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Evans Mitchell el Dom Sep 16, 2018 2:20 am

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Desde que Evans Mitchell se pasaba por allí con la excusa de visitar a Denzel, no hacía más que asaltar la alacena. Haciendo sospechar a cualquiera con dos dedos de frente sobre sus verdaderas intenciones. Lo decían, los tarros vacíos de crema de maní, las cajas abiertas de cereales, y la cantidad de nuevos hechizos antirrobo que habían sido colocados estratégicamente, aquí o allí, y que si no atrapaban al culpable, lo cazaban a Denzel con la guarda baja, inocente de todo, o a un dormido Joshua que había olvidado su último plan maestro contra las ratas de alacena.

Si querían convivir, habría de hallar otra estrategia que no acabara con una maldición a las tres o cuatro de la madrugada porque querías hacerte un emparedado nocturno o, en fin, servirte o hacerte lo que era normal en una cocina ausente de peligro mortal.

Evans se había aprovechado de la situación para aventurar que Joshua estaba algo “loquito” (como le recordaba a Denzel mediante un vocabulario gesticular muy elocuente cada vez que Joshua se daba la vuelta), o paranoico. Desentendiéndose del asunto, como si nada de eso tuviera algo que ver con él, como si las libertadas que se tomaba no fueran…

Antes de seguir, hay que decir en su defensa, o supuesta defensa, solía pasar después del trabajo o la facultad, y estaba muy agotado como para pelear sobre si lo suyo era caradurismo o no, así que (como bien le decía a Joshua cada vez que se lo cruzaba y pasándolo olímpicamente por alto mientras que se paseaba por el lugar como pancho por su casa) él sólo se haría un sanguchito (con crema de maní) y se echaría una siesta, ¿ok?

Joshua no tenía por qué cuestionarle nada al respecto, porque después de todo, como siempre le recordaba, esa no era SU casa, Denzel vivía ahí también, y mientras él viviera ahí… En qué punto Evans Mitchell se había arrogado derechos matrimoniales con la persona de Denzel Smetwhyck era un misterio.

El caso es que, no contento con hurtarles la comida, a veces hasta se te acercaba para darte conversación porque, como era muy sabido, Evans Mitchell no era alguien que pudiera estar a solas con sus pensamientos.  

Vaya a saber por qué a Evans se le había dado por soltar historias de terror cada vez que abría la boca durante esas últimas semanas. Hacía días que andaba en las mismas. Cualquiera diría, por esas ojeras que traía, que debía hacer terapia relatando hacia fuera sus pesadillas en forma de cuentos “para antes de ir a dormir”, pero el caso es que esta era una leyenda urbana, que, según sus fuentes, bien podría ser el espécimen de una criatura oriunda de otra frontera, algo exótico de ver.

***


En un bosque de Inglaterra a la vera de la carretera, hacia dentro, había una cabaña carcomida por los años. Eso decían, los que en su tiempo se animaron a incursionar en el boscaje frondoso y la niebla, a pesar de la leyenda de los niños desaparecidos.

A día de hoy, hay quienes toman sus grabadoras y sus linternas y sus bolsas de dormir, a espaldas de sus padres, y se proponen acampar por la noche en un sitio tan aterrador como lo es un bosque solitario y misterioso por la noche.  

Danara, Tommy, Adan y Becca se sentían aventurados a hacerlo, como buenos amantes de las historias de terror, lo místico y lo paranormal. Y eligieron para ello una noche de luna llen… No podían, porque por esas fechas Danara estaría recibiendo familiares en casa y sería muy difícil escurrirse (por la estúpida boda de su prima Sophie). Pero con o sin luna llena, los espíritus gritaban lo mismo, listos para saltarte desde las sombras.  

Habían decidido reunirse, con linternas en mano y mochilas de campamento, y aguardaban, ellos aguadaban, en la oscuridad, entre los árboles angostos y tenebrosos, con sus luces blancas y encendidas, a que el último integrante del grupo, Adan, se encontrara con ellos. Tommy era amigo de Adan, le gustaba conversar con él y no era un tonto como Becca y su hermana juntas, no. Por eso, le preocupaba que todavía no llegara. Si Adan había dicho que iba a ir, iría, él no faltaría a su palabra.

Pero su hermana y compañía no pensaban lo mismo. Reían como maníacas luego de esa bromita desagradable que Becca le había hecho a él asustándolo por la espalda. Insistían en tratarlo como a un mocoso al que habían tenido que arrastrar porque no les quedaba otra, pero él ni loco les prestaba su grabadora a esas dos para que se la rompieran. De eso nada. Además, a pesar del miedo que no tenía vergüenza en admitir, estaba por otra parte muy entusiasmado. Lo único que lamentaba es que Adan ya se estaba tardando demasiado. Y como temió, las otras dos, envalentonadas por vaya a saber qué impulso interno, decidieron avanzar a pesar de todo. Sin quedarle más remedio (porque eran bien capaces de dejarlo atrás, y solo), las siguió. Pero, en consideración a Adan, y aun sabiendo que tenía un mapa, dejó señales en los troncos de los árboles (notitas pegadas con cinta), para que le fuera más fácil seguirles la pista.
 
—¡Dana!—llamó—, ¡espera!

Resopló molesto y se adelantó a la carrera, sujetando la grabadora con su zurda. Las otros dos habían decidido que era muy buena idea complotarse para salir corriendo y perderse entre el boscaje con sus carcajadas persiguiéndolas entre la neblina. Tommy sintió que se desesperaba cuando las oyó chillar, saltándole el corazón en el acto, ¿¡por qué tenían que ser así!? De verdad, no entendía cómo a Adan podía gustarle su hermana.

—¡Dana!, ¡Becca!, ¡PAREN!

Él paró. Frente a los cuerpos tendidos y ensangrentados de ambas, retorcidas en el suelo de cualquier manera. Su primer impulso fue el de correr hacia su hermana, llamándola por su nombre. Antes de darse cuenta, ya se había arrodillado junto a su cuerpo muerto y la sacudía…, cuando lo vio. Alzó la mirada y entre los arbustos, se cruzó con un miedo animal que se apoderó de él y, dando media vuelta, echó a correr, con la linterna oscilando violentamente en una mano y con la otra todavía sujetando la grabadora.

—¡AYUDA!—
gritaba, apartando ramas y hojas, abriéndose paso entre lo desconocido. Al frente, creyó distinguir una luz y voces, pero estaba demasiado aturdido, puede que fuera el bosque susurrándole—, ¡AYUDAAAA!, ¡ah!

¡Auch!

De tan empellado, se había chocado contra. Cayó de culo, alzó la cara y. Eran tres cuerpos deformes en la oscuridad, que se cernían sobre él. Su linterna estaba en el suelo. Y gritó. Detrás de él, se aproximaba un corillo de risas femeninas y estridentes, de entre los árboles de pesadilla.

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Joshua Eckhart el Mar Sep 18, 2018 10:39 am

Desde que se habían mudado a ese lugar, todo parecía siempre ser… irritante. Una cosa que en su momento no había tomado en consideración fue que al invitar a Denzel a formar parte de su rutina, como lo habían hecho a lo largo de siete años, llevaba consigo un absurdo y muy molesto agregado. Evans Mitchell podía sacarlo de sus casillas como sólo él, siempre pavoneándose de un lado a otro creyéndose intocable cuando, en realidad, no era más que otro joven con delirios de grandeza que cree que todas se las sabe. No sólo eso, sino que se creía encima de todos.

Porque venía a invadir como un perro callejero que nadie había invitado y que se negaba a irse. Y ese perro llenaba de pelos el sofá, la ropa y se comía toda la comida. Algo así como una peste de la que no se puede deshacer uno con facilidad, al grado de que Joshua habría considerado retractar sus palabras en más de una ocasión y mudarse por su cuenta. Tocaba todo con unas manos pérfidas y se ofendía si, en cambio, tú tocabas sus cosas. Su presencia, para Joshua, resultaba en un gran número de ocasiones insoportable.

Denzel, por su lado, ese Merrow. Todavía no estaba seguro de ese rollo que se llevaban esos dos (que no le quedaba claro si tenían algo o no), pero el caso es que Denzel era sumamente permisivo con ese sujeto. Es decir, si querían llevar esa jodida vida de casados, podían decírselo y él se apartaba, ¿vale? Pero es que nadie le había preguntado de formar parte de ese grupo, sino que había sido arrastrado al mismo a traición. Ese par traicionero, aún no decidía quién lo era más que el otro, pero los dos en semejante medida.

Sólo había tres momentos del día que disfrutaba: cuando Evans se largaba a trabajar, cuando él se largaba a estudiar o trabajar y cuando Evans invitaba a cierto amigo a casa. Y es que ese idiota se sentía con el derecho de invitar a su pandilla a la casa, su casa, ¡una que a él no le pertenecía! Sólo uno de sus amigos no le molestaba al grado de querer echarles a todos, aunque no era el momento de hablar de eso, ¡sino en los privilegios que Evans se adueñaba!

Como aquel día en que…:
Era inaceptable, no era posible que esos estuviesen haciendo tanto ruido. Necesitaba concentrarse, ¿era tan difícil pedir un poco de paz en esa casa? Estaba de muy mal humor, estaba acercándose esa noche del mes, lo que lo tenía en constante y desenfrenado disgusto. Estaba con la cintura recargada en una encimera de la cocina, con Viskars ronroneándole en las piernas acariciándose contra ellas, Joshua mordía el borrador de un lápiz con que subrayaba y hacía anotaciones.

Su examen no iba a contestarse solo y el ruido ya le estaba marcando las cejas ceñidas, las risas y el parloteo que no tenía fin. — ¡Mitchell! ¡Cállense de una maldita vez! —le gritó a Evans antes de masajearse el puente de la nariz. Ya le dolía la cabeza. Podría meterse a su habitación, que estaba insonorizada, pero estaba esperando a que terminase de hervir el té que estaba preparando. No fue mucho tiempo luego que vio cómo uno de esos amigos se cruzaba por la puerta.

Y sí. Evans Mitchell junto con toda su pandilla eran unos bárbaros pesados. Menos uno. Pero eso no era el caso, no. Sino que, como si no le bastara ser un idiota cansino, siempre estaba insistiendo en contarles esas estúpidas historias para asustar niños, vendiéndolas como hechos reales. Sólo niños podrían prestarle atención a sus tontas anécdotas, eso era seguro.

***

Cómo acabaron ahí era un misterio a día de hoy. Había sido un efecto dominó: Evans había empezado a joder que quería ir, Denzel se le unió, y Joshua. Bueno, Joshua en realidad estaba buscando un lugar donde pasar sus transformaciones, con la excusa de acompañar al grupo. Él no se creía las historias de asesinatos y demonios que salen de la nada sólo para asustar a la gente. Joshua era un hombre muy racional, sí, y esos cuentos de críos no iban a amedrentarlo.

Evans algo iba contando sobre esa leyenda urbana, y Joshua miraba por árboles huecos y cosas por el estilo. Llevaban velas en lugar de luz con sus varitas porque el otro había insistido hasta el hartazgo, como si quisiera hacer algún ritual demoniaco con ellos. Joshua bien hacía en ignorarlo lo mejor que podía hasta que escucharon unos gritos a la distancia, cada vez más cerca. El viento les apagó las velas con un soplo de aire que desacomodó sus cabellos. Los de Evans y Denzel, porque él bien llevaba su gorra.

Te juro que si esta es una de tus bromas, Evans… —empezó su amenaza para con el león, quien siempre tenía el modo de sacarlo de sus casillas. — Tengo los cerillos —dijo, aunque al intentar sacarlos de su bolsillo estos cayeron al suelo y se desperdigaron por el pasto y las hojas secas. Tuvo que agacharse para recuperarlas y se puso de pie, tanteando la caja para ver cómo encender uno.

En la densidad del bosque era imposible ver nada a través de la oscuridad, la luz de las estrellas no caía en esa zona del lugar. Ni siquiera Joshua, cuyos ojos no eran totalmente humanos, podía ver más allá de la palma de su mano. De pronto, sintió cómo algo le chocó contra el pecho, y las risas resonaron. Finalmente encendió uno de los cerillos para volver a encender las velas.

¿Qué demonios…?
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Denzel Smethwyck el Vie Sep 21, 2018 5:13 pm

A pesar de tenerle un pavor terrible a la oscuridad, Denzel podía ser tan noctámbulo que sorprendería hasta el que más le conocía. El tiempo que había compartido cuarto con Joshua en Hogwarts había sido un ambiente distinto por aquel entonces. El castillo se quedaba en completa penumbra y en esas circunstancias el ex ravenclaw ni se atrevía a poner un pie fuera del cuarto, por ello es trasnochaba en la misma mesita, esa que tantos problemas acarreaba entre los dos, y la razón por la que siempre recibía un ego stercore apud dietecus por parte de su mejor amigo.

Ahora, viviendo en aquella casa tenía una disputa bastante severa con Evans y todo se resumía en una frase "¡NO! ¡TOQUES! ¡MI CREMA! ¡DE MAN...! Espera ¿Cómo decía que lo llamaba? ¡Mi crema de cacahuetes! Hasta le pegaba su dichoso maní. Evans podía coger todo cuanto quisiera de la nevera, que le cogiera el queso de Joshua, pero la crema de cacahuetes era sagrada. A veces, resultaba gracioso cuando Evans se quedaba por unos días de invitado y por las noches coincidían en el frigo lanzándose miradas que amenazaban con crear una tormenta de las chispas que saltaban. Pero, aunque Denzel conseguía espantarlo en un principio, a la mañana siguiente el bote de crema de maní se veía reducido. Denzel ya no sabía qué hacer, una noche incluso se quedó durmiendo al lado del frigo, una idea que no fue bastante acertada, pues esa noche pescó un escozfríndulo.

Pero bueno, de resto Evans era bienvenido, y siempre le recibía con una de esas radiantes sonrisas suyas, al menos cuando no se traía a sus amigos. Cuando lo hacía, en ocasiones se encerraba en su habitación y de allí no salía hasta que le forzaban a hacerlo. Solía pasar que Evans, con su plaga de la muerte, tocaban la puerta con tal insistencia que no le quedaba otra que salir, eso sí, Evans siempre se llevaba un golpe de libro en la cabeza por ser tan incordio. Al final conseguían meterle en sus movidas, se quedaba con ellos escuchando sus "terribles" historias. Y no era terribles por el hecho de que fuera terroríficas, atroces o espantosas. No, eran terribles por lo malas que eran, desastres, y cero creíbles. Cuando las contaba con esa expresividad suya, Denzel entornaba los ojos mientras se apoyaba en su brazo con una postura harta aburrida. Miraba a Joshua desde su asiento, transmitiendo mensajes de auxilio con simples gestos de cara.

Los poltergeists existen, lo sabes tú, lo sabe Josh, y hasta el hijo squib del actual guardián de Hogwarts —Comentó Denzel con un deje aburrido al acabar la historia de Evans —Además, tu historia hace aguas ¿Qué hacían con linternas? Muggles, no queda otra —Denzel veía cada detalle con ojos analíticos, sin sentir un ápice de terror. Se veía tan natural que era capaz de crisparle los nervios a cualquiera intentar aterrorizarlo. Y él quería ver esa insistencia ¿Dónde estaba la insistencia? Faltaba ese típico empecinamiento por infundir el miedo, más aún si la historia no había producido ese efecto.

***

Mierda... —Denzel se mantenía aferrado a la luz de su vela cuando avanzaban. Maldecía en mil y unos sentidos el haber accedido a participar en esa estúpida aventura. Y más aún, no comprendía cómo la situación se le había ido tanto de las manos, hasta el punto de aceptar el reto de comprobar la credibilidad de aquella leyenda urbana, encima, sin el uso de un lumos. Terrible, terrible había sido falta de entereza. Lo contento que se le vía a Evans, que tantas ganas tenía de asustarlo, porque ¿Qué si no pasaba por su cabeza? ¿Y qué esperaba enseñar que no estuvieran ya acostumbrados? Como si no hubiesen visto ya suficientes fantasmas en Hogwarts ¡Que estaban inmunizados ya contra eso!

El viento los apagó las velas y si no fuera porque de pronto todo se puso oscuro habría soltado un "Anda mira, por ahí está tu poltergeist" Pero no, en su lugar alargó los brazos tanto como pudo buscando una rama, un brazo ¡ALGO! que le dijera "oye, esta es la realidad" Necesitaba la señal de su tacto, o nuevamente perdería la cabeza.

Estaba perdiendo los nervios, empezaba a hiperventilar, pero al final se quedó agarrado de la manga de alguien del grupo que no acababa de distinguir, aunque imaginaba que por las cercanías sería Josh.

¡Evs, lo de no usar la varita es ridículo! Un investigador necesita estar en plena disposición de sus herramientas — Intentó buscarle la lógica para mejorar esa situación. No era por la historia, pero el mero hecho de no ver nada le infundía tremendo miedo que no era capaz de dar un paso más, y como seguí aferrado de aquella camisa, tampoco le permitía al adverso avanzar.

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Última edición por Denzel Smethwyck el Vie Nov 23, 2018 11:22 pm, editado 1 vez
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Evans Mitchell el Dom Sep 23, 2018 11:41 pm


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Aquel día:
Soltó la carcajada, justo cuando se escuchó la dulce voz de Joshua quejándose de la vida, dando pena, como siempre. Evans ni caso, pero entonces uno de los chicos, el único al que escuchaba de un tiempo a esta parte, se levantó del sofá y les hizo señas de que “se calmaran un poco”, con un “si serán bastardos” al final, que los hizo reírse… Porque si lo decía Bill, estaba bien. Era un amigo. Más que eso, Bill, el tipo, era genial.

Tenían la misma edad, pero solían confundirlo como el mayor del grupo. Al lado de esos dos de ahí (Evans y compañía), siempre le daban unos años más. Era por esa expresión tan circunspecta y las cejas. Evans solía decir que con ese aire grave y opacado, y unas cejas que hacían por su cuenta todo el trabajo de expresarse, tranquilamente podía pasar por un viejo o un joven salido de la guerra. Bill tenía hermanos menores, y quizá fuera por eso, que con Evans tenían una relación, diríase, familiar, en la que Bill suplía el rol de hermano mayor.

Esa cara de nada con aires de seriedad, se asomó por la puerta de la cocina. No decía mucho (a no ser que estuviera con Evans), y ocupaba sus gestos en comentarios no dichos, dándose a entender de forma tácita la mayor parte del tiempo. Astuto, pícaro, y muy responsable para con los suyos —cuidaba de sus hermanos menores, en ausencia de los padres, ausencia que no compartía con cualquiera—, tenía una opinión de Evans más alta que cualquiera, y sólo él sabría sus razones, pero por lo demás, parecían opuestos, especialmente por la manera en que Bill…

 —Lo siento. Tienes exámenes, ¿verdad?—Bill apoyó el brazo contra el marco de la puerta, observándolo—Les diré que nos vayamos, que hoy están insoportables. Aunque dentro de nada nos toca el turno de noche. Mientras, los tendré controlados—aseguró. Luego, indicó con un movimiento de cabeza, y señalizando con ojos indagadores, el paquete abierto de pan sobre la mesada, junto a Joshua—¿Te importa si me hago un sándwich?  

El “por favor” estaba implícito en el tono, bien correcto, a pesar de que podías juzgarlo por sus maneras, demasiado relajadas. El caso es que, siempre que Joshua se quejaba, aparecía Bill como mediador y pacificador, honestamente considerado. Tenía el mérito de que era cumplidor en hacer que el resto tomara consciencia de que, en las casas ajenas, había que tener ciertos modales. Pero no eran niños (no en el sentido de que podías reprenderlos y mandarlos al rincón), y él, naturalmente, no podía controlar del todo su libre albedrío. Especialmente en lo que respectaba a Evans, con quien además, mantenía una relación de marcada condescendencia

Ir allí, por ejemplo, era siempre idea de Evans, y aunque Bill accediera por comodidad, no era como si no se le ocurrieran otros sitios donde reunirse. Que sí, tenía que ver con que aquel departamento estaba bien ubicado y cerca de donde trabajaban a medio tiempo, atendiendo mesas. Pero Evans se sentía a gusto allí porque se llevaba bien con el chico ése que hacía comentarios extravagantes, Denzel, aunque por otro lado, parecía tener una cierta enemistad con el compañero de piso, del que hablaba hasta por los codos y nunca decía nada bonito. Pero bien que hablaba, como si se trataran de viejos conocidos. Después de todo, los tres eran egresados de la misma escuela de magia. Bill, por otra parte, no había asistido a Hogwarts. Ni tampoco compartía las impresiones de Evans sobre el “amargado” Joshua.

—Evans me dijo que eres un buen estudiante—Muy amable por su parte omitir todas las otras cosas que sí lo llamaba: “Empollón”, “troglodita”, “energúmeno”. Bill, entre que se preparaba el sandwich, se llevó un dedo a la boca, saboreando la crema de maní con la que untaba el pan en un gesto impremeditado. Era una manía muy suya, tocarse. Le lanzó una ojeada de interés a Joshua, inspirando aprobación—. Ya me gustaría que alguno de los chicos con los que estamos haciendo ese bendito trabajo grupal de la facultad fuera así, como tú, que sí se lo toma en serio. No hacen más que patear la fecha límite—comentó, tallándose con la cara interna de las muñecas a la altura de los ojos, refregándose el cansancio. Por supuesto, Evans estaba entre esos, pero él nunca lo señalaba acusadoramente.  

Larguirucho y tan pálido, delgado hasta el hueso, era alguien de ademanes lánguidos y un íntimo, hasta pícaro, secretismo. Sólo se abría cuando sonreía, lo que sucedía muy poco, a no ser que estuviera Evans merodeando cerca. Entre ellos, la relación era de tal confianza, que solían hablarse susurrando, tan pegados que era difícil adivinar de lo que hablaban. Algo típico de Evans, eso de colgársete como una araña trepadora. En muchos sentidos. Después de todo, era gracias a Bill que Evans había obtenido ese empleo, luego de que lo despidieran del primero por haberse ido de manos con un cliente.  

—Te irá bien—
agregó por último, dándolo por sentado y deseándolo a un tiempo. Lo de soltarte un “buena suerte”, no era muy su estilo. Después de todo, él consideraba que si te aplicabas en algo, lo conseguirías no ya por “el azar”, sino por tu empeño. Lo de pedir suerte en un examen era muy de Evans, eso sí.

Hablando de.

—Oi, oi, no—Diríase que había llegado a tiempo para frenar una escena que consideraba escandalosa—. ¿Eso es crema de maní?—Alborotador como era, se acercó quebrando con la tranquilidad, desconfiado e iniciando un debate—Vamos, Joshua, deja de mentir TU ODIAS compartir tu crema de maní, tacaño. Deja eso Bill, que de seguro le puso laxante o algo. ¿No te conté lo que me pasó cuándo…? Oh, vamos, ¿a él sí y a mí no?—Tsk. Evans lo miró con una ofendida incredulidad que hasta se confundía con tener el amor herido. Es que mira, incluso entre los enemigos había códigos, ¿vale? Si eras un tacaño amargado, tenías que ser tacaño con todo el mundo, las 24/7. ¿Qué era eso de “a él sí, pero a ti no”? Que feo eso. No, no, si a Evans le iban a negar la crema de maní, que se la negaran a todo el mundo. Aunque no era la primera vez que se quejaba al respecto. Por el caso que le hacían. Y a sus espaldas, mira. Él no desistía, sin embargo—.  A mí no me engañas.

Bill sonrió.

—Tú no pides “por favor”—
reprochó, y antes de que el otro volviera a abrir la boca, mientras la abría, Bill le plantó contra los labios dos dedos untados con crema de maní. Resultó en una táctica efectiva, porque como si se tratara de un gato goloso, Evans, atacado por la sorpresa, se relamió sin pena, dejando de lado su rencilla doméstica. Era todo un gato domesticado—. Deja de tocar las narices aquí, vamos—Lo arrastró consigo, llevándose su platito y su sándwich, del que su amigo ya estaba pidiendo la mitad—Ni hablar—Yéndose, le dedicó a Joshua un guiño antes de desaparecer por la puerta empujando a Evans. De camino a la sala, se oyó—: No vendré más si nos echa porque eres un coñazo. Te advierto.

***


Lo cierto es que a Evans siempre le había gustado una buena historia de terror, especialmente lo de “vivir” la emoción en grupo, desde que fuera un pequeño muy impertinente que te saltaba por la espalda para darte el susto de tu vida en mitad de una película. Sí, seguía manteniendo el espíritu, incluso a pesar de haber visto u oído más cosas aterradoras que las que un muggle pudiera imaginar. Los fantasmas eran parte del día a día en el mundo mágico, sí, algo cotidiano, pero. Había todo tipo de fantasmas. Y los de Hogwarts, no eran más que un chiste en comparación de los verdaderamente aterradores.

De esto y muchas cosas, quería Evans convencer a Denzel.

En medio del bosque que prometía develarles horrores inimaginables, a oscuras, diríase que se sentía hasta complacido, como alguien que asume un deber cumplido, con que el muy señorito de los razonamientos lógicos hubiera perdido, en esencia, algo de esa seguridad del que es muy arrogante con lo que sabe. Aunque, si contaba con que Denzel no le iba a discutir de nuevo, analizando la situación, cualquiera fuera, que aventurara algo extraño y terrible, pues se confiaba demasiado.

—Nunca los volvieron a encontrar—
comentaba Evans, que como siempre, amaba escuchar el sonido de su propia voz, especialmente cuando la impostaba de esa manera, queriendo adentrar a los otros dos en el misterio de lo que, decía, era una leyenda urbana basada en hechos reales, y que posiblemente, tuviera su explicación, sí, pero una terrible, vinculada con el mundo mágico, probablemente, ¿pero de qué manera? Eso, les tocaba descubrir—. Los muggles nunca supieron cómo ocurrieron verdaderamente las muertes de los familiares. Todas durante la misma noche, por extrañas circunstancias. Algunos dicen que fueron los mismos niños perdidos, de los que nunca se supo nada, excepto por los rumores de que jamás habían abandonado el bosque. Hubo desapariciones…

Vela en mano, los guiaba sin tener idea de a dónde iban. Entonces, ¡un viento!, y en la oscuridad, Evans se sonrió. La sonrisita le duró muy poco, porque entonces oyeron el grito de ayuda. Eso lo tomó tan por sorpresa, que cuando Denzel lo sujetó de la camisa, se apartó asustado, quejándose.

—¡Denzel, no…!, ¡aparta! Tsk. ¿Broma? ¡Eso es un grito de auxilio!, ¿asustado ahora? ¡Espera!, ¡no vayan a sacar sus varitas! ¡Tú no apuntas a los muggles con varitas! Esperen a ver qué…

El grito, de un niño al parecer, se aproximaba velozmente hacia ellos, y de entre los arbustos, surgió una cara de espanto, indicada por la dirección de las miradas. Lo más normal hubiera sido que se detuviera, pero antes de eso, se resbaló o tropezó y acabó en el suelo, mirándolos con la boca abierta y sin comprender. De lo único que era consciente era de la cerrilla, y de tres, ¿sombras?, ¿fantasmas?, ¿muertos vivos? Oh, no. Eran sólo.

—Ey, chico—Evans se agachó frente a él, observándolo—, ¿qué carajo te ha pasado a ti? ¡Joshua!—llamó de repente—, ¡deja de acercarme esa cerilla!, ¿quieres quemarme?—Exagerado que era, le bastaba ver a Joshua con un objeto peligroso en la mano para dudar de sus verdaderas intenciones— Ah, aquí, trae una linterna.

Entonces, en la distancia, se oyeron unas voces femeninas y risas. Llamaban a un tal “Tommy” con voces socarrones a través de la oscuridad. Eran una mancha pálida de luz en la oscuridad.

—¡Son unas tontas!—farfulló el pequeño, con sentida bronca, cuando entendió, a un nivel inconsciente (el miedo no se le había pasado todavía, no del todo), que le habían tomado el pelo—¡Son mi tonta hermana y su más tonta amiga! Me han dado un susto… pero yo vi…—Evans se carcajeó ligeramente con lo que le contaba, y hubiera pregunto que qué había visto, pero el chico lo interrumpió antes de que pudiera hablar—: ¡Tú, deja de apuntarme a la cara con mi linterna!—Se quejó, con Evans, que le había encajado el foco en plena cara. El chico se detuvo en su balbuceo y alzó la mirada, ahora con curiosidad—. ¿Por qué no llevan linternas?—De inmediato, sacó sus conclusiones—¡Oh!,¿están aquí por el desafío del miedo? ¿Quiénes…quiénes son ustedes?

—Tú quién eres. Si vas a preguntar, preséntate primero—Evans lo tomó de la ropa y tironeó, ayudándolo a ponerse en pie.

—Tommy, mi nombre es Tommy—dijo, sacudiéndose el agarre de Evans, como si pensara que había maneras más amables de “tenderte una mano”.

En ese momento, las chicas emergieron de entre los arbustos y apuntaron a los otros tres a la cara, con la misma molesta insistencia de Evans para con Tommy. Hubo un cruce de luces, hasta que Evans, quejándose, les exigió que bajaran las linternas del demonio. Antes, sin embargo, de que ellas les preguntaran quiénes eran e iniciaran las presentaciones en la oscuridad, hubo un griterío en medio del tenebroso silencio bosque entre hermano y hermana. A Tommy le había ofendido la bromita, peor a ellas les causaba la mar de risa.

—Estamos buscando la cabaña—hizo saber una de las chicas, todavía insistiendo en apuntarles a las caras. En la leyenda urbana, se mencionaba una cabaña—. ¿Quieren venir con nosotros? Tenemos linternas de más.

—No sé, Dana—contradijo su amiga, que para Evans no era más que una figura en la oscuridad, con una cara estrambótica y fea, y con tono de querer hacerse la interesante—. Diles primero lo de la ouija.

—Vamos a hablar con los muertos esta noche—aclaró la primera, con una voz tan confiada que no dejaba lugar a dudas—Invocaremos a los espíritus. ¿Quieren unirse? Si somos más, será mejor.

—Mi hermana y su amiga piensan que son brujas—
escupió de pronto Tommy, resentido.

—Tú, cállate.

—Brujas, eh. Nunca había visto una—Evans se lo pensó, girándose hacia los otros dos, todavía con la linterna de Tommy en la mano—. ¿Qué dicen?, ¿quieren hablar con los muertos?—Sonrió, y esa sonrisa evidenciaba lo muy sutilmente que se carcajeaba por dentro—Podría ser interesante.



Emme's Codes



NPC'S:

•Danara (16 años)

—Es practicante aficionada de brujería. En su familia están muy preocupados por ella luego de que adquiriera el hábito de vestirse de negro e insistir en llenar su cuarto de calaveras y símbolos de satán. Aunque suponen que es “sólo una etapa”, lo cierto es que Danara está convencida de que existen otros seres entre nosotros, mágicos y poderosos, y está decidida a tener un encuentro místico y verdadero con ellos.

—Se adentra en el bosque con el objetivo de encontrar las almas de los niños muertos y poder guiarlos al otro mundo, o eso es lo que dice. Secretamente, le gustaría controlar el poder de los espíritus para usarlo a capricho, tal como está escrito en el libro negro de brujería que lleva consigo.

—Es la hermana mayor de Tommy, pero no lo parece para nada cuando discuten, y suele haber escándalo a la mínima de roce entre ellos, volviéndose un poco fastidiosos para quiénes no estén acostumbrados a las peleas de hermanos.

—Ha intentado maldecir a un grupo de compañeras, entre las que se encuentra la actual novia del chico que le gusta (“Erik”), y está enojada por no poder conseguirlo.

—Conoció la historia del bosque por medio de Erik y sus amigos, y se aventuró a aceptar el desafío de acampar allí por una noche por querer hacerse la interesante.  

—Sufrió una pérdida reciente.

—Sabe que Adan tiene un crush con ella hace eones, pero sólo se aprovecha de la situación sin pensar en corresponderle nunca de los nunca.


•Becca (16 años)

—Como su amiga, está obsesionada con la magia negra, y especialmente, las novelas de la saga Crepúsculo y similares. Es fanática a morir de la leyenda del hombre lobo. Dice que no lo pensaría dos veces si tuviera la oportunidad de ser mordida por uno, y convertida. De hecho, asegura que ha intentado convertirse por diferentes métodos en varias ocasiones, y lo sigue intentando.

—Está siempre comentando supuestas experiencias cercanas con lo paranormal y terrorífico. Asegura que su abuela, venida de Rusia, era una autentica bruja.



•Tommy (13 años)

—Está obsesionado con lo paranormal, igual que Adan. En su último cumpleaños le han regalado una cámara y no ha dejado de usarla desde entonces. La usará durante la noche de acampada para grabar algún avistamiento extraño y todo lo que suceda en esa noche.  

—Nunca consigue llegar a un acuerdo con su hermana, pero la obligó a llevarlo con ella extorsionándola con soltar algo vergonzoso de ella. Porque “ni loco” iba a dejar que se robara su cámara y, encima, se la rompiera.

—Es muy amigo de Adan.


•Adan (18 años)

—Amigo del grupo. No ha llegado todavía al sitio de reunión y Danara asegura que los ha abandonado a su suerte porque se ha acobardado. Tommy lo niega.

—Es amigo de Tommy y le encanta hablar de cosas interesantes con él. Comparten muchas cosas en común. Desde comics hasta su gusto por lo paranormal.

—Piensa que Becca está muy mal de la cabeza.

—Está resignado al hecho de Danara sepa que quiere algo con ella cuando ella no quiere nada con él. Puede ser muy inmadura a veces. Pero igual le gusta.
Evans Mitchell
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Joshua Eckhart el Lun Sep 24, 2018 1:07 am

Aquel día:
Bill había asomado su cabeza para mirarle a través de la entrada de la cocina, donde Joshua reposaba esperando que todo estuviese listo para marcharse. Bill era la única persona medianamente razonable del grupo de Evans. Incluso a veces se preguntaba cómo es que se habían hecho amigos, siendo sustancialmente diferentes. Muy amable, le aseguró que iba a intentar controlarlos hasta que fuera momento de marcharse, o se decantarían por irse antes.

¿Eh…? Ah, sí, claro —le dijo, respecto al sándwich. Solía esconder su crema de maní incluso de Denzel, y ambos tenían sus reservas separadas. Eso, sin embargo, era irrelevante para Evans, quien siempre la robaba sin preguntar. Pero que le pidieran tan amablemente un sándwich era extraño, y no pudo sino acceder cortésmente, a pesar del mal humor que estaba cargando.

Volvió su mirada a su libro, aunque se vio incapaz de concentrarse, lanzándole miraditas de reojo al muchacho que a un costado suyo se preparaba su sándwich. No encajaba en el grupo, no con su aspecto más maduro y mayor. Todos los otros amigos de Evans eran unos malandros que sólo sabían hacer ruido y hacerse odiar. Lo escuchó haciendo conversación, además, causando que cerrase su libro, usando uno de sus dedos como separador.

Tengo la impresión de que mientes, o de que omites muchísimos detalles. Cuando menos, tergiversas sus palabras —le confesó. Joshua sabía que Evans jamás en su vida diría algo bueno de él, como que “era un buen estudiante”. — Sólo mira a tu alrededor, no creo que hayas escogido el mejor equipo —mencionó. Había un implícito “mereces algo mejor” en sus palabras, que decidió no mencionar directamente.

El caos seguía a Evans Mitchell, y Evans lo abrazaba hasta ser sólo uno. Terminó de preparar su sándwich y lo animó en sus estudios, asegurando que iba a irle bien. Probablemente pensando que lo haría si se esmeraba en el estudio, a diferencia de sus compañeros de trabajo grupal. No pudo decir nada más gracias a que una tercera presencia fue a pararse a la puerta, quejándose de… ¿De qué se quejaba, ese cavernícola?

Empezó a atacarlo, diciendo que jamás compartiría su crema de maní si no fuera porque quisiera hacer algo malo. No era el caso, como el otro presumía. Simplemente odiaba compartirla, pero cuando se lo pedían tan amablemente… No había manera de negarse. Evans ni siquiera pedía, y se daba derechos que no le pertenecían, ¿no era natural que no quisiese darle ni la hora a esas alturas? Que ya llevaba años siendo una piedra en el zapato. Le sonrió, muy ligeramente, a Bill cuando éste le dedicó un guiño, llevándose con él al molesto león.

Evans hablaba sobre desapariciones y niños asesinos, o niños muertos. O probablemente las dos cosas. Joshua escuchaba por encima de la conversación, con nulo interés. No creía que hubiese entidades de aquel estilo rondando siempre y esperando ver a quién asustaban o mataban, como bien lo hacía Peeves. Y que precisamente Evans Mitchell fuese quien los guiaba a través de aquel lugar, eso sólo le daba mala espina, conociendo cómo era aquel sujeto, siempre intentando molestar a los demás, a él en especial. Otra cosa rara era que Denzel hubiese accedido a ir con velas por ahí, cuando bien sabía que no le gustaba la oscuridad.

Y hablando de ella, todo se fue a negro. Los ojos del grupo, acostumbrados a la luz de las velas, se encontraron con un inconveniente al momento de quedarse a oscuras: les costó adaptarse a la oscuridad. Entonces lo chocó, en principio pensó que iban a sujetarlo y apresarlo hasta que Evans soltase una carcajada, pero no. Ese algo que chocó con él cayó al suelo con el golpe seco de una bolsa de papas. Le gritó que quería quemarlo cuando intentó encender con una cerilla su vela, antes de ver la linterna.

¿Y tú quieres ser un idiota? Ah, lo siento, siempre lo eres —se llevó una mano al pecho, con falsa vergüenza. Al parecer, Evans no era el único que quería jugar bromas, y un niño se quejaba de haber sido una víctima de su hermana y su amiga. Por primera vez estuvo de acuerdo cuando Evans le dijo que se identificara él primero, antes de preguntarles a ellos sus nombres. Tommy, se llamaba el jovencito, y se aproximó hacia Denzel justo antes de cubrir sus ojos con su antebrazo, quejándose por la luz repentina que el nuevo par les lanzaba.

Aquella conversación era estúpida, se notaba de lejos. Dos chicas que querían… ¿hablar con los muertos? ¿Hacer algún tipo de ritual de demonios, o fantasmas, o lo que fuera? Una locura, cuando menos. Todo el mundo sabe que uno no juega con esas cosas, a pesar de que le costaba ubicar en su cabeza cómo es que pensaban los muggles que eran aquel tipo de eventos. Brujas, se presumían, según el niño. Joshua se volvió hacia Denzel y hablando en un tono más bien bajo, le susurró:

Con un muerto están hablando si ese idiota piensa hacer alguna tontería —le dijo, insinuando que iba a matar a Evans si éste decidía hacer algo de su estilo. Quizá fuera una de sus bromas y todo estuviese preparado, en su paranoico pensamiento. Entonces, el león se volvió hacia ellos, preguntándoles si querían hablar con los muertos. ¿Eran esas cosas comunes en los jóvenes muggles? Miró a Denzel, y dejó que él respondiera por los dos. Él sólo quería volver a casa, hacerse un té y disponerse a ignorar a Evans en todo momento hasta que éste se aburriera, se fuera o lo que fuese.

Quizá tienen miedo —Becca se burló de ellos, dirigiéndose a su amiga con un tono orgulloso y vanidoso que resultaba de lo más pedante. Como si ella fuese la persona más valiente del mundo y nada la asustara.
Joshua Eckhart
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Denzel Smethwyck el Dom Oct 07, 2018 2:27 am

Aquel día... También estaba Denzel:
Aunque no se encontraba en la cocina, el joven castaño había conseguido encontrar la paz en el salón circular que justo quedaba pegado a la cocina. Por alguna razón, Evans no estaba rondando por allí, en parte lo agradecía, pues, aunque sus visitas por lo general le animaban demasiado, no lo hacía tanto cuando de pronto su séquito se apoderaba del salón y otros cuartos con su presencia. Estaba relajado viendo la orbe-novela, y sabía que en cualquier momento podría aparecer alguno de los mencionados. Si eso pasase, lo más seguro es que arruinarían la buena armonía que allí reinaba en ese entonces.

Tumbado con un cuenco de metal de palomitas, Denzel abría un paquete de m&m para verterlos a continuación y removerlos en ese extraño combinado que cualquier otro diría que sabría a rayos. En ese entonces las voces que provenían de la cocina, aunque amortiguadas por las paredes se entremezclaban con el dramatismo de los diálogos de "Bibi di babi di... Y un destino"

Pasando la esfera ya a segundo plano para él, Denzel se asomó por encima del respaldar del sofá con la mirada dirigida a la puerta de la cocina, distinguiendo entonces la voz de Bill y Josh.

La curiosidad mató al gato, pero él no era un gato, era un chismoso. Por ello estuvo a punto de levantarse, pero entonces vio que Evans también se dirigía a la cocina y en lugar de moverse de allí se apoyó sobre sus rodillas, sentado del revés. Como imaginaba, la aparición de Evans provocó lo único que podría desencadenar, un mini follón de los suyos, y escuchando esa vez cada oración con nitidez era imposible que no se le escapara la sonrisa.

Cuando Bill sacó a Evans de allí, les saludó desde su posición, y saltando por encima del respaldar se dirigió a la puerta de la cocina cuando esos dos se hubieron alejado.

Qué —Dijo Denzel, apoyado en el quicio de la entrada en una postura y una sonrisa pilla que insinuaba lo que quedaba claro en su expresión —Que buen rollo entre ustedes dos ¿No? —El castaño se llevó un puñado de palomitas a la boca. Quería ver la reacción del adverso, si conseguía ponerlo nervioso, aunque él sabía que tonterías como esas no servían con Josh. Pero le parecía divertido.

Había visto fugazmente el bote de la crema de cacahuete, que había sido asaltada una vez más. Suspiró, pero imaginó que era la de Joshua, así que no tenía de que preocuparse y volvió a sonreír. Luego, en un intento de evitar un fallo en su predicción salió de lugar tan rápido como pudo para que éste no le atacara con la cubertería voladora dada sus ridículas suposiciones.


—✦—

"Nunca los volvieron a encontrar"

¿Te puedes esmerar un poco?

Aquel tópico le había cortado el poco ambiente tenebroso que había creado hasta entonces, ahora solo podía parecer una historia chorra que cuentan las madres sobre el coco. Si no fuera porque estaba todo oscuro y por la presión de grupo, ya se habría vuelto a la casa hace mucho tiempo, pues la forma en que contaba eso, como una historia de chavalín adolescente, le había hecho perder todo interés en indagar sobre el tema. Ahora más que proporcionarle un misterio que resolver, lo que el veía era un juego de críos, del que por supuesto, no iba a participar.

Oh, pero casi consiguen sorprenderlo por un instante. Esa cosa ¡Qué era esa cosa!

¡Evs! Ya te estás pasando ¡Se acabó! ¡Voy a sacar mi varita! —O eso es lo que iba a hacer antes del intento por de tenerlo de Evans. En su lugar se apresuró a coger la luz de minero de su mochila y se la colocó en la rente sin dudar, acabando por encandilar a... ¿Un crío?

Esto es el colmo. Cada segundo que pasa es una una prueba más de que estoy perdiendo el tiempo con esto. —Luego de que se escuchara las voces de aquellas otras chicas giró el cuello en la dirección y acabó por encandilarlas a ellas también. Se aproximó y las miró de arriba a abajo.

Con menudo grupo nos hemos acabado topando... —Añadió una esa vez entre desilusionado e impaciente.

Denz, tío, apaga esa luz —Se quejó Chris. Pero el castaño le ignoró. Luego de eso vinieron las presentaciones. Y cada vez que la niña gótica tomaba la palabra la desidia se hacía mayor en él. Ouija, hablar con los muertos ¿Se podría decir que aquella era la peor decisión que había tomado en meses? Denzel le lanzó una mirada de reproche a Evans antes de que la niña volviera a captar su atención.

Quizá tienen miedo —La verdad, no fue lo que dijo lo que llamó su atención, con respecto a eso no podía sentir mayor sopor. Fue el hecho de que hablara lo que hizo que se fijase en ese libro que portaba. Por ello fue por lo que alargó, desde su mochila, un brazo mecánico camuflado por las sombras que le quitó aquel objeto de entre su mano y lo abrió de par en par para ojearlo.

¡Que haces! Si juegas con el libro de los muertos acab... —Se quejó, pero Denzel la cortó antes de que su insufrible voz le irritase más de lo que ya lo había hecho

¿Sabes tú acaso manejar el tremendo poder de este libro? —Exageró a posta.

¡C-claro que sé! Lo hic... —La chica calló de pronto, mientras Denzel la miraba de hito en hito esperando a que terminara la frase, incluso hizo un gesto con la mano. Pero ni así cedió.

¿Si? —A la vista de que no iba a responder Denzel le devolvió el libro. Quería que ella misma se delatase, pero se había contentado con verla dudar. Después de aquello se movió a un lado del claro en el que se encontraban, volvió a encandilarlos a todos con su foco de minero y añado.

En fin. Estoy esperando a que nos digáis por donde queda esa casa. —Finalmente miró a Evans, a Josh, y al resto para ver si estaban de acuerdo.

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Última edición por Denzel Smethwyck el Vie Nov 23, 2018 11:31 pm, editado 5 veces
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Evans Mitchell el Mar Oct 23, 2018 12:20 am





AQUEL DÍA, CON DEN:
No pudo fingir un minuto más que estaba interesado en el trabajo, y aburrido, escapó de Bill —quien tampoco pensaba hacerle de niñera cada vez que decidía por sí mismo que era mejor escaquearse del trabajo en grupo— y se fue ver qué hacía Den, porque si estaba sin él, seguro que se aburría lo mismo, lógica.

—Ey.


Llegando hasta el sofá, se sentó, o más bien se arrojó, tumbándose a un lado de Den, con los ojos clavados en la orbe-novela, o lo que fuera que estaba pasando la pantalla en ese momento. Repantigado a su gusto, soltó un suspiro desganado, le daba pereza pensar que en unos minutos tenía que partir.

—¿Qué estás viendo?


Reaccionó con una mueca despreciativa, cuando ni hacía dos segundos que había puesto su atención en la pantalla. Usualmente, hacía lo mismo frente a algo que no entendía o no le sonaba de nada, era casi un deporte. Sin preguntar, ya estaba estirando la mano, queriendo alcanzar las palomitas.

—¡Espérate!—Se interrumpió, dándose cuenta de que su mano asía el aire y no su verdadero objetivo: palomitas, ricas palomitas, que te crujen en la boca—¿Por qué todos en esta casa son tan mezquinos? Compartir, compartirenfatizó—. No te matará. Sólo un puñado—Sonrió y cambiando de tema, añadió—: ¿Y por qué ves esta porquería?

Rápido como él solo, se hizo con el control y cambió de canal, cuidando de apartarse hasta el otro extremo del sofá. Que Den se quedara con sus palomitas, él tenía el control.  

—¡Oh, mira! Esto es más interesante. Es un programa sobre creepypasta. Me encantan estas cosas—
Rió, acomodándose en su lado del sofá y cuidando de esconder el control—. Y no creas que no pueden asustarte. Me sé una leyenda urbana que dice…

***


¿Te puedes esmerar un poco?


Evans se sonrió en la oscuridad. Denzel había tomado la decisión de que nada podía asustarlo en esa noche, pero estaba equivocado. No había nada mejor que vivir la emoción de un buen susto, y especialmente cuando tenías compañía. Especialmente, cuando era ficticio, no real. Ya demasiados terrores sufría en silencio, pero cuando se trataba de tonteras como esa, a Evans le sentaba perfectamente liberarse de la preocupación de que los monstruos eran reales.  

—No tienes que creerlo, pero esta noche, ¡podría pasar algo!


¡AYUDAAAAAAAAA!


*


Becca, ofendida porque le metieron mano a la mochila y enojada con ella misma por pensar que se la había dejado abierta (mira que había gente que metía la mano donde no debía, eh), se adelantó y recuperó su libro de las manos de ese chico molesto. Se había quedado sin habla porque. Se había confundido por un instante, ese no era el libro de los muertos.

—Den, ese libro era “Crepúsculo”, es…—Evans, sin poder continuar, ahogó una risita, cubriéndose la cara con la mano. Es que de verdad, ¿hablaba de ser una bruja y llevaba Crepúsculo en la mochila? Al parecer, llevaba muchas cosas en esa mochila.

—No te burlarías si supieras qué tan real es la brujería—
acusó Becca tomando lo que era suyo, casi como si le hubieran insultado a la madre. Queriendo sonar intrigante, bordeando el misticismo y la pura teatralidad, abrió los ojos y añadió—: Hombres lobo, brujas, fantasmas, ¡todo es real!

Tommy, por su parte, estaba admirado con el casco de Denzel, algo que sólo parecía molestar a Chris, el bueno de Chris, a quien Evans, como le era usual, había olvidado por completo, o al menos, hasta que su comentario le hizo reparar en que Den… Bueno, estaba siendo Den, ¿y quizá debería echarle un ojo si no quería tener que explicarles ‘cosas imposibles’ a los muggles que se toparon de casualidad?

—Quiero uno así—dijo Tommy, señalando el casco de minero.

Su hermana lo interrumpió.

—En esta dirección—Dana apuntó con un dedo en la oscuridad, y retomó la marcha sin agregar nada más.

—¡Ey!—Evans sonrió—, ¿segura que saben hacia dónde van?

—No lo saben—estalló Tommy de pronto—. Adan, un amigo que iba a venir con nosotros, lo sabía; él ya había hecho el camino hasta la cabaña. Pero ellas no quisieron esperar a Adan—agregó, resentido—. Piensan que “la luna las guiará”. Estamos perdidos.

—Está bien por mí—
accedió Evans, extrañamente solícito. Sonreía demasiado desde que se toparon con los muggles—. Sigamos a la  bruja. Quién sabe—Se encogió de hombros—Ahora es una bruja, luego, ¿qué será?, ¿un hombre lobo?

—Viven entre nosotros—
aseguró Becca en un nuevo intento de sonar misteriosa, al tiempo que seguía a su amiga.  

—Mira tú. Piensas que conoces a alguien, pero… —
Le lanzó una elocuente mirada a Joshua, sonrisa de por medio—. Tú nunca lo haces del todo, ¿verdad?

—Te burlas—
señaló Becca, girando hacia él una sonrisa que le parecía de foca loca—. Pero podría haber uno aquí, en el bosque.

—¡Oh, sí!—dijo Evans, siguiéndole el juego. Se acercó a Joshua como un camarada, con toda la intención de pasarle un brazo por sobre el hombro, tan natural como él solo—Aquí mi amigo es un hombre lobo. Créelo.

Becca rió.

—Oh—Evans se fingió adolorido—Creo que se están burlando de ti, mi amigo—murmuró—Intenta sacarte la ropa y mostrar esos músculos, eso impresionaría a la chica. Sería igualito que en Crepúsculo. Te presté ese libro, ¿tú no lo leíste?

Justo entonces, cuando Becca no había dejado de reír, se oyó un aullido en la distancia que se interrumpió violentamente en un gemido herido acompañado de un ladrido. Y luego, silencio.

La cabaña tenía que estar por ahí, en alguna parte, tal como decían los rumores. En la oscuridad el bosque.


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Joshua Eckhart el Jue Oct 25, 2018 12:19 am

Joshua no estaba entendiendo nada y eso era en gran medida lo que ocasionaba que no estuviese prestando ni siquiera el mínimo de atención. Hablaban de un libro raro, y la ouija, y otro libro que Joshua asumía sería una novela cutre, porque jamás había oído de él. Joshua se concentraba mirando de aquí para allá, pensando y maquinando cosas que sólo él tendría claro, planeando perdérsele al grupo eventualmente con dos objetivos: seguir buscando una guarida nocturna y marcharse a casa a hacer un té rojo. Sonaba a un buen plan, mucho mejor que ir como idiota detrás de otros idiotas en busca de pseudomisterios.

Hubo algo que lo picó, dirigiendo la mirada hacia Evans cuando lo dijo: hombres lobo. Ese idiota se estaba dirigiendo a él, lo tenía más que claro, sólo había que mirar la forma en que se dirigía en su dirección sonriendo. Y mirándolo a los ojo, desde muy profundo de su ser, le escupió un sentido. — Evans, vete a la mierda —fuerte y claro. Sabía que los muggles no se darían por enterados, y por eso el otro aprovechaba para meter el dedo en la llaga. — No he leído nada que haya venido de ti —porque estaban hablando de Evans, y bien podría hacerle una broma metida en un libro. Por no mencionar que toda la jodida biblioteca que le prestó era de hombres lobo.

Cuando oyó el aullido de un lobo común y corriente, Joshua sintió la impetuosa necesidad de responder el llamado. Lo frenó justo a tiempo. A pesar de que se suponía que los licántropos en su forma humana no tenían por qué tener esos impulsos animales, Joshua los tenía. No había investigado al respecto porque no quería saber la respuesta, lo asustaba descubrir algo todavía peor. Pero lo había notado: las ganas de aullar cuando oía otros lobos, el gruñido leve cuando algo le molestaba, incluso las ganas de asestar un bocado. Cerrando los ojos, esperó que el congénere estuviese bien luego de aquel quejido, y siguió su camino.

Yo no tengo la culpa de que seas hijo mestizo de troll —le dijo a Evans, sin venir a cuento. — O de troglodita, no me queda claro, creo que un cruce de esos —puso los ojo en blanco un momento, mirando a Denzel entonces. — Y el otro, hijo de sirenas, ¿se dan cuenta lo que significa? —empezó a exagerar, de forma natural. Como si intentara decir que si él era una criatura mágica, todos lo eran en cierta medida, parodiando el evento para reducir sospechas. — Podemos montarnos una banda de rock llamada Las Criaturas Mágicas —y eso era una ironía, por la carrera que estaba estudiando.

La cabaña existía, sí. Una cabaña destartalada que en algún momento sirvió como casa de campo de una familia, ahora reducida a madera húmeda y roída que era sensible al tacto y se rompía con relativa facilidad. Tenía un brillo fantasmagórico de color azul grisáceo que iluminaba las criaturas que se habían hecho en ella un hogar: ratas, conejos, y un buen surtido de insectos. Sin embargo, a la presencia humana, la luz desaparecía y el juego comenzaba.
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Denzel Smethwyck el Vie Nov 23, 2018 11:01 pm



Aquel día pasaron muchas cosas:

Mudo, silente, una piedra es lo que era. Una cara de pocos amigos y nada más. Denzel no quiso tentar demasiado a la suerte así que una vez dejado bien calada su pequeña punzada volvió sobre sus pasos. No obtuvo ningún acto de agresividad por parte ajena a como creía esperar, aunque no debería extrañarle demasiado, Joshua sabía controlar muy bien ese tipo de situaciones.

Si tenía que ser sincero, al castaño le embargaba la preocupación antes de tener visión sobre su nido de la pereza. Había que tener en cuenta que la bestia "devoralotodo" que tenían por visita estaba ese día rondando por allí, y aunque la casa no es que fuera precisamente una mansión, había conseguido mantener su espacio vital poco invadido aquella vez. Lo que duró poco.

Denzel dio un respingo tras reconocer la voz de Evans al poco rato de haberse acomodado para seguir perdiendo el tiempo con la orbenovela. Le había cogido por sorpresa y por poco no se le cae el cuenco de palomitas de las manos.

"¿Ey?" Me diste un susto de... Uh, olvídalo —El universitario estaba al borde de recostarse, pero como la aparición de Evans le interrumpió quedó en una postura extraña antes de rectificarse y quedarse recto con la espada hundida en lo fofo del respaldar.

Me extraña que no lo conozcas ¿Nunca ves la orbenovela? —Era cierto que muchas veces daban cosas inútiles, como lo era aquella, pero otras veces podías conocer infinidad de conocimientos la mar de interesantes, como esos documentales sobre "desentrañando la identidad del kraken... y cosas así.

Es bibidi, babidi y un destino

Denzel vio como la mano de Evans se abalanzaba cual invasor en tierra enemiga. Había confianza, pero ¿Acaso pretendía robarle su preciado tesoro gastronómico? No, jamás, y menos aún permitírselo a un movimiento tan "zombífico" como ese. Por eso alejó aún más el cuenco, en un movimiento de tan poco esfuerzo, pero ágil, que fue suficiente para sembrar el desconcierto en Evans.

No, no eres demasiado bueno para ellas —Sí. Porque eran las palomitas quienes debían ser impresionadas y no al revés, lo lógico.

Luego se llevó un puñado a la boca con ánimos de restregárselo. Eso propició que se pelearan por las mismas y entre unos tirones y otros acabó dándole una patada a la orbenovela, que acabó rodando por la sala.

Mira lo que has hecho —Se quejó para intentar desviar su atención y así hacer de madre protectora de aquellas palomitas cubriéndolas con su cuerpo entero. —Espera ¿Qué hace? ¡No cambies! —Pero fue demasiado tarde —Ahora venia la mejor parte...

Iba a sacar su varita para ponerlo de vuelta, pero se resignó, tumbándose con desgana, y con el cuenco entre sus muslos. Para qué esforzarse, no podías luchar contra un huracán.

¿Qué es eso?


—✦—


Fue el aullido de lobo lo que le dejó congelado en el sitio. De pronto aquel detalle le pareció más importante que cualquier otra cosa, más importante que acaba de rematar la humillación sobre la niña gótica, más importante que el "misterio" mismo, si es que había uno, más importante que nada más que pudiese tener importancia en aquel entonces.

Aunque intentara ocultar su inquietud, sus movimientos se percibí rígidos, pero era difícil verlo ya que con solo girar su cabeza hacia ti te deslumbraba, y si no lo hacía su silueta recortada pies a axilas era capaz de fundirse en la oscuridad del bosque.

Lobos... —Dijo al fin —¿Tengo que recordaros a todos que no vamos armados? Sería de estúpido dejar que eso permaneciera "así" —Lo dio con énfasis en las últimas palabras, como dejando entender de alguna forma en que los muggles no pudieran entender, que iban a requerir de sus varitas si eran atacados. Eso, o no dudaría en buscar alguna artimaña de las suyas, para distraerlos.

La bombilla minera se apagó de golpe, y poco menos de amedrentarse, Denzel se la retiró de su frente y la examinó con el entrecejo fruncido. Luego, tras ver que ya no le servía de nada se la puso en la cabeza a pequeño sin avisar ni nada

¿No la querías? Pues ya está


Denzel no estaba seguro de si podría aguantar un minuto más aguantando tanta tontería seguida una detrás de otra. Por un lado, estaba la niña esa que le sacaba de quicio diciendo cosas que ya eran bien sabidas. Sí, los fantasmas existen. No, nada de lo que dices es interesante ¿Estás segura de que esa es la dirección correcta?

Su mirada se dirigió hacia Joshua, incapaz de entender el significado de aquella broma con referente a los lobos. El hecho de que Evans siempre le estuviese buscando las pulgas, era algo muy común, pero hasta las bromas más absurdas tenían un sentido. Y esa en concreto le había hecho replicar de una forma poco usual.

En cuanto a la chanza que siempre le hacía debido a su atracción por las criaturas marinas ni siquiera le prestó atención, estaba demasiado ocupado examinando cada detalle del entorno por donde pasaban.

¿Hay alguna anécdota que me haya perdido? —Añadió Denzel en un intento de integrarse en la conversación.

—✦—


A la distancia cercana de la cabaña Denzel sentía como si unos ojos los observaran desde la oscuridad. A medida que se aproximaban a la misma, era posible darse cuenta, cómo la madera parecía tener vida propia, o al menos era la impresión que transmitía. Él pensaba que sería una ilusión óptica, un juego ante sus ojos por la luz de la luna. Pero la puerta claramente parecía inflarse y desinflarse, como si la casa estuviese respirando profundamente en un sueño que era mejor no interrumpir.

Denzel se volvió al resto, y como siempre evitó expresar sus impresiones al respecto de todo lo que le resultaba, sinceramente, escalofriante.

¿Esta es la famosa cabaña?

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Evans Mitchell el Sáb Feb 23, 2019 8:55 pm







Aquel día, con Den

—¡Oh!—El programa lo tenía enganchado, y hasta se había interrumpido a sí mismo (con lo difícil que era callarle la boca) para prestar atención a la popular leyenda urbana sobre una cabaña en el bosque, y supuestas desapariciones—Shhh—silenció, indiferente a si Den hablaba o no o si tenía la boca a punto de un reproche, como si robarse el control remoto le concediera pleno derecho sobre la televisión. Había que ser careta.  

Aparentemente, muchos adolescentes y no tan adolescentes se habían dejado arrastrar hacia dentro de un terreno boscoso por la ola de retos de valor y bromas pesadas que el sitio inspiraba, atraídos por la leyenda y la emoción de un buen susto.  

—Te digo qué—Lanzó, a modo de propuesta, retando a Den con una pícara sonrisa, de esas que aventuraban problemas. Por regla, lo que se le antojaba divertido a Evans Mitchell tenía la cargosa cualidad de resultar incómodo—. Hagámoslo—resolvió con un guiño de cabeza, confiado y en referencia al programa de creepy-pasta—. Te reto. Será como una acampada. Pero de miedo. Hace mucho que no hacemos nada tú y yo—dijo, casi dando lástima, pero más sonaba a reproche. Alargó una pata y sacudió la pierna de Den con un toque (por un momento casi piensas que iba meter el pie en los pochoclos, vaya amague de mala gente), e insistió—: Será divertido. Además, ¿no es eso lo que hacen los inefables? Tú tendrás que decirme qué diantres hacen algún día, pero tiene que ver con eso, ¿no?, ¿comprobar rumores?, ¿hallar misterios?, ¿no?  

Fijo que, de cara al futuro, hasta era capaz de sostener fehacientemente que lo había ayudado en su carrera arrastrándolo en esas excursiones de supersticiosos y fanáticos de lo oculto. Pero tenía un punto: ¿y si había algo de cierto en todo ello?, ¿secretos que sólo un mago podía develar?


*

Tommy quedó fascinado. Su hermana, Danara, resopló casi con disgusto al ver cómo el menor se maravillaba con que le regalaran un casco roto, porque a primeras vistas eso fue lo que sucedió: al chico raro de allí le falló la bombilla que daba luz y se deshizo del trasto como si tal cosa, haciendo que a Tommy le naciera una gran, gran sonrisa, y que se le pegara como lapa a lo largo del camino soltando conversación sobre lo que para su hermana eran la misma cosa, más trastos e inventos locos.

—¿Lo hiciste tú solo? Yo a veces me cuelo en el sótano de casa y hago mis propios inventos—comentó, entusiasmado y buscando acaparar el interés—He hecho…

Becca, por otra parte… ¿dónde estaba su amiga? Ah, claro, cómo no. A su lado por supuesto que no. Se había empeñado en desplegar el místico carisma que empleaba al hablar de brujas y criaturas, entre que tonteaba descaradamente con el chico de la gorra. Le había puesto el ojo desde que el otro, ése que parecía más cargoso que buena compañía, bromeara con que era un hombre lobo. Pero es que Becca era así. Si eran ariscos con ella, se enamoraba. No tenía remedio. Y mientras que al cargoso no le faltaban sonrisas, aunque se riera él solo, el de la gorra iba más callado que un muerto. Bastaba prestar oídos a los frustrados intentos de conversación de una muy persistente Becca.

Sin estar muy segura sobre qué iba la conversación, Danara podía, sin estar siquiera al pendiente, graficarse perfectamente la situación en su cabeza: ¿Cómo te llamas? Monosílabo. ¿Qué edad tienes? Monosílabo. ¿Estudias o trabajas? Monosílabo. ¿Sabías que hay siete maneras de convertirte en hombre lobo? Gruñido. ¿Te cuento cómo es la vida de un verdadero hombre lobo? Aullido… Danara tenía que admitir, que esos aullidos en la noche la ponían incómoda. ¿Había animales salvajes?, ¿tendrían que andarse con cuidado? Le preocupaba hasta encender una fogata para quemar malvaviscos. Desgraciadamente para ella, ni tiempo tenía para pensárselo, porque al tocapelotas se le dio por distraerla y meterse con ella, razón de más para adoptar con él la actitud más altiva de la que era capaz, o no fuera a ser que a él se le ocurriera tontear con ella, porque de eso nada.

—Estamos siguiendo los carteles, ¿ves?—
repitió por enésima vez, apuntando a una señal clavada en un árbol—. No estamos perdidos.

—Sabes que hay graciosos que han puesto carteles falsos, ¿verdad?


Venga, que pesado.

—Son estos, lo sé. No es la primera vez que hago el reto.


—¿Ah, sí?—Evans se interesó, retrocediendo para colocarse a su lado en el camino, adaptándose a su paso. Era tan alto que una pisada suya eran dos de Danara, o casi. Puede que simplemente su andar natural no fuera el de acoplarse al resto, él tenía que ir a su aire—. ¿Y…?

—Y nada. No encontré la cabaña. Algunos dicen que la han visto… otros mienten.
 

—¿Es una broma? Así que sí que estamos perdidos.


—¡Te digo que son estos!… Pero luego el camino sigue, y ese tramo hay que hacerlo a ciegas… Creo que… Sí, ese era el último cartel. Ahora estamos por nuestra cuenta.


—O era un cártel falso—
replicó él—y llevamos perdidos hace rato.

Danara hizo un alto y alumbró su cara de avivado con la linterna. El chico se molestó.

—¿Y eso cómo te deja ti parado en todo esto?—acusó, sonriéndose con mordacidad.

—Yo no alardeo de que sé cómo llegar—se justificó, y le apartó la linterna de una manotazo desganado—. Y hace rato que con los chicos estamos andando a ciegas.

—Entonces eres tú el que seguías los carteles falsos—se mofó Danara, continuando la marcha—. Menudo guía.

Evans se sonrió, y la siguió. Entonces, Becca soltó un grito que le desgarró la garganta. Tommy saltó en el lugar. Evans se volteó y apuntó el sitio de donde provenía todo el ruido, y a Danara se le escapó el corazón.

—¡Joshua, no muerdas a la chica!—exclamó en el acto, en medio de la confusión—¡Mal perro, mal perro!

Una acusación sin fundamento.  

—¡Era una rana!, ¡me saltó a la pierna, yo…!


¿Hay una anécdota que me haya perdido?

A Evans le entraron ganas de carcajearse. Primero, Becca y su grito, y luego Den saliendo por un costado, indiferente del terror que un roce en la oscuridad podía provocarle a una muchachita asustadiza. Por poco se asusta él, con tanto grito. Pero lo inoportuno del comentario, totalmente desapegado del terror momentáneo en el que los sumió el exagerado grito de espanto, hizo que Evans se relajara.

—Nada, la chica de allá casi se muere y nos mata del susto, pero tú tranquilo—Evans lo apuntó con la linterna—. ¿Y qué le pasó a tu caso? Completamente normal y ordinario—añadió, metiéndose con Den y su manía de salir con sorpresas—Como todo lo que llevas encima. Normal y ordinario—Esta vez, casi parecía una advertencia solapada. Sólo entonces se fijó en que el casco había cambiado de dueño—. Ah. Bien, entonces—Se adelantó de cara al resto a modo de proclamación, alumbrándolos a todos con la linterna, casi como si su plan fuera dejarlos ciegos. Iba de gracioso—. Estamos perdidos. Pero estén atentos. El reto es encontrar la cabaña, donde quiera que esté.    


***


La encontraron, pero para cuando lo hicieron, Evans y Danara seguían ensartados en una discusión sobre pamplinas. Llevaban haciendo eso todo el camino. Cuando se pensaba que Danara lo iba a golpear con la linterna o Evans iba a tirarla de los pelos, ambos se reían, y el presunto golpe con un objeto contundente era en realidad un empujoncito tonto, y el tirar ofensivamente de los cabellos era sólo acomodarle el pelo detrás de la oreja. Tommy no había dejado de resoplar asqueado desde que los viera así de pegados, y tuvo que llamarles la atención para que se dieran cuenta de que estaban frente a la cabaña. Hasta se ofendió porque tardaran tanto en tropezar con lo que tenían delante de las narices.

Tommy, a diferencia de la lenteja de su hermana, estaba a rebosar de entusiasmo. Fue el primero en correr hacia la puerta desvencijada, chillando de júbilo, y Evans tuvo que morderse la lengua para no gritarle que volviera. No sabía cómo ponerlo, porque sólo podía valerse de las luces de las linternas sobre la fachada, pero había algo ciertamente escalofriante sobre la cabaña. Los muggles se adelantaban hacia la cabaña, pero él permanecía en su sitio. Sólo la pregunta de Den consiguió sacarlo de su ensimismamiento. Se le acercó, en confidencia.

—Oi, ¿tú no ves nada raro? Como que…

*

DENTRO DE LA CABAÑA


Becca se adueñó del lugar, sin ningún tiquismiquis. Movió la mesa, acomodó las sillas, desempacó el juego de guija, libros de hechizos y hasta una calavera y decoró cada empolvado rincón con velas e incienso, entre otros accesorios que llamaban a gritos a satán y a saber qué otros demonios. Se pensó que el chico Joshua la miraba a ella cuando deshacía telarañas y no necesitó otro piropo que ese para sentirse satisfecha consigo misma, incluso a pesar de los cargosos comentarios del castaño, el que casi se había hecho amigo de Danara, y que intentaba desalentarla especialmente en prender más velas, aseverando a que iba a prender fuego la cabaña. Como si algo así fuera posible.

Tommy priorizó la comida y se encargó de servir los víveres que había traído consigo: toda comida chatarra para llenar la panza. Había empezado a repartir sándwiches, o esa fue su intención, cuando le tendió el primero a su ídolo del casco, pero puso mala cara cuando Evans intervino y le robó el buen gesto de las manos, con total naturalidad, cuando era más que obvio que no se lo estaba ofreciendo a él de buenas a primeras.  

—Entonces—dijo Evans, robándole una mordida al sandwich e indiferente a la mirada de pocos amigos que Tommy le lanzaba. Se acomodó en una de las sillas dispuestas alrededor de la guija y con una voz algo descreída, apostó por la más evidente—: Vamos a hablar con los muertos.

Danara le tendió una grave, gravísima mirada, seguro por hacerse la interesante.

—No sólo ‘hablar con los muertos’. Los muertos van a hacer algo por nosotros.


La risita de Becca hizo que Evans se sintiera levemente inquieto.

—¿Ah, sí?


—Sí. Van a matar por nosotros.


Silencio.

—¿Qué?—Evans rió—. Estás bien loca, ¿lo sabes?

Danara se encogió de hombros.

—Dices que no crees en estas cosas. No debería darte miedo.

Evans suspiró.

—Bueno, quizá yo también quiera matar a alguien. Así que, ¿cómo funciona?, ¿anotamos los nombres de las personas a las que vamos a matar en un papelito o algo?, ¿y los fantasmas hacen el resto? Joshua—advirtió—, si tú escribes algo, mejor deja que yo lo lea primero.

—¡No!—exclamó Danara, molesta—Vamos a matar a Taylor Johns, Shirley Hubert, y Marcy López.

—Ok, ok, ¿y qué nos hicieron?, ¿por qué las odiamos tanto?

Danara esbozó una sonrisa misteriosa.

—Eso no te importa.

—¿Cómo?, ¿voy a matar a alguien y no sé por qué?—se quejó Evans, fingiendo el tono ofendido que empleaba al hablar—. Bueno, pero dile a la loca de tu amiga que deje de querer prenderle fuego a la cabaña. Y no es que quiera meterme contigo, corazón, pero ese lobo al que le sonríes tanto, te tengo noticias: es gay—Y sonriéndose y dedicándole un guiño a Joshua, añadió—: Sé de buena mano que tiene un crush con mi cara.  

Fue como si a Becca la hubieran abofeteado en pleno rostro, y se le aflojó la mandíbula.

***


La idea de la güija era hacer una ronda y colocar las manos sobre el puntero. En algún momento, la situación pareció estar poniéndose seria, y cuando lo más fácil a esperar hubiera sido una broma de Evans, se sintieron golpes en la puerta de la cabaña. Danara se llevó un susto de muerte, pero fueron Becca y Tommy los que soltaron un gritito.

—¿Son los muertos?—preguntó Tommy, lleno de ansiedad—¿son los muertos?

Evans no pudo evitar carcajearse con el rostro hundido entre los brazos, tirado sobre la mesa. Hasta que lo dijo, repasando con cierto humor las expresiones de espanto.

—¿Quién va a abrir la puerta?




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Joshua Eckhart el Mar Feb 26, 2019 10:32 am

Joshua era de ese tipo de personas que, si no siente interés alguno, no va a esmerarse en hablar con esa persona. Los monosílabos, por ejemplo, eran la buena manera de dar a entender a alguien que no quería seguir la conversación, pero la chica aquella no parecía comprenderlo en lo absoluto. Se limitaba a responder y callar, sin que ella se diese por enterada de que realmente no quería hablar en lo más mínimo, y menos cuando hablaba con su supuesto conocimiento de los hombres lobo.

Le llamaba la atención, sin embargo, escuchar un llamado. Se había convertido en algo inherente saber si era un aullido de advertencia, de amenaza o de territorio, pero se lo guardó para sí mismo mientras intentaba ignorarlos. Tanto como ignoraba a Berta, o como se llamara aquella muchacha que no paraba de tocarle las narices.

¿Por qué se supone que buscábamos carteles…? —le preguntó al aire, sin estar seguro de cuál era el juego en todo aquello. — En serio, no sé qué estamos… —“haciendo”, pero no lo dijo, porque entonces ocurrieron muchas cosas: un ruido, y de ahí un grito y una sucesión de cosas que Joshua habría estado feliz de no haber presenciado. — ¿Sabías que tú y tu cabaña se pueden ir al demonio? —le preguntó a Evans, de repente.

Estaba hasta la coronilla de sustos de niños y de cabañas de mierda, y en ese momento se preguntó por qué es que había decidido unirse al circo de esos idiotas. Trató de relajarse, estaba empezando a estresarse. ¿Por los gritos, por Evans siendo un idiota? No. Porque los lobos hablaban, algo merodeaba los alrededores, y Joshua estaba seguro que no se estaban refiriendo a seis humanos en el bosque. Era un aullido de alarma y de peligro. El bosque no era seguro.

***

Un amargado, sí. La verdad era que todos esos cuentos no parecían moverle el suelo a Joshua, quien permanecía tranquilo respecto a la evidencia de que sólo estaban haciendo el idiota en medio del bosque. Incluso, se sorprendía que Denzel se prestara para situaciones de ese estilo, para llevarse llevar por Evans a través de un bosque buscando supuestos fantasmas y cosas del estilo. Joshua, en cambio, omitía preguntarse a sí mismo por qué había decidido acompañados, empeñado en el pensamiento de que estaba en la búsqueda de un refugio.

Muy para su sorpresa, sin embargo, sí alcanzó a ver una edificación, una cabaña. Y se sorprendió por dentro, porque no esperaba encontrar nada en ese juego de niños. Razonable, sin embargo, pensó que se trataría de la cabaña de un guardabosques o, en su defecto, de algún tipo de seguridad que respondía para salvaguardar ese lugar. Creyó, pues, que no serían raros los reportes de adolescentes idiotas perdidos entre los árboles. No era necesario más que mirar a su alrededor para darse cuenta de eso.

En todo caso, no contentos con el hallazgo, sus compañeros de expedición se decantaron por entrar a explorar. La chica que no lo dejaba en paz se dispuso de aquí a allá a moverlo todo, y mientras Joshua miraba sin mirar en su dirección, se preguntó si hacer algún tipo de postre cuando volviese a casa, imaginándose el proceso de amasar algunas galletas y entreteniéndose con eso hasta que regresó a la tierra con Evans, como siempre, siendo un idiota inoportuno.

Podría escribir un papelito yo también, o una madera entera si quieres: EVANS MITCHELL, en mayúsculas —le contestó a Evans cuando él le dijo que quería leer si él pensaba matar a alguien. Por supuesto, esas criaturas llamadas jóvenes les dijeron que ellos no tenían voz ni voto en eso. Se volvió hacia Denzel. — Vamos a ver, si yo fuera un fantasma, no le haría ni puto caso a dos adolescentes queriendo que mate a los bullys que les roban el almuerzo —le dio su opinión a su amigo, antes de volver a oír a Evans referirse a él. — El único “crush” que tengo con tu cara es el “crush” del puñetazo que quiero darte, Mitchell —contestó. — No deberías exteriorizar tu sexualidad en mí.

A Evans podían irle las chicas, los tíos o las papas si él quería, pero que dejase su sexualidad en paz. Que vamos a ver, Joshua no la tenía muy clara tampoco, sin embargo era su decisión para tomar y no del idiota de Evans. Agradeció, sin embargo, el gesto: esperaba que al menos Berta dejase de intentar hablar con él si veía que no tenía oportunidad ninguna de conseguir su interés.

***

Joshua se había cruzado de brazos y recargó su cadera sobre una de las paredes cercanas a la puerta, más que nada por escuchar si había algo. No sabía qué tipo de peligro habían intuido los lobos, pero se imaginó algún cazador o una cosa por el estilo, antes que cualquier situación paranormal. Quizá un humano armado que realmente significase una amenaza, u otra manada de lobos que no era precisamente amistosa para quienes estaban asentados aquí.

En eso iba pensando mientras el grupito estaba jugando con aquella tabla, sin verse interesado en participar en lo absoluto. Lo sorprendió, sin embargo, saber que alguien estaba tocando la puerta, y no pudo evitar preguntarse quién era. Se imaginó, no obstante, que debía ser una broma de Evans, juzgando por cómo actuaba.

Si es un muerto, estoy seguro que debe ser la fallecida credibilidad de Evans —les dijo, acercándose a la puerta y tomando el pomo frío, girándolo lentamente. La puerta emitió un rechinido mientras tiraba de ella, abriendo paso a lo que sea que hubiese ahí fuera.
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Denzel Smethwyck el Miér Mar 06, 2019 6:51 pm



Interludio

Lo que en principio había nacido como un sentimiento de duda por haber participado en tal pérdida de tiempo había transmutado en algo por lo que al final ceder y dejarse llevar. Si le preguntabas qué era ni él sabría responderte. Lo más seguro es que ya estaría hasta cansado de cuestionarse qué estaba haciendo y por qué se mantenía allí tras haber deducido hace largo rato qué no iba a descubrir nada nuevo a partir de entonces, sólo bucle de idiotez tras idiotez del que ya era parte y no podía pararlo, aunque le pusiera un “break” al “while”.

Una cara larga, dos ojos cansados de parpados caídos. La boca estaba cuanto más estirada y los brazos se dejaban tender caídos como de un “Ent” errante milenario se tratase. Ahora, memoriza bien esa cara pues aquella era la expresión que iba a acompañar a Denzel durante el resto del recorrido. No a menos que algo despertara su curiosidad científica, una curiosidad que iba mermando con cada palabra de esa tal… ¿Cómo es que se llamaba? ¿Begoña? Mira, hasta se olvidó de su nombre.

—¿Lo hiciste tú solo? Yo a veces me cuelo en el sótano de casa y hago mis propios inventos. He hecho…—¿Eh? ¿Qué? Niño, que te di el casco para que me dejaras en paz, “frus frus”. Resonó en su mente. Pero ah, sí que tenía una hermana pesada. Sólo por eso el trato con que le respondió nada tenía que ver con lo que por su mente había pasado.

¿Hm? Ah, un alma curiosa —Denzel se agachó con curiosidad para mirar mejor a Tommy, pues hasta ahora se había limitado a cerrarse en banda a los nuevos y poco se había fijado en sus caras —Sólo por eso voy a concederte el don de la magia —Dijo en un tono juvenil, desenroscando aquella bombilla inservible que el niño portaba como regalo. Escondía la varita en una manga, oculta ante todos, aunque por lo que iba a hacer estaba delatándose claramente ante sus compañeros brujos.

Su mano había cubierto en un movimiento como de cuatro fases lunares, el círculo de aquella bombilla que luego hizo sostener por el niño con índice y pulgar. Cuando descubrió la bombilla esta brillaba como si fuera el propio Tommy quien la hacía brillar. Denzel sonrió, y levantando el casco del menor le revolvió el pelo.

¿Qué? Es solo una bombilla —Respondió en susurro por ese carraspeo que cualquiera habría hecho ante aquel acto — Además míralos, estos no sospecharían nada... ¡Ni aunque les gritaras en la cara!

—Aaaah ¿Pero…? ¿Por qué gritas…? ¿Era necesario? —Cuestionó la asustadiza de Becca que estaba junto a sus dos hermanos que permanecían en ese momento en la vanguardia.

¿Ves? —Añadió de nuevo entre susurros con un gesto cómico. Luego se adelantó tarareando una dulce canción.


Cercanías

Si conocías a Denzel, tú te preguntarías, pero ¿Quién era ese y que había hecho con el verdadero Smethwyck? Claro, porque tu recordarías esas tantas escenas en las que la terrible cortina de oscuridad, el tupido velo negro, hacía que el joven inventor perdiera los estribos, y te lo vieras sollozando por cada esquina y ahí capaz se subiría a la copa del árbol más alto y de ahí no lo bajaba ni diez equipos de bomberos. No, no era un gato. El caso es, que tanta tontería hacía que por un momento olvidara sus traumas, pero no podía negar que una terrible incomodidad se había alojado en sus entrañas, como sentimiento plomizo que residía latente, mutando a dinamita al borde de entrar en contacto con fuego. Era el gato de Schrödinger, ni vivo ni muerto, ni asustado ni sereno.

¡Ala! Escandalosos, su corazón le dio un vuelto despertando todas sus alarmas. Aunque parecía hecho de cerámica pues sus acciones no mostraron ningún tipo de alteración, no podía ni iba a permitir que Evans se saliera con la suya. Tan calmo se acercó a Evans ¿Y qué…?

¿Tanto alboroto por una rana? —Señaló su casco en la cabeza de Tommy. Luego vino su broma —Ja, ja... —Ironizó una risa y ni se molestó en comentar nada al respecto.

—✦—


Oye Tommy, no te acerques tanto tú solo. —Era el único nombre que había memorizado. Si no se preocupaban las lerdas de sus hermanas tenía que hacerlo él. Puede que no estuviera muy influenciado por sus intenciones de sembrar el miedo, y los fantasmas como los conocía él no eran cosas que temer. Pero ante una cabaña descuidada era imposible no pensar que ahí pudieran vivir drogadictos, carroñeros… O vete tú a saber qué otro tipo de cosas más realistas ¿Estaban siendo insensatos? Sí, no lo ponía en duda para nada.

—Oi, ¿tú no ves nada raro? Como que…

¿Ah? ¿Tienes ganas de irte? —Cuestionó a posta para ver su reacción, sin hacer mucho caso, andando hacia donde se hallaba el pequeño pues no le gustaba la idea de que estuviera tan expuesto en ese lugar.


En la cabaña

Denzel se había mantenido callado todo el tiempo que estuvieron allí. Se había hurgado el oído hasta sacar una virutita de cerumen que luego echó en las cenizas dispuestas en un cuenco negro que se había traído la gótica esa. Bostezó, quería dormirse, pero los alborotadores esos no le dejaban. Cuando se acercó Joshua a preguntarle sobre fantasmas en lugar de responderle fingió dormir en su hombro. En su sueño, claro, porque eso realmente acababa de suceder minutos atrás y no dentro de la cabaña.

¿Qué dices del profesor Binns? —¿Qué? ¿No era que le había preguntado algo sobre fantasmas? —Lo siento ya perdí el hilo ¿Podemos empezar desde el principio ¿No? Vale…

Total, que la función se la ouija esa seguía en marcha y en un determinado momento sonó la puerta volviendo a sacarlo de su sueño lúcido.

¿Quiere alguien abrir esa puerta, por favor?

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Evans Mitchell el Dom Mar 10, 2019 6:02 pm





¡Ni aunque les gritaras en la cara!


Hasta Evans, que era un incorregible, abrió tanto los ojos por lo inesperado de la escena. Eso era meterse gratuitamente con los pobres e ingenuos muggles.

—¿Pero qué…?


Pasado el momento, se echó a reír, cubriéndose la boca como quien disimula y falla estrepitosamente. Hubo de parar enseguida para hacer de mediador, porque no era cosa que las chicas se ofendieran.

Becca aseguraba que su amigo estaba loco, y Evans se limitó a asentir con una sonrisa, porque si esa idea atenuaba el ambiente, pues estaba bien, y Denzel no se estaba esforzando mucho en parecer otra cosa, pero le hacía gracia.

—Que son muggles, no animales de zoo—le reprochó, cuando finalmente lo alcanzó—. No ven cosas, pero sí se dan cuenta si les gritas en la cara—Sonrió—. ¿Cuándo te volviste tan bully?—Y añadió, a modo de broma—: ¿fui una mala influencia para ti? Vamos, que me da pena hasta mí lo borde que eres. La chica piensa que capaz estás loco y nos matas a todos. ¿Debería preocuparme?

Pero parecía más bien encantado con que su amigo espantara a las personas.



Podría escribir un papelito yo también, o una madera entera si quieres: EVANS MITCHELL, en mayúsculas…


De un tiempo a esta parte, Evans no hacía más que sonreírse cada vez que Joshua soltaba una de sus gansadas. Tenía que admitir que, siendo Evans, se sentía mucho más cómodo teniendo al lado un perro rabioso siempre al ataque que en la compañía del otro Joshua, el frío y calculador y perverso. Por eso, no había para él mejor momento para disfrutar del buen humor del hombre lobo que los días próximos a la luna llena. Hasta podía llegar a tener conversaciones con ese Joshua.

—Si fueras un fantasma…—
repitió Evans, y su expresión se tornó profundamente reflexiva—. Así que tú eres, de hecho, una ‘cosa viva’—bromeó. Chasqueó con la lengua negativamente cuando Joshua le develó sus violentas intenciones, cuánta saña contra su integridad física—Vamos, Josh. Qué sensible estás hoy. Alégrate y come algo—añadió, arrojándole un dorito, que con tal suerte fue a enredarse en el pelo de Danara, y Evans se limitó a encogerse de hombros. El comentario sobre su sexualidad no le iba ni le venía, pero le guiñó un ojo en respuesta, sólo por mosquearlo.





La fallecida credibilidad de Evans…

La puerta se abrió, y no había nada. Evans resopló con una ligera mueca entre la burla y la molestia y se puso en pie arrastrando la silla con un chirrido. Al pasar por al lado de Joshua lo empujó con el hombro, no tanto porque estuviera en el medio, sino por mera costumbre, y se le adelantó para echar una mirada. Nada. No había nada, ni girando la cabeza hacia aquí, ni por allí, nada, absolutamente nada.

—Una roca o algo—aventuró, conjeturando sobre qué podría haber sido lo que golpeara contra la puerta—. Por el viento o…—Mientras hablaba, ojeaba de arriba hacia abajo y por los costados, por un signo de algo, pero bastante convencido de que, en efecto, no había sido nada—. No sé.

El viento había crecido allá afuera y silbaba entre los árboles. Terminada la inspección, Evans se volvió hacia dentro y cerró la puerta tras de sí, con una sonrisa de suficiencia en los labios. Estuvo a punto de abrir la boca para soltarle un comentario a Joshua, cuando sucedió de nuevo. Esta vez dos golpes. Firmes y retumbantes, como los de un puño violento llamando a la puerta. Evans se paró en seco, y por la expresión de desconcierto en la mirada al voltearse repentinamente, no se lo esperaba. Pero pasado el momento, se sonrió.

—¡Joshua, joder contigo!

Evans sólo estaba seguro de una cosa, él no era el de la bromita con la que los muggles se estaban haciendo pipí del miedo. Había con él dos magos que podían querer jugársela, pero independiente de cuál fuera la explicación, Joshua siempre era su sospechoso número uno. Le hacía gracia que quisiera intentar salirse con la suya, ¿eso era todo lo que tenía? Además de que esa noche saltaba por cualquier cosa cuando ni siquiera era luna llena, porque joder, Joshua se ponía como una nenaza cuando estaba en sus días, siempre tan sensible, además de eso, quería jugarle bromitas. Ok, eso iba a ser divertido.  

—¿¡De nuevo!?—El chico Tommy estaba aterrado—¿Qué hay ahí?, ¡mira otra vez, mira otra vez!

Evans se molestó. El chico no le caía bien desde que había visto que Denzel le sonreía y hacía amistad con él. Si hasta lo había dejado plantado con la palabra en la boca, sólo para ir tras el chico que se había lanzado dentro de la cabaña saltando del entusiasmo. Míralo ahora, pálido del miedo y gritando órdenes para mandar a otros a enfrentarse a los zombis. De preguntarle por qué esos eran motivos de peso para que el pobre chico no le cayera bien, ni siquiera él podría explicarlo. Le provocaba molestia, eso era motivo suficiente para Evans.

—¡Que no hay nada!—exclamó, abriendo la puerta de un tirón para que pudieron ver… Tommy se tapó los ojos, una de las chicas soltó un grito…pero detrás de la puerta no había nada. Evans volvió a cerrar, esta vez de un portazo—¡Mira tú la próxima vez!

Entonces sucedió, y la primera reacción de Evans fue cubrirse la cabeza, pero nada lo golpeó, aunque se sintió como si una lluvia de cascotes azotara la cabaña. El techo, las paredes, retumbaban con fuertes golpes, dispares e insistentes, todos a la vez. De no estar convencido de que el culpable ahí era Joshua, probablemente se hubiera asustado, pero a pesar de la confusión inicial, se recompuso con la dignidad bien puesta y le dedicó a Joshua una dura, desafiante mirada, que decía a las claras que eso no lo sorprendía. Entre ellos, una ráfaga de aire se interpuso como una cuchilla y forzando la puerta, entrando a la cabaña y apagando todas las velas. Y se hizo la oscuridad.

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Joshua Eckhart el Miér Mar 13, 2019 9:36 pm

Una vez en la cabaña, Joshua se sintió sobrecogido y no por cuentos de fantasmas, sino por lo que escuchaba en la distancia. Los lobos aullando, advirtiendo de un peligro del que todavía ninguno parecía saber de qué se trataba. Trató de distraerse hablando con Denzel, este decidió ser un idiota y recargarse en su hombro fingiendo dormir, a lo que Joshua respondió empujándole para apartarlo, abriendo el brazo para empujarlo con el codo.

No, no podemos —le contestó seco, orgulloso además. Evans, en cambio, siempre estaba listo para meterse en los asuntos de todos los demás, y en las conversaciones que no le competían. — Vete al demonio —fue su respuesta que podía servir para cualquier situación, en especial si estaba hablando con Evans.

Se cruzó de brazos, recargándose cerca de la puerta mientras se limitaba a ignorar a los humanos en la habitación. Estaba más interesado en lo que tenía que decir el exterior, al menos hasta que la puerta fue tocada. Joshua, quien estaba más cerca, fue el que acudió a abrir la puerta, sólo para no encontrar nada ahí fuera. Asomó la cabeza, pero no había nadie cerca, y tuvo que endurecer el hombro cuando se dio cuenta que el estúpido león iba con toda intención a chocarlo, cosa de que no lo empujara.

Claro, porque las piedras se lanzan solas a las puertas, maravillosa idea —ironizó el licántropo la idea de Evans que era más estúpida, aunque tampoco sabría decir qué era exactamente lo que había ocurrido. Volvió a cruzarse de brazos y retomar su lugar, hasta que dos golpes volvieron a llamar a la puerta. El idiota de Mitchell lo culpó. — Qué gracioso, puedes dejar el teatro, nadie te cree —le dijo con el escepticismo marcado en la voz.

¿Qué tenía él que hacer ahí? ¿Ponerse a jugarle bromas al estúpido de Evans Mitchell? ¿Preocuparse en hacerle pasar una noche dura a tres muggles? Eran planes más bien con la mentalidad escasa de Evans, antes que la suya. Por no mencionar que de partida había sido idea del león, había que ser tonto para pensar que no querría jugársela a quien fuese que lo acompañase. Y luego se preguntaba por qué a nadie le caía bien.

Se apartó de la pared de inmediato cuando sintió los golpes, temiendo que la madera fuese a ceder con la fuerza de los golpes y se cayese encima de él. Toda la madera retumbaba en la fuerza de los azotes. Quiso mantenerse todavía con la mente fría y pensar que era algún hechizo tonto que había ideado Evans, o una broma cuando menos, para asustarlos. No lo amedrentó la actitud que se presumía inocente de aquel idiota.

Fue en ese momento que la puerta se abrió de repente, chocando contra la pared en un azote, y una ráfaga de viento apagó todas las velas. Joshua se recompuso del sobresalto, inhaló y suspiró. — ¿Denzel? —preguntó, porque sabía que su amigo le temía a la oscuridad. — No te muevas de donde estás —lo advirtió, tratando de encontrarlo en las sombras.

Su vista era un poco mejor a la vista del humano promedio, pero no era tan buena como la de un animal. Se acostumbró más rápido y mejor a la oscuridad, pero eso no quería decir que viese con la claridad del día. Encontró a quien creyó era su amigo y le colocó una mano en el hombro, apoyándolo mientras buscaba su varita para encender una luz.

Ya está bien el juego, Evans, no es divertido —insistía en que tenía que ser él y no otro. Cuando encendió su varita, se dio cuenta que no estaba sujetando a nadie.
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Denzel Smethwyck el Vie Mar 29, 2019 3:58 pm



Oscuridad perpetua. Denzel tanteaba desesperado el suelo. No había nada al alcance de sus ojos excepto una luz muerta en el exterior que tímida no llegaba a avanzar desde la entrada, y por si fuera poco, ésta se volvió a cerrar con la misma fuerza que como lo hizo al abrirse.

Imponiéndose como tirana, un portazo fue el pistoletazo de salida para el comienzo de los horrores. Subida de sus pulsaciones, respiración agitada, cual búho ojos ensanchados, tratando de ver lo que era imposible. La ansiedad se había apoderado del joven universitario.

Escuchó la voz de Joshua llamarle no muy lejos, pero no era capaz de tranquilizarse, no era capaz de usar siquiera la razón. Retrocedió sentado, arrastrándose mientras se empujaba con la planta de sus pies, descoordinadas, como si no se pusieran de acuerdo. Su espalda chocó contra la pared. Sentía el hielo en el aire llenar sus pulmones y su respiración apresurada podía escucharse en toda la habitación. Sentía el frío cortarle la piel, su mente empezaba a alucinar y los pequeños destellos en su mente dibujaban figuras y enemigos a su alrededor.

“Estoy solo, estoy solo”


Se repetía. Abrazado a si mismo temblaba, pinchazos en la pared sentía. No sabía cuanto más podía durar aquello, pero las leves siluetas que ya no distinguía entre imaginación y realidad empezaban a distorsionarse. Cerraba los ojos, pero no servía de nada. Balanceaba su cuerpo en movimientos reiterados. El suelo se lo tragaba, pero ¿Era otra jugada de su mente?

Astillas se clavaban, cortaba y ramas arañaban su piel. Caía. Trataba de aferrarse, pero era tierra heterogénea la que se deshacía en su agarre. Un fuerte golpe y cuando se tocó notaba la sangre brotar de sus cortes. Magullado seguía sin poder ver nada, indefenso. Se tapó los oídos y un grito desesperado salió de su boca.

¡Joshua…! ¡Evans…! —Ya no escuchaba sus voces. Sus ojos mantenía cerrados con fuerza y no sabía dónde estaba, pero tenía la sensación de haber descendido por un largo túnel donde las raíces de los árboles cercanos a la cabaña alcanzaban. Hacía mucho más frío allí. Pronto sintió la presencia de algo en aquel lugar, algo muy cerca de él y cuanto más próximo de su persona sentía ese álgido cercano al bajo cero en su cuello. Fue rápido buscando su varita, y cuando se aferró a ella abrió los ojos. Vio una cara de espanto frente a él, se apartó de un brinco, mas fue como un flash, pues cuando convocó un lumos y alumbró la estancia, aquel rostro desapareció.




Por un momento creyó que lo tenía todo controlado. Sin embargo, poco duró aquella situación. Pronto sintió que algo estaba asfixiándolo, su varita cayó de su mano, y sus piernas se retorcía intentando escapar de su agarre. Sus ojos perdían visión, nadie podía ayudarlo. Las raíces quedaron mudas, y nada podía evitar que se matara… ¿Matara? Vaya… Cierto, era él quien se estrangulaba.

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