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The first one. —Samael Cavalcanti.

Abigail T. McDowell el Miér Jul 04, 2018 1:30 am


Pub mágico: Magic Rise || Londres, 3 de julio del 2018, 19:32 horas || Abigail McDowell & Samael Cavalcanti 

El Magic Rise era un pub mágico que se encontraba en mitad de Londres. No estaba camuflado, pero la entrada a muggles estaba totalmente prohibida y sólo se podía entrar si enseñabas una varita legalizada por el Ministerio. Era un lugar serio y elegante; dentro no te encontrarías borrachos ni gente armando lío. Se había convertido en un lugar seguro por la protección que brindaban, la cual era de primera calidad. Abigail estaba harta de tener que ir con cuidado por culpa de los fugitivos, por lo que aquel sitio le había venido muy bien. Lo llevaban personas de confianza y sólo entraban personas de lealtad inquebrantable, por lo que... era un lugar en dónde relajarse un rato y poder tener una charla tranquila.

Ese día en concreto no había ido por negocios, sino que había citado allí a Samael Cavalcanti para hablar sobre sus intereses en la fila de los Mortífagos. La Ministra se había fijado en él por tres motivos: el primero es que hacía tiempo que estaba buscando a alguien decente con quién poder trabajar, pues llevaba años rechazado los ahijados que le asignaban por no estar conforme con ellos. El segundo motivo es que, por lo que le habían dicho, había tenido un buen desempeño en el ataque al Ministerio el pasado junio, ya que estaba como becario y tuvo que posicionarse como defensor, saliendo airoso y llevándose con él varias victorias. El tercer motivo había sido Nathaniel Kerr, su tío segundo. Abigail tenía una buena relación con el mayor de los Kerr y había sido bastante insistente en el hecho de que le diese una oportunidad a Samael, además de contar maravillas de él. La pelirroja sabía que debía de haber un porcentaje de error en esas alabanzas, pero como Nathaniel estaba llegando a ser bastante invasivo, decidió dejarlo correr. Al salir de aquella reunión Mortífaga, Abigail le dijo que le pusiera en contacto con él para darle esa oportunidad. No lo iba a negar: si era pariente de Nathaniel, aparentemente competente y encima un hombre—Abigail toleraba a muy pocas mujeres—tenía bastante papeletas para ser el mejor candidato hasta la fecha.

Había quedado a las siete y media allí con él. Le había mandado una lechuza a la universidad, a nombre de Abigail McDowell, en dónde no se explicaba demasiado el motivo de la quedada, aunque sí la hora y el lugar Él, quizás, podía intuirlo, o quizás podía pensar sencillamente que tenía que ver con algún trámite administrativo en relación con su trabajo en prácticas en el Ministerio. Sin embargo, esperaba fervientemente que Nathaniel le hubiese dicho algo al respecto. Sería muy molesto tener que explicarle todo.

Ella entró en el sitio a las siete y media tras enseñar su varita, esa que llevaba con ella desde los once años. Saludó con tranquilidad a los dueños tras la barra, un mortífago corpulento de nombre Chace, así como a su mujer, una mortífaga de la envergadura de Abigail, de nombre Mercy. Podría decirse que eran una pareja que tenía muy buena relación con la Ministra de Magia, además de que Abigail además de ser una cliente habitual, también había ayudado mucho en la creación de ese local. Habían abierto varios últimamente, pero ese era el favorito de Abigail, el cual usaba para negocios seguros.

Caminó hacia la zona del fondo, donde había un sillón curvo en compañía de una mesa, se sentó y apenas tardó un minuto en llegar Mercy con un vaso de whisky, doble y seco; como le gustaba a Abigail. Siempre se pedía lo mismo.

¿A quién esperas hoy? —preguntó la mujer.

Samael Cavalcanti —respondió la pelirroja, quitándose la chaqueta del traje que llevaba. Era de color vino, con unos pantalones ajustados, una camisa de botones de color negra y unos tacones bien altos también de color negro.

¿Y ese quién es?

Estoy aquí para averiguarlo —añadió, encogiéndose de hombros mientras cogía ese vaso y bebía un trago.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Samael Cavalcanti el Dom Jul 08, 2018 10:51 pm

'Tienes que estarme tomando el pelo' fueron sus palabras exactas frente a lo que justamente le había dicho su tío segundo, Nathaniel. Parecía que los últimos días, había sido bastante insistente sobre algo, y era un hecho que deseaba con locura que su sobrino, Samael, tuviese algo más de contacto con la ministra de magia, ¿pero platicarle tanto sobre él? Su tío podía volverse molesto de vez en cuando, pero el hombre era excelente. El brasileño creyó que todo aquello se convertiría en un problema, a fin de cuentas, habían muy pocas probabilidades de que Abigail, siendo la reconocida ministra de magia y teniendo una vida probablemente tan ocupada, siquiera se molestara en sacar algo de tiempo para conocer mejor al mago, por ello su sorpresa fue grande al recibir una carta por parte de ella, citándolo en un pub mágico, sin darle ningún motivo aparente.

No conocía de nada a la ministra, sin embargo, había tenido que toparse con ella unas cuantas veces durante sus ratos como becario en el ministerio desde hace ya algunos meses, incluso, había formado parte de la defensa del lugar en medio de un intento de rebeldía por parte de un descerebrado grupo de fugitivos hace ya casi un mes, lo cual lo había dejado bastante bien parado en sus labores en el ministerio de magia, considerando que había sido de bastante ayuda en medio de aquel incidente, había contribuido a la defensa de ciertos puntos estratégicos, había asegurado a unos cuantos y también se había batido en duelo, haciéndose con unas cuantas victorias en el camino.

Generalmente solía escoger su vestuario muy fácilmente, pero en esta ocasión, no tenía ni la más remota idea de qué podría quedar bien para la ocasión, por lo que se decidió por un vestuario neutral, que sabía podía quedar bien para varias ocasiones, y prefirió no ser demasiado formal. Llegó al lugar justo a la hora acordada, porque solía ser bastante puntual, y también porque un encuentro con la ministra no era cualquier cosa, de hecho, podía ponerlo un tanto nervioso, aunque no se atreviera a demostrarlo. Enseñó su varita de madera de endrino  en las afueras del establecimiento para poder entrar, nunca había estado en aquel lugar antes, pero la mayoría de clubes mágicos exclusivos utilizaban aquel sistema, en especial para evitar la presencia de muggles y otros magos indeseados.

Se abrió paso por el lugar, analizándolo cuidadosamente. Podía contar con los dedos de las manos la cantidad de veces que había estado en un lugar similar, mayormente porque no disfrutaba de las salidas nocturnas a beber, de vez en cuando disfrutaba de algo de alcohol en restaurantes mágicos, en su propia casa o en citas más privadas, pero salir a un pub no era precisamente su estilo. Reconoció a Abigail con rapidez, ya la había visto unas cuantas veces, se encontraba sentada en un sillón curvo, con un vaso de algo que podría apostar era whisky.

Su expresión era más bien frívola mientras que se aproximaba hacia ella, y una vez estando junto a la mujer, juntó ambas manos frente a él, y luego extendió una en dirección a la mujer — Buenas noches, ministra — Por más que pudiese parecer que su formalidad se debía al cargo de la mujer, la verdad es que solía ser así la mayor parte del tiempo, siempre tan educado y formal, o por lo menos, cuando le convenía — Samael Cavalcanti — Articuló, por más que fuese obvio, considerando que lo había citado en el lugar, por lo que ya debía haberse hecho una idea, además de sus tiempos como becario, en los cuales se habían cruzado escasas veces, pero lo habían hecho.

Tomó asiento del otro lado del sillón luego de unos cuantos segundos, observando cuidadosamente a la mujer frente a él. Comúnmente, la habría ojeado de forma descarada, porque era lo que solía hacer cada que platicaba con alguien, pero debía ser cuidadoso, le interesaba lo que la mujer tenía para decirle, y esperaba por lo menos alguna propuesta de su parte — ¿Qué la ha hecho invitarme en una noche tan linda? Aparte de mi insistente tío, claro — Vociferó en tono divertido, mientras que esbozaba una agradable sonrisa, mostrándose carismático, como solía ser la mayor parte del tiempo, o al menos cuando estaba de buen humor, y en aquellos momentos, su humor era de los mejores en mucho tiempo, veía nuevas oportunidades, y eso siempre lo alegraba.
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Abigail T. McDowell el Vie Jul 13, 2018 3:25 am

Comenzó a sacar uno de los documentos que tenía encima para empezar a leerlo, asumiendo que quizás Cavalcanti no era tan puntual como le hubiese gustado a la pelirroja. Sin embargo, fue gratificante verlo entrar por la puerta del local unos dos minutos después de Abigail. De verdad que no había nada que le complaciese más que la puntualidad y la profesionalidad, en serio, eran dos cosas que valoraba demasiado. Odiaba que la gente le hiciese perder el tiempo.

En lo que Samael llegaba a donde estaba Abigail, ésta lo observó detenidamente de arriba abajo. Cierto es que se lo había cruzado en algún momento en el Ministerio de Magia, pero seamos sinceros: apenas se había fijado en él más que en como desempeñaba su trabajo, básicamente porque la pelirroja no confiaba demasiado en el desempeño de un universitario en prácticas.

Abigail McDowell. —Se presentó. ¿Innecesario? Quizás, ¿quién no se sabía su nombre ya, dadas las circunstancias en las que se vivía? Sin embargo, como he nombrado hace un momento, la profesionalidad es algo que la caracterizaba mucho y era muy descortés no presentarse cuando conoces a una persona por primera vez. Escuchó su pregunta mientras se sentaba frente a ella, haciéndola hacer un mohin. —La verdad es que Nathaniel puede llegar a ser un hombre muy persuasivo —confirmó las sospechas del chico, para finalmente ir directa al grano. —Te he citado porque quería conocerte en persona, ya que me ha dicho tu tío que estás intentando ingresar en las filas de los Mortífagos y también me contó el desempeño que tuviste en el ataque al Ministerio, hace un mes. —Hizo una pausa. —Voy a ir directa al grano y si no estás interesado en lo que te digo, te podrás ir por la puerta por la que acabas de entrar. Pero si lo estás, tenemos mucho de lo que hablar.

Apareció Mercy, dirigiéndose directamente a Samael para tomarle nota por si quería algo de tomar. Apenas estuvo lo justo y necesario para escucharlo e irse de nuevo hacia la barra.

No suelo acoger a novatos porque como comprenderás no me sobra el tiempo, sin embargo... hace tiempo que tengo un plan en mente. Supongo que sabes que soy un foco importante por parte de los fugitivos, por lo que trabajar conmigo no será fácil, ni tampoco estarás a salvo. Eso no te lo voy a garantizar porque ni siquiera puedo garantizar mi propio bienestar.  Así que si quieres que te enseñe mis habilidades, te convierta en un miembro útil en la fila de los Mortífagos y te muestre lo que hay que tener para estar en dónde estoy yo e interesarle a alguien como lo es Lord Voldemort... —Lo dejó en el aire, poniendo una de sus manos sobre la mesa, golpeando con suavidad con las yemas de sus dedos. —Sólo te voy a pedir dos cosas: lealtad incuestionable y dedicación absoluta. Yo te instruiré y tu utilizarás todo lo que te enseñe para protegerme. No quiero ser yo quién tenga que proteger a un pusilánime teniendo en cuenta ya los problemas que tengo encima, ni tampoco quiero perder mi tiempo instruyendo a alguien que no me dará nada a cambio. —Habló con absoluta sinceridad. Abigail no era de esas que dedicaban su valioso tiempo al crecimiento del resto. Si la pelirroja mostraba interés en ti probablemente es porque también encontraba algo de vuelta y teniendo en cuenta cómo estaban las cosas actualmente, lo que mejor veía era tener cerca de ella a alguien instruido por ella misma. Como decían: si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo. —¿Qué dices, Cavalcanti? ¿Quieres meterte de lleno en la boca del lobo?
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Samael Cavalcanti el Vie Jul 27, 2018 7:20 am

Samael siempre se había considerado un hombre bastante puntual, y también maduro, sabía lo importante que era la citación que le habían hecho, y por ello mismo, se había encargado de manera espacial de prepararse de la manera adecuada, su apariencia era bastante idónea para su gusto, lucía pulcro y adecuado para la ocasión, había sido bastante puntual, y sería prudente con las palabras, porque no cualquiera recibe una invitación por parte de la ministra de magia a un pub para platicar, él, mejor que nadie, sabía que debía medirse, en especial si su objetivo era ir subiendo escalones hasta hacerse con más reconocimiento, y debía admitirlo, el simplemente tener contacto con Abigail ya podría considerarse la entrada al ascensor.

La presentación no era necesaria, pero sí que era bastante grata, como toda una ministra, debía ser bastante educada, o por lo menos era la imagen que siempre había tenido de ella — Si que lo es, y puede que sea de familia — No había sido becario en el ministerio sin ninguna razón aparente, todos sabían que Samael no se preocupaba en hacer nada que no le fuese a traer alguna clase de beneficios, y aquello no había sido precisamente por experiencia o por llenar el currículo, no, había sido por intentar crear un vínculo. De por sí, ya se había ganado el reconocimiento de varias personas en el ministerio durante el ataque, lo cual lo había puesto en alta estima para los recientes contactos que había creado durante sus días como becario, sin embargo, el encuentro con Abigail era probablemente lo que menos había esperado, pero lo que más había ansiado, porque ciertamente, era el mejor contacto que podía tener.

Mantuvo la boca cerrada de allí en adelante, a la mayoría de las personas no solían gustarle las intervenciones en medio de la plática, por lo que prefería aguardar a que dijese todo lo que tenía por decir, para luego hablar. Sólo asentía con la cabeza mientras que observaba fijamente su rostro, aunque luchaba por mantener una expresión frívola, tenía un cierto brillo en los ojos que prácticamente gritaba 'Sí' a todo lo que ella le comentaba.

Buenas noches — Sonrió gentilmente cuando una mujer se acercó a tomarle el pedido, y no debió pensar más de un par de segundos para dar respuesta — Un Old Fashioned, por favor — Sonrió nuevamente luego de hacer su pedido, mientras que la mujer se retiraba a paso lento. No bebía alcohol con demasiada frecuencia, pero tenía muy bien seleccionadas sus bebidas favoritas desde siempre.

Abigail era directa, no dejaba nada al azar, y eso le gustaba a Samael. Podía sentir que tenía menos filtros para hablar, y aquello era importante, porque él mismo sin poder decir lo primero que se le atravesaba, no era para nada la misma persona. Parecía estar buscando algo bastante específico, de hecho, lucía como si ya tuviese todo planeado, y los ideales del joven se acoplaban perfectamente a sus planes — La boca del lobo fue la razón por la cual serví de becario — La mujer que hace algunos momentos se había acercado para tomar el pedido, había llegado ahora con un vaso hondo lleno de un líquido anaranjado, y lo puso justo frente al universitario, a lo cual él respondió con una sonrisa — Muchísimas gracias — Asintió brevemente con la cabeza, antes de dar un pequeño sorbo al contenido del vaso, y ponerlo nuevamente sobre la mesa, para continuar con la plática — Dedicación absoluta y lealtad incuestionable es lo que le puedo ofrecer, a cualquier horario que lo requiera puede contar con mis servicios, ambos nos veremos bien recompensados, puedo verlo — Claro, él se veía bastante beneficiado de ser una especia de 'guardaespaldas' de la ministra, además, iba a ser su discípulo, y las enseñanzas que podía brindar una maga de su calibre no tenían precio.

El pub parecía bastante tranquilo, aunque no se había dedicado a observarlo demasiadas veces por no desviar la mirada de la mujer, había mantenido un ambiente de paz absoluta durante la conversación, y eso le gustaba — Con el ataque del ministerio pudo haberse dado cuenta que soy ideal para protegerla, y claramente, la lealtad no es algo que deba preocuparle, no es como si me resultara siquiera un poco atractivo pertenecer a un mundo que nos mezcle con los impuros de sangre, no, mis preferencias están con Lord Voldemort, y siempre los han estado, al igual que las de mi familia — Levantó el vaso nuevamente para darle un sorbo pequeño, solía beber extremadamente rápido, mayormente porque no se sentía a gusto viendo la bebida llena frente a él — Ningún bando ofrece protección absoluta, pero el nuestro me ofrece vocación, y eso es algo que no puedo rechazar, si debo arriesgar mi vida protegiendo lo que considero correcto, que así sea — En el ataque al ministerio ya lo había dejado bastante claro, y es que, con tal de ver caer a los fugitivos y sangre sucias, él podía vivir completamente feliz, sin importar cuántas veces tuviese que enfrentarse en duelos a muerte, nada se le hacía más grato.

Mejoro mis habilidades, me abro paso por el camino de los mortífagos y me convierto en discípulo de la ministra de magia, claramente los beneficios son excepcionales, lo acepto con todo el gusto — Sonrió con gentileza al decir aquello, aunque su expresión no había cambiado demasiado hasta el momento, sentía alegría, porque finalmente comenzaba a ver frutos, y sabía que lo que tenía frente a él era una oportunidad que no podía desaprovechar — Puede tener la seguridad de que no le fallaré, y tampoco le fallaré a la palabra de mi tío, debe haberse expresado muy bien de mí para conseguir que esté sentado aquí justo ahora — Nathaniel también tendría su recompensa cuando todo esto terminase, y sí, habían ventajas claras de formar parte de la familia Kerr.
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Abigail T. McDowell el Vie Ago 03, 2018 4:33 am

A primera instancia Samael correspondía con lo que la pelirroja esperaba: respetuoso y de ideas claras. No había nada que sacase más de quicio a Abigail que una persona indecisa. A simple vista lo que veía le gustaba y lo que escuchaba era sin duda complaciente, no obstante, no iba a dejarse convencer por simple palabrerío adolescente. Ella también tuvo esa edad, también peleó por tener un maestro digno y también se creó expectativas que no fue capaz de cumplir. No hubo fallo, sin embargo. Una persona que no cae, jamás será tan fuerte como pudiera llegar a serlo.

Al igual que el chico había permanecido callado ante la oferta de ella, Abigail se mostró callada, de brazos cruzados, observándole con detenimiento.

En realidad en el ataque al Ministerio no te vi en ningún momento. Me estoy dejando llevar por lo que dicen. Pero con la cantidad de muertes que hubieron, quiero pensar que te desenvolviste con determinación. Pero no voy a dar nada por sentado: me lo vas a tener que demostrar. —Y bebió un poco del contenido de su vaso, continuando con la escucha.

Actualmente, ningún bando era en absoluto vencedor. Nadie podría considerarse en la cúspide de nada cuando había un grupo tan grande en contraposición, buscando la manera de romper las patas que sostienen este nuevo gobierno.

El chico parecía tener bien claro lo que quería, aunque a Abigail le daba la sensación de que, como todos, estaba diciendo lo que se precisaba oír.

Sin duda alguna, si estás aquí es por él. —Afirmó. Cierto era que la Ministra de Magia llevaba unos meses buscando a alguien que realmente le interesase de todos los aspirantes, ya que el último que había tenido sólo fue una tremenda decepción, pero si no hubiese sido por Nathaniel posiblemente no se hubiese terminado por decantar por Cavalcanti. —Debes saber que al trabajar conmigo no vas a tener cabida a segundas oportunidades. No estoy para perder el tiempo con gente que o bien no se lo toma en serio o bien no tiene el nivel que requiero. Puedes fallar en los entrenamientos, pero a la hora de la verdad tienes que tener nervios de acero e iniciativa. —Hizo una pausa, sonando esta vez un poco más seria. No quería dar la impresión de estar haciéndole un favor, ya le había dejado claro que aquello iba a ser un quid pro quo. —Tampoco sería propicio que la gente supiese que trabajas conmigo. Tanto por tu seguridad, como por el hecho de que dejaríamos de tener el factor sorpresa. Llegado un punto será evidente, pero mientras tanto mejor que no sea información fácil de conseguir.

Con las yemas de una de sus manos acariciaba el reborde del vaso, sin tomarlo todavía entre sus dedos.

Lo cierto es que te he citado para ver si me convencías, pero no vine con ningún tipo de contrato bajo el brazo. —Exageró, ya que si había dicho lo que había dicho, era sencillamente la idea con la que había ido, la cual había tenido hace tiempo. —Dime, Samael, si te digo que no me convences, ¿qué harías para convencerme de lo contrario? —le retó, con una sonrisa ladeada. —Puedes alardear de tus virtudes, pero prefiero saber en qué has fallado.

Todo el mundo se vendía con lo que se le daba bien, pero a Abigail ahora mismo le interesaba más saber sus puntos débiles, para ver si eran importantes o decisivos, que saber si sabía hacer las maldiciones imperdonables con tan solo veinte años. Una persona se medía por las caídas que había tenido y lo que había hecho para levantarse, no por todo lo que había conseguido. Mucho menos cuando eres un niño de papá, de una familia que te lo da todo. Abigail no tenía ni idea de la familia Cavalcanti, pero siendo cercano a los Kerr, podía hacerse una idea.
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Samael Cavalcanti el Dom Ago 19, 2018 11:15 pm

Abigail era, totalmente, una mujer intimidante. Cualquiera que no tuviese los pantalones bien puestos, o que no fuese capaz de lidiar con todo lo que venía con ella, probablemente estaría temblando del miedo, temiendo a enunciar alguna palabra inadecuada, que ocasionase que la mujer acabase volándolo en pedazos. Pero Samael no, porque estaba habituado a esa clase de personas, sabía cómo hablarles, además, sabía que tenía muchas cosas a su favor, estaba confiado, sabía que iba a conseguir lo que quería, no había dejado absolutamente nada al azar. Algo le había hablado Nathaniel sobre como lidiar con la mujer, no demasiado, pero al menos le había brindado la información básica, así que estaba preparado.

A su momento va a poder comprobar todo lo que ha escuchado de mí, lo puede tener por seguro — Admitió suavemente, con una pequeña sonrisa en su rostro. Le gustaba bastante alardear, pero no lo haría frente a la ministra, por más que su trabajo en el ataque al ministerio hubiese sido bastante bueno, por no decir que perfecto, porque había habido una que otra baja, pero no pudo evitarlo, no podía estar en todas partes a la vez.

Cada vez, parecían ser más los que se revelaban al régimen, muchos obteniendo malos resultados, acabando muertos o encarcelados, mientras que otros permanecían fugitivos, a la espera de una oportunidad. Ahora, los mortífagos, además de tener que lidiar con ponerle control a todas las nuevas mecánicas que intentaban imponer, también debían hacerse cargo de los miles de magos fugitivos que aún rondaban por todas partes, incrementándose en número y elaborando planes. Claro está que, por más que intentaran, no iban a conseguir nada. Podían hacer lo que quisieran, pero el lado del Señor Tenebroso saldría victorioso, eran mejores, eran más fuertes y tenían mayores recursos.

Sabía muy bien que Abigail se iba a interesar, él tenía ideas claras, estaba seguro de si mismo, se expresaba bien, y encima, tenía muy buenas referencias. No había tenido demasiados obstáculos en su vida, pero los que se habían presentado, los había superado sin mayores dificultades, y los venideros no serían para nada la excepción.

Si estaba allí, con ella, era porque se lo había pensado del todo. Sabía que una vez allí, no había vuelta atrás, debía trabajar con ella, y debía dar lo mejor de sí mismo para sorprenderla. Ser un discípulo de primera, sin cabida para los errores, porque era una mujer con influencia y poder suficiente como para hacerlo desaparecer en cuestión de segundos, y no podía permitírselo. Debía ser excesivamente cuidadoso y leal, eso lo tenía bien claro. Una traición a la ministra se resumía a muerte segura, y si lograba salir con vida, probablemente sería exiliado, lo cual no le convenía. Todo indicaba que no había vuelta atrás, estaba entrando a la boca del lobo, y la verdad es que, había sido la oportunidad por la que trabajó casi toda su vida.

Tendría que ser su discípulo en secreto, exactamente lo que se había imaginado. No le convenía a él que se viese ligado a Abigail, podía resultar blanco de peligro, y tampoco le convenía a la mujer, porque podrían intentar aprovecharse de Samael, sin duda, había pensado todo bastante bien. No tenía problema alguno en mantenerlo en secreto, en realidad, le era más conveniente a él mismo.

¿Hablar sobre sus puntos débiles? Eso lo había cogido desprevenido. No por nada, Samael era increíblemente egocéntrico, ¿puntos débiles? No creía tenerlos — ¿Las cosas en las que he fallado? — Se lo pensó por unos cuantos segundos antes de hablar, la verdad es que no tenía ni idea de lo que debía decir — Supongo que tengo algunas desventajas. Soy muy joven, aún debo aprender un montón de hechizos. No tengo demasiada experiencia en combate real, de vida o muerte, probablemente solo lo que viví en el ministerio — Siempre había tenido una vida tranquila, no ajena a los problemas de la vida real, pero tranquila, igualmente. Se desenvolvía bien, sin nervios, y sin temor a nada, a pesar de no estar acostumbrado a los combates de verdad. Había sido presidente del club de duelo en Castelobruxo, por ello su excelente desempeño en los duelos, sin embargo, no tenía experiencia de verdad, y eso era algo que debía adquirir por medio de Abigail — Algo conocerás de los Kerr, siempre he tenido todas las comodidades, podría haber entrado por medio de ellos a las filas de los mortífagos, pero no lo hice. Prefiero la experiencia de verdad, aprender sin ellos, busco ingresar a las filas, hacerme un mejor hechicero, todo por fuera de los brazos de mi familia, lo que quiero es mérito por mí, y no por mi apellido — Había sido lo más sincero posible, quería salir de su familia, no porque no tuviese todo lo necesario, sino porque estaba harto de verse como el niño que conseguía todo por una influyente familia.

La discreción de mi parte no debería preocuparte, es lo más conveniente. Acepto todo — Tomó la copa nuevamente entre su mano y la aproximó a sus labios, bebiendo un largo sorbo, y saboreando la bebida con cuidado — Claramente no estoy cerca de la perfección, debo aprender un montón de cosas, pero puedo ser muy útil, también
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Abigail T. McDowell el Miér Ago 29, 2018 4:27 am

Hablar era muy fácil.

¿Cuántos años tenía? ¿Veinte? ¿Y decía que solo tenía algunas desventajas? Abigail lo miraba con desilusión, esperando a que despertase esa valentía interior en busca de realmente compartir sus defectos. Sin embargo, sólo habló de la inexperiencia: era lógico que no supiese muchos hechizos, era muy joven. Era lógico que no fuese un buen duelista, ¿si no para qué necesitaría un maestro? Era lógico que no supiese defenderse de manera efectiva sin varita en mano: era un mago, no un boxeador experto, se había pasado siete años encerrado en un colegio de magia. Eso ya Abigail lo sabía. Ella también había tenido veinte años y había sido una completa novata inexperta que no paró de caer una y otra vez.

No me refiero a eso. Es evidente que no sabes duelarte, eres un novato en las Artes Oscuras y tu nivel de defensa física será muy limitado debido a que recientemente acabas de salir del colegio —respondió con evidencia. —Me refiero a que me cuentes tus carencias y tus defectos. Yo con tu edad tenía muchos: me creía más inteligente que mi maestro, mi impulsividad me hacía improvisar en misiones en donde las directrices estaban claras, me creía más de lo que soy y caí muchas veces frente a un enemigo, siendo mi maestro quien me salvaba el culo, demostrándome mis errores. —Su voz era clara y no tenía problemas en decir en todo lo que había fallado de joven, a fin de cuentas le había valido para ser quién era ahora mismo. Y estaba muy orgullosa de la mujer poderosa en la que se había convertido. —Quiero saber cuáles son tus defectos y qué cosas te han hecho fallar, ya que si voy a ser tu maestra no quiero que me repitas lo que vas a hacer bien, sino lo que es probable que salga mal.

Y no, no se creía que nadie fuese tan perfecto como para poder mantener a raya todas sus imperfecciones. No era ni ella capaz, que poseía un narcisismo y un ego inalcanzables domados por la experiencia, lo iba a hacer él, que estaba recién sumergiéndose en un mundo de ambiciones.

Lo siguiente que dijo hizo suspirar a Abigail, remojándose los labios mientras bajaba ligeramente la mirada a su vaso, el cual no probó.

Algo conozco a los Kerr —respondió un tanto tajante, alzando la mirada. —Y por eso sé que, al igual que cualquier familia purista de Inglaterra y del mundo, no crean prodigios capaces de sorprender a Lord Voldemort. Al Señor Tenebroso tienes que irle con hechos si quieres que te obsequie con la marca tenebrosa. No vale ir, tenderle el brazo y decir que tienes parientes en la familia Kerr, pues ni siquiera es tu apellido. Eso a nuestro señor le da exactamente igual. O eres útil, o eres inútil, te apellides como te apellides. Y si vas tal cual frente a Lord Voldemort, te puedo asegurar que serás afortunado si sales de allí con una pieza por tu broma de tan mal gusto.

Claro que no estaba cerca de la perfección; estaba a años luz, como todas las personas de este planeta. Era imposible ser perfecto en un mundo de tantas variables, mucho menos cuando intentas meterte en un mundo del que no tienes ni idea.

Un poco decepcionada, se levantó de allí sin previo aviso. Cualquiera diría que se iba a ir de allí, sin darle una oportunidad real a Samael, pero no hizo eso. Por el contrario, miró a Mercy, que se encontraba detrás de la barra. Ésta la observó con curiosidad, pues Abigail la estaba mirando, mientras salía con un paño al exterior y se encaminaba hacia ellos.

¿Pasa algo...? —Miró con desconfianza a Samael.

¿Te apetece jugar a un juego, Mercy? Quiero ver de lo que es capaz Cavalcanti.

Por supuesto.

Abigail era muy consciente de que a Mercy le daba igual apalizar a un hombre, a una mujer o a un chico al que le sacaba quince años. Eran de esas personas que adoraba enfundar la varita y demostrar su valía. ¿Su problema? Era terriblemente impulsiva, no tenía estrategia ninguna en sus ataques ni en sus defensas. Sin embargo, la pelirroja sabía a la perfección el nivel que tenía y con un poco de perspicacia Samael podía demostrar que había algo más que paja inútil en su cabeza. Abigail esbozó una perversa sonrisa, mirando el reloj de su muñeca izquierda.

Voy a empezar a caminar en dirección a la puerta y saldré del recinto. A, más o menos, ocho minutos de aquí hay un centro comercial que tiene una boutique con una trastienda mágica. Si llego allí y consigo desaparecerme antes de que consigas llegar hasta a mí, quizás deberías ir a pedirle a Voldemort que te de la marca tenebrosa por ser un pariente de los Kerr —le dijo, con una mirada tranquila pero desafiante sobre los ojos del chico. Sí, se estaba burlando de su absurda idea. —Saca la varita —le ordenó, antes de comenzar a caminar, posando levemente su mano sobre el hombro de Mercy. Ella sabía muy bien lo que tenía que hacer: evitar que Samael llegase a Abigail. Pan comido.

Vamos a jugar a un juego Twisted Evil

Vamos a hacerlo en secuencia de dos post la resolución del pequeño reto. Obviamente al final llegarás a dar con Abigail—si no nuestra trama sería muy corta xD—, pero como quiere ponerte a prueba porque no le ha gustado lo que has dicho, vamos a contabilizar lo mucho que le cuesta a Samael llegar hasta ella o no, teniendo en cuenta su inexperiencia.

Después de tu siguiente post (en donde puedes narrar como peleas con Mercy, intentas quitártela de encima, etc...) tirarás un dado.

  • Del 1 al 5 querrá decir que Mercy te lo pondrá muy difícil y llegarás muy justo a Abigail, cansado y como consideres. La pelirroja pensará que no llegas.

  • Del 6 al 10 consigues llegar pero con muchísimas dificultades, pero con un margen pequeñito en donde Abigail ya está perdiendo las esperanzas.

  • Del 11 al 15 consigues llegar hasta Abi antes de que llegue a la boutique, pero Mercy te pisa los talones y ha sido todo un golpe de suerte.

  • Del 16 al 20 consigues llegar por méritos propios hasta Abigail, pues has conseguido engañar a tu enemiga y ganarle en cuanto a estrategia.

Sea lo que sea lo que ocurra en tu primer post (en donde no tendrás en cuenta el dado), yo haré mi post desde la perspectiva de Abigail y Mercy y, en tu siguiente post, resuelves dependiendo de lo que haya tocado. Yo intentaré postear también acorde a lo que saques, poniéndotelo más fácil o más difícil.

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