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¡OH, MY GOD! THIS IS SO FUCKING AWESOME || Ed & Danny.

Edward Westenberg el Jue Ago 02, 2018 9:48 pm

Recuerdo del primer mensaje :

¡OH, MY GOD! THIS IS SO FUCKING AWESOME || Ed & Danny.  - Página 2 IiOv2vu

Faltando cinco días para mi cumpleaños, junté mis ahorros más un poquito de ayuda de mis padres y Stella para ir este fin de semana por tres días a uno de los eventos más épicos del mundo mágico. Desde que tengo uso de razón, o bueno una razón fiestera, he tenido ganas de asistir. Y hoy, con mis veinte años a la vuelta de la esquina por fin lo había logrado. Meses de esfuerzo, dándolo todo en el Caldero Chorreante habían dado sus frutos y podía darme el gusto de poder asistir un fin de semana completo al festival, tres días con una membresía VIP que me haría gozar plenamente y en profundidad todo lo que Magiland tenía para ofrecerme. Me había pasado horas contemplando las innumerables atracciones que se encontrarán en sus dependencias. Realmente este año estaba que flipas, un evento de alto impacto.

Pero como yo jamás me he caracterizado por ser una persona solitaria, y si tengo tan increíbles oportunidades me gusta compartirlas con las personas que estimo, no dude ni un segundo en la elección de la persona más idónea para ser mi compañera de aventuras durante este fin de semana que a todas luces se veía inolvidable. ¿Quién era esa personita? La única, la incomparable, la supermegacalifragilisticoespiralidosa persona más guay del mundo entero: la tejoncita Danny Maxwell. Le había escrito hace unas semanas para darle mega notición y de paso ver si tenía disponibilidad para esos días.  Y SÍ, tenía disponibilidad, y no solo eso, sino que también las mismas ganas mías de darlo todo durante tres días que prometían la diversión total.

Ahora me encontraba esperándola, mega ansioso. Apoyado en una de las barandas de la escalera que llevaba a los trasladores del evento. Me dediqué a observar a la gente, todos los presentes se encontraban con una sonrisa de oreja a oreja, como si su cuerpo supiera lo que estaba próximo a vivir, algunos más eufóricos pegaban gritos, otros realizaban bailes improvisados o cantaban las canciones de sus grupos favoritos. Suspiré, de las puras ganas había llegado mil horas antes (en verdad quince minutos, pero me gusta exagerar) y ahora me encontraba ahí sentado sin saber qué hacer. Tararee una canción y de paso saqué de mi bolso un cuaderno, hace unos días atrás nos habíamos juntado con Danny a planearlo todo, teníamos un cronograma para los tres días dónde cada hora tenía una actividad más entretenida que la anterior. Nuestro plan era alcanzar a ver y disfrutar lo máximo posible, ahora si lo llegabamos a lograr era algo totalmente diferente, pero al menos hasta el momento sobrio y con sólo un pan con queso encima veía esta planificación totalmente factible y viable.

Lo doble y lo volví a guardar dentro de mi bolso y para cuando volví a elevar mi mirada y dirigirla hacía esa gran multitud que se acercaba a los trasladores la ví, tan bonita como siempre y con un don innato de sacarme una sonrisa cada vez que hacía acto de aparición. Caminé hacía a ella a paso rápido y cuando tan sólo un paso nos separaba estire mis brazos para atrapar su cintura y darle un mega abrazo más un beso en su mejilla a modo de saludo.

- ¿Cómo estás, tejoncita? - le pregunté clavando mi mirada en la suya.- ¿Preparada para este fin de semana?.- le moví mis cejas de manera divertida y mientras mi sonrisa seguía ahí, como si estuviera tatuada en mi rostro.
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Danielle J. Maxwell el Jue Ene 17, 2019 2:44 am

Por si no había quedado clara una cosa en mi vida: Danielle Maxwell y el romanticismo era imposible que estuviesen en la misma frase. Yo tenía un problema con la vida, de verdad: y es que cada vez que algo supera un umbral muy pequeñito de amorosidad yo tenía que hacer algo para que eso no fuese tan amoroso porque si no me daba vergüenza vivir. Así te lo digo. Estoy bastante segura de que en mi cuerpo hay un noventa por ciento de vergüenza y un diez por ciento de seguridad frente a este tipo de situaciones, así que de verdad que me costaba mucho enfrentarlas.

Es por eso que cuando me decía algo catalogado como ‘bonito’ yo me moría ahí mismo. O lo de besarme, ¡cómo no le iba a dar vergüenza decirme eso! ¡Si yo sentía vergüenza al oírlo!

—¿Por qué no iba a seguir pareciéndome una buena idea? —Y entonces, por su siguiente comentario, supe perfectamente a qué venía la pregunta.

Entonces seguí su mirada, mordiéndome el labio inferior mientras se alejaba y se acercaba a mí. Finalmente, como una parte de mí quería volver a besarlo sin estar terriblemente borracha, mi mano se dirigió a su camiseta y se acercó a mí, besándome, sintiendo ese sabor a frambuesa de la poción. Cerré los ojos y… ¡es que no tenía nada que ver con aquel cutre-beso de Hogwarts! No sabía siquiera si yo besaba bien, pero en aquel momento me dio tan igual… que me dejé llevar por él.

Cuando se separó, yo ya lo hice con una sonrisa en el rostro y las mejillas ruborizadas. Más todavía que se quedaron cuando habló. Y hablaba tan convencido de todo que… ¿cómo iba a tener yo dudas? Cierto era que a veces se me pasaba por la cabeza aquello que me dijo Synnove en su momento—y tema que jamás he tocado con Edward porque no quería juzgarlo ni meterme en su vida amorosa—pero yo había hecho caso omiso. Y a veces pienso: ‘Jo, ¿y si Eddie en verdad tiene su parte oscurilla y en verdad me ilusiono y no debería?’ Porque después de todo, estoy avisada.

Pero claro, luego lo pensaba y… no me imaginaba a Ed haciéndome eso. Y claro, ese es el punto al final: no ibas a salir con una persona que te imaginabas que iba a traicionarte, por eso la traición es tan fuerte. Así que suspiré y una Danny in love pateó todos esos pensamientos.

—Eso de arriesgarse nunca se me ha dado bien —confesé divertida, pues él sabía que precisamente ‘la valentía’ no era algo que me caracterizase del todo. Si no mira como abandoné el quidditch. —Pero me gusta tu forma de pensar. Más te vale, Eddie, que no me hagas nada por lo que poder odiarte. Porque no sabes lo horrible que puede ser tener el odio de Danny Maxwell. —Le amenacé divertida, sin maldad real escondida en ningún lado, aún a escasos centímetros de él. —Pero me parece bien eso de arriesgarnos juntos. —Sonreí, justo antes de darle un beso yo a él y morirme por dentro de la vergüenza.

Gracias a Merlín que su estómago hizo acto de aparición.

—Podría decirse que… literalmente te he conquistado por el estómago —comenté, para entonces apoyarme en la cama hacia atrás. —Pero es cierto que lo hemos descuidado y al mío también, porque me estoy muriendo de hambre. No comemos desde ayer la cena y estoy segura de que con todo lo que hicimos por la noche, quemamos todas las calorías en dos minutos. —Eso había sonado mal. —Es decir, corriendo y eso. Y perdí un zapato, pero me lo recuperaste. —Maticé rápido para que no sonase mal nada. —Así que hoy voto pooooor… —Y me tiré en la cama, porque aunque me hubiese tomado la poción todavía estaba resacosa y cansada. —¿Vamos a tomarnos un bruch a algún sitio super épico de mucha comida basura y luego hacemos tour de conciertos mientras nos emborrachamos hasta el punto de que tengas que volver a recuperar mi zapato? —Lo miré divertida. —¡Te juro que no sé por qué siempre pierdo un zapato!

Era el misterio del zapato. O de la chancla. O de la playera o del tacón. Porque aún no había llegado, pero en fin de año CASI pierdo un tacón. Por suerte, era un tacón y caminar con ese desnivel era jodido, así que me di cuenta a tiempo para encontrarlo escondido detrás de una esquina. ¿Que por qué escondí el tacón detrás de una esquina? Solo Merlín lo sabe.

—Voy a vestirme. —Y me puse en pie, para ir a la parte trasera de la tienda, dividida con uno de esos biombos, para mirar en mi maleta qué ponerme hoy. No había llevado mucha ropa, pues nos quedábamos pocos días, así que había que aprovechar al máximo todo.
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Edward Westenberg el Mar Ene 29, 2019 3:22 am

Y termine por fin de acortar la breve distancia que nos separaba, y usando el recordar como mi aval me dí todo el tiempo del mundo para besarla. Saboreando sus labios y disfrutando de aquel nuevo contacto que había nacido entre nosotros desde anoche. Sonreí dentro del beso, feliz. Porque por más que me había imaginado aquel momento, en más de una ocasión, ninguno le llegaba ni a los tobillos al poder estar besando a Danny tras haber despertado de una horrible resaca. Y por más que la poción aún no producía su efecto del todo, pude sentir que todo sentimiento que no fuera encontrarme feliz de estar junto a Danny se iba lejos.

Hasta luego maricarmen, déjame aquí que soy muy feliz.
Gritaba mi yo interior a los cuatro vientos.

Al separarme de su boca, un poco a regañadientes, más que nada para recobrar el aliento un poco, le intenté traducir en palabras ese sentir que hace un tiempo merodeaba mi cabeza, y que había ido aplazando muchas veces por temor a su reacción. Y que hoy, tras haber tenido esa noche tan reveladora, por fin había tenido el valor para poder invitarla a ella a vivir esa aventura de dejar de ser simplemente amigos y atreverse a ser algo más. - Te prometo que lo último que quiero llegar a obtener es tu odio, Danny.- me apresuré a decirle cuando ella me señaló lo horrible que puede llegar a ser su odio si me lo buscaba. Sonreí como un bobo cuando escuché ese >juntos< salir de su boca para luego sumarse al juego ese beso tan breve, pero removedor que me dió, que hizo que sus mejillas se tiñeran de un dulce y hermoso color rojizo. ¿Es que esta mujer puede dejar de ser tan guapa? me pregunté internamente.- A mi tambien me parece muy buena idea.- le dije aún cerca de su boca, clavando mi mirada en la de ella.- Además hasta el momento juntos hemos logrado grandes batallas, como ganarle a tu chancla, por ejemplo.- bromee divertido, con unas ganas tremendas de verla reír y observar cómo aparecen los ojitos chinitos más lindos de Oeste.

Y en eso mi estomago hizo acto de aparición, con bombos y platillos. Gritando a todo pulmón que quizás yo estaba siendo todo feliz con aquella escena pero, el de amor no se alimentaba.- Puede decirse, sí...- le respondí a Danny elevando mi  mentón divertido, mientras afirmaba con mi cabeza. Enarqué una ceja divertido cuando escuché la curiosa elección de palabras que había escogido la tejona para comentar la noche anterior y sonreí tiernamente al verla agregar algo enseguida para que sus palabras no se fueran por ramas equivocadas.- Claro, corriendo y eso...- repitió bajito con mirada y sonrisa traviesa, solo para molestarla un poquito y hacer aparecer nuevamente el rojizo en su mejillas.

Escuche su propuesta y la mire con una sonrisa y mirada radiante, admirando el hermoso paisaje que me ofrecía la vida esa mañana, y sintiéndome de paso muy afortunado.- ¿Cómo no quererte si me ofreces esos panoramas tan increíble? ¿Eh? ¿Cómo?.- le pregunté radiante, para luego arrugar mi nariz pensativo.- Yo tengo la teoría de que tienes un pie anarko, en plan que nació para andar descalzo y cada vez que ve que bajas la guardia, se revela y hace desaparecer al zapato de turno para volver a tener su anhelada libertad. - lo dije todo en plan bien serio, como si fuera algo que fijo me llevo una noche entera reflexionar.- O...simplemente que eres una borrachina anti zapatos.- terminé por decir divertido entre risas.

Señaló que iría a vestirse, y yo de paso me levanté detrás de ella para hacer lo mismo, pero antes de que se alejará más, alcancé a tomar su mano y girarla hacia mí para darle un besito más, sólo uno antes de salir de esa tienda y comenzar el gran día que nos esperaba.

***

Cuatro horas habían pasado de ese peculiar despertar, cuatro horas en las cuales ambos ya habíamos comido lo suficiente para aguantar nuevamente todo un día intenso en el Magicland, nadado y haciendo guerra de aguas en el sector piscinas, tomado más que el día anterior a esa altura del día y obtenido un par de cascos idénticos a los de Daft Punk (y que si apretabas el botón rojo de un costado sonaba "One more time" en el dorado, y "Digital love" en el plateado) , grupo más que esperado por los dos y que esa noche realizaría su espectaculo en el festival.

Y como éramos conscientes de que era no sólo un grupo esperado por nosotros sino que de al menos la gran mayoría de magos que había ido al evento, es que no recargamos con municiones que nos permitiera aguantar lo que quedaba de tarde en uno de los primero puestos cerca del escenario: Agua, alcohol, cartas y comida. Nada malo podía pasar con todas esas cosas en su bolso, la presencia del otro y esos cascos que molaban trillón y eran la envidia de más de un par de magos a su alrededor.

Apreté el botón rojo y con el casco dorado puesto comence a cantar y bailar "roboticamente", o al meno eso era la idea, no podía ver si realmente llegaba a lograrlo a cabalidad.- One more time we're gonna celebrate.Oh yeah all right don't stop the dancing...- canté entre risas para luego sacarme el casco y dejarlo a un costado de donde nos encontrábamos sentados. Pegaditos a la reja que separaba la cancha del escenario, porque estaremos en primera fila, señoras y señores, cueste lo cueste.

- ¿Emocionada al saber qué solo quedan unas horas para ver a los Daft?.- le pregunté con una enorme sonrisa a Danny, mientras de paso sacaba la botellita de litro y medio que tan dulcemente le pidió Danny a uno de los de la barra, mientras le explicaba por qué era necesario llevarnos así el alcohol para ir a ver lo que ella en ese entonces definió, como una  de las bandas que había salvado su vida.  Una mentira piadosa que había logrado que ahora ella y yo tuviéramos una botella con mojito solo para nosotros junto a un par de hamburguesas extra queso, para cuando el hambre volviera por nosotros.

Iba a comentarle lo guapa que se veía bajo el sol que ofrecía aquel día, cuando una voz, desconocida en un comienzo, se me adelantó.- ¡Mira, Charlie! ¡Los chicos de anoche!.- exclamó una joven maga, que sonriente se acercó a nosotros. Me costó un par de segundos recordarla, pero cuando ví quién era su compañero, y para ser más específicos la guitarra que traía consigo, logre atar cabos.- ¿Qué chicos de anoche, Bertha?.- se escuchó susurrar al mago de rulos que nos dedicaba una mirada algo desconfiada. - Son uno de los tantos que anoche les hiciste show, Charlie. Esos chicos.- le dijo de manera más tajante la chica de ojos claros al chico, que al parecer era su novio. Gesto que no duró mucho más porque una sonrisa volvió aparecer en su rostro y le acompañó mientras le ofrecía un abrazo a Danny y a mí.- Un gusto volver a verlos, lamentamos nuevamente lo de anoche. Hoy bajó su cuota de alcohol, así que prometo que será más simpático.- nos susurró Bertha, dedicandole una mirada rápida a su novio que aún con el ceño fruncido se sentaba a nuestro lado, haciéndole espacio a su guitarra.

- Yo la verdad no recuerdo mucho lo que pasó anoche, y lo lamento, de verdad. A veces me pongo un poco molestoso cuando tomo más de la cuenta.- admitió Charlie junto a una mueca.- Mis más sinceras disculpas.- dijo llevando su mano al pecho y bajando levemente su cabeza a modo de arrepentimiento.

- Tranqui, anoche todos andábamos un poco más locos de la cuenta .- le respondí moviendo mi mano restándole importancia, al chica ladeó su cabeza y sonrió.- ¡Bah! Que nisiquiera les preguntamos si podíamos sentarnos a su lado, pero no sé siempre he creído que entre fanáticos nos llevamos bien ¿no? Y nosotros somos muy fan de los Daft punk.-  nos señaló la chica, quién tenía una energía muy grande y algo avasalladora.- Empecemos de nuevo ¿qué les parece? Yo soy Bertha, un gusto.- se presentó sonriente, y moviéndonos su mano energéticamente, miró al chico que al sentir su mirada abrió sus ojos ampliamente.- ¡Oh! y yo soy Charlie, un gusto.-  dijo sumándose a las presentaciones.

Hice un ademán de responderle pero la chica nuevamente se me adelantó.- ¿Eso que tiene allí es alcohol?.- preguntó con ojos de sorpresa y tomando la botella sin permiso alguno, la abrió.- Ñam, mojito...- comentó y le tendió para oler a su novio.- ¿Cómo lo han hecho? Con Charlie habíamos planeado ir turnandonos para ir a buscar alcohol a la barra y no perder nuestros puestos, pero veo que pueden haber otras formas...- comentó en susurro mientras le dedicaba una mirada tentadora al contenido de la botella.- ¿Y eso son cascos? Woooou, estan buenísimos.- dijo con ojos brillantes mientras tomaba el casco plateado dejando de lado, por unos momento, la botella de mojito.

- ¿Quieren un tema para amenizar la espera?.- preguntó de la nada Charlie, quien se acomodo la guitarra y los miró expectante.- ¡Oh, sí, sí! Cantales algo, sabe muchos temas, así que no se limiten al pedir.- agregó enseguida su novia sonriente para ponerse el casco en su cabeza.- ¡Y suena Digital love, que guay!.- exclamó toda animada tras haber apretado el botón rojo y ver que producía.

Miré a Danny de reojo divertido, consciente de que de la nada habían llegado un par de compañeros que sin llamarlos habían llegado a nuestro lado de todos modos, aún faltaban varias horas para que el show  de la banda comenzará, por lo que aún teníamos el tiempo suficiente como para descubrir si lo mejor era quedarnos junto a ellos o escapar y desaparecer tras una bomba de humo.


Bertha & Charlie:
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Edward Westenberg
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Danielle J. Maxwell el Jue Ene 31, 2019 2:49 am

Si les digo la verdad: me encantaba ese tipo de planes por encima de cualquier otro. Coger comida, coger alcohol, meterlos en una mochila y tirarse por algún lugar con esas provisiones mientras... ¿qué más da? Cantas, juegas, te acuestas en el suelo mientras ves las nubes pasar, hablas de todo y nada, comentas lo genial que es la vida, lo triste que también es porque el Magicland tiene fecha de caducidad y... de todo un poco. Y era guay porque a pesar de lo que había ocurrido ayer y antes, la cosa no era... incómoda. De hecho, todo lo contrario. Sentía que no había ningún tipo de compromiso y que cuando se te apeteciera hacer algo, directamente lo hacía. Y es que por mucho que yo hubiese pensado en que esa posibilidad podía ocurrir, al no tener nada de experiencia con ese tipo de situaciones, no sabía cómo iba a ir la cosa... ¿Pero qué iba a decir? Casi que parecía que Edward lo hacía todo fácil.

Nos habíamos hecho con los cascos de Daft Punk porque, seamos sinceros: yo había llevado dinero de más para el Magicland sólo y exclusivamente para comprarme esos dichosos cascos. Eran la puta hostia. Y te preguntarás que para qué narices quiero yo esa mierda, si luego sólo va a coger polvo en la estantería de mi habitación. Pero ojo, ya le sacaré partido. Puedo ir con eso a las misiones de la Orden del Fénix y además de meter música, me ahorro el que se me vea la cara, ¿ideaza, a que sí?

Estábamos a la espera de que aquel escenario comenzase a llenarse para que Daft Punk apareciese ante nosotros y si bien estábamos bien los dos solos, ya que todavía no estábamos tan borrachos como para hacer amigos de la nada, fueron éstos amigos los que vinieron a nosotros. Y eran nada más ni nada menos que los mismos de ayer a los que supuestamente Edward les había robado la guitarra. Comenzaron a hablar con rapidez y no supe identificar si es que era así de hiperactiva siempre, o ya tenía algún estimulador en sangre. Lo único que hice fue mirar a Edward y reírme por lo bajo tras intercambiar esa mirada de '¿van a tener la conversación ellos solos o nos van a dejar hablar?'

—Yo soy Danny, él es Edward. —Nos presenté cuando tuve ocasión, antes de que Charlie se posicionara con la guitarra en la mano para ofrecernos cantar algo.

Creo que me falta alcohol en las venas, o es que ellos estaban demasiado activos con la vida, ¿acaso no se ve claramente que yo soy una ameba con falta de energías? Cogí el mojito y bebí tranquilamente de él un gran sorbo, para entonces mirar al guitarrista, colocándome la bebida en el regazo, entre las piernas, ya que estaba sentada como los indios.

—Algo comercial que nos sepamos todos... ¡Lady Gaga! —Pero entonces supo que no, ese no era el artista definitivo. —¡No, no, Ed Sheeran! ¡La de Shape of you! Seguro que te la sabes, es super famosa.

—¡Claro que me la sé! —Y empezó a tocar los acordes, tocando con motivación.

Yo volví a mirar a Edward, intercambiando una mirada que sólo entenderíamos nosotros antes de sonreír. Nos pusimos a cantar con ellos, una canción tras otra, mientras seguíamos bebiendo. En cierta ocasión Charlie compartió la guitarra con Edward cuando yo dije que a él también se le daba super tocar la guitarra, siendo él el director de aquel concierto improvisado.

***

Al final, hasta en el concierto de Daft Punk habíamos terminado de amigos con ellos, todos borrachos dándolo todos en las primeras filas. Edward y yo nos habíamos pasado todo el rato con los cascos puestos, sintiéndonos los mismísimos DJ's y es que habría quizás pocos grupos que nos apasionasen tanto a ambos como podía ser Daft Punk. ¿Y lo mejor todo? Estábamos hechos tal para cual: él se había quedado con el casco dorado porque era su favorito y... ¡el mío era el plateado! ¿Acaso había mejor coordinación posible en esta vida? Claro que no, evidentemente que no. Nos sacamos varios selfies y aprovechamos incluso a Bertha—porque Charlie era horrible sacando fotos—para que nos sacase fotos super épicas en plan modelos con los cascos.

—Chicos, nos meamos, nos vemos luego —dijeron Bertha y Charlie nada más terminar el concierto.

Todo el mundo empezó a irse, pero yo me quedé apoyada en las vallas de la punta de adelante con los brazos, cansada. Me quité el casco para coger un poco de aire, notando que estaba sudando y que... ¡madre mía, todo se mueve! ¡Pensé que era el maldito casco, pero no, soy yo! ¿Estoy tan borracha ya? ¿Qué me ha pasado? Y sí, delante de ellos estaban las botellas de mojito acabadas.

Dejé el casco sobre el suelo, para entonces acercarme a él y quitarle el suyo. Lo que parecía un gesto super bonito, era en realidad para mirarle a los ojos y decirle...

—¿Nos comemos esas hamburguesas? —Y reí, borrachina.

Y mira tú que a Bertha y a Charlie les habíamos caído genial Edward y yo, por lo que ten muy por seguro de que volverían muy pronto a ese lugar. ¿Y sabéis lo mejor de todo? Que volverían repletos de bebidas, en compensación de que hubiesen abusado de nuestra buena hospitalidad y se hubiesen bebido de nuestro mojito. Ahora les tocaba a ellos traer la mercancía. ¿Sinceramente? A mí me caían bien, pero me gustaba más el rollo de perderme por el Magicland con Edward y nada más.
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Edward Westenberg el Dom Feb 10, 2019 7:25 pm

Sentía nervios que luego de anoche las cosas entre los dos cambiaran, y eran precisamente esos nervios habían hecho que yo no diera un paso más allá desde que había descubierto que miraba a Danny con ojos no solo de un buen amigo sino de alguien que de a poquito se fue enganchando más y más de ella. Pero lo maravilloso, es que nada cambió. De hecho era hasta mejor porque al saber que tras haberle dicho lo que sentía por ella seguía a mi lado, sin cambiar su actitud conmigo, me hacía sentir mucho más libre con respecto a mis acciones y sentimientos.

Habíamos dejado todo listo para hacer la espera del concierto mucho más amena, habíamos comprado nuestros tan anhelados cascos y gozamos con ellos como dos niños con sus juguetes nuevos en navidad a la espera que los Daft punk hicieran su gloriosa aparición. El día no podía ser más perfecto, y las mejillas ya me dolía de tanto sonreír. De a poco el lugar se comenzó a llenar, y yo me sentí muy feliz de haber conseguido aquel puesto, es que era el mejor de todos, justo al medio y en primer fila. Todo indicaba que sería un show y experiencia épica, junto a una persona que lo hacía todo aún más increíble. No me importaba quedar en bancarrota después de esto, porque lo valía absolutamente todo.

Y ahí nos encontrábamos, tranquilitos y dichosos con nuestra comida, cascos y mojitos cuando de pronto un huracán llegó a nuestro lado. Uno con nombres y apellidos. Los mismo chicos que anoche interrumpieron nuestro primer y esperado beso por una famosa guitarra, se sentaron a nuestro lado con una energía avasalladora. Y quizás en otra circunstancia hasta me hubiera molestado un poco esa desfachatez en su trato pero hoy, donde todo era tan perfecto, acepte su presencia con la mejor de las sonrisas.

Elevé mi mano a modo de saludo cuando Danny nos presentó, y permanecí en silencio, no porque no quisiera hablar sino porque Bertha hablaba sin parar y con un ánimo envidiable. Charlie por su parte, se encontraba muy diferente a como lo conocimos anoche, confirmando empíricamente sus palabras, de que cuando estaba algo borracho era un molesto muy diferente al de ahora. Le reste importancia a lo sucedido anoche, y dí vuelta la página. Se veían buenos chicos y muy divertidos, por lo que me acomode más cerca de Danny cuando Charlie quiso tocar canciones a pedido para amenizar la espera, mientras que Bertha investigaba todo lo que teníamos sin pudor alguno. Danny fue la encargada de pedir el primer tema de la tarde, yo sonreí al escuchar su elección.

Y mientras Charlie cantaba la canción de ese pelirrojo tan aclamado, yo me dedique a mirar a Danny con una sonrisa, pensando que entendía perfectamente las palabras del autor de esa canción, ya que yo también estaba enamorado de la forma que tiene la maga que se encuentra a mi lado, de su cuerpo, de su personalidad y, de todo en verdad.

Luego, el turno fue de Bertha que le pidó "i wish you were here" de los Pink FLoyd diciendo que a Charlie le venían increíble los graves, ganándose mi admiración musical, es que vaya temón. Después no pude aguantar la tentación de pedirle al castaño que me prestará su guitarra, y me atreví cantar una par de canciones que fueron muy bien recibidas.

Aquel festival me había entregado muchas cosas buenas, la primera fue el "me gustas" de Danny que me hace sonreír a todo momento y la segunda, la valentía para comenzar a hacer público mi amor por la música. Atreverme a cantar frente a más gente y comprender que ese era el camino más próximo que quería seguir.

***

El concierto fue increíble. De esos que al terminar te dejan con una sensación de conmoción total. Todo lo que esperaba de el, los Daft lo habían superado con creces. Gritamos, cantamos, bailamos, y gozamos a full junto a nuestros nuevos amigos. Y sé que de seguro, si es que la mente no me falla de anciano, este sería sin dudas unos de los festivales más significativos de mi vida. Porque unió todo lo que amo, la música, la amistad, la diversión y el amor.

Mi casco permaneció en mi cabeza durante todo el show, y fue el protagonista junto al de Danny de todas las fotografías que nos sacamos durante el concierto. En resumidas lo pasamos de maravilla junto a los chicos. Su energía era contagiosa, y lo dimos todo y más. Por lo que cuando terminó sentí como si hubiera corrido una maratón enorme.

Bertha y Charlie se fueron a hacer sus necesidades, dejándonos nuevamente solos. Y yo de manera inconsciente me acerqué a Danny, como si ella tuviera un imán hacia mi persona que no me permitía alejarme más de dos metros. Y la verdad que tampoco quería, mientras más cerca la tenía más a gusto me sentía. Eso y que estoy borracho nuevamente, y toda distancia se transgiversa en este estado.  Danny se sacó su casco y yo sonreí todo idiota cuando comprobé que pese a que los cascos eran super chulos, mi ser había extrañado ver ese rostro. Y esa sonrisa se mantuvo cuando ella sacó el mío, y creció aún más cuando me ofreció comer nuestras hamburguesas.  Me acerqué.- La verdad es que tengo ganas de comerme otra cosa...- le susurré coquetamente para luego agarrar con mis dientes su labio inferior y darle un beso, así con todo el descaro del mundo. Miren mal al alcohol, yo solo soy un víctima.

Pero siempre ahí cortando el rollo, mi estomago sonó quejándose de que el primer amor de Danny había sido el, y que esas hamburguesas las quería ahora ya. Sonreí dentro del beso.- A veces creo que mi estomago esta en contra de lo nuestro.- bromee divertido.- Vamos por esas hamburguesas.- dije sonriente para tomarla de la mano e ir a un lugar más apartado y tranquilo.

Me senté allí y saqué una para Danny y otra para mí. El cielo, al igual que la noche anterior estaba en todo su esplendor, pero más que las hermosas estrellas fue otra cosa que llamó mi atención.  La hermosa y para mí dominante luna. La garganta se me secó, y pensé que había algo pendiente que hace mucho quería comentarle a Danny, de hecho hasta mucho antes de que mis sentimientos hacia ella cambiaran. Y quizás, la mayoría pensaría que era el peor momento para hacerlo, ya que ahí todo era alegría, recién ayer nos habíamos enterado que el sentir por el otro era mutuo, y en cualquier momento podían volver aparecer el huracán llamado "Bertha y Charlie" pero, mientras comía mi deliciosa hamburguesa y miraba la radiante luna, pensé que jamás iba a ser un buen momento para contarle que cada mes me convertía en una bestia. Y aplazarlo más ya no era una buena opción para mí, y mucho menos ahora que mis intenciones eran que nuestra relación se fuera profundizando cada día más.

Inspiré profundamente y la miré.- Danny, me gustaría contarte algo.- le dije serio, algo muy extraño en mí.- Hace mucho tiempo he querido decírtelo, pero no sé si fue cobardía o miedo a tu reacción que me lo impidió. Pero, la verdad no quiero empezar algo contigo...bueno, si es que comenzamos algo.- aclare nervioso, desordenando el cabello por inercia.-... O sea a mi me encantaría ser algo más que tu amigo, y por eso mismo no quiero tener secretos contigo.- siguió, clavando su mirada en los ojos de la rubia.- Y bueh, mejor no me voy con más rodeos ¿no?.- sentí cómo mi corazón comenzaba a latir rápidamente, y mi cuerpo ganaba en calor por los nervios. Aunque debía admitir que el alcohol en mis venas me había ayudado mucho a tomar la decisión de decirlo allí sin más. Además, mientras yo le dé menos importancia el resto también le daría la misma ¿verdad? Ojalá que sí.

- Hace un par de años soy licántropo.- le dije. Y ya ¡BAM! la bomba había explotado.- Y la verdad lo llevo muy bien, o sea aún son bastante fuertes los días previos y posteriores a la luna llena, pero cada día creo que lo voy manejando mejor. Y bueno, por eso también a veces es que desaparezco, y me ves un poco más cansado. No es por el trabajo del Caldero (que bueno sí, pero nunca tanto) sino que es porque, hay noches en que pierdo el manejo de mi cuerpo y salgo a aullar a la luna.- me encogí de hombros, bajé por un par de segundo la mirada para luego mirarla con rostro de cachorrito bajo la lluvia.- ¿Qué piensas? tienes todo el derecho de irte toda indignada gritando que no quieres ser amigo ni mucho menos algo más con una bestia. Pero, antes de que decidas eso, de verdad quiero que sepas que sigo siendo el mismo, solo hay una noche que pierdo el dominio, y hace mucho que quería decírtelo porque me encantaría contar con tu ayuda, y....- suspiré.- Ya, mejor me callo.- cerré mi boca y la miré, expectante.
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Danielle J. Maxwell el Mar Feb 12, 2019 5:11 pm

Nuestros dos polizones se habían ido a hacer sus necesidades y Edward no tardó en acercarse a mí, besándome tras esa declaración por la que gracias a Merlín, todavía soy una ameba. Una no era consciente de cómo terminaría reaccionando a una frase así más adelante y la verdad es que ahora mismo no quería saberlo, pues si ya sólo con eso me había sonrojado como un tomate, no quería pensar en nada más. Yo le devolví el beso, pensando en que él besaba demasiado bien y que seguro yo besaba como una idiota tímida, aunque en aquel momento me dio un poquito igual.

—Yo creo que tu estómago ha hecho de celestino —le respondí en bajito, pues todavía estábamos muy cerca el uno del otro.

Nos fuimos de allí porque dentro de poco habría otro concierto—evidentemente menos épico—en aquel concierto y queríamos poder comer con tranquilidad antes de que vinieran las personas a atropellarnos. Además, de esa manera también podíamos apartarnos un poquito de Bertha y Charlie que por muy bien que me hubiesen caído al final, la verdad es que no había ido al Magicland precisamente a hacer amigos. Mucho menos después de ayer. Así que nos sentamos en un lugar apartado, apoyados en un cartel en mitad de un césped para poder descansar un poco los pies y la espalda, así como los oídos. Yo estaba en ese momento en dónde estar muy cerca de los altavoces habían hecho que escuchase un continuo pitido en mi oído izquierdo.

Sacamos las hamburguesas y estuve a punto de darle el primer mordisco, hasta que Edward me habló con tanta seriedad dentro de tanta poca seriedad. Porque ya me dirás que clase de seriedad puedes encontrar en aquel césped, vestidos de aquella manera tan cutre y borrachos después de un concierto de Daft Punk. Así que ante tanta seriedad, dejé la hamburguesa pendiente entre mis manos y le presté atención con el ceño fruncido.

Si soy sincera: lo menos que me esperaba es que me dijese que era licántropo. No entraba en mis planes empezar a salir con un licántropo, qué te voy a decir. Sabía muy bien que no era una maldición que te definiera como persona, ni que te persiguiese las veinticuatro horas del día, pero igualmente era algo a tener en cuenta, una maldición que si no se trata con cuidado, podía terminar por consumirte. La noticia me cogió por sorpresa, por supuesto, pero no iba a irme a ningún lado. ¿Qué clase de amiga sería si, ante un problema, le doy la espalda? Eso sí, no me pasó desapercibido el hecho de que era licántropo desde hace dos años. Y yo llevaba siendo su amiga bastante.

—¿A dónde me voy a ir, idiota? —pregunté con sinceridad, bastante seria, aunque ese 'idiota' no había sonado en absoluto serio. Dejé la hamburguesa en su recipiente y me pasé el pelo por detrás de ambas orejas, un poco nerviosa. No sabía por donde coger el tema: bien incidir en que era un licántropo y cómo llevaba tanto tiempo lidiando con eso y sobre todo en cómo se convirtió, o directamente mostrarle que estaba enfadada por no haber confiado en mí antes. Así que tras unos largos segundos de silencio por mi parte, lo miré. Era gracioso porque quería ponerme seria pero mi incapacidad para enfocar me lo impedía, pero yo aún así lo intentaba. —Ed, ¿no te parece que si sentías algo por mí, deberías de habérmelo dicho antes de que... todo esto ocurriese? No sé, si ayer te llego a decir que no siento nada por ti, ¿no me lo hubieras dicho?

Quizás no estaba siendo del todo justa: al fin y al cabo yo también le ocultaba cosas, pero quería pensar que el tema de la Orden del Fénix y todo el rollo político y peligroso que hay detrás me excusaba de ese tipo de secretos.

—Es decir... no sé, yo te he considerado mi mejor amigo desde prácticamente que me gradué. Creo que podrías habérmelo dicho y te podría haber ayudado. —Posé de manera inconsciente mi mano sobre su pierna. —No me importa que seas un licántropo, pero teniendo en cuenta la relación que teníamos, no me parece justo que me lo digas ahora. —No quería sonar contradictoria, por lo que añadí lo importante: —No creo que los licántropo seáis bestias, ni mucho menos creo que me lo hayas ocultado por cobardía: eres Gryffindor. —Enarqué una ceja, intentando parecer divertida. —Y no sé cómo pudiste pensar que te iba a dar la espalda con algo así: yo soy Hufflepuff. —Y le sonreí, esta vez de manera más cariñosa.

Y entonces solté aire profundamente por la boca, mirándolo de soslayo. Me llevé sendas manos a la cara y tras pasármela por allí, lo volví a mirar, negando con la cabeza.

—Dos años —repetí, incrédula. —Pero si llevas dos años siendo un licántropo y no me he enterado, ¿cómo te voy a ayudar yo? ¿No te tomas la poción matalobos? —pregunté frente a lo que había dicho de que salía a aullar al a luna. —Ay, Eddie, me has contado algo muy fuerte en un momento en donde mi cerebro no tiene suficiente asimilación. —Y se volvió a llevar las manos a la cabeza, la cual ahora mismo era un batiburrillo de información. —¿Cómo ocurrió?

Y me tomé unos segundos para procesarlo todo. Me sorprendía el tema no porque fuese licántropo en sí, porque como ya he dicho, era una maldición controlable, no una condición permanente. Era… una putada, sí, pero no era el fin del mundo. No iba a cambiar lo que sentía por él por eso. Lo que sí me preocupaba era… la confianza. Entendía que se había atrevido a decírmelo ahora porque estábamos juntos y no quería secretos pero… ¿por qué no me lo dijo antes? Cogí aire lentamente, acordándome de Dorcas diciéndome que uno debía de hablar las cosas que te preocupaban antes de enfrascarse en una aventura así, sobre todo ahora que después de todo sí había cosas que no conocía del todo de Edward.

Es que jo, era un poco desilusión… pensar que conoces a una persona como si fuese tu mejor amigo de toda la vida (aunque no lo fuese) y que de repente te suelte algo que ni de lejos te esperarías. Y si no te lo esperabas ni un poco es porque se ha preocupado de que no te enteres ni un poquito.
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Edward Westenberg el Lun Mar 04, 2019 5:30 pm

Aquel viaje había sido entre muchas cosas muy revelador. Me había traído muchas alegrías y momentos que de seguro recordaré de viejito. Pero en todo hermosos lugar, con maravillosas personas la realidad nunca tarda en tocar tu puerta y decirte que hay cosas fuera de este lugar de paréntesis y dicha extrema que aún están pendientes, y que aplazarlas más, ya no es una opción.

Durante dos años, sólo tres personas sabían de mi condición de licántropo. Stella, la persona que me mordió aquella noche de luna llena y que hoy era lo más parecido a una hermana que he tenido en mi vida, la persona que me registró en el Ministerio por mero papeleo y regulación, e Ian Howells, que por borrachera terminé contándole todo mis problemas en una batalla de quién era el más drama king de Londres. Quedamos en empate, por si tienen curiosidad, que yo puedo convertirme en lobo por el resto de mi vida, pero el castaño tiene que cuidar de otro ser humano en la suya, así que sí, el empate era lo más justo.

Pero ahora, después de compartir nuevamente con Danny momento dignos de atesorar en la caja de recuerdos favoritos, me dije que ya era momento de contarle. Soy consciente del peligro que siempre viene de la mano cuando se confiesan cosas de este calibre. Pero hace mucho tiempo quería hacerlo, y la verdad ya no me sentía cómodo con seguir ocultandolo por más tiempo. Quería contar con ella en esto, quería decirle lo doloroso que eran los días previos y posteriores, contarle mi experiencia durante estos dos años y simplemente saber que ella estará allí tras el efecto de una noche de luna llena.  

Me costó decirle, y me dí una vuelta a la manzana antes de lanzarle la bomba, y cuando por fin lo hice la miré, expectante, tratando de leer sus gestos y descubrir qué es lo que pasaba por su cabeza, y manteniéndome alerta a cualquier reacción que ella pudiese tener. Porque lo único que tenía claro es que por más que si ella necesitaba su espacio luego de esto, yo no quería perderla, y mucho menos ahora que he descubierto que no me encuentro solo en el sentir algo más por el otro.

Muchas veces hice el intento de responder sus palabras pero preferí callar y esperar que ella terminase de soltar lo que quería decirme. Una mueca se apoderó de mi boca y arrugué mi entrecejo frustrado. Porque no me gustaba que Danny se sintiese así, podía leer sus gestos y comprender que no se sentía nada de bien al enterarse que siendo mi amiga desde hace ya bastante tiempo recién hoy le conté esta información de mi, que no es menor. Tomé su mano junto a la mía por inercia cuando ella me desposito la suya en mi pierna, en una necesidad de que no se fuera de mi lado, porque repito, lo último que quiero es dejar de contar con la presencia de la tejona en mi vida.

Y cuando terminó de hablar y se quedó callada con la mirada perdida me dí cuenta que era mi turno de hablar.- Si hay algo de lo que me arrepiento es no habertelo dicho antes, Danny. Pero es porque no me sentía preparado. Creía pensar de que lo llevaba muy bien, y que ser licántropo no había cambiado nada en mí. Pero no fue así. Pasé por períodos bastante oscuros, donde hice muchas cosas de las cuales me arrepiento enormemente. Dañe a gente que estimaba, me autodestría a mi mismo, y me encerraba en mí sin importarme nada ni nadie a mi alrededor. No sé si recuerdas, pero hubo un tiempo en el que vivía en una pieza en el Caldero y trabaja en Borgin que no nos veíamos mucho. Pues, ahí realmente me encontraba en la mierda. Stella desapareció, me había alejado de mis padres, tenía las hormonas a flor de piel y más cuando la  luna se acercaba, y a veces ni siquiera tenía ganas de salir de mi habitación y lo único que me consolaba era tomar hasta perder la consciencia.- suspiré y bajé la cabeza arrugando todos mi rostro al recordar aquellos días de mi vida.- Sé que nada de esto justifica que no te lo haya dicho antes, porque realmente te considero una de mis mejores amigas, es solo que aún era muy inmaduro y no tenía muchas cosas resueltas. Y no es que ahora las tenga, es solo que creo que por fin estoy encontrando el equilibrio. Me mordieron semanas después de graduarme de Hogwarts, tenía todo planeado, quizás irme a recorrer un año el mundo para luego entrar a la Universidad, pero....no pude. Tuve que alejarme de mi familia, y entrar de lleno en esta nueva vida, y este nuevo yo. - levanté mi rostro y la miré. Sonreí débilmente al encontrarme con su bonito rostro, lleve suavemente mi mano para guardar un cabello revoltoso que se había salido detrás de su oreja, para luego acariciarle cariñosamente su mejilla, hasta dejar caer mi mano pesadamente sobre mi pierna.- Perdón por no habertelo dicho ayer antes de que pasara todo...es sólo que, estaba tan emocionado que olvidé por unos segundos que era licántropo y sólo pensé lo maravilloso que era saber que tu sentías lo mismo que yo. Me encantas, Danny.Me gustas, mucho. Y, me encantaría poder cambiar el pasado y hacer las cosas diferentes, pero no puedo, no tengo un giratiempo para poder hacerlo. Pero si quiero que sepas que ahora si quiero hacer las cosas diferentes, no quiero tener más secretos contigo, y si decirte esto significa que volveremos a ser solo amigos, pues bien...tendré que aceptarlo. Eres muy importante para mí, y lo último que quiero es que te sientas incómoda a mi lado, y ni mucho menos hacerte daño. - le dije sincero. En el pasado pude haber cometido muchos errores, pero hoy me considero una persona totalmente diferente de ese entonces, y esperaba de todo corazón que Danny creyera mis palabras.

Me acerqué más a ella, quedando sentado enfrente bien cerca, sin soltar jamás su mano la miré, tratando de transmitir con mi mirada lo importante que era para mí, y la sinceridad de mi palabras. Acerqué mi rostro al suyo, juntando mi frente con la suya.- Sólo te pido una oportunidad, para demostrarte que he cambiado. Que...te quiero. Que quiero estar contigo, y que confíes en mí.
Edward Westenberg
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Edward WestenbergMagos y brujas

Danielle J. Maxwell el Miér Mar 06, 2019 12:41 am

¿Y yo qué le iba a decir? Es que en el punto en el que me encontraba ahora mismo era complicado: obviamente no me importa que sea un licántropo, lo único que me importaba en ese momento es que no me lo había dicho de antes. Y claro, ¿acaso podía juzgar yo eso? Nunca había pasado por algo así, no sabía lo que era, lo que se sentía, la inseguridad o la soledad… ¿y pretendía criticarlo de él, por no ser capaz de abrirse conmigo? No sabía lo que había vivido, si había sentido rechazo… ¿y si él mismo rechazaba el ser licántropo y por eso no lo decía, por miedo a que el resto también le viese así? Y es que por una parte sentía que tenía motivos para enfadarme por su falta de confianza, pero por otra… por otra soy demasiado Hufflepuff y no puedo evitar pensar que Edward, si lo ha hecho como lo ha hecho, es porque realmente ha creído que es lo correcto.

Me hubiera gustado poder tener ese carácter en el que le dijese todo claro y me enfadase, pero en verdad es que no podía. ¡Y mucho menos si me decía todas esas cosas tan bonitas! Yo sé que podían haber cosas que me deberían de hacer confiar, pero no sé si es que yo era muy idiota o muy buena, pero de verdad que no me importaban. Era raro, ¿sabes? Cómo si una sensación adulta me advirtiera de que eso es un aviso que tener en cuenta, pero a mí me diese igual porque yo quería empezar con él. Y de verdad que me daba cosa pensar que estaría equivocándome, como siempre.

Pero no sé, Edward me sonaba a todo menos a equivocación.

—En realidad sí lo justifica —le respondí, encogiéndome de hombros. —A mí me molesta que hayas esperado hasta ahora para decírmelo, porque es como ‘una obligación’ que si vamos a tener algo serio en tú y yo, qué menos que saber que eres un licántropo… Pero también puedo entenderte. Puedo entender que no me lo dijeras aunque eso no haga que deje de molestarme.

Lo había dicho casi divertida, pues parecía irónico. Pero uno no podía criticar las decisiones de una persona si no había ni siquiera pasado por la mitad de lo que el otro ha pasado, ¿no? Igualmente me seguía pareciendo que me lo había dicho porque era el momento para decirlo, sin quedar del todo mal y previniendo el quedar peor después, pero, al fin y al cabo, era el momento. Y por mucho que a mi me jodiese, en verdad tenía que respetarlo, ¿no?

Joder, no lo sé, ojalá me fuese tan fácil como a mi abuela enfadarme.

—A mí no me importa que seas licántropo, Eddie —le dije claramente al final, cuando me pidió esa oportunidad. —Ni siquiera me importa que esté la posibilidad de que puedas hacerme daño por culpa de eso, porque sé que no me lo vas a hacer nunca. Y confío en ti, ¿sabes? Confío un montón, por eso me da rabia que no me lo hayas dicho antes porque de repente siento que no te conocía tanto como yo creía; que en verdad yo confío en ti más que en tú en mí y te estoy dando mucho… ¡No lo sé, es muy difícil de explicar! —En realidad era fácil: me daba miedo que pudiese hacerme daño. No como licántropo, sino como persona. No sabía en qué momento se había vuelto tan importante para mí, pero darme cuenta de que había cosas que todavía no conocía de él pues me hacía sentir extraña.

Extraña, insegura… pero en realidad, ¿de verdad él tenía la culpa? ¿O era yo que me volvía loca con mis paranoias? Entre que nunca me he creído gran cosa y que odiaba que me mintiesen, sentía que tenía todos los componentes para ser una novia pésima. Y no quería ni dudar de mí, ni mucho menos dudar de él, porque con dudas no se lleva a ninguna parte.

—La oportunidad la tienes —añadí tras un leve silencio, mostrándole una sonrisa. —Ahora, no la cagues. —Le advertí.

Y claro, ahora mismo estaba relativizando las cosas: me había parecido más importante matizar la desconfianza, que el mismo hecho de que fuese licántropo, ¿pero sabes por qué? Porque de esas dos cosas, solo una era la que podría destrozar una relación que teníamos como amigos y, por mi parte, una maldición tan controlada como la licantropía no lo sería ni de lejos. Sin embargo, por mucho que fuese algo controlado, era una maldición y me hacía una idea de que Edward no lo habría pasado bien. ¡Por eso me daba rabia! ¡Llevaba yo ahí meses con él pudiendo ayudarle y él prefirió comérselo todo solo! ¡Argggg!

Pero suspiré, me tranquilicé y… bueno, asumí que revolver el pasado no iba a servir de nada.

—En realidad te acabo de decir que no me importa que seas licántropo: claro que me importa. —Maticé, intentando sonar seria y entendible, recordemos que acabábamos de beber y por mucho que el tema me haya devuelto a la serenidad, allí todavía había alcohol intentando jugármela con explicarme mal. —Solo digo que no me importa tanto como para cortar la relación por eso, ni rendirme con… lo nuestro. No quiero que estés solo con eso y te puedo ayudar…

Era la primera vez en todo lo que llevaba en la carrera de pociones que veía uso real, necesario y útil para saber hacer pociones, ¿os lo podéis creer? ¡Ahora! No sabría si se haría él la poción, la compraría o tendría a alguien, pero yo se la podría hacer. Porque vamos, estaba asumiendo que como todo licántropo responsable se la tomaba. Ni siquiera iba a preguntar. Puse mi otra mano encima de las de él, que sujetaban la mía. Tenía curiosidad por esa ‘etapa oscura’ que había vivido, porque no quería hacerme ideas preconcebidas porque soy la típica que se imagina más locura de lo que en realidad es.

—¿Y… cómo fue todo lo que pasaste? ¿Has estado solo con eso desde que te convertiste? —Me daba una rabia pensar que había estado solo todo este tiempo conmigo ahí al lado como una patata inútil…
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Edward Westenberg el Vie Mar 29, 2019 3:10 am

Y cuando Danny terminó de hablar vino mi turno, me hubiera gustado quizás estar menos borracho y en un contexto mucho más tranquilo que el Magicland donde en cualquier segundo podía aparecer alguien queriendo bailar, cantar o hasta contarnos sus penas de amor a nosotros. Pero había aplazado tanto esto que de pronto, encontrándonos nuevamente solos, choqué contra esa frase que dice "No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy" y vale sí, que podía hacerlo hoy, en este lugar, tras haber escuchado a los Daft punk y con el alcohol bailando la macarena dentro de nuestros cuerpos.

Intenté traducir en palabras mi sentir, y de cierta forma explicar el por qué aquí y ahora de esta revelación. Concluyendo con que por más que nada ni nadie pudiera revertir el pasado, yo ahora era alguien muy diferente al de entonces, y que pese a que aún me encontraba aprendiendo y conociendome más a mi mismo en mi condición de licántropo, no quería que existieran más mentiras entre nosotros. Quiero ser sincero con ella, quiero contarle cuando la luna me pese más de la cuenta o cuando tuve una mala noche, y por sobre todo quiero contar con ella, y que ella cuente conmigo sin temor o desconfianza.

Intenté generar una sonrisa cuando escuché su casi trabalenguas de palabras, pero no pude al cien por ciento. La culpa me invadía y no me gustaba nada que Danny sintiese rabia o quizás llegase a sentir desconfianza de mí, porque era lo último que quería generar en ella, ya que yo siempre he sido más fanático de su risa y ojos brillosos de alegría.

Una oportunidad, sólo le pedía eso, una sola.

Y no dejes de confiar, por favor.— le pedí con ojos de cachorrito bajo la lluvia. Es que si perdíamos aquello, todo se perdía.— Quiero que sepas que decirte esto jamás ha sido una obligación, que realmente me nace contartelo, quizás más tarde de lo que debería haber sido, sí. Y lo acepto, y entiendo que te enojes y de cierta forma te haga replantearte muchas cosas, pero de la gente que sabe, con la única que realmente he tenido la consciencia y las ganas de decirselo es a tí. Y quizás escogí el peor escenario para hacerlo, y lo lamento.— bajé la cabeza frustrado, es que hoy no paraba de lamentar cosas, es como si la vida esta noche me dedicara una lluvia de errores pasados. — Y sí me conoces, sigo siendo el mismo, y me encantaría que nos sigamos conociendo más durante mucho más tiempo. — le dije, clavando nuevamente mi mirada en su clara mirada.

Esta vez la sonrisa me salió sola, sin avisar ahí estaba apoderándose de mi rostro una sonrisa radiante al escuchar que la oportunidad de un nosotros si existía— No lo haré, lo prometo.— le dije mientras que con mi mano hacía una cruz en mi corazón para sellar  oficialmente la promesa.

Pero luego nuevamente mi cuerpo se puso en alerta cuando me dijo que sí le importaba mi condición de licántropo, y no respire en calma hasta que terminó de hablar.— La verdad sería maravilloso contar contigo en todo esto.— confesé acercándome más a ella, poniendo mis piernas una a cada costado de su cuerpo.— Hay meses mucho más duros que otros, y un poco de mimos no me haría nada de mal.— le dije, acercando mi rostro al de ella, es que quería tanto besarla, pero me contuve, porque aún me sentía caminando sobre una cuerda floja donde un mínimo paso en falso podía arruinarlo todo.

Inspiré profundamente cuando escuché su pregunta y eleve mi mirada al cielo, como si el tuviera la respuesta correcta al ser uno de los espectadores primordiales de toda mi historia lobuna.— No, no he estado solo. Al menos no la mayoría del tiempo. La persona que me mordió aquella noche fue Stella Moon, la chica con quien vivo. Y tú te preguntas ¿Pero cómo vive con la mujer que lo convirtió en licántropo? Pues principalmente por eso, porque jamás me ha dejado solo, al menos no por voluntad propia. La mayoría de los licántropos se va a la fuga, o tal vez ni siquiera recuerda haber mordido a alguien, pero Stella si se quedo, cuido de mí, me guío en todo esto, y hasta el día de hoy sigue haciéndolo, convirtiéndose en una especie de hermana para mí. Es por eso que cuando ella desapareció fue terrible, porque aún no llevaba mucho tiempo siendo licántropo, aún no lo controlaba al cien y su partida lo desestabilizó todo, pero cuando volvió todo comenzó a marchar nuevamente bien, hasta el punto que por más que no quiera separarme de ella, siento que esta vez tengo muchas más herramientas para poder desenvolverme sin su ayuda cuando la luna llena se aproxima, que en su mayoría fueron ganadas gracias a su compañía, claro está. Pero se podría decir que ahora soy en la edad lobuna un adolescente no un recién nacido.— solté una risita por mi pésima analogía, pero creo que se da a entender.

En eso, de reojo logré entrever como los torbellinos de Bertha y Charlie venían a nuestro encuentro, por lo que antes de que llegaran a nuestra altura, tome a Danny de la cintura y me aparecí con ella sobre mi cama en el lugar donde nos estábamos quedando.— Uh, lo siento por el cambio tan brusco, pero es que ví que venía Bertha y Charlie y no quiero estar con ellos hasta que aclaremos bien todo.— le señalé re acomodandome sobre la cama, sin alejarme ni un poquito.

De verdad que no quiero que existan más mentiras entre nosotros, Danny. Al menos no de las dañinas, porque cuando yo te dije que eras mejor que yo en el MK, todos sabemos que esa fue una mentira blanca ¿verdad?.— bromee, porque soy un idiota que la seriedad eterna le abruma, pero puedo volver a enfocarme de verdad.— Pero ya, hablando en serio, esta noche es nuestro momento para aclarar todas las dudas, para que la desconfianza no sea nuestra sombra de aquí en adelante. Preguntame, preguntame todo lo que quieras. Hoy soy un libro abierto.— le dije abriendo ambos brazos y ofreciendole una cálida sonrisa.
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Danielle J. Maxwell el Lun Abr 08, 2019 3:52 am

—¿Mimos? —le respondí con el ceño fruncido, mirándole con reproche divertido. —¿Estoy pociones en la universidad y sólo me quieres por los mimos? Qué poco valoras mis aportaciones mágicas a la vida —dije con falso drama, haciéndome la ofendida.

No me gustaba mucho mi carrera de pocionista, todo había que decirlo, pero no se me daba tan mal como podría pensar la gente al ver que soy un desastre. Me había metido precisamente porque se me daba bien y tenía ya la oportunidad de hacer muchas cosas que pudiesen ayudar a un licántropo. Que no es que le quisiera dar mimos—que también—sino que mira que tenerme en cuenta sólo para eso cuando encima sabe muy bien que yo tengo el sentimentalismo de un ladrillo era valorarme precisamente por lo que peor se me da.

Entonces le pregunté por todo el tiempo que había estado siendo licántropo y me confesó que Stella, la MORTÍFAGA que vive con él—cosa que nunca me ha terminado de dar buenas vibraciones, qué te voy a decir yo—fue la misma persona que lo mordió. Esa señora la verdad es que cada vez me caía un poco peor.

Pero bueno, el hecho de que se hubiera quedado con él para instruirle en el ‘arte de la licantropía’ había sido todo un detalle por su parte. Ya que le destrozas la vida a una persona, al menos enseñarle a sobrellevar un poco la desgracia. Sin embargo, no dejé que ninguno de mis pensamientos irónicos, propios de mi estado de borrachera, se visualizasen en mi rostro, sino que lo atendí atentamente.

La verdad es que no me veía con muchas ganas de comentar nada sobre esa mujer sin sonar extremadamente falsa, por lo que sólo comenté sobre lo último que había dicho, sonriendo ante su risa.

—¿Un adolescente? O sea, estás en plena independencia lobuna. —Y entonces hice una pausa. —¿Pasábais juntos las noches de luna llena? —Y entrecerré los ojos, divertida. —Qué mal ha sonado eso, parece que estoy celosa o algo y que en vez de una noche de transformación sugiero una noche de pasión. ¡No me refiero a eso!

Y mientras hablábamos tranquilamente sobre cómo MI RECIENTE NOVIO lleva MÁS DE UN AÑO siendo LICÁNTROPO y recién ME LO DICE, me sujetó para aparecernos en nuestra caseta. La verdad es que a mí tampoco me apetecía reencontrarme con Bertha y Charlie después de la noticia, sobre todo porque quería preguntarle muchas cosas y se me iba a hacer muy raro hablar con normalidad con esos dos con todas las cosas que tengo en la cabeza.

Así que cuando se tiró en la cama, yo me tiré junto a él, aunque antes le pegué un golpe juguetón en el hombro al decir lo del Mortal Kombat. Me hizo pensar eso de ‘mentiras dañinas’, sobre todo porque… ¿La Orden del Fénix y mi implicación en contra del gobierno era claramente una de esas mentiras, no? Pero… no me veía en posición de decírselo, no cuando todo el mundo me ha repetido hasta la saciedad que esa es información que literalmente podría matarme. No era que no confiase en Edward, pero tampoco quería meterle a él en ese problema. No tenía porqué saber algo que le ponía en peligro.

—¿Ah, sí? ¿Todo lo que quieras? —Y lo miré, traviesa. —Pues atento, Edward, porque tengo varias preguntas que siempre he querido hacerte y nunca me he atrevido porque los dos sabemos que soy una ameba. —Y reí, porque me encantaba asumir mi poca capacidad sentimental romántica. —Primero quiero saber… ¿con cuántas chicas has estado? Sexualmente hablando. —Dirás que no, pero a mí eso me ponía nerviosa porque si ya de por sí todo eso me daba ‘cosita’ por inexperiencia, el hecho de que él tuviera referencias y pudiese compararme… pues no me gustaba.

Después de esa, tenía muchas otras preguntas que quería hacerle: que con cuántas chicas había estado seriamente, que por qué le puso los cuernos a Synnove, que si me los iba a poner a mí—eso lo preguntaría con cara de gatos con bota—, también le preguntaría que por qué era tan malo al Mortal Kombat y si alguna vez había tenido problemas de pulgas. Sí, creo que eso era todo lo que quería saber.
Danielle J. Maxwell
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