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[PRIV] • Desde Cero... [Danielle M.]

S. Ashanti Button el Lun Jul 09, 2018 4:38 am

•• ★ ••

 Mansión Von Kleist Australia
~• ★ •••••••••
•••Julio
18:15

"... El espejo es un gran mentiroso; me convence que Ashanti Button no existe -y que su ideología es un pecado estando en Oceanía- ¿Debería eso hacerme sentir mejor después de ser declarada legalmente muerta?; cada que me levanto por la mañana dejo de ver quién se supone fui... Para ver a quién debo ser -una perra que odia todo aquello que no se asemeja a si misma- ¿Por cuanto tiempo lo podre soportar?; y a todas estas ¿Quién soy realmente ahora? Dejé de tener identidad para convertirme en lo que más he odiado... Nunca me caracterice por mentir, pero tampoco puedo pensar como yo misma, ahora me toca representar a alguien que ni siquiera sé si sigue respirando en alguna húmeda celda de Azkaban; al menos eso es lo que me han dicho, o más bien eso debo averiguar... ¿Podría ser ésta nueva vida aún más compleja?..."

Australia... Tan solo la primera semana en la Mansión Von Kleist fue de en sueño -si es que puede llamarse de alguna manera medianamente buena; después de todo ni siquiera se la pasaba dentro de aquel lugar, como había sugerido Elara-, sin embargo para desgracia de Ash, no podía acostumbrarse a la idea de salir a recorrer ciudades en compañía de Hayley -como estaba haciendo desde que se instalaron en la mansión- y desperdiciar las tardes o noches juntas en alguna playa u otro espacio recreativo. En realidad toda la paz de Ash acabó cuándo llegó la hora de asumir la identidad de Irena Giselle Von Kleist y para aprender a ser esa chica, contaba nada más y nada menos qué con la ayuda de la gemela idéntica de la misma -Elizabeth Thamar Von Kleist-, con la cual comparte una relación nada agradable...

Como cada mañana -desde que Elizabeth arruinó la paz de la Button-, Ash debía cumplir con un 'estricto horario' -muy apegada a la rutina que llevaba Irena y así poder imitar con eficiencia a esa chica pues el reto no era solo engañar a los extraños, sino también a la propia familia (abuelo y primos, que hacen vida en la mansión)-; salía a correr muy temprano; luego se alistaba para el desayuno, seguido dedica arduas horas al estudio, guiada por sus profesores particulares, para nivelarse y estar a la altura de un estudiante de segundo año de medimagia, ya que en poco tiempo debía volver a la universidad. Por las tardes tocaba practicas de duelo y las noches eran el momento perfecto para alardear de la reputación del apellido Von Kleist cada que asiste a eventos sociales; y al mismo tiempo era la ocasión ideal para demostrar que los meses de práctica de esa actitud de 'Zorra educada'  en compañía de su "nueva hermana" valían la pena y no solo eran encuentros para intentar sacarle los ojos a Elizabeth...

La Button ignoraba como se lo estaba pasando Hayley -quizás mayormente porqué las ocupaciones diarias no le daban tiempo a nada más qué a respirar y memorizar datos de esta nueva vida, que quizás no distaba mucho a la que vivió con sus padres (dado a los lujos y facilidades), pero acá no podía hacer su voluntad por más que lo desee- con todo lo que ocurría a su alrededor; ¿le sería alucinante a Kingsman; vivir en una casa dónde las personas en los cuadros se mueven y se comunican entre sí; dónde en vez de auto usan una chimenea para salir a la ciudad; dónde habitan criaturas que te sirven o dónde los objetos levitan y se desaparecen -o aparecen- de la nada? Por mencionar cotidianidades de un hogar mágico. Sin embargo, en la medida de lo posible, Ash siempre trataba -o trata- de pasar todo su tiempo libre con Hayley; y quizás eso sea lo mejor de ésta nueva vida; tener a 'su novia' cerca; alguien que al final del día la ayuda a no olvidar quién es realmente...

Ash entró a la mansión luego de haber estado en su últimamente cotidiano entrenamiento en duelo. Su cabello estaba empapado y su vestimenta con unas cuantas rasgaduras aquí y allá. Sonrie ligeramente cuando sus ojos se fijan en una rubia agradable. —Estoy hecha mierda... Digo; estoy exhausta...– Se corrige de manera sarcástica dramatizando y exagerando el cansancio, mientras se acerca a Hayley; de ahora en más su vocabulario debía ser cuidado y si iba a maldecir, más vale que solo fuese mentalmente. —Para ser alguien que está discapacitada se libra de los golpes con facilidad... ¿No crees que esté fingiendo? O quizás yo bajé mi rendimiento en el duelo...– Se queja de Elizabeth ya estando junto a la rubia y le rodea con ambos brazos por la cintura poco después de fijarse que no hubiera nadie a su alrededor. —¿Nos viste luchar?– Sonríe un poco. —No espera, no respondas eso... Ya se que me dieron una paliza... Mejor cuenta que hiciste hoy ¿Decubriste algo interesante? – Se acerca a los labios ajenos y deja un beso pequeño sobre los mismos. Vuelve a mirar a su alrededor como quien busca algo -aun sin separarse de la rubia-. —¿Y Blonda? ¿La enviaste por algo?– La Button preguntaba por la elfina domestica que su tía Ottavia había dejado a Hayley para que solo ella le atienda, más que nada era por cuestión de seguridad, eso evitaba que los demás elfos de la mansión tengan contacto con la rubia, o al menos así lo quería creer Ash, le generaba más confianza al saber que 'su novia' andaría por los arrededores sola.

La castaña se separa de la rubia al recordar que lleva la ropa algo húmeda a causa de la lluvia, el sudor y el barro. —Lo siento...– Le susurra. Se queda mirando fijamente a la chica, detallando las facciones de su hermoso rostro, levanta la mano y le acaricia la mejilla. A veces -la mayoría del tiempo- no podía evitar pensar en todo lo que esa rubia había perdido por quedarse a su lado, lo cual valora muchísimo y quizás esa era una de las razones más poderosas por las cuales se esforzaba por estar atenta a Kingsman. —Creo que mañana Irena no tiene nada pendiente; podemos ir a la playa o a dónde quieras... ¿Qué dices?– ¿Le agradaría la idea? Ash nunca lo ha comentado con Hayley luego de la transformación, y desde su llegada a la mansión no había deseado sacar el tema, pero... ¿Le agradaba a la rubia su nueva apariencia? ¿Acaso eso no le creaba un conflicto? Se muerde la lengua para evitar preguntar. —¿Me acompañas a la habitación? Mejor tomo una ducha antes de la cena...– Le toma la mano a la rubia esperando que ésta última decida si desea acompañarle y comience a caminar.

A partir de ésta noche comenzaría el show para Ash, sería Irena a tiempo completo; y no es que antes no lo fuese -que así es, sobretodo físicamente-, la diferencia era qué, no podría acercarse como lo hacia hasta ahora a Hayley, lo que le era horrible; tener que entrar al closet cuando nunca antes tuvo la necesidad de ello y quizás nadie se lo había mencionado, pero seguro no tenga que esperar mucho para descubrirlo...

•• ★ ••

Jardines • Mansión Von Kleist
»Julio • 2018
» 19:40

Bajo la fresca tarde se encontraban dos mujeres dando un paseo bajo un cielo que comenzaba a dar sus últimos destellos de claridad para dar paso a la oscuridad. La mujer rubia sonríe con amabilidad a una joven castaña que con algo de dificultad -que intenta no reflejar- se desplaza pausadamente junto a la mayor apoyándose en el bastón que lleva en la mano izquierda. La rubia detiene su caminar con la intención de darle un respiro a la castaña y observa el reloj.

¿Te sientes bien?– Pregunta un tanto preocupada la rubia.

Sí...– Responde firme la castaña. —Solo un poco de molestia por el esfuerzo del duelo. Ash da guerra. Pero no la suficiente.– Comenta con cierto orgullo. Desde que 'el accidente' ocurriera hace ya unos meses -el mismo día de la desaparición de Irina-, Elizabeth fue impactada por un hechizo que lastimó gravemente su pierna izquierda.

No olvides ponerme al día si algo ocurre, por favor.– Le recuerda Elara.

Vale y... Volviendo al tema de tu sobrina. Ella no va agradecerlo, Elara... Ni siquiera te voltea a ver ¿Por qué sigues haciendo cosas por Ash?– Menciona la castaña con cierta indignación en la voz.

Porqué ella solo tiene a Hayley y a Danielle. No lo hago por agradecimiento, Elizabeth. Sino porqué deseo que tenga el apoyo que no se permite recibir de mí y solo sus amigas se lo pueden dar...

Si tu lo dices...– Mencionó la castaña con cierta resignación. —Entonces... Crees que esta chica...– Se toma unos instantes para recordar un nombre. —Danielle... ¿Nos ayudará?– Completa la frase.

Estoy contando con ello...– No hay convicción en su voz, pero si esperanza. —Igualmente hablaremos con ella luego de la cena, espero no hubiera rechazado la invitación. Me preocupa que mi carta no hubiera sido respondida. Solo nos queda esperar que Blonda se aparezca o no con ella. No debe tardar, ya se acerca la hora de la cena...

Papá traerá al abuelo, James y Amatista ¿Te lo había mencionado?– Dijo como quién recuerda algo de última hora.

La rubia se sorprende y disimula hábilmente su ansiedad ante la menor. Su corazón comienza a latir con violencia. Aro Von Kleist, el padre de su esposo estaría en la misma casa dónde habita una muggle. —No...– Responde con falsa tranquilidad. Engañar a Elizabeth con la procedencia de Hayley fue fácil ¿Tendría la misma suerte con su suegro? —Me alegra que tu abuelo hubiera logrado convencer a tus primos de venir...– Menciona solo por hacer conversación.

Al menos así James y Amatista olvidan esa tontería de quemar muggles.– Responde de manera relajada.

Quemar muggles... Muy adorables como de costumbre. ¿Estás jugando, cierto?– Hay duda en la voz de la rubia.

Claro.– Menciona Elizabeth con una sonrisa. —Hasta donde sé, solo los detestan. Ya sabes, por lo que le ocurrió a sus padres. Aunque no dudo que si fuese por ellos realmente harían justicia por su propia cuenta... ¿Vendrá esta niña Danielle, o no?

Seguro no tarda Blonda en llegar con Danielle...– Dijo la Rubia mirando hacia el frente esperando que algo pase.

Complementos:




Irena Von Kleist (Ashanti Button)

Estudiante de segundo año de Medimagia.

La verdadera Irena Von Kleist; Desapareció pocas horas antes del asesinato de sus tíos (padres de James y Amatista), accidente dónde su hermana fue atacada. | Caprichosa, vanidosa, temperamental y clasista.


Elara Von Kleist

Mujer transgenero | Madre adoptiva de Elizabeth e Irina | Padre biológico de Ashanti | Tía putativa de James y Amatista | Nuera de Aro | Esposa de Baltazar

Solo su esposo conoce su pasado. Elizabeth e Irina creen que Ashanti es sobrina de Elara e ignoran el hecho de que antes fue un hombre al igual que el resto de la familia. | Medimaga



Elizabeth Von Kleist #F7C979

Educada; inteligente e irónica | Estudiante de derecho mágico.


Aro Von Kleist #F5342D

Padre de Baltazar | Abuelo de Elizabeth, Irena, James y Amatista | Suegro de Elara.

Un hombre de carácter fuerte, estricto y poco amable. | Juez supremo del Wizengamot


Baltazar Von Kleist #06A8C1

Padre de Elizabeth e Irina | Hijo menor de Aro | Tío de James y Amatista | Esposo de Elara

Cariñoso y de mente abierta, aunque muy reservado con su verdadera filosofía de vida. | Medimago.


James Von Kleist #2FD87B

Hermano mayor de Amatista | Nieto Mayor de Aro | Sobrino de Baltazar y Elara | Primo de Elizabeth e Irena.

Impaciente; mal carácter; tendencia a la demencia. |  Mortifago.


Amatista Von Kleist #F37497

Hermana menor de James | Nieta menor de Aro | Sobrina de Baltazar y Elara | Prima de Elizabeth e Irina

Joven bipolar; Malcriada y además hipócrita. | Graduada de Beauxbatons
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Danielle J. Maxwell el Jue Jul 26, 2018 9:54 pm

Danielle Maxwell
9 de julio

¡Noticias de Ashanti!

Vale, no debería de ponerme TAN contenta cuando me llegan noticias de una fugitiva buscada por la ley que fingió su muerte para intentar librarse de la presión de un gobierno opresor. Sí, si lo pensamos de manera fría y objetiva: en realidad me está poniendo en un gran compromiso, ¿pero sabes qué? Estudio una carrera muggle, soy aspirante en la Orden del Fénix y soy Hufflepuff. Ya con esas tres cosas estoy condenada a no ser aceptada por este gobierno, ¿qué más da meterle un poco más de emoción a la ecuación de rechazo?

Llevaba muchísimo tiempo sin saber de mi amiga: tanto de Ashanti como de Hayley, porque recordemos algo importante: Ashanti cursó Hogwarts casi a la vez que yo, pero el mundo había decidido unirnos no por eso, sino por una tercera persona que era nada más ni nada menos que una muggle: mi compañera de universidad y su pareja. Nunca dejaría de parecerme curioso como el destino había jugado sus cartas de esa manera tan curiosa.

El caso es que había recibido una carta. No era directamente de Ashanti, sino de Elara, la madre—que antes era padre—de Ashanti. Me invitaba a su casa, de sorpresa para Ash. Y claro, ¿yo qué narices hacía, así de repente? No me dio tiempo de contestar la carta, pero como era evidente iba a ir. Quería ver cómo le iba todo a Ash y Hayley, pero tampoco podía descuidar las cosas que tenía que hacer, por lo que me pegué todo el fin de semana adelantando trabajos para poder desaparecer durante el tiempo que hiciese falta. ¿Que qué excusa le puse a mi abuela? Ninguna. Volvería con ayuda del elfo doméstico si la familia Von Kleist me dejaba cada cierto tiempo para fingir delante de mi abuela que su nieta tenía una vida muy ocupada y así evitar contarle que estaba relacionándome con una fugitiva que se supone que está muerta.

Seguro que no le hacía ninguna gracia.

Esperé pacientemente en el patio trasero de la casa de mi abuela hasta que apareció la elfina doméstica, la cual me sujetó de la mano para hacer que me desapareciese con ella. De repente aparecí en un lugar totalmente diferente: el sol que iluminaba—milagrosamente—Londres aquella mañana se había convertido en un atardecer que amenazaba con apagar todas las luces de manera inminente. Claramente desconocía que me había movido como cuatro continentes hasta terminar en Australia.

Nada más aparecer, vi delante de mí a Elara junto a otra mujer. ¿En la familia de Ashanti todo el mundo tiene un master en belleza y la posibilidad de ganar Miss Universo o qué?

¡Hola! —Saludé un tanto nerviosa, recogiendo la mochila que se me había caído tras la aparición y soltándole la mano a Blonda. Me acerqué directamente a Elara, pues era la única que conocía. —Me alegro de volver a verla. Gracias por escribirme, hacía montón que no sabía de ellas, ¿va todo bien, verdad? —Entonces miré a la otra chica. —Soy Danielle Maxwell. —Me presenté finalmente a la mujer que no conocía.

En realidad: lo admitía. Ashanti estaba en familia, pero me preocupaba Hayley. Era una muggle que se había metido en el mundo mágico en un momento muy peliagudo y con una familia que no es que sea totalmente tolerante con respecto a su condición. Sabía que Ash la protegería de todo, pero igualmente no podía evitar empatizar con ese rechazo que podría recibir.


Hayley Kingsman
9 de julio

Blonda era como su escudo en un mundo tan diferente y complicado para la rubia. Se sentía perdida entre tanta magia, entre tantas cosas grandiosas que en algún momento de su vida calificó como ficción y nada más. Si era sincera a veces creía que de un día para otro abriría los ojos y todo sería un sueño.

En serio, ¿esos elfitos domésticos eran los mayordomos de todos los magos? ¿No les daban pena tener a tremendas criaturas tan adorables a su merced? Habían algunos con una personalidad más cascarrabias y poco tolerante con las personas como Hayley pero… en general esos bichejos habían ganado muchos puntos para la muggle, sobretodo por cómo la trataba Blonda. Y ya no podía con los cuadros parlantes. ¡No podía moverse por la casa sin asustarse! Encima los cuadros se habían dado cuenta de que la muggle estaba un poco perdida, nerviosa y con un poquito de miedo, por lo que no dudaban a la mínima oportunidad en pegarle un susto a la rubia, aprovechándose de su ingenuidad e ignorancia. ¡Incluso uno de los cuadros fingió su muerte y Hayley tuvo que ir corriendo a avisar a Blonda! ¡Y los cuadros ya están muertos! Las risas de los cuadros de toda la habitación cuando volvió en pánico en compañía de la elfina doméstica resonaron por toda la mansión. Tampoco se acostumbraba a ver a todos haciendo cosas tan esenciales con el uso de la magia cuando ella siempre lo había hecho de manera normal. En definitiva: no, no se acostumbraba por mucho que ya llevase meses allí, en aquella compañía.

Que esa era otra…

Mantenía contacto con sus padres, los cuales creían que su hija estaba haciendo el viaje de su vida por todo Asia en compañía de su pareja. Y no, no estaban en absoluto contentos, pero al menos apoyaban las ansias de viajar y la cultura que iba a adquirir su hija. Pero nada, sólo era una mentira tras otra…

Hayley no se sentía orgullosa de cómo estaba tratando a sus padres, pero seguía creyendo que estaba haciendo lo correcto. Muchos dirían que arriesgarse tanto por un noviazgo es de idiotas, pero bueno… Hayley siempre había sido muy idiota cuando se enamora.

Ese día en concreto, estaba en su habitación, en el piso más elevado de la mansión. Desde que Ash había tomado la apariencia de su otro familiar, ya no compartían habitación, por lo que la rubia miraba desde la ventana como Ash peleaba en medio del jardín, con la lluvia que caía, con Elizabeth. Podría decirse que Hayley estaba aburrida en muchas ocasiones pero… en realidad no. Sólo estaba pensativa. ¡Tenía tanto en lo que pensar…! Además de que en esa mansión habían libros a montones. La gran mayoría tenían que ver con la magia por lo que… ya podíais imaginaros a Hayley flipando en colores psicodélicos cada vez que leía algo en relación con la magia. ¿El libro de magizoología avanzada en donde estaban las criaturas más peligrosas del mundo mágico? Esa noche no durmió sólo de imaginarse una mantícora en su habitación. En cierta ocasión dejó de ver aquel entrenamiento, decidiendo estirar las piernas y dar una vuelta por la mansión.

Fueron quizás unos diez minutos después cuando Ash entró en la casa, encontrándose a Hayley a mitad de camino hacia la cocina.

Estás extenuada, agotada, exánime, fatigada, carente de energías… —Recitó otros sinónimos, con una sonrisa divertida en el rostro. —¿Hecha mierda? Esa boca, Ash.

Enarcó una ceja, negando con la cabeza.

Lo cierto es que sólo vi la parte en la que te apalizaba, ¿pero luego ganaste, no? —Sabía que no, pero igualmente era divertido asumir la ignorancia y apoyar a la única persona que tienes ahí dentro. —Pues no he hecho mucho. He seguido leyendo ese libro que me diste de criaturas mágicas pero… ¿tú quieres traumarme de por vida, verdad? ¿Sabías que en mi mundo los vampiros y los licántropos son solo criaturas de ficción? Hubiese preferido mantener ese pensamiento y no temer por mi vida en luna llena. —Se había olvidado de Blonda por completo, ¿hacía cuánto que no estaba con ella? —Pues no sé. Llevo todo el rato en la habitación, es posible que se haya ido a dar una vuelta. Siempre le digo que si no estoy haciendo nada, se tome un descanso. Me pone nerviosa que esté ahí sin hacer nada mientras yo no hago nada… —Se encogió de hombros, sin mucha preocupación por la desaparición de su mejor amiga mágica.

Esbozó una sonrisilla frente al beso de Ash, aunque todavía no se acostumbraba en absoluto a su nuevo aspecto.

Lo de la playa suena bien. De todas maneras si no puedes no pasa nada. Yo puedo seguir traumatizándome en la habitación leyendo locuras mágicas. Y que sepas que el cuadro del segundo piso ya no se ríe de mí. He ido a hablar seriamente con él de muggle a cuadro parlante. —Y resultaría curioso, pero a Hayley le resultaba hasta graciosa la palabra “muggle”, por lo que siempre lo usaba para referirse a ella como la “rarita” de la mansión. Entonces le sujetó la mano a Ash. —Eso de la ducha suena bien… —Mencionó, con una mirada coqueta.

***

Con la ropa interior puesta, se quitó la toalla de la cabeza, quedándose con el pelo mojado y despeinado. Tras secárselo, se acercó al lavabo para coger un peine con el que comenzar a peinarse, un tanto preocupada por personas que no conocía.

Antes, cuando caminaba por la mansión… escuché que vendrían más familiares a cenar, ¿tú los conoces? —preguntó, dudosa, queriendo saber un poco más de ellos antes de verlos por primera vez, sobretodo si iba a tratar hacia ellos como una muggle que no pintaba nada allí. Desde que Ash acogiese para siempre ese aspecto, en realidad ya Hayley no era nadie para nada en aquella mansión.
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