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Dancing with our hands tied. —Jacob. FB.

Sam J. Lehmann el Lun Jul 09, 2018 1:15 am


FLASHBACK: Hace ocho años, discoteca Ministry of Sound || 01:23 horas || Atuendo

Llevamos todo el rato aquí… Oh, vamos, baila conmigo… —Le tendió la mano a su novia, que yacía sentada en uno de los taburetes de la barra.

Ya sabes que no me gusta bailar… —Puso como excusa, fingiendo una sonrisa. —Vete a bailar tú, te espero aquí.

Pero yo quiero bailar contigo… —Puso un mohín entristecido, implorando por cariño, sujetando su mano.

Rhianne insistió: no quería bailar, por lo que le soltó la mano a Sam.

Sam, no quiero. —Y miró a ambos lados. —Vete tú, no pasa nada, yo te espero aquí.

No era la primera vez, ni tampoco sería la última, en la que Rhianne le apartaba de esa manera estando en público. Sam sabía lo que significaba, pero también tenía la esperanza de que poco a poco se fuese abriendo un poco más con ella frente a las personas. A nadie le gustaba que le tratasen así, ni en público ni en privado. Al ver que no estaba por la labor de colaborar, Sam retrocedió para ir a bailar junto al resto de personas una canción que recién comenzó muy movida, de ritmo latino.

Si había ido con su pareja de fiesta había sido porque ese jueves se habían quedado en casa más tontitas de lo normal, tomándose más copas del vino de las permitidas por sus menudos cuerpos. Sam había conseguido convencerla de salir a una discoteca muggle bastante conocida, segura de que no se encontrarían a nadie de su círculo cercano allí, además de que era un jueves. ¡Juernes, como decían los de Erasmus! Y ahí estaban… Y Sam se arrepentía mucho. Cada vez que salía de las cuatro paredes de la habitación en la que se quedaba Rhianne, cambiaba por completo, obsesionada con salvaguardar su maldita sexualidad, ¿de verdad merecía la pena? Sam estaba demasiado borracha como para darle créditos a su paranoia, por lo que rindió al ritmo de la música, intentando no comenzar, de nuevo, con ESA discusión. Cualquiera que conociera un poco a Sam sabía una cosa: adoraba el chocolate casi tanto como bailar y ver películas románticas con las que llorar. Así que bailó y siguió bailando, hasta que se hizo amiga de un chico y una chica que comenzaron a bailar con ella. No supo cuánto estuvo bailando, pero juraría que poquito. Sin embargo, de repente apareció su pareja junto a ella, lo cual la ilusionó: ¿vendría a bailar a su lado? Sam le ofreció una de sus manos, con los ojos brillosos.

Me voy —le dijo, con todo meramente informativo.

¿Cómo que te vas? —Y le rompió absolutamente toda la motivación, por lo que dejó de bailar. Los dos chicos que bailaban con ella vieron drama en los ojos de aquella pareja, por lo que huyeron. —No te vayas…

Pero Rhianne comenzó a esquivar personas en dirección a la puerta. Sam soltó aire, intentando calmarse. ¡Cálmate!

¡Rhi, espera! —Y la persiguió, hasta alejarse lo suficiente del tumulto de gente saltando, para sujetarle por la cintura. —¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Nos volvemos, no pasa nada, ¿pero qué…?

No, me vuelvo yo sola. Quédate tú bailando con tus amigos.

¿Celos detected, en serio? Sam la miró incrédula. ¡Pero si ni los había tocado, madre mía!

Tiene que ser una broma, ¿estás celosa? —preguntó, alzando una ceja. —Me tienes una hora en la barra sin que me dejes siquiera tocarte la maldita rodilla o besarte la mejilla y… ¿te pones celosa porque bailo con otras personas porque tú no quieres bailar conmigo? —añadió con retórica, sin creerse ese comportamiento. —¡Yo sólo quiero bailar contigo, Rhi, pero tú conmigo no!

No deberíamos de haber venido…

No, está claro que no se te puede sacar de casa sin que te vuelvas insoportable. —Y, nada más decirlo, se arrepintió. ¡Pero bueno, Sam! Se había enfadado, pero igualmente el orgullo de borracho no le hizo disculparse. Sam se fue a dar la vuelta, pero Rhianne le sujetó una de sus manos para evitarlo. Se miraron durante unos segundos, pero ella no dijo nada. —¿Qué? —Le valía un “vayámonos juntas” o un “lo siento” o un “te quiero” o incluso un estúpido “bailemos la macarena”. Cualquier cosa, pero como siempre, no dijo nada. —Ya… —Rhianne soltó a Sam y la rubia caminó hacia la barra, mientras que su pareja salía de la discoteca.

Llevaban ya cinco meses juntas como para andarse todavía con esas tonterías. Sam podía permitir muchas cosas que no quería, siempre y cuando ella le prometiese de verdad que iba a hacer cosas por cambiar. Si no… ¿a donde iba esa relación?


Diez minutos después


Sam se encontraba con la frente apoyada en su antebrazo, el cual estaba apoyado a la barra, dándose golpecitos en su propia piel. Había conseguido un taburete libre, por lo que no dudó en sentarse y pedir uno de esos packs de chupitos tan gays que siempre había tenido ganas de probar. No lo pidió alegremente, sino sumida en el drama de su vida. ¡Su maldita novia super homosexual que seguía empeñada en engañar al mundo con su heterosexualidad sólo por miedo a la repercusión familiar! ¡Odiaba a las familias retrógradas y homófobas!

Definición gráfica de chupitos gays:

También conocidos como chupitos arco iris.

¿Estás bien, muchacha? —preguntó el camarero que le estaba poniendo los seis chupitos de arco iris. Sam se limitó a apoyar esta vez la barbilla sobre su antebrazo, negando con la cabeza. —No se te ve bien, ¿dramas amorosos o tienes ganas de potar?

Mi novia odia ser lesbiana.

Pufff... menuda putada.

¿Y sabes qué es lo peor?

Me lo puedo imaginar, pero tengo que seguir sirviendo copas.

¡No, espera! ¡Déjame contarte que…!

¡Arrggg, y se fue! Volvió a apoyar la frente en su antebrazo, triste. ¡Necesitaba desahogarse! Buscó en el bolsillo de su chaqueta el móvil para llamar a su amiga y contárselo, pero no tenía el móvil encima. De hecho, lo visualizó perfectamente en la mesa de noche de Rhianne. ¿¡Para qué narices iba a llevarse el móvil si se suponía que iba a salir y volver con la misma persona sin que nada malo pasase!? ¡Argggg! Miró entonces el chupito, el cual era de color rojo.

Rojo pasión. Si el rojo es pasión y el rosita cariños, está claro que esta mierda de relación es solo ROJO. —Murmuró antes de coger el chupito, para tomárselo rápidamente. Entonces vio el de color azul. —No, el azul es esta relación. FRÍA COMO EL TÉMPANO: estancada como un río de hielo.

Y entonces se dio cuenta de que alguien había cogido el chupito rosa sin su permiso. ¡No, los cariñitos!

¡No, espera! ¡Es mío! —dijo, siguiendo el recorrido del chupito a cámara lenta hasta ver como un brazo masculino y bien formado se lo tomaba. —¡Pero bueno, qué haces! —Se quejó, con voz de borracha.

Eso es demasiado para tu cuerpecito, chica —dijo en alemán el extranjero.

Sin darse cuenta, Sam comenzó a hablar también en alemán.

¡Eso lo decido yo, idiota! ¡Me lo has robado!

El chico, divertido, intentó robarle otro chupito a Samantha, pero la chica le dio un manotazo en su mano. Bueno, varios. El tipo se lo estaba tomando como algo divertido, quizás como esa técnica infantil de molestar a la chica que te gusta, pero créeme: ahora mismo Sam no estaba como para esas tonterías.
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Jacob A. Fraser el Miér Jul 11, 2018 9:24 am

20 de Octubre, 2010  ||Discoteca|| 1:35 hrs || Outfit


Definitivamente yo no era un chico que solía salir mucho a fiestas y menos un día entre semana sabiendo perfectamente que al otro día debía asistir a clases, con tan solo 20 años tenía bien claras mis prioridades y mis responsabilidades, pero esta noche… Bueno esta noche me había dejado arrastrar por ellos a nada más ni nada menos que una discoteca muggle; su explicación ante mis protestas fue que no había mejores lugares para encontrar alcohol y lindas chicas. Realmente no estaba muy emocionado con aquella salida, el tener que guardar la varita y desperdiciar mi tiempo de esa manera, podía ponerme los pelos de punta.
Compartía habitación con Benjamín y Mich en la academia y teníamos algunas cosas en común; como el hecho de ser criados por muggles, el sueño de convertirnos en aurores y una que otra banda de música Rock. Pero hasta ahí quedaban las similitudes, pues ellos solían ser más despreocupados; les gustaba perseguir chicas en la universidad y salir de fiesta cada dos por tres, mientras que yo solía estar entrenando, estudiando y por supuesto realizando pequeños trabajos para la orden ( de lo cual ellos no sabían nada.)
Normalmente su palabrería para sacarme de casa no me afectaría en lo absoluto, pero esta noche ambos habían decidido ser demasiado pesados y severos conmigo. Usaron palabras como “antisocial” “aguafiestas” “creído” “arrogante” “pesado” “obsesivo” y algunas frases como “aflójate el corsé” “siempre estas ocupado” “no vas a morir por salir una noche” que hicieron mella en mí. Así que “afloje mi corsé” como ellos lo habían sugerido y por eso estaba sentado aquí con un montón de chupitos y diferentes bebidas en la mesa frente a mí.

A decir verdad no conocía mucho de bebidas alcohólicas, así que cuando el mesero se había acercado a nosotros para tomar nuestra orden y todos los ojos se fijaron en mi por lo que iba a pedir, solo pude decir que quería un whisky escoces, pues era lo que solía tomar mi padre.  Mich y Ben se burlaron de mí, pero después de un rato me dejaron en paz.
Me llevo la copa a los labios, tiene un sabor fuerte y extraño pero no me es del todo desagradable, tuerzo un poco el gesto cuando el líquido me quema un poco al bajar por mi garganta. Definitivamente no es algo a lo que estoy acostumbrado y ese sorbo es el inicio de una noche que se convertirá en una locura.
Después de esa primera copa, le sigue escoces tras escoces y al llegar al quinto mi vista ya está desenfocada, tengo pequeñas gotas de sudor en mi frente, me siento algo mareado y me eh olvidado por completo de que mañana es un día de clases. Para mi hoy es noche de fiesta y es lo único que importa.

Ben ha conseguido una chica y se ha esfumado de la mesa y al parecer también de la discoteca, Mich se ríe de mí y mi desesperación por conseguir otro escoces, me dice que me quede sentado en la mesa en lo que él va al baño, pero yo apenas y puedo entender lo que me dice. — tha, soilleir. — susurro en gaélico mientras  lo veo alejarse.  Cuando ya no está en mi vista me levanto y me muevo hasta la barra tambaleándome un poco, allí en la barra trato de exigir más bebidas pero el hombre detrás no se da abasto para atendernos a todos tan rápido.  Me quedo sobre la barra esperando que me atiendan cuando un incidente se desarrolla justo a mi lado. Un chico le roba una de sus bebidas a una de las chicas que esta tirada sobre la barra, la bonita rubia se enfurece tanto que le empieza a gritar y él le responde e intenta robarle otro, ella la manotea y se siguen gritando; no entiendo ni un carajo de lo que dicen y ni siquiera me metería si no fuera porque entre la neblina de mi mente la chica me resulta familiar y después de todo soy un caballero.
Llego por un lado y le doy un empujón al chico que abre sus ojos con sorpresa. — ¡Deja a la chica en paz! — le grito por encima del ruido de la música. —Acaso no vez que la molestas y ella no está para tus juegos. — no estoy seguro de que me entienda, pues los eh escuchado hablar otro idioma antes;  la gente a nuestro alrededor comienza a mirarnos y detener sus actividades, el chico es más fornido y unos centímetros más alto que yo, pero me importa poco pues el alcohol me ha envalentonado de más.  
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Sam J. Lehmann el Jue Jul 12, 2018 3:28 am

Aquel alemán no parecía tener mucha maldad, la verdad, no había que verle más que la cara de tonto borracho que tenía y las ganas de molestar a una solitaria dama como para darse cuenta de que lo único que quería era llamar la atención de la rubia. Claro que no esperaba que dicha rubia hablase su mismo idioma, algo que llamó más su interés. Él se esperaba encontrar a una inglesas repipi, no a una alemana—austriaca, en este caso—con carácter.

Había perdido uno de sus chupitos en mitad de su confrontación, pero no iba a dejar que le quitase otro. ¡Jamás! ¡Era suyo, solamente suyo! Se bajó del taburete, encarándose al tipo como si ella no fuese tres veces más pequeña en cuánto a delgadez, ya que a lo alto el alemán sólo le sacaba unos centímetros. El tipo se vino arriba, pero por suerte, antes de intentar cualquier cosa—como hurto de sus bebidas alcohólicas gay o intentar algo con una lesbiana triste, ambas cosas altamente probable—, apareció un chico salvándole de ese pesado. No sabía qué le daba más coraje, que un idiota intentase ligar con ella de esa manera tan ruin o que le robasen sus preciosos chupitos arco iris.

¿Lo divertido? ¡Conocía a ese tipo! Sam se sorprendió en primera instancia de que alguien hubiese salido en su defensa, ya que pocas veces alguien se metía en medio de sus problemas, mucho menos un desconocido que en realidad no es tan desconocido. El alemán alzó los brazos en señal de inocencia cuando Jacob le dijo que dejase en paz a Sam, ya que no quería problemas. Era un erasmus que sólo quería pasárselo bien, no buscarse enemigos ingleses. Cuando se fue, Sam miró a Jacob, aún con la boca entreabierta de la sorpresa. Entonces se acercó a él, poniendo las manos en sus hombros y zarandeándolo levemente. —¡Yo te conozco, Jacob! —Le gritó por encima del volumen de la música, justo en frente de él, con una sonrisa amplia que iba de lado a lado de su rostro. —¡Me alegro de verte! —Y le abrazó. ¿Tenían esa confianza como para abrazarse? No lo recordaba, sinceramente, pero a Sam ahora mismo le apetecía abrazar a su salvador, sobre todo después de haberlo reconocido. ¡Ay, su cara le recordaba a una época en Hogwarts en donde no había novias celosas e idiotas! No sé, ¿la nostalgia, sabes? Y Sam era muy cariñosa, sobre todo estando borracha. Más todavía si estaba borracha y triste. —¿Qué haces aquí? Bueno que tontería, es una discoteca, no creo que hayas venido a pastar ovejas o regar las plantas. ¿Estás borracho? ¡Estás borracho! —Y sonrió de nuevo. —¿Has venido con alguien? A ti si te puedo invitar a uno de mis chupitos, aunque solo me quedan tres. Que no te dejen engañar los colores bonitos... todo saben igual de mal. —Le advirtió, divertida, enseñándole los chupitos que estaban sobre la barra y sentándose, de nuevo, en el taburete en donde se encontraba.

Justo en ese momento los dos tipos que estaban en el taburete contiguo se levantaron hacia la pista de baile, por lo que Sam le dio dos fuertes golpes en el mullido cojín, para invitar a su ex-compañero de Hogwarts a que se sentase a su lado. ¿Estaba ilusionada, vale? No es nada guay que tu pareja te abandone en una discoteca sin móvil y demasiado borracha como para usar la aparición como para irte a tu casa. Haberse encontrado con una persona conocida había sido su milagrito de esta noche.

Arrastró por la barra el chupito de color azul hacia Jacob. —Para tú. —Se lo cedió, levantando ella el verde. —¿Un brindis por... los reencuentros inesperados? O por Beyoncé. —Y comenzó a mover su cuello al reconocer una de las canciones de la Reina del pop que sonaba a todo volumen en la discoteca.   Rió divertida por su baile de cuello inesperado, aún con el chupito en alto.

Había secuestrado a Jacob, ¿vale? Eso se llamaba secuestro en toda regla. Pero no quería que se fuese y volverse a quedar sola.
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Jacob A. Fraser el Sáb Jul 14, 2018 9:04 am

No tengo una buena resistencia al alcohol y lo peor es que bebido no tengo tanto control de mí mismo y suelo volverme más impulsivo, es por eso que suelo evitar ese tipo de lugares y actividades, pero esta noche eh perdido.

No tengo ni idea de porque el chico frente a mi levanta las manos en señal de rendición y da un par de paso atrás, es más grande que yo ¡vamos! qué bien podía darme una paliza o una buena lucha. Frunzo el ceño cuando se disculpa en el idioma que no conozco y se marcha, con las ganas que tenia de meterme en una pelea… es un cobarde. Me siento todo poderoso en estos momentos y solo quiero más alcohol.  Me giro a ver a la chica rubia que tiene la boca abierta como un pez, entrecierro los ojos tratando de recordar en donde la eh visto antes.  —Creo que yo te conozco. — le digo antes de que ella grite mi nombre y comience a zarandearme casi causándome una torticolis. Bueno si definitivamente nos conocemos, ahora solo queda que entre la neblina de mi mente, pueda recordar quién demonios es.

No tardo demasiado;  cuando me abraza y comienza a hablar tan rápido mi mente se enciende como un foco y me doy cuenta que es Samantha Lehmann, a quien tengo frente a mí.  — ¡Sam! — le devuelvo el abrazo porque en esos momentos me energético y fuera de mí, la aprieto fuerte y la levanto unos centímetros del suelo, a sus espaldas puedo ver que Mich me ha encontrado y a la lejanía levanta los pulgares, dándome su aprobación por que según él, he encontrado una chica para pasar la noche, suelto una carcajada pues no puede estar más equivocado, él se va y quedo a merced de Sam que me arrastra hasta un par de taburetes libres en la barra, donde tomo asiento. —Tengo que confesar que tengo poca resistencia al alcohol. — le confieso. —Así que trata de hablar más lento que solo capto el 50 % de las palabras que dices. — me encojo de hombros. —eh venido con unos amigos, pero ya han conseguido chicas para follar. — en esos momentos no tengo filtro y las palabras salen de mi boca justo como pasan por mi cabeza. —Me gustan las ovejas porque soy un lobo feroz  y no riego plantas. — lo que estoy diciendo no tiene sentido alguno para los demás, solo para mí en ese estado. — y ¡por supuesto que quiero de tus chupitos! —

Solo hay 3 de ellos, y ella muy amable me ofrece el azul, levanto las manos al aire de forma gloriosa ¡alcohol! Brindo con ella aunque no tengo ni idea de quién es Beyonce. — ¡Por los reencuentros! — grito al aire antes de vaciar el chupito de un solo golpe, no siento ningún sabor fuerte, solo un sabor chicloso que no es lo que me espero, tuerzo la boca y golpeo la barra. —Tráiganos un par de escoces. — le digo al hombre detrás de la barra y le ofrezco un par de libras. —No dejes que nos quedemos con vasos vacíos, durante la noche. —
Agito mi cabeza con el sonido de la música, aunque no tengo idea quien es el artista en cuestión solo me muevo con la música mientras esperamos. — ¿y tú qué haces acá? — pregunto y cuando las bebidas están frente a nosotros  le tiendo a Sam la suya. —Esto es mucho mejor y más fuerte que lo que estabas tomando. — la miro por un momento fijamente y me doy cuenta que está un poco triste. —Vamos quita esa cara larga. — choco mi vaso contra el de ella antes de vaciarlo nuevamente de un solo trago, siento el ardor de nuevo en mi garganta pero en un grado menos, una canción pegajosa comienza a sonar, tomo a Sam de la mano y la arrastro hasta la pista de baile.

No soy muy bueno bailando, es más en realidad no se bailar, pero sacudo las caderas y muevo las manos de forma torpe y conforme siento la música en mi cuerpo, entre la neblina de mi mente reconozco la canción, pues la eh escuchado en una película muggle llamada “Saturday Night Fever”  comienzo a recordar esa escena y trato de imitar los pasos de la película, pero solo puedo verme completamente ridículo, cualquiera podría orinarse en los pantalones por el ridículo que estoy haciendo
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Sam J. Lehmann el Miér Jul 25, 2018 2:57 am

—Vaaaaleeee... ¿quéee taaal asííííí de leeentooo? —exageró divertida al decirle que tenía que hablar más lento porque no estaba pillando nada de lo que decía. En realidad no le estaba diciendo nada importante, o eso creía, ya que ya se le había vuelto a olvidar lo que había dicho. Lo miró sorprendida cuando le dijo que sus amigos ya habían conseguido chicas para follar, más que nada por ese lenguaje tan vulgar que Sam no solía utilizar, sin embargo, luego rió. —¿En serio y te han abandonado? ¡Quién quiere enemigos, con amigos así! ¿Y tú tienes la mala suerte de encontrarte con una lesbiana? Madre mía, Jacob, es tu día de mala suerte —dijo con muchísima diversión, hablando como si hablase con su mejor amigo de toda la vida con el que tenía una confianza suprema, algo que, evidentemente, no tenía con Jacob. En realidad no sabía si Jacob era consciente de que Sam era lesbiana, pero lo supiese o no... ahora seguro que lo sabía. —¿Eres un lobo feroz? —Enarcó una ceja. —Yo te veo más carita de oveja. —No sabía de qué estaba hablando, en realidad, pero era un deber de borracho seguir las conversaciones estúpidas del resto de borrachos, es como una norma no escrita del club de los ebrios que soportan mal el alcohol.

Brindó con uno de los chupitos que le quedaban junto a su amigo, tomándose de golpe aquel líquido que bajó por su garganta lentamente. Ewww, ¿siempre había estado tan malo? Escuchó lo que le pidió al camarero y no pudo evitar acordarse de Henry, siempre taaaan pesado con su famoso y predilecto whisky escocés que, bajo presión de su queridísimo amigo, ya lo había empezado a tolerar pese a que odiase el whisky con toda su alma. Sam aprovechó ese momento para acabarse su último chupito antes de que algún alemán con exceso de confianza se lo robase o se le olvidase de que lo tenía ahí. Movió la cabeza después de tomarlo, poniendo cara de limón ácido. —Pues yo... —Después de ese chupito ya no sabía ni qué hacía ahí, aunque sólo duró dos segundos en darse cuenta de que no: no había ido allí con sus adoradas amigas a bailar y a pasarlo bien, sino que había cometido el error de convencer a su novia idiota de ir a un lugar público cuando ella no quiere mostrar su homosexualidad en público. ¡La Sam sobria es idiota! ¡Idiota, idiota, idiota! Cogió la bebida que le pasó Jacob sin cuestionarse demasiado su procedencia o su sabor y la mantuvo entre sus manos, para entonces sonreír: ¡que no tuviese una cara larga, dice! —¡No tengo una cara larga! —Se quejó, consciente de que seguramente la tuviese. —Es solo que... bueh... —Suspiró. —Da igual, olvídalo. No quiero dramas en mi vida. Sólo risas y comedias. —Entonces chocaron sus vasos de nuevo y Sam lo imitó, bebiéndose el líquido interior. Madre del amor hermoso, ¿qué clase de bebida hecha por Satanás era esa? Miró a Jacob como con reproche, en un intento de transmitirle un claro: "¿por qué has intentado asesinarme con esto? Pensé que éramos amigos." O algo así. Sam tenía claro que su poder de borracha haría que sus mentes entrasen en una especie de estado empático en donde se entenderían a la perfección.

En un intento de seguir sus normas de no drama, sólo risas y comedias, se levantó de allí tras aceptar la mano de su amigo y lo siguió hasta la pista de baile, ¿lo siguiente? Partirse de risa cuando Jacob comenzó a despegarse de ella hasta acaparar gran parte de la pista él solo con esos pasos tan... ridículos. ¡Lo siento, Jacob, de verdad que Sam te quiere, pero esos pasos no eran nada normales! Sam, riéndose a más no poder, volvió a hacer gala de su código de borracha, acudiendo a esa norma no escrita que dice que si tu amigo hace el ridículo bajo los efectos del alcohol, TÚ estás en el derecho de acompañarlo para normalizarlo todo. ¿Y qué hizo Sam? Unirse a su baile. Al principio iba un poco lenta, intentando copiar bien sus pasos, pero al final... los modificó de tal manera que seguían siendo igual de ridículos, pero al menos a su estilo.

¿Y lo peor de todo? Que al final más de una persona se unió a ese baile, acompañándolos en esa especie de danza nocturna contra el apareamiento humano. Esperaba que Jacob no estuviese buscando chica con la que "follar" al igual que sus amigos, porque después de eso iba a ser complicado. Al final, la canción acabó y comenzó la típica que era de saltar, saltar, saltar y más saltar. ¿Qué hizo Sam? Pues saltar, claro. No sería ella quién fuese en contra del movimiento de borrachos de aquella discoteca.  

Pero llegó EL momento: cuando salió la canción de Sean Paul que tanto bailaba con su novia. Y claro... no le costó nada que volviese su drama a su mente, recordando como se había ido su pareja hacía un rato sin pensárselo demasiado. Nada de risas y comedias. Sam puso cara de patata mustia y dejó de bailar, mirando al suelo.

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Jacob A. Fraser el Jue Jul 26, 2018 8:33 am

Niego con la cabeza de manera frenética, tanto que me mareo un poco más de lo que ya estoy.  —No estoy aquí para buscar chicas. — le digo sinceramente antes de escuchar la declaración sobre su sexualidad, no me sorprende para nada al contrario solo confirma las sospechas que llegue a tener. —Para mí es una suerte que haberte encontrado ahora que esos cabrones me han dejado. — no pudo evitar que las palabras malsonantes salgas de mi boca incluso aunque la eh visto sorprenderse antes por mi lengua, pero somos amigos y estamos en confianza ¿Qué no? Ella me ha confesado que es lesbiana así que estoy casi seguro que puedo hablar con ella como un camionero muggle, aunque creo que por los chupitos de colores y la forma en la que ella me lo ha dicho no es ningún secreto y no le avergüenza admitir su sexualidad y preferencias, y yo no tengo ningún problema con eso. Siempre me eh considerado abierto de mente aunque mi padre conservador por otro lado… Bueno así suele existir gente cerrada y aburrida.
Seguimos con la conversación de lobos y ovejas sin sentido incluso cuando pasan un par de parejas y se burlan de nosotros, los ignoro olímpicamente pues estoy más concentrado en ingerir alcohol. Seguimos con vaso tras vaso y chupito tras chupito y cuando le pregunte por la cara larga puedo notar aun en mi estado que es algo que la aqueja y la pone mal e incluso aunque me ha mirado mal por el sabor de la copa que nos acabamos de tomar, tomo otra copa de whiskey y la pongo sobre sus labios y la obligo a beber. — ¡Vamos! Olvídate de los dramas. —

Nos la estamos pasando en grande después de que ella se ha unido a mí en la pista, movemos las caderas, los brazos y la cabeza con locura, nos reímos y la gente que nos mira también, todos se fijan en nosotros y en ese momento somos algo así como los reyes de la pista y las personas se animan y se unen a nosotros en la pista moviéndose de igual manera y divirtiéndose. Las carcajadas nos inundan y en ese momento no me importa nada más que las risas, la diversión y el dejarme llevar.

La música cambia, comenzamos a brincar una y otra vez y pequeñas gotas de sudor aparecen en mi frente, las luces me agitan y el corazón se me acelera y estoy disfrutando de todo a mí alrededor así que cuando cambia de nuevo tardo unos minutos en darme cuenta de que algo va mal…
La marea de personas en la pista me ha movido un poco, pero cuando busco con la mirada a mi pareja de baile la encuentro a unos pasos de mí con la cabeza cabizbaja. Me muevo hacia ella y me inclino un poco para poder verla, no puedo verla bien así que tomo su barbilla entre mis dedos para levantar el rostro de mi amiga, tiene la mirada triste y toda la felicidad de minutos antes se ha esfumado. — ¿Qué pasa Sam? — le pregunto a gritos sobre la música.

Esa tristeza en una persona tan alegre como Sam podría romperle el corazón a cualquiera y sobre todo a alguien que esta bebido y sin control, tomo su mano sin esperar su respuesta  y tambaleándome la arrastro hacia la salida para que pueda contarme sin interrupciones  y tanto ruido que es lo que le pasa. Tal vez el contarme la ayude a desahogarse para sentirse mejor.
Le hago una seña al guardia de la entrada para indicarle que solo saldremos a tomar aire y que volveremos a entrar, busco un lugar limpio y me siento en la acera, le hago una seña a Sam para que tome asiento a mi lado. —Ahora vamos, dime que te sucede. —

Off: No te preocupes, discúlpame tu a mi que este me ah quedado tan corto... le pondré mas empeño al siguiente lo prometo.
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Sam J. Lehmann el Vie Jul 27, 2018 2:26 pm

No supo exactamente cuánto tiempo pasó ejerciendo como la “patata mustia” de la discoteca. Sólo podía pensar cosas que sólo la hacían poner cada vez un rostro más afligido. Lo malo del alcohol es que solía avivar tanto las buenas vibraciones como las malas, por eso, cuando su mente de repente se enfocó en lo mal que lo pasaba en su relación y en la reciente situación con Rhianne… su cerebro comenzó a apoyar toda esa negativa.

De repente sintió el contacto de Jacob haciendo que subiese de nuevo la mirada hacia arriba. Ella, como mecanismo automático, fingió una sonrisa, volviendo a la realidad. —Nada, no pasa nada… —Negó con la cabeza y zarandeó la mano, quitándole importancia.

Jacob, sin embargo, no pareció creérselo. Sam era experta en guardar todas sus mierdas para sí misma, pero con el alcohol era difícil hacerlo y fácil darse cuenta de que si una persona que es pura felicidad ya no sonríe, es que algo la está eclipsando; que un nubarrón oscuro está sobre ella amenazando con robarle la alegría. Él lo supo identificar, por lo que le cogió la mano y la llevó hasta la salida de la discoteca, chocándose por el camino con montón de personas. Sintió el frío en el grupo nada más salir por la puerta e ignoró por completo cualquier portero o persona que estuviese allí cogiendo aire. Sólo persiguió a su amigo, hasta que éste le hizo una seña para que se sentase a su lado. Sam suspiró, aceptando su invitación, sentándose en el bordillo y abrazándose sus propias piernas.

Miró de reojo a Jacob. —Ay, Jacob… —Se quejó al principio, sin saber por dónde empezar y tampoco sin tener muy claro si debía o no quejarse de eso. Ya Rhianne le había dejado bien claro desde el principio todo, ¿por qué Sam, si habías aceptado, sigues dándole bola al tema? Sabía que era algo que debía de hablar con su pareja y no estar contándoselo a todo el mundo pero… de verdad, necesitaba desahogarse. —Es que… ¿alguna vez te has sentido… utilizada? —De repente negó con la cabeza. —No, no es eso. —¿O sí era eso? ¡Lo habías dicho borracha, eso es que es lo que sientes de verdad! —No me refiero a eso, me refiero que… joder… —¡Un taco, Samantha, por favor, que tú no dices tacos! Se llevó las manos a la cara y se puso misteriosamente nerviosa por no saber por dónde empezar, así que de repente estalló. —¿Sabes lo que me pasa? Que tengo una pareja a la que quiero querer muchísimo, a la que creo que quiero pero creo que no me quiere. Tengo la sensación de que lo estoy dando todo en una relación que no me aporta nada, que la otra persona no me valora… y que en realidad no le importa no conservarme, ¿sabes? —Hizo una pausa, viendo como una pareja salía de la discoteca cogidas de la mano, para entonces abrazarse mientras se hablaban muy de cerca, como queriendo besarse. —¿Ves eso? Mira que bonito es. Yo no puedo hacer eso con mi pareja o se volvería loca. Su familia es una retrógrada de mierda y no es capaz de enfrentarse a ella para decirles que es homosexual, ¿te lo puedes creer? Y tengo que ser yo quién sufra su rechazo en público para no cogerme la mano, no estar cerca de mí o… a saber qué cosas. —Miró a Jacob, pues llevaba todo el rato hablándole al suelo, a las piedras del asfalto. —Antes le dije que bailase conmigo y no quiso. Me dijo que no. Y yo solo quería bailar. Así que me dijo que fuese a bailar yo sola y, cuando me vio bailando con todo el mundo, vino como una celosa imbécil a decirme que se iba a casa. ¡No quiere bailar conmigo ni tampoco quiere que baile con nadie! ¡Es que…! —No se tiró de los pelos porque todavía no había llegado al momento de auto-flagelamiento de la borrachera. —¡No lo entiendo! ¿Tú lo entiendes? ¡Porque yo no! ¡Y luego en la intimidad no para de hacerme promesas vacías, demostrarme que sí que me quiere y de…

Lo que se había imaginado era para adultos y por muy borracha que estuviese, esas cosas siempre terminaban por ponerla en un aprieto horrible. ¡Odiaba hablar de sexo, qué vergüenza! —No lo sé… ¿te ha pasado algo así alguna vez? ¿Que tu pareja se… avergüence de ti? ¿Qué le de igual perderte? —Apoyó la cabeza en el hombro del ex-Gryffindor. —Ha preferido irse a casa antes que bailar conmigo en una discoteca muggle en donde nadie la iba a reconocer… —Otra vez la patata mustia hizo aparición en el rostro de Sam.

Y lo peor de todo es que… Sam podía llegar a entender cómo se sentía Rhianne. Ella también ocultó su sexualidad en Hogwarts por miedo a no ser aceptada, debido a los sentimientos que tenía pero… pero… ¡pero joé! ¡Ahora lo veía desde la otra perspectiva y…! —No sé, soy idiota. —Así, de repente, se echaba la culpa a ella misma. Sam, nunca vas a cambiar, ¿eh? —Es decir, yo sé que ella no quiere y aún así la intento convencer de que lo haga, que será más feliz pero… no quiere. Y no sé si es por miedo, porque en verdad no me quiere… no lo sé.
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Jacob A. Fraser el Sáb Jul 28, 2018 8:00 am

Definitivamente no me gusta verle esa cara llena de tristeza a una persona tan buena y siempre animada como Sam. En Hogwarts siempre solia verla muy animada y tan llena de vida que verla así me desconcierta y me hace sentir  mal, de repente todo el ánimo de la noche a caído y se ha puesto sombrío. Salimos a la calle y no sentamos en la acera, el viento frio de la noche me golpea el rostro, miro a Sam y aunque tiene una pequeña chaqueta de lentejuelas creo que es demasiado delgada para el viento de esta noche, me quito mi saco y lo coloco sobre sus hombros en un gesto de caballerosidad fraternal.

Puedo sentir que ella me mira de reojo y  a pesar de que no me da la cara como tal puedo ver en su perfil que aún tiene dudas para decírmelo todo.  Tal vez no sabe cómo empezar o es algo demasiado fuerte para contarme en plena calle y en el estado en el que estamos… Estoy considerando si esto fue una buena idea cuando Sam comienza a hablar, me pregunta si alguna vez me eh sentido utilizado y yo niego con la cabeza mientras ella hace lo mismo y cambia el rumbo de sus palabras, dice una palabrota y no puedo evitar que una pequeña sonrisa aparezca en mis labios. ¡Eso es! Tiene que dejarlo salir incluso si es con groserías y gritos.
Y de repente la rubia estalla y comienza a soltármelo todo sin más. Me quedo callado solamente escuchando todo lo que ella me dice y dejándola desahogarse.

Puedo entender a lo que se refiere en cierta manera.  Pues yo llegue a estar en el otro lado. En Hogwarts tuve un par de relaciones, donde las chicas con las que salí solían darme todo de ellas, ponían todo de su parte para que nuestra relación funcionara y a pesar de que me gustaban y llegaba a quererlas no era suficiente… Mi mente siempre estaba en otra parte, no las valoraba lo suficiente y tampoco me importaba demasiado si se quedaban a mi lado, y no es que fuera un patán con ellas, siempre las trataba con tacto y amabilidad, pero como dije mis pensamientos siempre iban hacia otra persona y ellas no llenaban el espacio que ella dejaba.

Gire mi rostro para poder ver lo que ella me señalaba, una pareja que se abrazaba y cada vez se acercaba más antes de comenzar a besarse, incomodo por estar observando ese momento de intimidad de la pareja regreso mi vista a Sam que estaba mirando el suelo. La escucho atento mientras ella sigue desahogándose y comienzo a entender su estado de ánimo, debe ser muy difícil que la persona que quieres a tu lado no sea capaz de enfrentar todo para estar junto a ti, pero por otro lado puedo entender a la otra chica, debe tener mucho miedo de enfrentar a su familia y cambiar por completo su vida, por lo que Sam me cuenta de su celos si debe quererla pero por lo demás… bueno no lo suficiente.

Es demasiada información y mi cabeza da vueltas, quiero darle un buen consejo pero no quiero sonar demasiado grosero o demasiado duro con lo que quiero decirle a Sam. Me tomo unos momentos para respirar y pensar bien lo que le voy a decir, incluso estando ebrio tengo que tratar de no herir sus sentimientos, pues ¿Qué clase de amigo seria si lo hago? Cuando recarga su cabeza en mi hombro, trato de darle unas palmaditas para reconfortarla, tomo el aire para hablar y se lo suelto de golpe. —Es que no te quiere. — Casi quiero golpearme en esos momentos por haberlo soltado así, había estado meditando decirlo con tacto, pero con el alcohol y mi estupidez la he cagado, sacudo la cabeza y trato de arreglarlo. —Qui-iero decir… probablemente si  te quiere pero no lo suficiente. — eso está mejor pienso. —Eres una chica increíble Sam y mereces a que la persona que quieres esté dispuesta a darlo todo por ti; a enfrentar sus miedos, sus prejuicios, e incluso a su familia para estar a tu lado. — Me giro para ver a la pareja que está terminando de besarse, y se quedan mirando a los ojos de una forma muy romántica, le hago una seña a Sam para que pueda verlos. —Mereces a alguien que te mire así y que tome tu mano en la pista de baile, aunque estén rodeadas por gente que las conozca, que no le importe cuando la beses en medio de la pista y mucho menos las miradas que les darán a ambas. — la miro fijamente y trato de darle valor. —Existirán muchas personas que las juzgaran, las miraran raro e incluso murmuraran frente a ustedes o a sus espaldas. Pero si ambas están juntas y tomadas así de la mano, todo pasara a segundo plano y eso es lo que tú necesitas. — me giro para que levante la cabeza y le doy un golpecito con mi dedo a su nariz. —No vale la pena que estés así de decaída por una persona que no lo merece. Termina con esa relación toxica y veras que alguien mejor vendrá para ti, alguien que cumpla las promesas de intimidad y que grite a los cuatro vientos lo mucho que te quiere, alguien que prefiera quedarse contigo bailando que irse a casa. — Todo lo que digo es una completa y absoluta verdad, pues Sam merece una chica que le de todo eso y más. Necesita alguien con quien compartir toda esa energía y felicidad que se carga.
—Y no eres idiota, simplemente estas dando todo de ti. — le revuelvo el pelo para tratar de animarla de nuevo. —Así que prométeme que vas a terminar esa relación y buscar eso que es mejor para ti. — Me encojo de hombros y le sonrió. —Quien sabe y tal vez la chica de tus sueños siempre ha estado frente a ti y nunca lo has notado por perder el tiempo con alguien como la chica que te dejo tirada esta noche. —
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Sam J. Lehmann el Lun Jul 30, 2018 1:31 am

"¿No me quiere?" Miró a Jacob, con cara afligida. "¿Cómo no iba a quererme? Ella me había dicho que sí... Siempre me decía que intentaría cambiar, que poco a poco lo conseguiría, que sólo necesitaba un empujón, saber qué camino coger, cómo decírselo a su familia y..."

Lo peor de todo eso es que por mucho que le dijesen todas las cosas bonitas que le estaba diciendo Jacob, había un factor con el que muy poca gente contaba: Sam se sentía fatal por no ser la prioridad de Rhianne, pero en realidad entendía perfectamente el motivo de no serlo. Ese "miedo" a no ser aceptada, a mostrar gusto por algo prohibido. Por mucho que le hubiesen insistido a Sam hace tres años, en Hogwarts, cuando veía a su amiga Caroline con otros ojos, bajo ningún concepto le hubiese dicho a nadie nada. De hecho, a día de hoy todavía seguía guardándose ese dato en privado, quizás por vergüenza, o porque realmente siguiese pensando lo mismo: que nadie vería normal que te gustase tu mejor amiga. Y a Rhianne le pasaba lo mismo, con la diferencia de que en vez de tratar con la opinión de la familia que has elegido (tus amigos, como trataría Sam), sería con la opinión de su familia de sangre. Una familia que, por lo que le había contado, era de todo menos tolerante.

Así que claro... no solo era paciencia; era entendimiento, aunque le molestase realmente todo lo que ello conllevaba. Y con eso de fondo, Sam no estaba viendo que Rhianne en realidad parecía que sólo se estaba aprovechando de ella. Sam creía en ella, probablemente porque le había cogido un cariño inmenso en esos meses que llevaba con ella y quería pensar que cambiaría.

Miró a Jacob, sin poder evitar imaginarse todas esas posibilidades de pareja feliz en compañía de Rhianne. Ay, el amor. Sam estaba tan pesada con encontrar la mujer de su vida que cuando encontraba a alguien con quién se sentía a gusto... que pocas personas la hacían cambiar de parecer.

"¿Espera, qué?" ¿Que le prometa que va a cortar con la relación? ¡Pero Jacob, tío, qué radical! —No quiero cortar con ella, sólo quiero que de el paso que tiene que dar... —respondió sin entender muy bien esa medida tan drástica. —Es cierto que siempre es el mismo problema pero... pero no es para dejar a la persona con la que quiero estar sólo por eso. Ella me ha dicho que quiere cambiar. Yo le he dicho que quiero que cambie. No es fácil salir del armario, ¿sabes-s? Mucho menos si sabes que tendrás gente a tu alrededor que no te va a apoyar. —Odiaba que Caroline se hubiese ido nada más graduarse a Japón a estudiar malditos Kappas. ¡Malditos Kappas feos roba Carolines! Pero una cosa era clara: eso había hecho que dejase esa etapa edad atrás, comenzase a ver las cosas con perspectiva y empezase de nuevo, asumiendo quién era. —El problema es que le veo con más miedo que con ganas. Y es lo que me preocupa... No sé cómo hacer que vea que abriéndose con el mundo va a ser más feliz, ¿sabes? —Ay, "patata mustia" se estaba convirtiendo en un estado por excelencia de Sam estando borracha.

Luego bufó, tanto que hasta se le salió saliva de lo fuerte que bufó. Por ahí voló. ¿En serio le estaba diciendo eso último? —¿Ah sí, y de quién hablas? ¿De Bee la super hetero o de Gwen la super hetero con capa? —Porque todo sabemos que para que algo sea super, ha de tener capa, como Superman. Sí, para la Sam borracha eso había tenido sentido. Su compañera de cuarto no paraba de hablarle de esas tonterías de supermanes y héroes. —Yo creo que mis dos amigas son tan heteros que si me tocan más de la cuentan me convetirán a mí. —Hizo una pausa, con una sonrisa traviesa. —Bueno no, eso es imposible. ¡Oh! O quizás de alguien de la universidad al que no he detectado con mi super e infalible radar. Si no supiera que sabes que soy bollera porque te lo dije hace un rato, por cómo lo has dicho, parece que estás ligando conmigo y te refieres a ti. Ay... —Se apoyó de nuevo a su ex-compañero de Hogwarts. Jo, era to simpático, ¿por no tenía tanta relación con él? —No sé... luego si sé ubicarme en esta vida, iré a casa de Rhianne y hablaré con ella, dejándole las cosas claras.

¿Queréis un spoiler? No iba a llegar ese momento. Sin embargo, la Sam borracha se había motivado con la idea de ir y hablar seriamente—dentro de la borrachera—con su novia. Sam metió la mano entre el costado y el abrazo de Jacob, sujetándole como una viejita. —¿Y tú qué? ¿Qué me cuentas de tu vida además de aguantar mis dramas?
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Jacob A. Fraser el Mar Ago 28, 2018 6:35 am

Pienso que a la mejor eh sido demasiado duro con mis palabras por las emociones que se cruzan por el rostro de Sam mientras hablo; primero aflicción, incredulidad, sorpresa y un sinfín de emociones más. Si tal vez suene radical lo que estoy diciendo, pero pienso que cuando la persona es simplemente toxica para tu vida y solo te lastimas, lo mejor es que hay que cortar ese lazo de tajo. Si definitivamente yo era demasiado radical en cuanto a relaciones se refería. O tal vez estaba demasiado alcoholizado como para saber verdaderamente de qué demonios estaba hablando y para dar un buen consejo.
Como yo no era gay realmente no sabía lo que era estar en esa difícil posición. Podía tratar de entenderlos claro, pero nunca sabría lo que era tratar de ocultar quien eres y tus gustos porque tu familia no lo acepta. Tu familia… las personas por las que eres lo que eres, que están todo el tiempo alrededor de ti mientras creces.

Con la mente nublada por el alcohol, mire al suelo y me puse a pensar en mi familia y en lo que pasaría si yo tuviera diferentes preferencias sexuales. Primero mi padre que era un auténtico Highlander, con todas esas ideas y costumbres, con cierto grado de machismo, probablemente repudiaría que su hijo mayor aparte de ser un mago, fuera un homosexual que se dejara sodomizar, tal vez incluso me hubiera molido a palos para enderezar mi camino según él y Margaret no hubiera podido hacer nada. Después pensé en Samuel con quien me llevaba muy bien y éramos inseparables, pero que tenía la costumbre de hacer todo lo que nuestro padre decía y tomarlo como ley, probablemente me miraría de manera diferente y con desprecio si nuestro padre le decía que la homosexualidad era algo malo y yo lo fuera.  Linda y Ellen ni siquiera podía pensar en que dirían o harían ellas. Llegue a la conclusión de que si fuera gay también lo ocultaría.

Cuando levante mi mirada y la fije de nuevo en Sam podía seguir viendo la sorpresa en su rostro. —Sé que tal vez no quieras terminar con ella, pero si ninguna de las dos puede darle a la otra lo que necesita, lo único que van a lograr es lastimarse mutuamente. — le dije de manera suave. Podía ver que ella ya no tenía tanto miedo de aceptar quien era y sus preferencias. —Yo puedo entender que tenga miedo, pero dime ¿tu estas dispuesta a esperar una eternidad entre la sombras a que ella decida cambiar? ¿Estas dispuesta a ser su secreto hasta que pierda un día el miedo? — le pregunte. —Si tu estas dispuesta a todo eso, no puedo darte mas consejo, solo recordarte que lo que paso esta noche volverá a suceder una y otra vez con más intensidad a lo largo de los años.  Presentarte a sus otros amigos y colegas como su amiga, cenas familiares a las que no te llevara como su novia o simplemente no te llevara, tal vez navidades u otras reuniones donde llevara a un chico con su familia ante las presiones que sienta a lo largo de los años y todo eso mi querida Sam no hará más que romperte el corazón poco a poco y por pedazos. — le revolví el pelo en un gesto de consuelo.

Después de escucharla bufar quise sonreír pero me detuve ante la mención de Beatrice, sentí una punzada en el pecho y me sentí bastante extraño ante la idea de Bee saliendo con Sam, eso sería bastante extraño y jodido para mi si fuera una situación real, sacudí la cabeza para sacarme esa idea, trate de sonreírle de nuevo y seguir con la conversación pero para ese momento sentí la necesidad de consumir más alcohol.
La vi sonreír traviesa mientras escuchaba todo su discurso para luego mencionar algo que de verdad logro sacar unas carcajadas de mí, mis hombros se sacudían violentamente y un par de lágrimas se acumularon en mis ojos debido a la risa. Me tomo un par de minutos controlarme y regularizar mi respiración. Deje que recargara su cabeza sobre mi hombro mientras me secaba los ojos. Nunca había esperado que interpretara lo que había dicho como que en realidad estaba intentando ligar con ella y ser su “indicado” le revolví el pelo de manera juguetona y la mire mientras le decía. —Bueno Sam no negare que eres muy atractiva, pero definitivamente no funcionaríamos. — me encogí de hombros haciendo un gesto divertido con la cara. —Incluso aunque te gustaran los tíos… No soy demasiado bueno en las relaciones sentimentales, no sería el indicado y al parecer no soy lo suficientemente comprometido y bueno. — me quedo callado por unos segundos y luego le quitó importancia a las palabras con un gesto de mi mano. — O al menos eso es lo que dicen mis ex novias. —

Siento como rodea mi brazo con el suyo, le sonrió y tuerzo un poco el cuello. —Pues no hay demasiada emoción y drama en mi vida. — ¡mentira! me grita en la cabeza, pues mi vida es un torbellino de cosas. —Solo estoy lleno de deberes, estudios y trabajo. — Observo a Sam cuando menciona el ir a buscar a su novia a su casa, pienso en lo que mis amigos me han dicho y tal vez es verdad que necesito relajarme y Sam también lo necesita, tal vez mas alcohol en nuestro sistema y conseguir un par de chicas para ambos esta noche. Una sonrisa traviesa cruza mi rostro y me levanto con Sam aun colgada de mi brazo. No sé qué tan de acuerdo estará Sam de que la empuje a los brazos de otra chica, pero pienso en tratar de llevarlo a cabo de una forma discreta. —Tal vez debemos ir adentro por otro par de bebidas. — le digo mientras me encamino con ella a la puerta del local y le hago un gesto al guardia al entrar. —Estas helada y necesitamos entrar en calor de nuevo. — Nos sigo moviendo entre el gentío hasta la barra, la pista está llena lo que deja mucho lugar en la barra para que podamos pedir. El joven detrás de esta nos reconoce y solo le hago un gesto afirmativo con la cabeza para que se acerque a dejarnos más Whiskey.

Los vasos no tardan en llegar, le hago un gesto con la mano a Sam para que tome uno, y yo bebo el mío mientras mis ojos recorren el lugar tratando de buscar a un par de chicas para nosotros, en eso recuerdo que no soy muy bueno en leer ese tipo de señales que una chica muestra cuando está dispuesta a ligar y mucho menos en leer la señal de una chica que sea lesbiana. Me doy cuenta que mi plan tiene muchos vacíos y comienzo a reconsiderarlo. Tal vez debería decirle a Sam, vacío mi trago y la miro. — ¿Qué opinarías si te dijera que tal vez deberíamos relajarnos esta noche y conseguir un par de chicas para ambos? — Mis ojos se pasean por el bar evitando mirarla. —A la mejor eso necesitamos esta noche para relajarnos. — tomo otro vaso de Whiskey y lo llevo a mis labios esperando por su respuesta.
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Sam J. Lehmann el Jue Ago 30, 2018 1:49 am

Sam solía ser muy idealista. No quería dejar a Rhianne por ese motivo porque le parecía injusto. Era muy consciente de lo difícil que era salir del armario y, sobre todo, no ser aceptada por ello. En su caso había tenido suerte: todos sus amigos lo habían aceptado sin problemas, como sin siquiera importarse porque, ¿en realidad qué importa? ¿Qué importa que una persona que no eres tú le gusten las personas de su mismo sexo? ¿O que se sienta atraída por algo que no es lo convencional? Todos sus amigos lo aceptaron como quién acepta un cambio de carrera, o teñirse el pelo de un color extrambótico. Sin embargo, Sam también había sentido rechazo. Su padre quizás no tanto, pese a que la sorpresa inicial fuese evidente, ¿pero la familia de su madre, incluida su abuela? La mente retrógrada de la famila Ebner era de todo menos tolerante y... bueno, pese a que su madre hizo un intento por aceptarlo, Sam la conocía bastante bien como para saber que no lo aceptaba. ¿Qué madre con una hija única no querría verla con un apuesto hombre que le diese nietos? Y por no contar a su abuela, quién le comía la cabeza más que nunca a su madre con tonterías homófobas de a saber que palo. Seguramente por eso a Sam no se le perdía nada en Austria. —Pero es injusto, Jacob. Ella tiene miedo, ¿y la voy a dejar porque tiene miedo de aceptarse? ¿No es más humano querer ayudarla? Es normal que me molesten las cosas pero... —Ordenó sus palabras antes de soltarlas todas porque su vocalización estaba llegando a límites ininteligibles. —Si la quiero, ¿no merece la pena esforzarse?

Pero Jacob seguía siendo duro con sus palabras. ¿Tenía razón? Seguramente, visto desde una perspectiva objetiva y sabiendo como acaba de todo, pero en aquel momento Sam no quería aceptar esa realidad porque de verdad que veía soluciones. Así que pese a que le dolió la cruda realidad, frunció el ceño y la negó. —¿Y si le demuestro que vale la pena arriesgarse a vivir siendo tu mismo? Quizás no me lleve a las cenas familiares, pero quizás un día sí lo haga y me presente como Sam, su pareja. Quizás un día por fin me coja la mano en la calle tras darse cuenta de que no quiere soltarme. —Sam era una romántica, ¿lo sabías? Estaba ilusionada con la relación pese a que la idiota de Rhianne se empeñase en romper en pedazos sus ilusiones. Un día, sin embargo, se estamparía de lleno con la pared de su no correspondencia, se daría cuenta de que las intenciones no son recíprocas y... le dolería, sin duda. —No es fácil abrirte cuando sabes que no vas a ser aceptado... Sé por lo que está pasando y no me parece justo ser dura con ella. No puedo obligarla, pero puedo convencerla de que es lo bueno para ella —dijo con optimismo, pese a que todavía seguía enfadada.

¿He dicho ya, también, que Sam era una cabezota de primera? Y una cabezota que se creía enamorada—cosa que obviamente no estaba—y estaba borracha podía llegar a ser terriblemente persistente con sus ideas.

Después de ese intercambio de opiniones en dónde estaba claro que NO coincidían, Sam confesó que las palabras de Jacob tendían a confusión, recibiendo una respuesta de lo más divertida. —¡Oh, gracias! —respondió de manera inmediata cuando su amigo le dijo que era muy atractiva. Jo, ¿es que a quién no le gusta que le digan que es guapa? —Tú también eres muy guapo. Lo de atractivo, siento decirte, que no sería en absoluto objetiva —le puso la mano sobre el muslo, para entonces sorprenderse con lo que había dicho. ¡Tenía que estar de broma! —¿Qué dices? ¿Qué clase de ex-novias has tenido? Me conoces poquito, sabes que soy lesbiana y has tenido el detalle de sacarme fuera de esa dichosa discoteca para hablar conmigo, aconsejarme y darme un abrazo, ¿qué buscan esas mujeres? Si eso no es compromiso y bondad, ya me dirás —dijo, enfadada, pues consideraba que ese juicio era erróneo. JACOB ERA UN AMOR y quién no lo supiera era tonta. —No te creas nada de lo que te dicen, seguro que eres una pareja genial para alguien que no tenga obsesión con la dependencia ajena. Así cualquiera peca de poco compromiso, uno necesita su espacio —continuó hablando.

Unos minutos más tarde, volvían a estar en el interior, rodeados de una fuerza invisible cargada de calor y olor a humanidad. Se acercaron a la barra para pedir bebida y, pese a que seguía sin ser muy fan del whisky—aunque Henry, con su dichoso whisky escocés lo hubiera intentado contra viento y marea—decidió seguir la línea de Jacob y aceptar ese vaso. Total... ya con todo lo que había bebido, un whisky más o un whisky menos ni se le iba a notar. O eso esperaba. Mientras bebía de su whisky con cara de limón ácido—pues, repito, no le gusta mucho—escuchó a Jacob y su maligno plan. Parte del whisky que tenía en la boca se le salió por los labios al balbucear un sorprendente: "¿qué?" que no se entendió en absoluto.

Rápidamente se limpió con el dorso de su mano, riendo por lo estúpida que habría parecido y finalmente miró a Jacob. —¿Estás de broma? ¡Pero si acabamos de tener una conversación en dónde te hablo de MI NOVIA! ¡Yo no hago esas cosas! ¿Cómo pretendes que me ponga a ligar con otra? —preguntó, divertida. Divertidísima. Es que le parecía irónico que le hubiera propuesto esa idea. —Yo para relajarme necesito o hacer las paces con Rhianne —con su correspondiente momento íntimo reconciliación, claramente—O comer mucho chocolate. Y ahora mismo ambas opciones no son posibles, así que te puedo ayudar a ti a encontrar a una chica mona y así triunfas como el resto de tus amigos. —Posó una de sus manos en el hombro del chico. Ella, en verdad, ahora mismo quería o irse a casa de Rhianne, o a su habitación de la universidad a contarle el drama a Gwen. —¿Cómo te gustan? ¿Rubias? ¿Morenas? ¿Bajitas? ¿De ojos claros, o de ojos oscuros? ¿Divertidas y que parezcan fáciles o difíciles?

Sam podía enfadarse por la repetición de algo que le molestaba muchísimo y Rhianne sabía que progresivamente eso iba a hacer que la perdiese, sin embargo, ninguna de las dos chicas jamás le pondría los cuernos a la otra por una discusión. No iba a hablar por Rhianne pues tenía pinta de ser un poco zorra en algunas ocasiones, pero Sam, jamás de los jameses, bajo ningún tipo de circunstancias, tendría deseos de ponerle los cuernos a su actual pareja. Si ella estaba con alguien es porque realmente se sentía a gusto con esa persona y nunca le haría daño.
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