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Magic Battles Club || GwenxRyanxCarol [FB]

Caroline Shepard el Sáb Jun 16, 2018 6:30 am


En medio de un frondoso bosque sentada sobre un tronco  de árbol caído se encontraba Caroline Shepard. Pese a la hora, la luna a medio llenar se encargaba de iluminar el caminar de todos aquellos seres errantes que aunando valentía se sumergían en las profundidades y misterios que ese lugar podía ofrecer. Se abrazó a sí misma en un intento de generar calor, la primavera ya había llegado pero la neblina que había caído sobre el bosque parecía no saberlo, congelando y cubriendo con una capa de rocío todo lo que estuviera a su alcance.  Miró a su alrededor, ansiosa por la llegada de dos personas que junto a ella irían en busca del "Magic battles Club".

¿Qué es eso? Pues como bien lo dice su nombre es un club de batallas mágicas, pero no cualquier batalla, sino que estas tenían la particularidad de que no era entre humanos, era entre criaturas mágicas, quienes fueron robadas, apresadas y posteriormente utilizadas a manos de sus nuevos dueños, con el único fin de entretenerse y de paso ganar unos cuantos galeones que jamás venían mal. En su mayoría eran magos inmersos en el mercado negro, profesionales en el tráfico ilegal y en sus tiempos libres unos cazarrecompensas de tomo y lomo. El nuevo gobierno les había venido de perilla, porque personas como esas poco y nada tenían de ideales. Su fidelidad siempre va a estar con el mejor postor o dónde más fuerte brille un galeón. Bolsillo lleno corazón contento, es su refrán favorito. Ahora ¿por qué criaturas? por el simple hecho de que para ellos, las criaturas mágicas siempre han sido y serán seres inferiores, nacidos para ser sometidos, y manipulados. Además, para ellos no había nada más entretenido que ver cómo se despedazaban a golpes, mordeduras, o lanzas de fuego. Allí en esa fachada de Castillo en medio del aquel aparentemente silencioso bosque solían reunirse, donde se podrán encontrar batallas desde un elfo contra una Erkling, hasta una de un Hipogrifo contra una Manticora. Las posibilidades eran infinitas.

Hace un buen tiempo (tres o cuatros meses) que la pelirroja se enteró de todo esto, y desde aquel día que ha estado en su búsqueda, muchas veces estuvo a punto de pillarles el rastro, estaba allí pisándole los talones. Pero siempre cambiaban de lugar, día y nombre. Semanas de frustración, llamadas, salidas a terreno tuvo que pasar hasta que por fin dió con su paradero. Para ello tuvo que entrar de lleno en todo su mundo, adquirir objetos mágicos de gran valor que luego estratégicamente dejaría caer en el mercado negro, para que luego como sanguijuelas sedientas de sangre empezarán acercarse uno a uno.  La mayoría se sorprendía al encontrarse con ella dentro de aquel rubro, es que los prejuicios siempre dominan en las mentes blandas. Pero Caroline lo usaba a su favor, y ahí haciéndose pasar por una pobre gacela perdida en medio de un gran bosque logró ir ganándose su confianza. Hasta que un día llegó a su vida Marcel Brown. Uno de los accionistas más importantes de dicho evento, y quizás uno de los seres más intenso, bipolar e inteligente que la pelirroja ha conocido en su vida.  Él cautivado por esa curiosidad casi infantil de la maga, cayó rendido ante su mirada y terminó depositando en su mano una moneda color negro que si uno la ponía contra la luna generaba un luz que proyectaba las coordenadas para llegar al lugar.

Dicho y hecho, ahí se encontraba aún esperando. Pero no porque sus compañeros se hubieran demorado sino porque la pelirroja siempre llegaba antes a las cosas que le producían ansiedad, necesitaba tantear terreno y cómo un águila mirar desde las alturas su escenario,  aunque se congelará en el intento.  Marcel se había encargado de ser una excelente narrador de lo que sucedía en esos eventos, hasta a veces solía ser muy literal ya que uno de sus placeres eran coleccionar los rostros de la gente cuando le comentaba sus anécdotas más sangrientas y violentas. Es por eso que Caroline no tuvo que preocuparse de cómo justificar a sus acompañantes, ya que Brown podía ser despreciable en muchas cosas pero ser un elegante caballero no se lo quita nadie, era de esos que aún llevaba un pañuelo en su bolsillo para tenderlo a la primera dama en apuros. Y para él Caroline era una dulce y curiosa muchacha, convirtiéndose en una de sus novatas en el mercado negro favoritas y protegidas, sin saber que más pronto que tarde terminaría siendo traicionado.

"Lleva a un par de amigos, que ya sabes, la sangre y el alcohol pueden poner un poquito...eufórica y violenta a la gente. No quiero que te pase nada malo, algodón de azúcar. "


Uno lo lee y puede llegar a resultar hasta tierno, pero no se equivoquen. El poder es siempre su alimento preferido, y cuando descubra que su pequeño algodón de azúcar lo está traicionando en sus narices, Troya en llamas se quedará corto en comparación al escándalo que hará.

Se levantó del tronco ansiosa, y le cedió calor a sus manos a través de su aliento. Sabía que al lugar al que irían no sería  precisamente acogedor, ni mucho menos atrayente a la vista. De seguro tendría que poner todo de sí para no salirse de su rol al ver el vil trato que tenían con aquellas criaturas. Pero al menos esta noche trataría de no enfocarse en las batallas sino de conocer su funcionamiento, y los demás miembros importantes. Porque si lograban hacer explotar a las vacas sagradas, todo el resto caería en efecto dominó. Una parte de ella se encontraba tranquila al saber que aunque quisiera Sam no pudiese acompañarla y ahora se encontrará en su habitación junto a sus mascotas, de seguro sin pegar un ojo hasta que tanto Gwen como ella lleguen a casa,  pero al menos esta a salvo. Tampoco es que estuviese muy alegre con el hecho de que la desmemorizadora le acompañara,   pero la castaña a veces podía ser muy testaruda, y desde un principio le dejó muy en claro que ella no aceptaría una negativa de su parte, y claro que no la hubo. Además con el paso del tiempo la maga se había ido ganando cada vez más su admiración, encontrando en ella a una mujer valiente, luchadora y sumamente inteligente. Estaría ciega si no viera que ella era la mejor compañera de misión que pudiera tener, y sí le daba terror que algo le llegase a pasar pero quería pensar que mientras ellas estuvieran juntas, nada malo podía llegar siquiera a rozarlas. El tercer compañero de misión era un total misterio, Gwen tan sólo le había dicho que era de confianza y podía resultarles de mucha ayuda. Y si su amiga confiaba en él, ella también lo hacía.

Ahora, sólo faltaba que llegasen.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Gwendoline Edevane el Dom Jun 17, 2018 2:01 am

Esa misma noche, apenas media hora antes...
Zona segura para fugitivos, Londres.

Estaba de los nervios.
Llevaba cerca de diez minutos recorriendo el refugio, aquel lugar que albergaba en su interior a la mayoría de fugitivos que habían logrado escapar del yugo del nuevo gobierno del mundo mágico. Aquel lugar que todos consideraban una bendición, igual que un oasis en medio del desierto. Un lugar enorme que albergaba a tanta gente que a veces podía resultar prácticamente imposible dar con alguien en concreto. Especialmente si te habías puesto cómo objetivo encontrar a dicho alguien.
Aquello me estaba ocurriendo. Caminaba acelerada, sin llegar a correr, con las piernas tan rígidas que empezaba a sentir cómo se me entumecían los músculos. Quizás el estrés también tuviese algo que ver. Y es que aún a pesar de que todavía quedase tiempo antes de la hora acordada con Caroline, me catalogaba entre aquellas personas que preferían presentarse una hora antes y después esperar jugando a algún videojuego del móvil.
Hoy me parece que no va a ser posible, me dije mientras me detenía un segundo a recuperar el aliento, en medio de uno de los pasillos con sobrepoblación de fugitivos. Una mujer advirtió entonces la urgencia que tenía marcada en las facciones de mi rostro, y se acercó a preguntarme qué ocurría.

—Estoy buscando a Leon.—Confesé.—Leon Denson.—Había prometido a Caroline conseguir algo de apoyo de la Orden del Fénix para hacer frente a la misión que se había propuesto llevar a cabo. Y pretendía llevarla a cabo ella sola, además. Una discusión bastante acalorada en la que participamos Sam, Caroline y yo, acabó con una conclusión básica: Caroline no podía hacer aquello ella sola. Y yo me había ofrecido a ayudarla. Caroline había descubierto, no sin tiempo, esa faceta mía que me llevaba a no aceptar un "no" por respuesta cuando de la seguridad de mis amigas se trataba.

Aquello no había sido lo más destacable de la discusión, la verdad. Lo más curioso había llegado en el momento en que Sam dijo que iríamos las tres juntas. Y, casi al unísono, Caroline y yo nos habíamos girado hacia ella y habíamos pronunciado las palabras "¡No, tú no!", lo cual había golpeado a Sam cómo un latigazo en plena cara. Tal y lo que había descrito Caroline que nos encontraríamos, podía imaginarme jaulas, cadenas, látigos... Y bueno, simplemente no quería exponer a Sam a aquello. Creo que Caroline pensaba exactamente lo mismo que yo.
Así que el equipo lo íbamos a formar Caroline, Leon Denson y yo. Leon había sido auror antes de convertirse en uno de los más buscados y entrar a formar parte de la Orden del Fénix. El hombre que me había adiestrado en el uso de aquel hechizo defensivo, Thalitus, que pocas personas sabían que conocía, me parecía el hombre ideal para aquella misión. Seríamos un buen equipo y...
...y mis ilusiones se fueron al garete cuando descubrí que Leon había tenido que salir urgentemente por un asunto relacionado con su familia. Así me lo explicó la mujer que se me acercó en los pasillos. No podía culpar a mi compañero en la Orden y ex-compañero de trabajo en el Ministerio, pues su familia era sagrada para él. Pero de todas formas supuso un jarro de agua fría.
Pensé y pensé. ¿A quién podía llevarme en sustitución? Pensé en Leonardo Lezzo, pero no pude encontrarle, la verdad. Lo mismo me pasó con Drake y Fiona, quiénes deduje que estarían cuidando de su hija y tratando de mantener una suerte de vida normal, dadas las circunstancias. Sí vi a Dorcas, pero ni se me pasó por la cabeza meterla en aquella misión: dijesen lo que dijesen, y por valiente que fuese la muchacha, Dorcas Meadowes era demasiado joven para algo cómo aquello.
Estaba a punto de rendirme, ir al encuentro de Caroline yo sola, sugerirle que Beatrice se nos uniese, o algo por el estilo. Seguro que podría localizarla, pues al fin y al cabo compartíamos casa, y quizás no fuese tan mal... cuando alguien se me acercó.


En el presente...
Zona boscosa cercana a Londres.

Mi acompañante y yo nos aparecimos juntos cerca de las coordenadas dónde había quedado en reunirme con Caroline, y juro que una vez allí ya me estaba arrepintiendo de haberle traido. De hecho, estaba planteándome seriamente llamar a Beatrice. No me lo planteé seriamente durante mucho tiempo, pues si no recordaba mal, mi acompañante y ella eran buenos amigos. Meterlos juntos dentro del mismo barril de pólvora podría ocasionar una explosión de tal calibre que allí no saldría con vida nadie.

—Por aquí.—Indiqué, y sin esperar respuesta, me puse a caminar en dirección al lugar de reunión. La varita en la palma de mi mano indicaba el lugar acordado, y nada más llegar, pude ver allí a Caroline, caminando nerviosamente de un lado a otro. Suspiré, componiendo una expresión de disculpa mientras me acercaba.—Siento mucho llegar tan tarde, Caroline. Ha surgido un problema y...—Empecé a decir. No le había dicho exactamente a quién iba a traer, pero yo contaba haber traido conmigo a un antiguo auror. Y en su lugar.—Caroline Shepard, permíteme presentarte a Ryan Goldstein. Ryan, esta es mi amiga Caroline.

Tenía un mal presentimiento. Podría haberlo achacado a la misión en que estábamos a punto de embarcarnos, pero sobre todo estaba preocupada por los integrantes. De Caroline no tenía dudas. ¿De mí? Muchas. ¿Y de Ryan? Bueno... mejor dejarle demostrar lo que vale antes de prejuzgar... Pero era demasiado tarde: yo ya estaba prejuzgando, y mis prejuicios no eran precisamente los mejores...


PNJ (que realmente no aparece físicamente) Leon Denson:
Atuendo de Gwen (Sí, pelirroja otra vez):
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Ryan Goldstein el Lun Jun 18, 2018 7:27 am

Ryan solía oficiar de “cartero” para aquellos en el refugio que quisieran comunicarse con sus familiares por medios más confiables que una lechuza, así que iba y venía entregando buenas y malas noticias. Ya que ser fugitivo implicaba vivir escondido para muchos, Ryan les traía algo del “mundo de afuera” que les hiciera ilusión, o en todo caso, un relato en primera mano de lo que sucedía, para bien o para mal. Porque de leerlo en el papel a que te lo contaran, era siempre diferente.

Así que, tenía trato con algunos fugitivos más que otros, pero el caso era que le gustaba estar al tanto de sus asuntos, sus historias, conocer a estas personas y hasta pasar el rato con ellas. Desde que Ryan comenzara a participar de las misiones de la Orden del Fénix, quiso hacer algo más que ir y venir de una misión a otra cual autómata, porque era así también como, a través de los vínculos, se sentía con la fuerza y la motivación de sobrellevar las situaciones difíciles cuando tocaban, como cuando en una misión las cosas no salen como te lo esperarías. De alguna manera, saber por quién o quiénes él ponía el cuerpo, le daba aliento.

—Ey, ¿cómo estás?—
saludó, todo jovial y con los ojos cansados. Volvía de una misión, pero buscaba a alguien al que le debía el mensaje de un familiar, y al reconocer una cara que se le hacía amigable, pensó que quizá, si le preguntaba por… ella sabría…—¿Has visto a…?

Lo que resultó, sin embargo, de ese encuentro casual, fue una eventualidad. Y por supuesto, no pudo ni quiso negarse.


***


Caroline Shepard, permíteme presentarte a Ryan Goldstein. Ryan, esta es mi amiga Caroline.



Era un sitio perfecto para una hoguera ritual, justo a la luz de la luna. Sí, en esto pensaba Ryan Goldstein, en la de veces que había asistido a una ceremonia típica de los brujos más tradicionales en otras partes del mundo, en un bosque como aquel, tan lleno de magia.

—Ey, ¡un placer!—sonrió brevemente y ojeó a Caroline de pies a cabeza, por descubrirla por primera vez, y en persona. Porque ya Gwen le había comentado sobre la naturaleza de la misión y sobre su amiga, la razón de que estuvieran allí. Ryan le tendió una mano, en confianza—. Te admiro. Según entendí lo has hecho todo tu sola, hasta aquí—Y barrió el rededor con una mirada rápida y curiosa, deteniéndose en la fachada del castillo. Dejó escapar un cargado suspiro, antes de continuar—. Así que. Te infiltraste, y ahora nos infiltramos nosotros—Y añadió (en referencia al castillo), inquisitivo y con cierta complicidad—: ¿Lo volamos? Es broma—Hombre, la verdad…—. Pero, ¿qué me puedes contar sobre tu plan y este sitio?

Hubo una vez una sirena, mantenida prisionera por el director de un circo que la obligaba a dar espectáculos privados para un público selecto y ávido de curiosidad por aquel “monstruo”. El cautiverio había sido violento para ella y había rogado a su captor que la liberara con todo su ser, clamando por piedad, una piedad que nunca le fue concedida. Ryan la había encontrado y había comprobado lo cruel que podían ser la privación y las personas para una criatura que había nacido libre. Aquellos sitios como el Magic Battles Club, eran un horror donde se llevaban a cabo horrores. Redundante, pero nunca mejor dicho. Y algo que a Ryan le indignaba y le abominaba, era que magos o quiénes fueran se creyeran en el derecho de despreciar a otros considerándolos inferiores y negándoles la dignidad o la libertad.

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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Caroline Shepard el Lun Jul 02, 2018 3:54 am

Por la mente de Caroline pasaban muchas cosas mientras esperaba, y no solo con respecto a la misión que estaba a portas de realizar. Por su cabeza giraban desbocados innumerables pensamientos que no le hacían encontrarse plenamente en el presente. Jamás pensó que de un momento a otro todo cambiaría tan radicalmente en Londres y por consiguiente en su vida. A veces se ponía a pensar que tal vez sí nada de esto hubiera ocurrido ella seguiría en Japón, envuelta en esa especie de burbuja que no le hacía ver realmente lo abandonado que tenía este lugar y las personas que lo habitaban en su vida. Los diez años aún le pesaban, por más que intentara hacer todo lo posible por recuperar el tiempo perdido, aún le dolía no haber estado aquí en muchos momentos que sus seres queridos la habían necesitado. Sacudió su cabeza, en un intento de alejar esos pensamientos que siempre le atacaban cuando la luna hacía su aparición. Quizás de ahí nació ese miedo irracional que tenía la gente por la noche, porque en ella pese a la oscuridad salían a relucir nuestras más reconditas tristezas. Un ruido llamó su atención y desvió rápidamente su mirada hacia dónde lo había escuchado, sonrió al ver a Gwen caminar hacia su dirección.

Miró su reloj y negó con la cabeza.- No has llegado tan tarde.- le señaló sonriente e hizo el ademán de abrazarla fuertemente, como lo hacía cada vez que la veía, pero la castaña con sus palabras detuvo su accionar al presentarle al otro compañero. Caroline desvió la mirada prestando atención por primera vez a esa figura aquella noche. Enarcó una ceja sorprendida al observar de quién se trataba. Era Ryan Goldstein, uno de sus escritores mágicos favoritos. Prácticamente se devoraba su libros por la simple razón de que aquel hombre le hacía sentir con sus palabras como si ella se encontrase vivenciando todos esos fantásticos lugares en carne propia. Los describe de una manera tan maravillosa que si ella cerraba sus ojos podía imaginarlos a la perfección, y para qué hablar de ese cariño enorme que se lograba entrever en sus aventuras hacia las criaturas mágicas. Ay, hasta un poco nerviosa se había puesto. Imitó el mirar del rubio y lo inspeccionó de abajo hacia arriba, aún sorprendida, descubriendo de paso que la fotografía que salía en la contraportada no le llegaba ni a los talones a su versión en vivo y directo.- Hola, el placer es mío.- le contestó con una sonrisa de medio lado.- Pues déjame decirte que yo también admiro mucho tu trabajo como escritor. Una de mis historias favoritas es la de en  Santorini, está en mi top five de lugares que debo visitar, muero por nadar por ese mar de azul intenso y ver esa arena negra volcánica, me encanto esa parte en que te encuentras con ...- se detuvo de sopetón al darse cuenta que había hablado más de la cuenta y como una fanática empedernida, se hubiera sonrojado sino fuera porque  en muy contadas ocasiones lo hacía, y esta no era la oportunidad.- Lo siento, me deje llevar. En fin, lo que decía es que es maravilloso poder conocerte. Y Gwen...- miró a la castaña.- Muchas gracias por estar acá y traer un amigo, eres la mejor.- le dijo cariñosamente para ahora sí darle su abrazo de saludo.

- Ahora, el plan. Les cuento que mi idea si es es hacerlo volar, pero quizás no esta noche y tal vez no de manera tan literal. Tenemos que ir y conocer el lugar, ver con quienes es que nos enfrentamos, y cuántos. Mi idea, no es que a lo loco vayamos como kamikaze a enfrentarnos con todo, sino más bien dividirnos y comenzar a conocer a las personas que se encuentran en el, recabar datos que nos señalen alguna ubicación donde poder encontrarlos. Para que luego, yo más tarde le pida a otros amigos que hagan lo suyo haciendo ataques más masivos pero a ellos solos, uno a uno, ir arrebatando sus criaturas de manera individual, hacerlos caer como un gran efecto dominó, hasta que el club deje de tener integrantes y quiebre por poca participación. Debemos recordar que hoy no tenemos multijugos para pasar desapercibidos, por lo que tenemos que ser las personas más agradables ante sus ojos, tratar de ganarnos su confianza. Ahora, claramente no será fácil y lo más probable es que al menos uno no sea muy ameno o sospeche más de la cuenta, la gente como esa siempre piensa lo peor de las personas, porque ellos encarnan lo peor, por lo que como medida de seguridad he traído esto...- sacó de su bolso nueve objetos; tres ranas de chocolate, tres regaliz, y tres barras de turrón, todas ficticias, más tres pinchos de bambú pequeños.-  Gwen liderará las ranas, Ryan el regaliz y yo las barras. Al estar encantadas con Proteico, podremos sentir si es que otro necesita ayuda sintiendo el calor que emerge el objeto, y saber su ubicación que con los pinchos escribiran en su objeto del cual son líderes ¿Vale?.- les preguntó repartiendo cada objetado a cada uno.- Ahora al llegar debo presentarlos a Marcel Brown, quien a primeras lo encontrarán un encanto. Pero no le digan nada, pero nada personal. Inventense un personaje, porque él lo recuerda todo, cada palabra que le he dicho estoy segura que puede repetirla con exactitud, señalando la hora, el día y hasta el olor del lugar en donde nos encontrábamos. Creo que eso es todo ¿tienen alguna duda? ¿una recomendación? .- le preguntó clavando su clara mirada en ellos.- Y bueno, pues nada solo agradecerles por estar acá, de verdad, muchas gracias.- agregó ofreciéndoles unas cariñosa sonrisa a ambos.

Caroline en momentos como aquellos se sentía la persona más afortunada del planeta, es que por alguna extraña razón siempre termina rodeandose con las mejores personas para poder compartir esta experiencia llamada vida, pensó para sus adentros que algo muy bueno debe haber hecho para que el buen karma se lo devuelva de estar manera.
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Gwendoline Edevane el Mar Jul 10, 2018 1:41 pm

Caroline se hallaba perdida en sus pensamientos, o esa fue la impresión que me dio cuando la vi allí, en el lugar acordado en medio del bosque, y Ryan Goldstein y yo hicimos acto de presencia. La pelirroja abandonó su ensueño, fuese cual fuese, y las tribulaciones que venían incluidas en dicho ensueño, y recorrió la distancia que nos separaba tanto para saludarme como para conocer a nuestro aliado. Hice las presentaciones oportunas, y ellos hicieron el resto.
Mientras Ryan optó por mostrar la fascinación que sentía por Caroline y su trabajo—había puesto un poco al día a Ryan de camino al lugar—Caroline me sorprendió con lo que dijo acerca de Ryan: al parecer, el hombre que tenía al lado, el hombre que había intentado besarme de una manera que no me gustó cuando ‘nos conocimos’, el hombre en el cual no tenía demasiada confianza para aquella misión… era escritor. Fruncí el ceño mientras mi cerebro procesaba toda aquella información nueva… y entonces fue cuando se me encendió una bombilla: Ryan Goldstein, el escritor. ¿Cómo es que no había caído en que conocía ese nombre, y no solo de la Orden del Fénix?

—Espera, espera, espera...—Hice una pausa, y al mismo tiempo, mi cerebro Ravenclaw formuló una hipótesis: No te sonaba su nombre porque lo que menos esperabas era conocer a un escritor famoso. O medianamente conocido.—¿Eres ‘ese’ Ryan Goldstein? ¿El escritor?—Tenía que reconocerlo: no era una lectora asidua de Goldstein. Lo mío era más la literatura muggle. Sin embargo, alguna vez había caído en mis manos algún libro suyo, y si bien no era mi escritor favorito—lo mío eran las novelas de misterio, terror, o históricas—tenía que reconocer que Goldstein tenía un gran talento.—Podías habérmelo dicho cuando te vi en aquel bar tocando el piano, ¿no? No habrías conseguido ligar conmigo, pero con otra mujer posiblemente sí.—Entonces todavía me faltaba algo de tiempo para que la revelación me golpease en la frente, pero estaba claro que jamás me gustaría Ryan, ni ninguna otra persona: Gwendoline Edevane, lo supiese o no, se lo reconociese a sí misma o no, estaba profundamente enamorada de Samantha Lehmann.

Tras manifestar su admiración hacia quien ahora sabía que era uno de sus escritores favoritos, Caroline me saludó con un abrazo. Yo se lo devolví, esbozando una leve sonrisa, y es que por muy cercana que me hubiese vuelto con Caroline en los últimos meses, todavía seguía sintiéndome un poco cohibida con los gestos de cariño que procedían de ella. No en el mal sentido, si no en el sentido de mi propia marca de la casa: Gwendoline Edevane no se acostumbrará jamás a la necesidad de otras personas de manifestar su carño… a no ser que esa persona en concreto sea Samantha Lehmann, en cuyo caso Gwendoline Edevane le demostrará su cariño todas las veces que quiera.
Resté importancia al agradecimiento de Caroline con un gesto de mi mano y una sonrisa, aunque sentí deseos de matizar que Ryan no era mi amigo. Los reprimí, pues tampoco es que una afirmación semejante fuese a aportar gran cosa en un momento como aquel. En su lugar, opté por escuchar.
Ryan propuso volar por los aires el lugar al que nos dirigíamos, y yo le clavé una mirada severa. ¡¿Cómo que volarlo?! ¡Yo no me había apuntado a aquello para destruir cosas! Por fortuna, Caroline—cuya idea sí parecía ser hacer volar el lugar, curiosamente—tenía un plan un poco más elaborado, menos brusco. Le presté toda mi atención y fui tomando nota mental de los detalles más importantes. Sin embargo, sentía una ligera inquietud, algo que me hizo alegrarme todavía más de que Sam estuviese en casa, con Don Cerdito, Don Gato, Doña Lechuza, Lenteja y Chess, y no metida en todo aquello: ¿estábamos hablando de matar a esa gente, o solo me daba a mí la impresión? Porque yo me negaba en rotundo a levantar mi varita contra nadie con esas intenciones.
Nos entregó entonces una serie de objetos: en mi caso, ranas de chocolate, que al parecer no eran auténticas, y menos mal. Habrían salido disparadas de allí, pegando saltos, y yo no habría podido hacer nada por evitarlo. Al parecer estaban encantadas y servirían como un método de comunicación de emergencia. También nos hizo entrega de un pincho de bambú a cada uno con el cual escribiríamos nuestra ubicación en los objetos encantado, mandando un mensaje a los demás. Asentí con la cabeza, guardándomelo todo en uno de los bolsillos de mi abrigo.
Por último, nos informó de que al llegar nos presentaría a un tal Marcel Brown, con quien debíamos hacer todo lo posible por ser convincentes… y unos completos mentirosos. A fin de cuentas, Caroline nos lo describía como taimado, con buena memoria, y un experto en fingir ser una buena persona. Interpretar un papel no me resultaría muy difícil, a decir verdad. Lo hacía a diario, en el Ministerio.

—¿Con qué clase de gente estamos tratando?—Pregunté una vez terminada la explicación de Caroline; dándome cuenta de que la pregunta era un poco vaga, maticé un poco.—¿Se trata de puristas? ¿Mortífagos? ¿Simples estirados ricos que buscan emociones fuertes? Cualquier dato me servirá...—Por no mencionar el hecho de que si eran puristas o mortífagos, no podríamos contar con apoyo alguno por parte del Ministerio. En caso de haber puristas y mortífagos en aquel lugar, tal vez incluso hubiese algún Edevane.—Y una cosa más: no pienso matar a nadie. No estoy dispuesta a ello. No sé si esa es la intención de tus amigos, pero… conmigo no contéis para matar a ninguna persona. Liberaré a todas las criaturas que queráis… pero me niego a derramar sangre.—Todavía no había llegado a ese punto de mi vida en que estaba tan enfadada que realmente me plantearía la opción de acabar con la vida de una persona simplemente porque de esa manera solucionaría muchos problemas. Mi única experiencia a la hora de querer asesinar a alguien era con los Crowley, y ellos ya estaban muertos, por fortuna o por desgracia.

Respecto a lo de inventarnos una historia, yo ya me imaginaba que algo así podría suceder, así que ya había pensado un poco en cómo me llamaría, cuál sería mi historiar, e incluso parte de la personalidad. Necesitaba perfilar un poco esta última parte, eso sí en base a la información que Caroline me daría acerca de los invitados al evento.

—Me llamaré Astrid Mooney.—No solía tener un acento inglés muy exagerado, pero en el momento en que dije mi nombre, empecé a remarcar dicho acento, para que comprendiesen que formaba parte del personaje.—Soy la viuda del millonario Alfred Mooney, recientemente fallecido. Me he convertido en la heredera de todo su imperio y sus finanzas. Busco emociones fuertes y, quizás, algún amante que me satisfaga. Así mismo, si alguno de los ‘especímenes’ que nos encontremos ahí dentro me gusta, tengo pensado adquirirlo para ganar dinero con sus peleas.—Dicho aquello, me di un toque de varita en la sien derecha, y los iris de mis ojos pasaron a ser castaños.—Sí, soy pelirroja y tengo los ojos castaños.

Tendría que cambiarme de ropa, por supuesto. Ponerme elegante para que mi historia encajase. Estaba nerviosa y me daba un poco de miedo lo que nos encontraríamos allí dentro. Espero que acabemos pronto… Quiero volver con Sam.
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