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Who will stand for them? {Caroline Shepard & Gwendoline Edevane}

Gwendoline Edevane el Lun Ago 20, 2018 4:08 pm

Who will stand for them? {Caroline Shepard & Gwendoline Edevane} B1R405K
Martes 28 de agosto, 2018 || Bosque de Epping, Londres || 00:37 horas || Mi ropa

Lunes 27 de agosto, 2018 - 23:07 horas
Uno de los pisos francos de Artemis Hemsley

Artemis abrió la boca en un largo bostezo, aburrida como estaba de la monotonía. Demasiados casos que revisar, demasiados fugitivos a los que perseguir. De no ser por la emoción de la caza, y de los juegos que casi siempre seguían a la caza, Artemis Hemsley habría abandonado aquel trabajo hacía tiempo. Demasiada burocracia, demasiado papeleo que rellenar.
Y sin embargo no se quejaba. Después de todo, podía decirse que vivía como una auténtica reina: buen sueldo, toda la diversión que quería, y muy pocas personas que se atreviesen a buscarle las cosquillas.

*¡Knock, knock, knock!*

Hablando del Rey de Roma, por la puerta asoma, pensó Artemis con jovialidad, levantándose de la silla que ocupaba frente al escritorio para abrir la puerta. Con una amplia sonrisa, recibió a la recién llegada, ciertamente feliz de verla—aunque fuese una de esas pocas personas que se habían atrevido a buscarle las cosquillas—allí de pie.

¡Mi querida Gwendoline!Exclamó Artemis, dando incluso un pequeño saltito de la emoción, entrelazando ambas manos delante de ella, en ese gesto tan característico suyo que casi parecía una plegaria.Te has retrasado un poco. Quedamos en que te reunirías conmigo a las once.Artemis se puso brazos en jarra, fingiendo severidad. La sonrisa no tardó en volver a asomar en sus labios.¡Oh, bueno! ¡No pasa nada! ¡Todo el mundo comete errores! Venga, pasa, no te quedes ahí de pie.

Fue todo un deleite para Artemis Hemsley observar como Gwendoline Edevane, al igual que una pequeña marioneta movida por unos hilos invisibles, entraba en el apartamento. Su mirada perdida era un claro indicativo: no era dueña de sus acciones. No era más que un títere a su servicio, y podía manejarla como quisiese.
La ordenó sentarse en la cama, y su muñequita obedeció. Hemsley, por su parte, volvió a sentarse en la silla que ocupaba antes de levantarse a abrir la puerta. La giró para encarar la cama, sonriendo jovialmente a su ‘invitada’.

¿Y bien? ¿Qué noticias tienes para mí, Wendy?Preguntó la mortífaga como si tal cosa.

—No he podido recuperar el espejo.—Afirmó Gwendoline de manera mecánica, totalmente ausente, sin mirar a Artemis. En realidad, no miraba en ninguna dirección concreta.

Muy mal.Artemis chasqueó la lengua, negando con la cabeza a continuación.Ya deberías habérselo arrebatado a Sammy. Creo que te mereces un pequeño castigo...

Artemis observó con deleite como, pese a la maldición Imperius que había echado sobre ella, Gwendoline Edevane se tensaba, visiblemente nerviosa ante la perspectiva de padecer dolor. Artemis nunca le hacía nada que dejase marcas, y por supuesto no traspasaba ciertos límites, pero en alguna ocasión había tenido que aplicarle pequeños correctivos. Y es que, a pesar de estar plegada a su voluntad, Gwendoline tenía momentos de rebeldía.
Hemsley sabía tratar con rebeldes, oh sí. Se le daba estupendamente.

Verás, Wendy...La mortífaga se puso en pie, salvando la pequeña distancia que la separaba de la cama, y puso una mano en el hombro de la joven; se tensó todavía más, si cabía.Te he pedido dos cosas: que me traigas mi espejo, y que averigües dónde está Thaddeus Allistar. ¿Y has cumplido con alguna de ellas?Artemis negó con la cabeza, casi sintiendo pena por lo que tenía intención de hacer, como si hubiese sido puesta en una situación en la que no le gustaba estar.¿Has averiguado algo sobre Allistar?Preguntó, por si acaso.

Gwendoline tragó saliva, negando con la cabeza. Su cuerpo era consciente de que le esperaba un duro correctivo. Algo que le recordaría lo que pasaba cuando Artemis Hemsley no conseguía lo que quería…
...pero no ocurrió. Y es que Artemis estaba de buen humor. La mortífaga se separó de Gwendoline, volviendo a su silla.

¡Venga, no pasa nada! Lo dejaremos correr por esta vez. Para que luego digas que no somos amigas.Artemis soltó una breve risita, antes de proceder con el interrogatorio.Ponme al día de todas las novedades, ¿quieres? ¡Venga! ¿En qué ha estado metida Sammy últimamente? ¿Y su amiga, Caroline? ¡Cuéntamelo todo!Artemis parecía emocionada, tanto como si fuese una niña y acabase de despertarse la mañana de Navidad.

***

Experimenté uno de esos momentos en los que perdía la noción del tiempo: recordaba haber salido de casa, caminando, y también recordaba vagamente haber recorrido las calles de Londres, pero cuando quise darme cuenta, me encontraba en el bosque. Tenía una ligera jaqueca, pero nada que no solucionase un pequeño trago de poción para el dolor de cabeza.
Había quedado en reunirme con Caroline en el bosque, en un punto señalizado con una piedra tallada con un kanji, el tipo de escritura japonesa que, pusiese lo que pusiese, yo no entendería. Caroline perfectamente podría escribir ‘Tonto el que lo mire’, y yo no me daría cuenta. ¿Creía capaz a Caroline de un trolleo de ese tipo? Bueno, sí, a ella y a Sam, teniendo en cuenta lo que ocurría en el cuarto de baño de la casa de ambas. Mi recomendación es que evitéis la curiosidad de pesaros en la báscula que tienen allí, si es que alguna vez visitáis esa casa.
La piedra en cuestión no estaría muy lejos de la entrada del bosque. Caroline preferiría que ambas nos internásemos juntas en el bosque, a fin de evitar cualquier tipo de peligro.
¿Y qué hacíamos en medio del bosque? Bueno, se trataba de una larga historia, a decir verdad. Al parecer, en tiempos recientes, Caroline había estado empleando gran parte de su tiempo libre en atender ciertos casos que el Ministerio de Magia rechazaba, todos ellos relacionados con el tráfico ilegal de criaturas mágicas y el maltrato de las mismas.
En este caso, Caroline estaba investigando un complejo situado en el bosque, una especie de perrera abandonada en cuyo interior se albergaba, mágicamente oculta, una factoría dedicada al tráfico de cangrejos de fuego. Aquel caso podía estar perfectamente relacionado con el de aquel hombre que Sam y yo habíamos visitado, en uno de los supuestos locales que albergaban a fugitivos, y que guardaba un montón de cangrejos de fuego en una maleta encantada mágicamente.
Yo misma me había preguntado qué pintaba yo en todo aquello, pero Caroline se había encargado de despejar mi duda: al parecer, los magos que llevaban aquel lugar habían tenido la grandiosa idea de utilizar mano de obra muggle, previa maldición Imperius, así que habría que desmemorizarlos y asegurarse de que sus mentes no corrían peligro por el uso imprudente de la maldición imperdonable.

—En principio no debería entrañar demasiado riesgo.—Me dije a mí misma mientras caminaba entre la maleza, la varita en alto en la mano izquierda y la derecha asiendo la correa de mi bolso, mágicamente encantado para llevar un montón de cosas allí dentro.

Tardé unos diez minutos, más o menos, en localizar la roca con el kanji grabado. Una vez lo hice, me detuve a observarla unos segundos a la suave luz de la varita. No entendía aquel símbolo tallado en la piedra, ni mucho menos.



(Significado que Gwen ignora: Reunión)


Pues allí estaba. Ya solo faltaba esperar a que llegase Caroline. Mientras la esperaba, metí la mano dentro de mi bolso mágico y tanteé el interior hasta dar con un pequeño frasco. Contenía la antes mencionada poción para el dolor de cabeza. Desenrosqué el tapón y me bebí el contenido del frasco, una dosis justa y exacta.
Aquello haría remitir la jaqueca… o eso esperaba, pues en los últimos dos meses las jaquecas se habían convertido en un mal habitual para mí...


Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Nov 27, 2018 2:48 pm, editado 2 veces
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Caroline Shepard el Dom Oct 28, 2018 3:50 pm

En tiempos de guerra no eran solo los humanos que sufrían, sino que todo a su alrededor. Ya que una de los principales caracteristicas de nosotros,  seres antropocéntricos por cultura, era invadir todo a nuestro alrededor, pensar que el mundo es nuestro, sin ser consciente de que somos los más jovenes sobre este planeta llamado (también por el humano) Tierra. Desde muy pequeña me preguntaba el por qué tendemos a pensar que nuestra vida vale más que la de una animal, flor o un mango. Y negaba la teoría de que por nosotros tenemos "sentimientos" ya que un elefante llora a sus muertos como  también un girasol busca el sol en su compañera de al lado cuando el día está nublado.

Todos merecemos una oportunidad, una esperanza dentro del caos, y yo pensaba dársela a todas esas criaturas mágicas que no eran contadas en ese pequeño grupo denominado de "importante" dentro del Ministerio. Por lo que durante el último tiempo esperaba que todos mis compañeros de trabajo volvieran a sus hogares para ir en busca de todas esas carpetas con casos olvidados y rezagados.

En Japón las cosas tampoco eran tan diferente, a nivel de gobierno los animales seguían siendo vistos meramente como comida, cosas por domesticar o de los cuáles uno podía sacar dinero por su extravagancia o bella piel. Pero afortunadamente siempre habían personas, hermosas personas, que veían más allá y lograban observar en las criaturas y animales unos compañeros y amigos los cuales defender y compartir. Como de seguro han de existir también en Londres pero que lamentablemente se encuentran mudos y temerosos por todo lo demás que están viviendo.

Pero como jamás he podido cerrar mi boca, o dar un paso si veo una injusticia es que me encuentro en este bosque en busca de una persona que la vida, siempre tan curiosa y maravillosa me puso en mi camino una vez más, y que agradezco de sobremanera contar en mis días : Gwendoline Edevane. Porque ella podría encontrarse en la comodidad de su hogar en vez de arriesgar su puesto, e identidad por unos simples cangrejos de fuego. Pero no, ella no tardó en darme el sí cuando le conté sobre esta especie de "perrera" que traficaba aquellas criaturas y las trataba de manera grotesca.

Sonreí cuando la ví a unos pasos, la observé sacar un frasco y llevarselo a la boca.

- Holo, ¿qué tomas? ¿Hay un poco para mí?.- pregunté a modo de saludo junto a una sonrisa, para luego darle un abrazo apretado y lleno de cariño. - Muchas gracias por ayudarme en esto, Gwen. De verdad.- le dije al separarme de ella.- Como te dije no debería causarnos muchos problemas este caso, ya que los días previos que vine a observar la seguridad es escasa. Yo creo que es porque no se imaginan que a alguien le importe aquellas criaturas como para crear una misión de rescate...- hice una pausa y fruncí levemente el ceño.- ¿Te encuentras bien?.- le pregunté preocupada al verla un poco más pálida que de costumbre, llevando mi mano a su frente para tomarle la temperatura.
Caroline Shepard
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Gwendoline Edevane el Lun Oct 29, 2018 8:52 pm

Otra cosa habitual en los últimos meses, paralelamente a las jaquecas, eran esos pequeños periodos de ausencia: momentos en los que era capaz de quedarme abstraída, con la mirada perdida, sin ningún pensamiento concreto paseándose por mi mente, sino más bien una sucesión de varios pensamientos inconexos que era incapaz de hilar.
Fue eso lo que me ocurrió entonces, mientras tomaba la poción para el dolor de cabeza. Si me preguntasen qué estaba pensando entonces, no sabría decirlo, pues creo que realmente no pensaba nada. En mi propia experiencia personal acerca de la vida, el no pensar nada era algo prácticamente imposible: los pensamientos fluían por sí solos, y un cerebro humano se pasaba prácticamente las veinticuatro horas del día trabajando. Incluso mientras dormíamos, el cerebro continuaba con su incesante actividad.
De aquel estado de ensueño no me sacó la voz de Caroline Shepard, quien por fin había llegado al punto de encuentro acordado. Lo que me devolvió al mundo real, al ese bosque oscuro en medio de la noche, donde cantaban los grillos y las cigarras, fue el contacto físico con mi amiga. Su abrazo me hizo volver y, disimulando mi actual estado, compuse la mejor imitación de sonrisa de que fui capaz.

—Hola.—Respondí. Seguía teniendo el frasco vacío de la poción entre mis dedos.—¿Esto? ¡Oh, no es nada! Unas vitaminas.—Mentí con bastante descaro, y gracias puedo dar por ser bastante buena en lo que a las mentiras respecta. Devolví el frasco a su sitio, dentro del bolso.

Resté importancia al agradecimiento de Caroline, o mejor dicho, a la necesidad de tal agradecimiento: teniendo en cuenta los acontecimientos que habían tenido lugar en los últimos meses, desde que Caroline había entrado a formar parte de nuestro pequeño grupo de enemigas de Hemsley, los agradecimientos sobraban. Si una de las tres necesitaba ayuda, las otras dos se la brindaban. Y tal les valía: en los últimos tiempos, había descubierto que era muy difícil encontrar gente en quién confiar.
No había más que contemplar los restos del que había sido nuestro grupo de cinco en Hogwarts: nosotras tres, un Henry que ya no era ni por asomo él mismo, y una Beatrice que cada día, más y más, parecía alejarse de nosotras.

—Estoy bien.—Respondí, frunciendo el ceño cuando Caroline me puso una mano en la frente. Mi cabeza todavía martilleaba bastante, pero la poción analgésica había convertido dicho martilleo en un dolor sordo e intermitente. Suficiente como para seguir adelante.—Puede que esté cogiendo un resfriado o algo así.—Añadí, restándole importancia a un asunto de salud que no me iba a impedir llevar a cabo aquella misión.—Volviendo al tema de la seguridad… ¿De cuánta gente estamos hablando? ¿Has visto algún tipo de alarma mágica o algo por el estilo?—Pregunté, intentando centrarme en el tema que nos ocupaba, pues así quizás pudiese olvidarme del todo del dolor de cabeza.—Antes de entrar, sugiero que echemos un vistazo con...—Llevé mi mano derecha al bolso, rebuscando dentro de su enorme interior, hasta que mis dedos asieron lo que buscaba.—...esto.—Mostré a Caroline mis onmiculares, que había comprado para los conciertos del Magicland.—Supongo que habrá por aquí algún sitio elevado desde el que podamos echar un vistazo antes de arriesgarnos a entrar, ¿no?

Toda precaución era poca. Mejor observar bien que entrar sin ningún tipo de cuidado y encontrarnos en medio de un marrón del que fuésemos incapaces de salir. No tenía ganas de que Sam se cabrease con nosotras, cosa altamente probable, cuando descubriese que algo malo nos había pasado en una misión que, en principio, no debería entrañar demasiados riesgos.
Después de todo, se mirase por donde se mirase, lo que íbamos tenía más pinta de activismo radical que de otra cosa...
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Caroline Shepard el Sáb Nov 24, 2018 3:50 am

A esta misión iba un poco más tranquila, pero no por eso perdería mi atención, había que estar alerta siempre,  por más que se viera fácil uno nunca sabía cuando las cosas se iban a torcer. Me había dedicado a observar el lugar antes de decidirme a ir con todo, y a simple vista la seguridad era muy escasa, por no decir nula. Un par de hombres resguardaban la entrada y adentro no creía que se encontrarán más de dos más. Además debía admitir que contar con Gwendoline en esto hacía todo mucho más ameno, contar con una mano amiga siempre era un alivio en estos días.

Cuando ví a Gwen unos pasos de mí sonreí ampliamente, es que la presencia de esa mujer solo trae felicidad. La saludé con mucho cariño para luego preguntarle sobre las pastillas que le ví ingerir antes de llegar a su lado, fruncí levemente el ceño por lo de las vitaminas, pero no le dí mayor importancia, ya que en estos tiempos un poco de energía empastillada no venía mal la verdad, quizás yo también debería hacerlo pensé por unos segundos para luego dejarlo pasar.

Luego vinieron los agradecimientos, es que a mi me faltaría vida para agradecer todo lo que ha hecho Gwen por mi Samcita y por mí durante todo este tiempo, es por eso que por más que me responda con ese común no hay de qué, yo jamás me cansaré de hacerlo, porque soy de esas personas que realmente agradece contar con las personas que estima, y si pudiera lo gritaría a los cuatro vientos todos los días, de  hecho a veces lo hago, cuando la situación lo permite.

- ¿Segura?.- insistí entrecerrando los ojos, como si con aquel accionar mis ojos ganarán una especie de visión ultra mega super poderosa que descubre toda mentira y enfermedad. - Eso es porque no te abrigas suficiente tu cuello, deja que te presto mi pañuelo.- aquellas palabras estaban lejos de ser una sugerencia, era más bien una orden. Me saqué mi pañuelo y no tardé ni dos segundos en ponerlo alrededor de su cuello, para luego ofrecerle una sonrisa radiante.

- Al menos en el exterior no hay ninguna alarma mágica, ni seguridad con hechizos, yo logré llegar hasta la puerta trasera y nada me atacó, o hizo aviso de mi presencia. No podría decir la cantidad exacta de personas que se encuentran custodiando, pero me atrevería a decir que no más de cuatro o cinco magos. Creo que si sabemos actuar silenciosamente, lograremos desarmarlos sin que llegen ni siquiera a vernos.- le dije con tono seguro, es que cuando me encontraba con Gwen o Sam realmente sentía que nada tan malo podía pasar, porque juntas somos como una gran fortaleza.- De hecho más que ellos creo que nos podrían traer más problemas los cangrejos, son unas criaturas un poco temperamentales...- agregué con una mueca.

Miré curiosa qué era lo que sacaría de su bolso y abrí los ojos sorprendida cuando ví de qué se trataba.- Estan buenisimos. Buah, que ganas de haber ido con ustedes, de seguro estuvo grandioso...pero no, no, no me digas, no quiero saberlo que sufro.- le dije toda dramática, llevándome la mano al pecho y todo, más un pucherito.  - Y sí, me parece super que primero miremos con estas bellezas, yo vine hace un par de días y ambas sabemos que en dos días muuuuuuuuuuchas cosas pueden suceder, así que hay que volver a echarle un vistazo para estar seguras. Y sí, hay un lugar, podemos aparecernos allí directamente, tan sólo debes darme tu manito y confiar en mí.- le dije moviendo mis cejas a modo de invitación.

Estoy contenta, no sé por qué, quizás es porque me gusta todo lo que tratara con salvar a criaturas mágicas, y más si era junto a una gran amiga.

- Entonces ¿Me das tu mano para comenzar esta nueva aventura?.- le pregunté ofreciéndole una sonrisa y tendiendole mi mano.

Nuestra primera aventura había estado ligada con el agua, ahora con el fuego ¿qué venía a continuación? ¿Ir a salvar dragones así probamos el aire? Quien sabe, pero lo que fuera de seguro sería una aventura más para anotar en mi bitácora de momentos memorables.
Caroline Shepard
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Gwendoline Edevane el Miér Nov 28, 2018 1:27 am

En los últimos tiempos—más concretamente, en los últimos dos meses—había desarrollado una incomodidad casi patológica frente al exceso de atenciones sobre mi persona. Cuando me preguntaban si estaba bien, simplemente quería dejar el tema a un lado lo más pronto posible, especialmente si la otra persona se interesaba por mis dolores de cabeza. Entonces no tenía ni la más remota idea de que dichos dolores de cabeza procedían a partes iguales de mis intentos por resistir el control mental de Artemis Hemsley y de los ‘correctivos’ que la mortífaga me aplicaba cuando hacía algo que no le gustaba. Sin embargo, mi mente respondía con rechazo ante aquellas preguntas, sugiriéndome que sería mejor que zanjase el tema cuanto antes.
Sin embargo, ante la pregunta insistente de Caroline, me las arreglé para responder con una simple sonrisa y un asentimiento. No era mentira: estaba bien, el dolor era soportable, y seguramente la poción lo haría mucho más soportable a medida que pasara el tiempo.

—Segura.—Respondí, mi expresión inalterable. Podía estar un tanto preocupada por aquellos dolores de cabeza, pero ni un atisbo de aquella preocupación asomaba a mi rostro.—Solo es...—Empecé a decir, justo cuando Caroline se ofreció a prestarme su pañuelo para que me abrigara el cuello.—¿Eh? ¿Qué? No, no hace falta...—Protesté, pero de poco sirvió: Caroline logró su cometido, y su pañuelo pasó a formar parte de mi vestuario, a modo de bufanda.—Caroline, estamos en pleno agosto. No creo que haya sido el frío lo que me ha afectado.—Protesté, como solo podría hacerlo una estudiante de medicina o, como en mi caso, de medimagia. Ya se decía: los médicos son los peores pacientes.

Dejando a un lado el tema del pañuelo—aunque estaba segura de que en algún momento me daría calor y me sobraría—, empezamos a trazar un plan de acción. Hacía falta entender a qué nos estábamos enfrentando exactamente: seguridad, alarmas, posibles trampas… Acerca de eso pregunté a mi amiga pelirroja, y ella me ofreció un resumen lo bastante detallado. Tomé nota mental de todo lo importante, asintiendo mientras escuchaba a Caroline: nada de alarmas, cuatro o cinco magos vigilando… Tenía mis dudas acerca de mi capacidad para desarmar a nadie sin que se enterara la mitad del recinto, pero confiaba en las de Caroline: la pelirroja era experta en algunas artes marciales, por no mencionar que contaba a sus espaldas la experiencia de haberse batido en duelo con Sebastian Crowley y ganado dicho duelo.

—No tienes que recordármelo: ya he tenido el placer de conocer a esas tortugas flamígeras.—Respondí con cierto sarcasmo, recordando aquel encuentro que Sam y yo habíamos tenido con una maleta encantada llena de aquellas criaturas aficionadas a expulsar fuego cuando se asustaban. Aunque si hablábamos de temperamento, para temperamento el que había exhibido Caroline cuando descubrió que habíamos llegado a casa con semejantes quemaduras.—Pero debo decir que envidio esa confianza que tienes: a mí cinco magos ya me parecen suficientes como para dar problemas. De hecho, me parecen más que suficientes.—No podía evitar ponerme un poco negativa, teniendo en cuenta la poca confianza que tenía en mí misma. Cualquiera diría que no era la misma persona que había luchado contra Cameron Becher en Hogsmeade, contra los radicales que atacaron el Ministerio de Magia, y contra la mismísima Artemis Hemsley.

Extremar las precauciones me parecía un plan inteligente, un plan más Ravenclaw que entrar por la puerta principal lanzando hechizos. No quería decir que Caroline tuviera esas ideas, ni mucho menos. Sin embargo, por mucho que confiara en el juicio de mi amiga, prefería asegurarme una vez más de que todo estaba en orden. Como ella misma había dicho, dos días eran muchos días, y podrían haber aumentado la seguridad.
Así que puse sobre la mesa el plan de los omniculares. Aquel aparatito, diseñado para los espectadores de los partidos de Quidditch, había sido útil durante los conciertos del Magicland, pero podía ser todavía más útil en situaciones como aquellas. No solo nos permitía observar más de cerca aquello que teníamos lejos, sino también tenía un sistema de identificación de rostros y jugadas de Quidditch. Así el espectador no se perdía nada. No creía que fuéramos a darle uso a eso último, pero lo primero sí podría resultar útil.

—¡Oh, no te preocupes!—Exclamé, componiendo una sonrisa con cierta picardía.—¿Qué clase de amiga sería yo si te contara que Michael Jackson ha vuelto de entre los muertos, y que durante la actuación de Black or white iba cambiando de aspecto de blanco a negro alternativamente?—La piqué, en tono de broma, para acto seguido añadir.—Lo siento. Pero en mi defensa diré que si estuviéramos hablando de Freddie Mercury y no de Michael Jackson, a Sam y a mí nos habría dado igual que estuvieras trabajando: te habríamos secuestrado para que pudieras verlo en directo.—Añadí como defensa. Quizás no fuera la mejor, pero era sincera: si hablábamos de Queen, Caroline Shepard tenía una especie de derecho natural y de nacimiento a ser testigo de su resurgir.

Al parecer, había una zona elevada cerca desde la que podríamos observar nuestro objetivo. Cuando Caroline surigió aparecerse allí mismo, asentí con la cabeza, y cuando me ofreció su mano, no dudé en aceptarla. Ambas nos desaparecimos y aparecimos en un pequeño promontorio que se elevaba un poco por encima de la línea de árboles. Frente a ellas se abría un pequeño claro y, unos metros más allá, bajo la luz de la luna, se encontraba el complejo en cuestión: una mole de cemento rodeada por alambradas que recordaba un poco a las cárceles de las series de televisión.
Señalé en esa dirección con la mano en que sostenía los omniculares.

—¿Es eso? No es muy discreto.—Dije, al tiempo que apoyaba una rodilla en el suelo y me llevaba los omniculares a los ojos. En seguida noté su efecto: todo aumentó de tamaño delante de mis ojos, y parecía que me encontraba apenas a un par de metros.—El patio parece despejado.—Comenté, mientras las lentes de los omniculares se movían por su cuenta, peinando el patio y devolviéndome imágenes de éste totalmente desierto. Ni un alma paseándose por allí.—Voy a tomármelo como algo bueno.—Concluí, retirando los omniculares de mis ojos y ofreciéndoselos a Caroline para que ella también mirara.—¿Qué plan tienes? Ponme al día.

Tenía que confesarlo: estaba más nerviosa de lo que aparentaba. Me había curtido a base de años trabajando en el Ministerio para ocultar mis emociones, pero la realidad era que por dentro me sentía como un flan. Especialmente desde que Caroline había mencionado que habría magos allí dentro. Y si se dedicaban al tráfico ilegal de criaturas mágicas, con toda seguridad no estarían dispuestos a recibirnos con abrazos. Lo harían con varitas y hechizos, y seguro que estos hechizos no hacían cosquillas, precisamente.
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Caroline Shepard el Miér Dic 26, 2018 12:18 am

Al llegar ví de lejos a Gwen tomar algo, y enseguida me asaltó la curiosidad de si ella estaba enferma o algo por el estilo, a lo que la castaña me negó de inmediato diciéndome que eran vitaminas, pero yo siempre tan curiosa, quise corroborar, asegurarme que no era palabras superfluas, sólo para mantenerme alejada de la situación.  Pero ella volvió a decirme que no era nada y no me quedó nada más que confiar en su decir, aunque no por eso iba a pasar por el alto el hecho de que iba muy desabrigada, sobre todo su cuello, y saliendo todo mi lado anciano protector no acepté un no por respuesta al tenderle mi pañuelo rodeándolo en su cuello. - Lo sé, lo sé, pero a veces cuando andamos con las energías medias bajas, una mínima ventisca puede tornarse en un vendaval para nuestro cuello.- insistí, es que de cuando mis amigos se trataba yo siempre he sido muy, pero muy sobreprotectora, hasta a veces llegar a ser un poquito pesadita.

Gwen me preguntó sobre lo que sabía del lugar y traté de contarle lo más detalladamente todo lo que sabía de el. Y cuál era a mi parecer, los mejores pasos a seguir, es que para mí a simple vista no era una misión muy difícil, siendo muy sincera al decir que a mi parecer lo más complicado que podía llegar a ser esa noche era poder reunir a los cangrejos de fuego sin que ellos se sintieran atacados por nuestra presencia, y más sabiendo que durante todo este tiempo han sido en su mayoría violentados constantemente, por lo que su humor y relación con los humanos  no debe ser de la mejor.

Sonreí y al mismo tiempo fruncí el ceño al recordar esa noche en que tanto Gwen como Sam se encontraron con esas criaturas, había sido un momento crucial para las tres y que pese a que todo había salido bien después de todo, no por ello se me había ido ese sentir amargo que sentí en un momento, pero sacudí mi cabeza al recordar que aquello ya era del pasado, y no valía la pena volver a visitarlo.- Eso es porque aún no los observas. Tan sólo te bastará una mirada para saber que no son de temer, de esos cinco al menos dos estarán cabeceando de sueño, y los demás riéndose de cosas sin sentido. Quizás me equivoque y peque de segura, pero nosotras dos estoy segura que podremos con ellos fácilmente.- le guiñe el ojo traviesamente y con dejes de diversión, quizás estaba equivocada en tomarme todo esto tan a la ligera, pero estar junto a Gwen en ello me ponía de tan buen humor, que simplemente no podía ver el vaso medio vacío por más que la castaña pensara lo contrario.

Abrí los ojos y boca sorprendida, para luego entrecerrar los ojos y poner un puchero del porte del titanic en mi rostro.- ¡MALA MUJÉ!  No sabes cuánto me ha costado hacer que Sam no me dijese nada de aquel concierto y ahora vienes y me sueltas tremenda imagen. ¡Joder! que tristeza no haber estado.- dije entre pucheros y quejidos infantiles.- Buah, pero claro. Yo dejaría todo y partiría a verlo, de hecho que estuviera vivo sería una de las cosas más maravillosas que me pudieran ocurrir, bueno eso y que el puto gobierno de turno se vaya a la mierda junto a  todos sus gilipollas de seguidores.- resople con un gesto de asco en mi rostro, como si de pronto hubiera olfateado y saboreado algo muy desagradable.

Le tendí mi mano y ella no dudó ni un segundo en tomarla para que luego en una fracción de segundos aparecer en aquel monte más cercano al lugar que asaltaremos, y pudiéramos observar mucho mejor todo el panorama.  Gwen fue la primera en observar con los omniculares, mientras yo entrecerraba mis ojos en un vano intento de que al hacer eso podía enfocar y mirar mucho mejor.- Creo que se ve más de lo que es.- le comenté cuando dijo que no se veía tan discreta la seguridad, es que a mi parecer, un bloque de cemento no era nada sin magos competentes que lo resguardaran.

Tomé los auriculares, y me cerciore en una mirada fugaz a todo el perímetro que las cosas seguían igual a de cómo las ví hace un par de días atrás, lo bajé de mis ojos y miré a la castaña para poder contarle mi plan y de paso ver si ella tenía comentario u otras ideas al respecto.- Bueno lo primero que creo que hay que hacer, es desarmar a los cuidadores, pero antes de eso cerciorarnos de que no se puedan desaparecer, ya que si ellos logran sentir que somos una real amenaza no tardarán en ir a pedir refuerzos y ahí estaremos fritas. Antes de ir a por ello, debemos observar muy bien el lugar y descubrir exactamente la zona en que se encuentran merodeando los magos, y poder ir hacia donde se encuentre la mayoría primero, todo esto por supuesto con algo que nos cubra el rostro por completo, hay cámaras vigilando por todo el lugar y no tardan nada en identificar rostros humanos, y luego reconocer nuestra identidad será tan fácil como arrebatarle un dulce a un niño. Cuando ya logremos ingresar,  debemos ir enseguida hacia la habitación en que se encuentran las criaturas y allí pienso que debemos dividir nuestro trabajo. Al llegar lo primero es poner una barra protectora a nuestro alrededor que nos avise cuando sienta presencia humana, para que nos dé un tiempo prudente de protegernos si un cuidador quiere atacarnos, luego yo me encargaré de invocar y lanzarles un hechizo para calmar el accionar de las criaturas, haciéndoles sentir una paz y tranquilidad ante nuestra presencia que nos permitirá que...- hice una pausa para sacar de mi bolso, una maleta pequeña que se la tendí a Gwen junto a una bolsita con sustancias que desprendían un fuerte olor a mariscos.- Ingresarlos en esta maleta, llamados y tentados por su comida favorita. Y cuando logremos eso, y todo sale bien, salimos del lugar, sacamos nuestro hechizo anti aparición, y nos llevaré al mejor lugar donde esas hermosas criaturas podrán vivir libremente.- terminé de decir con una sonrisa.

- ¿Alguna duda, comentario, queja? soy toda oídos.- agregue mirando a Gwen expectante.
Caroline Shepard
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Gwendoline Edevane el Mar Ene 01, 2019 7:00 pm

En momentos como aquellos, era normal que Gwendoline Edevane se pusiera en lo peor: un lugar desconocido, en medio del bosque, regentado por lo que debían ser peligrosos traficantes de criaturas mágicas. Caroline aseguraba que aquello no tendría complicaciones, pero la morena seguía teniendo dudas al respecto. Después de todo, ella no era ninguna aurora, ni disponía de más entrenamiento en duelo y combate del que había recibido por parte de miembros de la Orden del Fénix, más específicamente Drake Ulrich. ¿Se defendía en duelo? Sí, y tenía a sus espaldas el haber logrado derrotar a Artemis Hemsley haciendo equipo con Sam.

Sin embargo…

Sin embargo, estamos ante gente que lleva a cabo acciones ilegales. Ilegales incluso para el gobierno actual, que dispara primero y hace las preguntas después, y te mata o encierra según la suerte que hayas tenido al nacer. Así que cabe suponer que esta gente no va a tener contemplaciones a la hora de matarnos si nos interponemos en sus planes.

Eran pensamientos nefastos, pero Gwendoline prefería ponerse en lo peor y concentrarse en encontrar una forma de volver esas condiciones desfavorables en su favor. ¿Y cómo lo haría? Utilizando el cerebro, su mejor arma. Por ello tenía tanto interés en observar el edificio desde una distancia primero.

La pequeña conversación acerca del Magicland alivió un poco la inquietud que la morena sentía. Hacer rabiar a Caroline puso una sonrisa divertida en sus labios. Sí, había sido un poco mala con ella—aprendía de la mejor, que no era otra que Samantha Lehmann, a la hora de picar a sus amigas—, pero como Gwendoline no tenía demasiada malicia, se apresuró a añadir de manera tranquilizadora.

—No te preocupes: habrá Magicland el año que viene, y el próximo, y el próximo… Quizás no sea en Inglaterra ni cerca, pero te prometo que, si me das un par de años para recuperarme de lo que he gastado en este, volveré a llevaros a ti y a Sam. Y podrás ver a Michael Jackson resucitado.—Dijo, con toda sinceridad. Y si bien entonces tenía aquella idea… bueno, digamos simplemente que el destino tenía otros planes para Gwendoline. Y en dichos planes no entraba, al menos a corto plazo, disfrutar del festival Magicland.

Dejando aquel tema a un lado, y ya en lo alto de aquel pequeño promontorio, Gwendoline echó un vistazo a la estructura a través de sus omniculares. El lugar le pareció una mezcla entre complejo de investigación, parecido a los que podían verse en series como Stranger Things, y prisión de mínima seguridad. Se preguntó mentalmente, incluso, si aquella sencilla alambrada que envolvía la construcción estaría electrificada; también se preguntó a quién se le habría ocurrido construir un lugar tan deprimente para albergar en su interior a perros sin hogar.

Comentó sus impresiones acerca del lugar a Caroline, para luego pasarle los omniculares y preguntarle por su plan. La pelirroja echó un rápido vistazo al interior, y entonces, pasó a explicarle su plan: impedir la aparición, deshacerse de los guardas, tener cuidado con las cámaras, y llevarse a las criaturas mágicas de allí. Ese era el resumen básico de la operación, y Gwen no pudo evitar sentirse como una espía o algo así. Se sentía fuera de lugar llevando a cabo una tarea así.

Tomó de nuevo los omniculares de manos de Caroline y echó otro vistazo al edificio. Enseguida localizó una de las cámaras de las que había hablado su amiga, situada en lo alto de uno de los postes de la alambrada exterior. Ésta filmaba el exterior del recinto. Un poco más allá también vio una cámara anclada a la fachada del edificio, la cual filmaba el patio.

—Cámaras… ¿Serán puristas? Siempre encuentro terriblemente irónico que los puristas se valgan de tecnología creada por aquellos que consideran inferiores.—Dijo con una breve risotada sarcástica. Se acordó brevemente de Matt Forman, demasiado purista para mantener su amistad con Sam, pero no lo suficientemente purista como para poner un sistema de sonido muggle en su discoteca.—Me parece buena idea que nos cubramos la cara para que no nos vean, pero tengo otra idea.—Gwendoline bajó los omniculares y los guardó dentro de su bolso.—¿Conoces el hechizo Electro pulsus? Lo utilizamos mucho los desmemorizadores a fin de inutilizar aparatos electrónicos, especialmente cámaras de vídeo y teléfonos móviles, cuando se produce un incidente mágico en el mundo muggle. Si inutilizamos las cámaras con él, tendremos más libertad de movimientos.—Gwendoline volvió la mirada en dirección a Caroline.—Eso sí, nuestros teléfonos móviles estarán también en peligro. Podremos repararlos después con magia, pero por si acaso recomendaría no llevarlos.—Se llevó entonces la mano a la barbilla en gesto pensativo, volviendo a mirar la construcción.—Me puedo imaginar que esas paredes no estarán revestidas de plomo, a no ser que el edificio sea muy antiguo. Así que deberemos aplicar el hechizo a una distancia prudencial. Si no, podríamos cargarnos todo el cableado eléctrico, y ahí sí llamaríamos muchísimo la atención...

Debía reconocerlo: observar aquello de forma analítica, planteándolo como un rompecabezas que debía resolver, ayudaba. La hacía sentirse más en su terreno. A fin de cuentas, su mente era su mejor arma, y utilizar la mente la hacía olvidarse un poco de sus miedos e inquietudes.

—Me dijiste que este era uno de esos casos que el Ministerio de Magia había dejado olvidados, ¿no? Supongo que necesitarás evidencias fotográficas de lo que pasa ahí dentro...—Reflexionó, pensando en la cámara fotográfica que ahora siempre llevaba consigo. La utilizaba principalmente para evaluar los progresos de sus experimentos con pociones, pero también podía darle uso en aquella ocasión.
Gwendoline Edevane
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Caroline Shepard el Miér Ene 23, 2019 5:49 pm

No sabría decir si era la experiencia que tenía rescatando criaturas en cautiverio, o era parte natural de mi personalidad, pero como fuera no tenía miedo entorno a esta misión. O tal vez sólo un poco, pero de ese que te sirve para mantenerte atenta y no caer en la pedantería de qué nada te puede pasar y por creerlo te termina pasando. También era consciente que lo que estaba haciendo, y que tan amablemente me había querido ayudar Gwen no era aceptado ni siquiera por asomo por el gobierno imperante, en más de una ocasión en mi propio departamento me habían dejado en claro que nuestra labor era regular y controlar, no cuidar ni mucho menos rescatar. Pero como dicen el refrán, para palabras necias yo siempre he tenido oídos sordos. Y ahí me encontraba junto a la castaña a portas de entrar en aquel lugar con cangrejos de fuego en su interior.

Luego existió una breve pausa para hablar de cosas un poquito menos importante como Magicland, evento que no pude ir, por andar al igual que hoy, tratando de rescatar a criaturas que  se encontraban en peligro por la codicia y egoísmo humano. Y mira que malita puede ser a veces Gwen, que enseguida me sacó pica por ver al rey del pop mientras yo me encontraba sumergida en un lago contaminado para sacar de sus profundidades a pequeños Kappas.

- Te cobrare la palabra, eh. Aunque como yo no fuí, mis ahorros se mantienen intactos, así que quizás pueda ir este otro año con la esperanza de que esta vez me traigan desde los muertos  a mi querido Mercury ¿Es mucho pedir?.- le pregunté divertida a la castaña, sabiendo muy bien la respuesta sin siquiera haberla escuchado.

Enseguida fuimos  a lo más importante, echarle un último vistazo a la dependencia en la que osaremos entrar, y sin pudor alguno, al menos de mi parte. Yo ya la había visto hace un par de días, por lo que deje que Gwen la observará más tiempo, y se pudiera hacer una idea mejor del lugar. Para luego explicarle mi plan, que no era muy difícil, al menos era la teoría había querido hacerlo lo más práctico posible, ya que siempre he creído que mientras más complejo uno confeccione algo, su realización también lo sería.

Sonreí cuando comentó lo de la utilización de cámaras siendo magos.- Desde tiempos inmemorables los traficantes de criaturas no tienen bandera, Gwen. Le sirven al mejor postor, o al que le ofrezca más dinero. Si eres mago purista, o no, o hasta un muggle que les paga millonadas por una "criatura única y entretenida" para enseñarselas a tus otros amigos millonarios en sus reuniones semanales, simplemente no les importa. A ellos los mueve el dinero, y como juegan sucio, deben protegerse de todos los blancos.- le comenté encogiéndome de hombros, sabiendo muy bien que a los que nos enfrentariamos no tenían ley, ni moral, ni mucho menos honor.

- Sí, lo conozco. Ahora, acá se ve que tan sólo hay cuatro o cinco magos cuidando, pero ese lugar, Gwen, está creado para avisar que alguien entra sin su permiso, está listo para mandar un señal si es que, por ejemplo,  toda su tecnología es apagada. En cambio, si atacamos primero a su protección humana, y después entramos haciendo la menor intervención posible, jugando con su sistema, casi descaradamente (no literal, ya que entraremos cubierta), ellos nos podrán ver, pero no en ese preciso momento, ya que cuando vean sus grabaciones, y vean a dos personas con sus rostros cubiertos llevandose su material, ya será demasiado tarde, porque nosotras ya estaremos lo bastante lejos para ser capturadas. Aunque, no sabemos con qué equipos tecnológicos, ni protección mágica nos sorprenderán adentro, una vez me tocó tener que luchar con otra criatura para poder entrar al sector de las criaturas en cautiverio, u otra vez nos topamos con una tecnología full equipada dónde había innumerables líneas invisibles que con apenas un roce no tan sólo comenzaba a chillar como loca sino que te quemaba al contacto, sí...como las películas de acción muggles, y ahí tal vez sí sea  nuestra única utilizar ese hechizo, pero prefiero que lo dejemos como nuestro As bajo la manga, no como nuestro primer movimiento¿vale?¿Te hace sentido lo que te digo?.- le pregunté junto a una mueca, sin saber si me había explicado del todo bien.

- Oh... creo que adorne demasiado mis palabras.- comencé a decir bajando mi cabeza en un suspiro cuando habló sobre generar evidencias.- El Ministerio los dejó olvidados porque no les importa Gwen, el archivo de este caso si contiene material fotográfico y uno muy vivido por cierto.- hice un pausa para tragar saliva al recordar las fotografías de algunos cangrejos en cautiverio.- Al mundo mágico, en su gran mayoría no les importan las criaturas. El departamento al que pertenezco fue creado más bien para no tener problemas con los muggles, y que ellos no descubran nuestra existencia. Fue creado para la conveniencia humana, no la de los animales ni criaturas. Y es una muy triste realidad, y por eso mismo existen agrupaciones externas las cuales si luchan día a día para que no llegue la extinción total, pero acá en Londres no existe una como tal, solo algunos agentes, como yo que hacemos dicha labor por cuenta propia, y teniendo la fortuna de  a veces recibir ayuda, como es este caso, y por lo que jamás dejaré de agradecerte aunque me digas que me detenga.- terminé por decir con una sonrisa.

- En fin, basta de pláticas y vamos a la acción. - le dije poniendo un rostro más serio y llevando mi mirada nuevamente hacia el lugar al que entraríamos en breve, inspire profundamente para luego mirar a Gwen.- ¿Lista?.- le pregunté, para luego tenderle un pasamontañas negro y ponerme el mío, teniendo especial cuidado en que no saliera ninguno de mis cabellos rojizos que más tarde pudieran delatar mi identidad. Le tendí mi mano.- Ten tu varita en mano, ya que a penas nos aparezcamos en la entrada, también lo haremos para ellos y comenzaran a atacar, recomiendo que lo primero que convoques sea una aura, ya que al igual que tienen artefactos muggles, también tienen armas ¿vale? entonces protección y luego ataque. Y por último, Gwen. Si las cosas se complican, por favor te pido, que te marches lo antes posible, déjame allí intentándolo un poco más y te prometo que si veo que no hay solución me marcharé, pero tú debes irte ¿me lo prometes? .- le pedí a la castaña con mirada suplicante. Es que yo podía ser una kamikaze cuando de criaturas se trata pero no por eso iba a arrastrar a Gwen a problemas que no debía tener en primera instancia y que por buena amiga que era había terminado allí.


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Propongo que para hacer más entretenida la misión, juguemos con los dados para darle el espacio al azar :3
La primera ronda, y si te parece, propongo lo siguiente:
Que en tu postito lances dados para ver cómo nos va con los cuidadores, si nos sale dado impar, desarmamos sin problema a los que la cuidan, y entramos al lugar. Pero si nos sale par nos cuesta más de la cuenta, donde los número del 2 al 10 es que nos causan daños, y del 12 al 20 no atacan arduamente y debemos luchar bastante pero salimos de esa de todos modos.
En ambas lograremos entrar, pero con mayor o menor dificultad, y quizás entrando un poquito mal heridas al lugar.

Ojala te agrade la idea, si no entiendes algo muy bien, ya sabes dónde encontrarme, guapi.
Besitos.
mono8


Última edición por Caroline Shepard el Dom Mar 03, 2019 4:00 pm, editado 1 vez
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Gwendoline Edevane el Sáb Ene 26, 2019 12:38 am

Había muchos aspectos de aquel plan que no convencían en lo más mínimo a Gwendoline. Quizás tuviera algo—mucho—que ver con su minada autoestima y su renovado miedo a enfrentarse a alguien potencialmente peligroso en duelo. Otro premio a su labor defendiendo el Ministerio de Magia de los radicales.

Durante la lucha con Artemis Hemsley, la morena no había tenido tiempo de pensar; había reaccionado. Al final, su instinto de supervivencia—y un poco de furia ante la amenaza de Hemsley a la vida de Sam—habían sido el impulso que la había permitido luchar y ganar frente a la mortífaga.

Aquello no se parecía, ni remotamente, a la situación que la morena y la rubia habían vivido en el interior de aquel edificio. Porque ahora, Gwendoline tenía tiempo para pensar. Y la sola idea de enfrentarse con aquellos hombres armados le ponía la carne de gallina.

Con toda sinceridad: no sabía si sería capaz de hacerlo.

El plan que proponía la pelirroja incluía precisamente eso: lanzarse de cabeza al peligro. Quizás no estaba teniendo en cuenta un dato importante, que Sam solía recordar a menudo: Gwen no era una guerrera. Sí, sabía batirse en duelo y dominaba su magia, hasta el punto de conocer hechizos propios de los aurores, pero de ahí a saber defenderse correctamente en duelo iba un largo trecho. Y, tal y cómo veía la situación, lanzarse de cabeza hacia el peligro, por muy enmascaradas que fueran, era sinónimo de desastre.

Las máscaras no te salvan la vida cuando te atacan con hechizos.

Dejó a la pelirroja terminar de hablar, más por educación que por el hecho de que estuviera de acuerdo con el plan, pero ya en su cara se veía el disgusto: había fruncido el ceño y apretado los labios en una mueca de desagrado. Y es que quizás en otras circunstancias fuera capaz de ver sus propias virtudes, lo diestra que era realmente para el duelo y la habilidad que había demostrado durante el ataque al Ministerio. Si había sobrevivido había sido por eso, y no por otra cosa. Pero la confianza en sí misma jamás había sido su fuerte, y los eventos más recientes sólo habían conseguido minarla un poco más.

—Espera, espera, espera...—Respondió Gwen a una Caroline que claramente estaba ansiosa por entrar en razón. Alzó incluso ambas manos ante su pecho, en una señal de calma.—Creo que no me he expresado bien con lo de no subestimar a la gente que vigila este sitio. Y es que no son ellos los que me preocupan, no realmente. Soy yo.—Apartó la mirada del rostro de la pelirroja y la devolvió al complejo vallado que tenían no muy lejos de su posición. Señaló en esa dirección.—En el momento en que nos vean las cámaras, seremos dos contra cinco, y eso suponiendo que por algún motivo no haya más gente ahí hoy. Nos estaremos metiendo a ciegas en el interior de ese lugar. Y si ya la gente que está al mando del mundo mágico actual es peligrosa, no quiero ni imaginarme a estos.

Suspiró profundamente, bajando el brazo, sin apartar la mirada del complejo. No le apetecía hablar de cómo se sentía, pero no le quedaba más remedio que hacerlo.

—No soy una guerrera, Caroline. Si sobreviví al ataque al Ministerio fue por suerte. Y tú viste bien cómo terminé.—Aventuró una mirada en dirección a la pelirroja, antes de proseguir.—Si hacemos eso, voy a ser una carga. Y al final vas a acabar tú tan mal como yo. Mi fuerte no es luchar, sino pensar.

En cuanto a músculo, Gwendoline podría haberle conseguido a alguien mucho mejor que ella en el refugio para fugitivos. Cualquier miembro de la Orden estaría dispuesto a ayudar a Caroline en aquella tarea, o eso quería creer la morena. Pero Caroline le había pedido ayuda a ella, y en lo que ella era bueno no era la acción.

—Si te apoyo en ese plan, Sam nos matará.—Sentenció. A la rubia no le hacía ninguna gracia que ellas dos estuvieran metidas en semejante asunto, y Gwendoline podía entenderla perfectamente.—Así que déjame intentar encontrar una forma más sutil de hacerlo.

Volvió a sacar del bolso los omniculares, arrodillándose a continuación en la piedra para mirar al complejo. Peinó con el aparato mágico los laterales de la alambrada, y se encontró con lo que se esperaba: un montón de maleza. Esbozó una leve sonrisa, mientras una idea empezaba a formarse en su cabeza.

—Hay mucha maleza en el perímetro, lo cual quiere decir que tenemos muchos lugares en que escondernos. También quiere decir que hay animales salvajes.—La morena bajó los omniculares, mirando a Caroline desde su posición arrodillada.—Cabe suponer que los animales se golpearán de cuando en cuando contra la verja, a no ser que ésta esté electrificada. Por consiguiente, si ese sistema de alarma es tan eficiente como dices, estarán recibiendo cada dos por tres avisos ahí dentro, y comprobarán las cámaras.—Se puso entonces en pie, pensando rápidamente una opción para llevar a cabo aquella labor.—Tenemos que trastear con la alambrada desde uno de los laterales, a poder ser en uno de los puntos ciegos de las cámaras. Supongo que al principio lo ignorarán, acostumbrados a que un conejo o un pájaro se choque de vez en cuando con sus barreras, pero si insistimos un poco, alguien ha de mirar las cámaras. Cuando no vea nada, ese alguien saldrá a revisar el perímetro. Ese será el momento de actuar.—Señaló entonces la mata de arbustos que rodeaba el lugar.—Lo noqueamos, lo dejamos inconsciente, encadenado y amordazado, y preferentemente desmemorizado. Será uno menos. No creo que nos vaya a funcionar dos veces, pero posiblemente, cuando su compañero falte, alguno de los demás irá a ver qué ocurre. Aprovecharemos ese momento para deshacernos de los que vengan. Entonces, estaremos en unas condiciones un poco más favorables para entrar en el lugar. Y si evitamos que nos graben las cámaras, podremos entrar casi sin ser vistas.

Personalmente, la idea le gustaba. Le parecía mucho más viable aquello que hacer algo que claramente las superaba, o al menos a la morena.

—¿Qué me dices?—Preguntó, girándose hacia Caroline. Entonces, cayó en la cuenta de algo que la pelirroja había dicho, y sin esperar su respuesta ante el plan que proponía, añadió:—¡Ah! Y olvídate de eso de dejarte atrás. Aquí nos vamos las dos, y si tengo que lanzarte un hechizo por la espalda para conseguirlo, lo haré. Nadie se queda atrás, ¿de acuerdo?

Hablaba muy en serio, y se notaba en sus ojos. No tenía previsto dejar a Caroline atrás. Es más, le había prometido a Sam que si las cosas se ponían muy feas, la avisaría. Y es que lo de sacrificarse para que otros pudieran huir, o por unos cangrejos de fuego, no entraba en los planes de Gwendoline.

Esa noche, la morena estaba descubriendo cuán diferentes eran Caroline Shepard y ella.
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Caroline Shepard el Dom Mar 03, 2019 4:47 pm

Me encontraba tan animada hablando que no me di cuenta de la expresión de Gwen hasta que esta comenzó a hablar. A modo personal siempre me he caracterizado por ser una chica que le gusta ir con todo si lo que se encuentra en el campo de batalla me resulta importante, y al menos para mí las criaturas tanto mágicas como muggles siempre lo valían. Desde muy pequeña me enamore de aquellos seres que el humano sin piedad se ha empeñado en ir apartandolos y dominandolos a su antojo. Y mientras pueda y tenga las fuerzas siempre haré todo lo que esté a mi alcance para protegerlos y defenderlos, sin importarme el peligro que conllevase. Pero esa era yo, y era muy consciente de que la castaña podía discernir a mi pensar y actuar.

Lo que sí me resultó extraño fue que me dijera que lo que más le preocupaba era ella, es que yo de verdad veo en la castaña una mujer muy fuerte y admirable. Capaz de todo esto y más, he tenido que batallar a su lado en más de una ocasión y siempre da todo de sí saliendo victoriosa. Pero me quedé callada, quería escucharla y comprenderla. Uno ve rostros pero no corazones, ni miedos ni inseguridades, y si ella las tenía con esta misión yo no iba ha tener oídos sordos, todo lo contrario, quería que ella se sintiera cómoda, por más que me instinto lo único que hacía en ese momento era gritarme que fuera de una vez por todas a enfrentarme a esos gilipollas, podía esperar, porque por mis amigos la espera siempre valía la pena.

Comenzó a hablar y no pude evitar fruncir el ceño, es que no estaba de acuerdo con sus palabras. Porque yo la he visto luchar, la he visto levantar su varita y puño por defender lo que estima. Yo sí la veía como una gran guerrera. Pero una vez más me quedé callada, porque yo veía eso, pero había un trecho muy grande con mis creencias y las de ella, ya que cada uno batalla con sus propios fantasmas y yo no soy nadie para negar las inseguridades de otra persona.

- Entiendo...- susurré, bajando la mirada creyendo que me diría que lo mejor era pasar de esta misión por esta vez, pero cuando me dijo que quería pensar en otra forma para poder entrar, la esperanza de contar con ella volvieron a mi cuerpo hasta el punto de iluminar mis ojos que fueron enseguida en busca de los suyos, expectantes a sus palabras.

Pese a no tener los omniculares conmigo aún así lleve mi mirada hacia el lugar que se dirigía Gwen, escuchando atentamente sus palabras y asintiendo de vez en cuando de acuerdo a lo que iba diciendo. Me parecía una idea mucho más prolongada en el tiempo, ya que mi idea era no demorarme más de media hora o como máximo cuarenta minutos en ello, pero al mismo tiempo, no podía negar que me parecía mucho más segura. Y si Gwen se sentía más confiada con ello, y ella con tan buena disposición había aceptado ayudarme, yo no podía más que aceptar su idea.- Me parece perfecto.- musité depositando una radiante sonrisa en mi rostro. - Entonces nos esconderemos en el bosque, molestaremos desde nuestro lugar, y desde las lejanías iremos destruyendo la fortaleza de este lugar. Me gusta, sí, sí.- agregué asintiendo. Repito, lo mío es más de ir y saltar de lleno a la piscina, pero trabajar en equipo muchas veces consistía en ceder, y la idea de Gwen no me parecía para nada mala la verdad.

- Gracias nuevamente por ayudarme, Gwen. De verdad.- le recalqué.- Soy consciente de mi impulsiva personalidad, que muchas veces me lleva a bordear o entrar de lleno al peligro. Y eso ya lo debes saber muy bien, ya que en más de una ocasión tanto Sam como tú me han tenido que salvar el culo.- pusé una mueca y suspiré.- Pero hoy somos un equipo, y si este plan te hace sentir más cómoda, pues también a mí. Así que vamos a escondernos en esas malezas e ir destruyendo peones en este juego de ajedrez.- terminé por decir ofreciéndole una sonrisa. Iba a tenderle una mano pero me asaltó otra cosa antes que quería aclarar.- Cuando te pido que me dejes, no quiero que te lo tomes como si me abandonarás en ello, es sólo que no quiero hacerte sentir incómoda, eso es lo último que quiero generar en tí, es por eso que si las cosas se ponen más feas, solo te pido que te vayas, y me dejes intentarlo un poquito más a mí. Te prometo, juro, y si quieres te firmo un contraro que diga que no me pondré en un peligro que escape de mis manos, pero tan solo te pido que me dejes aquí, intentándolo un poco más. Sólo es eso.- le recalqué, esperando que comprendiera mis palabras.- En Japón, tuve innumerables misiones como esta, y muchas veces fuí la última en irme de las misiones, porque siempre he creído que se puede dar un poquito más si es que el cuerpo aguanta. Y mis compañeros lo sabían, y me daban ese espacio. Ahora si me demoraba más de la cuenta iban a por mí, y eso. Pero también sabían que me cuidaría a mi misma y que jamás me quedaría en un lugar sabiendo que no hay retorno o esperanza de poder ayudar. Y esa confianza en mí es la que te pido hoy.

Le miré, esperando su respuesta. Ya que no quería que mi personalidad pusiera en peligro a Gwen, ni mucho menos obligarla a estar en un lugar donde no quería estar solo por querer ayudarme. Pero al mismo tiempo quería que comprendiera que si ella se marchaba y yo me quedaba allí no cambiaría en nada la opinión que tenía de ella, es más fortalecería mucho más el lazo que hace un tiempo había nacido entre las dos, ya que en una relación, cuál fuera, la confianza siempre era lo primero.
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Gwendoline Edevane el Mar Mar 05, 2019 10:10 pm

El plan que propuso se le antojó a Gwendoline como algo mucho más manejable, y si bien no estaba exento de peligro, al menos sí era menos peligroso. Y es que la idea de entrar por la puerta principal, sin ningún tipo de protección más allá de algo que les cubriera la cara era, en pocas palabras, lo que la morena se imaginaba cuando pensaba en una manera extravagante de suicidarse.

Y eso sin mencionar los riesgos para sus identidades, pues bastaba un sólo fallo para que ambas acabaran capturadas y muy posiblemente declaradas enemigas del gobierno.

Así que se lo planteó, y todavía arrodillada en el borde del risco, Gwendoline bajó los omniculares para escuchar lo que Caroline tenía que decir: al parecer, estaba de acuerdo. También explicó el motivo que la llevaba a actuar así, siendo una persona impulsiva por naturaleza, pero precisamente por eso estaban las dos juntas en aquella misión: para compenetrarse con sus respectivas habilidades.

Gwendoline no era tan buena duelista como Caroline, y sin ir más lejos, incluso Sam era mejor que ella; lo que se le daba bien, en cambio, era pensar planes en frío. Algunos incluso decían que la frialdad con que Gwendoline era capaz de analizar las cosas, incluso en una situación de peligro, daba hasta un poco de miedo.

Pero había algo en lo que tenía muy claro que no se iba a poner de acuerdo con Caroline: dejarla atrás no era una opción.

Si Gwendoline se marchaba, quería decir que la misión había ido tan mal que sus vidas estaban en juego, y por mucho que Caroline creyese poder hacer algo más, la morena simplemente no iba a aceptar el riesgo. Los posibles resultados no eclipsaban a las posibles consecuencias de una acción así. Eran un equipo, y si entraban las dos, salían las dos. Saliese como saliese el asunto.

Así que cuando Caroline terminó de explicarse, de contarle cómo eran las cosas en Japón, Gwendoline habló con rotundidad.

—Bueno, siento si esto puede ofender a alguno de tus amigos japoneses, pero desde mi punto de vista, eso no es compañerismo.—No estaba como para adornar las cosas en aquel momento, ni para ser suave. No sabía qué tipo de diferencia cultural podía existir entre Inglaterra y Japón, que lo primero que se hacía cuando las cosas iban mal era salir en desbandada y abandonar a los demás atrás, pero Gwendoline no creía en semejante cosa. Había acudido allí para ayudar a Caroline, y si ella se iba, la pelirroja se iba.—¿Quieres que Sam venga aquí, a meterse en más problemas de en los que ya ha estado metida?—Preguntó, quizás un poco brusca, mientras se ponía en pie y daba un paso en dirección a Caroline.—No estamos hablando de confiar o no confiar: estamos hablando de dejar atrás a una persona. A ti, concretamente. ¿Qué crees que pasará si te dejo atrás, y luego resulta que no vuelves? ¿Crees que Sam se va a quedar cruzada de brazos viendo Netflix en el sofá? Si crees eso, no tienes ni idea de cómo es esa mujer.

Gwendoline sabía cómo era Sam: quizás se tachase a sí misma de cobarde, de miedosa, o de torpe, pero en el momento en que una de ellas estuviera en peligro, saltaría directa al escenario en un intento desesperado por rescatarla. Y seguramente saldría mal. Y seguramente Sam acabarían en la maldita Área-M, el único lugar en el mundo capaz de hacer que se le helara la sangre.

Un destino ante el cual prefería la muerte.

—Si esto sale mal, no te van a echar a patadas por la puerta, Caroline. Esto no es Japón. No sé cómo iban las cosas allí, pero aquí tenemos un gobierno corrupto que lidia con los traidores con mano dura. ¿Y qué crees que te considerarán si te atrapan ahí? Y eso sin mencionar que decidan torturarte. Y cuando inevitablemente Sam o yo aparezcamos para intentar rescatarte, correremos la misma suerte...—Dijo todo aquello muy rápido, muy exaltada. No estaba dispuesta a ceder a semejante petición, por mucho que en Japón pudieran ser capaces de abandonar a un compañero e ir a casa a comer sushi y beber sake, o lo que hicieran en Japón para pasar el rato.—No es una cuestión de confianza.—Repitió.—Así que quiero que me prometas una sencilla cosa: nada de hacerse la heroína.

No sabía si se lo prometería, pero Gwendoline tenía claro que si no lo hacía, daría marcha atrás al plan. No estaba dispuesta a arriesgar la vida de una de las personas más importantes en su vida actual por unos malditos cangrejos de fuego. Por cruel que pudiera sonar, aquellos bichos no estaban en peligro de muerte.

Ellas, sin embargo, lo estarían en cuanto entraran en aquel lugar.
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Caroline Shepard el Jue Abr 04, 2019 3:39 am

Mi impulsivo andar siempre salía al baile para cosas como esta, y era algo tan característico en mí que de una u otra manera la gente que ha compartido más junto a mí en situaciones como esta sabía muy bien que era algo que simplemente no podrían frenar de mí. Pero claramente las cosas aquí iban a ser muy diferente, pero como una parte de mí siempre aún se niega a entender que ya no me encuentro en Japón no previne que con Gwendoline las cosas serían diferentes. Es por eso que no dude mucho en aceptar su propuesta, ya que lo importante es que ella se sintiera cómoda y segura, me estaba ayudando solo de buena persona y yo no podía ser tan insensata como para ponerla en riesgo más de la cuenta solo porque a mí se me ocurrió ir toda kamikaze a enfrentar a aquellos magos. Pero a su vez, no pude evitar reiterar que si las cosas se ponían un poco peligrosas me dejase a ella allí un poco más, prometiendo que me cuidaría en todo momento.

Fruncí mi ceño cuando escuché su opinión sobre mis compañeros en Japón, ya que discrepaba enormemente, hice el ademán de rebatirle enseguida pero mejor callé hasta escuchar todo lo que tenía que decirme, ya que no quería malentender sus palabras y armar un fuego donde jamás hubo leña. ¿Pero por qué entró Sam a todo esto? me pregunté sin entender porque de pronto Gwendoline se puso más brusca, porque yo entendía que no quería preocupar ni poner en peligro a Sam pero ingresar a mi amiga en esto jamás había estado dentro de mis planes, pensando que ambas entenderían que si yo me quedaba era porque sabía que podía lograrlo y no iba a ponerme en más peligro de la cuenta.— Primero no quiero que Sam se meta en más problemas de los que ya esta metida, por eso te pido ayuda a tí, Gwendoline. Segundo, te pediría que evites hacer esos comentarios con respecto a mis compañeros en Japón sin conocerlos, y tercero cuando se trata de estos tipos de magos...— apunté con mi dedo apuntando el lugar que pretendíamos entrar.— ...son iguales en todas partes, y sé lo que son capaces de hacer, los logró reconocer y cuando veo esto todo me dice que lo que encontraremos dentro no será muy peligroso, solo me basta mirar su lugar y logró intuir aquello.—señalé con tono seguro.

Y no es hacerme la heroína, Gwen. Es solo querer luchar con uñas y dientes por algo que creo totalmente injusto, y lo que quiero decir es que también debes comprender que por esto mismo, mi límite en esta lucha quizás puede resultar mayor que el tuyo, porque en mi cabeza el irme y dejar todo esto como esta, después de haberlo visto, saber cómo están esas criaturas me resulta casi imposible.— le traté de explicar de que para mí esas misiones iban mucho más allá de "hacer mi buena acción del día" era algo que me nacía casi por inercia, hasta el punto que sentía que a veces sentía más empatía con las criaturas que por los humanos.

Pero esta bien...— terminé por decir suspirando.— Prometo no ponerme tan en riesgo para no preocuparlas más de la cuenta.— elevé mi meñique.— Lo prometo por mi garrita.— agregué para destensar el ambiente, ya que claramente teníamos opiniones diferente con Gwen con respecto a este tipo de misiones, pero después de todo su presencia me agradaba tantotanto, que ceder me era mucho más fácil por esta razón.

Entonces, ahora con todo esto aclarado ¿Vamos?.— le pregunté mirándola con ojos brillantes.


|| En el interior ||


Dentro del lugar las cosas se encontraban como cualquier día común y corriente, el ambiente se encontraba tranquilo hasta el punto de que el par de guardias que se encontraban en la zona de las cámaras se encontraban divirtiéndose con un juego mágico de mesa y tomando una taza de café que si te acercabas un poco podías sentir como desprendía un olor que no era de esa semilla sola sino que combinada con otro sustancia un poco más fuerte, en otras palabras era un café con malicia.

Otro, él más musculoso de todos,  se encontraba en la puerta de la habitación en dónde se encontraban los cangrejos, donde cada vez que se fijaba que no había nadie superior por los alrededores sacaba su móvil de su bolsillo y se ponía a disfrutar de esa red muggle que tenía tantos contenidos divertidos, siendo los memes sus favoritos.

Un mago rubio, alto y delgado debía recorrer los pasillos del lugar, pero tras su octava vuelta por el perímetro y ver que nada se encontraba diferente a otro días, decidió entrar a una sala dónde se encontraba un camarote para los turnos de noche, y tras poner su alarma para veinte minutos más tenderse sobre una cama y descansar un poco, ya que si no había pasado nada en tres horas que llevaba de turno por qué iba a pasar algo en veinte minutos ¿no?.

Para terminar con los cuatro magos que se encontraban custodiando la entrada y los alrededores del lugar, donde cada uno se encontraba con sus pensamientos en cualquier lugar menos allí.

En su totalidad eran ocho magos los que se encontraban cuidando todo el sector, donde en un comienzo se podía observar que eran muy fáciles de atacar, pero solo bastaba un indicio que despertara su alarma, para que su actitud que se veía hasta cálida e indefensa, cambiará a aquella que era mucho más violenta, demostrando el porque ellos se encuentran allí y no otros. Porque todos ellos de una u otra medida habían ganado su puesto, y llegar ahí no había sido un camino fácil para ninguno, y no iban a permitir que alguien viniese a arrebatarles su premio.
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Gwendoline Edevane el Dom Abr 07, 2019 6:11 pm

Lo que Caroline Shepard le estaba diciendo respecto a dejarla atrás únicamente podía interpretarse de dos maneras.

La primera, el punto de vista de Gwendoline, era que la misión era tan peligrosa que tenían que salir corriendo. O, en el supuesto que presentaba la pelirroja, que sólo la morena saliese corriendo, dejando atrás a su compañera y amiga.

La segunda, el punto de vista de Caroline, era que la misión era sencilla de llevar a cabo, pero al mínimo asomo de peligro, una de las dos huía y la otra se quedaba atrás haciendo algo que se podría haber hecho mucho más fácilmente entre dos.

Cualquiera de las dos interpretaciones dejaba en muy mal lugar a Gwendoline, y el punto de vista de Caroline, a sus ojos, no tenía sentido alguno.

Esa noche, la morena descubrió lo poco que se entendían Caroline y ella cuando se trataba de temas como aquel. De hecho, llegó a sentir que estaban hablando un idioma distinto. ¿Que qué tenía que ver Sam en todo aquello? ¿A quién pretendía que avisase en caso de que le ocurriera algo? Porque, claramente, dejar atrás a Caroline en una misión peligrosa era algo que debía mencionarse. ¿No recordaba, acaso, cómo se había puesto al enterarse de que Sam y Gwendoline le guardaban secretos a ella? ¿No había aprendido nada de aquellos meses que llevaban haciendo frente a Hemsley?

Gwendoline lanzó un suspiro de pura frustración, y sabiendo que si seguían por aquellos derroteros, iniciarían una discusión, decidió dejarlo pasar: cuando llegase el momento de actuar, actuaría.

No, no es que mi límite sea menor que el tuyo en esta lucha, Caroline, pensó Gwendoline, mientras evitaba la mirada de la pelirroja y escuchaba sus palabras. Es que esas criaturas no están en peligro de muerte, a diferencia de ti. Ellas vivirán, teniendo que soportar esas condiciones, quizás, un día más; tú, no. A ti no se molestarán en entregarte viva al Ministerio de Magia, ni mucho menos.

Ante la promesa de Caroline—una promesa en la que Gwendoline no confiaba demasiado—, volvió a mirarla a los ojos. Permaneció cruzada de brazos, una actitud claramente defensiva y que no invitaba al diálogo, pero igualmente asintió con la cabeza.

—Vamos. Acabemos con esto.


***

Se aparecieron nuevamente, manteniendo una distancia preventiva con respecto al complejo, pero mucho más cerca de su alambrada. Agazapadas, enseguida buscaron el refugio de unos matorrales cercanos, a través de los cuales observaron.

El patio más allá de la valla, una lisa superficie de cemento sin ningún tipo de pintada, estaba desierto. La mirada de Gwendoline lo recorrió, buscando las cámaras de vigilancia ancladas en la parte alta de la fachada. No tardó en localizar la primera, situada en la esquina del edificio, un ojo mecánico que paseaba su mirada de un lado a otro del rincón en que había sido colocada.

Trató de localizar también alguna de las puertas. Teniendo en cuenta que se encontraban en el lateral izquierdo del edificio, solamente pudo localizar una: una puerta metálica simple con una pequeña ventana de cristal esmerilado reforzado con una malla metálica, a través de la cual podía verse la luz del interior. Se encontraba casi en la parte trasera del edificio, y en el suelo, alguien había delimitado con pintura amarilla lo que debían ser aparcamientos para vehículos. En otro tiempo, aquella debía haber sido la zona de carga y descarga.

—Supongo que algunos saldrán a través de esa puerta.—Susurró Gwendoline, señalando la puerta en cuestión.—Pero no hay que olvidarse de la entrada principal, o alguna otra puerta que pueda haber en el otro lateral.—Dejó escapar un suspiro, nerviosa por lo que estaban a punto de hacer.—Bueno, voy a atraerlos hacia el exterior. Busca una buena posición desde la que atacarles. Te cubriré.

Y sin decir más, Gwendoline avanzó agachada en dirección a la verja, todo lo rápido que le permitía aquella posición. Se valió de la cobertura de la maleza para llegar hasta allí, y cuando estuvo en posición, esperó un tiempo razonable para dar tiempo a Caroline Shepard a tomar posiciones.

Un nuevo suspiro se escapó de sus labios mientras empuñaba la varita, deseando que aquello saliese bien. El dolor de cabeza se había intensificado un poco con motivo de la discusión previa, y además seguía teniendo dudas acerca de todo aquello y de sí misma.

Por no mencionar que, en aquellos momentos, le costaba confiar en el buen juicio de su compañera de misión.

—De nada me va a servir darle vueltas a todo esto...—Se recordó a sí misma, con toda la razón del mundo. Si hacían las cosas como era debido, no habría que preocuparse de que Caroline hiciese ninguna locura.

Buscó a su alrededor algo que pudiese servirle para golpear la valla, y enseguida localizó algunas piedras entre las malas hierbas. Con sencillos hechizos, comenzó a lanzar una tras otra en dirección a la valla, que no estaba electrificada pero sí reaccionaba mágicamente ante cada golpe que recibía. Repitió el proceso una y otra vez en intervalos de cinco segundos entre cada golpe, y se mantuvo pendiente de la puerta del lateral.

En el momento en que se abriese, debería dejar de arrojar piedras, pues no tenía ganas de recibir un hechizo de aquellos magos...


***

En la sala de vigilancia, comenzó a sonar una alarma mágica, y los dos magos que se entretenían con su café y sus juegos, simplemente la ignoraron: otro maldito roedor del bosque intentando cruzar al interior.

Sin embargo, la alarma comenzó a volverse demasiado insistente como para ignorarla, y uno de ellos finalmente echó un vistazo a los monitores, casi aburrido. Y efectivamente, en la cámara del lateral izquierdo, podía verse ‘algo’ golpeando la barrera mágica. Con mucha insistencia, además.

Lanzando un suspiro, el mago se puso en pie y salió al pasillo para avisar a uno de sus compañeros que, tras una absurda discusión de diez segundos, optó por dejarse de quejas y obedecer la orden de ir a echar un vistazo.

Apenas un minuto después, el tipo, varita en mano, abría la puerta del lateral izquierdo del complejo, con intención de echar un vistazo a lo que ocurría ahí fuera...

Siguiendo tu propuesta, voy a lanzar un dado. Los resultados serán los siguientes.


  • Número impar: Gwendoline pasa desapercibida, y Caroline tiene ocasión en tu próximo post de incapacitar al mago cuando éste abandona el complejo revisar los arbustos en que se esconde Gwen.

  • Número par: El mago se percata de la presencia de Gwendoline y da la voz de alarma, con el añadido de que, si el número es 2 y 12 (incluídos), le ataca sin hacerle demasiados daños, y si es entre 14 y 20 (incluídos), le hace bastante daño.


Si tiene éxito, en tu siguiente post puedes hacer una tirada de dados para encargarte de los guardias que salgan a ver qué ha pasado con su compañero; si no tiene éxito, haces lo mismo, pero para vencer a este, y el patio se nos llena de magos porque han dado la voz de alarma.
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Maestro de Dados el Dom Abr 07, 2019 6:11 pm

El miembro 'Gwendoline Edevane' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Caroline Shepard el Lun Jun 10, 2019 8:52 pm

Pese a los signos que el cuerpo de Gwendoline hacía, inconsciente o conscientemente, para demostrar que aún no le convencía la forma en qué se iba a desarrollar la misión y aún más mi postura, quise dejarlos pasar. Ya nos encontrábamos allí, y el tiempo para poder hacer algo era ahora. Me hubiera gustado que nuestros pensamientos y formas de accionar fueran similares, pero quiero pensar que pese a nuestras diferencias las cosas saldrán bien, y lo que nos une, que es proteger y rescatar a las criaturas mágicas, fuera más fuerte que todo lo demás.

Ambas nos aparecimos a una distancia prudente del fuerte, para poder observarlo desde la protección de unos matorrales cercanos. Allí entrecerré mis ojos para poder agudizar mi visión y memorizar cada detalle, ya que cuando decidamos salir, no habrá retorno, y debemos saber muy bien qué hacer, y de dónde atacar para al menos lograr tener acceso al lugar. Todo parecía encontrarse igual a como lo había observado días atrás, aun así quise cerciorarme y volver a revisitar con mi mirada, todos esos objetos, o espacios de ingreso que nos pudiesen tanto ayudar como entorpecer la misión.

Miré hacía la puerta que señalaba la castaña y asentí, para luego recordar las demás puertas de ingreso y salida del lugar. Miré a Gwen cuando escuché sus siguientes palabras.—Vale.—le dije con tono seguro para comenzar a caminar hacia la zona en qué esperaría la salida de algunos guardias, pero no alcancé a dar ni un paso antes de detenerme y volver a clavar mi mirada en la maga.—Gracias, Gwen.— repetí por enésima vez aquella tarde, pero en esta oportunidad era un agradecimiento en todo aspecto, tanto por estar ahí conmigo como también por aceptar permanecer allí pese a mi arrebatada forma de ser. Podía notar como estaba nerviosa y algo insegura con respecto a la misión, pero aun así permaneció a mi lado, y a portas de provocar a los que se encuentran al interior para que salieran y poder atacarlos. Y eso, no cualquier persona lo hacía.— Recuerda cubrirte el rostro.— le dije, ofreciéndole una cálida sonrisa. Fue lo último que dije antes de cubrir mi rostro e irme de su lado.  

Me aparecí unos metros más allá, teniendo visión desde la diagonal paralela a la que se encontraba Gwen. Allí permanecí cubierta hasta que la castaña comenzó a lanzar piedras hacia el fuerte, en un comienzo no hubo movimiento alguno, pero al cabo de un par de minutos, un hombre salió del costado izquierdo con varita en alto, con ceño fruncido y su boca formando un perfecto rictus de desagrado, que de seguro era porque de todos él había tenido que salir para ver qué era lo que provocaba que la alarma sonará una y otra vez molestosamente. Quise esperar que se alejará un poco de la pared del lugar, para cuando se encontrase en el punto cero donde las cámaras no le apuntasen poder atacar. Pero para mi sorpresa, el mago antes de realizar cualquier movimiento, susurró al inteligible de lejos mientras movía su varita en dirección a dónde se habían lanzado las cosas que activaron la alarma. Lo que no logré escuchar fue el hechizo >>homenum revelio<<, que por regla general siempre debían hacerlo ante la presencia de un ser desconocido cerca del lugar, para cerciorarse si efectivamente era peligroso o simplemente era “otra ardilla más”. Y como no lo escuché, no pude evitar que su mirada hasta entonces ausente de pronto se volviera intensa, como si echara fuego por sus ojos, y comenzará a lanzar hechizo tras hechizo hacia el lugar a donde se encontraba Gwen. Abrí los ojos como plato, y sin siquiera pensarlo salí de mi lugar y lancé un >>petrificus totallus<< que no logró llegar a su objetivo y de paso hizo que el guardia no solo se diera cuenta que había una persona sino que dos, por lo que armando un aura protectora a su alrededor, dio aviso por una radio personal a los demás, pidiendo refuerzos.

Mierda.— musité, mi primer impulso fue ir tras él y atacarlo tanto mágicamente como mugglemente, pero al ver que Gwen no salía de su lugar simplemente no pude seguir sin saber si se encontraba bien, cerré mis ojos y aparecerme a un lado de la castaña.— ¿Gwen, estas bien?.— le pregunté, pero sin poder mirarla , ya que el mago tras dar aviso había comenzado nuevamente a lanzar hechizos. En un minuto lo más seguro es que todos, o al menos la gran mayoría ya debe haber recibido el aviso de que habían intrusos a los alrededores.

Así que vamos, la batalla por la liberación de los cangrejos de fuego había comenzado, ojalá salgamos victoriosas”, pensé. Para luego lanzarle una oleada de hechizos hacia el mago, tratando de que al menos uno diera al objetivo.


Número impar: Caroline logra incapacitar al mago, y no sufre daños. Gwendoline se recupera, y tanto ella como Caroline pueden volver atacar en su próximo post, para deshacerse de los demás magos y entrar al lugar.

Número par: Caroline no logra dar con el mago, aparecen los demás y comienzan a atacar con el añadido de que 2 y 12 (incluidos), le atacan sin hacerle demasiados daños, y si es entre 14 y 20 (incluidos), le hace bastante daño. Gwendoline dependiendo del daño que reciba Caroline, puede decidir atacar o desaparecer junto a ella del lugar.
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