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Right Place, Wrong Time || Priv.

William Blackburn el Mar Ago 14, 2018 6:47 am


Las aventuras de William Blackburn y Joahnne Herondale. (Con la participación especial de la hermosisima Saoirse Blackburn).
Posts largos cual biblia pero discúlpennos porque somos to' lindos y nos emocionamos con este tema
*editado por tercera vez a petición de Joah* #Vótennos... Era mentira eso... O no... O sí #morbos

Habitualmente, cuando el alcance de tus acciones puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte, acostumbras a actuar como uno más para pasar desapercibido. Te escondes por temor a ser atrapado y huyes día a día, sabiendo que en algún momento tu suerte se agotará y ellos te atraparán. Vives con miedo y añoras los viejos tiempos donde llegabas a casa luego de una larga jornada laboral y encendías la tv para ver uno de los tantos programas muggles de la televisión local. Quieres regresar y arreglarlo todo. Pero no puedes, el destino no ha querido darte esa dichosa oportunidad y lo único que te queda es adaptarte para no sumir tu vida en una terrible y verdadera miseria.

Así había hecho Saoirse, la hermana de William. Ella había dedicado cada uno de sus días como fugitiva a la preparación del mayor de sus sueños: un estudio de danzas propio. No se había dejado atemorizar por la amenaza que representaban los mortífagos, es más, esa era la principal razón por la que se había lanzado a hacer realidad sus metas: quería vivir la vida ignorando el alto precio por su cabeza. Quería vivir. Y evidentemente, William no podía hacer nada para oponerse. La rubia ya tenía bien en claro cada una de sus ideas y él, como su hermano mayor, tenía la obligación de apoyarla y protegerla de todos los peligros venideros. Era lo menos que podía hace después de todo lo que ella había hecho para rescatarlo.

¡Muy bien! Parece que han estado practicando —exclamó la joven con cierta felicidad, captando la atención de cada una de sus alumnas. Una sonrisa serena resplandecía en todo su rostro y su satisfacción con el trabajo era claramente visible—. Recuerden que durante la próxima clase trabajaremos para perfeccionar las técnicas aprendidas hasta el momento. ¡Y no olviden que los horarios cambiarán por los de verano! Les enviaré un mensaje para confirmar los nuevos turnos —pronunció a continuación, dando por finalizada la jornada.

William, quien se encontraba en la sala contigua al salón de baile, esperó a que cada una de las jóvenes se retiraran y luego ingresó para acompañar a su hermana. Le alegraba verla contenta por su trabajo, era un sentimiento que él no tenía el lujo de permitirse desde hacía mucho tiempo. Era como si nada malo estuviese ocurriendo a sus alrededores.

¿Qué tal ha ido? —preguntó William, reposando su cuerpo sobre una de las barras utilizadas durante los ensayos. No sabía qué palabras elegir ni cómo debía actuar, simplemente, permaneció allí a la espera de una respuesta que no tardó en llegar gracias a la emoción que se evidenciaba en su hermana.

Muy bien. Los ensayos están saliendo de maravilla y estaba pensando que tal vez podríamos inscribirnos a algún concurso —comentó con emoción, alzando las cejas en un sutil y tierno gesto. Sin embargo, al percibir que la tormenta se avecinaba, no tardó en añadir—. Sí, sé que es peligroso, Will. Pero no eres mi padre, no puedes estar prohibiéndome cosas por el simple hecho de que tienes miedo de que algo malo ocurra. Estamos a salvo, deja de ser tan pesimista solo por un momento —murmuró, liberando la frustración que surgía en su interior cada vez que el tema salía a la luz.

William guardó silencio y frunció el ceño, negándose a responder por temor a soltar alguna grosería. No tenía ánimos para discutir, sabía que cada una de sus palabras serían en vano y que poca importancia tendrían dentro de los planes de Saoirse. Por esa razón, tan solo se limitó a negar e hizo un ademán para que le siguiera, deteniéndose al percibir pasos en las afueras del estudio.

¿Esperabas a alguien más? —inquirió con preocupación, llevando su mano hacia el bolsillo de su chaqueta para tomar firmemente el mango de su varita.

Protectoramente, William se posicionó frente a su hermana y dio dos pasos hacia atrás, esperando lo peor. Pero nada ocurrió y la sonora risa de Saoirse Blackburn se abrió paso a través del silencio que se había generado en el lugar.

Pffff... ¡Hubieras visto tu cara! —exclamó entre carcajadas, tomándolo por los hombros y meneándolo de lado a lado en medio de un gesto de lo más infantil. Por su parte, William permaneció estático y sonrió socarronamente ante la actitud de su semejante—. Cuando comencé a trabajar en el estudio me encargué de todo. Y cuando digo todo, fue todo. La seguridad incluida dentro de ese gran y ostentoso todo —mencionó, remarcando la palabra "todo" para que su hermano pudiese hacerse con la idea de que nada malo les ocurriría.

A continuación, la rubia avanzó hacia la entrada del recinto y abrió la puerta de par en par. William permaneció en su lugar y sonrió ligeramente al observar que no se trataba más que de una muchacha de cabellos rojizos, la cual lucía tan confundida como él.

Bienvenida, ¿vienes para la clase de danzas árabes? —preguntó Saoirse, esbozando su particular sonrisa, mientras se hacía un lado para cederle acceso al pequeño cuarto que conformaba la recepción—. Espero que no hayas traído tu caderín porque hemos cambiado los horarios de invierno por los de verano. Justo ahora estábamos por irnos pero puedo tomar tus datos para que la próxima vez puedas comenzar sin tener que pasar por todo el papelerío, ¿te parece bien? No creo que a mi hermano le moleste, ¿cierto, Will?

William se encogió ligeramente de hombros y asintió a la par que se posicionaba a un lado de su hermana.

Claro, ¿por qué no? Siempre es bueno tratar con rostros nuevos, especialmente, si se tratan de las futuras clientas de mi hermana —murmuró con suavidad, ganándose una mirada recriminatoria y un codazo por parte de la rubia.

Saoirse Blackburn [PNJ]:
#c41c4b
Saoirse Blackburn
Saoirse es una persona de lo más inquieta y creativa. Desde pequeña demostró poseer un severo problema de hiperactividad y esto no ha cambiado con los años, es más, es una de las cosas que más la caracteriza en la actualidad.

Con su letal suspicacia y amabilidad, Saoirse ha sabido ganarse el amor de cada quien con quien tiene el lujo de hablar. Tal vez, esta es la principal razón por la que le es imposible ver el mal en el otro. Porque siempre se guía por lo que dictan sus emociones y su corazón.

En este aspecto, es completamente diferente a William. Y en ciertas ocasiones, se ha llegado a referir a sí misma como la parte racional de su hermano. Aquella vocecita que le ayuda a diferenciar lo que está bien de lo que está mal.

25 años
Ex-Hufflepuff



Última edición por William Blackburn el Dom Sep 09, 2018 10:47 pm, editado 3 veces
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Joahnne Herondale el Vie Ago 17, 2018 8:27 am

Días atrás.

La pelirroja sonríe mientras lágrimas ruedan por sus mejillas. Sorbe con la nariz de una manera un tanto asquerosa pero no se permite pensar mucho en ello, por ello cubre con la palma de la mano su boca que escapan sollozos y cree que su corazón se ha partido. Se siente tan inestable que se escuchan gimoteos de parte de ella mientras Jack se ve arrastrado por el océano.

-¡El entraba en esa tabla! ¿Por qué lo dejaste morir? – le grita a Rose, un personaje de Titanic que haría de todos menos escuchar los lamentos de Joahnne quién está ensimismada en la película. La ardilla que es compañera de ella, hace bastante tiempo, se encuentra acurrucada en un cojín que ha caído del mueble blanco marfil. - ¡Egoísta! – el llanto se convierte en casi un grito de guerra contra la pantalla. La irritación corroe desmesuradamente su voz cuanto propicia uno que otro insulto, pocas veces son las que se la puede escuchar siendo grosera. Aunque si le das un vaso de cerveza, serán expulsados de su boca de manera  natural porque la pelirroja puede ser toda una caja de sorpresa con alcohol en sangre.

-¿Puedes creer que es la quinta vez en la semana que veo Titanic y lloro como tonta?- cuestionó ante el pequeño animal perdido. El cual despertó cuando los sollozos se volvieron pequeños chillidos. -¡Te estoy hablando a ti y esperando respuestas!- No estaba bien, claro que no. Hablarle a un roedor para que este responda tal cual íntimo amigo no era normal. - ¡Necesito amigos!- exclamó tirando a un lado la manta que cubría sus piernas cuando pensó que ver la película era una fantástica idea. –No puedo creer que te haya gritado, perdóname. O no… Digo, no es que me vayas a perdonar por haberte gritado porque seguro no me entendiste o sí… O no… O no lo sé. ¿Qué hago divagando? Debo irme a algún bar a conocer gente.- pensó de inmediato.- Pero conoceré pervertidos y ya me he encontrado con varios… no, no es una opción.- meditó. Detuvo su caminar hasta caer nuevamente en el sillón pegando su espalda contra el respaldo. Tambaleó un rato hasta encorvar su cuerpo, uno de sus codos se apoyó contra su pierna y su muñeca se flexionó dejando reposar su barbilla tal cual estatua de El pensador. - ¿Y Tinder? No, ya comprobé que esa no es una buena idea. ¿Internet?- negó con la cabeza, su semblante se tensó porque parecía toda una necesitada de amistades. Hasta que inmiscuyó las alternativas que concede una búsqueda rápida de palabras claves en algún servidor de internet.

Saltó en el lugar, se dio la vuelta y comenzó a hurgar entre los cojines hasta dar con su móvil. Con su pulgar tocó el botón de encendido permitiendo que se crease el patrón que desbloquearía la seguridad del aparato. Un patrón bastante básico para el gusto de los demás pero que permitía que no se lo olvidase. En el navegador buscó “Lugares donde conocer amigos”. Las primeras opciones ofrecían aplicaciones donde detallabas un perfil y otros veían si estabas soltera o no, como también tu edad. Pasó de aquello, recordando Tinder. Los títulos de la búsqueda, mayormente, incluían la palabra “pareja”. Ni siquiera se detuvo en ello hasta que encontró “¿Cómo conocer gente nueva? Los mejores sitios, webs y consejos”. Se sintió un tanto patética recurrir a un desconocido que aseguraba que algunos de esos ítems eran cien por ciento confiables y daban resultados.

-Empieza por conocer a tus vecinos.- recitó textualmente uno de los ítems que daba el experto en amistades.- ¡Claro que debía comenzar con ellos! No es como que estén locos o griten hasta las cuatro de la mañana por problemas de pareja. ¡Ni mucho menos que martillen desde las siete!- indignada bajó el scroll para seguir leyendo. Bufó porque empezaba mal el artículo.- Organiza una fiesta e invita amigos de amigos. Esta estrategia solo te servirá si ya conoces a alguien de lugar.- alzó la vista hacia el techo y cerró los ojos por sus propias palabras. Cada vez se sentía aún más hundida.- Apúntate a un curso de idiomas, de baile o de cocina…- se obnubiló ante la salvación que el universo del internet le proporcionaba.  -¡Me apunto! Espera… ¿A qué clase me apunto? No quiero idiomas, eso de que deba tener exámenes para continuar curso y conservar amigos… No. Y de cocina… debería estar atenta a lo que cocino y no en alguna posible amistad. Vale, buscaré clases de baile. ¿Jazz? - negó.- ¿Hip hop? - se visualizó con ropas anchas, el estereotipo vamos, y negó. - ¿Twerk? – cuestionó hacia la pequeña pantalla del buscador que había cambiado mostrando imágenes de bailes.- ¿Ritmos para fiestas? ¿Hay clases con ese nombre? Mejor buscaré algo más específico…- tecleó con rapidez “Los bailes más populares”, recorrió diferentes páginas hasta dar con una que describía uno por uno al menos quince bailes. Sonrió cuando descubrió qué tipo de clases tomaría.

01 de agosto.
17:30hs.

Según la página web, la clase comenzaría dentro de cinco minutos. Esperaba no haberse confundido y que las chicas que salían felices de la vida fuese otro turno, estaba en el estudio donde había decidido que asistiría. Ni siquiera sabía cómo venir vestida puesto que las imágenes del navegador mostraban una mujer sensual con un sujetador brillante y sus caderas decoradas con un caderín que al moverse se uniría al baile. Por lo que optó por unos simples leggins, una camiseta de tirantes y los tenis negros gastados que tanto añoraba.

Mordió su labio inferior. ¿Debía tocar la puerta? ¿Pasar sin siquiera tocar algún timbre? ¿Gritar diciendo que llegó? Suspiró cuando vio que era abierta la entrada al lugar. Confundida vio a dos personas rubias, una de ellas desprendía una sonrisa de oreja a oreja que la recibió con una bienvenida mientras que la otra imitaba su expresión de confusión. ¿Sería mixta la clase? ¡Se había ganado la lotería!

Avanzó entre dudas sonriendo, devolviendo la amabilidad de la chica. – Sí, vengo para la clase de árabe. Hablo de la danza, no del idioma porque sería muy mala y tampoco quiero aprender un idioma que tal vez no me servirá. ¡No digo que sea insignificante! Pero tampoco útil en mi caso, o sí… Bueno, nunca se sabe pero vengo para las clases de danzas árabes.- afirmó quedando dentro del recinto. La puerta abierta de par en par no se cerró porque la conversación se tornó un tanto interesante. - ¿En serio? Creo que deben actualizar en la página, bueno, no sé cómo se hace porque no manejo Google pero aparecía el horario de verano. Tal vez alguien dejó una reseña explicando y no la vi aunque es una suerte que no haya traído el caderín, tampoco sabía que debía traer uno. ¡Menos mal!- rió nerviosa. Esperaba detener aquella sensación de querer vomitar, mejor dicho de vomitar verbalmente como cuando se sumía en los nervios o el alcohol. ¿Ya aclaramos que no debe acercarse a ningún tipo de licor? - ¡Genial! Podría inscribirme y aprender los nuevos horarios claro si no le molesta a Will.- se animó a mencionar el nombre del hermano de quien sería su profesora de danzas árabes.- Si no te molesta claro porque si realmente te molesta puedes decirlo y me iré, volveré cinco minutos antes de la próxima clase así llenamos el papeleo. –Asintió.-  ¿Son hermanos? – negó frenéticamente. -  No contesten, lo mencionaron hace cinco segundos pero los nervios me están jugando una mala pasada. Tampoco entiendo por qué me pongo de este modo no es como si estuviera por hacer algún delito y no sé cómo actuar. ¡No piensen en ello! Realmente quiero inscribirme a este estudio, aunque la realidad es que quiero amigos. ¿Saben que tuve que recurrir a internet para ver cómo conseguirlos? No es normal eso, tampoco es creíble la cantidad de páginas donde te ayudan a conocer gente. ¿No es eso peligroso? – debían callarla. Ya.
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William Blackburn el Lun Ago 20, 2018 2:25 am

Mientras que Saoirse abría los cajones del mobiliario para sacar los formularios necesarios para la inscripción, William se recompuso del golpe y comenzó a observar detenidamente cada una de las expresiones de la pelirroja, intentado ver algo más allá de su inocente apariencia. Pero pese a que lo intentara, no podía encontrar nada. Y eso no hacía más que molestarle. Él sabía perfectamente que, en tiempos como esos, no debía fiarse tan fácilmente de las personas. ¡Pero resultaba tan imposible no hacerlo cuando Saoirse estaba a su lado! Nunca había sabido por qué, tampoco es que le interesara, pero se negaba a dejar que las personas ingresaran a sus vidas tan deliberadamente. No importaba que se tratara de una de las clientas de su hermana -pese a primeras él se haya demostrado conforme con su presencia-, no podía permitir que por un error todo el esfuerzo puesto por Saoirse se desmoronara. O peor, que ese error terminara con sus vidas.

Las únicas palabras que sé en árabe son las que figuran en la carta del restaurante libanés que se encuentra aquí a la vuelta. ¿Has probado alguna vez el Shawarma? ¡Es delicioso! Con Will somos fanáticos y vamos a comerlo cada fin de semana —comentó Saoirse con rapidez. No parecía importarle en lo absoluto que la pelirroja estaba allí para inscribirse y no para escuchar acerca de su vida, pero ella siempre había ventilado más de lo que debía y no se detendría en ese momento para actuar acorde a lo que se esperaría de la encargada de un establecimiento. Si la mujer en verdad estaba interesada en las clases, debería adaptarse a ella o tendría que buscar un sitio nuevo—. Preguntaba para saber si debería prestarte alguno porque a veces las personas se emocionan y los compran, vienen aquí con las mil ilusiones y luego descubren que no les gusta. Por eso me encargué de comprar gran variedad para que las novatas no anden gastando en cosas que no usarán, ¿y sabes qué? ¡Tenemos en muchos colores! Azul... Rojo... Rosa... Verde... Amarillo. ¡Todos los que puedas imaginar! —añadió enérgicamente, reposando una pila de papeles sobre el escritorio y abriendo ligeramente los ojos para dejar salir la emoción que se generaba a la hora de hablar de su trabajo.

Al oír que la pelirroja se dirigía a su hermano con la misma libertad que ella lo hacía, Saoirse llevó la mirada hacia él y se aferró a una de las lapiceras de una manera de lo más atemorizante. William solo asintió levemente, entendiendo el punto al que ella quería llegar con esa simple acción.

Soy William, no Will. Tampoco Liam ni mucho menos Willie. Y no, claro que no me molesta. Pueden tardar todo lo que quieran —respondió con normalidad, arrebatándole la lapicera a Saoirse para dejarla al lado de la pila de papeles. Contrario a lo que sus palabras indicaban, William no se sentía a gusto en ningún aspecto. No le agradaban las personas que tomaban confianza de manera rápida y el mero hecho de que ella se hubiera dirigido a él con un apodo, pese a que para otros podría tratarse de algo insignificante, implicaba mucho más de lo que parecía. Él nunca había sido de esos que aceptaban esa clase de tratos a primeras—. Estaré esperando afuera para no molestarlas con mi presencia. Se, si necesitas algo... Solo llámame, ¿de acuerdo? Y... Encantado de conocerte, pelirroja —murmuró con suavidad, dándoles una última mirada a ambas.

Saoirse asintió y, antes de regresar toda su atención a su clienta, esperó a que William se retirara. Cuando este estuvo fuera de su campo de visión, un suspiro escapó de sus labios y una sonrisa se asomó de manera divertida. Ellos eran tan distintos que parecía imposible que fueran hermanos.

Tranquila, el único delito que podrás cometer aquí será robar la pista de baile. Y si tus intenciones son hacer amigos, creo que será necesario que nos presentemos. Soy Saoirse* Blackburn... Y ese rubio de por ahí es mi hermano William. ¡Aunque eso ya lo sabes porque ya lo dije! —exclamó mientras tomaba la lapicera, encontrando muy graciosa su ocurrencia y riendo por lo bajo al percibir lo frustrada que se encontraba la mujer. Con algo de torpeza, Saoirse tomó una hoja y comenzó a anotar los diferentes horarios y días en que se dictarían las clases. Pero antes de terminar, dejó la lapicera a un lado y alzó la mirada para volverle a hablar—. ¡Olvidé preguntar tu nombre! Lo siento mucho. Podría llamarte pelirroja pero eso no sería para nada cortés. Primero pensaría en un apodo basado en tu nombre y según las posibilidades consideraría llamarte o no de esa forma. O no lo sé, a mí nunca me ha gustado que me llamen "rubia". Suena algo... no lo sé, algo que diría alguien que intenta ligar. ¡Y no estoy ligando contigo, por supuesto que no! Dudo que Will lo estuviera haciendo, pero él es demasiado extraño así que... ¡quién sabe! —añadió de forma parlanchina, considerando si sería posible que su hermano hubiera intentado coquetear con su clienta.


Mientras tanto, William...
Tras abandonar el estudio, William sacó su móvil y comenzó a bajar lentamente cada uno de los peldaños de la escalera. Era consciente de que se hallaba en el cuarto piso y que podría haber usado perfectamente el ascensor, pero esa idea no pasó por su cabeza debido a dos razones. Primero, por la claustrofobia a la que se veía sometido cada vez que se encontraba en espacios reducidos. Segundo, porque sabía que la inscripción llevaría su tiempo y él debería esperar a Saoirse para ir al el restaurante libanes que tanto amaba.

Por esa última razón, al llegar a la planta baja, William no lo pensó dos veces y se dejó caer sobre uno de los sofás de la entrada. La recepcionista del lugar lo observó con detenimiento pero no pronunció palabra alguna, tan solo se se mantuvo en silencio y aparentó que él no estaba allí. Lo mismo hizo él, dedicándose a navegar entre las diferentes páginas que figuraban en el navegador de su móvil.

Bienvenidos, ¿puedo ayudarles en algo?—pronunció la encargada, dirigiéndose a los dos hombres que habían ingresado al edificio. Ante la ausencia de respuestas por el otro lado, su gentil tono de voz fue agudizado y la molestia se hizo presente en su voz—. Les estoy hablando, caballeros. ¿Pueden responderme?

William alzó la vista y estuvo a punto de intervenir en la situación, pero antes se detuvo y tomó su movil para leer el mensaje que había hecho encender la pantalla. No podía tratarse de otra persona más que su hermana puesto que ella sola tenía su número.


Saoirse:
"Will, te has olvidado tu billetera en el estudio. Yo podría alcanzártela pero prefiero que vengas aquí y lo hagas por tu cuenta por lo brusco que fuiste con mi clienta. ¡Te quiero! Nos cruzaremos en las escaleras en unos... ¿dos minutos?"


Una media sonrisa se formó débilmente en los labios de William, quien no tardó en ponerse de pie para dirigirse a los hombres que habían arribado al edificio. Un suspiro, tal vez de alivio, surcó por los labios de la recepcionista y sus ojos comenzaron a virar entre él y los dos desconocidos. Era más que notable que no se sentía para nada cómoda con esa situación.

Mmmm... ¿Ocurre algo? Porque el rostro de esta mujer indica que ustedes dos la están molestando—murmuró, siendo las únicas palabras que pudo formular en ese momento.

Los hombres ni siquiera se tomaron el tiempo de mirarle, tan solo sacaron un par de placas y respondieron a su pregunta. Aún con la mirada sobre la inexperta recepcionista.

Estamos buscando a una delincuente que podría poner en peligro a las personas dentro de este edificio. La llevamos persiguiendo durante un tiempo y la vimos ingresar aquí —respondió rápidamente, reposando bruscamente sus manos sobre el mueble de la recepción. Sus ojos recorrían amenazadoramente a la pobre empleada—. Es pelirroja, tez blanca y ronda los 18 años. Recientemente ha asesinado a un grupo de personas a unas millas de aquí, se cree que puede pertenecer a un grupo terrorista, ¿la ha visto?

William abrió la boca y tragó en seco, disponiéndose a retomar su camino hacia las escaleras. ¿Cómo había podido dejar a su hermana con una potencial psicópata? Todo había sido muy sospechoso desde un principio, comenzando por el hecho de que ella se había "equivocado" con los horarios aun cuando él mismo se había encargado de hacer el cambio ni bien lo supo. ¿Cómo no lo había podido presentir? La respuesta era demasiado simple. Ella parecía ser tan inocente, tan igual a Saoirse, que había logrado engañarlo con facilidad. Con demasiada facilidad. Y ahora, el hecho de que unas escaleras lo separaran de quien sabe qué clase de situación, no le impedía pensar con claridad. Solo quería llegar y...

¡Saoirse, aléjate de ella! —exclamó con dificultad al encontrarse cara a cara con su hermana y su supuesta clienta. Sus ojos se encontraban ligeramente abiertos y le inquietaba ver lo confundida que ella se veía—. ¿Estás bien? ¿No te ha hecho nada?

Saoirse, lejos de dejarse intimidar por su hermano, soltó una carcajada y le dio un golpecito en el hombro.

¿Pero a ti que te pasa, Will? ¿Te dejo solo por un par de minutos y te conviertes en un completo loco conspiranoico y paranóico? —preguntó, mordiéndose sus labios con cierta diversión. En su mano llevaba la billetera que William había olvidado—. Toma, presta más atención para la próxima. Y por cierto... ¡invité a Joahnne a nuestra pequeña cena de Shawarma! —añadió, dando un saltito de emoción sobre su lugar.

¿Joahnne se llamaba la potencial psicópata que se encontraba con su hermana? ¿Qué clase de psicópata prefería una cena por encima del placer que le genera asesinar a su víctima? ¿O es que acaso él se había equivocado y había otro psicópata igual de pelirrojo que ella?

Abajo hay unos presuntos policías buscando a una pelirroja de 18 años por su ajustado trato delictivo. ¡Y sorpresa! La única pelirroja que hemos visto hoy y que corresponde a esas características es la mujer que se encuentra a tu lado, Se. Entonces, haz lo que te digo y aléjate de ella.

La expresión en el rostro de Saoirse Blackburn cambió por completo.

Wow, wow, wow. ¿Acaso has perdido la cabeza? La conozco hace menos de una hora y puedo afirmar que no es una psicópata. O sí... O no... ¿Acaso eres una psicópata, Joahnne? ¿Por qué no me lo dijiste? No te habría aceptado en mi clase de árabe y tampoco te habría invitado a comer Shawarma con nosotros, ¡y eso que solo invito a comer Shawarma a personas que considero especiales! —exclamó con frustración, alzando el tono de su voz.

William llevó ambas manos a su cabeza sin lograr entender nada de lo que estaba ocurriendo. ¿Es que acaso él era la única persona capaz de ver la gravedad de todo ese asunto?

Pronunciación to' perfecta del nombre Saoirse:

Sear-sha
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Joahnne Herondale el Vie Ago 31, 2018 4:28 am

No tenía suerte, nunca. Ya, en este momento, debía reconocer que era más complicado que ella sacase la lotería más que el promedio de la gente normal. Se había asegurado el día anterior que el horario, la dirección y los requisitos escritos a mano en un post-it estaban correctos según la información de la página web. Reviso tres veces el papel que descansaba en sus manos para decidirse. ¿Qué podría salir mal? ¿Llegar tarde a clases? ¿Morir en el intento de inscribirse a un estudio de danzas árabes con el objetivo de conseguir amistades?

Con el primer acercamiento de la pelirroja con los dos hermanos pudieron vislumbrar que no podían callar a una Joahnne nerviosa. O sí… pero sería algo más complicado de lo que se podían imaginar. Mientras la dueña del lugar daba vueltas para dar con los formularios necesarios para dicha inscripción, William no se detenía con su observación. Tragó con fuerza cuando se sintió un tanto desnuda ante su mirada. ¿Sería un pervertido? ¿Era normal que las personas te mirasen así de insistentes? Mordió su labio inferior, sus manos eran un manojo de nervios que se tocaban cada dos segundos jugando entre ellas claramente era una muestra de incomodidad ante la situación. Recordaba que hacía unos días había estado viendo “El rey león”, lo asoció rápidamente con Hogwarts a eso de los leones  y Gryffindor, claro está. Este pensamiento voló a su mente comparándose con Simba de pequeño, una leona insegura que estaba deseando pasar por el examen minucioso de observación por parte del rubio. ¿Hará esto con todas? ¿No es esto acaso denunciable como acoso? Negó con su cabeza mientras prestaba, nuevamente, atención a lo que Saoirse le comentaba con la misma rapidez con la que ella hablaba.

Se formó una sonrisa en sus labios al entender que podría llevarse muy bien con ella. -¿Un restaurante libanés? No tenía noción que existía uno en los alrededores, tampoco soy de gastar demasiado dinero fuera de casa. Como que mi economía no está muy bien como para darme lujos y esta inscripción será realmente un gran lujo que tal vez mi estómago vaya a arrepentirse dentro de unos días.- ventiló sin mediar sus palabras. Aquellas oraciones podían ser malentendidas como si viviese casi en la calle aunque si uno se lo detenía a analizar no estaba tan alejada de la realidad. –Realmente no estoy tan emocionada, o sí…- frunció su ceño. Sí que estaba ilusionada con esta nueva actividad extracurricular en su vida. Además, era una buena manera de volver al ruedo. Debía hacer su vida como una muggle y no como una fugitiva que debía esconderse de posibles mortífagos que quieren su cabeza para una recompensa. –Sí, lo estoy pero no sé siquiera donde debo comprar un caderín. Ahora que tú me dices que tienes unos cuantos pues me aprovecharé de tu nobleza para no tener que gastar dinero en eso. ¿Tampoco debo comprarme esos sujetadores con lentejuelas que hacen que tus senos se vean mucho más grandes de lo que son? ¡Eso si es un GRAN PRO para estar en la clase! - volteó la vista hacia el hombre que seguía presente en el recinto. El característico sonrojo se hizo presente en la pelirroja.-Ehh…- cambió de tema rápidamente, aferrándose al nombre del rubio para tutearlo aunque temprano se dio cuenta que no fue tomado con gracia.  Sus mejillas que parecían perder el carmín de ellas, volvieron a encenderse asintiendo. Parecía una chiquilla pero veamos desde su perspectiva. Se sumaba a un estudio donde no tenía idea de nada, ni siquiera como debía bailar. Era recibida por dos hermanos que eran bastantes opuestos entre sí. La rubia era una chispita que podía encender cualquier conversación mientras su hermano era mucho más reservado. Sin embargo, con solo verlo sabía que era unos cuantos años mayor con ello y rememorando la canción que escuchó de sus vecinos. Ella podía cantarla feliz de la vida porque tenía toda la razón. A Joahnne le gustan mayores.

-Perdón, no quise sonar como una confianzuda, me dejé llevar por el momento.- respondió con rapidez. Su mano nerviosa reacomodó un mechón salvaje de cabello que se había escapado. La confianza que habían desprendido con ella en menos de cinco minutos provocó que Joahnne se sintiera cómoda, más que eso. Se sentía parte de un lugar, desconocido pero reconfortante. Hacía tiempo que no se sentía parte de algo. Tal vez, era demasiado dramática con su propia vida, no tenía que enloquecer con cada suceso de su vida. Solo le habían mentido. Vale, no era algo normal que se tomaría con un vaso de jugo mientras haces que nunca pasó nada. Había sentido que su vida había sido una mentira vil que nunca hubiese salido de la oscuridad si no se hubiese topado con su “madre”. Pero podemos darle una cuota de compasión, no por aquel drama familiar –que muchas familias conviven con alguno- sino por su estado actual. Era una fugitiva y sucia para muchos por defender a alguien desconocido. Su vena justiciera había hecho mella en ella cuando vio que se estaba juzgando equivocadamente. Tampoco analizaremos porque definimos “equivoco” ese juicio. –Gracias, William.- asintió. Esto era vergonzoso, se sentía toda una colegiala y sus hormonas hacían lo que querían. Debería de detenerse con su lectura de novelas con calificación +18 porque terminaría siendo toda una pervertida y se le iría la lengua cuando menos lo piense.

Gracias a un suspiro, por parte de la rubia, se volteó esperando sus siguientes palabras. El nombre le resonó en la mente. No la conocía, claramente, pero recordar tal pronunciación se le hacía raro. ¿Cómo se escribiría? Daba igual, su mente ni siquiera se detuvo en ello. Ventilar como es que dio con el estudio no era ni medio normal. ¿Tan necesitada estaba la población de tener amistades que habían tutoriales? La respuesta les sorprenderá.

Sus ojos se habían detenido en la bonita caligrafía que tenía la rubia. Pispiando un poco los datos que agregaba en una hoja, segundos después descubrió que eran los horarios. Sonrió, tenía tanto tiempo libre que aceptaría hasta tener clases a las diez de la mañana aunque pronto debería de encontrar trabajo. De nuevo, la vida adulta estaba fastidiándola tirándole mierda de lleno en la cara. Una imagen tan serena. –Me llamo Joahnne, Joahnne Herondale.- estaban en Londres, había parte del nuevo gobierno mágico que la perseguía por arruinarle los planes pero no habría nada de malo en dar registros en un simple estudio medio escondido. ¿No?- ¡Oye! No te preocupes, no tengo problemas de que me digas pelirroja pero la mayoría lo ha dicho para propasarse así que si inventas algún apodo con mi nombre mejor. O no… llamarme Joahnne a secas aunque también suena un poco cortante. No lo sé, podrías llamarme Joah, muchos me llaman así y es más sencillo. Vale, sería más fácil si solo me llamaras jota pero creo que sonaría a apodo de hombre. Espera, estoy suponiendo y dándole género a un simple apodo que no tiene nada de malo.- frunció el ceño pensando. Abrió los ojos.- ¿Qué? ¿Ligar conmigo? No, no, no, no. O sí… solo fue simpático.- Aseveró negando la idea. Se acercó al mobiliario tratando de pensar un escape sin meterse en ese tema. Las yemas de sus dedos recorrieron el borde de este hasta las hojas que estaban rellenas de datos sobre la clase de danzas árabes. Sonrió y alzó la vista. –Hace poco está este estudio. ¿No? Lo digo porque la página web decía 2018 así que supongo que todo es nuevo. ¿Eres profesora hace mucho? Es que me entra la curiosidad, nunca me había planteado que habían muchos estudios de danzas árabes pero fue el primero que vi que era nuevo y tal vez con un grupo nuevo de chicas o chicos encajaba mejor que con uno que estén hace tiempo. De esos que compiten y todo. ¿O no se compite?- preguntó interesada. Ya que estaba aquí podría resolver dudas como ¿Por qué no tenía amigos y buscaba en internet? ¿Por qué eligió árabe? ¿Por qué le pareció atractivo a Saoirse para ser una profesora? ¿Necesitarían una secretaría para hacer el papeleo? ¿Le darían trabajo? ¿Hasta cuándo podría sobrevivir con el sueldo de su último trabajo?

La respuesta de la rubia no tardó en llegar. -¿Tu hermano también hace esto de la danza árabe? Nunca he visto a ningún hombre y eso suena tan mal… como si estuviese juzgando. Pero tampoco es que haya buscado por Youtube algún video donde muestre el baile. Me he tirado a ciegas a esta nueva aventura.- mencionó riéndose. Todas sus palabras eran reales, ni siquiera se había dignado a buscar más a fondo. Solo se quedó con las imágenes y gifs encontrados en la web. Saoirse, de pronto, se agachó para dar con una billetera. Arqueó una ceja, o lo intentó porque nunca se fijó si le salía tal, se acercó mucho más a la rubia. – ¿Será de alguna alumna?- rápido recibió una negativa. Era de William. –Menos mal que la has encontrado tú, cualquiera se aprovecharía.- observó cómo sacaba el móvil y tecleaba. Su mirada voló hacia otro lado para darle privacidad. Repentinamente un comentario salió de sus labios, más bien una invitación. ¿Esto sería el comienzo de una amistad? Esperaba y sí porque si continuaba comentando películas con su ardilla eso no sería completamente cuerdo. ¿Qué digo? No es cuerdo siquiera tener una ardilla como mascota en pleno Londres. Y ahí nos encontramos con una pelirroja que ventila que aun aceptando la invitación porque su estómago delató su falta de almuerzo, necesitaba hablar. - ¿Sabes? He pasado por algo grande en mi vida, no vine igual a ventilar todos mis dramas pero creo que de esta decisión no me arrepentiré. Parece tonto pero inscribirme aquí puede que me abra una nueva visión de todo.- sus labios se curvaron en una sonrisa sincera.

Lo único que tenía era un departamento en Londres que vaya uno a saber cuánto tiempo le quedaba, sus padres habían mantenido ese lugar comprándolo directamente pero los importes de los servicios eran saldados con el bolsillo de la pelirroja que comenzaba a acercarse a las cifras rojas. Sin mencionar que la compañía era una ardilla que parecía entenderla, o eso creía. A ese punto llegó, ni hablar que la poca gente con la que tenía contacto por Whatsapp que eran dos rubios. Una rubia que había sido causante de varios incidentes en Las Vegas y el otro, le sostuvo el cabello cuando vomitaba hasta su alma luego de una fiesta. Y Geraldine. Pero la había bloqueado por su seguridad.

-Tampoco quiero darte lástima o preocuparte por lo que dije puede que hasta esté…- cortó el posible vómito verbal cuando se encontraron con William vociferando en su dirección. La confusión de parte de ambas era palpable por cualquiera que ingresara tarde a la habitación. La pelirroja quedó callada en el mismo lugar en el que se detuvo cuando la confianza la inundó.

¿Qué? ¿Ella una delincuente? ¿Tener una ardilla en un departamento era un delito? Y vamos a ser sinceros, la chica no se llevaba bien con una ronda rápida de preguntas. Nunca lo fue. Balbuceó hasta dar con las palabras y si no ocurría eso, ella misma se iría del lugar si era un problema para el rubio. –No soy una psicópata.- fue la oración que salió después de desenredarse el nudo que se había convirtió su lengua. La frustración aumentó cuando analizó el rostro de William. No le creía.

Joahnne avanzó hacia él y le señaló con el dedo índice, por supuesto molesta. –No se te ocurra decir semejante estupidez.- vociferó colérica sorpresivamente para los hermanos.- ¡No soy ninguna delincuente! ¡Lo que me faltaba! No puedo solamente vivir sola en un departamento que mis padres compraron pero no recibo ni un mensaje de ellos, ni simplemente tener dos amigos si es que puedo llamarlos así porque nos habremos visto unas tres veces en total. ¡Ni contar que una ardilla no es la compañía que cualquier londinense planea!- inhaló bruscamente para conseguir aire  y tirar muchos más comentarios.-¡Y no quiero volver a oírte algo tan espantoso como eso! ¡No soy ninguna psicópata!

Indignada por la situación no escuchó los pasos que habían seguido a los de William. Dos hombres corpulentos con una cara de “te mataré si siquiera me hablas”. Joahnne solo dio un paso atrás, chocando con parte del mobiliario. Sus expresiones de seriedad se transformaron en una gran sonrisa cínica, la que aparece en aquellas películas de miedo. –Joahnne Herondale.- pronunció uno de ellos. -¿Pensaste que podías escapar de nosotros? ¿Una despreciable fugitiva intentando rearmar su vida?- inquirió dando paso a dos palabras que le helaron la sangre.- Sucia rata.- la mano grotesca del otro alzó una varita. ¿Cómo dieron con ella? ¿Por qué estaban ahí? ¡Los matarían a los hermanos Blackburn por su descuido! ¿Y su varita? ¡En el departamento! ¿Dónde la hubiese metido sino?

-No... ustedes no pueden ser...- dejó la frase en el aire. Estaban perdidos, los tres. Ella no tenía su varita a mano.
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William Blackburn el Dom Sep 09, 2018 10:37 pm

Perspectiva de Saoirse antes del arribo de William.

Para Saoirse, quien estaba acostumbrada a lidiar con el constante malhumor de su hermano, interactuar con alguien como Joahnne era una verdadera maravilla. Se sentía con un sim con todas las barritas verdes completas y no podía parar de sonreír gracias a la emoción que le generaba hablar con la pelirroja. No era nada parecido a lo que había experimentado en otras oportunidades al recibir clientes nuevos. Más bien, era como si estuviese hablando con una vieja amiga que no veía hace mucho tiempo. Y en esa oportunidad, teniendo en cuenta las repetidas ocasiones en que el arribo de alguien nuevo a su estudio le había generado cierto nerviosismo, los papeles se habían invertido y ella no era la que estaba nerviosa. Era Joahnne quien lo estaba. Y eso, además de generarle ternura, le hacía actuar más confiada de lo habitual.

Oh, ¡tu apellido es el mismo que la familia de Cazadores de Sombras! Yo amaba a Will hasta que, bueno, ya sabes... No diré más porque tal vez diga algún un spoiler y no deseo spoilearte de ninguna manera, pero debo admitir que siempre tuve un pequeño crush por él. ¿Y sabes qué? Es un tanto curioso porque mi hermano se llama Will... tu apellido es Herondale... Y juntos forman su nombre, ¡sería una locura decir que solo es una casualidad! —exclamó con emoción, deteniendo la escritura y alzando las cejas para demostrar su sorpresa. Saoirse era fanática de Cazadores de Sombras: los orígenes. Siempre había sentido un particular interés por la época victoriana y lo fantástico, y que dicho libro englobara ambos gustos, llevó a que leyera la trilogía en tiempo record—. Estoy segura de que será todo un honor tenerte por aquí, Joah. Y tampoco te preocupes por los accesorios, eso es lo de menos y no los usaremos a menos que debamos asistir a alguna competencia. Y ya respondiendo a tu pregunta... Sí, pensaba inscribirnos a una competencia que se realizará a fin de año. Estuve algunos años trabajando en un estudio cerca de donde vivía, pero con Will debimos movilizarnos y esta es la primera vez en mucho tiempo que logramos establecernos en un sitio. También es la primera vez que tengo mi propio estudio y, como podrás imaginar, estoy súper emocionada. Todo es tan... nuevo y ajeno a lo que viví en el último tiempo —murmuró con suavidad, esbozando una pequeña sonrisa ladina.

Había un intenso brillo en sus ojos, una chispa de esperanza en medio de un auge de oscuridad. Hablar sobre sus vivencias y la importancia que aquel lugar tenía para ella era una de las razones por las que se había mantenido en pie y no había perdido la cordura. Porque, con la compañía y el apoyo de su hermano, había logrado cosas que alguna vez creyó imposibles. Y pese a que sabía que él no había hecho el bien durante gran parte del último tiempo, también tenía la esperanza de que, algún día, alguien pudiera hablar de él con la misma intensidad que ella empleaba a la hora de hablar de su estudio. Quería que así fuera. Quería lo mejor para William.

Frente a la inesperada pregunta pronunciada por la pelirroja, Saoirse ladeó la cabeza de lado a lado y profirió una pequeña risa. Imaginar a su hermano con alguno de los accesorios destinados a las danzas árabes resultaba ser demasiado divertido como para ser cierto.

¿William bailando? No, no lo hace. Pero no mentiré al decir que pagaría por verle hacerlo. Él es un tanto sobreprotector y siempre espera a que las clases terminen para acompañarme a casa, ese es el motivo por el que estaba aquí. Y si eso llega a incomodarte, debes saber que espera en la habitación contigua y no sale de ahí hasta que la última alumna se retira. No es una clase de acosador o algo por el estilo, no tienes de que preocuparte —aclaró, moviéndose en su lugar y deteniéndose al sentir el choque de su pie con un objeto inusual que se hallaba en el suelo. Soltando la lapicera con la que se había encargado de escribir los horarios, Saoirse se puso de cuclillas y no tardó en dar con una billetera de cuero. Le resultó familiar ya que la había visto con anterioridad, por lo que, al ponerse de pie, negó ante la pregunta de Joahnne—. No, es de Will. Se le habrá caído antes de huir y dejarnos aquí plantadas. ¡Y sí, es una fortuna que haya sido yo quien lo encontró! Pero para él no lo será porque deberá venir aquí para recogerla. Le mandaré un mensaje y luego termino de explicarte el proceso de inscripción porque acabo de darme cuenta que lo omití por completo y me dediqué a hablar de cosas banales durante los últimos veinte minutos —añadió, formando un mohín y tomando su móvil para enviar un mensaje a su hermano.

Al terminar, Saoirse tomó la hoja en la que había estado garabateando y la puso en dirección a la pelirroja. Con una media sonrisa, le agradeció por su paciencia y comenzó a hacer señalar los puntos claves que había escrito. Pero, antes de que pudiera comenzar con su explicación, la voz de William le tomó por desprevenida.

Previamente en... William(?)
Puedes responder a partir de aquí, bella ♥
La expresión en el rostro de William no tardó en pasar rápidamente de la confusión a la frustración. Era increíble que, a diferencia suya, Saoirse se viera imposibilitada a ver la realidad. Una realidad donde, para pesar de ambos, la pelirroja podía hacer caso omiso a su inocente apariencia para, en cuestión de segundos, dejarse llevar por su iracunda naturaleza. Aquella naturaleza que había llevado a que los dos hombres misteriosos y desconocidos se hicieran presentes en el edificio, siguiendo sus pasos con el deseo latente de dar fin a cada uno de sus actos. O al menos, así fue su primer pensamiento al oír las palabras del par. Porque, al momento de hacer frente a la desconocida, algo en William le hizo creer que existía la pequeña posibilidad de que tanto él como los policías estuvieran equivocados.

Casi al mismo instante que aquella curiosa idea pasó por su cabeza, las voces de la pelirroja y su hermana comenzaron a hacer eco en su interior. La joven se encontraba particularmente ofendida por su acusación y no había reaccionado de acuerdo a como él había pensado, sino que todo lo contrario: parecía que esa situación la estresaba de una manera un tanto extraña.

Eh, eh. Baja ese dedo o el único espectáculo árabe que verás será en la televisión de una celda putrefacta en el medio una prisión —advirtió William, instándola a que retrocediera y manteniéndose en su lugar sin darle posibilidad a intimidarlo. Su mirada chocó con la de su hermana, quien permanecía detrás del mostrador con una expresión de desaprobación a lo largo y ancho de su rostro. Pero lejos de importarle, William afianzó su postura y dio un paso adelante para acortar las distancias entre él y la mujer—. Escucha, me importa un carajo saber acerca de tu vida y tu ardilla mascota. Ahí abajo hay dos hombres preguntando por ti y prefiero equivocarme al creer que tienen razón antes que exponer a mi hermana a cualquier peligro que tú, ellos o cualquiera, puedan exponerla ¿Entiendes?. Si eres inocente, una asesina serial como ellos dicen o te gusta ver programas de televisión junto a tu mascota que, para mi sorpresa, es una ardilla, no me incumbe en lo absoluto y no es mi problema. No soy tu padre para tolerar esta escenita.

El malestar era visible en todo su rostro. Tanto, que la mismísima Saoirse Blackburn estuvo a punto de abandonar su lugar para interceder a favor de su nueva amiga. Pero, antes de que pudiera hacerlo, la llegada de los dos hombres logró impedirlo.

Con nerviosismo, Saoirse tragó con dificultad y observó a William con ojos suplicantes. ¿Acaso ellos habían dicho que Joahnne era una fugitiva? Parecía ser una idea un tanto surrealista considerando que el mundo era gigante y las probabilidades de coincidir con otro fugitivo eran realmente escasas pero, en el momento en que uno de ellos alzó su varita en dirección a la pelirroja, todas esas probabilidades desaparecieron y supo que era real. Tan real que podría costarles la vida.

Sin premeditarlo, William alzó la mano y la cerró para proporcionarle un golpe en el rostro al desconocido. El hombre no tardó en caer de espaldas y llevó la mano hacia su mejilla, intentando recomponerse. Su acompañante, sorprendido por el accionar del rubio, dio un paso hacia atrás y lo apuntó con su varita pero, en ese preciso instante, Saoirse alzó su varita y chilló de manera descomunal.

¡Desmaius! —pronunció, moviendo la varita para generar una chispa que impactó de lleno en el cuerpo del individuo. Frente a esta situación, una risa divertida escapó de sus labios y sus cejas se alzaron con emoción, observando de manera inquisitiva la expresión de sorpresa que se hallaba en el rostro de su hermano—. Oh, vamos Willlllllllll... Ven aquí antes de que ese zopenco de por ahí se levante y despierte a su amigo. Tenemos que irnos. Rápido.

William asintió y avanzó hacia la pelirroja, tomándola por la muñeca para guiarla el salón de baile. Allí, Saoirse los esperaba impaciente con su varita en mano y esperó a que estuvieran a su lado antes de pronunciar un hechizo que cerró la puerta de par en par. Pese a que, gracias al uso de la magia, los dos individuos podrían contrarrestar la cerradura con el uso de algún hechizo.

¡Rápido, debemos pensar en algo! —exclamó Saoirse, deteniéndose a observar la forma en que William sostenía a Joahnne. Pese a que siempre se había mostrado segura frente a él, nunca antes había pensado en qué podrían hacer en una situación como esa. Sabía que podían desaparecer del lugar con solo pensarlo, pero no quería echar a la basura todo el esfuerzo que había puesto en su establecimiento. Debían hacerles frente antes que fuera demasiado tarde—. Joah... tú... eres como nosotros, ¿cierto? —preguntó con detenimiento, dejando a un lado la despreocupación que tanto la caracterizaba—. Creo que no hará falta que aclaremos a que me refiero con “nosotros”, ¿cierto? —añadió con nerviosismo.

William frunció el entrecejo y soltó a Joahnne, llevando la mano a su bolsillo para comprobar que su varita se encontraba allí. Creía que Saoirse tendría un plan para situaciones como esas pero, al parecer, deberían improvisar para salir ilesos.

Se... ¿Sabías que el hechizo podía impactar en mí?—preguntó con indignación, llevando la mirada entre su hermana y Joahnne. Él estaba convencido de que la pelirroja no era tan normal como aparentaba pero, solo por si acaso, instó a su hermana para que retrocediera. No la conocían en lo absoluto y toda aquella situación podía ser fácilmente una actuación para atraparlos de una vez por todas—. ¿Dónde está tu varita, Joahnne? Claro, si ese es tu verdadero nombre. Porque tal vez puedas engañar a mi hermana pero conmigo no será tan fácil, ¿comprendes? Allí afuera aparentemente hay dos tipos detrás de tu trasero y si solo se te ocurre tornarte a favor de ellos, créeme cuando te digo que serán el menor de tus problemas —advirtió, aferrándose al dorso de su varita para adoptar una postura defensiva.

¿Acaso impactó en ti? No. Deja de llorar por un instante y deja de amenazar a Joahnne porque no ganaras nada con eso. Y por si no lo recuerdas, me tomaré el atrevimiento de recordártelo: ahí afuera hay dos tipos listos para colgar nuestras cabezas como trofeos, Will. ¿Y sabes qué? No quiero ser el puto trofeo de nadie, y mucho menos, el trofeo de un tipo que cayó al suelo por un simple golpe. Eso fue patético. Ahora, piensa en algo y sácanos de aquí —respondió enfadada, posicionándose a un lado de Joahnne para demostrarle su apoyo.

Ignorando la mirada recriminatoria de Saoirse, William tomó su varita e hizo un ademán para que le siguieran hacia la habitación en que permanecía durante cada una de las sesiones de baile. Conocía ese lugar a la perfección, cada uno de sus rincones, tanto, que podría decirse que ya lo consideraba suyo. Contaba con un pequeño sillón, una televisión muggle y un armario en que se guardaban los aparatos destinados para la limpieza.

No pregunten. Tan solo… escóndanse dentro del armario y no salgan por nada en el mundo ¿entendieron? Especialmente tú, Saoirse. Quédense aquí y estarán seguras —murmuró con suavidad, alzando su mano libre para acariciar su sien. Al igual que su hermana, William no tenía idea de que harían para salir de esa situación. Pero, evidentemente, no estaba dentro de sus planes terminar encerrado en una prisión de Azkaban. Tampoco pensaba regresar a una de las prisiones de la familia Kingsley—. Se, solo por si acaso… —añadió, deteniéndose al oír pisadas en la habitación contigua.

Un suspiro escapó de sus labios y fue entonces cuando, haciéndose de coraje, William tomó la manilla de la puerta, alzó la varita y abandonó el lugar para hacer frente al problema. Solo esperaba que Saoirse y Joahnne fueran lo suficientemente listas como para mantener sus narices fuera de ese asunto.
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