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So tell me about you // Dorcas Meadowes & Gwendoline Edevane

Gwendoline Edevane el Jue Ago 02, 2018 2:39 pm

Recuerdo del primer mensaje :

So tell me about you // Dorcas Meadowes & Gwendoline Edevane - Página 2 5OIjjBy
Sábado 23 de junio, 2018 || Zona segura para fugitivos || 11:41 horas || Mi ropa

Desde los acontecimientos ocurridos la noche anterior, podía afirmar que estaba nerviosa. Y es que Sam y yo, tras muchos meses tras sus pasos, habíamos dado finalmente con Artemis Hemsley.
La infame Grulla, cazarrecompensas y mortífaga a la que tanta gente tenía miedo, y no sin motivo, había mostrado su cara ante nosotras. Nos había visto, y desde entonces, Sam y yo no podíamos evitar estar nerviosas. Porque me había visto la cara a mí, y yo no era una fugitiva. Así que ninguna de las dos podía evitar tener la sensación de que en cualquier momento alguien del Ministerio llamaría a la puerta de mi casa con intención de arrestarme por colaborar con una peligrosa fugitiva. Bueno, peligrosa según su cartel de "Se busca", que la señalaba como una asesina.
Había pasado la noche con Sam, y tenía intención de volver con ella, así que por el momento intentaba no preocuparme por Hemsley. Difícil era, desde luego, y preocupada estaba, pero mi máxima era no mostrar esa preocupación. Si yo perdía los papeles, Sam los perdería también, y volvería a culparse una vez más por haberme permitido ir con ella. Así que conservaba mi temple, le sonreía con alegría cada vez que entraba en la habitación en que estaba yo, y seguía adelante.
Una manera de espantar los nervios era mantener mi mente ocupada, hacer algo. Siendo sábado, ir al Ministerio quedaba descartado, por lo que necesitaba dar con otra manera de ahuyentar los pensamientos que se formaban en mi cabeza cada vez que estaba ociosa. ¿Y qué se me ocurrió? Ir a hablar con la Orden del Fénix y entregarles la información que Sam había encontrado entre las posesiones de Artemis Hemsley.
Y allí estaba yo, caminando por los pasillos del refugio con intención de encontrar a Albus Dumbledore y entregarle aquella información. La sombra de un dolor de cabeza que prometía tornarse agudo empezaba a planear sobre mi cabeza, y no pude evitar llevarme los dedos de la mano izquierda a la sien. Serán la tensión y los nervios, me dije a mí misma mientras continuaba mi camino.
En mi mano derecha, llevaba mi teléfono móvil, el cual contenía toda la información que Sam me había enviado por Whatsapp. Información jugosa, a decir verdad, y que serviría de mucho a los fugitivos del refugio. O eso esperaba, pues era lo que Sam quería. No te preocupes, Sam. Seguro que lo que has conseguido les ayudará mucho.
Aquel pensamiento dibujó una sonrisa en mis labios. ¿Cómo podía Samantha Lehmann seguir siendo tan increíblemente bondadosa a pesar de todas las cosas malas que había vivido? Solo esperaba que nada la cambiase, que siguiese siendo así...
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Dorcas Meadowes el Lun Feb 04, 2019 1:50 am

Sonreí dulcemente cuando le dió la razón a mi madre, y de paso su imagen me vino como un flash en mi cabeza. Su sonrisa y ojos brillantes dominaban mi fotografía mental, una que en un par de segundos se completó con la imagen de mi padre y mi hermana jugando en el patio de casa una tarde de verano. Y fue así, como esa sonrisa de a poquito se volvió nostálgica, ya que recordar a mi familia o hablar de ella siempre me generaba sentimientos contradictorios.

Cuando comenzamos ha hablar de las asignaturas de Hogwarts, no pude evitar opinar sobre el cambio que ocurrió en la materia de DCAO, y de paso darme cuenta como dos palabras pueden cambiarlo todo radicalmente. Y por un momento sentí miedo, convertido en un escalofrío que recorrió mi columna al pensar cómo se estará enseñando aquello, pero por sobre todo me asustaba su objetivo final. Porque ¿para qué aprender artes oscuras si no es para usarlas? y el solo hecho de imaginarme a niños de once años aprender que una maldición imperdonable es perdonable, y más aún es alabada, me da escalofríos. Gwen habló y como un cable directo a la tierra me sacó de malos pensamientos que me hacían sentir que esperar tiempos mejores era prácticamente imposible. Sonreí débilmente.- La mente humana es muy compleja, y creo que hay que ser muy valiente para intentar comprenderla. Como los legeremantes, por ejemplo. La mayoría de la gente cree que debe ser muy guay poder leer mentes, y sí de seguro puede ser muy útil y en ciertos momentos maravilloso, pero también pienso que es un arma de doble filo. Uno ve rostros pero no pensamientos ni vivencias, y creo que algunas veces uno puede llegar a toparse con cosas que hubiera deseado no ver nunca.- me encogí de hombros y suspiré, para luego sacudir mi cabeza y cambiar de tema, a uno que no me causara ese pequeño apretón en el pecho cuando comienzo a hablar de las cosas que ocurren fuera del refugio.

- Cuando ocurra mi primer viaje sola en auto, serás la primera en saberlo.- le prometí sonriente, aun sabiendo que faltaba mucho tiempo hasta que yo pudiera, primero que todo aprender a manejar, segundo poder tener un auto a mi alcance, y tercero andar por las carreteras libremente. Pero siempre me ha gustado ver el vaso medio lleno, y me gusta planear cosas para cuando comience un nuevo capítulo en el mundo mágico, uno en que no importe la sangre ni dónde provengas, sino que simplemente importe la unión intrínseca que nos unió, la hermosa y radiante magia.

Logré mi poción con éxito y con ella también gané innumerables consejos por parte de la castaña, y no sólo sobre ese ramo particular de la magia sino que también de vida. Y me sentí muy afortunada, por pensar que pese a todo lo que ocurría afuera de estas acogedoras paredes, aún así la vida me ponía a personas increíbles en mi camino. Personas que sin importar hora, lugar o contexto estaba allí para tender una mano y ofrecerme ese aliento tan necesario para seguir la ruta con más energía que antes.

Gwen luego me habló sobre un nuevo proyecto y me preguntó si quería ayudarla con ello, no tuve que mirarme al espejo para saber que en esos momentos mi rostro brillaba de alegría, por el simple hecho de poder ayudar mientras aprendía. ¿Hay algo más bonito que eso? Sí, muchas cosas pero,en mi vida al menos, aquello si o si se encontraba en mi top5 de las maravillas del mundo. Me preguntó si sabía sobre ingredientes que ayudaran a la regeneración y yo enseguida recordé mi inventario que hace tan sólo unos días había actualizado con nuevos ingredientes. Comencé a dictarles uno a uno y de paso me anoté la tarea de seguir buscando más.- Pues, puedes contar conmigo para el que quieras. Ya sabes, tengo mucho tiempo libre y me encanta leer. Por lo que si ahora entrando a estudiar y con el trabajo no te da el tiempo para leer algunos libros, documentos o algo, pues tú me dices y yo feliz lo hago, de verdad.- le comenté animada.

Y como siempre he sido una tejona muy curiosa, enseguida me surgió la duda del origen de todo aquello, y no tardé en preguntarselo a la castaña. La miré expectante, y cuando comenzó a hablar me mantuve todo el tiempo atenta, y con una mirada de profunda admiración. Es que imaginense, tengo frente de mí a una maga que trabaja en el Ministerio, entrará a estudiar una segunda carrera, pertenece a la Orden del fénix, y como si eso no fuera poco, aún le queda energía para seguir pensando en los demás y querer ayudarlos inventando una poción que los ayude a superar traumas vividos bajo este régimen u otro motivo. Sonreí, una vez más contenta de haberme topado aquel día, que a todos luces se veía como una más que el resto, con Gwen una maga, al menos ante mis ojos, excepcional.

- Ay, Gwen. Que bonito, de verdad.-  le dije sincera, llevándome ambas manos a mi rostro.- Es muy cierto lo que dices, acá llegan muchas personas con heridas graves que más tarde se convierten en cicatrices, que más que molestarles estéticamente, le produce una sensación constante de recordar un evento en su vida que en su mayoría todos quieren superar, dar vuelta la página. Y no, no se va, sigue ahí marcando tu piel. Algunos aprenden a disfrutar sus "heridas de guerra" pero no todos tienen esa fuerza, y esa poción que quieres hacer los puede ayudar mucho.- le dije sonriente para luego suspirar como quien acaba de ver algo realmente hermoso. Y lo que yo ví e imaginé, fue a personas sin tener la necesidad de cubrirse por sentir vergüenza o dolor por sus cicatrices, volviendo a reencontrarse con sus cuerpos, y quererlos nuevamente.- Gwen, de verdad. Cuenta conmigo para lo que quieras, y no solo esta poción sino cualquier experimento que quieras intentar y necesitas de ayuda.- le repetí, es que quería dejarle muy en claro que para mí ayudarla no era problema alguno.- Acá hay muchos sanadores y sanadoras. Yo soy muy cercana a Vilma, una sanadora jubilada que duerme en la planta de la izquierda, es muy amable e inteligente, de seguro me puede decir más cosas con respecto a esto. Le preguntaré y te aviso si me da un dato o ingredientes más.- le señalé junto a una sonrisa.

De pronto miré la hora en mi reloj y abrí los ojos sorprendida.- ¡Qué rápido ha pasado el tiempo!.- exclamé al ver que la hora de almuerzo ya se encontraba próxima.- Lo siento, tú venías de paso y yo te he atrasado más de la cuenta. No te molesto más.- le dije junto a una mueca y comenzando a ordenar las cosas esparcidas sobre el mesón.- Ahora debo ir a ayudar a las cocinas, ya que ese es mi labor esta semana.- le comenté a la castaña, mientras tomaba un frasco vacio y con sumo cuidado invertía la poción en el.- Es mi semana favorita junto a la que me toca cuidar del invernadero...¿Has visto nuestro invernadero, Gwen? Es muy bello, a crecido mucho este último tiempo.- le dije, para luego pegar una etiqueta en el frasco y anotar el nombre  de la poción.- Pero antes, iré a dejar esta hermosura a la enfermería del refugio.- agregue sonriente y orgullosa de mi creación, me puse de pie y miré a Gwen.- Muchas gracias por este ratito a mi lado, Gwen. Me ayudaste mucho, en todo sentido.- le señalé con una mirada de agradecimiento y cariño.

- Sé que no tienes mucho tiempo libre porque haces muchas cosas y eso, pero si no te molesta podríamos juntarnos la otra semana tal vez, o cuando puedas. De seguro habre podido recopilar más información , y bueno, quizás acá en el refugio no tenemos los mejores implementos para experimentar, pero los que hay sirven mucho y siempre hay espacio para poder investigar y crear. Bueno, quizás tengas un sitio mejor, pero no pierdo nada en comentarte que acá siempre serás muy bienvenida, para lo que sea.- terminé por decirle ya con todas mis cosas guardadas y todo completamente ordenado y limpio, como si allí jamás hubiera estado alguien.
Dorcas Meadowes
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Dorcas MeadowesFugitivos

Gwendoline Edevane el Mar Feb 05, 2019 11:06 pm

Sin pretenderlo, Dorcas Meadowes tocó un tema que a Gwendoline le resultaba un tanto incómodo: la legeremancia.

No fue la mención de la palabra ‘legeremancia’ en sí lo que sumió a la morena en una línea de pensamiento profundo, sino todo lo demás. No sabía si Dorcas había practicado alguna vez aquella disciplina mágica tan complicada, pero tenía claro que, si alguna vez lo hacía, se sorprendería ante lo que podía suceder a su propia mente.

Y quizás no fuese una sorpresa grata.

En aquellos días—cuando Gwendoline todavía no se había transformado en el títere de Artemis Hemsley—, la fuente de su aversión a la legeremancia eran los hermanos Crowley. Aquellos tres seres, que en la mente de Samantha Lehmann se habían transformado en una suerte de monstruos como los que pueblan las pesadillas de la infancia, se habían instalado también en la mente de la morena. Y si bien su huella no era tan profunda como la que habían dejado en la psique de la rubia, le habían mostrado un abanico de sensaciones y sentimientos que antes no creía posible. Y todas ellas malas: odio, asco, furia…

Soltó un suspiro tembloroso mientras, una vez más, visualizaba sus rostros con total claridad. Se revolvió inquieta en la silla, intentando alejarlos. No los quería cerca, ni de ella ni de Sam.

¿Y lo más triste de todo? Estaban muertos. Ya no podían hacerle daño a nadie… pero seguían haciéndolo. Día tras día.

—Te sorprenderías de las cosas que puede mostrarte la legeremancia. Muchas de ellas te horrorizarían.—Se llevó ambas manos al rostro, frotándose los ojos mientras seguía intentando alejar el recuerdo de aquellos tres malnacidos.—Pero sí, tienes mucha razón: se trata de un arma de doble filo. Y si bien la oclumancia, dicen, puede practicarla cualquiera, pienso que para leer mentes necesitas estar hecha de una pasta especial. No todas la mentes son fuertes como para resistir algo así.

No había más que echar un vistazo a lo que una persona manipuladora podía hacer con otras personas cuya mente era débil. Ese tipo de gente ni siquiera necesitaba manipular una mente de manera mágica para poner pensamientos en la cabeza de otros. Así que no resultaba difícil imaginar a alguien con una mente débil intentando leer la de una persona más fuerte. Sin duda, eso sería más nocivo aún que el discurso de adoctrinamiento más ferviente.

La elaboración de pociones era algo que Gwendoline y Dorcas tenían en común, y por lo que la mestiza pudo comprobar, a la hija de muggles se le daba mucho mejor de lo que ella misma pensaba. No necesitó mucho para conseguir elaborar aquella poción tan complicada, por lo que estaba muy claro que tenía un don para aquello.

Por ese mismo motivo, Gwendoline puso sobre la mesa su pequeña idea: una poción para regenerar tejido cicatrizal. Algo que serviría de ayuda a las víctimas del terror que gobernaba el mundo mágico actual.

Si bien Gwen estaba pensando en Sam y su espalda horriblemente desfigurada por la mano de los Crowley, no tenía pensado quedarse con aquella hipotética poción sólo para ella. La compartiría con todo aquel que tuviera la necesidad de utilizarla, pues de antemano sabía que algunos no la querrían: siempre existía gente orgullosa de las cicatrices que se había ganado luchando contra los mortífagos.

Dorcas ofreció grandes aportaciones, y Gwendoline no veía el momento de ponerse a probar los efectos de los distintos ingredientes. Tenía una base, y pretendía modificarla hasta el punto de que redujera o eliminara las cicatrices.

Por supuesto, tenía en cuenta los escollos con que se encontraría: las cicatrices de un ataque de licántropos posiblemente no se fueran fácilmente—si es que llegaban a irse—, y seguramente hubiera otras criaturas capaces de dejar su marca, sin importar el tratamiento que se aplicara.

Dorcas aceptó con todo su entusiasmo, y Gwendoline no pudo evitar sonreír. Y sus halagos la hicieron ponerse un poco roja, no lo iba a negar. No se le daba bien recibirlos.

—No es para tanto.—Le restó importancia, como siempre.—Seguro que alguien ya ha tenido la idea antes. Quizás en este mismo refugio. Veremos si podemos hacerlo nosotras.—Y cuando la joven rubia mencionó que se ofrecía no sólo para aquel proyecto, sino para cualquier cosa que se le ocurriera, Gwen le sonrió.—De acuerdo. Cuento contigo entonces. Piensa cualquier cosa que creas que puede necesitarse aquí. Yo haré lo mismo, y veremos si podemos hacer algo al respecto.

Cuando Dorcas hizo mención a la hora, Gwendoline se miró la muñeca y abrió los ojos como platos. ¡Y tanto que volaba el tiempo! La morena recordó que se acercaba la hora de la medicación de Sam, por no mencionar el hecho de que Caroline ya debía estar al caer de su misión en Japón.

Más valía que se pusiera en camino.

—Tienes toda la razón.—Respondió la morena con una sonrisa un tanto culpable en el rostro: no sabía si se la dedicaba a sí misma, o a Sam, que ni siquiera estaba presente. Le había prometido volver pronto, y allí estaba. No quería ni ponerse a mirar el móvil, pues seguramente se encontraría algún que otro ‘gato cabreado’.—La verdad es que no, no he visto nunca el invernadero. Deberías hacerme una visita guiada. Y quizás podamos encontrar una pequeña parcela donde plantar algunos ingredientes. Y no solo para pociones: las hierbas aromáticas siempre vienen bien para mejorar las recetas de cocina.—Y le dedicó a la joven rubia un guiño lleno de complicidad. Y podía sonar a broma, pero era cierto: sin hierbas y especias, la comida perdía mucho.

La petición de Dorcas la pilló un poco por sorpresa, teniendo en cuenta que Fionna Shadows era la ‘madrina’ de Dorcas. Sin embargo, Gwendoline compuso una sonrisa y asintió con la cabeza.

—Por supuesto.—Aceptó. No creía que fuera un problema sacar al menos un día a la semana para pasarlo con Dorcas.—Estoy segura de que harás un buen trabajo, pero tampoco es necesario que te pases el día con la cabeza sumergida en los libros, ¿eh? También hay sitio para divertirse.—Gwendoline le puso una mano en el brazo a la chica con suavidad.—Y no me he olvidado de mis libros y apuntes de medimagia, que conste. Pero… ¿hay alguna otra cosa que te guste hacer en tus ratos libres? ¿Leer? ¿Ver series? ¿Jugar videojuegos? Creo que podría conseguirte alguna cosa.—Aquella era una de las pocas formas en que Gwen creía que podría contribuir a la Orden del Fénix. Información y ayuda, pues no le apetecía demasiado meterse en misiones peligrosas.—Y bueno, mi casa es tu casa. Puedes venir siempre que quieras.

Gwendoline le dio la dirección a la joven. Sabía bien que sería cuidadosa. Que no iría a lo loco ni se aparecería en su rellano cada dos por tres. Y no porque Gwen no quisiese, sino porque era peligroso: no tenía ganas de ver a Dorcas arrestada simplemente porque había salido del refugio para ir a su casa.


Sábado 2 de febrero, 2019

Zona segura para fugitivos, Londres || 09:37 horas || Atuendo

Haciendo honor a su promesa, durante los últimos meses Gwendoline y Dorcas se habían reunido al menos una vez cada semana para compartir un rato juntas. Ya fuera elaborando pociones, ya fuera realizando trabajos de investigación de ingredientes, ambas habían compartido bastante tiempo juntas. Y podía decirse que habían hecho buenas migas.

Con motivo de una de aquellas reuniones, Gwendoline llegó al refugio. Llevaba con ella su bolso cargado con los bártulos necesarios para las tareas que tenía pensadas, y la verdad era que estaba entusiasmada.

Caminaba con la mirada puesta en su teléfono móvil, intercambiando mensajes de Whatsapp con Sam—con la consiguiente sonrisa bobalicona permanente en la cara—cuando se encontró con Dorcas.

La joven la sorprendió en medio del pasillo, y cuando la saludó, Gwendoline alzó una mirada sorprendida del móvil. Sonreía como si la hubieran descubierto haciendo algo que no debía hacer.

—Buenos días, Dorcas. ¡Sí que madrugas!—La saludó la morena, sonriendo esta vez de manera más alegre. No contaba reunirse con ella antes de las diez, pero tampoco había problema por adelantar un poco su pequeña ‘clase’.—Aunque, casi mejor, porque hoy traigo una idea bastante inte…

Gwendoline no llegó a terminar aquella frase, pues como solía ocurrirle todo el tiempo de su vida, alguien la interrumpió: Glenn Emerich.

El fugitivo apareció corriendo, doblando la esquina del pasillo. Se le veía agitado, y Gwendoline no pudo evitar recordar la última vez que lo había visto: había sido aquel día en que su camino y el de Henry Kerr se habían cruzado de nuevo.

Gwendoline le preguntó al fugitivo qué sucedía, y si bien no era a ellas a quienes buscaba, le respondió igualmente.

—Nos ha llegado una llamada de auxilio por medio de un patronus.—Le respondió.

Gwendoline frunció el ceño, y acto seguido intercambió una mirada con Dorcas. La cosa parecía grave.


PNJ - Glenn Emerich:
So tell me about you // Dorcas Meadowes & Gwendoline Edevane - Página 2 >#99cc33
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Dorcas Meadowes el Dom Mar 03, 2019 10:16 pm

Observé cómo el tema de la legeremancia le incomodaba a Gwen, por lo que tan sólo me limité a asentir tras sus palabras junto a una pequeña mueca. Pensando que por más que a veces sienta que la vida dentro del refugio era difícil, y muchas veces añoraba la libertad que tenía antes de todo lo ocurrido, al menos debía agradecer que me encontraba segura en aquel lugar. Y si me metía en algún problema o tomaba más riesgos de los necesarios era porque yo quería y no porque me encontraba  a la deriva todos los días, como la maga que tenía enfrente, quién seguía su vida normalmente, para que luego, cuando ya nadie la veía poder luchar a nuestra favor. Y por su rostro, logre deducir que ha tenido que pasar por cosas para nada agradable, y sentí pena y frustración por aquello, porque personas como Gwen no merecían esas cosas, personas como ella deberían estar viviendo su vida feliz y tranquilamente junto a sus amados, no poner en riesgo su vida e integridad tanto física como mental por personas con cero empatía por alguien ajeno a ellos.

Pero dimos vuelta la página, y comenzamos a introducirnos en un tema que a ambas nos atraía de sobremanera: las pociones. Y ella, de manera cálida y sumamente cariñosa logró darme la seguridad que me faltaba para poder realizar la poción que esa tarde quise crear y salir victoriosa de aquello. Jamás he sido consciente de mis capacidades  y generalmente soy la persona principal que se boicotea cuando quiero lanzarme en un estudio nuevo, pero para mi suerte ésta vez conté con la presencia de la castaña a mi lado, quién logró que dejará mis fantasmas atrás y me lanzará sin miedo a la elaboración de la poción. Y la felicidad que sentí al lograrla fue simplemente inexplicable, solo sensorial, sentí cosquillas por todo mi cuerpo, como de adrenalina, que me hacían sonreír a todo momento.

Además, como si mi suerte ya no fuera lo suficientemente grande esa tarde, Gwen me invitó a ayudarla en un proyecto en que se encontraba inmersa, uno que se trataba sobre la elaboración de una poción regeneradora de tejidos. Y como si la vida hubiera adelantado lo que ocurriría el día de hoy, hace unos días atrás me había encerrado en la biblioteca del refugio y sumergido en sus libros para generar un lista de ingredientes de pociones separándolas en funciones y tipos de pociones, que me ayudó a que esta tarde pudiera aportar al menos con un par de ellos a la lista que estaba generando la morena.  Acepté más que feliz su propuesta, claramente. Y con la promesa de averiguar mucho más antes de nuestro próximo encuentro.

- Puede ser, pero una cosa es pensarlo y otra muy distinta es llevarlo a la práctica.- le dije sonriente.- ¡Ay, que emoción!.- solté enseguida, mordiéndome el labio inferior, y sintiendo como mis ojos ganaban en brillo.- Lo haré, prometo tener nuevo material la próxima vez que nos veamos.- le dije animada.

Y como siempre que uno lo pasa bien el tiempo vuela, al mirar mi reloj me dí cuenta que la hora había avanzado rápidamente desde nos habíamos encontrado. Y muy a mi pesar me tuve que despedir de ella no sin antes comentarle que las puertas del refugio siempre estarán abiertas para ella, y que por más que no tengamos las mejores herramientas y utensilios para la elaboración de las pociones, el corazón era lo bastante grande como para poder con todo. Acá todos somos amigos, o la menos la mayoría, y si uno tenía algo que el otro necesitaba no dudaban en prestarlo. Y para mi suerte, mi social forma de ser me había ayudado a tener bastante contactos dentro del refugio, y quienes estoy segura no dudaran en tenderme la mano con algo que necesitemos en su momento.

- ¡Claro que podemos hacerlo! Cuando quieras te hago un tour. Gracias a los cursos que dan por aquí he aprendido mucho del cultivo de plantas, tanto muggles como mágicas, así que podré hasta darte un pequeña guía .- solté un risita, y me ruborice un poco. Es que siempre me ha dado un poco de vergüenza hablar de las cosas que se me dan bien, así de tonta me pongo a veces.

- No te preocupes, sumergirme en libros en uno de mis pasatiempos favoritos.- le confesé sonriente.- Así que ayudarte más que un trabajo o carga, es un gusto.- agregue.- Pues, me gusta mucho leer, acá también descubrí que me gusta mucho la cocina y las plantas...- le comenté, pero en eso algo se cruzó por mi cabeza, pegando un pequeño salto.- ¡Oh! Ya sé en lo que me podrías ayudar. Es que, para mí uno de mis escritores franceses favoritos es Bernard-Marie Koltès, en mi casa tenía todas sus obras, pero por más que Fiona fue en busca de cosas mías a mi hogar, no encontró un par de libros, donde uno de ellos es mi favorito, por lo que si ves en alguna librería la obra "Regreso al desierto" te lo agradecería mucho. O cualquier obra de Murakami, también. Sé que sacó un nuevo libro y muero por leerlo. Bueno, no sé. Sólo si puedes, sino, no importa. Acá tengo mucho que leer de todos modos.- terminé por decir encogiendome de hombros, con cero ganas de ser un carga para la maga.

- Oh, si no corres mucho peligro al invitarme, pues me encantaría conocer tu casa la verdad.- le dije para luego ofrecerle un sonrisa de lo más radiante cuando ella me tendió su dirección.- Nos vemos pronto, Gwen. Que tengas un muy buen día.- me despedí de ella con un abrazo y corrí a las cocinas.

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Sábado 02 de febrero
09:37 am.
Zona segura para fugitivos,
Londres.
Atuendo

Tras aquel encuentro, los encuentros con Gwen se hicieron frecuentes. Desde aquel momento mi ánimo mejoró considerablemente, ya que por más que mi amiga Danny hacía todo lo posible por distraerme y hacerme feliz, el poder sentirme útil lo había logrado con creces junto a Gwen. Y más aún aprendiendo cada vez más dentro de un ramo de la magia que siempre me ha interesado montón. Durante este tiempo, a su vez, había logrado aprender mucho con respecto a la regeneración de tejidos, y no sólo de manera mágica sino que también muggle, como por ejemplo introducirme de lleno en la capacidad de regeneración de una salamandra o las estrellas de mar y poder sacar de ellas algo que nos ayude avanzar en nuestro estudio para una óptima elaboración de la poción que tiene en mente Gwen y que tan solidariamente me dejó formar parte.

En resumidas cuentas habían sido meses muy provechosos, que me hicieron de paso poder sobrellevar de mejor manera algunas despedidas que tuve que afrontar el último tiempo. Como la triste partida de cuatro seres muy queridos dentro de mi vida: Clemente, Fly, Drake y su adorable hija Gabrielle. Pero su partida no significaba que dejará el contacto con ellos, ya que siempre nos mantenemos al tanto de nuestras vidas y nos mandamos fotografías para poder seguir nuestros avances desde la distancia.

Hoy habíamos quedado de juntarnos con Gwen a las diez de la mañana, por lo que yo me había levantado a las siete y media, para poder bañarme, dejar ordenados todos mis apuntes, ayudar en la cocina y alcanzar a desayunar con un par de fugitivos. A eso de las nueve y media ya me encontraba con mis dientes cepillados, y un bolso con todo lo recolectado en la semana para revisarlos antes de encontrarme con la maga. Pero al parecer no sólo yo era extremadamente puntual, sino que la castaña también topandome con ella antes del tiempo previsto en el pasillo.

- ¡Gwen hola!.- le exclamé de lejos, moviendo mi mano a modo de saludo a su dirección. Ella se encontraba en su móvil, y al escucharme desvió su atención de el para mirarme sorprendida.

- Pues sí, soy una persona más diurna, en las mañanas funciono mejor.- le comenté sonriente, para luego mirarla con ojos curiosos cuando comenzó a decirme que traía una idea interesante. Pero no alcanzó a terminar su frase cuando llegó Glenn Emerich a nuestro lado.

Todo mi cuerpo se puso en alerta cuando en vez de verlo sereno y silencioso como siempre, venía agitado y con un rostro de preocupación que inundaba todo su cuerpo. Abrí los ojos cuando le escuché decir aquello.- ¿Que patronus era?.- le pregunté enseguida.- ¿Sabes a quién pertenece?.- agregué mirándolo expectante.

- Es un colibrí, proviene de Meredith Stone, la joven del #201. En su mensaje señala que ha ocurrido un ataque de mortifagos en un jardín muggle llamado "Flores de papel", luego de eso no se escucha claramente. Ahora me dirijo a su habitación para ver si puedo obtener más información .- nos señaló.

- ¡Yo sé dónde queda!.- exclamé enseguida con los ojos abiertos como dos huevos fritos.- Meredith es una amiga mía. Ella me comentó sobre su actual trabajo en un jardín muggle, apartado de la ciudad, allí les enseña sobre jardinería y cultivo a los pequeños.- dije rápidamente, casi atragantándose con mis propias palabras.- Por favor, déjame ayudarte, ella es mi amiga y una hermosa persona y si pidió ayuda de esa manera es porque realmente lo necesita. Por favor.- le rogué al chico, mirándolo con ojos suplicantes.

Jamás me he considerado una persona que toma riesgos así sin más, pero esta vez, si aquel hombre no aceptaba mi ayuda, yo aún así lo haría. Meredith era una persona grandiosa, de esas que no puedes no sonreír si estas a su lado más de dos segundos. Y que pese al haber perdido todo tras el nuevo gobierno ella jamás a perdido su adorable forma de ser que comparte sin dudar a la gente que la rodea. Hace unos meses, cansada de estar encerrada en el refugio, se aventuró a pedir trabajo a la manera muggle en un jardín apartado de Londres, introducido en el campo, era una escuela pequeña con muy pocos alumnos, donde les enseñaba el maravilloso mundo de las flores y plantas a niños menores de siete años. Desde ese entonces, su sonrisa ganó aún más en brillo, y no pasaba un día en que no me contará lo maravilloso que era poder respirar el aire en medio de un gran campo. Ahora, lo que no me calzaba era por qué un grupo de mortifagos se dió el tiempo de ir a atacar allí, porque hasta donde yo sabía Meredith era una chica tranquila y que no tenía ninguna información que ellos necesitaran fervientemente.

Pero lo que yo no sabía en ese entonces, es que el director de aquella escuela apartada era James Fields. Un mago traidor al régimen, que tenía mucha información que para las filas de Lord Voldemort era muy necesaria. Pero ya muy pronto me enteraría de eso y mucho más.

Meredith Stone:
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Dorcas Meadowes
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Dorcas MeadowesFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Mar 07, 2019 2:19 pm

La vida de los fugitivos en la Inglaterra mágica era precaria, por decirlo de una manera suave, y estaba sujeta a dar vuelcos: con un gobierno dictatorial como el que gobernaba, todo pequeño riesgo podía suponer la diferencia entre la libertad y el encierro o la muerte.

Muchos fugitivos y familiares de fugitivos habían comprendido esto por las malas, como por ejemplo Drake y su familia, que habían optado por marcharse del país tras ciertos problemas con la seguridad de Fionna. Un pequeño desliz, un pequeño descuido, podía no ser nada, o podía ser la pieza de dominó que iniciaba la caída del resto del juego. Y si bien Gwendoline no pensaba en recibir un recordatorio de aquella horrible realidad esa mañana, el mundo tenía para ella planes muy distintos.

Nada más encontrarse con Dorcas en los pasillos del refugio, y habiendo tenido apenas tiempo de darle los buenos días, Glenn Emerich apareció corriendo e interrumpió aquel momento por una buena razón: un patronus con un mensaje de auxilio había llegado al refugio, e inmediatamente Gwendoline se puso en tensión.

Sin embargo, Dorcas fue la primera en hacer las preguntas, y un jarro de agua fría cayó sobre Gwen: la propietaria del patronus con forma de colibrí del que hablaba Glenn era, ni más ni menos, una amiga de Dorcas Meadowes. La susodicha Meredith Stone era una de esas fugitivas que, hartas de vivir cómo les decía el gobierno, se conseguían un trabajo muggle para no sentir que sus vidas escapaban tanto a su control. Y dicho lugar de trabajo había sido atacado por mortífagos.

Gwendoline se tensó todavía más cuando Dorcas pidió que la dejasen acompañarles a ayudar a Meredith. Y si bien entendió sus motivos, la morena tuvo que saltar enseguida a imponer la lógica a la situación.

—¡No puedes, Dorcas! Es demasiado peligroso. No sabemos cuántos mortífagos habrá ahí, ni las intenciones que tienen.—Gwendoline temía, sobre todo, que sus intenciones fueran tomar prisioneros: si atrapaban a Dorcas, pasaría el resto de su vida encerrada en el Área-M, y a saber qué harían con ella allí.

Y sí, quizás la posibilidad de que la rubia muriese era casi peor, pero todos los fugitivos temían el Área-M. Debía ser por un buen motivo.

Pensando bajo presión, Gwendoline era buena, por lo que su cerebro se puso enseguida en marcha: había que pensar una manera de sacar a aquella chica de en medio del fuego cruzado, siempre y cuando no fuera ya tarde. Dejó caer su bolso en el suelo, sin preocuparse demasiado por él, mientras se preguntaba cuáles serían sus mejores cartas para aquella jugada.

—Glenn, ¿está Leon Denson en el refugio hoy?—Preguntó Gwendoline, mirando al rubio y recordando al ex-auror. Su ayuda podía ser de mucha utilidad en aquella misión de rescate.

—Creo que no, pero puedo intentar localizarle.—Respondió el rubio mientras se frotaba las manos, la una contra la otra, con nerviosismo.

—Sí, por favor. Localízalo de inmediato.—Gwendoline se agachó junto a su bolso y comenzó a rebuscar en él. Ésta tarea le llevaría un buen rato debido al encantamiento extensor del que gozaba la bolsa.—Dorcas, necesito que me des esa dirección. Iré a intentar sacarla de allí. Decidle a Leon Denson que se reúna conmigo lo antes posible, pues no sé cuánto tiempo podrá tener Meredith en estas circunstancias...

Sí, era cierto: Gwendoline había desestimado la ayuda de Dorcas por considerar que aquel peligro era demasiado grande para ella. Las dos no solían irse de misión juntas, y Gwen todavía recordaba el momento en que, el año pasado por aquellas fechas, tanto ellas dos como Drake Ulrich habían sido enviados a impedir un ataque radical sobre Hogsmeade. Dorcas había estado en peligro cuando uno de los radicales le había puesto las manos encima. Y si bien el fugitivo la había dejado ir, el miedo de Gwen era que volviera a ocurrir.

Y esta vez, los mortífagos no la dejarían ir. Estaba segura de ello.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Dorcas Meadowes el Jue Mar 28, 2019 5:54 pm

Me había levantado con un ánimo de maravilla, como hace tiempo no sentía, ya que hoy vería nuevamente a Gwen y podríamos profundizar en su estudio y experimentar con algunas pociones. Llevaba días recaudando más información y algunas anotaciones que creía que serían de ayuda para la junta de hoy. Pero como la vida no siempre nos da lo que queremos o esperamos, a penas me encontré con Gwen en el pasillo otra persona capturó nuestra atención.

Glenn Emerich apareció pidiendo ayuda, en su rostro pude observar una preocupación que hizo que mi cuerpo se tensara. No era la primera vez que ocurría algo así dentro del refugio, pero si era la primera vez que me ocurría a mí. Y por curiosidades del destino, era un caso que a mí de manera particular me importaba bastante. Mi vida de fugitiva se centraba principalmente en ayudar en el refugio y a la Orden del fénix. Esta última con la ida de mi madrina se había estancando un poco, ya que hasta que no tuviera otra guía mi crecimiento dentro de aquella agrupación estaba en una especie de pausa, ya que al no ser oficialmente una ayuda, tan sólo tenía que esperar que alguna vez me necesitasen. Es por eso que durante este último tiempo me centré principalmente en la vida dentro del refugio, mi alma hufflepuff me llevó a conocer cada día más a las personas que estaban al igual que yo en aquel lugar. Y una de esas personas era Meredith Stone, y quién hoy enviaba su dulce patronus de colibrí pidiendo ayuda.

Cuando escuché su nombre mi cerebro funcionó rápidamente,  recordando una de nuestras charlas en donde Mer me había informado sobre su nuevo trabajo muggle. Recordé perfectamente su sonrisa que se encontraba radiante contando sus aventuras y como sus ojos irradiaban una luz propia de pura emoción y alegría. Y el sólo hecho de pensar que esa sonrisa y ese brillo en estos momentos se encontraban apagados y probablemente con miedo hizo que mi pulso se acelerara, apareciera una nudo en mi garganta y un apretón en el pecho.

Angustia, eso sentí.

Mi primera reacción fue indicar que sabía su paradero y enseguida ofrecer mi ayuda. No quería permanecer al margen, y mucho menos si se trataba de alguien que durante el último tiempo le había tomado mucho cariño. Mi rostro se contrajo cuando escuche la negativa por parte de Gwen, hice el ademán de protestar pero me calle enseguida, ya que al menos para mí la palabra de la castaña tenía mucha importancia, y si ella creía que yo debía quedarme quizás era lo mejor, pero no por ello la sensación de frustración y angustia disminuyo. Es por eso que mi mente comenzó a funcionar aún más rápido en busca de una solución.

Queda en la calle Harton Cross del pueblo Clovelly.— indiqué en cuanto me pidieron la dirección.— La señora Stuart del 312 vivió en ese pueblo, lo recuerdo porque cuando Mer me lo contó me sonaba mucho el lugar y recordé que Julie me lo había comentado. Ella quizás pueda ayudarlos, quizás hasta conoce el jardín y pueda llevarte para allá, Gwen.— le comenté, pensando en la manera más rápida para poder ir a ayudar.

Ambos magos asintieron y fueron corriendo hacía la habitación de Julie Stuart, una maga de 35 años que se encontraba en el refugio junto a su fiel compañero perruno Rufus. Avance dos pasos pero me detuve en seco al recordar algo, giré sobre mi propio eje y corrí lo más rápido hacia mi habitación. Al entrar me dirigí enseguida hacia mi escritorio y saqué de uno de sus cajones un frasco con una sustancia café en el.

Corrí nuevamente hacía donde se encontraba la habitación de Julie y sentí alivio al ver que Gwen aún no se marchaba.— ¡Gwen!.- exclamé para llamar su atención, cuando sentí su mirada sobre la mía aceleré mis pasos hasta llegar a su altura.— Recordé que me queda una poción multijugos, ella me ayudará a pasar desapercibida, o al menos no ser reconocida enseguida...Por favor, Gwen. Déjame ayudarte, prometo no ser un estorbo, por favor...- le supliqué apretando firmemente el frasco entre mis manos.

Quería ayudar, hace años atrás quizás las cosas hubieran sido distintas, si nada de esto hubiera pasado quizás ahora me encontraría en una biblioteca estudiando para mi carrera, encerrada en mi burbuja llena de libros, pero hoy, yo ya no era la misma chica de antes, después del ataque descubrí facetas de mí que jamás pensé llegar a tener, y esa seguridad la gané solo a base de querer ayudar al resto que al igual que yo de la noche a la mañana tuvo que renunciar a su vida de antes, a sus seres queridos, y a su libertad, y mientras yo pueda hacer algo lo iba a hacer sin dudar.

***

Aquel día seis niños y niñas entre cuatro y seis años se encontraban en una colina aledaña a la escuela aprendiendo junto a Meredith lo pasos para poder crear un jardín repleto de flores. Al invierno le estaban quedado los últimos días y ya muy pronto la primera regresaría en todo su esplendor, por lo que querían esperarla aprendiendo de ella y las innumerables flores que hacen de los días más coloreados.

Con sus manitas, delantales y rostros embarrados se encontraban todos los niños intentando plantar su primera flor; girasoles, margaritas, tulipanes, y jazmines se encontraban en el repertorio. Las risas eran múltiples. Pero de pronto se escuchó una fuerte explosión, gritos, llantos y luces a diestro y siniestro. Todos miraron hacia la escuela y como esta comenzó a ser atacada. Meredith supo enseguida de qué se trataba, mortifagos había entrado al lugar, el por qué  no lo entendía pero no espero esa comprensión ya que su primera reacción fue tomar a todos los niños e irse con ellos colina arriba en busca de un refugio.

Para que el miedo no invadiera sus pequeños corazones, comenzó a contarles una historia, y hacer del escape un juego, y cuando logró encontrar una lugar y les pidió que todos se escondieran porque "todos hoy serían un camaleón que se camufla con el paisaje" elevó su varita y pidió ayuda al refugio. Había logrado divisar al menos cuatro mortifagos, ella tan sólo tenía seis niños a cargo de los cuarenta que iban, quería ir ayudar pero tenía a los más pequeños a su cargo.

Tía Mer, si me abraza tan fuerte no puedo camuflarme.— le dijo una pequeña que Mer abrazaba fuertemente, ajena a todo lo que estaba pasando alrededor se liberó de su abrazo y para aferrarse al tronco de un árbol.— Míreme, soy una árbol, tía Mer.- le gritó la pequeña sonriente.

Dorcas Meadowes
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Dorcas MeadowesFugitivos

Gwendoline Edevane el Mar Abr 02, 2019 3:57 pm

En un primer momento, Dorcas asumió que tendría que permanecer en el refugio durante aquella misión: era peligrosa, más incluso que el encuentro con los radicales en Hogsmeade, y ya entonces Drake y Gwendoline habían tenido que temer por la seguridad de la joven bruja. No quería ni imaginarse lo que ocurriría de encontrarse frente a mortífagos ansiosos por cobrar la recompensa que pesaba sobre su cabeza.

Sin embargo, para cuando Glenn y ella fueron a pedir más indicaciones acerca del pueblo de Clovelly, y ambos magos ya se preparaban para marcharse, la joven bruja les alcanzó en los pasillos. Se la veía tan agitada como la situación lo ameritaba, y Gwendoline prestó atención a sus palabras.

Entendía la necesidad de Dorcas de ayudar, seguramente mucho más de lo que se llegaba a imaginar, pero una cosa estaba clara: si la dejaba ir con ellos, y resultaba que le sucedía algo, la culpa sería única y exclusivamente de Gwendoline.

Suspiró lentamente, pensando todo lo rápido que la situación le permitía, cuando Glenn intervino.

—No sé, Gwen… Nos vendría bien una mano extra, teniendo en cuenta que Leon no aparece por ningún lado...—Su tono de voz era cauto, más parecido al del Glenn que todos los habitantes y visitantes asiduos del refugio conocían, lo cual otorgó a Gwendoline un poco de calma dentro de aquella situación tan estresante.

—Es que...—Empezó a decir, sin saber realmente cómo iba a terminar aquella frase. Dio un paso en dirección a Dorcas, poniendo las manos sobre sus hombros y mirándola a los ojos, con seriedad.—Esto puede ser muy peligroso, Dorcas. Peor que cuando nos enfrentamos a los radicales. No sabemos cuántos mortífagos hay allí, y si te cogen...

—Gwen...—La interrumpió Glenn, a lo que la morena lo miró a los ojos. El rubio siguió hablando con su tono de voz suave.—Creo que todos los que estamos aquí somos conscientes del peligro al que nos enfrentamos. Y si le hacemos frente a ese peligro, es porque creemos en aquello por lo que luchamos.

Gwendoline no respondió, sino que se quedó mirando a Glenn con aire pensativo. No le gustaba exponer a Dorcas al peligro, pero las palabras de su compañero de la Orden eran bien ciertas: de estar alguien que ella quería en peligro, se sentiría exactamente igual. No tuvo que pensar mucho para recordar lo que se sentía, la impotencia de saber que podrías estar haciendo algo para ayudar a tus seres queridos, pero no se te permitía hacerlo.

Intentó imaginarse a sí misma en la piel de Dorcas, siendo Sam o Caroline las personas que corrían peligro. Y supo que nadie podría impedírselo. Que no permitiría que nadie se lo impidiese.

Miró entonces a Dorcas, todavía con las manos sobre sus hombros, y lanzó un nuevo suspiro.

—¿Estás segura de que quieres venir?—La muchacha asintió con la cabeza, a lo cual Gwen hizo lo mismo.—Está bien. Iremos los tres juntos. Sacaremos a Meredith de allí. Pero tenemos que hacerlo lo antes posible: si el Ministerio entra en acción, nos lo pondrán mucho más difícil.

Se separó entonces de Dorcas y ocupó un puesto en el corredor desde el que podía mirar a la cara a ambos magos con solo girar la cabeza. Le explicó un plan muy sencillo: si los del Ministerio todavía no habían llegado, Gwendoline distraería a los mortífagos que habían atacado el jardín fingiendo venir en calidad de desmemorizadora. Mientras lo hacía, Dorcas y Glenn se encargarían de sacar a Meredith y a los muggles de la zona de peligro.

En caso de que el plan no funcionase… no les quedaría más remedio que hacer frente por la vía mágica a aquellos mortífagos.

—¿Os parece bien?—Les preguntó. Glenn asintió con la cabeza, por lo que la atención de Gwendoline se centró en Dorcas. Todavía temía que algo le ocurriese a la rubia, pero una cosa estaba clara: no tenía derecho a negarle la oportunidad de proteger a sus seres queridos.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Dorcas Meadowes el Lun Abr 29, 2019 1:23 am

Corrí lo más rápido que mis piernas me permitieron para poder alcanzar a Gwen y Glenn antes que se marchasen en busca de Mer, logré toparlos antes de que se fueran y les dije lo más rápido mi plan para poder ayudarlos sin necesidad de correr tantos riesgos. Observé la mirada de Gwen y por unos segundos pensé que no tendría oportunidad alguna de poder ir junto a ellos, pero fue gracias a las palabras del mago que pude ver como esa mirada radical por parte de la castaña se ablandó un poco haciéndola dudar.

Miré a Glenn agradecida, ya que él pudo traducir en palabras todo mi sentir interior. Antes de esto jamás habíamos compartido más del tiempo normal los dos, pero como él bien señaló a todos los presentes había algo que nos unía, y es el hecho de querer luchar por un futuro mejor, y eso también incluía tender una mano a alguno si este lo necesitaba, y esta vez se trataba de Mer, una maga que todos, sin excepción, adoraban en el refugio por su candidez y optimismo andar.

Sentí eternos esos segundos de duda y silencio por parte de Gwen pero cuando volví a sentir su mirada clavada en la mía y escuché su pregunta no tarde en asentir, no había ni una pizca de duda en mi accionar. Suspiré aliviada cuando terminó por aceptar que fuera junto a ellos, al segundo abrí el frasco y tragué de sopetón todo el contenido de su interior.  Y mientras la ex ravenclaw nos contaba su plan yo presenté, , sin darle mucha importancia, el cambio corporal que me ayudaría a pasar más desapercibida en aquella misión.

En esta ocasión mi apariencia fue distinta a la anterior, me convertí en una joven solo un poco más alta que yo, de piel oscura, y cabello afro. Me miré a un ventanal rápidamente y me sorprendí de mi reflejo, preguntándome de paso quién será esta chica que hoy me permitirá poder ayudar a Mer, en silencio le agradecí su imagen, ya que sin esto quizás ahora me encontraría en mi habitación con los nervios a flor de piel y con una angustia enorme.

Me parece perfecto— dije mirando alternadamente a uno y al otro.

Cuando todos los detalles fueron aclarados, todos tomamos el traslador que nos llevaría al lugar de los hechos. Antes de sentir como mis pies abandonan en el suelo del refugio miré a Gwen, musitando solo con mis labios un sincero "Gracias".

***

¡Papi! — exclamó la pequeña Melissa que se encontraba jugando ser una con el árbol, camuflándose en el tras las indicaciones de Mer de que todos debían esconderse, tras ver como su padre se aparecía en el monte.

La ex hufflepuff abrió los ojos sorprendida, y todos los niños comenzaron a exclamar asombrados cosas como "Se apreció de la nada" "El Director tiene poderes" "¡Yo también quiero!". —  Es un mago...— se les escapó a la rubia, a lo que el hombre la miró.— ¿Por qué me mira así, señorita Stone? Si soy igual que usted— respondió el hombre junto a su hija en sus brazos. — Querida, nos vamos de aquí...— comenzó a decir.

¿Cómo que se va? No puede irse, tenemos que ayudar a las demás personas...— dijo enseguida Mer apuntando hacia el colegio que estaba siendo invadido por Mortifagos.

Ellos me buscan a mí, yo no les permitiré encontrarme. Fue bonito mientras duró, pero como dicen por ahí "soldado que se escapa, sirve para otro batalla", y usted debería hacer lo mismo, señorita Stone.

¿Cómo dice eso? ¿Y los niños? ¿Los profes...— no logró terminar sus preguntas, ya que el hombre se encogió de hombros y en un pestañear desapareció del lugar junto a Melissa.— ¡SEÑOR DONELLAN! — exclamó atónita, sin siquiera saber que aquel nombre ni siquiera era el real de aquel hombre sintió como todo se comenzaba a derrumbar.

Los niños pese a su corta edad comprendieron que cosas extrañas estaba sucediendo y al ver a su profesora así de descompuesta comenzaron a sentir miedo, nervios y miles de dudas que no tardaron en hacérsela saber a Mer.

La hufflepuff no entendía nada, no sabía qué hacer, qué pasos seguir, pero una cosa tenía clara: no iba a escapar, iba a luchar y ayudar lo más que pudiera a todos los niños y muggles que se encontrasen en el colegio. La pregunta ahora era ¿cómo?, miró a su alrededor y rogó por que su patronus hubiera llegado a buen destino.

Y al parecer sus súplicas fueron escuchadas, ya que tres magos aparecieron cerca.

¡Glenn!

***

¡Glenn!

Fue lo primero que escuché tras sentir que mis pies volvían a tocar tierra firme, respire profundamente y me estabilice para poder observar el panorama alrededor. Suspire aliviada cuando vi a Mer junto a otros pequeños sana y salva, y sin pensarlo demasiado corrí a sus brazos.

Estás bien, que alegría... — susurré entre sus brazos.— ¿Dorcas, eres tú?— preguntó la rubia tras reconocer mi voz pese a mi apariencia. Le asentí tras separarme — ¿Qué pasó?

Todo fue demasiado rápido, nos encontrábamos en clases y de pronto se escuchó un estallido, la gente comenzó a gritar, yo solo pensé en llevarme a los niños de mi nivel lejos al descubrir que se trataba de mortifagos, no entendía por qué, pero hace apenas unos segundos descubrí que el Director de la escuelita es un mago, él me confesó que es a él a quien buscan y por eso se marchaba junto a su hija... — comenzó a decir todo apresuradamente —...trate de evitar que se fuera, que combatieramos juntos, pero no me dió tiempo. Dorcas, aquí hay tan solo once niños de los cuarenta que esta escuela tiene, hay profesores, cuidadores que están siendo atacados, no podemos irnos sin antes ayudar. Todos sabemos que los Mortifagos disfrutan del dolor, cuando se den cuenta que Donellan se ha marchado (si es que ese es su verdadero nombre, porque yo ya no entiendo nada) no se irán antes de haber destruído todo a su paso. — me dijo tomando de mis manos con lágrimas en sus ojos.

Mi estado de alerta me permitió ver de reojo como un rayo de luz venía en dirección a nosotras. —  ¡Cuidado! —  exclamé empujando a Mer hacia el suelo y sacando mi varita al acto.

Nos habían descubierto.

Eran dos los mortifagos que corrían hacia nosotros, hasta que uno de ellos le gritó al otro— Ve en busca de los demás.— dijo, tras ver que al menos tres de los presentes lo apuntaban con su varita.

No podía permitir aquello, por lo que enseguida lancé un hechizo aquel mago para evitar su desaparición. El intercambio de hechizos iba y venía, hasta que por fin logramos dejar inconscientes a ambos.

Los pequeños comenzaron a gritar asustados por el paisaje que sus inocentes ojos estaban presenciado, miré a Gwen.— Sé que dijimos que vendríamos por Mer y nos iríamos la refugio, pero no podemos dejarlos así, Gwen. No podemos.— le dije con mi rostro contraído.

"DONELLAN" || JAMES FIELDS:
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DORCAS CON POCION MULTIJUGOS:

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Dorcas Meadowes
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Dorcas MeadowesFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Mayo 01, 2019 1:19 am

Con el plan trazado, lo mejor posible dadas las circunstancias, los tres magos se pusieron en marcha. Un traslador había sido preparado para llevarles a la escuela infantil ‘Flores de papel’, por lo que el traslado fue cosa de segundos. Habían escogido un lugar alejado del edificio principal con la esperanza de poder evitar a los mortífagos, uno elegido por Dorcas.

La casualidad quiso que allí mismo se encontrase la susodicha Meredith Stone, además de un montón de niños que, ese día, habían presenciado y presenciarían cosas que sus padres no creerían cuando se las dijesen. Habría que hacer algo con eso cuando hubieran terminado.

Gwendoline permaneció agazapada, observando los alrededores junto a Glenn, mientras Dorcas se reencontraba con su amiga. Ambas intercambiaron algunas palabras, y por mucho que a la morena le hubiese gustado sugerirles que se diesen prisa, la situación tomó esa decisión por ella en la forma de un hechizo que venía en su dirección.

No tuvieron tiempo de pensar ni de ponerse a discutir: comenzó un duelo mágico con dos mortífagos que les habían visto, hechizos yendo y viniendo. Al final, en una colaboración entre los cuatro magos allí presentes, lograron derribar a ambos enemigos antes de que tuvieran ocasión de llamar a los refuerzos.

Gwendoline dejó escapar un suspiro, sintiendo el corazón acelerado en el pecho y el aliento entrecortado por los nervios de la situación. Dorcas, entonces, puso sobre la mesa algo que la morena ya se esperaba: en conciencia, no podían simplemente marcharse de allí. No mientras hubiese inocentes en el edificio, a merced de los mortífagos.

—Tiene razón. No podemos dejar a toda esa gente ahí.—Insistió Glenn, que la miraba a los ojos.

—Ya lo sé.—Respondió Gwendoline, echando un vistazo al edificio al otro lado del jardín.—Pero antes, tenemos que encargarnos de estos dos.—Señaló con un movimiento de cabeza a los mortífagos inconscientes, y enseguida se puso a trabajar.

Se arrodilló junto a ellos y, primero uno, luego otro, modificó sus memorias para que olvidasen aquel suceso. No tenía tiempo para un trabajo demasiado fino, así que optó por dejar un enorme vacío en el lugar que ocuparían los recuerdos de aquella mañana. Entonces, arrancó dos botones del abrigo de uno de ellos, y los colocó en la palmas de las manos derechas de los mortífagos.

Portus.Susurró, apuntando su varita al primer botón. Éste se transformó en un traslador, y enseguida hizo su trabajo: el mortífago desapareció del lugar. Repitió el proceso con su compañero, y tuvieron dos problemas menos.—Se despertarán en un rato en un callejón tras un bar, y seguramente creerán que han estado bebiendo.—Tomó entonces ambas varitas, entregándoselas a Glenn.—Para quienes las necesiten en el refugio.

—¿Cuál es el nuevo plan? Porque me parece que no va a servirnos el que teníamos inicialmente.—Dijo el rubio, guardándose ambas varitas en el bolsillo trasero de sus tejanos.

—Definitivamente, no. No nos servirá. Y tampoco podemos entrar por la puerta principal lanzando hechizos, o habrá bajas.—Gwendoline, que no era para nada una estratega militar ni mucho menos, empezaba a sentir una fuerte presión en el pecho. Demasiadas personas dependían de lo que dijera a continuación.—Lo primero que tenemos que hacer es asegurarnos de que estos niños están a salvo. No podemos arriesgar sus vidas. Así que hay que sacarles de aquí, de inmediato.—Miró a Meredith.—Necesito que los lleves fuera de aquí. Utiliza la aparición, y llévatelos de dos en dos, no te arriesgues. ¿De acuerdo?—La muchacha asintió con la cabeza, visiblemente nerviosa.—Llévalos a la calle, y busca enseguida a un agente de policía muggle. No importa lo que los niños digan que han visto, lo importante es que llames suficiente atención como para que nadie se atreva a atacaros. Y créeme: no lo van a hacer.

Gwendoline sabía cómo funcionaban las cosas en el Ministerio de Magia: ningún mortífago haría semejante locura, atacar a alguien en pleno Londres con tantos testigos. De lo contrario, se iban a meter en un problema, y no cobrarían recompensa alguna.

—Haremos lo mismo en el interior.—Esta vez miró a Dorcas y a Glenn.—Primero iré yo, alegando que vengo de parte del Ministerio de Magia, y echaré un vistazo a la situación. Para que sepáis qué descubro, voy a llamarte por teléfono, Dorcas, y dejar la llamada activa para que podáis escuchar todo lo que digo y ellos dicen. Así sabremos exactamente a qué nos enfrentamos. Y cuando sea seguro, os aproximaréis al edificio con cuidado de no ser vistos.—Gwendoline se volvió para mirar a Meredith una vez más.—Rápidamente, por favor, dinos todo lo que sepas respecto al colegio: entradas y salidas, ventanas, lugares en que puedan ocultarse los niños… Y, sobre todo, cuántos enemigos has visto.

No podían perder tiempo: los mortífagos terminarían notando la falta de sus dos compañeros, y se pondrían a buscarlos. Para entonces, Gwendoline esperaba, al menos, haber logrado sacar de allí a los niños que iban con Meredith.
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Dorcas Meadowes el Jue Jul 11, 2019 6:38 pm

Cuando mis pies sintieron el amortiguante contacto con la colina mi corazón iba desbocado, era una mezcla entre adrenalina por lo que estaba a portas de suceder y miedo a que el panorama que encontrásemos no fuera el más favorable.

Mer estaba viva, y algunos niños también.
Bien, pensé, al menos no todo estaba perdido.

Corrí a darle un abrazo acogedor a la ex hufflepuff,  sentí como nuestros pulsos bailaban al mismo ritmo. Me hubiera gustado reaccionar más rápido, pero mi aún inocente andar no me permitió pensar más fríamente las cosas. Aunque solo bastó ver de reojo aquel hechizo venir directamente hacia nosotras para comprender que, era momento de accionar y no de hablar.

Afortunadamente logramos evitar aquel hechizo, de ahí en adelante un cockteil de hechizos se hizo presente, y tras una, dos, tres jugadas de ajedrez, todos juntos logramos dejar inconscientes al par de Mortifagos que nos habían descubierto en la colina.

Y fue allí cuando lo supe, supe que pese a pedir ir allá por Mer, el destino nos había tendido la vida de muchas otras personas que, pese a no ser principalmente nuestra incumbencia, solo bastaba tener un poco de corazón y empatía para comprender que, dejar a niños y personas inocentes a la deriva de un grupo de calidad humana como los seguidores de Voldemort, no era una buena idea por donde se mirase.

Glenn me apoyó enseguida, pero no fue hasta que escuché la afirmación de Gwen que me sentí más tranquila. Admirada observé como la maga se arrodillaba y en cosa de minutos les arrebata esa fracción de recuerdo a ambos Mortifagos, luego me fije en cómo  a cada uno le quitaba un botón que más tarde se convertiría en un traslador que los  llevaría a ambos magos muy lejos de nosotros, para terminar por arrebatarles sus varitas y cederlas al refugio. Una idea brillante, sin duda alguna, sonreí.  

Gwen es increíble, pensé.

Comenzó a dar indicaciones y pestañee un par de veces para volver a  enfocar mi atención en la situación, escuche atentamente las indicaciones de Gwen para seguirlas correctamente posteriormente. Fruncí levemente el ceño cuando escuché que iría ella sola primero, ya que pese a que no era para nada irracional su plan, el peligro al encontrarse con un Mortifago, al menos para mí, es inminente. Pero me mantuve en silencio y asentí con mi cabeza, ya que mi madre siempre me decía que si uno no tenía un mejor plan para aportar, lo mejor era obedecer y luchar con todas tus fuerzas para que resulte, y eso es lo que haría.

Mer por su parte pese a lo abrumadora que parecía resultarle la situación, reaccionó rápidamente tras las palabras de la castaña― Sí, les cuento todo. ―  dijo rápidamente pegando un pequeño y levantando ambas manos. ―  La escuela es de una sola planta, tiene tres salidas, la del frente y la del costado derecho, dan a calles que llevan a la carretera, y la de atrás…― hizo una pausa para avanzar un par de pasos y señalar con sus manos. ―…si bajan por este camino, llegan a una puerta de madera, al pasarla caminan no más de cinco minutos y llegaran a la escuela y la última puerta. ― se giró y comenzó a hablar de cómo era la escuela por dentro: tenía 5 salas, la dos del costado derecho eran las del director y los profesores, las tres del sector izquierdo izquierda, eran las salas de los niveles que tenía la escuela, donde las más lejanas a la puerta trasera eran las que aún contaban con niños. Veintinueve niños, cuatro profesores, dos cuidadores y cuatro mortifagos más. Zonas para esconderse o escapar, más que las salas o las tres puertas, ninguna.

Mientras Mer iba diciendo todas esas cosas yo por mi parte reuní a los niños y comencé a hablar con ellos para que no tuviera miedo. ― Vamos a jugar un juego muy divertido. ― les dije con voz dulce, algunos me miraron con ojos brillosos pero otro aún no estaban del todo convencidos, inspiré profundamente y les ofrecí la mejor de mis sonrisas. ― Es el juego del “Me ves...” ― le dije poniendo una pose graciosa―"... ya no me ves…"― terminé por decir para cerrar mis ojos y desaparecerme para aparecerme detrás de sus espaldas. ― ¡Taraaa! ― exclamé, con mis brazo elevados. Todos  pegaron un gran salto y abrieron sus bocas sorprendidos como si fueran a devorarse al mundo― ¿Quién quiere aprender cómo desaparecer?. ― les pregunté, y el “YOOOOOOO” fue colectivo.

Mer terminó de hablar y se acercó a nosotros. ― Gracias, Dorcas. ― me dijo ofreciéndome una dulce sonrisa que no tarde en devolvérsela. Y luego la rubia con toda la dulzura del mundo comenzó a reunir a los niños para poder hablarles y “jugar” con ellos el juego que les había enseñado la “chica mágica”.

¡Gwen! ― exclamé al ver como la castaña se disponía a bajar por la colina, corrí a su encuentro. ― Estaré atenta a mi móvil. ― le dije sacándolo de mi bolsillo y mostrándoselo. ― Ten mucho cuidado, por favor. ― terminé por decir.

Un poco más de diez minutos tuvieron que pasar para recibir la llamada de Gwen, pegué un pequeño salto, le hice un seña a Glenn para que lo atendiera por mí, ya que me encontraba ayudando a Mer mientras ella se iba desapareciendo con los niños.  Lo vi como frunció el ceño. ― ¿Qué escuchas? ― le pregunté preocupada, el me hizo un gesto que me esperara, para luego tapar el móvil y mirarme. ― Les está diciendo que viene de parte del Ministerio…― comenzó a decir para luego volver a escuchar. Mer apareció a mi lado. ― ¿Qué ha pasado?. ― preguntó. ― Ya llegó, está con ellos. ― le respondí para volver a clavar mi mirada en Glenn. ― Le están pidiendo que se retire, que tienen un permiso, y tienen todo bajo control. ― susurró el rubio, resople.

Vamos, Gwen…tú puedes. ― susurré bajito.

Dorcas Meadowes
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Gwendoline Edevane el Sáb Jul 13, 2019 9:59 pm

Gwendoline escuchó las palabras de Meredith como si la vida le fuera en ello, pues muy probablemente así fuera. Fue tomando buena nota mental de todo lo que escuchaba: tres salidas, cinco salas, veintinueve niños, seis empleados y cuatro mortífagos. Asintió varias veces con la cabeza, y cuando la joven fugitiva terminó de hablar, repitió lo que había memorizado para que la chica la corrigiera en caso de haberse equivocado en algún punto. Afortunadamente, lo había entendido todo a la primera, y con el plan que había puesto sobre la mesa, tenían todo lo necesario para solucionar aquello.

Dorcas, mientras tanto, se aseguró de calmar un poco a los asustados niños, y si bien quizás en otro momento Gwendoline podría haber aportado algo a dicho intento—que incluía una demostración de aparición—, en ese momento estaba luchando contra sus propios nervios y contra su inseguridad.

Si fracasaba, las cosas se pondrían muy feas.

Intercambió algunas palabras con Glenn, las cuales concluyeron con la morena pidiendo al rubio que le deseara suerte, y éste deseándosela, y entonces se puso en marcha. Con toda la calma que le permitió la situación actual, y confiando en que sus compañeros tomaran posiciones y cumplieran su parte, recorrió los largos metros de prado que separaban la pequeña colina del colegio infantil. En todo momento mantuvo una expresión neutra en el rostro.

Cuando apenas la separaban cinco metros del edificio, Gwendoline pudo atisbar un par de figuras en la entrada principal que vigilaban el perímetro igual que si fueran dos porteros de discoteca. Fue en este punto en que realizó la llamada prometida al móvil de Dorcas, recorriendo los últimos metros a paso acelerado.

Fue justo en este momento cuando los dos hombres, inequívocamente magos, alzaron sus varitas y la ordenaron detenerse. Gwendoline, que había tomado la precaución de llevar su varita en la mano, se detuvo y alzó ligeramente ambas manos.

—Calma. Bajen las varitas.—Les sugirió con educación. Su corazón martilleaba salvajemente dentro de su pecho.

—¡Suelte la varita ahora mismo!—Exclamó uno de ellos, un hombre alto y ancho como un armario, de cabello dorado y corto peinado hacia atrás. Vestía un largo abrigo negro sobre ropa por otra parte bastante casual: pantalones vaqueros y camisa a cuadros. Calzaba unas botas marrones y llevaba gafas de sol de aspecto moderno. Un atuendo bastante muggle.

—Me temo que prefiero quedármela.—Prosiguió ella, con calma, sin bajar las manos ni hacer movimiento brusco alguno.

—¿Prefiere perder la vida, acaso?—Dijo el rubio.

—Mátala sin pensarlo.—Sugirió el otro mortífago, que llevaba el mismo tipo de abrigo negro que su compañero, además de gafas de sol. Sin embargo, su atuendo general era mucho más anticuado, constando de chaleco de vestir, camisa y pantalones de traje. Su media melena bien peinada era negra, igual que su poblada barba.

—Si se les ocurre hacer semejante estupidez tendrían que rendir cuentas al Ministerio de Magia, pues vengo en nombre del Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas.—Explicó. Los hombres parecieron contrariados, y por un momento dudaron. Sus manos temblaron, como si estuvieran a punto de bajar ambas varitas.—Hemos recibido un aviso de uso de magia en presencia de muggles en esta dirección, y me han ordenado personarme aquí.

—¿Y quién es usted, exactamente?—Preguntó el rubio, vacilante.

—Wilhelmina Harker, desmemorizadora.—Mintió descaradamente, utilizando el nombre de un personaje de la novela Drácula.—¿Les importaría explicarme la situación con calma? ¡Y bajen ya esas varitas o me aseguraré de que la Ministra de Magia se entere de que han entorpecido mi trabajo!

Esas últimas palabras sonaron muy firmes, autoritarias, y los dos mortífagos actuaron como si hubieran recibido una bofetada en la cara. Enseguida bajaron sus armas, y Gwendoline suspiró, mucho más tranquila. La mención a la Ministra era capaz de hacer temblar incluso a los mortífagos más fieles, y más cuando la ley mágica actual exigía un celo especial a la hora de mantener el secreto.

De manera atropellada, hablando a veces al mismo tiempo, los dos mortífagos comenzaron a contar a Gwendoline una historia que ya conocía, pues Meredith se la había contado. Por supuesto, la adornaron un poco para no parecer unos completos irresponsables.

Para cuando hubieron terminado, Gwendoline hizo una petición:

—¿Podría uno de ustedes ir a llamar a sus dos compañeros? Me gustaría hablar con ellos para terminar con esto lo antes posible...—Ese era el movimiento que debían esperar Glenn y Dorcas para ponerse a trabajar, sacando a todos los inocentes de allí. Sin embargo, si aquellos dos por un casual terminaban oliéndose que mentía… las cosas se pondrían feas.


Para darle dinamismo, voy a tirar un dado:

  • Dado impar: Estos dos son tan idiotas como parecen, y no se percatan de nada. Así pues, van a avisar a sus compañeros y estos salen, dejando vía libre a Dorcas y Glenn.

  • Dado par: No son tan idiotas, y pese a darse cuenta de la mentira de Gwen, uno de ellos entra… pero da el aviso de lo que ocurre a sus compañeros, de tal manera que Dorcas y Glenn se encontrarían con problemas dentro, y el que queda fuera atacaría a Gwen, batiéndose en duelo con ella.

Si te parece bien, describe el resultado de tu parte en el próximo post, y yo describo en el próximo mío lo que ocurre con Gwen y el otro mortífago fuera.
Gwendoline Edevane
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Maestro de Dados el Sáb Jul 13, 2019 9:59 pm

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Dorcas Meadowes el Miér Ago 07, 2019 5:00 am

El teléfono sonó y sentí como mi corazón se detuvo por una milésima de segundo.

Tenía miedo, sé que había sido yo la que pidió con ímpetu estar aquí, y la  verdad es que no me arrepiento, para nada. Pero aun así no puedo dejar de sentir miedo ¿Y si le pasa algo a Gwen? El sólo hecho de pensarlo hace que mi estómago se me dé vuelta. Ay no, mis manos comenzaron a sudar producto de los nervios, respiré para poder calmarme, debía disimular, aún quedaban dos pequeños a mi alrededor que con ojos extremadamente curiosos y ávidos del mundo seguían todo mi accionar.

El rostro de Glenn se convirtió de ultratumba, y no pude evitar dar un paso hacia él en un vano intento de arrebatarle el móvil y escuchar con mis oídos qué escuchó que hizo que su rostro se contrajera de esa forma, pero no logré hacerlo ya que como si hubiese leído mi mente el castaño dio un paso a un costado y se acercó aún más el móvil afirmándolo con ambas manos. ― ¿Qué es lo que escuchas, Glenn? ― pregunté algo frustrada, es que si lo habíamos escogido a él era para que compartiese la información no para que la ocultase, me hizo un gesto con la mano de que esperase, resoplé.

Sentí como alguien jalaba de mi camisa, bajé la mirada encontrándome con la dulce mirada de una pequeña que su altura no pasaba más allá de mi cadera, me puse de cuclillas para quedar a su estatura ― ¿Son...magos? ―preguntó, y no pude evitar soltar una risita. Amo la imaginación de los niños por eso mismo, porque pese a tener una existencia mucho menor que cualquier adulto en el mundo, a veces ven las cosas más claramente que todos. Miré de reojo a Glenn, no se me pasó por alto el hecho de que se había destensado, espero que aquello sea un indicador de que las cosas iban bien, volví a mirar a la pequeña, saqué mi varita del bolsillo de mi chaqueta, miré a mi alrededor, apunté hacia una flor caída para de un hechizo silencioso llevarla hasta mi mano y terminar dándosela a la pequeña que no podía más de la emoción.

Escuché llegar a Mer, se veía algo mareada, y recordé que en mis clases de aparición me habían dicho que la cantidad de apariciones que podía un cuerpo hacer en un corto de periodo de tiempo equivalían a la práctica que el mago o bruja tuviese, puse una mueca en mis labios de preocupación y me iba a ofrecer a relevar a Mer pero Glenn se me interpuso.

¡Mer! Necesito que te aparezcas conmigo en alguna aula del jardín, Gwen ha logrado sacar a los Mortifagos del interior y debemos comenzar a sacar a la gente de allí. Luego yo me devuelvo, vengo en busca de Dorcas y tú vas a dejar a los dos últimos niños que faltan y te nos unes ¿vale? ¡No tenemos mucho tiempo! ― exclamó en tono seguro, ambas asentimos.

Mer tomó el brazo de Glenn, desaparecieron y no pasaron más de diez segundos volvieron a aparecer frente a mis ojos, antes de que el castaño tomará rápidamente de mi brazo vi como Mer apoyaba sus manos en las rodillas como si fuera a vomitar, quise ayudarla pero ya todo me daba vueltas. ― Quizás…― comencé  a decir cuando sentí que mis pies volvían a pisar tierra firme, en un afán de ir a ayudar a mi amiga, pero Glenn fue más rápido y con su mano me tapó la boca, fruncí el ceño y quise protestar, pero él me hizo la señal de silencio para luego apuntar con su dedo índice hacia una dirección que al mirar descubrí que a las afueras de esa aula, no tan lejos de donde nos encontrábamos estaba Gwen negociando con los Mortifagos.

Los han desmayado a todos, o bueno…a casi todos. ― me susurró con su ceño fruncido, se volteó y me dio espacio para que viera el panorama. Ahora fui yo la que llevó una mano a mi boca para que de esta no saliera sonido alguno.

Frente a mis ojos, había un gran tumulto de pequeños cuerpos  inconscientes, y pese a que esa imagen ya fuese chocante de por sí, lo que hizo que mis ojos se aguaran fue ver a una mujer amarrada en una silla con cuerdas, y su boca cosida, todo de manera mágica, y su rostro…jamás olvidaré su rostro, era como sacado de la película de terror más terrible de la historia, me acerqué a ella rápidamente.

Tranquila…nosotros te ayudaremos. ― le dije, saqué mi varita y al igual que los demás hice que se desmayara, para así sin tensión alguna deshacer todo hechizo horrible que tuviese sobre su cuerpo. Claramente esa mujer estaba siendo el juguete de los mortifagos antes de nuestra llegada ¡Que coraje! ― Son muchos cuerpos, no sé si logremos desaparecernos con todos antes de que regresen…― dije, mientras apoyaba delicadamente el cuerpo de la mujer en el suelo junto al resto de cuerpos.

No, no lo lograremos. Creo que lo mejor es esperar que Mer termine de dejar a los dos últimos niños y que se nos una, así estaremos uno a uno y los atacamos.  Por mientras, para aprovechar lo máximo el tiempo, tú comenzaras a desaparecer con la mayor cantidad de cuerpo que puedas, yo me quedaré afuera custodiando que no regresen, tú te quedarás con el móvil para escuchar qué está sucediendo, y ahí ves si regresas por más cuerpos o vienes con Mer a ayudar a atacar ¿vale?

Asentí, me encantaría tener una mente más estratega como Glenn, es que yo podía llegar a tenerla pero  si me daban un tiempo prudente para poder ir a mis amados libres y sentirme segura de mi accionar, pero eso de improvisar en la marcha me costaba tantotanto.

Sostuve el móvil entre mi hombro y mi mejilla, para que con mis manos lograr coger las pequeñas manos de cinco pequeños, cerré mis ojos y me aparecí con ellos en la colina, sus cuerpecitos cayeron como sacos al suelo, miré alrededor y aún no había rastros de Mer, iba a volver a desaparecer cuando la ví aparecer, estaba muy pálida, me acerqué a ella. ― ¿Te sientes bien? ― le pregunté preocupada. ― No mucho, pero vamos…debemos ir con Glenn.

Fruncí el ceño, mi alma de sanadora me gritaba que debía dejarla tendida en el piso junto a los niños. ― Mer, lo mejor es que te quedes aquí y te…

Dorcas, por favor. No me hagas desaparecer a mí, tómame del brazo y aparecete conmigo en esa aula, por Merlín y Morgana. ― resopló la rubia, y yo enarqué una ceja, recordando lo testarudo que podemos ser los hufflepuff a la hora de querer a ayudar a los otros. ― Vale, vale. ― dije, llevé mi oído al móvil, los Mortifagos aún se encontraban con Gwen, era ahora o nunca, di un paso hacia la rubia y desaparecimos.

Ya estas con Mer ¡bien! ― exclamó bajito Glenn al vernos llegar. ― Nuestra misión es: acércanos lo más que podamos a ellos sigilosamente, y lanzarles un hechizo que los dejé knockout por la espalda.  Yo le daré la señal a Gwen para que nos vea…y bueno, que la fuerza nos acompañe…

Al escuchar eso recordé a mi amiga Danny, y pedí que a donde fuera que estuviera me mandara toda la fuerza que pudiera para sobrellevar de mejor manera lo que vendría a continuación.
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Gwendoline Edevane el Mar Ago 13, 2019 2:30 am

Gwendoline temía por el fracaso del plan. Temía que, de alguna manera, aquellos mortífagos descubrieran su farol, quizás porque contaban con información directa del Ministerio, o quizás por cualquier otro motivo. Y lo temió durante los tensos cinco segundos que pasó el que parecía el cabecilla dudando, allí de pie.

Sin embargo, sintió un gran alivio al comprobar que, pese a todo, la creía: el mortífago se volvió en dirección a su compañero, le dedicó un asentimiento de cabeza, y éste se encaminó al interior del colegio.

Se quedaron a solas, y Gwendoline volvió a sentirse terriblemente incómoda. No importaba: aquel era su elemento, mentía a diario y no iba a empezar a dudar de sí misma. No mientras hubiera personas que contasen con ella.

—¿Y cómo se ha enterado el Ministerio tan rápido de lo ocurrido? ¿Quién ha dado el aviso?—Preguntó el rubio, rompiendo el silencio.

Otra persona habría dudado, y la vacilación habría asomado a su voz, pero Gwendoline se había preparado para preguntas como aquella. Había que esperar que se formulasen, teniendo en cuenta la situación. Por lo cual, cuando respondió, pareció estar haciéndolo con la verdad y nada más que la verdad.

—Un par de ciudadanos preocupados. Dado el espectáculo que han montado aquí, no les ha resultado muy difícil verlo.—Mintió, y enseguida vio aparecer un asomo de pánico en el rostro del mortífago. Procuró no disfrutarlo demasiado.—Han sido descuidados, y tengan claro que la Ministra de Magia está al tanto de esto.

La respuesta del mortífago fue… el silencio, aunque en su rostro se apreciaba la preocupación. Sabía que no debía enfadar a la Ministra, y seguramente estaba empezando a replantearse todo lo que habían hecho en aquel lugar. La ira del Ministerio no era para tomársela a broma, y menos en aquellos tiempos.

Mientras Dorcas, Glenn y Meredith se encargaban de su labor en los jardines y en el exterior, Gwendoline permaneció donde estaba, viendo como los demás mortífagos salían del edificio, acompañando a aquel que había sugerido matarla sin pensarlo. Les miró uno a uno, procurando parecer severa e intimidatoria, y entonces habló.

—¿Les importaría explicarme el motivo de semejante imprudencia? Porque supongo que no hace falta que les recuerde lo importante que es proteger el Estatuto Internacional del Secreto, ¿verdad?—Su voz sonó autoritaria, sin atisbo alguno de duda. Su corazón, mientras tanto, parecía a punto de salírsele por la garganta.

—Nuestro deber como ciudadanos del mundo mágico.—Declaró el mortífago que había manifestado sus intenciones homicidas hacia ella, y lo hizo con toda la arrogancia propia de los mortífagos.

—Discúlpeme, señor...—Hizo ademán de esperar a que el hombre le facilitase su apellido, pero enseguida alzó el dedo índice.—Me da igual cómo se llame, la verdad. Usted ya ha hecho suficiente amenazándome de muerte hace unos minutos, así que prefiero que guarde silencio.—Éste, a diferencia de su compañero, pareció más iracundo que preocupado. Gwendoline le ignoró.—¿Y bien? ¿Me explican ustedes qué clase de deber ciudadano justifica semejante altercado?

Procedieron a explicarse, una buena manera de ganar tiempo para los demás. Gwendoline fingió escucharlos, y de hecho lo hizo durante algunos minutos. Su relato era atropellado, y no se ponían de acuerdo a la hora de hablar. Al menos tres de ellos eran conscientes del lío en que estaban metidos, pero el que la había amenazado parecía estar mascando su rabia. Iba a tener que andarse con cuidado con ese.

Sin embargo, en un momento dado, a espaldas de los mortífagos, en el interior del edificio, vio aparecer la figura de Glenn. El mago la miró a los ojos y le dedicó un asentimiento de cabeza, mostrando su varita.

Gwendoline no sabía lo que había pasado en el interior… pero sabía lo que tocaba: luchar. Cuatro contra cuatro, si Meredith y Dorcas estaban con Glenn en aquel momento.

Sintió de inmediato la tensión recorriendo su cuerpo, anticipando el combate que se avecinaba. Solo tenían una oportunidad, y más les valía hacerlo bien. Todo dependía de ellos cuatro.

—¡Tapaos los oídos!—Exclamó de repente, haciendo que los cuatro mortífagos se volvieran para mirarla, extrañados.

—Perdone, ¿qué…?—Empezó a decir el rubio, pero no tuvo tiempo de decir mucho más.

Gwendoline, esperando que Dorcas, Meredith y Glenn hubieran entendido que les hablaba a ellos, alzó su varita, la apuntó al cielo y conjuró un Armorum Sonitum no verbal. Enseguida, un sonido estridente, penetrante, resonó en el lugar, y sus efectos no se hicieron esperar: tanto ella como el mortífago que tenía más cerca sintieron un terrible dolor en los oídos. El mortífago terminó de rodillas en el suelo, llevándose las manos a las orejas.

Las cristales saltaron en pedazos, y los demás mortífagos, pese a estar un poco más lejos de ella, sintieron los efectos del hechizo. Solo esperaba que sus compañeros, estando en el interior, no se vieran afectados de la misma forma, y pudieran luchar como era debido.


Lo mismo de la otra vez:

  • Dado impar: Los tres mortífagos que estaban más alejados se ven afectados por el hechizo, quedando debilitados y susceptibles de un ataque por sorpresa.

  • Dado par: Pese a que el hechizo les afecta, logran recomponerse y pueden enfrentarse a nosotros.

Describe el resultado en tu próximo post. Ten en cuenta que uno de ellos ya está incapacitado (el rubio), y que otro tiene algo de rabia a Gwen xD
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Maestro de Dados el Mar Ago 13, 2019 2:30 am

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Dorcas Meadowes el Vie Ago 23, 2019 5:03 am

A veces en la vida hay que dejar cualquier miedo atrás y simplemente seguir al instinto, y así había sido aquel día para mí, había dejado atrás cualquier incertidumbre y fui allí a hacer lo que siempre he creído lo correcto, ayudar a un otro. Para mi fortuna, y al mismo tiempo nervios fui a esa misión imprevista con dos grandes magos, a los cuales admiraba profundamente, a Gwen por su interminable aprendizaje que me entregaba a diario, y a Gleen por esa increíble capacidad de dar alegría sin medida, pese a que los tiempos fueran tan hostiles.

Cuando nos aparecimos en el salón del jardín sentí una pena tan grande que por unos momentos creí que me inmovilizaría, me angustia mucho el dolor ajeno, hasta el punto de ser de esas personas que cuando sabe que el protagonista de una serie o película va a sufrir prefiere cambiar de canal o taparse los ojos, imagínense entonces cómo se contrajo mi pecho al ver a esa mujer en esas condiciones, pero mi alma hufflepuff siempre puede más, y pese a que mis ojos se llenaron de lágrimas corrí a su ayuda. Es que hay momento en que uno puede sufrir y otros en lo que una de accionar, y esto pertenece definitivamente al segundo grupo.

Glenn quién también siempre se ha caracterizado por tener una mente rápida no tardó en generar un plan que nos ayudara a accionar de la mejor manera, y yo no dude en seguir sus instrucciones. Cuando me volví a encontrar con Mer estaba cansadísima, no era para menos teniendo en cuenta del impacto que había sido darse cuenta que siempre había estado rodeada de un mago, y que al parecer no cualquiera por el nivel de violencia con que los Mortifagos habían entrado al lugar, y a eso sumarle que había tenido que desaparecerse y aparecerse como mínimo diez veces en una periodo muy corto de tiempo. Quise ayudarla e invitarla a descansar, pero no lo logré, y la verdad es que la entendía, ya que en su posición yo hubiera hecho lo mismo.

Volvimos al jardín y nos unimos nuevamente a Glenn, había llegado la hora de luchar. Sigilosamente fuimos avanzando hacia el lugar en donde se encontraba Gwen y los Mortifagos, el mago fue el encargado de dar aviso a la castaña que nos encontrábamos cerca y con nuestras varitas, listos y dispuestos. Mi corazón estaba desbocado.

¡Tapaos los oídos!

Se escuchó de pronto por parte de Gwen, y mi cuerpo por acto reflejo llevó ambas manos a mis oídos― ¡Es una traidora! ―exclamó uno de los mortifagos alzando su varita en dirección a Gwen con su rostro rojo de ira. Pero ni siquiera alcanzó a conjurar un hechizo cuando Gwen hizo estallar los ventanales del lugar por el ruido generado, haciendo que este y sus compañeros se tambalearan y cayeran al suelo del dolor.

Era ahora o nunca.

¡Ataquen! ― exclamó Glenn, alzando su varita y lanzando hechizos a los magos. Yo le seguí al igual que Mer, los que se encontraban más lejos de Gwen intentaron dar la pelea, pero estaban muy debilitados como para ser certeros en sus lanzamientos,  luego de un rato donde hechizos iban y venían logramos dar con ellos, y hacer que todos quedaran inconsciente en el suelo.

Y cuando eso pasó un silencio sepulcral reinó el lugar.

Mi mano que se encontraba aferrada a mi varita fuertemente se comenzó a destensar de a poco, al igual que el resto de mi cuerpo, y a paso lento como quien evita pisar huevos esparcidos por todo el suelo me fui acercando a Gwen, y cuando llegue a su lado la abrace fuertemente. ― ¿Estas bien? ― le pregunté, alejándome un poco para mirarla de  los pies a la cabeza. ― Eres muy valiente, Gwen. Lo has hecho increíble― le dije admirada, como siempre, del increíble poder que tenía la maga.

Me encantaría unirme a ese hermoso abrazo, pero tenemos poco tiempo, debemos hacer algo por lo que están adentro, e irnos de este lugar lo antes posible. ― señaló Glenn, ofreciéndonos pese al momento en que nos encontrábamos, una cálida sonrisa.

Sí, lo siento.― me disculpé, alejándome de la castaña, mi sensibilidad siempre ha sido uno de mis talones de aquiles, a veces creía que debía pensar las cosas más fríamente, pero me era tan difícil.― Hemos pillado el salón donde están el resto de alumnos y profesores. Están todos inconscientes, aunque creo que hay algunos con lo que habrá que trabajar más en borrar su memoria, ya verás por qué...― le comenté, bajando la cabeza apenada al recordar el rostro de la mujer con su boca cosida.


Última edición por Dorcas Meadowes el Mar Sep 10, 2019 3:40 am, editado 1 vez
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