tener una discusión física con Stella. No mentía cuando decía que con ella se contenía. Quizás Stella podía ganarle en una contienda igualada, pero Ian cuando se ponía en serio era mucho más duro que en un ring de entrenamiento. Y no pretendía dejar que nadie le pegase de manera gratuita por una niñería. Que no sabía por qué, pero luego era él quién quedaba de niñato inmaduro cuando no había levantado la mano en ningún momento.

Aléjate de esa desequilibrada mental... —Le recomendó al tipo tatuado que estaba con Stella.

Ellos desaparecieron, mientras que Ian se había quedado con Agatha, quién cuidaba de él y miraba con preocupación la nariz. De hecho, sacó la varita y se la arregló con presteza, ya que al parecer estudiaba medimagia. Ian, sin embargo, se quedó con bastante mal cuerpo con todo lo que había pasado y, todavía más, con la reacción que había tenido Stella. Intentó despejarse con el resto de la noche pero... la verdad es que lo tuvo difícil.

***

¿Quién no iba al concierto de Michael Jackson? Quien no fuese es que le faltaba una gran dosis de cultura musical, sin duda. Ian, como de costumbre, iba borracho hasta las trancas, por lo que no estaba mucho en sus cabales. Esta vez iba acompañado de un amigo, pues Agatha se había quedado por ahí a saber haciendo qué. Lo cierto es que tenían una relación bastante de divertirse y luego cada uno por su lado, por lo que no estaban todo el día juntos, ya que ambos habían ido con sus respectivos amigos.

No le pasó desapercibida la presencia de Stella, ¿sabes por qué? Porque por mucho que le pesase, Stella siempre iba a resaltar del resto. ¡Era Stella, su amiga! ¡La podría ver aunque estuviese en un concierto de Michael Jackson después de creerse muerto! ¡Así que imagínate! Lo cierto es que los dos se encontraban MUY ALEJADOS del escenario, por lo que allí la gente no estaba tan apretujada y podías respirar entre grupito y grupito de persona. Ian, de haber estado sobrio, hubiera pasado de Stella por respeto, ya que ambos parecían tener claro no tener nada que ver con el otro, sin embargo... estaba muy ebrio.

Así que se acercó a ellos disimuladamente, con la intención de pasar por delante de ellos. Fingió tropezarse con la nada, para entonces mirar al suelo sorprendido por ese tropiezo inesperado. —¡Vaya! ¡Me he tropezado con tu orgullo! ¿O quizás con tu inmadurez? Más o menos son del mismo tamaño así que no me queda claro con cual de las dos... —dijo, borrachísimo, señalando al suelo a un metro de Stella, mientras evidentemente hablaba con ella. —¿Vas a querer pegarme otra vez para demostrar que eres una niña caprichosa? Vamos, admítelo: ayer me pegaste porque además de ser incapaz de controlarte, te hervía la sangre por dentro porque todo lo que te dije era verdad, ¿a que sí? No tenías maneras de refutarme nada.

Eh tío, ya está bien, vete —dijo el clon de Ian.

Él, por su parte, lo miró de nuevo de arriba abajo y lo señaló, ignorándolo, para volver a mirar a Stella. —¿Te has buscado uno con tatuajes porque me echabas de menos? —Ian la echaba de menos, así que su borrachera había asumido que si él la había echado de menos, ella le habría echado de menos.
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Ian HowellsMagos y brujas

Stella Thorne el Jue Nov 22, 2018 2:11 am

Caña moral.

Eso tenía yo, y lo repito por si no le había quedado claro. Desperté y aparte del hachazo solo basto un segundo para que Sebastián me pusiera al día de la noche anterior y deseara que me tragara la tierra. Que bueno, sí tenía unos océanos mentales donde no recordaba nada, pero habían otras cosas que sí recordaba, o al menos un parte de mi cuerpo me lo hacía recordar, como mi puño por ejemplo, que me hacía recordar el puñetazo que le había dado a Howells. ¿Por qué? Ni idea, sólo recordaba ese momento de PIM PAM PUM que le dí, con toda la furia loca. ¿Arrepentirme? tal vez, y mucho más después de que Sebastián me dijo que había sido casi de la nada, pero uno muy bueno según él, para subirme los ánimos.

Me dolía mi puño, pero más mi corazón. Que cursi sonaría si dijera estas cosas en voz alta, pero es que ahora el día después, podía admitir que de ser ahora el reencuentro con Howells habría hecho las cosas muy distintas.

Y puta vida, que me quiere joder ahí con todo. Estando yo un poco mejor ya después de haberme arrepentido de muchas cosas hechas la noche anterior va y me pone a Ian frente a mis ojos, me tensé de los pies a la cabeza, y Sebastian no tardó en sentirlo, él siempre muy apañador me invitó a irnos a otro lugar, pero yo toda ilusa pensé que pasaría desapercibida para los ojos del castaño, pero sí él fue lo primero en aparecer en mi radar de visión, qué me hizo pensar que para él iba  a ser distinto...

Lo ví de reojo acercarse y solté un suspiró, sabiendo lo que estaba por venir. Que yo estaba sobria, pero el olor a alcohol que desprendía Howells se olía de aquí a Marruecos. Y cuando ya estuvo a nuestra altura, lo ví tropezarse con ese "algo imaginario" que más tarde me enteré de que era mi "orgullo". Apreté mi mandíbula e inspire profundamente mientras mantenía mis ojos cerrados, para controlarme. Sentí como Sebastian se tensaba y le hice un leve cariño en su brazo para relajarlo, me dolía tanto la cabeza que no quería más peleas, sólo quería al dios del pop bailar, nada más.

¿Creía que era verdad todo lo que me dijo? Pues no sé, me encantaría recordarlo. Sebastián se encargó de contarmelo todo, con lujo de detalle, si era verdad o no eso nunca lo sabré, pero algo me hacía confiar en él y ya está. Ahora con todo eso ¿creía que era verdad lo que me dijo Howells? pues sí, lo creía. Por eso me enfureci, porque sabía que yo no debería estar allí sabiendo todo lo que conllevaba y sabiendo que habían compañeros y amigos que no podían disfrutar de aquello, y me dio rabia, mucha rabia que fuera él quien me lo dijera y fuí y le golpee, por eso y más cosas que le tenían bronca al castaño en mi interior.

Sebastián fue el primero en hablar esta vez, lo miré y le sonreí.- Tranqui, que yo me encargo.- le dije ofreciéndole una cálida sonrisa y mirada. ¿Clon de Ian, dice? lo inpexione rápidamente mientras me ponía de pie para caminar hacia el borracho de Howells. No, ni de joda, me respondí. Clon ni de joda, volví a repetirme. Ni de joda, ni de joda, me repetí como un mantra para así convencerme mientras llegaba hasta el ex Slytherin.

Clavé mi mirada en la suya, ay.- Lo siento.- y va, ahí está.- No debería haberte golpeado ayer.- agregué, bajé mi mirada más que nada porque mantenerla me estaba resultando sumamente difícil.- Estaba borracha y bueno, ya lo hice, pero lo siento. Ya está, ahí tienes mi disculpa.- solté encogiendo de hombros.- Ahora, te pediría que te fueras, con mis amigos queremos disfrutar de esto y no armar lío.- levanté un poco mi mirada, deteniendome en su boca más del tiempo debido.- Y cómo voy a extrañar a alguien que no me quiere en su vida ¿eh? Esta "desequilibrada mental" promete no acercarse más a tí, y no hacerte más tropezar con su...orgullo.- se me quebro solo un poquito la voz, y solo en la última palabra le miré a los ojos para desviarlos rápidamente.- Adiós, Howells.- me despedí para voltearme e ir nuevamente hacia Sebastian.

Quería irme de allí, quería tomarlo todo y consumirlo todo para olvidar.
Olvidarme hasta de mi misma.
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Stella ThorneFugitivos

Ian Howells el Jue Nov 22, 2018 3:39 am

Stella se vio tranquila, en calma. Estaba claro que no ir borracha le ayudaba muchísimo: no solo era mucho más lógica y menos violenta sino que también… estaba mucho más guapa. Aunque faltaba el día en el que Ian no viese a esa señora tan hermosa como siempre. Aún recordaba cuando Circe se metía con sus cejas pobladas, ¿pero acaso no eran preciosas? Ian la miraba, fingiendo estar enfadado. Y decía fingiendo porque a pesar de que estaba evidentemente enfadado por la actitud de su amiga, no quería estarlo. Joder, ¿cómo iba a querer estar enfadado con ella, con lo mucho que odiaba esa situación y todo el malentendido? Ambos habían actuado mal, ambos eran unos orgullosos, ambos habían tomado decisiones de las que se arrepentían y… aunque las cosas se hubieran torcido, él odiaba que se hubieran torcido de esa manera. No quería que Stella pensase que él era uno más, capaz de venderlo todo por una buena vida. Jamás la vendería a ella. Es por eso que se sorprendió que esta vez no le siguiese aquella discusión, sino que le pidiese perdón por haberle golpeado ayer. Lo cierto es que el chico se quedó un poco perdido, quieto en aquel lugar, mirándola como si aquella situación aún pudiese arreglarse, viendo esa chispa de esperanza.

La verdad es que aunque sus palabras fueran de disculpas y no buscasen herir, a Ian le sentaron fatal. Por una parte porque había utilizado sus propias palabras para defenderse y asumir que Ian realmente creía eso, cuando era evidente que no pensaba que era una desequilibrada mental, ni mucho quería que Stella desapareciese de su vida. Y joder, le daba rabia. ¡Tenía un porrón de amigas, un montón de personas en su vida que podían ofrecerle lo mismo que le ofrecía Stella pero…! ¡Pero no eran Stella! Es por eso que se quedó callado frente a cada palabra, a cada mirada, a cada gesto y a cada golpe verbal, directo a sus sentimientos.

Lo peor de todo es que por mucho que le hubiera gustado decirle que él también lo sentía, no le salía. Quizás porque estaba borracho, porque nunca había experimentado ese nudo en el estómago que le impedía hacerlo hablar o, simplemente, porque era consciente de que como abriese la boca, las palabras no iban a salir seguras, sino quebradas. Aún así, la mirada de Ian era sincera, de pena y de tristeza. Aquello era real: Stella se estaba despidiendo de él. Ya daba igual que uno fuera aspirante a mortífago y otra una fugitiva buscada por la ley. Ya daba igual que hubiesen sido amigos. También daba igual todo lo que hubieran pasado juntos: aquellas tartas de chocolate en Los Ángeles, colarse en la fábrica de Willy Wonka o aquellas fiestas de noche en Australia. Unos ideales lo habían separado y las estúpidas formas de tratar el tema, creyéndose enemigos cuando no eran más que amigos, habían hecho que destrozasen por completo su amistad. Unos ideales, algo intangible, les había roto por completo.

Cuando Stella se giró, Ian hizo un movimiento hacia ella muy débil, como si intentase retenerla. En realidad no llegó a ella y ni la tocó.

Pero… —consiguió decir entonces cuando Stella se dio la vuelta. No quería que se fuera. —¿Adiós? ¿Para siempre? —preguntó, roto por dentro, como un niño pequeño que ve cómo se rompe su juguete favorito delante de él.

Quizás si Ian en ese momento no estuviese realmente roto por dentro y hubiese pensado con un poco más de claridad, hubiese llegado a la conclusión de que tenía que pedir perdón, darle un abrazo a su amiga y dejarse de tonterías. Pero de verdad creía que Stella sólo se disculpaba por el puñetazo, pero que realmente no querría seguir compartiendo nada con alguien que ha cometido la estupidez de seguir los pasos de un gobierno demente y oscuro. Y lo entendía… Ian era el primero que se arrepentía; y más que se iba a arrepentir después de perder a Stella por culpa de eso.

La rubia paró ante sus palabras y se giró, volviendo a encontrarse sus miradas. Él pensó que diría algo, pero nada. Cuando retomó el rumbo, Ian se limitó a añadir lo único que le salió de lo más profundo de sí.

Yo no te odio —le dijo con sinceridad, con voz triste. —No me odies tú a mí. —Le pidió en voz un poco más alta, para que pudiera escucharle.
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