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Let's go to the beach [Priv. Beatrice A. Bennington & S. Rox Jensen]

Laith Gauthier el Dom Jun 10, 2018 10:44 pm


Has creado el grupo “¿Necesitamos vacaciones?”
Añadiste a Gemela/Novia.
Añadiste a Ma Belle.

¿Mis amores?
Lo he estado pensando y…
Vámonos de vacaciones.
Por favor.
A donde sea.
Roxanne y yo podemos ayudar a Beatrice a pagarlo.
Ella nos pagará cocinando.
¿Sí?
Creo que necesitamos desconectar, después de todo lo que ha estado pasando.
A la playa.
Yo hago las reservaciones, sólo díganme que sí.

Junio 14, 2018.
Tulúm, México.
Soleado, algunas nubes, 27ºC.

Él decía “rana” y ellas saltaban, así de fácil, así de sencillo. Así es como se montaron en un avión con dirección a América, pues ahí parecía ser el destino turístico por excelencia de Beatrice y Laith después de su aventura en Las Vegas. Esta vez había seleccionado una playa preciosa a la que alguna vez fue cuando estudiante de colegio, con sus respectivas anécdotas que prefería guardarse con sus acompañantes. Vestido de forma casual se encontraba listo para la aventura en la playa junto con sus amigas, colocándose unos lentes de sol.

Habían hartado al conductor del coche que les llevó en dirección a su hotel, aunque éste también formó parte de la charla comentando sitios dónde ir, cosas que explorar, una conversación en inglés fluido. Quizá era lo bueno de aquel lugar, que por su alto turismo internacional encontrar a alguien que hablase inglés no era precisamente complicado. Las palmeras y el cálido aroma a sal conforme se acercaban a la zona hotelera eran maravillosas, ya les hacía falta un tiempo para ellos mismos lejos de todo el mundo que conocían. Laith tendía a eso: a abrir las alas y alejarse de todo como una especie de terapia que por algún motivo siempre le salía de maravilla.

Lo primero que tenemos que hacer es encontrar dónde comprar tequila, aunque hay barra libre en el hotel —sí, él siempre pensaba en el tequila primero. — Esa es la regla número uno —el tequila. — La regla número dos es que no se puede llevar tipos a la habitación sin permiso de los demás —y en eso iba él también incluido, por supuesto, recargado en Roxanne mientras iban todavía en el coche, poniendo las reglas de convivencia básica. — Número tres: no me meto al agua, y si me meto Beatrice tiene que rescatarme para que no me ahogue —iba alzando sus dedos conforme daba instrucciones. — Y regla número cuatro…

No alcanzó a decir la cuarta regla cuando se detuvieron finalmente, un hotel precioso para el presupuesto que habían juntado para ese viaje. Era espacioso, y tenía detrás un sitio con una piscina, jacuzzis y un bar al aire libre techado con hoja de palma, mismo donde seguramente Laith había dicho encontrarían las bebidas a su disposición. Y más allá todavía de eso, estaba la arena preciosa y el mar cristalino. Ya que la reservación estaba a su nombre, fue Laith quien se acercó a la recepción a pedir su llave y terminar los registros que había comenzado en línea. Estaban tan cerca de un fin de semana para ellos solos.

Sólo tenemos dos llaves —advirtió, — esta es mía, ustedes compartan esa, y por ustedes compartan me refiero a por lo que más quieran no la pierdan —dijo dándoles una de las llaves. Eran de lo más novedosas, tarjetas electrónicas que se introducían a un mecanismo en la puerta que al accionarse permitía abrir. — Nos subirán las maletas, vamos a acomodar todo, por trajes de baño y a investigar de dónde sacar tequila de aquí —era el guía del hotel, al parecer, mientras caminaba al ascensor.

La habitación tenía un balcón con vista al mar, un par de sillas y una mesita donde se podía fumar. Por otro lado, tenía una cocina pequeña, un comedor igual de pequeño, una televisión y dos camas matrimoniales. Porque dos bastaban, estaba seguro que podía colarse en la cama de cualquiera de ellas, y todos repartidos podrían dormir en paz, en caso de querer hacerlo. Y no se hable del baño, un baño de hecho amplio y con tina. Recibieron sus maletas del botones, dándole una propina moderada antes de cerrar. El trayecto había sido largo, pero valió la pena.
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Beatrice A. Bennington el Lun Jun 11, 2018 4:40 am

Hace tiempo en que había vuelto a su hogar con Gwen. Porque eso era, un hogar. ¡Y ahora viene Laith, con sus super planes a sacarla otra vez! No se quejaba, de hecho, estaba bastante feliz. ¿Quién no sería feliz con la palabra “vacaciones”? Y si bien aun no había superado por completo el encierro de Steven, porque vamos, era bastante difícil, lo estaba llevando como podía e intentaba, de a poco, ir volviendo a ser la misma chica que antes. Una misión imposible, que ella debía hacer posible.

Y así fue como luego de charlar con Line, haciéndole entender que estaría segura, porque iba con dos personas preciosas, termino subiendo a un avión junto a Laith y Rox, no sin antes agradecerle al primero por el favor hecho a Gwen, por supuesto. El viaje fue divertido. Aunque no para el que iba sentado delante de ella, claro. Porque Bee tiene costumbres y una de ellas, había sido molestar a aquella persona todo el viaje. Merlín, se había sentido tan mala, pero no había podido evitarlo. Era como esas niñas molestas de película. Esas a la que le dices basta, pero sigue y sigue, hasta agotar la paciencia.

Su vestuario había sido apto para la ocasión al menos, porque aun si no había tanto sol, calor si, y bastante. El coche al que habían subido había sido totalmente el indicado, porque vamos, el tipo hablaba inglés bastante bien. ¿Y a qué no adivinan que fue lo primero sobre lo que pregunto la rubia mayor? Si. La ubicación de los mejores restaurantes. ¡No había podido evitarlo! A veces pensaba que vivía por y para su estómago.

Beatrice observo por la ventana, sintiéndose en el paraíso. El lugar era tan hermoso y lucia tan pacifico. Deseo quedarse para siempre, bronceándose en la playa mientras se deleitaba con los tragos, el paisaje y por supuesto, con los chicos guapos. Iba a disfrutar lo más que pudiera aquellas mini vacaciones.

━ ¡Espera! ━ En su voz había urgencia, mientras enseñaba su palma en un claro signo de “Stop” ━ No me ha quedado claro la regla uno. ¿Era tequila o Vodka? ━ Termino por decir, fingiendo seriedad, antes de reír. ━ Vale, primero iremos a abastecernos de tequila entonces. Será divertido si salimos con más de diez botellas de la tienda. ━ Podía imaginarse a cara del que los atendiera y todo.

Y entonces apareció el tema de Laith con el agua. ¡Ella quería ser salvavidas!

Fue la primera en bajarse del coche cuando llegaron al hotel, porque vamos, era precioso. Toda unas vacaciones soñadas, en especial para ella, que por su condición como fugitiva ya no podía viajar tanto y veía todas esas oportunidades como algo único. ¿Y saben lo emocionante que es viajar con amigos a lugares tan lejanos y especiales? Estaba segura de que volvería a su hogar con experiencias sumamente divertidas.

━Espero no me manosees si duermes conmigo ━ Le “advirtió” a su amiga, con una sonrisa. Era tan bonito volver a verla luego de tantos meses. ¡Y se veía toda guapa con el cabello rubio! De hecho, lo primero que había hecho al verla, fue toquetear su cabello por todos lados. Hasta le había mencionado a Laith que también debería volver a ser rubio.

La llave que les correspondía, quedo en poder de Rox por obvias razones. Sabía que podía cuidarla correctamente después de todo, no como ella, que de seguro la perdería a los cinco minutos.

━ Al pasar vi un par de tiendas enormes, ¿por qué no comenzamos con ellas? ━ Ofreció, dejando su maleta sobre la cama para comenzar la búsqueda de su traje de baño. Una misión casi imposible, considerando que tenía un montón de cosas, y todas revueltas. ¿Eso era un tenedor? ━ ¿Alguno sabe español? ━ Consulto, por curiosidad. Porque ella solo sabía saludar y preguntar por el baño. Lo más importante, siempre.
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S. Rox Jensen el Miér Jun 13, 2018 7:40 pm

Sí. ¿Acaso había otra respuesta posible? La francesa había ido mejorando poco a poco con la tecnología muggle, lo suficiente como para saber que cuando su móvil comenzó a vibrar significaba que alguien estaba intentando contactarla. Se llevó una sorpresa al ver el nuevo chat al que había sido añadida, pero no pudo quedar más encantada. ¡Vacaciones!

Roxanne prácticamente se había olvidado de lo que era pasar calor de verdad, por lo que cuando se bajó del avión, en el que se había quedado completamente dormida sobre el hombro de Laith, no pudo evitar sentir que se derretía. En aquellos momentos se alegraba de llevar ropa ligera, el tiempo en México no podía ser más distinto al de Londres. Punto a favor de México. No es que le disgustase el clima londinense, pero una tenía un límite en cuanto a días nublados y lluviosos se refiere.

En el taxi se hizo evidente algo que Roxanne ya sabía de sobra, ella era la antipática de los tres. Pensamiento que le causó muchísima gracia, por cierto. Con sus amigos se dejaba llevar completamente, hacía locuras, se reía hasta que le caían lágrimas y dolía el estómago, hacía bromas… pero en lo que se refiere a otras personas, en fin, esa era otra historia. Fueron Laith y Bea los encargados de conversar con el taxista mientras ella miraba por la ventana y soltaba algún que otro comentario puntual. Además, cuando ya habían dos personas sociables en el grupo, ¿para qué esforzarse ella también?

La regla número cuatro es que si nos metemos juntos en el agua Bee debe rescatarme a mi primero —terminó la frase de su amiga sin ocultar una sonrisa traviesa. ¡Es que ella tampoco sabía nadar! Además hacía poco que había visto la película Tiburón y el mar le parecía mucho más amenazante ahora que nunca antes.

Había escuchado todas las reglas de Laith y, desde luego, Rox estaba más que preparada para el tequila.

¡Yo quiero probar una de esas botellas de tequila con un gusano dentro! —exclamó emocionada. Había visto esas botellas por la tele y de verdad que se moría por probarlas. ¿Sabrían muy distinto de las normales?

Nada más bajarse del taxi el olor a mar inundó las fosas nasales de la rubia, que inspiró profundamente. Podía darle miedo el agua, pero el olor a mar y el sonido de las olas era de lo mejor que había en el mundo. El hotel la dejó sin palabras, desde luego Laith se lo había currado mucho.

La francesa no pudo evitar sonreír y poner los ojos en blanco mientras Laith les pedía que, por favor, no perdiesen la llave. Aunque quizá la palabra llave no fuese la más adecuada, pensó Rox mientras la examinaba como si fuese el objeto más extraño que hubiese visto jamás. Definitivamente aquello no se parecía en nada a una llave.

¿Un alohomora servirá para abrir estas puertas? Por si acaso se pierde…—preguntó mientras se guardaba la “llave”, por si las moscas sería mejor que la pusiese a buen recaudo. — Es broma, es broma. La mantendré alejada de Beatrice, lo prometo —dijo riéndose.

Lo primero que hizo Rox cuando llegaron a su habitación fue tirarse en plancha a una de las camas. La habitación era perfecta por lo que había podido ver antes de caer como un cuerpo muerto en la cama, realmente Laith había hecho un trabajo impecable, debían encontrar la forma de recompensárselo.

No puedo prometer nada, me pongo traviesa por las noches —bromeó cuando su amiga la advirtió, aunque no parecía ir muy en serio. No había lugar para la seriedad en aquel viaje. — Tú puedes hacerme lo que quieras, a no ser que esté dormida… Bueno, aun así puedes,  simplemente no me despiertes —se carcajeó mientras hacía un movimiento con su trasero, que estuvo lejos de quedar provocativo debido a que seguía tirada boca abajo en la cama.

Estamos en México no puede ser muy difícil encontrar un sitio donde vendan tequila, ¿no? —habló sin moverse un milímetro de su posición de muerta en la cama. — También podemos ir al bar del hotel primero, tomarnos unos chupitos para ir entrando en calor y preguntarle al atractivo camarero por alguna tienda que quede cerca —porque sí, el camarero iba a ser atractivo por el simple hecho de que estaban de vacaciones y se lo merecían. — Le regalo mi primogénito al que busque mi bikini y me lo ponga —murmuró con la cara aplastada contra el colchón.

Finalmente dejó de holgazanear y se levantó para ir a buscar su maleta, donde había metido un montón de bikinis y bañadores, además de ropa de fiesta para la noche. ¡Estaban de vacaciones! Adiós a la bata de San Mungo y a la ropa seria y monótona del día a día.

Yo salí una vez con un español —comentó mientras sacaba uno de los bikinis al azar y comenzaba a desvertirse allí mismo, sin pudor alguno. Roxanne cuando cogía confianza era terrible, y pocas personas había a las que le tuviera tanta confianza como aquel par. — Pero lo único que sé decir es hijo de puta y estoy cachonda—dijo encogiéndose de hombros y con un pésimo acento y una peor todavía pronunciación, para luego decirles lo que significaba en inglés. — No creo que nos sirva de mucho, a no ser que nos metamos en alguna pelea de bar —se lo pensó unos segundos para añadir: — Nada de peleas de bar, por favor.
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Laith Gauthier el Jue Jun 14, 2018 5:12 am

Beatrice lo detuvo de repente mientras iba poniendo las reglas de convivencia básica, preguntando sobre la regla uno. Chasqueó los dedos señalándola. — Tequila, siempre tequila —respondió rápidamente, como si la duda fuera en serio y de verdad pudiese confundir aquellos dos alcoholes. — Ya nos estoy imaginando jugando verdad o reto en la playa con chupitos —dio una idea. Roxanne puso la cuarta regla: salvarla a ella primero si se ahogaba. Menudo par que iba a la playa sin saber nadar. — ¿Con un gusano dentro? Eres asquerosa —se burló graciosamente de ella, porque a él no le apetecía mucho a pesar de que sabía que si se presentaba la oportunidad no iba a rechazarla.

Básicamente porque así era Laith, le encantaba la cultura y las tendencias de una sociedad lejana. Lo había vivido en Estados Unidos, en Inglaterra, en Francia, en África y en todos los lugares que hubiese pisado. Incluso en algunas vacaciones en México cuando era adolescente con su grupo de amigos, lo que lo hizo sonreír divertido. Se alejó de aquel par para ir a terminar papeleo y el resto de cosas, y además les pusieron unos brazaletes plásticos como reconocimiento de su estadía en el hotel. Más o menos porque sin esos brazaletes no tenían acceso a las instalaciones.

Si se pierde la llave, las dejo como garantía y me devuelvo yo solo —las amenazó, pero no era nada amenazante con esa gran sonrisa que tenía en los labios. Al hombre del grupo le gustaba el lujo y lo fino, y en el hotel se mostraban ambas cualidades con un excelente rastreo de ofertas para no quedarse pobres en el proceso. En cuanto despachó al botones, Laith procedió a tirarse encima de Roxanne sobre la cama. — Creo que al final no fue buena idea pedir dos camas, pudimos dormir los tres en una sola —se burló con una sonrisa, restregando cariñoso su mejilla contra la de la sanadora.

Laith soltó una carcajada escuchando a las chicas hablar sobre el tequila, y que la francesa asegurase que el camarero iba a ser guapo sólo porque esas eran sus vacaciones y ellos merecían ver camareros guapos. Cuando la dejó tranquila, levantándose, fue a su sitio favorito en toda la habitación: el balcón para fumadores. Podían verse las olas chocar contra la arena, algunos juegos acuáticos a los que ni muerto iba a subirse y la parte trasera del hotel.

No quiero a tu primogénito, vístete sola —le dijo travieso. — Esas nos van a servir —apuntó respecto a las palabras en español que ella conocía. — Yo alguna vez me he acostado con hispanohablantes, pero… estoy seguro que nada de lo que sé decir realmente nos sirva —la sonrisita que se coló a sus labios lo decía todo. — También sé la de Despacito, ¿crees que algo de esa canción nos sirva? Si llego y les digo… ¿“Muéstrame el camino que yo voy”? —su español tampoco era bueno, y eso concluyó en otra risa.

La maleta de Laith tenía un hechizo extensor, de modo que tenía ropa para toda ocasión, ya que al menos un día pretendía convencer al par de ir a alguna discoteca a divertirse. Tomó un bañador rojo que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas y, tal y como Roxanne lo hizo, les dio la espalda y se cambió justo donde se encontraba. Porque la confianza no era bonita ni agradable, pero sí más cómoda. Se colocó una camiseta de tirantes y unas sandalias. Además de eso, tomó el protector solar y se aproximó a Roxanne para empezar a extenderlo por su cuerpo.

Soy novio de ambas siempre y cuando haya un pesado fastidiándolas, ¿vale? —les dijo. — Si no hay nadie molestando todos somos libres y solteros —sonrió encantador, dispuesto a sacrificar su homosexualidad para cuidar de las dos. Se colocó el protector solar y se llenó los bolsillos: teléfono móvil, cigarros, encendedor, llave y… — ¿Alguna va a llevar bolso? ¿Piensan llevar las varitas? —les preguntó para saber si la dejaba en la habitación o la llevaba con él.

Cuando estuvieron todos listos, salieron de la habitación y se dirigieron hacia el primer piso, tomando el elevador. Laith entretanto iba molestando a las chicas, tirando de los tirantes de sus bikinis y dándoles pequeños golpecitos con el elástico de los mismos, con el mero propósito de fastidiar un poco, colocándose los lentes de sol en la cara preparado para divertirse.
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Beatrice A. Bennington el Sáb Jun 23, 2018 8:39 am

Al parecer, era la única que sabía nadar del grupo. ¡Y mira que más que nada habían ido por las playas! Que gracia le hacía, porque si alguien le preguntaba, tampoco era la mejor en eso, pero vale, al menos sabía un poco y ese poco la ayudaría a no terminar ahogada. Solo esperaba no tener que darles clase de natación o algo, porque como maestra se moría de hambre.

━ Morirías sin nosotras, Gauthier. ━ Comento divertida, lanzándose sobre sus dos sanadores favoritos en el mundo, reclamando amor. Se extendió sobre ellos, como si no estuvieran y la cama fuera solo de ella, antes de volver a su misión: Encontrar su traje de baño. Estaba resultando imposible, pero se negaba a usar el accio. ¿Por qué? Porque no quería y ya. No tenía nada que ver con el hecho de que su varita de seguro se encontraba en el mismo bolso, escondida. Le encantaba jugar a las escondidas.

━ ¡Apoyo la idea de ir a beber chupitos! ━ Porque amaba los chupitos, con locura. Aunque bueno, ella adoraba más que nada beber con amigos. Era divertido, porque si ya tenían lengua suelta y personalidades que no conocían la vergüenza, cuando bebían parecía ser el doble, si es que eso era posible. ━ ¡Oye! La de despacito puede servirnos: Podríamos decirle a alguien: tequila y “muéstrame el camino que yo voy” Siempre y cuando no comiences a decirlo en Frances, Laith, nos sirve. ━ Dijo, con un español horrible y con el recuerdo del carnaval en su mente. Era poco lo que recordaba de ese día, pero ese poco, era sumamente gracioso.

Al igual que sus amigos, se desvistió en el mismo lugar cuando finalmente pudo encontrar su bikini, poniéndoselo junto a la misma ropa que había estado usando desde que llegaron. Le gustaba esa ropa, le quedaba bonita. ¿Y qué pasa cuando algo te gusta mucho? Pues que a veces no te la quieres quitar. ¿O solo le pasaba a ella?

De todas maneras, guardo un par de cosas en su pequeño bolso, siendo lo más importante un tenedor y su varita, la que por fin había encontrado. Lo primero porque nunca sabes cuándo lo vas a necesitar, y lo segundo porque… era su varita, no la dejaría por nada del mundo. ━ Pero ¿qué dices? Si yo siempre he sido tu novia. ━ Fingió estar enojada por el error, antes de salir de la habitación junto a sus dos fieles amigos. Mira que ir a México todos juntitos, como familia. Aun no podía creerlo.

El viaje en elevador había sido divertido. ¡Hasta eso era divertido con ellos, imagínate! Y ya en el primer piso, Bee fue de las primeras en salir, pero no solo del elevador, pues también había sido la primera en salir del hotel. Es que era curiosa, ¿vale? Y había algo que quería saber: si las páginas web que había revisado eran sinceras respecto a su contenido. Miro para todos lados, reviso literalmente hasta debajo de una piedra, corrió hasta la esquina y volvió, pero nada. No encontraba aquello buscaba.

Finalmente se había girado hacía sus amigos, quienes por fin habían llegado hasta ella. ━ No encuentro a los mariachis. ━ ¿No era que en Mexico tienen de esas personas cantando en cada esquina? ¿No? ¿Esa página web le había mentido descaradamente? ¡Se sentía tan estafada! ¡Que le devuelvan el dinero! ━ ¡Ah, verdad! ¡Vamos, vamos! ¡Vi una tienda gigante al doblar la esquina! ━ Su emoción no había tardado en volver y tomo a sus amigos de la mano, quedando en medio. Parecían esas parejas extrañas de ahora, las que son tres personas, pero a ella no podía importarle menos. Con Laith iba a todos lados de la mano, y agregar a Rox en esa costumbre, le encantaba.
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S. Rox Jensen el Lun Jul 09, 2018 5:35 pm

Socorro —musitó cuando sintió el peso de Laith encima suya. Iba a meterse quejarse un poco más pero sus palabras se convirtieron en un gemido que no fue de placer precisamente. Beatrice les había caído encima a ambos. — ¡Dejad de aplastarme, gordos! Si queríais matarme podríais haberlo hecho en Londres —bromeó desde su posición en el fondo de aquel montón humano que habían improvisado sobre la cama.

Le faltó tiempo para darse la vuelta y quedar boca arriba en cuanto ese par se quitaron de encima suyo, pero la holgazanería no le duró mucho más, pues había cosas más importantes que hacer, como ponerse el bikini e ir a comprar tequila. En la vida hay que tener claras las prioridades, si señor.

Anda que menudos tres estaban hechos, aquello perfectamente podría haber sido un concurso de a ver a quién se le daba peor hablar español y lo más gracioso de todo es que habrían quedado empate.

Esa frase es un arma de doble filo —dijo refiriéndose a la de “muéstrame el camino que yo voy”. — A saber donde acabamos.

Una vez con el bikini puesto, Roxanne se puso a rebuscar en la maleta de Laith hasta que encontró una camiseta de tirantes del estilo de la que él mismo se había puesto, solo que a ella le quedaba de vestido.

Pa’ mi —dijo con una amplia sonrisa cuando se puso la camiseta. — Merci beaucoup —le agradeció a Laith dándole un besito en la mejilla. Pensaba devolverle la camiseta, pero ya cuando volvieran a Londres.

Se giró para mirar a Bee, que se acababa de poner su bikini y la francesa le lanzó un silbido antes de que su amiga se vistiese de nuevo.

Eso es un cuerpo y no el de la policía —la piropeó antes de echarse a reír por lo poco original del comentario, pero es que no lo había podido evitar. Aquel bikini le sentaba demasiado bien, iban a tener que apartarle los moscones.

Rox sonrió cuando notó las manos de Laith esparciendo la crema por su cuerpo. El sanador siempre cuidando de ella, si es que no podía quererlo más. Le devolvió el favor poniéndole crema en la espalda, donde él mismo no podía llegar.

Soy novio de ambas siempre y cuando haya un pesado fastidiándolas, ¿vale? Si no hay nadie molestando todos somos libres y solteros.
Pero ¿qué dices? Si yo siempre he sido tu novia.
¡Ey, Bee! Pensaba que yo era tu novia.

Roxanne se echó a reír ante la situación, ¡parecían un triangulo romántico! Aquella conversación le había recordado a alguna típica película de comedia romántica, de las que te pones para pasar el rato y que tiene diálogos tan disparatados como aquel.

Cuando al fin estuvieron listos salieron de la habitación, no sin antes coger una bolsa para la playa donde metió su propia varita y se ofreció a guardar la de Laith. La mirada de Roxanne seguía divertida a Beatrice que había salido disparada del ascensor y del hotel, se notaba que buscaba algo, pero ni idea de el qué.

A ver cómo le decimos que el tequila no crece bajo las piedras —le comentó a Laith mientras caminaban acercándose a su rubia amiga, que al fin se había quedado quieta.— ¿Mariachis? —repitió Roxanne antes de ponerse a reír, ¡con que eso era lo que había estado buscando! — Pues ahora que lo dices, no sé. Quizá nos encontremos a alguno de camino a la tienda, o en el bar del hotel —para qué negarlo, ella también quería ver a los mariachis.

Y de aquella manera, cogidos los tres de la mano, llegaron a la tienda que Bee había visto. ¡Pero qué calor hacía por la calle, por Merlín! Al entrar en la tienda un agradable aire frío los recibió, dándoles un respiro del sol de la calle. Buscaron el tequila entre los estantes del sitio y madre mía, había un montón donde elegir, ¿ahora cuál iban a coger?

Roxanne estaba revisando las distintas botellas cuando de repente lo vio, ¡sí! Justo lo que ella quería. Dio un gritito de la alegría.

¡Lo encontré! ¡Existe! ¡De verdad existe! —exclamó toda contenta cogiendo la botella y enseñándosela a sus amigos. La famosa botella de tequila con un gusano dentro. — Mirad al gusanito —dijo con una sonrisa enorme de la emoción mientras señalaba con su dedo al pequeño insecto en el fondo de la botella. — Si alguna vez me reencarno en gusano quiero morir así, ahogada en tequila.
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Laith Gauthier el Mar Jul 10, 2018 11:20 am

Esas vacaciones eran soñadas y nadie se las iba a arruinar, ni las dos chicas que iba a dejar como garantía si perdían su llave. — Claro que no, sería feliz porque podría comerme toda una pizza —y se le fue el aire con el peso de Beatrice encima, — yo solo —terminó su frase. Sí, parecía que lo mejor de dejarlas a ellas en la playa como pago era que nadie le quitaría de su pizza, y por eso procedió a soltar una carcajada. — ¡No! Aquí podremos borrar la evidencia más fácil —bromeó con Roxanne cuando ella acusó de intento de homicidio.

Beatrice se metió con él cuando, con las copas, había empezado a cantar la de Despacito en francés. Sí, es que había oído un cover muy bueno y al final no se acordó de la letra en español, pero sí en aquella que estaba en su lengua materna. Le sacó la lengua entre risas, pues ese concurso de ver quién hablaba el español más feo tenía un triple empate. Laith pensó que iba a empezar a aprender español cuando volviese a Londres. Los tres comenzaron a arreglarse para salir, sonriendo cuando Roxanne le robó una de sus camisetas sin que eso le molestase en lo más mínimo.

Ya sólo te falta la construcción, estás hecha toda un albañil —se metió con Roxanne cuando le lanzó un piropo del estilo a Beatrice. Volvió a reír cuando las chicas empezaron a discutir por sus supuestos noviazgos. — ¡Oye! Creí que yo era tu novia —se quejó con Roxanne cuando ella declaró ser la novia de Beatrice. Y en femenino, porque Beatrice siempre lo llamaba “su novia”, así como era “su gemela”.

Luego de ponerse guapos y suficiente bloqueador para no convertirse en langostas, Laith accedió a guardar su varita en el bolso de Roxanne y besándole la mejilla con cariño en agradecimiento. Sólo entonces salieron a la calle, como tres turistas. Mejor dicho, como dos turistas y una loca que se puso a mirar hasta debajo de las piedras buscando… ¿tequila? Laith no pensaba que fuera a encontrarlo así como así, ¡que no crecía en los árboles! La sanadora tuvo el mismo pensamiento que él respecto a la búsqueda.

No podemos romperle las ilusiones —susurró. Pero no buscaba el árbol mágico de botellas de tequila, ¡sino mariachis! — No nos vamos de aquí hasta que veamos a un mariachi —apoyó a las dos con su idea de encontrarse a los mariachis, caminando de la mano con rumbo a la tienda. — Si huele a carne asada soy yo que me estoy cocinando —bromeó con ellas un poco, pues el sudor empezaba a perlarle un poco la piel.

Por suerte el aire frío del interior de la tienda sumado al sudor fue una agradable combinación, empezando a buscar el tequila que iban buscando, ¡tantas variedades! La mayoría de las etiquetas eran ilegibles, por lo que Laith iba escribiendo en su móvil para traducir algunas palabras del español y descifrar qué era exactamente lo que compraban. No lo necesitó Roxanne cuando encontró su botella preciada con el gusanito dentro, a lo que Laith hizo un gesto de asco. A pesar de eso, era muy probable, por no decir seguro, que iba a acabar bebiendo también. Así empezaron a llenar su carrito de compras con varias botellas de tequila, patatas fritas, y todo lo que se les antojó. Tenían corazón de gordos, no podían evitarlo.

Bien, tenemos tequila, la botella con la Roxanne de otra vida ahogada, comida, cigarros… ¿Falta algo? —miró a sus dos amigas, esperando ver si ellas añadían alguna cosa más al carrito de compras antes de ir a pagar. — Endeudado de por vida por irme de vacaciones, me gustaría decir que me molesta —bromeó con ellas, aunque al final habían cooperado para pagarlo todo. — Estamos listos para tumbarnos en la arena y no movernos nunca —se estiró antes de tomar algunas bolsas de compras para caminar de vuelta al hotel.
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S. Rox Jensen el Miér Oct 24, 2018 6:01 pm

Alguien se había dejado la puerta del horno abierta en México, ¡menudo calor! Acostumbrados como estaban al frío y húmedo clima londinense aquel era un cambio muy brusco, que los puso a sudar en cuanto dieron un par de pasos bajo el abrasador sol. Por suerte, el frío aire del establecimiento los recibió con los brazos abiertos, haciendo que la piel de Roxanne se pusiese de gallina ante el cambio de temperatura. Al final acabaría por coger un resfriado.

No se demoraron mucho en aquel supermercado, eran jóvenes y no tenían tiempo que perder, además de que tenían muy claro que era lo que habían ido a comprar; mucho alcohol y comida basura.

Roxanne alzó la botella con el gusanito dentro cuando Laith enumeró las cosas que llevaban, por si faltaba algo, pero para la sanadora el carro ya contaba con todo lo que necesitaban.

Falta un hombre guapo y sexy que me abanique todo el rato para que no me derrita —comentó con una risa mientras lo iban poniendo todo en la caja registradora para pagarlo. — Pero creo que no se pueden comprar, la esclavitud no está bien vista.

Cargaron con las bolsas entre los tres, dirigiéndose hacia el hotel para dejarlas en la habitación y salir solo con lo indispensable. Si antes les había parecido que hacía calor, ahora cargados con las bolsas, era cien veces peor, pensó Roxanne.

Me pienso beber una piña colada tan grande como tu cabeza, Gauthier —comentó con una sonrisa la sanadora, que se moría de sed.

El hotel no les quedaba muy lejos, pero por algún extraño motivo Bea no paraba de meterles prisa, acelerando el paso y llegando en un tiempo record a las puertas del hotel. Roxanne miró a Laith con gesto interrogante, preguntándose qué bicho le habría picado aquella vez a su amiga. Más no tardaron en averiguarlo.

En cuanto abrieron la puerta de la habitación, Beatrice soltó las bolsas y se fue directa hacía el baño, casi derrapando en el camino. La sanadora se rió al principio pero conforme pasaban los minutos y la rubia no salía empezó a preocuparse.

¿Qué diablos le pasará? ¿Habrá encontrado a los mariachis en la ducha? —le preguntó a Laith mientras se levantaba de la cama donde se había sentado e iba a tocar a la puerta del baño. — Bea, cielo, ¿estás bien?

No hace falta especificar los ruidos que salían de aquel cuarto de baño, pero basta con decir que no eran nada halagüeños. Apenas llegó a entender algunos murmullos que culpaban a la comida del avión, pero no necesitó escuchar más. Roxanne miró a Laith intentando aparentar una seriedad que no sentía, se moría de ganas de echarse a reír pero le sabía mal por su amiga. ¡Menuda mala suerte! Se van de vacaciones y cae mala del estómago. Y no es que Roxanne careciese de tacto, por Merlín, era sanadora, sabía cómo tratar con pacientes enfermos, pero es que la escena era terriblemente divertida, al menos desde su lado de la puerta del baño.

Me parece que Bea va a estar ocupada un buen rato. ¿Qué hacemos? —preguntó al sanador mientras volvía a sentarse en la cama. — No hay mucho que podamos hacer aquí, me sabe mal irnos pero, ¿llevas el móvil, no? Si Bea necesita algo puede llamarnos y volveremos en seguida.
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Laith Gauthier el Lun Oct 29, 2018 4:04 am

Eso se llama “novio”, cariño, son gratis pero difíciles de mantener —le dijo a Roxanne, haciendo un movimiento con su mano de vanidad. Todo pasó por la caja registradora y eventualmente dentro de bolsas que los tres tuvieron que cargar. — Es este momento donde uno se da cuenta del por qué no es bueno comprar mucho cuando vamos a pie —les dijo. Como era el macho lomo plateado del grupo, le tocaba cargar con las bolsas más pesadas, pero eso no significaba que era más placentero para él ir cargando bolsas, sino todo lo contrario.

Le sacó la lengua cuando le dijo que iba a beberse una piña colada tan grande como su cabeza, en un maduro gesto de irritación ficticia. Por causa de Beatrice llegaron mucho más rápido al hotel de lo que hubiesen imaginado antes. Roxanne y Laith estaban igual de confundidos, compartiendo miradas extrañadas. Subieron a la habitación y Beatrice corrió más rápido que nadie al baño, soltando las bolsas con papas fritas y otras botanas al suelo, junto con la comida que habían comprado. Agradeció haber estado cargando él las botellas de tequila, porque de lo contrario no habrían sobrevivido al impacto.

Y eso que no ha comido salsa picante —se burló ligeramente Laith, sacando algunas de las cosas para mantenerlas en la habitación y otras llevarlas a la playa, empacando una bolsa de playa específicamente para ello. Además, sacó su teléfono para distraerse mientras Beatrice salía del baño. Pero el tiempo pasaba y ella no salía. — Quizá vio muchas veces Buscando a Nemo y llegó al mar por el retrete —le dijo el sanador, tumbándose en la cama donde estaba sentado mientras le contestaba a un chico muy guapo que tendrían que verse cuando regresase de sus vacaciones.

Algo le había sentado mal en el estómago a Beatrice y sólo hacía falta escuchar los sonidos del baño para descubrirlo. Para Laith era un poco más sencillo permanecer serio cundo por dentro quería reírse, aunque eso los dejaba en la incómoda posición de decidir qué es lo que tendrían que hacer. ¿Esperarla a ver si algún día salía del baño? ¿Marcharse? Roxanne tomó la decisión por ellos, alegando que si ella quería encontrarlos podría llamarlo a su móvil y llegarían de inmediato. Eso parecía un buen trato, así que volvió a incorporarse.

Si Beatrice nos odia será tu culpa —la amenazó graciosamente. — Guapa, llámame al móvil si necesitas algo —le avisó, tocando dos veces la puerta con los nudillos para asegurarse que estaba prestando atención. Ella le contestó con un tono de voz que podía ser muchas cosas, pero no protegía su dignidad. — Ten cuidado mientras no estamos —aunque no pensaba que fuera a salir del baño pronto, para mala suerte de su amiga.

Asintió en dirección a Roxanne, dejándole una llave a Beatrice y tomando la otra para ellos dos, sólo por si acaso ella necesitaba salir por más papel al pasillo y acababa encerrada fuera, o algo más serio. El trayecto a la playa fue bastante corto, de hecho, aunque primero tuvieron que pasar a través del área de piscinas. Eso dejó a Laith darse cuenta de algo importante: ninguno de los dos tenía ahora a su salvavidas profesional. Es decir: si se metían al mar y se ahogaban, muy seguramente el otro se ahogara intentando rescatarle.

La primera regla de hoy es no ahogarse en el mar —alzó su dedo índice, indicándoselo como su primera regla, aunque ya había dicho otras reglas antes. — La segunda regla es que yo me llevo los bisexuales, tú los hetero —alzó el dedo medio, contando. — La tercera regla es que yo me llevo el último shot de tequila —sus reglas eran más en broma que en serio, pero la primera era importante saberla.
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S. Rox Jensen el Vie Nov 02, 2018 3:40 pm

Las risas que Roxanne había estado tratando de contener por respeto a su amiga no pudieron ser retenidas por más tiempo cuando Laith hizo aquel comentario sobre Buscando a Nemo. La imagen de Bea desapareciendo por el retrete en busca del mar se hizo presente en su cabeza, haciendo que unas lágrimas se resbalasen de sus ojos. ¡Es que era capaz de hacerlo! Por Merlín, si hasta había buscado a los mariachis debajo de las piedras.

La sanadora enterró el rostro en una almohada, buscando sofocar las risas. Le costó un poco calmarse después de aquel ataque de risa, pero después de respirar hondo unas cuantas veces lo consiguió.

Lo que dijo Laith la hizo sentir culpable a pesar de que sabía que no lo había dicho en serio. Ella no quería Beatrice los odiase, ¿pero qué otra cosa podían hacer? Si quedarse allí hubiera ayudado en algo a la rubia lo habrían hecho, pero lo único que hacían quedándose era quitarle una intimidad que en momentos como aquel era muy necesaria. Vamos, si fuese Rox la que estuviese pegada a la taza del váter lo último que querría sería tener público.

Eso es, llama si necesitas cualquier cosa —habló en voz alta para que la escuchase a través de la puerta, corroborando lo dicho por Laith.

Hacía el mismo calor que cuando habían ido al supermercado, pero de alguna manera, sabiendo que ahora su destino era la playa, parecía que el sol picase un poco menos. Cuando pasaron por el área de las piscinas, Roxanne no pudo evitar mirar el sitio con deseo y se prometió que después de la playa arrastraría allí a Laith y se quedarían pegaditos a la barra, bebiendo y bañándose por donde no cubre.

En realidad es la cuarta —lo corrigió con una sonrisa antes de que siguiera con la segunda norma, que en realidad era la quinta.

La primera regla era la más fundamental de todas, sin ninguna duda. Ya habían sufrido una baja en aquel viaje, lo último que querían era añadir una muerte a la gastroenteritis de Bea. Además del hecho de que morirse pues sería una putada.

Discrepo totalmente. Tú te llevas a los homosexuales, yo a los hetero y nos repartimos a los bi —rebatió la rubia con un tono indignado pero con una sonrisa en el rostro. Laith era un ligón nato, pero lo cierto es que ella no contaba con ligar en aquel viaje.

No objetó nada al tema de los chupitos de tequila, por el simple hecho de que sabía que el alcohol no iba a ser que escasease en aquel viaje, de modo que podía permitirse cederle el último shot a su amigo.

La playa era… sin palabras. Roxanne jamás había visto una playa más bonita en su vida. La arena era tan fina y blanca que daba la impresión de ser hasta suave al tacto, y hacía un contraste precioso con el azul tan vibrante y cristalino del mar.

Madre mía, Laith —dijo una embobada Roxanne. — Yo me quedo a vivir aquí, puedes venir a visitarme siempre que quieras.

El olor a sal inundó los pulmones de la francesa, que acababa de descubrir que a pesar de no saber nadar le encantaba la playa. Es decir, no era la primera playa a la que iba, pero si la más bonita con diferencia. Casi hasta le daban ganas de meterse en el agua, a lo loco.

Vamos a coger aquel par de tumbonas —comentó señalando al sitio exacto, que además tenía una de esas sombrillas hechas con algún tipo de hoja o hierva. Roxanne no quería quemarse por nada del mundo. — No te lo vas a creer, pero tengo ganas de tocar el agua —exclamó emocionada, pero luego añadió un pequeño apunte. — Pero solo un poquito, con los pies, y me tienes que acompañar. Yo sola no voy, y no me puedes soltar la mano en ningún momento.

Después de dejar sus cosas en la arena, al lado de las tumbonas, y quitarse la camiseta/vestido marca Laith que llevaba, Roxanne se quedó mirando impaciente a su amigo.

¿Vamos? —preguntó con carita suplicante y extendiéndole la mano a su amigo para que la cogiera.— Luego, una vez estemos fresquitos, vamos directos a acabar con las existencias de tequila.
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Laith Gauthier el Miér Nov 07, 2018 12:58 am

Después de que Roxanne lidiase con su ataque de risa, decidieron ponerse en marcha y darle privacidad a Beatrice. Si bien les sentaba mal tener que dejarla a que se descargara de su gastroenteritis por su cuenta, no podían hacer nada más que tumbarse en la cama con la incómoda sinfonía de un estómago delicado. El sanador empezó a decir una serie de reglas que, en realidad, se tendrían que combinar con la primera serie de reglas que había dicho, haciendo que Roxanne lo corrigiese.

No me contradigas, Jensen —la llamó por el apellido muy digno, continuando con la segunda norma, ignorando que en realidad era la quinta. Era importante tomar en cuenta todas las normas que había impuesto para tener las mejores vacaciones, aunque las siguientes reglas iban en su propio beneficio. — No, no, los bi yo, que te estoy haciendo un favor, mujer —no estaba seguro de cómo estaba haciendo su favor, pero eso no era lo importante, sino cumplir la norma.

Laith no pensaba marcharse de aquel lugar sin haberse llevado a al menos un tío bueno a la cama. Bien dicen que no es necesario saber otros idiomas para conocer otras lenguas. Pensaba en ello mientras llegaban a la playa, una playa preciosa de arena blanca y aguas claras, que daban ganas de entrar en ella a pesar de que Laith sabía que no tenía interés en ahogarse de ninguna manera mientras estuviera ahí.

Si tú vivieras aquí, vendría a verte cada fin de semana —le sonrió, mirando el punto donde el agua se juntaba con la arena formando espuma, antes de empezar a caminar en dirección a la sombrilla que Roxanne había señalado. Ahí tomó una de las tumbonas para sentarse antes de que su amiga decidiera que quería ir a tocar el agua y mojarse los pies, si y sólo si él la acompañaba. — ¿Pero qué tienes, cinco años? —Laith soltó una risa.

A decir verdad, le daba ternura que Roxanne, que era mayor que él, se comportase como una niña que no quería ir sola a tocar el agua, como si un kráken pudiese salir a jalarle el pie o un megalodón saliese a devorarla y necesitaba que él la protegiese. Él precisamente, con miedo a que espacios de agua que podían potencialmente ahogarlo. Se quitó la camiseta, dejando su torso al desnudo al descubierto, los músculos bien trabajados y su piel tan blanca. No lo dejó cuestionarla, extendiendo su mano y haciendo imposible que se negara a esa mirada.

Eres una niña —se quejó, tomándole de la mano y se puso de pie. — Te aseguro que sólo lo hago por el tequila, no por otra cosa, ¿lo llevamos claro? —le dijo, queriéndose hacer el duro que no se doblegaba porque su amiga lo miraba con ojitos de cachorro herido y lo enternecía con esa actitud. — Tengo que hacer de hombre maduro y sexy siempre —se apartó el cabello del rostro en un gesto galante.

Laith tuvo la mala idea de ir ahí sin zapatos. Siempre es una mala idea pisar la arena sin zapatos, porque el tiempo al sol la vuelve algo así como una sartén caliente. Los primeros pasos los llevó bien, caminando muy dignamente, como sólo él, aunque aproximadamente a la mitad del camino el dolor fue suficientemente fuerte como para salir corriendo como retrasado y perdiendo todo el glamour hasta la parte húmeda de la playa, esa donde la arena ya no quema como lava pero sólo alcanzan a llegar escasas olas.

Nota mental: no pisar descalzo la arena, es una trampa mortal para quedarte sin pies —anotó, mirando con resentimiento la arena seca y aliviando el ardor con la humedad de la arena un poco más oscura que ahora estaban pisando. — Vamos a mojarnos antes de que se empiecen a caer —le dijo, aún con los pies resentidos por el ardor de lo anterior ocurrido, dando los pasos que faltaban hasta que las olas pudieron llegar a ellos. El agua estaba fresca y no se sentiría mal tenerla en todo el cuerpo, aunque era algo que no era propenso a ocurrir considerando que a los dos les daba miedo ahogarse. — Podemos mudarnos aquí y vivir de comer pescado y beber tequila.
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S. Rox Jensen el Miér Nov 21, 2018 3:35 pm

A Roxanne no le terminaba de quedar claro el asunto de los bisexuales, ¿qué tipo de favor era ese al que se refería a Laith? Seguro que se lo estaba inventando y haciendo eco de sus pensamientos, la francesa lo miró con los ojos entrecerrados, demostrando su escepticismo a las palabras de su amigo. Pero decidió dejarlo pasar en pos de algo más importante… ¡LA PLAYA! Así, con mayúsculas y todo, porque aquel paradisiaco lugar se merecía tal entusiasmo.

No tengo cinco años, tengo miedo de morir ahogada —contestó sacándole la lengua en un gesto algo infantil que contrariaba lo que acababa de afirmar. — Que no quiero morir sola, si toco el agua y me hundo quiero que vengas conmigo. Como en el Titanic.

Vamos, que si tenía que esperar a juntar el valor necesario para ir ella sola a meterse en el agua se iba a quedar más seca que un cactus.

Tan claro como el agua del mar —respondió con un asentimiento sin ocultar lo contenta que la puso el que Laith cediera tan rápido, pensaba que tendría que suplicar más. — A la próxima llévame a una playa horrible llena de algas, pañales y condones usados y verás cómo no te insisto en bañarnos. Si lo miras así ha sido culpa tuya —bromeó riéndose de la actitud del moreno, tan maduro y sexy como él decía. — Además así podremos ver más de cerca a esos surfistas de ahí —dejó caer el dato mientras señalaba con el dedo, muy descaradamente, a los chicos en cuestión.

Estuvo a punto de decirle a Laith que se pusiera las chanclas para ir hasta la orilla, pero no. Fue como si en el último minuto su cerebro sufriese un cortocircuito que le impidió decir nada, similar a cuando estás viendo como un vaso se va a caer y sabes que no puedes hacer nada para evitarlo. Quizá fue su diablillo interior. El caso es que cuando su amigo echó a correr, de manera estrambótica, Roxanne sintió lástima y ganas de reír al mismo tiempo. ¡Menos mal que ella si había cogido las suyas!

¿Tequila y pescado? Mmmm no sé yo, donde esté una buena pizza de cuatro quesos que se quité lo demás —y es que Rox era incapaz de vivir sin pizza, y sabía muy bien que Laith también. Ambos eran unos gordos de corazón. — ¡Está fría! —exclamó cuando el agua le tocó los pies, pero con el calor que hacía era casi de agradecer.

Roxanne notaba como sus pies se hundían en la arena conforme las olas iban y venían, mojándoles los pies en el proceso, mientras observaba el horizonte donde el azul del mar y el del cielo se juntaban. Sentía como la paz y serenidad inundaban su ser. Hasta que algo que flotaba a un par de metros por delante de ambos sanadores captó su atención.

>> Que pez más raro. Casi diría que se parece a…

¡MI CHANCLA! —exclamó con los ojos bien abiertos cuando reconoció el extraño objeto que flotaba en el agua. La francesa había dejado ambos zapatos en la orilla, donde pensaba que no llegarían las olas. Claramente se equivocaba. — ¡Laith, mi chancla se está fugando! Hay que ir a por ella —no es como si la chancla se estuviese escapando de verdad, lo que quería decir era que se iba a quedar sin el dichoso zapato. No le salían las palabras, ni las acciones tampoco, pues como no sabía nadar le daba miedo ir a por ella. — ¿Qué hacemos? ¿Pedimos ayuda? Sí, eso. ¡Ayuda!
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Laith Gauthier el Mar Nov 27, 2018 5:13 am

¿Y si nos morimos juntos qué vas a hacer? Loca —se quejó de regreso, aunque al final tuvo que acceder al capricho de su amiga. Porque, siendo sinceros, también le daba tentación ir a mojarse un poco, todo con moderación. — Pudimos haberlos atraído hacia nosotros, ¿te imaginas si nos invitan a subir a la tabla? ¿Y nosotros de “Jaja, nope, nos da miedo el agua”? —se burló de su situación imaginaria, aunque tenía que admitir que los chicos no eran de mal ver y alegrarse un poco la vista observándolos de cerca no iba a ser un problema.

Para ellos, pese a todo, la vida parecía haberse reducido a no otra cosa que una fiesta. Lo habían acordado desde el primer momento, que ese viaje sería exclusivo para olvidarse de las penas y que ocurriese lo que tenía que ocurrir, sin miedos ni preocupaciones, como esos viajes de adolescentes ahora con independencia y mayor presupuesto económico. La madurez, sin embargo, no podía ser llamada a cuestión, no después de que Roxanne omitiese brutalmente la advertencia que pudo haber prevenido a Laith de hacer el ridículo por haberse quemado las plantas de los pies en la arena caliente.

Tiene un punto, señorita Jensen —la apuntó con una expresión de iluminación, como si le diese la respuesta del universo. — Aunque imagino que debe haber pizzerías aquí… Y bares, espero que haya un bar, o una discoteca, quiero bailar y beber, no sé si en ese orden —le dijo sus muy importantes planes. Su piel se erizó en el contraste del calor con el frío del agua que creó una sensación agradable por sus heridos pies. — Aquí no llegarán los tiburones blancos, ¿no? ¿Y los pulpos? —preguntó Laith, mirando muy paranoico el agua a su alrededor.

Sentía la arena ir y venir en sus pies, haciéndolo perder el equilibrio por momentos al hundirse en la arena donde se encontraba parado, mientras buscaba que no hubiese nada potencialmente peligroso en sus pies. Lo que sí que se encontró, fue un pez muy extraño nadando en la lejanía que… ¿La chancla de Roxanne? Laith dio un par de pasos hacia adentro, tomado de la mano de su amiga intentando alcanzarla, aunque tuvo un pequeño infarto cuando se dio cuenta de que el agua (como era lógico) alcanzaba un poco más de sus piernas al entrar más en el mar.

Lamento informarte que tu chancla ha muerto, no hay nada que podamos hacer por ella, dile adiós a tu chancla —Laith se despidió de la chancla cuando ésta se encontró en una zona donde ni de coña entraría, donde el agua le llegaría más o menos a la cintura. Que vale que en las piscinas “a la cintura” era una buena cantidad de agua, pero el mar se destacaba por ser traicionero y hay montículos de arena hundida donde la gente se hunde y muere. Bueno, morir no, pero sí se hunde de repente en un relieve. — Te compraré otras chanclas, no hay nada que hacer —reiteró.

Entonces apareció un rescatista de chanclas, justo el superhéroe que el mundo necesita. Fuerte y veloz recuperó la chancla fugitiva que se marchaba con el oleaje impidiéndole su retirada, y la miró con curiosidad antes de sonreír. — ¿Es suya? —la extendió hacia su legítima dueña. Sí, su héroe tenía ocho años, y el agua le llegaba al cuello pero incluso así tomó la chancla y la rescató, humillando a los dos sanadores que no habían querido meterse al agua más allá de las rodillas.
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