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¡OH, MY GOD! THIS IS SO FUCKING AWESOME || Ed & Danny.

Edward Westenberg el Jue Ago 02, 2018 9:48 pm


Faltando cinco días para mi cumpleaños, junté mis ahorros más un poquito de ayuda de mis padres y Stella para ir este fin de semana por tres días a uno de los eventos más épicos del mundo mágico. Desde que tengo uso de razón, o bueno una razón fiestera, he tenido ganas de asistir. Y hoy, con mis veinte años a la vuelta de la esquina por fin lo había logrado. Meses de esfuerzo, dándolo todo en el Caldero Chorreante habían dado sus frutos y podía darme el gusto de poder asistir un fin de semana completo al festival, tres días con una membresía VIP que me haría gozar plenamente y en profundidad todo lo que Magiland tenía para ofrecerme. Me había pasado horas contemplando las innumerables atracciones que se encontrarán en sus dependencias. Realmente este año estaba que flipas, un evento de alto impacto.

Pero como yo jamás me he caracterizado por ser una persona solitaria, y si tengo tan increíbles oportunidades me gusta compartirlas con las personas que estimo, no dude ni un segundo en la elección de la persona más idónea para ser mi compañera de aventuras durante este fin de semana que a todas luces se veía inolvidable. ¿Quién era esa personita? La única, la incomparable, la supermegacalifragilisticoespiralidosa persona más guay del mundo entero: la tejoncita Danny Maxwell. Le había escrito hace unas semanas para darle mega notición y de paso ver si tenía disponibilidad para esos días.  Y SÍ, tenía disponibilidad, y no solo eso, sino que también las mismas ganas mías de darlo todo durante tres días que prometían la diversión total.

Ahora me encontraba esperándola, mega ansioso. Apoyado en una de las barandas de la escalera que llevaba a los trasladores del evento. Me dediqué a observar a la gente, todos los presentes se encontraban con una sonrisa de oreja a oreja, como si su cuerpo supiera lo que estaba próximo a vivir, algunos más eufóricos pegaban gritos, otros realizaban bailes improvisados o cantaban las canciones de sus grupos favoritos. Suspiré, de las puras ganas había llegado mil horas antes (en verdad quince minutos, pero me gusta exagerar) y ahora me encontraba ahí sentado sin saber qué hacer. Tararee una canción y de paso saqué de mi bolso un cuaderno, hace unos días atrás nos habíamos juntado con Danny a planearlo todo, teníamos un cronograma para los tres días dónde cada hora tenía una actividad más entretenida que la anterior. Nuestro plan era alcanzar a ver y disfrutar lo máximo posible, ahora si lo llegabamos a lograr era algo totalmente diferente, pero al menos hasta el momento sobrio y con sólo un pan con queso encima veía esta planificación totalmente factible y viable.

Lo doble y lo volví a guardar dentro de mi bolso y para cuando volví a elevar mi mirada y dirigirla hacía esa gran multitud que se acercaba a los trasladores la ví, tan bonita como siempre y con un don innato de sacarme una sonrisa cada vez que hacía acto de aparición. Caminé hacía a ella a paso rápido y cuando tan sólo un paso nos separaba estire mis brazos para atrapar su cintura y darle un mega abrazo más un beso en su mejilla a modo de saludo.

- ¿Cómo estás, tejoncita? - le pregunté clavando mi mirada en la suya.- ¿Preparada para este fin de semana?.- le moví mis cejas de manera divertida y mientras mi sonrisa seguía ahí, como si estuviera tatuada en mi rostro.
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Danielle J. Maxwell el Sáb Ago 04, 2018 4:56 am


Abuela, creo que me voy a morir.
Pero Danielle, qué dices.

Y ahí estaba yo, en el sofá, dándome con un trozo de papel aire para no morirme de los nervios.

Pero tía, que voy a ir al Magicland. ¡Voy a ir al Magicland! ¡Qué me va a dar un infarto!
No soy tu tía, Danielle, ya sabes que no me gusta que me llames así. Y tampoco me gusta eso del Magicland con todas las cosas que están pasando, ya sabes que...
Por favor, que es en Irlanda. Los irlandeses no están tan locos como los idiotas de Inglaterra, estaré bien. Es un evento internacional con una seguridad de la hostia, no va a pasar nada. A nadie en su sano juicio se le ocurriría atacar un lugar con tan buen rollo.
¿Edward es diestro con la varita?
Creo que es zurdo. —Miré a mi abuela con cara de patata traviesa. Ella me miró con reproche, con cara de no hacerme cena por esa broma tan mala. —¡Y yo qué sé, abuela! ¡Supongo que sí!
Es que a ti se te da mal.
Gracias. —La miré con reproche. —Tener enemigos para qué, con abuelas como tú.
¿Y dónde os vais a quedar? —preguntó mientras acariciaba a Chewbie sentada en su sofá orejero.
Creo que son casetas.
¿Casetas mágicas? ¿Para ustedes dos solos o va algún amigo del que no me hayas hablado?
Pues sí, creo... Solo vamos nosotros dos.
¿Os vais a quedar en la misma tienda? ¿Los dos solos? —Alzó una ceja, cotilla.
Abuela, ¿ya estamos? De verdad, ¿qué tienes, catorce años? ¡Me molestas! —Fingí enfadarme para no ponerme roja. —Ya está bien, que pareces una maruja, de verdad. Déjame vivir, que cada vez que salgo con Edward parece que quieres que me case, ¡qué es mi amigo!
Ya bueno... tu abuelo y yo también empezamos siendo amigos...
Abuela, tengo algo que decirte. —Hice una pausa dramática, con ganas de darle su merecido. —Entre Edward y yo nunca pasará nada. Asúmelo. En realidad... en realidad soy lesbiana. Estoy enamorada de mi amiga Dorcas, quiero adoptar un negrito con ella y ser mamá.

Mi abuela puso tan cara de pánico que parecía que le iba a dar un infarto en cualquier momento. May era muy simpática, adorable, la abuela más hermosa de todas, pero como típica abuela tenía una mente un poco retrógrada y obviamente no le gustaría quedarse sin bisnietos.

Es broma.
¡DANIELLE! ¿Quieres matar a tu abuela de un infarto?
¿Pero y si sí qué? ¡Imagínate que me mola otra persona y tú ahí de pesada! ¡Deja de insistir y cásate tu con Edward, pesada!
Vale, tienes razón. Disimularé mi amor por Edward. Pero es demasiado joven para mí y me parece un buen chico para ti.
Sí vale, lo que tú digas. Ahora déjame en paz con ese tema.
Pero... ¿si te gusta algún chico me lo dirías?
No abuela, que te me pones a hacer de celestina y me arruinas mi planes de futuro. ¡Te enterarás cuando esté planeando la boda! —Me levanté del sofá.
De verdad, Danielle, a veces creo que me odias.

Giré alrededor del sofá, para ponerme por detrás de ella y darle un beso cariñoso en la mejilla a mi super abuela. Claro que no la odiaba, pero era más pesada a veces... Demasiada confianza teníamos. ¡Demasiada! ¡Y a veces la confianza da asco!

Claro que no te odio, bobilina. —Hice una pausa y sonreí. —Voy a preparar las cosas para mañana. —Y me fui para subir por las escaleras.
Pero Danielle... —Me llamó mi abuela, de nuevo. Bajé unos escalones para volver a mirarla. —¿No eres lesbiana, verdad?
¡Abuela, tía! ¡Con esa actitud, si lo fuera, me harías mucho daño! —Me quejé, divertidísima. —No, no lo soy. Creo. ¡Y yo qué sé! ¡Deja de rayarte, era broma, no me gusta Dorcas! —Y, descojonándome por la cara de mi abuela, subí escaleras arriba.
¡Yo te aceptaría...! —Escuché de fondo, sonriendo como una boba.

Ahora a prepararlo todo para mañana.

***

¡EDWAAAAARD! —Grité casi de manera contenida, nerviosa y divertida, al verle, corriendo para tirarme a sus brazos en un abrazo de los grandes, típico de oso amoroso. Él me correspondió con uno igual de fuerte y cariñoso, por lo que al volver a tener los pies en el suelo, lo miré con una sonrisa de lo más alegre. ¿Cómo no estarlo? Que Edward hubiese conseguido esas entradas y me hubiese elegido a mí como acompañante era demasiado genial. Era cierto que durante este último año habíamos estrechado muchísimo nuestra relación, pero... no sé, me resultaba raro pero a la vez super guay sentirme "la elegida" para la otra persona. Era una sensación muy agradable. —¿Pues como voy a estar, leoncito? Yo creo que de lo nerviosa que estoy me va a dar un infarto nada más llegar, ¿vale? Tú asegúrate de mantenerme siempre cerca de ti y de velar por mis zapatos, porque corren peligro cuando estoy borracha y pretendo estar mucho tiempo borracha. —Y me reí, mordiéndome el labio inferior, para entonces sujetar su mano y llevarla a mi cuello. —¡Mira, siente mis pulsaciones! ¡Estoy muy nerviosa! —Y solté aire.

¿Pero nerviosa por qué? Me quedaban por delante tres días de risas aseguradas hasta el punto de volver a casa con agujetas en el vientre y en las mejillas. No había tenido muchos compañeros de fiesta, pero sin duda Edward era el mejor de todos. Y esto iba a ser inolvidable.

¿Lo tienes todo? ¿Nuestro super cronograma? Espero que lo hayas pasado a limpio —bromeé, consciente de que si me lo llego a quedar yo hasta lo hago en plan lista de excel perfectamente bonita. —Vamos, vamos.

Solo llevaba conmigo un pequeño bolso, pero era bruja: en su interior estaba absolutamente todo lo que necesitaba para pasar tres días en Magicland sin falta de nada. Y cuando digo todo, es absolutamente todo.
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Edward Westenberg el Mar Sep 04, 2018 5:13 pm

Existen en el mundo tantos tipos de abrazos como personas hay en el mundo, y aún más porque cada uno tiene innumerables formas de abrazar, dependiendo de la circunstancia y persona a la que abrazase. Pero si tuviera que escoger uno que me gustaba por sobre todos, era el de Danny. Es que era de esos esperados, de esos que uno corre para recibirlo y al hacerlo se siente sumamente agradable, reconfortante.Al separarme de ella le sonreí ampliamente, siendo consciente que de seguro esa misma sonrisa vestiría mi rostro por los siguientes tres días que nos venían por delante. Solté una risa al escucharla decir que pretendía estar borracha la mayoría del tiempo, es que yo adoraba a esa mujer, porque mejor compañera como ella no había, ya que lo pasas genial con ella tanto estando recostado en el suelo de mi habitación hablando de la vida hasta tomándose todo el alcohol de una barra mientras hay calabazas voladoras por los alrededores, a su lado todo era diversión. Llevó mi mano a su cuello y mis ojos se achinaron sonrientes al sentir su pulsación.- Jope, si que estas emocionada, tejoncita. Yo igual.- le señalé ahora tomando yo su mano pero llevándola a mi corazón que tenía todo un baile movido de pumpampimpum. - Y no te preocupes, que yo me encargaré que jamás te falte un zapato, mi adorada cenicienta borrachita. Promesa de niño no explorador.- le dije risueño tomando su meñique y entrelazando con el mío, mientras le guiñaba un ojo divertido.

Rodee sus hombros con mi brazo y comence a caminar junto a ella hacía los trasladores que nos llevarían al gran evento de todos los tiempos.- Eeeeh...- musité mirandola de reojo con rostro de circunstancias, para luego añadir.- Sí, sí claro. Claro que lo pase en limpio. - le dije, moviendo mis ojos de un lado a otro (ejemplo de carita) ¿Ya les he dicho que como actor me moría de hambre? pues bueno, en esos momentos era un actor con hambruna. - VAAAAAAAAAAAAAMOOOOOOOOS.- exclamé todo animado tomándola de la mano y corriendo con ella hacía los trasladores.

***


Ay, joder. Que no me lo creo, de verdad. Bua.

Con rostro idiota me encontraba mirando la caseta que sería nuestro hogar durante estos días. Se encontraba apartada de todo pero eso no importaba porque pretendíamos pasar más tiempo fuera que dentro de ella, y de paso no sobra decir que era increíble, mega fantástica y enorme. ¡Que hasta una fiesta podíamos montar adentro!

- Joder, que está fantástica. Se han pasado.- dije aún asombrado por el lugar, mientras seguía recorriendolo, cuando llegué a una de las habitaciones deje caer todo mi peso en la cama sonriente, lanzando a un lado mi bolso.- ¡Que maravilla!.- exclamé todo sonriente, aún sin poder creerme que me encontraba allí junto a la mejor tejona de todas. - ¿Cuál habitación quieres tú? Que a mi me da igual, más que mal no creo que pase mucho en ella JEJÉ.- le comenté con una sonrisita y mirada traviesa, para luego pararme de sopetón y pegar unos saltitos, es que cuando estaba emocionado me ponía más hiperactivo de lo normal, y eso ya es decir mucho ya que siempre tengo mucha energía en mi vida, osea ahora estoy flipando.

Levanté mi mano.- Propongo que ordenemos todo más tarde y ya de una vez vayamos a recorrer el lugar e ir por unos tragos.- me mordí el labio inferior y le dediqué una mirada divertida (ejemplo de carita 2). De un piquero pase por encima de la cama y fuí en busca de mi mochila.- Según nuestro mega cronograma, nuestra primera parada seria...- comence a decir mientras  buscaba el cuaderno en el interior. Al encontrarlo y sacarlo, puse cara de "Uuuuuuuuupsi" al mostrar que seguía siendo el mismo papel de aquel entonces, dejándome como el peor organizador ever, pero uno simpático ¿a que si? .- Vale, que no lo pase en limpio. Pero le hice dibujitos en un costado, ¿eso cuenta?.- le pregunté poniendo un rostro todo encantador, mientras daba vuelta el cuaderno para que viera mis dibujos de ella y yo tomando, arriba de juegos, cantando a todo pulmón, de Danny sin zapatos y yo de ave fusil.

- Primera parada...- comencé a decir mientras llevaba mi dedo índice hacía donde se encontraba el número 1 .- ¡JUEGOS DE VERANO!.- grité todo eufórico elevando ambos brazos.- Que no sé tú, pero yo me estoy muriendo de calor.- agregue, y en menos de lo que uno se demora en decir "Fuego de Heliopath" de un movimiento de varita me encontraba con el traje de baño puesto más una sonrisa enorme.

TRAJE DE BAÑO:
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Edward WestenbergMagos y brujas

Danielle J. Maxwell el Miér Oct 10, 2018 12:41 am

‘Yo me encargaré de que jamás te falte un zapato’ dicho por Edward, el primer día del Magicland.

Sabiendo mi extraña obsesión de perder zapatos cuando estoy ebria y teniendo en cuenta de que voy a estar mucho tiempo ebria en el Magicland, dudaba mucho que esa promesa de Ed fuese a cumplirse. De hecho, estaba meditando muy seriamente el ir descalza por ahí por miedo a perder mis zapatos. Te juro que no sé en qué momento comencé a perder los zapatos, pero para colmo yo tengo la mala suerte de no recordar lo que pasa por las noches cuando estoy muy pedo, por lo que siempre, siempre, siempre se me olvida el momento de pérdida de zapato.

Cuando llegamos a nuestro hogar en el Magicland, que se resumía a una caseta mágica para Edward y para mí, me mostré maravillada. Lo cual era estúpido, ya que mi cara de estar maravillada era la que tenía ese día básica en mi rostro. ¿Cómo iba a parar de sonreír? Demasiadas emociones como para poder ocultarlas.

Elijo la cama de la derecha porque… no sé, la verdad es que ahora mismo mi capacidad de decisión es totalmente aleatoria. Todo lo que ofrece el Magicland parece bueno así que… —Confesé divertida, dejando mi mochila sobre la cama de la derecha.

La caseta era grande, se componía de dos camas considerablemente grandes para ser individuales a cada lado, un espacio central bastante generoso y, en la parte trasera, un baño oculto por una puerta y unos muebles en donde colocar las cosas. Era sencilla, espaciosa, pero con lo único necesario para poder estar cómodo sin salir de ahí.

¿Ordenar? ¿Te crees que va a venir mi abuela a corroborar si tenemos la habitación ordenada? Por favor, Eddie… —Me quejé con diversión, para entonces ir hacia su cama y sentarme a su lado para ver nuestro mega cronograma en el que habíamos invertido casi una noche entera. —¿¡No lo pasaste a limpio!? ¡Sólo tenías que hacer eso! ¡Pero serás vago…! —Pero entonces me fijé en los dibujos y sonreí como una subnormal al reconocer a Edward con pose de persona amorfa y a mí sin un zapato. Era una rubia sin zapato, estaba claro que era yo. —Bueno vale, te perdono.

A ver, el Magicland era famoso por la música, los conciertos, el parque de atracciones… ¿pero sabéis lo mejor de todo? Poder ver todo eso en pleno verano, mientras de por en medio te podías encontrar todo tipo de juego, evento y diversión. Así que cuando se cambió, quedándose con un cómodo bañador de hombre, yo saqué mi varita y me apunté a mí, visitiéndome con un bikini sencillo, unas chanclas y, por encima, una camisa abierta y holgada de verano. La verdad es que me daba mucha vergüenza ir en bikini por ahí. Nunca he sido muy fan de mi cuerpo. ¡Vale, sí, lo admito! Soy de esas chicas que no se encuentran cómodas con su cuerpo y no me gusta nada, nada, ir por ahí media desnuda. Así por lo menos se disimula.

¿Vamos o qué, lentorro? —dije, saliendo por la caseta.

***

¡EDWARD! —Le llamé con voz de mafiosa desde atrás y, justo cuando se dio la vuelta, un globo de agua impactó contra su cabeza, rompiéndose y mojándole.

Habíamos llegado a una de las grandes piscinas y, en el centro de la misma, habían montones de colchonetas hinchables de varias formas, montón de gente bebiendo, saltando y cantando y, lo más divertido, toboganes y juegos con los que terminar en la piscina de la forma más divertida. ¡Había un maldito columpio mágico que te tiraba a la piscina, era increíble! Yo, sin embargo, mientras Edward se quedaba mirando fascinado todo, aproveché para aceptar la pistola mágica de agua de uno de los tipos que había allí para disparar a mi amigo a traición.

Vaya, vaya, vaya, ¿te has mojado? ¿Eres un perrito mojado? —No sé por qué dije eso, pero juro solemnemente que no tiene nada que ver con el hecho de que en luna llena se ponga a aullar, porque el muy capullo no me ha dicho nada de eso. ¿Te lo puedes creer? ¡Amigos para esto! Pero bueno, eso es un drama del que ahora no soy consciente, por lo que desde que vi que Edward iba a moverse un poquito, le volví a disparar. Era una pistola mágica, por lo que de ahí salían globos de agua infinitos. Bueno, no creo que fuesen infinitos, pero ahora mismo no estaba yo como para descubrir la física mágica de aquello. Por lo que otro globo impactó en su cara, justo a tiempo de que le diese la pistola al chico que se estaba riendo y yo saliese corriendo, escabulléndome entre toda la gente que había.

Corrí hacia una de las barras, la cual estaba en mitad de la piscina y la otra mitad en suelo estable. Pedí dos mojitos bien fresquitos y, para cuando Edward me encontró, yo tenía con qué firmar la paz. Su mojito, en mi mano y mi cara de niña inocente.

¿Empezamos con la fiesta de verdad o vas a estar todo el rato pasmado recibiendo globos de agua como un idiota? —Le dije, con travesura, sacando la lengua por fuera justo antes de beber de mi vaso con la pajita.
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Edward Westenberg el Mar Oct 30, 2018 1:19 am

Llegamos a la caseta y me quedé maravillado, sabía que todo en estos días sería magnífico, pero como dicen por ahí no sabes lo bueno que es hasta que lo tienes frente a tus ojos. Y así había sido, las fotografías ni reseñas no le daban justicia al fantástico lugar que ahora mi mirada contemplaba. No me sentía así de feliz desde que Stella me había mostrado la nueva casa en que viviríamos juntos, en estos momentos era feliz, muy feliz como una perdiz.

Miré a Danny y sonreí ampliamente, sorprendido de cómo las cosas podían cambiar tanto de un momento a otro, es que para mí aún era como si fuera ayer esos días en que estaba sumergido en la mierda, solo y emborrachandome en el primer bar que me topase. Y ahora, en un pestañear me encontraba viviendo una vida que solo era alegría, diversión y cariño por parte de los que me rodeaban. Este día en particular me siento muy agradecido de lo que fuera que me había llevado hasta allí y pretendía disfrutarlo con creces.

- Vale,la de la izquierda es la mía entonces.- señalé lanzando mis cosas encima de la cama que me había tocado. Solté una carcajada cuándo dijo lo de su abuela y me acerqué a ella para rodear sus hombros con mi brazo.- Yo por estas cosas es que te adoro.- le dije sincero, es que yo ahí me las quería dar de ordenadito pero Danny ya sabía muy bien cómo era, y cuáles son nuestras prioridades como seres humanos, y por esa y mil otras razones más es que ella siempre era mi primera opción, siempre.

Y luego llegó el momento del cronograma,  por la emoción no recordé que no lo había pasado en limpio hasta que lo saqué de mi bolso, puse una mueca para luego girarme hacía mi amiga y mirarla con los ojitos más encantadores que tenía en mi repertorio, rogando que causarán efecto en la joven maga. Y cuando sentía que mis ojitos de perro mojado bajo la lluvia no eran suficiente recordé mis super dibujos que había hecho del otro lado y se los mostré para ablandar ese ceño fruncido que se había apoderado de su rostro y cambiarlo por esa sonrisa tan bonita que tiene...y sí, lo logré, fui perdonado, y esa sonrisa nuevamente hizo acto de aparición, dejándome ahí pegadito unos segundos.

Leí nuestro cronograma y no tardé en cambiar mi vestimenta por mi traje de baño, ya que nuestra primera parada era sumergirnos en las piscinas, alcohol y diversión que el Magicland nos podía ofrecer.  Y luego fue el turno de Danny, y yo pues nada, no puede evitar quedarme ahí también colgadito.- Pero que guapa.- solté sin siquiera pensarlo dirigiendole una mirada como si Danny ahora fuera una pizza de mortadela con extra queso, un ser sin filtro, ese soy yo, holo.

>>¿Vamos o qué, lentorro?<<

Sacudí mi cabeza y sonreí tratando de obviar mi comportamiento anterior.- Sí, vamos, vamos.- dije aclarando mi garganta y pensando lo jodidamente difícil que será controlar mis nuevos impulsos hacía la tejona estos días.

***

Me giré cuando escuché mi nombre ser llamado por esa voz tan familiar, mira que iluso yo girandome con una sonrisita toda tierna creyendo que Danny me llamaba para compartir conmigo esa flipes que tenía de ver todo lo que nos ofrecía ese lugar y en cambio toparme con una globo que estalló en todo mi rostro dejándome empapado, sin piedad. Le dediqué una mirada traviesa en modo "No sabes en la que te has metido" y solté una risa al escuchar lo de perro mojado, sabiendo que ella no era consciente de lo que esas palabras en específico causaban en mí, haciéndome recordar de paso que una de las cosas que me había propuesto en esos días era contarle lo de mi condición, porque si tarde o temprano terminaría lanzandome en la piscina de la declaración amorosa, ella tenía que saber que yo si era una perro mojado algunas noches de invierno ¿no? y uno un poquito...peligroso.

Dí un paso hacia ella y otro globo me estalló en el rostro, haciéndome negar con la cabeza divertido cuando la ví correr para escaparse de mí. La deje huir por un momento para luego ir nuevamente hacia ella, con una mirada serena, tranquila topandome con su mirada de niña inocente y un mojito en su mano para mí. Solté una risita cuando escuche su pregunta y ladee mi cabeza para mirarla coquetamente.- Pues, la verdad es que me gustaría comenzar la fiesta...- comence a decir acercándome más a ella mientras tomaba un sorbo de mi trago, para luego rodear el cuerpo de Danny apoyando una mano en la barra y con la otra dejando mi trago en ella.- ... pero antes, me gustaría hacer....- seguí ganando cada vez una mirada más y más traviesa.- ...lo siguiente.- terminé de decir para  luego tomar a Danny de la cintura y colocarla sobre mi hombro, llevandomela a regañadiente a la piscina, y lanzame un piquero junto a ella, sin importarme ni un bledo su trago, ni su camisa, ni nada.

Quedamos completamente sumergidos y bajo el agua le dedique una sonrisa de lo más burlona, y cuando volvimos a salir a la superficie me acerqué a ella divertido.- Oh, vamos había que empezar la fiesta ¿no?.- le dije risueño, viendo que ahora ella era el perrito mojado, o más bien parecía un gatito mojado.

- ¡El último en llegar al tobogán es un huevo podrido!.- grité divertido para comenzar a correr hacia el dichoso juego.

***

- ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!.- gritaba la multitud a mi alrededor, mientras yo sin la ayuda de mis brazos competía contra otro chico para ver quien se tomaba los cinco chupitos de tequila primero.  ¿Y adivinen quién fue el ganador? ¿Quién más podría ser que esta persona? ¿eh?, levanté mis brazos victoriosos cuando terminé de beber el último antes que mi oponente.

- El ganador de esta batalla es...- el chico me miró.- Edward.- le susurré.- ¡EDWARD!.- gritó él después elevando mi brazo izquierdo y haciendo que la gente gritase fuertemente, yo por mi parte miré a Danny y le hice la señal rockera con mi otra mano mientras le dedicaba un rostro gracioso.

- Y como ganador puedes escoger tres CD´s del grupo o cantante que más te guste del Magicland.- me dijo mostrándome una caja enorme con muchos discos en su interior, miré a Danny y la invite a acercarse.-  Ayúdame a escoger.- le dije cuando ya estuvo a mi lado para luego acercarme de manera toda bruta a la caja para ver mejor, pero al hacerlo todo me dio vueltas.- Wow... wow...- susurré y sacudí mi cabeza.- Creo que hoy es a mí a quien se le perderá la chancleta.- le susurré divertido, con ojitos achinados y mejillas rojizas.

- WOO TIENEN EL DANGEROUS DE MICHAEL PRIMERA EDICIÓN.- exclamé todo emocionado para sumergirme en aquella caja como en busca de un tesoro perdido.
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Danielle J. Maxwell el Mar Oct 30, 2018 4:32 am

¡EDWARD, EL MOJITOOOO! —Fue lo único que pude decir a tiempo mientras me cogía por la cintura, me elevaba como si fuera un saco de patatas y me tiraba junto a él a la piscina. Evidentemente el vaso de mojito—y todo su delicioso interior—terminó desperdigado por toda la piscina. Y claro, aún no estaba borracha, pero yo ya estaba en modo: se cae el móvil, no pasa nada, se cae tu amigo, no pasa nada, se cae el alcohol… arde Troya. El alcohol era sagrado. ¡Y eso que era gratis!

Al sumergirnos abrí los ojos, viendo como me sonreía con travesura desde ahí, a lo que yo le saqué la lengua antes de coger impulso y salir a la superficie. No hacía pie en esa zona, por lo que como buena hobbit que soy me acerqué al spaguetti que tenía como amigo para agarrarme cual koala a él en aquella zona, mirándole con reproche ante su comentario.

Me lo merecía, por eso te perdono —le respondí divertida, para entonces notar como me empujaba y me retaba a no ser un huevo podrido. —¡Eres un tramposo!

***

Yo quejándome de que Edward me había desperdiciado un mojito pero… ¿cuántos me habría tomado ya? Había perdido la cuenta y eso era algo muy malo, por no hablar de que ya me estaba tomando las copas como si fueran agua y eso es un claro detonante de que te estás pasando. Sin embargo yo me encontraba… demasiado alegre como para darme cuenta de que quizás se me estaba yendo de la mano. ¿Y cómo no estarlo? Acabábamos de ser partícipes de uno de los mejores conciertos a los que he ido en mi vida, habíamos hecho amigos y ahora mismo estábamos en uno de los pubs del mercado internacional que, por la noche, se convertía en otro mundo. En el Magicland tú podías elegir si preferías vivir de noche o de día, pues a cada hora había de todo programado. Aquello era una bestialidad y lo que más me molestaba es que era físicamente imposible que pudieras estar en todo. ¡Tenías que elegir y elegir siempre se me dio mal! Menos con Squirtle, a ese lo elegí bien a la primera.

Ed había aceptado un duelo en donde las balas eran chupitos de tequila y… por favor, qué novatos, se notaba que no conocían a mi amigo. Yo era todavía una noob con el tequila, pero él parecía que había nacido rodeado de tequila o algo por el estilo, pues lo toleraba de una manera abismal. Cuando ganó, yo participé en esa gran ovación, aplaudiendo como una fan incondicional.

Me acerqué a él cuando me dijo que lo hiciera, viendo la cantidad de CD’s que estaban a su disposición. Él se emocionó con el de Michael Jackson, a lo que yo le sujeté fuertemente. —¡ESE UNO, INDUDABLEMENTE! —Afirmé sin pensármelo dos veces, antes de volver a enfrascarme junto a él  en busca de los otros dos mejores. Yo, por mi parte, tenía una debilidad: Daft Punk. Y cuando vi allí el CD de ‘Discovery’, no pude evitar cogerlo, pegármelo al pecho y mirar a Edward con carita de niña buena.

Ah, he de decir que todavía estaba vistiendo el bikini, la camisa de botones con solo un par de botones abrochados—encima mal, pues la camisa estaba descompensada por un lado y por el otro—y unos shorts vaqueros que me había puesto cuando anocheció, pero por el resto estaba exactamente igual que cuando salimos a la tienda. Y es que ya me dirás a quién le apetece volver a la tienda a cambiarse de ropa con el calor que hacía. Y por cierto. Actualización de mi problema de embriaguez: todavía tenía las dos zapatillas en mis pies.

Volviendo a lo que acontecía de los CD's...

¡Este, porfi, porfi, porfi! —Le ‘supliqué’ mientras daba unos saltitos, ¿he dicho ya que estoy como muy borracha? Sí, mucho. —¡Andaaaa! ¡Me encanta Daft Punk! ¡Y mañana vamos a ir a verlos, deberías regalarme este super CD porque eres mi super amigo y me quieres un montón, ¿a que sí?! —¡Chantaje amistoso! ¡Eso siempre servía estando borrachos! —Además, has podido con tanto tequila gracias a mí, que llevamos todo el día entrenándonos en el arte del soportar del alcohol. ¡Y yo te he ayudado, mojito tras mojito! ¡He sido tu compañera fiel! ¡Una sufridora! —Dramaticé después, consciente de que me estaba pasando y, a este paso, hasta podría pedirle dos CD’s, pero seamos sinceros, yo sólo quería el de Daft Punk para ser completamente feliz.

***

Caminábamos tranquilamente por un césped ENORME que, si os digo la verdad, no ubicaba en absoluto. Era nuestro primer día en el Magicland y, para ser totalmente sincera, estaba totalmente desubicada y por saber no sabía ni para qué dirección estaban nuestras tiendas. ¿Que a donde íbamos, preguntarás? Pues ni idea. A decir verdad... estaba caminando a la deriva sin que nada me importase en absoluto. Buena compañía, buen clima...

Debían de ser las dos de la mañana, el cielo estaba totalmente despejado y si mirabas al cielo casi que podías vislumbrar la curva que hacía el Planeta Tierra así, toda perfecta. Sin embargo, empecé a notar que algo estaba raro al sentir mis pies mojados, ¿estaba entrando a una piscina y no me estaba dando cuenta? No estoy tan borracha. Cuando supe lo que era, me limité a tirarme al suelo como si me hubieran dado un disparo, quedándome boca arriba en medio de un húmedo césped.

¡Ed! —Le llamé desde el suelo acostada, para luego elevar mi pie derecho, el cual estaba mojado porque el césped estaba húmedo. —¿Dónde está mi chancla, Ed? ¡He perdido mi chancla y tú no has hecho nada por evitarlo! ¡Me dijiste que lo evitarías! Acuéstate a mi lado —di dos golpecitos en el césped—y reconstruyamos los hechos, que han de ser recientes, para descubrir que ha pasado con mi zapato. Es nuestra oportunidad de descubrir el misterio de la desaparición de mis zapatos, ¿qué acabamos de hacer? ¿Llevamos mucho caminando? La última vez que me miré el pie tenía la chancla, ¿sabes? Y ahora no. No lo entiendo. ¿Hace cuánto que me miré el pie? —Suspiré profundamente, como si  fuera una pregunta demasiado difícil; de examen. —¿A ti también se te mueve el cielo? —pregunté con toda la seriedad del universo, tanta seriedad que no parecía yo. —Qué bonitas las luciérnagas que se quedaron pegadas al techo del cielo... —dije de repente, para entonces comenzar a reírme, cada vez más, en un ataque de risa estúpido al imaginarme a las luciérnagas pegadas al cielo sin poder moverse, gritando como locas. Y todo esto por culpa de la película del Rey León, la única capaz de decirte que las estrellas son luciérnagas. ¡Maldito Timón!
Danielle J. Maxwell
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Edward Westenberg el Vie Nov 09, 2018 2:31 am

Miren de aquí en adelante quiero dejar una cosa en claro, no compitan conmigo en lo que alcohol se refiere, y mucho menos si se trata de tequila porque saldrán perdiendo, así de simple, bueno si aún después de esto quieren insistir  está bien, ilusos hay en todas partes, ya nos volveremos a ver en distintas veredas, yo en la ganadora por supuesto. Y para que vean que no les miento, remontemonos a este preciso momento en que los aplausos y hiphiphurra son todos para mi persona porque unos ilusos quisieron embarcarse en una batalla de chupitos de tequila conmigo, elevé mis brazos como todo un ganador y les agradecí mentalmente  a todas esas noches y compañeros de borrachera con dicho trago que me hicieron un hulk a la hora de resistir su efecto.

¿Y mi súper premio? TRES CDS DE BANDAS O CANTANTES DEL MAGICLAND. Ustedes dirán que mierda de premio mejor un pase VIP, y vale sí que a mí también me hubiera gustado un pase para ver a los Daft punk así de bien cerquita y verme reflejado en sus cascos, pero para un amante de la música como yo, eso de poder escoger tres Cds en una caja que contenía solo ediciones de primera, de esas que uno  puede fanfarronear con otros músicos era oro, oro puro. Es que ni se imaginan qué sentí cuando tuve en mis manos el de Michael Jackson, fue un cariñito para mi vista y alma musical.

Danny se me sumó y los dos nos encontrábamos sumergidos en esa caja como cuales piratas en busca de su gran tesoro. En eso la tejoncita pega un saltó y me mira con un rostro que imposible no derretirse ¿será consciente de lo que produce? Joder. Sonreí ahí bien embobado, en mi defensa ya estaba lo suficientemente borracho para que mis filtros de “hay que ir lento” se fueran a bailar sobre la barra la macarena, hasta que dijo “mi súper amigo” que me mando de un puñetazo, una vez más, a la fila de los friendzoneados, vida cruel. - ¿Ya has terminado?.- le pregunté divertido por todo ese monólogo que se había pegado.- ¿Por quién me tomas? Obvio que ese Cd es tuyo, no necesitabas todo ese monólogo .- le dije llevando mi brazo sobre sus hombros rodeandolos.- Imposible negarte algo, guapa .- agregue depositando un besote en su mejilla. – Joder, por fin mañana los veremos, escucharemos, bailaremos…- dije cerrando mis ojos y sonriendo ampliamente, mostrando todos mis dientes todo feliz.- Y poder cantar a todo pulmón “tururú tururuuuu…turururu, tururuuuu” .- comencé a tararear una de mis canciones favoritas para bailar y sentirme en Marte “Veridis Quo”, mientras inventaba unos pasos todos espaciales hasta que mi mirada pilló otro Cd´s bajo las hondas aguas.- TIENEN EL “ISSUS” DE LOS WAND´S AND GINGERS PRIMERA EDICIÓN .- grité a todo pulmón sumergiéndome nuevamente en esa caja para tenerlo en mis manos con ojos brillantes.

***

¿A dónde estábamos? Ni idea ¿Qué hora es? No sé y no me importa, ahora lo único importante es pasarlo bien junto a la mejor compañía de todas. La noche esta maravillosa, de esas en que más que llamarte a dormir te decía ven, ven y pásalo bombástic. Y así lo estaba pasando, increíble, quería que estos días pasaran lentos, para así disfrutarlos al máximo y no tener que volver a la rutina de siempre, que vale a mí me encantaba mi trabajo y mi equipo pero estoy seguro que tanto ellos como yo preferirían mil veces quedarse acá que atender el caldero un fin de semana.  

Me puse a contemplar la belleza de cielo que nos ofrecía esa noche e inspire profundamente sintiendo una paz que…pegué un salto de pronto al escuchar el llamado de Danny y abrí mis ojos como plato al no verla a mi lado, me di una vuelta toda idiota como un perro que se quiere morder la cola buscándola hasta que la pillé tirada sobre el césped.- NOOOOO, LA CHANCLA .- grité llevándome ambas manos a mi rostro bien dramático, es que era mi misión esa noche y había fallado. Pero miren que se me fue bien rápido mi estado de drama King, ya que cuando Danny me invitó recostarme a su lado fui todo campante a tenderme junto a ella. – Vale, reconstruyamos los hechos .- dije adoptando mi mejor pose de detective investigador de caos misteriosos con magister en chancletas extraviadas.- ¿Qué acabamos de hacer? Creo que bailar junto a un grupo una de Nicki Minaj ¿Llevamos mucho caminando? Hmmm, ¿el tiempo es relativo? Y te miraste el pie…hmmm hace exactamente tres segundos.- bromee soltando una risa, era todo un inservible, ni mi memoria fotográfica me salvó esta vez, es que siempre se va de vacaciones cuando traigo tantos tragos encima. Solté una risa más grande cuando escuché su siguiente pregunta, para luego depositar mi mirada en el cielo.- Sí, ¿están bailando reggeton o qué? ¡Mira esa esta perreando hasta abajo! .- dije entre risas apuntando a una estrella random. Giré mi cabeza rápidamente cuando escuché su última frase.- El rey león, Timón .- le contesté todo serio, como si de pronto hubiera escuchado el llamando de la selva o  como si me encontrara en medio del programa “Pasapalabra”.- “Siempre pensé que eran bolas de gas  quemándose a millones de kilómetros de aquí”…” Pumba, contigo todo es gas” .- le recite en mi mejor intento de imitar las voces de esos sendos personajes para luego estallar en risas.
Giré sobre mi cuerpo, quedando de lado y mirando a Danny, así bien calladito y  quietecito, que si me movía muy rápido todo me empezaba a dar vueltas, me acurruqué más a su lado depositando mi cabeza justo en el hueco entre su hombro derecho y su cabeza.- ¿Crees que será muy maligno quedarnos a dormir acá? Que estoy re cómodo…- susurré cerrando los ojos con una sonrisa en mi rostro hasta que…

- YA SÉ DÓNDE ESTÁ TU CHANCLETA .- grité de repente sentándome de sopetón  y mirando a Danny todo emocionado.- Tu espérame aquí, no te muevas, ni un poquito, eh…1,2,3 congelada .- dije lo último llevando mi mano a su brazo como si esta tuviera poderes para dejar a Danny en su lugar. Me paré a duras penas y rompiendo todos los barrotes de la cordura en esa noche me desaparecí.

[Cinco minutos después]

- ESTABA EN LA CAJA DE LOS CD´S .- exclamé todo divertido y feliz cuando al regresar encontré a Danny exactamente donde la había dejado.- Y mira que he traído conmigo .- le mostré una guitarra que sostenía en mi mano izquierda y que se la había pedido prestada a un chico x, que ya mañana me iba a preocupar cómo devolvérsela.- Edward 1- Chancleta 0 .- moví mis cejas como todo un ganador y le tendí su zapato para luego sentarme a su lado.- ¿Quiere un concierto privado, señorita? ¿Qué tema le gustaría escuchar? Usted solo pida que estamos aquí para servirle .- le dije en un tono todo caballeroso que me hizo reír, para luego desordenarme el cabello como cada vez que me ponía algo nervioso.- Nunca he tocado frente a alguien, sabes. O sea no así.- le confesé dedicándole una sonrisa poco usual en mí, una tímida. – Si me sale fatal tú dime, eh. Para acabar de una vez con esa esperanza que tengo de ser músico.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Nov 10, 2018 4:09 am

Una carcajada salió desde lo más profundo de mi pecho cuando la 'reconstrucción de hechos' de Edward no fue capaz de llegar muy lejos, algo así a dónde llegó también la mía, ya que no aporté en absoluto nada. Si os digo la verdad: no tenía ni idea de cuándo había pedido la chancla y es que cuando perdía un zapato mi mente lo olvidaba por completo, como si fuera una especie de consecuencia de hacer el subnormal. Aún no sé si es que me quito yo el zapato, me lo quitan o es que camino como una idiota y se me queda atrás.

Te dabas cuenta lo bien que encajabas con una persona cuando dices alguna estupidez y él te sigue la corriente, o cuando te expresas de puta mierda y él aún así te entiende o, en este caso, cuando dices una frase típica de una de tus películas Disney favorita y el otro la sigue.

Sí, definitivamente eres tú el de los gases —respondí divertida cuando, en nuestro improvisado teatro de Timón  y Pumba, yo me había cogido el rol de Timón ignorante de las estrellas. Y estaba claro que Edward era el ganador de nuestra amistad en cuanto a eructos bien hechos. No tenía nada que hacer a su lado ni tomando Coca Cola. —¿MALIGNO? Yo creo que es la mejor idea que has tenido hoy después de haber aceptado aquel reto de chupitos, de haberme regalado ese fantástico disco de Daft Punk, de haberme convencido de beber vodka porque según tú si bebo suficiente vodka como para eclipsar al ron del mojito la mezcla no me hará daño... —Y cerré los ojos, bajando lentamente el volumen de mi voz. —¿Soy solo yo quién nota este césped tan cómodo como la cama misma?

En esos cinco minutos pudimos desvariar mucho, desde hablar de las formas de las estrellas y de si los astrólogos estarían tan borrachos cuando 'descubrieron' esas formas en las constelaciones, por no hablar de ese momento en el que nos dio por hablar de cómo hacemos caca. Porque todos sabemos que en una relación de amistad hay una barrera que en algún momento hay que traspasar: el cómo hacer caca y admitir abiertamente cuando uno habla con el otro por WhatsApp mientras hace caca. Y es que yo, Danny Maxwell, ahora mismo tenía un poco de caca.

Y estando borracha no tenía filtro y se lo había dicho. Y claro.

¡PERO DEJAMOS DE HABLAR DE CACA, YA QUE ÉL PARECIÓ RECORDAR EN DÓNDE ESTABA MI CHANCLA! Me erguí rápidamente a la vez que él, con ojos brillosos. Me fui a levantar, pero a medio camino me caí hacia atrás por la inercia de mi culo y, para entonces, ya Ed se había ido, dejándome allí con un césped cómodo, constelaciones sin sentido y con ganas de hacer caca. En realidad no tenía tantas ganas de hacer caca, pero era divertido hacer drama por ello.

Hace un rato, en el momento en donde perdí la chancla.

¿Que qué? —pregunté a Edward, quien me hablaba, sintiendo que me picaba muchísimo el dedo gordo del pie izquierdo. Algo me estaba diciendo, pero yo me agaché para rascarme el pie, levantándolo para hacérmelo más fácil. —No lo entiendo. —¿Qué me estaba contando? No entendía nada. Entre que me picaba montón y que había usado la palabra "papiroflexia" y mi cabeza solo pudo imaginarse a un patito hecho de papel, revoloteando en el limbo de mi mente ebria. Y claro, dentro de esa concentración suprema entre hacer caso a Eddie, intentar apartar ese patito de papel bailando en mi cabeza y buscar la manera de que el dedo dejase de picarme, decidí la opción más lógica: quitarme al chancla y arrastrar el dedo gordo contra el suelo para rascármelo. Sujeté la chancla con mi mano y, en mitad de ese tactogasmo al rascarme el dedo gordo del pie izquierdo—en el cual puse los ojos en blanco y todo—me apoyé en la caja de CD's y sin querer dejé caer la chancla en su interior.

Claro que, estaba tan a gusto descalza en ese momento, que ni me di cuenta de que había perdido—para variar—de nuevo uno de mis zapatos estando borracha. Y yo me pregunto: de verdad, ¿por qué le doy tan poco valor al calzado? ¿En qué momento me hicieron algo los zapatos?

El caso es que actualmente no me acuerdo de absolutamente nada de eso. Es por eso que cuando Edward llegó un ratito después y me dijo en donde se encontraba mi tan aventurera chancla, mi cara fue un poema. Podría haber preguntado en voz alta que si mi yo pasada era retrasada y había intercambiado un CD por una chancla, pero al verle con una guitarra EVIDENTEMENTE no pude evitar mostrar toda mi atención en eso. Se sentó a mi lado, a lo que yo me crucé de piernas, poniéndome justo en frente de él.

¡Oh, oh! ¡La de 'Wonderwall'! —Esa la sabía tocar todo el mundo. —¡No, no! ¡Lo retiro! ¡La de 'Why you only call me when your high', de los Arctic Monkeys! ¡Me encanta los Arctic Monkeys! —Sonreí, para entonces arrugar el ceño por su comentario idiota. Quizás, si hubiera estado sobria hubiera hecho otro comentario, pero estando ebria mi honestidad salió por todos mis poros. —Aunque se te de pésimo, si es tu sueño tienes que llegar hasta el final, Eddie Westenberg. —Y le di un golpecito en el muslo, que tenía justo delante, como advertencia. —¡Y a menos que te quedes manco, al esperanza es lo último que se pierde!

Alguien debería decirme esas cosas a mí con respecto al quidditch o al final sí que iba a pasar de largo la oportunidad de conseguirlo. Y era una mierda porque cada vez tenía menos ganas y mas planes diferentes, ¿pero sabes qué? ¡Qué estoy en el Magicland, me la pela!

Tócame... hmmm... —¡Qué mal había sonado eso! Por suerte no solo estaba borracha, sino también era muy inocente. —Venga, ya sé, seguro que te la sabes: 'I want to hold your hand', de los Beatles. Antes alguien la tenía en una de esas dichosas radios portátiles y la llevo teniendo en la cabeza un rato. Te la sabes, ¿no? Oh yeah I tell you somethin'... I think you'll understand... —Comencé a cantar, en bajito. —Yo la canto contigo y así si desafinas le echas la culpa a mi oído de mierda —dije, sonriente.
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Edward Westenberg el Vie Dic 21, 2018 2:45 am

¿Es aquel día podía ser más perfecto? Sí, siempre todo podía ser mejor en presencia de la tejona. Eso era lo mágico y magnético de este ser que se encuentra a mi lado, ser una caja de pandora que sólo traía sorpresas buenas, de esas que te hacen sonreír y sentirte afortunado. Y a eso sumarle esa  libertad que me hace sentir de hacer lo que se me dé la gana, como por ejemplo decir.- Oh, sí.- en modo erupto, cuando fuí nombrado como Edward Pumba, el señor de los gases.  

Me giré para quedar más cerca de ella, acurrucadito y con una sonrisa que ya les digo que no me la quitaran en semanas. Mientras conversábamos de los astros que hoy eran nuestros fieles espectadores, o de nuestra compañera caca que cuando nos falta la extrañamos tanto y cuando viene en abundancia nos pone malitos, yo de paso me detuve a observarla en secreto, cautelosamente, registrando cada detalle en mi memoria, formando su imagen que es diferente a todas las demás y que quiero guardar en mi cabeza, para sonreír cuando las cosas no esten del todo bien. Podía pasar horas simplemente hablando a su lado y riendo de cosas sin sentido y con mucho al mismo tiempo. Dicen que el tiempo corre cuando lo estás pasando bien, pues yo siempre junto a Danny  hago correr al señor tiempo maratones.

Pero de pronto...¡LA CHANCLA!
Del inframundo mi cabeza prende una ampolleta que me iluminó el camino a ese zapatin rebelde. Y en menos de que uno alcanza a decir ¡Aleja a ese Chizpurfle de mi Augurey que me lo infectas! ya estaba de vuelta, la caja de los CD´s había sido la tierra lejana y perdida que había raptado la chancla, pero yo   como cual pirata la había encontrado entre ese mar de discos,  y no solo a ella sino que también una guitarra ¡menudo tesoro que me había topado!

Me senté a su lado y frente a todo pronóstico le ofrecí tocarle algunos temas, jamás había ofrecido un concierto de esa manera a alguien y debía confesar que estaba un poco nervioso, pero sabía muy bien que tan sólo bastaba comenzar a tocar aquel instrumento y cantar para que todos los males se esfumaran. Sonreí radiante cuando le ví buscando la canción que quería escuchar.- No tienes que escoger sólo una ¿sabes?.- le señalé divertido, mientras me volvía  a desordenar el cabello para luego situar mi mano en las cuerdas y empezar a hacerlas sonar sin ningún sentido.  Sonreí aún más cuando escuché sus palabras de ánimo.- Lo es, es mi sueño.- le confesé, me había costado darme cuenta pero ahí me tienen diciéndole en voz alta a portas de tener "mi primer conciertito privado".

Solté una risita y me mordí el labio inferior , negando con la cabeza divertido cuando escuché esa palabra en boca de Danny.- ¿Qué quieres que te toque?.- le pregunté enseguida de manera coqueta, todo menos inocentemente, a diferencia de ella.- Oye, que no sabía que cantas...lo haces muy bonito.- le comenté, y que no mentía, así lo había encontrado. Aunque para ser sincero, creo que en estos momentos de mi vida encuentro todo bonito de Danny,  de seguro la encuentro la más bella hasta sacándose un moco y comiéndoselo después, en ese nivel estoy señoras y señores.

- Pues, venga. Empecemos con The Beatles. Menuda primera elección, de hecho...- hice una pausa y la miré de una manera diferente a las anteriores, como tratando de decirle algo pero sin saber muy bien qué o mejor dicho cómo.- ...representa muy bien un sentir que hace un tiempo llevo trayendo.- confesé una vez más, es que el trago me pone sin filtros, me pone más sincero de la cuenta. En mi defensa, ese sentir podía ser por cualquiera, eh. Con Danny no hablamos mucho de amor, creo que jamás lo hemos hecho, quizás siempre de manera inconsciente quise evitarlo, no lo sé. ¡PERO BASTA YA DE ROLLOS MENTALES, A LO QUE VENIMOS!.- Y aquí va...1, 2, 3, y...

I Wanna Hold Your Hand - Acoustic version= Ed version jiji:


Y así comenzaron a sonar los acordes, la voz salió de su escondite y la canción comenzó a tomar vida propia. Era curiosa su elección pero mágica al mismo tiempo, porque ganas nos me faltaban de decirle que me gustaría me diera la mano y nos fuéramos a recorrer el mundo, porque simplemente ya no puedo ocultarlo más. Además los The beatles era la banda cabecera de mi madre, aprendí a cantar "Oh darling" antes de aprender a hablar. Ok, quizás ahí me paso, pero se entiende la idea ¿no? que sus temas los tengo muy aprendidos, me es muy fácil tocarlos, por lo que mientras cantaba jamás le aparté la mirada a Danny, y no pude evitar sonreír como un bobo cuando ella se sumó con su voz. Que ganas de besarla en este preciso momento, pensaba para mis adentros como un gran bucle.

La canción terminó y me quedé mirando en silencio, con una insinuante y coqueta sonrisa, una que esconde palabras y deseos secretos.  Y mis manos comenzaron nuevamente a moverse, así traviesamente, y como a mi el alcohol me pone extremadamente original y desvergonzado comencé a ser un remix de las dos canciones que me había pedido antes de esa maravillosa canción de Los Beatles. Ni siquiera era consciente si esas dos canciones pegaban del todo, pero al menos para mis oídos borrachos la estaba petando. Y para rematar, como esa guinda que deja perfecta a una torta, cerré mi actuación con un tema que habíamos bailado con Danny hace tiempo atrás, esa misma noche en que comprendí que estaba frito, que no había vuelta atrás, y que la palabra amigos me dolía más de lo habría llegado a pensar.

- Tengo claro que no me voy a fijar.- comence a cantar en un intento de español, la había ensayado en casa en mis tardes de procrastinación y la verdad, siendo sinceros pensé que podría sonar más patético de lo que estoy sonando así que ¡enhorabuena para mí y enhorabuena para los oídos de Danny!.-En un chico malo no, no, no. Pa' fuera lo malo no, no, no. ¡Vamos a pararnos y mover la cuerpa.- exclamé, levantandome de sopetón e invitando a la tejoncita a unirse.-Yo no quiero nada malo no, no, no. En mi vida malo no, no, no.- cantaba junto a pasos improvisados, ella se sumo a mis baile de cierre.- Pa mala tú, Daniela.- le dije entre risas acercándose bastante a su rostro , mientras pensaba lo jodidamente sexy que sonaba su nombre en español, bueno también en inglés, y de seguro también en alemán.- Pa malo yo.- terminé junto a unos rasgueos todos rockeros y sandungueros, una mezcla explosiva. Hice el ademán de romper la guitarra como cual rockstar pero me detuve a centímetros del suelo.- Ok, eso no que la tengo que devolver.- terminé por decir entre risas para dejar la guitarra en el césped y acercarme a Danny, nuevamente a una distancia bastante pequeña, casi imperceptible.

- De los conciertos bilinguesss te hice.- le señalé divertido.- ¿Y?.- le pregunté mordiéndome el labio y clavando mis mirada en la suya.-  ¿Qué te ha parecido?.- le pregunté con ojos curiosos, tan curiosos que los muy rebeldes se fueron por otros rumbos, incitados por la escasa distancia y el alcohol ingerido. Bajando por su rostro, deteniéndose en su boca, luego en su cuello para terminar por toparme con unos botones que pedían a gritos ser bien puestos.- Hey...- susurré bajito llevando mis manos aquel sector.- ¿Te has abrochado esto con los pies?.- le pregunté entre risas, para desabrocharlo y volver abrocharlo correctamente, el calor que desprendía mi piel al sentir el roce con la suya era la de alguien que se encuentra bajo el intenso sol de áfrica, derritiéndose. Cuando terminé se arrepentí de haberlo hecho, ya que mis verdadera intenciones tenían esa camisa fuera del panorama, pero debía controlarme, respirar...pero joder, me estaba costando mogollon. La volví a mirar y le sonreí.- Ya esta, ahora esta perfecta.- terminé por decir acercándome un poquito más, sólo un poco. Esperando cualquier señal, por mínima que fuera para terminar esa distancia tortuosa.

Cuando de pronto unas explosiones sonaron en el ambiente, desvié mi mirada hacia un costado, miles de fuegos artificiales bailaban en el cielo, enorme figuras de dragones y criaturas mitológicas adornaban las estrellas, era una espectaculo épico. Me reí.- Creo que el día de hoy he visto más fuegos artificiales que todos los años nuevos de mi vida.- dije divertido, para luego volver a mirar a Danny.- Hablando de año nuevo ¿tienes algo pensado para este? podríamos hacerlo algo juntos...
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Danielle J. Maxwell el Dom Dic 23, 2018 10:07 pm

Mira que yo nunca había sido una fan incondicional de The Beattles, pero debía de admitir que habían canciones que eran sencillamente épicas en la historia de la música y que continuaban siendo así de geniales a lo largo de las generaciones. Y esa canción era una de ellas. La verdad es que había dicho esa porque hace un rato, en la caja en donde se quedó mi zapatilla, había un vinilo de The Beattles, pero no esperaba que esa canción siendo tocada por Edward me dejase tan estúpida. Y digo estúpida porque me sentía en mitad de una nube, viajando a través de la letra de aquella canción y no encontrando muy bien el momento en el cual unirme. Me metí en mitad del estribillo, con voz suave y tranquila, buscando la manera de no romper lo bien que le estaba quedando aquel cover a mi amigo. Al final le acompañé hasta el final con mi voz, mirándole y sin darme cuenta de que probablemente  mi rostro estaría totalmente rojo de la vergüenza. Y no precisamente por cantar, sino por cantar eso sin apartar la mirada de él y sintiendo que la letra era más que una simple letra.

Continuó con un rémix de dos canciones, haciendo que ambas encajasen a la perfección entre ellas. Sin embargo, lo mejor fue aquel cover tan divertido de aquella canción latina de Lo Malo, canción que había declarado que yo no sé español ni voy a aprenderlo nunca en la vida. Pero a él la pronunciación se le daba de maravilla. Así que cuando se levantó con la guitarra, yo le imité y me puse a bailar, dándome igual hacerlo mal, bien o catastrófico, pues por mucho que una parte de mí no quisiera hacer ‘el ridículo’ frente a Edward, otra parte mucho más cómoda sabía que podía hacer el ridículo más ridículo frente a él que nada cambiaría. Y me encantaba eso. Así que descalza, con una camisa mal abotonada y dándome igual el frío que pudiese hacer, bailé como si estuviese en mitad del mejor concierto del Magicland, ¿y acaso no lo estaba?

Daniela —repetí cuando se plantó delante de mí, mirando hacia arriba, en busca de sus ojos. —Pa’ malo tu, Eddie —añadí, viendo como se separaba para hacer el típico movimiento de rock de romper tu guitarra contra el suelo. Bueno, casi. Aunque si os soy sincera, pensé que lo iba a hacer.

Dejó la guitarra sobre el césped con cuidado, acercándose de nuevo a mí. Y por regla general me ponía muy nerviosa que se me acercase de aquella manera, pero ahora que estaba muy borracha, sentía nervios; unos nervios diferentes. No eran nervios por no saber qué hacer o no saber cómo hacerlo, sino más bien nervios en la barriga, como un cosquilleo que quería ser saciado pero una no sabía cómo gestionarlos.

¿Qué me va a parecer? He sido la privilegiada que ha podido ser partícipe del primer concierto del aún no famoso Edward Westenberg. Deberías firmarme un autógrafo en plan super primicia y así cuando seas rico y famoso cobro un montón por él porque fue el primero de todos —dije, mostrándole una sonrisa. —Iba a decir que me quedaba con ‘Lo Malo’, pero me estaría llevando por mi inexistente parte latina. Me quedo con la de ‘I wanna hold your hand’. —Y, pese a que quería cogerle la mano en ese preciso momento, mi timidez más extrema me lo impidió al ver cómo me miraba. Y os podréis imaginar mi cara cuando Edward me desabrochó la camisa para volver abrocharla bien. Y es que por muchas bromas que se me pudiesen ocurrir en aquel momento, mi cuerpo estaba en modo tímido-shock, sin ser capaz de hacer nada más que mirarlo y hacer que esos cosquilleos siguiesen haciéndose cada vez más grande, sobre todo cuando me tocaba sin querer, ¿qué narices me pasa?

Pero llegó un momento en el que supe que era. Cuando terminó de abrocharme la camisa no se fue, sino que se quedó ahí, frente a mí, prácticamente pegado a mí. Yo alcé la mirada para encontrarme con sus ojos, no sin antes encontrarme con sus labios. Y sabía qué era lo que me estaba pidiendo el cuerpo, por muy borracha que estuviese. Me lo llevaba pidiendo ya tiempo, en realidad, pero nunca me lo había puesto tan claro, tan fácil y… tan cerca. Y ambos estuvimos en silencio unos segundos, mientras nuestras miradas danzaban entre los ojos y labios ajenos, quizás pidiendo permiso, o quizás pensando si era mejor pedir perdón.

El problema fueron los fuegos artificiales, que hizo que ambos mirásemos hacia ellos. ¡Y jopé, nunca me había sentido así! Pero tuve la sensación de que la interrupción sólo me había dado decepción y en absoluto alivio. Edward se puso a hablar de los fuegos, e incluso de año nuevo pero… yo no le estaba prestando mucha atención. De hecho, cuando volvió a mirar hacia mí, lo observé durante unos escasos segundos y reuní el valor necesario. Sujeté sus manos con las mías suavemente y miré hacia arriba, directamente a sus ojos.

...déjame probar una cosa. —Le pedí permiso, ignorando todo lo que había dicho, bajando la mirada a sus labios. Cerré los ojos y mis pies se pusieron de puntillas por sí solos, uniendo sus labios con los míos, en un beso tímido en donde los labios buscaban tantear el terreno y eran los mismos que limitaban el ir más allá, cohibidos por vergüenza, inexperiencia o quizás un posible rechazo. Sin embargo, fue suficiente como para sentir como aquel cosquilleo en mi interior se hacía más grande, pero a la vez agradable. Como si aquellos nervios desaparecieran y dieran paso solo a la parte buena. Me separé entonces de él, abriendo los ojos con un rostro cargado de incertidumbre, dándome cuenta en ese momento de que había entrelazado mis dedos con los de él y que sujetaban fuertemente sus manos.
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Edward Westenberg el Lun Dic 24, 2018 1:39 am

Mientras le cantaba a Danny recordé las innumerables veces que tanto mis padres, o amigos me habían pedido hacer eso mismo y siempre recibieron la misma respuesta negativa de mi parte. Yo jamás me he destacado por ser alguien tímido, por lo que no era eso lo que me impedía hacerlo sino que hasta el momento veía mi relación con la música tan íntima que jamás veía la posibilidad de abrir ese espacio de mí hacía otra persona.  Y quizás hayan sido los años que han aumentado mi deseo por la música, tanto de llegar a extrañarla más de la cuenta este último tiempo que me hizo dar este paso más allá, pero en el fondo mientras mis ojos se encontraban hipnotizados por lo de Danny me dí cuenta que con ella quería compartir muchas cosas de mí, quería pese a ya saber bastante cosas de su vida ir más allá, y embarcarme en un viaje junto a ella sin retorno, en donde pudiéramos compartir tanto nuestras victorias como fracasos.

Al final termine cantando todos los temas que me había pedido más un bonus track de mi parte, instaurando el momento latino de la noche que me hacía mucha gracia, y sonreí ampliamente cuando le escuché hablar en español acompañándome una vez más en mi canto. Y realmente puse todo mi esfuerzo para registrar este momento, cada detalle, cada mirada, cada sonrisa y palabras cantadas, quería guardarlo en la caja de momentos realmente felices y épicos, de esos que uno vuelve siempre cuando necesita un impulso para seguir, para decirse vale, la vida a veces es muy, pero muy bonita.

Deje la guitarra en el césped y me acerqué nuevamente a ella, casi por inercia y otro tanto por necesidad, una necesidad intrínseca de sentir su cuerpo cerca del mío, de querer romper de una vez por todas esa barrera entre los dos que al menos de mi parte hace mucho había desaparecido. Pero me controlé, y me he controlado por mucho tiempo por la vana razón de temer a perderla tanto como el deseo que tenía de besarla, dos sentimientos que luchaban en mi interior como cual final de boxeo. Pero mi mirada se negaba a mentir, mi proxémica se negaba a pasar por alto el hecho de que mi piel hace mucho quería fundirse con la suya.

La sonrisa y mirada que aparecieron en mí al escuchar que le había gustado el concierto que le había hecho de seguro competía con el Lumus más fuerte del mundo mágico, me ponía muy feliz saber que le había gustado y no sólo eso sino que pensará que tenía aunque fuera un poquito una posibilidad de tener un espacio en el mundo de la música, era muy reconfortante escucharlo de sus labios. Labios que podría describirlos con toda la precisión de tanto que me los estaba comiendo con la mirada.- Que bueno que te ha gustado, me alegra mucho escucharlo.- le dije bajito, para no romper ese espacio tan íntimo que habíamos generado en una campo enorme con millones de personas a nuestro alrededor, pero que ahora no existían porque el otro era mucho más importante que todo lo demás.

De pronto algo en su camisa llamó mi atención y me hizo desviar la mirada hacía esa zona, que se encontraba pésimamente abrochada y yo con toda la naturalidad del mundo llevé mis manos hacía sus botones y de manera pausada los desabroche para luego volver a unirlos y dejarla bien puesta. Cuando volví a alzar mis ojos en busca de los de Danny me tope con una mirada distinta, una que jamás había visto en ella y que me impulsó a acercarme un poco más, observé cómo se detenía en mi boca y sentí como esta comenzaba a cosquillear deseosa de ir por la boca de la ex tejona, en busca de algo que hace mucho quería. La miré pidiéndole permiso en silencio, tratando de encontrar en ellos ese pequeño empujoncito que necesitaba para de una vez por todas cortar toda distancia existente entre los dos, y estaba en esa espera, en esa incertidumbre cuando los fuegos artificiales llegaron a cortarlo todo.

Yo todo idiota comence a hablar de ellos, y de los posibles planes a futuro, ignorando por completo que Danny estaba bien ajena a mis palabras, sino que estaba en una batalla que desencadenó en nuevamente una mirada que me dejó hipnotizado, ¿Será posible que...? comence a preguntarme, pero no alcance a terminar de formularme la pregunta completa ya que ella fue más rápida, tomó de mis manos y tras decirme unas palabras que no logré a entender del todo se puso de puntillas y unió sus labios con los míos, en un beso tímido, dulce y tan corto que no logré responder como hubiera deseado por el estado de shock en el que me encontraba, y no fue hasta que sentí sus labios alejarse que me dí cuenta que no quería que lo hiciera, que no quería dejar de sentir su boca sobre la mía, y la mía sobre la suya. Le sonreí embobado, para luego liberar una de sus manos depositandola en mi cintura para llevar la mía a su rostro y acariciar su mejilla dulcemente para luego de manera pausada ir acercándome nuevamente a su boca. La mayoría quizás iría como una caballo desbocado hacia la boca ajena, pero yo no deseaba eso, quería ir lento, para poder saborear detenidamente la boca de la tejona, recorrerla lentamente para poder disfrutar de mejor manera. Empecé a repartir pequeños besos, que iban creciendo en intensidad, me acerqué aún más si era posible en una necesidad de sentir nuestro cuerpos unidos y le mordí ligeramente su labio inferior para poder darle paso a mi lengua, quien fue en busca de la suya pidiendo permiso para ir más allá, para probar aún más de ella, y cuando ambas se encontraron sonreí, en ese momento estaba seguro que era la persona más feliz del Magicland. Pero no perdí más tiempo en pensar en nada más que no fuera Danny, y aquel beso que hasta entonces era más bien pausado comenzó a tomar mayor intensidad, aumentando mis deseos que hasta entonces se habían encontrado reprimidos.

Hasta que...- ¡MI GUITARRA! ¿QUÉ HACE ACÁ?.- escuché gritar a nuestra espalda, no le hice caso en un primer momento hasta que sentí que alguien se acercaba a nosotros.- ¡HEY! ¿Ustedes saben que hace mi guitarra acá?.- esa pregunta fue como un puto cable que te hace volver de sopetón a la tierra.- Charlie, dejalos, estas armando un espectaculo, basta. De seguro no saben nada.- dijo una voz de mujer mientras yo me separaba de MUY mala gana de Danny para mirar a nuestros nuevos acompañantes de la noche. Miré a un costado y ví a un chico con una chica acercándose a nosotros, el mago con la guitarra en la mano y con un rostro de perro rabioso, no había que ser adivino para darse cuenta de paso que estaba borracho, muy borracho, pero de esos molestosos y mala leche.  

- Les he hecho una pregunta, ¿saben qué hace mi guitarra acá? Porque es mía, MÍ-A.- deletreó pobremente el hombre, porque en verdad se escuchaba más un MGLIA, que mía, que era lo que suponía que quería decir.- Dice, Charlie a un costado, miren...- les dijo de manera molesta acercándose a ellos, y mostrándole el lugar donde efectivamente decía ese nombre. Me puse delante de Danny y alce mi mano para evitar que se siguiera acercando, mientras que la otra seguía tomado con la de ella.

- Hey tío, tranquilo...- comence a decirle, mientras la chica que iba con él se veía bastante cabreada.- Charlie basta, ellos de seguro no saben nada de tu puta guitarra.- miré a Danny y le puse una mueca de no estar entendiendo nada. Ya que él no había sido quien me había prestado la guitarra, de hecho había sido otro chico bastante simpaticón.- PERO ES MI GUITARRA, BERTHA. LA QUE ME REGALÓ MI ABUELO Y ESTABA EN UN CÉSPED GANANDO FRÍO, ¡MI GUITARRITA!.- exclamó el hombre como un niño pequeño abrazando a su juguete favorito. La chica rodeó los ojos y se nos acercó.- Miren chicos, lo siento, de verdad. Por cortarles el rollo y todo, se le ha perdido su puta guitarra todo el día, y siempre hace el mismo escándalo. De verdad, lo siento mucho.- nos dijo cabreada y algo avergonzada por el accionar de lo que fuera ese chico para ella.

- Tranqui, no te preocupes. ¿Tú estás bien? Digo, a su lado ¿estás bien? .- le pregunté dedicando una fugaz mirada nuevamente al mago que estaba en un patético intento de hacer sonar la guitarra, fruncí el ceño y volví a mirar a la chica.- Sí, estoy bien. Es sólo que cuando está borracho se pone idiota, pero lo sé manejar. Gracias igual por la preocupación, y lo siento nuevamente, de verdad.- dijo esta vez dedicándome una mirada a mí y a Danny, para luego voltearse y de manos en la cadera acercarse a "Charlie".- ¡DEJA DE INTENTAR TOCARLA QUE LE ROMPERÁS NUEVAMENTE LAS CUERDAS Y MAÑANA ANDARAS LLORANDO!.- solté una risita al ver ese panorama que aún no entendía del todo para girar nuevamente hacia Danny divertido por lo que acababa de ocurrir.- Lo mejor es que nos vayamos ¿no?.- le pregunté, pero sin esperar su respuesta le abrace de la cintura y me aparecí junto a ella en el lugar que sería nuestro hogar por estos días.

Cuando nos aparecimos en conjunto comence a reír y llevé mis manos al rostro sin entender aún qué era lo que acababa de pasar.- Te prometo que me la habían prestado, pero al parecer no era de él, imagínate hubiera llegado a romper... ¡SU GUITARRA!.- imité al chico y como abrazaba su guitarra como si fuera su bebé. Y vale, que yo también quería de sobremanera mis instrumentos, pero no por eso dejaba de resultarme cómico todo lo que había pasado.

Pero cuando las risas comenzaron a apaciguarse, y el ambiente de a poco volvió a cobrar esa densidad que hace no más de unos minutos había tenido, fue que  empecé a acercarme nuevamente a Danny, los primero en acercarse fueron mis dedos que se entrelazaron con los de ella, y de a poco me fui acercando más y más, sin apartar jamás mi mirada de la suya, hasta quedar nuevamente frente suyo.- ¿En que...estábamos...antes de...esa fatídica interrupción?.- le pregunté en susurros, y mientras lo iba diciendo mi boca iba rozando sutilmente la suya, pequeños roces, de esos que que provocan querer más, al menos a mí me hacían sentir así.- Oh, ya recordé.- terminé por decir antes de volver a besarla.


Última edición por Edward Westenberg el Mar Dic 25, 2018 7:21 am, editado 3 veces
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Danielle J. Maxwell el Lun Dic 24, 2018 3:34 am

Claro que no, claro que no me esperaba tener lo que se había que tener para besar a Edward, ni mucho menos me esperaba sentir lo que sentí. Arrepentimiento no sentía ninguno, sino más bien coraje y alivio porque sabía que era exactamente lo que necesitaba para que todo lo que tenía en mi interior explotase. Es por eso que cuando me separé de él, en un intento de entenderme y ver si él quería entenderme, supe que no quería haberme separado de ese beso. Así que cuando me soltó una de mis manos y posó la suya en mi rostro, prácticamente me abandoné a él. Volví a cerrar los ojos para sentir sus besos y... me dejé llevar, subiendo una de mis manos hacia su cuello a tiempo de hacer aquel beso más pasional e intenso.  

Así que cuando apareció aquel hombre preguntando por su guitarra, yo me separé hacia atrás avergonzada, ignorando un poco todo lo que decía. Había bajado la mirada al suelo, me había llevado una de mis manos a los labios y había sonreído como una idiota mientras aquel tipo seguía intentando buscar guerra por aquella guitarra. No fue hasta que Edward se puso delante de mí, que reparé en aquellos dos individuos y lo problemático que parecía uno de ellos. Por suerte Ed dejó de lado cualquier tipo de conflicto, ofreciéndole incluso ayuda a la chica por si aquel tipo además de ser problemáticos con desconocidos, lo era con ella. Me pareció un gesto super tierno, aunque yo no dije nada porque de verdad que creía que el beso de hace un momento me había dejado sin habla real.

Me limité a asentir cuando dijo que lo mejor era irse y... ¡te juro que no me salían las palabras! ¿Qué era, vergüenza? Definitivamente, debería ser que TODA mi timidez de ameba retrasada había salido a la luz ahora mismo, tras ese contacto que me había roto por dentro. Y es que... todavía estaba asimilando el beso que me acababa de dar y que por un momento me evadió hasta del Magicland. Y todos sabemos que si un beso te evade del Magicland es que debía de ser demasiado mágico. Podría decir que me dejó sin respiración, pero siendo justos creo que el nivel asciende a me dejó sin habla. Y es que mírame, si es que parezco subnormal. ¿Hola? ¿Puedes decir algo? ¿Patata?

Cuando imitó al tipo tuve que reír, pero como ya he dicho, no dije nada porque... porque... en serio, poneros en mi situación: ¿¡qué digo!? Para colmo—y sin ninguna queja por mi parte—volvió a acercarse con esa mirada hacia mí y claro, no sé, ¿era normal, no? ¿Esa mirada no era normal que te dejase sin habla? ¿Por qué me mira como si estuviese mirando a Angelina Jolie? Y cuando sentí su respiración uniéndose con la mía y sus labios de nuevo tan cerca, es que... sólo pude sonreír antes de sentir como sus labios atrapaban los míos. Y... no sabía qué había detrás de todo esto, pero solo sabía que me encantaba. De nuevo me puse de puntillas para devolverle el beso, posando mi mano libre en su pecho. Y mientras le besaba quise pensar en una cosa, pero no pude. Te juro que no podía. Es por eso que en cierto momento me separé y lo miré a los ojos, con una mirada cargada de duda y brillo. Fue en ese momento en el que supe que debía de decirle una cosa importante, una cosa que no quería que diese por hecho o... que no supiese. Es por eso que sin pensarlo dos veces—por motivos de que estoy alcoholizada—me salió en el alma decir lo siguiente:

Creo que me gustas —dije, sonando más inocente que nunca, con una ternura cargada de inexperiencia. Y es que era la primera vez que le decía eso a una persona.

Porque a las croquetas se lo decía todos los días.

Al día siguiente

Abrí un ojo y me dolió la cabeza. Abrí el otro y... me seguía doliendo la cabeza, ¿qué esperaba, que al abrir el otro dejase de dolerme o qué? Oh, madre mía, maldita resaca. Menos mal que había traído la poción milagrosa anti-resaca. Yo la llamaba "la revitalizadora de neuronas destrozadas" pero en verdad no hacía eso. Cuando me ubiqué en la vida me di cuenta de que no estaba en mi cama, sino en la de Edward y que... ¡le estaba abrazando! Ambos estábamos vestidos, sin taparnos ni nada. Me hubiera escandalizado por estar allí abrazando a mi amigo, pero es que Edward olía tan bien y era tan suave y...

¡Espera!

¡NOS HABÍAMOS BESADO!

Y no solo eso, no. Nos habíamos besado, luego le había dicho que me gustaba y luego habíamos seguido besándonos. Y no sé en qué momento, terminamos durmiéndonos. En aquella situación, en ese momento, miré a Edward, poniéndome roja como un tomate al recordarnos... Y es que, madre mía. Giré cual croqueta hasta sentarme en la cama y levantarme, sintiendo como el mundo se movía en mi propio cerebro, de un lado para otro, como si fuese una pelota de ping pong de un lado hacia el otro se tratase. Fui a beber agua tras notar toda mi boca reseca, busqué la poción para la resaca y la serví en dos vasitos. Me senté en mi cama, bebiéndome mi vasito mientras sujetaba en la otra mano la de Edward.

Edward —le llamé desde mi cama.

Mira tú, yo que romántica. Ayer nos besamos, le digo que me gusta, me levanto abrazada a él pero... en vez de levantarle con un besito, me levanto de la cama y le llamo de lejos. Yo, que soy así, sencilla. Lo siento, yo tampoco me entiendo, ¿vale? ¡Pero te juro que ahora mismo tenía mucha vergüenza encima! ¡Jopé, que era mi amigo! ¿Y ahora que se supone que tengo que decirle? "Hola, perdón, te levanto desde mi cama a grititos porque soy una ameba, pls, quiéreme tal y como soy." Solté aire lentamente.

Eddie, levanta —añadí, sin saber qué decir.

Es que estaba desubicada, ¿vale? No sé como va la vida después de besar a tu amigo, decirle que te gusta y dormir abrazada a él. A lo mejor ayer me dijo que yo no le gusto y yo no lo recuerdo, ¿vale? O no sé. La vida era incierta. La verdad es que no sabía ni qué maldita hora era, pero yo solo quería que Eddie se despertase y ver su reacción.
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Edward Westenberg el Lun Ene 07, 2019 12:14 am

Cuando nos aparecimos en donde nos estábamos quedando todo me daba vueltas, y no sabría decir si era por todo el trago ingerido hasta ese entonces, o porque lo que acababa de ocurrir. Es que cuando ocurren esas cosas así de inesperadas, uno como que pierde el equilibrio, todo se desestabiliza, pero en el buen sentido.  Y por más que mi primer impulso fue lanzar una broma sobre la guitarra y su dueño loco, en el fondo lo único que quería era volver a besarla, era saber que aquello no sólo había sido producto de las circunstancias en donde todo se ordenaba para crear el momento perfecto, sino que podía volver a ocurrir, y no sólo una, ni dos, ni tres veces, sino que muchas más.  Es por eso que no tarde en deslizarme nuevamente hacía ella, y corroborar lo mucho que me sentía a gusto estando así, y quizás mi rostro no contenía una sonrisa, pero todo mi interior si lo hacía, estaba saltando de felicidad.

Cuando se separó la miré curioso, intentando descifrar esa mirada que ahora se encontraba sobre la mía, y por una fracción de segundos tuve ese miedo irracional al rechazo, e irme a base de palabras nuevamente a ese lugar desolado llamado friendzone y que a estas alturas ya era su cliente habitual. Pero no, no pasó aquello sino que todo lo contrario. Y fue bonito, jodidamente bonito escuchar esas palabras salir de la boca de Danny, y me prohibí a mi yo de mañana olvidar ese momento, dejándolo enmarcado en la pared de recuerdos inolvidables. Y sonreí, no pude verme pero estoy seguro que era una sonrisa de embobamiento mundial, de esas que te llegan a achinar hasta los ojos. Me acerqué a ella, en un intento de seguir provocando esa distancia nueva que ahora se encontraba entre los dos, y la miré a los ojos sonriente.- Yo no creo que me gustes, lo sé. Me gustas mucho, tejoncita.- le dijo antes de volver a unir su boca con la de ella.

Y no sabría decir cuando tiempo exacto estuvimos allí, ni tampoco podría decirles cómo es que acabamos los dos acurrucados en la cama, pero así fue. Pero lo que sí recuerdo es que me quedé dormido con una sonrisa, de esas que se quedan ahí como tatuadas en tu rostro por mucho tiempo.

***

Ahí me encontraba yo entregado por completo a los brazos de Morfeo, abrazando la almohada con la boca abierta. Sin ser consciente de todo el movimiento que ocurría a mi alrededor, es que yo soy de esos que podía pasar un elefante sobre mí y yo ni me entero, es que si se va a dormir yo duermo, y dándolo todo, soy todo un profesional en aquel oficio. Es por eso que  tardé un tiempo en descubrir que esa voz lejana y distorsionada que escuchaba en mi sueño sobre una multitud de personas con camisas blancas, no era parte de el sino que venía del exterior, de ese lugar donde las personas no tienen los ojos del color del arcoíris mientras cantan we are the world – no juzguen a mis sueños, ni yo los entiendo- primero solté un sonidito, en un intento de decirle al mundo denme cinco minutos más, sólo cinco minutos. Pero a medida que comencé el aterrizaje al mundo de los despiertos, mi cabeza que ahora me pesaba un tonelada, me hizo comenzar a recordar cosas…por inercia y aún con los ojos cerrados mi cuerpo busco el cuerpo ajeno, ese que tan cómodamente me había quedado dormido abrazándolo, y cuando no lo pillé, abrí los ojos y me giré de sopetón en la cama.- Ouch.- me quejé por mi tan brusco accionar llevándome ambas manos a la cabeza.- Mal movimiento, muy malo.- agregué junto a una mueca en mis labios, tenía sed, mucha sed, y me dolía la cabeza, todo, duele, ay. Me senté en la cama, bajando mis pies al suelo. Abrí los ojos de a poco, y me costó enfocar mi alrededor hasta que mi mirada se encontró con la bonita imagen de Danny Maxwell, la miré y en esa mirada pasaron muchas cosas, pero la más importante fue que recordé todo tan nítidamente, tanto que sentí cosquillas en mis labios, como si me estuvieran exigiendo que volviera a repetir lo sucedido anoche, y mirada ganó en intensidad, como al mismo tiempo en incertidumbre. Que vamos, me había dicho que creía que le gusto la noche anterior, pero uno borracho dice  y hace muchas cosas, la verdad venía a la mañana siguiente, cuando despiertas y tu cabeza te hace un recuento de algunos flashes y ahí uno veía si sonreía o se escondía nuevamente en la almohada deseando que la tierra te tragase.

- Hola tú.- le saludé con la mejor sonrisa y mirada coqueta que a esas alturas de la vida podía ofrecerle. Bajé mi mirada y observé que tenía dos tazas junto a ella, una se encontraba hasta el tope por lo que pude descubrir gracias a su color y consistencia que se trataba de una poción para la resaca.- ¿Esa es para mí?.- le pregunté volviendo a clavar mi mirada sobre la suya, y el aire de pronto se volvió denso, como ese momento de una partida de ajedrez que un paso en falso podía costar mucho, o ser muy bueno a la vez. Pero miren, que yo hasta anoche había andado con cuidado por miedo a no ser correspondido y terminar alejando a una de las personas que más cariño le he tomado este último tiempo, pero no me pueden pedir seguir siendo así de cauteloso después de lo ocurrido, que mi deseo en este instante era tener besos de desayuno no esa poción. Por eso no pude evitar que mi mirada bajase a su boca, recordando…y de paso descubriendo que le había quedado un poco de la poción en la comisura de sus labios.  Por lo que sin importarme el martillazo que iba a sentir en mi cabeza por mi rápido accionar, de un movimiento quedé de cuclillas delante de ella.

- Que te ha quedado un poco aquí…- le susurré acercándome a ella como un gato en busca de mimos, llevando mi dedo índice a su comisura y apartando el resto de poción que se había quedado allí, para terminar llevándolo a mi boca.- Hey, que esto sabe a frambuesa, ñamñam.- solté divertido, ofreciéndole nuevamente la mejor de mis sonrisas. Y ahí, nuevamente apareció el señor silencio, no me moví ni un milímetro, y mi mirada seguía clavada en la suya. Inspiré y suspiré profundamente, para luego soltar una risita y bajar un par de segundos la mirada, divertido por la situación.- Yo…eh…bueno, anoche…em…digo que…- balbuceando como un idiota, así estaba yo, un completo idiota. Sacudí mi cabeza en un intento de ordenar mis ideas, pero fue un error, un grave error.- Joder, siento miles de martillos en mi cabeza, bumbumbum. No me dejes tomar más tequila, sé que el es el causante de esta resaca del mal.- solté desviándome del tema monumentalmente, para luego volver a enfocarme tras reír.- Bua, Danny. No sé qué hora es, me duele hasta pestañear y creo que aún estoy algo borracho pero antes de tomarme esto solo quiero decirte que, no sé si recuerdas lo que sucedió anoche, y no sé qué pasa en tu cabeza en estos momentos, pero lo que sí sé es que…a mí me gustó y mucho y…no sé, no quiero que si mi sentir no es muto cambie lo que ya tenemos, ni mucho menos deseo hacerte sentir incómoda, pero lo que te dije anoche es verdad y…- bajé mi mirada deteniéndome en su boca, me mordí el labio.- …y joder, no te imaginas las ganas que tengo de volver a besarte en estos momentos.- pensé en voz alta, sin importarme la resaca, la hora, ni nada.

Ahí mírenme, soltando aquella bomba como si nada, sin rodeos,  pero es que si me iba a rechazar prefería que lo hiciera rápido, sin anestesia, como una bala directo al corazón pero si no…acortemos de una vez esa distancia tortuosa entre los dos por el amor de Merlín y Morgana.
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Danielle J. Maxwell el Lun Ene 07, 2019 3:14 am

A ver, sosiego. ¡Sosiégate!

¿Alguien me explicaba cuáles eran los pasos adecuados para tranquilizarte cuando la persona que te pone nerviosa—porque te ha besado un montón y muy bien la noche anterior—se acerca a ti y te roza los labios para quitarte porquería de poción? ¿Hola? ¿De hecho: hay pasos para este tipo de situaciones tan nerviosas? Yo creía que no. Que no existían.

Y claro, si eso ya había sido en plan: ‘omg’, lo siguiente que pasó pues ya comenzó a generar un calor en mi interior fruto de mi nerviosismos que… sentía que me paralizaba. Pero claro, ponéos en mi situación; os pongo en situación: Ameba, veinte años, cero relaciones amorosas, me creía patata, una vez me besó un chico y fue muy raro. Ahora estoy con una resaca la hostia de grande y el chico que me gusta—y con el que me besé ayer—me está diciendo cosas muy bonitas cuando yo pensé que en realidad podría haber sido un algo que no llevaría a nada más. Y tú dirás: ‘joder Danny, pero si te lo está poniendo super fácil, dile que lo amas y bésale como en las películas’, pero… a mí es que no me salía hacer esas cosas. Tenía un impedimento, de nombre Timidez Maxwell que te juro que me impedía hacer nada de eso. Mi mente lo pensaba, lo razonaba como la mejor opción pero… luego mi cuerpo no respondía, como si el dichoso Timidez Maxwell estuviese ahí, molestándome con su presencia.

La verdad es que era una mezcla entre timidez y vergüenza, pues cada vez que me imaginaba a mí diciendo cosas bonitas me veía super patética. Y claro, en un intento de no hacer el ridículo, pues no lo decía. ¿Tenía lógica, verdad? ¿Por qué soy así?

Así que como un pimiento rojo, al escucharle decir lo último, sólo pude sonreír en un intento de no reírme. Porque te aviso: si me pongo nerviosa, me río. Así es mi mecanismo de defensa. Y venga, no podía forzarme a ser como no soy, así que decidí optar por la manera más natural de decir las cosas: la sincera.

¿No te suena raro decirme eso? —pregunté con sinceridad, mirándolo sin problemas pues estaba justamente frente a mí de cuclillas. —O sea, lo de besarme, digo. —Rubor en mis mejillas. —Pero… por mi cabeza pasan muchas cosas ahora mismo, Ed, en serio. Y la primera de todas es cómo es posible que me hayas dicho todo eso estando de cuclillas, ¿no te duele estar mucho tiempo así o qué? —Será que yo soy un ser débil por naturaleza, pero cuando me paso más de dos minutos de cuclilla mis piernas sufren la ira del demonio, así que di dos palmaditas al lado de mi cama para que se sentase a mi lado.

Y ahora llegaba MI TURNO. El turno en donde debo responder básicamente a las dudas que me ha dicho porque yo soy así de ameba y no sé decir las cosas tan claras como me gustaría. ¿Os imagináis por un momento que fuese tan natural como mis pensamientos? La vida sería muchísimo más fácil. Así que aprovechándome que ahora estaba sentado a mi lado, medio subí una de mis piernas a la cama para girarme hacia él y poder mirarle de frente.

La verdad es que yo llevaba tiempo pensando en si sería una buena idea esto —dije, como introducción. —Es decir, a besarte. Ya nos hemos ido un par de veces de fiesta y… ¿soy la única que notó que algo pasaba estando borrachos? —Sonreí con timidez, mi fiel amigo Timidez. —No sé, mira que soy super ameba para estas cosas pero sentía que algo pasaba y luego por el día lo evitábamos y hacíamos como si nada. Y no sabía si por miedo o porque realmente no había nada. Así que ayer dije: ‘mira, total, estamos borrachos, si Edward no quiere seguro que le podemos echar la culpa a que estoy borracha y todo seguirá estando bien.’ —Y me encogí de hombros, como si esa fuese mi manera de enfrentarme a las cosas estando borracha. Y SÍ, DE HECHO ERA ASÍ. —Pero claro, de repente todo como que fue por la línea positiva, ¿sabes? —Y reí, nerviosa. —El caso es que ayer dije que creía que me gustabas, pero en verdad lo tengo bastante claro aunque ahora sea un manojo de nervios, ¿sabes? Me falta alcohol en las venas. —Bromeé eso último, mirándole a los ojos divertida. —Es que mira que he visualizado este momento muchas veces y ahora mismo me siento super imbécil diciéndote esta cosas.
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Edward Westenberg el Miér Ene 16, 2019 4:19 am

Pese a la resaca desperté contento como quién tiene un sueño bonito, muy bonito, y por más que sentía martillazos y taladros en mi cabeza haciendome BUMBAMCACHABÚM, ahí me encontraba mirando a Danny y deseando en silencio que la única solución a ese dolor que sentía por haberme tomado todo y más la noche anterior fuera otra cosa muy distinta que esa poción. Que vale, sabía a frambuesa, ñami. Pero estoy seguro que la boca de Danny sabe mucho, pero mucho mejor. Es por eso que no dudé en acercarme más hacia ella y estar ahí de cuclillas, confesandole las ganas que tenía de volver a hacer lo de la noche anterior, una y otra y otra vez.

Arrugue mi nariz pensativo, realmente haciéndome la pregunta que ella había hecho a mi mísmo. ¿Me era extraño? pues, a decir verdad no, porque era lo que sentía, antes quizás me hubiera resultado más extraño y tal vez hasta incómodo por el miedo a la respuesta, pero esta mañana, donde el dolor de mi cabeza y al mismo tiempo esa sensación de alegría por lo sucedido la noche anterior, simplemente no me permitían pensar en vergüenzas, miedos, o inseguridades. La vida es hoy, hay que vivir el momento, como tan bien llegó a pensar Quinto Horacio Flaco tantos siglos atrás y que hoy, en pleno siglo xxi yo volvía a ocupar aquello como aval. Pero miren, que yo pensando en el romano ese y no contestando nada. No tardé en aceptar esa invitación de ir a la cama y quedar sentado frente a ella, porque pese a que la posición en cuclillas no me afectaba, no podía negar que esa nueva postura era mucho más cómoda y blandita.- Primero: pues no, no me da vergüenza. Porque hace mucho tiempo me lo vengo callando y ya no quiero seguir haciéndolo.- le confesé ofreciéndole una sonrisa entre coqueta, tímida y traviesa, todo en uno. - Segundo: No, no me molesta estar en cuclillas. Sabes que corro mucho y a estas alturas mis piernas son de hierro.- solté divertido mientras le movía las cejas de manera divertida. - Y tercero: Déjame tomar esta poción que no creo poder seguir armando frases con sentido sintiendo ese PUMPUMPUM del terror en mi cabeza.- dije para luego tomar mi vasito, y como si de un shot de tequila se tratase, tomármelo todo de sopetón.

Abrí los ojos con sorpresa cuando escuché que ella llevaba un tiempo pensando en aquello, y enseguida noté, sin necesidad de mirarme en un espejo, que mi rostro ganaba una mirada y sonrisa boba, como quién ve un hermoso atardecer, o se topa con su canción favorita en la única radio que funciona en plena carretera. La vida en esos momentos me sonreía de par en par. Le negué con mi cabeza su pregunta, aunque me hubiera gustado añadir que por más que había sentido algo entre los dos, sus constantes frases que me mandaban de una patada a la friendzone no me ayudaban mucho para pensar en positivo. Pero me lo ahorré, ya que eso ahora era parte del pasado.- Eso podemos solucionarlo.- bromee sonriente tras escuchar que le faltaba alcohol en las venas.

- ¿Qué dices? no te sientas así, al menos de esta perspectiva...- hice una pausa, me eché un poco para atrás y con mis manos enfoque a Danny.- ...te ves guapísima.- terminé por decir sonriente, para luego bajar mis manos y volver a acercarse a ella.- Ahora, me surgió una duda.- me llevé mi mano a la barbilla para adoptar una pose de gran pensador, para luego sonreír y ponerme más serio, solo un poquito.- ¿Tras lo de anoche sigues pensando que es una buena idea?.- le pregunté clavando mi mirada en la de ella, como si pudiera descubrir en ellos la respuesta que ando buscando.- Bueno...- comencé a decir acercándome más aún.-...yo me ofrezco a refrescar la memoria. A veces uno despierta con lagunas, o no recordando todo nítidamente y para poder responder una pregunta así es necesario en ocasiones, volver a vivirlo de manera más práctica...- le dijo  eso con mi mirada turnándose entre su boca y sus ojos, mientras de manera juguetonamente coqueta iba jugando al juego de "me acercó, me alejó" de su boca, que debo confesar, estaba resultando más una tortura para mí que para cualquier otra persona. Por lo que por fin terminé de acortar la distancia entre los dos, comenzando a darle un beso pausado, de esos que se disfrutan lento y que de a poco van ganando en intensidad, llevé una de mis manos a su rostro, en un arranque de querer sentir más de ella, como la suave piel de su rostro, por ejemplo.

Me separé de ella y le sonreí, mientras pensaba en lo colado que estaba por la rubia que tenía frente a mis ojos.- Me gustas, Danny, y mucho. Y por más que ser tú amigo es grandioso, porque a tu lado todo se vuelve divertido y épicamente memorable, pues...quiero ser mucho más que eso. Y sí, nadie nos asegura que esto puede ir bien, pero ¿sabes? hay cosas por la que vale la pena arriesgarse y tú definitivamente lo vales.- le dije sin apartar nunca la mirada de ella y acariciando su rostro con mi mano.

En eso, se escuchó por toda la habitación el gruñido de mi estomago.- Mira a quién hemos puesto celoso y se quiso hacer notar para que no lo olvides.- bromee divertido para llevarme una mano a mi panza y darle unas palmaditas. Porque señoras y señores, no debemos olvidar que el Edestonny fue mucho antes que el Ednny.
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