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No todo tiene que empezar con sexo. [Laith]

Matt Forman el Mar Jun 26, 2018 12:47 am

Ser el Jefe no suele ser cansado a menos que seas yo y seas el Jefe del departamento de Misterios en el Ministerio de Magia británico. Me gusta hablar con todos mis Inefables sobre los diferentes artilugios mágicos que recogen en todo el mundo, sus cualidades y sus posibles usos oscuros. Me gusta conocer todo lo que pasa en mi Departamento, todo lo que entra y todo lo que sale. Echo de menos el salir del ministerio a traer yo mismo esos objetos tan valiosos como peligrosos, quizás por eso les pregunto todos los detalles. Como si fuese yo el que tiene que redactar los informes y no ellos. Lo que si que me gusta es tratar con ellos de forma cercana, como si fuésemos amigos, y crear una atmósfera de confianza en el que se sientan bien en el trabajo. Nuestro oficio es complicado casi siempre, y es bueno poder confiar en tus compañeros.

En estas fechas siempre llegan alumnos a punto de graduarse para visitar el Departamento, me tienen harto. Se creen que porque les gustan los misterios ya pueden trabajan como Inefables. Aquel ambiente estresante me hacía pensar en tomar vacaciones, y faltaba demasiado tiempo para eso. Pero, siempre se puede buscar una forma de escapar de la rutina para no aburrirse. En mi caso, lo que hice fue mandar una carta a Laith invitándole a salir a cenar. Es viernes, huele a fin de semana, y si el chico estaba libre nos podíamos divertir. No hay nada mejor que una cena, unas copas y tener sexo con un joven apasionado. Siendo sinceros, esas eran mis intenciones.

Entre Laith y yo  hay una amistad creada a partir de fiestas y sexo, y no me importa que vaya más allá. Es decir, que podamos hablar o contarnos las penas. No todo tiene que ser sexo siempre. Es un chico agradable, alocado, simpático, risueño y divertido. Claramente con una amistad así el que sale ganando soy yo. En cuanto el sanador aceptó le mandé las señas del mejor restaurante de la cuidad. Por supuesto, es un local mágico escondido en una de las calles más famosas de Londres. Pero es fácil de encontrar para nosotros. Llegué más que puntual, así que me senté en nuestra mesa reservada y pedí una copa de vino blanco para la espera. Laith no iba a tardar, pero yo había venido mucho antes.



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Última edición por Matt Forman el Miér Jul 04, 2018 12:22 am, editado 1 vez
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Matt FormanJefe Departamento

Laith Gauthier el Vie Jun 29, 2018 10:05 pm

Empezaba a llegar ese divertido momento del año donde los estudiantes de cuarto de carrera se acordaban de hacer sus prácticas profesionales y llegaban a San Mungo pidiendo solicitud para hacer sus prácticas ahí. Laith se divertía particularmente, cuando tenía tiempo libre, leyendo las solicitudes vía lechuza y aceptando o rechazando a los solicitantes. Eran más que nada cuestiones del propio San Mungo, un hospital de renombre que no podía aceptar en sus filas a cualquiera. Laith, por su lado, lo encontraba divertido, renovador incluso, porque muchas veces los jóvenes llegaban llenos de espíritu y vitalidad. Y él era el indicado para hacerlos llegar a su límite y el que no explotase sería el indicado para tener una propuesta en el hospital.

No porque Laith fuera un mal superior, sino todo lo contrario. Era tan bueno en lo que hacía y se dedicaba en cuerpo y alma que seguirle el paso era terroríficamente complicado. Él sólo iba a estar satisfecho cuando los internos hubiesen dado lo mejor y sólo lo mejor de ellos. Y eso, desde un punto de vista quizá un poco cruel, era lo que a Laith le divertía. Por otro lado, seguía fresco como una lechuga cuando había ido hacía nada de vacaciones a América junto con dos de sus amigas un fin de semana, y encima antes de eso había ido a Las Vegas. Sí, no tenía nada de qué quejarse.

Además, no contento con lo bien que había empezado a caminar todo luego de semanas difíciles con noticias deprimentes, ese día en particular le había llegado una carta de Matt invitándole a cenar. Era un buen viernes recién saliendo de un turno largo, pero, ¿qué demonios? Un par de horas en la cama y ya estaba listo para salir al ruedo otra vez. El inefable era buena compañía, muy sexy, divertido y tenía un cierto algo misterioso que le resultaba atrayente, por lo que dedicarle de su tiempo nunca estaba de más.  Pronto tuvo las indicaciones para llegar a un restaurante mágico escondido y con el nombre supo localizarlo como uno muy bueno. Matt lo dejaba en jaque.

Si bien Laith siempre tenía ese aspecto resuelto, un poco rebelde incluso y muy casual, por motivos de razonamiento lógico supo que tenía que ser un poco más formal que siempre. No mucho, sólo lo justo y necesario, que no iba a ponerse saco y corbata para cenar con un amigo. Porque las buenas costumbres no se pierden, iba ya dos minutos tarde. Porque Laith no podía llegar a tiempo a ningún sitio. Preguntó por Matt Forman al recepcionista y fue guiado hasta la mesa reservada donde el inefable, tan guapo como siempre, ya esperaba con vino.

Señor Forman, luce maravilloso esta noche —introdujo con una sonrisa su llegada, sin darle importancia a esos minutos de más. Laith no llegaba tarde, sólo justo a tiempo. O eso le gustaba pensar para justificar su impuntualidad. — Una sorpresa recibir su carta, pero una preciosa sorpresa, cómo no —partió adulándole y cortejándole descaradamente, con esa elegancia que no le caracterizaba, antes de soltar una risa. — ¿Cómo has estado? —finalmente bajó esa máscara de galante.

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Matt Forman el Miér Jul 04, 2018 1:37 am

A pesar de haber estado tanto tiempo sin proponer una salida para cenar a nadie, me encontraba en mi salsa. Había salido del trabajo todo lo pronto que había podido, y me había arreglado para la ocasión. Pasé por el cuarto de mi madre, como siempre hago, para comprobar que estaba bien. Ordené a la elfa Auri que la atendiese como siempre, y que no dudase en contactar conmigo primero si pasaba algo. Mi querida madre estaba débil de los huesos y del corazón. La edad le pesaba ya más que nada y, por su apariencia, solo nos quedaba pensar que la muerte se estaba acercando a por ella. Extrañamente, no sentía profundo pesar al pensar en ello. Lo pasé tan mal con la muerte de mi padre y la desaparición de Danna que estaba un poco inmunizado. Tomaba la muerte como algo necesario y merecido. Mi madre no había tenido una vida fácil.

Pero nada me iba a estropear mi cena. Laith había aceptado y estaba dispuesto a pasar una velada agradable. Estaba disfrutando de una copa de vino cuando el sanador llegó, muy elegante. Sonreí cuando le vi, estaba muy atractivo. Si no recuerdo mal, la última vez que el vi iba disfrazado de conejo. Quieras que no, hoy va mucho más elegante. Muy formal. Y muy guapo. Me levanté un momento para recibirle, y le di un suave beso en la mejilla. Le pedí que tomase asiento para luego sentarme yo. Desde que había aparecido en el restaurante solo hablaba para halagarme.

- No he tenido más remedio que mandarle una carta para poder verle fuera del trabajo, señor Gauthier. No me diga que es una sorpresa. Sabe tan bien como yo que nuestros encuentros suelen ser formidables, así que me armé de valor para invitarle a cenar. Le agradezco que haya aceptado. Y por cierto, hoy su atuendo hace gala de su buen gusto y elegancia. - le guiñé un ojo. - Te ves muy guapo.

Los empleados no tardaron en atender a Laith, y servirnos en todo momento. No iba a reconocerlo, pero me tenían bien fichado. Es mi lugar favorito para comer o cenar con intimidad. El servicio es excelente, toda al comida fabulosa y el trato intachable. Ahora llevaba un tiempo sin venir. El motivo era fácil de explicar, no había tenido ocasión. No es un lugar donde venir con cualquiera, hay que tener alguna razón especial. Esta lo es. Laith es alguien especial. Aunque nos veamos en contadas ocasiones, es divertido y me alegra la vida. Es un placer poder disfrutar de una cena con él. Después de los halagos llegó la normalidad.

- Estoy bien. Quizás te hayan llegado rumores del ataque que hubo en el Ministerio, y estoy seguro de que tus compañeros habrán sabido ponerte al día. Por suerte no me pasó nada, algunos cortes. En un par de días estaba como nuevo. En parte accedí a ir a San Mungo por si me atendías tu, pero se ve que no era tu turno. ¿Por qué me da la impresión de que últimamente estoy en todos los ataques? - pregunté retóricamente. - ¿Y tu cómo has estado?

El servicio nos dejó las cartas encima de la mesa sin llamar mucho la atención, sabiendo que las conversaciones que tenían lugar en su local eran importantes y no podían ser interrumpidas. Cogí la carta en la mano, por costumbre, aunque ya sabía todo lo que quería tomar. Incluso el postre. Solía venir muy a menudo. Normalmente por asuntos de trabajo, y raramente por intentos de conquista. Jamás había pretendido algo así con nadie. O puede que si. Pero jamás llegaba a nada, y esta vez no iba a ser distinto. Tenía que seguir viendo a Laith como lo que era, un loco compañero de aventuras y diversión. No iba a servir de nada verlo como algo más. No debería.


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Laith Gauthier el Sáb Jul 07, 2018 11:56 am

Laith no escatimó en halagos nada más encontrarse con el elegante inefable, quien respondió sin pensárselo dos veces con otra gama de estos, exagerando la formalidad de su relación para crear una distancia galante, antes de retomar un ritmo de conversación normal. Hizo una reverencia con su cabeza, en silencioso agradecimiento, al escuchar que se veía guapo en aquel atuendo tan impropio de él. Fue cuestión de tiempo antes de que le sirvieran vino en una copa. Como era de esperarse de ese lugar, el servicio era excepcional, y tenía la sensación de que algo tenía que ver la compañía que tenía.

Sí, me enteré —respondió sin pensarlo mucho. — Me alegra saber que no hayas sufrido nada grave, seguro nadie te habría sabido atender tan bien como yo —sonrió ligeramente, y es que en su tono había un cierto deje a doble sentido que no obvió. — Honestamente me habría encantado estar ahí, no porque me encanten los ataques, sino todo lo contrario, pero no me dejaron volver, acababa de irme de un turno muy largo —Laith siempre intentaba exceder el número de horas límite que el hospital le dejaba trabajar, y lamentablemente, o afortunadamente, acababan obligándole a ir a casa nada más alcanzarlo.

El quebequés era un adicto al trabajo en el sentido más literal de la palabra. Su capacidad de recomponerse con sólo unas horas de sueño era su máxima aliada en la consigna, pero por motivos de seguridad no era posible excederse demasiado. De hecho, se frustró muchísimo cuando se enteró de la llegada de lo que pareció un ataque coordinado en Azkaban y el Ministerio de Magia y llegaron de ahí heridos, pues quería atenderles y por motivos obvios no pudo hacerlo. Matt se preguntaba por qué siempre resultaba estar en todos los ataques y, pese a notar que era una pregunta que no precisaba respuesta, Laith sonrió.

Porque quién mejor que tú para controlarlo —lo halagó de nuevo, expresivo en sus gestos. La verdad no estaba muy al corriente con la participación de los afectados durante el ataque, pero, al menos en San Mungo, Matt había sido una parte importante de la contención del paraguas mágico. — ¿Yo? Todo ha estado bien, de hecho, un mes extraño, cuando menos —confesó. Había sido un mes de altibajos muy marcados. — Nada digno de mención, supongo, un par de viajes, poco más —no pensaba mencionar el motivo por el cual estuvo decaído tantos días.

Es decir: confiaba en Matt. Un tipo de confianza razonable que uno le tiene a un tipo con quien salió de fiesta a un sitio nomaj, como el que se le tiene a esos amigos especiales con quienes se tienen relaciones casuales. A pesar de ello, no era idiota y reconocía que, en realidad, no conocía tan bien a Matt como le gustaría. Prefería ser discreto, sereno y equilibrado en temas que podían afectarlo en mayor o menor medida, pues no son pocos los animales que mueren por su propia boca.

Tomó la carta cuando el camarero la entregó, tomándola y leyendo lo que había para pedir. Le costó decidirse por un plato fuerte, tanto que incluso suspiró, ligeramente frustrado. — Admito que te odio un poco —confesó, con un tono de voz aparentemente serio. — Por invitarme a un sitio con tantas opciones —explicó a continuación. Al final le costó, pero se decantó por un magret de pato a la naranja con vino tinto y, de postre, tiramisú. — Soy amante de la comida, no me puedes traer a un sitio con muchas opciones —dramatizó, con un gesto exagerado, antes de reír. — ¿Qué hay de ti? ¿Tu postre favorito? —le preguntó.

A veces, las preguntas esporádicas y repentinas servían mucho para conocerse mejor y era algo que Laith llevaba muy claro. Siempre hacía uso, desde el momento en que se conocieron, de esas preguntas para hacer temas de conversación. Cualquier cosa servía para una pregunta en muchas ocasiones inesperada y que parecía haberse sacado de la manga.
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Matt Forman el Miér Jul 18, 2018 11:54 pm

Era impensable que alguien no se enterase de un suceso como el del Ministerio. Saltaron todas las alertas, pues desgraciadamente el terrorismo estaba a la orden del día. Gente importante había muerto, y muchos otros resultaron heridos de gravedad. Pese a estar en el lugar donde los terroristas querían acceder, yo me salvé. Fue más cerca del despacho de Abi donde todo ocurrió. Cuando supe que ella estaba bien respiré muy aliviado. Es la mejor Ministra que hemos tenido hasta el momento, de eso no hay duda. Pero, todo el mundo sabe de qué alado está, cuales son sus prioridades, y eso es algo que no agrada a todo el mundo. También es cierto que hay cosas que no me terminan de gustar, me da la impresión de que no avanzamos nada persiguiendo a sangre sucias cuando los muggles van libremente por la calle.

Laith me explicó que justo ese día acababa de salir de un turno muy largo, y no le dejaron volver para atender a los heridos. Asentí, consciente de que no podía estar trabajando a todas horas, su descanso era muy importante. Bromeé con que siempre estaba en medio de los ataques, y de nuevo Laith me halagó diciendo que nadie mejor que yo para pararlos. Esta vez no fue así. Yo estaba en el pasillo sufriendo la ira de un terrorista demente mientras unos metros más allá peleaban a vida o muerte para salvar a la Ministra y al Ministerio.

- ¿Yo? Estoy bastante oxidado. Quizás debería apuntarme a un club de duelo para vejestorios. Debería ser obligatorio en el Ministerio, para casos como ese.

Esta vez no bromeaba. Tenía que hacer algo para mantenerme en forma en un duelo. Siempre he rechazado la violencia, y no la uso si no es necesario. Cada vez, en mi vida, era menos necesario y había terminado perdiendo mis facultades. Podría hablar con Lluna, quizás. O con Caleb. Ellos, siendo mortífagos, se mantienen el forma. Aunque me da miedo que mi querida sobrina me dé una tunda casi mortal. Sé de buena mano que tiene un mal humor interesante. No me gustaría enfrentarme con ella, la verdad. Laith decía que todo estaba bien, incluso había viajado. Aunque definía el mes como extraño. ¿Debería insistir? Espero que hable de ello si quiere hablarlo, no le voy a insistir.

- Los viajes son lo mejor de la vida. Yo suelo esperar a las vacaciones para escaparme. Ver otros países te renueva, te llena de energía. Espero que lo hayas pasado bien. Lo mencionas como si no hubiese sido importante... ¿Hay algún sitio que te gustaría visitar?

Sentía curiosidad por saber la clase de viajes que le gustaban hacer a Laith, o los que tenía pendientes. A mi me gusta muchísimo viajar, y lo hago constantemente cuando no tengo que trabajar. Mi lugar favorito debe ser New York, con todos esos musicales. Aunque también me gusta relajarme en la playa. Y no lo admitiré, pero me he hecho adicto a las emociones fuertes. Maldito seas Apolo. Yo antes era un tipo que solamente se divertía bailando. Ahora necesito emociones fuertes. Medité sobre aquello mientras Laith ojeaba la carta. Estaba enfadado por haberle traído a un lugar con tanto rico donde elegir. Sonreí. Me gusta que sea amante de la comida, va a disfrutar en este lugar. Hay gente muy exquisita que solamente sabe comer comida recalentada. Esto es calidad.

- Siempre hay mucho donde elegir, en todos los sitios. Pero entre todas las posibilidades, siempre hay una que te llama más la atención. Elige esa, sin dudarlo, y acertarás. - ¿Estoy hablando en doble sentido? Lo parece, pero de verdad que no lo pretendía. - Yo lo tengo muy claro. Soy muy indeciso, de modo que suelo pedir la recomendación del cheff. Y de postre siempre pido alguna mousse de queso y frutas. Mi madre siempre ha odiado los quesos, dice que huelen mal. Y mi sobrina, es intolerante a los lácteos. De modo que me doy un capricho siempre que salgo. ¿Y tu? ¿Odias o amas los quesos?

Eso si que es una pregunta importante donde las haya. Te estás luciendo, Matt. Vamos a disfrutar la cena y la velada, hablar con Laith es siempre muy natural. Ni siquiera me lo imagino enfadado. Seguro que podemos encontrar algún tema que nos interese mucho a ambos para hacer la noche todavía más interesante.
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Laith Gauthier el Sáb Jul 21, 2018 7:46 am

Laith habría llegado a pensar que quizá los trabajadores del Ministerio, en especial aquellos relacionados con el orden del mundo mágico, entrenaban y batían en duelo con relativa frecuencia. Sin embargo, asumía que quizá Matt, en su puesto de jefe, tendría más bien poca acción y mucha burocracia. Quizá era cierto que el entrenamiento en general no iba a venirles mal. Él, por otro lado, era sanador, los duelos no eran su preciso fuerte. Lo suyo no era causar daño sino sanarlo, pese a que no se le daba del todo mal hacer lo contrario.

No es que no sea importante, es que… Bueno, uno fue un concurso que gané, a Las Vegas, arreglado si me pides mi opinión porque conocía a varias personas que ganaron también, y luego fui a una playa de México con unas amigas —mencionó brevemente, para hacerle ver lo improvisados que habían sido sus planes. — Me encantaría ir a Canadá a acampar en un parque nacional cercano a donde solía vivir, o quizá visitar Suiza, o… Disfruto mucho conociendo nuevos lugares o volviendo a los que conozco, así que supongo que me iría a cualquier sitio si tuviera la oportunidad —resumió cuando se dio cuenta de la cantidad de opciones que quería abarcar. — ¿Qué hay de ti, algún sitio en especial?

El asunto de la comida se le había complicado más de la cuenta. Ver qué quería ordenar y decidirse por un plato era casi igual a ver una cartera de viajes y ver a dónde quería ir. A veces, iba de la mano. Laith era de esos que pensaban que para disfrutar verdaderamente de un sitio había que inmiscuirse, había que abrazar la cultura y las costumbres como propias, “hacer en Roma lo que hacen los romanos”. Por ello es que, esa diversidad, era beneficiosa para su persona. Matt no se complicaba la existencia como él lo hacía: pedía la opinión del chef y se decantaba por un postre de mousse de queso con frutas.

Vamos a dejar algo en claro —dijo muy serio, como si abarcase un tema muy importante. — Yo amo el 99% de la comida. Quesos incluidos —había que dejar un margen razonable de error. — Aunque disfruto más los sabores dulces y picantes también, si algún día quieres regalarme algo, helado es una buena opción —le guiñó un ojo, bromeando con él, no pensaba que fuese a darle algo. — ¿Y tú? ¿Qué sabores son los que prefieres? —preguntó.

Laith siempre llevaba la sonrisa de por medio, así era la mayor parte del tiempo. Le gustaba pasar tiempo con gente que apreciaba, de modo que dedicarle un rato a Matt era bien recibido. Pese a la sobriedad que mostraba el inefable, había mostrado ser una compañía con quien pasar el rato entre una charla agradable. Además, no le parecían molestar los temas sacados de la manga que a veces se sacaba el sanador.

Háblame del pequeño tú, ¿qué materia odiabas en el colegio? —le preguntó con una sonrisa, recargándose en la silla. — Yo, por ejemplo… Recuerdo que se me daba mal Astronomía y… ¿Sabes? Era muy bueno en Adivinación, pero sólo adivinaba cosas malas así que lo dejé —hizo memoria, mirando al techo mientras jugaba con el contenido de su vaso, moviéndolo en círculos antes de dejarlo en la mesa. — Pociones se me daba de maravilla, pero no es la gran cosa, a uno le desmerita un poco ser pariente de pocionistas famosos —consideró.

Hablar del colegio era más bien un tema de nunca acabar. Porque ahí dentro de las paredes del mismo habían vivido durante al menos siete años de su vida, lo que era bastante. Un poco menos de la tercera parte de su vida, ahora que era un poco mayor, aunque no tanto como lo era Matt.
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Matt Forman el Dom Jul 29, 2018 11:55 pm

Laith no parecía muy contento con su viaje, y tuve que preguntar. Viajar es siempre un placer. Me encanta conocer otras gentes, otras culturas y probar todas las comidas típicas. Sea lo que sea. Las vegas, además, tiene el añadido de ser una ciudad creada para la diversión y el vicio. Dos cosas que normalmente componen mi vida. Nada puede ir mal en un lugar como ese. Según me contó el sanador hubo algo relacionado con un premio, pero estuvo amañado. Por un momento lo imagine concursando en eso de las camisetas mojadas o cualquier concurso de enseñar carne. Y luego fue a México. Mmm, comida picante, aguacates y rancheras. Para mí sonaba a vacaciones divertidas.

Quise saber cuales serían sus sitios favoritos por visitar, y me sorprendió bastante lo de acampar. Que yo recordase, no había hecho eso nunca en mi vida. Me atraía la idea de dormir directamente bajo las estrellas, en un lugar de ensueño y rodeado de naturaleza. Laith hablaba de Canadà, su país. También Suiza estaba en sus planes. Por amabilidad, quiso saber donde iría yo.

- Me encanta viajar, y encuentro diversión allá a donde voy. Solo pido lugares tranquilos, lugares ruidosos y buena comida. ¿A qué no pido mucho? Aunque, con eso tuyo de acampar... ¿Sabes que yo nunca he dormido en una tienda de campaña? Supongo que mis padres nunca lo estimaron oportuno, preferían dormir en hoteles o pensiones. Creo que eso me gustaría.

Como estábamos en el mejor restaurante de la ciudad, la comida era el tema recurrente. A parte de tener una amplia carta adaptada a todos los gustos, tenían un gran surtido de postres cada cual más sabroso que el anterior. Todo el que me conoce sabe que soy de buen comer, y quizás por ello me guste tanto cocinar. Quise saber si Laith amaba o no los quesos. Es algo superior a mí. Quizás por llevar la contraria a mi madre, como siempre he hecho con todo, los amo. Me encantan todos los quesos. Intenté educar el paladar de mi sobrina, y resultó que no podía comerlos por una intolerancia. De modo que me sentía solo en el mundo como amante de los quesos. Por suerte, había encontrado a un alma gemela. En el asunto de la comida, claro. El sanador se declaraba amante de toda la comida, quesos incluidos. Sobre todo, de aquellos sabores dulces, y algunos picantes. Lo mejor para él era el helado, y agregó que se lo podía regalar si pensaba algún día en regalarle algo.

- Amo la comida, toda. No solo el comer, si no prepararla. Desde muy joven aprendí a preparar platos sencillos, y lo sigo haciendo. En mi casa cocino yo, llegando a preparar auténticos banquetes. Me gusta todo. Sabores dulces, salados, ácidos, afrutados, … Así que hoy ambos vamos a disfrutar de una buena comida, aquí todo es excelente.

Nos tomaron nota de la cena mientras continuábamos charlando sobre sabores y tipos de comida. Opté por un menú variado, sugerencia del cheff. Todo regado con un excelente vino francés de la variedad Cabernet sauvignon, fuerte y agradable. A parte de distraernos con la comida, iban surgiendo otros temas, como la infancia. Laith sentía curiosidad por saber como era el pequeño Matt. Sonreí con picardía. Fui siempre un niño bueno con ideas kamikazes y ganas de hacer gamberradas.

- Por mi parte, odiaba la Historia. Me parecía lo más aburrido del mundo, hasta que aprendí cuan importante era. Se me daba bien casi todo, era un buen estudiante. Aunque, si pudiesen hablar mis profesores dirían que era el típico niño travieso que siempre anda pensando alguna maldad a la vez que estudiaba como hacer recaer las culpas en otro. Luego, como era bueno en Encantamientos, me sugirieron que siguiera la misma carrera que mi padre, y en eso terminé. Estoy seguro de que debes ser muy bueno en Pociones, piden una nota muy alta para poder ser sanador. A mi también me interesa el pequeño Laith. ¿Cómo eras? Seguro que alegre y revoltoso. ¿Tienes hermanos?

Aquel tipo de preguntas ya eran de tipo personal, pero no hay otra forma de conocer a las personas. Hay que preguntar. Además, creo que tenemos esa relación de confianza como para poder contarnos estas cosas. Al fin y al cabo, no todo puede ser sexo.
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Matt FormanJefe Departamento

Laith Gauthier el Vie Ago 03, 2018 6:10 am

Matt parecía tener tanto interés en viajar como lo tenía él; cualquier sitio era bueno mientras hubiera buena comida, lo que siempre era una prioridad a tomar en cuenta. No necesariamente aquello a lo que estaba acostumbrado, sino probar cosas nuevas y buenas. Lo que le extrañó fue que jamás hubiese acampado, no parecía poder concebirlo así en su cabeza. Laith tenía innumerables historias de acampadas; las estrellas, una fogata y buena compañía bastaban para tener una noche maravillosa.

¿De verdad? —inquirió. — Pues me ofrezco cuando tú quieras a ir a acampar a algún sitio, te prometo diversión y que no te coma un oso —le sonrió encantador, pensando que no era mala idea ayudar al inefable a descubrir un mundo que hasta entonces le parecía desconocido. Imaginaba que eso lo ayudaría un poco con la crisis de la edad, ¿quién dice que alguien a mediados de sus treintas no puede intentar cosas nuevas?

En un restaurante, era normal que uno de los temas más importantes no fuera otro que el de la comida. Le resultó gracioso que, no conformes con compartir un gran aprecio a los viajes, tampoco distaran demasiado en gustos en la comida. Si bien eso era un poco más complicado, cuando casi toda la comida le gustaba, aunque lo que sí les diferenciaba era que, mientras Matt podía cocinar bien, nunca había sido la habilidad más destacable de Laith, sino todo lo contrario.

Somos tal para cual, te gusta cocinar, me gusta comer, un dúo magnífico —brindó por ello con una ligera risa. — A mí nunca se me ha dado bien cocinar, un poco desastre sí que soy, aunque sabes lo que dicen, el buen pocionista es mal cocinero —no recordaba dónde lo había oído, pero sí lo había hecho. Debía ser porque las pociones eran una ciencia muy exacta y la comida, si se cocinaba tal cual la receta, no siempre salía bien. O algo por el estilo.

Después de aquel momento en el que Laith tuvo complicaciones para poder elegir su comida, pasaron a un tema más personal, como lo era la infancia del otro. Había sentido curiosidad, probablemente nacida del juego de preguntas aquel día en su trabajo, de saber cómo había sido el otro durante su niñez. Era un tema de nunca acabar, siempre había muchas cosas que mencionar, como las materias que les gustaban y aquellas que no.

¿Me creerías si te digo que no se me complica en lo absoluto imaginarte como alguien revoltoso y travieso? —soltó una breve risa, pues era la impresión que le daba Matt, a pesar de que el adulto era muy formal no perdía ese aire de pillo. — El pequeño Laith era… Era… Sí, alegre y revoltoso, un imán de problemas me atrevo a decir —miraba al techo, intentando recordar. — También era muy sensible, sin embargo, más de lo que era seguro en un colegio, pero el tiempo pone todo en su lugar —admitió cierta debilidad que, en realidad, Laith no veía como una debilidad. Sólo una fortaleza mal pulida. — Soy hijo único, vengo de una familia rota de hecho, no conocí a mi madre ni supe quién era mi padre, fue mi abuelo quien se encargó de mí —le explicó, ocultando el pesar de su mirada con una sonrisa brillante. — ¿Y tú? Tienes una hermana, ¿no es así?

Recordaba la mención de su hermana aquella ocasión en San Mungo, además recordaba a su sobrina con quien había pasado algo de tiempo en la fiesta de primavera. No le importaba involucrar temas más personales como lo eran el pasado y la familia, como un libro abierto que podía ser leído por los ojos correctos. Además, se interesaba honestamente cuando hacía preguntas referentes a Matt, escuchando atentamente todo lo que quisiera compartir con él.
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Matt Forman el Lun Sep 10, 2018 7:01 pm

Jamás había pensado en la posibilidad de acampar. Dormir dentro de una tienda de campaña, al aire libre. Sonaba bastante ideal. Idílico más bien. Estrellas, una fogata, canciones, cuentos de terror... Si, me baso en películas cutres que he podido ver en televisión. Si lo pienso bien, dormir en una cama es muchísimo mejor. Si es en un hotel de cinco estrellas todavía mejor. Y si pides el desayuno en la cama, insuperable. Pero Laith se ofrecía a ir de acampada conmigo, prometiendo diversión. Sonreí como un tonto. ¿Cómo negarse? ¿Verdad? ¿Con esos ojitos que pone? Además va de tipo duro, diciendo que no me comerá un oso si está él. ¿Ahora soy una dama desvalida de un cuento de princesas? ¡Tengo una varita, y se usarla! Pero... Tengamos la cena en paz.

- Estaría muy bien ir contigo, ya que tienes experiencia. Sobre todo con eso de los osos. Prefiero que me comas tu...

Soy así de directo siempre, y Laith no se queda corto. De modo que no creo que se acobarde con mi comentario. Me quedé mirándolo, sabiendo que eso que sentía por dentro no era unilateral. A pesar de lo poco que nos conocemos y de la edad que nos separa, se nos da muy bien el sexo. Con la cena de hoy podríamos conocernos mejor, algo más que sexo. Es decir, Laith es muy divertido, me cae bien, es bueno conocerle más. ¿No? ¿O esto suena demasiado a conozcámonos más, cásate conmigo? No, no. De ninguna manera. Hablando descubrimos que ambos éramos amantes de la comida. De toda. Me atreví a confesarle que además de comer, me gusta cocinar. La respuesta de Laith no me la esperaba. A él le gusta comer, a mi cocinar. Somos tal para cual. Sonreí un tanto nervioso. ¿Qué me pasa?

- Ese refrán debe ser el más cierto que hay. Cien por cien fiable. Mi sobrina, que está estudiando para pocionista, no sabe ni hacer una tortilla. Una vez, para alegrarme el día, intentó cocer unos simples macarrones y por poco se incendia la cocina. ¡Por Merlín! Unos simples macarrones. Desde entonces, no lo ha vuelto a intentar. Desconozco de qué se alimenta de miércoles a viernes. El resto de la semana, roba todas las sobras de la casa. Espero que sea la mejor pocionista del mundo mientras yo cocino para todos. - sonreí.

El día del ataque en San Mungo tuve mucho tiempo para hablar con Laith mientras estaba reposando en observación. Para distraerle, jugamos a un juego de mentiras y verdades. En aquel momento empezamos a conocer un poco más sobre el otro. Cosas familiares, asuntos de niños... Hoy el sanador pretendía continuar con aquello, queriendo saber como era yo de crío. No le sorprendió saber que de pequeño yo era muy travieso. Como él lo fue, un imán de problemas aunque muy alegre y sensible. Después de eso, quise saber si tenía hermanos. Tener o no tener hermanos condiciona muchísimo la vida de una persona. Tener hermanos es como tener siempre un igual cerca, para bien y para mal. Para competir y para guerrear juntos contra los padres o contra otros niños. No imagino una vida sin haber crecido con una hermana mayor. Laith, sin embargo, era hijo único con una familia desestructorada.

- Vaya , lo siento. Yo si, tengo una hermana. Ella es algo mayor que yo, así que cuando nací yo era el pequeño de la casa, el juguete, el niño que todos adoraban. Mi hermana siempre estuvo muy pendiente de mi, para todo. Me ayudaba, peleábamos, … Lo que hacen los hermanos. Ahora se encuentra en San Mungo, tiene problemas mentales. Ocurrió algo en su casa, cuando Lluna era pequeña, que la dejó tocada para siempre. - carraspeé, no quería hablar más de ello. - Ves, mi sobrina si que es hija única. Pero ya me he encargado yo de que sepa lo que es tener un hermano entrometido y pesado.

El camarero me distrajo, pues llegaba con los platos principales. Los dejó todos en medio de la mesa para compartir. Había un poco de todo. Carne, pescado y verduras, lo mejor de la casa. Olía todo de maravilla. De pronto mi estómago notó la comida y sentí hambre. Hasta el momento no me había dado cuenta de que estaba hambriento. Dejé que Laith escogiera lo que quería probar primero, y esperé, observándole como si un magizoologo observa a sus criaturas.

- Lo que me gustaría saber es como eras tu en el colegio, de más mayor. Cuando eras un adolescente en plena ebullición de hormonas. Es decir, no fuiste a Hogwarts, de modo que desconozco como era la gente en tu colegio. Y desconozco como es la gente de tu generación. Yo, por ejemplo, tuve problemas con mi sexualidad. A mi nadie me explicó que podía sentirme atraído por ambos sexos. Así que tenía fama de ligón, porque tenía facilidad para tratar con las mujeres y, obviamente, era muy guapo. En cambio, el que me gustaba de verdad era mi mejor amigo... y era todo muy raro. Seguro que tu lo tuviste todo más fácil.


Me decanté por el pescado. Una especie de tataki de atún con una pinta exquisita. Tomé un pedazo con cuidado, y me lo puse en la boca saboreándolo con un gran disfrute. Intentaba no apartar la vista del sanador, no quería perderme ni un segundo de lo que tuviese que contarme. Me da cierto morbo pensar en el Laith adolescente. Pero seguro que nos podemos divertir mucho más ahora.
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Laith Gauthier el Mar Sep 11, 2018 8:44 am

Tras pensarlo detenidamente, Laith se dio cuenta de que algunas de sus historias más memorables las había pasado acampando. Sí, había viajado con amigos cuando era joven, y se había quedado en hoteles y todo eso, pero no era comparable con las experiencias que uno adquiría estando al aire libre. También dependía del tipo de compañía, por supuesto. Se ofreció a acampar con él, si aquel era su deseo, prometiendo que se divertirían y que iba a cuidarlo, como si necesitase de guardaespaldas y no tuvieran suficiente con su magia para mantenerse a salvo.

No pudo evitar soltar una risa cuando dijo que iría por su experiencia y porque prefería que él se lo comiera antes que un oso. — Por supuesto, ¿quién quiere que se lo coma un oso cuando bien puede ser comido por un sanador sensual? —se jactó alegremente de su atractivo físico, guiñándole un ojo con una sonrisa traviesa. — Pues ya lo sabes, cuando quieras y no tengas nada que hacer algún fin de semana, me escribes y ahí estaré —le aseguró, asintiendo con la cabeza para darle firmeza a sus palabras.

Laith podía jactarse de muchas cosas, pero nunca de ser un buen cocinero. Era tan desastre que podía echar a perder las comidas más sencillas, motivo por el cual admiraba a las personas que sí que podían cocinar. Le gustaba culpar a su habilidad como pocionista, se rumora que un pocionista cuida tanto los detalles en una poción que arruina la comida, aunque más bien era una excusa que, para variar, también aplicaba a la sobrina de Matt. Casi podía decir que comprendía a la joven, aunque esperaba que se alimentase más sanamente de lo que sus sopas instantáneas le nutrían a él. Debía ser por eso que prefería siempre comer fuera.

Lamento lo de tu hermana, aunque me alegra saber que por lo menos tuvieron buenos tiempos juntos antes de eso —sonrió con suavidad. — Tengo la impresión de que ya ha experimentado los celos de hermano versión tío, ¿eh? —se metió con él, basado en aquella fiesta donde le había preguntado quién era el hombre con quien estaba bailando.

Sin embargo, pronto el camarero vino con la comida abriéndole todavía más si era posible el apetito. Se le hizo agua la boca con los platos principales que estaban a disposición de los dos, incapaz de decidir qué era lo que quería comer primero. Se decantó finalmente por probar la carne que resultó ser como una bendición al paladar, justo como Matt había asegurado que sería al comer en ese lugar. Debía ser uno de sus restaurantes favoritos, no le cabía la más mínima duda.

Se le escapó una risa cuando le dijo que él lo había tenido todo más fácil cuando empezó a decirle que quería saber cómo era cuando era adolescente, pues su juventud había sido complicada por su bisexualidad. — Podrá resultarte impresionante, pero no lo tuve fácil —apuntó con gracia. — Tuve un… choque cultural muy fuerte durante mis años de colegio, te explico: vengo de una localidad mágica en Montreal que colinda con la población nomaj, y en ese sitio era… precioso, porque todo el mundo se mete en sus propios asuntos —hizo un ademán exagerado con su mano. — Pero cuando empecé el colegio bajé un poco a Estados Unidos, en aquel entonces especialmente machista, yo siendo tan amanerado como lo era, añadiendo que era el bastardo de una familia mágica reconocida en épocas muy segregadas… Lo pasé bastante mal —le explicó, sin perder la sonrisa y el buen ánimo. — Si no me equivoco, los primeros tres años sufrí acoso escolar bastante severo, y luego… No es que me enorgullezca, pero tuve que buscar modos de salir de eso —con algunas manipulaciones de por medio, cómo no. — Después se giró la moneda y ocurrió todo lo contrario, me volví rebelde y popular, y me convertí en… un chico egocéntrico y vanidoso, le hice daño a gente que de verdad me apreciaba —otra de las cosas de las que no se enorgullecía. — Casi al mismo tiempo me volví promiscuo, amigos por montones y algunos novios, viajaba en las vacaciones con amigos, era muy bueno en el Quodpot…

Para que Matt pudiese entender, tenía que explicarle los antecedentes. No estaba orgulloso de ciertas partes de su adolescencia, como todo el mundo había cometido errores y, por suerte, los había sabido enmendar para convertirse en el hombre que era hoy en día. Mientras contaba su vida iba tomando bocados de todo, siendo un libro abierto que se dejaba leer por el inefable. Si bien había partes que no le gustaba mirar mucho, no se avergonzaba de nada, pues eso lo había convertido en quien era actualmente.
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Matt Forman el Vie Sep 14, 2018 3:35 pm

Sin planearlo, habían hecho planes. Y todo el mundo sabe que los planes a larga plazo suelen mezclarse con el aire y se pierden. No lo iba a permitir. La sola idea de estar en plena montaña, perdido con Laith, viendo las estrellas y contando historias me resultaba fascinante. Lo mismo con eso de dormir dentro de una tienda de campaña. Es como un trozo de plástico que forma una cabaña, y en la cual duermes. Quien dice dormir, dice follar como dos conejos en celo. De modo que la idea de la acampada que se empezaba a formar en mi mente tenía cada vez más opciones de convertirse en una realidad. Es más, yo hablé de que me comiera él en lugar de el oso, y no le pareció mal.

- Ya sabes donde suelo estar los fines de semana. Babylon está teniendo éxito, tanto que casi se maneja sola. Tengo empleados de total confianza, así que puedo escaparme cuando quiera. Pon tu una fecha. Un fin de semana que tengas libre y no tengas que atender urgencias. Ardo en deseos de que me coma el sanador más sensual de San Mungo en medio de una montaña, dentro o fuera de la tienda de campaña.

Hablamos un poco sobre cocina, pocionistas y familia. Quiso saber sobre mi hermana, y le conté todo lo que puedo contar. La historia detrás de la demencia de mi hermana es extraña y oscura. Tanto, que hace poco me enteré de que mi hermana también estuvo con los mortífagos. Quizás mi madre si que lo sabía, y por eso siempre me ha prohibido unirme a ellos. Laith era hijo único, como Lluna, y no sabía que era eso de tener a alguien siempre pendiente de ti, entrometiéndose en tus cosas. Mi sobrina si que lo sabía, pues yo me había encargado de ello. El sanador me dio la razón, diciendo que Lluna había podido sentir mis celos de hermano versión tío. Me quedé pensativo, y luego reí al caer en la cuenta de que en la fiesta de primavera en Babylon pregunté a Laith sobre el chico con el que mi sobrina bailaba.

- Pues que sepas que terminaron yéndose juntos. Nada serio. Supongo que una noche loca de sexo desenfrenado. - reí. - Tu amigo está abstante bueno. Y si, Lluna me cuenta ese tipo de cosas. Tenemos confianza...

No añadí nada más, pero quedaba implícito que también yo le contaba muchas de mis cosas intimas. Por ejemplo, mis salidas con Laith. Y es que Lluna no es tonta, se había dado cuenta de que mis rutinas de vida habían cambiado un poco. Además, me vio con él en la fiesta. Ella, que siempre ha sido más inocente y de pensamiento romántico, cree que pronto va a asistir a una boda. Vive en las nubes la pobre.

Nuestra conversación se centró en nuestro pasado. El sanador sentía interés por el Matt niño, en cambio yo sentía más curiosidad por el Laith adolescente y hormonado. Lo había idealizado bastante, pensando en un tipo peculiar pero abierto. Es más joven que yo, dudo que haya tenido problemas con su sexualidad. No podía estar más equivocado. Lo que me contó no me gustó nada. ¿Cómo había podido ser tan imbécil de creer que había tenido una adolescencia de ensueño? Nadie tiene una adolescencia de ensueño, siempre hay alguien que nos hace sentir mal por ser como somos. Luego giró la tortilla y se volvió vanidoso y rebelde, e hizo daño a sus amigos de verdad.

- Has tenido una maduración difícil, sin duda. Por suerte, todas esas vivencias en nuestra niñez y adolescencia nos ayudan a crear el adulto que somos. O eso quiero pensar. Y ahora eres un adulto bastante genial ¿No? - el tema me había puesto algo triste. - Quiero pensar que los chicos de hoy en día no lo tienen tan difícil. La gente a aprendido a respetar los gustos a los demás, o eso espero. - yo me sentía apenado, en cambio Laith estaba tan normal. - Me alegro de que podamos hablar así. O sea, tu culo es delicioso también. Pero está bien saber un poco de la historia antigua de nuestras vidas, y poder hablarlo con tranquilidad mientras saboreamos una comida tan rica.

La historia de Laith era bastante grave. Al menos a mí me lo parecía. Yo nunca me atreví a expresarme con esa claridad, ni a dejar claro como me sentía. Solo cumplía órdenes y buscaba la mejor manera de poder llegar a ser alguien en la vida. Lo había conseguido, sin duda. Llegando a Jefe de departamento y cumpliendo con Lluna como el mejor referente que he podido. Pero ya no me escondo, no me pienso esconder más. Soy un viejo bisexual y promiscuo, me gusta bailar y bromear. Me gusta bastante mi vida de ahora, no echo de menos mis miserias del pasado.
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Laith Gauthier el Dom Sep 16, 2018 6:09 am

Sonrió gratamente sorprendido cuando Matt quiso ponerle fecha a aquel “veremos” que habían planeado. Le alegró saber que Babylon estuviese teniendo éxito, cuando era un sitio que rompía los esquemas de la clásica diversión mágica. Tener sexo en lugares poco comunes siempre era excitante y no era diferente tenerlo en medio de las montañas, quizá podrían decir que era hasta romántico hacerlo a la luz de las estrellas. — Te escribiré apenas pueda, lo prometo —tenía que ver sus horarios y también era importante considerar el clima antes de embarcarse en una aventura del estilo.

Pasaron de eso al tema de la cocina, de los pocionistas y eventualmente tocaron el tema de la familia, como era de esperarse. Matt parecía haber crecido en una familia común hablando en términos de estructura, no como lo había hecho Laith. Tenía una hermana y creía recordar haber escuchado de sus padres en conversaciones casuales, muy a diferencia de él, que no tenía ningún pariente cercano en el que apoyarse en épocas de necesidad. A falta de familia, se había hecho de un buen círculo de amigos, así que no era un tema que lo mortificase.

Así que es igual que su tío, parece que la has educado a tu imagen y semejanza, Matt Forman —le riñó graciosamente, le parecía curioso que tío y sobrina hubiesen salido de esa fiesta para tener sexo casual con sanadores, como si no fuera demasiada la coincidencia. — Sí, es un sujeto… interesante —fue la primera descripción que se le ocurrió, sonriéndose para sí mismo. Se habían vuelto a distanciar, después de todo, y no le extrañaba. Tampoco le quitaba el sueño. — No tan interesante como tú, por supuesto, aunque supongo que tu sobrina no me daría la razón —apuntó divertido.

Comenzaron a hablar sobre sus épocas más antiguas, comenzando por la niñez y más tarde avanzando hasta su adolescencia. Matt lo había tenido difícil para aceptar su sexualidad y creía que su historia iba a ser otra diferente, así que le contó lo que había vivido a través del colegio. Había tenido una complicada historia de acoso escolar, que de algún modo parecía dar contexto a que era “más sensible de lo que era adecuado”. Más tarde, se convirtió en un chico egocéntrico que hizo cosas mal. Enmendó lo que pudo, y lo que no pudo le sirvió para corregirse a sí mismo como persona.

Se dio cuenta de que Matt parecía haberse puesto triste por aquel tema, haciéndolo sonreír con ternura. — Yo también quiero pensar eso, creo que las cosas han cambiado para mejor —confesó, estirando su brazo hasta tomar la mano del inefable, en un silencioso gesto de apoyo para darle ánimo. Por supuesto, el tema no podía quedar así. — Siempre hay tiempo para todo, como una habitación que podría esperarnos luego de la cena, no vivo lejos —le guiñó un ojo travieso. — Por ahora disfrutemos de la cena y de la conversación —finalmente soltó su mano para continuar con la comida.

Laith había llorado y lamentado todo lo que tenía que llorar y lamentar de su pasado, era fiel creyente de que ningún dolor precisa de audiencia. Por eso, aunque el pasado era gris, no le causaba más que un amargo sabor de boca en el presente. Matt parecía llevar las cosas de diferente manera a la que él se expresaba, lo había notado en ese ligero decaimiento del que fue testigo.

¿Qué hay de ti? ¿Alguna cosa que quieras contarme de tu adolescencia? —le sonrió, invitándolo a compartir con él. No porque creyera que debiese hacerlo luego de haberle contado algo tan íntimo, sino para mantener el buen ánimo del momento. — Ese amigo que te gustaba, ¿es el mismo que se casó y ya no sale a divertirse contigo? —preguntó por plena curiosidad. Laith tenía buena memoria para determinados datos, en especial si parecían ser relevantes para una persona en cuestión. — A decir verdad me cuesta un poco imaginarte con chicas, ¿será porque no puedo imaginarte con una expresión más sensual que con esa que tienes cuando te lo hago? —inquirió.

Había sido su momento de dar una estocada y fue certera, hasta el grado de reírse en cuanto pronunció aquello. Era más probable que no pudiese imaginarlo con chicas porque no encontraba la sexualidad en una mujer, aunque no podía descartar su apuesta. Matt era increíblemente sexy en los dos lados de la moneda, siendo pasivo y activo en la cama, de eso no le cabía ninguna duda.
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Matt Forman el Miér Sep 19, 2018 1:16 am

El tema del campamento del sexo al aire libre quedó un poco en el aire. Me había gustado mucho aquella idea, y puse la Quaffle en el tejado de Laith. Es él quien tiene unos horarios algo más complicados, así que es el encargado de avisar cuando pueda realizar una acampada. ¿No había una película sobre eso? El sanador prometía escribir cuando pudiese, y yo lo di por bueno. Estoy seguro de que lo hará. No me gusta ser presumido, pero seguro de la idea de tener sexo bajo las estrellas conmigo le gusta tanto como a mí. Si se olvidaba en unos meses, yo mismo se lo recordaría. Lo ha prometido. Merezco esa experiencia. Estoy deseando acampar en medio de la nada y ver como se desenvuelve un chico de ciudad como yo en un lugar así. Cierto es que con la varita todo es mucho más fácil.

Como siempre, saqué a relucir algo sobre mi sobrina en la conversación sobre pociones. Es superior a mi, no lo hago queriendo, pero es que ella es toda mi vida. Tampoco parecía molestar al rubio. Debe comprender que es como una hija para mí. Pequé de chismoso, y le conté que la noche de la fiesta de Primavera Lluna se había marchado con el amigo de Laith. Él lo definía como un sujeto interesante. No quería arriesgarme, pero creo que a mi sobrina no se lo pareció. No lo ha visto más, que yo sepa. Y últimamente me lo cuenta casi todo.

Los ataques sexys y cariñosos entre Laith y yo eran más que evidentes. Aunque en este local nadie se fijaba en ello. Son muy tolerantes, y no se distraen al ver a dos hombres acaramelados. Por eso es mi local favorito, todo está bien aquí dentro. Tiene una política muy estricta con el personal. Es algo digno de alabar. No como en nuestros respectivos colegios, cuando yo era joven y Laith un poco más joven que ahora. Fueron tiempos difíciles para él. Su historia me había entristecido bastante. Creí que la civilización había avanzado con el tiempo. Espero que al menos ahora sea diferente. Laith buscó mi mano, para darme ánimo, y se la ofrecí. Que escena tan extraña en mi vida. Creo que ningún hombre, nunca en la vida, me había acariciado la mano para consolarme. Después de ese gesto tierno, habló de ir a su casa tras la cena.

- Sin duda, la cena es interesante, pero ese ofrecimiento más. No conozco tu casa. Aunque tampoco importa mucho. Lo que si conozco es... Tus artes. Y estoy impaciente por disfrutarlas de nuevo.

Contesté a su guiño mordiéndome el labio. No mentía en nada. La cena era deliciosa, la íbamos a disfrutar mucho. Pero nada mejor que saber como iba a ser el postre. Laith intentó continuar con la conversación sobre mi adolescencia, queriendo saber más sobre mi crush adolescente. El amor de mi vida,a decir verdad. Todavía no lo había superado.

- El casado es otro. Caleb, que trabaja en el Ministerio conmigo, y aún así es muy difícil verle el pelo. Mi... amigo, se llamaba Neil. Nurió joven. No nos dio tiempo a llegar a nada. Él estaba confundido, yo también. Pasamos una noche juntos, de críos, lo típico de que te quedas a dormir en casa de unos y de otros. Estábamos hablando de chicas, de las que nos gustaban y con las que nos habíamos enrollado. Los dos en mi cama, justo antes de ir a dormir. La cosa se puso tensa, y empezamos a tocarnos. Fue extraño, bonito y muy complicado. Yo, que era más leído que él, sabía que existía algo más que amor exclusivo entre hombres y mujeres. Pero él estaba muy confundido. Lo peor de todo, es que no pudimos hablar del tema. Supongo que me duele. Tengo eso metido dentro, y no me permite avanzar.

Si la historia de Laith había sido triste, la mía había hecho que mis ojos se inundasen un poco. Aparté la mirada y me limpié los ojos. No iba a llorar en un restaurante. No iba a llorar más por Neil. Estaba todo llorado, dicho, pensado, imaginado... ¿Y qué es eso de avanzar? Ha sonado tan profundo. ¡Qué idiota soy! Laith había dicho algo muy sensual sobre mi expresión cuando estamos teniendo sexo, y por lo que no me imagino teniendo sexo con muejeres. Me reí, a pesar de todo.

- He tenido sexo con mujeres, con muchas. A ti no te gustan, no lo vas a entender. Notar como se humedece su zona mientras la excitas. Sabiendo que eso lo estás provocando tu. ¡Y los pechos! Los pechos son muy sexys. A nosotros no nos rebota nada, de momento. Pero tener una mujer encima, cabalgándote cual amazona con sus pechos moviéndose al compás, es algo muy parecido a la poesía. - volví a reír. - Lo siento, creo que he sido demasiado explícito. Admitiré que cuando tuve mi primera relación sexual con un hombre noté sensaciones nuevas, cosas que nunca había sentido. Un placer para nada comparable con el sexo con una mujer. ¿Tu nunca has sentido curiosidad?

No soy imbécil del todo. Sé distinguir bien entre gente heterosexual, gente homosexual y gente como yo, bisexual genial. No es que Laith vaya a tener sexo con mujeres por probar. Más bien estoy preguntando si alguna vez tuvo sexo con alguna mujer. Antes de conocer al cien por cien su sexualidad. Por cierto, debería patentar mi test de orientación sexual. Eso si que es cien por cien efectivo.
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Laith Gauthier el Miér Sep 19, 2018 7:05 am

Comprendía perfectamente cuando Matt le hablaba sobre su sobrina. Le gustaba, incluso, le hacía pensar que tenían ese tipo de confianza en la que uno le hablaba al otro sobre su familia, como se hace con los amigos cercanos. El sexo es fantástico, es innegable, pero en ocasiones hace falta algo que acaricie más allá del cuerpo, la confianza y la amistad, por ejemplo. Laith tendía a coleccionar nombres como trofeos, hombres con los que no hacía amistad, aquellos que conocía y con los que no pretendía volverse a encontrar nunca. Rollos de una noche. Pero había otros, como Matt, que no le molestaría que se convirtiesen en amistad.

Laith era, además, un hombre físico, de contacto. Hablaba más por lo que actuaba que por lo que podía decir, por ello, en lugar de una palabra de aliento, lo que hizo fue tomar su mano en un gesto cálido. Tenía toda su confianza en un estudio que decía que los seres humanos son energía y esta puede transmitirse mediante el contacto; los pesares se volvían más llevaderos y las alegrías se multiplicaban cuando uno tocaba a otro. Decidió, sin embargo, cambiar el tema e invitarlo a su casa.

No es tan grande como tu mansión, apenas un departamento, pero se vive bien y realmente sólo me sirve para dormir —se encogió de hombros; no quería que tuviese extrañas expectativas de una casa enorme. Era el piso de un hombre soltero en sus veintes. — Pero todo está disponible para hacerte disfrutar de mis artes, y de disfrutar las tuyas por igual —sonrió coqueto, jactándose de ello. Realmente le encantaba el constante tira y afloja que tenía con el empresario.

Sin embargo, cometió un error preguntando sobre un dato que le había parecido interesante. El casado no era el mismo que le gustaba, sino que había muerto ya. Quiso interrumpirlo, no tenía por qué contárselo si él no quería, pero Matt le explicó lo que había vivido con ese amigo, haciéndolo sentir culpable. Realmente le dio pena saber que eso estaba atormentando al otro, un amor inconcluso que quizá hubiese podido ser pero que ahora era imposible. No estuvo seguro de qué decir, sino que repitió el gesto de tomar su mano, apretando con fuerza y cariño. Queriendo transmitirle algo de paz, si eso era posible.

Cielos, lo siento mucho por preguntar —se disculpó; incluso había causado que llorase. Si no hubiesen estado en un restaurante, con toda seguridad se habría puesto de pie para ir a abrazarlo, aunque debido al lugar sólo podía apretar su mano. — Lamento que eso hubiera ocurrido, de verdad —no lo decía sólo por hablar, realmente le daba pesar que Matt hubiese vivido eso. Por ello comprendió qué era lo que tanto le molestaba de la conversación anterior sobre discriminación y la falta de información sobre las orientaciones sexuales. Por suerte, eso iba cambiando poco a poco.

Quiso cambiar el tema y habló sobre sexo con mujeres. Sí, así de desesperado estaba por cambiar de tema. Jugó con ello, diciendo que no se imaginaba a Matt acostándose con una mujer, lo prefería con la expresión excitada que tenía mientras lo hacía con él. Lo siguiente fue un bofetón de karma, Matt contándole con lujo de detalles cómo era acostarse con una mujer. A Laith no le daba miedo la anatomía femenina siempre y cuando fuese sólo eso, anatomía médica, más allá de eso no había modo de que aquello le gustase. Su expresión era oro y decía todo lo que se le pasaba por la mente.

Sí, demasiado explícito —se lo confirmó antes de soltar una risa ligera, negando con la cabeza. — Yo… No, pero… Intenté una vez hacerlo y tuve una novia, recuerdo que hasta mi abuelo se burló de mí… Era una de mis mejores amigas y ella estaba enamorada de mí, así que dije, ¿por qué no? Pero luego… Eso no resultó bien, resumamos en que no me interesan mucho los pechos que rebotan y una intimidad demasiado húmeda —se acarició la nuca, algo avergonzado por eso. — Y así supe que era completamente gay —terminó con un tono divertido y una risa.

La comida era deliciosa, de eso no cabía duda, de modo que poco a poco las raciones se fueron vaciando. En medio de la conversación, se habían permitido conocerse un poco más, sus pasados e incluso habían permitido que el otro mirase cierta sombra que existía en sus vidas. Como un pasado complicado o un amor que no se dio.
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Matt Forman Hoy a las 12:55 am

La situación, muy repetida en el restaurante, era de lo más nueva para mí. Sentarse a cenar tranquilamente con un hombre con el que había tenido sexo o iba a tener sexo, o ambas cosas en este caso, me resultaba extraño. Pero, habíamos conseguido crear un clima de total confianza, y la conversación era de lo más interesante y fluida. Como todo en la vida, había momentos buenos y momentos malos, y todo nos ayudaba a conocernos mejor. Sin embargo, el sanador aprovechó para invitarme a ir a su casa tras la cena, cosa que no pensaba desaprovechar. Conozco perfectamente lo que nos espera, y acepté encantado.

- La mansión es de mi familia. También yo vivía en un pequeño apartamento en una zona muggle hace no tanto. Si hay una cama y un baño, nos vale. - dije guiñándole un ojo.

Me sentía mucho más próximo a Laith en aquel momento, y no me disgustaba. Todo lo contrario, lo estaba deseando. Él se abrió, contándome sobre lo dura que fue su adolescencia. Así que fue justo que yo le contara uno de los sucesos más trágicos de mi vida. Perder a Neil y perder a mi padre han sido las dos peores experiencias que viví de joven. En este caso, respondí a su pregunta sobre si el amigo que me gustaba era el que estaba casado, y terminé contando la historia entera. Aunque resumida. Omití que Neil iba a formar parte de los mortífagos, y que murió a manos de un auror cuando estaban enfrentados en un duelo. Eso era algo que no iba a airear tan fácilmente. Creo que la verdad entera no se la he contado a nadie. Algunos saben que Neil era mi amor secreto, otros saben que Neil murió a causa de meterse con los mortífagos, otros solamente saben que me afectó su muerte porque era un buen amigo... Puede que Caleb lo sepa todo. Es mi amigo, y resulta que él también empezó a relacionarse con mortífagos por aquella época. Laith sentía haber preguntado. Me disgusté por haberle hecho sentir mal.

- Descuida, me viene bien hablar de ello. Pero duele. Es como que, al decirlo en voz alta se convierte en algo real y... duele.

El cambio de tema fue de lo más divertido. Mientras yo me emocionaba hablando de como era el sexo con una mujer, Laith iba poniendo caras de asco muy poco disimuladas. Me hizo reír, olvidando el dolor por el recuerdo de mi tormentoso pasado. Fui demasiado explícito, podía notarlo en su cara. Quise saber si él nunca había sentido la curiosidad de estar con una chica. Admitió que tuvo una novia, pero no llegó a nada. Simplemente, era gay.

- Lo siento, me he emocionado contándotelo. Esa es la mejor forma para conocer la sexualidad de alguien. La cara que has puesto con mi descripción no deja lugar a dudas, eres muy gay... - sonreí divertido, dispuesto a explicarle una anécdota de la universidad. - En mi época universitaria inventé el test de sexualidad Forman. En aquel tiempo nos desmelenábamos un poco, y en ocasiones las fiestas universitarias hacían que terminases en la cama con cualquiera. Recuerdo una amiga mía que tuvo una noche loca con una mujer. A la mañana siguiente estaba muy confundida. Le hice el test, y no solo descubrió que le gustaban las mujeres, si no que se dio cuenta de que había estado con hombres simplemente porque era lo “normal”.

Los platos se habían ido vaciando, al igual que mi copa de vino. No había bebido mucho, solamente estaba disfrutando de una apetitosa cena y necesitaba líquido para continuar disfrutando. Salieron algunos platos más, pero yo ya estaba lleno. Pedí el postre. Tabla de quesos por mi parte, y dejé que Laith eligiera también algo. Luego lo podríamos compartir. La idea de marcharnos juntos a su casa rondaba mi cabeza, pero a su vez, estaba disfrutando tremendamente esta charla informal.
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