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No todo tiene que empezar con sexo. [Laith]

Matt Forman el Mar Jun 26, 2018 12:47 am

Ser el Jefe no suele ser cansado a menos que seas yo y seas el Jefe del departamento de Misterios en el Ministerio de Magia británico. Me gusta hablar con todos mis Inefables sobre los diferentes artilugios mágicos que recogen en todo el mundo, sus cualidades y sus posibles usos oscuros. Me gusta conocer todo lo que pasa en mi Departamento, todo lo que entra y todo lo que sale. Echo de menos el salir del ministerio a traer yo mismo esos objetos tan valiosos como peligrosos, quizás por eso les pregunto todos los detalles. Como si fuese yo el que tiene que redactar los informes y no ellos. Lo que si que me gusta es tratar con ellos de forma cercana, como si fuésemos amigos, y crear una atmósfera de confianza en el que se sientan bien en el trabajo. Nuestro oficio es complicado casi siempre, y es bueno poder confiar en tus compañeros.

En estas fechas siempre llegan alumnos a punto de graduarse para visitar el Departamento, me tienen harto. Se creen que porque les gustan los misterios ya pueden trabajan como Inefables. Aquel ambiente estresante me hacía pensar en tomar vacaciones, y faltaba demasiado tiempo para eso. Pero, siempre se puede buscar una forma de escapar de la rutina para no aburrirse. En mi caso, lo que hice fue mandar una carta a Laith invitándole a salir a cenar. Es viernes, huele a fin de semana, y si el chico estaba libre nos podíamos divertir. No hay nada mejor que una cena, unas copas y tener sexo con un joven apasionado. Siendo sinceros, esas eran mis intenciones.

Entre Laith y yo  hay una amistad creada a partir de fiestas y sexo, y no me importa que vaya más allá. Es decir, que podamos hablar o contarnos las penas. No todo tiene que ser sexo siempre. Es un chico agradable, alocado, simpático, risueño y divertido. Claramente con una amistad así el que sale ganando soy yo. En cuanto el sanador aceptó le mandé las señas del mejor restaurante de la cuidad. Por supuesto, es un local mágico escondido en una de las calles más famosas de Londres. Pero es fácil de encontrar para nosotros. Llegué más que puntual, así que me senté en nuestra mesa reservada y pedí una copa de vino blanco para la espera. Laith no iba a tardar, pero yo había venido mucho antes.



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Última edición por Matt Forman el Miér Jul 04, 2018 12:22 am, editado 1 vez
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Laith Gauthier el Vie Jun 29, 2018 10:05 pm

Empezaba a llegar ese divertido momento del año donde los estudiantes de cuarto de carrera se acordaban de hacer sus prácticas profesionales y llegaban a San Mungo pidiendo solicitud para hacer sus prácticas ahí. Laith se divertía particularmente, cuando tenía tiempo libre, leyendo las solicitudes vía lechuza y aceptando o rechazando a los solicitantes. Eran más que nada cuestiones del propio San Mungo, un hospital de renombre que no podía aceptar en sus filas a cualquiera. Laith, por su lado, lo encontraba divertido, renovador incluso, porque muchas veces los jóvenes llegaban llenos de espíritu y vitalidad. Y él era el indicado para hacerlos llegar a su límite y el que no explotase sería el indicado para tener una propuesta en el hospital.

No porque Laith fuera un mal superior, sino todo lo contrario. Era tan bueno en lo que hacía y se dedicaba en cuerpo y alma que seguirle el paso era terroríficamente complicado. Él sólo iba a estar satisfecho cuando los internos hubiesen dado lo mejor y sólo lo mejor de ellos. Y eso, desde un punto de vista quizá un poco cruel, era lo que a Laith le divertía. Por otro lado, seguía fresco como una lechuga cuando había ido hacía nada de vacaciones a América junto con dos de sus amigas un fin de semana, y encima antes de eso había ido a Las Vegas. Sí, no tenía nada de qué quejarse.

Además, no contento con lo bien que había empezado a caminar todo luego de semanas difíciles con noticias deprimentes, ese día en particular le había llegado una carta de Matt invitándole a cenar. Era un buen viernes recién saliendo de un turno largo, pero, ¿qué demonios? Un par de horas en la cama y ya estaba listo para salir al ruedo otra vez. El inefable era buena compañía, muy sexy, divertido y tenía un cierto algo misterioso que le resultaba atrayente, por lo que dedicarle de su tiempo nunca estaba de más.  Pronto tuvo las indicaciones para llegar a un restaurante mágico escondido y con el nombre supo localizarlo como uno muy bueno. Matt lo dejaba en jaque.

Si bien Laith siempre tenía ese aspecto resuelto, un poco rebelde incluso y muy casual, por motivos de razonamiento lógico supo que tenía que ser un poco más formal que siempre. No mucho, sólo lo justo y necesario, que no iba a ponerse saco y corbata para cenar con un amigo. Porque las buenas costumbres no se pierden, iba ya dos minutos tarde. Porque Laith no podía llegar a tiempo a ningún sitio. Preguntó por Matt Forman al recepcionista y fue guiado hasta la mesa reservada donde el inefable, tan guapo como siempre, ya esperaba con vino.

Señor Forman, luce maravilloso esta noche —introdujo con una sonrisa su llegada, sin darle importancia a esos minutos de más. Laith no llegaba tarde, sólo justo a tiempo. O eso le gustaba pensar para justificar su impuntualidad. — Una sorpresa recibir su carta, pero una preciosa sorpresa, cómo no —partió adulándole y cortejándole descaradamente, con esa elegancia que no le caracterizaba, antes de soltar una risa. — ¿Cómo has estado? —finalmente bajó esa máscara de galante.

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Matt Forman el Miér Jul 04, 2018 1:37 am

A pesar de haber estado tanto tiempo sin proponer una salida para cenar a nadie, me encontraba en mi salsa. Había salido del trabajo todo lo pronto que había podido, y me había arreglado para la ocasión. Pasé por el cuarto de mi madre, como siempre hago, para comprobar que estaba bien. Ordené a la elfa Auri que la atendiese como siempre, y que no dudase en contactar conmigo primero si pasaba algo. Mi querida madre estaba débil de los huesos y del corazón. La edad le pesaba ya más que nada y, por su apariencia, solo nos quedaba pensar que la muerte se estaba acercando a por ella. Extrañamente, no sentía profundo pesar al pensar en ello. Lo pasé tan mal con la muerte de mi padre y la desaparición de Danna que estaba un poco inmunizado. Tomaba la muerte como algo necesario y merecido. Mi madre no había tenido una vida fácil.

Pero nada me iba a estropear mi cena. Laith había aceptado y estaba dispuesto a pasar una velada agradable. Estaba disfrutando de una copa de vino cuando el sanador llegó, muy elegante. Sonreí cuando le vi, estaba muy atractivo. Si no recuerdo mal, la última vez que el vi iba disfrazado de conejo. Quieras que no, hoy va mucho más elegante. Muy formal. Y muy guapo. Me levanté un momento para recibirle, y le di un suave beso en la mejilla. Le pedí que tomase asiento para luego sentarme yo. Desde que había aparecido en el restaurante solo hablaba para halagarme.

- No he tenido más remedio que mandarle una carta para poder verle fuera del trabajo, señor Gauthier. No me diga que es una sorpresa. Sabe tan bien como yo que nuestros encuentros suelen ser formidables, así que me armé de valor para invitarle a cenar. Le agradezco que haya aceptado. Y por cierto, hoy su atuendo hace gala de su buen gusto y elegancia. - le guiñé un ojo. - Te ves muy guapo.

Los empleados no tardaron en atender a Laith, y servirnos en todo momento. No iba a reconocerlo, pero me tenían bien fichado. Es mi lugar favorito para comer o cenar con intimidad. El servicio es excelente, toda al comida fabulosa y el trato intachable. Ahora llevaba un tiempo sin venir. El motivo era fácil de explicar, no había tenido ocasión. No es un lugar donde venir con cualquiera, hay que tener alguna razón especial. Esta lo es. Laith es alguien especial. Aunque nos veamos en contadas ocasiones, es divertido y me alegra la vida. Es un placer poder disfrutar de una cena con él. Después de los halagos llegó la normalidad.

- Estoy bien. Quizás te hayan llegado rumores del ataque que hubo en el Ministerio, y estoy seguro de que tus compañeros habrán sabido ponerte al día. Por suerte no me pasó nada, algunos cortes. En un par de días estaba como nuevo. En parte accedí a ir a San Mungo por si me atendías tu, pero se ve que no era tu turno. ¿Por qué me da la impresión de que últimamente estoy en todos los ataques? - pregunté retóricamente. - ¿Y tu cómo has estado?

El servicio nos dejó las cartas encima de la mesa sin llamar mucho la atención, sabiendo que las conversaciones que tenían lugar en su local eran importantes y no podían ser interrumpidas. Cogí la carta en la mano, por costumbre, aunque ya sabía todo lo que quería tomar. Incluso el postre. Solía venir muy a menudo. Normalmente por asuntos de trabajo, y raramente por intentos de conquista. Jamás había pretendido algo así con nadie. O puede que si. Pero jamás llegaba a nada, y esta vez no iba a ser distinto. Tenía que seguir viendo a Laith como lo que era, un loco compañero de aventuras y diversión. No iba a servir de nada verlo como algo más. No debería.
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Laith Gauthier el Sáb Jul 07, 2018 11:56 am

Laith no escatimó en halagos nada más encontrarse con el elegante inefable, quien respondió sin pensárselo dos veces con otra gama de estos, exagerando la formalidad de su relación para crear una distancia galante, antes de retomar un ritmo de conversación normal. Hizo una reverencia con su cabeza, en silencioso agradecimiento, al escuchar que se veía guapo en aquel atuendo tan impropio de él. Fue cuestión de tiempo antes de que le sirvieran vino en una copa. Como era de esperarse de ese lugar, el servicio era excepcional, y tenía la sensación de que algo tenía que ver la compañía que tenía.

Sí, me enteré —respondió sin pensarlo mucho. — Me alegra saber que no hayas sufrido nada grave, seguro nadie te habría sabido atender tan bien como yo —sonrió ligeramente, y es que en su tono había un cierto deje a doble sentido que no obvió. — Honestamente me habría encantado estar ahí, no porque me encanten los ataques, sino todo lo contrario, pero no me dejaron volver, acababa de irme de un turno muy largo —Laith siempre intentaba exceder el número de horas límite que el hospital le dejaba trabajar, y lamentablemente, o afortunadamente, acababan obligándole a ir a casa nada más alcanzarlo.

El quebequés era un adicto al trabajo en el sentido más literal de la palabra. Su capacidad de recomponerse con sólo unas horas de sueño era su máxima aliada en la consigna, pero por motivos de seguridad no era posible excederse demasiado. De hecho, se frustró muchísimo cuando se enteró de la llegada de lo que pareció un ataque coordinado en Azkaban y el Ministerio de Magia y llegaron de ahí heridos, pues quería atenderles y por motivos obvios no pudo hacerlo. Matt se preguntaba por qué siempre resultaba estar en todos los ataques y, pese a notar que era una pregunta que no precisaba respuesta, Laith sonrió.

Porque quién mejor que tú para controlarlo —lo halagó de nuevo, expresivo en sus gestos. La verdad no estaba muy al corriente con la participación de los afectados durante el ataque, pero, al menos en San Mungo, Matt había sido una parte importante de la contención del paraguas mágico. — ¿Yo? Todo ha estado bien, de hecho, un mes extraño, cuando menos —confesó. Había sido un mes de altibajos muy marcados. — Nada digno de mención, supongo, un par de viajes, poco más —no pensaba mencionar el motivo por el cual estuvo decaído tantos días.

Es decir: confiaba en Matt. Un tipo de confianza razonable que uno le tiene a un tipo con quien salió de fiesta a un sitio nomaj, como el que se le tiene a esos amigos especiales con quienes se tienen relaciones casuales. A pesar de ello, no era idiota y reconocía que, en realidad, no conocía tan bien a Matt como le gustaría. Prefería ser discreto, sereno y equilibrado en temas que podían afectarlo en mayor o menor medida, pues no son pocos los animales que mueren por su propia boca.

Tomó la carta cuando el camarero la entregó, tomándola y leyendo lo que había para pedir. Le costó decidirse por un plato fuerte, tanto que incluso suspiró, ligeramente frustrado. — Admito que te odio un poco —confesó, con un tono de voz aparentemente serio. — Por invitarme a un sitio con tantas opciones —explicó a continuación. Al final le costó, pero se decantó por un magret de pato a la naranja con vino tinto y, de postre, tiramisú. — Soy amante de la comida, no me puedes traer a un sitio con muchas opciones —dramatizó, con un gesto exagerado, antes de reír. — ¿Qué hay de ti? ¿Tu postre favorito? —le preguntó.

A veces, las preguntas esporádicas y repentinas servían mucho para conocerse mejor y era algo que Laith llevaba muy claro. Siempre hacía uso, desde el momento en que se conocieron, de esas preguntas para hacer temas de conversación. Cualquier cosa servía para una pregunta en muchas ocasiones inesperada y que parecía haberse sacado de la manga.
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Matt Forman el Miér Jul 18, 2018 11:54 pm

Era impensable que alguien no se enterase de un suceso como el del Ministerio. Saltaron todas las alertas, pues desgraciadamente el terrorismo estaba a la orden del día. Gente importante había muerto, y muchos otros resultaron heridos de gravedad. Pese a estar en el lugar donde los terroristas querían acceder, yo me salvé. Fue más cerca del despacho de Abi donde todo ocurrió. Cuando supe que ella estaba bien respiré muy aliviado. Es la mejor Ministra que hemos tenido hasta el momento, de eso no hay duda. Pero, todo el mundo sabe de qué alado está, cuales son sus prioridades, y eso es algo que no agrada a todo el mundo. También es cierto que hay cosas que no me terminan de gustar, me da la impresión de que no avanzamos nada persiguiendo a sangre sucias cuando los muggles van libremente por la calle.

Laith me explicó que justo ese día acababa de salir de un turno muy largo, y no le dejaron volver para atender a los heridos. Asentí, consciente de que no podía estar trabajando a todas horas, su descanso era muy importante. Bromeé con que siempre estaba en medio de los ataques, y de nuevo Laith me halagó diciendo que nadie mejor que yo para pararlos. Esta vez no fue así. Yo estaba en el pasillo sufriendo la ira de un terrorista demente mientras unos metros más allá peleaban a vida o muerte para salvar a la Ministra y al Ministerio.

- ¿Yo? Estoy bastante oxidado. Quizás debería apuntarme a un club de duelo para vejestorios. Debería ser obligatorio en el Ministerio, para casos como ese.

Esta vez no bromeaba. Tenía que hacer algo para mantenerme en forma en un duelo. Siempre he rechazado la violencia, y no la uso si no es necesario. Cada vez, en mi vida, era menos necesario y había terminado perdiendo mis facultades. Podría hablar con Lluna, quizás. O con Caleb. Ellos, siendo mortífagos, se mantienen el forma. Aunque me da miedo que mi querida sobrina me dé una tunda casi mortal. Sé de buena mano que tiene un mal humor interesante. No me gustaría enfrentarme con ella, la verdad. Laith decía que todo estaba bien, incluso había viajado. Aunque definía el mes como extraño. ¿Debería insistir? Espero que hable de ello si quiere hablarlo, no le voy a insistir.

- Los viajes son lo mejor de la vida. Yo suelo esperar a las vacaciones para escaparme. Ver otros países te renueva, te llena de energía. Espero que lo hayas pasado bien. Lo mencionas como si no hubiese sido importante... ¿Hay algún sitio que te gustaría visitar?

Sentía curiosidad por saber la clase de viajes que le gustaban hacer a Laith, o los que tenía pendientes. A mi me gusta muchísimo viajar, y lo hago constantemente cuando no tengo que trabajar. Mi lugar favorito debe ser New York, con todos esos musicales. Aunque también me gusta relajarme en la playa. Y no lo admitiré, pero me he hecho adicto a las emociones fuertes. Maldito seas Apolo. Yo antes era un tipo que solamente se divertía bailando. Ahora necesito emociones fuertes. Medité sobre aquello mientras Laith ojeaba la carta. Estaba enfadado por haberle traído a un lugar con tanto rico donde elegir. Sonreí. Me gusta que sea amante de la comida, va a disfrutar en este lugar. Hay gente muy exquisita que solamente sabe comer comida recalentada. Esto es calidad.

- Siempre hay mucho donde elegir, en todos los sitios. Pero entre todas las posibilidades, siempre hay una que te llama más la atención. Elige esa, sin dudarlo, y acertarás. - ¿Estoy hablando en doble sentido? Lo parece, pero de verdad que no lo pretendía. - Yo lo tengo muy claro. Soy muy indeciso, de modo que suelo pedir la recomendación del cheff. Y de postre siempre pido alguna mousse de queso y frutas. Mi madre siempre ha odiado los quesos, dice que huelen mal. Y mi sobrina, es intolerante a los lácteos. De modo que me doy un capricho siempre que salgo. ¿Y tu? ¿Odias o amas los quesos?

Eso si que es una pregunta importante donde las haya. Te estás luciendo, Matt. Vamos a disfrutar la cena y la velada, hablar con Laith es siempre muy natural. Ni siquiera me lo imagino enfadado. Seguro que podemos encontrar algún tema que nos interese mucho a ambos para hacer la noche todavía más interesante.
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Laith Gauthier Ayer a las 7:46 am

Laith habría llegado a pensar que quizá los trabajadores del Ministerio, en especial aquellos relacionados con el orden del mundo mágico, entrenaban y batían en duelo con relativa frecuencia. Sin embargo, asumía que quizá Matt, en su puesto de jefe, tendría más bien poca acción y mucha burocracia. Quizá era cierto que el entrenamiento en general no iba a venirles mal. Él, por otro lado, era sanador, los duelos no eran su preciso fuerte. Lo suyo no era causar daño sino sanarlo, pese a que no se le daba del todo mal hacer lo contrario.

No es que no sea importante, es que… Bueno, uno fue un concurso que gané, a Las Vegas, arreglado si me pides mi opinión porque conocía a varias personas que ganaron también, y luego fui a una playa de México con unas amigas —mencionó brevemente, para hacerle ver lo improvisados que habían sido sus planes. — Me encantaría ir a Canadá a acampar en un parque nacional cercano a donde solía vivir, o quizá visitar Suiza, o… Disfruto mucho conociendo nuevos lugares o volviendo a los que conozco, así que supongo que me iría a cualquier sitio si tuviera la oportunidad —resumió cuando se dio cuenta de la cantidad de opciones que quería abarcar. — ¿Qué hay de ti, algún sitio en especial?

El asunto de la comida se le había complicado más de la cuenta. Ver qué quería ordenar y decidirse por un plato era casi igual a ver una cartera de viajes y ver a dónde quería ir. A veces, iba de la mano. Laith era de esos que pensaban que para disfrutar verdaderamente de un sitio había que inmiscuirse, había que abrazar la cultura y las costumbres como propias, “hacer en Roma lo que hacen los romanos”. Por ello es que, esa diversidad, era beneficiosa para su persona. Matt no se complicaba la existencia como él lo hacía: pedía la opinión del chef y se decantaba por un postre de mousse de queso con frutas.

Vamos a dejar algo en claro —dijo muy serio, como si abarcase un tema muy importante. — Yo amo el 99% de la comida. Quesos incluidos —había que dejar un margen razonable de error. — Aunque disfruto más los sabores dulces y picantes también, si algún día quieres regalarme algo, helado es una buena opción —le guiñó un ojo, bromeando con él, no pensaba que fuese a darle algo. — ¿Y tú? ¿Qué sabores son los que prefieres? —preguntó.

Laith siempre llevaba la sonrisa de por medio, así era la mayor parte del tiempo. Le gustaba pasar tiempo con gente que apreciaba, de modo que dedicarle un rato a Matt era bien recibido. Pese a la sobriedad que mostraba el inefable, había mostrado ser una compañía con quien pasar el rato entre una charla agradable. Además, no le parecían molestar los temas sacados de la manga que a veces se sacaba el sanador.

Háblame del pequeño tú, ¿qué materia odiabas en el colegio? —le preguntó con una sonrisa, recargándose en la silla. — Yo, por ejemplo… Recuerdo que se me daba mal Astronomía y… ¿Sabes? Era muy bueno en Adivinación, pero sólo adivinaba cosas malas así que lo dejé —hizo memoria, mirando al techo mientras jugaba con el contenido de su vaso, moviéndolo en círculos antes de dejarlo en la mesa. — Pociones se me daba de maravilla, pero no es la gran cosa, a uno le desmerita un poco ser pariente de pocionistas famosos —consideró.

Hablar del colegio era más bien un tema de nunca acabar. Porque ahí dentro de las paredes del mismo habían vivido durante al menos siete años de su vida, lo que era bastante. Un poco menos de la tercera parte de su vida, ahora que era un poco mayor, aunque no tanto como lo era Matt.
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