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The first one. —Samael Cavalcanti.

Abigail T. McDowell el Miér Jul 04, 2018 1:30 am


Pub mágico: Magic Rise || Londres, 3 de julio del 2018, 19:32 horas || Abigail McDowell & Samael Cavalcanti 

El Magic Rise era un pub mágico que se encontraba en mitad de Londres. No estaba camuflado, pero la entrada a muggles estaba totalmente prohibida y sólo se podía entrar si enseñabas una varita legalizada por el Ministerio. Era un lugar serio y elegante; dentro no te encontrarías borrachos ni gente armando lío. Se había convertido en un lugar seguro por la protección que brindaban, la cual era de primera calidad. Abigail estaba harta de tener que ir con cuidado por culpa de los fugitivos, por lo que aquel sitio le había venido muy bien. Lo llevaban personas de confianza y sólo entraban personas de lealtad inquebrantable, por lo que... era un lugar en dónde relajarse un rato y poder tener una charla tranquila.

Ese día en concreto no había ido por negocios, sino que había citado allí a Samael Cavalcanti para hablar sobre sus intereses en la fila de los Mortífagos. La Ministra se había fijado en él por tres motivos: el primero es que hacía tiempo que estaba buscando a alguien decente con quién poder trabajar, pues llevaba años rechazado los ahijados que le asignaban por no estar conforme con ellos. El segundo motivo es que, por lo que le habían dicho, había tenido un buen desempeño en el ataque al Ministerio el pasado junio, ya que estaba como becario y tuvo que posicionarse como defensor, saliendo airoso y llevándose con él varias victorias. El tercer motivo había sido Nathaniel Kerr, su tío segundo. Abigail tenía una buena relación con el mayor de los Kerr y había sido bastante insistente en el hecho de que le diese una oportunidad a Samael, además de contar maravillas de él. La pelirroja sabía que debía de haber un porcentaje de error en esas alabanzas, pero como Nathaniel estaba llegando a ser bastante invasivo, decidió dejarlo correr. Al salir de aquella reunión Mortífaga, Abigail le dijo que le pusiera en contacto con él para darle esa oportunidad. No lo iba a negar: si era pariente de Nathaniel, aparentemente competente y encima un hombre—Abigail toleraba a muy pocas mujeres—tenía bastante papeletas para ser el mejor candidato hasta la fecha.

Había quedado a las siete y media allí con él. Le había mandado una lechuza a la universidad, a nombre de Abigail McDowell, en dónde no se explicaba demasiado el motivo de la quedada, aunque sí la hora y el lugar Él, quizás, podía intuirlo, o quizás podía pensar sencillamente que tenía que ver con algún trámite administrativo en relación con su trabajo en prácticas en el Ministerio. Sin embargo, esperaba fervientemente que Nathaniel le hubiese dicho algo al respecto. Sería muy molesto tener que explicarle todo.

Ella entró en el sitio a las siete y media tras enseñar su varita, esa que llevaba con ella desde los once años. Saludó con tranquilidad a los dueños tras la barra, un mortífago corpulento de nombre Chace, así como a su mujer, una mortífaga de la envergadura de Abigail, de nombre Mercy. Podría decirse que eran una pareja que tenía muy buena relación con la Ministra de Magia, además de que Abigail además de ser una cliente habitual, también había ayudado mucho en la creación de ese local. Habían abierto varios últimamente, pero ese era el favorito de Abigail, el cual usaba para negocios seguros.

Caminó hacia la zona del fondo, donde había un sillón curvo en compañía de una mesa, se sentó y apenas tardó un minuto en llegar Mercy con un vaso de whisky, doble y seco; como le gustaba a Abigail. Siempre se pedía lo mismo.

¿A quién esperas hoy? —preguntó la mujer.

Samael Cavalcanti —respondió la pelirroja, quitándose la chaqueta del traje que llevaba. Era de color vino, con unos pantalones ajustados, una camisa de botones de color negra y unos tacones bien altos también de color negro.

¿Y ese quién es?

Estoy aquí para averiguarlo —añadió, encogiéndose de hombros mientras cogía ese vaso y bebía un trago.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Samael Cavalcanti el Dom Jul 08, 2018 10:51 pm

'Tienes que estarme tomando el pelo' fueron sus palabras exactas frente a lo que justamente le había dicho su tío segundo, Nathaniel. Parecía que los últimos días, había sido bastante insistente sobre algo, y era un hecho que deseaba con locura que su sobrino, Samael, tuviese algo más de contacto con la ministra de magia, ¿pero platicarle tanto sobre él? Su tío podía volverse molesto de vez en cuando, pero el hombre era excelente. El brasileño creyó que todo aquello se convertiría en un problema, a fin de cuentas, habían muy pocas probabilidades de que Abigail, siendo la reconocida ministra de magia y teniendo una vida probablemente tan ocupada, siquiera se molestara en sacar algo de tiempo para conocer mejor al mago, por ello su sorpresa fue grande al recibir una carta por parte de ella, citándolo en un pub mágico, sin darle ningún motivo aparente.

No conocía de nada a la ministra, sin embargo, había tenido que toparse con ella unas cuantas veces durante sus ratos como becario en el ministerio desde hace ya algunos meses, incluso, había formado parte de la defensa del lugar en medio de un intento de rebeldía por parte de un descerebrado grupo de fugitivos hace ya casi un mes, lo cual lo había dejado bastante bien parado en sus labores en el ministerio de magia, considerando que había sido de bastante ayuda en medio de aquel incidente, había contribuido a la defensa de ciertos puntos estratégicos, había asegurado a unos cuantos y también se había batido en duelo, haciéndose con unas cuantas victorias en el camino.

Generalmente solía escoger su vestuario muy fácilmente, pero en esta ocasión, no tenía ni la más remota idea de qué podría quedar bien para la ocasión, por lo que se decidió por un vestuario neutral, que sabía podía quedar bien para varias ocasiones, y prefirió no ser demasiado formal. Llegó al lugar justo a la hora acordada, porque solía ser bastante puntual, y también porque un encuentro con la ministra no era cualquier cosa, de hecho, podía ponerlo un tanto nervioso, aunque no se atreviera a demostrarlo. Enseñó su varita de madera de endrino  en las afueras del establecimiento para poder entrar, nunca había estado en aquel lugar antes, pero la mayoría de clubes mágicos exclusivos utilizaban aquel sistema, en especial para evitar la presencia de muggles y otros magos indeseados.

Se abrió paso por el lugar, analizándolo cuidadosamente. Podía contar con los dedos de las manos la cantidad de veces que había estado en un lugar similar, mayormente porque no disfrutaba de las salidas nocturnas a beber, de vez en cuando disfrutaba de algo de alcohol en restaurantes mágicos, en su propia casa o en citas más privadas, pero salir a un pub no era precisamente su estilo. Reconoció a Abigail con rapidez, ya la había visto unas cuantas veces, se encontraba sentada en un sillón curvo, con un vaso de algo que podría apostar era whisky.

Su expresión era más bien frívola mientras que se aproximaba hacia ella, y una vez estando junto a la mujer, juntó ambas manos frente a él, y luego extendió una en dirección a la mujer — Buenas noches, ministra — Por más que pudiese parecer que su formalidad se debía al cargo de la mujer, la verdad es que solía ser así la mayor parte del tiempo, siempre tan educado y formal, o por lo menos, cuando le convenía — Samael Cavalcanti — Articuló, por más que fuese obvio, considerando que lo había citado en el lugar, por lo que ya debía haberse hecho una idea, además de sus tiempos como becario, en los cuales se habían cruzado escasas veces, pero lo habían hecho.

Tomó asiento del otro lado del sillón luego de unos cuantos segundos, observando cuidadosamente a la mujer frente a él. Comúnmente, la habría ojeado de forma descarada, porque era lo que solía hacer cada que platicaba con alguien, pero debía ser cuidadoso, le interesaba lo que la mujer tenía para decirle, y esperaba por lo menos alguna propuesta de su parte — ¿Qué la ha hecho invitarme en una noche tan linda? Aparte de mi insistente tío, claro — Vociferó en tono divertido, mientras que esbozaba una agradable sonrisa, mostrándose carismático, como solía ser la mayor parte del tiempo, o al menos cuando estaba de buen humor, y en aquellos momentos, su humor era de los mejores en mucho tiempo, veía nuevas oportunidades, y eso siempre lo alegraba.
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Abigail T. McDowell el Vie Jul 13, 2018 3:25 am

Comenzó a sacar uno de los documentos que tenía encima para empezar a leerlo, asumiendo que quizás Cavalcanti no era tan puntual como le hubiese gustado a la pelirroja. Sin embargo, fue gratificante verlo entrar por la puerta del local unos dos minutos después de Abigail. De verdad que no había nada que le complaciese más que la puntualidad y la profesionalidad, en serio, eran dos cosas que valoraba demasiado. Odiaba que la gente le hiciese perder el tiempo.

En lo que Samael llegaba a donde estaba Abigail, ésta lo observó detenidamente de arriba abajo. Cierto es que se lo había cruzado en algún momento en el Ministerio de Magia, pero seamos sinceros: apenas se había fijado en él más que en como desempeñaba su trabajo, básicamente porque la pelirroja no confiaba demasiado en el desempeño de un universitario en prácticas.

Abigail McDowell. —Se presentó. ¿Innecesario? Quizás, ¿quién no se sabía su nombre ya, dadas las circunstancias en las que se vivía? Sin embargo, como he nombrado hace un momento, la profesionalidad es algo que la caracterizaba mucho y era muy descortés no presentarse cuando conoces a una persona por primera vez. Escuchó su pregunta mientras se sentaba frente a ella, haciéndola hacer un mohin. —La verdad es que Nathaniel puede llegar a ser un hombre muy persuasivo —confirmó las sospechas del chico, para finalmente ir directa al grano. —Te he citado porque quería conocerte en persona, ya que me ha dicho tu tío que estás intentando ingresar en las filas de los Mortífagos y también me contó el desempeño que tuviste en el ataque al Ministerio, hace un mes. —Hizo una pausa. —Voy a ir directa al grano y si no estás interesado en lo que te digo, te podrás ir por la puerta por la que acabas de entrar. Pero si lo estás, tenemos mucho de lo que hablar.

Apareció Mercy, dirigiéndose directamente a Samael para tomarle nota por si quería algo de tomar. Apenas estuvo lo justo y necesario para escucharlo e irse de nuevo hacia la barra.

No suelo acoger a novatos porque como comprenderás no me sobra el tiempo, sin embargo... hace tiempo que tengo un plan en mente. Supongo que sabes que soy un foco importante por parte de los fugitivos, por lo que trabajar conmigo no será fácil, ni tampoco estarás a salvo. Eso no te lo voy a garantizar porque ni siquiera puedo garantizar mi propio bienestar.  Así que si quieres que te enseñe mis habilidades, te convierta en un miembro útil en la fila de los Mortífagos y te muestre lo que hay que tener para estar en dónde estoy yo e interesarle a alguien como lo es Lord Voldemort... —Lo dejó en el aire, poniendo una de sus manos sobre la mesa, golpeando con suavidad con las yemas de sus dedos. —Sólo te voy a pedir dos cosas: lealtad incuestionable y dedicación absoluta. Yo te instruiré y tu utilizarás todo lo que te enseñe para protegerme. No quiero ser yo quién tenga que proteger a un pusilánime teniendo en cuenta ya los problemas que tengo encima, ni tampoco quiero perder mi tiempo instruyendo a alguien que no me dará nada a cambio. —Habló con absoluta sinceridad. Abigail no era de esas que dedicaban su valioso tiempo al crecimiento del resto. Si la pelirroja mostraba interés en ti probablemente es porque también encontraba algo de vuelta y teniendo en cuenta cómo estaban las cosas actualmente, lo que mejor veía era tener cerca de ella a alguien instruido por ella misma. Como decían: si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo. —¿Qué dices, Cavalcanti? ¿Quieres meterte de lleno en la boca del lobo?
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