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No roots anymore. —Zoe.

Sam J. Lehmann el Jue Jun 21, 2018 9:59 am

Recuerdo del primer mensaje :

No roots anymore. —Zoe.  - Página 2 MFV1CJr
Zoe A. Levinson & Sam J. Lehmann || Casa de Beatrice, 17 de junio del 2010 || Atuendo || Flashback.

¡Ya, ya sé que llego tarde, lo siento! —Se disculpó, sonriente, nada más entrar por la puerta de la casa de Bee y ver a su amiga allí, con cara de patata mustia, mirándola con reproche. —Felicidades atrasadas, guapa. —Y besó su mejilla, con uno de esos besos sonoros. En realidad le había felicitado el mismo día de su cumpleaños pero... ¡hoy era el día de la celebración y los regalos! Y, sobretodo, el día de la tarta. Que eso sí que es importante.

En realidad el cumpleaños de Beatrice había sido hace un par de días, pero siempre era mejor hacer una fiesta de ese estilo un viernes, un día en el que pudiera ir la gran mayoría de tus invitados. Por parte de Sam, sin embargo, le coincidía ese mismo día con el último examen del último curso de su carrera, por lo que había sido la última en llegar al cumpleaños. ¡Y como para no! Necesitó horas para hacer el examen, por no contar el tiempo post-examen en el que todavía estaba aceptando el hecho de que acababa de terminar su carrera. ¿Pero sabes qué? Bee era una persona extraordinariamente paciente y había esperado para partir la tarta hasta que llegase Sam. Bueno, Sam había visto la tarta y veía que le faltaba un trozo, pero... bueno, aún no se habían soplado las velas y, oficialmente, no se había partido la tarta.

Dejó el bolso en la entrada, para luego seguir hacia adentro y saludar a todos los presentes: primero a los que estaban sentados en el salón,: Gwen, que estaba sentada en uno de esos sofás unitarios hablando con Steven, que estaba justo en frente en un sofá doble con su hija.

¡Hola! —Saludó a todos, para acercarse primero a Steven a darle dos besos cordiales, luego zarandeó la mano de manera infantil hacia Alexandra y, por último, se acercó a su amiga para besar su mejilla con cariño. —¡Al fin llegué! Sé que todos queréis tarta. Bee es un encanto por esperar por mí. ¿O la habéis convencido vosotros? Con lo glotona que es... —Y rió.

¿Qué tal el examen? —Le preguntó Gwen antes de que se girase para continuar con su ronda de saludos. Sam sonrió, unió el dedo índice y el pulgar y se los llevó a la boca, besándolos.

Estás frente a una futura y competente legeremante. Más te vale guardar tus recuerdos en buen recaudo o te los leeré... —Y movió los dedos de manera "malvada y oscura" hacia ella, como si se los estuviese succionando. Todo el mundo sabe que Sam era incapaz de hacer ningún gesto ni malvado ni oscuro, mucho menos cuando sonríe y se le achinan los ojos, por lo que las comillas eran muy acertadas. —Luego te cuento con más detalle.

Continuó con su ronda de saludos, hasta que llegó a la cocina, en donde dejó una bolsita con bollitos de chocolate y crema—porque si eran todos de chocolate se los iba a comer Sam—y fue a coger una vasito de agua. Cuanto terminó de bebérselo, vio entrar a Zoe, la ex-mujer de Steven. Había oído hablar de ella por Beatrice y Steven, pero hasta ese momento no había tenido el placer de conocerla en persona. Quizás en algunas ocasiones de vista, lejana, ¿pero presentarse? Hasta la fecha no. Aunque bueno, quería pensar que aunque no había habido presentación formal, ambas deberían saber quién es la otra. O no. Al menos Sam si tenía claro quién era ella. —¡Hola! —Sonrió, acercándose a ella. —Soy Sam, una de las amigas de Bee. Sí, esa por la que aún no se ha partido la tarta. Dejad todos de mirarme así. —Fingió drama, con una encantadora y risueña sonrisa en el rostro. Claro que estaba de broma. Era probable que a ella le pareciese más fuerte que hubiesen esperado por ella, que probablemente la importancia que le diese los que están allí dentro a esa nimia espera.

Había algún que otro amigo más, pero Sam se limitó a saludarlos cordialmente sin darles mucha más importancia.

***

Después de partir la tarta y hartarse a chocolate, cantar al Sing Star hasta quedarse roncas, bailar al Just Dance hasta que alguien rompa un jarrón y reír hasta que te doliese la barriga y la mejilla, todo comenzó a relajarse. Abrieron los regalos y, al final, ya caída la noche, todos estaban jugando al Tabú en el salón por equipos, ese famoso juego en donde tienes que describir una palabra concreta sin poder utilizar en su definición ciertas palabras que eran tabú.

Sam había ido al baño, pero al salir vio como Zoe estaba recogiendo la mesa principal, así como todo el destrozo que había en la cocina. La rubia no tardó en dirigirse a ella para ayudarla, dejando de lado el Tabú. ¡Y eso que ella adoraba el tabú!

Cogió las sobras de la tarta, llevándolas a la cocina. —No entiendo cómo ha podido sobrar... con lo buena que está. —Sonrió, dejándola en un huequito libre sobre la mesa. Ella iba a ser de esas personas que racanearán un trozo en un tupper antes de irse, que no te quepa duda. —Por cierto... qué hija más preciosa tienes. Siempre se lo digo a Steven, pero creo que eso es mérito de los dos. —Amplió la sonrisa. —Es una maravilla de niña.

Y es que Sam tenía un instinto maternal nato. Bueno, nato no, pero hacía tiempo que se había dado cuenta de lo mucho que adoraba a los niños, sobre todo cuando eran tan adorables como Alexandra. Ella tenía claro que en algún momento le encantaría tener a uno de esos pequeñajos a su alrededor. Eso sí, dentro de muchísimo tiempo. Ahora mismo estaba demasiado harta con las relaciones como para siquiera pensar en ello.

Tengo permiso de Bee y Gwen para poder usar sus PNJs
Sam J. Lehmann
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Invitado el Dom Abr 21, 2019 5:41 am

En el momento en que la mujer volteó en su dirección, Zoe supo que no se trataba de una simple desconocida. Ante ella se encontraba la mismísima Samantha Lehmann, y a pesar de que no era consciente de ello, su sorpresa era más que visible en su rostro.

A decir verdad, Zoe ya no recordaba cuando había sido la última vez que la había visto, pero estaba segura de que había sido mucho antes de que todo el mundo enloqueciese y los Mortífagos se hiciesen con el poder. Era obvio que así había sido pues de lo contrario lo recordaría, tal como recordaba sus escasos y memorables encuentros con Steven Bennington.

Estupefacta, no pudo articular otra palabra más por los siguientes segundos. En su cabeza rondaba el recuerdo más notorio que ambas habían compartido, aquella ocasión en que habían cantado y bailado cual locas en el cumpleaños de Beatrice, su excuñada. Y por más que su mente se aferrara a aquel recuerdo, Zoe estaba segura de algo: ninguna de las dos era la misma mujer que aquel entonces.

Sam —susurró, suavemente y con nostalgia, mientras la observaba detenidamente. Por más que intentara hablar, las palabras no salían de su boca. No sabía cómo abordar la situación o qué decir, ella simplemente había ido allí por su café de todos los días y nada había podido prepararla para aquel encuentro—. Co... ¿Cómo estás? —murmuró torpemente.

Podía sentir como su respiración se entrecortaba y su pulso temblaba, teniendo la sensación de que en cualquier momento desfallecería. Sin embargo, sabía que debía mantenerse de pie. Más allá de toda sorpresa, había una parte suya que quería saber acerca del estado de Sam y cómo es que había ido a parar allí. Porque hasta la persona más positivista del mundo sabía un hecho más que innegable: las probabilidades de cruzarte con una persona de tu pasado no es algo que ocurra usualmente.

Bajo la mirada atenta de Skye, quien parecía estar tan confundida como ella, Zoe hizo oídos sordos a las consecuencias y abrazó a Sam. No sabía cómo reaccionaría pero poco le importó pues quería demostrarle cuan feliz estaba de verla. De repente, al compartir dicha cercanía, miles de preguntas merodearon por su cabeza. Quería saber todo. Quería asegurarse de que estaba bien. Y por sobre todas las cosas, quería regodearse en el hecho de que ella estaba con vida.

Santo cielo, Sam —susurró, separándose un poco para observar su rostro. Lucía bastante diferente a como la recordaba—. Lamento haber bebido tu café —añadió, soltando una pequeña risa.

Poco le importaba estar haciendo un espectáculo frente a los clientes de la cafetería. Quería demostrarle a Sam que, a pesar de las circunstancias, ella todavía estaba del bando correcto. Que su postura solo era una fachada para mantener a salvo a Alexandra y que, si bien ya no era la misma que antes, aún quedaban vestigios de la mujer que ella había conocido.

Siento interrumpirlas, pero la fila se retrasará y no quiero meterme en problemas. ¿Por qué no van a tomar asiento? En un momento les llevo sus pedidos, esta vez, sin error alguno —informó Skye cálidamente.

Las mejillas de Zoe se sonrojaron y finalmente se separó de Sam, dando un par de pasitos hacia atrás para fingir que nada había pasado. Aún debía regresar a por su abrigo y no sabía qué tan interesada estaría ella de compartir un café a su lado.

Entonces... ¿Estás aquí de pasada o te quedarás un rato? Porque hay un rincón en la cafetería en que todos están distraídos con sus portátiles y no le prestan atención al resto del mundo, lo cual es perfecto para que podamos hablar y podernos al día. Claro, si es que quieres... ¿Quieres? —inquirió tímidamente mientras enarcaba una ceja.

El sitio al que ella se refería era uno de los lugares más discretos de todo el lugar, Zoe solía ir allí cuando necesitaba meditar acerca de sus propios problemas sin tener que lidiar con los ojos curiosos de los demás clientes, quienes se preguntarían por qué la mujer solitaria murmuraba cosas inaudibles para ellos.

Era perfecto para esa ocasión.
Anonymous
InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Lun Abr 22, 2019 9:18 pm

Si llega a ser otra ocasión, hubiera sido incluso cómico verse y que cada una sólo hubiese sido capaz de decir el nombre de la otra como saludo, bajo la indudable presión de la sorpresa y el no saber qué hacer. Y es que… era complicado, en esos casos, saber qué hacer, tanto por parte de Zoe como de Sam. Dar ese pasito, después de tanto tiempo sin verse, era un riesgo. ¿Y si Zoe había decidido irse al otro bando por conveniencia o sencillamente porque las cosas habían cambiado? ¿Y si por alguna razón Sam no quería tener nada que ver con personas del pasado que todavía trabajasen en el Ministerio? No sería la primera vez que una ‘conocido’—e incluso amigos—le daban la espalda por su condición, por lo que la rubia—ahora castaña, para pasar un poquito más desapercibida—no escatimaba en precaución.

B-bien… —respondió, con duda, cuando le preguntó que cómo estaba.

Ni tiempo le dio de devolverle la pregunta de manera un poco incómoda, pues la valiente de esa situación fue la Levinson que, sin que le importase nada las posibles consecuencias, abrazó a Sam, declarándole abiertamente por un lado que no pertenecía al bando al que le dan asco los sangre sucias y, por otro, que al menos seguía siendo esa mujer cariñosa que había conocido, pese a que nunca hubieran tenido una confianza muy grande.

Sam le había devuelto el abrazo y, cuando se separaron un poco, no pudo evitar sonreír, ya un poquito más tranquila, cuando le dijo que sentía haberse bebido su café. Fue en ese momento en el que recordó vagamente como hace bastante atrás Gwendoline le había dicho que se había citado con ella, por lo que desconfiar de que pudiese ser alguien peligroso de repente había pasado a ser innecesario. Aún así, quizás era de las personas que prefería evitar rodearse de problemas andantes como era claramente Sam.

Lo mismo te digo. —E hizo una pausa. —¿Podríamos haber habido mayor casualidad para no solo coincidir en el mismo café, sino que se equivocasen con nuestros pedidos, precisamente?

Era normal que la camarera les pidiese amablemente que se fuesen a sentar, más que nada porque estaban haciendo retrasar el resto de personas que todavía ni habían pedido. Ambas se retiraron un poco de la cola y fue Zoe quién le preguntó que si seguiría de largo, o tenía intención de quedarse para compartir el café y ponerse al día. Le parecía tan curiosa esa forma de hablar teniendo en cuenta que Samantha era una fugitiva, ¿qué esperaban que dijese cuando le preguntaban por su vida? “Oye, estoy genial, este mes solo me han perseguido dos cazarecompensas y casi muero dos veces.” En realidad Samantha sabía que eso no era así, pero le era imposible no tomárselo con cierto humor sarcástico.

Pese a todo, Sam tenía intención de quedarse ahí hasta la hora, por lo que asintió con la cabeza.

Sí quiero —dijo divertida, como si se estuviesen dando el ‘sí quiero’ en la Iglesia. —Pretendía hacer tiempo así que… me apunto a eso de ponernos al día. Tengo mis cosas ahí… —Señaló una mesa cercana. —Pero te sigo.

Siempre se fascinaría con los picos emocionales en su vida: lo rápido que había pasado de estar un poco nerviosa e incluso sin habla, a de repente sentirse bastante cómoda. ¿Y todo por qué? Un simple abrazo. Y es que la gente subestimaba los abrazos, pero con ellos y nada más, ya Sam tenía claro que Zoe tendría malicia cero y que no iba a estar en peligro a su lado.

Cogió su mochila y su abrigo con una mano y, con la otra, la porción de tarta que se había pedido, para entonces ir hacia donde estaba Zoe. Era un lugar con sillones y mesas bajas, por lo que se sentó en uno de los sillones libres, dejando la tarta en la mesa. Se cruzó de piernas, pues tenía un vestido y en ese tipo de sillones o se sentaba así o se le veía hasta el alma. En realidad le estaba agradecida de... ese reencuentro, por lo que inevitablemente estaba sonriendo.

Debo admitir que todavía no entiendo cuán caprichoso es el destino —añadió tras sentarse. —¿Desde hace cuánto que no nos veíamos? Porque creo que antes de que cambiase todo… aún así llevábamos ya bastante sin tener mucho contacto. ¿Te ha ido todo bien? ¿Y a la pequeña, ya no tan pequeña, Alexandra?

Recordaba perfectamente a la sobrina de Beatrice, hija de Zoe y Steven y la verdad es que hacía tanto tiempo que tampoco sabía de ella que seguía imaginándosela como el bebé como el que la conoció, siendo bien consciente de que ya, si sus cálculos no le fallaban, debería de estar en Hogwarts. Y es que el tiempo pasaba demasiado rápido… Daba vértigo pensar que ya este año iban a ser tres años en donde Sam era fugitiva.
Sam J. Lehmann
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