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Let's go to the beach [Priv. Beatrice A. Bennington & S. Rox Jensen]

Laith Gauthier el Dom Jun 10, 2018 10:44 pm


Has creado el grupo “¿Necesitamos vacaciones?”
Añadiste a Gemela/Novia.
Añadiste a Ma Belle.

¿Mis amores?
Lo he estado pensando y…
Vámonos de vacaciones.
Por favor.
A donde sea.
Roxanne y yo podemos ayudar a Beatrice a pagarlo.
Ella nos pagará cocinando.
¿Sí?
Creo que necesitamos desconectar, después de todo lo que ha estado pasando.
A la playa.
Yo hago las reservaciones, sólo díganme que sí.

Junio 14, 2018.
Tulúm, México.
Soleado, algunas nubes, 27ºC.

Él decía “rana” y ellas saltaban, así de fácil, así de sencillo. Así es como se montaron en un avión con dirección a América, pues ahí parecía ser el destino turístico por excelencia de Beatrice y Laith después de su aventura en Las Vegas. Esta vez había seleccionado una playa preciosa a la que alguna vez fue cuando estudiante de colegio, con sus respectivas anécdotas que prefería guardarse con sus acompañantes. Vestido de forma casual se encontraba listo para la aventura en la playa junto con sus amigas, colocándose unos lentes de sol.

Habían hartado al conductor del coche que les llevó en dirección a su hotel, aunque éste también formó parte de la charla comentando sitios dónde ir, cosas que explorar, una conversación en inglés fluido. Quizá era lo bueno de aquel lugar, que por su alto turismo internacional encontrar a alguien que hablase inglés no era precisamente complicado. Las palmeras y el cálido aroma a sal conforme se acercaban a la zona hotelera eran maravillosas, ya les hacía falta un tiempo para ellos mismos lejos de todo el mundo que conocían. Laith tendía a eso: a abrir las alas y alejarse de todo como una especie de terapia que por algún motivo siempre le salía de maravilla.

Lo primero que tenemos que hacer es encontrar dónde comprar tequila, aunque hay barra libre en el hotel —sí, él siempre pensaba en el tequila primero. — Esa es la regla número uno —el tequila. — La regla número dos es que no se puede llevar tipos a la habitación sin permiso de los demás —y en eso iba él también incluido, por supuesto, recargado en Roxanne mientras iban todavía en el coche, poniendo las reglas de convivencia básica. — Número tres: no me meto al agua, y si me meto Beatrice tiene que rescatarme para que no me ahogue —iba alzando sus dedos conforme daba instrucciones. — Y regla número cuatro…

No alcanzó a decir la cuarta regla cuando se detuvieron finalmente, un hotel precioso para el presupuesto que habían juntado para ese viaje. Era espacioso, y tenía detrás un sitio con una piscina, jacuzzis y un bar al aire libre techado con hoja de palma, mismo donde seguramente Laith había dicho encontrarían las bebidas a su disposición. Y más allá todavía de eso, estaba la arena preciosa y el mar cristalino. Ya que la reservación estaba a su nombre, fue Laith quien se acercó a la recepción a pedir su llave y terminar los registros que había comenzado en línea. Estaban tan cerca de un fin de semana para ellos solos.

Sólo tenemos dos llaves —advirtió, — esta es mía, ustedes compartan esa, y por ustedes compartan me refiero a por lo que más quieran no la pierdan —dijo dándoles una de las llaves. Eran de lo más novedosas, tarjetas electrónicas que se introducían a un mecanismo en la puerta que al accionarse permitía abrir. — Nos subirán las maletas, vamos a acomodar todo, por trajes de baño y a investigar de dónde sacar tequila de aquí —era el guía del hotel, al parecer, mientras caminaba al ascensor.

La habitación tenía un balcón con vista al mar, un par de sillas y una mesita donde se podía fumar. Por otro lado, tenía una cocina pequeña, un comedor igual de pequeño, una televisión y dos camas matrimoniales. Porque dos bastaban, estaba seguro que podía colarse en la cama de cualquiera de ellas, y todos repartidos podrían dormir en paz, en caso de querer hacerlo. Y no se hable del baño, un baño de hecho amplio y con tina. Recibieron sus maletas del botones, dándole una propina moderada antes de cerrar. El trayecto había sido largo, pero valió la pena.
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Beatrice A. Bennington el Lun Jun 11, 2018 4:40 am

Hace tiempo en que había vuelto a su hogar con Gwen. Porque eso era, un hogar. ¡Y ahora viene Laith, con sus super planes a sacarla otra vez! No se quejaba, de hecho, estaba bastante feliz. ¿Quién no sería feliz con la palabra “vacaciones”? Y si bien aun no había superado por completo el encierro de Steven, porque vamos, era bastante difícil, lo estaba llevando como podía e intentaba, de a poco, ir volviendo a ser la misma chica que antes. Una misión imposible, que ella debía hacer posible.

Y así fue como luego de charlar con Line, haciéndole entender que estaría segura, porque iba con dos personas preciosas, termino subiendo a un avión junto a Laith y Rox, no sin antes agradecerle al primero por el favor hecho a Gwen, por supuesto. El viaje fue divertido. Aunque no para el que iba sentado delante de ella, claro. Porque Bee tiene costumbres y una de ellas, había sido molestar a aquella persona todo el viaje. Merlín, se había sentido tan mala, pero no había podido evitarlo. Era como esas niñas molestas de película. Esas a la que le dices basta, pero sigue y sigue, hasta agotar la paciencia.

Su vestuario había sido apto para la ocasión al menos, porque aun si no había tanto sol, calor si, y bastante. El coche al que habían subido había sido totalmente el indicado, porque vamos, el tipo hablaba inglés bastante bien. ¿Y a qué no adivinan que fue lo primero sobre lo que pregunto la rubia mayor? Si. La ubicación de los mejores restaurantes. ¡No había podido evitarlo! A veces pensaba que vivía por y para su estómago.

Beatrice observo por la ventana, sintiéndose en el paraíso. El lugar era tan hermoso y lucia tan pacifico. Deseo quedarse para siempre, bronceándose en la playa mientras se deleitaba con los tragos, el paisaje y por supuesto, con los chicos guapos. Iba a disfrutar lo más que pudiera aquellas mini vacaciones.

━ ¡Espera! ━ En su voz había urgencia, mientras enseñaba su palma en un claro signo de “Stop” ━ No me ha quedado claro la regla uno. ¿Era tequila o Vodka? ━ Termino por decir, fingiendo seriedad, antes de reír. ━ Vale, primero iremos a abastecernos de tequila entonces. Será divertido si salimos con más de diez botellas de la tienda. ━ Podía imaginarse a cara del que los atendiera y todo.

Y entonces apareció el tema de Laith con el agua. ¡Ella quería ser salvavidas!

Fue la primera en bajarse del coche cuando llegaron al hotel, porque vamos, era precioso. Toda unas vacaciones soñadas, en especial para ella, que por su condición como fugitiva ya no podía viajar tanto y veía todas esas oportunidades como algo único. ¿Y saben lo emocionante que es viajar con amigos a lugares tan lejanos y especiales? Estaba segura de que volvería a su hogar con experiencias sumamente divertidas.

━Espero no me manosees si duermes conmigo ━ Le “advirtió” a su amiga, con una sonrisa. Era tan bonito volver a verla luego de tantos meses. ¡Y se veía toda guapa con el cabello rubio! De hecho, lo primero que había hecho al verla, fue toquetear su cabello por todos lados. Hasta le había mencionado a Laith que también debería volver a ser rubio.

La llave que les correspondía, quedo en poder de Rox por obvias razones. Sabía que podía cuidarla correctamente después de todo, no como ella, que de seguro la perdería a los cinco minutos.

━ Al pasar vi un par de tiendas enormes, ¿por qué no comenzamos con ellas? ━ Ofreció, dejando su maleta sobre la cama para comenzar la búsqueda de su traje de baño. Una misión casi imposible, considerando que tenía un montón de cosas, y todas revueltas. ¿Eso era un tenedor? ━ ¿Alguno sabe español? ━ Consulto, por curiosidad. Porque ella solo sabía saludar y preguntar por el baño. Lo más importante, siempre.
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S. Rox Jensen el Miér Jun 13, 2018 7:40 pm

Sí. ¿Acaso había otra respuesta posible? La francesa había ido mejorando poco a poco con la tecnología muggle, lo suficiente como para saber que cuando su móvil comenzó a vibrar significaba que alguien estaba intentando contactarla. Se llevó una sorpresa al ver el nuevo chat al que había sido añadida, pero no pudo quedar más encantada. ¡Vacaciones!

Roxanne prácticamente se había olvidado de lo que era pasar calor de verdad, por lo que cuando se bajó del avión, en el que se había quedado completamente dormida sobre el hombro de Laith, no pudo evitar sentir que se derretía. En aquellos momentos se alegraba de llevar ropa ligera, el tiempo en México no podía ser más distinto al de Londres. Punto a favor de México. No es que le disgustase el clima londinense, pero una tenía un límite en cuanto a días nublados y lluviosos se refiere.

En el taxi se hizo evidente algo que Roxanne ya sabía de sobra, ella era la antipática de los tres. Pensamiento que le causó muchísima gracia, por cierto. Con sus amigos se dejaba llevar completamente, hacía locuras, se reía hasta que le caían lágrimas y dolía el estómago, hacía bromas… pero en lo que se refiere a otras personas, en fin, esa era otra historia. Fueron Laith y Bea los encargados de conversar con el taxista mientras ella miraba por la ventana y soltaba algún que otro comentario puntual. Además, cuando ya habían dos personas sociables en el grupo, ¿para qué esforzarse ella también?

La regla número cuatro es que si nos metemos juntos en el agua Bee debe rescatarme a mi primero —terminó la frase de su amiga sin ocultar una sonrisa traviesa. ¡Es que ella tampoco sabía nadar! Además hacía poco que había visto la película Tiburón y el mar le parecía mucho más amenazante ahora que nunca antes.

Había escuchado todas las reglas de Laith y, desde luego, Rox estaba más que preparada para el tequila.

¡Yo quiero probar una de esas botellas de tequila con un gusano dentro! —exclamó emocionada. Había visto esas botellas por la tele y de verdad que se moría por probarlas. ¿Sabrían muy distinto de las normales?

Nada más bajarse del taxi el olor a mar inundó las fosas nasales de la rubia, que inspiró profundamente. Podía darle miedo el agua, pero el olor a mar y el sonido de las olas era de lo mejor que había en el mundo. El hotel la dejó sin palabras, desde luego Laith se lo había currado mucho.

La francesa no pudo evitar sonreír y poner los ojos en blanco mientras Laith les pedía que, por favor, no perdiesen la llave. Aunque quizá la palabra llave no fuese la más adecuada, pensó Rox mientras la examinaba como si fuese el objeto más extraño que hubiese visto jamás. Definitivamente aquello no se parecía en nada a una llave.

¿Un alohomora servirá para abrir estas puertas? Por si acaso se pierde…—preguntó mientras se guardaba la “llave”, por si las moscas sería mejor que la pusiese a buen recaudo. — Es broma, es broma. La mantendré alejada de Beatrice, lo prometo —dijo riéndose.

Lo primero que hizo Rox cuando llegaron a su habitación fue tirarse en plancha a una de las camas. La habitación era perfecta por lo que había podido ver antes de caer como un cuerpo muerto en la cama, realmente Laith había hecho un trabajo impecable, debían encontrar la forma de recompensárselo.

No puedo prometer nada, me pongo traviesa por las noches —bromeó cuando su amiga la advirtió, aunque no parecía ir muy en serio. No había lugar para la seriedad en aquel viaje. — Tú puedes hacerme lo que quieras, a no ser que esté dormida… Bueno, aun así puedes,  simplemente no me despiertes —se carcajeó mientras hacía un movimiento con su trasero, que estuvo lejos de quedar provocativo debido a que seguía tirada boca abajo en la cama.

Estamos en México no puede ser muy difícil encontrar un sitio donde vendan tequila, ¿no? —habló sin moverse un milímetro de su posición de muerta en la cama. — También podemos ir al bar del hotel primero, tomarnos unos chupitos para ir entrando en calor y preguntarle al atractivo camarero por alguna tienda que quede cerca —porque sí, el camarero iba a ser atractivo por el simple hecho de que estaban de vacaciones y se lo merecían. — Le regalo mi primogénito al que busque mi bikini y me lo ponga —murmuró con la cara aplastada contra el colchón.

Finalmente dejó de holgazanear y se levantó para ir a buscar su maleta, donde había metido un montón de bikinis y bañadores, además de ropa de fiesta para la noche. ¡Estaban de vacaciones! Adiós a la bata de San Mungo y a la ropa seria y monótona del día a día.

Yo salí una vez con un español —comentó mientras sacaba uno de los bikinis al azar y comenzaba a desvertirse allí mismo, sin pudor alguno. Roxanne cuando cogía confianza era terrible, y pocas personas había a las que le tuviera tanta confianza como aquel par. — Pero lo único que sé decir es hijo de puta y estoy cachonda—dijo encogiéndose de hombros y con un pésimo acento y una peor todavía pronunciación, para luego decirles lo que significaba en inglés. — No creo que nos sirva de mucho, a no ser que nos metamos en alguna pelea de bar —se lo pensó unos segundos para añadir: — Nada de peleas de bar, por favor.
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S. Rox JensenSan Mungo

Laith Gauthier el Jue Jun 14, 2018 5:12 am

Beatrice lo detuvo de repente mientras iba poniendo las reglas de convivencia básica, preguntando sobre la regla uno. Chasqueó los dedos señalándola. — Tequila, siempre tequila —respondió rápidamente, como si la duda fuera en serio y de verdad pudiese confundir aquellos dos alcoholes. — Ya nos estoy imaginando jugando verdad o reto en la playa con chupitos —dio una idea. Roxanne puso la cuarta regla: salvarla a ella primero si se ahogaba. Menudo par que iba a la playa sin saber nadar. — ¿Con un gusano dentro? Eres asquerosa —se burló graciosamente de ella, porque a él no le apetecía mucho a pesar de que sabía que si se presentaba la oportunidad no iba a rechazarla.

Básicamente porque así era Laith, le encantaba la cultura y las tendencias de una sociedad lejana. Lo había vivido en Estados Unidos, en Inglaterra, en Francia, en África y en todos los lugares que hubiese pisado. Incluso en algunas vacaciones en México cuando era adolescente con su grupo de amigos, lo que lo hizo sonreír divertido. Se alejó de aquel par para ir a terminar papeleo y el resto de cosas, y además les pusieron unos brazaletes plásticos como reconocimiento de su estadía en el hotel. Más o menos porque sin esos brazaletes no tenían acceso a las instalaciones.

Si se pierde la llave, las dejo como garantía y me devuelvo yo solo —las amenazó, pero no era nada amenazante con esa gran sonrisa que tenía en los labios. Al hombre del grupo le gustaba el lujo y lo fino, y en el hotel se mostraban ambas cualidades con un excelente rastreo de ofertas para no quedarse pobres en el proceso. En cuanto despachó al botones, Laith procedió a tirarse encima de Roxanne sobre la cama. — Creo que al final no fue buena idea pedir dos camas, pudimos dormir los tres en una sola —se burló con una sonrisa, restregando cariñoso su mejilla contra la de la sanadora.

Laith soltó una carcajada escuchando a las chicas hablar sobre el tequila, y que la francesa asegurase que el camarero iba a ser guapo sólo porque esas eran sus vacaciones y ellos merecían ver camareros guapos. Cuando la dejó tranquila, levantándose, fue a su sitio favorito en toda la habitación: el balcón para fumadores. Podían verse las olas chocar contra la arena, algunos juegos acuáticos a los que ni muerto iba a subirse y la parte trasera del hotel.

No quiero a tu primogénito, vístete sola —le dijo travieso. — Esas nos van a servir —apuntó respecto a las palabras en español que ella conocía. — Yo alguna vez me he acostado con hispanohablantes, pero… estoy seguro que nada de lo que sé decir realmente nos sirva —la sonrisita que se coló a sus labios lo decía todo. — También sé la de Despacito, ¿crees que algo de esa canción nos sirva? Si llego y les digo… ¿“Muéstrame el camino que yo voy”? —su español tampoco era bueno, y eso concluyó en otra risa.

La maleta de Laith tenía un hechizo extensor, de modo que tenía ropa para toda ocasión, ya que al menos un día pretendía convencer al par de ir a alguna discoteca a divertirse. Tomó un bañador rojo que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas y, tal y como Roxanne lo hizo, les dio la espalda y se cambió justo donde se encontraba. Porque la confianza no era bonita ni agradable, pero sí más cómoda. Se colocó una camiseta de tirantes y unas sandalias. Además de eso, tomó el protector solar y se aproximó a Roxanne para empezar a extenderlo por su cuerpo.

Soy novio de ambas siempre y cuando haya un pesado fastidiándolas, ¿vale? —les dijo. — Si no hay nadie molestando todos somos libres y solteros —sonrió encantador, dispuesto a sacrificar su homosexualidad para cuidar de las dos. Se colocó el protector solar y se llenó los bolsillos: teléfono móvil, cigarros, encendedor, llave y… — ¿Alguna va a llevar bolso? ¿Piensan llevar las varitas? —les preguntó para saber si la dejaba en la habitación o la llevaba con él.

Cuando estuvieron todos listos, salieron de la habitación y se dirigieron hacia el primer piso, tomando el elevador. Laith entretanto iba molestando a las chicas, tirando de los tirantes de sus bikinis y dándoles pequeños golpecitos con el elástico de los mismos, con el mero propósito de fastidiar un poco, colocándose los lentes de sol en la cara preparado para divertirse.
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