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Priv. || Juegos en la oscuridad ||

Evans Mitchell el Dom Sep 16, 2018 2:20 am

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Desde que Evans Mitchell se pasaba por allí con la excusa de visitar a Denzel, no hacía más que asaltar la alacena. Haciendo sospechar a cualquiera con dos dedos de frente sobre sus verdaderas intenciones. Lo decían, los tarros vacíos de crema de maní, las cajas abiertas de cereales, y la cantidad de nuevos hechizos antirrobo que habían sido colocados estratégicamente, aquí o allí, y que si no atrapaban al culpable, lo cazaban a Denzel con la guarda baja, inocente de todo, o a un dormido Joshua que había olvidado su último plan maestro contra las ratas de alacena.

Si querían convivir, habría de hallar otra estrategia que no acabara con una maldición a las tres o cuatro de la madrugada porque querías hacerte un emparedado nocturno o, en fin, servirte o hacerte lo que era normal en una cocina ausente de peligro mortal.

Evans se había aprovechado de la situación para aventurar que Joshua estaba algo “loquito” (como le recordaba a Denzel mediante un vocabulario gesticular muy elocuente cada vez que Joshua se daba la vuelta), o paranoico. Desentendiéndose del asunto, como si nada de eso tuviera algo que ver con él, como si las libertadas que se tomaba no fueran…

Antes de seguir, hay que decir en su defensa, o supuesta defensa, solía pasar después del trabajo o la facultad, y estaba muy agotado como para pelear sobre si lo suyo era caradurismo o no, así que (como bien le decía a Joshua cada vez que se lo cruzaba y pasándolo olímpicamente por alto mientras que se paseaba por el lugar como pancho por su casa) él sólo se haría un sanguchito (con crema de maní) y se echaría una siesta, ¿ok?

Joshua no tenía por qué cuestionarle nada al respecto, porque después de todo, como siempre le recordaba, esa no era SU casa, Denzel vivía ahí también, y mientras él viviera ahí… En qué punto Evans Mitchell se había arrogado derechos matrimoniales con la persona de Denzel Smetwhyck era un misterio.

El caso es que, no contento con hurtarles la comida, a veces hasta se te acercaba para darte conversación porque, como era muy sabido, Evans Mitchell no era alguien que pudiera estar a solas con sus pensamientos.  

Vaya a saber por qué a Evans se le había dado por soltar historias de terror cada vez que abría la boca durante esas últimas semanas. Hacía días que andaba en las mismas. Cualquiera diría, por esas ojeras que traía, que debía hacer terapia relatando hacia fuera sus pesadillas en forma de cuentos “para antes de ir a dormir”, pero el caso es que esta era una leyenda urbana, que, según sus fuentes, bien podría ser el espécimen de una criatura oriunda de otra frontera, algo exótico de ver.

***


En un bosque de Inglaterra a la vera de la carretera, hacia dentro, había una cabaña carcomida por los años. Eso decían, los que en su tiempo se animaron a incursionar en el boscaje frondoso y la niebla, a pesar de la leyenda de los niños desaparecidos.

A día de hoy, hay quienes toman sus grabadoras y sus linternas y sus bolsas de dormir, a espaldas de sus padres, y se proponen acampar por la noche en un sitio tan aterrador como lo es un bosque solitario y misterioso por la noche.  

Danara, Tommy, Adan y Becca se sentían aventurados a hacerlo, como buenos amantes de las historias de terror, lo místico y lo paranormal. Y eligieron para ello una noche de luna llen… No podían, porque por esas fechas Danara estaría recibiendo familiares en casa y sería muy difícil escurrirse (por la estúpida boda de su prima Sophie). Pero con o sin luna llena, los espíritus gritaban lo mismo, listos para saltarte desde las sombras.  

Habían decidido reunirse, con linternas en mano y mochilas de campamento, y aguardaban, ellos aguadaban, en la oscuridad, entre los árboles angostos y tenebrosos, con sus luces blancas y encendidas, a que el último integrante del grupo, Adan, se encontrara con ellos. Tommy era amigo de Adan, le gustaba conversar con él y no era un tonto como Becca y su hermana juntas, no. Por eso, le preocupaba que todavía no llegara. Si Adan había dicho que iba a ir, iría, él no faltaría a su palabra.

Pero su hermana y compañía no pensaban lo mismo. Reían como maníacas luego de esa bromita desagradable que Becca le había hecho a él asustándolo por la espalda. Insistían en tratarlo como a un mocoso al que habían tenido que arrastrar porque no les quedaba otra, pero él ni loco les prestaba su grabadora a esas dos para que se la rompieran. De eso nada. Además, a pesar del miedo que no tenía vergüenza en admitir, estaba por otra parte muy entusiasmado. Lo único que lamentaba es que Adan ya se estaba tardando demasiado. Y como temió, las otras dos, envalentonadas por vaya a saber qué impulso interno, decidieron avanzar a pesar de todo. Sin quedarle más remedio (porque eran bien capaces de dejarlo atrás, y solo), las siguió. Pero, en consideración a Adan, y aun sabiendo que tenía un mapa, dejó señales en los troncos de los árboles (notitas pegadas con cinta), para que le fuera más fácil seguirles la pista.
 
—¡Dana!—llamó—, ¡espera!

Resopló molesto y se adelantó a la carrera, sujetando la grabadora con su zurda. Las otros dos habían decidido que era muy buena idea complotarse para salir corriendo y perderse entre el boscaje con sus carcajadas persiguiéndolas entre la neblina. Tommy sintió que se desesperaba cuando las oyó chillar, saltándole el corazón en el acto, ¿¡por qué tenían que ser así!? De verdad, no entendía cómo a Adan podía gustarle su hermana.

—¡Dana!, ¡Becca!, ¡PAREN!

Él paró. Frente a los cuerpos tendidos y ensangrentados de ambas, retorcidas en el suelo de cualquier manera. Su primer impulso fue el de correr hacia su hermana, llamándola por su nombre. Antes de darse cuenta, ya se había arrodillado junto a su cuerpo muerto y la sacudía…, cuando lo vio. Alzó la mirada y entre los arbustos, se cruzó con un miedo animal que se apoderó de él y, dando media vuelta, echó a correr, con la linterna oscilando violentamente en una mano y con la otra todavía sujetando la grabadora.

—¡AYUDA!—
gritaba, apartando ramas y hojas, abriéndose paso entre lo desconocido. Al frente, creyó distinguir una luz y voces, pero estaba demasiado aturdido, puede que fuera el bosque susurrándole—, ¡AYUDAAAA!, ¡ah!

¡Auch!

De tan empellado, se había chocado contra. Cayó de culo, alzó la cara y. Eran tres cuerpos deformes en la oscuridad, que se cernían sobre él. Su linterna estaba en el suelo. Y gritó. Detrás de él, se aproximaba un corillo de risas femeninas y estridentes, de entre los árboles de pesadilla.

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Evans Mitchell el Dom Abr 07, 2019 1:30 am





La oscuridad, a Denzel no le gustaba la oscuridad. A Evans ni siquiera se le pasó por la cabeza que el otro iba de histérico, porque lo sabía, porque le importaba, y tan pronto oyó que lo llamaba —ni siquiera le molestó que, preso de los nervios, confundiera su nombre con el de Josh, y de todos modos, se corrigió a la segunda—, giró la cabeza como un sabueso atraído por el sonido de lo que está buscando.

Y no fue el único grito. Los muggles estaban con ellos y se lo recordaron abriendo y cerrando la boca en una cantidad de exclamaciones a las que Evans no prestó atención. En algún momento les exigió que se callaran, pero ni caso. Había confusión, había inquietud, había oscuridad. Esta era extrañamente densa y fría, o puede que se lo imaginara.

En todo caso, Evans avanzó al primer llamado, y tropezó en medio de un estrépito. En la caída, chocó contra Joshua, y maldijo en silencio con el labio partido cuando, encima de que el muy traidor había tenido la culpa—no se explicaba cómo, pero seguro que había sido así, por irse a ponerse en el camino—, encima de eso, le soltaba que “el juego no era divertido”.

Se hubiera detenido a aclarar con él unos cuantos puntos al respecto, de no ser porque, aunque el hombre lobo pensara que era el centro del mundo, había cosas más importantes que ese saco de pulgas en ese momento, como encontrar a Denzel. ¿Por qué sus ojos no parecían acostumbrarse a la oscuridad?, ¿por qué sentía el frío en su nuca? Como Evans era antes acción que pensamiento, se arrastró por el suelo hasta que dio con una pata, y sacudió esa pierna no muy seguro de quién era.

—¿Den?—Sí, sí, tenía que ser él. Había estado evitando usar su varita, porque había muggles presente, pero en ese instante, con Denzel moviéndose exageradamente y gimiendo, todo le dio igual, y se hizo la luz, y la varita iluminó su cara justo para que pudiera ver la expresión de horror que le dedicaba Denzel, como si hubiera visto un puto fantasma—¡Ey!

Estuvo a punto de decirle algo, queriendo tranquilizarlo, pero en vez de eso, se tragó un golpe. ¿¡De verdad!?, ¡ya tenía el labio partido y el muy loco va y le partía lo que le quedaba de cara! Pero no podía enfadarse con él, parecía víctima de uno de sus ataques, en los que daba la impresión que la mente le jugaba los mil trucos. Insistió, y lo llamó por su nombre, le dijo que todo estaba bien, e intentó retenerlo, y no tuvo que recurrir a su varita porque dos linternas los apuntaban. Ni siquiera pensaba en los muggles, pero estaban ahí. Lo mismo esa pesadilla, que tenía a Denzel fuera de sí.

—Ey, estoy aquí—Evans ladeó momentáneamente la cara partida y soltó un escupitajo de sangre, que por la queja de Becca, le había tocado el pie—. Contigo, aquí—Mientras hablaba, el tono profundo y calmado, apoyaba una mano sobre la cabeza de Denzel y enterraba sus dedos en su cabello. No se entendía si tiraba de él para que lo mirara a la cara o lo acariciaba para confortarlo, o ambas cosas—. Deja de asustarme, ¿quieres?—Y entonces, su voz cambió— ¡Mujer, prende esas velas!

—¡Ya va!—
Se quejó Becca, a la que le había dicho de volver a iluminar la cabaña, pero le temblaban los dedos con los que intentaba encender las cerillas—¡Te estabas quejando de eso hace un rato!

—¡Ahora te digo que las prendas!

—¿Qué fue eso?, ¿quién ha sido?—
preguntaba Tommy.

Lo cierto era que nadie parecía estar muy seguro de lo que había sucedido.


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Joshua Eckhart el Miér Abr 10, 2019 8:40 am

Los gritos le taladraban los oídos a Joshua. No soportaba los ruidos fuertes, abrumándose fácilmente con los chillidos de las chicas. Muy por encima de su propio disgusto, se encontró a sí mismo buscando a su amigo, y creyó encontrarlo. Tan sólo lo creyó. Cuando se dio cuenta, en realidad no había absolutamente nada donde él pensaba que estaba Denzel, el que lo llamaba a la distancia. La oscuridad les estaba jugando malas pasadas, apoderándose de su cordura.

No sólo eso, el muy estúpido de Mitchell tropezó con él. — Demonios, ¿tienes dos pies izquierdos o qué? —se quejó al impacto. Había abandonado la maldita discreción para utilizar su varita para iluminar, y fue testigo en vivo y en directo del golpe que le asestó al rostro su amigo a Evans.

Si hubiese podido, se habría reído. No lo hizo, porque estaba irritado y molesto, en principio por el ruido constante de las quejas y los gritos, como si no hubiese personas decentes en ese cubículo que pudieran guardar cinco minutos de silencio. Eso pedía: cinco minutos, no más. No sólo eso, estaba inquieto, crispado por estar seguro que él había tocado alguien que, en realidad, nunca estuvo ahí.

Todos estaban enloqueciendo.

¡Cállense un rato! —espetó con lo que pareció un gruñido saliéndole de la garganta, apagando la varita cuando las linternas y las velas empezaron a hacer su trabajo. — En serio, qué molestos, ¡sólo fue un ventarrón! ¡El viento sopla las vela: bienvenidos al mundo! —apeló a su raciocinio y lógica, sin que nada paranormal consiguiese cruzársele en la mente. — Y el lugar, seguro es más viejo que todas nuestras edades juntas, y lleva muchísimos años abandonado, es obvio que va a haber ruidos extraños, se está cayendo a pedazos —hizo un gesto abierto, exasperado con los brazos, señalando todo su alrededor.

¿Y a quién sujetó? Fue una pregunta que se coló en su mente, traviesa, intentando hacer temblar la fuerza de su propia voluntad para mantenerse sereno. Joshua la desechó, negando con la cabeza, sólo debía haber sido la oscuridad jugándole una mala pasada. No tenía por qué ser nada más extraño que eso.

¿Vienen a explorar a mitad de la noche lugares tenebrosos y chillan como simios a la mínima de cambio? —y se refería a los muggles, quienes habían hecho escándalo más que todos los demás. Denzel estaba justificado porque era su amigo y sabía que lo aterraba la oscuridad, y Evans no tenía más remedio: ¡le encantaba su propia voz, al león! — Búsquenme afuera cuando hayan acabado de hacer el idiota —y dicho aquello, dio la media vuelta y salió por la puerta.

Afuera no había silencio, tampoco, pero eran ruidos naturales y constantes: el canto de un grillo entre la vegetación, ese que uno nunca encuentra cuando lo busca; el ulular del viento pasando entre los árboles, el repentino croar de un sapo entre la maleza. Las nubes habían cubierto el cielo y apenas había una escasa luz natural en medio de la oscuridad.

Oyó un ruido entre los arbustos, que por el tamaño debía ser medianamente grande, del porte de un humano joven, probablemente de la edad del mocoso que iba con los muggles o un tanto menor. No se había alejado de la cabaña, pero estaba ahí.

¡Eh! —les llamó, por encima de su hombro. — ¡Creo que sus amigos nos encontraron! —¿no iban diciendo los muggles que estaban esperando a otras personas?

Avanzó hacia el lugar del ruido, seguro que estaba tratando con humanos y no otra cosa. Y, técnicamente, no estaba equivocado. Vio de espaldas a un niño, de camisa amarillenta, sucia y roída, con un chaleco oscuro y pantalones cortos. No vio, en principio, nada extraño. Este se dio la vuelta y Joshua se preparó para hablarle.

Sin embargo, lo escuchó.

El aullido del lobo.

“Peligro”.

Frente a frente, el niño tenía una maltratada máscara teatral con la expresión triste, y no era capaz de visualizar a través de los orificios de los ojos o la boca arqueada hacia abajo el rostro del niño. El corazón le dio un vuelco y la ansiedad de correr lo tomó por presa, pero sus músculos se interrumpieron permaneciendo estático.

El proceso comenzó de abajo hacia arriba: el pie del niño se dobló y las rodillas cambiaron de posición, las manos y los codos fueron lo siguiente. Parecía que una fuerza sobrenatural estaba fracturando su cuerpo, y el niño no emitía ruido alguno, posiblemente lo que más inquietaba a Joshua. Por último, el cuello cayó sobre su hombro y un hueso fue visible, así como un único ojo blanco, antes de comenzar a avanzar en su dirección.

Su corazón se cayó al suelo del susto y corrió más rápido que nadie al interior de aquella cabaña, sintiendo al niño, o lo que sea que fuera, muy cerca. El rostro, que era muy blanco por naturaleza, había perdido todo color. Abrió la boca y no salió ruido de inmediato.

Hay algo fuera —susurró con un hilo de voz, como si temiese que algo lo escuchara.

Antes que nadie pudiese decir nada más, la cabaña volvió a azotarse, haciendo ruido de golpes a todas sus paredes, sacudiéndose hasta los cimientos, y sacudiendo brevemente de Joshua el escepticismo.

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Denzel Smethwyck el Dom Abr 14, 2019 2:12 am



Era un miedo mudo contrastado con la histeria que envolvían a los muggles como un velo. Tras una primera llamada fue el silencio lo que quedó y en su lugar fue haciéndose camino la autolesión. De una patada alejó a Evans en su engaño. Era uno de esos momentos en que todo sentido le jugaba una mala pasada y sus manos trataban de cubrir sus oídos, lo que solo podía empeorar la situación. Los sonidos se amortiguaban y en su distorsión las ilusiones de su cabeza conformaban la peor de las formas que su imaginación podía engendrar.

Comenzaba el sollozo, la respiración no mejoraba, creía tener a raya al fantasma de su mente que intentaba agredirlo, y no fue hasta que una mano descansó sobre su cabeza que las suyas se aferraron a  ésta desesperadamente, liberando por fin su audición. No obstante, tardó un poco en calmarse. Denzel agitó la cabeza, con los ojos fuertemente cerrados. Pensaba que su refugio mental le ayudaría a no entrar en pánico, pero sus pulsaciones no bajaban, no hasta que su lucidez asomó por un instante reconociendo aquella voz.

¿Evans…? —Gimoteó. En cualquier otra situación se habría sentido avergonzado, pero cuando uno se encuentra desesperado, la vergüenza es lo último en lo que se detiene una persona.

“Deja de asustarme, ¿quieres?”

Denzel negó con la cabeza, temblando aún, aunque la mera presencia del mayor hacía normalizar su respiración. No quería soltar su agarre por nada del mundo, y era por ello que sus dedos apretaban con firmeza su muñeca, como si el no hacerlo provocaría que éste se evaporara en la oscuridad.

La luz se hizo de nuevo, y fue entonces cuando la ignominia que antes no había sentido le vino de pronto cuando la implacable lógica de Josh se encendió con más intensidad que la luz de las velas. Denzel se incorporó apoyándose en Evans, rascándose el brazo con una mirada que no podía alzarse más allá de la deteriorada madera que conformaba el suelo. No tenía excusa, pero si tenía una disculpa.

Siento haberte golpeado Evans —No quería incomodarle con sentimentalismos, pero creía necesario hacerlo. Acto seguido, su mirada se posó en Josh cuando abandonó la casa, luego se volvió al resto y a las velas. No les quiso dar una explicación, ni siquiera a Tommy. Fue una enrarecida atmósfera lo único que quedó después del incidente.

Las palabras de Josh se amortiguaban en el exterior, pero él ya ni siquiera estaba prestando demasiada atención a lo que tenía cerca suya, menos pues captó siquiera lo que pudo decir. No obstante, su atención tuvo al entrar en la cabaña tan apresurado, lo que le hizo fruncir el entrecejo al mencionar que algo había fuera.

¿Qué quieres decir J…?

Su pregunta fue interrumpida por la primera sacudida, Denzel miró paredes y columnas,  sentía la tensión del momento pero no estaba tan asustado ni por asomo como cuando estaba a oscuras. Se aferró a su varita, mirando en dirección a la puerta. Finalmente comentó.

Llegados a este punto tenemos que defendernos, Evans… —Se giró hacia el mencionado. Esperaba dejar en claro a qué se refería, no podían seguir manteniéndose expuestos, y más aún frente a un peligro desconocido.

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