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Hello, teach me || Abigail M. & Harper J.

Harper Jones el Jue 19 Jul 2018 - 22:45


Al salir de las Red Flu que unía mi hogar con el Ministerio mis ojos curiosos no tardaron en analizar todo a su alrededor, era una costumbre muy parecida a la de los felinos que antes de desenvolverse libremente observan todo para saber exactamente cuáles serían sus pasos a seguir. Mi padre ya se encontraba pasos más allá, caminando de manera rápida y segura hacia los ascensores, comencé una cuenta en retroceso, empezando desde el número diez, esperando a que mi padre se diera cuenta que me había dejado atrás sin siquiera una despedida de su parte. No me dolía su olvido, para nada. Sé muy bien que esa mañana tiene una reunión importante, había hablado de ella hace días y a toda hora. Y para ser sincera, hubiera preferido que siguiera su día sin hacer caso de mí  pero,  él no era así. Al llegar a uno sonreí al ver cómo se detenía en seco y se giraba sobre su propio eje para dedicarme una mirada de lamento, ambos caminamos y nos encontramos a medio camino. Me perdí unos segundos en su clara mirada que no hacía más que transmitir una seguridad infinita y cariño,  porque era yo su campo de visión.

Los Jones jamás recibimos negativas. Y estoy seguro que tú no serás la primera, mi querida. Además, Abigail es inteligente, sabe muy bien reconocer buenos potenciales, o eso espero. Sino, ya sabes que tanto tu madre o yo estaríamos más que fel…

Papá, basta con esa idea. Ya lo hemos hablado ― lo detuve en seco. Que mi familia puede ser lo más importante en mi vida, pero no me gusta mezclar las cosas. Sé que ambos (hasta mi abuelo) se mueren por ser mis mentores en el camino de los Mortifagos pero, por más que estoy segura que todos ellos son capaces de exigirme igual o más que cualquier otro,  quiero emprender esta ruta de manera individual. Saber destacar tanto a su lado como separada de ellos, hacer mis propias redes, y generarme mi propia  reputación.

Lo sé ― cedió, dedicándome esa sonrisa que es capaz de derretir cualquier glaciar  y que me siento afortunada de ser de las pocas personas que la recibe. Se la devolví escuetamente, más que nada porque había demasiadas personas a nuestro alrededor para ser más expresiva, observé su ademán de abrazarme pero se detuvo, por la misma razón. ― Ya en casa, hablamos. ― se despidió.

Éxito en tu reunión de hoy, recuerda que los Jones no aceptamos negativas, no seas tú el primero, mi querido ― repetí sus mismas palabras a modo de despedida que le hicieron soltar una carcajada, me guiño el ojo y se giró nuevamente en dirección a los ascensores.

Al verlo alejarse inspiré profundamente, para luego girar hacia donde yo me dirigía esta mañana mientras soltaba el aire de manera gradual a casa paso. Mi destino: la oficina de la Ministra de Magia, Abigail McDowell.  Durante el transcurso, mi  mirada no se cruzó con nadie por más que sentí un par clavadas en mí. Era temprano, de seguro llegaría hasta antes que cualquiera en la oficina de la Ministra, pero mejor así, quería tener el tiempo suficiente para ordenar por última vez mis ideas. A diferencia de mi padre no tenía un discurso preparado que repetía hasta en la ducha, yo era más de improvisar, pero una lluvia de ideas mentales de las cosas más importantes nunca está demás.

Me equivoqué, ahí ya se encontraba un chico detrás de un enorme escritorio de madera, con detalles tallados de admirable belleza. Enseguida puse un pie dentro de la oficina dirigió su mirada hacía mí.

Buenos días ― le saludé de manera cordial, me acerqué hacia él.

Buenos días, ¿pidió una reunión para hoy con la Ministra? ― preguntó mientras se subía las gafas para clavar su mirada en una carpeta que no tardó en abrir y revisar su contenido ― No recuerdo tener agregada a una chica de…―hizo una leve pausa para mirarme de los pies a la cabeza de manera analítica ―…su edad ― terminó de decir, para volver a cerrar la carpeta y aclarar su garganta mientras tomaba una pluma. Le sonreí falsamente, mientras pensaba en lo idiota que me parecía su superioridad sabiendo el rango que tenía dentro de este gran edificio, tan sólo era un títere más, pobre ser deseoso de poder― La Ministra sólo está recibiendo entrevistas los días jueves, por una hora. Esta semana ya está ocupada, podría agendarte ya para la otra semana ― me indicó ya sin siquiera mantener la mirada sobre mí sino que en los múltiples archivos que se encontraban esparcidos por el escritorio y que cautivaban su atención.

No, gracias. Prefiero esperarla ― le dije de manera segura y de rostro inexpresivo. Su mirada volvió a estar en mí, y su ceja derecha decidió elevarse desafiante ― Señorita… ― comenzó a protestar pero el sonido de unos tacones detrás de mi espalda captó la atención de ambos. Me giré rápidamente observando como Abigail McDowell había llegado.

Me adelanté al mago y me acerqué a ella un par de pasos― Ministra, buenos días. No sé si se acuerda de mí, soy Harper Jones. Me gustaría hablar algo con usted, lamento aparecerme así, pero prometo no quitarle mucho de su tiempo. También puedo esperar a que se desocupe si es necesario ― dije de manera soberbia y respetuosa.

Ministra, lo siento…le dije que debía esperar a tener una hora agendada, pero ella insistió en esperarla ― le escuché decir al mago que de haberme girado hubiera notado que se había levantado del escritorio para hacerse notar. No aparté mi mirada de Abigail, deseando que a diferencia de aquel mago ella supiera que mi presencia allí estaba lejos de ser innecesaria y estorbante.


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Abigail T. McDowell el Miér 25 Jul 2018 - 2:50


Como cualquier otro día, se levantó a las seis de la mañana, fue al gimnasio y volvió a casa, donde se duchó y se preparó para estar en el Ministerio de Magia a las ocho en punto. Siempre había creído que ser secretario o, en su defecto, el Asistente del Ministro ya llevaba consigo suficiente estrés, pero desde que tiene el puesto de Ministra de Magia en un gobierno en donde se han cambiado tantas cosas… sabe muy bien lo que es el estrés, el trabajo pesado y el tener que hacerlo tú todo si quieres que salga bien. Inevitablemente, necesitaba ir al gimnasio a patear traseros o, en su defecto, un maldito saco de boxeo, si no quería estallar en el Ministerio de Magia con algún incompetente.

Ese día, en principio, se deparaba como un día de lo más normal, ya que no tenía ninguna reunión especialmente importante y era uno de esos días en donde todos los departamentos reportaban sus avances. Solía ser un día en donde su despacho estaba lleno prácticamente el ochenta por ciento del tiempo, de personas estresadas por tardar con sus informes, o de personas realmente pesadas que querían dejar claro todo por miedo a que la Ministra de Magia malinterpretase las cosas. A decir verdad, era uno de esos días en donde Abigail tenía que fingir más apariencia que nunca frente a tanto tonto y disipar su instinto violento. Hoy, más que nunca, el gimnasio daría sus frutos.

Lo que no se esperaba era tener una visita no esperada en su despacho nada más llegar. Inteligente, sin duda. Nadie atendería una visita inesperada a última hora después de todo un día de cansancio, ni mucho menos a mitad de una jornada laboral, en donde estás en medio de todas tus tareas. Cuando la chica se acercó a Abigail, ésta la reconoció, aunque simplemente escuchó lo que tenía que decir, así como su secretario, el cual se sentía culpable de que Abigail se hubiese visto interrumpida. Lo cierto es que la pelirroja había estado siendo muy dura con su secretario, motivo principal de que prácticamente intentase mantener a la Ministra totalmente contenta y sin altercados indeseados.

Héktor, sigue con lo que tengas que hacer.

Enarcó una ceja, irónica, mirando a Harper.

Los Jones tienen fama de no aceptar nunca un no como respuesta. —Y se limitó a hacer un movimiento con su cabeza para invitarla a seguir sus pasos en dirección a su despacho.

Abigail conocía perfectamente al padre de Harper. Vladimir era un tipo muy… insistente, sin duda. La pelirroja había tenido algunos encuentros un tanto hostiles dentro de la profesionalidad cuando era Asistente de los anteriores Ministros, pero actualmente habían conseguido crear un vínculo de lo más fuerte en cuanto a negocios se refería. Él era un abogado excepcional, además de tener una labia y unas ideas que habían sido clave para algunos contratos y relaciones con el exterior. Respecto a Adalia, poco la conocía en comparación con Vladimir, pero había sido una buena referencia en el Área-M en cuanto a opiniones, ya que todos sabíamos que Deborah Brewster siempre ponía al Área-M por las nubes, algo que estando fuera no sabes si es verdad o no. Y Abigail no quería que nada en el Área-M se fuese de las manos, teniendo en cuenta la repercusión que estaba teniendo.

En algunas ocasiones había visto a Harper en casa de los Jones cuando había sido invitada para tratar temas profesionales, pero nunca había hablado con ella más que el típico saludo cordial. Por lo que en realidad no tenía la menor idea de lo que hacía allí.

Toma asiento —le dijo, señalándole una de las sillas que estaba por delante de su gran escritorio.

Ella rodeó su mesa y dejó las cosas sobre su mesa, se desabrochó el botón de su americana y se sentó, mirando a la única hija de los Jones. Por norma general solía atender reuniones de ese estilo en los sofás que tenía a mano derecha, de manera más informal, pero tenía cosas que hacer y, como bien había dicho su secretario, eso era una reunión no agendada que ni siquiera tendría por qué recibir y que caparía rápidamente si no le resultaba interesante. Aceptar su visita había sido un mero trato cordial por ser hija de Vladimir y Adalia Jones, nada más. Cualquier otra persona de su edad no tendría ese placer.

¿Y a qué se debe tu visita? Veo que la insistencia viene de familia. Eras la última Jones que esperaba encontrarme en la puerta de mi despacho esta mañana. —Sobretodo con el asunto que se traían entre manos con Vladimir este mes con respecto a Rusia y sus sistemas de protección.
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Harper Jones el Jue 2 Ago 2018 - 6:25

Los Jones no aceptamos negativas.

Uno puede pensar que es un simple decir, una frase que ha perdurado como un lindo refrán familiar por los años y hoy se dice como un pequeño ritual que suplanta un ¡bon voyage! en la aventura o desafío que estas pronto a emprender. Pero en lo que mi familia respecta, es literal. No aceptamos negativas, porque si vamos hacia ti es porque estamos seguros que los beneficios serán mutuos. Y no habrá exigencia de devolución  por inconformidad y falsas promesas en un futuro. Y la historia y las personas lo dicen, que conste. No es un afán narcisista de nuestra parte.

Y claro que se lo deje en claro a ese mago en cuanto en un vano intento de hambruna de poder me quiso desplazar para la otra semana, me había demorado tres horas en componer mi vestuario adecuado,  no me iba a ir a la primera de cambio, y menos sin antes agotar todas las opciones. Por suerte, no tardo en llegar la protagonista de mi historia de aquella mañana, me giré y observe la entrada, con una prestancia envidiable, de Abigail MacDowell.

Pero mírenla que guapa, nadie se pone esa falda ceñida a la cintura y la luce de buena manera. Y la pelirroja tenía todo mi visto bueno, manito arriba y admiración, que se convirtió en una mirada rápida de pies a cabeza, sutil casi imperceptible por mi parte para darme un gustito visual. No tarde en presentarme, y hacer notar ante sus ojos mi presencia antes que el mago fuera mi presentador, y de seguro uno muy malo.

Miré de reojo al mago y me reprimí la mirada soez que estaba anhelante por salir. Así que Hektor se llama el mago de débil carácter. Me hubiera gustado decirle, "Ya escuchaste  vuelve a tu cajita, ratita. Y hazle paso a tu Aquiles" creyendo estar en medio de guerras troyanas, pero no lo hice, simplemente me dediqué en lanzarle una sonrisa que a todas luces era falsa, pero era la mejor forma que había encontrado para decirle adiós.

Mi mirada volvió a estar en la maga, sonreí al escuchar nuestra frase provenir de su boca. Entendí que hablábamos el mismo lenguaje, y que ella, como tantos, ya  había descubierto aquel rasgo de nosotros de manera empírica. En silencio la acompañé a su oficina, mientras de manera totalmente inconsciente recordé la primera vez que la vi, fue hace dos años en nuestra mansión en Alemania, eras las vacaciones de invierno y yo me encontraba en casa. Ella como tantos magos y brujas del mundo mágico iban a mi hogar a conversar con mis padres, a compartir ideas, proyectos, o un rato agradable. Lo primero que cautivó mi atención, fue esa pequeña nube tatuada en su oreja izquierda, no sabría explicar por qué, pero si me preguntan eso es lo primero que se me viene a la cabeza pensando en ese momento. Se la busqué con la mirada de manera discreta, pero no la pillé, su peinado de aquel día no me lo permitía.

Tomé asiento en cuanto ella me lo indicó, sentándome en la silla que se encontraba frente a su escritorio.


"... Veo que la insistencia viene de familia. Eras la última Jones que esperaba encontrarme en la puerta de mi despacho esta mañana"


Esa misma frase, por curioso que llegue a sonar, la había escuchado muchas veces en mi vida. Y no es algo que me moleste, me encanta que mis familiares sean reconocidos o esperados antes que yo,  aún una chiquilla de veintitantos años con un largo camino por delante, porque sabía que ellos habían trabajado, al igual que yo lo haré,  para crear su respetable reputación y lugar dentro del actual mundo mágico.

Espero que ese pensamiento cambie prontamente — lancé como prefacio de lo que venía a continuación. Aclaré mi garganta y clavé mi mirada en sus ojos para decirle por qué había venido esa mañana a su despacho, y de manera tan imprevista.— Seré precisa. Hoy más que nunca el nuevo gobierno y las filas del señor tenebroso necesitan personas dispuestas y leales con la causa. Los radicales cada día que pasa se hacen notar más y sus provocaciones han ido en aumento. Y si no se erradica de raíz y  de una vez por todas,  lo que se ha logrado hasta ahora podría sufrir un remezón, que al menos yo, no estoy dispuesta a dejar que ocurra. Hoy soy una aspirante en las filas de los Mortifagos, y en un futuro pretendo ser un aporte mayor en la causa, y si alguien me tiene que guiar en ello espero que sea una de la mejores, o sea tú. Y no creas que soy una lame culo, porque ese no es mi estilo. Si lo digo es porque lo creo y lo sé, como también sé que tú no te arrepentirás de escogerme a mí para enseñarme. Los Jones no aceptamos negativas como respuesta por testarudez, sino porque sabemos que no la merecemos. He venido esta mañana a pedirte una oportunidad, una prueba, sólo eso. Para poder demostrarte en acciones más que en palabras mis potenciales, que no son pocos .— le dije segura. Y no era vanidad, al menos no en su totalidad, no solía ser una bruja de buena labia y poca acción. Por algo había venido hacia ella y no me había ido por el camino fácil como pedirle aquello a mis padres o abuelo. Me gustaban los desafíos, superarme, aprender cosas nuevas, que me exijan y por sobre todo,  poner en su lugar a todos aquellos que creen que por poseer magia merecen el honor de ser magos o brujas, y en estos momentos Abigail MacDowell representaba la mejor opción para llegar a cumplir mis objetivos.

No tienes porque tener una respuesta hoy, puede dejarte mi contacto y agendar un encuentro en otro momento, cuando estés con más tiempo — agregué.

Este era recién mi primer intento, mi padre fue el que me enseño la regla de tres (y si vale realmente la pena, cuatro, hasta cinco), donde ese número era el vencido, sino resultaba en todos esos intentos,  eran otras las aguas que uno tenía que cursar. Aunque esta mañana esperaba de todo corazón que fuera uno de esos días en que las cosas resultan de manera fácil, como si hubieran estado destinadas a ser.
Harper Jones
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Abigail T. McDowell el Vie 3 Ago 2018 - 4:38

Le gustaban las personas que iban directas al grano, sin hacer que nadie perdiese su valioso tiempo, sobretodo en una situación en donde estaba en medio de una jornada laboral y le había permitido una reunión breve. La escuchó con atención, sin perder ninguna de sus palabras. Le parecía un acto de valentía que fuese la misma Harper quién estuviese ahora mismo sentada en el despacho de Abigail McDowell pidiéndole una oportunidad de que ésta la intruyese en el camino de las Artes Oscuras. Por norma general, este tipo de familias solía aprovecharse de las relaciones para meter con calzador a sus hijos e intentar vendérselos a McDowell para que ésta perdiese su tiempo entrenándolos. Ella, sin embargo, había venido sola, sin tener que acudir a sus padres para que éstos diesen la cara por ella. Era muy incómodo decirle a unos padres emocionados que se fuesen a la mierda por intentar vender a sus hijos al mejor postor. Que era totalmente lógico: Abigail tenía un puesto importante dentro de la política del país, si no el que más, por no contar que estaba en una posición muy aventajada en la mesa de confianza de Lord Voldemort. Y eso dejando atrás todas sus virtudes y habilidades de la que tan poca gente era consciente. Tanto su habilidad con la legeremancia como su animagia eran dos cosas que solía tener en secreto. Podía contar con los dedos de una mano las personas que sabían que era animaga de zorro rojo.

Se percató de un pequeño detalle: ¿la estaba tuteando? La pelirroja solía flexible con esas actitudes poco profesionales fuera del Ministerio, pero desde que era Ministra de Magia y muchas personas cuestionaban sus métodos, se había convertido en algo que ya no cabía a la duda. Aquí la gente se tenía que ganar el tuteo y tratarla de base como se merecía. La chica también sonaba soberbia, con exceso de confianza... Eso podía ser un contra, en vez de un pro, pero Abigail también había sido una adolescente con esos mismos defectos y había llegado más lejos que nunca. A veces hacía falta caer de bien alto, para saber cómo levantarte.

Pensó en decirle todo lo que pensaba en ese mismo momento, pero en realidad no quería alargar esa reunión pues tampoco llegarían a nada en concreto. La pelirroja tenía que trabajar y... desconocía qué hacía Harper con su vida, pero teniendo en cuenta la familia a la que pertenecía, estaría estudiando en la universidad alguna carrera con reputación a sus espaldas de la que sentirse orgullosa. Abigail se limitó a buscar su agenda en el cajón de su escritorio, poniéndola sobre la mesa.

Quedamos mañana, a las nueve de la noche en el Bar Stonehenge en Picadilly. —Cerró su agenda, para entonces mirarla a los ojos. —Has conseguido lo más importante: una oportunidad. Esta es tu oportunidad. No la cagues llegando tarde.

_____________________

A las nueve menos cinco se desapareció de su casa, apareciéndose en una azotea de un hotel famoso que daba justo para dónde había quedado con Harper. La vio allí, a tiempo. A las en punto, Abigail apareció en el rango de visión de la chica, ataviada con unas botas con tacón alto, unos pantalones ajustados de cuero y una camisa holgada de color negro, así como su pelo pelirrojo tan perfectamente alocado como siempre.

Al llegar a ella, miró el reloj de su muñeca.

Jones. —La saludó. —Nunca he tenido demasiado interés en tener pupilos en las filas de los Mortífagos. Considero que es una pérdida de tiempo si el susodicho, o en este caso la susodicha, no muestra el interés suficiente. Así que si quieres que te de realmente una oportunidad, asegúrate de hacerme ver que vales la pena.

Al igual que Harper el día anterior, Abigail tampoco se andaba con rodeos. Era bien consciente de que no podía poner a Harper en su primer día en un aprieto que pudiese atentar con su vida o Vladimir y Adalia vendrían a cortarle la cabeza. Sin embargo, los padres de Harper sabrían más que nadie lo peligroso que era adentrarse en este mundo y todo lo que acarrearía, por mucho que Abigail tuviese que velar por su vida en su época de transición de ser una Don Nadie ser alguien.

No me tutees, obedece a todo lo que te digo y asegúrate de no cagarla.

Hace poco Abigail había aceptado a Samael Cavalcanti como uno de sus pupilos, después de año rechazando y rechazando, uno tras otro, por considerarlos inadecuados para el trabajo con ella. No le hacía especial ilusión tener dos pupilos a la vez, pero por lo que tenía en mente... Quizás sería muy fructífero tanto para ella, como para ellos, si todo salía bien.

Comenzó a caminar, esperando que Harper le persiguiese.

Dentro de veinte minutos va a ver un traslado de fugitivos de uno de nuestros pisos francos hasta el Ministerio. Los aurores tienen que sacar a los fugitivos a pie hasta encontrar cobertura, ya que llevan seis horas siendo oprimidos por un encantamiento anti-aparición que no les permite el traslado mágico. Es fácil asumir que están siendo rodeados por aliados de dichos fugitivos, ergo son enemigos del gobierno. —En realidad no era esa la idea que se le había ocurrido ayer en su oficina para tratar con Harper, pero había surgido y se había ofrecido voluntaria a asistir, aprovechándose así de la novata. —No tengas piedad con los fugitivos y asegúrate de no morir en tu primer día. Serías una terrible decepción.

Cogieron un camino a través de callejuelas peatonales, llegando a un lugar estrecho.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Harper Jones el Mar 4 Sep 2018 - 6:33

Era consciente que mi tiempo en aquel despacho era breve, había venido por sorpresa y teniendo en cuenta el cargo que ocupaba MacDowell mi presencia era todo menos benefactora para ella. Es por ello que fuí directo al grano, y de manera segura le pedí una oportunidad, pese a que había escuchado que la pelirroja no pretendía tener aspirantes a su cargo, aún así me planté frente a ella lanzando casi toda mi artillería en su mesón (que toda jamás, por sí hacían falta más intentos). Durante todo mi discurso mantuve mi mirada clavada en su rostro y tratando de que mi voz sonara segura, como siempre. No me costó tanto la verdad, ya que realmente creía que esta unión podía sacar cosas muy provechosas, para ambas. Hasta el momento jamás me he equivocado con mis intuiciones, y por nada del mundo quisiera que esta vez fuera la excepción.

Sonreí de lado sutilmente, sin demostrar en totalidad la emoción que me había producido escuchar su respuesta. Sólo necesitaba que me diera esa oportunidad, del resto yo ya me encargaría de demostrarle que no se había equivocado al darmela.

Muchas gracias, no te arrepentirás de haberme dado esta oportunidad. Nos vemos mañana, buen día.- le dije levantándome de la silla y dedicando una tenue sonrisa a modo de despedida. Al salir de su despacho mi sonrisa aumentó y hasta me hubiera puesto a bailar en ese preciso momento sino fuera por el idiota de su secretario que me miraba con altanería desde su escritorio, me acerqué a él con rostro neutro, impávido.— Me agendo para mañana, al menos existe alguien en esta oficina que si sabe lo que vale la pena. Que tengas un buen día.— terminé decirle con una sonrisa más falsa que los dientes de mi tatarabuelo, para luego darme media vuelta sin darle tiempo de decirme algo.


***


Sentada allí esperando a MacDowell me encontraba nerviosa, ya que sabía que por más que los Jones no aceptaramos negativa como respuesta, esa noche será crucial para lo que se avecina en un futuro, y no quería cagarla, de verdad que no. Miré mi reflejo en el ventanal y me acomode la chaqueta que traía puesta, mi madre me había ayudado a escoger la tenida perfecta para la ocasión, me veía elegante pero al mismo tiempo preparada para lo que sea que estaba pronto por avecinarse. Había llegado antes de la hora citada, pero tan sólo cinco minutos, no quería verme ansiosa ni mucho menos necesitada.

A las nueve en punto observé su presencia reflejada en el gran ventanal, giré para divisarla de mejor manera. Su saludo fue escueto y algo frío, pero no me afectó. Yo no venía a buscar una amiga en Abigail  o alguien que me tendiera un abrazo reconfortante para llevarme de la meno en la senda del señor tenebroso, yo venía por una maestra dentro de las artes oscuras y la mejor guía para desarrollarme de mejor manera en las filas de los mortifagos. —  Lo haré.—  le aseguré, con toda la confianza puesta en mí. Es que si yo no creía en mí misma, nadie lo iba a hacer.

Me mordí la lengua y asentí tras sus siguientes palabras. Me las esperaba, mi padre con mi madre ya me habían comentado sobre mi forma de dirigirme a Abigail en cuanto le conté sobre nuestro encuentro, mis padres al igual que yo era perfeccionistas, le gustaba saber cada detalle para poder así atenerse a las cosas, ir un paso siempre más adelante, por lo que a penas comencé a relatarle mi discurso su primera reacción fue la de "Detente ahí mismo, ¿tuteaste a la Ministra de magia? ¡Por Morgana y Merlín, Harper!". Pero vamos, que ya he aprendido y como buena chica que aprende de sus errores no dije palabra alguna y tan solo le dedique un gesto de haber comprendido perfectamente sus palabras y que mientras de mi concierne no se volverá a repetir.

Sin dudarlo seguí sus pasos arduamente para mantenerme a su lado, codo a codo, como quiero estar de  aquí en adelante junto a ella. Sonreí y mis ojos ganaron brillo cuando comencé a escuchar lo que me estaba diciendo, es que en mi cabeza me había imaginado una especie de entrevista, pero este giro era de todo mi gusto. Es que por más que mi labia siempre ha sido destacada, en la acción es donde realmente soy buena. — Entendido. Y no se preocupe Ministra, que esta noche podrá obtener de mí de todo menos una decepción.— le respondí con todo seguro y con una soberbia que se veía camuflada tras la delicada sonrisa que adornaba mi rostro.

Caminé junto a ella en silencio, mi personalidad era fuerte e imponente por naturaleza, pero por sobre todo me caracterizaba por mi inteligencia y sabía muy bien que debía mantenerme en una posición dócil frente a la pelirroja, hasta que llegara el momento de demostrar realmente de lo que estaba hecha. Por lo que si ella no me decía nada, yo permaneceré callada, además soy de las pocas personas que realmente disfruta del silencio, sin ver en el un enemigo al cual combatir.Nos quedamos en un sitio vacío de presencia humana, un par de gatos se podían observar a los lejos escabulléndose por los rincones o tarros de basura. Mi corazón me latía rápidamente, sediento de acción.

Dediqué una mirada por todo el alrededor, observando en qué lugar se encontrarían las ratitas escondidas, listas para salir e ir en búsqueda de su queridos amigos capturados, sin saber que entre las sombras se encontraban dos mujeres con ganas de impedírselo a toda costa. El momento llegó, logré observar unos pasos más allá como comenzaban a salir personas de un lugar, era fácil darse cuenta cuales eran mortifagos y quienes eran fugitivos, estos últimos tenían el rostro (y de seguro todo su cuerpo) como si hubieran sido pisoteados por un troll gigante. Las cosas parecían ir de manera tranquila, y el traslado a simple vista se veía que saldría sin altercado alguno. Pero de pronto, de diversos puntos comenzaron a salir rayos de luz hacía la dirección en donde se encontraban los autores llevandose del brazo a los fugitivos. Clavé mi mirada en la maga.— Vamos a poner en su lugar a esas ratas.— susurré antes de salir con mi varita empuñada hacia el lugar que ahora se había convertido en un campo de  batalla mágica.


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Abigail T. McDowell el Miér 10 Oct 2018 - 0:34

No estaba en los planes de Abigail tener que llevar a Harper en su primer día de contacto a un problema físico y peligroso, pero las cosas se habían torcido de esa manera, en una situación amenazante para el cuerpo de aurores quienes no podían pedir suficiente ayuda antes de ser atacados.

Harper se mostró complaciente y obediente a todas las indicaciones que le dio la Ministra de Magia antes de enfrentarse al problema. Ambas se quedaron observando el lugar, a la espera de que algo sucediese. Una de las normas principales de ese tipo de misiones en donde tienes toda la ventaja estratégica era esperar a que los enemigos actuasen y poder hacerlo tú en base a ello. Y en aquella ocasión, tanto Abigail como Harper estaban en la parte de atrás, viendo con perspectiva como se disponía el tablero que tenían frente a ellas. Sus aliados estaban en el centro, como si fueran los gladiadores en mitad de un gran Coliseo que busca lanzar los leones contra ellos. Ellas dos, sin embargo, estaban detrás de un gran grupo, un grupo que podía ser neutralizado fácilmente si los atacan de manera efectiva por la espalda. Aquella misión no era cuestión de demostrar el poder a sus enemigos, sino de evitar que muriesen sus aliados y, con ello, los rehenes.

Cuando Harper salió, tomando la iniciativa, Abigail hizo lo mismo.

Sé rápida y eficaz —le ordenó, para evitar que le dedicase tiempo extra con a saber qué perversidades mentales que pudiese tener. —Ataca a los de la derecha y asegúrate de cogerlos a todos por sorpresa por la espalda. Te asegurará un golpe certero y exitoso. Así optimizarás el tiempo.

Porque por tener, no tenían mucho tiempo. Aquello era más una prueba de eficacia y obediencia, de realmente saber cuáles eran sus verdaderas capacidades como bruja y su destreza con la varita. Había que saber poner en orden las prioridades.

Abigail, por su parte, fue hacia la izquierda, en donde había un número mayor de magos que hacia dónde se dirigía Harper. La pelirroja alzó la varita contra los que estaban más cerca y, aprovechándose de que estaban de espaldas, los dejó inconsciente. A primera instancia podría parecer que los había matado, pero teniendo en cuenta sus nuevas prioridades, quizás alguno tuviese cabida en el Área-M. Ahora matar, solo por matar, era un desperdicio de recursos. La ministra terminó con los cinco que estaban allí, amarrándolos rápidamente con unas cadenas mágicas para que no pudieran huir, así como rompiéndoles las varitas.

Cuando hubo terminado, se apareció al lado de Harper, pues todavía no estaban dentro de la cúpula invisible que limitaba la aparición. Ni se fijó en si había matado o dejado inconscientes a los suyos, pues ahora mismo daba igual. Lo que hizo fue hacerle una señal con la cabeza para que le persiguiese e ir, juntas, a donde estaban el grupo más grande y que, desgraciadamente, ya había reparado en su presencia pese a que seguían totalmente obcecados en salvar a sus compañeros que todavía eran rehenes de los aurores.

Tira dado a ver cómo termina todo, para ver si a Harper le sale todo bien, tiene pocos fallos o muchos.
Del 1 al 7 le sale todo bien.
Del 8 al 13 tiene fallos.
Del 14 al 18 tiene varios fallos.
Del 19 al 20 Abigail tiene que sacarle las castañas del fuego.  
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Harper Jones el Lun 29 Oct 2018 - 17:15

Por fuera parecía calmada pero por dentro me encontraba emocionada como una niña en vísperas de navidad, en mis mejores escenarios había pensando que quizás Abigail me iría a mostrar algún lugar o me diría que próximamente iríamos a una misión para ver cómo me desarrollaba bajo presión y en acción pero, me había dado una buena sorpresa al decirme que esa misma noche iríamos por algo. Agradecí mentalmente que mi madre hubiera insistido que no me pusiera aquel vestido primaveral que si lo llegas a mirar mucho se puede llegar a romper y me dijera que me pusiera una ropa cómoda pero elegante, un consejo que me ayudará mucho para lo que estamos próximas a hacer.

Observamos de lejos el lugar en dónde ocurriría el intercambio, puse todos mis sentidos en alerta, cada uno de ellos iban enfocados en mi objetivo: encontrar a los fugitivos y acabar con ellos, de manera parcial ya que por lo que había entendido servían más vivos que muertos, lamentablemente. Ya que mi manera de pensar era que mientras más pronto se erradicara el problema de raíz, mejor. Pero confiaba en las palabras de Abigail y que lo que ella decidiese o haciese era lo correcto, no por nada era la Ministra de Magia.

El momento había llegado y aferre fuertemente mi varita, sentí una mini descarga de energía que desprendía desde la mano en que la sostenía hacía todo mi cuerpo, mi querida compañera de tantas aventuras de seguro se encontraba igual de emocionada que yo por todo aquello, y estaba ansiosa por divertirse un poco con los que no se merecen poseer magia en sus vidas.

>>Sé rápida y eficaz<<

Le escuché decir y asentí, comprendiendo que en esta ocasión no sería una batalla para demostrar quién era el más fuerte o más sabedor de hechizos, sino que ganaría quién fuese más rápido y eficaz con sus movimientos como me había indicado la pelirroja antes de partir hacía el lado izquierdo y yo al derecho. Una de las cosas que me había aportado la danza en mi vida era el hecho de que si quería llegar a ser liviana  y silenciosa en mis movimientos podía hacerlo sin problema, el control sobre mi cuerpo siempre me ha jugado a favor y espero que esta noche no fuera la excepción. Por lo que como una serpiente me arrastré sigilosamente hacia donde se encontraban los fugitivos y uno a uno los fui atacando por la espalda haciéndolos caer inconscientes, les saqué sus varitas rápidamente y los dejé amarrados, tal y como me habían indicado.

A penas había terminado mi trabajo con ellos apareció Abigail a mi lado, y por dentro me sentí feliz conmigo misma por no haber fallado al menos en esa primera tarea, observé como me indicaba que le siguiera y no tardé en seguir sus pasos para ir en busca del resto. Era muy consciente de que ahora que los fugitivos sabían de nuestra presencia  las cosas se podrían más complicadas. Ya que era fácil atacar a tus enemigos por la espalda pero cuándo te los encuentras de frente ahí se venía lo bueno, digo bueno porque a mi me fascina combatir, pero por sobre todo ganar, ganarles en su cara y demostrarles a todos ellos que solo algunos tenemos el don con la varita y la merecemos poseer.

Eran muchos más de lo que anteriormente había dejado atrás, y se podía observar en sus rostros que no pretendían darnoslo fácil, iban a luchar a toda costa por rescatar a los suyos y más aún ahora que sabían que la misma Ministra se encontraba en las filas las cosas se iban a poner un poco más intensas. Y así fue, la lluvia de hechizos que cayó sobre nosotras fue brutal, pero no me hizo retroceder ni mucho menos acobardarme, elevé mi varita y con movimientos rápidos fui esquivando y lanzando hechizos por diestro y siniestro.  Hasta el momento iba de maravilla, hasta que recibí un empujón de un costado que me expulsó hacia un lado haciendo caer de lleno al piso. ¿Quedarme allí esperando que el dolor menguace? Ni de joda, me paré rápidamente desprendiendo fuego por los ojos, antes de recibir el impacto había logrado observar de reojo a la persona que me lo había lanzando por lo que lo podía identificar claramente entre el tumulto de personas que se encontraban batallando.
Era un chico de mi edad o un poco más, con una cara de chulo engreído que no se la podía, me dirigí hacia él con una rabia acumulada, es que si algo me enrabia era caer por semejante estupidez, y empecinada comencé a lanzarle hechizos como loca, como si ahora él fuera mi único objetivo, grave error. Mi padre siempre me ha dicho que esa es una de mis debilidades, que si alguien se me mete entre ceja y ceja no paro hasta hacerlo caer, y eso hace que me olvide de todo lo demás. Por lo que un nuevo impacto llegó a mí, esta vez por mi espalda haciéndome caer de bruces, afortunadamente logré poner mis brazos para amortiguar la caída sino la nariz rota que me hubiera ganado no me la mejora nadie.

Pero como dicen por ahí, a veces hace falta caer para poder levantarse y mejor que antes. Ese golpe había sido mi balde de agua fría que calmó mi ansiedad. Por lo que al ponerme de pie nuevamente mi mente se encontraba dispuesta a hacer caer ahora no solo a uno, sino que a todos, y así fue junto a los aurores y Abigail que comenzamos a hacer caer uno a uno, y como regalo para mí por haber sufrido uno que otro toque (o bueno tocazo) dejé de último  a ese jovencito inoportuno, los fugitivos se habían dado cuenta que en esa ocasión habían fallado por lo que empezaron a hacer su retirada.- Oh, pero tu no te me vas a escapar.- susurré entre dientes, y de mi varita salió una cuerda que fue directo hacia el cuello del chico aferrándose como si tuviera dientes a él y con toda mi fuerza lo hice girar y estamparse en la pared más cercana haciéndolo caer inconsciente.

Después de eso el silencio reino el lugar y sentí como el único sonido que pulsaba fuertemente era el de mi corazón y respiración agitada. Le dirigí una mirada a Abigail y me le acerqué.- He tenido un par de fallos, lo sé. Pero he venido hacia usted porque sé que si me enseña podré mejorar mucho, y ayudar aún más a la causa. Y lo siento por haber herido más de la cuenta a ese chico, sé que los quieren vivos, pero me ha tocados los cojones, manejaré mis impulsos, lo prometo.- todo aquello sonaba como un perrito bajo la lluvia, pero yo no lo hice sentir así, porque permanecí estoica a su lado y con la frente en alto, como una persona que sabe de sus errores pero les da la cara porque sabe que puede dar más, y que sólo necesita un empujoncito, una ayuda para poder sacar todo su potencial.


Última edición por Harper Jones el Lun 29 Oct 2018 - 18:10, editado 1 vez
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El miembro 'Harper Jones' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Abigail T. McDowell el Lun 5 Nov 2018 - 2:47

Había sido una incursión rápida que no podía durar más de lo necesario y, aunque Harper cumplió—porque cumplir cumplió—era muy cierto que había tenido errores de novata. Errores que si bien ahora mismo, debido a la superioridad numérica, no importaban pero que podían ser cruciales en otro tipo de misiones en donde fueran ellas quiénes estuviesen en desventaja.

Los refuerzos llegaron rápidamente y los fugitivos que estaban más escondidos consiguieron escapar, aunque la gran mayoría estaban o bien inconscientes o atados, impidiendo que se pudieran ir a ningún lado. La pelirroja pudo ver como su aspirante sujetaba a uno que intentaba huir con una cuerda, haciéndolo chocar contra la pared de una manera bastante rencorosa. Del golpe que se dio en la cabeza, el chico cayó hacia atrás inconsciente de manera inmediata.

Muchos de los magos que vinieron a apoyar comenzaron a llevarse a los fugitivos, así como a liberar a los aliados que habían sido apresados. Otros muchos aprovecharon para hablar con la Ministra de Magia, aprovechando que una figura tan poderosa como ella hubiera prestado ayuda en ese rescate. No era extraño ver que los poderes políticos de mayor relevancia nunca se metían en confrontaciones físicas y, como decían muchos, nunca apoyaban en el furor de la batalla. Pero Abigail no era así. SI fuera por ella, probablemente estuviese al frente de todas, cosa que si no hace es porque evitan que la Ministra de Magia esté siempre al frente.

Cuando Harper se le acercó, ella enarcó una ceja, escuchando cada una de sus palabras. Lo cierto es que no tenía en mente dale las felicidades ni por lo que había hecho, ni mucho menos por ser consciente de sus errores.

Un par —repitió, tomándose una leve pausa. —Qué optimista.

Tomó como referencia las palabras de Harper para saber que por mucho que tuviese una actitud bastante buena, también se lo tenía un poco creído. Pero bueno, no iba a culparla precisamente por eso, ya que todos los aspirantes a las filas del Señor Tenebroso, no sabía por qué, pero venían con los humos muy altos. Abigail, en su momento, también.

¿Qué mas da lo que lo hieras si no es nadie? —preguntó. —Todo tiene solución, menos la muerte. Asegúrate dos veces antes de matar, pero no pidas perdón por darle su merecido a un enemigo que no va a servir para nada más a corto plazo. Los impulsos de una persona es lo mejor que tiene. Sólo tienes que saber cómo gestionar los buenos y los malos.

Y antes de poder continuar con la conversación, uno de los aurores se acercó a Abigail.

Señorita McDowell, los tenemos a todos. Estimamos que se han escapado seis. Intentaremos averiguar si pertenecen a la facción de los radicales o si por el contrario podemos encontrar algún nido cerca. Ya tenemos a operativos intentando sacarles información a los detenidos —informó.

Muy bien, mantenme informada. —El auror se fue, a lo que Abigail miró a Harper. —Con que el sujeto sea capaz de hablar, el resto de su estado poco importa. Ahora vamos, quiero hablarte de un par de cosas.

Comenzó a caminar en dirección opuesta a donde estaba todo el problema. Unos metros más allá, traspasaron una barrera protectora, desde la cual no se podía ver nada en su interior, por lo que al mirar atrás parecía que no habían salido de en medio de una batalla en la que habían resultado airosos. En cierta intersección, Abigail sujetó a Harper sin previo aviso y se apareció con ella en una habitación oscura, cuya moqueta era color vino y paredes de madera. Sin decir nada, salió por la puerta de la habitación, dando lugar a un pub de luces oscura y aspecto elegante cuya música era muy tenue y tranquila. Abigail saludó a Mercy, la mujer que estaba detrás de la barra, para entonces sentarse en una de las zonas 'reservadas' y privadas, que se trataban de unos huecos con unos sillones y mesas.

Se sentó la primera, señalándole a Harper para que se sentase.

Como es evidente, yo también tengo mis condiciones para aceptar a una aspirante a mi cargo. Supongo que lo entenderás. Conozco a tus padres, pero eso no me asegura en absoluto como serás tú. Además, no pretendo aceptarte por amiguismo, sino porque realmente podamos llegar a una simbiosis en dónde tú aprendas de la mejor y yo consiga algo de ti. Mi vida es muy ajetreada como para sacar tiempo libre para entrenar a nadie de manera particular —confesó con tranquilidad, sin darle una negativa pero poniendo las cartas sobre la mesa.

Mercy apareció, preguntando directamente a Harper que qué quería, ya que de manera automática le trajo un vaso grueso de líquido color marrón. No era un secreto para nadie que la bebida alcohólica favorita de Abigail era el whisky.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Harper Jones el Mar 18 Dic 2018 - 3:09

Nuestra misión no había durado mucho tiempo, más que nada porque en estas circunstancias como oportunamente me había señalado Abigail todas las acciones debían ser rápidas y eficaces, tanto para nuestro bando como el de los contrarios. Como en la mayoría de las ocasiones el ganador había sido el que lo merecía más, no por nada nuestras filas tenía a una Ministra liderando el mundo mágico en Londres, y uno de los colegios más importantes de esta zona. La victoria era más nuestra aliada que la de ellos, y esperaba que fuera así por mucho tiempo más.

Como novata claramente cometí algunas errores, no muchos pero errores al fin y al cabo. Y pese a que no me sentía disconforme totalmente de mi accionar sabía muy bien que debía trabajar mucho más para poder llegar a ser un real aporte dentro de los Mortifagos, y es por eso que estoy acá pidiendo ayuda a una persona que,  a mi parecer es la mejor para poder guiarme en este viaje que hoy comienzo.

Lo primero que hice al volver a encontrarme con ella fue hacer audible mi autoevaluación, quería dejar en claro que era consciente de mis errores pero no por eso iba a decaer o desmotivarme, sino que todo lo contrario, demostrarle que seguía allí con más ganas que nunca.

Sus primeras palabras fueron bastantes frías, y quizás para cualquier mortal hubiera sido como una especie de balde de agua fría, pero ese no era mi caso. Vengo de una familia que destaca no solo por su fuerte unión sino que también por su perfeccionismo. Desde pequeña me enseñaron que que algo siempre se puede hacer mejor, y que siempre es bueno exigirse más de la cuenta, ir un paso más allá, ser curioso, ser proactivo, destacar tus errores para mejorarlos y potenciar tus habilidades para engrandecerlas. Y tampoco puedo dejar de lado una de mis pasiones: la danza. Ya que pese que para mí sea uno de los lugares de más libertad que he encontrado, para poder llegar a ese punto de satisfacción también tuve que pasar por una especie de "amor del duro" por parte de mis maestras y maestros, quienes al ver mi potencial me exigían más de la cuenta y me enseñaron que para liberarme a la hora de interpretar primero debía ensayar incansablemente, hasta que mi cuerpo no diera más. Así aprendí, así crecí, por lo que aquellas palabras punzantes ya eran parte de mi cotidiano.

Lo haré, iré trabajando en ello .— fue lo único que le respondí tras sus palabras. Sabía muy bien que esa pregunta no esperaba respuesta y que rebatir no era una opción viable en estos momentos. Ya que de manera personal, para mi no es un gasto de tiempo matar a alguien inservible, todo lo contrario, era un bien para la comunidad mágica, ya que mientras menos parásitos tengamos, menos se reproducirán y tendrán más parásitos . Los hijos de muggles son como las cucarachas, o los ratones, se esconden y comen mierda, pero se reproducen como locos, y mi pensar era que había que exterminar la plaga, sin distinción de clase e importancia. Pero quizás más adelante logré tener la confianza con Abigail para plantearle mi visión, por ahora solo debo escuchar y acatar.

Un hombre se nos acercó y le comunicó los resultados de aquel encuentro, al parecer había sido provechoso y los resultados habían sido satisfactorios. Cuando el mago se fue sentí la mirada de la pelirroja sobre mí por lo que desvié mis mirada en busca de sus claros ojos. Me indicó que quería hablar conmigo un par de cosas y le seguí sin poner peros. Esta noche la había dedicado cien por ciento a -espero- mi futura guiadora, por lo que estaba a su total disposición. Nos alejamos de la zona de combate, y de improvisto me tomó de un brazo y nos desaparecimos del lugar para aparecer en uno totalmente diferente, era una habitación a oscuras y de color vino, mi curiosa mirada comenzó a observar todo y pensar dónde es que me había traído. No tuve que esperar mucho tiempo para poder responder a mí pregunta, ya que sin decirme nada salió de habitación para llevarme a pub que a primera vista parecía muy elegante, soberbio, y exclusivo. Tres factores que me gustan mucho, por cierto.

Le seguí y observé cómo se sentaba en la mesa reservada,  le emite pero me senté en el asiento que me dejaba frente a ella. Con rostro neutro y tranquilo escuché sus palabras. Que no me sorprendían en absoluto, mientras la escuchaba, curiosamente por unos segundos sentí la presencia de mi abuelo en el accionar y palabras de Abigail, ambos nunca lo llegaran a saber pero comparten una personalidad muy similar, y eso me hizo sentir muy a gusto. Hice el impulso de responder a sus palabras pero antes de eso una mujer se nos acercó y me preguntó qué quería. Al mirar que Abigail se había pedido un whisky concluí que también era prudente pedir un trago.— Me gustaría pedir una champagne, una Louis Roederer Brut, por favor.— le solicite a la camarera, quería algo liviano y refrescante, y de manera personal no había nada mejor que ese trago para generar aquello en esta oportunidad.

Con respecto a mi familia, soy muy consciente del reconocimiento de ella, y las redes que tiene no solo acá en Londres sino que en toda la comunidad mágica mundial. Pero a lo largo de mi vida jamás he necesitado de ello para lograr mis objetivos, nunca los he utilizado y espero nunca hacerlo, ellos me enseñaron que las cosas se logran con esfuerzo, trabajo y disciplina, así aprendí y así lo seguiré haciendo. También soy muy consciente de que usted no tiene demasiado tiempo para esto, y por eso mismo tiene condiciones al respecto. Por mi parte tengo muchas ganas de aprender de usted, de trabajar arduamente, y ser realmente un aporte dentro de las filas. Si estoy aquí es para decirle que pese a ser una novata, una de mis últimas intenciones es hacerle perder el tiempo. Sólo pido una oportunidad para poder demostrarselo.— le dije de manera pausada y tranquila, mostrando esa seguridad que me caracteriza y que heredé de mis ancestros.
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Abigail T. McDowell el Dom 23 Dic 2018 - 21:50

Mercy, la chica que regentaba aquel lugar, miró a Abigail con una ceja enarcada cuando Harper pidió una Louis Roederer Brut. No dijeron nada al respecto, claro, pero la mirada que se echaron había hablado por sí sola. La mujer se dio la vuelta para volver sobre sus pasos hacia la barra y servirle ese champagne a la más joven. Mientras tanto, Abigail fue totalmente sincera con la hija de los Jones, sin intención de vender nada que no iba a ofrecer, ni mucho menos esperar de ella mucho menos de lo que debía ofrecerle. Habían sido muchos los aspirantes que habían acudido a Abigail con el motivo de ser entrenados, pero muchos habían sido una decepción en cuanto a nivel y otros muchos una decepción en cuanto a personas. La pelirroja, de hecho, era bastante reacia a aceptar discípulos en las filas porque consideraba que no tenía paciencia para enseñar, así como que no veía en nadie ningún tipo de habilidad de la que tirar.

Y seamos sinceros: Abigail era demasiado pretenciosa como para tener a su cargo a alguien a quién ayudar a mejorar. Lo único que podía sacar de eso era tener a una persona leal a ella capaz de ser alguien competente que le cubriese las espaldas.

La contestación de Harper volvió a ser correcta. Se desvinculaba de sus padres con repetición, dejándole claro a McDowell que ella no quería tener nada que ver con ellos. Así mismo, parecía ser consciente de que ser la pupila de la Ministra de Magia conllevaría a no tener todo el rato a un maestro encima tuya. Las cosas con Abigail serían diferentes: nada de misiones asiduas de campo, nada de perder el tiempo con torturas para sacar información, nada de hacer cosas de Mortífagos convencionales que no poseen un puesto ostentoso como el que tenía Abigail.

Vamos por partes.

Mercy justo apareció, dejando frente a la chica una copa fina con el champagne en su interior. Se fue con la misma, sin interés en la conversación entre ambas féminas.

Primero que nada: tu lealtad por mí será incuestionable, por tanto seré no solo tu maestra, sino también tu líder. Si quieres aprender de la mejor y no hacerme perder el tiempo, es necesario que no esté recordándote quién soy —dijo sin rodeos. —No tengo intención de utilizarte para hacer recados. Tengo secretarios y aurores a mi disposición que tienen esa tarea. Sin embargo, si voy a entrenarte será para que todo lo que te enseñe, también me beneficie a mí. Yo te enseñaré y todo lo que aprendas lo usarás para protegerme siempre que sea necesario. Esta relación no será solo en una dirección, sino en ambas.

Era evidente, ¿no? ¿En qué mundo Abigail McDowell hace algo si no recibe algo a cambio? Cualquiera que la conociese de verdad se daría cuenta de que en realidad lo que más le importa a Abigail en su vida es ella misma, por encima de cualquier mago tenebroso. Sin embargo, era bien consciente que jurándole la lealtad que le tenía a Lord Voldemort, ella no iba a hacer más que volar. Así que Harper tenía que tener clara una cosa: Abigail le enseñaría, siempre y cuando Harper fuese una persona útil para ella. Y teniendo en cuenta la vida que tenía la pelirroja, era harto necesario una especie de ‘protección inesperada’ frente a los múltiples ataques que solía recibir.

Segundo: supongo que eres consciente de que siendo la Ministra de Magia, mi situación como Mortífaga se ve comprometida. No sé qué clase de persona eres, pero conmigo no vas a tener las mismas experiencias que podrías tener con un Mortífago convencional que dedique la mayoría del tiempo a hacer misiones de campo. Antes yo era de esas, ahora no tengo tiempo. —Continuó hablando. —Así que conmigo no tendrás ese tipo de misiones, no al menos que sea estrictamente necesario, como fue el caso de hoy.

Bebió de su vaso de whisky, remojándose los labios después para atrapar las gotas que se habían quedado en su labio inferior.

Tercero: serás totalmente sincera conmigo y te volcarás al cien por cien en cada cosa que hagas conmigo. Puedes tener dudas, es de ser humano dudar, pero si las tienes me lo dirás. Puedes cuestionar una acción, puedes cuestionar mis estrategias e incluso puedes cuestionar mi manera de enseñarte y, de hecho, prefiero que lo hagas. Sólo has de saber que yo siempre voy a tener la última palabra. Pero siempre será mejor trabajar con la verdad por delante. No será lo mismo enfrentarnos a una misión sabiendo tus dudas y tu inconformismo, que ignorándolo. La duda siempre te hará fallar.

Y eso lo sabía por propia experiencia. Abigail había fallado muchas veces, muchísimas y a raíz de sus experiencia se había dado cuenta de que siempre había sido por dudar: bien del plan, de sus capacidades o de todo lo que concernía a la misión. Y no sólo fallas tú, sino que falla todo lo que te rodea. Dudar, a fin de cuentas, era poner en peligro todo por lo que habías trabajado.

Entrenaremos un mínimo de cuatro veces por semana siempre que mi horario me lo permita y me acompañarás a todos los eventos, nacionales e internacionales, a partir de ahora a menos que te diga lo contrario. —Se apoyó atrás en el acolchado asiento. —Y por tu bien te recomendaría que no alardees de nuestra relación profesional. Mucha gente me quiere muerta y podrían usarte para llegar a mí. Y desde ya te digo que si te usan en mi contra, no voy a hacer nada por ayudarte y caer en una trampa que ya me conozco, ¿está claro? Cuídate de las relaciones que tienes porque hasta pateando una piedra, de debajo de ésta salen traidores —dijo eso último, con asco.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Harper Jones el Mar 8 Ene 2019 - 2:46

No era la primera  y de seguro tampoco sería la última vez que al escuchar mi apellido más de tres cabezas me miren curiosamente, y con expectación, diciéndome esa frase, que el tiempo aún no logra amenizar, de "¡Ah! tu eres la hija de..." o "¡Ah! tu eres la nieta de..."y sí, era la hija, nieta, prima, y hasta sobrina de mucha gente, pero eso ¿qué?. Y con esto repito que no es que niegue mi procedencia, porque eso jamás, pero una cosa muy distinta era ayudarse de ellos para conseguir cosas. Claro que tengo beneficios por ser Harper, y aún más Jones, pero jamás lo he utilizado en las cosas que me apasionan, como lo es la danza, mi carrera y ahora último mi militancia en las filas de Lord Voldemort. Es por eso que no tarde nuevamente en hacerle notar a la Ministra de que mi idea no era ser tratada de manera especial y mucho menos hacerle perder el tiempo. Desde muy pequeña me enseñaron que el tiempo es como un cocodrilo que se ha comido un reloj, y que anda con su tic-tac buscando al que pestañee para llevárselo de un mordisco. Y si voy a morir por algo, espero que sea algo mucho más emocionante.

Al parecer mi respuesta fue satisfactoria para sus oídos, y me parecía muy bien porque todo lo que había dicho lo había hecho con completa sinceridad. Mi champagne llegó a nuestra mesa, y no perdí tiempo en agradecimientos vanos a la mesera ya que Abigail ya había comenzado a hablar. Fijé mi mirada en ella y la escuché con atención.

Me parece perfecto, siempre he creído que los aprendizajes conllevan una retribución, y si me enseña nuevos conocimientos o profundiza los que ya tengo, puedo llegar a ser una persona muy leal y protegerla con todo. Y no se preocupe, sé muy bien quién es, no necesitará recordarmelo.— le ofrecí una sutil sonrisa de medio lado, para luego tomar un sorbo de mi copa. Y no mentía al decir aquello, al menos no al cien por ciento.

La maga continúo, y no pude evitar pensar en cuántos puntos más me faltaban por conocer. ¿Quieres ser mortifago? pues bueno, escucha con atención los "Diez mandamientos de Abigail T. McDowell", matarás, engañaras, y envidiaras a los que no esten a su altura y si no lo haces, deberás rendirte gritando por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa mirando su retrato de Ministra.  Pensaba en estas gilipolleces en mi interior, pero en mi exterior todo era seriedad, todo era atención, es que en otra vida de seguro fuí actriz, y una muy buena.

Soy de las personas a las que le gusta aprender, por lo que no me molesta adaptarme a diversos métodos de enseñanza.— le respondí, era consciente que podría responderle luego de que terminará todo, pero como no sé cuántos mandamientos más faltan, prefería ir respondiendo al acto, así después no se me queda nada en el tintero.

Me parece justo. Y ya que me ha preguntado qué tipo de persona soy, déjeme decirle que también soy alguien que no suele guardarse las cosas, por lo que no debe preocuparse por la sinceridad. Y con respecto a que usted tendrá la última palabra, tampoco me es una molestia, años en danza con directores y directoras extrictos me han enseñado que se pueden lograr grandes cosas siguiendo las instrucciones de alguien más erudito en el rubro. — le señalé con un tono neutral y seguro, mientras me llevaba la copa nuevamente a los labios y disfrutaba del dulzor de mi champagne.

Sonreí cuando escuché la cantidad de entrenamientos que tendríamos por semana, ya que con todo lo anterior llegué a pensar que quizás sólo nos veríamos un par de veces al mes. Y quizás, cualquier joven mago común y corriente se abrumaria con tanto tiempo invertido en aquello, pero esa no soy yo, jamás he sido común y mucho menos corriente. Siempre he tenido una sed de conocimiento insaciable y por consiguiente el fruto llamado poder que viene tras cualquier aprendizaje.

Soy muy consciente de que en este último tiempo los traidores se encuentran en cada esquina, por lo que no haré alarde de sus enseñanzas con nadie que no sea de mi absoluta confianza. A su vez, me parece magnifico poder entrenar como mínimo cuatro veces por semana y que me permita acompañarla a sus eventos. Tan sólo me gustaría señalarle que estoy en tercer año de Legeremancia, y me encuentro en el primer lugar de mi carrera no sólo por ser intelectualmente más asidua al rubro, sino porque soy muy rigurosa con los horarios y las asistencias. Y no es por satisfacer a nadie más que a mi misma, me gusta mucho lo que estudio por lo que si llego a faltar realmente siento que he perdido tiempo de aprendizaje muy importante. Me ha dicho hace un par de minutos que le gustaría que fuera sincera, pues por eso mismo me gustaría pedirle que si alguna vez tengo algo importante en la Universidad exista la posibilidad de dialogar entorno a los eventos o reuniones. De todos modos, este año tengo bastante horario libre ya que adelanté varias asignaturas por mi intercambio, por lo que no creo que existan problemas. Pero si llegan a existir...tan sólo quería señalar eso.— terminé de decir, con mi vista fija en al de ella, expectante a sus reacciones que siempre me han resultado muy curiosas.

Tomé tranquilamente otro sorbo de mi copa para luego depositarla delicadamente sobre la mesa.— ¿Le interesa saber algo más sobre mí?.— le pregunté apaciblemente, como quien pese a tener tan sólo veintiún años se conocía bastante como para responder cualquier pregunta hacía su persona.
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Abigail T. McDowell el Jue 10 Ene 2019 - 4:33

Habían cosas… extrañas.

De primeras había una cosa de base: Abigail McDowell, por regla general, solía simpatizar muy poco con los seres humanos de su mismo sexo. No sabía por qué, pero rara vez una mujer no le parecía insoportable. Solía entender muy bien a los hombres con respecto a esa opinión tan generalizada porque hasta ella misma era una hija de puta. Luego estaba el punto de que Harper parecía Doña Perfecta, una persona que si bien podía llegar a reconocer sus errores, no parecía darse cuenta de que esos errores ya no la hacían Doña Perfecta. También estaba el factor de que lo parecía querer responder todo, como si tuviese que tener la última palabra en la conversación... y a Abigail le daba dolor de cabeza que hablasen tanto, además de muchísima pereza tener que escuchar. Solo esperaba que estuviese emocionada con todo esto como para hablar todo lo que hablaba y que luego se mantuviese más en silencio, por el bien de su paciencia.

Pero bueno, pese a todo lo malo que pudiera haber, al menos había determinación y parecía una chica con las ideas claras. La verdad es que teniendo en cuenta sus experiencias con los anteriores pupilos, eran dos de los requisitos indispensable para que Abigail se molestase en tener a alguien bajo su mando. Eso sí, no entendió en absoluto que comparase a sus profesores de danza con algo así, ¿en serio? ¿La danza? Esperaba que no comparase la danza con todo en lo que estaba a punto de sumergirse o se iba a romper un tobillo en su primer entrenamiento.

Finalmente ella comentó que estaba estudiando la carrera de legeremancia y que estaba en su tercer año, alardeando no solamente de ser la primera de su clase sino también porque, en palabras más mundanas, era la mejor del mundo y podría con eso y más. Abigail no pudo evitar enarcar una ceja ante las palabras de alardeo y pedantería. Tal y cómo lo decía, no daba en absoluto la sensación de que su implicación en esa carrera fuese sólo por propia satisfacción personal, sino que más bien su satisfacción personal consistía en alardear de sus logros frente al resto. La verdad es que Abigail le prestó atención porque la pelirroja era así: tenía la asquerosa habilidad de prestar atención siempre, dijeran lo que dijeran, estuviese haciendo lo que estuviera haciendo.

Harper —le dijo finalmente, después de que le preguntase que si quería saber algo más de ella. —Creo que deberíamos empezar porque tú sepas lo que yo no quiero tener frente a mí.

Aclaró, con el vaso en su mano y tomando un poco de su interior, recogiendo de su labio inferior los restos de whisky con el superior. Lo volvió a dejar sobre la mesa.

Por supuesto que podrás priorizar tu carrera universitaria cuando haga falta, con tal de que me avises será suficiente en el caso de que tengamos algún plan concertado. —Le respondió con profesionalidad; seria. Los estudios eran lo primero si quería ser una persona de provecho. —Pero debes saber que no soporto a las personas pedantes. Me recuerdas mucho a cuando yo tenía diecinueve años y, sinceramente, ahora mismo no me soportaría. Así que sé tan amable de dejar de contarme de todo lo que eres capaz. La gente que habla tanto de sí misma me pierde muchísima credibilidad, sobre todo cuando sólo dice cosas buenas.

Como bien había dicho en un principio, iba a ser clara y transparente. Y es que en una relación como la que iban a tener a partir de ahora era indispensable. Aunque claro, Abigail jugaba con ventaja: ella podía poner en su sitio a Harper, mientras que la pelirroja ya le había exigido respeto, ergo si tenía algo que decirle a la Ministra de Magia, más le valía andarse con ojos porque ahí mandaba ella. No obstante, Abigail consideraba que estaba teniendo una actitud la mar de neutral, con intención de conocerla a ella. Y era importante dejar ciertas cosas claras porque como no calzasen como personas y compañeras, esa relación no sería muy duradera.

Cuéntame en qué has fallado —le pidió con claridad.

Una persona no se forma por sus logros y todo lo que se le da bien, sino por las veces que ha caído y cómo ha sido capaz de levantarse. Vamos a ver si aquella persona cargada de ego era lo suficiente auto-crítica. Abigail podía ser muy dura, pero como precisamente había dicho que le recordaba a ella, estaba dispuesta a darle esa oportunidad que personas como Jeffrey o Hellion le dieron a ella. Y mira que lejos había llegado.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Harper Jones el Vie 25 Ene 2019 - 17:03

Hablar de mí es algo que me encanta, más que nada porque siempre he creído que llevo una vida bastante agradable, mi familia es increíble, mi carrera es maravillosa, y mi confianza conmigo misma aumenta cada día más. En resumidas cuentas, la vida en su mayoría me sonríe. Si necesito algo, lo tengo. Si algo me molesta, se elimina. Y si algo me llama la atención, curioseo y lo creo. Soy de las que en vez de preocuparse, se ocupa. Es por eso que muchas veces alardear de mis logros y vivencias se me escapa de las manos. Ya que es uno de mi temas favoritos y mi lengua se pone a danzar como loca para hacerlos notar al resto. Ahora, eso no quiere decir que porque a mi me guste, le deba gustar al resto. Eso muy en claro me lo dejó una vez mi abuela. Pero lamentablemente, aún yo soy demasiado joven como para darme cuenta cuándo es mejor cerrar la boca, y tragarme esos logros para después, y demostrarlos empíricamente, en acciones más que en palabras.

Es por eso que cuando termine de hablar y le pregunté si quería saber algo más de mí, me bastó con una mirada  de Abigail para comprender cuando mi abuela me decía "Para alardear necesitas cierto público, Harper. Necesitas ojos brillantes, no cejas enarcadas" y claro, es mejor señalar tus logros para oídos que quieren escucharlos, no para personas que o ya han vivido todo lo que tú haz hecho, o simplemente no le importa.

Asentí con la cabeza cuando me señaló que lo mejor era saber qué cosas a ella no le agradaban, me acomode en mi asiento y de paso, al igual que ella, tome mi copa entre mis manos y me la lleve a la boca para tragar un sorbo de su contenido, mientras la miraba expectante. Preguntandome (y esperando) que esa lista no fuera muy extensa.

Sentí una sensación de alivio cuando me comentó de que no habría problema en poder encontrar acuerdos a la hora de que alguna reunión, entrenamiento o salida me llegase a topar con mis estudios. Ya que hasta que no me gradue, ellos siempre se encontraran en la parte más alta de mis prioridades.  Y luego dijo lo esperado, efectivamente si me había pasado con mis palabras, suspiré internamente, y me anoté tener más cuidado con aquello, no detenerme porque así era yo y bueno, me gusta como soy, pero sí tener mayor atención con quién lo hacía. Tampoco pude evitar pensar que quizás me hubiera llevado muy bien con la Abigail de diecinueve años, o quizás horriblemente. No habrían medias tintas, al parecer con la Ministra no hay medios, solo polos radicales.

Y luego me preguntó algo que en un principio me desconcertó, más que nada porque estoy acostumbrada (porque me enseñaron así) a que los errores si existen se deben solucionar, y si no tienen solución pues ya dejan de ser errores y se convierten en algo que se debe eliminar o simplemente olvidar, pasar la página. Por lo que recordarlos, me era difícil y un ejercicio que antes jamás nadie me había pedido, ni yo misma.

Y fue extraño, porque en esa fracción de tiempo, que no debe haber sido mayor a un par de segundos, fue como si aquella caja olvidada en un rincón de mi cabeza hubiera sido iluminada por un gran foco, un cenital que me me señalaba que la abriese, y diera cara a lo que alguna vez me frustro, o me disgusto no sólo de mí misma sino que de mi entorno. A pesar de aquello mi rostro se mantuvo neutro, tranquilo, sólo un poco pensativo, a diferencia de mi interior, donde las cosas estaban un poco más intensas.

Creo que uno de mis mayores errores hasta la fecha... — hice una pausa, preguntame si  realmente era lo mejor comentar aquello, inspire y preferí continuar.— ...fue ser demasiado confiada con algunas personas. Ahora no lo soy, pero hace un par de años atrás lo era y mucho, me dejaba mucho llevar y manipular. Y eso me hizo ser muy débil en algunas cosas, y pasar por alto señales que más tarde me cobraron mucho la cuenta. — le comenté sin dar mayores detalles. No sabía si Abigail sabía sobre la existencia de mi tía, ni la relación que tenía con ella, y como terminó por convertirse su presencia en un gran Obscurus en nuestras vidas. Carraspee mi garganta que de pronto se había secada y lleve la copa a mi boca para tragar otro sorbo, esta vez más contundente.— Y en otras cosas pues, también fallé innumerables veces en la asignatura de Ruinas, ya que jamás le he encontrado el sentido. También no es que sea mala, pero antes de llevarnos mejor fallé millones de veces con la escoba, haciendo que muchas veces me dijera que jamás me volvería a subir a una ni muchos menos estar en un radio donde se encuentre una bludger del demonio. Y no sé, he fallado en muchas cosas, solo que creo que soy de esas personas que o soluciona lo que hizo, y si no hay solución pues bueno, hay que continuar ¿no?— terminé en un pregunta más que nada porque no sabía si realmente eso era lo correcto, pero al menos hasta el momento me hacía sentido. — Y bueno, como se habrá dado cuenta soy muy intensa en algunas cosas, y por ejemplo, cuando algo me molesta mucho, me nublo, y tiendo a dejarme llevar sin racionalizar las cosas. Y bueno, ya vió mi error más reciente en la misión, y es algo en lo que estoy trabajando — agregue, encogiendome levemente de hombros.

Ya esta, le había contado una parte de mis cosas. Quizás no todos mis errores, porque vamos, son muchos, y los mantengo ahí en esa cajita que ahora, que ya he hablado la  he vuelto a cerrar y dejar en un rincón oscuro de mi mente.  
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Abigail T. McDowell el Jue 31 Ene 2019 - 2:45

En realidad todo el mundo en el planeta había fallado muchas veces en la vida. De eso iba la vida: de fallar y levantarte. Una persona que no hubiera caído jamás, no le esperaba otra cosa que no fuese una caída impresionantemente grande de la que le iba costar mucho reponerse. Lo que Abigail quería saber era precisamente esas caídas con las que se había topado y cómo las había solventado y, sobre todo, ver si la pequeña de los Jones tenía la sinceridad adecuada, así como el orgullo en su lugar, como para relatar todo lo que ha hecho mal, en vez de todo lo que ha hecho bien.

Le contó que había sido demasiado confiada y por cómo lo dijo, la pelirroja intuyó a lo que se refería. Había sido un secreto a voces lo que había pasado en la familia Jones, relacionada precisamente con la traición de un miembro de la familia muy querido y en el que la gran mayoría confiaba. Y la verdad es que no le parecía un ejemplo muy válido, en general, el tema de ser muy confiada.

Ser confiada no tiene nada de malo siempre que sepas en quién confiar. Además de que es algo que se adquiere con la experiencia. ¿No tienes apenas veinte años? —Creía que tenía más, pero a riesgo de equivocarse, sencillamente redondeó. —No has tenido vida para darte cuenta de eso. No es cuestión de ser menos confiada, sino de ser más perspicaz. —Y es que en la vida y lo decía Abigail, persona más desconfiada que nadie, había que tener al menos a alguien en quién poder confiar.

Y cuando dijo que había fallado en Runas Antiguas y en que no sabía manejar la escoba... Abigail bufó un poco. ¿En serio tenía tan poca auto-crítica? ¿Tan perfecta se creía? Miedo le daba de estar debajo cuando su ego cayese de golpe en algún momento de derrota. Lo del final estuvo algo mejor, pero era innecesario: ya la pelirroja lo había visto con sus propios ojos y estaba buscando cosas que no.

¿De qué me sirve a mí saber que se te dio mal Runas Antiguas y que no sabes montar bien en escoba? —preguntó con genuina curiosidad. —Entiendo que te consideres a ti misma algún tipo de proeza adolescente, pero nadie es tan perfecto. Ni siquiera yo. —Ladeó una sonrisa, casi que parecía una broma. En realidad no lo era. —Si realmente no tienes nada por lo que mirar atrás y sentir que gracias a eso has sabido aprender de tus errores y tus caídas, sólo me queda advertirte que estás a punto de entrar en un mundo en donde todo van a ser hostias. —Habló cara y sin rodeos.

Abigail, que ella misma se consideraba una de las personas más poderosas—que perfectamente no lo era—, era consciente de que tenía mil y un defectos. Y no eran cosas que desease eliminar, pues había sabido convivir con ellos. Así mismo, había un montón de momentos si miraba hacia el pasado en el que ella era consciente de cuando había caído y cómo se había levantado, lo que había aprendido y cómo lo había arreglado. ¿Y esta chica le estaba diciendo que sus caídas habían sido exceso de confianza (pasable), malas notas en Runas y Vuelo y ser un poco impulsiva? Porque tampoco es que hubiese matado al tipo.

Volvió a beber del vaso de whisky, tomándose lo último que quedaba. De normal solía servirse poco líquido en los vasos de esa bebida alcohólica, ya que era bastante fuerte. Sin embargo y pese a su menudo cuerpo, Abigail ya llevaba mucho tiempo como para tolerarlo a la perfección.

En fin... —Si Harper no le decía en qué fallaba, no pasaba nada. Abigail la iba a poner a prueba suficiente como para descubrirlo por ella misma. Y no iba a ser sutil ni —¿Cómo se te da la defensa física? ¿Sabes valerte sin una varita de por medio? —Sabiendo cómo era, cualquiera diría que iba a saber todas las disciplinas del universo.
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