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Who will stand for them? {Caroline Shepard & Gwendoline Edevane}

Gwendoline Edevane el Lun Ago 20, 2018 4:08 pm

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Who will stand for them? {Caroline Shepard & Gwendoline Edevane} - Página 2 B1R405K
Martes 28 de agosto, 2018 || Bosque de Epping, Londres || 00:37 horas || Mi ropa

Lunes 27 de agosto, 2018 - 23:07 horas
Uno de los pisos francos de Artemis Hemsley

Artemis abrió la boca en un largo bostezo, aburrida como estaba de la monotonía. Demasiados casos que revisar, demasiados fugitivos a los que perseguir. De no ser por la emoción de la caza, y de los juegos que casi siempre seguían a la caza, Artemis Hemsley habría abandonado aquel trabajo hacía tiempo. Demasiada burocracia, demasiado papeleo que rellenar.
Y sin embargo no se quejaba. Después de todo, podía decirse que vivía como una auténtica reina: buen sueldo, toda la diversión que quería, y muy pocas personas que se atreviesen a buscarle las cosquillas.

*¡Knock, knock, knock!*

Hablando del Rey de Roma, por la puerta asoma, pensó Artemis con jovialidad, levantándose de la silla que ocupaba frente al escritorio para abrir la puerta. Con una amplia sonrisa, recibió a la recién llegada, ciertamente feliz de verla—aunque fuese una de esas pocas personas que se habían atrevido a buscarle las cosquillas—allí de pie.

¡Mi querida Gwendoline!Exclamó Artemis, dando incluso un pequeño saltito de la emoción, entrelazando ambas manos delante de ella, en ese gesto tan característico suyo que casi parecía una plegaria.Te has retrasado un poco. Quedamos en que te reunirías conmigo a las once.Artemis se puso brazos en jarra, fingiendo severidad. La sonrisa no tardó en volver a asomar en sus labios.¡Oh, bueno! ¡No pasa nada! ¡Todo el mundo comete errores! Venga, pasa, no te quedes ahí de pie.

Fue todo un deleite para Artemis Hemsley observar como Gwendoline Edevane, al igual que una pequeña marioneta movida por unos hilos invisibles, entraba en el apartamento. Su mirada perdida era un claro indicativo: no era dueña de sus acciones. No era más que un títere a su servicio, y podía manejarla como quisiese.
La ordenó sentarse en la cama, y su muñequita obedeció. Hemsley, por su parte, volvió a sentarse en la silla que ocupaba antes de levantarse a abrir la puerta. La giró para encarar la cama, sonriendo jovialmente a su ‘invitada’.

¿Y bien? ¿Qué noticias tienes para mí, Wendy?Preguntó la mortífaga como si tal cosa.

—No he podido recuperar el espejo.—Afirmó Gwendoline de manera mecánica, totalmente ausente, sin mirar a Artemis. En realidad, no miraba en ninguna dirección concreta.

Muy mal.Artemis chasqueó la lengua, negando con la cabeza a continuación.Ya deberías habérselo arrebatado a Sammy. Creo que te mereces un pequeño castigo...

Artemis observó con deleite como, pese a la maldición Imperius que había echado sobre ella, Gwendoline Edevane se tensaba, visiblemente nerviosa ante la perspectiva de padecer dolor. Artemis nunca le hacía nada que dejase marcas, y por supuesto no traspasaba ciertos límites, pero en alguna ocasión había tenido que aplicarle pequeños correctivos. Y es que, a pesar de estar plegada a su voluntad, Gwendoline tenía momentos de rebeldía.
Hemsley sabía tratar con rebeldes, oh sí. Se le daba estupendamente.

Verás, Wendy...La mortífaga se puso en pie, salvando la pequeña distancia que la separaba de la cama, y puso una mano en el hombro de la joven; se tensó todavía más, si cabía.Te he pedido dos cosas: que me traigas mi espejo, y que averigües dónde está Thaddeus Allistar. ¿Y has cumplido con alguna de ellas?Artemis negó con la cabeza, casi sintiendo pena por lo que tenía intención de hacer, como si hubiese sido puesta en una situación en la que no le gustaba estar.¿Has averiguado algo sobre Allistar?Preguntó, por si acaso.

Gwendoline tragó saliva, negando con la cabeza. Su cuerpo era consciente de que le esperaba un duro correctivo. Algo que le recordaría lo que pasaba cuando Artemis Hemsley no conseguía lo que quería…
...pero no ocurrió. Y es que Artemis estaba de buen humor. La mortífaga se separó de Gwendoline, volviendo a su silla.

¡Venga, no pasa nada! Lo dejaremos correr por esta vez. Para que luego digas que no somos amigas.Artemis soltó una breve risita, antes de proceder con el interrogatorio.Ponme al día de todas las novedades, ¿quieres? ¡Venga! ¿En qué ha estado metida Sammy últimamente? ¿Y su amiga, Caroline? ¡Cuéntamelo todo!Artemis parecía emocionada, tanto como si fuese una niña y acabase de despertarse la mañana de Navidad.

***

Experimenté uno de esos momentos en los que perdía la noción del tiempo: recordaba haber salido de casa, caminando, y también recordaba vagamente haber recorrido las calles de Londres, pero cuando quise darme cuenta, me encontraba en el bosque. Tenía una ligera jaqueca, pero nada que no solucionase un pequeño trago de poción para el dolor de cabeza.
Había quedado en reunirme con Caroline en el bosque, en un punto señalizado con una piedra tallada con un kanji, el tipo de escritura japonesa que, pusiese lo que pusiese, yo no entendería. Caroline perfectamente podría escribir ‘Tonto el que lo mire’, y yo no me daría cuenta. ¿Creía capaz a Caroline de un trolleo de ese tipo? Bueno, sí, a ella y a Sam, teniendo en cuenta lo que ocurría en el cuarto de baño de la casa de ambas. Mi recomendación es que evitéis la curiosidad de pesaros en la báscula que tienen allí, si es que alguna vez visitáis esa casa.
La piedra en cuestión no estaría muy lejos de la entrada del bosque. Caroline preferiría que ambas nos internásemos juntas en el bosque, a fin de evitar cualquier tipo de peligro.
¿Y qué hacíamos en medio del bosque? Bueno, se trataba de una larga historia, a decir verdad. Al parecer, en tiempos recientes, Caroline había estado empleando gran parte de su tiempo libre en atender ciertos casos que el Ministerio de Magia rechazaba, todos ellos relacionados con el tráfico ilegal de criaturas mágicas y el maltrato de las mismas.
En este caso, Caroline estaba investigando un complejo situado en el bosque, una especie de perrera abandonada en cuyo interior se albergaba, mágicamente oculta, una factoría dedicada al tráfico de cangrejos de fuego. Aquel caso podía estar perfectamente relacionado con el de aquel hombre que Sam y yo habíamos visitado, en uno de los supuestos locales que albergaban a fugitivos, y que guardaba un montón de cangrejos de fuego en una maleta encantada mágicamente.
Yo misma me había preguntado qué pintaba yo en todo aquello, pero Caroline se había encargado de despejar mi duda: al parecer, los magos que llevaban aquel lugar habían tenido la grandiosa idea de utilizar mano de obra muggle, previa maldición Imperius, así que habría que desmemorizarlos y asegurarse de que sus mentes no corrían peligro por el uso imprudente de la maldición imperdonable.

—En principio no debería entrañar demasiado riesgo.—Me dije a mí misma mientras caminaba entre la maleza, la varita en alto en la mano izquierda y la derecha asiendo la correa de mi bolso, mágicamente encantado para llevar un montón de cosas allí dentro.

Tardé unos diez minutos, más o menos, en localizar la roca con el kanji grabado. Una vez lo hice, me detuve a observarla unos segundos a la suave luz de la varita. No entendía aquel símbolo tallado en la piedra, ni mucho menos.



(Significado que Gwen ignora: Reunión)


Pues allí estaba. Ya solo faltaba esperar a que llegase Caroline. Mientras la esperaba, metí la mano dentro de mi bolso mágico y tanteé el interior hasta dar con un pequeño frasco. Contenía la antes mencionada poción para el dolor de cabeza. Desenrosqué el tapón y me bebí el contenido del frasco, una dosis justa y exacta.
Aquello haría remitir la jaqueca… o eso esperaba, pues en los últimos dos meses las jaquecas se habían convertido en un mal habitual para mí...


Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Nov 27, 2018 2:48 pm, editado 2 veces
Gwendoline Edevane
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Maestro de Dados el Lun Jun 10, 2019 8:52 pm

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Gwendoline Edevane el Jue Jun 13, 2019 12:34 am

El plan que Gwendoline había puesto sobre la mesa no era infalible, y eso estaba claro: cualquier plan elaborado en apenas cinco minutos, sin ningún tipo de información previa con respecto al lugar en que debían infiltrarse, era susceptible de irse a pique de alguna manera.

Sin embargo, la morena no hubiera esperado que aquello sucediese tan rápido, mientras permanecía agazapada tras el arbusto. Creyó, sinceramente, que tendría más tiempo para reaccionar… pero no.

El mago al que se enfrentaban no era estúpido, o bien estaba curado de espanto, y lo primero que hizo fue utilizar un hechizo revelador… que desveló la posición de Gwendoline, dejándola totalmente expuesta al peligro. Lo siguiente que supo la morena fue que el tipo gritaba algo y, sin mediar más palabra, comenzó a atacarla.

La noche se iluminó con el resplandor de distintos hechizos, y a pesar de la sorpresa inicial, Gwendoline fue capaz de protegerse eficientemente de la primera salva. Sin embargo, cuando cometió el error de ponerse en pie para alejarse de allí y buscar un lugar mejor tras el que resguardarse, recibió el impacto de algo doloroso y frío a la altura del hombro derecho. Sus pies se elevaron del suelo y ella dio un par de vueltas en el aire, antes de aterrizar de bruces sobre el lecho de hojas y tierra junto a la alambrada.

La varita se le escapó de entre los dedos.

Aturdida, Gwendoline logró incorporarse hasta quedar a gatas, y a tientas comenzó a buscar su varita en plena oscuridad. Parecía alguien que hubiera perdido una lentilla y, desoyendo toda lógica, siguiera buscándola en medio de la maleza.

A su espalda, el tipo había dejado de atacar y, en su lugar, pedía refuerzos; casi al mismo tiempo, escuchó un sonido a su izquierda y, acto seguido, la voz de Caroline.

—He perdido mi varita.—Jadeó mientras seguía palpando el suelo bajo la capa de hojas secas. Sintió el pinchazo de algo que no identificó en un dedo y retiró la mano con una sacudida; cuando fue capaz de ignorar dicho dolor punzante, volvió a sumergirla entre la maleza.


***

El mago que había dado la voz de alarma perdió momentáneamente de vista a la intrusa cuando, casi salido de la nada, un hechizo petrificador estuvo a punto de acertarle. Si logró evitarlo fue porque se hizo a un lado, utilizando la misma alambrada de parapeto. El hechizo restalló como un latigazo sobre la barrera mágica.

Dio entonces la voz de alarma, pues sabía que dicho hechizo le había llegado de una dirección que no se correspondía con el lugar en que se encontraba la primera intrusa. Eso quería decir que eran varios.

Enseguida, en distintos puntos de patio, el mago vio aparecerse a un puñado de magos. Un par más cruzaron la puerta que él mismo había atravesado y se reunieron con él cerca de su posición. El tipo se dispuso a hablar para organizar a todos aquellos magos.

—¡Compañeros! ¡Tenemos al menos dos…!—El mago no terminó su frase: un luminoso hechizo impactó sobre él, sus ojos rodaron hacia arriba y cayó desmadejado en el suelo, totalmente inconsciente.

Sus compañeros se quedaron patidifusos, mirándose los unos a los otros sin saber qué hacer. Así fue hasta que uno de ellos reaccionó.

—¿Sois gilipollas o qué os pasa? ¡A por esos putos intrusos!

Fue como si recibieran una bofetada en la cara que los espabiló: se pusieron en movimiento como impulsados por resortes. Uno de ellos gritó una palabra, y repentinamente todo lo que había en varios cientos de metros alrededor del complejo se iluminó como si una batería de focos de alta potencia estuvieran iluminando la zona.

Con este campo de batalla iluminado, se dispusieron a acabar con los intrusos.

***

—¡La encontré!—Exclamó Gwendoline, justo en el mismo momento en que el bosque se iluminaba como si, de repente, fuese de día. Si antes no las habían visto… ahora, desde luego, sí.—Parece que tendremos que luchar igualmente.

Gwendoline utilizó la misma bufanda que Caroline le había puesto alrededor del cuello para cubrirse la mitad inferior del rostro, y con un rápido movimiento de varita, su pelo mutó de color, tornándose rojo como el fuego. Miró entonces por encima del hombro, y vio cómo un par de magos se acercaban corriendo en su dirección, protegiéndose detrás de sendas barreras mágicas.

Sin pensárselo demasiado, y habiendo visto que su única opción era utilizar el entorno en su favor, Gwendoline se sirvió de las raíces de los árboles cercanos: una de ellas comenzó a crecer desmesuradamente, fruto de su hechizo, y se elevó, formando una barrera contra la que aquellos dos magos se estrellarían si no se detenían a tiempo.



  • Número impar: Gwendoline logra tirar al suelo a ambos magos que vienen corriendo, los cuales se tropiezan con la raíz. Si además, el número es entre 11 y 19, incluidos, los deja inconscientes con un par de hechizos. De ser entre 1 y 9, Gwendoline intercambiaría hechizos con ellos, pero lograrían protegerse.

  • Número par: Los magos logran evitar el tropezar, y si además el número es entre 12 y 20, incluidos, lanzan un ataque exitoso contra Gwendoline. De ser entre 2 y 10, incluidos, atacarían a Gwendoline, pero lograría defenderse.

Pase lo que pase, lo describes en tu post y Caroline puede actuar en consecuencia.
Gwendoline Edevane
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Maestro de Dados el Jue Jun 13, 2019 12:34 am

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Caroline Shepard el Miér Ago 14, 2019 7:20 pm

De un momento a otro las cosas se descontrolaron, el mago como si estuviera hecho para defender el fuerte no tardó en comenzar a lanzar hechizos a diestro y siniestro en dirección a Gwen, de un impulso le lance un hechizo para ver si daba con él y evitaba que diera aviso a los demás, pero fallé, así que decidí aparecerme donde se estaba mi amiga para ver cómo se encontraba, pero al llegar no pude dirigirle la mirada porque una nueva avalancha de hechizos vino a nuestra dirección, pero en eso escucho que perdió su varita y generando una barrera mágica para cubrirnos volteo mi mirada para clavar mis ojos en ella, estaba a gatas buscando entre los matorrales su varita, he hice el ademán de ir ayudarla cuando escucho un ruido alarmante, llevé nuevamente mi mirada hacia donde se encontraba el mago. A su lado ahora se encontraban mucho más, y con toda la convicción del mundo elevé nuevamente mi varita hacia él y le lancé un hechizo para detener su accionar, y esta vez lo logré y el hombre cayó al suelo dejando a sus demás compañeros anonadados por unos segundos, sin saber cómo reaccionar, ni qué hacer.

Y luego el lugar se iluminó por completo, y de la mano Gwen encontró su varita. Justo a tiempo, porque al parecer, sí. Queramos o no, tendremos que luchar.

Observé como Gwen se levantaba del suelo y de un rápido movimiento hizo que la raíz de árbol impidiera que los magos siguieran avanzando. Yo por mi parte salí del matorral y rodeada de una barrera de protección corrí diagonalmente hacia donde se encontraban los demás, ya que mientras más acorte la distancia más certeros serán mis hechizos, o al menos eso esperaba. Los que quedaban, al vernos a las dos se dividieron, tres magos venían hacía mí y tres contra Gwen, lo primero que hice fue cubrirme con el tronco de un árbol que me serviría de protección mientras lanzaba hechizos, el primero fue uno para poder hacer una grieta en la tierra que impidiera o al menos detuviera unos segundos el correr de los magos, y así fue.  Y como en estos casos el tiempo era oro. ― Vamos fuerte muchachin, ayúdame con estos tres…― le susurré a la corteza del árbol, porque sí, yo no le hablo solo a los humanos, sino que a todos los seres del mundo, y si pudiera de las demás constelaciones también. De mi varita salió un hilo de luz que se fue expandiendo por todas las ramas del árbol que comenzaron a crecer rápidamente para luego dirigirse con toda su fuerza hacia donde se encontraban lo magos, atrapandolos uno a uno.  Reuní toda la fuerza que le es posible a mi pequeño cuerpo, y comencé a mover mi varita en diferentes direcciones, haciendo que las ramas se movieran con los magos en ellas, que vomitaran de seguro es lo menor que les podría producir.  Para rematar tomando mi varita con mis dos manos y de un movimiento circular, con todas mis fuerzas los lancé lejos,  ojalá lo más lejos posible.

No me quede mucho tiempo viendo como salían proyectados por el aire, ya que enseguida corrí en dirección a Gwen,  noté como los dos magos que se habían tropezado se habían vuelto a incorporar y ahora apoyado de un tercero se encontraban lanzando hechizos hacia mi amiga, elevé mi varita pero uno de ellos se giró y al verme me lanzo un hechizo que me golpeó de lleno en mi pecho saliendo disparada, agradecí mentalmente que el suelo no fuese de concreto sino de tierra y pasto que ayudaron amortiguar mi caída, tomé una gran bocanada de aire y pesé a que aún me encontraba mareada logre observar que uno de ellos venía hacía mí, pestañee rápidamente para sacar esa leve capa que había aparecido en mi visión y así poder enfocar mejor. ― Expelliarmus. ― exclamé en dirección a su varita, al menos así ya desarmado poder tener un poco de ventaja y luchar cuerpo a cuerpo si era necesario.

Mi ceño se encontraba más profundo que nunca, entre todo el caos me sentí culpable, y mucho. Ya que jamás pensé que las cosas pasarían así, y además había arrastrado a Gwen conmigo en esta locura. Y rogué para que todo terminara bien, ya ni siquiera pensaba tanto en las criaturas mágicas, solo quería que llegase la noche y que estemos Sam, Gwen y yo riendo de esto, después de recibir los mil y un regaños de Jota, claramente, pero riendo al final de todo.

Porque yo los amo aunque ellos me odien...
DADOS:

> IMPAR: Caroline logra arrebatarle la varita al mago y comienzan una batalla cuerpo a cuerpo.
Del 1-9 la pelirroja lo deja K.O sin quedar dañada, del 11-19 lo deja K.O pero recibiendo varios golpes de vuelta.

>PAR: Caroline no logra arrebatarle la varita y este le lanza un hechizo de vuelta.
Del 2- 10 la daña levemente, del 12 al 20 le hace bastante daño.
Caroline Shepard
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Maestro de Dados el Miér Ago 14, 2019 7:20 pm

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Gwendoline Edevane el Vie Ago 16, 2019 2:44 am

En principio no debería entrañar demasiado riesgo, pensó Gwendoline, maldiciendo sus propias palabras al comienzo de la noche. Si salimos con vida de esta, tendremos mucha suerte.

El asunto les venía grandes, lo mirasen como lo mirasen, y por mucho que Caroline pretendiese que podían con ello, estaba equivocada: un par de golpes de suerte no iban a garantizarles la victoria.

La raíz que emergió del suelo, arrojando fragmentos de tierra en todas direcciones y convirtiéndose en una barrera natural, no fue lo bastante rápida para derribar a los mortífagos, pero sí les hizo tropezar. Dos de ellos cayeron de bruces al suelo, mientras un tercero lograba detenerse a tiempo. Y fue precisamente con ese tercero con el que Gwendoline comenzó a intercambiar hechizos.

La morena, ahora pelirroja, hizo lo que pudo en materia de defensa, bloqueando un hechizo tras otro. Y más o menos lo llevaba bien, hasta el momento en que dos varitas más se unieron a la primera. Aquella situación probó ser insostenible en el momento en que Gwendoline fue incapaz de conjurar barreras con semejante rapidez, y una ráfaga de tres hechizos la golpeó y la hizo rodar por el suelo.

No sabía lo que le habían hecho, pero sentía el brazo izquierdo hormigueando, paralizado.

Incapaz de hacer nada más, Gwendoline se arrastró por el suelo, alejándose como pudo de los magos que seguían conjurando hechizos en su dirección. A punto estuvo de lograr llegar tras la cobertura de un árbol, cuando una cuerda se cerró firmemente alrededor de su tobillo y tiró con fuerza de ella. Uno de los magos la arrastraba como si fuera un pez recién sacado del agua.

En el forcejeo que siguió, Gwendoline perdió su varita en un intento de aferrarse al suelo. Un intento vano, cabe señalar: el mago continuó arrastrándola en su dirección.

¡No podemos hacer nada!, pensó Gwendoline con desesperación. ¡No debimos haber venido aquí!

En un momento dado, la morena notó que la fuerza que la arrastraba aflojaba un poco, y cuando se giró para ver lo que sucedía, vio la obra de Caroline: las ramas de un árbol lejano se sacudían salvajemente, con tres magos atrapados en ellas, para luego lanzarlos lejos. Sus cuerpos se zarandeaban en el aire de manera salvaje y descontrolada, y Gwendoline supo que su aterrizaje no iba a ser precisamente agradable.

Si llegaban a sobrevivir, claro, pues tal y cómo los zarandeaba el árbol, bien podrían tener la columna vertebral rota.

Daba igual: lo importante, en aquellos momentos, era ella, y aprovechó aquel pequeño receso para liberarse de la cuerda enroscada alrededor de su tobillo. Cuando estuvo libre, cosa que no pasó desapercibida a los magos, se levantó y corrió en dirección a su varita, el brazo izquierdo colgando inmóvil y laxo a su costado. Algunos hechizos volaron en su dirección, pero tuvo suficiente agilidad mental como para correr en zig zag. Gracias a esto, logró recuperar su varita y, acto seguido, arrojarse tras el árbol tras el que pretendía esconderse en un principio.

Una vez allí, jadeando y sintiendo que le ardían los pulmones, con un dolor punzante en cada músculo de su cuerpo, Gwendoline conjuró un Finite Incantatem sobre su brazo izquierdo, y fuera lo que fuera lo que le habían hecho, se detuvo. Pudo volver a mover el brazo.

Un hechizo impactó sobre el tronco del árbol, haciendo saltar un pedazo de corteza. Gwendoline se encogió sobre sí misma de manera instintiva, a fin de ofrecer un blanco menor.

Estaban perdidas, y si se quedaban allí, además, morirían. Por mucho que Caroline se hubiera unido a la lucha con ella, esa batalla las superaba. Tenían que marcharse de allí. Le gustara o no a Caroline, la misión había fracasado. Y no, no tenía intención alguna de dejarla atrás.

Se asomó como pudo para ver qué sucedía tras la cobertura del árbol, y fue cuando vio a Caroline luchando con uno de los tres magos que la asediaban a ella con hechizos momentos antes. Los otros dos miraban sorprendidos, hasta que uno se dio cuenta de que Gwendoline había asomado y reanudó el ataque sobre ella; el segundo no tardó en unírsele.

Más fragmentos de corteza salieron despedidos cuando los hechizos llovieron sobre ella, y Gwendoline volvió a ponerse a cubierto. Mientras esto sucedía, Caroline lograba derrotar a su enemigo, no sin antes recibir el impacto de varios hechizos que la hicieron rodar por el suelo y caer a los pies de un pequeño árbol.

Se acabó, pensó Gwendoline. Nos vamos de aquí.

Del interior del complejo veterinario comenzaron a salir algunos magos más, uniéndose a una fiesta en que ya eran multitud, por lo que Gwendoline ni se lo pensó más: conjuró un hechizo Fumus que la envolvió a ella y a todo lo que la rodeaba en una densa humareda, y utilizando dicha nube como cobertura, echó a correr en dirección a dónde había visto a Caroline por última vez.

Tuvo suerte de encontrarla; de hecho, casi se dio de bruces con ella. Estuvo a punto de tropezar con su cuerpo y caérsele encima, pero logró frenar a tiempo. Se arrodilló entonces a su lado y le puso ambas manos en los hombros, mirándola a los ojos.

—Nos vamos. Y no te voy a dejar aquí.—Se había acabado la misión. No podían hacer nada por esos cangrejos de fuego. No les quedaba más remedio que aceptar la derrota.—No hay discusión que valga.

Y, con estas palabras, Gwendoline se sirvió de la aparición para salir de allí lo más rápido posible. Cuando el movimiento a su alrededor se detuvo, estaban en medio del salón de la vivienda que entonces compartían Sam y Caroline, sucias y con varios cortes y rasguños.

La morena jadeaba, y su corazón estaba a punto de salirse de su pecho. Y si bien habían salvado la vida, una sensación de inquietud se adueñaba de ella: aquella gente, aunque hubieran cubierto sus identidades lo mejor posible, las había visto. ¿Serían capaces de reconocerlas en un futuro?
Gwendoline Edevane
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Caroline Shepard el Dom Sep 22, 2019 8:41 pm

Caos, de un momento a otro todo era caos. Jamás pensé que las cosas iban a tomar ese rumbo y nos tendría luchando con un grupo de magos que defendían a toda costa algo que ni siquiera suyo, pero ahí estaban dándolo todo y nosotras defendiéndonos lo mejor que podíamos. En medio de ese gran huracán de hechizos que iban y venían las criaturas pasaron a segundo plano y solo pensé en que ojalá nada le pasara a Gwen, porque no podría perdonármelo. Odié también por un momento mi maldita testarudez de rescatar a criaturas a toda costa, y no haber pensado las cosas no dos, sino tres veces si era necesario.

Pero ya estábamos aquí, y había que seguir hasta el final, fuera cual fuera.

Por fortuna mi hechizo logró hacer que la varita del mago saliera disparada, hice el ademán de volver atacar pero este ya estaba muy cerca de mí con su mano empuñada dirigiéndose directamente a mi rostro, gracias a mis reflejos pude evitar aquel golpe y proporcionarle uno de lleno en su estómago. Me hubiera gustado decir que aquel hombre no era bueno en el combate cuerpo a cuerpo y que las cosas se me dieron más fácil de allí en adelante, pero no fue así, recibí más golpes de lo que me hubiera gustado, y por más que terminé dándole con hechizo que me hizo liberarme de él, un nuevo ataque de costado hizo que saliera disparada y cayera nuevamente sobre el césped, sintiendo dolor en más de una parte de mi cuerpo.

Me costaba respirar, pero sabía que debía levantarme y seguir hasta estar nuevamente al lado de Gwen para cerciorarme que se encontraba bien, y justo cuando estaba reuniendo las fuerzas que aún quedaban en mi cuerpo a mi lado apareció la castaña, quién tomó de mis hombros y me dijo palabras que no dejaban cabida a duda alguna.

Luego todo se dio vueltas y llegamos a casa.

Maldita Ley de Murphy, pense para mis adentros, para luego mirar con ojos de profundo lamento a la maga. ― Gwen yo…lo lamento, de verdad. Lo siento, jamás pensé que…― hice una pausa y resoplé disgustada conmigo misma. ― Sé que debes estar enojada conmigo y lo entiendo, mucho. Pero de verdad que jamás pensé que terminaría así todo esto, yo…― no sabía qué más decir, el daño ya estaba hecho, sabía que no la había obligado a ir conmigo pero era mi deber haber tomado las precauciones pertinentes y no lo hice, y si todo hubiera terminado peor, hubiera sido jodidamente horrible, como si ya no tuviéramos suficientes dramas en nuestras vidas y yo sumándole más, bien Caroline. ― Lo lamento. ― terminé por decir, una vez más. Y Quizás se lo siga repitiendo por mucho tiempo más, porque era así, de verdad lamentaba mucho todo lo sucedido.

Desde que comencé a entrar más de lleno al mundo de las Criaturas muchas veces me han reclamado ponerlos a ellos en primer lugar, ponerme en peligro innecesariamente, o dejar que lo que les sucede me afecten más de la cuenta, y hoy nuevamente sentí eso. Y me dio pena, porque sentía que había decepcionado a todos el día hoy, nada había salido bien, Gwen estaba herida, esos cangrejos seguían capturados, más de alguno quizás había visto nuestros rostros…suspiré, y me deje caer en el sillón apoyando mis codos en mis rodillas, cubrí mi rostro con ambas manos.
Caroline Shepard
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Gwendoline Edevane el Lun Sep 23, 2019 3:28 pm

Cuando todo dejó de girar alrededor de ellas, y el paisaje del cuarto de estar de la casa de Caroline y Sam en penumbra se estabilizó, Gwendoline tuvo ocasión, una vez más, de maldecir sus propias palabras al comienzo de la noche. Como si hubiera invocado a la mala suerte, todo se había complicado, todo se había torcido, y allí estaban: magulladas, con una sensación de derrota y Gwendoline, ¿por qué no decirlo?, con una necesidad reprimida de soltar un “Te lo dije”.

No lo hizo, y en su lugar, se dejó caer sobre su trasero en el mismo suelo del salón, cansada como estaba. Dejó que su espalda reposara contra el sofá, y al hacerlo gruñó de dolor. Debía haber recibido un golpe ahí también, el cual esperaba que no dejase secuelas. Sólo le faltaría quedarse con un dolor permanente en la espalda.

Escuchó las palabras de Caroline, para luego suspirar. Contenta no estaba, pero no tenía intención de dejar caer su furia sobre la pelirroja. Nadie la había obligado a meterse en aquello… aunque tampoco se esperaba que el asunto fuera a complicarse tanto. Llevaba una idea muy distinta de lo que sería aquella misión en la cabeza, y eso había supuesto el motivo de semejante fracaso. Habían tenido mucha suerte de salir de allí.

Apoyándose en ambos codos sobre el asiento del sofá, tomó impulso para levantarse y, después, sentarse sobre éste. Todavía respiraba con dificultad y su corazón seguía acelerado por la adrenalina, pero intentó no dejar que ésta guiara sus acciones. Siempre se había caracterizado por pensar bien las cosas, y aquel era uno de esos momentos en que debía no sólo medir sus acciones, sino también sus actos.

Alargó la mano y tomó una de las de Caroline, estrechándola para que le prestase atención. La miró directamente a los ojos.

—Entiendo cómo te sientes hacia las criaturas mágicas, y ojalá hubiera en este mundo más personas como tú. Así que, por favor, no malinterpretes mis palabras.—Comenzó con un tono de voz suave. Tampoco pretendía alertar a Sam, si es que no estaba ya despierta y asustada porque en su salón se escuchaban sonidos extraños.—Sé que sientes una gran pasión hacia cualquier cosa que llevas a cabo en la vida, pero a veces tengo la sensación de que te lanzas de cabeza hacia el peligro sin valorar las consecuencias.—Era una verdad que no debía ser agradable de escuchar. No pretendía llamarla descerebrada ni mucho menos; más bien creía que tenía en muy alta estima sus propias habilidades.—No soy una guerrera, no tengo experiencia con nada. La última vez que tuve un duelo, si lo gané fue porque estaba acompañada de Sam, y ya viste cómo volvimos...—Por no mencionar las consecuencias de aquel encuentro con Hemsley, que ninguna de ellas conocía todavía.—Teniendo en cuenta lo que nos jugamos últimamente, no podemos permitirnos patinazos de estos. ¿Cómo crees que sentiría Sam si nos atrapan o nos matan por la locura que hemos intentado hoy?

No había dureza en las palabras de Gwendoline. Podría haber sido mucho más dura con ella, de hecho, pero tenía la impresión de que de poco o nada habría servido. Caroline era consciente de sus errores. Sin embargo, algo le decía que no tenía intención de dejar sus actividades en pos de las criaturas mágicas. La morena opinaba que sí, debería dejarlas, pero era su decisión.

Lo que tenía claro era que ella, Gwendoline, no servía para aquello. Suficientes problemas tenía como para arriesgarse todavía más.
Gwendoline Edevane
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