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Priv. || Ninerías ||

Ryan Goldstein el Mar Oct 23, 2018 12:17 am

Prólogo

—¿Lo tienes todo?, ¿sí?, ¿a ver esa sonrisa? ¡WIIII!—exclamó Jessica, alzando los brazos como si quisiera sumarse a una ola humana en una tribuna entusiasmada—¡Por fin, al parque!—festejó, dando palmaditas. Su hija, la pequeña Rosemary, la imitó riendo. Jessica se acuclillaba para estar a su altura, las dos frente a la puerta de la casa en un día muy bonito, soleado, agradable, un día perfecto—Esa es mi niña. Llevas contigo lo más importante—le pellizcó, cariñosa, una mejilla—¡Esa sonrisa! ¿Me prometes que cuidarás del tío Laith?, ¿sabes que no puedes perderlo en el camino, verdad? Tienes que apretarle la mano, muy, muy fuerte, ¡o no lo veremos nunca más! Y nosotras no queremos eso, ¿verdad?

—¡Mamá!, ¡no me hables como a una niña! Claro que no perderé al tío Laith.

—No es una niña, dice—comentó Jessica poniéndose de pie mientras que la niña se adecentaba la ropita como una niña muy correcta y coqueta. La madre se cubría la boca con la emoción contenida. Se colocó junto a Laith, en complicidad—. Es un poco molesto cuando insiste en que es la más madura de las dos, ¿por qué crees que insista tanto con eso? ¡Las niñas!, ¡siempre queriendo ser grandes!, ¿para qué? Oh, ¡gracias por hacer esto Laith!—añadió tan repentina como una brisa fresca, vuelta hacia él y con las palmas juntas, obsequiándole una mirada enternecida, agradecida—. ¡Gracias! Te encantará Rosalina, ¡es tan agradable!, ¡le confiaría a Rosalina mi vida! Por eso le entrego a mi hija. Si no fuera porque Justin está enfermo, ¡yo también tendría un día en el parque!—bufó, haciendo una mueca y resoplando—. ¡Pero a Rosemary le hacía tanta ilusión encontrarse con su amiguita! No se ven a menudo, ¿sabes? ¡Pero se aman esas dos! Oh, ¿no te lo dije?—Se interrumpió, parpadeando sorprendida—Estás aquí para esto. Esta es la que me debes por aquella vez en que tú, ¿te  acuerdas? La vez en que dijiste “Te debo una”. Bueno, ahora me la estoy cobrando. Pobre tú por estar en deuda con una mujer casada y con hijos. Sí, es cierto que confío en Rosalina, ¿pero sabes? Entre tú y yo, es un poco, sólo un poco, quizá un poquito demasiado, ¡distraída!—confesó, en un arrebato de sobreprotección maternal—.  ¡Y son dos niñas muy revoltosas! Tienes que tener tus ojos puestos en ellas, ¿sabes?, ¡todos los ojos que puedas pedir prestados! Vayan, buena suerte.  



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Ryan aguardaba, sentado tranquilamente en un banco, o más bien, adueñándose del banco, con los brazos abiertos a modo de cruz humana, apoyado en el respaldo con toda la paz, todo el aire de estar allí para quedarse. Diríase que, cruzado de piernas y con la cara echada hacia atrás, al sol de la tarde, era un hombre sin preocupaciones.

Llevaba anteojos de lentes oscuros y una sonrisa pendía de su boca relajada, delatándolo en divagaciones que debían ser de lo más agradables. Detrás de él, un puñado de árboles se amontonaba cortando abruptamente en el punto en que acababa el césped y nacía el pavimento.

No se veía a Brianna por ningún lugar.

Pasando por delante de Ryan, discurrían rostros entusiasmados y  voces ruidosas. Eso era porque en esa plaza habían levantado una feria y la concurrencia iba y venía, paseándose por la entrada para descubrir qué novedades se encontrarían, en grupos de amigos o en familia.  

Rosemary, avanzando por el camino, ubicó a su amiga colgada de la rama de un árbol e intentando alcanzar una ardilla. La señaló entusiasmada, queriendo presentársela a su acompañante de esa tarde. Brianna, al oír que la llamaban, sonrió y saltó de la rama.  


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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Laith Gauthier el Vie Oct 26, 2018 9:24 am

Pocas personas disfrutan más de su propia voz que una madre preocupada. Es que sólo había que ver a Jessica, que de por sí era el entusiasmo andante, hablando sin parar sobre el favor que le había pedido. Bueno, no se lo había pedido, más bien se lo había impuesto, pero al menos agradecía. A Laith no le importaba pasar la tarde con Rosemary y con otra niña, los niños tienen ese algo que animaba a uno sin importar mucho lo demás. Laith tenía que admitir que asentía sin parar mientras pensaba en una canción para desconectar su mente un poco, que sino acabaría mareado.

Ya te lo dije, no te preocupes, soy experto en niños —le dijo brevemente, haciendo un ademán con su mano para frenar otra arrolladora serie de oraciones. — Ya, anda, vámonos Rosemary, y tú cuídate —primero se dirigió hacia la niña, apremiándola a marcharse. No sería la primera vez que Jessica les retrasaba porque era imposible frenarle la conversación, y Laith prefería no llegar tarde, porque luego las quejas se las llevaba él.

Así se dirigieron al parque. Laith con una mano dentro del bolsillo de su pantalón y la otra muy firmemente sujeta a la mano de Rosemary. La verdad, lo apenaba un poco que Justin no pudiese acompañarlos; por eso había considerado que los roles debían haber estado invertidos: primero, ¿quién era la madre entusiasta que quería ir al parque y quién el sanador? Es otro detalle de las madres: nadie puede cuidar de sus hijos enfermos mejor que ellas mismas. Al menos le había llevado a San Mungo para una evaluación rápida y tenía las dosis de medicamentos y pociones debidas.

Rosemary cantaba a viva voz una de esas canciones infantiles que parecen graciosas y pegadizas las primeras cinco veces, después de eso podrían ser usadas como instrumento de tortura patentado por el Ministerio de Magia. Laith lo llevaba bien porque iba por la tercera, pero ya estaba apretando el paso para llegar lo más rápido posible al lugar. Cuando iban entrando al parque, la cuarta repetición de la canción de interrumpió con la vocecita de Rosemary indicándole al mayor dónde se encontraba su amiguita: encima de un árbol.

Su primer pensamiento fue: “¿Quién es el irresponsable encargado de esa niña?”, antes de un vuelco de corazón cuando la cría saltó del árbol, algo en plan Tarzán versión moderna. Rosemary soltó la mano de Laith para abalanzarse corriendo a donde su amiga, yendo entusiasta a saludar. Laith sólo suspiró, caminando cerca, con la ligera impresión de que la niña le sonaba de algo, ¿habría sido una consulta en San Mungo, por ejemplo? ¿O la hija de alguien que conocía? Estaba por descubrirlo.
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Ryan Goldstein el Sáb Oct 27, 2018 5:31 am


Meda había criado a su hija en la seguridad de los Bosques de Rumania, que según las leyendas de los muggles era un bosque ‘encantado’. Por supuesto que lo era, pero ellos realmente no podían saber cuánto ni qué criaturas y maravillas se asentaban por sus alrededores. Brianna lo sabía. Ella vivía allí, en una comunidad de veelas que solía migrar de las altas montañas de Los Cárpatos hasta las bajas llanuras del bosque para cuando el invierno se hacía demasiado rudo allí arriba, entre la nieve y los yeetis y otras escalofriantes realidades sobre la vida a la intemperie.

Era, a su tierna edad, una niña salvaje, de pies descalzos y cabellos al viento que jugaba por el bosque entre sus misterios y sus peligros junto con las demás crías de veela que eran como ella pero no tanto como ella, como su madre le explicó alguna vez pero que a veces olvidaba. Mamá siempre la protegía de los predadores. La hacía sanar si se lastimaba y dolía. Y si no era ella, sus otras mamás (pero que no eran mamá), siempre estaban allí para ella, así como velaban de todas sus crías, en comunidad. No había papás en el bosque, no sabía por qué. En la ciudad, Brianna tenía a Ryano. Allí también vivían la tía Meg; Jazz, el hada; y Rosemary y su mamá.

Había un montón de cosas que quería contarle a Rose, sobre dónde vía y de todo lo que conocía en el otro bosque, no, en el bosque (porque esa era la ciudad, sí, sí, a veces lo olvidaba). Hablaban un montón, ellas dos. Pero a pesar de que se comunicaban, Brianna no manejaba muy bien las palabras, y en ocasiones, Rosemary, quien tenía un apreciable carisma y le gustaba hacer de hermana mayor, le enseñaba cosas nuevas, cosas que Brianna no sabía. Entre ellas reían y lo consideraban gracioso, pero nunca supuso un problema real a la hora de entenderse. Era buena y divertida, Rosemary. Al principio, Brianna era…

—Es tímida—
dijo Rosemary, con la cara vuelta hacia Laith y Brianna oculta detrás de su espalda—. Porque no te conoce—explicó, y habló por encima de su hombro—. Bri, ¿dónde están tus zapatos?, ¿y dónde está tu mamá?—Pero Brianna, desde que se acercara Laith, no parecía querer contestar a ninguna pregunta y se escudaba detrás de su amiga, con ojos que parecían reír pero visiblemente incómoda—. Laith es un amigo, tonta—insistió Rosemary, sonriendo.

Brianna no debía creerlo así.  






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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Laith Gauthier el Mar Oct 30, 2018 10:21 am

Un día en el parque no era un mal plan, probablemente no un plan que haría regularmente para ocupar sus descansos, pero un plan a fin de cuentas. No le mortificaba o afectaba de vez en cuando ayudar con sus amigos con sus hijos, no cuando, en general, los niños no se le daban mal. Además, era un poco como ganarse un favor y confianza de parte de los padres. Un padre responsable promedio no dejaría a sus hijos con cualquier persona, y de cierta manera lo enorgullecía pensar que no era cualquier persona para sus colegas.

Rosemary encontró a su pequeña amiga. Bri, la llamó, y al parecer era bastante tímida, por la forma en que se ocultaba a su espalda. Laith se esmeró en recomponerse de aquel susto que se había llevado al verle encima de aquel árbol, poniéndose en cuclillas con los codos encima de las rodillas para estar a la altura de dos niñas de su edad. Rosemary era bastante pequeña con sólo cuatro años, pero su extroversión la hacían parecer un poco mayor. El sanador no dejaba de tener la sensación de que conocía a esa niña de otro lado.

Hola Bri, soy Laith —se presentó con una sonrisa agradable. — La mamá de Rosemary no pudo venir con ella, así que he venido a hacerles compañía, ¿está bien eso para ti? —le preguntó, como si hablase con una persona totalmente adulta. Así son los niños, les gustaba ser tomados en cuenta. — No tienes de qué preocuparte, ¿bien? ¿Está tu mamá contigo? —creyó conveniente ir a hablar con la persona encargada de la niña. Su mamá, porque Rosemary había preguntado por ella, así que asumió que lo usual sería que ella le acompañase.

Se volvió a levantar, estirando sutilmente su espalda mientras miraba alrededor. Primero sus ojos fueron al árbol donde la niña veía a aquel animal, que a la distancia no supo identificar del todo. Luego paseó su mirada a través del parque, tomando su teléfono al sentirlo vibrar para leer otro grupo de mensajes con segundos de diferencia de la madre de Rosemary. Jessica a veces se preocupaba por todo. Tuvo que tomar una fotografía de ambas niñas para enviársela y que la mujer le creyese que habían llegado y todo estaba bien, distrayéndose un segundo con el teléfono antes de volver a guardarlo.

Entonces, ¿van a estar jugando por aquí? —preguntó a Rosemary, para saber qué quería que él hiciera. Si se sentaba y las dejaba con un poco de libertad, vigilando desde la distancia; si quería que intentase integrarse a su juego o si lo prefería de pie cerca pero al margen.
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Ryan Goldstein el Miér Oct 31, 2018 3:42 am


Era inusual, pero Brianna no le contestó. Rose, que era una amiga, ya conocía lo tímida que era al principio y le repitió la pregunta de Laith, porque a ella querría hablarle. A veces, sin embargo, era difícil que bajara de su nube de ensueño. Era mayor que Rose, ella lo sabía, pero no solía dar esa impresión por lo inusual de su comportamiento, tan distraído.

Pero, fotogénica como ella sola, le metió prisa a su amiga para que sonriera para la foto y se colgó de su brazo con una gran, gran sonrisa de señorita. Jessica, ni lenta ni perezosa, le respondió enseguida a Laith preguntándole por los zapatos de la pequeña rubia, señalando que iba descalza.

—Queremos ir a la feria—
dijo Rose, indicando el camino por con un bracito estirado. Estaban apenas en la entrada, y la gente iba y venía—. Pero hay que encontrar a la mamá primero—razonó, lógicamente—Bri, ¿ves a tu mamá?

Brianna se acercó a la oreja de Rose y la cosquilleó a susurros.

—Su papá—Se corrigió Rose—Bueno, no. No sé. Ella nunca le dice así. Es amigo de mamá. Siempre me trata muy bien. Es muy, muy alto—describió, para ayudar a Laith a que lo ubicara—. Y se parece a Bri. Mamá dice que tienen la misma nariz.

Ryan rió.

—¿Eso dice?


Había estado observándolos en la distancia, desde el banco en el que tomara el sol. Al acercarse, Brianna corrió y se abrazó a su pierna, escondiendo la cara, de Laith presumiblemente. Rose levantó la mirada y se topó con unos lentes negros, que reflejaban destellos. Suejtándolos con una mano llevaba los zapatitos de Bri.  

—¡Hola, papá de Bri!

Ryan sonrió y, enfocando la cara de Laith, se bajó las gafas de sol con un dedo para mirarlo por encima de los lentes. Admitía que estaba un poco desconcertado por encontrárselo allí, tanto que se demoraba en sonreírle, como si por dentro pensara que el Laith frente a él no era más que un engaño óptico. Pero, sentado en el banco, había recordado que, después de todo, Laith era amigo de Jessica y supuso que aquello no debía ser entera y puramente una simple casualidad.


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SE VEN TAN HERMOSAS 😍

Por qué Bri no lleva zapatos!!!???😱
Encuéntrale sus zapatos!!!😱

Ya conociste a Rosalina? 😂  

Laith?

Agradéceme luego y ámame 😘


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Última edición por Ryan Goldstein el Vie Nov 09, 2018 10:02 am, editado 1 vez
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Ryan GoldsteinMagos y brujas

Laith Gauthier el Lun Nov 05, 2018 8:08 am

Jessica siempre se fijaba en nimiedades. Si él le enviaba una foto de “Mira, encontré a la amiga de tu hija”, ella le contestaba “¿Y sus zapatos?”. Madres, imposible entenderlas del todo. Decidió guardar el teléfono para tomar el papel de adulto responsable que no se distrae contestando mensajes ni de madres con tendencia a preocuparse ni de posibles ligues. Qué complicada vida tenían los niñeros, no pudo evitar pensar con una sonrisa, prestando atención a la niña que pronto le declaró sus intenciones: ir a la feria. Él asintió, aceptando la propuesta.

Preguntemos a la mamá de Bri si está de acuerdo con que vayamos a la feria entonces —le sugirió luego de que Rosemary razonara muy lista que no podían irse sin al menos avisar primero a la mujer. Las niñas compartieron secretos antes de hacerle saber que no era una mujer a la que estaban buscando, sino a un hombre, el papá de Bri. O algo así. — Bueno, entonces… —probablemente iba a decir algo como “estamos buscando al amigo de la mamá de Bri que tiene su misma nariz”, o algo así. No fue necesario, sin embargo, cuando una cuarta voz hizo acto de presencia.

Se dio la vuelta para encontrarse con un hombre alto y rubio que escondía su mirada detrás de lentes oscuros. Se acercó junto con las niñas, desconfiado. Había más de ocho millones de habitantes en Londres, ¿por qué, de entre todas las personas, Jessica lo enviaba con su hija a pasear con quien presuntamente era la hija de Ryan? ¿Era un muy mal intento de emparejarlo con alguien, como Lindsay hacía en ocasiones, enviándolo a citas a ciegas y esperando salir de ahí con planes de boda?

El sanador se cruzó de brazos, con una sonrisa ladina. — Hola, papá de Bri —lo saludó igual que Rosemary lo saludó, todavía un poco confundido. Ahora parecía entender de qué le sonaba la niña. — Jessica dijo que vendría la madre de Bri, Rosalina me dijo que se llamaba —le confesó. Incluso así, decidió ser elegante y le extendió la mano para saludarlo. Laith generalmente saludaba así, a menos que fueran amigas cercanas que tocaba saludar de beso. — ¿Entonces, piensas…? —se contestó solo, mentalmente. — Las niñas quieren ir a la feria —se interrumpió a sí mismo, decidiendo comentar lo importante. — ¿Te parece? —ya podrían conversar de camino.
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Ryan Goldstein el Miér Nov 07, 2018 9:04 am


Se quitó los lentes, plegándolos y colgándoselos del bolsillo delantero de la camisa, con un asomo de sonrisa en sus labios que no terminaba de definirse del todo. Podía decirse que ninguno de los dos había esperado verse allí. Ryan se demoró unos instantes en la mirada de Laith, quien parecía estar procesando la presunta casualidad tanto como él, despacio. Más pronto que tarde,  pasó de la mueca ladina del sanador al rostro de Rose, naciéndole una sonrisa genuina, espontánea.

—¡Hola!

Ryan regresó su atención a Laith inmediatamente luego, atraído por su comentario. ¿Rosalina? Pareció no entender nada en ese momento. En su expresión se notó el desconcierto, aunque optó por disimularlo con una amplia sonrisa, algo cortada.

—Así que, ¿Jessica no viene?—inquirió, y le hubiera estrechado la mano de no ser porque tenía una ocupada acariciando los cabellos de Brianna quien, por alguna razón, se apretaba abrazada a su pierna derecha y emitía grititos ahogados, excitada, sólo que era imposible decir por qué lo hacía, si estaba enojada o sólo contenta. A Ryan no debía resultarle nada fuera de lo común. En la otra, llevaba los zapatitos de la muchachita, y los alzó frente a Laith a modo de excusa, mostrando por qué no podía saludarlo propiamente.

¿Laith tampoco sabía que se encontraría con él, en la feria?, ¿y eso se suponía que tenía que ser una encerrona?, ¿qué era, exactamente?

—Es Meda, su madre—
aclaró, dando a entender que no conocía a ninguna…—Rosalina, ¿se supone que soy yo? Ya veo—Lo aceptó sin mucho problema, aunque persistía en él un deje de leve desconcierto—Bueno, ¿y tú me las dejas o…?—se interrumpió, haciendo silencio para poder escuchar lo que Laith tenía por decir y lo examinó, atenta la expresión. Le prestó una oreja, pero las palabras en su boca fueron inconclusas y no terminó de entender—¿Sobre qué? Oh. Sí, por supuesto—dijo, con un acento más animado—. Veníamos a eso, ¿o ya se quieren ir a casa?—preguntó, fingiéndose dispuesto a ello. Esta vez se dirigió a Rose, para quien reservaba expresamente una mueca entrañable, de sentida jovialidad. Rose le devolvió la sonrisa y se negó con acentuada obviedad: “¡Claro que no!”, expresó risueña. Daba la impresión de que era bueno con los niños.

Ryan se acuclilló frente a su hija y le mostró los zapatitos. Ella sacudió la cabeza, adivinando sus intenciones. Le incomodaban los zapatitos y en el bosque no le hacían falta, ¿por qué en la ciudad sí?

—¿Me ayudas, por favor?—
pidió Ryan, suplicante, hablándole a Rose.

Ella, como toda una señorita responsable que sabe que dependen de ella, interpretó su papel de madre de una forma muy convincente, porque con sólo reprender tiernamente a Bri, ella accedió, incluso de forma pacífica y sin revolear los zapatos, que era lo que solía hacer, reacia a llevar puesto calzado.

Así que Bri dejó que Ryan tomara su piececito sobre la rodilla y lo limpiara frotándolo con la remera que llevaba debajo de la camisa suelta, primero uno luego el otro. Era de un tono oscuro, así que nadie diría que la estaba usando de trapo para los sucios piecitos, a los que finalmente colocó dentro de los zapatos, donde debían estar. Nadie diría, tampoco, que lo que le sobresalía del bolsillo delantero de los jeans era la punta de una varita, demasiado adentro y bien disimulada como para tratarse de un bolsillo normal.    

Ahora que Rose estaba alrededor, Ryan no tenía nada de qué preocuparse. Bri no era una niña que hiciera berrinches, pero sí pasaba por alto lo que no le interesaba o se abstraía en otra dimensión por mucho que le insistieras, o simplemente, lo que no quería no lo hacía. Siempre risueña, siempre adorable, siempre difícil para negociar. En cambio, con Rose alrededor, era mucho más fácil hacerla ceder. A Ryan, ni caso. Y él nunca era especialmente duro con ella, así que entre ellos no había reprimendas, ninguna que tuviera efecto al menos. En otras palabras, Ryan usaba a los demás para que la reprendieran por él, Rose o Jessica, mientras que él se ocupaba de ser el bueno.

—¿Has estado antes en una feria, Rose?—
preguntó Ryan, metiendo conversación entre que calzaba a su hija. Bri le dedicó una mirada curiosa a Laith y luego lo esquivó, ocultando el rostro con un gesto adorable.

Bri llevaba un pantaloncito corto de jean y una remera de hadas. Era alta y flaca y de una piel muy delicada. El pelo rubio le ondeaba naturalmente, sedoso y brillante, aunque algo despeinado, como melena de león. Era una muchachita con una atracción encantadora. Sólo a Jessica pudo habérsele ocurrido que se parecía en algo a su padre, y no sólo algo, ¡la nariz! Excepto por los ojos, que eran los de Brianna Goldstein, la madre de Ryan, él mismo no pensaría que tenían parecido, pero lo tenían.

—Sí, ¡me encantan las ferias!—Rose miró alternadamente a los dos adultos y tomó una decisión, asiéndose del brazo de su amiga—. ¿Podemos adelantarnos?

—No se alejen mucho—contestó Ryan, poniéndose en pie. Aunque, tuvo el atino de mirar de reojo a Laith, buscando su aprobación.




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Laith Gauthier el Mar Nov 13, 2018 3:10 am

Laith tuvo un presentimiento cuando notó la expresión de ligero desconcierto que se dejó ver sólo unos instantes, y se dio cuenta de que acababa de ser engañado. — No, ella se quedó cuidando de Justin, que se ha enfermado —le explicó, negando con la cabeza, reafirmando la negación. Le sonrió, bajando la mano cuando se dio cuenta que era en vano mantenerla en alto, curioso por la niña. No era muda, por los secretos que cuchicheaba con Rosemary, daba la impresión de que tan sólo prefería evitar hablar.

Era una niña curiosa, cuando menos, aunque no era él nadie para juzgar y decidió simplemente dejar el tema como estaba, hasta nuevo aviso. Estaba demasiado ocupado preguntándose qué intentaba hacer Jessica enviando a Laith a un encuentro a ciegas con el padre, o algo así, de la amiguita de Rosemary. Ryan, tan confundido como él, no le permitía pensar que había sido una treta donde él era el único que caía en la trampa, sino que, al parecer, ambos eran víctimas de una situación llamada Jessica. Se llevó una mano a la frente, como si dijese “qué torpe soy”, al escuchar el nombre de la madre de la niña.

Sí, eso supongo, ¿ahora te debería llamar Rosalina Golgomatch? —le preguntó, con un tono que tintineaba la gracia. Jessica había jugado sucio y Laith no sabía por qué, pero era el sanador quien decidía cuánto iba a afectar su día. — Por supuesto —Laith suspiró. — Tengo la impresión de que ha habido unas cuantas fallas de comunicación aquí —apuntó, mirando a las niñas, y luego al otro adulto además de él mismo, — aunque eso no tiene por qué afectar, ¿no es así? —se dirigió esta vez a Rosemary. — Iré con ustedes, si no es inconveniente, porque la madre de cierta persona nos mataría si nos perdemos mutuamente —su tono de voz hizo reír a Rosemary, cuando la nena se sintió aludida.

No estaba seguro si Jessica había omitido información a propósito o si era Laith quien había estado tan ocupado ignorando a una madre demasiado entusiasta que no había prestado atención. Aunque, teniendo tan cerca esa feria, imaginaba que sería ilógico perderse la oportunidad. Laith dejó de darle vueltas al asunto porque se resumía muy fácil: dejar de desvariar y ponerse en marcha, no importaba si era premeditado o no.

El sanador observó con analítica inquisición el intercambio de gestos, zapatillas contra nena, y posterior intervención de Rosemary. Lo había notado, por supuesto, lo curioso que era que estuviese en el árbol de esa manera y que se negara a usar zapatos. Diríase que le daba la impresión de estar viendo a una pequeña Tarzán, o una pequeña Mowgli, del Libro de la Selva. Se distrajo mientras el padre ponía los zapatos a la hija para enviar un único mensaje a la madre de la niña de la que él se encargaba: “Tenemos que hablar”. Porque el hecho de que se mintiera deliberadamente sobre algo tan simple no le gustaba.

Cuando finalmente fue momento de ponerse en marcha, Rosemary no dudó en tomar la decisión de adelantarse, con una afirmación por parte del rubio. La niña buscó entonces al sanador, como queriendo asegurarse de que estaba bien, a lo que Laith asintió con la cabeza. — No se alejen —le repitió, mirándolas tomar la delantera. Laith metió la mano en su bolsillo y reprimió el inicial instinto de sacar un cigarro, dejándola dentro como un reproche. — No sabía que vendrías… De hecho, ni siquiera sabía que era tu… ¿hija? No te molesta, ¿no? Que haya venido yo y no Jessica —no estaba del todo seguro de cómo abordar el tema.

No quiso preocuparse de más. No tenía por qué ser raro, ni siquiera tenía por qué ser sobre ellos el asunto. Eran dos personas con un objetivo en común: brindarles una tarde agradable a las niñas. Además, Laith quería pensar que la densidad que existió en su relación se había disipado, por lo que quedaba él mismo preocupándose por cosas que no ameritaban atención alguna. No había impedimento alguno para que lo pasaran bien.

Rosemary, Bri, ¿quieren un helado? —alzó la voz de pronto, cuando detectó con la mirada el lugar donde los vendían. Se dio cuenta tarde de un asunto importante. — Ella puede comer helado, ¿no? —se aseguró. Qué sabía él: la niña podía ser intolerante a la lactosa, o simplemente no gustarle, o ser alérgica a algo. Era mejor confirmarlo con tiempo para poder desviar su atención si aquello resultaba un imposible.
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Ryan Goldstein Ayer a las 2:36 am


No te molesta, ¿no? Que haya venido yo y no Jessica…

No estaba molesto con Laith, naturalmente. Pero ahora que se lo preguntaba, tampoco estaba encantado. Ryan lo miró de reojo, entre que avanzaban a través de una multitud dispersa, cargada de ruido y movimiento, ánimo festivo. Sonrió, casi resignado, porque, ¿qué más podía hacer? La situación se le antojó rara en un principio, inexplicablemente incómoda. Pero incluso en una situación así, la compañía de Laith era siempre algo agradable, así que, no, no podía estar molesto, no con él. Sólo podía reírse por dentro de tanta casualidad.

—Nunca te hablo de ella, ¿verdad? —preguntó de vuelta, despistado al respecto, sin recordarlo realmente. Había una razón para ello, pero fingió hacia dentro de sí mismo que esa razón no existía, que no estaba ahí—Mi hija, sí—Le provocó una cierta ternura que Laith se preocupara por cosas que no había pergeñado él, no era como si hubiera motivos para sentirse molesto, aunque el comentario ‘No sabía que vendrías’ le hizo pensar que a Laith sí le molestaba todo ese asunto, a un nivel personal—. No—respondió sencillamente, y pasó a interesarse por la cuestión antes que dejarse incomodar por la misma. La mirada que le tendía era tan tranquila—: Pero Jessica no me dijo nada de ti. ¿Eres cercano con sus niños? No pensé que… Te prestaras a estas cosas—Y aclaró—: Hacer de niñera.

Había una furgoneta de helados atendiendo a una clientela que hacía cola en frente de la ventanilla recubierta. La feria tenía distintos puestos: unos vendían cachivaches, otros ofrecían juegos de desafío, más hacia dentro había una tarima desde donde un comediante parecía haber captado la atención de un grupo de espectadores al aire libre. Y claro, estaban los juegos típicos de un parque de atracciones. La noria se alzaba a la vista, allí, a lo lejos.

Laith se mostró interesado por la furgoneta y eso lo hizo carcajearse hacia dentro, de forma inevitable. De pronto, había recordado algo. Lo primero que veía Laith Gauthier en cualquier feria tenía que ser el puestillo de helados, naturalmente. Rose se mostró de acuerdo, y con ganas. Y si Rose quería helado, Bri también querría… Ryan ahogó un suspiro. Cuando Laith se volteó hacia él, le respondió con una mueca entre resignada y divertida. Las chicas ya habían ido corriendo detrás de la furgoneta.

—No es que no pueda—
dijo, siguiéndolas con la mirada— Pero, no tiene hambre. Acaba de comer. Sólo querrá uno porque Rose lo quiere, luego lo tirara por ahí cuando se aburra y sin terminarlo—se encogió de hombros—. Supongo que yo pago.

Fue como decir: “Yo pago, el derroche de mi hija va por mi cuenta”. Cualquier padre responsable se hubiera horrorizado con una niña tan malcriada, remarcando que había que ponerle límites. Pero Ryan no pensaba así de ella. Sólo la consideraba ‘irreflexiva’.

No había forma de limitar su forma de ser y hacer, Bri estaba en pleno desarrollo, plena adaptación, dentro de un mundo que no conocía muy bien, que le era extraño. No veía nada malo con su comportamiento, aunque pudiera resultar socialmente ‘inapropiado’ en ciertos casos. Y no era de esta manera porque sus ojos de padre no lo dejaran ver la realidad.

—¿Y supongo que tú también querrás uno?—inquirió a un tiempo, con un leve y más que evidente deje de humor en la boca torcida, esa que le sonreía ligeramente.

Patience is bitter, but its fruit is sweet
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