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[FB] There's no escape when fire meets fate —Egon Auerbach

A. J. Seward el Lun Sep 03, 2018 9:21 pm

[FB] There's no escape when fire meets fate —Egon Auerbach EohKD3f
Watford. Febrero 2017.
20:30 pm. Nublado y frío.



A.J. estaba recogiendo los platos de la mesa y llevándolos hasta el fregadero, donde estaban Michael y Carrie, lavando y enjuagando respectivamente. Todo al estilo muggle, como los habían criado y como le gustaba a sus padres que hiciesen las cosas. Adrien y Theresa nunca habían visto con buenos ojos que sus hijos echasen mano de la varita para hacerlo todo, decía que acabarían por volverse unos inútiles. Hubo protestas por parte de sus hijos, por supuesto, pero con los años se habían dado por vencidos.

Otra cosa que tampoco veían con buenos ojos los señores Seward era lo de ocupar casas ajenas, pero en aquello no había posibilidad alguna de que se saliesen con la suya. Debían esconderse para sobrevivir, pasar desapercibidos hasta que las cosas se calmasen un poco para poder salir del país sin llamar la atención. Para A. J. y sus hermanos tampoco era plato de buen gusto allanar casas, pero no quedaba más remedio.

Aquella en concreto era una pequeña casa que pertenecía a unos muggles de vacaciones.

Adrien y Theresa mantenían una conversación animada con Carrie, que no paraba de lanzar comentarios que hacían sonreír a su hermano, Michael, recordando viejas historias familiares como la vez que la más joven de los Seward había cogido un peluche de una tienda y se lo había llevado sin pagar.

A pesar de los esfuerzos de ambos padres y su hermana pequeña, lo cierto era que el ambiente no era precisamente festivo. ¿Cómo iba a serlo?

Hacía dos días que había sido luna llena con lo que ello conllevaba. A. J. siempre se quedaba hecho polvo después de sus transformaciones, motivo por el cual estaba menos participativo en las conversaciones familiares; estaba físicamente agotado. Incluso se le veía un poco pálido.

¿Y os acordáis de cómo durante los dos meses siguientes os turnabais para acompañarme a las tiendas porque no os fiabais de mí? —dijo entre risas Carrie, dirigiéndose a sus dos hermanos.

Es que eras un peligro público —le respondió Michael sacándole la lengua a la más joven.

Y lo sigue siendo —apostilló A. J. mostrándose de acuerdo con su hermano.

¡Oye!

Las risas no se hicieron esperar, sobre todo por parte de Adrien y Theresa, que veían divertidos el intercambio de pullas entre sus hijos; ajenos a los que estaba a punto de pasar.  


Última edición por A. J. Seward el Miér Mayo 22, 2019 1:16 pm, editado 1 vez
A. J. Seward
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Invitado el Dom Oct 21, 2018 3:47 pm

Egon y Klaus. Klaus y Egon. Dos cuerpos distintos y dos personalidades completamente diferentes que provenían de un sólo hombre. Una dualidad que prácticamente nadie conocía, quizás ni el mismísimo Voldemort. Ambos mortífagos. Egon Soldado de rango alto y Klaus mercenario. Uno encargado del Área-M y de misiones de gran importancia. El otro, un experto cazador y sicario.

Sin embargo aquel secreto había sido descubierto. Por casualidad, por accidente, por el destino, o quizás más bien por desgracia, pero había sido descubierto y Egon no podía tolerarlo. Tan sólo había pasado un día de aquello y el extirpador alemán no tardó en reunir a tres de los mejores mortífagos de su círculo más íntimo para asegurarse de llevar a cabo su objetivo; Silenciar al testigo de su transformación. A él y a todo el que se interpusiera en su camino.

Es ahí, en esa casa. —aseguró Samuel— Nos ha costado localizarlos porque se mueven mucho, pero son ellos. La familia entera.
Bien. —respondió Egon, analizando cada rincón visible de la casa.— Cubrid todas las entradas. Evitad que puedan aparecerse y aseguraos de que no disponen de ningún traslador. No quiero fallos.
Si no me equivoco, no tienen trasladores. Al menos en esta casa. Creo que es una vivienda temporal mientras se mudan a otra algo más fija. —añadió Adam, con algo de duda en su voz.
¿Crees? —le reprochó el estricto extirpador— Henry.
No hemos podido contrastar del todo la información. Nuestras fuentes son fiables, pero al ser una familia de fugitivos no muy relevante, tampoco han conseguido mucho más. —trató de argumentar Henry, el más intelectual de los tres— Por nuestra parte, nosotros hemos averiguado que por el momento no tienen relación con ninguno de los magos de los alrededores... —insinuó.
Perfecto. Eso nos garantiza que no tengan ayuda extra. —sonrió— Moveos.

Y como si les fuera la vida en ello, los tres súbditos del extirpador comenzaron a cubrir la casa de hechizos anti-apariciones, defensivos y de seguridad hasta que se sintieron satisfechos de haber creado semejante trampa para ratas. Sólo entonces Egon acudió a la puerta y llamó con los nudillos. Esperando a que le abriese cualquiera de los que estaban allí presentes. Irónicamente no fue su objetivo el que se acercó para ver quién era, sino la hermana, que además, llevada por las risas de la conversación, abrió la puerta de manera inconsciente sin mirar.

Egon por su parte se tomó la libertad de entrar sin ser invitado gracias a apartar a la chica a un lado, y sin más, le dedicó una amplia sonrisa a uno de los hermanos sentados a la mesa.

Que aproveche, familia. —En ese momento, sacó su varita y extendió los brazos a los dos lados de su torso al mismo tiempo que los otros tres mortífagos entraban a la casa también. Uno de ellos lanzó a la chica de expelliarmus al suelo, junto con su familia.— Siento estropear esta maravillosa reunión, pero uno de vosotros metió las narices donde no debía y me temo que tengo que matarlo... —Sus labios se curvaron en un gesto cruel que sólo la venganza dejaría del todo satisfecho.— Sólo será unos minutos.


Código:
[color=#006699]Egon habla[/color]
[color=#cc6666]Samuel habla[/color]
[color=#339966]Henry habla[/color]
[color=#9999ff]Adam habla[/color]
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A. J. Seward el Lun Oct 29, 2018 10:33 pm

Un gesto tan corriente como el de abrir la puerta cuando llaman, tan interiorizado que hasta lo haces sin pensar, y lo que es más peligroso todavía, sin mirar.

Tardaron unos segundos en comprender qué estaba mal, todavía eran novatos en lo que a huir se refiere, y la pregunta se formuló en sus mentes al mismo tiempo que Carrie abría la puerta. ¿Quién podría llamar a aquella puerta? Los muggles que vivían allí estaban de vacaciones y nadie sabía que ellos se escondían allí. Solo fueron unos segundos de duda, pero la vida puede cambiar en cuestión de segundos.

¡Carrie! —exclamó el mayor de los hermanos, pero fue demasiado tarde.

Aquel extraño ya estaba dentro, haciendo a un lado a una estupefacta Carrie, que demasiado tarde se dio cuenta de lo que acababa de hacer. Su cerebro le había jugado una mala pasada, adaptándose demasiado rápido al afable momento que compartía la familia, como hacían antes de ser fugitivos, y que acababa de romperse de la peor de las maneras.

Cuando los otros tres hombres entraron momentos después, A. J. supo que aquello no iba a acabar bien. El ambiente que reinaba en la casa era tenso, angustioso para la desprevenida familia que se encontraba en clara desventaja y que no hizo más que empeorar cuando Carrie fue derribada por un hechizo que la lanzó a los pies de su familia.

A.J. se arrodillaba al lado de su hermana, intentando levantarla, mientras que los padres de los tres hermanos permanecían detrás de Michael, sabiendo que serían más una molestia que una ayuda al ser los más expuestos en aquel conflicto.

Las palabras del que parecía ser el que llevaba la voz cantante, el desconocido que había entrado primero, hicieron eco en los oídos de la familia. Todavía en el suelo, la mirada confusa de Carrie se posó sobre la de su hermano mayor durante unos segundos, preguntándole con la mirada. A. J. se limitó a devolverle la mirada con el mismo semblante interrogativo y, como si se hubiesen puesto de acuerdo, ambos clavaron sus ojos en el hermano mediano; Michael.

Ninguno se había dado cuenta del momento en que Michael había sacado su varita, pero se aferraba a ella con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos. Su rostro denotaba una maraña de sentimientos entre los que, claramente, resaltaba la rabia.

A.J. no necesitó más para saber que ese entrometido del que acababa de hablar el intruso era su hermano, y con gran frustración, el mayor de los Seward apretó los dientes mientras ayudaba a su hermana a incorporarse.

¿Qué coño has hecho, Michael? —espetó ofuscado.

Todos los integrantes de la familia Seward sabían en qué situación estaban, sabían lo que les pasaría si el gobierno los encontraba, por ello A. J. no entendía cómo Michael había sido capaz  de arriesgar así la seguridad de su familia. No sabía qué era lo que había hecho su hermano, pero lo que fuera parecía haber cabreado mucho a aquel hombre y A. J. sabía que intentar razonar con ellos sería absurdo. Solo quedaba prepararse para lo peor y esperar lo mejor.

Que te jodan, mortífago —escupió Michael con asco en sus palabras.

Se podía notar la tensión y los nervios en Michael, el mediano de los Seward, cuando levantó su varita contra los intrusos, y fue entonces cuando se desató el infierno.



Código:
Carrie — #ff9999
Michael — #00cccc


Off: Puedes mover a Carrie y Michael si lo necesitas, y a los padres también, of course.
A. J. Seward
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Invitado el Lun Ene 07, 2019 6:36 pm

¿Qué coño has hecho, Michael?

Nervios. Tensión. Miedo. Tres sensaciones horribles que desataron la impulsividad del hermano mediano, Michael, a alzar la varita sabiendo el peligro al que había sometido a su familia. Y todo por haber acudido al lugar equivocado, en el momento equivocado.

¡No hay tiempo para explicaciones, sacad las varitas! ¡YA! —advirtió a su familia— ¡Expelliarmus!

Carrie no tardó en obedecer a su hermano mediano y los padres hicieron lo mismo, a pesar de no tener magia. No era momento para cuestionarse lo sucedido, sino para defenderse de cuatro mortífagos que muy probablemente terminarían apresando o matándolos a todos.

¡Jajajajaja! ¿Un expelliarmus? Qué previsible... —sentenció Adam, el mortífago rubio cuya violencia se intensificaba a medida que un duelo se iba desarrollando. Hasta tal punto, que su patética risa de maníaco acababa dando miedo por lo imprevisible que podía llegar a ser— ¡Prueba otra vez! —incitó al otro, acercándose a él como si fuera a atacarlo de manera física.— ¡¡¡Vamos vamos vamooos!!!

Por su parte Henry se limitó a dirigir su ataque a los padres. Los objetivos más vulnerables. Una bombarda máxima que estalló contra la mesa del salón e hizo añicos la madera con la que estaba hecha. Algunos trozos saltaron por los aires, hiriendo a la madre, pero ninguno de los dos detuvieron sus ataques. Los hechizos no verbales y las pociones defensivas que tenían a mano el resto no tardaron en sobrevolar la casa haciendo estragos en todo aquello que encontraban a su paso, y mientras aquel caos se adueñaba de la situación, Egon lo observaba todo apoyado en la puerta con una sonrisa de satisfacción. Aquello puso nerviosa a la menor de los hermanos; no le gustaba un pelo que el líder de los cuatro mortífagos no estuviese en mitad de la batalla. Algo estaba tramando...

¿Y tú a quién buscas, guapa? —Preguntó Samuel, que lanzó varios hechizos a Carrie. Sorprendentemente, ella consiguió esquivarlos. —Wow, para ser tan joven tienes talento. ¡A ver qué tal te las apañas con esto!
¡A.J! ¡El de los pelos de punta no ataca! —le advirtió mientras se defendía a duras penas— No me fío de él, ¿¡qué hacemos!?
No perdáis el tiempo o terminaréis todos en la tumba —Sentenció entonces Henry, que acertó de lleno con un Intermissumos en la muñeca de Carrie, rompiendo los huesos que había en ella. La varita naturalmente cayó al suelo y Henry sonrió victorioso.— Tú serás la primera...
¡Aah! —se quejó de dolor Carrie, sosteniendo la muñeca herida en un momento de pánico.

Por suerte, A.J se interpuso entre ella y Henry devolviéndole el ataque con un potente Nescius trabem para robarle su energía vital. El mortífago por consiguiente cayó de rodillas ante tal potencia mágica y pidió ayuda a sus compañeros. Sin embargo, tanto Adam como Samuel estaban demasiado ocupados enfrentándose a los dos hermanos. Los Seward no eran tan débiles como pensaban, y Egon no actuaba aún.

¡Adam deja de hacer el puto loco y ve a ayudarlo! ¿Qué cojones haces?
¡Cierra la boca, Samuel! Este cabrón es muy bueno... ¡agh! —A.J acertó su ataque lanzando por los aires a Adam también, que chocó contra la pared cercana a la puerta a los pies del alemán.— Joder...

Pero cuando la familia creyó que todo estaba bajo control y que tenían las de ganar, de repente la madre comenzó a sentir un fortísimo dolor en el interior de su pecho. Algo similar a un infarto, como si de repente su corazón le fallase, como si varias agujas lo atravesasen al mismo tiempo. Una presión horrible que le aplastaba sin piedad aquel órgano vital. Sólo entonces el marido se detuvo un segundo para ver lo que ocurría; Egon había alzado la varita apuntando hacia ella. Y cuando su muñeca giraba bruscamente, la mujer se retorcía de dolor. Era un inferet pressura realizado desde la distancia con tal precisión que, en cualquier momento, el más mínimo movimiento del extirpador podría acabar con la vida de la madre.

Creo que no termináis de entender la situación. —Sentenció entonces aquella voz grave e imponente de acento alemán— Con lo sencillo que es ceder ante alguien con más poder que vosotros, ¡no hacéis más que empeñaros en proteger a los vuestros! —Sonrió cínico— ¿Y todo para qué? Para que al final, los más inocentes paguen los castigos de otros. No es justo... —alzó las cejas, condescendiente, mientras los otros tres mortífagos volvían a la carga y él se libraba de tener que defenderse de cualquier hechizo, puesto que no llegaban.— Pero no os voy a negar cómo disfruto haciendo sufrir al que no le corresponde. Es tan...— Giró la muñeca aún más y le arrebató un gemido de dolor a la madre, que se llevó la mano al pecho— poético...
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A. J. Seward el Miér Mayo 22, 2019 1:15 pm

AJ sacó su varita, haciendo caso a su hermano, con la esperanza de salir victoriosos y así poder partirle la cara él mismo. Todavía no entendía como el mediano había sido tan estúpido e irresponsable como para dejarlos ante tal situación. Pero, tal y como Michael acababa de decir, no había tiempo. Con suerte, mucha suerte, podría pedirle explicaciones luego.

¡Quedaos atrás! —exclamó AJ a sus padres, que eran los objetivos más vulnerables al ser muggles. Pero después de aquello ya no tuvo tiempo para fijarse en nada más que en el oponente que tenía delante y en los ataques que se intercambiaban.

El caos reinaba en la estancia, los ataques volaban de un lado a otro, indiscriminadamente. En Hogwarts, cuando te enseñan a batirte en duelo, siempre tienes al mismo contrincante delante, pero en ese momento, en la vida real, los ataques de AJ iban variando de objetivo, según se diera el momento.

Por más que quisiera no podía estar atento a sus hermanos o a sus padres, estaba muy ocupado tratando de no caer ante los ataques que estaba recibiendo y, a su vez, intentado dejar k.o. a alguno de sus enemigos. Porque sí, en aquella época AJ todavía no iba a matar, todavía faltaba un tiempo para que el fugitivo perdiese todos los escrúpulos y valores morales que sus padres le habían inculcado.

Acababa de conjurar un Aura para defenderse del ataque del mortífago rubio, Adam, cuando el grito de su hermana llamó su atención, advirtiéndole de que el que parecía ser el líder estaba apartado del fuego cruzado.

No me fío de él, ¿¡qué hacemos!?

>> ¿Qué que hacían? Pues intentar no morir estaría bastante bien, pensó AJ. Sin embargo no tuvo tiempo de contestar absolutamente nada, pues el grito de dolor de Carrie llegó a sus oídos, clavándosele en lo más profundo de su ser.

¡CARRIE!

>> No, no, no. Carrie no. Era lo único que AJ podía pensar. Carrie siempre había sido su ojito derecho, la pequeña de la familia, la más dulce y risueña; eso no quería decir que no quisiese a Michael, pero con su hermano siempre tenía más rifirrafes debido al fuerte carácter de ambos. Consiguió quitarse a Adam de encima, usando un depulso, justo a tiempo para interponerse entre Henry y su hermana. Acertó su ataque, un nescius trabem, pero apenas tuvo tiempo de respirar y chequear que su hermana estuviese bien, pues Adam estaba de vuelta atacando como un loco. Quizá fuese la adrenalina del momento, o la energía que acababa de robarle a Henry con aquel hechizo, pero consiguió volver a derribar a Adam mientras Michael se ocupaba del mortífago restante, Samuel.

Michael no había dicho nada durante todo aquel rato, limitándose a atacar y a defender a sus padres de posibles ataques. Y pese a no haber abierto la boca, AJ seguía con ganar de dejarlo sin dientes por lo que había hecho. Durante un fugaz segundo el mayor de los Seward pensó que lo lograrían, que podrían salir de aquella, pero entonces el grito de dolor de su madre hizo eco en la habitación.

AJ se giró, mirando horrorizado como su madre caía y se sujetaba el pecho con una mano, como si así pudiese parar el dolor que la estaba matando desde dentro.

Las crueles palabras del líder de aquellos mortífagos se entremezclaron con los gemidos agónicos de su madre, y con los llantos de Carrie, que se había arrodillado a su lado, todavía con la muñeca hecha trizas, en un vano intento de socorrer a Theresa.

Mamá, por favor, resiste —el miedo inundaba a la más joven de los Seward, al igual que al resto de hombres de la familia, solo que ella era la única que estaba dejando rienda suelta a sus emociones, llorando ante la visión de su madre retorciéndose de dolor. — Mamá…

Durante aquel pequeño discurso, los otros tres mortífagos habían vuelto a la carga, y AJ se puso delante de su madre y su hermana, intentando protegerlas de los ataques aunque tuviese que recibirlos en sus propias carnes. Michael estaba junto a su padre, apañándoselas como buenamente podía contra Samuel y Henry, mientras AJ volvía a vérselas contra Adam, quien estaba demostrando ser un auténtico perturbado, riéndose macabramente y sin parar durante el intercambio de hechizos.

Carrie era incapaz de coger la varita con la muñeca en ese estado y AJ se estaba viendo sobrepasado al no solo tener que defenderse a sí mismo, sino también a su madre y su hermana. Aprovechando aquella debilidad, Adam le lanzó un sectumsempra que acertó de lleno en el pecho de AJ, tiñendo su camiseta de sangre y haciéndolo apretar los dientes para no gemir de dolor.

Pareció que la visión de la sangre lo animó más todavía, ya que se puso a reír más histéricamente y a atacar con mayor violencia.

¡Basta! ¡Por favor! —la voz acongojada de Carrie se alzó en el caos, dirigiéndose hacia el mortífago que había estado torturando a su madre, y que claramente era el líder de los otros tres. — Por favor, para… Podemos arreglarlo, podemos… —no sabía qué estaba diciendo, ni qué estaba ofreciendo, pero lo único que quería la menor de los Seward era que todo aquello se detuviera, que sus hermanos dejasen de pelear y de sangrar, que sus padres volviesen a estar bien. Ya no le importaba el dolor de su muñeca, solo el de su familia. — No te hemos hecho nada, por favor… basta ya.

AJ apretó sus labios, tensando la mandíbula y formando una fina línea con ellos. Le jodía ver a su hermana suplicando. Sabía que nada de lo que dijese su hermana funcionaría, aunque Michael no hubiese hecho nada, ellos seguían siendo sangre sucia y solo por eso acabarían con sus huesos pudriéndose en Azkaban.

No te arrastres, Carrie. Con esta gente eso sobra —le espetó Michael a su hermana. El hermano mediano respiraba con dificultad, y un chorro de sangre se deslizaba desde su ceja izquierda hasta su mandíbula, empezando a llegar al cuello.

No eres el más indicado para hablar —quería a su hermano, pero estaba muy enfadado con él. El pensamiento de que si no hubiera sido por su insensatez ahora todos estarían bien no paraba de hacer eco en su mente. Más tarde, cuando todo aquello hubiese acabado y AJ estuviese solo, se arrepentiría de haber tratado con tanta rudeza a su hermano.


Última edición por A. J. Seward el Miér Jul 31, 2019 12:46 pm, editado 1 vez
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Invitado el Miér Jun 12, 2019 5:14 pm

Los tres hermanos fugitivos estaban resultando ser algo más entretenidos de lo que se esperaba; Michael, el objetivo principal, era capaz de alternar y devolver ataques contra Samuel y Henry mientras que los otros dos hermanos, especialmente A.J, se defendían con suficiente agilidad del impulsivo y violento Adam. La intervención de Egon torturando a la madre fue lo que terminó por destrozar la fuerza de voluntad y la esperanza de la más pequeña de la familia, que se arrodilló junto a la muggle suplicando que todo aquello parase. Por supuesto su hermano mayor no tardó en reaccionar y, en cuestión de un par de segundos, la adrenalina le dio la fuerza necesaria como para apartar de su camino a Adam hasta en dos ocasiones al mismo tiempo que Michael se encargaba de Samuel y Henry. Por desgracia los mortífagos tampoco fueron lentos al recuperarse y tuvieron la intención de atacar sin piedad, sin embargo, su líder les ordenó que detuviesen un instante la batalla y él tuvo la decencia de terminar con la tortura por el momento.

No. Déjala que hable.

Al ver aquella oportunidad, los ojos de Carrie se dirigieron hacia el alemán con una desesperada súplica en su mirada. Quiso hablar, pero no le salieron las palabras. El llanto ganaba terreno, así como la desesperanza y el miedo, pues en el fondo sabía que su hermano tenía razón; aquel mortifago no los dejaría con vida. No serviría de nada rebajarse. La mirada de ese hombre dejaba muy claro que su alma estaba completamente ausente de piedad o empatía.

Para cuando quiso reunir fuerzas por hablar o levantarse y atacar junto a sus hermanos por sorpresa, el mortífago se les adelantó con un gesto brusco y violento de su varita a traición. Demasiado rápido para reaccionar. Demasiado fugaz como para darse cuenta y defenderse con magia. Sin embargo, el instinto de una madre puede llegar a ser mucho más poderoso que eso, así que en el instante en el que el conjuro estaba a punto de acertarle de lleno a su hija, la señora Seward consiguió usar su cuerpo como escudo, recibiendo de lleno el impacto de una energía de color verde conocida por todos como el letal avada kedavra. El primero en reaccionar fue el propio atacante, que no dudó en esbozar una sonrisa satisfecha ante el dramático giro argumental de los acontecimientos. Sabiendo que la reacción de los hermanos sería violenta e inmediata, ordenó a los tres mortífagos capturar a Michael de inmediato. A cualquier precio. Y mientras tanto, él se encargaría personalmente de A.J y la hermana.

La nueva batalla comenzó mucho más intensa que la anterior, llena de ira, de dolor y de llanto. Con la fuerza que la pérdida de un ser querido otorga, los dos hermanos sostuvieron la varita de manera mucho más firme, dispuestos a matar quizás si hacía falta, contra los asesinos de su madre. A duras penas, Michael trató de hacerles frente a los tres mortífagos sin demasiado éxito y Egon, que se había reservado para el gran final, conjuró un temible y potente hechizo de fuego para darle más tensión aún a la situación; Si la lucha no se solucionaba en unos minutos, todos los que estuviesen allí dentro morirían abrasados por las llamas. Y lo que era mucho peor; el cuerpo de la madre se reduciría a cenizas sin opción alguna a merecerse un entierro digno.

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InvitadoInvitado

A. J. Seward el Lun Jul 08, 2019 6:22 pm

Ojalá aquella calma hubiese durado más, ojalá pudieran volver a cuando bromeaban felices e ignorantes de lo que estaba por ocurrir. Pero era imposible, tenían que hacer frente a aquella cruel realidad, en la que los gritos de su madre por fin cesaron, y su hermana suplicaba por un poco de clemencia que nunca llegaría.

A pesar de tener la mano rota, Carrie hizo el intento de sujetar la varita con la otra y volver a atacar junto a sus hermanos,pero  lo que pasó entonces fue algo que quedaría para siempre en sus memorias.

Theresa Seward siempre había sido una madre cercana, de las que hacían chistes bochornosos que ponían a sus hijos en más de un compromiso, en la que se podía confiar cuando se tenía algún problema y que  tenía la asombrosa habilidad de hacer que cualquier obstáculo pareciera fácil de sortear cuando te daba uno de sus abrazos. Era el pilar sobre el que se apoyaba la familia, siempre cariñosa y con las palabras y consejos adecuados para cada ocasión. Hizo que sus hijos fuesen fuertes y decididos, sin miedo a seguir sus sueños, y sobre todo, muy unidos a su familia. Theresa amaba a su marido, pero por sus hijos sentía una clase de afecto casi irracional, ¿y qué madre no haría lo que fuese para mantener a sus hijos a salvo?

Lo que en realidad fueron unos segundos, para los Seward fue una eternidad, como si cada segundo que pasaba fuese un día entero. Era imposible asimilar que su madre acababa de ser asesinada, aun cuando había pasado frente a sus ojos. No fue como en las películas, no hubo gritos de dolor que rompiesen el silencio que allí se había formado, ni juramentos de venganza, solo hubo lágrimas silenciosas, impotencia, rabia y mucho, mucho dolor.

El pelo pelirrojo de Theresa estaba esparcido por el suelo como si de un abanico se tratase, su pálida piel parecía más blanca de lo normal, y sus ojos grises habían perdido todo rastro de aquella vida que tanto los caracterizaba. Aquello no podía ser real, su madre no podía estar muerta, pensaba AJ, y sin embargo el lacerante dolor que sentía en lo más profundo de su pecho le decía que sí, que era real. Theresa se había sacrificado por su hija.

Los ojos de los tres hermanos estaban anegados de lágrimas cuando llevados por sus emociones volvieron a atacar a los mortífagos, esta vez sin reservas ni reparos por la vida de nadie.

Michael se enfrentaba él solo a tres mortífagos, mientras AJ hacía frente al líder, al hijo de puta que había matado a su madre y se había quedado contemplando la escena, sonriendo. Carrie intentaba ayudarlo como buenamente podía, ya que no era totalmente capaz de usar su mano izquierda con la misma soltura que la derecha.

Ayuda a Michael —le ordenó a su hermana. El mortífago era mucho más diestro que él con la varita, de hecho apenas tenía la oportunidad de atacar, ya que estaba ocupado intentando defenderse de sus ataques. Pero sabía que el objetivo era su hermano, lo habían dicho nada más interrumpir en la casa y lo había vuelto a dejar claro en ese instante; querían a Michael a como diese lugar.

Más pronto que tarde se arrepentiría de aquella decisión, quizá si Carrie se hubiese quedado a su lado podría haberla salvado. Esos quizá eran los que más torturaban a AJ en el presente. Pero Carrie obedeció y fue junto con su otro hermano, que apenas podía defenderse de los ataques de los tres mortífagos.

Su padre, Adrien, estaba junto al cuerpo de su esposa, llorando su pérdida y en estado de shock, temiendo que sus hijos sufrieran el mismo destino.

Entonces el fuego se hizo dueño y señor de la casa, devorando todo a su paso y subiendo la temperatura hasta el punto de que fue casi insoportable. AJ tuvo miedo por su familia, aquello pintaba cada vez peor, y el segundo en que se distrajo con aquel pensamiento fue suficiente para que uno de los ataques del líder de aquellos mortífagos le diese de lleno, abriéndole una herida en el abdomen que pronto tiñó su camiseta de sangre.

El grito de dolor fue inevitable, pero la adrenalina corría libre por su sistema, dándole las fuerzas que no tenía para seguir defendiéndose mientras el fuego se descontrolaba.

Los gritos de su hermana llegaron hasta AJ como si de un latigazo se tratasen. Michael yacía inconsciente en el suelo y ella, herida y sin varita, se revolvía como buenamente podía contra el ferreo agarre al que la mantenía uno de los tres mortífagos. Los tenían y se los estaban llevando, el miedo recorrió el cuerpo de AJ como jamás antes lo había sentido.

NO —exclamó viendo impotente como alejaban a sus hermanos de él. No podía permitirlo, tenía que protegerlos.— ¡CARRIE! ¡MIKE! —era imposible, no podría llegar hasta ellos a tiempo. El líder de aquellos mortífagos seguía allí y lo único que podía hacer AJ era defenderse para no morir, porque muerto no servía de nada.— ¿¡Dónde coño os los lleváis!? ¡Soltadlos!

No estaba en posición de exigir nada, pero en aquel momento no había espacio para la razón, solamente había desesperación y pánico. AJ escuchaba como su hermana gritaba su nombre, llamándolo y pidiéndole ayuda. Estaba asustada y él no podía hacer nada para ayudarla, no mientras el malnacido que había matado a su madre siguiese ahí.

Los gritos de Carrie se entremezclaron con los su padre, que acababa de perder a su esposa y ahora era testigo de cómo se llevaban a sus dos hijos más pequeños, mientras que el mayor probablemente siguiese el mismo destino que su mujer. Adrien Seward, ex militar, estaba atrapado por las llamas, sin posibilidad de ayudar de la manera que fuese a cualquiera de sus hijos.

Y las llamas, poco a poco, lo estaban consumiendo todo.
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