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We walk through the fire — Lohran Martins

A. J. Seward el Vie Oct 05, 2018 2:19 pm

Mottingham. Sureste de Londres.
5/octubre/2018 — 21:32 pm.
11º nublado.
Atuendo.



Muchos se habían unido a la causa de los radicales, quizá no eran los más numerosos todavía pero poco a poco sus filas aumentaban dando la bienvenida a quienes, como él, estaban dispuestos a hacer todo lo posible para lograr el cambio y recuperar a sus seres queridos, o vengarlos.

En aquel refugio había mucha gente que había padecido auténticos tormentos a manos de Lord Voldemort y sus secuaces, por no hablar de que prácticamente todos los que allí estaban habían perdido a alguien con el cambio de gobierno. Puede que algunos hubiesen perdido más que otros, había quienes lo habían perdido todo, otros a uno o dos familiares o seres queridos, pero al final daba igual el número porque el dolor y el vacío que dejaban era el mismo. La desesperanza y el dolor los había unido esperando poner fin a quienes les habían causado tanta desdicha.

Lohran Martins. Cuando A. J. reconoció la cara de su amigo entre los radicales se sintió contrariado, hacía tiempo que no lo veía, y deseó habérselo encontrado en otro momento y lugar más alegre. Ver al que antaño había sido un gran amigo le provocaba cierto sabor agridulce, le recordaba constantemente los buenos momentos vividos en Hogwarts, las incontables peleas en las que se habían metido por defenderse el uno al otro, era un bonito y amargo recuerdo de la vida que había tenido antes,  antes del cambio de gobierno, antes de convertirse en un monstruo.

Él no era el mismo A. J. que Lohran recordaba pero quizá su amigo tampoco fuera la misma persona que él tenía en sus recuerdos, la vida podía haberlo cambiado igual que había hecho con el propio A. J. Fuera como fuese, quería descubrirlo, saber qué había sido de Lohran en aquellos años, y por qué no, recordar con añoranza cuando sus mayores problemas eran los matones de Slytherin.

Al verlo en el refugio no tuvo el tiempo que le hubiese gustado para pararse a hablar con él, debía ocuparse de cierto asunto, pero se aseguró de quedar aquella noche con su amigo para hablar con más tranquilidad. Era raro saber que estaba allí, en aquel bar muggle alejado de la mano de Dios, esperando a Lohran como si el tiempo no hubiese pasado.

Ya había ido con anterioridad a aquel bar, no dejaba de estar intranquilo cada vez que salía del refugio, pero intentaba no parecer un loco que miraba a su espalda cada cinco minutos. Al fin y al cabo nunca antes había tenido ningún problema en aquel sitio, el último resquicio de su lado optimista le decía que aquella noche no tenía por qué ser la excepción. Por si acaso tomó precauciones como ir con la capucha puesta, ocultando su rostro, y dar un rodeo en vez de coger el camino más directo.

¿Qué va tomar? —le preguntó el camarero nada más sentarse en la barra, donde decidió esperar a Lohran.
Una cerveza.

Jugaba distraidamente con el botellín cuando la puerta del local se abrió, haciendo que A. J. mirase por el rabillo del ojo a quien acababa de entrar y sonriendo ligeramente cuando volvió a ver aquella familiar cara.

Todavía se me hace raro verte la cara, yo creo que es porque te has vuelto más feo con el tiempo —dijo a modo de saludo. En los últimos tiempos había perdido la costumbre de bromear, le salía forzado, aunque hacía el intento de vez en cuando.


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Última edición por A. J. Seward el Miér Oct 10, 2018 2:00 pm, editado 1 vez
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Lohran Martins el Sáb Oct 06, 2018 3:03 pm

El mundo mágico se ha vuelto loco.
Aquella frase tan socorrida la escuchaba Lohran Martins cada vez más a menudo, desde la noche en que había tenido que sacar a su hermana pequeña de Hogwarts, durante el ataque al mundo mágico que había culminado con la ascensión de Voldemort, El que no debe ser nombrado, al poder.
A la frase no le faltaba razón, la verdad. Sin embargo, Lohran la escuchaba de boca de mestizos, o de magos de sangre limpia que no comprendían cómo podía existir tanta maldad en el mundo. Y si bien el apoyo de esa gente era encomiable, digno de agradecer, ellos jamás podrían comprenderlo del todo.
No podrían comprender jamás que hacía ya mucho que el mundo mágico de había vuelto loco.
Haber nacido de la unión de dos muggles con el don de la magia, algo a todas luces maravilloso, no dejaba de ser una maldición. Un estigma.
Años antes de que McDowell acabase con la vida de Milkovich y la existencia y libertad de los nacidos de muggles fuese declarada ‘ilegal’, Lohran y muchos otros ya habían padecido en sus carnes el acoso de los puristas, incluso dentro de los muros de Hogwarts. Porque ese miedo a los que eran diferentes, a lo que algunos consideraban un milagro, ya existía desde hacía tiempo.
A.J. y Lohran habían pasado por muchas cosas juntos en Hogwarts, convirtiéndose, más que en amigos, en hermanos. Casi camaradas. Luchaban juntos para cuidarse las espaldas, y en la medida de lo posible, no se dejaban pisotear por nadie. Muchas habían sido sus visitas a la enfermería, y muy satisfechos se habían sentido de aquellas visitas y de sus heridas. Porque eran heridas que representaban una lucha, que señalaban ese momento en que ambos habían dicho “¡Eh! Hasta aquí, no des un paso más.”
Cuando ambos se reencontraron, el tiempo había pasado, y quizás ya no fuesen los hermanos que una vez fueron. Radicales, sí, y unidos a un grupo más grande que luchaba por algo importante. Pero diferentes. Poco o nada quedaba de aquellos jóvenes que se enfrentaban al mundo con positividad y valor; la vida se había asegurado de azotarlos con sus tragedias, hasta convertirlos en gente distinta.
En algo distinto.

***

La campanilla sobre la puerta tintineó cuando Lohran Martins, ataviado con su capucha negra, su gorra y sus gafas de sol, abrió la puerta del bar. El verano empezaba a esfumarse, y las noches empezaban a tornarse frías.
El interior cálido del bar recibió al brasileño, quien había quedado en reunirse con A.J. en aquel lugar. Se trataba de un buen sitio, sin duda poco frecuentado por los magos más puristas. ¿Para qué iban a querer reunirse con los muggles que tanto detestaban?
Lohran se quitó las gafas de sol y se las guardó en el bolsillo de su sudadera. Alguno pensaría que esas gafas limitarían su visión por la noche, pero no: Lohran había pedido a uno de los fugitivos del refugio que se las encantase con un hechizo que le permitiese ver con claridad. De esa manera solo tenía la pinta de esos que llevan gafas de sol por la noche. ¿Cómo se les llamaba? Ah, sí. Gilipollas, pensó Lohran con cierta diversión.
No tardó en localizar a A.J. Su amigo le había localizado primero, y lo saludó de una manera que hizo a Martins sonreír con diversión, cosa rara desde que había perdido a su hermana.

—¿Aún llevas esa mierda de pelo rapado? A estas alturas ya te hacía con greñas y barba, como un ermitaño.—Dijo Lohran con jovialidad, consciente de que él mismo había llevado el pelo rapado en su momento, mientras caminaba en dirección a la barra. A.J. ocupaba uno de los taburetes y se sentó a su lado.—Unas greñas te vendrían bien: cuanta menos cara se te vea, mejor.—Concluyó Lohran, y no pudo evitar soltar una leve carcajada, levantando el puño para que su amigo se lo chocase.—¿Cómo te va, Seward? ¿Te ha tratado bien la vida desde que no nos vemos?

Resultaba extraño reencontrarse, pero no más extraño que todo lo demás que había ocurrido en los últimos tiempos. El brasileño creía que la vida no podía depararle muchas más sorpresas, teniendo en cuenta que se las había arrojado todas de golpe en los últimos dos años.

Atuendo:

La ropa tiene un aspecto más gastado, más viejo. Es lo que tiene vivir con lo justo xD
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A. J. Seward el Mar Oct 23, 2018 8:03 pm

Hay gente que es positiva por naturaleza, que siempre encuentra un motivo para sonreír por muy mal que pinten las cosas, ¿sabéis qué tipo de personas digo, verdad? Seguro que todos conocemos a alguien así. Bien, pues A. J. no es ese tipo de persona. Lo fue, hace mucho tiempo, pero la vida se encargó de arrebatarle esa cualidad a base de palos. Una lástima. De hecho, hacía mucho que no sonreía de verdad, pero reencontrarse con un viejo amigo era un buen motivo para hacer tamaño esfuerzo.

El que a A. J. se le hiciese extraño sonreír era un claro ejemplo de la mierda de sociedad que les había tocado vivir, puede que muchos magos se creyesen mejor que los muggles, pero la verdad es que ambas comunidades, mágica y muggle, pecaban de cometer los mismos errores. La segregación racial en Estados Unidos, el holocausto, la caza a los nacidos de muggles… todo era la misma basura.

¿Unas greñas como las tuyas? —contestó con una risa breve mientras Lohran llegaba hasta su lado, en la barra del bar. — Ni de coña, tío. La única manera de que yo me deje semejantes pelos es que me quede tirado en una isla desierta —bromeó al tiempo que chocaba su puño con el de su amigo, como hacían antaño.

De haber sido cualquier otra persona A. J. habría mentido de manera automática, sin pensárselo si quiera, habría sonreído falsamente y habría asentido, afirmando haber tenido una buena vida. Era lo más sencillo, desde luego, se evitaba preguntas incómodas y dolorosas, creándose un escudo de mentiras. Pero a pesar de todo, A. J. no era capaz de mentirle a la cara a un amigo, por más años que llevasen sin verse.

No —admitió con una sonrisa amarga.

Su vida se había torcido mucho antes de que Lord Voldemort y sus mortífagos llegasen al poder, pero hablar de aquello era acceder a una parte de sus recuerdos que lo dejaba muy vulnerable y contra los que A. J. luchaba constantemente por mantener sellados en una cámara acorazada. Ya habría tiempo para hablar de ello, quizá.

Todavía me duele el trasero de la última paliza que me dio —dijo refiriéndose a la vida. — No es que nos hayamos encontrado en Disneyland precisamente, pero espero que te haya tratado mejor a ti que a mí, dentro de las posibilidades de mierda que hay, claro.

Aprovechó el momento para tomar un trago de la cerveza que le había servido el camarero momentos antes de que Lohran llegase, no quería que se le calentase. La cerveza caliente era pis de gato, todo el mundo lo sabía.

Todavía no había terminado de pasar todo el líquido por su garganta cuando sus oídos captaron la conversación que estaban teniendo un par de hombres trajeados sentados un  par de taburetes más allá, aunque tampoco es que estuviesen haciendo mucho esfuerzo para hablar en voz baja. Se les notaba que no era la primera cerveza que se tomaban.

Tom, te digo yo que lo del Brexit nos va a estallar en la cara, ya lo verás —exclamó uno de ellos, el que parecía más joven de ambos. — La libra va a caer en picado.

Tonterías. No seas dramático, hombre —contestó el tal Tom, con un tono que dejaba claro que se pensaba que su opinión era la única válida y correcta. — Costará un poco al principio, pero nos acabaremos recuperando, no necesitamos a la mierda esa de unión europea para nada. Somos mejores que ellos, que solo son un puto lastre. Hay que deshacerse de los lastres.

>> La de tonterías que hay que escuchar, pensó A. J. mientras rodaba los ojos, dejándolos en blanco por unos segundos.

No es que le restase importancia a los problemas ajenos, cada uno se preocupaba por lo que creía oportuno, pero aquel tono que estaba empleando el mencionado Tom, tan impertinente y avasallador, le estaba tocando las narices y el autocontrol de A. J. no pasaba por su mejor momento, por lo que prefería alejarse antes de explicarle lo que eran problemas de verdad.

Eh, tío, ¿vamos a sentarnos allí? —no sabía si a Lohran le molestaría igual que a él, o quizá ni se había percatado de la conversación, pero le preguntó de igual manera, señalando con la cabeza una mesa que había más alejada de la barra. — A ver si así podemos hablar más tranquilos, sin tener que seguir escuchando gilipolleces, y me cuentas qué tal te ha ido y qué tipo de maleficio le han echado a tu cara.

En realidad lo que le quería preguntar era si su familia estaba bien, a salvo. Pero dudó sobre si hacerlo o no, pues sabía que aquel podría ser un tema delicado, él mismo había sufrido el dolor de las pérdidas en sus propias carnes y entendería que Lohran no quisiera hablar de ello, pero realmente se interesaba por la situación del brasileño.


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Lohran Martins el Jue Oct 25, 2018 3:25 pm

Si bien el mundo era una completa mierda, un agujero infecto en que los poderosos y faltos de escrúpulos parecían ganar a los nobles, a los que luchaban por las causas justas, resultaba reconfortante que la vida ofreciese aquellos pequeños regalos: poder compartir una cerveza con un viejo amigo, e incluso una sonrisa. Es posible que hubiese pasado demasiado tiempo, y demasiadas cosas, y que poco o nada quedase de aquellos dos hijos de muggles que se cubrían las espaldas en Hogwarts, pero allí estaban. Allí estaban, compartiendo bromas como en los viejos tiempos.
Sin embargo, la sonrisa pronto abandonó el rostro de Lohran. Se podía imaginar que la vida no había tratado bien a su amigo… principalmente porque a él mismo tampoco lo había tratado demasiado bien. Sentado en la barra, con una expresión neutra, el brasileño escuchó a su amigo.
Se dispuso a abrir la boca para responder a A.J., pero un par de tipos trajeados interrumpieron la conversación hablando… del Brexit. Lohran, alguien que jamás había prestado demasiada atención a la política del mundo muggle—decir que le daba pereza la cantidad de chorradas que podía escucharse decir a los políticos sería un eufemismo—no pudo más que negar con la cabeza. A.J. puso los ojos en blanco, y Lohran le entendía bien. Si vosotros supieseis lo que ocurre en las sombras de vuestro país, estaríais más preocupados, pensó Lohran, imaginándose al infame Voldemort en su madriguera, estuviese donde estuviese, maquinando un plan de exterminio de los muggles.

—Sí, vamos.—Convino Lohran. Le parecía más que perfecto alejarse de aquella verborrea. Se levantó del taburete, momento en el cual el camarero le preguntó qué iba a tomar.—Lo mismo que él.—Respondió Lohran, indicando a A.J. con un movimiento de cabeza. Se dirigió entonces a la mesa, tomando asiento frente a A.J., y procedió a reanudar la charla donde la habían dejado.—Así que la vida ha sido una zorra contigo, ¿eh? Bueno, supongo que actualmente a los únicos que les va bien es a esos hijos de puta de los puristas.—Lohran dijo aquella palabra, ‘puristas’, con asco, con odio, como si le supiese a cenizas en la boca.—Estaba en Hogsmeade cuando los mortífagos atacaron y...—Lohran guardó silencio, viendo que se aproximaba el camarero con su cerveza. Traía el botellín y un vaso consigo, pero con un gesto de la mano, el brasileño le indicó que no necesitaba el vaso. Cuando éste se retiró, Lohran continuó hablando.—Logré sacar de allí a mi hermana pequeña. Cuando nos reunimos los tres, nos enteramos de que nuestros padres habían muerto… y nos hemos estado escondiendo desde entonces.

Lohran se llevó la cerveza a los labios y bebió un trago. Evitó mencionar, por ahora, el hecho de que su melliza también había caído en las garras del Ministerio de Magia. Por lo que él sabía, podía estar viva o podía estar muerta, pero siendo como era una hija de muggles, Martins estaba seguro de que, si seguía con vida, no estaría precisamente bien.
Cada vez que recordaba a aquel pelirrojo, ese que había conseguido dejarle al borde de la muerte, deseaba aporrear con el puño algo, con fuerza suficiente como para partirse todos los huesos. Lohran estaba harto de injusticias.

—¿Y qué ha sido de tu familia?—Preguntó Lohran, cuando logró calmar un poco esos pensamientos agresivos. Esperaba que, al menos, la familia de A.J. estuviese bien, que si la vida le había tratado mal, al menos, solo hubiese sido a él. Dentro de lo malo… El propio Lohran desearía haber sido el único damnificado de aquella guerra, si con ello sus dos hermanas seguían en libertad.

You have not failed this city:
He visto ese guiño a Arrow que has hecho y…

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A. J. Seward el Lun Oct 29, 2018 10:21 pm

Se levantó agradecido del taburete, sin saber cuánto tiempo más podría haber aguantado en silencio la charla de aquel par de muggles. Además, si iban a hablar de cómo les había ido durante los años que no se habían visto, lo mejor sería alejarse de posibles oídos curiosos, cualquier precaución era poca en aquellos tiempos.

A.J. no pudo estar más de acuerdo con las palabras de su amigo, de un tiempo a esta parte si no tenías lo que Voldemort y sus mortífagos consideraban como un linaje puro estabas jodido, así de simple y sencillo. A ojos del nuevo gobierno los únicos que merecían ser tratados como seres dignos eran los sangre limpia, mientras que, gente como Lohran o como él mismo, eran tratados como la peor de las calañas por el simple hecho de tener padres muggles, a pesar de no haberle hecho daño a nadie. Pero eso había cambiado, combatirían el fuego con un incendio.

Escuchó con atención el relato de Lohran, sintiendo profundamente sus palabras. No era la primera vez que escuchaba relatos similares, el refugio de los radicales estaba lleno de historias de pérdidas y dolor, pero cuando la historia pertenece a alguien conocido el sentimiento de empatía es mucho mayor.

Lamento oírlo, Lohran —dijo sinceramente, sintiendo que su antiguo amigo hubiese perdido a sus padres. Él sabía cómo de profundo era aquel dolor. — Espero que tus hermanas estén a salvo, al menos.

Cuando se cuenta una historia propia, en cierta manera es como si la revivieses y por ello A.J. no quiso interrumpir el breve silencio que se formó entre ambos, sabiendo que quizá Lohran necesitase unos momentos después de contarle la suya para alejar los amargos recuerdos. Era algo que también le pasaba al propio A.J.

La primera contestación que le salió darle al brasileño fue un simple gesto de negación, mientras que buscaba en el amargo sabor de su cerveza el empujón que necesitaba para hablar de su familia.

Yo me estuve escondiendo un tiempo con mis padres y mis hermanos, esperábamos poder salir del país, pero nos encontraron antes. Mi hermano, Mike, digamos que cabreó a uno de esos bastardos, un mortífago —empezó a relatar, evocando aquellos lejanos momentos en su cabeza. — Averiguó algo, no sé el qué, pero ya poco importa. Mis padres murieron en el fuego cruzado y se llevaron a mis hermanos... y yo no pude hacer nada. —murmuró con auténtica impotencia.

Todavía podía notar las ardientes llamas quemando su cuerpo mientras intentaba sacar a su padre de aquel incendió que originó la pelea, incluso le picaban las cicatrices al recordarlo. No solo no consiguió salvar a su padre, sino que desde entonces le tenía un gran pavor al fuego.

Suspiró amargamente, intentando alejar los recuerdos.

Estuve un tiempo después de eso en el refugio para fugitivos que creó la Orden —dijo con una mueca que no mostró ningún tipo de simpatía hacía dicha organización. — Pero me largué al ver que allí no conseguiría nada, no podemos escondernos como ratas para siempre. Tarde o temprano esos hijos de puta tendrán que pagar todo el daño que han causado. Así es como llegué a los radicales.
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Lohran Martins el Jue Nov 01, 2018 4:34 pm

Aquel nuevo mundo en que vivían, el mundo gobernado por los puristas, estaba lleno de historias trágicas. Cuando ese que se hacía llamar Lord Voldemort había llegado al poder por medio del asesinato y la demonización de aquellos que simplemente eran diferentes, muchas vidas habían sido destruidas. Lohran lo había visto, había contemplado en primera persona los horrores de la persecución de los ‘sangre sucia’, los ‘ladrones de magia’, o los ‘traidores’, cualquiera que fuese el adjetivo utilizado para referirse a todo aquel que no iba a favor de la corriente.
Había visto lo que queda después, lo que sucede cuando a alguien se lo arrebatan todo: personas que jamás serán las mismas, que han perdido cosas que jamás recuperarán. Por extraño que parezca, aquellos que habían sufrido la tortura en sus propias carnes eran los afortunados en aquel bando; los que habían visto sufrir la agonía y morir a sus seres queridos, esos… esos eran los más desgraciados.
Aquella reflexión se pasó por la cabeza de Lohran en el momento en que A.J., su buen amigo, su hermano, manifestó su esperanza de que sus hermanas estuviesen bien. Ojalá, pensó un Lohran que ya había dado por perdida a su melliza, pero no dijo nada. Se limitó a beber un trago que, en secreto, fue a la salud de su melliza. O porque se encuentre en un lugar mejor que este, si ya no está entre nosotros, pensó Lohran, sintiendo en su interior una ira que le quemaba el pecho.
También permaneció en silencio, mirando a su amigo, mientras éste le contaba su propia historia. Y, spoiler, no tuvo un final feliz: en una especie de paralelismo con el mismo Lohran, A.J. lo había perdido todo, quedándose solo en el mundo. Lohran no podía pretender saber lo que sentía A.J., pero estaba bastante seguro de que sería algo parecido a lo que sentía él: que daría con gusto marcha atrás al reloj, a fin de poder ser él quien pagase el precio tan alto que había pagado su familia.
Finalmente, el relato de A.J. concluyó con ellos, la Orden del Fénix, quienes supuestamente se encargarían de traer de vuelta la cordura al mundo mágico… y que a día de hoy seguían sin haber hecho una mierda. ¡Oh, pero sí que hicieron algo, sí! Le salvaron la vida a McDowell cuando los nuestros fueron a por ella, pensó con ironía Lohran Martins, bebiendo otro trago.

—Puta Orden del Fénix...—Masculló entre dientes, negando con la cabeza. Bebió un trago más, antes de continuar.—Joder, tío, siento mucho lo de tu familia. Eran buenas personas. Este mundo está lleno de buenas personas comiéndose platos y platos de mierda que no se merecen.—Lohran dejó la botella de golpe sobre la mesa, echando un vistazo en dirección a la mesa de aquellos dos enterados en política. Con la mirada aún posada sobre ellos, Lohran dijo.—Y pensar que gente como esos no tienen ni la más mínima idea de lo que está ocurriendo en el mundo mágico… Da rabia solo de pensarlo.—Volvió a tomar su cerveza, mientras volvía la vista en dirección a A.J.—También cogieron a mi melliza.—Añadió el brasileño con resignación.—Dijiste que estabais intentando salir del país, ¿no? Nosotros también. Llevábamos un tiempo intentándolo, prácticamente desde que todo esto empezó. Pero, joder, ¿cómo coño consigues dinero para pagar los documentos falsos? No teníamos una mierda, y el poco dinero muggle que conseguíamos nos lo gastábamos en comida. Y cada vez que teníamos un refugio al cual podíamos llamarle hogar, teníamos que marcharnos. Las redadas del Ministerio nos hacían huir como ratas.—Lohran recordaba aquella época tan oscura, aquella época en que conseguían sobrevivir huyendo como alimañas del fuego.—Me uní a los radicales, igual que mis hermanas, por todos los contactos que tenían. La lucha no iba mucho conmigo, simplemente quería sacar a mis hermanas de Inglaterra. Y Murray nos facilitó muchos contactos de interés. Lo teníamos casi todo listo para huir y entonces...—Lohran negó con la cabeza. Le temblaba la voz con solo recordar lo ocurrido aquella noche.—Fuimos a hablar con una tal Melina Whitmore, la líder de unos cuantos grupos de fugitivos que se esconden en el metro de Londres, pero no llegamos a verla. Fuimos sorprendidos por los mortífagos, quienes estaban enterados del escondite de Whitmore, y...—Y no hacía falta dar muchos detalles más. Lohran, herido, había escapado; su melliza, no.

El brasileño aún se despertaba por las noches, teniendo pesadillas acerca de aquella noche. Su hermana había utilizado un traslador para sacarlo de allí, y Lohran, en medio del bosque y tan malherido que casi no podía caminar, había recibido la ayuda de unos excursionistas. Le habían llevado a un hospital muggle, y había salido con vida de milagro.
De su hermana, nunca supo nada más.

—Joder, debí haber sido yo y no ella...—Añadió Lohran. Tras aquello, bien podría haber derramado unas cuantas lágrimas… pero hacía tiempo que no lloraba. Y no iba a llorar. Solo quería recuperar a su hermana, y cargarse al pelirrojo que la había cogido.
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A. J. Seward el Mar Nov 06, 2018 5:30 pm

Puta Orden del Fénix dijo Lohran, y A. J. no pudo más que suscribir aquellas palabras con un asentimiento de cabeza.  Una expresión muy simple pero que ocultaba un mar de sensaciones, como la decepción y, en el caso de A. J., la ira también. Cuando el mayor de los Seward se enteró que su hermano, Michael, formaba parte de dicha organización no tardó en achacarle la culpa a ésta última de lo que le ocurrió a su familia, pues si su hermano no hubiese metido las narices en los asuntos de aquel mortífago quizá todavía seguirían juntos.

Su familia eran buenas personas, como la de Lohran y como la de muchos otros, pero ser buena persona ya no significaba nada, o al menos nada positivo. El cambio en el mundo mágico favorecía a las personas egoístas, clasistas y cargadas de malas intenciones, ¿y qué les quedaba a las buenas personas? Pues lo que bien había dicho su amigo, platos de mierda.

Ya, que el Brexit acabará con Inglaterra, casi parece un chiste —comentó echando un vistazo en la misma dirección que Lohran, donde los trajeados seguían debatiendo. — Pero casi mejor, si algún día llegan a enterarse… Como decía mi madre, que Dios nos pille confesados —lo que les faltaba ya era tener que lidiar con la ignorancia de los muggles, que a pesar de creerse muy avanzados seguían asesinando a sus congéneres por el color de su piel o su orientación sexual.

Las palabras de Lohran lo pillaron por sorpresa, por un momento había pensado que, a pesar de lo ocurrido con sus padres, los hermanos Martins se encontraban todos a salvo. Pero no. Parecía que la vida nunca quitaba lo suficiente. A. J. escuchó con atención como el relato de su viejo amigo poco a poco iba tomando tintes más oscuros, hasta que acabó con el fatídico desenlace. Quedarse con la miel en los labios, estar a punto de conseguirlo y que te lo arrebaten de las manos, no solo la oportunidad de huir, sino también a tu hermana... Sin duda debía de ser una sensación de lo más amarga y dolorosa.

Momentos antes había manifestado su esperanza de que las hermanas de Lohran estuviesen bien, y ahora se sentía un bocazas a pesar de que su deseo había sido sincero.  

Joder, menuda mierda, tío. Lo siento, aunque sé muy bien que las palabras de consuelo no sirven para nada —dijo sinceramente, a él jamás le había reconfortado escuchar un “lo siento” cuando contaba algo que le dolía. ¿Sentir el qué? — Y supongo que desde entonces no sabes nada de ella, ¿no? A mis hermanos es como si se los hubiese tragado la tierra, como si nunca hubiesen existido —preguntó con auténtico interés. — Ese puto lugar… hay noches que tengo pesadillas con lo que ocurre allí dentro y lo peor de todo es que sé que probablemente ni siquiera se acerque a la realidad —dijo apretando los puños con rabia, refiriéndose al Área-M. — Sé que fue un puto suicidio, pero ojalá el plan de Theodore hubiera funcionado. Tenía un par de cojones, eso hay que reconocérselo —dijo con una sonrisa que delataba cierta nostalgia.— Lástima que no baste solo con eso.

Y no podía haber hablado más en serio al decir aquello. A. J. sabía que aquel ataque, el del pasado 4 de junio, les había costado muy caro a los radicales, pero habría dado lo que fuera porque saliera bien, o al menos para que hubieran podido sacar a todos los presos del Área-M.  Al menos así el sacrificio no habría sido en vano, pero de nuevo la suerte parecía sonreír a los que menos la merecían. El británico no pudo evitar recordar a Theodore con añoranza, el fallecido sub-líder había sido un hombre honorable y que se había ganado el respeto de muchos radicales, entre ellos el del propio A. J.
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Lohran Martins el Jue Nov 08, 2018 1:30 am

Los muggles trajeados de la mesa más alejada de la de Lohran y A.J. seguían debatiendo acerca de los problemas políticos del país, y el brasileño pensó que eran casi afortunados: afortunados de vivir en la inopia, en la más absoluta ignorancia. El brasileño brindaría una y mil veces por esa bendita ignorancia, por no haber descubierto jamás que tenía poderes mágicos, por no haber escuchado jamás el nombre de Lord Voldemort. Si aquellos dos trajeados, aquellos tipos tan pagados de sí mismos, que creían saberlo todo acerca del mundo que les rodeaba, supiesen que entre las sombras acechaban criaturas tan viles como el susodicho Señor Tenebroso, posiblemente se cagasen en los pantalones. Después de todo, ¿quién quería saber que un Hitler con la capacidad de eliminar a un ser humano con solo agitar un maldito palo lideraba un ejército de nazis con las mismas capacidades que él, y cuyo objetivo era erradicar a los no mágicos de la faz de la Tierra?
Bendita ignorancia, pensó un Lohran que no creía en la victoria de su bando, y que pensó que sería mucho más bonito morir sin saber qué le había golpeado.

—Bendita ignorancia.—Dijo Lohran, negando con la cabeza y haciendo un resumen perfecto de sus pensamientos.—En realidad, tienen mucha suerte de no saber la mierda en que vivimos. Pero supongo que en algún momento lo acabarán sabiendo...—Lohran compuso una expresión triste. Ciertamente, los muggles sabelotodo le llegaban a enervar, pues realmente eran unos ignorantes. Sin embargo, la ignorancia jamás debería ser castigada con el destino que les esperaba a éstos en caso de que Voldemort, finalmente, venciese incluso a los que se oponían a él. Y mejor ni hablar de los niños…

Lohran, tras confesar que su hermana había sido capturada con un nudo en el estómago y un punzante dolor en el pecho, asintió con la cabeza, agradeciendo las palabras de su amigo. Sabía que a A.J. no le gustaba aquel tipo de consuelo, pero Lohran comprendía sus motivos para decir aquello: después de todo, ¿qué dices en una situación así? El brasileño, por lo menos, no tenía la más remota idea de qué decir en aquellos casos.
Negó con la cabeza cuando A.J. supuso que Lohran no sabía nada del paradero de su hermana desde que el pelirrojo la había capturado. De hecho, siendo estrictos, ni siquiera sabía si había sido capturada. No estuvo allí para ver lo que ocurrió, pues su hermana se había encargado de mandarlo a kilómetros de allí con un traslador. Y cuando pudo volver al lugar… bueno, podría habérselo ahorrado, pues no consiguió una mierda.

—No es que esos cabrones tengan demasiado interés en notificarnos el encierro o el asesinato de nuestros seres queridos, ¿verdad?—Lohran compuso una sonrisa triste, lánguida, que poco a poco dejó paso a una ira contenida a medida que A.J. hablaba del Área-M. Esa mal llamada ‘área de experimentación’ no era otra cosa que el puto Auschwitz del mundo mágico.—No apoyé aquello en su momento.—Dijo Lohran, refiriéndose al plan suicida de Theodore y Cynthia que culminó en la muerte de varios fugitivos. Así mismo, por lo que sabía, también habían muerto o sido encarcelados decenas de empleados del Ministerio que se habían posicionado del lado de la resistencia.—Pero te juro que desearía que Theodore hubiese logrado asesinar a esa zorra de McDowell. ¿Te puedes creer que fuimos a Hogwarts con la zorra esa? ¿Que la tuvimos tan cerca, al alcance de nuestras manos? Sé que la política es una puta mierda, tío, pero… Joder, Milkovich no merecía morir a manos de esa puta rata traidora...—Y lo peor de todo es que Lohran sabía, perfectamente, que la muerte de McDowell no habría cambiado absolutamente nada. Pero habría sido toda una satisfacción. Y la hija de puta había logrado escapar dos veces a la muerte.

Irónico era, cosa que Lohran no sabía ni tenía forma de saber en esos momentos, que la misma mujer había estado presente las dos veces: durante el ataque a Hogsmeade, y durante el ataque perpetrado por Theodore al Ministerio. Esa mujer formaba parte de la Orden del Fénix, y además, era amiga de aquella fugitiva, Samantha, que en una ocasión había salvado la vida a Lohran.
Pero entonces, lo único que el fugitivo sabía era que la Orden del Fénix, más que apoyarles como debería hacer, parecía dispuesta a frustrar una y otra vez sus planes.

—¿Qué coño crees que tiene esa puta Orden del Fénix en la cabeza?—Lohran volvió la mirada hacia su amigo, negando con la cabeza.—Nos entorpecen en lugar de ayudarnos. ¿Qué coño pretende Albus Dumbledore? Te juro que pensé muchas cosas de él cuando era nuestro director, pero jamás pensé que sería tan cobarde...—Cobarde por no hacer lo que se supone que debe hacer, pensó Lohran mientras levantaba la mano en dirección al camarero. Necesitaba otro trago.
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A. J. Seward Hoy a las 2:31 pm

Sí, supongo que tarde o temprano los sangre sucia no seremos suficiente para esos hijos de puta —comentó, mostrándose de acuerdo con Lohran. Desvió la mirada hacía los muggles durante un momento antes de volver a fijarla sobre su amigo. — Si tienen suerte puede que ni siquiera lleguen a enterarse de donde les ha venido el golpe.

Pero A. J. dudaba que fueran a tener esa suerte, viendo cómo se las gastaba el nuevo gobierno no tenía pinta de que fuesen a mostrarse misericordes con la comunidad muggle si llegaban a atacarla. El británico se preguntó si, en el caso de que los mortífagos decidieran acabar con los muggles de una vez por todas, la Orden del Fénix al fin haría algo de provecho o seguiría haciendo lo mismo que hasta ahora, o sea nada.

Lamentablemente A. J. ya sabía la respuesta a su pregunta antes de formularla, pues como bien decía Lohran, esos hijos de puta rara vez publicaban los arrestos o asesinatos que llevaban a cabo en nombre de la estabilidad y paz en el mundo mágico, a no ser que fuera para pavonearse de su poder y de lo bien que se les daba erradicar las amenazas, por supuesto.

No, más bien están deseando echarnos el guante a nosotros también —masculló con una mueca de disgusto. Estaba tan harto de todo, de sentirse continuamente como una presa perseguida por cientos de lobos hambrientos. Menuda ironía. — Ir a espaldas de Maximus y sin el apoyo de todos los demás no fue su movimiento más inteligente, pero supongo que la desesperanza pudo con él y con los que lo apoyaron. No puedo culparlos —comentó simplemente.  Theodore le había parecido uno de los líderes radicales más respetables, pero no había tiempo para lamentaciones. Además, no había que sentir lástima por los muertos, sino por los vivos que todavía sufrían la represión del gobierno. — Slytherin siempre estuvo lleno de hijos de puta, pero McDowell sin duda se lleva la palma —contestó, recordando los tiempos en los que ambos, más jóvenes e inocentes, paseaban por los pasillos del castillo con el único problema de algún matón que se creía superior a ellos por ser sangre limpia. — Si no hubiera sido ella habría sido cualquier otro, pero de alguna manera el que fuera ella hace que escueza el doble —dijo con sinceridad, por el mismo motivo que acababa de resaltar su amigo: la tuvieron al alcance de la mano. — No creo que empujarla por la torre de astronomía hubiera supuesto ningún cambio, pero habría sido jodidamente placentero, ¿te lo imaginas? Casi puedo escucharla caer —se rió algo amargamente ante la imagen que se le vino a la cabeza, la de ambos amigos juntos, codo con codo, empujando a la actual Ministra por la torre de astronomía.

Y ahí estaba de nuevo aquel tema que tan de mala hostia le ponía, la jodida Orden del Fénix también conocida como el perro del hortelano, que ni comía ni dejaba comer. Los radicales actuaban acorde a los objetivos que aspiraban a alcanzar, o sea la derrota de Lord Voldemort y sus esbirros; incluso los propios mortífagos actuaban siguiendo sus ideales. ¿Pero y la Orden qué? Ellos defendían las mismas aspiraciones que los radicales, o al menos eso era lo que predicaban porque a la hora de la verdad sus actos dejaban mucho que desear.

No lo sé —respondió con sinceridad y un deje de frustración. — Le he dado muchas vueltas, muchísimas, y no sé qué se les pasa por la cabeza. No sé si esperan que Lord Voldemort caiga por su propio peso o piensan que quizá algún día se aburra de matarnos y darnos caza… No sé. Quizá es que están la mar de cómodos en el agujero en donde están escondidos y por eso no quieren salir, o que les da igual los muertos o los presos. ¿Tú qué opinas? —A. J. era simplemente incapaz de entender cómo un grupo que se declaraba en contra de los ideales puristas, y que había combatido contra los mortífagos con anterioridad, ahora no eran capaces de dejar a un lado las diferencias y unirse con los radicales en busca del bien común. El enemigo de mi enemigo es mi amigo, ¿no? Pues se ve que no. — Mi hermano era de la Orden, yo no lo sabía y me enteré cuando ya estaba en el refugio. Estaba metiendo las narices en los asuntos de ese mortífago, imagino que para informar a la Orden, pero lo descubrieron antes, y junto con él al resto de la familia —se sinceró. Lohran le había contado la historia de su hermana y él quería hacer lo propio. — Dumbledore puede ser de los mejores magos del mundo, pero ahora mismo es igual de útil que una piedra. Y dime tú ¿cómo ganas una guerra armado con una piedra cuando en contra tienes un ejército de tanques?

El camarero se acercó al ver el gesto de Lohran, preguntándoles qué era lo que querían. A. J. se apresuró a pedir otra ronda, estando bastante seguro de que su amigo quería lo mismo. La cerveza era un consuelo insuficiente, pero el único que tenían en aquellos momentos, aparte del de haberse reecontrado de nuevo el uno al otro.

Otra ronda —verbalizó mirando durante un momento a Lohran para asegurarse de que había pedido bien. — Por mí la Orden puede irse al infierno, igual de culpable es el que comete el crimen como el que se queda observando sin hacer nada —sentenció cuando el camarero se marchó para servirles las cervezas. Suspiró con cansancio, pero esbozó una sonrisa afable mientras miraba a su amigo. — La verdad es que desearía que nos hubiéramos encontrado en otras circunstancias mejores, pero me alegra saber que volvemos a estar del mismo lado y luchando codo con codo, como en los viejos tiempos.
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