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Only our blood joins us || Bianca & Harper || FB

Harper Jones el Lun Jul 30, 2018 4:44 am


25 de diciembre del  2010 || Invierno || Mansión Jones || Alemania ||

Adoraba esta época del año, primero porque hace poco más de un mes había sido mi cumpleaños. Mi día favorito del año ya que soy literalmente el centro del mundo por un día, algo que siempre me ha encantado. No es que el resto del año no lo sea, que conste que siempre seré la favorita de la familia, y no lo digo yo sino mis más cercanos, mis abuelos y padres. Los demás bueno, la verdad no me importa mucho su opinión. Y segundo, porque es navidad y con ello también llega el invierno mi época favorita, más regalos y yo adoro los regalos. Sobre todo cuando están pensados especialmente para mí, regalos únicos, no uno más del montón y que pillaron de oferta, no. Si no uno que gritase mi nombre por donde lo mirasen, como los regalos que me hizo mi abuelo Abelard, por ejemplo. Quien a las doce la noche se apareció en nuestro hogar junto a mi abuela con un bolso extensible, donde no paraban de aparecer regalos que, en su mayoría eran para mí.

La navidad por tradición se pasaba en la casa de algun integrante de la gran familia que somos, y este año nos tocó ser a nosotros los anfitriones. Mi madre estaba vuelta loca arreglando todos los detalles y presionando a nuestras sirvientas hace semanas para que estuviera todo perfecto, mi padre en cambio tan sólo estorbaba a su lado cumpliendo como única función catar la comida que preparaban en la cocina mientras me dedicaba miradas traviesas que no hacían más que sacarme sonrisas. Yo por mi parte, no estaba muy animada con todo aquello. Eso de reunirme con toda la familia jamás ha sido algo que me gustase del todo, principalmente porque no todos me caían bien, es más era tan solo un grupo muy reducido de familiares quienes tenían mi visto bueno, los demás eran unos aburridos ante mis ojos.

Miré el reloj, tan sólo faltaba unos minutos para que todos comenzaran aparecer por nuestra chimenea a través de las Red Flú especialmente habilitadas para ese día, suspiré y desvié mi mirada hacia el espejo para ver mi reflejo en el y sonreí gustosa al ver lo maravilloso que me quedaba el vestido que me había regalo mi abuela Gretchen el día anterior. Tomé un libro que se encontraba sobre mi escritorio y caminé hacia el pasillo para bajar por las grandes escaleras que me llevarían a la entrada donde mi madre nos había pedido encarecidamente estar a la hora señalada. Llevaba mi libro, porque era sabido que era algo que a mis catorce años me gustaba mucho hacer y lo demostraba a base de mi excelentes calificaciones y porque (y la verdadera razón) teniéndolo a mi lado, era una perfecta excusa para no tener que hablar con la gente que no me da la gana.

Mi madre nos revisó de los pies a la cabeza a mi padre y a mí, y cuando comprobó que todo estaba en orden se quedó junto a nosotros formando una composición perfecta de familia feliz. De un momento a otro comenzaron a llegar todos nuestros familiares y amigos más cercanos, magos y magas importantes que buscaban en nuestro hogar pasar esa fría tarde de navidad en compañía. Mis rostro ya me dolía por tener tanto tiempo esa sonrisa falsa, y mis mejillas me picaban de tanto beso recibido.

La tarde transcurrió, cada cuál se encontraba a donde le diese la gana. Yo estaba cerca de la chimenea, leyendo o haciendo como qué.

Hola, mi pequeña girasol ― escuché a mi espalda, arrugué mi nariz al reconocer esa voz, no porque me molestara que mi abuela se acercara a conversar sino porque sabía que cuando me llama por el nombre de alguna flor es porque venía a pedirme un favor.

Hola, abuela ― le respondí ofreciéndole una sonrisa cariñosa, ella se sentó a mi lado y me rodeó con su brazo mis hombros.

¿Qué andas leyendo, eh? ¿Qué te tiene tan absorta que te aleja de nosotros? ― preguntó curiosa mientras tomaba mi libro y lo ojeaba, alejandolo un poco de su mirada por culpa de sus problemas de vista ― "Bases científicas del emocionar" de Susana Bloch ― murmuró leyendo la portada ― Apuesto mil galeones a que este libro te lo regaló Abelard ¿no? ― me preguntó dedicandome una mirada divertida, a la que yo asentí con mi cabeza como respuesta ― Pues, en este preciso momento te lo raptare porque mi ser y el de todos los aquí presentes te extrañamos. ¡Vamos comparte con tus primas, mi querida girasol! De seguro la pequeña Bianca estará más que gustosa de escuchar tus nuevos conocimientos adquiridos en el Colegio, ella está próxima en entrar, ve y hablale que está ahí muy sola...― dicho y hecho, he ahí el favor que me venía  a pedir.

¿Vino con sus mascotas? Ya sabes que soy alergica a esa rata que tiene ― protesté con una mueca, recordando ese hamster horrible que la acompañaba a todas partes, más todos esos bichos que tenía por mascotas. Mentía al decir que era alergica, solo lo había inventado para no tener que tenerlos cerca.

Harper, es un hamster y de lo más mono. Y no, creo que no vino con ninguno. Vamos, ve y hablale,  por mí ¿vale? ― entrecerre los ojos al verla mirarme de esa manera, ella sabía muy bien que no podía negarle nada y menos cuando me miraba así, suspiré.

Vale, iré ― dije a regañadientes, levantándome del lugar en que me encontraba ― Pero devuélveme el libro, Abue. Porfi ― le dije poniendo ahora yo un rostro de ternura máxima.

Bueno, bueno, aquí tienes mi margarita tragalibros ― me dijo sonriente para pararse al igual que yo y acariciarme dulcemente mi rostro, le sonreí y me giré en dirección a Bianca. Apenas la ví sentada en el sillón cerca del gran ventanal observando la nieve caer hice una mueca. Bianca era una de esas primas lejanas muy...especiales y no en el buen sentido, tendían rápidamente a sacarme de quicio, su personalidad era tan melosa que no me permitía permanecer mucho a su lado. Pero realmente haría un esfuerzo esta vez, sólo por mi abuela materna Marie Jones.

Hola tú ¿Qué haces? ― le pregunté sentándome a su lado y mirándola con un rostro que demostraba de todo menos un real interés en su respuesta.


Marie Jones- Abuela materna:
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Bianca De Vega el Jue Ago 02, 2018 8:01 am

Había llegado el tan ansiado día que llenaba a Bianca de mucha emoción, y eso era normal en ella, todo lo que tuviera que ver con compartir con toda su familia (o la mayoría de esta) la llenaba de una energía inexplicable y encantadora que podría llegar a contagiar a la mayoría de quien quisiera pasar un pequeño rato con ella o solo el dirigirles unas pocas palabras. Solo faltaban pocas horas para asistir a la tan esperada reunión y aun así los integrantes que conformaban el Matrimonio De Vega/Baudelaire estaban listos y expectantes a la hora indicada para llegar a hacer su aparición —Tranquila Preciosa, no vaya hacer que termines cansada antes de tiempo—Le decía el patriarca a la más joven de la familia—La verdadera emoción llegara pronto—Acariciando la cabeza de Bianca junto que le dedica un guiño juguetón —Tu padre tiene razón cariño—Decía Celestine su madre acercándose a el sillón donde los dos se hallaban y pasaba sus manos por la corbata de su marido para acomodarla, terminando con su acción les dio una última mirada de reconocimiento esperando que ya los dos estuvieran presentables para la noche.

Si no duras toda la velada no disfrutaras de la compañía de los demás que tanto esperas—Acomodándose en la piernas de su hombre, dando a ver su lado coqueto y llena de confianza al hacerlo para demostrar su “amor” algo muy común en esta familia—Bueno, todo se ve en orden… A todo esto ¿Donde están los chicos? —Llegando a inspeccionar más a fondo el salón con temperatura cálida en donde se hallaba la chimenea que usarían próximamente, sin tener éxito en conseguir a sus niños se dispuso al levantarse en busca de ellos, ni siquiera había dado dos pasos cuando la puertas del gran salón se abrieron dejando ver a 6 chicos buen mozos que vestían elegantemente.

¡Llegamos¡—Gritaba “Gianca” a la par que se adentraba más en el salón para apachurrar a Bianca— ¡Waoo! te ves preciosa, tengo que ponerte el ojo para que nadie se te acerque, ¿eh? —Llegándole a colocar su abrigo viendo que ya pronto la hora de partir se acercaba—Este quería escapar para evitar la reunión—Vociferaban al unisonó los gemelos, quienes cargaban a rastras a Jacob—Ellos me dijeron que no estarían los Abuelos—Hablando a regañadientes al chico que trataban como un simple saco de papas sus hermanos mayores—Cariño ellos sí estarán, no te preocupes por eso—Decía la dulce madre tratando de arreglar rápidamente a su pequeño—Saben que aquí no decimos mentiras—Fue Giovanni quien adopto una mirada seria a el par de chicos que compartían más similitudes que todos los demás—Tranquilo solo fue una broma amor, no lo volverán a hacer, ¿verdad? —Los gemelos que se habían abstenido a contestarle a su padre solo asintieron nerviosos para no caer en problemas.

¡Hey! ¡Familia ya es hora! —Gritaba Eduard quien fue el único que tomaba eso de llegar puntuales un poco más enserio que sus demás hermanos, su intento de llamar la atención fue exitoso al ver que toda su familia tomaba sus abrigos y se encaminaban a la gran chimenea que predominaba ahí y de un momento a otro ya se encontraban en su destino. Todos ya listos se dispusieron a salir y saludar a los anfitriones con ánimo y sincera alegría, siempre mostrándose educados sin llegar a bajar la mirada como le explico momentos antes su padre, una actitud que el patriarca había adoptado para darse a notar en negocios y una que otras reuniones ¿Algo muy raro para usar en una reunión familiar? La verdad es que no, si es que se trataba de puristas como notaba Giovanni, él no dejaría que su familia se dejara intimidar por personas que no compartían los mismo pensamientos que este o sea de tomar decisiones muy extremistas donde era mejor para “El que dirán” en vez de “Seguir tu corazón” un dicho que era muy apreciado por su familia.

¡Ay! —Derrepente se escucho un sonido seco que muy pocos notaron, creado por la caída de Bianca al tropezar y terminar en el piso “Me duele… Mamí…” A punto de llorar uno de sus hermanos trato de calmarla para que no la vieran “débil” y es que solo tenía 10 añitos pero igual, su familia no dejarían que llegaran a verla indefensa—Mira, mira Dulce… Es linda ¿no? —Fue Jonathan que dio el primer paso para que no comenzara a llorar mostrándole una rosa que desprendía suficiente belleza para capturar la atención de Bianca y que esta se olvidara de lo que le paso—Ten, te la regalo si tu vas y descansas en ese sillón, la vista es hermoso y prometo volver con dulces para acompañarte—Entregándole la rosa a la pequeña la levanto y la encamino hacía el dicho mueble—Ya vuelvo dulce—Pasando de largo de todos los demás directo a la mesa en la que se halaba varios aperitivos, Bianca desvió su mirada de él y dio una mirada rápida a sus familiares dándose cuenta que todos supieron cómo mantenerse ocupados rápidamente pero sin dejarla olvidada al guardar cierta distancia con ella “Sí, tenía razón… la vista es hermosa” Perdiéndose en el paisaje blanco que se presentaba ante ella.

¿H-harper? H-hola-a—Vociferó la pequeña, saltando de su puesto a darle un abrazo grande o lo más cómodo que pudiera realizarlo al ser más pequeña que la joven Jones—Y-yo te extrañé—Sin desaparecer su abrazo que disfrutaba mucho, eso de dar “amor” se le daba muy bien la verdad aun cuando a veces este “amor” no fuera muy bien recibido por otros, aunque esto no la detenía al ser muy inocente para notarlo aun.
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Harper Jones el Lun Sep 03, 2018 11:54 pm

Yo amo mi familia, pero como en todas las familias del mundo siempre existían esos familiares que a pesar de poner todo de sí, uno no podía soportar o al menos se hacía sumamente difícil. Uno de ellos era Bianca, quién su único mal era ser sumamente melosa, estar a su lado era como si te obligaran a comer un pote gigante de miel sin permitirte tomar agua entre medio. Pero si hablamos de familiares que son de trato más difícil, también había que nombrar a los que no, a todos aquellos que pese a mi corta edad no dudaría en dar mi vida si fuera necesario, y uno de ellos era mi abuela Marie, quien desde tiempos inmemorables es la causante de que nuestra familia sea tan unida, siempre ahí como un mosquito (uno muy hermoso) andaba molestando para que permanecieramos juntos y nos dieramos amor del bueno. Y el día de hoy no sería la excepción.

Caminé a paso lento hacía mi prima que se encontraba mirando por la ventana el caer de la nieve, mientras me repetía mentalmente que podría ser capaz de permanecer a su lado sin dedicarle una mirada o palabra hostil, ardúo trabajo pero no imposible. Me dejé caer a su lado en el sillón, enarqué una ceja al escuchar su saludo ¿ahora se había vuelto tartamuda o qué? me pregunté mentalmente al escucharle hablar así. Tensé todo mi cuerpo, y me mordí la lengua al recibir ese abrazo por su parte, quería alejarla al instante pero sentí la mirada de mi abuela clavada en nosotras.— Vale, vale, yo también.— mentí, mientras le daba unas palmaditas todo menos cariñosas en su espalda con una sonrisa falsa, para luego alejarla de mí.

Y bueno, ¿qué me cuentas de nuevo? — pregunté lo primero que se me vino a la cabeza, y lo que toda persona cordial diría para matar el tiempo. Ya luego vendría comentar el clima, y decir lo maravilloso que era la navidad, rogando que con eso bastase para que mi abuela se quede tranquila.

¡Harper! .— desvié mi mirada hacía el lugar de donde había provenido mi nombre y me encontré con la mirada de mi madre que se dirigía hacia mí .— ¿Qué pasa, madre?.- pregunté clavando mi mirada en ella, levantando del sillón de sopetón.— Hermosa mía, me encuentro hablando una cosa muy importante con tu tía que no puede esperar, pero debo enviar esta carta antes de las siete ¿podrías ir hacia dónde se encuentra Pólux y enviarla por mí? Enviaría a alguno de los sirvientes pero todos se encuentran trabajando en otras cosas por navidad, y sé que te encanta recorrer los exteriores con esta nieve ¿verdad, mi adorada? .- me preguntó llevando una de sus manos a mi mejilla y acariciándola tiernamente. Una de las cosas que admiraba de mi madre era esa, que pese a lo mucho que uno quiera negarse a sus palabras simplemente no podía, porque era tan sumamente encantadora para pedir favores que a uno solo le quedaba asentir y ofrecer una sonrisa, como si ella te estuviera haciendote un favor al pedirte aquello y no al revés.— Sí, madre. Yo me encargo.— le respondí sonriente tomando la carta con mi mano derecha, feliz de tener una excusa para alejarme de Bianca y volver a estar nuevamente sola, pero mi madre dirigió una mirada a mi prima. —Bianca te acompañará feliz ¿verdad? De seguro le encantará ver la nueva pareja de Jobberknolls que hemos comprado .— le dijo a la castaña y mi rostro volvió a encontrarse sin expresión alguna, decepcionada al ver que mi oportunidad de safarme se había esfumado.

Clavé mi mirada en Bianca, deseosa de que esta se negará producto del frío que hacía afuera, pero sabiendo que le estaba pidiendo peras a un olmo,ya que la maga amaba los animales y lo que acaba de decir mi madre era algo que ella por nada del mundo se negaría, o al menos eso creía.
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Bianca De Vega el Jue Sep 06, 2018 8:14 pm

¿Enserio? Me alegra escuchar eso— Manteniendo un tono de voz más bajo que el que empleo anteriormente, aun así se podía notar la emoción en su voz. Harper resultaba ser una de sus familiares más "llamativos" si se podría decir así, con la que había tomado confianza, no mucha pero si lo suficiente para sentirse aliviada en la reunión, puede que la vista sea grandiosa pero por parte de ella siempre será bienvenida una buena compañía.

Bueno Mamá me ha enseñado a cocinar— Esperaba que eso fuera lo suficientemente interesante para la Jones, por lo menos para que no se fuera de su lado, viendo a toda su familia socializar tan fácil con los demás, no era para menos al entender que eran familia pero igualmente se sentía excluida y no podría molestar a sus hermanos con niñerías, ya había cumplido diez años un gran cambio para ella al tener dos dígitos ahora en su edad lo cual la llevo a pensar que debía de comportarse mejor.

Apenas y habían pasado unos pequeños minutos de su encuentro con Harper y ya sentía que podría estar tranquila, la conversación entre las dos no era muy fluida pero era lo suficientemente grata por lo menos para las más pequeña de las dos. No pasó mucho para que su tía viniera y se sumara a ellas, específicamente acercarse a su hija para dedicarles unas palabras que Bianca ignorada sin más, igualmente eso no la detuvo para saludar a la mujer frente a ella a espaldas de la joven Jones por educación y porque se alegraba de tener cerca a la mujer.

Ah cierto, Jonathan, ¿Donde estará?— Hablando para si, dándose cuenta que su hermano que hace rato la había auxiliado no daba signos de mostrarse pronto, dejó que su mirada diera un recorrido por toda la mansión o por lo menos por todo el salón donde se encontraban para poder dar con su hermano en la mesa de aperitivos que el había mencionado anteriormente, parecía que elegía cuidadosamente lo que se llevaría notando uno de sus favoritos ya en el plato que traía Jonathan— ¿Ah? ¿Jobberknolls?—Aun cuando su nombre fue llamado se necesito de que también se mencionara una criatura mágica para que se centrara en quien se había tomado la molestia de incluirla en la conversación—¿Si puedo ir? ¡Gracias!—Sin poder contenerse al dar saltitos de emoción, pronto su cabello se fue tiñendo de rosado al sentir "Alegría" e igualmente se desvió de la atención que hace poco le había dirigido a su hermano.

¡Vamos, vamos!—Animando a Harper para que se apurara en dirigirse a los jardines que contenía el terreno de los Jones, aun Bianca tenía una considerable vista del gran ventanal que se encontraba cerca del sillón que hace poco había ocupado lo suficiente como para notar un pequeño destello azul brillante "¿Eh? ¿Será mi imaginación?" Solo fue por un pequeño momento pero estaba segura que había visto algo. Antes de comenzar su "exploración" como ella lo llamaba fue a hacerles seña a Jonathan para que ya no se preocupara por ella, a lo cual recibió una respuesta grata por el chico, sin más se encamino a donde sabría estaban las puertas que se dirigian a los jardines de la casa junto a Harper.

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Harper Jones el Jue Oct 11, 2018 2:33 am

A penas llegar a su lado me atacó como cual oso a abrazarme, y me tensé de pies a cabeza, que yo no soy de las que anda mostrando así su afecto, muy pocas veces me dan ganas de ser así de melosa y cuando pasa es con contadas personas, y Bianca al menos aún no pertenecía a ese grupo reducido de personas, quien sabe en un futuro, pero hoy sutilmente (o al menos eso creo) la aleje lo antes posible de mi lado. Aunque ojo, aún así, la familia es la familia y Bianca pertenece a la mía y yo la defendería a morir a pesar de que me cause urticaria con sus abrazos de miel.

Enarqué una ceja al escuchar sus "noticiones", es que ¿acaso no tienen elfos o sirvientes en su casa que tiene que aprender a cocinar?, suspiré y traté de generar una sonrisa en mi rostro, débil pero sonrisa al fin y al cabo.― Pues, que bien...― le dije  tratando de parecer interesada.― ¿Y qué has aprendido?.― le pregunté pensando mentalmente que yo después de esto me merezco el premio a la mejor prima, y se lo haré saber a mi abuela para ver si le ablandó el corazón y me regala otro libro para mi estantería. Es que cualquiera que haya leído algún libro regalado o recomendado por mi abuela Marie, sabría la emoción que se siente tener esa suerte, es que los libros que me ha dado, pese a mi corta edad me han hecho una ilusión enorme.

En eso escuché el llamado de la mujer más hermosa de la casa, mi madre. Me levanté de sopetón con una curiosidad enorme de saber qué me tenía que decir, pero sólo me bastó un par de segundos para saber que más que decir era pedir, pero a esa mujer todo. Además no mentía al decir que me encantaba recorrer los jardines en estas fechas, me encanta la nieve y sentir el viento helado colarse por cualquier espacio que deje libre la ropa que uno lleve puesta y me cause un escalofríos, que a diferencia del resto de la gente no me molesta sino al contrario me causa cosquillas.

Bianca preguntó por su hermano pero no le hice mucho caso ya que toda mi atención en ese momento se centraba en mi madre, era su don que yo esperaba tener algún día, mi madre hace aparición y todos le quedan mirado, más aún si abre su boca y observan que no sólo posee belleza sino que de inteligencia  aún más.―    Sí, Bianca. Una hermosa pareja de Jobberknolls .― le comentó mi madre sonriente. Dirigí mi mirada hacia Bianca y rodee los ojos cuando le ví saltar como una chinchilla rosa, sí rosa porque ahora su cabello se teñía de ese color, por la emoción quizás. Solo esperaba que ese sentir en la castaña fuera disminuyendo que si seguía así, ya veía que al ver a los pájaros explota saliendo disparados brillos y lentejuela por toda la redonda Vamos.― le dije más seca y de rostro neutral. ― Gracias queridas mías .― dijo mi madre, para luego darle unos mimos a nuestras mejillas.

Comencé a caminar  lentamente hacia la puerta de la casa que nos llevaría a los jardines, es que yo no tenía prisa por ir a ese lugar a diferencia de Bianca que ya no podía más de la emoción, a mi me encanta ese lugar, pero está ahí todos los días y puedo ir cuantas veces quiera. Al llegar a la puerta tomé uno de mis abrigos que tenía colgado y me lo puse, luego mire a la castaña.― ¿Tú has traído abrigo, no? Debes ponertelo que afuera debe hacer un frío que te mueres.― le recomendé pero sin quedarme allí para corroborar que realmente lo hiciera, que allá ella veía si lo hacía o no. A penas dí un paso fuera de mi hogar sonreí, es que adoro el olor a la nieve, que para mí tiene un olor inolvidable y muy querido.  Mi parte favorita era hundir mis pies en la nieve y sentir el frío colarse por mis pies, siempre tan bailarines haciendo figuritas en la nieve. ―Vamos, vamos Bianca que esta carta no te puede esperar la vida entera.― me quejé al ver que aún no se sumaba a mí, por lo que al verla salir comencé esta vez un paso mucho más apresurado.

Que frío que hace...― solté sintiendo un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, que a mi me gusta el frío y mucho pero ese esta re fuerte, cala huesos. Y como si los dioses del invierno me hubiera escuchado,  de pronto sentí un calor invadir todo mi cuerpo, como si mi atuendo se hubiera vuelto en una chimenea portátil, esto claramente es magia...pensé,  dirigí rápidamente mi mirada hacia el gran ventanal que daba al living de mi  y ví a mi padre, sonriendonos y abrazándose a él mismo en plan: "Hace un frío que te mueres, y yo no quiero que se me  congelen" Le sonríe radiantemente y con un amor inconmensurable.-― ¿Has sentido el calor? ha sido mi padre...― lo dije en un tono todo orgulloso y de amor a ese hombre, mientras se lo señalaba con mi mentón.

Así ya más calentitas el camino hacía el invernadero, lugar donde teníamos una jaula enorme para nuestros pájaros de todas las especies, y flores aún más, se hizo mucho más llevadero.― ¿Tú has venido antes a nuestro invernadero, verdad?.― le pregunté, es que de pronto se me había cruzado esa duda. Donde yo vivo es una mansión, y una muy muy grande, y tienen que imaginar que si mi casa ya es enorme sus jardines son el triple ¡el cuádruple, y quíntuple! por lo que realmente no sabía si Bianca había estado allí antes, ya que siempre solemos estar en la piscina o en casa.

Al llegar mis ojos ganaron en brillo, y no es solo porque fuera mi lugar favorito de la casa, sino porque siempre me pasa que al estar allí más que me emocione visualmente por la belleza del lugar, me invadía una sensación muy extraña, como si me atacaran innumerables recuerdos, y unos tan bonitos que me ponían la piel de gallina.― Hemos llegado. ―le comenté por si aún no se había dado cuenta.― Este lugar lo creó un diseñador de exteriores muy famoso, mago por su puesto, Cedric Hamill, el mismo que hizo nuestra grandiosa piscina. La gracia que tiene es que ha logrado que en el invernadero existan muchos climas, para así poder tener diversas flores y vegetación de todas partes del mundo. Pero entre nos, la que realmente le dió vida a todo esto es mi abuela Marie, que sin ella esto no seguiría así tan bonito y acogedor.― no sé qué me pasaba, pero de un momento me había vuelto una cotorra. Seguramente era los poderes sobrenaturales que tenía este lugar y que hacía cosas extrañas en mí.― Vamos que ya he hablado mucho yo y se me cansa la mandíbula, cuentame algo tú mientras caminamos hacia donde se encuentra el sector aves.


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