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Dancing with our hands tied. —Jacob. FB.

Sam J. Lehmann el Lun Jul 09, 2018 1:15 am


FLASHBACK: Hace ocho años, discoteca Ministry of Sound || 01:23 horas || Atuendo

Llevamos todo el rato aquí… Oh, vamos, baila conmigo… —Le tendió la mano a su novia, que yacía sentada en uno de los taburetes de la barra.

Ya sabes que no me gusta bailar… —Puso como excusa, fingiendo una sonrisa. —Vete a bailar tú, te espero aquí.

Pero yo quiero bailar contigo… —Puso un mohín entristecido, implorando por cariño, sujetando su mano.

Rhianne insistió: no quería bailar, por lo que le soltó la mano a Sam.

Sam, no quiero. —Y miró a ambos lados. —Vete tú, no pasa nada, yo te espero aquí.

No era la primera vez, ni tampoco sería la última, en la que Rhianne le apartaba de esa manera estando en público. Sam sabía lo que significaba, pero también tenía la esperanza de que poco a poco se fuese abriendo un poco más con ella frente a las personas. A nadie le gustaba que le tratasen así, ni en público ni en privado. Al ver que no estaba por la labor de colaborar, Sam retrocedió para ir a bailar junto al resto de personas una canción que recién comenzó muy movida, de ritmo latino.

Si había ido con su pareja de fiesta había sido porque ese jueves se habían quedado en casa más tontitas de lo normal, tomándose más copas del vino de las permitidas por sus menudos cuerpos. Sam había conseguido convencerla de salir a una discoteca muggle bastante conocida, segura de que no se encontrarían a nadie de su círculo cercano allí, además de que era un jueves. ¡Juernes, como decían los de Erasmus! Y ahí estaban… Y Sam se arrepentía mucho. Cada vez que salía de las cuatro paredes de la habitación en la que se quedaba Rhianne, cambiaba por completo, obsesionada con salvaguardar su maldita sexualidad, ¿de verdad merecía la pena? Sam estaba demasiado borracha como para darle créditos a su paranoia, por lo que rindió al ritmo de la música, intentando no comenzar, de nuevo, con ESA discusión. Cualquiera que conociera un poco a Sam sabía una cosa: adoraba el chocolate casi tanto como bailar y ver películas románticas con las que llorar. Así que bailó y siguió bailando, hasta que se hizo amiga de un chico y una chica que comenzaron a bailar con ella. No supo cuánto estuvo bailando, pero juraría que poquito. Sin embargo, de repente apareció su pareja junto a ella, lo cual la ilusionó: ¿vendría a bailar a su lado? Sam le ofreció una de sus manos, con los ojos brillosos.

Me voy —le dijo, con todo meramente informativo.

¿Cómo que te vas? —Y le rompió absolutamente toda la motivación, por lo que dejó de bailar. Los dos chicos que bailaban con ella vieron drama en los ojos de aquella pareja, por lo que huyeron. —No te vayas…

Pero Rhianne comenzó a esquivar personas en dirección a la puerta. Sam soltó aire, intentando calmarse. ¡Cálmate!

¡Rhi, espera! —Y la persiguió, hasta alejarse lo suficiente del tumulto de gente saltando, para sujetarle por la cintura. —¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Nos volvemos, no pasa nada, ¿pero qué…?

No, me vuelvo yo sola. Quédate tú bailando con tus amigos.

¿Celos detected, en serio? Sam la miró incrédula. ¡Pero si ni los había tocado, madre mía!

Tiene que ser una broma, ¿estás celosa? —preguntó, alzando una ceja. —Me tienes una hora en la barra sin que me dejes siquiera tocarte la maldita rodilla o besarte la mejilla y… ¿te pones celosa porque bailo con otras personas porque tú no quieres bailar conmigo? —añadió con retórica, sin creerse ese comportamiento. —¡Yo sólo quiero bailar contigo, Rhi, pero tú conmigo no!

No deberíamos de haber venido…

No, está claro que no se te puede sacar de casa sin que te vuelvas insoportable. —Y, nada más decirlo, se arrepintió. ¡Pero bueno, Sam! Se había enfadado, pero igualmente el orgullo de borracho no le hizo disculparse. Sam se fue a dar la vuelta, pero Rhianne le sujetó una de sus manos para evitarlo. Se miraron durante unos segundos, pero ella no dijo nada. —¿Qué? —Le valía un “vayámonos juntas” o un “lo siento” o un “te quiero” o incluso un estúpido “bailemos la macarena”. Cualquier cosa, pero como siempre, no dijo nada. —Ya… —Rhianne soltó a Sam y la rubia caminó hacia la barra, mientras que su pareja salía de la discoteca.

Llevaban ya cinco meses juntas como para andarse todavía con esas tonterías. Sam podía permitir muchas cosas que no quería, siempre y cuando ella le prometiese de verdad que iba a hacer cosas por cambiar. Si no… ¿a donde iba esa relación?


Diez minutos después


Sam se encontraba con la frente apoyada en su antebrazo, el cual estaba apoyado a la barra, dándose golpecitos en su propia piel. Había conseguido un taburete libre, por lo que no dudó en sentarse y pedir uno de esos packs de chupitos tan gays que siempre había tenido ganas de probar. No lo pidió alegremente, sino sumida en el drama de su vida. ¡Su maldita novia super homosexual que seguía empeñada en engañar al mundo con su heterosexualidad sólo por miedo a la repercusión familiar! ¡Odiaba a las familias retrógradas y homófobas!

Definición gráfica de chupitos gays:

También conocidos como chupitos arco iris.

¿Estás bien, muchacha? —preguntó el camarero que le estaba poniendo los seis chupitos de arco iris. Sam se limitó a apoyar esta vez la barbilla sobre su antebrazo, negando con la cabeza. —No se te ve bien, ¿dramas amorosos o tienes ganas de potar?

Mi novia odia ser lesbiana.

Pufff... menuda putada.

¿Y sabes qué es lo peor?

Me lo puedo imaginar, pero tengo que seguir sirviendo copas.

¡No, espera! ¡Déjame contarte que…!

¡Arrggg, y se fue! Volvió a apoyar la frente en su antebrazo, triste. ¡Necesitaba desahogarse! Buscó en el bolsillo de su chaqueta el móvil para llamar a su amiga y contárselo, pero no tenía el móvil encima. De hecho, lo visualizó perfectamente en la mesa de noche de Rhianne. ¿¡Para qué narices iba a llevarse el móvil si se suponía que iba a salir y volver con la misma persona sin que nada malo pasase!? ¡Argggg! Miró entonces el chupito, el cual era de color rojo.

Rojo pasión. Si el rojo es pasión y el rosita cariños, está claro que esta mierda de relación es solo ROJO. —Murmuró antes de coger el chupito, para tomárselo rápidamente. Entonces vio el de color azul. —No, el azul es esta relación. FRÍA COMO EL TÉMPANO: estancada como un río de hielo.

Y entonces se dio cuenta de que alguien había cogido el chupito rosa sin su permiso. ¡No, los cariñitos!

¡No, espera! ¡Es mío! —dijo, siguiendo el recorrido del chupito a cámara lenta hasta ver como un brazo masculino y bien formado se lo tomaba. —¡Pero bueno, qué haces! —Se quejó, con voz de borracha.

Eso es demasiado para tu cuerpecito, chica —dijo en alemán el extranjero.

Sin darse cuenta, Sam comenzó a hablar también en alemán.

¡Eso lo decido yo, idiota! ¡Me lo has robado!

El chico, divertido, intentó robarle otro chupito a Samantha, pero la chica le dio un manotazo en su mano. Bueno, varios. El tipo se lo estaba tomando como algo divertido, quizás como esa técnica infantil de molestar a la chica que te gusta, pero créeme: ahora mismo Sam no estaba como para esas tonterías.
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Jacob A. Fraser el Miér Jul 11, 2018 9:24 am

20 de Octubre, 2010  ||Discoteca|| 1:35 hrs || Outfit


Definitivamente yo no era un chico que solía salir mucho a fiestas y menos un día entre semana sabiendo perfectamente que al otro día debía asistir a clases, con tan solo 20 años tenía bien claras mis prioridades y mis responsabilidades, pero esta noche… Bueno esta noche me había dejado arrastrar por ellos a nada más ni nada menos que una discoteca muggle; su explicación ante mis protestas fue que no había mejores lugares para encontrar alcohol y lindas chicas. Realmente no estaba muy emocionado con aquella salida, el tener que guardar la varita y desperdiciar mi tiempo de esa manera, podía ponerme los pelos de punta.
Compartía habitación con Benjamín y Mich en la academia y teníamos algunas cosas en común; como el hecho de ser criados por muggles, el sueño de convertirnos en aurores y una que otra banda de música Rock. Pero hasta ahí quedaban las similitudes, pues ellos solían ser más despreocupados; les gustaba perseguir chicas en la universidad y salir de fiesta cada dos por tres, mientras que yo solía estar entrenando, estudiando y por supuesto realizando pequeños trabajos para la orden ( de lo cual ellos no sabían nada.)
Normalmente su palabrería para sacarme de casa no me afectaría en lo absoluto, pero esta noche ambos habían decidido ser demasiado pesados y severos conmigo. Usaron palabras como “antisocial” “aguafiestas” “creído” “arrogante” “pesado” “obsesivo” y algunas frases como “aflójate el corsé” “siempre estas ocupado” “no vas a morir por salir una noche” que hicieron mella en mí. Así que “afloje mi corsé” como ellos lo habían sugerido y por eso estaba sentado aquí con un montón de chupitos y diferentes bebidas en la mesa frente a mí.

A decir verdad no conocía mucho de bebidas alcohólicas, así que cuando el mesero se había acercado a nosotros para tomar nuestra orden y todos los ojos se fijaron en mi por lo que iba a pedir, solo pude decir que quería un whisky escoces, pues era lo que solía tomar mi padre.  Mich y Ben se burlaron de mí, pero después de un rato me dejaron en paz.
Me llevo la copa a los labios, tiene un sabor fuerte y extraño pero no me es del todo desagradable, tuerzo un poco el gesto cuando el líquido me quema un poco al bajar por mi garganta. Definitivamente no es algo a lo que estoy acostumbrado y ese sorbo es el inicio de una noche que se convertirá en una locura.
Después de esa primera copa, le sigue escoces tras escoces y al llegar al quinto mi vista ya está desenfocada, tengo pequeñas gotas de sudor en mi frente, me siento algo mareado y me eh olvidado por completo de que mañana es un día de clases. Para mi hoy es noche de fiesta y es lo único que importa.

Ben ha conseguido una chica y se ha esfumado de la mesa y al parecer también de la discoteca, Mich se ríe de mí y mi desesperación por conseguir otro escoces, me dice que me quede sentado en la mesa en lo que él va al baño, pero yo apenas y puedo entender lo que me dice. — tha, soilleir. — susurro en gaélico mientras  lo veo alejarse.  Cuando ya no está en mi vista me levanto y me muevo hasta la barra tambaleándome un poco, allí en la barra trato de exigir más bebidas pero el hombre detrás no se da abasto para atendernos a todos tan rápido.  Me quedo sobre la barra esperando que me atiendan cuando un incidente se desarrolla justo a mi lado. Un chico le roba una de sus bebidas a una de las chicas que esta tirada sobre la barra, la bonita rubia se enfurece tanto que le empieza a gritar y él le responde e intenta robarle otro, ella la manotea y se siguen gritando; no entiendo ni un carajo de lo que dicen y ni siquiera me metería si no fuera porque entre la neblina de mi mente la chica me resulta familiar y después de todo soy un caballero.
Llego por un lado y le doy un empujón al chico que abre sus ojos con sorpresa. — ¡Deja a la chica en paz! — le grito por encima del ruido de la música. —Acaso no vez que la molestas y ella no está para tus juegos. — no estoy seguro de que me entienda, pues los eh escuchado hablar otro idioma antes;  la gente a nuestro alrededor comienza a mirarnos y detener sus actividades, el chico es más fornido y unos centímetros más alto que yo, pero me importa poco pues el alcohol me ha envalentonado de más.  
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Sam J. Lehmann el Jue Jul 12, 2018 3:28 am

Aquel alemán no parecía tener mucha maldad, la verdad, no había que verle más que la cara de tonto borracho que tenía y las ganas de molestar a una solitaria dama como para darse cuenta de que lo único que quería era llamar la atención de la rubia. Claro que no esperaba que dicha rubia hablase su mismo idioma, algo que llamó más su interés. Él se esperaba encontrar a una inglesas repipi, no a una alemana—austriaca, en este caso—con carácter.

Había perdido uno de sus chupitos en mitad de su confrontación, pero no iba a dejar que le quitase otro. ¡Jamás! ¡Era suyo, solamente suyo! Se bajó del taburete, encarándose al tipo como si ella no fuese tres veces más pequeña en cuánto a delgadez, ya que a lo alto el alemán sólo le sacaba unos centímetros. El tipo se vino arriba, pero por suerte, antes de intentar cualquier cosa—como hurto de sus bebidas alcohólicas gay o intentar algo con una lesbiana triste, ambas cosas altamente probable—, apareció un chico salvándole de ese pesado. No sabía qué le daba más coraje, que un idiota intentase ligar con ella de esa manera tan ruin o que le robasen sus preciosos chupitos arco iris.

¿Lo divertido? ¡Conocía a ese tipo! Sam se sorprendió en primera instancia de que alguien hubiese salido en su defensa, ya que pocas veces alguien se metía en medio de sus problemas, mucho menos un desconocido que en realidad no es tan desconocido. El alemán alzó los brazos en señal de inocencia cuando Jacob le dijo que dejase en paz a Sam, ya que no quería problemas. Era un erasmus que sólo quería pasárselo bien, no buscarse enemigos ingleses. Cuando se fue, Sam miró a Jacob, aún con la boca entreabierta de la sorpresa. Entonces se acercó a él, poniendo las manos en sus hombros y zarandeándolo levemente. —¡Yo te conozco, Jacob! —Le gritó por encima del volumen de la música, justo en frente de él, con una sonrisa amplia que iba de lado a lado de su rostro. —¡Me alegro de verte! —Y le abrazó. ¿Tenían esa confianza como para abrazarse? No lo recordaba, sinceramente, pero a Sam ahora mismo le apetecía abrazar a su salvador, sobre todo después de haberlo reconocido. ¡Ay, su cara le recordaba a una época en Hogwarts en donde no había novias celosas e idiotas! No sé, ¿la nostalgia, sabes? Y Sam era muy cariñosa, sobre todo estando borracha. Más todavía si estaba borracha y triste. —¿Qué haces aquí? Bueno que tontería, es una discoteca, no creo que hayas venido a pastar ovejas o regar las plantas. ¿Estás borracho? ¡Estás borracho! —Y sonrió de nuevo. —¿Has venido con alguien? A ti si te puedo invitar a uno de mis chupitos, aunque solo me quedan tres. Que no te dejen engañar los colores bonitos... todo saben igual de mal. —Le advirtió, divertida, enseñándole los chupitos que estaban sobre la barra y sentándose, de nuevo, en el taburete en donde se encontraba.

Justo en ese momento los dos tipos que estaban en el taburete contiguo se levantaron hacia la pista de baile, por lo que Sam le dio dos fuertes golpes en el mullido cojín, para invitar a su ex-compañero de Hogwarts a que se sentase a su lado. ¿Estaba ilusionada, vale? No es nada guay que tu pareja te abandone en una discoteca sin móvil y demasiado borracha como para usar la aparición como para irte a tu casa. Haberse encontrado con una persona conocida había sido su milagrito de esta noche.

Arrastró por la barra el chupito de color azul hacia Jacob. —Para tú. —Se lo cedió, levantando ella el verde. —¿Un brindis por... los reencuentros inesperados? O por Beyoncé. —Y comenzó a mover su cuello al reconocer una de las canciones de la Reina del pop que sonaba a todo volumen en la discoteca.   Rió divertida por su baile de cuello inesperado, aún con el chupito en alto.

Había secuestrado a Jacob, ¿vale? Eso se llamaba secuestro en toda regla. Pero no quería que se fuese y volverse a quedar sola.
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Jacob A. Fraser el Sáb Jul 14, 2018 9:04 am

No tengo una buena resistencia al alcohol y lo peor es que bebido no tengo tanto control de mí mismo y suelo volverme más impulsivo, es por eso que suelo evitar ese tipo de lugares y actividades, pero esta noche eh perdido.

No tengo ni idea de porque el chico frente a mi levanta las manos en señal de rendición y da un par de paso atrás, es más grande que yo ¡vamos! qué bien podía darme una paliza o una buena lucha. Frunzo el ceño cuando se disculpa en el idioma que no conozco y se marcha, con las ganas que tenia de meterme en una pelea… es un cobarde. Me siento todo poderoso en estos momentos y solo quiero más alcohol.  Me giro a ver a la chica rubia que tiene la boca abierta como un pez, entrecierro los ojos tratando de recordar en donde la eh visto antes.  —Creo que yo te conozco. — le digo antes de que ella grite mi nombre y comience a zarandearme casi causándome una torticolis. Bueno si definitivamente nos conocemos, ahora solo queda que entre la neblina de mi mente, pueda recordar quién demonios es.

No tardo demasiado;  cuando me abraza y comienza a hablar tan rápido mi mente se enciende como un foco y me doy cuenta que es Samantha Lehmann, a quien tengo frente a mí.  — ¡Sam! — le devuelvo el abrazo porque en esos momentos me energético y fuera de mí, la aprieto fuerte y la levanto unos centímetros del suelo, a sus espaldas puedo ver que Mich me ha encontrado y a la lejanía levanta los pulgares, dándome su aprobación por que según él, he encontrado una chica para pasar la noche, suelto una carcajada pues no puede estar más equivocado, él se va y quedo a merced de Sam que me arrastra hasta un par de taburetes libres en la barra, donde tomo asiento. —Tengo que confesar que tengo poca resistencia al alcohol. — le confieso. —Así que trata de hablar más lento que solo capto el 50 % de las palabras que dices. — me encojo de hombros. —eh venido con unos amigos, pero ya han conseguido chicas para follar. — en esos momentos no tengo filtro y las palabras salen de mi boca justo como pasan por mi cabeza. —Me gustan las ovejas porque soy un lobo feroz  y no riego plantas. — lo que estoy diciendo no tiene sentido alguno para los demás, solo para mí en ese estado. — y ¡por supuesto que quiero de tus chupitos! —

Solo hay 3 de ellos, y ella muy amable me ofrece el azul, levanto las manos al aire de forma gloriosa ¡alcohol! Brindo con ella aunque no tengo ni idea de quién es Beyonce. — ¡Por los reencuentros! — grito al aire antes de vaciar el chupito de un solo golpe, no siento ningún sabor fuerte, solo un sabor chicloso que no es lo que me espero, tuerzo la boca y golpeo la barra. —Tráiganos un par de escoces. — le digo al hombre detrás de la barra y le ofrezco un par de libras. —No dejes que nos quedemos con vasos vacíos, durante la noche. —
Agito mi cabeza con el sonido de la música, aunque no tengo idea quien es el artista en cuestión solo me muevo con la música mientras esperamos. — ¿y tú qué haces acá? — pregunto y cuando las bebidas están frente a nosotros  le tiendo a Sam la suya. —Esto es mucho mejor y más fuerte que lo que estabas tomando. — la miro por un momento fijamente y me doy cuenta que está un poco triste. —Vamos quita esa cara larga. — choco mi vaso contra el de ella antes de vaciarlo nuevamente de un solo trago, siento el ardor de nuevo en mi garganta pero en un grado menos, una canción pegajosa comienza a sonar, tomo a Sam de la mano y la arrastro hasta la pista de baile.

No soy muy bueno bailando, es más en realidad no se bailar, pero sacudo las caderas y muevo las manos de forma torpe y conforme siento la música en mi cuerpo, entre la neblina de mi mente reconozco la canción, pues la eh escuchado en una película muggle llamada “Saturday Night Fever”  comienzo a recordar esa escena y trato de imitar los pasos de la película, pero solo puedo verme completamente ridículo, cualquiera podría orinarse en los pantalones por el ridículo que estoy haciendo
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