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Who will stand for them? {Caroline Shepard & Gwendoline Edevane}

Gwendoline Edevane el Lun Ago 20, 2018 4:08 pm


Martes 28 de agosto, 2018 || Bosque de Epping, Londres || 00:37 horas || Mi ropa

Lunes 27 de agosto, 2018 - 23:07 horas
Uno de los pisos francos de Artemis Hemsley

Artemis abrió la boca en un largo bostezo, aburrida como estaba de la monotonía. Demasiados casos que revisar, demasiados fugitivos a los que perseguir. De no ser por la emoción de la caza, y de los juegos que casi siempre seguían a la caza, Artemis Hemsley habría abandonado aquel trabajo hacía tiempo. Demasiada burocracia, demasiado papeleo que rellenar.
Y sin embargo no se quejaba. Después de todo, podía decirse que vivía como una auténtica reina: buen sueldo, toda la diversión que quería, y muy pocas personas que se atreviesen a buscarle las cosquillas.

*¡Knock, knock, knock!*

Hablando del Rey de Roma, por la puerta asoma, pensó Artemis con jovialidad, levantándose de la silla que ocupaba frente al escritorio para abrir la puerta. Con una amplia sonrisa, recibió a la recién llegada, ciertamente feliz de verla—aunque fuese una de esas pocas personas que se habían atrevido a buscarle las cosquillas—allí de pie.

¡Mi querida Gwendoline!Exclamó Artemis, dando incluso un pequeño saltito de la emoción, entrelazando ambas manos delante de ella, en ese gesto tan característico suyo que casi parecía una plegaria.Te has retrasado un poco. Quedamos en que te reunirías conmigo a las once.Artemis se puso brazos en jarra, fingiendo severidad. La sonrisa no tardó en volver a asomar en sus labios.¡Oh, bueno! ¡No pasa nada! ¡Todo el mundo comete errores! Venga, pasa, no te quedes ahí de pie.

Fue todo un deleite para Artemis Hemsley observar como Gwendoline Edevane, al igual que una pequeña marioneta movida por unos hilos invisibles, entraba en el apartamento. Su mirada perdida era un claro indicativo: no era dueña de sus acciones. No era más que un títere a su servicio, y podía manejarla como quisiese.
La ordenó sentarse en la cama, y su muñequita obedeció. Hemsley, por su parte, volvió a sentarse en la silla que ocupaba antes de levantarse a abrir la puerta. La giró para encarar la cama, sonriendo jovialmente a su ‘invitada’.

¿Y bien? ¿Qué noticias tienes para mí, Wendy?Preguntó la mortífaga como si tal cosa.

—No he podido recuperar el espejo.—Afirmó Gwendoline de manera mecánica, totalmente ausente, sin mirar a Artemis. En realidad, no miraba en ninguna dirección concreta.

Muy mal.Artemis chasqueó la lengua, negando con la cabeza a continuación.Ya deberías habérselo arrebatado a Sammy. Creo que te mereces un pequeño castigo...

Artemis observó con deleite como, pese a la maldición Imperius que había echado sobre ella, Gwendoline Edevane se tensaba, visiblemente nerviosa ante la perspectiva de padecer dolor. Artemis nunca le hacía nada que dejase marcas, y por supuesto no traspasaba ciertos límites, pero en alguna ocasión había tenido que aplicarle pequeños correctivos. Y es que, a pesar de estar plegada a su voluntad, Gwendoline tenía momentos de rebeldía.
Hemsley sabía tratar con rebeldes, oh sí. Se le daba estupendamente.

Verás, Wendy...La mortífaga se puso en pie, salvando la pequeña distancia que la separaba de la cama, y puso una mano en el hombro de la joven; se tensó todavía más, si cabía.Te he pedido dos cosas: que me traigas mi espejo, y que averigües dónde está Thaddeus Allistar. ¿Y has cumplido con alguna de ellas?Artemis negó con la cabeza, casi sintiendo pena por lo que tenía intención de hacer, como si hubiese sido puesta en una situación en la que no le gustaba estar.¿Has averiguado algo sobre Allistar?Preguntó, por si acaso.

Gwendoline tragó saliva, negando con la cabeza. Su cuerpo era consciente de que le esperaba un duro correctivo. Algo que le recordaría lo que pasaba cuando Artemis Hemsley no conseguía lo que quería…
...pero no ocurrió. Y es que Artemis estaba de buen humor. La mortífaga se separó de Gwendoline, volviendo a su silla.

¡Venga, no pasa nada! Lo dejaremos correr por esta vez. Para que luego digas que no somos amigas.Artemis soltó una breve risita, antes de proceder con el interrogatorio.Ponme al día de todas las novedades, ¿quieres? ¡Venga! ¿En qué ha estado metida Sammy últimamente? ¿Y su amiga, Caroline? ¡Cuéntamelo todo!Artemis parecía emocionada, tanto como si fuese una niña y acabase de despertarse la mañana de Navidad.

***

Experimenté uno de esos momentos en los que perdía la noción del tiempo: recordaba haber salido de casa, caminando, y también recordaba vagamente haber recorrido las calles de Londres, pero cuando quise darme cuenta, me encontraba en el bosque. Tenía una ligera jaqueca, pero nada que no solucionase un pequeño trago de poción para el dolor de cabeza.
Había quedado en reunirme con Caroline en el bosque, en un punto señalizado con una piedra tallada con un kanji, el tipo de escritura japonesa que, pusiese lo que pusiese, yo no entendería. Caroline perfectamente podría escribir ‘Tonto el que lo mire’, y yo no me daría cuenta. ¿Creía capaz a Caroline de un trolleo de ese tipo? Bueno, sí, a ella y a Sam, teniendo en cuenta lo que ocurría en el cuarto de baño de la casa de ambas. Mi recomendación es que evitéis la curiosidad de pesaros en la báscula que tienen allí, si es que alguna vez visitáis esa casa.
La piedra en cuestión no estaría muy lejos de la entrada del bosque. Caroline preferiría que ambas nos internásemos juntas en el bosque, a fin de evitar cualquier tipo de peligro.
¿Y qué hacíamos en medio del bosque? Bueno, se trataba de una larga historia, a decir verdad. Al parecer, en tiempos recientes, Caroline había estado empleando gran parte de su tiempo libre en atender ciertos casos que el Ministerio de Magia rechazaba, todos ellos relacionados con el tráfico ilegal de criaturas mágicas y el maltrato de las mismas.
En este caso, Caroline estaba investigando un complejo situado en el bosque, una especie de perrera abandonada en cuyo interior se albergaba, mágicamente oculta, una factoría dedicada al tráfico de cangrejos de fuego. Aquel caso podía estar perfectamente relacionado con el de aquel hombre que Sam y yo habíamos visitado, en uno de los supuestos locales que albergaban a fugitivos, y que guardaba un montón de cangrejos de fuego en una maleta encantada mágicamente.
Yo misma me había preguntado qué pintaba yo en todo aquello, pero Caroline se había encargado de despejar mi duda: al parecer, los magos que llevaban aquel lugar habían tenido la grandiosa idea de utilizar mano de obra muggle, previa maldición Imperius, así que habría que desmemorizarlos y asegurarse de que sus mentes no corrían peligro por el uso imprudente de la maldición imperdonable.

—En principio no debería entrañar demasiado riesgo.—Me dije a mí misma mientras caminaba entre la maleza, la varita en alto en la mano izquierda y la derecha asiendo la correa de mi bolso, mágicamente encantado para llevar un montón de cosas allí dentro.

Tardé unos diez minutos, más o menos, en localizar la roca con el kanji grabado. Una vez lo hice, me detuve a observarla unos segundos a la suave luz de la varita. No entendía aquel símbolo tallado en la piedra, ni mucho menos.



(Significado que Gwen ignora: Reunión)


Pues allí estaba. Ya solo faltaba esperar a que llegase Caroline. Mientras la esperaba, metí la mano dentro de mi bolso mágico y tanteé el interior hasta dar con un pequeño frasco. Contenía la antes mencionada poción para el dolor de cabeza. Desenrosqué el tapón y me bebí el contenido del frasco, una dosis justa y exacta.
Aquello haría remitir la jaqueca… o eso esperaba, pues en los últimos dos meses las jaquecas se habían convertido en un mal habitual para mí...


Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Nov 27, 2018 2:48 pm, editado 2 veces
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Caroline Shepard el Dom Oct 28, 2018 3:50 pm

En tiempos de guerra no eran solo los humanos que sufrían, sino que todo a su alrededor. Ya que una de los principales caracteristicas de nosotros,  seres antropocéntricos por cultura, era invadir todo a nuestro alrededor, pensar que el mundo es nuestro, sin ser consciente de que somos los más jovenes sobre este planeta llamado (también por el humano) Tierra. Desde muy pequeña me preguntaba el por qué tendemos a pensar que nuestra vida vale más que la de una animal, flor o un mango. Y negaba la teoría de que por nosotros tenemos "sentimientos" ya que un elefante llora a sus muertos como  también un girasol busca el sol en su compañera de al lado cuando el día está nublado.

Todos merecemos una oportunidad, una esperanza dentro del caos, y yo pensaba dársela a todas esas criaturas mágicas que no eran contadas en ese pequeño grupo denominado de "importante" dentro del Ministerio. Por lo que durante el último tiempo esperaba que todos mis compañeros de trabajo volvieran a sus hogares para ir en busca de todas esas carpetas con casos olvidados y rezagados.

En Japón las cosas tampoco eran tan diferente, a nivel de gobierno los animales seguían siendo vistos meramente como comida, cosas por domesticar o de los cuáles uno podía sacar dinero por su extravagancia o bella piel. Pero afortunadamente siempre habían personas, hermosas personas, que veían más allá y lograban observar en las criaturas y animales unos compañeros y amigos los cuales defender y compartir. Como de seguro han de existir también en Londres pero que lamentablemente se encuentran mudos y temerosos por todo lo demás que están viviendo.

Pero como jamás he podido cerrar mi boca, o dar un paso si veo una injusticia es que me encuentro en este bosque en busca de una persona que la vida, siempre tan curiosa y maravillosa me puso en mi camino una vez más, y que agradezco de sobremanera contar en mis días : Gwendoline Edevane. Porque ella podría encontrarse en la comodidad de su hogar en vez de arriesgar su puesto, e identidad por unos simples cangrejos de fuego. Pero no, ella no tardó en darme el sí cuando le conté sobre esta especie de "perrera" que traficaba aquellas criaturas y las trataba de manera grotesca.

Sonreí cuando la ví a unos pasos, la observé sacar un frasco y llevarselo a la boca.

- Holo, ¿qué tomas? ¿Hay un poco para mí?.- pregunté a modo de saludo junto a una sonrisa, para luego darle un abrazo apretado y lleno de cariño. - Muchas gracias por ayudarme en esto, Gwen. De verdad.- le dije al separarme de ella.- Como te dije no debería causarnos muchos problemas este caso, ya que los días previos que vine a observar la seguridad es escasa. Yo creo que es porque no se imaginan que a alguien le importe aquellas criaturas como para crear una misión de rescate...- hice una pausa y fruncí levemente el ceño.- ¿Te encuentras bien?.- le pregunté preocupada al verla un poco más pálida que de costumbre, llevando mi mano a su frente para tomarle la temperatura.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Gwendoline Edevane el Lun Oct 29, 2018 8:52 pm

Otra cosa habitual en los últimos meses, paralelamente a las jaquecas, eran esos pequeños periodos de ausencia: momentos en los que era capaz de quedarme abstraída, con la mirada perdida, sin ningún pensamiento concreto paseándose por mi mente, sino más bien una sucesión de varios pensamientos inconexos que era incapaz de hilar.
Fue eso lo que me ocurrió entonces, mientras tomaba la poción para el dolor de cabeza. Si me preguntasen qué estaba pensando entonces, no sabría decirlo, pues creo que realmente no pensaba nada. En mi propia experiencia personal acerca de la vida, el no pensar nada era algo prácticamente imposible: los pensamientos fluían por sí solos, y un cerebro humano se pasaba prácticamente las veinticuatro horas del día trabajando. Incluso mientras dormíamos, el cerebro continuaba con su incesante actividad.
De aquel estado de ensueño no me sacó la voz de Caroline Shepard, quien por fin había llegado al punto de encuentro acordado. Lo que me devolvió al mundo real, al ese bosque oscuro en medio de la noche, donde cantaban los grillos y las cigarras, fue el contacto físico con mi amiga. Su abrazo me hizo volver y, disimulando mi actual estado, compuse la mejor imitación de sonrisa de que fui capaz.

—Hola.—Respondí. Seguía teniendo el frasco vacío de la poción entre mis dedos.—¿Esto? ¡Oh, no es nada! Unas vitaminas.—Mentí con bastante descaro, y gracias puedo dar por ser bastante buena en lo que a las mentiras respecta. Devolví el frasco a su sitio, dentro del bolso.

Resté importancia al agradecimiento de Caroline, o mejor dicho, a la necesidad de tal agradecimiento: teniendo en cuenta los acontecimientos que habían tenido lugar en los últimos meses, desde que Caroline había entrado a formar parte de nuestro pequeño grupo de enemigas de Hemsley, los agradecimientos sobraban. Si una de las tres necesitaba ayuda, las otras dos se la brindaban. Y tal les valía: en los últimos tiempos, había descubierto que era muy difícil encontrar gente en quién confiar.
No había más que contemplar los restos del que había sido nuestro grupo de cinco en Hogwarts: nosotras tres, un Henry que ya no era ni por asomo él mismo, y una Beatrice que cada día, más y más, parecía alejarse de nosotras.

—Estoy bien.—Respondí, frunciendo el ceño cuando Caroline me puso una mano en la frente. Mi cabeza todavía martilleaba bastante, pero la poción analgésica había convertido dicho martilleo en un dolor sordo e intermitente. Suficiente como para seguir adelante.—Puede que esté cogiendo un resfriado o algo así.—Añadí, restándole importancia a un asunto de salud que no me iba a impedir llevar a cabo aquella misión.—Volviendo al tema de la seguridad… ¿De cuánta gente estamos hablando? ¿Has visto algún tipo de alarma mágica o algo por el estilo?—Pregunté, intentando centrarme en el tema que nos ocupaba, pues así quizás pudiese olvidarme del todo del dolor de cabeza.—Antes de entrar, sugiero que echemos un vistazo con...—Llevé mi mano derecha al bolso, rebuscando dentro de su enorme interior, hasta que mis dedos asieron lo que buscaba.—...esto.—Mostré a Caroline mis onmiculares, que había comprado para los conciertos del Magicland.—Supongo que habrá por aquí algún sitio elevado desde el que podamos echar un vistazo antes de arriesgarnos a entrar, ¿no?

Toda precaución era poca. Mejor observar bien que entrar sin ningún tipo de cuidado y encontrarnos en medio de un marrón del que fuésemos incapaces de salir. No tenía ganas de que Sam se cabrease con nosotras, cosa altamente probable, cuando descubriese que algo malo nos había pasado en una misión que, en principio, no debería entrañar demasiados riesgos.
Después de todo, se mirase por donde se mirase, lo que íbamos tenía más pinta de activismo radical que de otra cosa...
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Caroline Shepard el Sáb Nov 24, 2018 3:50 am

A esta misión iba un poco más tranquila, pero no por eso perdería mi atención, había que estar alerta siempre,  por más que se viera fácil uno nunca sabía cuando las cosas se iban a torcer. Me había dedicado a observar el lugar antes de decidirme a ir con todo, y a simple vista la seguridad era muy escasa, por no decir nula. Un par de hombres resguardaban la entrada y adentro no creía que se encontrarán más de dos más. Además debía admitir que contar con Gwendoline en esto hacía todo mucho más ameno, contar con una mano amiga siempre era un alivio en estos días.

Cuando ví a Gwen unos pasos de mí sonreí ampliamente, es que la presencia de esa mujer solo trae felicidad. La saludé con mucho cariño para luego preguntarle sobre las pastillas que le ví ingerir antes de llegar a su lado, fruncí levemente el ceño por lo de las vitaminas, pero no le dí mayor importancia, ya que en estos tiempos un poco de energía empastillada no venía mal la verdad, quizás yo también debería hacerlo pensé por unos segundos para luego dejarlo pasar.

Luego vinieron los agradecimientos, es que a mi me faltaría vida para agradecer todo lo que ha hecho Gwen por mi Samcita y por mí durante todo este tiempo, es por eso que por más que me responda con ese común no hay de qué, yo jamás me cansaré de hacerlo, porque soy de esas personas que realmente agradece contar con las personas que estima, y si pudiera lo gritaría a los cuatro vientos todos los días, de  hecho a veces lo hago, cuando la situación lo permite.

- ¿Segura?.- insistí entrecerrando los ojos, como si con aquel accionar mis ojos ganarán una especie de visión ultra mega super poderosa que descubre toda mentira y enfermedad. - Eso es porque no te abrigas suficiente tu cuello, deja que te presto mi pañuelo.- aquellas palabras estaban lejos de ser una sugerencia, era más bien una orden. Me saqué mi pañuelo y no tardé ni dos segundos en ponerlo alrededor de su cuello, para luego ofrecerle una sonrisa radiante.

- Al menos en el exterior no hay ninguna alarma mágica, ni seguridad con hechizos, yo logré llegar hasta la puerta trasera y nada me atacó, o hizo aviso de mi presencia. No podría decir la cantidad exacta de personas que se encuentran custodiando, pero me atrevería a decir que no más de cuatro o cinco magos. Creo que si sabemos actuar silenciosamente, lograremos desarmarlos sin que llegen ni siquiera a vernos.- le dije con tono seguro, es que cuando me encontraba con Gwen o Sam realmente sentía que nada tan malo podía pasar, porque juntas somos como una gran fortaleza.- De hecho más que ellos creo que nos podrían traer más problemas los cangrejos, son unas criaturas un poco temperamentales...- agregué con una mueca.

Miré curiosa qué era lo que sacaría de su bolso y abrí los ojos sorprendida cuando ví de qué se trataba.- Estan buenisimos. Buah, que ganas de haber ido con ustedes, de seguro estuvo grandioso...pero no, no, no me digas, no quiero saberlo que sufro.- le dije toda dramática, llevándome la mano al pecho y todo, más un pucherito.  - Y sí, me parece super que primero miremos con estas bellezas, yo vine hace un par de días y ambas sabemos que en dos días muuuuuuuuuuchas cosas pueden suceder, así que hay que volver a echarle un vistazo para estar seguras. Y sí, hay un lugar, podemos aparecernos allí directamente, tan sólo debes darme tu manito y confiar en mí.- le dije moviendo mis cejas a modo de invitación.

Estoy contenta, no sé por qué, quizás es porque me gusta todo lo que tratara con salvar a criaturas mágicas, y más si era junto a una gran amiga.

- Entonces ¿Me das tu mano para comenzar esta nueva aventura?.- le pregunté ofreciéndole una sonrisa y tendiendole mi mano.

Nuestra primera aventura había estado ligada con el agua, ahora con el fuego ¿qué venía a continuación? ¿Ir a salvar dragones así probamos el aire? Quien sabe, pero lo que fuera de seguro sería una aventura más para anotar en mi bitácora de momentos memorables.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Gwendoline Edevane el Miér Nov 28, 2018 1:27 am

En los últimos tiempos—más concretamente, en los últimos dos meses—había desarrollado una incomodidad casi patológica frente al exceso de atenciones sobre mi persona. Cuando me preguntaban si estaba bien, simplemente quería dejar el tema a un lado lo más pronto posible, especialmente si la otra persona se interesaba por mis dolores de cabeza. Entonces no tenía ni la más remota idea de que dichos dolores de cabeza procedían a partes iguales de mis intentos por resistir el control mental de Artemis Hemsley y de los ‘correctivos’ que la mortífaga me aplicaba cuando hacía algo que no le gustaba. Sin embargo, mi mente respondía con rechazo ante aquellas preguntas, sugiriéndome que sería mejor que zanjase el tema cuanto antes.
Sin embargo, ante la pregunta insistente de Caroline, me las arreglé para responder con una simple sonrisa y un asentimiento. No era mentira: estaba bien, el dolor era soportable, y seguramente la poción lo haría mucho más soportable a medida que pasara el tiempo.

—Segura.—Respondí, mi expresión inalterable. Podía estar un tanto preocupada por aquellos dolores de cabeza, pero ni un atisbo de aquella preocupación asomaba a mi rostro.—Solo es...—Empecé a decir, justo cuando Caroline se ofreció a prestarme su pañuelo para que me abrigara el cuello.—¿Eh? ¿Qué? No, no hace falta...—Protesté, pero de poco sirvió: Caroline logró su cometido, y su pañuelo pasó a formar parte de mi vestuario, a modo de bufanda.—Caroline, estamos en pleno agosto. No creo que haya sido el frío lo que me ha afectado.—Protesté, como solo podría hacerlo una estudiante de medicina o, como en mi caso, de medimagia. Ya se decía: los médicos son los peores pacientes.

Dejando a un lado el tema del pañuelo—aunque estaba segura de que en algún momento me daría calor y me sobraría—, empezamos a trazar un plan de acción. Hacía falta entender a qué nos estábamos enfrentando exactamente: seguridad, alarmas, posibles trampas… Acerca de eso pregunté a mi amiga pelirroja, y ella me ofreció un resumen lo bastante detallado. Tomé nota mental de todo lo importante, asintiendo mientras escuchaba a Caroline: nada de alarmas, cuatro o cinco magos vigilando… Tenía mis dudas acerca de mi capacidad para desarmar a nadie sin que se enterara la mitad del recinto, pero confiaba en las de Caroline: la pelirroja era experta en algunas artes marciales, por no mencionar que contaba a sus espaldas la experiencia de haberse batido en duelo con Sebastian Crowley y ganado dicho duelo.

—No tienes que recordármelo: ya he tenido el placer de conocer a esas tortugas flamígeras.—Respondí con cierto sarcasmo, recordando aquel encuentro que Sam y yo habíamos tenido con una maleta encantada llena de aquellas criaturas aficionadas a expulsar fuego cuando se asustaban. Aunque si hablábamos de temperamento, para temperamento el que había exhibido Caroline cuando descubrió que habíamos llegado a casa con semejantes quemaduras.—Pero debo decir que envidio esa confianza que tienes: a mí cinco magos ya me parecen suficientes como para dar problemas. De hecho, me parecen más que suficientes.—No podía evitar ponerme un poco negativa, teniendo en cuenta la poca confianza que tenía en mí misma. Cualquiera diría que no era la misma persona que había luchado contra Cameron Becher en Hogsmeade, contra los radicales que atacaron el Ministerio de Magia, y contra la mismísima Artemis Hemsley.

Extremar las precauciones me parecía un plan inteligente, un plan más Ravenclaw que entrar por la puerta principal lanzando hechizos. No quería decir que Caroline tuviera esas ideas, ni mucho menos. Sin embargo, por mucho que confiara en el juicio de mi amiga, prefería asegurarme una vez más de que todo estaba en orden. Como ella misma había dicho, dos días eran muchos días, y podrían haber aumentado la seguridad.
Así que puse sobre la mesa el plan de los omniculares. Aquel aparatito, diseñado para los espectadores de los partidos de Quidditch, había sido útil durante los conciertos del Magicland, pero podía ser todavía más útil en situaciones como aquellas. No solo nos permitía observar más de cerca aquello que teníamos lejos, sino también tenía un sistema de identificación de rostros y jugadas de Quidditch. Así el espectador no se perdía nada. No creía que fuéramos a darle uso a eso último, pero lo primero sí podría resultar útil.

—¡Oh, no te preocupes!—Exclamé, componiendo una sonrisa con cierta picardía.—¿Qué clase de amiga sería yo si te contara que Michael Jackson ha vuelto de entre los muertos, y que durante la actuación de Black or white iba cambiando de aspecto de blanco a negro alternativamente?—La piqué, en tono de broma, para acto seguido añadir.—Lo siento. Pero en mi defensa diré que si estuviéramos hablando de Freddie Mercury y no de Michael Jackson, a Sam y a mí nos habría dado igual que estuvieras trabajando: te habríamos secuestrado para que pudieras verlo en directo.—Añadí como defensa. Quizás no fuera la mejor, pero era sincera: si hablábamos de Queen, Caroline Shepard tenía una especie de derecho natural y de nacimiento a ser testigo de su resurgir.

Al parecer, había una zona elevada cerca desde la que podríamos observar nuestro objetivo. Cuando Caroline surigió aparecerse allí mismo, asentí con la cabeza, y cuando me ofreció su mano, no dudé en aceptarla. Ambas nos desaparecimos y aparecimos en un pequeño promontorio que se elevaba un poco por encima de la línea de árboles. Frente a ellas se abría un pequeño claro y, unos metros más allá, bajo la luz de la luna, se encontraba el complejo en cuestión: una mole de cemento rodeada por alambradas que recordaba un poco a las cárceles de las series de televisión.
Señalé en esa dirección con la mano en que sostenía los omniculares.

—¿Es eso? No es muy discreto.—Dije, al tiempo que apoyaba una rodilla en el suelo y me llevaba los omniculares a los ojos. En seguida noté su efecto: todo aumentó de tamaño delante de mis ojos, y parecía que me encontraba apenas a un par de metros.—El patio parece despejado.—Comenté, mientras las lentes de los omniculares se movían por su cuenta, peinando el patio y devolviéndome imágenes de éste totalmente desierto. Ni un alma paseándose por allí.—Voy a tomármelo como algo bueno.—Concluí, retirando los omniculares de mis ojos y ofreciéndoselos a Caroline para que ella también mirara.—¿Qué plan tienes? Ponme al día.

Tenía que confesarlo: estaba más nerviosa de lo que aparentaba. Me había curtido a base de años trabajando en el Ministerio para ocultar mis emociones, pero la realidad era que por dentro me sentía como un flan. Especialmente desde que Caroline había mencionado que habría magos allí dentro. Y si se dedicaban al tráfico ilegal de criaturas mágicas, con toda seguridad no estarían dispuestos a recibirnos con abrazos. Lo harían con varitas y hechizos, y seguro que estos hechizos no hacían cosquillas, precisamente.
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Caroline Shepard el Miér Dic 26, 2018 12:18 am

Al llegar ví de lejos a Gwen tomar algo, y enseguida me asaltó la curiosidad de si ella estaba enferma o algo por el estilo, a lo que la castaña me negó de inmediato diciéndome que eran vitaminas, pero yo siempre tan curiosa, quise corroborar, asegurarme que no era palabras superfluas, sólo para mantenerme alejada de la situación.  Pero ella volvió a decirme que no era nada y no me quedó nada más que confiar en su decir, aunque no por eso iba a pasar por el alto el hecho de que iba muy desabrigada, sobre todo su cuello, y saliendo todo mi lado anciano protector no acepté un no por respuesta al tenderle mi pañuelo rodeándolo en su cuello. - Lo sé, lo sé, pero a veces cuando andamos con las energías medias bajas, una mínima ventisca puede tornarse en un vendaval para nuestro cuello.- insistí, es que de cuando mis amigos se trataba yo siempre he sido muy, pero muy sobreprotectora, hasta a veces llegar a ser un poquito pesadita.

Gwen me preguntó sobre lo que sabía del lugar y traté de contarle lo más detalladamente todo lo que sabía de el. Y cuál era a mi parecer, los mejores pasos a seguir, es que para mí a simple vista no era una misión muy difícil, siendo muy sincera al decir que a mi parecer lo más complicado que podía llegar a ser esa noche era poder reunir a los cangrejos de fuego sin que ellos se sintieran atacados por nuestra presencia, y más sabiendo que durante todo este tiempo han sido en su mayoría violentados constantemente, por lo que su humor y relación con los humanos  no debe ser de la mejor.

Sonreí y al mismo tiempo fruncí el ceño al recordar esa noche en que tanto Gwen como Sam se encontraron con esas criaturas, había sido un momento crucial para las tres y que pese a que todo había salido bien después de todo, no por ello se me había ido ese sentir amargo que sentí en un momento, pero sacudí mi cabeza al recordar que aquello ya era del pasado, y no valía la pena volver a visitarlo.- Eso es porque aún no los observas. Tan sólo te bastará una mirada para saber que no son de temer, de esos cinco al menos dos estarán cabeceando de sueño, y los demás riéndose de cosas sin sentido. Quizás me equivoque y peque de segura, pero nosotras dos estoy segura que podremos con ellos fácilmente.- le guiñe el ojo traviesamente y con dejes de diversión, quizás estaba equivocada en tomarme todo esto tan a la ligera, pero estar junto a Gwen en ello me ponía de tan buen humor, que simplemente no podía ver el vaso medio vacío por más que la castaña pensara lo contrario.

Abrí los ojos y boca sorprendida, para luego entrecerrar los ojos y poner un puchero del porte del titanic en mi rostro.- ¡MALA MUJÉ!  No sabes cuánto me ha costado hacer que Sam no me dijese nada de aquel concierto y ahora vienes y me sueltas tremenda imagen. ¡Joder! que tristeza no haber estado.- dije entre pucheros y quejidos infantiles.- Buah, pero claro. Yo dejaría todo y partiría a verlo, de hecho que estuviera vivo sería una de las cosas más maravillosas que me pudieran ocurrir, bueno eso y que el puto gobierno de turno se vaya a la mierda junto a  todos sus gilipollas de seguidores.- resople con un gesto de asco en mi rostro, como si de pronto hubiera olfateado y saboreado algo muy desagradable.

Le tendí mi mano y ella no dudó ni un segundo en tomarla para que luego en una fracción de segundos aparecer en aquel monte más cercano al lugar que asaltaremos, y pudiéramos observar mucho mejor todo el panorama.  Gwen fue la primera en observar con los omniculares, mientras yo entrecerraba mis ojos en un vano intento de que al hacer eso podía enfocar y mirar mucho mejor.- Creo que se ve más de lo que es.- le comenté cuando dijo que no se veía tan discreta la seguridad, es que a mi parecer, un bloque de cemento no era nada sin magos competentes que lo resguardaran.

Tomé los auriculares, y me cerciore en una mirada fugaz a todo el perímetro que las cosas seguían igual a de cómo las ví hace un par de días atrás, lo bajé de mis ojos y miré a la castaña para poder contarle mi plan y de paso ver si ella tenía comentario u otras ideas al respecto.- Bueno lo primero que creo que hay que hacer, es desarmar a los cuidadores, pero antes de eso cerciorarnos de que no se puedan desaparecer, ya que si ellos logran sentir que somos una real amenaza no tardarán en ir a pedir refuerzos y ahí estaremos fritas. Antes de ir a por ello, debemos observar muy bien el lugar y descubrir exactamente la zona en que se encuentran merodeando los magos, y poder ir hacia donde se encuentre la mayoría primero, todo esto por supuesto con algo que nos cubra el rostro por completo, hay cámaras vigilando por todo el lugar y no tardan nada en identificar rostros humanos, y luego reconocer nuestra identidad será tan fácil como arrebatarle un dulce a un niño. Cuando ya logremos ingresar,  debemos ir enseguida hacia la habitación en que se encuentran las criaturas y allí pienso que debemos dividir nuestro trabajo. Al llegar lo primero es poner una barra protectora a nuestro alrededor que nos avise cuando sienta presencia humana, para que nos dé un tiempo prudente de protegernos si un cuidador quiere atacarnos, luego yo me encargaré de invocar y lanzarles un hechizo para calmar el accionar de las criaturas, haciéndoles sentir una paz y tranquilidad ante nuestra presencia que nos permitirá que...- hice una pausa para sacar de mi bolso, una maleta pequeña que se la tendí a Gwen junto a una bolsita con sustancias que desprendían un fuerte olor a mariscos.- Ingresarlos en esta maleta, llamados y tentados por su comida favorita. Y cuando logremos eso, y todo sale bien, salimos del lugar, sacamos nuestro hechizo anti aparición, y nos llevaré al mejor lugar donde esas hermosas criaturas podrán vivir libremente.- terminé de decir con una sonrisa.

- ¿Alguna duda, comentario, queja? soy toda oídos.- agregue mirando a Gwen expectante.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Gwendoline Edevane el Mar Ene 01, 2019 7:00 pm

En momentos como aquellos, era normal que Gwendoline Edevane se pusiera en lo peor: un lugar desconocido, en medio del bosque, regentado por lo que debían ser peligrosos traficantes de criaturas mágicas. Caroline aseguraba que aquello no tendría complicaciones, pero la morena seguía teniendo dudas al respecto. Después de todo, ella no era ninguna aurora, ni disponía de más entrenamiento en duelo y combate del que había recibido por parte de miembros de la Orden del Fénix, más específicamente Drake Ulrich. ¿Se defendía en duelo? Sí, y tenía a sus espaldas el haber logrado derrotar a Artemis Hemsley haciendo equipo con Sam.

Sin embargo…

Sin embargo, estamos ante gente que lleva a cabo acciones ilegales. Ilegales incluso para el gobierno actual, que dispara primero y hace las preguntas después, y te mata o encierra según la suerte que hayas tenido al nacer. Así que cabe suponer que esta gente no va a tener contemplaciones a la hora de matarnos si nos interponemos en sus planes.

Eran pensamientos nefastos, pero Gwendoline prefería ponerse en lo peor y concentrarse en encontrar una forma de volver esas condiciones desfavorables en su favor. ¿Y cómo lo haría? Utilizando el cerebro, su mejor arma. Por ello tenía tanto interés en observar el edificio desde una distancia primero.

La pequeña conversación acerca del Magicland alivió un poco la inquietud que la morena sentía. Hacer rabiar a Caroline puso una sonrisa divertida en sus labios. Sí, había sido un poco mala con ella—aprendía de la mejor, que no era otra que Samantha Lehmann, a la hora de picar a sus amigas—, pero como Gwendoline no tenía demasiada malicia, se apresuró a añadir de manera tranquilizadora.

—No te preocupes: habrá Magicland el año que viene, y el próximo, y el próximo… Quizás no sea en Inglaterra ni cerca, pero te prometo que, si me das un par de años para recuperarme de lo que he gastado en este, volveré a llevaros a ti y a Sam. Y podrás ver a Michael Jackson resucitado.—Dijo, con toda sinceridad. Y si bien entonces tenía aquella idea… bueno, digamos simplemente que el destino tenía otros planes para Gwendoline. Y en dichos planes no entraba, al menos a corto plazo, disfrutar del festival Magicland.

Dejando aquel tema a un lado, y ya en lo alto de aquel pequeño promontorio, Gwendoline echó un vistazo a la estructura a través de sus omniculares. El lugar le pareció una mezcla entre complejo de investigación, parecido a los que podían verse en series como Stranger Things, y prisión de mínima seguridad. Se preguntó mentalmente, incluso, si aquella sencilla alambrada que envolvía la construcción estaría electrificada; también se preguntó a quién se le habría ocurrido construir un lugar tan deprimente para albergar en su interior a perros sin hogar.

Comentó sus impresiones acerca del lugar a Caroline, para luego pasarle los omniculares y preguntarle por su plan. La pelirroja echó un rápido vistazo al interior, y entonces, pasó a explicarle su plan: impedir la aparición, deshacerse de los guardas, tener cuidado con las cámaras, y llevarse a las criaturas mágicas de allí. Ese era el resumen básico de la operación, y Gwen no pudo evitar sentirse como una espía o algo así. Se sentía fuera de lugar llevando a cabo una tarea así.

Tomó de nuevo los omniculares de manos de Caroline y echó otro vistazo al edificio. Enseguida localizó una de las cámaras de las que había hablado su amiga, situada en lo alto de uno de los postes de la alambrada exterior. Ésta filmaba el exterior del recinto. Un poco más allá también vio una cámara anclada a la fachada del edificio, la cual filmaba el patio.

—Cámaras… ¿Serán puristas? Siempre encuentro terriblemente irónico que los puristas se valgan de tecnología creada por aquellos que consideran inferiores.—Dijo con una breve risotada sarcástica. Se acordó brevemente de Matt Forman, demasiado purista para mantener su amistad con Sam, pero no lo suficientemente purista como para poner un sistema de sonido muggle en su discoteca.—Me parece buena idea que nos cubramos la cara para que no nos vean, pero tengo otra idea.—Gwendoline bajó los omniculares y los guardó dentro de su bolso.—¿Conoces el hechizo Electro pulsus? Lo utilizamos mucho los desmemorizadores a fin de inutilizar aparatos electrónicos, especialmente cámaras de vídeo y teléfonos móviles, cuando se produce un incidente mágico en el mundo muggle. Si inutilizamos las cámaras con él, tendremos más libertad de movimientos.—Gwendoline volvió la mirada en dirección a Caroline.—Eso sí, nuestros teléfonos móviles estarán también en peligro. Podremos repararlos después con magia, pero por si acaso recomendaría no llevarlos.—Se llevó entonces la mano a la barbilla en gesto pensativo, volviendo a mirar la construcción.—Me puedo imaginar que esas paredes no estarán revestidas de plomo, a no ser que el edificio sea muy antiguo. Así que deberemos aplicar el hechizo a una distancia prudencial. Si no, podríamos cargarnos todo el cableado eléctrico, y ahí sí llamaríamos muchísimo la atención...

Debía reconocerlo: observar aquello de forma analítica, planteándolo como un rompecabezas que debía resolver, ayudaba. La hacía sentirse más en su terreno. A fin de cuentas, su mente era su mejor arma, y utilizar la mente la hacía olvidarse un poco de sus miedos e inquietudes.

—Me dijiste que este era uno de esos casos que el Ministerio de Magia había dejado olvidados, ¿no? Supongo que necesitarás evidencias fotográficas de lo que pasa ahí dentro...—Reflexionó, pensando en la cámara fotográfica que ahora siempre llevaba consigo. La utilizaba principalmente para evaluar los progresos de sus experimentos con pociones, pero también podía darle uso en aquella ocasión.
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