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Mit Speck fängt man Mäuse || PRIV. {~Egon Auerbach}

Andreas Weber el Mar Jun 05, 2018 12:25 pm



Miércoles 16 de mayo
19:50 horas
Centro de Londres

El día había llegado. Temblaba de excitación. Muy pronto iba a tener todas las respuestas que buscaba. Pero tenía que currármelo bien.

Suspiré hondo y abrí la puerta del pub, accediendo a su interior; fui recibido con una bofetada de calor, tanto de la calefacción como humano, que contrastaba perfectamente con la temperatura más fría del exterior y la humedad de la lluvia. Nada que me importara, por supuesto. Por fin aquella noche iba a obtener las respuestas que buscaba. Desde antes de llegar a Reino Unido, había estado mandando cartas a viejos conocidos de la familia y de mi padre, incluso al trabajo, no siempre asumiendo mi propia identidad. A veces, era un funcionario del Ministerio alemán. A veces, el superior de mi padre. A veces, un subordinado. Al subordinado no siempre le hacían caso, al funcionario más de lo mismo, y al superior un poco más, pero tampoco pude cantar victoria hasta hacía unos días.

Después de mi encuentro casual con la chica de la Harley en aquel McDonald’s, había vuelto al refugio y había escrito otra de tantas cartas a otro de tantos conocidos de mi padre. Como la mitad de su vida la había pasado en Reino Unido y había ocupado un cargo de bastante importancia en el Ministerio británico, tendría que pasar mucho tiempo hasta que me quedara sin gente a la que preguntar, pero hasta entonces ninguno me había hecho caso, o no me habían dado las respuestas que buscaba.

Sin embargo, un día, Orión llegó con un paquete bastante gordo, de parte de uno de los conocidos de mi padre, Mark Thompson. Al parecer, Mark había trabajado toda la vida, hasta su jubilación anticipada, como corresponsal de El Profeta, y desde no sé qué cumbre diplomática en el setenta y poco, había mantenido relación con mi padre, tanto profesional como personal; me sorprendí cuando en la carta el tal Mark me dijo que mi padre era el padrino de su hija mayor, aunque no sabía hasta qué punto podía creérmelo. Lo que sí me dijo es que, el 18 de octubre, el último día que hablamos con papá, se había visto con mi él en un local a las afueras de Lutton, lejos de Londres, y que efectivamente mi padre le había preguntado por actividades extrañas en Londres, intentando buscar pistas sobre mi hermano. Cuando se despidieron, decía Mark en su carta, él le había ofrecido cenar juntos por los viejos tiempos, pero mi padre había rechazado la oferta porque había quedado en Londres con un tal Nikklaus.

Aquel nombre, ciertamente, no era común en Reino Unido, parecía noruego; recordaba algunos compañeros de Durmstrang que se habían llamado así. Así pues, había encontrado otra bifurcación en mi largo camino por la que seguir, así que en mis siguientes mensajes, preguntaba por mi padre y por un tal Nikklaus, donde decía que se trataba de un amigo de la familia al que también le habíamos perdido la pista, y que su anciana madre, hospitalizada con una enfermedad terminal, estaba preocupada por su hijo. A lo mejor sonaba un poco dramático, pero yo que sé, el viejo cuento del padre enfermo nunca suele dar malos resultados, no pasaba nada por intentarlo. Ciertamente, no recibí mucha respuesta, pero sí las suficientes. Una tal Sally Porter, ex trabajadora del Ministerio británico, me dijo, escueta, que no imaginaba al tal Nikklaus como la clase de persona que tendría amistad con mi padre. Y más importante: otra mujer, Juniper Foxx, dijo que había visto a mi padre y a Nikklaus (a quien describió como un tipo alto, con ojos oscuros, barba rasurada y un ligero acento nórdico) en un pub en pleno Londres la madrugada del 19 de octubre. Juniper no solo confirmó lo que Mark Thompson me había dicho días antes, sino que también cubrió los vacíos que hasta entonces desconocíamos.

Desde entonces, todos los días, a distintas horas, me había pasado por la puerta de ese pub, tratando de encontrar a mi aguja de acento nórdico en aquel pajar lleno de muggles, sabiendo que era una posibilidad entre mil pero una posibilidad más firme que muchas de las que había tenido hasta el momento. Y todos los días, hasta aquel, me había ido igual que había venido. Pero ese día, la suerte me sonrió, y cuando pasé por delante del cristal del pub, simulando ser otro muggle más, vi a lo lejos, sentado en la barra, a un tipo rubio que casaba con esa descripción. A la vista de todos, vestido con ropa informal, parecía otro muggle más.

En el interior del pub, me dirigí hacia la barra, con expresión firme. No había pensado muy bien cómo acercarme a él, así que tenía que pensar algo y rápido, porque tenía claro que ese tipo no se iba de allí hasta que no me explicase de qué había hablado con mi padre; resultaba sospechoso que el tal Nikklaus fuera la última persona con la que mi padre se había visto antes de desaparecer, y qué casualidad que el mismo día que se vieron ya no habíamos tenido noticias de él.

Ya estaba lo suficientemente cerca de él para que me viera venir, así que, como no tenía ni puta idea de cómo continuar sin desvelar mi identidad (solo había pensado en encontrarle, pero no en qué hacer después de ello. Lo sé, soy un lumbreras), pues improvisé.

- ¡Hostia, Michael! – dije con un tono entusiasta tan creíble que hasta me dio miedo. Ya era un poco tarde para cambiar mi vocación, pero soy más jovencito y lo mismo me podría haber metido a actor. - ¡Tío, cuanto tiempo! – me acerqué a él y le di una palmada en la espalda, con ímpetu. Entonces, bajé el brazo y le observé impasible, interpretando perfectamente mi papel. – No te acuerdas de mí, ¿a que no? Joder macho, ya te vale. ¡Ya te decía yo que el alcohol mataba neuronas! – solté una risotada jovial y después me palmeé el pecho con excitación. – Jason. ¡Jason White! – esperé unos segundos y continué. - ¡Tío, no me jodas! ¡Vamos! ¡Trabajé con tu hermano en Heathrow! – de nuevo, hice otra pausa. Vi que venía el camarero y levanté la mano. – Una cerveza, por favor. – El camarero me tomó el pedido y volvió a lo suyo, y yo le pasé un brazo por los hombros a mi amigo del alma y me senté en el taburete que había a su lado, bien cerquita. - ¡Buah, tío! Cuánto tiempo. ¡Si parece que fue ayer! – le sonreí y le volví a palmear la espalda con compañerismo. - ¿Qué tal te va todo? ¿Sigues con Luke?


Off: Más adelante, se nos unirá Nailah Stuart en un papel más secundario, pero solo pongo a Egon en el título porque vamos a ser los personajes principales.
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