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Do you wanna be my lover? ❤ || Wolfgang.

Ayax Edevane el Mar Jul 03, 2018 3:02 am


Wolfgang Rawson & Ayax Edevane || Caldero Chorreante, día 8 de febrero del 2018. 20:42 horas. || Atuendo.

Hacía un mes que Ayax había dejado de tener noticias de Vladimir Crowley, su mentor en las filas Mortífagas. Teniendo en cuenta lo que le pasó y su repentina desaparición, quizás el pelirrojo se hubiera dado cuenta mucho antes si hubiesen mantenido una relación decente como maestro/ahijado, pero como la relación que mantenían era una mierda, no se vino a enterar de que estaba desaparecido—literalmente—de combate, hasta varias semanas después. Y claro, ahí se encontraba él, en mitad de la nada, sin saber qué narices hacer.

Le comentó a su padre su problema, ya que era mortífago y podía ayudarle a buscar una solución. En realidad sus dos progenitores pertenecían a la fila de los Mortífagos, pero Ayax siempre había preferido hablar de esos temas con su padre. Lo veía mucho más metido en el tema, siempre lo vio como la figura más poderosa de toda su familia y... bueno, su madre siempre lo veía y lo trataba como un niño pequeño, por lo que prefería tratar esos temas de hombre a hombre. Llevaba ya años teniendo muy claro su inclinación hacia las Artes Oscuras, su fascinación por Lord Voldemort y lo mucho que suplía esa organización ciertas necesidades que él creía que no tenía. Además, aunque de bien pequeñito todo este tema del "purismo" le diese igual—algo normal en un niño que sólo quería preocuparse por jugar y lidiar con un amiga imaginaria sanguinaria—, en Hogwarts y fuera del castillo, cultivó una mentalidad mucho más extremista. Y gracias a eso, está ahora en donde está, preguntándole a su padre por ese tal Wolfgang Rawson, el tipo que le habían asignado.

Bruno era un hombre sociable, no de los mortífagos más cercanos a Voldemort pero sí de los que importan. Le dio su opinión sobre el hombre, además de unos contactos que le podrían decir en donde encontrarlo. Bruno y Wolfgang no tenían demasiado en común ni tampoco mucha relación, pero al menos uno sabía del otro y Ayax podía saber por dónde empezar. Era evidente que tanto padre como hijo tenían mejores vibraciones con un maestro de apellido Crowley, pero resultó ser una decepción.

Los contactos con los que habló le dijeron bastante poco del hombre: que era callado, leía mucho... Ajá. Nada realmente relevante. Uno de ellos, sin embargo, le contó que solía frecuentar el Caldero Chorreante, algo que al menos le servía para dar un pasito más.

Aprovechó, al salir de las clases de la universidad, todos los días de esa semana para ir al Caldero Chorreante a tomarse algo. Tenía clase por la tarde, por lo que solía frecuentar el lugar a partir de las ocho de la noche. Por norma general no había mucha gente entre semana, pero siempre había algún que otro mago extraviado. El jueves, sin embargo, otra suerte corrió. Entró al Caldero ese día, ojeó con rapidez todas las mesas y nada, no había ningún hombre que cumpliese con las características de Wolfgang Rawson. Al menos las características que le habían dicho. No obstante, mientras se dirigía a una mesa para sentarse y hacer su ritual diario, vio como un señor salía del baño, directo a la barra, para recuperar su libro y su bebida; bebida que no alcanzaba a distinguir. Fue sentarse, abrir el libro y ponerse a leer como si fuese una máquina con unas tareas predefinidas.

Ayax no se sentó en la mesa que tenía pensada, sino que caminó hacia la barra, sentándose al lado del señor, justo en el taburete de al lado. Dejó la mochila justo abajo de él, para poder sentarse con comodidad.

—Un zumo de calabaza y un pudin de zanahoria, gracias. —Le pidió al barman de manera totalmente innecesaria, ya que todas las noches se pedía exactamente lo mismo. Cuando el camarero se fue, Ayax giró la cabeza hacia el lector que tenía a su lado. —Usted es el señor Rawson —afirmó sin miedo a equivocarse, llamando así su atención. —Yo soy Ayax Ayrton Edevane, encantado. —Y le tendió la mano, con confianza y una sonrisa orgullosa. —No sé si se habrá enterado, pero soy su nuevo problema. Puede rechazarme, por supuesto, pero seguro que pocas personas mejor que yo le caerán. —Hizo una pausa. —¿Tiene tiempo para hablar?

No sabía nada de él, pero al menos la primera impresión era buena. Parecía una persona normal y no un sádico loco, lo que parecía Vladimir Crowley cada vez que sacaba a Ayax de paseo. Intentó cotillear el libro que leía, sólo por juzgar un poco sus gustos y ver de qué palo estaba hecho.
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Wolfgang Rawson el Mar Jul 03, 2018 3:28 pm

Wolfgang Rawson, sin lugar a dudas, había perfeccionado esa imagen de persona normal a lo largo de los años. Casi cómo si hubiese sido arrancado directamente de las fauces de una bestia salvaje en medio de la selva, Wolfgang hacía sido educado por Desmond para convertirse en una perfecta imitación de un ser humano: educado, carismático y agradable si tenía que serlo, y que nunca hablaba fuera de lugar. Iba a hacer la compra y pagaba aquello que se llevaba, dando los buenos días y las gracias, y no se metía en una pelea ni siquiera cuando era provocado, a no ser que fuese una orden directa de alguno de sus superiores.
Eso sí, había una costumbre suya—quizás no del todo normal—que había sido imposible era más una manía: no podía ir a ningún sitio si no llevaba consigo un libro. La lectura le apasionaba, y durante toda su vida le había ayudado a embeberse las costumbres y vivencias de aquellas personas que eran consideradas "normales". No solo leía contenido autobiográfico, por supuesto: Wolfgang Rawson no le hacía ascos a prácticamente nada que fuese de papel y estuviese cubierto de letras.
Esa tarde, mientras disfrutaba de un whisky de fuego en El Caldero Chorreante, también se sumergía en las palabras escritas por Ryan Goldstein en su novela autobiográfica Mi periplo por la África oculta. Se trataba de un escrito fascinante que narraba las vivencias del escritor en sus viajes por la África más desconocida, la de los chamanes y la magia oscura. Wolfgang no podía evitar imaginarse caminando junto al autor, presenciando los milagros de los que hablaba, siendo partícipe de ellos incluso.
Así pasaban los minutos para Wolfgang en el caldero, bebiendo pequeños sorbos de su whisky de fuego y leyendo una página tras otra. Aquella tarde no tenía más planes que esos.

***

Se lavó las manos en la pila del cuarto de baño cuando hubo terminado lo que le había llevado allí en primer lugar, y tras secarse con unas toallas de papel, regresó al bar. Dedicó vagas miradas a los clientes, sentados en las mesas y ante la barra, enfrascados en apasionantes conversaciones con sus bebidas... o directamente enfrascados en apasionantes concursos de mantener la mirada con estas. Sobraba decir que las bebidas iban ganando, lo cual no era muy difícil dado el estado de embriaguez de algunos.
Wolfgang apenas había bebido, así que no tuvo demasiados problemas para volver a ocupar el taburete en que se había sentado al llegar. Su bebida ya iba por la mitad, y su libro le esperaba, con un marcapáginas señalando el punto dónde se había quedado.
El mortífago echó mano del libro, lo abrió nuevamente y cuando apenas había tenido ocasión de leer dos párrafos más, fue interrumpido por una voz que procedía del taburete contiguo. Con vago interés, Wolfgang levantó la vista del texto y la volvió en dirección al muchacho pelirrojo que allí se encontraba. Le conocía bastante bien, pues lo había visto en inumerables ocasiones: Ayax Edevane. Su apellido era uno de los importantes dentro del mundo mágico, a diferencia de Rawson. Por lo que sabía—y a excepción de un par de frutas podridas—el árbol genealógico de aquel muchacho se componía de puristas y leales a Lord Voldemort.
A la primera afirmación del muchacho, Wolfgang no respondió. No lo consideró necesario, pues no había asomo de duda en la voz del chico. Sin embargo, cuando el chico continuó hablando, Wolfgang fue incapaz de evitar componer una expresión divertida en su rostro. Mi nuevo problema, dice...

—El ahijado de Vladimir Crowley, si no me equivoco. Un placer conocerte por fin, Ayax Ayrtom Edevane.—Respondió Wolfgang mientras estrechaba la mano del muchacho con firmeza. Entonces, el mortífago cerró nuevamente su libro para dejarlo sobre la barra.—Siempre tengo un momento para alguien prometedor cómo usted. Y más si despierta mi curiosidad con una afirmación tan curiosa cómo esa.—El tono de Wolfgang era distendido y sí, ciertamente el muchacho se había ganado su curiosidad. ¿Qué perdía por escucharle un poco?—¿De qué se trata? Te escucho.

Vladimir Crowley había desaparecido no hacía mucho. Por lo que se contaba de él, era de todo menos parecido a Wolfgang. Por eso le extrañaba que tuviese bajo su tutela a un muchacho tan educado cómo estaba resultando ser Edevane. A simple vista, al menos. Quizás al raspar un poco la superficie, pudiese encontrarse una capa de perversión digna de su maestro. Wolfgang estaba ansioso por ver en qué acababa aquello.
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Wolfgang RawsonMagos y brujas

Ayax Edevane el Miér Jul 04, 2018 2:50 am

"Un placer conocerte, por fin..." A Ayax se le infló el pecho de orgullo. Divagó: ¿será porque le habían dicho que era su ahijado y tenía curiosidad por conocerlo? ¿O era porque tenía curiosidad por saber cómo era el antiguo ahijado de Vladimir Crowley?

—Ese mismo —respondió orgulloso. Para él, que lo reconocieran como el ahijado de Vladimir Crowley ya era algo, más que nada porque nunca hizo nada con él demasiado relevante. Si le reconocían probablemente fuese por su apellido, o por alguna hazaña individual. Aunque eso era menos probable. —Aunque no sé si se habrá enterado pero mi maestro al parecer sufrió algún tipo de accidente, pues desapareció del mapa repentinamente. Asumo que está muerto. Si estuviese desaparecido hubiesen hecho algún tipo de búsqueda y si lo hubiesen secuestrado, teniendo en cuenta el poder adquisitivo de los Crowley, ya hubiesen pedido algún tipo de rescate.

El camarero, larguirucho, de sonrisa simpática, moreno y delgado, dejó delante del medimago un plato con esa porción de tarta de zanahoria, además de un vaso con un jugo anaranjado. Ayax miró aquello, lamiéndose los labios. Tomó un poco de su jugo, para entonces sujetar el tenedor que le dieron para la tarta.

—Verá —articuló movimientos con la mano, en donde portaba el tenedor—, ante la desaparición repentina de mi maestro, me vi en la obligación de buscarme a alguna otra persona que sea capaz de introducirme de manera más efectiva en las filas de los Mortífagos, ya que fue un poco decepcionante mi trato con Crowley. Siempre que intentaba acercarme a él, él estaba demasiado ocupado con sus asuntos personales. —Hizo una pausa, para volver con lo que a él sí le importaba: —No he dejado de instruirme estos años hacia atrás, desde mi graduación en Hogwarts, en las Artes Oscuras, pero al estar cursando también la carrera de Medimagia no he podido dedicarme al cien por cien a ese campo. Ahora, sin embargo, apenas me quedan unas asignaturas para conseguir el título y me gustaría tener a una persona en la que poder fijarme, además de dedicarme a ello como me gustaría. —Y entonces bajó de manera repentina el tenedor, partiendo un trozo de la tarta de zanahoria. No le ofreció. Era su tarta y si él quería que se pidiese una. Se la llevó a la boca y le dio unos rápidos bocados antes de tragar. —Mi padre me habló de usted cuando me lo asignaron. Bruno Edevane, ¿lo conoce? Me dijo que si alguien como usted... un Rawson, quiero decir, llegó a dónde está, es que sabe cómo hay que desenvolverse dentro de todo este mundo.

Y porque Ayax desconocía en ese momento que Wolfgang Rawson era un mestizo, sino se hubiese hasta sorprendido todavía más. ¡Un mestizo de apellido que a nadie le importa teniendo un puesto relativamente importante entre los Mortífagos! Un aplauso. Quizás no fue muy sutil denotando esa inferioridad con respecto a los apellidos, pero en este momento le daba un poco igual.

Hablaba con naturalidad, sin ningún tipo de forzamiento. Por norma general el pelirrojo era bastante introvertido, pero en ese momento estaba realmente excitado con la idea de volver a tener un pie dentro de ese movimiento para conseguir la marca tenebrosa, por lo que se encontraba tranquilo. Tampoco le importaba el hecho de hablar en voz alta, con despreocupación, sobre el tema Mortífagos. Desde que el nuevo gobierno estaba vigente, ya no era tema tabú, sino más bien un tema con el que sentirse orgulloso. Tomó otra porción de tarta, ojeando de reojo el libro que leía. Un tal Ryan Goldstein era el escritor. El Ryan Goldstein que él conocía no era escritor, por lo que alzó una ceja y miró de nuevo a su futuro mentor.

—¿Tienes usted alguna otra persona a su cargo? Me gustaría ser el único.

Se había acostumbrado a tener siempre atenciones cuando él quisiera; y con esto no iba a ser menos.
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Ayax EdevaneTrabajador Área-M

Wolfgang Rawson el Miér Jul 04, 2018 4:44 pm

Wolfgang no era desconocedor de la desaparición de Vladimir Crowley. Mucho se había hablado acerca de ello, no solo entre las filas de los Mortífagos, si no también en la prensa mágica. Los Crowley eran una familia antigua y orgullosa, de las más influyentes del mundo mágico. Sebastian Crowley, sin ir más lejos, había sido un importante fiscal del Wizengamot, y el hermano menor, Zed, era un conocido jugador de Quidditch. Wolfgang lo había visto jugar en alguna ocasión, y era bastante bueno.
Así que era un asunto de sobras conocido. El primogénito de una de las familias más importantes del mundo mágico moría, y apenas un mes después desaparecían los dos hermanos menores, entre los cuales se encontraba ni más ni menos que un jugador de Quidditch profesional. Y mortífagos, para más seña. Habría que vivir en una cueva, aislado del mundo exterior, para no haberse enterado de aquello.
Wolfgang valoró el comentario del muchacho, tal vez, cómo sarcasmo. Respondió con una leve sonrisa de medio lado.

—Algo he oído, sí. Parece que la desgracia ha decidido cebarse últimamente con la familia Crowley.—A Wolfgang le importaban un pimiento los Crowley, hablando claro. No sentía absolutamente nada hacia ellos, ni bueno ni malo. Sí se preguntó en cambio, y de manera vaga, cuál de ellos sería el siguiente en caer. ¿Alexander, tal vez? ¿O el muchacho fugitivo? ¿Cómo se llamaba? ¿Samuel? Wolfgang no recordaba el nombre exacto, pero sí el rostro del muchacho.

Al joven pelirrojo, Ayax Edevane, le sirvieron una comanda curiosa: zumo y una porción de tarta. El chico comenzó a degustar lo que había pedido mientras hablaba, y Wolfgang lo encontró de lo más curioso. Pero no tan curioso cómo el hecho de que estuviese sentado junto al único hombre del local que acudía a beber whisky de fuego portando un libro. No debería juzgarle, pues...
El chico explicó entonces sus motivos para hablarle, y el por qué de que ahora Wolfgang debiese considerarle su problema: se estaba ofreciendo cómo discípulo para el mortífago. Era la oferta más curiosa que le habían hecho en todo el tiempo que llevaba en las filas de Lord Voldemort. Desmond se lo había sugerido alguna vez, pero al final Wolfgang había optado por rechazar la propuesta. Nunca se había visto con dotes para la enseñanza.
Sin embargo, había algo que le interesaba en aquella propuesta.
Wolfgang asintió con la cabeza ante la primera pregunta del chico.

—Nunca he tenido lo que se dice un trato de amistad con tu padre, pero le conozco. El apellido Edevane es de sobra conocido.—Y casi tan importante cómo el apellido Crowley, pensó Wolfgang, pero no le pareció oportuno decirlo en voz alta. Aquello podía ofenderle. Siempre había esa competencia entre las familias puristas por saber qué apellido era más importante. A Wolfgang le daba igual, de la misma manera que le dio lo mismo que el chico despreciase su apellido. Él mismo lo despreciaba, pues era el asqueroso apellido de su padre.—Estoy seguro de que tu padre es un buen hombre.

Wolfgang se giró entonces en el taburete, encarando directamente al muchacho, con esa media sonrisa lupina en su rostro. Le miró a los ojos, mientras el chico se llevaba un pedazo de tarta a la boca.

—Nunca he adiestrado a nadie.—Respondió, y alzó un dedo en dirección a Ayax, a fin de que le dejase terminar y no le interrumpiese.—Por cómo hablas, me imagino que valoras mucho los apellidos y la sangre. Yo no. Pero no me malinterpretes: valoro el talento personal de cada individuo. ¿Acaso debería menospreciar a alguien por no proceder de una de las grandes familias? ¿Eres mejor siendo un Malfoy que siendo un Hetcher?—Se había inventado aquel apellido. Ni siquiera sabía si existía. Negó con la cabeza, respondiendo a sus dos preguntas.—Ya me has contado algunas de tus virtudes. Son impresionantes, pero no deja de ser palabrería. ¿Estarías dispuesto a demostrarme tu talento?

No sabía por qué le proponía aquello al muchacho. Quizás fuese por la seguridad en sí mismo que demostraba, o por el hecho de que pareciese tan fuera de lugar con su pastel y su zumo cómo Wolfgang con su libro. Pero había algo que le llamaba la atención. Algo que le hacía valorar la posibilidad de aceptar tan curiosa oferta.
Veamos a dónde nos lleva esto...
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Wolfgang RawsonMagos y brujas

Ayax Edevane el Sáb Jul 07, 2018 3:13 am

Poco le importaba a Ayax la familia Crowley ahora que la única persona que le interesaba de esa familia había muerto, sinceramente. Lo único que podía llegar a interesarle era, quizás, alguna de las hijas Crowley por el valor social del apellido, pero según tenía entendido sólo era una la de esa familia y ya se le había pasado el arroz. Hasta los espaguetis. Además de que Ayax no había tenido el honor de decidir su futuro con respecto a su compromiso y ya estaba atado a otra mujer con la que debería, en cierto momento, comenzar a conocer si no quería llegar a casarse con una completa desconocida. La boda se iba a celebrar si o sí, quedaba en manos de los chicos que fuese el principio de la relación o la continuación de algo ya formado.

El apellido Edevane era probablemente el mejor apellido inglés de descendencia mágica, o al menos eso pensaba Ayax. Era consciente de que no todo el mundo tendría el mismo pensamiento y que cada uno tiraría por su apellido. Sin embargo, gracias a eso no se sorprendió con lo que dijo el hombre.

—Mi padre es muchas cosas, pero no sé si precisamente un buen hombre. —Y bufó irónicamente, haciendo una pausa. —No tiene la marca tenebrosa precisamente por sus hazañas heroicas, más bien todo lo contrario. Pero bueno, que me desvío del tema...

Le pareció curiosa la afirmación de que nunca había adiestrado a nadie. La verdad es que en un principio Ayax había pensado que el Rawson tendría experiencia en el ámbito, aunque luego, pensándolo detenidamente: ¿quién en su sano juicio querría a un Don Nadie como maestro? Ayax, que es especial. Ser alguien partiendo de un Don Nadie tiene que tener más mérito, seguro. No dijo nada al respecto, ya que la señal del dedo de Wolfgang fue bastante reveladora en que se mantuviese callado.

—Está claro que siendo un Edevane eres mejor que cualquier Malfoy o Hetcher —confesó, sin titubeos. Necio, quizás, pero él tenía claro sus principios. —Sólo valoro mi apellido, señor Rawson. Y hasta valoraría la sangre de un hijo de muggles si sirviera para algo. Ha escuchado hablar del Área-M, me supongo. Ahí esa sangre es muy valorada. Al final cada uno tiene su lugar, su valor y su importancia. Claro que eso cambia, dependiendo del punto de referencia. —En otras palabras, de quién opine o para lo que se uso. El apellido Hetcher seguro que tiene valor debajo de los puentes, ahí en dónde se une la carroña. Y los Malfoy bajo el culo de Voldemort, ahí en donde se lame bien. A su familia no le caía en gracia los Malfoy.

Ladeó una sonrisa al escuchar la pregunta de Wolfgang, ¡faltaría más!

—Por supuesto. —Hizo una pausa, para señalar su pudin con el tenedor. —Después del pudin, claro. Necesito recuperar energías.

Y lo decía muy en serio: estaba hambriento. No comía desde las doce y había pasado horas en la universidad, por lo que energías sí que le faltaban de verdad. Volvió a coger un trozo con el tenedor, se lo comió rápidamente y volvió a coger otro, llenándose la boca.

—¿Entonces me está aceptando y esto es la primera prueba o todo dependerá de cómo le patee el trasero ahí fuera? —preguntó, curioso, por saber las intenciones del Rawson. —Porque tengo que decirle que si quiere ponerme a prueba... la voy a pasar. —Decían que lo primordial para dar el cien por cien de ti era tener confianza en ti mismo. Ayax quizás se pasaba y rozaba la línea de la prepotencia. Y tras tragar, cogió otro trozo de pudin, para bajarlo con ayuda del zumo de calabaza.
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Wolfgang Rawson el Dom Jul 08, 2018 2:56 am

Wolfgang no pudo evitar que sus labios se curvasen en una sonrisa sarcástica a la par que divertida ante la réplica del joven Ayax. Sin duda, según los estándares de una sociedad mágica ya erradicada casi por completo por el Señor Tenebroso, Bruno Edevane no respondía a la descripción de “buen hombre”. Wolfgang Rawson, desde luego, tampoco encajaba en dicha descripción. Pero desde hacía cosa de un año, todo había cambiado. Uno podía coger a un sangre sucia cualquiera, conducirlo a través del Callejón Diagón como si fuese una marioneta mientras lo flajelaba sin piedad, y todo lo que podían hacer aquellos que observasen, sin declararse abiertamente enemigos de Lord Voldemort, era permanecer al margen, observar con deleite, o participar. Incluso se les permitía aplaudir.
Así que, Wolf estaba seguro, un hombre como Bruno Edevane, o Wolfgang Rawson, serían considerados “buenos hombres” a ojos del Señor Tenebroso. Buenos hombres que llevaban a cabo su obra.
Sin embargo, el muchacho tenía razón: Wolfgang, pese a lo loco que pudiese estar—nunca había descartado esa posibilidad—era consciente de que no era más que un monstruo que llevaba una máscara muy convincente y pasaba por ser humano.

—Ahí voy a darte la razón.—Respondió el mortífago, haciendo con el índice y el pulgar de la mano derecha un gesto que recordaba a esas “pistolas” que utilizaban los muggles, y señalando al chico.—Pero tal y como funcionan las cosas ahora, los hombres como tu padre son los mejores hombres.—Matizó. Quizás llegase el día en que todo cambiase—no se hacía ilusiones, nada duraba para siempre—pero hasta entonces debían disfrutar del estatus que ocupaban en el mundo mágico. Wolfgang sabía que algún día volvería a ser considerado un paria, pero estaba preparado para sobrevivir. Toda su vida lo había hecho.

Y lo que siguió de conversación fue una confirmación: Ayax Edevane otorgaba una gran importancia a su apellido familiar. A Wolfgang le pareció bien, pues no estaba allí para educar al crío ni hacerle cambiar aquello en lo que creía. Toda su respuesta fue un parco silencio, mientras seguía escuchando lo que decía.
Su planteamiento era curioso, sin duda: de una retorcida manera, Ayax Edevane había encontrado un lugar en el mundo para los sangre sucia. Ese lugar, para él, se trataba del Área-M. Por supuesto, el mortífago la conocía, un lugar abominable a dónde iban a parar los sangre sucia, squibs, y si se terciaba, traidores al nuevo gobierno. No sabía exactamente qué tipo de experimentos se llevaban a cabo allí, pero en el Callejón Knockturn se hablaba de torturas, experimentos que algunos tachaban de inhumanos… en voz baja, por supuesto. Cualquiera que se atreviese a opinar al respecto podía dar con sus huesos en aquel lugar y averiguar si, en efecto, aquellos experimentos eran inhumanos o no.

—Cómo sea.—Respondió Wolfgang, sin dar demasiada importancia al discurso del chico acerca de la importancia de la sangre. No era su problema, realmente, y cualquier mago capaz, independientemente de sus orígenes, podía llegar a parecerle digno de admirar.—Lo único que realmente me preocupa es tu talento. Así que, sin prisas, termina tu...—Wolfgang buscó la palabra apropiada para referirse a aquel tentempié que el muchacho se estaba comiendo.—...merienda.—Concluyó que, por las horas que eran, aquella era la mejor definición. Aunque casi podría definirse como una cena.

Mientras el muchacho proseguía con la comida, Wolfgang volvió a girarse en el taburete, abrió el libro por la página en que se había quedado, y paseó la lista por el texto. Realmente no estaba leyendo, ni mucho menos. El libro de Ryan Goldstein había pasado a un segundo plano en su lista de intereses; ahora, tenía otra curiosidad.

—Dime, ¿alguna vez te llevó Crowley a una misión de verdad?—Se imaginaba la respuesta. Vladimir Crowley parecía ser el mortífago con menos interés por la causa que había visto en toda su vida.—Porque si la respuesta es no, creo que deberías ir empezando… y quizás tenga algo para ti.

No dijo más. Dejó la frase en el aire. Con la vista todavía posada en el texto, la intención de Wolfgang era evaluar la reacción del muchacho: si le interesaba o no. Realmente, primero quería evaluar su curiosidad, saber si le interesaba conocer más detalles. La curiosidad era una parte importante del talento. Una mente curiosa sumada a un talento bien cultivado podía llevar muy lejos a un hombre.
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Wolfgang RawsonMagos y brujas

Ayax Edevane el Lun Jul 09, 2018 3:52 am

Su padre, a ojos de la sociedad actual, era un hombre hecho y derecho, de ideales férreos y fuertes. Tenía un apellido muy bueno, un puesto de trabajo todavía mejor y una economía que respaldaba su poder no solo social, sino también económico. Seguramente por eso Ayax también era tan "valioso" en  terreno marital purista, siendo el único heredero masculino de la familia de Bruno Edevane.

Continuó con su merienda, tal cual le había permitido el Rawson. Había que ser muy malvado para dejar a Ayax a mitad con la merienda, eso no se hace. Le preguntó por su experiencia en misiones con su antiguo maestro, algo que por desgracia Ayax tenía muy claro por su grandísima decepción. Para el pelirrojo, ese apellido había bajado un escalafón en cuanto a importancia sólo por el bajo interés de Vladimir.

—Oh, vaya, vaya. Diez minutos con usted han sido más fructíferos que meses en compañía de Vladimir. —Ladeó una sonrisa, curiosa. —Todo depende de lo que considere usted una misión de verdad —contestó, sin dar ninguna respuesta en concreto. Cogió un pañuelo, para limpiarse una de las comisuras de sus labios, ya que se sentía sucio. —Desde mi punto de vista no. Ya le digo que desde que me aceptó como ahijado en las filas... quizás unos seis meses antes de morir, poco hizo por mí. Yo insistía, pero él no estaba interesado. La verdad es que en un primer momento esperaba mucho más de un Crowley. —Hizo una pausa, demostrando su decepción. Ayax era inmensamente feliz metiéndose con el difunto Crowley. —Alguna vez quedó conmigo, pero era para tonterías. Por lo poco que conocí de él, me daba la impresión de que tenía a un compañero bastante fiel a él con el que iba a todos los lados importantes y a lo que supongo usted se refiere como "misión de verdad" —añadió finalmente, haciendo comillas con su mano libre.

Se comió el último trocito de su merienda, para entonces terminarse también el zumo de una sentada. Sacó de su bolsillo un par de galeones y los dejó justo al lado del plato que ya estaba vacío, para entonces mirar a su futuro maestro. Unió sendas manos, entrelazando sus dedos y apoyándose en sus propias rodillas.

—¿Y de qué trata esa misión de verdad que me va a encomendar? Vendrá conmigo, supongo. La verdad es que pensé que iba a nivelar mi talento haciéndome luchar contra usted. Y claro, estaba un poco contrariado: no quería tener que patearle el trasero el primer día. Qué feo sería. —Curvó una sonrisa ladina, mostrando los dientes. Había sido una broma, aunque no pudiese interpretarse del todo así teniendo en cuenta el nivel de arrogancia que Ayax transmitía. —¿Tiene ahí... algo interesante? En realidad me vendría bien un poco de clase introductoria. En casa tenemos la política de no hablar de trabajo y, como comprenderás, con dos padres Mortífagos esto se considera una vocación. —Carraspeó, para bajar un trocito de tarta que sentía todavía en el gaznate. —¿Ahora mismo todo gira alrededor de los fugitivos, me equivoco? Supongo que habrán unos más escondidos, otros más violentos... pero básicamente achicar las fuerzas que van en contra del gobierno del Señor Tenebroso. ¿O también tenemos competencias más allá? Es decir... —Se mojó los labios. —¿Somos solamente el ejército o podemos dar un pasito más? Porque siempre pensé que ser Mortífago era servir a un líder y teniendo en cuenta mis competencias, limitarme a cazar fugitivos sería decepcionante y creo que no daría el cien por cien de mí. Tengo intenciones de cuando termine la carrera este verano, pedir plaza para trabajar en el Área-M, ¿sería nuestra competencia hacer algún tipo de estudio para el Señor Tenebroso, o esas cosas no se las encomendaría a un extirpador? ¿O ha de salir de nosotros mostrar nuestras aportaciones a la Causa, siempre y cuando sean útiles? Supongo que el Mortífago que más lejos llega, es el que más aporta a la causa. Me gustaría hacer algo más que sencillamente cazar. Es más interesante descubrir traidores a cazar enemigos; o crear armas infalibles, a ser tu mismo un arma mortal. —Frunció la nariz, emocionado, dando un pequeño brinco en su taburete. —Quizás me he emocionado demasiado —dijo finalmente. —Claro que no conozco a Lord Voldemort, pero supongo que para que te llegue a hacer caso, haz de ser alguien primero...

Un aspirante a Mortífago ilusionado, curioso y con ambiciones claras. Eso es lo que era Ayax ahora mismo. Cierto era que tenía más edad de la media que era aspirante a Mortífago, pero también tenía una carrera a su espalda nada fácil de sacar en la que había volcado prácticamente todo su tiempo. El pelirrojo iba a entrar con ganas en terreno hostil, con todas por delante.

—Bueno, disculpe. —Se puso de nuevo serio. —¿Qué me decía? Ya he terminado.
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Ayax EdevaneTrabajador Área-M

Wolfgang Rawson el Mar Jul 10, 2018 4:29 pm

El concepto que Wolfgang empezaba a tener de Vladimir Crowley era peor a cada segundo que pasaba. Creía haber vivido suficientes cosas en su vida como para perder la capacidad de sorprenderse, y aún así, allí tenía uno de esos momentos: el muchacho había aprendido más de él en aquellos escasos minutos de conversación que con su antiguo mentor. Y eso que el apellido Crowley era uno de esos que los mortífagos de más bajo nivel pronunciaban en voz baja, si acaso fuesen escuchados hablando de la poderosa familia y alguno de ellos pudiese tomar represalias.
El caso es que el mortífago, desaparecido o fallecido, no había ejercido muy bien su labor como mentor. Tal y lo que decía Ayax, ni siquiera se había molestado en llevárselo con él a una misión de verdad. A medida que el joven le explicaba su punto de vista, Wolfgang no pudo evitar preguntarse exactamente qué había hecho Vladimir Crowley en su corto período como mentor del chico. ¿Tenerlo como asistente? ¿Como apuntador? ¿Le decía que le sujetase la chaqueta cuando se disponía a torturar a algún pobre diablo al que hubiese capturado en compañía de su otro fiel compañero?
Wolfgang se limitó a asentir con la cabeza y se abstuvo de poner en palabras lo que pensaba. Tampoco es que Vladimir Crowley fuese a quitarle el sueño, ni que su intención fuese quedar por encima de él en caso de aceptar al muchacho como su pupilo. Le mostraría al joven su forma de ver las cosas; si le gustaba, pues muy bien, y si no le gustaba, pues que se buscase a otro.
Wolfgang soltó una breve carcajada ante el siguiente comentario del chico: ¿hacerle luchar contra él? Un espectáculo digno de ver, seguro, pero dudaba que un aspirante primerizo pudiese hacer nada frente a su experiencia. Wolfgang no tenía intención alguna de humillar al chico sin motivo. ¡Que tal vez le sorprendiese, no iba a decir que no! Pero lo veía altamente probable.

—¿Dónde estamos, chico? ¿En las filas mortífagas o en el club de la lucha?—Preguntó de manera retórica, negando con la cabeza. No era una idea del todo mala, pero no serviría al propósito de Wolfgang. A él le daba igual cómo se defendiese el chico en un duelo mágico o en un combate a puños, pues aquello lo adquiriría de todas formas con la experiencia; lo que a Wolfgang le interesaba era su predisposición a hacer ciertas cosas que, tarde o temprano, se vería obligado a hacer.

Lo siguiente fue una perorata bastante larga que requirió de toda la atención de Wolf. El chico dijo muchas cosas en muy poco tiempo, exponiendo su visión del lado mortífago. Wolfgang obvió un poco las preferencias del chico, pues posiblemente tendría que hacer lo que el Señor Tenebroso demandase.
Sin embargo, sí se quedó con otros detalles, como la mención que hizo el muchacho al Área-M. La curiosidad de Wolfgang se disparó: el joven quería trabajar en el Área-M y, por lo visto, también quería aportar más cosas a la causa que simplemente cazar. Lo suyo, al parecer, era la investigación.
Wolfgang dejó reposar las manos sobre las rodillas, asintiendo un par de veces con la cabeza, con aire pensativo. Ordenó un poco lo que quería decir antes de hacerlo, pues nunca se le había dado muy bien el ser orador.

—La caza suele ser para nosotros el último paso.—Empezó Wolfgang, alzando la mano para señalar entonces al muchacho.—En tu caso, supongo que no, pues aspiras al Área-M.—Matizó, antes de proseguir.—Lo que quiero decir es que no es tan sencillo cazar fugitivos como pueda parecer. A veces tenemos golpes de suerte, recibimos chivatazos, o algunos simplemente son tan estúpidos que se dejan ver en público, sin ningún tipo de precaución. Atraparlos suele ser muy fácil entonces… y generalmente bastante sangriento.—De todos era sabido que un fugitivo desesperado era muy peligroso, sabiendo cuales eran sus opciones.—En los últimos tiempos, los fugitivos han aprendido a esconderse. Ya sea porque frecuentan lugares clandestinos regentados por traidores al nuevo gobierno, ya sea porque utilizan medios de ocultación para pasar desapercibidos, ya sea por una infinidad de motivos. Parte de nuestra misión es desenmascararlos. Y desenmascararlos requiere más de intelecto que de fuerza.—Wolfgang se incorporó hasta que su espalda recuperó su verticalidad y echó la mano al whisky a medio beber que había sobre la barra, dándole un pequeño sorbo; tras eso, apoyó los codos en las rodillas y sostuvo el vaso entre ambas manos.—La misión que tengo entre manos está en su última fase: en Londres existen varios lugares que albergan fugitivos, y pese a que no los conocemos todos, hemos dado con uno. Si todo esto sale bien, te enseñaré cómo se hace algo como esto, pero en este caso, lo único que tenemos que hacer es desarticularlo.—Aquello sonaba muy profesional, casi como si en lugar de en un bar se encontrasen en la oficina de aurores.—Podría decirse que en esencia, sí, vamos a cazar a todos los fugitivos que se encuentren allí dentro, ¿tienes algún problema con eso?—No creía que la misión fuese a entrañar un riesgo muy grande, según las informaciones que había obtenido: en su mayoría, allí se escondían fugitivos que habían perdido sus varitas, mujeres, niños… Dos o tres de aquellos fugitivos quizás supusiesen un problema, pero Wolfgang sentía que podía hacerse perfectamente.

Ya solamente restaba saber qué opinaba el joven Edevane de aquello. Esperaba que demostrase un poco de interés, o sería una completa decepción para Wolfgang.
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Wolfgang RawsonMagos y brujas

Ayax Edevane el Vie Jul 13, 2018 3:23 am

Espera, espera, ¿qué ha dicho? ¿Ha escuchado "club" y "lucha" en la misma frase? Ayax giró levemente su cabeza, cual perro que recién ha escuchado algo que le gusta, pero que no está seguro de lo que significa. Cuando le dices "toma" pero no tienes ninguna galletita en la mano.

—¿Club de la lucha? ¿Existe algo así? ¿Dónde? —preguntó, con los ojos abiertos. Quizás sería un buen lugar al que ir a entrenar y... pasarlo bien. De repente, un lugar así llamó muchísimo la atención del pelirrojo, ya que por una parte no le vendría nada mal entrenar y, por otra parte, tampoco le vendría nada mal golpear. Obviamente él desconocía por completo que en realidad era una referencia a una película muggle que, por cierto, estaba muy chula.

Ayax desvarió un buen rato, contando sus dudas y así de paso decir en voz alta todas sus incertidumbres con respecto al tema; un tema que ahora mismo se quedaría impregnado en él hasta su muerte. Tenía muchas ganas de hacerse valer a sí mismo en todos los ámbitos en dónde era consciente de que podía resaltar y, obviamente, aprovecharse de ellos para la Causa Mortífaga. No quería ser un mediocre más.

Escuchó la contestación de Wolfgang, tan exquisita y profesional. Le pareció de lo más desafortunado esa pregunta final, ya que le dio la impresión de que su futuro amor mentor le había entendido mal. Muy mal. ¿Qué problema iba a tener Ayax con ir a cazar fugitivos? ¡Ninguno, si es que lo estaba deseando desde que existían fugitivos! Pero claro, quizás no supo explicarse bien con sus intenciones a largo plazo, algo que hizo que Ayax uniese sus manos delante de él y se las frotase como una mosca planeando una maldad.

—¿Qué problema voy a tener? Llevo años esperando por una oportunidad así. —Hizo entonces una pausa. —Me gusta considerar que soy alguien y seré alguien mejor todavía en un futuro, pero ahora mismo soy un ser sin experiencia. No va a tener que ponerme en mi lugar, señor Rawson. —Ladeó una sonrisa, encogiéndose de hombros brevemente —No tengo problemas en cazar, matar o herir de gravedad. Como si hay que llevar al perro de nuestro Señor Tenebroso a que le corten el pelo y le vacíen las glándulas del ano. Créame, mancharme las manos es el menor de mis problemas, sea como sea, siempre y cuando sea por un buen motivo. Me gusta pensar que todo tiene su propósito y que nada será en vano.

Y, por la cara que ahora mismo tenía Ayax, iluminada con ese brillo en la mirada de emoción, podía quedar bien claro que no iba a tener ningún problema en hacer cualquier cosa que se pueda pedir para cumplir un objetivo. Por favor, tenía intención de trabajar en el Área-M, ¿en serio había dudas con lo que pudiese llegar a hacer por conseguir algo? No había declarado la lealtad a la Causa Mortífaga para quedarse en casa cogiendo polvo y siendo nadie. Podía parecer una persona sin experiencia (lo era), quizás incluso una persona sin maldad (en un momento, lo fue), pero iban a ser de esas personas que, en la situación correcta, sabe actuar como se espera de él. Las formas con las que trata a sus "iguales" no eran ni de lejos iguales a cómo trata a los que son diferentes a él.

—¿Y cuál es el plan? —preguntó, en voz baja, mirándole como si fuese un secreto. —¿Tienes usted algún tipo de modus operandi que le guste seguir del que yo deba saber? —Que feo sería matar a alguien si él en realidad lo único que quería era capturarlo. O hacer el ridículo capturando a alguien que en realidad debe morir. Ayax era muy malo decidiendo esas cosas. —Lo único que he hecho en correlación con la Causa Mortífaga han sido misiones menores con otros aspirantes, así que la manera de operar fue bastante sucia. La experiencia hace al maestro así que... —Volvió a esbozar esa sonrisa, ladeada, amplia, señalando con sendas manos al Rawson. —Cuando quiera, le sigo.
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Ayax EdevaneTrabajador Área-M

Wolfgang Rawson el Vie Jul 13, 2018 2:17 pm

Wolfgang Rawson no era el tipo de hombre que se sienta en una butaca, enciende la tele y se entretiene con la telebasura que emiten a todas horas las cadenas de televisión. Su entretenimiento, más bien, solía ser el papel. Jamás le había costado hacer volar la imaginación, y durante su infancia había tenido que aprender a hacerlo tan a menudo que se había convertido en un experto. Dejar volar la imaginación  era mucho mejor que prestar atención un mundo real que por lo general estaba plagado por un intenso dolor.
Sin embargo, desde que vivía solo había dado una oportunidad al cine muggle. Quizás detestase a los seres no mágicos con toda su alma, sí, pero nada podía decir en contra de algunas historias que habían plasmado en eso que llamaban “películas”. Y si bien el cine se había devaluado mucho en los últimos años—Wolfgang culpaba a la sobrepoblación de superhéroes, zombies, vampiros adolescente e incluso a cosas tan absurdas como ‘Sharknado’—a veces podían encontrarse pequeñas obras maestras audiovisuales.
El club de la lucha era una de esas maravillas.
No le sorprendió, sin embargo, que Ayax Edevane no entendiese la referencia. Haberla entendido habría sido un detalle curioso por su parte, pues se había criado en el seno de una familia purista. Seguro que ni siquiera había visto un televisor en su vida.

—Posiblemente.—Respondió Wolfgang, divertido, ante la pregunta del joven Edevane.—Pero la primera regla del Club de la Lucha: Nadie habla del Club de la Lucha.—El mortífago no pudo evitar componer una media sonrisa divertida.—Algún día te contaré algo más sobre El Club de la Lucha... si me convence lo que vea esta noche.—Añadió Wolfgan, una explicación que serviría al muchacho para comprender que no se estaba quedando con él ni tratándolo de estúpido. Sería una forma muy mala de empezar una relación.

Así que Wolfgang pasó a ofrecerle una breve explicación acerca de la labor que tenía entre manos. Labor que serviría de prueba para el joven Edevane. Algo sencillo, nada del otro mundo, ejecutar el término de un plan que ya estaba en su última fase. En esencia, ‘cazar’, algo que el muchacho esperaba que no fuese su única competencia dentro de las filas del Señor Tenebroso.
Pero la preocupación de Wolfgang era infundada, después de todo. El chico se mostró, al contrario de lo que esperaba, entusiasmado ante la idea. E incluso reconoció su falta de experiencia. A Rawson le pareció una buena actitud, pues desde su punto de vista, quienes más ínfulas llevaban, con más contundencia se pegaban contra el suelo una vez que caían. Llegar a lo más alto no era un camino de rosas, y generalmente, aquel que lleva un concepto demasiado alto de sí mismo dentro de las filas mortífagas acaba dando con alguien que le pone en su lugar a base de golpes o maleficios.

—Me gusta tu disposición. Por ahí vamos bien.—Respondió Wolfgang, asintiendo con la cabeza.—Aunque dudo mucho que tengas que llevar a cabo esa labor concreta para el Señor Tenebroso, sí es cierto que a veces toca hacer tareas menos gratas.—Para Wolfgang, aquellas tareas eran las de vigilancia o, tal vez, las que conllevaban plantar objetos malditos en lugares estratégicos para apresar fugitivos incautos. Aquello sí le parecía un desperdicio de talento, pues literalmente cualquier imbécil podía dejar un jarrón aparentemente normal en un local frecuentado por fugitivos sin llegar a despertar sospecha alguna.

Así que ambos, principiante y veterano, estaban en la misma página: llevarían a cabo aquella pequeña misión en colaboración. Wolfgang dudaba mucho que fuesen a tener problemas de ningún tipo con aquel pequeño grupo de fugitivos, habida cuenta de que muchos de ellos ni siquiera tenían varitas, y otros tantos eran niños.
Al joven Edevane, además, le interesó conocer los detalles. Aquello también satisfizo a Wolfgang: no le interesaba un loco que se lanzaba de cabeza a través de una puerta, sin tener en consideración los peligros que podían esconderse tras ella. Ese tipo de personas no solo eran un peligro para sí mismos, sino también para los demás. Una persona imprudente podía mandar al traste meses de planificación con un simple movimiento. Por suerte, aquello no era tan delicado, y Wolfgang dudaba que saliese mal.

—En principio, no debería ser complicado.—Empezó a explicar el mortífago, casi esperando que el muchacho se sintiese decepcionado. Era consciente de que algunos jóvenes buscan retos y emociones fuertes.—En esencia, lo que tenemos que hacer es… limpiar el sitio. Sanearlo, dirían algunos. Entramos, asesinamos a la mayoría, y nos llevamos a un par de supervivientes. En concreto, estamos interesados en este hombre.—Wolfgang abrió entonces su libro. Si bien lo utilizaba como entretenimiento, el mortífago también llevaba consigo algunos carteles de ‘Se busca’, sobre todo los de los fugitivos que más a menudo se dejaban ver por Londres. Desdobló uno de ellos, el cual mostraba la fotografía en movimiento de un hombre que respondía al nombre de Cadmus Jorgensen.—Cadmus Jorgensen, ex-inefable. Durante el ataque al Ministerio de Magia que culminó en el cambio de gobierno, hizo frente a los nuestros y huyó. Le localizamos hace unos meses en ‘Jorvi’s Cave’, un bar que alberga a fugitivos y se encuentra muy cerca de aquí. Parecer ser el líder del grupo. Y por lo que sabemos de él, tiene no solo mucha información que robó del Ministerio de Magia antes de desaparecer, sino también datos acerca de otros grupos de fugitivos.—Wolfgang hizo una pausa para mirar a los ojos a Ayax Edevane, y entonces añadió:—Lo ideal es dejar a uno o dos de los miembros con vida, y la siguiente fase del plan podemos hacerla allí, o llevarnos a Jorgensen y a quién decidamos que le acompañe a un lugar más tranquilo. Eso es totalmente indiferente.

Aquello era en esencia todo lo que podía decirle en aquel momento. La forma de proceder una vez allí también era bastante sencilla, pero requería de una visual al edificio para poder explicarlo mejor. Y es que sí, Wolfgang llevaba algún que otro cartel de ‘Se busca’ consigo, y sin embargo no se había preocupado de conseguir planos de aquel bar.

—El resto te lo explico por el camino. Aprovecha para plantearme tus dudas.—Sugirió Wolfgang mientras se ponía en pie y se llevaba la mano al bolsillo. Sacó una moneda y la dejó sobre la barra. Era suficiente para pagar su bebida e incluso algo más, pero le daba igual: después de aquella misión tendría dinero de sobra.—Vamos..—Y, tras un gesto de cabeza en dirección a la puerta, se encaminó hacia allí.
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