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││ You will be forever my friend! — Dorcas.

Camille A. Leclair el Jue Jun 14, 2018 8:36 pm

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— FlashBack —

24 de septiembre del 2010, Hogwarts
04:31 P.M.

¡Por aquí, por aquí! — Corría por los pasillos de Hogwarts, como ya se había acostumbrado a hacerlo durante las semanas anteriores. Habían pasado aproximadamente tres semanas desde su llegada al castillo, y las cosas no podrían ir mejor para ella. Todo lo del mundo mágico se le hacía totalmente maravilloso, que luego de pasar una infancia repleta de objetos 'muggles' (como le llamaban a los no-magos allí), no había nada más fascinante que descubrir que podía hacer magia, tener criaturas mágicas, lechuzas mensajeras, viajar por un extraño canal llamado Red Flú, ¿Pero quién habría inventado esa cosa? ¡Que siempre te dejaba la ropa hecha un desastre! Con lo que ella odiaba que su ropa se ensuciara.

A la vez que corría, llevaba a Dorcas, una de sus nuevas amigas, una de las chicas con las que compartía las clases, la casa, la habitación y de hecho casi toda actividad dentro del lugar. Estaban ya en horario libre, y de hecho no tenían prisa por llegar a ningún lado, pero allí iba Camille, arrastrándola por todos lados mientras que ella salía pitando en dirección a la Sala Común, donde le iba a enseñar algo muy, pero muy importante para ella, y que cuidaba incluso como a su propia vida. Pocos días habían transcurrido desde su pequeña 'disputa' con Danielle, en la cual habían perdido puntos para la casa, y también habían roto una amistad que recién iniciaba, pero ella no se arrepentía para nada, ¿Qué clase de demente prefería a Squirtle antes que a Charmander? ¡Si es que esa niña estaba loca! Y todo aquel que la conociera bastante bien podía saber que ella defendía a capa y espada cualquiera de sus gustos y creencias, en especial si se trataba de su adorable lagarto bípedo con fuego en la cola, ¡Que el lagartito tenía fuego en la cola y todo! Era la ternura en su máxima expresión.

Una vez llegar a la Sala Común, se detuvo por unos cuantos segundos para descansar, poniendo las palmas de sus manos sobre sus codos, e inclinándose levemente — Perdón, me emocioné — Acto seguido, una sonora carcajada se logró escapar de ella. Era de esa clase de personas a las que le gustaba reír incluso en las malas situaciones, a veces se reía hasta de ella misma, de sus tonterías, comentarios fuera de lugar y de lo olvidadiza que podía llegar a ser, no se le daba demasiado bien tomar la vida de mala manera, porque si algo había pensado siempre, era que una sonrisa podía resolver todo — ¿Te cansaste? — Se detuvo un par de segundos a observar el rostro de su amiga, y claramente estaba cansada, si habían corrido desde una punta del castillo hasta la otra — No importa, no importa, ¡Te juro que valdrá la pena! — Afirmó, totalmente segura de sí misma y también, de lo que estaba a punto de enseñarle, una de sus posesiones más preciadas.

Nuevamente, sin su previa autorización, cogió su mano y la llevó corriendo hacia los dormitorios, más precisamente, para el que compartían ellas. Muy pocas personas iban y venían por la sala común de Hufflepuff, en este horario, la mayoría solía estar en la biblioteca haciendo los deberes, o paseándose por cualquier otra parte del castillo, pero ellas no, porque lo que estaban a punto de hacer era de vital importancia para consolidar su amistad.

El dormitorio que compartían, curiosamente estaba repleta de rubias, entre ellas ambas chicas, además de Danny, y aunque los primeros días había estado cargado de diversión entre todas, luego de la discusión que tuvo la francesa con Danielle, solo hablaban por separado con Dorcas, y cuando cruzaban palabras entre ellas era para molestarse, o cuando era totalmente necesario que hablaran, en caso de algún deber o algo relacionado.

Te gusta Pokémon, ¿Verdad? Espero que te guste — Y si no le gustaba no había problema alguno, que tenían siete años de sus vidas por delante en los cuales tendría que verla a diario, y podría contagiarle su amor por aquella saga. Corrió hasta el enorme baúl en el que guardaba sus cosas, y estaba justo allí, sobre todos los objetos, cuidado como si fuera un pequeño bebé, una mascota o algo similar, su pequeño y tierno [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], su Pokémon favorito para aquel momento. ¿Que por qué era tan preciada esta posesión para ella? Pues era bastante simple, siempre había tenido un amor bastante radical por la saga de Pokémon y por esta criatura en específico, pero mucho más allá de eso, recuerda perfectamente que fue lo último que sus padres le compraron antes de morir, y para la fecha, lo había estado guardando como si se tratase de una reliquia, de un objeto invaluable, y es que por lo menos para ella, así era.

Cogió el peluche entre sus manos, y lo acercó a ella para darle un fuerte y caluroso abrazo, era increíble lo mucho que lo amaba — Míralo, es mi dulce Charmander, ¡Es una monada! ¿Verdad que lo es? — Comentó, observando con ilusión a Dorcas, y dejando ver esa sonrisa tan característica en ella, tan jovial, tan repleta de alegría y de vida, así había sido ella siempre, y lo más probable es que jamás cambiara, y si era así la mayor parte del tiempo, podía serlo incluso el doble cuando algo le hacía mucha ilusión. Extendió sus brazos para enseñarle más de cerca el peluche a la rubia, acercándolo a su rostro, quedando tan solo a unos seis o siete centímetros de distancia — Y es mucho más lindo que esa fea tortuga Squirtle, ¿No crees? — Asintió con la cabeza, y en realidad, no es como si estuviera esperando una respuesta negativa de su parte, que se iba a decepcionar demasiado como perdiera a otra amiga por preferir a esa cosa fea antes que a su adorable lagarto, ¿Cómo podía haber gente que pensara así?
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Dorcas Meadowes el Jue Jun 28, 2018 1:04 am

Le faltaba un poco el aire, sus mejillas estaban de un rojo intenso, sus piernas le exigían un descanso y su temperatura corporal había aumentado considerablemente de un momento a otro. ¿La causa? El torbellino más colorido llamado Camille. Así había nombrado Dorcas a la joven maga, quien con su sola presencia remueve todo a su alrededor. Pero no de una manera destructiva, para nada. De hecho pese al cansancio que sentía en ese momento la tejona, por estar prácticamente "volando" de un extremo del Castillo al otro sonreía, muy feliz y expectante de lo que la rubia tan animosamente quería mostrarle.

Hace recién tres semanas que había llegado a Hogwarts y aún todo le parecía de otro planeta. Muchas veces cuando abría sus ojos por las mañanas pensaba que se encontraría en su habitación descubriendo que todo aquello había sido un sueño. Uno muy hermoso, pero un sueño al fin y al cabo. Pero no, cada mañana volvía a observar los doseles de su cama de color amarillo y negro, volvía a levantarse de su cama y observar a esas chicas que en tan poco tiempo ya les había agarrado un cariño enorme y volvía a ir a ese comedor de cielo mágico y clases donde las cosas volaban o se convertían en otra cosa en cosa de segundos.

Camille detuvo su frenético correr y Dorcas aprovechó de apoyarse en la pared más cercana e inspirar una bocanada de aire. La rubia nunca se ha caracterizado por ser una chica que se moviera mucho, todo lo contrario ella era de las que prefería mil veces pasarse toda la tarde sentada en algún lugar tranquilo leyendo un libro que andar por la vida subiéndose a árboles o haciéndose rasmillones. Que era curiosa, mucho. Pero una precavida. - Estoy bien.- le respondió aún tratando de regular su respiración, mientras sentía  su corazón pulsar fuertemente. Sonrió ampliamente cuando escuchó sus siguiente palabras, que no tenía idea la razón de la emoción de su compañera pero con tan solo ver su mirada tan brillosa pensó que sin importar lo que fuera, debía ser algo maravilloso y muy importante para la rubia. Y el hecho de que ahora ella lo fuera a conocer, le causaba una gran emoción.

Dorcas tomó mucho aire para la última corrida hasta la habitación. Al llegar no pudo evitar lanzarse a la cama más cercana junto a un largo suspiro. Definitivamente ella no estaba hecha para ser una maratonistas profesional. Se re incorporó a medias y miró expectante a Camille.- Pues, he visto un par de capítulos.- le respondió mientras elevaba más su cabeza para ver si así podía entrever qué es lo que andaba buscando su compañera tejona. Hasta que de pronto en las manos de la rubia apareció un peluche que a Dorcas le derritió el corazón. - ¡Lo es! Es muy hermoso, Camille.- admitió con sinceridad, contagiandose de la brillosa mirada de su amiga.  Apoyó sus rodillas en la cama y se movió con ellas para acercarse más a la tejona y estirar sus manos para invitarla a que acercará más el peluche hacia ella. Cuidado con lo que pides, que te lo pueden dar, dicen por ahí. Dicho y hecho, en menos de un pestañar ya tenía el peluche literalmente en su nariz, junto ambos ojos al centro para mirarlo. Lo tomó con sus manos y se lo arrebató a su amiga para sentarse junto a el sobre la cama y observarlo con mayor atención.

Frunció el ceño confundida por unos momentos tras su última pregunta, pero como un gran puzzle mental no tardó en juntar todas sus piezas y entender a qué iba esa curiosidad repentina de su compañera.- No me digas que es por esta hermosura  te has peleado con Danny...- dijo mientras seguía mirando el peluche, recordando como su otra amiga había llegado hacia ella diciéndole "¡Que me ha dicho que es una fea tortuga!" y Dorcas quién había visto poco y nunca esas caricaturas simplemente no entendía nada, y prefería mantenerse al margen de todo aquello.- Pues sí, realmente es muy bonito. Y abrazable.- agregó después atrayendo el peluche hacia ella, al igual como lo había hecho Camille minutos atrás para luego echarse de espalda sobre la cama.- Ven, ven a mi lado.- invitó a su amiga que viniera a su lado dando palmitas al costado vació que quedaba de cama.- Me has hecho correr por todo el Castillo ahora me toca a mí liderar el ritmo, eh.- dijo divertida.

- Pronto se cumplirá un mes desde que estamos aquí. Aún no me lo creo, sabes. A veces pienso que despertaré y veré que todo ha sido un sueño. - se le confesó, mirando hacia la ventana más cercana y abrazando fuertemente a Charmander.
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Camille A. Leclair el Jue Jul 26, 2018 7:03 am

A algunos se les hacía incluso curioso el hecho de que Dorcas y Camille congeniaran de la forma en la que lo hacían, porque probablemente lo único que tenían en común era lo joviales y serviciales que podían llegar a ser, porque eran capaces de ponerte una sonrisa incluso en la peor de las situaciones, y de ayudarte cuando ni ellas mismas hallaban una salida propia, sin embargo, Dorcas era mucho más pacífica, le gustaba más mantenerse en calma, probablemente leer un libro o mirando cualquier cosa tranquilamente, era más una marea tranquila, sin embargo, la francesa podía llegar a ser un tsunami, con su desbordante ánimo y casi inagotable energía, que hacía que la mayoría de personas la amaran, y a los que no les agradaba, les daba su merecido con su misma rebosante energía, que podía llegar a resultar incluso excesiva.

Su amiga había sido víctima de su increíble energía, e incluso había sido capaz de soportarla. En las semanas que tenían en el castillo, ya se había habituado bastante a toda esta clase de cosas, a los ataques de alegría que solía sufrir Camille, en especial cuando se trataba de cosas tan importantes para ella como lo que estaba por mostrarle a Dorcas, probablemente su posesión más preciada, y algo que hasta el momento, nadie en Hogwarts había llegado a ver, aparte de Danielle, aunque eso había sido un claro error, al menos para ella, porque no había valorado a su peluche tanto como ella lo habría querido.

Ya vas cogiendo el ritmo — Rió dulcemente al ver como la rubia intentaba recuperar el aliento, luego de correr a través de todo el amplio castillo para poder llegar finalmente hasta la sala común de Hufflepuff. Ay, la preciosa sala común de Hufflepuff, siempre tan pacífica, llena de amor y de ayuda, porque siempre lo diría, que su casa era la más hospitalaria y también la mejor en muchas cosas de todo Hogwarts, y estaba segura de que así era, porque adoraba fervientemente a su gente, por más que apenas tuviese unas cuantas semanas en el castillo, porque había investigado montones al respecto y sabía el lugar en el que se había metido.

La corrida que siguió luego fue prácticamente inesperada, en especial de todo el recorrido de hace unos momentos, y especialmente, a lo agotadas que lucían ambas tan sólo unos cuantos segundos antes, pero así era Camille, incluso cuando pensabas que ya habías terminado con ella, sacaba energías de cualquier parte para continuar. No se detuvo siquiera a analizar la habitación, por más que estuviese un poco desordenada —al menos en las zonas que le correspondían a Danny y Camille— debido a que habían tenido una mañana bastante ajetreada, con poco tiempo para siquiera pensar en poner todo en su lugar.

Un par de capítulos, sí, con eso le bastaba. Podía vivir tranquilamente con una amiga que no supiera demasiado acerca de Pokémon, o por lo menos de sus Pokémon favoritos, pero lo que no podía tolerar era que les disgustaran, porque era un asunto mucho más serio, porque la ignorancia era más tolerable que el repudio, al menos en aquellas ocasiones. Dorcas se había tendido sobre una cama, mientras que la francesa revolvía rápidamente las pertenencias de su baúl, porque siempre escondía su peluche en lo más profundo, donde no cualquiera metiese la mano, y entre un montón de cosas también, donde sabía que no podía salirse por equivocación y acabar perdiéndose por allí, porque probablemente sufriría de una crisis el día que perdiese su más valiosa pertenencia, lo más preciado que le quedaba de sus padres, lo único que la hacía aferrarse a ellos.

¿Verdad que sí? ¡es todo precioso! — Emitió un grito agudo luego de aquellas palabras y se sacudió ligeramente, una emoción totalmente diferente de lo usual solía invadirla en aquellos casos en particular, cuando hablaba de lo que más le fascinaba en el mundo, aquel peluche de Charmander. Lo enseñó con toda la emoción del mundo, y apenas pudo observar que la rubia frente a ella le pedía verlo desde un poco más cerca, y ya había clavado a su felpudo amigo prácticamente en su rostro, con una sonrisa de oreja a oreja, que en aquel momento lucía totalmente indestructible, y es que lo era, nadie podía comprar una felicidad como la que ella tenía al compartir un pedacito de su vida con alguien más, aunque lo hiciese de la forma indebida, porque a pesar de que más de una persona tuviese conocimientos acerca de aquel peluche y lo preciado que era para ella, absolutamente nadie se había enterado nunca de la razón por la cual era tan especial, la razón por la cual lo cargaba a casi todas partes, y por la cual lo cuidaba como a un bebé.

Trató de ignorar el comentario acerca de Danielle, únicamente respondiendo con una sonrisa culposa, porque ya había pasado más de una semana desde aquel inconveniente, y no habían cruzado palabras a menos que fuese estrictamente necesario, o que fuese para hacerse alguna clase de comentario cruel o discutir entre ellas, porque las discusiones parecían abundar entre ellas, incluso entre dos chicas que hace unos cuantos días se llevaban de maravilla — Super abrazable, ¡y excelente compañero de siestas! — Sí, como si no fuese suficiente, también dormía abrazada de su Charmander, razón por la cual Danny tenía que soportar verlo casi a diario, considerando que ambas se alojaban en el mismo dormitorio, y que debían cruzarse obligatoriamente más de una vez en el día.

Sonrió con picardía cuando Dorcas la invitó a acostarse a un lado de ella, y es que estaba demasiado feliz, incluso para ella, y desconocía la razón. Lo más probable era por sentirse capaz de abrirse frente a alguien más, de compartir sus posesiones preciadas. También, podía deberse a que había conseguido muy buenos resultados en la clase de herbología aquel mismo día, e incluso se enorgullecía de ello, porque al crecer como una muggle, no había sido demasiado sencillo acoplarse al mundo mágico. Literalmente corrió hasta quedar justo a un lado de donde su compañera se encontraba, y se lanzó de espaldas sobre la cama, rebotando de forma leve al caer, y soltando una pequeña carcajada — Bueno, un ratito de descanso no viene nada mal, ¿eh? — La observó por el rabillo del ojo y soltó una corta carcajada, ella también estaba cansada, por más que detestara admitirlo, y luego de un día tan pesado, no vendría mal algo del descanso.

Balanceaba sus pies de adelante hacia atrás mientras se encontraba en la cama, y su mirada se encontraba enfocada en el techo, o más bien, en la parte superior de su cama — Un precioso sueño, en el que no somos como la gente común y corriente — Su mirada se perdió por unos cuantos segundos, sus manos se entrelazaron y comenzó a juguetear con sus dedos mientras hablaba — Crecí como una muggle más, y esto para mí es fascinante, y nuevo, no podría imaginarme algo mejor que lo que soy ahora — Asintió ligeramente con la cabeza. Estaba muy segura de que no quería volver a ser una persona más del montón, precisamente por eso se esforzaba en hacer lo que más podía dentro del castillo, de aprender, de tener un buen desempeño, porque no quería ser hecha a un lado, sino que por el contrario, quería convertirse en una maga más, y demostrar que la pureza de sangre no tenía nada que ver con las habilidades como hechicero — A ti se te da muy bien todo, te adaptaste muy rápido
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Dorcas Meadowes el Lun Jul 30, 2018 2:59 am

Cuando llegó a la Sala común sintió un gran alivio, que si seguía corriendo más ya veía que el corazón se le terminaba saliendo por la boca, gritando un "no tienes consideración por mi persona, así que me marcho", que ella a diferencia de su amiga no solía ser muy amiga de algún deporte ni mucho menos poner a su cuerpo bajo tanta presión. Que a diferencia de las chicas de su edad, Dorcas era mucho más un ratoncito de biblioteca, conocía y vivía aventuras por medio de sus libros favoritos en vez de ir y descubrirlo por ella misma. Ya más grande todo aquello cambiaría, pero por ese entonces esa corrida le había cobrado la cuenta dejándola sin aliento.

A penas llegó a la habitación se dejó caer sobre su cama, en un intento de regular su respiración y cuando su corazón comenzó a sosegarse y andar en un pulso más pausado se incorporó hasta quedar sentada y mirar a Camille que buscaba efusivamente algo en su baúl, algo que Dorcas tenía muchas expectativas y ganas de ver. Y de las profundidades su querida amiga tejona sacó un peluche enternecedor, uno naranjito y abrazable. Se acercó más a la hufflepuff pidiéndole silenciosamente que esta le tendiera el peluche, y en menos de un par de segundos ya lo tenía literalmente sobre ella, sonrió ampliamente y no tardó en abrazarlo, y reconocer el aroma de su amiga en el que no hacía más que producirle más cariño del que ya le tenía. Se recostó nuevamente en la cama e invitó a su amiga tenderse junto a ella. No le pasó por alto el hecho de que esta hubiera evitado el tema con Danny, pero no quiso insistir, al menos no por el momento, ya que veía muy feliz a Camille como para recordarle ese incidente, pero que lo traería nuevamente al baile, lo haría. Es que las dos eran muy importantes para ella como para dejarlo pasar así de fácil.

Soltó una risa al rebotar sobre la cama por la caída de Camille sobre ella, le ofreció una amplía sonrisa al verla ya a su lado.- No viene para nada mal.- recalcó mirándola cariñosamente, para luego clavar su clara mirada en el peluche y observar cada detalle que lo envolvía. Paralelamente y de manera silenciosa se encontraba repasando todas las cosas que había vivido desde la llegada de esa misteriosa carta que cambió de manera radical el rumbo de las cosas y de su vida. Arrugó su nariz y miró a Camille negando con la cabeza.- Eso no es verdad, no se me da bien todo. Mi copa aún sigue pareciendo más un ratón que otra cosa, y mi culete pasa más en la tierra que sobre la escoba en clases de vuelo.- señaló apesadumbrada, es que Dorcas era muy exigente consigo misma.- Pero ya pronto nos iremos acostumbrando, lo sé.- agregó luego con aires más esperanzadores.- Nos quedan siete increíbles años para poder descubrir y absorber la mayor cantidad de cosas de este hermoso mundo que nos abrió sus puertas de manera imprevista. ¿Alguna vez te sucedió algo extraño cuando pequeña que te hizo pensar que eras diferente? .- le preguntó curiosa, mientras se volteaba levemente para quedar de lado y mirar mejor a su amiga, mientras seguía aferrando fuertemente el peluche de la rubia contra su pecho.- Mi padres me dijeron que de pequeña hacía cosas extrañas y que ellos lo obviaron por el hecho de que jamás pensaron que la magia llegase a existir de verdad. Yo tan solo recuerdo una tarde que hice una araña desaparecer, fue muy extraño pero luego lo olvide pensando que era producto de que tenía mucha hambre y eso me había hecho alucinar cosas.- agregó encogiéndose de hombros.

Tan solo llevaba tres semanas en ese Castillo y ya había descubierto que todos esos libros que había leído de magos y brujas no eran nada en comparación a la realidad que tenía ahora frente a sus ojos. Había tanto por aprender, por leer, por realizar que le abrumaba y le animaba por igual. Quería ser una gran maga, poder realizar con ella cosas para los demás, cosas que ayudarán a los otros, y ojalá de paso poder llevar un poquito de su conocimiento a su mundo que al parecer los magos solían llamar "Muggle". Muy a su pesar no podía realizar magia fuera de Hogwarts hasta que cumpliera la mayoría de edad, pero se encargaría hasta entonces aprender lo máximo posible para hacer de su nuevo regalo de la vida algo bueno para todos.
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