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Priv. || Besos en la oscuridad ||

Evans Mitchell el Lun Jun 04, 2018 7:00 am

FLASHFORWARD:
Cronológicamente, el tema está ubicado una vez que Evans Mitchell egresó de Hogwarts. Una noche random, con dementores y un perro. Una noche cualquiera, en fin (?)



Iba caminando de noche por la plaza, y estuvo a punto de pasar a un ciego que tocaba la guitarra justo antes de la entrada a un túnel de esos que te hacen preguntarte si no saldrá Jason de la nada con una motosierra. El ciego tocaba, tranquilo, con una lata de limosnas a sus pies, cuando sin pensarlo dos veces, se detuvo. Sí, le arrojó un vale de comida gratis (más una tapita de botella, flyers de cualquier cosa, una rifa falsa de hacía eones, y una knut que se le traspapeló —que si se daba cuenta no la soltaba—), porque así de grande era su generosidad o sólo porque daba la casualidad de que había decidido ese momento para vaciarse los bolsillos de la basura que iba acumulando y no tenía donde tirarlo, hasta que dio con la lata —que no era cuestión de joder al medioambiente, ¿sabes? Era cosa seria, el calentamiento global y esas mierdas—. No se fijó que el vale estaba vencido. Ni importaba. Él siguió camino, pensando para sus adentros en llegar a casa, donde el calor, donde la comida, donde la cama.

A Evans le gustaban los paseos nocturnos, y más si hacía fresco. Había un vientecillo, pero él llevaba el gabán. Otros no corrían la misma suerte, pero él no pensaba en esa gente. Es decir, sólo piensa. Si tienes que preocuparte por cada indigente que se te cruza, darle tus zapatos, tu abrigo, tu billetera, ¿qué te quedaría a ti para vivir? No, Evans lo tenía muy claro. Si se le cruzaba un problema, seguía de largo. Imagínate que te caiga encima alguien que pide ayuda, él le diría: “Primero, primero ayúdate a ti mismo. Después hablamos”. Y era lo justo, ¿sabes? Bastante tenía uno con sus propios problemas. En eso, Dager, que era la verdadera razón por la que Evans Mitchell estuviera allí, dando vueltas por la plaza —es que un perro tenía sus necesidades, de las que aparentemente, él no podía escaquearse—, lo siguió a la carrera, alcanzándolo por detrás. Se había detenido un momento a olisquear la latita de las limosnas, rápido y curioso y moviendo las dos colas (dos colas, dos), antes de salir disparado hacia donde su dueño. Bueno, su actual dueño. Al muy mentado dueño le llegó un gruñido desde abajo, justo a su lado, de esos gruñidos que bien conocía y se parecían a un reproche. ¿Y ahora…?

—¿Qué?— El eco de los pasos resonaba entre las paredes del túnel, que los encerraba en una suerte de otra dimensión, oscura dimensión. No pasaba nada, ¿qué podría pasar? Hacían ese paseo casi todas las noches—No voy a esperarte cada vez que se te ocurre ir a sentar el culo. Ya lo hablamos. Había una señora mirando, ¿sabes? Me dio mala espina. Hazte hombre. Haz tus propias cosas, solo. ¿Qué esperas que haga yo?, ¿que te sostenga la patita mientras tú…?

Dager alzó el hocico hacia él con una mirada perruna bastante ofendida y soltó un quejido que sí, sonaba a reproche. Pero no podía negar que a pesar de lo cabezota que era Evans Mitchell, él disfrutaba sus paseos nocturnos. Si hasta le compraba una salchicha en un puestecillo que había por ahí, cada vez que pasaban, y no podía más que esperar ese momento con ansia, haciéndosele agua la boca.

Ahí iban, el crup y su dueño, metidos en lo que parecía una discusión cuando. Lo sintieron. Dager primero. Había frenado de repente y alzado el hocico en dirección al techo, gruñendo. Esta vez, su gruñido era diferente, de alarma. Estaba dispuesto a abalanzarse contra lo que fuera, por cómo comenzó a ladrar, temerario y anunciando peligro. Que no era perro cobarde, ¿sabes? Su dueño, en cambio…

Los vio, venir hasta ellos, desde el extremo final del túnel. Y ya podía arder de frío por debajo de la piel, podía sentirlo: era un dementor lo que se acercaba. Había uno delante, ¿persiguiendo a…? ¡Qué demonios!  No se iba a quedar a averiguar. Tomó a Dager en un brazo, que parecía querer saltar y salirle al encuentro a la mala criatura, pataleando en el aire para que lo dejaran darle pelea a esa amenaza que se aproximaba como una pesadilla, de esas que te devoran en el helado sudor del momento.

Y desapareció.

Desapareció.

De-sa-pa-re…

—¡Qué cojones!—
exclamó, cargando a un Dager que ladraba y se preguntaba si acaso su dueño no confiaba en que podía darle caza a esa mala criatura. ¡Sí, que podía! Mira, sólo era cuestión de darle la oportunidad, ¡que las cosas no eran sólo cuestión de tamaño!

No podía desaparecerse, ¿habrían marcado la zona? ¡Demonios! Ok, no pasaba nada. Sintió, sí, que quizá alguien pedía ayuda, un grito o algo, pero él ni caso, y salió corriendo para el otro lado. Sólo que.

—¡Tú!—Le gritaba al, ¿ciego?—¡Muggle!, ¡muevete, corre!—advirtió, a grito pelado, exasperado, corriendo con el perro a cuestas (y el perro parecía pensar que se equivocaba de dirección, por cómo se sacudía)—¡corre  lo más…!

Para ser muggle, ¡eso que sacaba ahí era una varita! No, no podía ser, ¿¡qué coño!? Evans ni se lo pensó y lo desarmó con un expulsó que lo mandó a volar. Es que mira. Su primera reacción fue atacar, ¿vale? Si tú ves a un mago sospechoso sacándose una varita de la manga, tú atacas. Esos no eran tiempos para andar deteniéndose en una charlita y preguntando de qué color eran las medias de tu tía, no. Tú ACTUABAS.

¿Pero lo mandó a volar realmente? En todo caso, se había metido de lleno en una reyerta de varitas, mira tú. Porque tú sabes, no hay nada más acusador que intentar mandar a volar a alguien por los aires. No era empezar con buenas migas, se entiende.

Su situación estaba peliaguda, porque un tipo le había saltado de la nada interceptando su vía de escape, y él no tenía oportunidad con un dementor. ¡Y ni siquiera lo dejaban salir por patas! Ni desapareciendo, ni corriendo. Estaba en las mismas que…, ¿y quién era esa, de todos modos? Sí, sentía que había alguien con él, compartiendo su situación, pero poco reparaba en ella. Porque tú sabes, antes que anda, te pones a ti mismo y al perro. Después, los otros. Y en todo caso, ¿por qué carajo se veía él, metido hasta el cuello en esas circunstancias? Él, un ciudadano de gran generosidad, envuelto en una situación sin sentido, de esas que te cagas. ¡Demonios!
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Evans MitchellUniversitarios

Beatrice A. Bennington el Mar Jun 19, 2018 9:42 pm

Beatrice muchas veces tenía ideas extravagantes. De esas que parecen tan descabelladas que te piensas que esta loca. Pero no. Por lo que ella sabía, no sufría de locura, sino que solamente era una persona que vivía para divertirse, para disfrutar, para traer un poco de felicidad. Justamente lo que esa tarde estaba haciendo.

Hace un mes que había adquirido una guitarra, un lindo regalo de cumpleaños por parte de su padre, quien permanecía oculto, pero que siempre encontraba la forma de hacerle llegar algún detalle a la menor de sus hijos. Para su suerte, aprender a tocarla no había resultado difícil y en poco tiempo ya era capaz de hasta crear sus propias canciones. Estaba pensando en crearse su propia banda y todo. Line podía cantar, Laith tocar la batería, Sam el teclado, Ryan el triángulo y Steven, cuando saliera, porque Bee tenía la esperanza de que no tardaría en escapar del área M, tocaría el violín. Podrían llamarse “Las abejitas de Bea” o quizá “Las rubias candentes”, solo debía teñirle el cabello a su amigo sanador.

De todas maneras, en aquel momento se encontraba vestida de vagabundo: Tenía una barba toda mal puesta, su ropita rota y un par de gafas. Esto último porque no solo era un vagabundo talentoso, sino que era un vagabundo CIEGO talentoso. Si, ella era una chica con una mente totalmente especial.


✦✦✦


La tarde se había ido para dar paso a la noche, y ella seguía sentada cerca de la entrada de aquel túnel, tocando una de sus canciones favoritas. Para su suerte, la noche ayudaba a ocultar mucho mejor sus rasgos femeninos y podía tocar mucho más relajada. ¡Y la cantidad de limosna que tenía en los bolsillos! Le alcanzaba como para tres pizzas. Quizá esa era la mejor parte de todo el asunto.

Iba por la mitad de la canción, cuando un chico apareció, decidido a dejar toda su basura en SU LINDA LATA. Estuvo tentada a darle con la guitarra por la cabeza por eso, que a nadie le perdonaba la contaminación de su linda latita con diseños de flores, pero vamos, que era un ciego. ¡Y no solo eso! Realmente lo que más había llamado su atención fue la mascota. Para empezar, era bellísimo, pero eso no fue exactamente lo que despertó su curiosidad. Lo que si lo hizo, fueron las DOS COLAS del animal. Si, dos. O era una criatura mágica, o le había robado la cola a otro perro.

Igual no lo pensó demasiado, que luego podía resultar siendo el peligro que le menciono Gwen en la extensa charla sobre porqué debía alejarse de los problemas. Cabe recalcar que posiblemente termino escuchando la mitad… o quizá solo el comienzo y el final. No porque no fuera interesante, si no porque en la otra habitación su Augurey había comenzado a cantar.

Minutos después de que el mago, porque estaba segura de que lo era, y el perro se alejaran, fue que sintió los ladridos alarmantes de este último. Dejo su guitarra a un lado, observando la situación, porque era cotilla ¿vale? Ni siquiera recordó que supuestamente era un ciego, de hecho, hasta se quito las gafas y todo, lanzándolas a quien sabe dónde. La curiosidad podía con ella.

¡Pero ni siquiera con las luces de las farolas era capaz de ver lo que sucedía! Aunque lo intuyo eso sí. El frío que llego a su cuerpo de golpe fue lo que le advirtió lo que venía en camino. Pero, así como el frío había llegado, había desaparecido. ¡Y el chico poco amable, le había gritado muggle! ¡Mira que divertido! Hasta se le había olvidado la anterior contaminación hacía su linda lata, solo porque él pretendía ayudarla. Almas como la suya no…

━ ¡Que carajos, hombre! ━ grito, levantándose de golpe, mientras se sobaba la espalda. Mira que ella estaba pensando cosas bonitas de él, ¡y de la nada le da con un expulso que la hace golpearse contra todo! ━ ¿¡Por qué ha sido eso!? ¡De seguro tengo un moretón del tamaño de África en la espalda por tu culpa! ¡Y ni hablar de mi trasero! ━ Si, vale. Que estaba exagerando un poquito. ¡Pero es que le había molestado!

Iba a seguir replicando, tratándolo de vándalo, tonto, cabeza de piña y de cualquier cosa que pudiera llegar a su mente, cuando el frío volvió a invadirla por completo. El dementor había vuelto al ataque… ¡Y su varita no estaba cerca de ella! ¿Dónde estaba? ¿Dónde? ━ ¿Tienes mi varita? ━ Pregunto, asustada. ¡No podía perder su varita, menos en una situación como aquella!

Bien Bee, siempre bien. No podías elegir mejor situación para perder tu varita. ¿Qué harás si el niño no puede hacer un patronus? ¿Correr? ¿Llorar? ¿Comerte un helado?

¡CALLATE MALDICIÓN! TE HABÍA DESPEDIDO, CONSCIENCIA MALEDUCADA.


━ Dime que al menos sabes hacer un patronus. ━ Suplico, como ultima esperanza. Y mira que raro se veía, hasta sería una sorpresa que el chico no se fuera corriendo por tanta rareza. Porque vamos, no es común que una mujer, PORQUE SI, SORPRESA, TENÍA PECHOS, vestida con ropa de hombre desgastada y que REALMENTE NO ERA CIEGA, NI MUGGLE, te pida ayuda.

La situación parecía de película, y no exactamente las de comedia que tanto le gustaban.
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Evans Mitchell el Dom Jun 24, 2018 7:44 pm

El CIEGO, del que ahora sospechaba que fuera realmente un invidente vagabundo —y ya lo decía Evans, ¡la de estafas que hay por la calle! Por eso él no iba repartiendo dinero en lindas latitas, ¿te imaginas? Dale una mano a la gente, y te morderán hasta el codo. Por eso él no era un buen samaritano, y estaba orgulloso de su actitud en la vida—, ese bastardo que le estaba haciendo pasar un momento que te cagas —y los Dementores no se quedaban atrás— porque no tenía IDEA de quién podía sr o qué quería con él, en fin, ESE BASTARDO, ¡salió volando!

No volaaaaando, porque a decir verdad, Evans sentía un frío en el alma, que hizo difícil que se concentrara en el conjuro, y el ciego estafador sólo se tropezó un poquito, ¡pero cómo gritaba…! ¡Y espera!, ¿ESO ERA UNA MUJER? No, eso no era en verdad relevante, pero lo que sí consiguió que Evans se detuviera un instante, aun en esa situación de terror fue…

—¡Tú no eras ciego!—
gritó. Y casi dirías que estuvo a punto de gritar: DEVUÉLVEME MI VALE VENCIDO.

¿Y los dementores? El farol que iluminaba la plaza titiló, una, tres veces, con un chasquido. Evans volteó a mirar, y clavado en el sitio se removió inquieto, varita en mano, mientras que Dager gruñía, aúpa. El chico y su perro habían encarado a la mujer, que era una quejica, y se habían distraído tan sólo por un momento, cuando a través del túnel, las figuras encapuchadas amenazaban con emerger como pesadilla, ¡que vertiginosa se abalanzaba sobre ellos, y Evans apuntó a los dementores con la varita!

—¡Aura!

¡Y se oyó el impacto, el estallido, como si se te quebrara el corazón! Justo en la boca del túnel, una barrera protectora selló la entrada, cortándoles el camino por ese lado del túnel. No, tú no puedes detener a un Dementor, pero puedes retrasarlo. Evans estaba frío y alterado. Quería salir corriendo, pero dudaba de que fuera una buena idea. En primer lugar, si no podía desaparecerse, tenía que ser, o porque en verdad era un inútil cuando se cagaba de espanto, o porque estaban vigilando esa zona, por fugitivos. Y si era así, pronto vendría la caballeriza.  Sólo que. Los dementores no obedecían órdenes. Sólo irían a por ellos, como un predador hacia los caramelos. Y aunque estuviera en medio de una persecución… ¿¡por qué carajo tenía que pasarle eso a él en esa noche!?, ¡él sólo sacó al perro a mear!, ¿por qué le sucedían cosas de miedo a buenos ciudadanos? Pero, Evans tenía secretos, y eran oscuros como el abrigo que llevaba encima, oscuros como el pecado. Por un instante pensó, que iban a por él, por sus secretos. Pero entonces, ¿quién era esa…?

Espérate, primero lo primero.

¿¡Tú tampoco…!?—Evans reaccionó, atacado por el imprevisto. Él no sabía conjurar un patronus. Ella tampoco. Ella, que no tenía idea de quién era. Y Dager, presumiblemente tampoco—. ¡Bueno, ahora sería una buena idea aprenderte un que otro truco!—acusó, omitiendo olímpicamente el hecho de que él estaba en las mismas que ella—. Tsk, ¡accio!—conjuró, con la intención de hacerse en el acto con la varita de la chica. Y salir corriendo, porque la barrera estaba a punto de quebrarse, y él sólo veía una chance en correr. Dager ladraba, envalentonado por la idea de seguir luchando, ir al enfrentamiento. Varita en mano, Evans… ¿se la devolvió? No, echó a correr sin mirar atrás. Tenía que estar loco para darle una varita a una desconocida, con la que te puede atacar por la espalda. Lo que no previó fue…

CHOCOLATES:
—Los dementores rompen la barrera y los persiguen.
—Estos dos se lanzan a correr en la misma dirección, pero justo delante aparece un grupo de carroñeros. No queda otra que echar a correr por los costados. A Evans no le gusta mucho la idea de huir, pero duda que los brutos esos estén dispuestos a razonar. Pero eso sí, él no quiere tener nada ver con Bea, que ella se arregle por su cuenta.
—Bea puede intentar forcejear con Evans por su varita (puede hacerlo tropezar en medio de la carrera, de forma de poder recuperar su varita, por ejemplo. O en fin, cualquier acción contra Evans es bienvenida (!) Lo de los tentáculos en la cabeza como venganza, cofcof, también (!)). Del forcejeo, que le quite algo más. Como su billetera (o su varita, o ambas). En fin, que le quite algo que sea suyo, ¡que le robe! Sólo entonces, Dager se echaría a perseguirla a donde quiere que vaya (porque le robó al dueño). Y a donde quiera que vaya Dager, iría Evans. Aunque sea directo a una trampa de los carroñeros y todo.  
—Cualquier otra opción xDDD
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Beatrice A. Bennington el Vie Ago 17, 2018 5:27 am

Beatrice tenía una suerte exquisita, y se encontraba con cada loco agradable todos los días, que había causado que nunca tuvieras quejas. Todos se habían convertido en sus amigos después de todo... y a Pancracio simplemente no lo contaba porque intentaba hacerse creer así misma que había sido solo un popo en el zapato. Uno que ya había limpiado hasta con detergente y luego tirado al fuego, en plan “desaparece espíritu maligno”  

Solo le había faltado hacer una especie de ritual o algo para que sus caminos nunca se volvieran a encontrar. Si, el chico la había dejado mal de la cabeza con el golpe.  

Pero ahora nuevamente aparecía otro popo, digo chico, que aparentemente era peor, pues la había atacado aun cuando creía que era UN INOCENTE CIEGITO. IMAGINATE. ¿Quién ataca a un ciego después de todo? ¡ESE TIPO CLARAMENTE! Además, le había dejado un cupón vencido. Eso sí que no se lo perdonaba nunca.  

De todas maneras, aun cuando quería seguir discutiendo, no era el lugar ni el momento. No teniendo dementores cerca al menos, porque sinceramente era horrible. El frío en todo tu cuerpo, la sensación de amargura... Y sabía que, si se acercaban lo suficiente, ella terminaría envuelta en una barrera de recuerdos demasiado tristes para soportar.  

Era una suerte la acción rápida de ese chico... aunque ella podría haberlo hecho mejor teniendo su varita, claro. Si, ejem.  

━ ¿¡Y yo por qué!? ¡Solo ayúdame a buscar mi varita y...! ━ Y no pudo decir más. ¡Que el tipo se había largado corriendo con su varita en mano! ¿Dónde estaba la seguridad mágica en esos momentos? Se había encontrado a un ladrón. Aunque eso explicaba porque no era capaz de soltar ni un paquete de gomitas. ━ ¡Hey espera! ¡Vuelve aquí! ¡SI, TU. EL DE CABELLO QUE PARECE ESCOBA! ━

Antes de que alguien pudiera decir pudín, Beatrice ya se encontraba corriendo tras el ladronzuelo. Debía ser una gran sorpresa ver como en poco tiempo había podido alcanzarlo sin problema, hasta sin sudar. ¡Ja! Y así decían que correr por Hogwarts todos los días no serviría para nada.  

━ ¡Te tengo! ━ Si, así como se piensa sucedió: La rubia se había lanzado como si se tratase de algún tipo de objeto volador no identificado, hacía el chico, aplastándolo sin piedad. Se hubiera reído de no haberle dolido la caída también... Mentira, que se encontraba riendo como idiota. Le tomo unos segundos detenerse, antes de quitarle su varita y mirarlo de mala manera, aun cuando no pudiera verla por tener la cara pegada en el suelo. Suponía.  

Soy la más geniales de las personas genialosas del mundo. Quiero una estatua mía que diga “Beatrice Bennington, la más genialosa del universo. Si, así tal cual.”  

Si, en vez de estar regañando al joven, estaba pensando idioteces. Casual.  

Lo que no era casual, ni cotidiano por suerte, era el frío que nuevamente se había instalado en todo su cuerpo, y a la lejanía, aunque no tan lejos como a ella le gustaría, se encontraban avanzando los dementores en su dirección. ¿Qué no tenían nada más que hacer además de querer robarles toda su felicidad? Ni siquiera podían usar la aparición.  

Observo al tipo ese por unos segundos... ¿Realmente sería necesario en el mundo? Podría simplemente dejarlo tirado, abandonado, dándolo en sacrificio... lástima que ella fuera tan buena persona.  

━ Ser tan buena y guapa algún día me costará algo. ━  Antes de levantarse vio algo interesante, sin embargo: A alguien se le había caído la billetera. Sus ojos brillaron en señal de travesura, y al levantarse tomo la billetera entre sus manos, jugando con ella como si fuera una pequeña pelota. ¡Teniendo eso con ella, él no podría escapar y abandonarla! Su idea era grandiosa. El problema era que ninguno podía hacer un patronum, o al menos eso creía ella, pues desde que su hermano estaba preso, le era imposible pensar en un recuerdo feliz durante demasiado tiempo.  

━ Y esto no podría ser peor. ━  Murmuro, cubriéndose la boca enseguida, como si hubiera dicho algo horrible. ━ ¡He dicho las peores palabras del mundo! ━  Dijo, guardando la billetera en uno de sus bolsillos, mientras hacía gestos dramáticos. Tiempo atrás le había sucedido algo igual de trágico, alguien había pronunciado aquellas endemoniadas palabras y sucedió justamente eso: ALGO PEOR.

De todas maneras, no podían quedarse mucho tiempo en ese lugar, pues los dementores estaban cada vez más cerca. Por eso hizo lo que cualquier ser humano inteligente haria: ━ ¡Expecto Patronum! ━
Si, había intentado realizar aquel hechizo. ¿Y qué había logrado? Pues nada de nada, ni humo, ni estrellitas. Nada. ━ Mi varita esta defectuosa. ━  Intento excusarse, tontamente, antes de sentir como un hechizo rozaba su mejilla, sacándole un chillido espantado. ¡Esa no había sido su varita!

━ ¿Qué rayos...? ¡No me ataques! ━ Sin embargo no había sido él, ni ella, ni nadie conocido al menos.
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