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Run, and don’t look back. {Camille} [PRIV]

Stella Moon el Jue Ago 30, 2018 10:43 pm

Los mortífagos habían capturado días atrás a un grupo de fugitivos en el bosque de las afueras de Londres. Era solo cuestión de tiempo que otros fugitivos llegasen a buscar a sus compañeros cuando estos tardaron en regresar al lugar donde debían encontrarse, y entonces capturaron muchos más. Unas cuantas maldiciones después, los mortífagos obtuvieron la ubicación exacta en la que más fugitivos estaban escondidos en una cueva en ese bosque.

Era Stella la que se había encargado de torturar a los fugitivos capturados hasta que estos no pudieron contener más el dolor y por fin confesaron. Fue a ella a quien enviaron en una misión simple a capturar a los fugitivos que todavía quedaban en el refugio y que no sospechaban lo que se les venía encima.

Esos pobres fugitivos habrían acabado muertos o malheridos si Stella hubiese llegado a ellos sin cambiar de personalidad antes de hacerlo, pues era la Stella mortífaga la que había sido enviada a por ellos, la que quería deleitarse en cumplir con su cometido y habría pintado las paredes de la cueva con la sangre de aquellos inocentes. Pero no había llegado todavía cuando su nariz comenzó a sangrar, la clara señal de que iba a cambiar, y la Stella cuyos ideales se alineaban más a los de los fugitivos apareció, tomando el control del cuerpo del que había estado ausente durante ya casi dos semanas.

Cuando llegó trató de hacerlo sin espantar a nadie. Efectivamente, ahí estaba la cueva en la que según los interrogados se habían quedado atrapados sin poder moverse porque había una persona herida que no podía aparecerse sin correr gran riesgo. Si no había llegado ayuda todavía, probablemente estaría muerto ya.

¿Hola? —dijo mientras se aventuraba dentro de la cueva, que parecía vacía a la vista pero en la cual pudo escuchar el eco de pasos al fondo. Alzó las manos en alto en señal de paz, aunque mantenía la varita firmemente agarrada en caso de necesitar defenderse. —No vengo a haceros daño. Tenéis que marcharos, vienen a por vosotros. Os han encontrado, vuestros amigos ya no van a volver.

Le pareció ver una melena rubia al fondo de la cueva, semioculta en la oscuridad.

Voy a acercarme, ¿de acuerdo? —avisó.
Stella Moon
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Camille A. Leclair el Vie Ago 31, 2018 5:58 am

Como siempre, la vida la detestaba. Las últimas semanas habían sido bastante pacíficas, gracias a la ayuda de Danielle, se había podido reencontrar con Dorcas, había hecho varias amistades en el refugio, y además de ello, su vida había comenzado a mejorar de a poco, todo empezaba a ponerse en mejor orden, ya no era una inadaptada social, y, estando en el refugio, podía contribuir de vez en cuando en ciertas tareas, aunque aún no había conseguido hacerse con un puesto en la Orden. También había aprendido a sobrevivir en equipo. Bastante le había costado aprender a hacerse cargo de sí misma con pocos recursos, pero ayudar a los demás, eso sí que se le había hecho mucho más complicado. Y en esta ocasión, había tenido que enfrentarse a una situación por el estilo.

Había pasado de una tranquila tarde con unos cuantos chicos a los cuales se había unido en el refugio —y que si salían con vida, iba a ignorar el resto de su vida— hasta que, una cosa había llevado a la otra, la pobre Aileen, una fugitiva pelirroja de apariencia frágil había sido descubierta por un mortífago que quiso capturarla, los demás quisieron rescatarla, y finalmente, habían acabado envueltos en un rollo tremendo, habían tenido que conseguir un refugio bastante alejado, y el grupo se había dividido en medio de la crisis — ¡Me muero, me muero! — El grito resonó por todo el lugar, era una cueva poco espaciosa, en la cual un grito podía ocasionar un eco insoportable — ¡Que no te vas a morir, Aileen! No seas paranoica — Exclamó Camille, desesperada del probablemente vigésimo quinto quejido de la pelirroja en una hora.

La entendía muy bien, la pobre tenía una herida bastante profunda en un costado, y también unas heridas menores en el resto del cuerpo, además de, probablemente, varios huesos rotos, gracias a que fue apaleada por unos mortífagos, y probablemente, de no ser por la ayuda que el grupo le había brindado, estaría muerta. Por suerte, la rubia se había vuelto bastante buena en el combate, y en el escape, y había conseguido guiar exitosamente a una parte del grupo lejos del enfrentamiento, para que no hubiesen bajas mayores. Con lo infantil que era la mayor parte del tiempo, tuvo que adoptar una personalidad maternal y de líder, proteger a todos, dar órdenes y asignar tareas. Lo único que faltaba, era alguien que tuviese la más remota idea acerca de medimagia. La herida de Aileen era bastante profunda, los hechizos de sanación que conocían no eran útiles, y no tenían ninguna clase de poción para reparar los huesos, ni para siquiera aliviar su dolor.

Estaba llegando ya al borde de la locura, manejaba un grupo de cinco personas, una malherida y otros cuatro con heridas menores, y todos eran, totalmente exasperantes. Parecían no haberse enfrentado jamás a un peligro verdadero, al contrario de Camille, quien sería rica si le pagaran cada que tuvo que enfrentarse a algún mortífago.

No se desesperen, no nos van a encontrar así como a... — Su voz se detuvo al escuchar como el sonido de una voz femenina desconocida hacía eco en la cueva. Pudo ver cómo se turnaban más pálidos los rostros de sus compañeros ante aquella sorpresa, aunque la voz afirmaba no buscar problemas. Todos sujetaban sus varitas con firmeza y decisión, no podían permitir que los tomaran desprevenidos. Guardaron silencio, hasta ver como una mujer se abría paso lentamente a través de la cueva, con las manos en alto, en son de paz. No sabía que de confiable había en una mujer que entraba como si nada a una cueva repleta de fugitivos y daba información que, parecía ser para el beneficio de ellos.

La francesa dio unos pasos hacia el frente, con la varita en alto, apuntando justo hacia la mujer — ¿Quién eres? ¿Cómo estás tan segura de lo que dices? — Su rostro era de incertidumbre, no sabía exactamente lo que debía pensar, sin embargo, de algo estaba segura, y es que no se iba a dejar engañar, y no comprometería la seguridad del grupo por unas palabras gentiles — Mille... No aguantaré mucho con esta herida — Maldita sea, tenía razón. Sí rechazaba la ayuda de aquella mujer, probablemente la pobre pelirroja acabaría muriendo en unas cuantas horas, debían conseguir ayuda lo más pronto posible, y si eso significaba aceptar ayuda de alguien poco confiable, debía hacerlo — ¿Puedes revisarla? No sabemos nada de medimagia — Tampoco tenían un lugar para ir, sus opciones eran bastante reducidas.
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Stella Moon el Vie Ago 31, 2018 6:39 am

No llovieron maldiciones sobre ella cuando entró a la cueva, lo cual era bueno. Al menos no tendría que pelear para demostrar que no venía a hacerles daño, lo cual resultaría irónico. Tras avanzar unos cuantos metros pudo por fin ver a las chicas que había en la cueva, ambas muy jóvenes, una de larga melena rubia y otra malherida y pelirroja. Stella se había equivocado, seguía viva. Habría jurado que ya habría perecido a esas alturas, según lo que le habían contado durante el interrogatorio a los fugitivos torturados.

Aquello era en parte bueno, pues que no hubiese perdido la vida era motivo de alegría. En parte era muy, muy malo, porque escapar con una persona tan malherida a cuestas era prácticamente imposible. Que estuviese con vida ahora no quería decir que la conservase durante el resto del día.

Porque me han mandado a mí a mataros —confesó con tono más cortante del que debería haber empleado, pero estaba impaciente por llevarse de allí al menos a la chica sana, a la que tenía posibilidades de sobrevivir, como para detenerse a intentar emplear un tono más suave. —Por desgracia para ellos, resulta que no pienso obedecer esas órdenes. —No había por qué ocultar la verdad. Tenía mangas cortas y la Marca Tenebrosa completamente expuesta a la vista de las dos chicas, sabrían tarde o temprano que “estaba” con los malos. Pero no lo estaba, no realmente.

Cuando la rubia le pidió que sanase a la pelirroja, Stella dudó. Sabía perfectamente que la otra Stella, la cruel y egoísta y práctica Stella, no habría dudado ni un solo segundo en decir que esa chica era una causa perdida y que debían dejarla atrás como carnaza. Iba a morir de todas formas.

Ella, sin embargo, la Stella que todavía tenía algo de corazón, no podía simplemente dejarla tirada ahí y dejar que muriese desangrada o que la atrapasen, pero no tenía ni idea de conocimientos médicos, igual que ellas.

Déjame ver —suspiró, arrodillándose junto a la chica que ya era más cadáver que chica. La herida era terrible, y ella no tenía aspecto de ser fuerte, pero al ver la desesperación de la otra chica Stella intentó ayudar. Limpió la herida con agua fresca que salió de la varita, y sacó un cuchillo que siempre portaba consigo durante las misiones y lo calentó al rojo vivo. —Vas a estar bien, pero hay que cauterizar la herida. Solo necesitas aguantar un poco más, hasta que encontréis algún lugar muggle donde esconderos y que os atienda un médico.

Durmió a la chica con un hechizo rápido para ahorrarle ese dolor, aunque semejante hechizo en las condiciones en las que la chica estaba era muy peligroso, pero no tenían otra opción. Stella cauterizó la herida lo mejor que pudo, y al menos ese terrible corte dejó de sangrar. Rasgó un trozo grande su ropa, atándoselo a modo de vendaje para prevenir posibles infecciones y el roce con la ropa más tarde, y despertó de nuevo a la chica, cuya tez estaba más pálida que la de un muerto.

Aguanta, ya casi estás… Vamos, levanta —dijo mientras la ayudaba a ponerse en pie, colocando uno de los brazos de la chica sobre sus hombros y levantándola. Era más peso muerto que persona en aquellos momentos, realmente corríamos el doble de peligro ahora que había que cargarla a ella, pero la ayudé a caminar hasta la boca de la cueva. —Vamos —le dije a la otra.
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Camille A. Leclair el Jue Sep 06, 2018 12:42 am

La situación era, ciertamente, bastante confusa. No se había imaginado recibiendo ayuda de ningún tipo en aquellos momentos, y mucho menos de una mujer que tenía grabada la marca tenebrosa en su antebrazo, tenía que ser una trampa, al menos, ese era el pensamiento que invadía a Camille. Pero, ¿tenía más opciones? Claramente, se enfrentaba a una bruja mayor y con más experiencia, mortífaga, mientras que la rubia tenía que lidiar además con proteger la rubia de la pelirroja que la acompañaba, quien se encontraba bastante malherida, fuese una trampa o no, no tenía más opciones que acceder a su ayuda y arriesgarse con la única posible solución a sus problemas.

Era una total estúpida, ¿cómo había acabado envuelta en semejante lío? Aunque, si lo pensaba bien, de no haber venido, lo más probable es que Aileen y los demás hubiesen muerto directamente, y eso era algo que ella no les deseaba.

Consiguió escapar, fue capturada por su propia prima segunda y una de las pocas personas en quien confiaba, Zoe, y de no ser por los radicales, quienes la rescataron en medio de su traslado, probablemente ahora estaría muerta o siendo utilizada como conejillo de indias. No se le hacía fácil confiar en alguien en primera instancia, y mucho menos, si veía grabada en su piel aquella maldita marca.

¿Y qué te hace desobedecer las órdenes para querer ayudarnos? — Cuestionó inmediatamente, como por instinto. Se había vuelto una mujer desconfiada, a fin de cuentas, la vida la había tratado mal, no era su culpa. En la batalla de Hogwarts, algunos estudiantes habían acabado traicionando a los demás para salvar sus pellejos, entre los afectados estuvo Camille, quien estuvo un largo tiempo reclusa en el castillo, y luego, fue escondida en una guarida de mortífagos. Luego, cuando por fin consiguió escapar, fue capturada por su propia prima segunda y una de las pocas personas en quien confiaba, Zoe, y de no ser por los radicales, quienes la rescataron en medio de su traslado, probablemente ahora estaría muerta o siendo utilizada como conejillo de indias. No se le hacía fácil confiar en alguien en primera instancia, y mucho menos, si veía grabada en su piel aquella maldita marca.

Probablemente, debía ser un poco más gentil. No quería hacer que la mujer cambiara de opinión y acabara matándolas en vez de ayudarla — Vale, entiendo, y gracias por advertirnos, de paso — Eso le dejaba claro que debían moverse rápido, o serían capturadas, ¿pero cómo se huía cargando con una chica que prácticamente no podía hacer nada por sí sola?

Se mantuvo en silencio, observando cuidadosamente el proceso que realizaba la mujer. Camille era literalmente un caso perdido en lo relacionado a medimagia, no precisamente porque se le diera mal, sino porque jamás había tenido la oportunidad de aprender, aunque ahora, veía lo increíblemente necesario que era. La herida parecía haber dejado de sangrar, y también la mujer la había cubierto con un trozo de tela para evitar infecciones, claramente, no sabía demasiado de medimagia, pero al menos sabía cómo defenderse de lo básico.

¿Vienen ya a por nosotras? ¿Por dónde? — Cuestionó, mientras que ella también sujetaba a Aileen por el otro brazo para ayudarla a escapar. No dejaría que la mortífaga hiciera todo el trabajo sola, debía ayudar. Eso sí, la varita se encontraba firme en su mano derecha aún, ni por casualidad la soltaría, por precaución, por ella y también porque en cualquier momento podrían llegar los enemigos — Vamos — Comentó mientras comenzaban a caminar con la pelirroja cargada, mientras que hacían un esfuerzo por salir rápidamente de la cueva. Entre ambas, el paso era más rápido, lo cual era útil, no contaban con demasiado tiempo.

Habían salido ya de la cueva, la francesa se detuvo, y observó hacia todos lados, analizando el entorno — ¿Hacia donde se supone que debamos ir? — , dado a que ella no tenía ni la más remota idea de en dónde estaban.
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Stella Moon el Jue Nov 01, 2018 8:35 am

No le resultaron extrañas las preguntas de una de las chicas a las que estaba intentando ayudar para que pudieran salir de esa cueva y escapar de los mortífagos que las perseguían con vida. Ella también habría hecho mil preguntas si hubiese estado en su lugar, aunque por fortuna nunca había sido el caso. Stella siempre era la cazadora, no la que era cazada por otros.

Algunas personas estamos atrapadas en bandos que no nos corresponden —fue su simple respuesta. Stella se veía obligada a ser mortífaga por culpa de su otro yo, pero no era para nada una situación que la agradase. Ella preferiría estar del otro lado. Tal vez, algún día, lograría liberarse de la carga de su doble personalidad y hacer lo que verdaderamente deseaba.

Ayudó a la rubia a cargar con la chica herida fuera de la cueva. La chica herida ya estaba consciente, y aunque extremadamente dolorida por culpa de la cauterización y débil por la pérdida de sangre que había sufrido, estaba haciendo todo lo posible para conseguir escapar de este lugar.

Id hacia el Este. Dentro de poco estaréis fuera del alcance de los hechizos anti Aparición. Marcharos inmediatamente, en cuanto podías, a pesar del riesgo —dije, refiriéndome al riesgo para la que estaba herida. Una despartición era mejor que la maldición asesina. —No miréis atrás. Iré a distraer a los demás. ¡Corred!

Y así lo hicieron. Me aseguré que conseguían huir sin demasiados problemas, y entonces volví hacia donde sabía que estarían mis compañeros mortífagos, que querían saber si había conseguido pistas de las fugitivas.

Ya no están en la cueva —dije, fingiendo un gran disgusto porque gente “de su calaña” hubiese escapado en nuestras narices. —Pero he conseguido seguir su rastro. Se dirigen hacia el Oeste. No deben estar muy lejos.

Decidieron hacerme caso, alejándose así cada vez más de las fugitivas, y yo fingí hacer mi trabajo. Así al menos, por hoy, había conseguido hacer algo bueno con lo que luchar contra el mal que sembraba mi otra yo a su paso.
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