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Never say no to a challenge [ Hell ]

Uriana V. Aveyard el Vie Jun 08, 2018 10:13 pm

Pub del callejón, tranquilo y lujoso.
Vestimenta

Llevaba varios días atascada en un problema, no sabía como continuar con la recaudación de información sobre los hablantes de pársel conocidos. No era algo que preguntar por ahí por donde caminases, y menos yo que prefería mantenerlo lejos de oídos curiosos. Hasta el momento sólo me había traído problemas, rumores y dolores de cabeza, en general. Nadie en mi entorno había aceptado mejor eso que mi bisabuelo, el resto me rechazaron por algo que yo no elegí nacer con ello, pero que ha día de hoy me siento orgullosa. No tengo nada de lo que arrepentirme, ni espero hacerlo. Él siempre ha sido la única persona en comprenderme realmente, y es por ello que se preocupaba incluso cuando supo que iba a empezar a vivir en Londres, hablándome de un conocido suyo en el que podía confiar en su ausencia. Si para mi bisabuelo esa persona era digna, yo así lo vería con facilidad. Confiaba en mi querido abuelo, él me había abierto un nuevo camino que nadie me quiso facilitar y le debía mucho.

Ahí entraba esta nueva persona de la que tenía conocimiento desde mi llegada, había llegado el momento en el que quedase con esa persona. Sabía que era un hombre mayor a mí, y eso no me importaba en absoluto. Lo cierto es que agradecía conocer a alguien mayor, aunque aún desconocía cuan mayor era. ¿Y por qué agradecía cosas así? La madurez, sus experiencias, la fuente de conocimiento que resultaban ser y las complejas personalidades que se daban después de muchos años en pie. No te emociones, puedes salir defraudada. No todos los gustos con tu bisabuelo van a ser iguales. Refunfuñé de mí misma, no soportaba a veces escuchar esos diablillos de mi cabeza. Debía admitir que estaba nerviosa. ¿Por qué últimamente me ponía tan nerviosa? Debía mantener esos sentimientos lejos de los demás, no les interesan esa información, menos que la utilicen a su favor.

Respiré profundamente mientras me ajustaba el vestido y me hacía un recogido, un peinado cuidadoso pero debíamos tener en cuenta el factor de los rizos. Cogí mi cartera, bolso, como se le quisiera llamar -cada cual lo llamaba de un modo- y marché de casa para dirigirme. Había quedado con él en un pub de alta clase, como no podía ser menos, y de ahí mi vestido negro, mis pendientes lujosos y mis varios accesorios, con unos resaltados labios rojos. Lo más importante de todo era llegar antes que el invitado, puesto que quería ser una anfitriona aquella noche, agradecer que fuera a la quedada. ¿Debía ponerle ese nombre a aquel encuentro? No sabía bien, dependía de las formalidades y las cosas que ocurriesen, ya lo veríamos a lo largo de la noche. Sin duda, era un lugar con muy buena música y que derrochaba estilo.

Llegué a la puerta del pub y mostré una tarjeta con un estampado peculiar, se lo enseñé al que custodiaba la entrada y se la di, tras eso la tarjeta desapareció, como si se convirtiese en cenizas llevadas por el viento. Igual.Le había hecho entrega de una igual a mi futuro acompañante. Yo mientras tanto me dirigía a la mesa reservada, en una zona privada para poder hablar con él de lo deseado de manera discreta y sin oídos curiosos. Me estaba tomando muchas molestias para muchos, pero para mí era algo más que necesario y con puro gusto lo hacía, me gustaba hacer las cosas cuidado el máximo de los detalles. El lugar era moderno y dejaba más que a la vista el alto nivel adquisitivo que se debía tener para estar ahí, un lugar para puros magos a pesar de la apariencia exterior - no era más que una fachada para los ojos curiosos-. Me senté en su cómodo sillón rojo aterciopelado y dejé el bolso a un lado para cruzarme de piernas y esperar al invitado. Ansiosa por conocer a quién me había enviado mi bisabuelo.
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T. Hell Drexler el Lun Jun 11, 2018 11:03 pm

Sábado 2 de junio del 2018.
22:30 horas.
Vestimenta.


Cogió el sobre que descansaba en el primer cajón del escritorio que Hellion tenía en el despacho de su casa, dentro estaba la carta que había recibido hacía unos días junto con una tarjeta del lugar al que se dirigiría. Se guardó la tarjeta en el bolsillo del pantalón y desapareció después de comprobar la dirección una última vez.

No era demasiado habitual para él recibir correspondencia de Estados Unidos, salvo la que le mandaban sus padres, por eso cuando recibió un sobre procedente de California la curiosidad se apoderó de él. Hacía años que no sabía nada de los Aveyard, una familia de magos que tenían amistad con sus padres y que Hell recordaba de las reuniones en las que se juntaban ambas familias.

Sabía que eran una familia influyente y de linaje puro, motivo por el cual Hell no tiró aquella carta nada más leerla, ni tampoco la siguiente que recibió. La primera carta era de Samael Aveyard, en ella le informaba de que su bisnieta iba a mudarse a Londres y, también le pedía, que si la joven necesitase de ayuda en algún momento él la auxiliase. La segunda había sido de la bisnieta, e incluía aquella tarjeta y la citación en un pub del callejón Knockturn.

Hellion recordaba al anciano Aveyard, el único de su familia que seguía conservando los ideales puristas que él mismo tenía. Lo consideraba un hombre respetable, al igual que a su familia, y por ello accedió a encontrarse con la joven Aveyard aquella noche. Por deferencia a su bisabuelo y porque a saber si el día de mañana no sería él quien necesitase un favor.

Se apareció en la entrada del callejón Knockturn y fue caminando hacía la entrada del local. Por fuera daba la impresión de ser un lugar no muy confiable, de aspecto poco cuidado, pero por dentro era todo lo contrario. La decoración era moderna y elegante, justo como le gustaba a Hellion, y la música sonaba suave, a un nivel perfecto tanto para tener una charla como para poder deleitarse con la melodía.

Usted debe de ser la señorita Aveyard, supongo —dijo cuando llegó a la mesa que uno de los empleados le había señalado como el sitio que había reservado la joven. Era una zona privada, algo inteligente si se querían tratar de ciertos temas. — Espero no haberla hecho esperar demasiado, soy Hellion Drexler —se presentó mientras tomaba asiento en el sillón frente a la joven rubia.

Se quitó las gafas de sol y las dejó sobre la mesa, no las llevaba por necesidad sino porque le gustaba ocultar su mirada, al final y al cabo ya era de noche, ¿qué necesidad podía tener de llevarlas? Se tomó unos cuantos segundos para evaluar a la joven que tenía en frente, rubia, ojos azules y labios de un llamativo color rojo. Desde luego era muy bella, pero se guardó el comentario.

Recibí la carta de tu bisabuelo pero no esperaba recibir ninguna tuya, la verdad. Así que dime, ¿en qué puedo ayudarte? —directo al grano, así era él. Hell detestaba perder el tiempo, pero había una razón más importante por la que fue tan directo, la curiosidad. El inefable no sabía qué problema podía tener aquella hermosa joven que él pudiese solucionar, pues en la carta no le había dado detalles.

Buenas noches, señores. ¿Qué les gustaría tomar? —preguntó muy educadamente el camarero que hizo acto de aparición en aquel preciso momento.

Yo quiero un whisky de fuego —pidió sin dudar, pues era la bebida que más disfrutaba. — Y para la señorita…
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Uriana V. Aveyard el Lun Jul 09, 2018 8:00 pm

Vale, las cosas habían cambiado a mi parecer. Ciertamente tenía un pequeño nerviosismo que quise calmar. Se me había olvidado el detalle de desconocer cómo era aquel hombre: su personalidad, su físico... Si, el físico también era importante para los negocios pues decía mucho de esas personas. Por ello era que iba tan arreglada, no sólo porque me gustara ser coqueta con mi forma de vestir en la mayoría del tiempo. Todos debían dar una buena presencia, más en aquel lugar. Más ante alguien tan importante como me había informado mi bisabuelo. A lo que me hizo recordar la hora a la que habíamos quedado: quedaba poco para que el encuentro fuera oficial entre ambos. Eso era lo que esperaba, aunque desconocía las costumbres de aquel hombre y la ahora a la que llegaba a las citas. Cita claramente en el contexto de quedada con una persona para tratar unos asuntos, nada distinto que fuera descontextualizado. Fuera como fuese, comenzaba a tener calor en aquel lugar. Bueno, a veces me venían unos calores en sitios cerrados por el cúmulo de personas, era realmente sensible a las temperaturas. Algo que hasta el momento no había caído. Lo que hacía esperar a alguien.

Mas toda espera mereció la pena al ver cómo aquel hombre llegaba y pasaba a la parte reservada donde estaba yo. Sin duda era un hombre hecho y derecho, alguien que portaba la seguridad que todo hombre debía portar y la intimidación que cualquiera caería rendido, hasta yo me sentía incluso intimidada por él. Algo para nada desagradable. Se veía bastante más mayor que yo, pero.. ¿Desde cuando eso era un problema para mí? Es decir, a la hora de realizar negocios. Fuera de eso, era bastante guapo, no iba a negar aquello, pero eso sería desviarse del tema. — No se preocupe, Sr. Drexler. Está justo a tiempo, es agradable que alguien cumpla con la puntualidad en un país donde la mayoría parecía haber olvidado aquellos modales. — Eso se lo iba a reconocer, sin duda había estado de lo más puntual. Pero lo que sin duda más me cautivó de aquel hombre, fue lo directo que se dirigió al tema. Aquello me ahorraría bastante tiempo de inicio, pues yo también era una mujer directa para aquellos tema. — Me agrada que haya sacado el tema, así ambos no perdemos tiempo con rodeos. — Diría, volviendo a reconocer aquel detalle. ¿Qué ocurría? Estábamos para tratar un tema, no para dejarme impresionar por aquel hombre.

Cuando fue a responder a su pregunta, el camarero llegó a la mesa y no me vi en otra que responder. — El mejor vino que tengáis, por favor. — Pedí, dejando a elección del camarero, pues conocía que cualquier vino de ahí sería el correcto, por la calidad de sus productos. Entonces volví a dirigir mi mirada a aquel hombre con seguridad y decisión, dejando lejos cualquier nerviosismo que me pudiera haber entrado. — Necesito que me ayude con un tema que no puede comentar con nadie, y deduzco que es algo que a usted se le da bastante bien, ¿me equivoco? — Eso era lo esencial en aquel tema: que no lo supiera nadie más por el momento. — Necesito descubrir más sobre el parsel, su historia y procedencia. Sé cosas que he investigado durante años pero necesito alguien experto en manejar información, como usted. Mi bisabuelo me ha hablado muy bien de usted y tengo grandes expectativas de usted, a pesar de que me gustaría que fuera lo contrario para no decepcionarme de mi decisión. — Fui todo lo clara que se me pareció en el momento. Esperaba haber sido bastante concisa en el tema. — Sé hablar pársel, no todo lo bien que quisiera, y necesito de su ayuda para mejorar. Ahí entra su recaudación de información y experiencia en la vida, algo que me resulta de lo más interesante. — Y atractivo, debía añadir, pero nuevamente era un comentario fuera del tema tratado.
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T. Hell Drexler el Dom Ago 26, 2018 7:13 pm

Solamente Hellion, o Hell, como más te guste —la corrigió cuando ella lo llamó Sr. Drexler.— No es necesaria tanta formalidad, además, el Sr. Drexler es mi padre —explicó con una sutil sonrisa.

No pudo estar más de acuerdo con la mujer cuando ésta le dijo que no perderían el tiempo con rodeos. Él había ido al grano, precisamente, porque detestaba perder el tiempo y fue un alivio ver que la rubia pensaba igual que él.

Una vez el camarero se marchó, tras su inoportuna interrupción, la joven mujer volvió al tema con mucha seguridad en sí misma y en sus palabras, actitud que gustaba a Hell. El inefable era de los que pensaba que muchas veces no había que saberlo todo, simplemente actuar como si uno lo supiese todo. La vida era cuestión actitud.

Soy inefable, la discreción es mi trabajo —afirmó con sus palabras cuando la joven Aveyard apeló por la confidencialidad del tema. No sabía a qué se debía tanto secretismo pero estaba seguro de que no tardaría en descubrirlo.

Escuchó todo lo que tuvo que decirle sin cortarla en ningún momento, haberlo hecho habría sido de mala educación, y no evitó que ambas cejas se le alzasen a medida que la joven mujer rubia se explicaba. ¿Pársel? Su sorpresa fu auténtica cuando le dijo cual era el tema con el que necesitaba ayuda.

Una sonrisa atrevida se formó en los labios de Hellion cuando la mujer le dijo, bastante claro, que ojalá no tuviese las altas expectativas que tenía sobre él.

¿Siempre eres así de sincera? —le preguntó sin quitar aquella sonrisa, de verdad que le había encantado aquella declaración. — No me considero alguien decepcionante, pero voy a tener que hablar con tu bisabuelo, me parece que me tiene en demasiada consideración —comentó preguntándose qué diablos le habría dicho el anciano mago a su bisnieta. Él no obraba milagros.— Voy a ayudarte a rebajar tus expectativas. Puedo ayudarte, pero no puedo prometerte grandes resultados. Me gustan los retos, pero hay que ser realistas.

Él siempre se proponía la excelencia en todo lo que hacía pero había límites, como por ejemplo, que no podía sacar nada de donde no había nada que sacar. Tan simple como eso.

Tienes un don excepcional, sin duda, pero que no está nada bien visto. Aunque imagino que eso ya lo sabrás —comentó lo evidente.— Pero precisamente por eso es complicado encontrar resgistros de hablantes de pársel o estudios sobre ello, nadie va pregonando por ahí que sabe hablar la lengua de las serpientes, por no decir que es una habilidad muy extraña, hereditaria de hecho. Algún antepasado tuyo tuvo esa capacidad, ¿has investigado por ahí?

Mentiría si dijera que aquel tema no le interesaba, nunca había investigado sobre el pársel, pero ahora que se le presentaba la oportunidad le parecía bastante atrayente. El propio Señor Tenebroso era capaz de hablar aquella extraña lengua. Como ya había dicho, le gustaban los retos y la hermosa rubia le había presentado uno bien interesante.
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Uriana V. Aveyard el Miér Sep 05, 2018 8:30 am

Podía notar la confianza en sus palabras, eso era algo bastante importante de notar, por la sencilla razón de que muchas veces las expresiones dicen más de lo que nosotros deseamos. Claro que dio una contestación respecto a su trabajo en la que no pude contenerme la lengua. Bueno, si podías. Sólo que no quisiste. Ya estaba molestando de nuevo. — Puede que ese sea su oficio, y seguramente eso denote su discreción. Sin embargo, prefiero asegurarme y escucharle decir que lo será. Cualquiera puede fallar en su trabajo a espalda de sus jefes. Pero me ha gusta su respuesta, mejor de lo que me esperaba. — Puntualicé al final, tampoco era cuestión de decir todo lo "malo" sin dar un punto a su favor. No estaba allí para criticarle, aunque mi exceso de sinceridad a veces, o de opiniones, pudieran provocar ese efecto en las personas. No obstante, todo parecía ir bien entre ambos. Los dos parecíamos entendernos y aquello era un punto a su favor. Encontrar alguien con quien empezar bien, conmigo, no era lo más sencillo. Los primeros encuentros siempre eran bastantes decepcionantes, pero mi bisabuelo parecía conocerme demasiado bien como para aconsejarme alguien profesional como el que tenía en frente.

Entonces escuché el comentario respecto a mi bisabuelo, el cual respondí sin mucho apuro. — Digamos que él me ha contado cosas muy interesantes de usted en una etapa de la vida de una joven donde se puede llegar a magnificar en la cabeza. La adolescencia es una etapa muy complicada. — Me encogí de hombros con una ligera sonrisa que no dejaba ver realmente mi estado de ánimo, pues aquella era la mejor defensa. Y luego llegaría su siguiente comentario al cual mi sonrisa aumentó, mordiéndome por unos segundos el labio inferior antes de volver a salir palabras por mis labios. — ¿Crees que eso me baja las expectativas sobre usted? Claro que tengo altas expectativas, pero no tantas como las que usted cree. Si le comparo con otras personas sin duda es usted el más indicado, pero no le considero un Dios y menos alguien que vaya a solucionar todos mis problemas. No se ofenda, mi medidor de expectativas es bastante exigente. Aunque usted es el que más alto a llegado por el momento. — Aquello lo dije con el afán de no "preocuparle", aunque dudaba mucho que lo fuera a hacer, pero tenía su lado positivo. Dentro de todas las personas a las que había confiado ciertas expectativas, él iba ganando. ¿Eso servía? Desconocía ese detalle.

Entonces llegaría nuestras bebidas, a lo cual cogí la copa e hice aquello que todos hacen cuando tienen el vino en sus manos. Removí, olí y di un trago para saborear. Estaba bastante rico, esperaba que el dinero fuera acorde, sino me encargaría de tener unas palabras. Y entonces, el inefable contó lo evidente, pero imaginé que era para sacar aquel tema que comenzó a comentar a continuación. Algo también obvio pero que entendía que quisiera aclarar antes de nada, para evitar malentendidos. — Tengo ciertos detalles que me contó mi bisabuelo: Samara Aveyard, mi tatarabuela, es la última Gaunt. Si conoce el apellido comprenderá por donde quiero ir. Sin embargo, ella no heredó la lengua y los que vinieron después tampoco, hasta mí. No he encontrado mucha información de los Gaunt, sólo se de donde provienen y con quien tienen relación. Necesito saber más de ellos y quizá partiendo de ese punto pueda saber el uso que le daban a la lengua pársel. Esa sería en sí la primera tarea a conseguir. — Entonces apoyé mis codos en la mesa y me acerqué un poco a él, con aire retador y confiado, no en mí sino en él. Tenía al comienzo la mirada en mi copa, pero mis ojos azules acabaron por dirigirse a los del pelinegro.

¿Cree que podrá hacer eso por mí, Hellion? — Le puse esas mirada afilada que profundizaba con el azul de mis ojos, fingí ser una mujer en apuros, como si aquella frase formara parte de un juego íntimo entre nosotros. Si íbamos a trabajar juntos en algo tan íntimo para mí, debía confiar en él hasta este punto, ¿no? Entonces pasé mi dedo indice con delicadeza por el borde mi copa, de manera distraída mientras seguía mirándole. — Quien sabe, puede que en el trayecto de este largo viaje juntos podamos.. Divertirnos. — Y aquellas palabras con aire coqueto no salieron de mí porque lo hubiera planeado, simplemente salieron junto a aquel tono de voz misterioso. Lo estaba dejando caer, pero no dejaba caer unas intenciones muy concretas. Pero aquello daba igual, que lo descubriera el mimos. A veces no estaba mal salirse un poco del esquema.
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T. Hell Drexler el Vie Oct 05, 2018 1:43 pm

¿Prefería escuchar directamente de su boca que sería discreto? Podía hacerlo, no le costaría absolutamente nada decirle a la joven rubia las palabras que parecía querer escuchar, pero no habría diversión alguna en ello. No sabía si Uriana disfrutaba sacándole punta a las palabras o si simplemente era desmesuradamente sincera, pero Hell, desde luego, era de los primeros.

Puedo hacer mal mi trabajo sin que se entere mi jefe y también puedo darte mi palabra de no revelar a nadie lo que hablemos esta noche y contárselo a cualquiera que se me antoje —razonó tranquilamente, pero con una chispa de interés en sus ojos oscuros que clavó en los azules de ella, atento a su reacción. — ¿Por qué guardar tu secreto iba a ser más importante que hacer bien mi trabajo? Al fin y al cabo, a usted no la conozco de nada —cambió el trato que le daba a uno más impersonal, hablándole de usted, para remarcar el hecho de que allí todavía no había relación de confianza alguna. — Pero está bien, si eso te deja más tranquila, tienes mi palabra. No le diré a nadie lo que hablemos.

No se había tomado las palabras de la rubia como un ataque personal, igual que tampoco se dejó llevar por el halago que le dedicó después. Probablemente no fuera el rasgo más encantador de Hellion pero su alto egocentrismo lo llevaba a sentirse muy por encima de las críticas y elogios ajenos, aunque debía reconocer que la sinceridad con la que hablaba Uriana le parecía fascinante. No solo parecía sincera sino que también era directa, una combinación explosiva.

El inefable no podía evitar mirarla con curiosidad, estaba acostumbrado a las personas directas, pero no tanto a la franqueza de la que parecía hacer gala Uriana. Claro que era imposible para él saber si realmente la rubia estaba siendo sincera o si simplemente tenía una sorprendente habilidad para sonar de esa manera, pero Drexler, que se consideraba una persona muy poco sincera, tenía la impresión de que se trataba de lo primero. Aun así, solo el tiempo le diría la verdad sobre Uriana.

Apenas la recuerdo —¿adolescencia? A él le quedaba mucho más lejos que a ella, desde luego. Estuvo lejos de ofenderse cuando la rubia le habló de sus expectativas, como bien había dicho antes, se acababan de conocer y el juicio de una desconocida no podía afectarle menos. — No me ofende, tranquila. Aunque quizá de aquí a un tiempo quieras replantearte lo de considerarme un Dios —dijo con cierto tono jocoso.

Asintió al camarero cuando les llevó las bebidas, dejando el vaso con su preciado whiskey encima de la mesa, a unos centímetros de su mano izquierda. No tuvo prisa por llevárselo a los labios, más bien centró su atención en la joven que tenía delante, observándola hacer aquel pequeño ritual antes de beber de la copa. Parecía que sus labios eran más rojos ahora de lo que eran antes de beber de aquel líquido color borgoña.

No creo que puedas averiguar cómo usaban tus antepasados la lengua pársel, dependerá de las ambiciones y objetivos que cada uno tuviese. Quizá sería mejor preguntarte para qué la quieres usar tú —habló dándole un tono interrogativo a sus palabras. Por lo poco que él había visto en su Señor Tenebroso podía decir que el pársel no era simplemente comunicarse con las serpientes, había mucho más oculto en aquella habilidad. ¿Para qué querría usarlo Uriana? Él también se lo preguntaba.

El cambio de actitud que se produjo en Uriana, y cómo ésta pronunció su nombre, causó que Hell esbozara una ladeada sonrisa. No sabía a donde quería ir a parar la rubia, pero el inefable encontraba aquella faceta mucho más entretenida e interesante, o en otras palabras, mucho más prometedora.

Si me miras así, eso y más —dijo sin desviar la mirada de sus ojos azules, aceptando aquel encargo. Había captado el juego en el tono de Uriana y lo siguió con gusto, cualquiera le seguiría el juego a una hermosa rubia, pero lo cierto era que su mirada no tuvo nada que ver con que aceptase ayudarla.

Hellion Drexler no era conocido por ser una persona altruista, de hecho consideraba aquel rasgo como un defecto, sino que le gustaba sacar provecho a las situaciones que se le presentaban y aquella no era una excepción. Estaba dispuesto a ayudar a la joven Aveyard, pero no lo hacía por buena voluntad, tarde o temprano esperaba sacar algún provecho de aquello. Claro que tampoco era un necio que revelaba sus cartas entes de tiempo.

Notó el familiar y abrasador paso del whiskey por su garganta cuando se llevó el vaso a sus labios, disfrutando de aquel primer trago.

Desde luego, esta búsqueda empieza a sonar prometedora. Aunque he de reconocer que me sorprenden tus palabras, una sorpresa positiva, por supuesto. Es solo que a juzgar por lo decidida y segura que has sonado antes no esperaba oír algo como esto —es cierto que había valorado acorde a su comportamiento que Uriana era una persona seria y responsable, pero en ningún momento había entrado en su juicio el sí a la joven le gustaría divertirse o no. Aquellas ilusorias palabras las había elegido con cuidado, esperando ver la reacción que causaban en ella. — Pocas veces me he alegrado tanto de estar equivocado.
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Uriana V. Aveyard el Miér Oct 31, 2018 10:42 pm

El hombre parecía no tomar mis palabras lo suficientemente en serio, o al menos no lo suficiente como a mi me gustase. Este no sabe de cosas divertidas, bueno, no nuestras cosas divertidas. Diría una de mis voces en mi cabeza, me habló como si fuéramos distintas. Aun así, mi atención estaba completamente en aquel hombre que tenía frente a mí, sin preocuparme en aquellas informaciones que poco me importaban. ¿Qué él podría hacer esas cosas a su jefe? Él sabía realmente a qué punto se quería jugar sus acciones. — No se preocupe, ya cuento con la posibilidad de que puede estar mintiéndome, desde el momento que ha entrado por la puerta. — Aclararía, porque no quería tampoco que el hombre se creyeran cosas que no eran. Sí, cierto era que era una de sus únicas posibilidades en aquel momento de encontrar más información sobre el pársel, pero eso no le hacía indispensable. — Escuchar a veces las palabras me ayuda a recordar mejor los momentos. — Tras eso me encogí de hombros con aquella misma sonrisa que no se borraba.

Debía admitir que me había hecho reír, no de manera exagerada, pero sí con ese toque coqueto que estaba teniendo durante aquel encuentro. Tenía un sentido del humor que compartía, aquellas cosas siempre me sacaban alguna pequeña risa, aunque fuera una pequeña. Sin embargo, tras mi trago, volveríamos al tema que realmente interesaba en aquel momento: mi lengua. Así que simplemente me concentré en aquella pregunta que me había realizado, comprendiendo el porqué del mismo. — Tengo conocido que el pársel tiene muchas utilidades mágicas, además: adoro las serpientes. Añadiendo, como es obvio, que aprovechar una habilidad tan poco común.. Puede ser algo bastante ventajoso, como divertido. Forma parte de mí, de mi vida, desde hace muchos años. Es lo que, en parte, me hizo ser como soy en la actualidad y para conocerme mejor, a mí y mis antepasados, debo conocer esa parte y comprender ésta. — Un pequeño discurso, tampoco iba a decir demasiado más para evitar que esto se convirtiese en una conversación pesada, quería que él también pasara un buen rato, si se podía claro.

Ver aquella reacción del contrario, tan agradable para mí, me hizo sentirme más segura de mí misma, elevando mi ego porque... ¿Por qué no? Mi sonrisa seguía permaneciendo coqueta, mi mirada atrevida y mis labios juguetones con aquella copa que me llevaba a los labios. Las palabras de aquel hombre, tan sólo mejoraban por momentos la situación. Siendo una deliciosa combinación con el alcohol que pasaba por mis venas. — ¿Acaso mis palabras incluso para decirle mis insinuaciones no son seguras y decididas? — Dejé la copa a un lado para apoyarme sobre la mesa hacia él, mirando por unos segundos a sus labios y dejando claro que eso hacía. Luego volvería a mirar fijamente a sus ojos, ladeando ligeramente el rostro hacia un lado. Sabía que no había aceptado aquella petición por mi parte, la de ayudarme, porque le hubiera gustado algo de mí, ni mucho menos, sabía que todo en esta vida tenía un coste, pero era un coste que pagaría gustosa. — Puedo hacer que se alegre más durante nuestros trabajos... — Pausadamente, aquellas palabras salían de mi boca con más de un sentido en la palabra "trabajos". — No me gustan los rodeos, si veo algo que me gusta, ¿por qué no ser directa? — Y entonces la sonrisa se tornó en una traviesa.

Debía admitir mi debilidad por los hombres mucho más mayores a mí, y quizá fuera un buen incentivo para el hombre el saber que había posibilidades. Ambos lo pasarían bien y eso tenía muchas ventajas, para la salud y para los resultados. — Y no le culpo al alcohol de lo que digo, se hacen falta muchas copas para lograr hacerme perder la cordura. — Entonces llevé mi mano con cuidado a la mano de él que sostenía su copa, acariciando su mano y subiendo las acaricias por su muñeca, con tranquilidad, sin apartar la mirada de él. — Y bien... ¿Qué desea a cambio? Creo que ser la bisnieta de alguien no es suficiente, ¿cierto? ¿Me permitirá negociar? — Entonces retiré la mano, pues debía ser algo no demasiado prolongado. No estaba desesperada, ni mucho menos, pero si que me gustaba tentar a mi propia suerte. Podía quemarme, como muchos decían en casos así, y si me tenía que quemar: lo haría gustosa. — Estoy dispuesta a muchas cosas si su ayuda es efectiva y consigo más información de algo tan escondido.
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T. Hell Drexler el Vie Nov 16, 2018 2:11 pm

Hellion sonrió ladinamente cuando le dijo que contaba con la posibilidad de que estuviera mintiéndole, ciertamente el de mentiroso era un adjetivo que le iba bastante bien. Había escondido durante un buen número de años el que era un mortífago, y ciertamente era perfectamente capaz de revelar todo cuanto Uriana le contara si con ello conseguía sacar algún beneficio propio mayor que el que pudiera darle el ayudarla. Si algo se le daba bien a Drexler era mirar por él mismo.

Asintió brevemente cuando le explicó sus motivos para querer adentrarse más en el aprendizaje de la lengua pársel, más no hizo ningún otro comentario o juicio sobre el tema. Él le había preguntado indirectamente para qué querría utilizar su don, pero no esperaba que le respondiera de la manera en que lo hizo porque, probablemente, de haber sido él a quien le hubiesen lanzado la interrogativa se habría limitado a contestar: porque puedo. Eso era lo realmente importante para él, no había más motivo para querer desarrollar un don que por el simple hecho de poseerlo.

Eso es algo que compartimos —corroboró cuando le dijo que no le gustaban los rodeos. Desde luego la actitud que estaba mostrando se adecuaba a las palabras que había utilizado, segura y decidida. — Pero también creo que la paciencia es una virtud —y de aquello podía estar seguro, pues sabía por experiencia propia que la victoria que más se disfruta es la que lleva más tiempo alcanzar.

No pasó por alto el doble sentido en sus palabras, no era un quinceañero que se perdía en las indirectas, pero prefirió dejar las palabras en el aire, ¿qué más se podía añadir a aquello? Tampoco le fueron desapercibidas las miradas que le daba, descaradas hasta cierto punto, y que lo hicieron devolverle una sonrisa sin ningún tipo de vergüenza.

Durante sus años de casado había sido completamente fiel a su esposa pero, desde el “fallecimiento” de ésta, había vuelto a entrar en el mundo de la soltería y si bien no era tan promiscuo como antes de conocer a Luce, tampoco era un santo. Desvió entonces su mirada hacía la suave y pequeña mano de la joven que había empezado a acariciar la suya, como si estuviera firmando con sus dedos promesas veladas, y luego la subió de nuevos a los claros ojos de Uriana, mirándola con una ceja alzada y media sonrisa.

Sería preocupante que un par de sorbos a una copa de vino te hicieran perder la cordura, ¿no crees? —comentó sin apartar la mirada de la de ella, ni siquiera cuando dejó de sentir el roce de sus dedos en su muñeca. Sin embargo, el fugaz pensamiento que había tenido de su mujer había hecho que sus ánimos cayesen considerablemente y, por más seductora que fuera la actitud de la mujer que tenía en frente, no dejó que le nublase el juicio en cuanto a asuntos de negocios se refiere. — Me alegra oírlo, de verdad. Todo tiene un precio en esta vida, y a mí no me gustan las cosas baratas —comentó refiriéndose, sin duda, a que su trabajo tendría un alto coste. Un coste que se cobraría cuando lo necesitase, ni más ni menos. Algún día Drexler les pediría un favor a los Aveyard, y entonces no podrían negarse. Eso es lo que él quería. — Sin embargo, me temo que me reservo mis deseos para más adelante, no considero muy inteligente revelar mis cartas antes de tiempo.

Ahora que la mano de Uriana no rozaba la suya, se llevó la copa de whisky a los labios para darle otro trago, apurándola casi hasta terminarla. Apenas le quedaba para otro trago.

Yo también aguanto bien el alcohol —comentó refiriéndose a su anterior comentario, para luego volver al tema que los ocupaba. — Tu familia es muy importante, seguro que no será un problema para vosotros —dijo ignorando si cuando llegase el momento sería un problema o no para los Aveyard. Lo cierto es que no le importaba.

El calor del whisky empezaba a pasarle factura a Hellion, o quizá fuera el ambiente que se había creado en aquel pequeño reservado, pero fuese como fuese el inefable se quitó la chaqueta y se arremangó la camisa, dejando a la vista lo que por tantos años había estado prohibido llevar y que ahora podía enseñar con orgullo: la marca tenebrosa.

Si me permites un pequeño consejo, yo aprendí a escribir escribiendo —dijo lo más obvio del mundo. — Lo que quiero decir es que si quieres mejorar con el pársel, además de estudiarlo de la información que yo te pueda conseguir, deberías hablarlo. No conmigo obviamente, por más que muchos se empeñen en decir que tengo veneno en las venas lo cierto es que no te entendería —bromeó. — ¿Tienes serpientes en casa?
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Uriana V. Aveyard el Vie Nov 16, 2018 3:49 pm

Había algo en aquel hombre que me resultaba verdaderamente atrayente, ¿o es que quizá simplemente los hombres adultos y tan complejos me gustaban? Fuera como fuese, aquel hombre correspondía de igual modo, quizá más discreto, pero no menos directo. Lo cierto, es que tenía toda mi atención capturada con facilidad. Simplemente se dejó llevar en la conversación y escuchó aquello que tenía por decirle. Admitía que estar "contenta" por una mísera copa de vino: sería realmente preocupante. — Pues si, pero igualmente los retos son divertidos. — Había tantos retos en la vida que eran tan atrayentes. ¿Y si era ese el motivo de tener tanta curiosidad por saber lo que realmente escondía aquel hombre? Podía recordar cuando era joven y había coincidido en charlas con este mismo hombre, yo era realmente joven comparada con él, pero no le veía problema alguno. Además, se veía maduro y con muchas experiencias de las que aprender, muchos secretos y misterios que conocer de él. Suspiré lentamente, como nostálgica, recordando aquellos pensamientos utópicos de él. Muchos rotos y otros sin embargo: mejorados.

Está bien, no veo nada por lo que negarme. Las cosas fáciles de conseguir son de dudosa fiabilidad. — Me recogí entonces dos mechones de cabello atrás, con una pequeña gomilla, con la intención de tener realmente el rostro despejado. —Aunque no puedo evitar tener curiosidad por saber cuales son esos deseos que te quieres guardar. — Y otra vez llevé aquella bebida carmesí a mis labios para degustarlo, acabando así con la mitad del mismo, sintiendo como bajaba y me embriagaba con aquel sabor de desear ma´s de aquello. ¿Aquello que era? Muchas cosas al mismo tiempo. — No, no será un problema. Aunque si es algo que no tenga que pedir al resto de familiares: mejor. No me gusta tener mucho contacto con ellos, aunque esta información carezca de importancia para ti, quizá. — Se encogió de hombros, realmente no le importaba. Muchos ya sabían lo poco que le gustaba tratar con esa familia que le había rechazado por su condición. Aún podía recordar cómo le habían tratado cuando descubrieron lo suyo, cómo lo difundieron como si fuera una leprosa, obligándole a separarse de sus amistades del momento. Muchas decisiones fueron condicionado a eso.

El tema de conversación cambió a de un "sobre nosotros", y nuestros juegos, a otra vez el tema al que habíamos venido hablar y, debía admitir, que lo agradecía. Sabía que en ocasiones era muy directa e, incluso, alguien que tomaba lo que quería por su propia mano. Si le añadías los impulsos que alimentaba el alcohol, una señorita como yo debía comportarse. Y sí, tenía razón con lo referido a hablar mediante mi don, pero no todo era tan sencillo. —Lo cierto es que no es como hablar un idioma distinto al natal, al principio lo haces sin darte cuenta. No eres consciente de que lo hablas, al principio. Claro que ahora es distinto y lo hablo siempre que tengo ocasión pero no... No tengo una serpiente. Resulta complicado encontrar una buena compañera, sobretodo cuando puedo hablar con ellas antes de llevármelas a casa... — Me encogí de hombros, sin saber realmente bien que hacer con ese tema. — Pero no sólo es hablarlo, sino saber cómo utilizarlo. Seguro que tiene que hay algo para lo que utilizar, una utilidad. — Me quedé observando por unos momentos la copa que tenía en mi mano, mojé mis labios y la dejé sobre la mesa, relamiendo me la comisura, porque se me había quedado una gota. Mirándole fijamente, de nuevo, a los ojos. — Aun así, me encantan las serpientes... — Comentaría de nuevo, fijándome en la marca y acercando mi mano con curiosidad al mismo tatuaje, acariciando su antebrazo de aquel modo. Lentamente. — ¿Quieres otra copa? Creo que no te queda mucho ya en el vaso... — Seguiría la acaricia de su antebrazo hacia la palma de la mano de él, tan varonil. Acariciando dicha palma con delicadeza sin apartar la mirada de él. — ¿Alguna vez te imaginaste en una situación así?
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T. Hell Drexler el Miér Nov 21, 2018 3:42 pm

Por supuesto que Uriana quería saber cuáles eran sus verdaderos deseos, o intenciones mejor dicho, con respecto a cobrarse aquel favor, pero Drexler se mantenía en sus trece y no diría nada. Más que nada porque no tenía nada qué decir, solamente le gustaba tener aquella carta bajo la manga por si algún día la necesitaba, tan sencillo como eso.

No te lo tomes a mal, Uriana, pero si he venido esta noche y he accedido a hacerte este pequeño favor no es por la carta que tú me enviaste, sino por la que me envió tu abuelo —dijo sinceramente. Al fin y al cabo la rubia todavía era demasiado joven y carecía de la importancia que había adquirido su bisabuelo con el paso de los años. Quizá para cuando se quisiese cobrar el favor la mujer estaba en la posición oportuna para complacerlo, pero de no ser así acudiría directamente al Aveyard que le había pedido que ayudase a su bisnieta. — Lo que quiero decir es que, si llegado el momento, tú no estás en posición de devolverme el favor, no tendré en problema en acudir directamente a tu bisabuelo.

O a cualquier otro miembro de su familia, pero teniendo en cuenta el dato que le acababa de dar sobre que no tenía mucho contacto con ellos, prefería asegurarse la baza de su bisabuelo además de la suya. Cuando se trataba de asuntos serios, que pudieran repercutirle para bien o para mal en el futuro, Hell no vacilaba en ser claro y no dejarse llevarse por unos bonitos ojos azules.

Escuchó con atención todo lo que Uriana le contó sobre el pársel, porque le parecía interesante, y al fin y al cabo, él no era ningún experto en la materia.

Sé a lo que te refieres —dijo cuando la rubia le comentó que quería saber utilizarlo. Lord Voldemort hablaba pársel y aunque no era mucho lo que Drexler había visto, sabía que aquella extraña habilidad englobaba más que el simple hecho de ser capaz de hablar con serpientes. — Pero quizá sería una buena forma de ir indagando, experimentando por decirlo de alguna manera —opinó, más no insistió más en el tema, al fin y al cabo era cosa de Uriana como gestionar su habilidad.

Volvió a sentir los dedos de la joven, esta vez sobre su antebrazo, más concretamente sobre la marca que lo identificaba como mortífago, y como éstos fueron bajando hasta su palma.

Si te refieres al hecho de tener a una mujer joven y rubia acariciándome de manera insinuante, te diré que no es la primera vez que me pasa —respondió a su última pregunta con un tono ciertamente petulante, pero sin tener del todo claro a qué se estaba refiriendo la joven Aveyard. — Y si no, no tengo ni idea de a qué te estás refiriendo. Así que, ilumíname por favor.

Apartó su mano sin brusquedad del toque de Uriana para levantar el brazo y así llamar la atención del camarero, que se acercó en cuanto vio el gesto, y así poder pedir otra ronda de lo mismo.
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Uriana V. Aveyard el Jue Nov 22, 2018 7:34 pm

Sabía perfectamente del peso que tenía sus palabras, ¿quién iba a tomar en serio a una mujer de veintisiete años? Comparándose con aquel hombre, en cuanto a edad y porte. La joven no tenía problema en las palabras que debía aquel que en frente tenía, sabía perfectamente que era lógico que acudiera antes a su abuelo: hasta ella misma lo había hecho. Negar el hecho sería de hipócrita, de su parte. Igualmente, dado a que la rubia era realmente una persona que adoraba las cosas directas: agradecía aquellos comentarios de él. Le ayudaba a comprender mejor su forma de pensar. « No es un hombre tan sencillo como los demás, Uriana. » Y entonces tuvo que hablar la genia de su cabeza, y no rodó los ojos porque estaban concentradas en él. « ¿No serás tú una maldita omnisciente? Ya me estoy dando cuenta de eso ». Respondió la otra de sus voces, cuando realmente habían estado un buen rato callados. Todo esto mientras "la original" permanecía intentando enterarse de aquello que el castaño quería explicarle, o simplemente enseñarle. — No te preocupes, es comprensible. Está claro que no tengo los años recorridos de mi bisabuelo, y no poseo aun sus influencias. Lo extraño sería que recurrieras a mí en primer caso. No puedo rebatir eso.

Entonces vendría la parte dolorosa, o quizá la que le molestaría. Obviando la parte de hablar sobre mantener conversaciones con serpientes, o hacer algo más con aquella habilidad, estaba el tema de: "tener a una mujer joven y rubia acariciándome de manera insinuante". « Este hombre me cae bien, es tan hiriente... ». Aquella voz resonaría en su cabeza como una punzada, junto el brazo que retiraba él, haciendo que las manos permanecieran juntas sobre sus rodillas, de sus piernas cruzadas, y luego daría su último trago antes de pedir otro vino más, uno distinto por probar. Claramente aquello le había molestado, de alguna manera. Tal vez por la parte de no ser "especial", pero no por ser especial para él. Apenas le había conocido. Simplemente era esa pequeña obsesión de ella de sentirse de aquel modo. Carencias del pasado, se podían llamar. — Sería estúpido de mi parte pretender ser la primera mujer que te pone la mano encima, no soy una joven ingenua. — Diría, a modo de negar que aquel era el tema a tratar. — Me refiero a si alguna vez te has planteado hablar o buscar sobre este tema, si alguna vez te interesaste por el mismo. — Intentaría explicar, y de mismo modo olvidarse de aquella punzada que sintió su corazconcito por parte de una antigua, o incluso aún actual, admiración.

Para mi es un tema común de hablar, llevo con ello desde que casi entré a la escuela mágica, para mí es algo normal de hablar pero... Quiero conocer desde el otro punto de vista, en este caso: el tuyo. — Uriana era bastante curiosa, en muchos asuntos, pero aunque no lo pareciese: le servía para aprender sobre cómo se ve desde el punto de vista de otros. A lo mejor en otros países se veían de otro modo. Todo era cuestión de preguntar, aunque ella tampoco se lo iba a preguntar a cualquiera. Cosa que no implicaba que tuviera especial confianza en quien tenía delante, pero su bisabuelo sí por algún motivo. Fue entonces que decidió acariciarse el brazo con las uñas, con cuidado y de manera distraída, como un gesto simplemente que era como una especie de brazos cruzados. Aun seguía dándole vueltas a lo de una mujer rubia y joven, pues había sido reciente, y sin duda le había cortado un poco todo el "ambiente", aunque no hubiera ninguno. Como decían los jóvenes: "le había cortado un poco el rollo". Sin embargo, poco a poco le dio menos importancia. Sólo eran dos desconocidos tomando unas copas y conociéndose mientras hacían negocios. « No seas imbécil, ¿te vas a dejar espantar por eso? Tú diviértete como te de la gana. "Una joven rubia" no eres tú, tú eres más que eso. Sólo que los demás no lo saben aún ». Su propia voz, la que siempre estaba molestando, esta vez era la que le animaba. Sólo entonces, dejó de pensar en eso y se dedicó enteramente en escuchar la respuesta.
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T. Hell Drexler Ayer a las 9:35 pm

Asintió brevemente cuando Uriana pareció comprender lo que había dicho momentos antes, que en caso de necesitar algo no sería ella la primera Aveyard a la que acudiría. No mentiría, Drexler se sorprendió de que se tomase tan bien, al menos en apariencia, e incluso se mostrase de acuerdo con sus anteriores palabras. Perfectamente Uriana podría haberse llevado aquello al terreno personal y haberse sentido atacada, pero lejos de aquello hizo un razonamiento bastante lógico que Hellion aprobó en silencio.

Desde luego, sería estúpido por su parte pensar que era la primera mujer que le ponía la mano encima, como bien acababa de decir ella misma. Es decir, saltaba a la vista que Hell no era un adolescente puberto, de hecho hacía ya bastantes años que había dejado atrás aquella etapa de su vida, así que debía resultar muy fácil deducir que no era la primera mujer que se le insinuaba. No hacía falta que lo conociese bien en ese aspecto de su vida, si era o seguía siendo un mujeriego, simplemente era pura estadística.

No supo a ciencia cierta si aquello había molestado a Uriana o no, indudablemente su lenguaje corporal había cambiado y por sus siguientes palabras parecía más cautelosa que momentos antes, pero aun así Hell no dedicó demasiado tiempo a pensar sobre ello. Rara vez el hombre se detenía a medir las consecuencias de sus palabras, no se preocupaba por el daño que pudiera hacer porque tenía mejores cosas en las que enfocarse y, además, le parecía una tontería puesto que no estaba dispuesto a disculparse. De modo que se limitó a contestar la cuestión que le acababa de plantear Uriana.

No, no es un tema que me haya interesado antes —contestó diciendo la verdad. — Sabía de su existencia, evidentemente, ¿quién no? Pero no es un tema que suela salir en la sobre mesa como para tratar de averiguar más sobre ello —entre los propios magos hablar pársel no estaba bien visto, era como si te señalasen con el dedo mientras gritaban ‘mago tenebroso’ aunque a Hell aquello no le importaba, de lo contrario no le habría jurado lealtad a uno. — Los hablantes de pársel son escasos y dada la connotación que tiene el ser capaz de hablar con las serpientes, me imagino que los que han heredado la habilidad no suelen hacerlo público. Pero los tiempos cambian e Inglaterra es un claro ejemplo de ello, un par de años atrás me habría metido en Azkaban solo por arremangarme la camisa —comentó encogiéndose de hombros. Muchos mortífagos habían estado en la prisión mágica durante muchos años hasta que fueron liberados cuando Lord Voldemort tomó el poder, afortunadamente Hell supo mantener su fachada durante todos esos años. — Lo que quiero decir, es que quizá dentro de unos años, tu habilidad ya no esté tan mal vista y puedas investigar abiertamente sobre ello.

Desconocía cuales eran los ideales de Uriana, pero no le importó a la hora de hablar. Inglaterra era un país donde ahora se perseguía y encerraba a los nacidos de muggle, apoyarlos se consideraba traición y los traidores corrían la misma suerte merecida, por lo que si Uriana opinaba de distinta manera, lo más inteligente sería callar. Hellion, sin embargo, ya había fingido los suficientes años como para seguir haciéndolo.
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