Situación Actual
12º-19º
14 septiembre ➟ luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
Gracias a todos pj destacado
Gracias a todos Pjs destacados
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

Priv. || Ese otro mundo, que eres tú ||

Ryan Goldstein el Dom Sep 02, 2018 5:44 am

Recuerdo del primer mensaje :

Ese otro mundo, que eres tú

Meda, desde la puerta, recorrió la sala de estar con una última mirada. Inundada por la tarde, ofrecía la agradable impresión de alojarse en la memoria como la fotografía de un día de verano. De esos, a los que volvías con una sonrisa.

Correteando por la casa, la pequeña Brianna husmeaba por detrás de las macetas, sacaba y ponía cosas, desordenaba estanterías. En ocasiones, se agachaba con la oreja pegada al suelo, ojeando todo posible escondrijo en el que fuera posible sorprender a un hada.

—Escúchame, tesoro—
llamó. Brianna corrió a abrazarse a la cintura de su madre, quien la recibió entre mimos—. Le dirás a Rynn que le dejé una carta sobre el escritorio—indicó, acariciándole el flequillo—. Mamá te extrañará mucho, lo sabes.

—¡Te amo, mama!

—Te amo, tesoro.

—Mama, ¿has visto a Jazz?


Meda sonrió.

—¿Quién sabe?, ¿miraste en la azucarera?


La niña rió y se desprendió de su madre para seguir buscando. Brianna solía fluir con naturalidad, como una bailarina en el escenario. Era risueña, inquieta y muy soñadora. Se parecía a su padre en el hábito de desentenderse de quien le hablaba, como inmersa en su propio mundo.

—Adiós, tesoro—susurró para sí, yéndose por la puerta y llevándose consigo el sonido de la risa de su pequeña.

Saliendo del edificio, se cruzó con Ryan.

—¡Pensé que haría a tiempo!—
Esa fue su forma de saludar. El beso estaba en la mirada. Llegó hasta ella, con una bolsa en la mano. Habría ido a la tienda—, ¿por qué no te quedas un rato? ¡No te vayas!

Se detuvieron de frente en la entrada. Él mantenía gacha la cabeza cuando se le acercaba, como esos caballos mansos que se dejaban domar por manos amables. Meda le acomodó el cuello de la camisa y se lo quedó mirando, como si su rostro fuera una novedad. Se sonrieron.

—Adiós, Ryan.


En qué momento se apartó, no lo supo. Simplemente la observó partir puesto su sombrero de ala ancha, mientras que él era dejado atrás por esa espalda que se alejaba. Así se estuvo un momento, hasta que rompió en un suspiro y se encaminó escaleras arriba. De Meda, lo que le enamoraba, era cómo lo hacía sentir conectado con todas las cosas bellas de este mundo.

Solía ser así, con las veelas.

Si las mirabas por mucho tiempo hacia dentro de sus pupilas, tus pies se despegaban de esta tierra. Era un poco, como estar enamorado. Sólo que entre ellos, nunca se había dado eso, el amor. Había sido el hilo de las circunstancias el que los convirtió en compañeros, enredando sus destinos. No porque él lo hubiera deseado o siquiera sospechado.

Pudo haber renegado de ella o de Brianna, era verdad. Pero tuvo la opción, y eligió diferente. Si contaba la historia de su paternidad, la gente sólo la entendía a medias. En general, nunca asimilaban el peso que tenía en el asunto la cuestión de que Meda era, en realidad, una veela. Dicho de otra manera, que su sociedad era otra, con otros sistemas, otros valores, otras costumbres.

Nadie le preguntaba, por ejemplo, por el concepto de familia entre las veelas salvajes. Por empezar, la figura del padre no existía. Así que, allí donde algunos creían que Ryan Goldstein había reconocido legalmente a su hija bastarda luego de un flirteo casual, se equivocaban. No es que él la hubiera reconocido a ella, sino que era más bien al revés.

Meda jamás le había pedido nada. Ni el apellido, ni su herencia, nada. En cambio, ella y Brianna lo adoptaron a él, como una parte de sus vidas. Otro tanto hizo él, sí. Pero no conducido por algún sentido de la obligación o la responsabilidad, y desde ya, bajo ningún precepto legal. Simplemente le hubiera sabido mal no corresponderles, porque era generoso. Pero había otras cosas que no se podían entregar así como así, como era el caso de la paternidad. Ryan no entendía la paternidad como una imposición o un deber para con nadie, una obligación, o en fin, un condicionamiento que te ponía entre la espada y la pared, sobre lo que estaba bien o estaba mal.

Ni siquiera un sentimiento.

Si existía un amor entre padres e hijos, genuino, espontáneo, si se trataba de un sentimiento único, él no lo sabía. Sólo resultó que un día una mujer de tantas en el ancho mundo dio a luz a una niña, que llevaba su sangre. Eso no lo sorprendió tanto como el hecho de que había sido un episodio, de una forma u otra con él como protagonista, que se dio más allá de su control.

Incluso después, nacida la niña, una hermosa cabeza rubia, él nunca se propuso formalizar una familia con Meda. Tuviera o no una hija suya, eso no la convertía en familia. En el caso de Brianna. Lo cierto es que tampoco. Era una niña preciosa y afectiva, como otras tantas niñas. Lo que la hacía diferente es que él era el Rynn de Brianna. Bien como un tío o un bicho del zoo al que a ella le emocionaba ir a visitar.

Sentía un afecto indiscutible aunque distante por la niña, pero no se sentía su padre. Ni pensaba convertirse en uno para ella. Lo era, a efectos prácticos, y nada más. Pero para Brianna, Meda era su familia. Ryan era Rynn. Y para ella, eso tenía todo el sentido del mundo. Hasta que tuviera que internalizar otros mapas conceptuales, procesar otra realidad distinta a la suya, e incluso así. Sería imposible explicarle a otra gente, que Ryan era Rynn y no padre.

Al final, si insistía en querer darse a entender, sólo se daría de bruces con la realidad entre realidades de que ella era una anomalía, que era casi lo mismo que decir que era un producto enfermo. Se sentiría ella misma enferma al mirarse en el reflejo distorsionado de una sociedad que la rechazaba. Muy pocos se prestarían a intentar comprender que para ella, funcionaba, simplemente eso, “funcionaba para ella”, la manera en que las cosas se habían dado.

Fue la tía Megan la que empezó a hablar de una familia distinta, de padres e hijos, de deberes y sangre. En cuanto a Rynn, si le preguntaban, él solía contestar como el tipo que puso la semilla y se desentendió del asunto. Lo cual siempre sería verdad. Una verdad a medias.


Años atrás, sentados en la mesa de un bar,
durante un invierno de montaña.

—Eres padre.


Una ráfaga de viento helado entró por la puerta, empujada por un grupo de magos montañeses que se desprendían de sus pesados abrigos. Había el rumor agradable de los clientes y el calor de una chimenea encendida. Se estaba bien. Se estaba. ¿Qué?

Ryan se negó un suspiro y adelantó los codos sobre la mesa, como quien necesita poner el oído para estar seguro de lo que le están diciendo. No se lo esperaba, no dos veces en una vida. La primera, él había sido más joven aún, y lo que es peor, impulsivo y cruel.

Le tocó, para su disgusto, comprobar que muchas de las negras e intensas emociones que había sentido entonces volvían a él, como si hubieran abierto una puerta secreta. Sólo que; tenía muy claro; que no quería ser ese muchacho de nuevo. Y aunque lo fuera, la situación era otra. Meda era una mujer muy diferente a Lotte.

Hablaba en serio, eso no se lo cuestionó. Lo que lo intrigaba era la simpatía con que ella lo había invitado a sentarse a su mesa, a esa cita. Las preguntas le revolvían las tripas. ¿Cómo?, ¿cuándo? Eso ya lo sabía. Quizá la pregunta que gritaba en silencio era, ¿y qué deseaba ella tratar con él? Lo que la veela esperara y lo que él estaría dispuesto a dar no sería lo mismo. Lentamente, habló.

—Hará alrededor de un año que no nos vemos.

—Sí. ¿Cómo has estado?

Ryan enarcó una ceja, entonces ella captó que el hombre humano querría llegar a algo con su repentina salida de señalar lo obvio. Desde ambos extremos de la mesa, uno hacía gala de inusitada gravedad y la otra rebosaba confianza.

—Lo sé. Tuve al bebé hará unos meses. Es una niña, hermosa—dijo, con entrañable orgullo—Muy saludable. Y mitad veela, mitad humana. Por eso estoy aquí contigo.

Abrió la boca, pero la cerró en el acto. Negó con la cabeza. Le tomó un minuto entero retomar la palabra. Sólo que no lo hizo de inmediato. Meda fue paciente, porque ya le habían dicho que los machos de esa especie podían ser un poco sensibles. Al final, el joven rubio abrió las manos, en un gesto desarmado.

—¿Qué es esto?, ¿por qué ahora?

—¿Esto? Tú quieres decir, ¿la noticia? Es… algo que pensé, tú deberías saber. Antes o después o dentro de algunos años hubiera dado lo mismo, para el caso. Te lo digo ahora, porque. Vaya. Estaba muy ocupada estando embarazado y pariendo a la niña. Pero incluso ahora—
confesó, con una sonrisa—, me cuesta despegarme de ella.

Otra pausa.

—¿Qué quieres de mí?

Meda esbozó una sonrisa vacía.

—Quería quedar embarazada. Tú me diste eso. Me parece justo que lo sepas. Pero, no hay nada más que pueda yo querer de ti. Es así.

—¿¡Y no te pareció justo decírmelo ANTES!?


Elevaba la voz, y un par de cabezas se voltearon a mirar. Meda estaba realmente calmada.

—Vaya, me habían dicho que los machos de tu especie eran susceptibles con el tema—
comentó, ligeramente bromista el acento. Luego, prosiguió, expresándose con absoluta franqueza—: No lo consideré necesario. Verás. Entre las veelas. No existe el concepto de “padre”. No hay—Se interrumpió para pensarse la explicación, sólo por un segundo. Ryan se sentía malamente inquieto. No estaba muy seguro de que quisiera aceptar ninguna clase de razonamiento viniendo de esa mujer—. No suele haber “otra parte”, en la reproducción. Así que. Como es la costumbre, no considero que sea hijo tuyo. Pero, entiendo que entre los humanos es diferente…

Ryan abrió los ojos, y en un hilo de voz dejó escapar un “¿Qué…?”, ligeramente audible. Su interlocutora, sin embargo, continuó hablando, con mucha naturalidad.

—…y dado que formaste parte activa en lo que me ocurrió. Dado que tú definitivamente eres el padre biológico de mi bebé, pensé que deberías saberlo. No porque quiera que tomes alguna responsabilidad. Pero, en un futuro, considero que es también justo decirle a mi bebé qué era su padre.

—¿Qué era?—
repitió.

—Sí, un humano.

Ryan se cubrió la boca como si temiera que su alma se le escapara. La miraba con ojos impactados. Meda sorbió de su café mientras que él intentaba atar cabos. Por alguna misteriosa razón, empezaba a sentirse frío, como si la temperatura le hubiera bajado repentinamente.

—Aclárame esto. Tú me sedujiste… ¿con esa intención?

—Sí. Yo quería aparearme contigo, sí.


—¿Por qué?, ¿no pensaste que yo tendría una opinión sobre eso?


—No te lo tomes demasiado personal—
Otra vez, ¿qué?—. Hacía tiempo que planeaba quedar embarazada. Sólo resultó que tú… estabas ahí. Y en el momento, me gustó la idea.

—Pero, ¿y si no estaba de acuerdo?


—No me importa lo que tú pienses sobre esto.


Claramente.

—No justifica…


Ryan se echó hacia atrás en la silla, soltando el aire. Indignado era poco decir. Y a la vez. ¿Qué se supone que podía hacer en una situación así? Se sentía impotente. No estaba entendiendo ni la mitad de la conversación.

Pero, de nuevo, recordó a Lotte y se desinfló con cierta pena. Bien, lo habían usado como donante involuntario, pero donante feliz al fin, podía decirse. Ahora, era padre de una semiveela. ¿Y qué significaba… ser padre? En ese mismo momento resolvió que él no podría darles eso, a ellas. Pero, aun así.

***

—¿Bri?—llamó, buscándola con la mirada al abrir la puerta del departamento—Me he cruzado a tu madre en la salida…—comentó, todavía sin poder encontrarla. En la casa no parecía haber nadie. El sonido de una risita atrajo su atención, pero nada.

Ah, la cocina volvía a ser un enchastre de azúcar. Dejó la bolsita con dulces sobre la mesa, y siguió buscando. Detrás del sofá, debajo de la mesa del escritorio, ¿pero dónde…?

—¿Cómo has estado?


Nada.

—¿Bri?

Se quedaría con él unos días, hasta que Meda volviera de la festividad que las veelas realizaban en las noches estivales, bailando en torno a una fogata. No había forma de que luego recibiera a Meda con la noticia de que había perdido a la niña el primer día.

Sonrió.

—¿Dónde…?


¿Era el juego de las escondidas?


Patience is bitter, but its fruit is sweet
Emme's Codes
Ryan Goldstein
Imagen Personalizada : Priv. || Ese otro mundo, que eres tú || - Página 3 49cqD5y
RP : 10
PB : Kevin Pabel
Edad del pj : 33
Ocupación : Bibliotecario
Pureza de sangre : Pura
Galeones : 41.000
Lealtad : El Archivo (?)
Patronus : Secreto
RP Adicional : 000
Mensajes : 543
Puntos : 414
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4821-ryan-goldstein https://www.askideas.com/wp-content/uploads/2016/11/Just-Funny-Kiss-Me-Gif.gif https://www.askideas.com/wp-content/uploads/2016/11/Just-Funny-Kiss-Me-Gif.gif http://www.expectopatronum-rpg.com/t5650-ryan-goldstein-correo#85057
Ryan GoldsteinMagos y brujas

Ryan Goldstein el Mar Abr 02, 2019 5:35 pm




Había un orden natural para todas las cosas en este mundo, por eso es que por un lado había nobles, respetables familias, como los Golgomatch, y por el otro, sólo plebe. Megan era una mujer consciente de su importancia, así de cómo funcionaban las cosas en la comunidad de magos. Le resultaba insoportable que hubiera algunos idealistas que pregonaran sobre la igualdad, sobre la injusticia, como gansos alardeando.

No, no. Todo era de la forma en que debía ser, sólo así el mundo funcionaba. ¿Injusticia?, ¿era eso algo malo? No, era sólo como eran las cosas. La vida no era justa, no era ninguna revelación. Cada cual tenía un lugar asignado al nacer en aquella injusta y simplemente perfecta sociedad de la que Megan era parte, determinado por su sangre, el poder de su familia, su fortuna. Cualquiera que opinara diferente, sólo se engañaba así mismo.

Pero había algo que, sorprendentemente, Megan Golgomatch valoraba en cualquier individuo incluso más que el dinero o la influencia, y era el propio mérito. No era algo de lo que discutiera abiertamente, especialmente si se encontraba a sí misma en un grupo de la alta sociedad hablando sobre sangres sucias o la infamia del mestizaje. Pero hacía dentro de sí misma, ella sabía mejor.  

Por el otro lado, la ineptitud, colocando a aquella Madame como ejemplo, que era tan inútil que no era capaz ni de enhebrar una aguja, la sacaba de sus casillas. Había tenido un día de escándalo, y su desprecio por las criaturas se intensificó con creces. Inferiores bestiecillas sin gracia, la habían atacado tomándola por sorpresa. A pesar de que esto la hacía rabiar por dentro, recordó a su sobrina, saltando con las manos abiertas, y se sonrió.

Su debilidad por la niña superaba toda barrera que las diferencias y la incomprensión pudieran colocar entre ellas. La pequeña Brianna, una niña híbrida, era un asunto vergonzoso que cualquier otra familia de buen nombre preferiría cubrir. Su padre no la hubiera aceptado. Pero Megan había aprendido la importancia del apellido de él, y hacía tiempo que se había convertido en una cabeza de familia más influyente y respetable que él después de su muerte, más astuta. También, su padre nunca había apreciado realmente a la familia. Megan sí, ella amaba a su familia. Incluso a sus dos inútiles y caprichosos hermanos, y por supuesto, a su sobrina salvaje.

—No puedes quedártelo—repitió Ryan pacientemente. Se atrevió a levantar fugazmente la mirada, asegurándose de que Megan no fuera a aparecer, porque de hacerlo, pegaría un grito, o peor y más probable, quemaría a la doxy con su varita—. Si me lo das, lo curaré y lo sacaré al jardín. Tiene que volver a su casa.

Brianna no quería que volviera a casa, quería quedárselo, por eso apretaba a la criatura contra su pecho. Le quiso explicar a Ryano que era un amigo de Jazz y que se sentía obligada a protegerlo, que Jazz sabría qué hacer, porque ella siempre sabía mejor, incluso mejor que Ryano.

Por su parte, Ryan no veía cómo encontrarle solución al asunto, no inmediatamente. Tenía la costumbre de intentar razonar con Brianna, y nunca la forzaba a nada, a menos que la situación lo apremiara. No pensó ni por un momento en sonsacarle a la criatura o reprenderla duramente por no acatar lo que le decían.

Al principio, cuando empezaron a conocerse, no pareció que su forma de tratarla surtiera mucho efecto porque, además, la niña no le reconocía ninguna autoridad, y sus rabietas habían sido frecuentes. Pero en cierta forma era como una criaturita. Se aplacaba con el tiempo y el buen trato, y no era por su autoridad que Brianna ahora lo escuchaba, pero sí por el cariño que había surgido entre ellos, con el tiempo.
Ryan Goldstein
Imagen Personalizada : Priv. || Ese otro mundo, que eres tú || - Página 3 49cqD5y
RP : 10
PB : Kevin Pabel
Edad del pj : 33
Ocupación : Bibliotecario
Pureza de sangre : Pura
Galeones : 41.000
Lealtad : El Archivo (?)
Patronus : Secreto
RP Adicional : 000
Mensajes : 543
Puntos : 414
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4821-ryan-goldstein https://www.askideas.com/wp-content/uploads/2016/11/Just-Funny-Kiss-Me-Gif.gif https://www.askideas.com/wp-content/uploads/2016/11/Just-Funny-Kiss-Me-Gif.gif http://www.expectopatronum-rpg.com/t5650-ryan-goldstein-correo#85057
Ryan GoldsteinMagos y brujas

Jazmine el Sáb Abr 06, 2019 8:43 pm

Ese otro mundo, que eres tú
Era curioso, pues, que los humanos fueran animales con demasiado poder. Por lo general, era un poder destructivo que no llevaba a ningún lugar. Jazmine podía verlo, con sólo intentar curar a sus amigos: tenían armas dolorosas que lastimaban a los demás.

Los animales, en cambio, no se comportaban como los hombres. Peleaban sólo cuando tenían que pelear, mataban sólo cuando tenían que matar. No se sentaban a utilizar su ingenio para maquinar maneras de destrozar la vida de otras criaturas, y herirlas.

Los humanos no poseían animalidad.

Se despidió de todos sus amigos doxys y se dirigió a la cueva del humano tonto. Ahí, ella esperaba, podría encontrar a Bri, y al doxy que restaba.

Se distraía, sí, porque, como toda hada, tenía una memoria de su tamaño y una curiosidad que le quedaba grande. Pero la misión, siempre la misión, estaba clara: ir a ayudar a sus amigos.

"Casi llego", bufaba, revoloteando sus alitas con tanta fuerza que a veces pensaba que se quedaba sin energía. "Va a sentirse muy bien pronto y volverá con sus amigos", era todo lo que podía pensar, cuando se concentraba de lleno.

Vio la fachada y se alegró por dentro, apretando las bayas en su ropa para asegurarse que ahí siguieran.

Miró a través de las ventanas cerradas. Las sombras que se formaban entre las cortinas le daban la idea de quién estaba dentro de qué habitación. Tuvo que volar hasta encontrar una ventana semiabierta para colarse a través de ella al interior de la cueva.

Eso también tenían los humanos de malo: cuevas demasiado rebuscadas y sin fácil acceso.

"¡Bri!", zumbó feliz al verla.

Se detuvo en su hombro, sujetándole de los cabellos que le servían como apoyo para no caerse.

Estaba agotada, pero eso nunca la había detenido. Antes que nada, era una exploradora, y antes que eso era una guerrera.

"Tengo la cura", le dijo, sacando de su ropita las bayas, "Aquí, aquí".

Brianna acató la indicación y abrió sus manitas para dejarla ver al doxy. La niña lo supo siempre, que su amiga sabría qué hacer, porque siempre lo sabía. Era un entendimiento más bien de criaturas que de humanos. Más especial, el vínculo.

La hada voló a las manos de la niña, tomando fuerzas de donde a veces ya no las había, para quitarle la cáscara a la baya sin prisa pero sin pausa.

Sus ropitas, a causa de ello, estaban manchadas de un líquido color mostaza, el mismo que la baya, que tenía un aroma ácido. Con sus manos ofreció un poco de la baya al doxy que se quejaba entre débiles zumbidos, más parecidos a los de una cigarra que a los de un hada.

"Con esto te sentirás mejor, anda", insistió.

El doxy la miró con cierta desconfianza, y probó bocado. Intentó escupirlo, desagradado por el sabor, pero Jaz lo mantuvo en su boca, cubriéndola con sus manos.

"Tienes que comerla o no te sentirás bien", le dio una regañina, y sin más remedio el doxy accedió a tragar, haciendo un gesto de asco, sacando la lengua y con gestos que haría alguien que prueba un limón.

Pero poco a poco recuperaba sus fuerzas, ella tenía razón.

Siempre la tenía, incluso cuando no.
chu *3*
Jazmine
Imagen Personalizada : Priv. || Ese otro mundo, que eres tú || - Página 3 YvvanSI
RP : 5
PB : Sasha Luss
Edad del pj : X
Ocupación : Fastidiosa profesional
Pureza de sangre : Hada
Galeones : 9.400
Lealtad : A Campanilla
Patronus : Campanilla
RP Adicional : 000
Mensajes : 75
Puntos : 61
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5709-jazmine-ficha http://www.expectopatronum-rpg.com/t5714-relaciones-de-jazmine http://www.expectopatronum-rpg.com/t5713-cronologia-de-jazmine http://www.expectopatronum-rpg.com/
JazmineInactivo

Ryan Goldstein el Sáb Abr 06, 2019 11:44 pm

—Conque aquí estás tú.

Ryan sonrió, pero Jaz estaba muy concentrada y sólo pendiente de una única tarea. No tenía tiempo para humanos-árbol. Él observó a las dos traviesas, secretearse en aquel lenguaje que compartían, y aprobó en silencio el remedio que el hada estaba administrando.

No le sorprendía, porque después de todo, Jaz tenía el instinto de supervivencia de toda criatura, y así como los gatos saben que lamiéndose curan sus heridas, ella sabía muchas otras cosas, e incluso sabía mejor.

Estaba apoyado contra el borde del sofá, cerca de la puertaventana a través de la cual la doxy salió zumbando, al principio torpemente, para volver con las suyas. Se había expresado con Jaz alegremente contentan al recuperar los movimientos, y a Bri pareció hacerle mucha gracia.

La tarde acababa, y el día era la mezcla de un gris ceniciento y un último brillo de sol. Ryan peinó los cabellos de Brianna en una caricia amable, mientras que ella se aferraba a su rodilla, o más bien, se abrazaba a su pierna teniéndola presa, y hundía la cara en su pantalón, riéndose.

No había ningún motivo para ello, pero él entendía que era una forma de jugar. En el mientras tanto, le preguntó a Jaz sobre su aventura.

—¿Y ningún secuaz malvado te siguió a casa?—preguntó, aparentemente serio—. Bueno, me parece que hiciste un buen trabajo. Ahora es la merienda, ¿qué quieres pedirme como premio? ¿Qué hay de esos terrones de azúcar que tanto te gustan? Sí, te los estaba ocultando. Pero ahora, te los has ganado. No te enfades, te digo que son tuyos. ¡Montones de terrones de azúcar!

Por supuesto, que no pensaba dárselos todos. Tenía que cuidarla de lo que comía, porque de ser por ella, podría comerse torres y torres de caramelo. No había apetito más voraz que el de un hada hambrienta por azúcar.

Megan se marchó estornudando, luego de darle a su hermano una larga lista de cosas por hacer y poner en orden, y muchos mimos a su sobrina. Al llegar la noche, ni Ryan ni Jaz ni Brianna se durmieron en seguida, sino que a los tres se les pasó la hora de la cama, jugando a ese juego en el que si el monstruo te atrapaba, te apresaba y te comía los pies.

Brianna chillaba de la risa y saltaba en la cama, y le tiraba almohadas al monstruo y se defendía con su amiga, que era tan fiera como ella. Eran, después de todo, dos aguerridas criaturas del bosque. E incluso aunque sus vidas eran duras entre bestias más grandes e infinitos peligros acechando, el tintineo de sus risas brillaba como polvo de hada en las noches más oscuras.  
Ryan Goldstein
Imagen Personalizada : Priv. || Ese otro mundo, que eres tú || - Página 3 49cqD5y
RP : 10
PB : Kevin Pabel
Edad del pj : 33
Ocupación : Bibliotecario
Pureza de sangre : Pura
Galeones : 41.000
Lealtad : El Archivo (?)
Patronus : Secreto
RP Adicional : 000
Mensajes : 543
Puntos : 414
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4821-ryan-goldstein https://www.askideas.com/wp-content/uploads/2016/11/Just-Funny-Kiss-Me-Gif.gif https://www.askideas.com/wp-content/uploads/2016/11/Just-Funny-Kiss-Me-Gif.gif http://www.expectopatronum-rpg.com/t5650-ryan-goldstein-correo#85057
Ryan GoldsteinMagos y brujas

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.