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Mira cómo mueve el esqueleto || Evans&Stella [FB]

Stella Thorne el Sáb Jun 16, 2018 9:56 pm


TANGANANA:
Siempre, desde que tiene uso de razón la castaña va a algún lugar por algo y regresa con todo menos con lo que se le había pedido. Bueno, esta historia comienza cuando Robert -el padre de Stella-  una tarde verano le pide que vaya  a comprar huevos para hacer unas ricas tortillas de zanahoria para el almuerzo. Muchos ánimos no tenía, que ella eso de las tortillas de vegetales no le iba mucho, ella prefería un Big Mac con triple hamburguesa, era más cerdi para sus cosas, cero paladar fino. Pero ahí va caminando a paso pesado al minimarket de la señora Bertha.
Cuando de pronto en la esquina se encuentra con un grupo de chicos, instalados en la calle como si fuera el living de su casa. Y  no exageraba,  que literalmente tenían un sillón en medio de la calle donde estaban sentados y gritaban a un chico que estaba siguiendo una música toda pegadiza mientras giraba con su cabeza.
Ojitos de platos puso la castaña. Es que para un pueblo tan pequeño ver eso no era común, esas cosas no ocurrían, ellos no eran de acá...se les acercó. Mira que curiosa que era a veces, si fuera un gato de seguro solo le quedaría una de sus siete vidas.

¿Y qué pasó? Stella parándose de cabeza y aprendiendo a hacer un flipflap. ¡Oh!, y un Robert sin huevos, y un almuerzo sin tortillas.  Pero el hombre no se enojó, es qué cómo se iba a enojar si Stella había llegado toda flipada, de ojos brillantes y demostrandole en la cocina todo lo aprendido. ¡Por poco bota toda la loza en su intento de giro! Pero ahí Robert le sonreía, y de paso pedía un delivery.

Tan solo bastó una semana para que la chocolatosa se ganará el corazón de los "The gang" y ya con su corazón ganado, el resto vino por sí solo. La invitan a ser parte de la Batalla de Breakdance que se realizará en el distrito de Derbyshire. Le quedaba un mes para entrenar y crear una coreografía. Los ganadores se ganan unas entradas al evento de Break más grande mundialmente que este año se realizará en Londres,  más un pase VIP al sector de donde se encontrarán las celebridades más importantes del rubro. Los demás flipan, Stella tan sólo quiere bailar.

Pero esperen, un evento desafortunado cambió el rumbo de las cosas, cuando tan sólo quedaban dos semanas.

- Patrick se ha fracturado la pierna.

- ¿QUÉ?- gritó todo el colectivo.

- Eso, que me he fracturado la pierna.

Un lisiado Patrick entra desde la puerta del galpón con sus ojos achinados y rojos.

- ¿Pero cómo, Patrick? ¡JODER!

- Fue una idiotez, iba bajando las escalera de mi casa y de repente PAF, comence a rodar y rodar y rodar y rodar. Y paf, la pierna fracturada. Investigando, la culpa la tuvo el cordón de mi zapato izquierdo, así que mis queridos haganle casos a sus padres y amarrense bien sus agujetas.

Frederick escribe algo en su libreta, la levanta para que todos la vean dice "IDIOTA" con mayúsculas.

- Yo también te quiero, calladito mio.

Patrick le lanzó un besito y Frederick simplemente le dedicó su dedo anular levantado en gloria y majestad.

- Ya pero ¿qué haremos? La batalla es en una semana.

- Joder, es que ya todos nuestros conocidos tienen grupo. Y me niego a pedirle a Dan.

Dan era una chico que Maite odia, con su alma. ¿Por qué? Nadie sabe, pero tampoco nadie pregunta que el puñetazo que te llevas es de los grandes. Pero lo peor, que el jodido baila como los dioses.

- Bien, pero si no es Dan. ¿Quién?

Y Stella que había permanecido calladita en un rincón, levantó su mano.

- Yo...creo conocer a alguien que nos puede ayudar.

Y ese alguien, era Evans Mitchell.
THE GANG:


De izquierda a derecha:

Maite Torres (18 años- #009999 ) : Latina, se mudó a Londres hace tres años. La única mujer del grupo hasta la llegada de Stella. Da amor del duro, pero amor al fin y al cabo. Quiere ser abogada en medio ambiente, vegetariana.

Charlie Steven(20 años - #ffcc00) : Estudia cine. Le dicen "el cerebrito" tanto por su inteligencia como también por ser un maestro a la hora de bailar de cabeza. Es el líder del grupo, ama la pizza.

Patrick Clark (16 años - #996666): Cambia de color de cabello como de calcetines, su olor natural es a hierba,  viste de negro desde la muerte de Bowie. Uno de sueños es viajar al espacio, es alérgico al maní.

Frederick Stone (19 años - #cc3300) : Afroamericano,  no habla pero se mueve como los dioses, se comunica a través de una libreta que anda llevando. Siempre lleva puesto un polerón con el rostro de Kenny de la seria animada South Park. Está enamorado de Maite en secreto.  

Sábado 18 de Julio del 2015


Stella se encontraba acostada en su cama, visitando algunas redes sociales para matar el tiempo. Hace un mes que ya estaba de vacaciones y este año a diferencia de los anteriores había conocido a un grupo de chicos que habían despertado nuevamente en ella las ganas de mover su esqueleto. Jamás se ha considerado una muy buena bailarina, por más que la profesora Carmille aplaudiera con todas sus fuerzas y en un abrazo con lágrimas en los ojos le haya dicho "que había sido realmente hermoso verlos sobre el escenario" cuando, por cosas del destino había tenido que cumplir un castigo particular junto a Evans.

Miró el reloj que se encontraba a un costado de su cama y frunció el ceño. Cerró el video que estaba viendo en su móvil de un cerdito moviéndose con la canción Work de Rihanna, que más de una sonrisa le había sacado para abrir su WhatsApp.


Stellita
CHOCOLAT LOVER 

¡HEY!  

¿ A dónde vienes? 🤔

Si no llegas en cinco minutos, te quedas sin pizza
 
ven, corré como el viento



Suspiró y dejó el móvil a un costado, para luego llevar ambas manos a su estomago que le rugía como una gran serenata mexicana con hartos "Ayayayaaai" pero provenientes de un inframundo. De pronto una sonrisa traviesa apareció por su rostro al recordar que aún le quedaba una rana de chocolate en el bolsillo de su chaqueta de jeans que se encontraba dentro de su armario. De un salto ya se encontraba de pie y caminaba como un conejito feliz en medio de un pradera en busca de su amado chocolate. Pero no alcanzó ni siquiera a llegar a tomar la manilla del mueble cuando el timbre de su casa sonó. Fue hacia la ventana que daba a la calle y sonrió ampliamente.- ¡YO ABRO!.- gritó a todo pulmón, para después correr escaleras abajo hacia el primer piso.

- Llegaste tarde, ya no hay pizza. Deberás morirte de hambre.- le dijo encogiéndose de hombros, a modo de saludo. Tan cariñosa que es.

- Stella...-  dijo una voz con dejes de regaño proveniente de la cocina. A lo que Stella rodeó los ojos y sonrió.- Ok, que no hemos almorzado aún, esperandote.- recalcó lo último para que el chico sintiera culpa de la hambruna extrema que estaba sintiendo en esos momentos.

- Hola, hola.- saludó Robert; un hombre de unos treinta y tantos años, de piel trigueña, cabellos castaños y ondulados, mirada brillosa y una sonrisa que te transmitía una dulzura extrema. - Déjalo pasar, Stella.- le dijo poniendo su mano en el hombro de la rubia, quien tras lanzarle la lengua al castaño le abrió la puerta de su casa.- Bienvenido, Evans. Nos da mucho gusto tenerte por acá, Stella nos ha hablado mucho de tí.- dijo una sonriente Robert, mientras que por su espalda en silencio Stella negaba sus palabras. ¿Asumir que hablaba del castaño con su padre y tío? JAMÁS.- ¿Te costó mucho llegar?.- le preguntó con mirada curiosa mientras le invitaba a pasar al living.

Robert = #006600


Última edición por Stella Thorne el Dom Oct 28, 2018 7:19 pm, editado 1 vez
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Stella ThorneFugitivos

Evans Mitchell el Mar Jun 19, 2018 7:10 pm

—¡Aimee, Aimee!—llamaba Linda Mitchell desde alguna parte de la casa o el jardín, pero su hija, de unos seis o siete años, una preciosa nena de cachetes con alegres, alegres hoyuelos y dientecillos de leche, ni la escuchaba ni tenía intenciones de obedecer al llamado de su madre, y en cambio, se reía de las piruetas de su hermano en el suelo del ático de la casa, que era su habitación y guarida y pista de breakdance.

O bueno, él creía que eso era lo que hacía. Había visto algunos videos, después de todo, y él se sentía conforme con el resultado. No había que olvidar, por supuesto, que era un fanático de Eminem (¡Dem!, ¡era su ídolo en esos días!), y le gustaba la onda, ¿sabes? Sí, toda esa filosofía de hombre de las calles, bien cool, ¡con verdadera actitud! Porque eso era lo que lo diferenciaba del resto, ¡la actitud! A Evans le encantaba eso, de verdad, hasta lo copiaba, especialmente cuando estaba frente al espejo. Y este rapero, ¿sabes?, soltaba putas verdades en sus letras, ¿ok?, ¡sobre la vida, sobre el amor, sobre la amistad, sobre todo!, ¡eran jodidamente profundas esas mierdas!, ¡y sí, hay que ser malhablado!, ¡porque rima!, ¡y un rapero tiene que rimar!, ¿sabes? Bueno, puede que ni Eminem hablara de ese modo, pero mientras rimara estaba bien, ¡y lo importante era que Eminem era la hostia!

Así que, cuando Stella le preguntó sobre “mover el esqueleto” al estilo callejero, y teniendo a Eminem como referencia, ¿cuál crees que pudo haber sido su respuesta? ¡Por supuesto!, ¡Evans era un callejero en el alma! ¿Que si se sabía los movimientos? ¡Claro!, ¡él los venía practicando frente al espejo, toda la vida! Él estaba más que preparado para el momento. Y en virtud de la verdad, y no es que se lo fuera a confesar a la Despeinada, pero le chifló de maravilla toda esa historia sobre una “banda”, y especialmente la parte en que “lo necesitaban”, esa parte sí que la rockeaba. Bueno, puede que Stella sólo le hubiera preguntado si estaba disponible para una audición, pero había estado pesada, ¿no? Y Evans tenía plena confianza en su aptitud para el break dance, ¡no era sólo que fanfarroneara!, ¡su autoestima lo tenía bien alto! Iban a amarlo, en esa banda, y Stella tendría que confesar que era bueno, ¡le debería una!

Sólo tendría que pulir algunas cosas, y de hecho, en eso estaba Evans, haciendo precalentamientos, preparándose para lo verdaderamente intenso, que vendría luego. Aimee Mitchell era su público y apreciaba eso que estaba haciendo su hermano —eso de levantar las caderas con las piernas apuntando al techo y realizar la bicicleta en el aire como un poseso, sí, eso—, no con asombro —y en su defensa, era pequeñita, ella no sabía nada sobre la vida o sobre Eminem o sobre el break dance—, ¡pero riéndose un montón!, ¡toda entusiasmada con las trastadas de su hermano! Oh, no, no trastadas. Después de todo, ese era su entrenamiento especial, de profesional, ¡la bicicleta! No es que hubiera visto que lo hicieran en un video o algo, era sólo que. Era Evans, y él pensaba que le servía como precalentamiento, y si estaba aprobado por Evans Mitchell, tenía que ser real. ¡

En el cuarto se oía la música de Eminem, un recorrido por sus grandes hits hasta el momento, ¡para sentir la vibra!, ¡fundirse con el ritmo! Stella seguro que estaría de acuerdo en que el chico se lo tomaba en serio, tan entregado al momento… unos casi dos minutos con mucha suerte de bicicleta, que para él fue como media hora. ¡Pero basta de precalentamientos! Habían acabado, era hora de lo bueno. Evans se desplomó sobre la cama y al instante saltó hacia adelante, desentumeciendo sus los músculos de sus hombros, enlongando los brazos al tiempo que giraba su cintura de un lado hacia el otro, como alguien completamente acostumbrado a una rutina de estiramiento, alguien con un propósito y la actitud suficiente como para conseguirlo, alguien como Eminem.

Aimee vio cómo su hermano se plantaba frente al espejo de pie y movía exageradamente los hombros, a punto de hacer sus pasitos, y la nena se llevó ambas manitas a la boca, sonriéndose con una risita cuando el muy mentado de su hermano empezó a “moverse gracioso”, ¡pero con ritmo! Y como lo veía tan entretenido, ella también quiso probar, y se adelantó a prisa, colocándose delante de su hermano y ocupando el espejo, ¡entregándolo todo en un bailecito! De esos, tan encantadores, que se roban todas las miradas en una pista de baile.

—¡Aimz!—
Se quejó Evans, al rato, pensando para sus adentros que eso de bailar al lado de una nenita le quitaba profesionalismo a su performance. Y sin embargo, la tomó de la manita por encima de su rubia cabellera y la instó a dar vueltecitas, y ella encantada—. Mamá te llama, tonta.

Aimee se le arrojó con los bracitos, y lo abrazó por la cintura, pesada como era, así, dulce y compradora, y buena. Evans resopló, resignado. Y le peinó esa rubia cabellera que tenía de niñita dorada, tironeando suavemente de sus hebras de cabello, más absorto en mirar la ventana que otra cosa, pensando en sus asuntos. El sol de la tarde iluminaba el ático, pintando de un anaranjado transparente cada rincón a través de la ventana, levantando la pelusilla en el aire, y Evans sintió que subían la escalera, y presintió que la puerta se abriría de golpe, sin siquiera tocar primero, es que mira, que las madres no tenían educación. Evans agachó la cabeza, y Aimee le devolvió la mirada, sonriente. Él no sonreía, para nada. Esos adolescentes, gruñones todos. Se limitó colocarle un dedo sobre la nariz, y ella se desarmó de dulzura, riendo y escondiendo el rostro.

—¿Pero qué música es esta?—exclamó Linda Mitchell, con una mueca de desagrado. No lo miró con buena cara, y se apresuró a llamar a su hija, que hacía rato que venía buscándola—¡No le hagas escuchar estas cosas!—retó. Y bueno, por algo decían que Eminem no era “para todos los públicos”. Finalmente, se fue tan pronto como había venido, arrastrando a su hija y soltando en el camino antes de irse sin cerrar la puerta—: ¡Apaga eso, o te quemará el cerebro!

Un Evans sin muchas ganas fue hasta la entrada por donde ella se había ido y recargó la espalda contra el marco de la puerta, viéndola alejarse por las escaleras, casi aburrido. Aimee alzó una manita y lo saludó en un gesto, sonriente. Él respondió con el mismo gesto, como algo mecánico, y alzó la voz, informando que iba a estar ausente una semana o dos, antes de que su madre desapareciera hacia la cocina, sin agregar una palabra al respecto. Evans se sonrió y volvió a su cuarto, cerrando de un portazo.

***


evansito
I've my own style!!!
💤😴💤

😂

🕺

QUIERO PIZZA

😡





El día era de sol, y estaba parado frente a la puerta de la familia Thorne. ¿Que si llegaba tarde? Pfff, Stella era una pesada. ¿De quién era la culpa? Bueno, Evans no estilaba llegar temprano a ningún lugar, pero siempre se las arreglaba para contar una historia de lo más intrincada en la que las viejitas necesitadas de un favor eran las protagonistas, mientras que él era el buen samaritano que había adelantado su reloj para llegar a tiempo, pero a quien el mundo y la vida le habían hecho una mala jugada confabulándose en su contra, convirtiéndolo a él en una especie de héroe que finalmente conseguía sortear todas las dificultades para llegar a su destino. Y al llegar, él tocaba, tocaba el timbre.

Finalmente, ¡abrieron!, mira que se impacientaba…

Llegaste tarde, ya no hay pizza. Deberás morirte de hambre.

No llegó a hablar, cuando lo interrumpió una voz venida desde el fondo de la casa, ¿el padre?, pero le dedicó un gracioso movimiento de cabeza a lo cobra en plan “JA JA”, y una mala mueca de burla pura y dura, antes de que apareciera la figura paternal desde detrás de Stella, y entonces, justo entonces, tan casualmente, Evans esbozó, ¡su mejor sonrisa! Sólo míralo, tan jovial, tan simpático, tan… decente, que dirías, ¿quién eres y qué has hecho con Evans Mitchell?

—¡Hola!, ¿Sr. Thorne? ¡Evans Mitchell!—
Y rió, lanzándole una mirada a Stella… ¡todo simpático!, ¿pero qué rollo de “soy un buen tipo” era ese? Y mira esa blanca, blanca, sonrisa, ¿la tenía ensayada?—¡Sé que ella bromea! Siempre me hace eso— Y dirías que estaba tan contento con ello, ¡porque eran tan buenos amigos!—¿Así que hay pizza?—inquirió muy animado, al tiempo que le tendía una mano al buen hombre, en confianza, todo encantador soltando un sentido “gracias, gracias”, al ser invitado a pasar con una bienvenida así de amable, y continuó diciendo—: ¡Siento tanto la demora!—Evans Mitchell disculpándose, ¡sáquenle una foto!—. Es que, tuve un altercado en el camino, y al autobús noctámbulo me dejó un poco alejado del lugar, ¿ha viajado usted en el autobús noctámbulo? ¡Es una locura, se lo digo!

Al pasar al recibidor, se hizo de un momento para detenerse frente a frente a esas cejas y familiares y arquear una ceja, una, dos veces, haciéndose el lindo, porque mira que le gustaba tomarle el pelo. Y ya en el recibidor, miró en rededor con asombro, y tan metido en su papel de buen ciudadano, que soltó, a modo de exclamación, y con tanta buena educación:

—¡Me encanta su casa!, ¡y esa pizza huele muy bien! Stella, no me habías dicho que le hablabas de mí a tu padre—
dijo, fingiéndose avergonzado. Y le sonreía, le sonreía. Y de la nada, le echó los brazos al cuello, como un buen amigo, ¿sabes?, y riendo, como la persona más amable del mundo. Metiendo conversación se volteó hacia Rogers, y agregó—: ¿Usted cocina? ¡Stella, no me habías dicho que tu papá cocinaba! De verdad, que huele muy bien. ¿Puedo ayudar en algo? ¡Stella!, ¿tú no ayudas en nada? ¿Cocinas, al menos?—¡Ja!, ¡como si él…!—¡Yo lo ayudo!, ¡siempre cocino! ¿Sabe? Si quiere, un día puede dejarme la cocina a mí, ¡es lo menos que puedo hacer! ¡gracias por abrirme las puertas de su hogar!  

¡Ese era un monstruo de mil caras!


En la habitación de Stella, instalándose como un ocupa.

Evans no te pedía permiso, y miraba y tocaba, y hasta lo veías torcer la nariz, como si te criticara en silencio, o porque pensaba que eras un desastre o muy niña o porque no tenías los discos de Eminem. Evans se había traído un bolso, y lo había arrojado por ahí, mientras él rebuscaba entre las cosas de la chica, y le decía:

—Pon música, ¡algo bueno! Oi, tu padre es la hostia. Pero tú, como que eres adoptada, ¿no?—inquirió, todo normal, jugueteando entre sus manos con algo curioso que había encontrado, algo que nadie le dijo que tocara.

Y como pancho por su caso, o como un ocupa cuando no lo estás mirando, fue a tirarse sobre el colchón, y su culo rebotó muy cómodamente, ¡porque mira nomás lo cómo era!, ¡pero ay! Algo debió molestarlo ligeramente o algo debió recordar de repente, porque se llevó la mano a uno de los bolsillos traseros del pantalón y le tendió a Stella un, ¿¡eso era un chocolate!?

—¿Qué?, tú te los comes, ¿no?—
soltó Evans, lo más casual del mundo. Y lo cierto era que él tenía la costumbre de andar llevando siempre chocolates encima, y era común que sacara una sorpresa del bolsillo, pero en cuanto a él…—A mí no me gusta. ¿Sabes?, puede darte algo si comes tantos—Y luego, se recargó hacia adelante, acodado en sus rodillas y frotándose las manos, expectante, impaciente—¿Y?, ¿qué me dices de la banda?, ¿cuándo vamos a verlos? Y cómo es que conociste a gente cool.
la referencia de Evans en el break dance (?):

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Evans MitchellUniversitarios

Stella Thorne el Lun Jul 02, 2018 6:56 am

Stella no sabía lo nerviosa que estaba hasta que sonó el timbre de su casa y vió a través de la ventana que Evans había llegado y su estomago se revolvió como si se hubiera puesta a bailar el chachachá. Y no es que le causará nervios ver al chico, eso no. Sino que era el hecho de que por primera vez un mago viniera a su casa, era consciente que aún no podían hacer magia fuera de Hogwarts,  pero eso no restaba al hecho de que tanto  Robert como su tío Earl atacaran al chico con preguntas entorno al mundo en que desenvuelven. Jamás había llevado a sus amigos, ni siquiera a su hermana-amiga Synnove, aunque esta última era más bien porque sus padres no la dejaban al saber que ella era una hija de muggles, a la rubia le desagradan mucho los padres de su amiga, no entendía como de seres así había salido la hermosa ravenclaw.

Corrió hacia la puerta raudamente, y al abrirla no pudo evitar lanzarle una frase toda tosca al castaño, era la costumbre. Pero como ya no se encontraba en Hogwarts donde podía hacer sus maldades a merced, un cariñoso Robert apareció para reprenderla de su tan hostil bienvenida. Stella entrecerró los ojos al ver cómo Evans se convertía en una versión mejorada de él mismo, agradable y muy simpático a la vista. ¿Es que acaso había venido su gemelo por él? se preguntó enarcando una ceja. Sintió la mirada de Robert por sobre ella y tan sólo se limitó a encogerse de hombros y le dedicó una mirada a su padre en plan "Ya me conoces, y me quiere así, tal como soy", a lo que el hombre sólo suspiró y negó con la cabeza divertido. Es que en el fondo le gustaba la personalidad de su hija, o tal vez la amaba tanto que había perdido toda objetividad.

- ¡Ay que no me hables de autobús del demonio! He andado en el una vez en mi vida y prometí nunca más volver a subirme en el. Que casi me da un infarto, tuvimos que subirnos para ir a comprar los materiales que le pedían a Stella en su primera año, ¿a dónde es que fuimos, mona? .- le preguntó encontrándose con la mirada fulminante de su hija, quién le había indicado que por favor no utilizase ese sobrenombre delante de nadie nunca jamás.- Digo, ¿ a donde es que íbamos, Stella? al...¿Calle diagonal?.- hizo una mueca y la rubia se rió.- Al Callejón Diagon, Robert.- le corrigió divertida.- Aún a veces a Hogwarts le llama Jugars, y una vez me pregunto porqué a personas como él los magos lo llaman muffins, refiriendo a los muggles.- le susurró burlona a Evans,  soltando una risa juguetona. - Hey, pero que al menos hago el intento, al menos ya sé que eres Gryffindor .- miró de reojo a Stella esperando su reacción.- ¿Lo he dicho bien? .- preguntó todo contento al ver como Stella asintió divertida.

Cuando llegaron al recibidor Evans le hizo una especie de cambio de luces con sus cejas a lo que Stella sólo respondió sacándole la lengua y poniéndole un rostro todo deforme.- No te lo he dicho porque es mentira. ¿No te he contado que Robert es un mitómano? Vamos Rob, dile la verdad a Evans, que le tenemos confianza.- le dijo al hombre que soltó una carcajada y negó con la cabeza.- Bueno, tu ya sabrás que Stella es una burlona de tomo y lomo ¿no? Esa es culpa de Earl, que por cierto llegará más tarde hoy así que me ha dicho que no lo esperemos a almorzar .- le señaló el hombre y Stella hizo una mueca, pero luego un movimiento la descolocó por completo. El mismiso Evans rodeando con su brazo sus hombros, miró con rostro de ALTO IMPACTO al chico, que aumentó cuando escuchó sus siguientes palabras. Y hubiera reaccionado si no fuera por esa mezcla de shock y Robert delante.

- ¿Stella en la cocina? ¡JÁ!  tú lo que quieres es quemar toda la casa .- bromeó el hombre para luego lanzarle un besito a la rubia quien rodeó los ojos.- Pero encantado recibo tu ayuda, Evans. Acompáñame a la cocina ¡Oh! pero miren quien nos ha venido a visitar al escuchar la palabra cocina...- exclamó el hombre al ver como un perrito labrador se hacía espacio por el lugar.-  Te presento a Manjar, el perro más adorable del mundo ¿a qué sí?.- dijo Stella liberándose del brazo de Evans y yendo hacia el perro para agacharse y abrazarlo dulcemente. - Atacalo Manjar, vamos.- le indicó en broma a lo que el perro solo se digno dedicarle una mirada fugaz al chico, para luego mover su cola juguetonamente y hasta girar de la alegría de recibir mimos, a lo que Stella solo sonrió.

***

Stella iba detrás de Evans cerrando,  poniendo todo nuevamente en su lugar o dándole palmaditas en las manos en plan "¡Epa, que eso no se toca!" .- ¡Y ahí está! el desagradable de Evans nuevamente, que yo te deje interpretar tu papel (mediocre por cierto) de niño bueno frente a Robert, pero sólo porque como tu bien dijiste ese hombre es la hostia y con un corazón de oro y no se merece ver tu real cara, la de un idiota descerebrado.- esto último hubiera sonado fatal si no fuera por el hecho de que la rubia le desordenó el cabello junto a una sonrisa de lo más...¿cariñosa?.

Le iba a decir un rosario de palabras poco agradables al verlo así sin más lanzándose sobre su cama, que cabe señalar Robert le obligó a hacer pulcramente antes de su llegada, pero el lanzamiento que el chico le hizo y que ella con tan buenos reflejos logró recibir entre sus manos la dejó anonadada. ¿Es que acaso Evans le acababa de regalar un chocolate? ¿A dónde estaban las cámaras ocultas? se preguntó silenciosamente. - Ahí está el meollo de todo tu existencia, ahora lo entiendo todo ¡te hace falta el chocolate en tu vida! .- exclamó burlona para abrir el envoltorio y mirar con ojos entrecerrados su contenido.- ¿Estás seguro que esto sólo es un chocolate? Que estas en mis terrenos, Evans. Y si me gastas bromas crueles te puede ir muy mal, eh.- le amenazó, para luego llevárselo a la nariz para ver si lograba encontrar un olor fuera de lugar en el. Pero no, olía delicioso.

Le miró y sonrió.- ¿Qué te digo de ellos? Jmmm que son los amos del Breakdance, los veras esta tarde y los conocí un día que fuí a comprar huevos para una tortilla.- le comentó encogiéndose de hombros. Cuando de pronto.- ¡CHOCOELLA!.- una grito proveniente de la voz más ronca del planeta se escuchó de las lejanías, y el rostro de Stella se iluminó por completo.- Tío Earl.- pronunció sonriente para correr hacia su puerta, donde al abrirla apareció tras ella una hombre ENORME  Y EXTREMADAMENTE MUSCULO, intimidamente, muy.- Tu padre me ha dicho que me has dejado un trozo de pizza,yo por esas cosas es que te amo, chocolatosa.- le dijo el hombre que levantó a la rubia del lugar al abrazarla entre sus brazos. Cuando de pronto su intensa mirada se clava en el Gryffindor.- ¿Este es al que le ganaste un partido de fútbol y luego le diste una paliza?.- preguntó burlón su tío, soltando una risita.- Pues, Hola. Soy Earl, el tío de Stella que te puede hacer trocitos si le llegas hacer algo.- se presentó, todo dulce el hombre.- Tío Earl...- ahora fue Stella quién ocupó el mismo tono reprender de su padre.- ¡Joder! Que has sonado como Robert ¿acaso eres su hija?.- le preguntó divertido el hombre.- Pero esta bien, esta bien. No te haré trocitos, sólo te romperé una pierna.- agregó divertido para luego ser echado de la pieza por Stella.- Vale, vale que ya me voy.- dijo el hombre entre risas saliendo de la habitación.

- Bueno, como ya te habrás dado cuenta tengo una familia muy peculiar.- dijo una sonriente Stella.


***

Stella le había comentado con más detalle todos los eventos previos ocurridos ante de su llamada, le contó mejor cómo es que lo había conocido, un poco de cada uno y sobre el evento que estaba próximo en suceder. Ahora se encontraban caminando hacia el gimnasio donde practicaban todas las tardes. Al llegar a la puerta de metal corrediza, Stella sonrió al escuchar la canción que estaba sonando.- Hoy le toca poner la música ambiente a Charlie, su director favorito de cine es Tarantino, ya pronto te darás cuenta.- le señaló sonriente para luego de un movimiento abrir el portón, y de pronto cuatro miradas se encontraron sobre ellos.

LOS THORNE:

Robert =#006600 || Earl=#946a22
Manjar= idioma guau (?)
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Stella ThorneFugitivos

Evans Mitchell el Vie Sep 28, 2018 3:38 am





A esas alturas, Evans sabía disimularlo muy bien, pero lo cierto es que un ambiente hogareño y afectivo que se respirara desde adentro como un sitio acogedor era. O, y estaba este asunto de las familias muggles, o las familias “de los muffin”. Eran diferentes. Como alguien que había nacido en un barrio (en su mayoría) muggle, viviendo en una casa donde se practicaba la magia como cosa de todos los días, Evans tenía el seso para comportarse civilizadamente, sin meter su cabeza en el microondas o silbar de asombro frente a un retrato que NO dice “hola” o te apunta con sus puños. Eso lo hacía más fácil a la hora de ofrecer una imagen encantadora de sí mismo, como el comprador que era. Es que, desde el principio, pareció tener muy claro quién servía la pizza.  

No le hizo falta recordar ninguna línea de cordialidad, y se deshizo de toda fachada, cuando Manjar llegó con el hocico contento y la lengua a punto de lametones. El muchachote le saltó con las patas delanteras y al rato estaban, uno con la panza arriba remoloneando de gusto y el otro con una pierna hincada en el suelo y rescándole la barriguita. Secretamente, y no tanto, a Evans le encantaban las mascotas, pero en su casa la norma era fija e inamovible al respecto: nada de animales dentro de la casa. Así que, a pesar de ser un secreto amante de las colas alegres y las orejas peludas, no tenía otra que conformarse, ¡con lo mucho que le hubiera gustado tener un perro como compañero!

—¿Qué tiene que ver el breakdance con los huevos?—inquirió Evans, a medio reír, cuando la aparición de “el tío Earl” lo sobresaltó. Le hubiera caído tan bien como Robert de no ser porque CLARAMENTE le estaba pateando el ego, a la deliberada. Era fácil deducir de ese breve encuentro que el adoptado en la familia era Robert. Las cosas se iban esclareciendo ante él, pero de por sí, el comentario le hizo mucha gracia, porque, ¿en qué mundo Stella le había dado una paliza…?  

Si le llegas a hacer algo…

Normalmente hubiera respondido “si no me lo hace ella primero…”, pero tenía que interpretar el papel de buen chico, y cabía destacar que el hombre PONÍA UNA CARA MUY SERIA, y no estaba muy seguro de qué significado tenían esas palabras. Pero daba la impresión de que era el tío divertido, ese con el que te llevas como un amigo, y ya sólo por eso le caía bien.  

—Tu tío no hablará en serio—dijo—. Es decir, en creerse que eres una señorita. Como si no fueras un gamberro por tu cuenta—acusó, sonrisa de por medio—. Y…—De nuevo, volvió a la cama, pero esta vez se tiró de plano como si fuera suya para empezar, y habiendo tomado un muñequito que vio por ahí, porque al parecer, tenía que tener algo en su mano, ¿para romper?—, ¿qué hay con el breakdance? Cuéntame la historia de esos huevos.

Así de pancho estaba el hombre, tirado en la cama con el aire de un emperador que ha ido a poner el culo en su trono, cuando de pronto la puerta volvió a abrirse por el tío Earl, casi como si pensara derribarla (que le quedara muy claro al chico “que lo estaban mirando”), y Evans se puso en pie de un salto del puro susto. Al final, con una última advertencia y contento de sí mismo, el tío Earl se marchó por fin.


******

No sabía si era porque Stella los había puesto por las nubes o porque él mismo experimentaba esa emoción que sientes como cosquillas cuando esperas algo con cierta ansia, ya haciéndote a la idea de que será bueno. Lo cierto es que cuando le abrió el portón, fue descubrir. ¿Qué música era esa? Tenía ese ritmo que te hace mover la cabeza, repetitivamente, en un compás que se apoderaba de ti por acto reflejo, como si fueras parte de esa canción. No era tanto lo que escuchaba, lo suyo era. pig

—¡Joder Charlie, deja de hacer el idiota, que te romperás la otra pata!, ¿cómo vamos a dar la cara el día del evento con un líder al que le andan faltando las dos piernas?


—Dando la cara, nena. La tienes puesta, no se va a ir a ningún lado. ¿Y haciendo el qué…? Soy un lisiado intentando bailar. Anda, búrlate del lisiado.

—Si quieres bailar, ¡que no sea en la jodida escalera!

—¿Quién trajo esta bolsa de maní?, ¿quieren matarme?

—¡Pete, esa es la basura!

—¿Me estás cambiando de tema?


“STELLA. Faltabas tú”, habían escrito en una libreta cuando aparecieron los recién llegados. Se había hecho “un minuto de silencio”, para contemplar a ese chico pródigo del que no sabían si esperar que fuera su última esperanza o una de sus peores decisiones tomadas a la desesperada. El “minuto” duró más bien un segundo de retener al aire, hasta que Charlie, queriendo saludar, alzó los brazos en vaya a saber qué clase de escena de bienvenida, tan pronto como perdió el equilibrio haciéndoles creer a todos, por un leve, levísimo instante, que se caía por las escaleras. De nuevo.

—¡Te lo dije, joder!


—¡Oh!, tú eres el que no habla—
señaló Evans, a lo bruto, acercándose a Frederick y su libreta—. ¿Y escuchas lo que te digo o haces eso de leer los labios? Leer los labios mola.

Tú eres el de la paliza

—¿¡Por qué le cuentas esa mentira a todo el mundo!?—exclamó Evans, al tiempo que el resto se curaba del susto para iniciar presentaciones.


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Evans MitchellUniversitarios

Stella Thorne el Dom Oct 28, 2018 7:24 pm

Podría decir que se había sorprendido por la actitud tan cariñosa que había tomado Evans al llegar a su casa, pero la verdad de lo poco que conocía al chico sabía muy bien que sabía cómo comportarse dependiendo del escenario en que se encontrase, y si él quería (que eso quede bien en claro) podía llegar a ser sumamente amable y adorable. Ya que si no estaba ese querer podía hasta estar frente a la reina de inglaterra y mostrarle el culo sin siquiera inmutarse. Y a decir verdad, eso era algo que le agradaba del chico, esa desfachatez, que a veces le hacían salir canas verdes pero que en su mayoría le hacía reír y querer sumarse a sus locuras.  Es por eso también que pensó en él para el campeonato, ya que pese a saber bailar, Evans también era un chico que le diría que sí a cualquier locura o nueva aventura que se les cruzase, como bailar breakdance sin  haberlo hecho nunca frente a miles de personas.

Apenas cruzaron la puerta de su habitación esa otra careta del castaño apareció y empezó meter sus narices en todo, curioseando y tocando todo a su paso. Lo que no se esperaba Stella era ese chocolate que llegó a sus manos y que le hizo sacar una sonrisa y que sus ojos ganarán en brillo. Sospecho en un principio pero después simplemente no se pudo resistir y se llevó aquel delicioso chocolate a la boca. Le iba a responder sobre  la conexión que había entre los huevos y los chicos cuando su querido tío Earl hizo acto de aparición.

Tan pronto como apareció se fue, dejando a una Stella toda risueña por las ocurrencias y decires de su adorable tío, y cuando escuchó las palabras de Evans rió aún más.- Claro que hablaba en serio y yo si soy una señorita, Evans.- bromeó poniendo una típica pose de princesa Disney, con las manitos bajo la mandíbula, un pie elevado y sus pestañas bailando de arriba a abajo como si se encontrara mirando a su príncipe rescatador. - Nah, que si sabe que puedo yo mismo romperte la pierna, él mismo me enseño a hacerlo.- dijo soltando la postura y encogiéndose de hombros.

- ¡Oh, la historia de los huevos!.- exclamó, pero una vez más fue interrumpida por su tío, quien entró para dedicarle una mirada de tigre a Evans quien pegó un saltó al verle llegar así, haciendo que Stella se partiera de la risa.- TE AMO.- le gritó a su tío desde su puerta, para luego cerrarla y mirar a Evans divertida.

- Bueno, todo comenzo hace una semanas atrás cuando Robert...

***

La puerta se abrió y Stella sonrió enseguida al verlos allí a todos siendo tan...ellos. Tan sumamente increíbles, divertidos, locos y queribles. Jamás se los diría así de manera tan cursi como es que les había agarrado tanto cariño en tan poco tiempo, porque ella no era así y era una torpe para expresar sus sentimientos, pero lo sentía y trataba de demostrarselo en acciones, como dando todo de sí para aprender lo máximo antes del campeonato.

El primero en darse cuenta de su presencia fue Fred, siempre tan observador. Y de pronto todas las miradas estuvieron sobre ellos, o más bien sobre Evans.

- Porque es la verdad, te di una paliza en el fútbol y después a golpes.- le señaló Stella lanzandole la lengua para luego acercarse a él y rodearle los hombros.- Pero tú diste una fuerte pelea,sísí. Eso hay que admitirlo, pero simplemente no pudiste en contra de estas bellezas.- dijo divertida elevando su brazo y dándole un besito a su bicep.- Pero tranquilo chicos, Evans no puede ser bueno para esas cosas, pero bailando si que lo es.- dijo divertida, alejándose de él y dándole un pequeño golpecito en el hombro, que era una forma bruta de decirle "gracias por estar acá".

En eso Maite se acerca al chico y de brazo cruzado y mirada intensa lo recorre con sus ojos de abajo para arriba, como si tuviera rayos x y pudiera observar todo del chico en un solo recorrido, hasta terminar con su mirada clavada en los ojos del castaño, todas la miraban esperando su veredicto.- Maite Torres, un gusto .- le dije tendiendole su mano, todos soltaron la respiración ya que eso significaba que al menos para ella Evans había pasado la primera prueba, la visual.- Chocolatasa .- dijo después a modo de saludo a la rubia dándole un besote en la mejilla y ofreciéndole una sonrisa. Stella amaba a Maite, porque era inmensamente guapa, tenía una cento exquisito y tenía una actitud de ser la puta ama del mundo increíble.

- Never, never, never, never. Never known a girl like you before .- le cantó Charlie a Stella para luego darle un abrazo a modo de saludo, que ella no tardó en contestar, para luego acercarse a Evans.- Yo soy Charlie, el que intenta ser líder de estos seres .- dijo señalando con su brazo a todos los chicos.- Ya conociste a Maite, nuestro fuego latino y defensora de animales. ¡LOS ANIMALES SON AMIGOS NO COMIDA! .- gritó elevando su brazo izquierdo con el puño cerrado hacia Maite, quien rodeó los ojos.- Pues entonces deja de comerlos, idiota .- le rebatió la chico, a lo que Charlie solo sonrió.- Yo también te amo .- le dijo lanzándole un beso a lo que ella le levantó el dedo anular como respuesta.- Este es Fred nuestro naranjito silencioso .- lo presentó a lo que Fred le movió las cejas a modo de saludo, para luego acercarse al que faltaba.- Y bueno... este es Patrick, el cojo .- dijo señalando su pierna.- ¿Cómo va todo, bro? .- le preguntó a modo de saludo el chico en un tono muy parecido a las tortugas de la película "Buscando a Nemo", alargando las letras y de ojos achinados, y si te acercabas un poquito más a él podías sentir el olor a hierba desprender de sus poros.

-Bueno ahora que las presentaciones están hechas, pues nada...Stella nos ha hablado de tí, y queríamos agradecerte que hubieras aceptado, así tan encima. No sé...¿quieres saber algo? ¿tienes alguna duda? ¿o comenzamos ya de una vez a bailar? .- le preguntó, haciendo que todas las miradas estuvieran nuevamente sobre Evans.
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Stella ThorneFugitivos

Evans Mitchell el Lun Oct 29, 2018 10:27 am


¡Ja!, Evans negó con una falsa, falsa sonrisa, agitando el dedito casi convulsivamente, mirando alternadamente a Stella y al grupo como si quisiera remarcar que, en todo caso, ella deliraba. En situaciones como esas, en las que el orgullo estaba en juego, había que aparentar dignidad, o en su defecto, actuar fresco como todo un caradura.

—Ella se jodió las reglas—
explicó al público, señalándola como un presentador que señala dónde tienen que apuntar los focos. Charlie fue el único en asentir en silencio, aunque con una sonrisilla que decía a las claras: “Sí, claro, ricurilla, te creemos”, pero sólo de palabra, que no por creérselo en serio.

Evans insistió, inquieto como morsa en el agua.

—¡Ella me llevaba como tres cabezas!
—Charlie no pudo más y se tapó la risa ahogada con una mano, ladeándose hacia un costado, como si así fuera a pasar más desapercibido. Esta vez, le tocó asentir a Patrick, ligeramente abierta su boca en un “Ooooh”—. Y eso es puro hueso, no te pienses que engañas a nadie. Era un crío. No pegué el estirón hasta después. Ahora tú no podrías—agregó Evans, girándose hacia ella y lo que pareció en principio un saludo militar era en realidad una forma de medirse, queriendo dejar en evidencia la diferencia de alturas entre ambos, que tampoco eran gran cosa—… Tú sabes, aprovecharte de los menores.

—Eso suena jodido Stella—soltó Patrick, compenetrado con el tema de bullying infantil. No tanto como parecía que sus ojos flotaran en una nube de Úbeda.

—“Ja, ja”—respondió Evans, recibiendo una palmada en los omoplatos sin quejarse (tampoco le negaba que bailaba bien, lo único que no discutió), y girándose hacia el grupo, saludó—Bueno, ¡ey! Un gusto—Miró uno por uno, deteniéndose en detalles como si no estuviera muy seguro por dónde empezar a contarlos—Todos.

La primera en acercarse, Maite, se le plantó de tal manera que hizo que Evans la mirara con aprehensión, como si esperara que fuera a golpearlo o algo. Fiel a su cara más desconfiada, esbozó una mueca despectiva. Así era siempre cuando le ponían delante algo que no entendía. La observó con más y más curiosidad hasta que, de pronto, Evans se dio cuenta que los demás habían estado conteniendo la respiración, por ponerlo de algún modo.

—Sí… Bien—
Sin soltar su aparente desconfianza y algo divertido, le apretó la mano. Eso le gustó. Sonrió enseguida. Le gustaba un buen apretón, firme y resuelto. Lo predisponía para con esa persona. Respondió al gesto con entusiasmo, y los dos se sonrieron. Aunque cuando lo soltó, notó algo intenso en su mirada. ¿Fuego? Y no era del tipo que chispeabas por los ojos para ligar con alguien. A Evans le dio la impresión de que tendría un espíritu competitivo, y descubriría luego que no se equivocaba.

Charlie le cayó, cual brisa de entusiasmo. Demasiado entusiasta, quizá. Mostró los dientes en una risilla cuando Maite revoleó los ojos. En el fondo, pensaba que alguien sólo podía ser activista si se convertía en tendencia, o porque habías nacido de por sí siendo una espina en el culo. Jamás se lo diría a esa chica en la cara. Pero cada cual con su forma de ver la vida, que él no se metía con nadie.

—Yo nunca dejaré de comer una Big Mac—
postuló, en defensa de sus principios.

Saludó a los chicos con un apretón cruzado de manos y chocando hombro con hombro, en plan “soy tu bro, bro”. Excepto por Fred, quien se limitó a mirarlo con una ceja alzada y las manos entremetidas en su campera sin que ni la camaradería del ‘nuevo bro’ le cosquilleara lo más mínimo, razón por la cual Evans sólo se apartó pensando pro dentro ‘qué le pasa a éste’. Charlie se rió y explicó que él era así de adorable y así lo querían.

Evans le preguntó al cojo cómo había quedado cojo, al líder cómo se había hecho al líder, y aunque no le dejaron nada en claro, sí que hicieron comentarios de risa y Evans se rió con ellos, hasta que una mirada severa de Maite hizo que Charlie se recordara a sí mismo y al resto que estaban ahí para algo, para variar.

Evans quería bailar.

—¿Listos?—Patrick, escayolado y al lado de la radio, miraba al grupo en el centro de la pista— ¡Ya!

No tenía terror a hacer el ridículo, ni nada que se le pareciera a la vergüenza. Evans se arrojaba, y lo daba todo. Si le salía mal, te recordaba que era tu culpa por no explicárselo bien o en todo caso que era su estilo; que el breakdance tenía mucho que aprender de él, ojo. Charllie se daba las risas con él, gustándole esa actitud.

Maite, por otra parte, los reprendía a los dos recordándoles que, o más cuidado con eso de copiar y lanzarse a lo bruto o el nuevo se rompería el pescuezo y ya le podían decir ‘chau’ a la competición. Ella era más técnica en cómo introducir a Evans al movimiento del breakdance y se detenía a explicarle los movimientos, mientras que con Charlie era todo copia, improvisación y porrazos.

Luego de haber apartado a Evans hasta que cazara lo básico de lo básico, lo introdujeron a la coreo del grupo. Había que mostrársela. Así que, ahí estaba Evans, sudoroso y contento, sentado junto al escayolado —que algo le decía, pero no le estaba prestando atención—, observando cómo el grupo se movía. Eso era la hostia.

En una oportunidad, Stella la erró con el pasito. Cómo no, Evans lo vio antes que nadie. Se llevó las manos a la boca a modo de megáfono humano y se lo hizo notar, gritando por encima de la música, “Ey, Stella”, que supiera que se estaba riendo de ella, era lo menos que podía hacer, ¿no? Para mostrar su apoyo incondicional, claro.

—¿Y a qué colegio van?

—¿Eh?—
Evans se volteó hacia Patrick luego de dedicarle a Stella uno de sus mejores guiños. Fú, sí que olía raro ese tipo. Y eso que él estaba sudado.

—Ella dijo que iban al mismo colegio—Patrick comía de un paquete de papas fritas, chupándose los dedos—, ¿qué colegio?

—Oh. Mmm—Evans se rascó la perilla y chasqueó la lengua—¿Ella no te dijo?

—No.

—Oh, bueno. Tú sabes. Es un colegio de mierda—soltó, encogiéndose de hombros.

Patrick asintió.

—Te entiendo, bro. Yo voy al mismo colegio.

Evans esbozó una media sonrisa sin apartar la mirada de la coreo. Al terminar, hicieron una pausa. Maite se llevó a Stella y a Evans consigo a conseguir algo que picar, que encima tenían que hacer un brindis, por el nuevo miembro y la suerte por venir.  

Pero Maite había hecho una parada en la cabina de un teléfono público (decía que tenía que llamar a su hermana para recordarle vaya a saber qué cosa) ubicada en una esquina de la calle, y les había pedido de esperarla. Evans se apoyaba contra la pared, cruzado de brazos y doblada una pierna. Era verdad, que se había hecho más alto, que había ‘pegado el estirón’, ya desde tercer año. No exactamente más ‘maduro’. Sólo hacía falta ver cómo se entretenía: escupía a la calle a ver cuál era el escupitajo más largo.

De pronto.

—¿Qué hubieras hecho si nunca hubieras sabido nada sobre Hogwarts… sobre los muffins—esbozó una media sonrisa, recordando a Robert—,… sobre nada?

Fue tan repentina esa pregunta. Su curiosidad parecía sincera.


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Stella Thorne el Miér Nov 07, 2018 3:09 am

Stella no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar las réplicas del castaño, más que nada porque sabía muy bien que vendrían enseguida tras sus palabras, quizás no eran los mejores amigos del mundo pero de lo poquito que lo conocía y había compartido con él, creía conocer al menos muy bien esa faceta orgullosa de Evans, más que nada porque le hacía recordar a ella, #Gryffindorproud.

Para sorpresa de todos, hasta de ella misma se quedó ahí quietecita mirándolo, escuchando todos sus reclamos de señor gruñón y mal perdedor, con una sonrisa y todo. Y de vez en cuando le dirigía miradas divertidas a los demás, que al igual que ella le daban condescendientes el espacio para desahogarse al castaño. Y hasta cedió de lo más bien esa competencia improvisada de quién es el más alto, asumiendo el centímetro que la diferenciaba con Evans y la reinaba como la "más pequeña" de los dos.

- Muy jodido, Patrick. Yo que tú no me acercaría a mí, soy una mujer muy malvá.- dijo con tono serio y todo, poniendo su mejor rostro gangstero, a lo que Patrick solo se digno a sonreír y susurrarle un  "Uyyy, malula". Hasta que ya se volvió acercar a él y le dió unas palmaditas de bienvenida y agradecimiento, que al parecer lograron que aquel incidente del pasado se quedará allí, en  el pasado, una vez más.

Cuando vió que Maite se le acercaba se tensó un poco, es que vale, ella se consideraba una jodida a veces, pero Maite era muy arisca con los nuevos rostros, a Stella le costó más que una mirada para ganarse su cariño, pero como dicen por ahí "lo bueno tarda", y es verdad. Que Maite tardó en quererla, pero ahora la apaña a morir a la Gryffindor. Y ese era el punto a favor de Evans, que lo había traído Stella, la chocolatosa que se robó el corazón de todos y viceversa.

Charlie por otro lado, siempre tan entusiasta y de ligero andar hizo las últimas presentaciones como buen líder que era.- Pues ojalá un día te salga un puto gusano que te parta el estomago, para que te des cuenta de la mierda que estás comiendo .- le lanzó Maite a Evans para terminar en una sonrisa toda dulzona, irónica claramente.

Luego de aquello siguieron más presentaciones, y preguntas sobre el origen de cosas que repercuten en el presente, sus vidas, su forma de ser, y cómo cojones Patrick a esa edad no se sabía abrochar las putas agujetas bien, a lo que todos respondieron que él era un ser muy especial, que siempre estaba en otro planeta (literal) y que había que quererlo así, tal cual era.

Y llegó, el momento que todos esperaban, empezar a ensayar y entrenar lo que posteriormente se presentaría frente a miles de personas y grupos en competencia. El trabajo se venía pesado pero no imposible, ya que las ganas y entusiasmo de los chicos supera cualquier obstaculo. Todos tenían su forma de enseñar que iba de la mano de su particular personalidad, Stella no se creía con la facultad de poder enseñar ya que llego solo un poquito antes que su compañero de casa, por lo que ocupó ese tiempo para practicar sus pasos y a veces molestar a Evans y ponerle rostros graciosos para que perdiera el hilo y Maite lo retara.

Ya en la segunda parte del ensayo pasaron a mostrarle la coreografía a Evans, que a primera instancia no se veía difícil porque ellos no la hacían ver así, pero cuando te paras y dices "Vale, ahora vengo yo" te das cuenta que el tiempo era oro de aquí en adelante, que había que practicar, y mucho. A mitad Stella se le va un paso y Evans (siempre tan cariñoso) lo hace notar frente a todos, a lo que la castaña simplemente le levanta su dedo anular y sigue bailando, porque diva ante todo, obvio. Ya al terminar, podría darle unos golpecitos, pero de cariño, claroclaro.

Había sido un ensayo largo y extenuante, pero bueno al fin y al cabo. La Gryffindor se sintió gustosa de haber traído a Evans a dicha aventura dancística, jamás se lo diría en voz alta pero podía deducirse por esa sonrisa que le dedicó cuando Charlie indicó el final del ensayo y los felicito a todos por su trabajo. Y ahora venía lo mejor de todo, la celebración de bienvenida del castaño.  Maite se ofreció para ir a comprar unas cosas para comer llevándose a los leones junto a ella, pero a mitad de camino la latina paró a llamar a alguien en un cabina.


Y son exactamente en esos lugares, los más peculiares que surgen las preguntas más inesperadas.

Stella hizo una mueca pensativa.- Seguir mi vida, como siempre. - terminó por decir encogiéndose de hombros.- Causar desmadres en un colegio muggle,graduarme sin honores pero toda feliz, y después estudiar algo, o irme a recorrer el mundo como una muggle viajera. Yo crecí rodeada de muffins.- soltó una risita.- y me agradan los muffins, como también la magia, pero si jamás hubiera sabido de ella no podría extrañarla ¿no? Ahora, diferente sería que ahora me la arrebataran, eso si sería no sé...más triste.- agregó, para luego clavar su mirada en él- ¿Tú?.- le devolvió la pregunta, porque Stella es un gato muy curioso.

Maite salió de la cabina con una sonrisa traviesa.- Estamos listos .- dijo dedicándole una mirada sospechosa a Stella, que la castaña respondió pícaramente. Claramente las dos sabían algo que el castaño no, pero ya muy pronto sabría que era. En unos segundos de hecho. De la esquina apareció una van de color azul, muy antigua pero con un cierto estilo que te daba gusto mirarla y apreciarla, de piloto Charlie y sus cabellos rojizos de copiloto el volador Patrick, pero la pregunta era ¿A dónde había quedado el silencioso pero adorable Fred?.

- Hola guapetones, ¿listos para la aventura? .- les preguntó moviendo sus cejas, pero luego radicalmente su rostro cambió a uno de espanto, como si acabara de ver un fantasma.- ¿Qué es eso que tienes detrás tuyo, Evans? .- preguntó con tono de pánico apuntando detrás del chico, Evans se giró y se topó con un Fred sonriente que no tardó en ponerle al castaño una máscara de payaso y subirselo al hombro para ir con el a la van.- ¡PAAAARTIMOS! .- gritó Charlie sonriente, para que luego de que todos se subieran partiera su ruta.

***

Le sacaron la máscara a un protestante Evans, y cuando sus ojos se volvieran acomodar el gryffindor podría ver una piscina enorme, y una gran fila de cervezas en su orilla. Cervezas que cada uno tomó, Charlie tomó dos y le tendió una a Evans.- Bienvenido a "The gang", Evans.- le dijo chocando su botella con la del castaño, para luego tomar un gran sorbo de esta y dejarla a un costado.- Ahora, ¡QUE COMIENCE LA FIESTA! .- gritó elevando ambos brazos, para posteriormente sacarse los zapatos y sin más lanzarse un piquero a la piscina.

Frederick apretó play y la música comenzó a sonar.

Músiquita momento piscina:


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Evans Mitchell el Jue Nov 08, 2018 9:12 pm



Maite te daba un miedo que te cagas y unas risas que te partía. Patrick estaba fumado. Charlie era pero requete buena onda. Fred era. Era mudo y miraba raro, pero hasta él había empezado a caerle bien, ¿sabes? Por eso de estar en el grupo. ¿Y sabes también cuándo es que la gente se siente muy a gusto ‘entre nos’?, en tardes como esas, en las que te sudas hasta el culo, compartiendo la vergüenza. Sí, Evans lo pensaba muy en serio. Si compartías la vergüenza con alguien, se generaba un vínculo.

Stella estaba un poco negada con eso de compartir un ‘vínculo’, sólo hacía falta ver cómo le levantaba el dedo de en medio, pero esa siempre había sido así, ‘especial’ en varios sentidos. Lo importante, es que te la pasabas bien, se estaba bien ahí, y Evans sabía que era gracias a ella, a ella y porque a Stella no le había quedado otra que recurrir a lo buena onda que él era y pedirle un favor —le debía una, ahora que lo pensaba—, pero en fin. La otra cosa importante era que Evans luego de una sesión de entrenamiento era otro tipo, era un tipo cambiado, más en consonancia con, escúchate esta, esa cosa que llamaban empatía.

Si hasta tenía ganas de conversaciones profundas.

—Sí, suena muy lo tuyo—señaló, asintiendo con la cabeza a cuanto ella soltaba sobre ‘lo que hubiera ocurrido si…’. Entre tanto, escupía garzos a la calle. Sí, Evans estaba intentando superar su record. Pero su expresión, aunque no la mirara, era de pura concentración y la escuchaba sin omitir ni una palabra—No, supongo que no—respondió, y sintiendo en algún lugar muy, muy por dentro que hubiera sido una lástima. Nada que fuera a expresar en voz alta, claro. Por cierto que lo de ‘arrebatar’ le sonó extraño. Nadie te ‘arrebataba’ la magia, eso era una tontera. Aunque sí era cierto que los magos eran una comunidad de mente cerrada en algunos aspectos, y a veces parecía que no había transcurrido mucho tiempo desde que la comunidad mágica decidiera oficialmente dejar de discriminar a los nacidos de muggles. Había países en los que ciertas escuelas se negaban a aceptarlos, pero en fin. Siempre había gente pesada, como los de Slytherin. A él le parecían sólo eso, cargosos y un poco muy imbéciles—. No te 'arrebatan' la magia—exclamó, con un acento casi molesto, como remarcando una obviedad a un inocente, ingenuo corderito—A menos que seas alguien como Chris—Chris era un amigo suyo del que siempre hablaba, o más bien, del que siempre se burlaba. Solía vérselos juntos casi todo el tiempo, en las clases por ejemplo. Evans se carcajeó ligeramente y aclaró—: Una vez se quitó las cejas intentando alcanzar sus medias. Si eres así de idiota, es casi piadoso quitarte la varita, ¿no lo crees?—inquirió, girando el rostro hacia ella al hablar, como un conciudadano muy preocupado, y mira, si hasta hacía que te creas que hablaba en serio. La pregunta que Stella le lanzó de vuelta, pareció tomarlo desprevenido—¿Yo?—Se sonrió, incrédulo. Es que, nunca había pensado qué hubiera hecho él de no saber que existía la magia, porque en su cosa, tal cosa no era posible, él había nacido, se había criado, rodeado d magia. Lo que lo diferenciaba de otros magos, pero no de tantos, porque a esas alturas era algo más bien común, es que, él no pensaba que por un lado había un mundo y luego el otro, para él no existía esa dicotomía. Sí, los muffin eran distintos en el sentido de que no podías hablarles a ellos de ciertas cosas y tenías que ocultar otras, y que había cantidad de obviedades de las que no se enteraban nunca ni aunque las tuvieran delante de sus narices, pero. Evans Mitchell se había criado en un barrio de muffins. Había asistido a una escuela elemental de muffins. Eran su día a día, parte de su cotidianeidad. En su casa, jugaba a la play con los amigos, sabía lo que eran las tostadoras y sabía muy bien para qué servían los patitos de ule—Bueno, supongo… ¿lo mismo? Pero… Tenía un amigo en mi barrio con el que soñábamos que viajaríamos por el mundo cazando pokemon. Creo que me hubiera gustado hacer eso—aseguró, cruzado de brazos, de verdad seguro al respecto. Al principio, parecía ir en serio con eso de quedar en ridículo sobre sus verdaderos conocimientos del mundo muggle, pero al instante sonrió—. Sé que no existe ningún pokemon. Yo también crecí entre muffins, ¿sabes? Mi madre es squib, así que. Era mi padre el que hacía magia en casa, y yo lo veía normal. Es decir, que hicieras y que no hicieras magia. Me daba un poco igual porque además, en general, mis amigos eran muffins. De niño creo que no me hubiera importado que la carta de Hogwarts no llegara a casa. Ahora, pienso que hubiera sido una putada.

Se sentía tan en armonía con su lado más humano ese día, que a pesar de que decidió que sí había visto algo en el intercambio de miradas entre Maite y Stella, luego lo descartó por completo, prefiriendo dejar de lado su habitual desconfiancita hacia la humanidad. Luego, le salió Charlie con una broma de lo más evidente y seguía sin sospechar nada. Claro que a esa mentira de ‘Qué tienes ahí detrás?’ no se la creía ni su tía y su reacción fue la de dedicarle una mueca cargada de escepticismo, pero, como eran todos amigos, le siguió el juego y giró, aunque despacio, giró la cabeza y. La requetepiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, ¡él sabía que ese Fred se las traía!

Se quejó por quejica, todo el viaje, e intentó resistirse, porque ya sabes, esas bromas mejor hacerlas tú y no que te las hagan a ti, porque quién sabe con qué tortura descabellada le saldrían, pero para cuando le quitaron la máscara, su sonrisa fue inmediata, de lo más espontánea, y se echó a reír. Estaban todos locos. Putos locos, todos. Y que buena onda, ey. Si hasta le ofrecieron una cerveza, con toda la confianza. Evans no se lo pensó dos veces y se dispuso a tirarse al agua después de hacer un brindis conjunto, porque le encantaba nadar, siempre había sido así, y la guerra en la piscina no se la perdía por nada. Sólo que. No se tiraba nada si no metía a Stella al agua primero, costara lo que costara. Así que, su plan fue bien bestia: cargarla como una bolsa de papas y lanzarse con ella al agua.

Al rato.

—Oi, Patrick—llamó Evans, desde el borde la piscina. Habían metido una pelota con la que no se sabía si estaban jugando a pasársela o a golpearse. Evans se apartó un poco—. ¿Me pasas uno de esos?

El lesionado estaba recostado en una posadera, riéndose y fumando. Levantó la mano en que llevaba su cigarrillo de marihuana, y hasta ya empezaba a rebuscar entre sus cosas.

—No, eso no. El paquete de papas.


Le tiraron un paquete de papas. Con una botella en la mano y picando papas, Evans se volteó para ver en qué andaba el resto. Nadar te daba hambre, mucha hambre. Frederick estaba haciendo hamburguesas, pero se tardaba y el olor de la carne le hacía agua a boca, pero que muy. Tenía que entretener el estómago en el mientras tanto.

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Evans MitchellUniversitarios

Stella Thorne el Jue Nov 22, 2018 12:45 am

La vergüenza existe porque alguien ha apuntado con el dedo, pero cuando te encuentras con gente que hace el rídiculo junto a tí y con todo, la vergüenza desaparece, se convierte en una palabra más, sin significado,porque cuando Stella se encuentra junto a ellxs solo queda disfrutar, mover el esqueleto y con todo. Y le alegraba contar con Evans en esto, porque fue junto a él (aunque jamás lo admita) que comenzó a confiar en su bailar, a disfrutar mover su cuerpo al son de la música y eso se lo agradecerá (silenciosamente) por siempre.

Quizás la rubia era un poco tosca en su sentir, pero en el fondo realmente disfrutaba contar con el castaño allí, le causaba gracia y emoción, ya que los dos pasaron de ser unos palos sin ritmo a ser unos seres que se movían y dialogaban con su entorno, y era grandioso verlo allí, ya que por más que este solo enmarcará sus errores y ella le devolviera su amor en insultos no verbales, era solo para demostrar el cariño que se tenían.

El ensayo había sido grandioso, se veía que los chicxs se veían muy contentos con la nueva adquisición del grupo, quizás no serían los ganadores pero al menos lo darían todo en la competencia, al menos Stella lo daría todo y más, lo dejaría todo en ese escenario y no sólo porque le gustará bailar (porque para eso tenía mucho pasatiempos más) sino porque le había  agarrado un cariño enorme a todxs, y les agradece mucho haber vuelto su verano mucho más entretenido y fuera de lo común que los anteriores.

Al salir, la rubia sabía muy bien lo que venía, ya que a ella le habían hecho algo parecido, pero se aguanto las ansias y actúo mejor que nunca cuando Maite se detuvo a hablar por teléfono, y los tres se quedaron esperando cerca de aquella cabina. Evans por su parte, le hizo una pregunta que le hizo reflexionar algo que muy pocas veces se preguntaba, "qué hubiera pasado sí..." .- Quitarme las cejas a mí, lo veo muy difícil, de seguro ni ese Chris podría...- soltó en broma risueña soltando una risita moviendo sus cejas tan características, es que lleva tanto tiempo aguantando bromas sobre sus frondosas cejas que hasta ella ya le ha tomado la gracia.- Sí, tú.- corroboró clavando su mirada en él, sin perder la sonrisa. - ¿Irías a cazar pokémon Evans Ketchum?.- le preguntó divertida, soltando una carcajada. Es que ella conocía a los pokemons pero jamás le había llamado mucho la atención, ella era más de esas niñas que en vez de ver televisión andaba haciendose costras en las rodillas escalando árboles. - Pues, somos más parecidos de lo que creemos, Evans.- soltó de pronto, dedicandole una mirada muy diferente a la que le había dedicado hasta ese entonces, era como una especie de conexión diferente, como cuando te  das cuenta que la persona que se encuentra a tu lado se parece más a tí de lo que imaginas, y te agradaba. - Me alegra haber recibido esa carta junto a tí...- susurró bajito, y quizás es lo más cursi que diría esa tarde.

La van de Charlie hizo su aparición y con ella su pésima actuación, que mejor se quede como director de cine que actor que nadie le cree. Aún así, pese a esa paupérrima actuación todo salió como se esperaba, Fred logró cubrir el rostro de Evans y subirlo a la camioneta junto a los demás, todxs se subieron risueños en rumbo hacía un lugar de pura diversión.

***


Stella se encontraba nadando toda feliz, de una punta a otra, como si se encontrara dentro de una competición, es que todo lo que tratara de moverse ella estaría allí, dándolo todo. Muchas veces cuando pequeña trataron de decirle a Robert, su padre, que debía pastillarla para que fuera una chica más tranquila, pero Robert igual de testarudo que la rubia se negó siempre, porque le gustaba el espíritu natural de su hija y no iba a dejar que nadie lo limitase. Eso era algo que Stella agradecería siempre, porque le hacía ser la persona que era hoy en día.

- ¿Qué tal te lo estás pasando, Mitchell?.- le preguntó cuando llegó a su lado, y rodeó sus hombros con su brazo.- La romperemos en el concurso, lo sé.- agregó, toda segura, es que si juntas todo el cariño que les tiene a todxs más el trabajo que llevan hasta hoy, ella veía muy probable que esa copa fuera suya, aunque todavía no veía  a los demás grupos concursantes, quizás ahí la visión de las cosas cambien un poco.- Muchas gracias por haber venido, bobo...- dijo lo último junto a una risa y para después hundirlo con todo bajo el agua.

Que ella era más de dar amor del duro, pero amor al fin y al cabo.
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Evans Mitchell el Jue Nov 22, 2018 11:52 pm


Chris era tan memo que si le apuntaba a las cejas, no sabría dónde mirar. Y eso era decir demasiado, considerando de qué cejas estaban hablando. Evans torció la boca en una sonrisa pensando hacia dentro que la risa de Stella era contagiosa, de esas que te inspiran una sonrisa. Solía sucederle, en Hogwarts. En la Sala Común o en los pasillos, siempre que la Despeinada se cruzaba en su camino, ya fuera entrándole por los ojos o por los oídos. En ocasiones era como sentir la llegada de una manada de caballos a trote, sobre sus cascos poderosos. Ella rompía con la monotonía del acostumbrado barullo alrededor y lo convertía en otra cosa. Era ruidosa, eso.

—Sí, ¿por qué no?—
replicó Evans, maestro pokémon, siguiéndole el juego. La estaba mirando cuando la expresión en los ojos de Stella trocó en otro cosa y él apartó la mirada disimuladamente.

Parecidos, decía. Entonces Evans pensó hacia dentro en el hocico tierno y la cola siempre contenta de Manjar, en Robert cocinando para Stella, y hasta en el tío Earl y su amor sobreprotector por la sobrina a la que le enseñaba a teclear a los chicos. No, no se parecían en nada, la verdad. Los Thorne eran una familia agradable, por dentro y por fuera. No se parecían en nada, pero estaba bien. Era por eso que Stella era una ‘nena’ agradable con la que estar. Bueno, nunca la había considerado una nena o una chica o una mujer, o nada que se le parezca, pero le bastaba sentir que su compañía era agradable, que su risa era contagiosa.

Quizá fuera porque una motocicleta pasó cerca rumiando con el ruido de los motores, que no llegó a escuchar del todo lo que Stella le susurraba, o al menos, no se dio por enterado, no del todo. En el mismo instante en que la moto giraba una curva haciendo silbar el aire alrededor, Evans giró el cuello hacia ella, y luego alzó los ojos porque Maite había salido de la cabina, justo en ese momento.

—¿Qué? Ah, sí. A mí también.


Sí, porque cualquier otra cosa distinta a recibir la carta hubiera sido una putada, ¿no?

***

Evans había sido una mojarrita en otra vida, debió haberlo sido, porque si había algo que le gustaba con locura era nadar. En Hogwarts siempre aprovechaba los días buenos para darse un chapuzón, especialmente en verano. Todos los veranos lo veías meterse al agua pato, compitiendo con una pelota o molestando a los incautos cazando sus pies debajo del agua, algo que ya hacía el calamar gigante pero que a él se le había pegado, y en fin, que era capaz de hacerte todo tipo de bravatas en el agua. Así que pasar, se lo estaba pasando genial.

—No te daré—anunció Evans como toda respuesta al sentirla llegar, abriendo la bolsa de papas. Ella mucho caso no pensaría hacerle porque lo rodeó en un abrazo que le generó toda la desconfianza, fíjate. Si se le pegaba era porque algo quería, Evans lo daba por seguro. Sin embargo, no se apartó. Ni le convidó. Se limitó a atracarse con un puñado de papas delante de sus narices, escuchándola mencionar el campeonato. A Evans no lo ponía particularmente nervioso la idea de que había un campeonato y que él fuera la última esperanza del equipo para poder presentarse el día de la gran fecha. Pero algo seguro era que no le gustaba perder. Así que estaba muy de acuerdo con Stella, a pesar de que, sabía, intuía, quizá, puede que quizá, él tuviera que pulir un que otro pasito. Toda la coreografía, por ejemplo—. Me debes una, ¿sabes?—opinó, luego de oír que la romperían. Sonreía, el muy granuja. Y con la boca llena de papas. Diríase que quería negociar acerca de favores. Pero así, con papas y todo, Stella le hundió la cabeza bajo el agua. Antes de que pudiera agregar ni pío, fíjate.

Patrick soltó una carcajada desde su sitio de espectador privilegiado.

—Mujer malvá, otra vez metiéndote con los menores.


Desde debajo del agua, Evans se zafó y emergió a la superficie chorreando a mares. Algunas papas flotaban en la piscina. Justo entonces la pelota de playa con la que los otros estaban jugando fue a darle de lleno en la cara, de un golpe. Si oyó la voz de Charlie llamándolos para que se unieran al juego fue todo un misterio, porque sólo parecía prestar atención a una cosa: la venganza.

—Déjense ya de amarse ustedes dos—
exclamó Charlie, enternecido. En cambio Maite, sólo por la cara, aventuraba que veía algo muy distinto. Definitivamente no estaban presenciando la misma escena esos dos. Maite veía una guerra en aguas turbulentas. Charlie veía que los que se pelean se aman—¡Vengan a jugar!

Pero entonces Fred llamó la atención de todo el mundo haciendo ruido con la espátula del asado. Las hamburguesas estaban listas. Evans, por supuesto, se armó con toda la intención de salir la pileta el primero. Lo que no permitiría jamás es que Stella se le adelantara y saliera del gua impunemente. En un momento de distracción entre que salían, la volvería a tirar a la pileta.

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