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Making the past an unreachable place — Aaron O'Neill

T. Hell Drexler el Dom Jun 03, 2018 8:14 pm

1/junio/2018
11:15 || 13º nublado.


Un grupo de mortífagos había dado con un pequeño grupo de fugitivos que se escondían en una granja, de aquello haría apenas unos dos días. La noticia de por si no sería del interés de Hellion, salvo por un pequeño detalle. Tres de los cuatro fugitivos habían fallecido al enfrentarse a los mortífagos, pero uno había conseguido salir con vida y lo habían apresado. Una mujer. De nuevo la noticia no debería de ser del interés del inefable, sin embargo dicha mujer presentaba características que le eran muy familiares. Castaña, ojos oscuros, edad comprendida entre los 35 y 40. Aquella descripción podría ajustarse perfectamente a la de Luce, su ex mujer, difunta a ojos del mundo mágico.

Hellion, que se jactaba de tener la sangre y la cabeza fría en todo momento, había sido incapaz de entregar o asesinar a la que había sido, y seguía siendo hasta la fecha, el amor de su vida. Pero desde que se enteró de los orígenes muggles de su mujer, que ésta le había estado ocultando desde que se conocieron, Hellion no podía seguir con ella como si nada hubiese sucedido. Sintiéndose profundamente traicionado, dejó que Luce se fuera con vida con la condición de que jamás volviese ni se acercase a él o a su hija.

No había día en que el hombre no se preguntase si había tomado la decisión correcta. Probablemente no lo fuera, pero era la única que pudo tomar. Hell era incapaz de olvidar la traición de su mujer, pero también era incapaz de matarla o entregarla para que la encerrasen en Azkaban. Entre la espada y la pared, así es como se había sentido el inefable. Todavía la echaba de menos, pero el rencor en Hellion era más fuerte.

La mujer que habían capturado tenía rasgos en común con Luce, pero había un detalle que impedía su identificación. Tenía el rostro deformado. Se desconocía la causa de dicha deformación, quizá alguna batalla o accidente, sea como fuere aquello podía salvarle el pellejo al inefable que se vería un serio aprieto de revelarse la verdad sobre su esposa. Cuando Hellion llegó a Azkaban todavía no había decidido que iba a hacer si aquella fugitiva resultaba ser Luce, pero su rostro no reflejaba la tribulación que sentía por dentro, no podía permitirse que sus emociones se reflejasen en su expresión.

¿Aaron O’Neill? —preguntó el inefable cuando, una vez dentro de la prisión mágica, vio a un hombre joven. Lo evaluó con la mirada durante unos segundos. Le habían dicho que O’Neill sería quien lo guiaría por las instalaciones de la prisión, pues pese a su profesión y su capacidad para poder acceder a Azkaban y sus instalaciones, Hell nunca había mostrado interés en ello.— Soy Hellion Drexler, del Departamento de Misterios, imagino que te habrán informado de mi llegada —se presentó alargando su mano para estrechar la ajena.
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Aaron O'Neill el Sáb Jun 09, 2018 2:54 pm

El día había sido bastante tranquilo, curiosamente, los últimos días siempre lo eran... Lo cual lo hacía pensar mucho en la conversación que había tenido con su hermana el día anterior, ¿Acaso sería posible que sus predicciones se hicieran realidad? No lo sabía, pero si de algo estaba seguro, era que tenía que dormir con un ojo abierto, y tener extremo cuidado con todo lo que viera en el Área-M, estar siempre alerta, nunca sabía cuando alguien podría dar el primer movimiento, pero la pregunta era, ¿Quién? La predicción no había sido demasiado específica, aunque también podía ser falsa, ay, todo esto de la adivinación era un total dolor de cabeza, mejor sería que se relajara, porque como estuviera desconfiando de todo al que se encontrara hasta ver si se hacía realidad aquella predicción por parte de su hermana pequeña, se iba a volver loco.

La prisión había estado bastante calmada, a pesar de que en los días anteriores se habían encontrado varios grupos de fugitivos, curiosamente, en cada grupo había llegado una persona con la cara totalmente deforme, ¿Es que ahora los fugitivos eran capaces incluso de deformarse la cara por no ser identificados? ¿O sólo había sido un accidente? No se sabía, pero lo cierto era que, hasta el momento, estas deformidades no habían podido ser revertidas, por lo que era muy improbable que fuera parte de un hechizo. Estaba dando su habitual recorrido por el ala sur, admirando las criaturas mágicas y cuidando que ninguna de ellas estuviera en malas condiciones, porque sí, él podía ser un extirpador, torturar hijos de muggles y experimentar con ellos todo lo que quisiera, pero nunca se le había dado demasiado bien eso de ver sufrir a un animal o cualquier otra clase de criatura, y constantemente se asegurada de que las distintas bestias que aquí habitaban recibieran un cuidado óptimo, porque como no, alguien se las vería con él.

Le habían informado de la visita de un inefable para aquel día, aunque no le había dado mayor importancia, hasta que vio una rubia bastante conocida para él, una de las asistentes del Área-M, aproximarse hacia él a paso suave — Siempre es un gusto verte — Le dedicó una coqueta sonrisa, porque él, en su ambiente laboral siempre había sido una persona muy amable, o por lo menos con los empleados — Lo mismo digo, señor O'Neill... — Esa sonrisa tan coqueta le fue devuelta, mientras que los verdes orbes de la chica se deslizaban hasta el hábitat del Bicornio, una criatura bastante fascinante, sí, y que él mismo sabía que a la mujer le fascinaba, o por lo menos era lo que podía deducir, ya que la había encontrado una que otra vez allí, de pie frente a la celda, observando fijamente a la mítica criatura — El inefable está a punto de llegar — Claro, y él estaba allí paseando, cuando debía estar recibiendo a la 'visita', si se le podía considerar así. Era raro ver un rostro nuevo en el área, muy pocos tenían acceso a aquel lugar, pero siempre era grato guiar a alguien por las instalaciones, para salir un poco de la rutina, y hablar con alguien que no estuviera tan trastornado como los prisioneros, o también como uno que otro del personal de magos.

Salió de inmediato del lugar y se dirigió justo hacia la entrada, y allí pudo ver a un hombre de buen porte, un tanto mayor comparado con él, que estaba justo ingresando a las instalaciones, y sus dudas sobre si él era el inefable se acabaron por despejar al escucharlo pronunciar su nombre — El mismo — Se puso de pie frente a él, observándolo de pies a cabeza, siempre había tenido esa costumbre, de analizar minuciosamente a cada persona que estuviera a su alrededor, y ya era algo que se le hacía casi imposible suprimir — Si, me habían informado más de una vez ya, bienvenido a las instalaciones — Alargó su mano para estrechar la ajena, en un gentil apretón que no duró más de un par de segundos, mientras que el castaño le dedicaba una cordial sonrisa al hombre frente a él. No esperaba que fuera la primera vez de ese hombre dentro del lugar, con su empleo, era probable que ya hubiera estado allí una que otra vez, aunque su rostro fuese totalmente desconocido a los ojos del extirpador.

La mayoría del tiempo se le asignaban esta clase de visitas a él, aunque desconocía el motivo, le gustaba atribuir esto a su buen porte y carisma natural, porque vamos, a cualquiera le gusta que lo reciba un hombre alto, bien parecido y tan gentil como era él al ver un rostro nuevo en el Área-M, porque si sabía que estaba dentro de la prisión y no porque había sido apresado, era porque valía la pena — Viene por la fugitiva de hace un par de días, ¿No es así? — No estaba del todo seguro de lo que decía, porque no había prestado total atención a las veces que le habían hablado acerca del visitante, pero podría apostar a que venía por aquella mujer — Acompañeme — Empezó a caminar, esperando a ser seguido por el hombre, tomando rumbo hacia las celdas de prisioneros, aunque le tomaría un poco llegar hasta el lugar en el que se encontraba recluida la mujer, debido a que estaba prácticamente entre las últimas.
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Aaron O'NeillExtirpador

T. Hell Drexler el Dom Ago 26, 2018 7:12 pm

¿A quién le podía gustar trabajar en Azkaban? A Hell, desde luego, no. No hacía falta remontarse muy atrás en el pasado para recordar los tiempos en que ser Mortífago estaba penado con la estancia a pensión completa en aquella misma prisión, Drexler siempre tuvo claro que prefería morir luchando a pudrirse en aquel lugar.

De no ser por la tesitura en la que se encontraba probablemente Hell no hubiese mostrado deseos de pisar Azkaban, los experimentos con muggles le importaban más bien poco. Claro que la situación ameritaba su presencia allí, no podía dejar pasar el incidente de la fugitiva cuando existía la más mínima posibilidad de que pudiese ser Luce. ¿Qué haría de tratarse de ella? ¿La mataría?

Apenas tuvo que esperar para que el extirpador que lo guiaría por la prisión apareciese. Pudo notar como el hombre, notablemente más joven que él, lo evaluaba con la mirada y Drexler no mostró el menor signo de incomodidad durante el escrutinio sino que, a través del cristal opaco de sus gafas, le sostuvo la mirada en todo momento.

Asintió conforme cuando le corroboró que, efectivamente, estaba enterado de su llegada. Estrechó la mano del hombre durante unos instantes, un apretón gentil y no demasiado duradero. Aquel simple gesto decía más de las personas de lo que podía parecer a simple vista, un apretón flojo denota una personalidad débil, mientas que uno demasiado agresivo hace evidente una personalidad dominante. Aquel saludo fue firme y gentil por ambas partes, mostrando seguridad por parte de ambos.

Así es —confirmó con sus palabras y con un asentimiento que reforzó la afirmación. — Una de las que encontraron con el rostro deformado. ¿Sigue en ese estado o habéis logrado revertirlo?

Hellion echó a andar detrás del extirpador, dejándose guiar por aquellas instalaciones que él desconocía por completo.

Cuéntame un poco sobre ella. ¿Cómo está siendo su comportamiento? ¿Ha hablado o se niega a pronunciar palabra? —preguntó con un tono muy profesional, ocultando sus motivos personales tras aquellas cuestiones.

Fugitivos había de todos los tipos, desde los que se hacían los valientes negando a decir absolutamente nada, hasta los que cantaban la traviata solamente con mirarlos un poco más duro de lo normal. Por una vez, esperaba que esta mujer fuese de las primeras. Aunque quizá, tampoco pudiese decir mucho, dado el estado de su rostro.
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Aaron O'Neill el Lun Oct 01, 2018 5:12 am

Era un buen extirpador, y tenía control de todos y cada uno de los reclusos que llegaban al lugar. Los estudiaba y conocía a todos, incluso a los nuevos, así que, la persona indicada para atender a alguien ajeno, sin duda alguna era él.

Amaba su trabajo en el Área-M, o más bien lo soportaba. Podía hacerse el importante durante todo el día, y le daban un buen sueldo por tratar mal a los prisioneros y hacer experimentos con ellos. Todo ello sin contar el hecho de que podía hacer montones de contactos, y aprender cosas que jamás se le habrían pasado por la cabeza. Sin duda alguna, el haber ingresado allí era una decisión de la cual no se arrepentía, al menos no por el momento. Hacerse el superior lo hacía sentir bien, y allí podía hacerlo.

Solía analizar demasiado a toda persona con la que se cruzaba, por ello, no se inmutó en observar de pies a cabeza al hombre que tenía frente a él, e incluso de tomar un par de notas en su mente hasta el momento de estrechar su mano — No acostumbramos demasiado a recibir visitas — Comentó, antes de darse media vuelta y comenzar a caminar por los amplios pasillos de la prisión. Su diseño austero parecía no variar jamás, pero podía apostar a que se veía mejor que Azkaban. Los pasillos no estaban demasiados llenosz algún empleado se veía dando vueltas por los alrededores de vez en cuando, deteniéndose a observar al visitante, y también habían unos cuantos presos en compañía de los celadores, probablemente, trasladándolos. Si no fuese porque el pelinegro había hecho un intento por conversar, el trayecto habría sido bastante molesto y silencioso.

No respondió a la interrogante de inmediato, mayormente porque estaba pensando cuidadosamente lo que había ocurrido con el grupo. Habían atrapado a varios, un par con el rostro deformado, y recordaba que una había sido víctima de un hechizo que acabó siendo reversible, sin embargo, la otra había quedado deforme, probablemente de por vida, así que la respuesta no era ni sí ni no.

— En realidad fueron dos, una un poco más grave que la otra — Mencionó, sin detener sus pasos ni por un momento, observando sus alrededores, en lugar de dedicarle una mirada a su acompañante — La menos complicada fue reversible, la otra continúa así, desconocemos la causa — En la mayoría de ocasiones, las deformaciones se ocasionaban al ser víctimas de un hechizo punzante o de alguna serie de accidentes —ocasionadas por un hechizo— pero casi nula era la información que tenían acerca de aquel caso, y los prisioneros se negaban todos a compartir demasiada información. Habían hecho interrogatorios con Veritaserum ya, pero no hicieron mayor énfasis en averiguar el motivo por el cual la mujer se hallaba en tales condiciones, y tampoco se habían acabado los interrogatorios aún, al menos, recordaba que ella no había sido interrogada hasta el momento.

Sacó de entre el bolsillo delantero de su camisa, una pequeña moneda, con la cual empezó a juguetear mientras caminaba, elevándola y atrapándola nuevamente. El leve sonido que ocasionaba la moneda en el aire le generaba algo de paz, y comenzaba a acostumbrarse a hacerlo.

Negó suavemente con la cabeza, ignorando lo extraño que era que aquel hombre, repentinamente, estuviese tan interesado en una reclusa en específico — No ha querido hablar, y aún no se han acabado los interrogatorios con Veritaserum, no tardará en revelar todo lo que sabe — Eso le recordaba, que él mismo debía ir a preparar las pociones en un par de horas. No era nada bonito ser un pocionista experto en medio de una prisión en la que muchos necesitaban pociones de alta dificultad, pero no podían prepararlas de manera eficiente. Por suerte, el mismo Aaron ganaba una comisión adicional por surtir los anaqueles de pociones para el uso del resto del personal de la prisión.

Cruzó en uno de los pasillos dónde estaban las celdas, allí se hallaban los presos más recientes. Algunos, aún en buenas condiciones, intactos, y otros que ya comenzaban a perder todo rastro de cordura y de sentido común, ser usado como conejillo de indias en una prisión no debía ser muy bueno para la mente.

— ¿A qué se debe la repentina visita? Si no sueno muy impertinente, claro — Cuestionó, girando lentamente su rostro sin detener su paso, y analizando nuevamente de pies a cabeza a Hell. No entendía el porqué un empleado en Azkaban estaría tan interesado en bajar al Área-M a ver a uno de los fugitivos capturados. Por más que estuviesen relacionados, Azkaban no formaba parte de la captura de aquel grupo de rebeldes, aunque también podrían haber motivos más personales de por medio. No sería la primera vez que recibía a alguien con motivos ocultos dentro de las instalaciones, en aquellos momentos, consideraba una buena idea el intentar aprender legeremancia.
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Aaron O'NeillExtirpador

T. Hell Drexler el Miér Nov 21, 2018 3:38 pm

Si realmente sus motivos para visitar el Área-M hubiesen sido meramente profesionales, Hell se habría encargado de hacerle saber al joven empleado que le parecía inconcebible, además de absolutamente incompetente, el que todavía no supieran el motivo del estado de tal desfiguración. Sin embargo, en aquel momento, era un golpe de suerte el que la identificación no fuera posible por lo que se limitó a asentir, sin pronunciar palabra alguna, ante la información recibida por el Sr. O’Neill.

Observó como el joven extirpador se dedicaba a jugar con una moneda que acababa de sacar de su bolsillo, hecho que Hell juzgó en silencio y que solo expresó alzando una ceja de manera inquisitiva.

Drexler decidió ser inefable debido a su afán de investigar y descubrir cosas nuevas, algo que era capaz de hacer y, nada menos, que con las materias más extrañas que se conocían. Debido a sus objetos de estudio, los inefables eran incapaces de hablar de su trabajo, bueno, capaces eran, pero estaba prohibido; nadie que no fuese inefable sabía lo que había dentro de las cámaras del Departamento de Misterios.

No suena impertinente —contestó mirándolo durante un breve segundo, antes de volver su vista al frente. — Pero sí entrometido, y me temo que como ya sabrá los inefables tenemos prohibido hablar sobre nuestro trabajo. Así que aunque quisiera no podría decirle nada, pero que conste, tampoco quiero.

Más allá de que sus motivos fuesen personales y secretos, estaba el hecho de que Hellion Drexler solo daba explicaciones ante su Señor Tenebroso y que él supiera, aquel joven que se dedicaba a jugar lanzando una moneda al aire, no era el temible Lord Voldemort.
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