Situación Actual
12º-19º
14 septiembre ➟ luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
Gracias a todos pj destacado
Gracias a todos Pjs destacados
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen}

Gwendoline Edevane el Vie Oct 26, 2018 3:55 am

Recuerdo del primer mensaje :

Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 VGmLheZ
Sábado 27 de octubre, 2018 || Apartamento de Gwendoline Edevane || 02:47 horas || Pijama

Abrí los ojos en medio de la oscuridad para encontrarme con una fuerte luz que iluminaba mi cuarto. Un zumbido intermitente resonaba en el silencio de la habitación, y en mi confusión inicial fui incapaz de relacionar ambos hechos. ¿Qué estaba pasando allí? No fue hasta que las brumas del sueño empezaron a disiparse que lo comprendí: estaba sonando el teléfono, o lo estaría haciendo de no estar en modo vibración, sobre mi mesilla de noche.
Alargué la mano y atrapé el móvil a tientas, preguntándome quién tendría la ocurrencia de llamar a esas horas. Miré la pantalla, entrecerrando los ojos debido al intenso brillo de esta, y leí un nombre y un apellido: Caroline Shepard. Extrañada, respondí de inmediato la llamada, sin saber exactamente qué esperarme.

—Caroline, ¿qué ocurre? Son las dos de...—Empecé a decir, pero al otro lado de la línea me interrumpió una voz desconocida.

—Hola, seas quien seas necesitamos refuerzos, ahora. Por favor, "M" está herida. Necesitamos ayuda.—Dijo la voz desconocida, que a todas luces pertenecía a una mujer que, además, parecía agitada. En mi infinita confusión y sin entender lo que ocurría, me incorporé un poco en la cama, hasta quedar sentada con las piernas descolgadas del borde de ésta.

—¿Qué…? ¿Quién es M? ¿Y quién eres tú? ¿Qué estás…?—Un fuerte sonido al otro lado de la línea interrumpió mi última pregunta, haciéndome dar un respingos. Con los ojos abiertos como platos, contemplé la pantalla del teléfono móvil, incrédula.El contador de tiempo de llamada siguió corriendo algunos segundos, y entonces, la llamada se cortó. Mi móvil volvió a mostrar el fondo de pantalla, y yo me vi en sumida en un estado de nervios.

Me levanté de la cama de un salto y ni siquiera me molesté en vestirme: con pijama y con todo, me desaparecí.


Apartamento de Caroline y Sam…

Sin ningún tipo de ceremonia, irrumpí en el apartamento de Caroline y Sam, y lo primero que hice fue correr al cuarto de Caroline. En un derroche de invasión a la privacidad abrí la puerta. Ya me esperaba encontrarme su cuarto vacío, pero hacerlo supuso un jarro de agua fría: era poco probable que Caroline gastase una broma de ese tipo, pero tenía la esperanza de que así fuese. La alternativa era que ocurría algo realmente malo.
Mi siguiente destino fue el cuarto de Sam. Bajo la atenta mirada de un Don Gato que ocupaba una posición privilegiada sobre la mesa del salón, recorrí la estancia y llamé con un par de golpes de mis nudillos. No había garantía de que, si Caroline estaba en problemas, Sam estuviese a salvo en su habitación. Pero, una vez más, esperaba que sí, y que no se cumpliesen mis peores predicciones.

—¿Sam? ¿Estás ahí dentro?—Llamé, repitiendo los golpes con los nudillos en la puerta. Por favor… ¿qué está pasando?, pensé mientras desviaba la mirada hacia el teléfono móvil, una vez más, esperando que volviese a sonar.


Última edición por Gwendoline Edevane el Lun Oct 29, 2018 3:47 am, editado 2 veces
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 8.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1242
Puntos : 799
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Gwendoline Edevane el Lun Feb 18, 2019 1:59 am

Gwendoline contemplaba la puerta cerrada—que conducía a la habitación donde McDowell estaba retenida—con una expresión insondable en el rostro: pocas personas, si es que había alguna que pudiera, serían capaces de adivinar los pensamientos que se le pasaban por la cabeza.

¿Sería capaz de hacerlo? Sabía que ganas no le faltaban, teniendo en cuenta todo el daño que había hecho esa mujer esa misma noche. ¿Serviría de algo? Francamente, lo dudaba.

Teniendo en cuenta lo que sentía en esos momentos, no podía evitar pensar en sí misma como en una hipócrita: había defendido el derecho de McDowell a la vida, y allí estaba ella, pensando en arrebatársela.

Lo peor de todo era que resultaría terriblemente sencillo hacerlo: bastaba ponerle una mezcla incorrecta de ingredientes, y McDowell podía terminar muriendo en lo que parecería otro error médico por su parte. La mera idea de que la vida humana fuera tan frágil, y más en manos de aquellos que tienen conocimientos sobre la salud, hizo que un gélido dedo recorriera su espalda de arriba abajo, provocándole un escalofrío.

El sonido de unos pasos en el corredor en que se encontraba trajeron de vuelta a la morena, ensimismada hasta entonces en sus pensamientos. Volvió la mirada en dirección a la persona que se acercaba, quien resultó ser Sam. Y, pese al estado de cansancio y abatimiento emocional en que se encontraba, Gwendoline le dedicó una sonrisa. La rubia, por su parte, depositó suavemente una mano en su brazo.

—¿Está ya Ryosuke echándoles un ojo a todas ahí arriba? Porque me temo que, seguramente, tendrá que hacer lo mismo con ésta...—Gwendoline volvió la mirada en dirección a la puerta, tomando aire por la nariz muy lentamente, para después expulsarlo a través de la boca de la misma manera lenta.—No te puedo mentir. No a ti: estoy teniendo ciertos… ‘pensamientos’.—Comenzó a explicar, la mirada todavía fija en la puerta.—Sé que he dicho que quería darle un trato humano, pero cuanto más lo pienso, más injusto me parece...—Bajó la mirada, el corazón acelerado en el pecho, el temor abrazándola. Temor al rechazo de Sam ante aquellas ideas tan oscuras, por supuesto.—Me siento casi como cuando descubrí lo de los Crowley...

Dijo aquello sin saber que Sam había descubierto la varita de Vladimir Crowley en medio de sus posesiones. Ni siquiera ella misma recordaba llevarla encima.

—Creo que deberíamos entrar.—Dijo finalmente. Puso entonces una rodilla en el suelo, apoyó la maleta delante de ella y la abrió. De su interior sacó un par de mascarillas de las que utilizaban los médicos durante las operaciones, entregando una a Sam.—Espero que sea suficiente, además de un cambio de pelo y ojos, para evitar que nos reconozca.

Se colocó la suya por delante de la boca y la nariz, sujetándosela a las orejas. Después, con un par de hechizos, alteró su color de ojos, su color de pelo y su peinado. Gwendoline dejó de ser una morena de pelo largo y suelto con ojos verdes, para ser una rubia cenicienta con el pelo recogido en una coleta y los ojos de color almendra. Para acentuar el cambio de aspecto, también sacó un par de gafas de pasta de la maleta y se las puso. Ni siquiera estaban graduadas, pero la ayudarían a ocultar su identidad.

—Creo que ya está. Entremos.


***

La imagen que recibió a Sam y Gwen nada más entrar en la habitación fue horrible, sin importar quien fuera su protagonista: McDowell se encontraba encadenada a unas tuberías expuestas en la pared, sobre un charco de su propia sangre, y con una palidez extrema en todo su cuerpo. La sangre seca en varias partes de su cuerpo contrastaba en exceso con lo blanco de su piel.

La piel de alguien enfermo.

Gwendoline, de repente, se olvidó de todos los pensamientos que había tenido antes de entrar, y sin perder un momento, se puso en movimiento.

Dejó caer la maleta en el suelo junto a la puerta y corrió hacia McDowell, arrodillándose frente a ella. La Ministra tosía y, por cómo reaccionaba ante cada tos, debía estar padeciendo un dolor atroz.

Le puso con suavidad una mano en el rostro, comprobando que tenía los ojos abiertos a duras penas. Su piel estaba demasiado caliente al tacto, lo cual solo podía ser un indicativo de fiebre extrema. Sus labios, además, estaban cuarteados y sangraban, signo de deshidratación.

—Dios, está fatal...—Comentó en un suspiro, poniendo con suavidad una mano sobre su hombro. La reacción de McDowell fue un gruñido, e intentar apartarse de ella, por lo cual Gwendoline retiró la mano instintivamente.—¿Te duele?—Le preguntó, aunque la respuesta era obvia.—Bueno, pues lo siento mucho, pero voy a tener que moverte: necesito que estés tumbada para atender tus heridas. Y este no es el sitio más indicado.—Se volvió hacia Sam.—Necesita una cama. No puede seguir en el suelo. Creo que hay una en la habitación contigua. Ayúdame a llevarla allí.

Así lo hicieron, entre las dos: tras liberar las cadenas que la inmovilizaban, cada una la tomó por debajo de un brazo—su dolor era evidente, ya que por mucho que lo reprimiera, su cuerpo actuaba instintivamente—, y la condujeron a la habitación en cuestión. Una vez allí, con cuidado, la ayudaron a sentarse en la cama, pero no a tumbarse todavía.

—Creo que tienes el brazo dislocado. Y sé que debe dolerte mucho, pero no es la prioridad ahora mismo.—Informó Gwendoline mientras, arrodillada en el suelo, quitaba a McDowell el calzado y lo dejaba a un lado.—Aguanta un poco, y déjame ver ese costado.—La morena había notado que se sujetaba el costado en una actitud casi protectora, así que debía tener algo grave ahí. Quizás costillas rotas.

Con mucho cuidado, cuando ella retiró el brazo, Gwendoline levantó la camiseta para examinar la examinar el costado… y se llevó un susto considerable: tenía un enorme hematoma, cada vez más oscuro, en esa zona. Palpó con suavidad con sus dedos, e incluso ese pequeño toque hizo que McDowell gruñera de dolor.

—Hemorragia interna, y posiblemente una fractura en las costillas. Dime, ¿tienes problemas para respirar? Necesito saber si tienes un neumotórax.—Lo cual era muy probable, y si lo tenía, Gwendoline tendría que extraer el aire para que respirara.—Túmbate, con cuidado.

Cuando McDowell estuvo tumbada, Gwendoline atendió la prioridad número uno: las heridas que aún sangraban. Utilizó para ello una combinación del hechizo Vulnera Sanentum y un frasco de esencia de murtlap, el cual dio de beber a Abigail con suavidad. No utilizó su propia varita para curarla, sino la de la propia McDowell: así daría a entender que no tenía varita propia, y que se había quedado con la de la Ministra.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 8.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1242
Puntos : 799
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Abigail T. McDowell el Miér Feb 20, 2019 8:35 pm

Sam J. Lehmann

Escuchar a Gwendoline con esas dudas no le sorprendió, ya que ella también las tenía. No tan de cerca como probablemente podría sentirlo Gwen: tan cercana a las personas heridas e incluso fallecidas después de haberlas atendido, pero pese a que Sam intentase realmente huir lo máximo posible del odio y de la venganza, tal y cómo había vivido éstos últimos años, le era imposible pasarlo por alto. Resistirse era complicado, sobre todo cuando una de las personas heridas que podría haber acabado muerta era una persona tan importante como Caroline. Y la rubia lo sabía, sabía que por mucho que su filosofía fuese esa, no podría pasar por alto si alguno de sus seres queridos es asesinado de esa manera tan cruel.  

Así que frente a su preocupación por esos pensamientos, Sam intentó ser comprensiva. —Es una emoción totalmente natural querer que una persona cruel que ha hecho daño y asesinado a gente muera. A todos ahí encima se nos ha pasado la opción de matar a McDowell porque seguro, segurísimo, que conseguimos más ventajas que contras en la sociedad. Pero hay que empezar a pensar en primero si queremos entrar en su juego y, segundo... —Se encogió de hombros. —El hecho de que vamos a tener una muerte en nuestra consciencia. También es injusto tener que vivir con eso. —Nadie en la vida tendría que tener la necesidad de matar.

Sam sabía que Gwendoline no le haría nada a Abigail, pues creía que la conocía muy bien y que nunca atentaría contra una persona en el estado en el que probablemente se encontrase. Así que se pusieron manos a la obra, antes que nada para ocultar su identidad: Sam se puso de morena oscura y pelo largo, ojos oscuros y una máscara médica como Gwen. Se guardó la varita, pues no pensaba utilizarla, sino ayudar a Gwen a mano con todo lo que le hiciera falta.


Abigail T. McDowell

Si bien Abigail estaba totalmente ida por lo mal que se encontraba, cuando aquellas dos personas entraron en su habitación y la movieron hacia otra en donde había una cama, se despertó por completo de tanto dolor. Se sentía débil y delicada, pero le era imposible descansar de esa manera pues le dolía la vida hasta al respirar. Apenas había tenido oportunidad o gruñir una negativa o una afirmación, hasta que estuvo en la nueva habitación: espaciosa, luminosa y en una camilla mucho más cómoda y mullida que el suelo pedregoso.

Una de las dos personas se notaba que era la sanadora, mientras que la otra sólo seguía sus pautas y se dedicaba a tareas menos importantes como limpieza o asistencia. McDowell las observó en silencio, hasta que la sanadora comentó que creía que tenía el brazo dislocado.

—Lo está —le corroboró la pelirroja con voz grave y ronca, muy consciente de cómo se sentía su hombro. No era la primera vez que le pasaba. Luego se limitó a apartar la mano de su costado mientras fruncía el rostro, para que la mujer le viese el costado y valorase por sí misma. Podría haberse resistido, pero hasta la persona más orgullosa del mundo se daría cuenta de que en esa situación todo podría ir a peor, qué menos que dejar que te curen. Abigail no iba a desaprovechar la mínima oportunidad para salir con vida y ese era el primer paso. Que se andasen con cuidado, aunque por suerte para ellas ahora mismo estaba demasiado echa mierda como para hacer nada. —No tengo problemas para respirar... —respondió con cierta evidencia: si los hubiera tenido, probablemente se hubieran encontrado su cadáver al abrir la puerta de la otra habitación.

Intentó tumbarse por sí sola, pero necesitó la ayuda de la morena para poder hacerlo, ya que hacer fuerza con el vientre le era imposible debido a su estado. La sanadora comenzó a curar algunas heridas más superficiales, mientras que Abigail tosía. No le pasó por alto que usaba su varita y no le gustó en absoluto: nadie, nunca, que no fuese ella, había usado su varita. Era muy recelosa en ese aspecto. Sin embargo, era muy consciente de que no era momento para quejarse de que alguna idiota se creyese al nivel de utilizar una varita de ese nivel. Menos mal, eso sí, que parecía hacerle caso la varita. Teniendo en cuenta la cantidad de atrocidades y daño que había hecho, le parecía fascinante que ahora mismo estuviese siendo para sanar.

—¿Me vais a decir qué me espera? —Intentó sacar información, preguntando con los ojos cerrados. Ladeó incluso una pequeña sonrisa, notando como las heridas de los labios le tiraban y le dolían. —Podríais haberme dejado morir después de lo que he hecho, así que supongo que si estáis salvándome la vida es porque tenéis algo pensado para mí para lo que debo estar viva. Y dudo mucho que sea la redención. —Al intentar reírse, solo pudo toser.

Ella recibiendo una segunda oportunidad de fugitivos, sería de coña, cuando ella había escrito de su puño y letra las normas que habían dejado a todos los hijos de muggles sin hogar y sin apoyo, las mismas que hacía que cada traidor se considerase un enemigo del único gobierno mágico en Inglaterra. Ella tenía muy claro que si eso alguna vez le pasaba, iba a tener jodido salir y por desgracia, aunque no lo supiera con certeza porque la habían dejado inconsciente, la única persona que sabía que estaba en manos enemigas era Nathaniel y no sabía si había salido vivo o no. A simple vista era muy consciente de que estaba jodida, por lo que tenía que actuar con sabiduría y no apresurarse, mucho menos en ese estado.

—¿Pertenecéis a los radicales o sois una organización más pacífica? Quiero saber si moriré siendo juzgada o apedreada hasta la muerte por mis pecados infernales. —Volvió a bromear y volvió a quejarse del dolor del vientre por intentar reírse, tosiendo y manchando sus labios un poco de sangre. —Supongo que no, que los más radicales ya me hubieran colgado en mitad de su escondite mientras celebran una victoria absurda que no cambiaría nada... —Hablaba todo el rato con una voz ronca y muy bajita, en donde se notaba de manera muy fácil que estaba débil. Ni siquiera había abierto los ojos, sino que los mantenía cerrados porque la luz de esa estancia le molestaba muchísimo.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 35.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 878
Puntos : 644
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Gwendoline Edevane el Jue Feb 21, 2019 1:26 am

Sanar las heridas de la mismísima Abigail McDowell no había entrado nunca en los planes de Gwendoline, cuando decidió que la medimagia era su vocación unos meses atrás. Esperaba atender las heridas de aquellos perjudicados por el bando de la Ministra, una manera de contribuir con la Orden del Fénix y con sus propias amigas, las cuáles, igual que ella misma, tenían tendencia a resultar heridas por distintas causas.

Sin embargo, en aquel estado, McDowell quedó en evidencia como lo que realmente era: un ser humano.

Un ser humano que no sólo necesitaba atención médica, sino que sentía y padecía dolor igual que cualquier otro. Y si bien Gwendoline no caería en la tentación de subestimarla y creerla alguien bondadoso que ha cometido errores, lo que tenía claro era que no pensaba dejarla morir.

No de aquella manera, por lo menos.

Así que sanó sus heridas más superficiales, aquellas que estaban abiertas, y en cuanto la esencia de murtlap empezó a hacer efecto, las lesiones empezaron a cerrarse. Para entonces Gwendoline ya estaba arrodillada en el suelo, examinando el costado amoratado y decidiendo la mejor manera de actuar. Y McDowell, pese a su debilidad, sentía una gran curiosidad por su situación. No podía culparla de eso.

—Podríamos, desde luego.—Convino Gwendoline, que en ese momento practicaba una pequeña incisión para liberar toda la sangre que se había acumulado bajo la piel del costado, utilizando un sencillo hechizo con su varita.—Pero en lo personal, no me gusta que la gente muera lentamente.—Gwendoline habló de manera fría, con una voz más grave de lo habitual, concentrada en su labor. El corte que abrió supuraba sangre, por lo que tomó unas gasas que Sam le ofrecía y las utilizó para limpiar la zona.—Y lo que te espera es reposo. Mi recomendación es que ahorres energías, pues las vas a necesitar.

En circunstancias normales, una lesión como la que Gwendoline tenía delante precisaría de un quirófano. Por suerte, el murtlap seguía haciendo su efecto, y dicho efecto se extendía también a las heridas internas. Así que aquello acabaría curándose por sí solo, y lo único que tendrían que hacer sería vendarla.

McDowell, por su parte, seguía haciendo preguntas. Quizás otra persona en su lugar se viera cautivada por su aparente debilidad y habría hablado, pero ella no: ella se mantuvo todo lo calmada que pudo y concentrada en su labor, pidiendo a Sam su asistencia cada vez que la necesitaba. Sobra decir que no utilizó nombre alguno para referirse a ella, en su nuevo aspecto moreno.

—Lo único que necesitas saber es que, por ahora, estás a salvo. Nadie te va a hacer daño. Y te pediría que, por favor, no intentases nada: estás demasiado débil ahora mismo.—Gwendoline echó mano de unas tiras de cuero que llevaba en la maleta, las cuales podían servir para hacer torniquetes, pero que en este caso servirían como protección. Se las acercó a la boca a McDowell, hechas un manojo.—Muerde esto. Voy a colocarte el hombro en su sitio.

Una vez la Ministra lo hizo, Gwendoline se dispuso a llevar a cabo el trabajo. Asió el brazo de McDowell por el codo, con mucho cuidado, y comenzó muy poco a poco a rotarlo, imitando el movimiento natural de un brazo al caminar. Fue subiendo poco a poco, hasta un punto en que encontró resistencia, y ahí desplazó una de sus manos al bíceps de la pelirroja. Dio entonces un brusco empujón, se escuchó un chasquido seco, y el hombro de su enemiga volvió a estar en su lugar.

Tras eso, y con el mismo cuidado, Gwendoline vendó el hombro e inmovilizó el brazo con un cabestrillo improvisado con pedazos de sábana.

—Listo.—Gwendoline, a pesar de ser ella quien era, sonrió bajo la mascarilla.—Estás deshidratada y vas a necesitar poción reabastecedora de sangre, que te traeremos después, pero vas a recuperarte.

Lo poco que quedaba por hacer era vendar sus heridas y colocarle suero, tarea que Gwen y Sam llevaron a cabo ayudándose mutuamente. Una vez terminada la operación, Gwendoline apuntó con la varita a McDowell, aunque no con actitud amenazante.

—Ahora viene una pregunta muy interesante que conviene que respondas con sinceridad, ¿de acuerdo?—Gwendoline esperó unos segundos a la respuesta de McDowell, y entonces hizo su pregunta.—¿Necesitas utilizar el cuarto de baño? Porque tengo que encadenarte a la cama.

Por muy herida que estuviera, McDowell seguía representando peligro. Lo mínimo que podía hacerse con ella era inmovilizarla, pero Gwendoline no pensaba detenerse ahí: su puerta sería cerrada con magia, tanto para que ella no pudiera escapar como para que nadie entrara a hacerle cualquier cosa.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 8.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1242
Puntos : 799
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Abigail T. McDowell el Sáb Feb 23, 2019 9:01 pm

Abigail T. McDowell

Una vez asumiendo la situación en la que se encontraba: en manos de un grupo de enemigos de la cual había sido culpable de arrebatarle la vida a dos y evidentemente herida, había llegado a la conclusión de que tenía tres opciones: o podía humillarse a sí misma y a sus propios ideales, intentando pedir clemencia para no morir, pues la pelirroja tenía bastante claro que lo más probable es que todo aquello desembocase en su muerte; o bien podía intentar salir de allí con fuerza bruta, algo terriblemente imposible dada su condición física actual; o sencillamente resignarse y tener paciencia.

Para ella tener paciencia en esos momentos, por mucho que pudiera parecer que estaba bajo una templanza envidiable, era complicado. Estar en aquella situación, independientemente de sus heridas físicas, le hacía sentir débil y estúpida. Y el hecho de que pudieran aprovecharse de su estatus como Ministra de Magia… le hacía sentirse culpable. Quizás ese grupo no fuese lo suficientemente inteligente o no tuviera los cojones necesarios, pero una sencilla poción multijugos que podrían conseguir de contrabando podrían abrirles unas puertas terribles y si eran lo suficientemente precavidos, Abigail no podría hacer nada.

Así que siendo muy consciente de que tal y como estaban las cosas en ese momento no tenía ningún tipo de posibilidades, se permitió ceder. No quería morir por sus heridas, por lo que ser curada era primordial para tener aunque fuese la más ínfima posibilidad de salir de allí. Intentó sacarles información a aquellas dos mujeres, pero una no hablaba, mientras que la sanadora tampoco le decía nada realmente relevante. Sopesó la idea de bromear diciendo que a ella sí que le gustaba que la gente muriese lentamente, pero no quería jugar con fuego y terminar quemándose. Pese a lo bocazas que era, ahora mismo era consciente que su vida pendía de un hilo y no había nada más importante en este mundo que su vida. Ella no quería morir de aquella manera.

Le hacía gracia que le tuviese que recordar que estaba demasiado débil como para hacer nada, cuando evidentemente Abigail lo sentía en su propio cuerpo. Seguramente alguien como ella vería a la pelirroja como una mujer bien posicionada que nunca ha tenido que enfrentarse a nada de eso, cuando siempre había sido una persona de estar en el campo de batalla.

—Genial, gracias por recordarme que estoy débil, yo ya iba a empezar a levantarme y quemarlo todo con la mirada —respondió débilmente con sarcasmo, viendo las tiras de cuero y sabiendo perfectamente para qué era. Las mordió fuertemente y cerró los ojos, notando como las manos de aquella mujer recorrían su brazo y su hombro, en busca del punto idóneo de presión. Cuando lo colocó en su sitio, ella apretó fuertemente esas tiras de cuero, gruñendo con evidente dolor. Cuando le retiraron aquello de la boca, solo pudo coger aire lentamente, al menos hasta que escuchó a la sanadora diciéndole que iba a recuperarse. —Qué ilusión —añadió sarcástica. —¿Quieren que esté de una pieza para mi presentación con la muerte? —Porque evidentemente la pelirroja creía que aquellas dos personas estaban allí porque alguien las había mandado a mantener con vida a la Ministra, no porque realmente fuesen dos personas buenas que no querían dejar morir a nadie. En su mente, la situación más lógica recaía en que McDowell tenía que estar bien para poder sufrir de verdad.

Entonces abrió los ojos frente a esa pregunta ‘muy interesante’ que estaba a punto de soltar la sanadora. Su respuesta fue un leve asentimiento que le dolió horrores y la pregunta, ciertamente, le hizo sonreír. No pudo evitar recordar aquella humillante situación cuando el doctor Gudjohnsen le había tenido que ayudar a hacer aguas menores. Y la verdad es que teniendo a dos personas encargadas de su bienestar, no iba a quedarse allí aguantándose. En esa situación: pudores los justos.

—Pues ahora que lo dices…

***

Unos diez minutos después, se encontraba de nuevo en la cama, con las heridas con mejor aspecto, el torso vendado y un cabestrillo en el brazo derecho. Al fin podía ver por los dos ojos por mucho que estuviera cansadísima y pudo observar como el suero se lo ponían sujeto al cabecero de la cama. Le hicieron beber también la poción reabastecedora justo antes de encadenar su mano libre al otro lado del cabecero. Pese a que la pelirroja estaba agradecida, evidentemente, de que no la dejasen morir de aquella manera tan terriblemente repugnante, no dijo nada. De hecho, el resto del tiempo se había mantenido callada, observándolo todo con detenimiento. No sabía dónde estaba, pero una cosa estaba clara y todos debían saberlo: McDowell, tarde o temprano, haría algo para intentar salir.

Ambas se iban a ir, pero Abigail estaba sobre las sábanas y claramente quería dormir. Pero quería dormir bien, no intentando no morirse de frío en mitad de Londres y con una mano encadenada y la otra en el cabestrillo, no podía taparse. Así que antes de que pudieran irse, fue clara:

—¿Una ayudita para taparme? —La sanadora y su asistente se miraron, algo sorprendidas. La pelirroja no pudo evitar ladear una sonrisa. —Oh venga, ya tenemos confianza. Asumo que me quedan una o dos noches con vida: al menos quiero dormir bien. —La sanadora se acercó a ella y la ayudó a meterse bajo las sábanas y la manta, e incluso la arropó para que no se destapase, sobre todo teniendo en cuenta la incomodidad con la que iba a dormir teniendo una de sus manos sujeta y otra atada. Cuando la sanadora terminó y fue a irse, Abigail no pudo evitar ironizar todavía más la situación. —Gracias, mamá.


Sam J. Lehmann

Le mantuvo la puerta abierta a Gwendoline para que saliese después de haber tapado a la Ministra de Magia y la verdad es que Sam no pudo evitar sonreír bajo aquella máscara al ver esa situación tan surrealista. Gwendoline Edevane arropando a Abigail McDowell para que no pasase frío aquella noche. A la pobre Jo le daría un infarto si viese tanta muestra de humanidad hacia la asesina de su hermana.

Sam cerró la puerta tras de ella y la cerraron con magia para asegurarse de que nadie entraba sin que ellas lo supieran. Por mucho que hubiesen llegado a 'un acuerdo' la verdad es que la rubia tampoco se fiaba demasiado de la palabra de Jo. Sin embargo, no pudo enfocarse en otra cosa que no fuese lo que acababan de hacer.

¿Me puedes explicar como algo tan pequeño y sarcástico puede darme tanto miedo? —Le preguntó, quitándose la máscara de la boca. —Te juro que estaba tensa, pensando que en cualquier momento nos golpeaba para quitarnos la varita y a saber qué se le ocurría.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 35.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 878
Puntos : 644
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Gwendoline Edevane el Dom Feb 24, 2019 9:01 pm

Quizás producto del estrés de la situación, quizás producto de que, de manera inconsciente, se había confiado por el aspecto débil y desvalido de McDowell, Gwendoline sintió deseos de amordazarla.

No es que quisiera evitar que gritara ni mucho menos: simplemente, quería que cerrase la boca. Y es que allí la tenían, tanto la morena como su amiga, casi al borde de la muerte, e incapaz de cerrar la boca ni cinco segundos.

Bueno, piensa que es mejor así, pensó Gwendoline mientras le colocaba el hombro en su sitio de la manera más delicada posible. Si tuviera energías, muy posiblemente no estaría hablando con nosotras.

Gwendoline la trató de igual manera que trataría a cualquier paciente. A fin de cuentas, como insistía en recordarse a sí misma, Abigail McDowell no dejaba de ser un ser humano que necesitaba atención médica y cuidados.

No iba a ponerse a teorizar acerca de sus motivos para escoger la senda del, pues si empezaba a hacerlo con ella, empezaría a hacerlo con todos los mortífagos habidos y por haber en Inglaterra. Sin embargo, no pudo evitar pensar en otras situaciones similares en que la pelirroja se hubiera visto envuelta. ¿Alguna vez la habrían tratado así simplemente por humanidad? ¿Dejando a un lado miedos y obligaciones?

Bueno, eso no es del todo correcto: sí, lo haces por humanidad, pero también lo haces porque te sientes en la obligación de hacerlo, le recordó su mente, y Gwendoline no pudo cuestionarla de ninguna manera.

—Como te he dicho antes, nadie va a hacerte daño.—Replicó Gwendoline, de manera insistente, y tenía pensado honrar su promesa: haría todo lo que estuviera en sus manos, una vez la mujer estuviera en manos de la Orden, por evitar que la ejecutaran. Y sí, con los pensamientos que había tenido segundos antes de cruzar la puerta, muy posiblemente pecara de hipocresía pura y dura—por segunda vez en la noche—, pero simplemente se sentía incapaz de ser cómplice de una ejecución.

¿Tenían acaso ellos derecho alguno a ejecutar a una persona?


***

Para cuando Gwendoline y Sam se vieron en la poco grata obligación de custodiar a Abigail McDowell mientras la mortífaga—haciendo más que nunca gala de una humanidad que muchos creían que no tenía, pues nada es más horriblemente humano que hacer uso del cuarto de baño—, la morena empezaba a sentir el cansancio acumulado de todo el trabajo de la noche.

Sam y ella esperaron a que McDowell terminara de hacer lo suyo en silencio. Gwendoline, sucumbiendo un poco a ese cansancio, se permitió descansar un poco sus piernas poniéndose en cuclillas, la espalda medio apoyada en la pared.

Cosa que probó ser muy mala idea cuando le tocó incorporarse de nuevo, a la señal de la pelirroja de que había terminado: sus músculos protestaron, especialmente los de la parte baja de la espalda, y fue como si casi todo su cuerpo le preguntara qué estaba haciendo allí, cuando debería estar durmiendo.

Llevaron a la prisionera de vuelta a su habitación, que sin lugar a dudas era mucho mejor que una celda, y la ayudaron a tumbarse en la cama. Una vez estuvo acomodada, tampoco se resistió a que esposaran mágicamente su muñeca sana a la cama.

La morena—ahora rubia—revisó una última vez la bolsa de suero y la cánula que la conectaba con la muñeca en cabestrillo de McDowell, y cuando estuvo segura de que todo estaba bien, le dio a beber a la prisionera la poción reabastecedora de sangre.

Le pesara a quien le pesase, McDowell volvería a estar como nueva tras un par de noches de completo reposo.

Así que la labor de Sam y Gwendoline allí dentro estaba ella. A su juicio, no habría necesidad de que Ryosuke le echara un ojo a Abigail, y sinceramente lo prefería: bastante hacía el japonés saltando a la cancha cada vez que alguna de ellas estaba herida más allá de lo que Gwendoline podía manejar, como para encima exponerle a la segunda peor persona que existía en el mundo mágico británico… con permiso de Bellatrix Lestrange, claro.

Ya se marchaban cuando McDowell llamó su atención de aquella manera tan… curiosa. Ambas intercambiaron una mirada, ciertamente confusa, antes de que una Gwendoline ceñuda se volviera para mirar a la mortífaga.

Le estaba pidiendo que la tapase, igual que una persona normal. Y ciertamente, era una petición con todo el sentido del mundo. Sin embargo, en la mente de Gwendoline se disparó una alarma: apareció en su mente una enorme señal de “PELIGRO” de color rojo chillón. ¿Y si aquel era el momento en que había decidido hacer algo para escapar? ¿Y si se sentía un poco mejor, lo suficiente como para creer que podía imponerse físicamente a ellas dos y escapaba? O peor, ¿y si mataba a alguien más en el proceso?

Abigail insistió, y si bien estaba siendo un poco cínica—como llevaba siendo todo el rato que había estado con ellas—, a Gwendoline le pareció detectar un poco de sinceridad en su petición. Así que se resignó y, tensa como estaba, se acercó a la cama.

Y misteriosamente, la cosa salió bien: McDowell no intentó nada, y permitió que la mujer que había curado sus heridas la cubriera con las mantas. Y ante tal consideración por parte de aquella asesina, Gwendoline la premió colocándole la almohada hasta que estuvo a su gusto.

Sí, un traicionero pensamiento circuló por su mente, recordándole la posibilidad de utilizar aquella almohada como arma homicida contra la pelirroja, pero lo descartó.

Sin mediar palabra, Gwendoline se apartó de la cama y se dispuso a unirse a Sam para salir de la habitación. Y sin siquiera tener tiempo a dar un paso para salir al pasillo, McDowell le habló de nuevo… y la morena la miró perpleja.

¿En serio me acaba de decir ‘Gracias, mamá’?, se preguntó, pensando que su cansancio le estaba jugando una mala pasada.

—Intenta descansar.—Respondió Gwendoline, que ni por asomo pretendía ponerse a bromear con aquella mujer.


***

Para cuando salió al pasillo, la tensión a la que se había visto sometida en el último tramo del encuentro con McDowell había dejado paso al cansancio, que le cayó encima de igual manera que un balde de agua caliente en un día de verano: pesado, incómodo e incluso un tanto pegajoso.

Con la puerta ya cerrada—mágicamente, además—a sus espaldas, Gwendoline por fin se quitó tanto las gafas falsas como la mascarilla médica, y arrojó ambas cosas dentro de la maleta que había traído consigo.

—Dímelo a mí: te juro que cuando pidió que la tapáramos, me esperaba que me atacase.—Respondió Gwendoline a su—todavía—mejor amiga. Lanzando entonces un largo bostezo de puro cansancio, añadió.—Supongo que tenía claro que estaba en desventaja, y por lo que se ve no es estúpida. Y menos mal: no me apetecía nada que me diera una patada en el estómago o algo así.

Ahora que estaba libre de toda tensión y de toda la adrenalina de la noche, se dio cuenta de que piernas, brazos y espalda dolían mucho más de lo que creía en un inicio. Y los pies también la estaban matando. Otro bostezo se le escapó.

—Tenemos que montar guardia.—Dijo entonces, mientras Sam y ella caminaban de vuelta con los demás, que seguramente estaban siendo atendidos por Ryosuke en aquellos momentos.—Y teniendo en cuenta el estado en que se encuentran los demás, que Jo quiere asesinar a McDowell mientras duerme, y que no me fío de que alguna de las otras tres se replantee la idea, tendremos que ser tú y yo.

Suspiró. No quería meter a Ryosuke en aquel asunto más de lo necesario, pues a fin de cuentas, el hombre ya tenía bastante con todo lo que hacía por ellas. Por no hablar de que ni por asomo quería que su vida en Japón pudiera peligrar de ninguna de las maneras.

Se habría ofrecido, además, a hacer el primer turno, pero hacerlo habría sido decir una estupidez: saltaba a la vista que una Gwendoline Edevane que no para de lanzar bostezos al aire y que parpadea de manera exagerada en un intento de mantener los ojos abiertos acabaría quedándose dormida en su turno de guardia. Y ni siquiera habían estipulado horarios ni nada por el estilo.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 8.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1242
Puntos : 799
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Miér Feb 27, 2019 3:05 am

Era curioso como una persona como Abigail McDowell, que para Sam al menos era la viva representación de crueldad, violencia e injusticia, en aquel momento no fuese más que una persona más. Cierto era que en aquel momento no podía dejar de verla como lo ruin que la consideraba, pero tampoco podía evitar sentir que no era más que una persona más, con las mismas limitaciones que cualquier otro: no era inmortal y si le cortabas la piel, ésta sangraba. Tan débil como el resto, pero con un poder que sin duda erizaba el vello de cualquiera. Sólo de pensar lo que había conseguido hacer en un enfrentamiento en minoría, no quería ni imaginarse lo hubiera conseguido si hubiese sido un duelo 'en igualdad de condiciones'. Pese a que Caroline hubiese estado protegiendo a ese grupo, agradecía que a la hora de la verdad no la hubieran abandonado frente a un enemigo así de poderoso o ahora mismo tendrían a su espalda más de dos muertes.

Tía y yo. Me sorprendió que accedieras porque eso sonaba a trampa por todos lados —confesó la rubia de igual manera, para finalmente asentir a lo que dijo Gwendoline: era evidente que en su estado debía de ser muy consciente de sus limitaciones, por lo que arriesgarse podía ser totalmente en vano. —No sé hasta dónde llegaría, la verdad, pero estaba muy jodida. Tendría que estar loca como para intentar algo en ese momento. Aunque bueno, tal y cómo está la cosa la locura en éste tipo de persona es algo terriblemente común.

Daba igual que tuviera un hombro recién colocado, una herida en el costado terriblemente preocupante y recién curada... Cuando una persona sentía que su vida estaba a punto de acabar y que no había manera de salir de eso, los límites de su cuerpo solían dar igual: uno siempre lucharía por salir de allí. Quizás por eso a Sam se le tensaron hasta los pelos de las pestañas cuando Gwendoline fue a tapar a McDowell, porque en esas situaciones el instinto de supervivencia es quién habla y sabía hasta dónde eran capaz de llegar personas como ella.

Pero no pasó nada. Eso no hizo que Sam se tranquilizase, pues la Ministra de Magia no se rendiría tan fácilmente a ser una rehén de un grupo de fugitivos, por lo que había que tener cuidado. No aceptaría su sentencia de buen grado sin haber luchado antes por la libertad.

Yo la hago —respondió. Gwendoline se había pasado todo el rato con los nervios a flor de piel intentando que todos saliesen del peligro, había visto morir a una chica delante de ella sin poder hacer nada por evitarlo y encima había tenido que curar a McDowell. Sin duda se merecía un descanso. —Sube, habla con Ryosuke y descansa un rato. Yo me quedaré aquí al lado de la puerta y si pasa algo con McDowell, te aviso.

La verdad es que por la parsimonia con la que McDowell había aceptado la situación, se esperaba que durmiese plácidamente hasta el día siguiente, pero nunca se sabría si todo saldría como uno había planeado. Sam, por su parte, cogería una silla, la pondría en la puerta y se haría con algún libro para leer mientras y no quedarse dormida en el proceso de vigilancia.

Antes de que Gwendoline se fuera, sin embargo, se acordó de algo que por todo el caos de la situación, se había olvidado. Así que para cuando se dio la vuelta, la llamó de nuevo.

Oye. —Tras captar su atención, frunció el ceño. —Aún tienes la varita de Vladimir. —Lo afirmó, dando por evidente que la había visto en su bolso cuando rebuscó. —¿Sabes que mi único motivo para conservar eso después de aquel día era sólo porque era mi única manera de seguir haciendo magia, verdad? —Y como es evidente, teniendo en cuenta que dos puristas le habían roto su varita y torturado hasta la muerte, se negaba en lo absoluto sin quedarse sin utilizar magia tal y cómo personas como esas querían que ocurriese con todas las sangre sucias como ella. De no haber sido por eso y de haber tenido alguna otra varita, hubiera roto la de Vladimir en pedazos hacía mucho, mucho tiempo. Por mucho que la hubiera utilizado, no le guardaba ningún tipo de cariño. De hecho tenía la teoría de que si le respondía tan mal era precisamente porque el vínculo entre Sam y ella, ya de por sí, era nefasto. —Pensé que la romperías cuando conseguiste tu nueva varita, ¿por qué la conservas todavía? —Y lo preguntó con toda la incertidumbre del mundo, porque de verdad que no entendía por qué conservaba tremendo objeto tan inútil y que evidentemente no aporta ni siquiera buenos recuerdos.

Podía entender que quizás sintiese reparo en destruir una varita, debido a su poder y que son difíciles de hacer, pero habían otras muchas maneras de deshacerse de algo así, que evidentemente no aporta nada positivo.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 28.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1196
Puntos : 956
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Gwendoline Edevane el Jue Feb 28, 2019 12:26 am

Gwendoline no podría estar más de acuerdo con la afirmación de Sam con respecto a la locura generalizada que poblaba la mente de aquellos que un buen día decidían unirse al bando mortífago: ¿qué clase de motivo lógico podía existir para seguir ideales motivados única y exclusivamente por el odio? ¿Creían que realmente ganaban algo dispersando ese odio en forma de tragedias y muertes?

Ya lo has intentado más veces, así que te recomiendo que no intentes comprenderlos, se dijo la morena, un sabio consejo dada la situación.

Pero dentro de su propia locura, la que la impulsaba a hacer cosas como las que había hecho esa misma noche, McDowell parecía terriblemente racional. Y eso era precisamente lo que más asustaba de todo: sí, había quedado claro que era humana, pero al mismo tiempo había conseguido asumir en su mente la necesidad de cometer actos tan horribles. Había racionalizado el asesinar y torturar personas sin ningún tipo de misericordia, y ese era precisamente el aspecto más terrible de la locura.

Se apostaba cualquier cosa a que, si le preguntaba, McDowell negaría estar loca. Igual que todos los locos.

—Sí… pero supongo que no está tan loca como para renunciar a su vida, o como para arriesgarla cuando sus posibilidades de éxito son tan bajas.—Dijo con un suspiro.—No sé, quizás ha sido un poco temerario confiar en ella, pues he pensado en ella como en una persona normal. Por suerte, no me he equivocado...

De haberse equivocado, muy posiblemente habrían tenido que lamentar otra pérdida: o bien la de Gwendoline, o bien la de McDowell. A fin de cuentas, sí, McDowell podía perfectamente asesinar a Gwendoline en un descuido de la morena, pero Gwen no era tan estúpida: entre sus pertrechos médicos tenía un par de jeringuillas con agujas hipodérmicas, y dada la cercanía de la maleta, creía que podría haber cogido una sin problemas. ¿Y alguna vez habéis tenido ocasión de comprobar lo que le sucede a alguien cuando le inyectan aire en vena? No entraré en detalles: sólo os diré que no es una manera bonita de morir.

Y como en aquellos momentos, la muerte o los deseos de provocar muerte no las abandonaban, Gwendoline sugirió que debían montar guardia ante la puerta de Abigail McDowell. Jo era la principal amenaza, y por mucho que la puerta hubiera sido cerrada con magia… bueno, digamos que alguien resuelto es capaz de superar escollos tales como una puerta cerrada.

Sam estuvo de acuerdo con el plan, y ciertamente mostraba una entereza envidiable: teniendo en cuenta que aquella mujer era una de las principales responsables de su situación actual como fugitiva, sería comprensible que prefiriera dejarla a su suerte con la única protección de una puerta cerrada mágicamente.

Pero no: Sam no era así. Y ese era el motivo por el que Gwendoline estaba enamorada de ella en secreto.

—Supongo que no hará falta que lo diga, pero...—Gwendoline hizo una pequeña pausa. Ni se le ocurrió la idea de protestar ante el ofrecimiento de Sam.—...pero no le hagas caso si se pone a hablar. Y no entres a ver si sigue respirando. Confío en que duerma unas cuantas horas y nos deje en paz, pero...

Pero perfectamente podría intentar algún truco al verse recuperada de sus lesiones, y más si sabe que hay alguien al otro lado de la puerta, pensó Gwendoline. No lo dijo, pues se imaginaba que Sam ya lo sabía de sobra.

Así que Sam haría la primera guardia. Gwendoline le dijo que volvería a hacerle el relevo en un par de horas, y se dispuso a seguir su camino… cuando Sam la llamó. Se detuvo y se volvió sobre sus tobillos, mirando a su amiga.

La afirmación de la rubia al principio la cogió tan desprevenida que ni siquiera supo de qué estaba hablando. Literalmente. Le costó un par de segundos, mientras Sam formulaba su pregunta, en entender de qué estaba hablando, tal era su nivel de cansancio: la varita de uno de sus torturadores, del hermano menor de Sebastian Crowley. Un objeto que debería haber desaparecido tiempo atrás… y por algún motivo ahí seguía.

Se sintió como una niña a la que sorprenden robando galletas del tarro de la cocina: culpable, como si hubiera hecho algo malo. Sabía que no era algo malo en sí, el conservar una varita, pero por todo lo que representaba para Sam… había algo en todo el asunto que no estaba bien.

Había tomado una decisión que no le pertenecía.

—Ollivander no la quiso.—Confesó, y por un momento guardó silencio, como si con eso lo explicara todo. Sabía que no, así que continuó.—Al principio me la quedé porque no tenía ni la más remota idea de lo que ese trasto de había hecho. La dejé en un cajón y me olvidé de ella. Pero...

Gwendoline lo recordaba como si hubiera ocurrido el día anterior: la noche de aquel viernes día dieciséis de marzo, ese mismo año, cuando había descubierto la horrible verdad detrás de la marcha de Sam. Su amiga se había marchado a casa, después de una tarde llena de llantos y confesiones, y Gwendoline se había quedado sola con su gato.

Ni siquiera tenía ganas de cenar. Ni siquiera le apetecía levantarse del sofá, donde estaba tumbada, en pijama, con Chess acurrucado y ronroneando. Sus ojos estaban enrojecidos y húmedos, y cada vez que se le ocurría rememorar el momento en que Zed Crowley había partido en dos la varita de Sam, rompía a llorar.

Se pasó así más tiempo del que le gustaría reconocer, buscándole un sentido a un mundo que cada día que pasaba se le antojaba más cruel. Se sentía derrotada, hundida, y cada vez que pensaba en los Crowley, se llenaba de una ira que le nublaba el juicio.

Y entonces la recordó: la varita de Vladimir Crowley, que todavía guardaba en su casa. Clavó la mirada en el cajón del mueble del televisor, donde la guardaba, y con gran resolución se levantó y fue a buscarla…

—...en ese momento, quise romperla.—Aseguró Gwendoline, después de contar cómo se sentía entonces.—Estaba furiosa, quería tener la oportunidad de hacerles a ellos lo mismo que te habían hecho a ti, y me sentía frustrada porque no podía hacerlo… así que sólo quedaba esa varita.—Suspiró profundamente, recordando lo fácil que debería haber sido partirla en dos, como había hecho Zed con la de Sam, y quemar los pedazos. Pero no lo fue.—No pude hacerlo. Porque era lo único que quedaba de ellos… y no quería desprenderme de ese objeto. No quería olvidar lo que te habían hecho.

Ahora sabía que no la necesitaba para recordar aquello, que los recuerdos de Sam se habían impregnado muy adentro de ella. Sin embargo, la había llevado consigo en el bolso desde entonces, y en cierto modo ya había pasado a formar parte de sus efectos personales.

—No debería haberlo hecho. Lo siento. No tenía ningún derecho a quedármela...—Se disculpó con sinceridad, pues era totalmente cierto: si alguien tenía derecho a hacer algo con esa varita, ya fuera conservarla o destruirla, ese alguien era Sam.

A fin de cuentas, ese artefacto estaba vinculado con ella de la peor de las maneras posibles.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 8.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1242
Puntos : 799
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Mar 01, 2019 1:56 am

Puso cara de obviedad cuando le dijo que no entrase en la habitación. ¿Estamos locos? No pensaba entrar ahí sola ni aunque McDowell estuviese implorando por su vida. ¡Con el miedo que había pasado ahí dentro y eso que estaba acompañada! Sam podría ser muchas cosas, pero por suerte la experiencia le ha enseñado muchísimas cosas y una de ellas era no entrar en la misma habitación con un enemigo potencialmente peligroso que, encima, te da miedo. Todo en ese plan suena mal.

Asintió a sus indicaciones, animándole a que se fuese a descansar, pero como sabía que si no lo preguntaba en ese momento se le iba a terminar olvidando, la paró durante un momento para preguntarle por lo que había visto en su bolso: la varita de Vladimir Crowley. Como es evidente, nada más verla, Sam la había reconocido y no es que le hubieran venido buenos recuerdos al respecto. De hecho lo primero que le pasó por la cabeza fue pensar por qué narices Gwendoline conservaba ese objeto que solo aportaba negatividad y malos recuerdos.

Escuchó su explicación al respecto y pese a que comprendió a lo que se refería… no entendió en absoluto esa manera de enfrentar la situación. Más que una solución, le parecía un gesto masoquista: más que conservarla para no olvidar lo que había ocurrido, parecía que se estaba recordando día sí y día también, cada vez que la viera, lo que había ocurrido y que ella no había podido hacer nada. Es que llevar eso encima no era ningún tipo de tranquilidad, ni de alivio, si es que todo lo que englobaba a esa varita era algo malo. Aún así, no le dijo nada de eso porque… ¿de qué serviría, en serio? Cada uno tenía su manera de enfrentar las cosas y si bien Sam no lo entendía, sencillamente había cosas que no había que entender. Quizás, también, no estaba siendo del todo objetiva, pues al fin y al cabo, esa varita sólo le traía recuerdos y experiencias nefastas. Suerte de ella que necesitaba la varita para no olvidarse, ojalá fuese tan fácil desprenderse de los recuerdos. Así que lejos de decirle nada con respecto a lo que decía, dijo la parte que al parecer se le había olvidado. —¿Sabes lo que hubiera ocurrido si te llegan a pillar con la varita de Vladimir Crowley en el bolso? —Le preguntó seriamente. —A día de hoy todavía se desconoce dónde está el cuerpo de Vladimir y Zed Crowley, ¿sabes lo que te hubiera pasado? ¿Cómo se te ocurre llevarla en el bolso? —Le habló en voz baja porque no quería que McDowell las oyese hablar ahí fuera y porque de verdad esa inconsciencia no la entendía. Tal y como estaba el mundo mágico, una redada aleatoria podía hacer que cualquiera fuese investigado y podían dar con eso en cualquier momento. Y si dos Crowley le habían hecho a Sam lo que le hicieron, ¿os podéis imaginar lo que haría la familia Crowley a la mujer que tenga la varita de su hijo desaparecido?

Y bueno, no lo reconocería en voz alta porque no quería que su amiga se sintiese mal, pero evidentemente no le gustaba la idea de que esa varita todavía estuviese de una pieza y mucho menos poniéndola en peligro. Sam había asumido que ese objeto ya estaría hecho pedazos hacía mucho tiempo y volver a verlo le había supuesto un viaje al pasado muy incómodo. ¿Y eso de tenerlo tan cerca? Le producía inseguridad. Y es que de esa varita habían salido el látigo flamígero que la marcó de por vida, ¿cómo narices no iba a odiar esa dichosa varita? Cogió aire lentamente. Lo hecho, hecho estaba. No había pasado nada malo y ya está. —No importa —le respondió con sinceridad a la morena cuando se disculpó. —Pero no quiero que la tengas. Es decir… te pone en peligro y encima… no sé, no quiero que tengas esa mierda… —Pudo decir al final, suspirando. Cuando Sam decía un taco es que estaba estresada. —No sé... es raro lo que siento, pero me molesta que eso todavía esté en nuestras vidas. —Si es que ya hasta ni recibiría alivio o satisfacción al romperla, pero el hecho de que su mejor amiga la conservase no sabía muy bien cómo le hacía sentir, mucho menos después de haberla visto de sopetón. Ahora mismo lo único que quería era hacerla desaparecer, como si la tiraban en la papelera más cercana, se la regalaban a un muggle como rascador de espalda o se la daban a los fugitivos de ahí encima para que pudieran hacer magia, pues precisamente varitas no sobraban. —En fin, no importa, ya hablaremos de esto en otro momento.

Y es que tampoco quería ponerse 'intensita' por eso porque... bueno, Gwen estaba cansada y después de escuchar su versión de los hechos, pues poco tenía que decir. Parecía enfadada, pero en verdad estaba estresada por no entender nada, por no hablar de que el tema de los Crowley evidentemente tenía un peso en ella que Sam odiaba. Tanta importancia... siempre tanta dichosa importancia, ¿no iba a desaparecer nunca? —Perdona si he sonado mal. —Se disculpó, acercándose a ella y cogiéndole la mano libre en un gesto cariñoso y de disculpa. —Vete a descansar, hablamos después.
Sam J. Lehmann
Imagen Personalizada : Es un lindo cerditooooooo
RP : 10
PB : Taylor Swift
Edad del pj : 28
Ocupación : Camarera
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 28.396
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 1196
Puntos : 956
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t2138-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2143-sam-j-lehmann-relaciones http://www.expectopatronum-rpg.com/t2182-cronologia-de-sam-j-lehmann http://www.expectopatronum-rpg.com/t2181-buzon-de-sam-j-lehmann#39778

Caroline Shepard el Mar Mar 12, 2019 2:32 am

Las cosas dentro de aquella habitación de un momento a otro tomaron un camino desolador. Y lo que en algún momento solo fueron gritos de rabia y frustración, ahora solo quedaban los sollozos y ese silencio que te hace sentir un escalofrío recorrer todo tu cuerpo. Era ese silencio que solo se produce en un final, en un camino sin retorno, donde lo hecho, hecho estaba y ya nada más podría solucionarlo.

La pelirroja por el dolor que sentía aceptó sin rechistar la indicación de volver a la camilla que le había dado Violet, la dulzura y candidez de su trato fue como un bálsamo para su condición. Le dolía todo, pero el saber que ellos aún confiaban en ella, pese a su desafortunada ayuda, por una parte le daba consuelo, aunque un consuelo vacío luego de enterarse que otro más del equipo los había dejado. Era tanta la información que cuando su cuerpo volvió a estar sobre la camilla no pudo evitar cerrar los ojos. Estaba agotada, en todos los sentidos, y estaba a un paso de querer tirar la esponja y decir "¡Basta! Ya no quiero más, ya no quiero luchar más", y mientras esos pensamientos invadían su sentir, lágrimas caían por sus mejillas mojándolo todo a su paso.

Y no fue hasta que sintió la tibia mano de Gwendoline sobre la suya que abrió sus ojos, rojos, cansados y decaídos, como alguien que volvía después de una gran batalla sin saber muy bien si podía llamarse ganador tras haber presenciado tantas muertes y pérdidas frente a sus ojos. Sonrió débilmente, le había causado gracia su pregunta después de todo.- Pues, he estado mejor.- susurró, es que hasta elevar la voz le era todo un trabajo.

Escuchó lo más atenta que podía las palabras que la castaña le estaba diciendo, se enteró todo lo que había sucedido mientras se mantenía inconsciente y a medida que lo hacía aferraba más su mano a la de la maga, y reuniendo fuerzas de su flaqueza le daba caricias cada cierto tiempo a modo de agradecimiento por todo lo que había hecho ella y Sam aquella noche, no sólo por ella sino que por todos las fugitivas que se encontraban dentro de esa habitación. - Me parece perfecto.- respondió clavando su mirada en la de la castaña e intentó elevar lo más que podía sus labios para elaborar una especie de sonrisa.- Muchas gracias, Gwen, y a tí también Sam.- le agradeció a ambas, siendo consciente de que ella en su posición hubiera hecho lo mismo, pero aún así necesitaba hacerlo, necesitaba decirlo en palabras para que cuando se recuperará demostrarle su agradecimiento en hechos. Porque así era ella, no podía dejar pasar un agradecimiento de esa magnitud para más adelante. Además, no sabía cuanto tiempo más se mantendría despierta, ya que le resultaba toda una batalla mantenerse allí con los ojos abiertos y respirar al mismo tiempo. - Lamento haberlas hecho pasar por esto, de verdad. Es solo que...cuando estuve allí, no pude pensar con claridad, sólo sentí que debía ayudar y ...- se detuvo cuando al emocionarse más de la cuenta sintió un pinchazo en su costilla, respiro más pausadamente.- Yo, lo siento. De verdad.- terminó por decir susurrante para volver a cerrar los ojos.

Por un momento pensó que sólo sería un par de segundos, pero no los volvió a abrir hasta mucho tiempo más.

***

Cuando ambas magas se fueron de la habitación para curar a la Ministra, las cosas allí se mantuvieron tensas. Ya que por más que las soluciones estuvieran ya sobre la mesa, no todas estaba de acuerdo con ellas. La principal oponente era Jo, quién tras haber perdido a su hermana aún se encontraba dentro una montaña rusa de emociones, donde la más fuerte de ellas era odiar con toda su alma a Abigail McDowell. Odiaba todo de ella, desde lo más profundo como lo eran sus ideales y lo que su imagen representaba, hasta lo más superficial como lo era su rojizo cabello y su verde mirada. Todo de ella le daba náuseas y unas ganas incontrolables de destruirlo todo a su paso.  Quería venganza, quería hacerle pagar no sólo por lo que le hizo a su hermana, sino que a miles de personas que día tras día corren el peligro, al igual que ella de perder a un ser querido. Y no fue hasta que el sanador japonés hizo acto de aparición que olvidó por unos momentos sus deseos de querer arrebatarle hasta el último aliento a la maga que tenían por prisionera.

La personalidad de Ryosuke era encantadora, era sanador por vocación y la pasión que desprendía por su trabajo lograba transmitir una seguridad infinita a toda persona que lo rodease. Logrando que sin queja alguna todas las presentes se prestaran a sus cuidados y le hicieran caso a lo que él le proponía para recuperarse lo antes posible. Dejó para último a Caroline, se acercó a su camilla y suspiró frustrado. Es que jamás olvidará esa sensación de terror que le había invadido cuando se enteró de que ella volvería a Londres, porque por más que ella le prometiera que se cuidaría y no se metería en grandes problemas, él sabía que tarde o temprano terminaría recibiendo una llamada que le indicase todo lo contrario. Y hasta la fecha no sólo ha recibido una, sino que muchas. Y odiaba sentir miedo cada vez vez que su nombre aparecía en la pantalla de su móvil, porque temía a que un día no existiese la posibilidad de poder hacer algo por ella o a uno de sus seres queridos, que por añadidura para él también eran importantes. Pero ahí estaba, una vez más, curando sus heridas, poniendo todo de él y más para que la pelirroja volviera  a ser la misma o mejor que antes.

Escuchó la puerta abrirse, giró su rostro encontrándose con Gwen, le ofreció una sonrisa y de paso le hizo un gesto para que se mantuviese lo más silenciosa posible, para luego con la mirada indicarle que las demás fugitivas se encontraban sobre mantas en el suelo tratando de descansar algo. Dejó a Caroline sobre la camilla para acercarse a la castaña.- ¿Todo bien?.- le preguntó con sus mirada clavada en la de ella.- ¿Sam y tú se encuentran bien? Sé que no estuvieron batallando contra McDowell pero no por eso están mejor que los demás.- hizo una pausa junto a una mueca, para luego suspirar y depositar su mano en un hombro de la castaña.- Me enteré de lo de iO, sólo quiero decirte que hiciste todo lo que pudiste hacer, Gwen. Revise su cuerpo, su herida era demasiado profunda, había perdido demasiada sangre, y ni siquiera en el mejor hospital con el mayor de los cuidados podrían haberla salvado.- le dijo tratando de animarla, sabía muy bien por lo que estaba pasando la castaña en esos momentos y no quería que se sintiera más así.- ¿Quieres un poco de té?,- le preguntó con una adorable sonrisa, mientras se acercaba a ella y le tendía un termo azul.

En un rincón, absorta de la conversación de ambos magos se encontraba Jo, aún pensando cómo lograr su objetivo, y de pronto como si una ampolleta de luz se hubiera encendido en su cabeza lo encontró, recordó un objeto que la podría ayudar, el único problema es que ese objeto se encontraba en algún bolsillo de la chaqueta de Gaspard.


** Tiempo después **

Las horas habían transcurrido y el amanecer hacía de a poquito su acto de aparición, sustituyendo el azul oscuro de la noche por una tono más celeste y grisáceo.

Todos se encontraban esparcidos por la habitación supuestamente descansando, a excepción de Ryo quien de vez en cuando iba y venía para ir trayendo más cosas al lugar, como comida, más abrigo, y pociones, y Gwendoline que se encontraba cerca de Caroline mientras de vez en cuando ayudaba al japonés a ordenar y repartir las cosas que iba trayendo.

Y en eso llegó Samantha Lehmann.

- ¿Llegó la hora de cambio de turno? .- le preguntó Ryo en susurro a la rubia.- Yo puedo ir a cuidar, prefiero que descansen, coman algo y recobren fuerzas. La mujer que tienen abajo no las puede pillar débiles, y yo estoy perfectamente, así que...- hizo una pausa y fue en busca de las cosas que había traído, tomando alguna de ellas y tendiendoselas a la rubia.- Aquí tienes una manta, una almohada, un sándwich (tiene prohibido decirme que no tienes hambre, hoy soy tu Doc, asi que no acepto un "no") y un termo con chocolate caliente. Han tenido una ardua noche, merecen descansar más. - les dijo mirando a ambas magas.

***

No había sido fácil pero lo había logrado, se levantó de su lugar con la excusa de aceptar comida de parte del japonés para que al volver a sentarse lo hiciera mucho más cerca del cuerpo sin vida de Gaspard. El olor por un momento le causó náuseas y dejó el emparedado a un lado, para ir a su lado y tenderle una mano encima al cuerpo, y cuando notó miradas curiosas sobre ella, tan solo se limitó a decir que necesitaba despedirse de él de una u otra manera. No se sintió culpable ni por un solo momento, ya que lo iba hacer era tanto por su hermana como al hombre que ahora sus escurridizas manos le arrebatan una navaja mágica de sus bolsillos.

Cuando la tuvo en su poder la guardó en el bolsillo derecho de sus jeans, para luego levantarse e ir a pedirle una frazada a Ryo, diciendo que tenía frío y quería descansar un poco, el lugar escogido para ello fue uno muy cerca de la puerta, espero y espero hasta que el momento oportuno llegó, todos los presentes se encontraban durmiendo, absortos en sus pensamientos o conversando entre ellos haciendo que su presencia pasará desapercibida, hasta tal punto que tras hacer con su frazada un bulto que parecía un cuerpo recogido, salió de esa habitación en busca de su venganza.

Al llegar, se mantuvo en la esquina mirado como Samantha Lehmann protegía la habitación, y cuando vió que ella se disponía a irse para ir en búsqueda de un remplazo se escondió en la habitación más cercana, y al escuchar sus pasos alejarse, salió rápidamente de allí hasta llegar al lugar donde se encontraba la Ministra.

Dos años siendo fugitiva le dieron la expertis para no demorarse tanto en abrir con aquella navaja la puerta, y cuando la puerta se cerró casi todo se encontró a oscuras, existiendo solo una luz escasa cerca de la camilla en donde se encontraba la pelirroja, al parecer dormida. Su primer impulso al verla fue sentir unas incontrolables ganas de vomitar, pero se llevó una mano a la boca y se contuvo. Para luego aunando todo el valor que había recaudado a lo largo de sus años se acercó a la camilla para ver más de cerca a la asesina de su hermana y la causante de todos sus males.

- Vas a pagar hasta la última gota de sangre que perdió iO.- le sentenció con la voz más ronca que se había escuchado hasta entonces.
Caroline Shepard
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Tumblr_inline_mx9xqzCdQf1s424hg
RP : 10
PB : Evan Rachel Wood
Edad del pj : 27
Ocupación : Regulación de criaturas
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 15.712
Lealtad : Pro-muggle.
Patronus : Tigre Blanco
RP Adicional : +2F
Mensajes : 269
Puntos : 182
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4198-caroline-shepard#66802 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4199-part-of-my-life-rs-caroline-shepard#66808 http://www.expectopatronum-rpg.com/cronología http://www.expectopatronum-rpg.com/baúl
Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Gwendoline Edevane el Jue Abr 11, 2019 2:41 am

Gwendoline, exhausta, estaba segura únicamente de una cosa: que no le apetecía lo más mínimo tener aquella conversación. Los Crowley era un tema del pasado que, de una manera u otra, conseguía volver a ocupar una primera plana hipotética en sus vidas. Bien podrían ser fantasmas pesados, persiguiéndolas, que sería básicamente lo mismo.

Se explicó lo mejor que pudo, lo mejor que supo, con respecto a sus motivos para haber guardado aquel siniestro artefacto que tanto dolor le había causado a Sam. Dolor de una forma literal y nada metafórica, además. Y sí, era bien consciente de que la rubia tenía toda la razón: si alguien hubiese descubierto aquella varita entre sus pertenencias, como mínimo, se habrían levantado sospechas.

En el peor de los casos, habría puesto una diana sobre su propia espalda, especialmente si los hipotéticos supervivientes de la familia Crowley—si los había, claro—se enteraban de que una bruja se paseaba por ahí con la varita de uno de los suyos, desaparecido en acción.

Así que poco pudo replicarle a Sam: cerró lentamente los ojos, cansada, y los volvió a abrir de forma muy pesada, mirando a continuación a la que en no mucho tiempo se convertiría en su novia.

Me olvidé de ella, quiso insistir, pero le pareció redundante y, de verdad, no tenía la más mínima energía para discutir. Mucho menos cuando sabía que la contraria tenía toda la razón y todo el derecho de decirle aquellas cosas.

Igual que un niño que ha cometido una travesura—una grave, además—, Gwendoline se quedó en silencio, la mirada perdida en algún punto de la agrietada pared frente a ella, inmóvil en medio del pasillo. Recibió aquella merecida reprimenda sin decir una sola palabra, y no fue hasta que Sam le cogió la mano que reaccionó: primero, apartó la mano como si, de alguna manera, no mereciera ese gesto; después, miró a Sam a los ojos.

—Cógela.—Le dijo, sin más, sin siquiera intentar explicar qué llevaba a una persona a conservar algo así, algo que había hecho tanto daño a la persona que amaba. ¿Si le confesaba sus sentimientos a Sam, lo entendería? ¿O ni aún así? ¿Quizás sólo podría entenderla un psiquiatra en un centro especializado muggle?—Cógela y deshazte de ella de la manera que consideres más oportuna.—Lo dijo con una voz suave, un poco a la defensiva pero sin intentar atacar a Sam en ningún momento.

Dicho aquello, se dispuso a marcharse rumbo al piso de arriba, pero no dio ni tres pasos antes de pararse en seco. Daba la impresión de que se le había quedado algo por decir, pero en realidad no: en realidad, se dio la vuelta y caminó de nuevo hacia ella, rodeándola con sus brazos en un sentido abrazo que no acompañó con palabras de ningún tipo. Permaneció abrazada a ella unos cuantos segundos, su rostro apoyado en el hombro de ella y la mirada perdida, mil pensamientos buyendo en su cabeza, y entonces se separó.

No sin besar su mejilla antes de ir a reunirse con los demás al piso de arriba.


***

Aún más derrotada de lo que estaba antes de subir las escaleras, Gwendoline entró en el apartamento donde se refugiaban el resto de fugitivas y Ryosuke. El solícito japonés nunca las dejaba tiradas, y no pudo más que responder a su sonrisa con otra, más débil, más cansada, pero sincera. ¿Qué sería de ellas tres y de sus allegados sin la ayuda de Ryosuke?

La cabeza quería darle vueltas. Literalmente: quería, pero parecía no estar del todo dispuesta a ceder a la tentación. Supuso que aquella extraña sensación se debía a todo el cansancio y al estrés de la situación.

Unos cuantos pasos más y podrás dormir, se prometió a sí misma, aunque era una promesa muy poco satisfactoria: iba a dormir apenas un par de horas, cuando tocase relevar a Sam en el turno de vigilancia.

El japonés se acercó a ella, y de nuevo Gwendoline forzó una sonrisa. De verdad: no estaba, para nada, en su mejor momento. También los había tenido mucho peores, pero el volver a estar en la habitación en que iO había muerto la ponía, simplemente, enferma.

—Estamos bien, sí. Cansadas y poco más.—Se le escapó un suspiro de resignación, pensando en que tocaba lo más difícil: trasladar a McDowell. ¿Cómo lo harían? No era precisamente un personaje anónimo.

Entonces, Ryosuke le puso una mano en el hombro y… el tema de iO salió a relucir. Gwendoline hubiera deseado que no fuera así, pues de nuevo el mundo se le cayó a los pies: por mucho que las palabras de su compañero de profesión fueran bienintencionadas y carentes de todo deseo de hurgar en la herida abierta, lo hicieron.

Tampoco ayudó en lo más mínimo que Jo, desde su rincón, fulminase a Gwendoline con la mirada. No tenía que ser Ravenclaw para imaginarse lo que pensaba: No sólo no salvas la vida de mi hermana, sino que además tienes la desfachatez de ir a curar las heridas de su asesina.

Definitivamente, Jo y Gwendoline no se llevarían bien en un futuro inmediato.

—Gracias, Ryosuke. Gracias por tus palabras.—Le dijo, con una sonrisa muy cansada. ¿Sentía ganas de llorar? No, pero quizás las sintiese cuando estuviera descansada.—Te aceptaría encantada la propuesta, pero me da la impresión de que si me tomo uno, acabaré quedándome dormida con la taza en las manos. Y no tengo buenas experiencias con líquidos calientes. Pero muchas gracias, Ryosuke. De verdad.

Pensó en tomar la cama libre—la que había sido de iO—, pero enseguida descartó la idea: no le apetecía que su hermana la fulminase con la mirada. En su lugar, optó por ocupar un rincón en el suelo, acomodándose lo mejor que pudo y utilizando su bolso como almohada. Y lo primero que pensó fue que no sería capaz de dormir, pero...


Aproximadamente hora y media más tarde…

Se despertó con el sonido de Ryosuke, trabajando sin descanso para hacer más cómoda la estancia de los heridos. Lanzó un sonoro bostezo, abriendo tanto la boca que le crujió la mandíbula, y enseguida se puso en pie. Preguntó al japonés qué hacía, y cuando éste se lo dijo, sabiendo que quedaba todavía algo de tiempo para el cambio de turno, se ofreció a ayudarle.

Así los encontró Sam a su regreso. Ryosuke enseguida se deshizo en atenciones hacia ella, y Gwendoline caminó en su dirección.

—Agradezco la oferta, pero no.—Le dijo de manera tajante al sanador cuando se ofreció a hacerles un turno de guardia.—Una cosa es que nos cures las heridas cuando lo necesitamos sin hacer preguntas, y otra es que arriesgues tu identidad: esa que tenemos ahí abajo es la Ministra de Magia, y el peor mal bicho que existe en la faz de Inglaterra...—Quizás exageraba, pero así la veía.—Sam y yo nos encargamos.

Tomó la varita de McDowell una vez más, y se dispuso a marcharse. Sin embargo, antes de hacerlo, le puso una mano en el brazo a Sam. Le señaló su bolso con un gesto de cabeza, indicándole sin palabras que hiciese lo que tuviera que hacer con la varita de Vladimir Crowley.

Entonces, sí, se marchó en dirección al piso inferior, esperando que a la Ministra no se le ocurriese ponerse a pedir que la dejaran ir al baño o algo por el estilo.


***

En las películas, cuando algo va rematadamente mal, se suele emplear el silencio como recurso. Generalmente es entonces cuando uno de los protagonistas señala que todo está demasiado silencioso, y otro dice que le da mala espina.

Gwendoline, por el contrario, esperaba encontrarse silencio en aquel pasillo. Como mucho, quizás, escuchar el sonido de los pies de Abigail McDowell golpeando rítmicamente el armazón metálico de la cama para pasar el rato y fastidiarlas, a partes iguales, como solían hacer los prisioneros en las películas.

Lo que no esperaba encontrarse era el alboroto que escuchó: golpes, voces, más golpes… ¿Qué era todo aquello?

Con la tensión atenazándole la garganta, la morena empuñó firmemente la varita y corrió en dirección a la habitación de McDowell, encontrándose, consternada, con la puerta abierta. ¿Cómo podía ser? ¿Cómo se las había arreglado la Ministra de Magia para liberarse y, además, abrir la puerta? ¿Y dónde estaba?

La respuesta a todas aquellas preguntas le llegó al mismo tiempo, justo cuando McDowell y Jo hicieron acto de presencia, cruzando el umbral… aunque no iban precisamente de la mano: McDowell tenía a Jo como rehén, sujeta por el pelo con la mano izquierda, mientras con la derecha le ponía una navaja al cuello.

Maldita niña…, pensó Gwendoline mientras alzaba la varita.

—¡Suéltala!—Dijo con voz grave, dándose cuenta de una cosa importante: no llevaba puesta la mascarilla médica. Su único consuelo era que el pelo, despeinado y enmarañado, le cubría parcialmente los ojos, además de que seguía rubio.—¡Te lo advierto!
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 8.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1242
Puntos : 799
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Abigail T. McDowell el Mar Abr 16, 2019 3:35 am

Una cosa era dormir y quedarse profundamente dormida y otra muy diferente era descansar. Para la Ministra de Magia era imposible que pudiese quedarse profundamente dormida en esa situación y, de hecho, estaba demasiado atenta al mínimo ruido que ocurriese tanto dentro como fuera de esa habitación. Sabía que su estadía en ese lugar no iba a ser tranquila, no después de todo lo que había hecho y todo lo que había conseguido. Los fugitivos no la tratarían con amabilidad por mucho que dos de ellas hubieran decidido mantenerla con vida en vez de dejarla morir como la rata que muchos creerían que era.

Es por eso que cuando su puerta de abrió, ella lo escuchó perfectamente. Podría tener los ojos cerrados, pero ni de lejos estaba dormida. Escuchó unos pasos cautos acercándose hacia ella, hasta que escuchó la voz de una joven. Le fue fácil identificar que era la gemela de la pobre chica que se había mutilado en mitad de aquella calle.

No se hizo esperar.

—¿Ah, sí? ¿Y qué vas a hacer para conseguirlo?

Abigail se mostraba quieta y visiblemente se podía ver como estaba atada con una de sus manos a la cama mientras que su otra mano tenía un cabestrillo. Sus pies estaban libres, pero debajo de la sábana, así que ni siquiera estaban en la visión de la chica.

—Te mataré.

—¿Con eso? —Miró a la navaja que tenía en la mano. —¿Vas a clavarme eso tantas veces como tu hermana se clavó aquel bate astillado? ¿O quizás vas a cortarme el cuello? Qué valiente eres. —Dijo con sarcasmo. —Queriendo matar a una persona que no sólo está débil, sino también atada e indefensa. Tu hermana estaría orgullosa de ti, tan justa y honorable, intentando vengar su nombre…

—Cállate, no nombres a mi hermana —le dijo con odio, apuntándola con la navaja.  

—Entonces hablemos ti. —Abigail sonaba tranquila, fría y calculadora. —¿Cómo vas a matarme?

—Ya te lo h…

—¿Y me vas a dejar atada? ¿Vas a rajar mi cuello y apuñalarme mientras estoy atada a una cama? Tengo cierta experiencia en asesinatos y déjame decirte que mañana no te vas a sentir mejor por matarme. Sin embargo, entiendo el odio que ahora mismo recorre tu sangre. —Vaya que sí lo entendía, creo que ella era la mejor persona para hablar de eso que podía existir ahora mismo allí dentro. —Si quieres vengarte, hazlo bien. En igualdad de condiciones. Si no mañana te vas a arrepentir por haberme matado atada a una cama. Al menos tu hermana tuvo al oportunidad de defenderse.

—¡Te he dicho que no nombres a mi hermana! —Y puso su navaja en el cuello de la pelirroja. Se miraron desafiantes, aunque la mirada de Jo era indudablemente mucha más débil que la de una persona que había mirado a los ojos muchas veces a la muerte. Y aquello no estaba ni cerca.

—Venga, mátame. Te perseguirán pesadillas todos los días recordando este momento y mi muerte pesará en tu consciencia. —Le animó, alzando ambas cejas. Era muy consciente de que aquella niña cargada de odio y dolor no iba a tener lo que había que tener para matarla. —Suéltame. Déjame luchar.

—No soy estúpida, no voy a soltart…

Y cuando bajó la guardia pensando que Abigail sólo tenía oportunidad si estaba suelta, la pelirroja golpeó el rostro de la chica con su mano dolorida, sin importarle demasiado hacerse más daño. Por inercia su cabeza fue hacia atrás y aprovechó para golpear su mano con la navaja hacia abajo, haciendo que el arma cayera sobre su cama. Acto seguido, sacó las piernas de la cama y la golpeó en el pecho, empujándola fuertemente hacia atrás. La espalda de Jo golpeó contra la pared y cayó al suelo y Abigail se había resentido, muchísimo, por su brazo débil. Sentía que se le iba a caer de todo lo que le dolía en ese momento.

Sin embargo, había pasado por muchos momentos de mayor dolor y no se había rendido a él, así que se quitó el cabestrillo como pudo y con su mano, que tenía los dedos libres, cogió la navaja.

No tardó en utilizar su mano buena y atada para sujetar la cama y hacer fuerza para erguirse lo máximo posible. Luego, de nuevo, llevo la mano herida hacia allí, sintiendo sus huesos quejarse hasta el punto que parecía que iban a romperse en ese momento. Utilizó la navaja para la cerradura de las esposas, las cuales se abrieron y la liberaron por completo.

—Quizás la próxima vez no dudarás tanto —le dijo a la chica, quién se encontraba contra la pared, sintiendo que no solo la había cagado, sino que de repente tenía miedo.

Abigail se puso de pie, sintiendo su cuerpo en un estado muy débil y cuando Jo se recompuso de aquel golpe, intentó huir hacia la puerta. La pelirroja corrió hacia ella y la volvió a empujar contra la pared esta vez con su cuerpo, colocando su mano buena en el cuello de la niña, apretando fuertemente. La miró a los ojos, pero no le dijo nada. Ya no tenía que hablarle ni para perder el tiempo ni para mermar sus confianzas, ahora ella tenía el poder, por lo que la soltó y le dio la vuelta. La sujetó con la mano buena y su brazo recién colocado, lo apoyó en su hombro mientras la navaja apuntaba a su cuello.

Tampoco dijo nada porque se sentía terriblemente débil. Sentía que si ahora mismo estaba en pie era porque sabía que tenía una oportunidad de oro que no podía dejar pasar. La adrenalina era su combustible, pero se le estaba acabando muy rápido.

Al salir de la habitación se encontró de frente con una de las chicas que la había sanado. No tenía puesta la máscara, pero entre la oscuridad y que ninguna de las dos estaba en su mejor momento, no fue capaz de ver su cara con claridad. Y le daba mucha rabia, pero la prioridad principal era su vida.

—¿Qué me adviertes? —Preguntó, enarcando una ceja. —Creo que quién tiene que advertir aquí de una clara amenaza soy yo. —Reconoció, pese a todo, su varita. Además, era la misma chica que anteriormente estaba usando su varita, por lo que estaba segura de que era esa. Demasiados años con ella. Si podía recuperarla, lo haría. —La cosa es fácil: voy a salir de aquí antes de que venga más gente. Si me matas, ella se viene conmigo y así hago que se reúna con su hermana. —Total, Abigail tenía muy claro que de quedarse allí, su destino igualmente iba a ser la muerte. En algún punto habría un fugitivo que sería capaz de matarla, aunque no fuese esta niña joven e idiota. —Empecemos —hizo una pausa, mirando a la varita: —Dame mi varita. Luego soltaré a la niña en señal de buena fe por tu cooperación.

¿Se fiaría? Abigail no estaba de farol. De nada le servía matar a aquella niña que le había brindando la libertad, ni mucho menos mentir a la persona que le había salvado la vida. La pelirroja era una persona horriblemente cruel, pero sabía sus límites. No era en absoluto honorable, pero también sabía cuando ceder. Y también era muy consciente de que la mujer que tenía delante, si se arriesgaba, quizás, solo quizás, podría salvar a la niña y volver a encerrar a Abigail. ¿Pero realmente se iba a arriesgar a perder otra vida?

Tampoco estaba segura de si tendría su varita oculta, por lo que saltarse un trato de esa magnitud no estaba entre sus planes. Eso sí, en ese ámbito era muy probable que la palabra de Abigail fuese perfectamente cuestionable, por lo que sencillamente la miró, esperando una respuesta, mientras apretaba la hoja contra el cuello de la chica casi con un pulso que no paraba de temblar. Y es que ese brazo le estaba doliendo muchísimo.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 35.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 878
Puntos : 644
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Gwendoline Edevane el Mar Abr 16, 2019 9:48 pm

¿Cómo era posible que se hubiera dado una situación así? Gwendoline creía que habían tomado todas las medidas de seguridad posibles y, aún así, allí estaban: McDowell y ella, y por el medio una Jo que actualmente no servía más que de escudo humano para la Ministra de Magia.

Mantuvo la varita alzada, sopesando sus posibilidades. ¿Sería capaz de acertarle un hechizo a McDowell sin golpear primero a Jo? No se veía capacitada para ello, y menos teniendo en cuenta que la pelirroja no era precisamente grande. El cuerpo de Jo le servía perfectamente de escudo. Y de todas formas, aunque lograse acertarle un hechizo, nada le garantizaba que en última instancia la mortífaga consiguiera rajar el cuello a la fugitiva.

Era una situación imposible. Le hubiera gustado pedir ayuda, pero hacerlo podría significar la muerte de Jo. Así que todo se resumía a ellas dos: McDowell y ella.

Tenía que tomar una decisión, o posiblemente McDowell la tomaría por ella. Sabía que no pocos estarían descontentos con lo que sucedió a continuación, pero Gwendoline lo consideró la única salida. Por mucho que Abigail pudiera estar mintiéndole, no le quedaba más remedio que tomar aquella decisión.

Primero bajó lentamente la varita, y después simplemente la dejó caer en el suelo.

—Ya está. Si quieres tu varita, tendrás que cogerla tú misma. Pero suéltala primero.—Y, como gesto de buena fe, apartó la varita de sí con una leve patada. El artilugio mágico rodó por el suelo en dirección a McDowell, deteniéndose a medio camino entre ella y Gwendoline.—Estoy desarmada. No intentaré impedírtelo.—Le aseguró, dando un paso atrás.

Le hubiera gustado que aquello fuera una mentira. Le hubiera gustado tener escondida su varita, lista para incapacitar a McDowell en el momento en que ésta se lanzase a recuperar la suya. Pero no la tenía, y el atuendo de enfermera tampoco es que se caracterizase por tener muchos bolsillos donde poder guardar nada. Seguro que McDowell podía ver aquello con un simple vistazo.

Buscó la mirada de Jo, quien en esos momentos se debatía con el intenso miedo que la atenazaba. Sin embargo, también pudo ver una nota de rencor. Odio. La odiaba por dejar escapar a McDowell en la misma medida que le agradecía estar haciendo aquello para salvarla.

Gwendoline estaba segura de que, al final, pesaría más el rencor. El ser humano tenía la virtud casi innata de otorgar más peso a todo lo malo que a todo lo bueno.
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 8.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1242
Puntos : 799
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Abigail T. McDowell el Lun Abr 22, 2019 9:04 pm

La sanadora fue inteligente y apostó por la vida de la joven idiota, en vez de por intentar retener a McDowell. En ese caso quizás quedarse con la pelirroja podría crear mayor diferencia que quedarse con una niña que no sabe controlar sus impulsos, pero mientras que Abigail valoraba las utilidades de las personas, se notaba que aquella mujer lo que valoraba era la vida, simple y llanamente. Prefería dos personas vivas, que una persona muerta.

Así que terminó soltando la varita al suelo, además de pegarle una patada para que se acercase a la pelirroja. Prometió estar desarmada y, pese a que Abigail no la creyó, no tenía otra opción más que creérselo y arriesgarse.

—Primero cogeré la varita y luego la soltaré. —Puso McDowell sus propias condiciones.

Visualizó su varita sobre el hombro de la gemela y no tardó en empujarla hacia adelante, para poder reducir la distancia con respecto a ella. No pensaba soltar a la única persona que ahora mismo le estaba garantizando una respuesta de sus enemigos.  

Así que cuando llegó a la varita, empujó a la muchacha en dirección a la sanadora y se agachó para coger su varita, apuntándola hacia ellas. Con la varita empuñada entre sus dedos, las cosas cambiaban muchísimo. Otra cosa no, pero esa varita llevaba acompañando a Abigail desde sus once años y había vivido con ella muchísimas cosas, desde sus grandes éxitos hasta sus más ridículos fracasos, por lo que en su compañía, rara vez se sentía amenazada. Ahora, en realidad, sentía que tenía todas las de ganar.

Podría haberlas matado en ese mismo momento y ahorrarse el hecho de que alguna de las dos incapacitase su huida o avisase a alguien que pudiese realmente hacerlo. Pero no las mató. Pese a lo cruel que pudiese ser, era consciente de sus límites como ser humano y si no llega a ser por esa traidora, ahora mismo estaría muriéndose.

—Una vez por mí, otra vez por ti, traidora —le dijo a la mujer. —Asegúrate de que no te vea ahí fuera si no quieres que destroce tu vida.

Porque hasta esa mujer debía de tener claro que si la pelirroja hubiera querido, ¿para qué dejar a esos dos eslabones sueltos? Lo único que la movía a ser ‘benevolente’ era que ahora mismo su cuerpo estaba en cuenta atrás y que, de no ser por la ayuda, ya estaría en modo fiambre. Así que al igual que esa mujer no tenía un por qué para ayudarla a vivir, Abigail ahora no tenía un por qué para dejarlas con vida.

Retrocedió entonces en sus pasos y de repente todas las sombras de aquel pasillo comenzaron a hacerse más densas, hasta crear un muro entre las dos mujeres y Abigail. La pelirroja tenía gran dominio de éstas, pero se limitó a crear un muro que las separase por precaución y porque estaba tan hecha polvo que se creía bastante limitada para hacer nada más. Desde que supo que estaba aislada, se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección opuesta. No sabía por donde salir, así que optó por la opción más sencilla: entró a una de las habitaciones abandonadas y se tiró por la ventana, amortiguando la caída con un sencillo hechizo.

Apuntó entonces con su varita al cielo, conjurando un hechizo que no salió a ningún lado. A los tres segundos en donde Abigail se apoyó en la pared exhausta, mirando con desconfianza hacia atrás, apareció Feto, su leal elfo doméstico.

—Sácame de aquí —le ordenó la pelirroja.

Era, de lejos, la primera vez que la pelirroja confiaba en su elfo doméstico y le otorgaba un valor más allá de los domésticos de la casa. El elfo, emocionado, sujetó la mano de a su ama y la sacó de allí de un sencillo chasquido de dedos, por encima de cualquier barrera anti-aparición.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 35.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 878
Puntos : 644
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Gwendoline Edevane el Mar Abr 23, 2019 1:15 pm

En vista a la situación, a Gwendoline no le quedó más remedio que rendirse a la evidencia: McDowell había ganado aquel asalto apelando simple y llanamente al lado más humano de la desmemorizadora.

No pudo hacer más que quedarse inmóvil, dónde estaba, y dejar que McDowell llevase aquello de la manera en que lo había decidido. A fin de cuentas, la pelirroja había tomado la sartén por el mango y no pensaba soltarla antes de tiempo. Con Jo todavía prisionera, avanzó en dirección a su varita, y cuando la tuvo al alcance, arrojó a la muchacha en dirección a Gwendoline, quien se desequilibró un poco al recibirla entre sus brazos. Ese fue el momento en que la Ministra recuperó su varita.

Pudo haberlas matado fácilmente a ambas, y tanto Gwendoline como Jo lo sabían. Le habría resultado muy fácil… pero no lo hizo. La morena se quedó bastante desconcertada ante este hecho, pero en aquellas palabras de la Ministra le pareció detectar… ¿agradecimiento? Uno seguido de una amenaza, eso sí.

La Ministra de Magia utilizó un hechizo que la morena había visto en alguna ocasión a algún mortífago: creó un muro de sombras que ocupó todo el pasillo y la separó de sus perseguidoras. Sin embargo, Gwendoline no hizo ademán alguno de perseguirla cuando ésta echó a correr, aunque Jo no estuvo de acuerdo con su pasividad.

—¡Se escapa!—Exclamó la fugitiva, revolviéndose entre los brazos de una Gwendoline que la mantenía inmovilizada.—¡Se está escapando! ¡No podemos dejarla…!

—¡Sí, podemos!—La cortó Gwendoline, quien notaba su paciencia a punto de desaparecer. La niña reaccionó como si la hubiesen abofeteado, quedándose inmóvil con la mirada fija en la de Gwendoline.—¿Qué pretendes hacer exactamente? Ya has hecho suficiente.

Gwendoline, crispada de los nervios, soltó a Jo. Sintió auténticos deseos de abofetearla allí mismo, pero desistió: aquello no iba para nada con ella. No iba a ser ella quien aleccionase a una cría por medio de la violencia física.

Quizás atraídos por el estruendo que produjo McDowell al romper la ventana del cuarto en que había sido retenida, varias personas llegaron corriendo a ver qué sucedía. Gwendoline se volvió y se encontró con Sam acompañada de Ryosuke y Violet.

—¿Qué ha pasado? ¿Estáis bien?—Preguntó la fugitiva pelirroja, exaltada, mientras caminaba hacia Jo.

—McDowell se ha escapado...—Explicó Gwendoline, dejando ir un suspiro. Se llevó ambas manos a la cara, cubriéndola con ellas, y sintió el repentino peso del cansancio sobre sus hombros.—Supongo que ya no hay que montar guardia, pero hay que irse de aquí de inmediato: McDowell puede enviar aurores a buscarnos.


Más tarde

No perdieron tiempo: todos aquellos que estaban en condiciones de moverse se encargaron de recoger todo lo que era importante, meterlo en bolsas y mochilas, y se aseguraron de que no se les quedaba absolutamente nada atrás.

Gwendoline les ofreció una breve explicación—a quienes quisieron escucharla, entre los cuales no se encontraba Sam—acerca del refugio al que iban a trasladarse. Cosas importantes, como entradas, personas con las que deberían hablar para instalarse, y otras menos importantes, como las comodidades que se encontrarían allí.

Sussy, Marie y Violet prestaron atención a todo, pero Jo se mantuvo en un rincón de la estancia, agazapada en el suelo, mirando a Gwendoline con una mezcla de sentimientos que seguramente ni ella comprendía. La morena se imaginó que habría sido demasiado dura con ella, dadas las circunstancias: había perdido a su hermana, después de todo.

Dejó esa cuestión aparcada por el momento, respondiendo a las dudas de las fugitivas. Marie, de hecho, hizo una muy buena pregunta.

—¿Y qué hay de ellos? De iO y de mi primo, quiero decir...—Todavía se sentía el dolor en su tono de voz. Y era una buena pregunta para la que Gwendoline no tenía respuesta, realmente: no sabía si en el refugio había algún tipo de cementerio o lugar de reposo. Pero una cosa estaba clara.

—No vamos a dejarles aquí. Nos los llevaremos al refugio… y veremos qué se puede hacer.

Con todo aquello en marcha, continuaron los preparativos para abandonar el edificio, que ya no era seguro. Gwendoline se encargó de recoger todas sus cosas, en silencio, tras decirle a Sam que se llevase a Caroline a casa, y a Ryosuke que volviese a Japón antes de meterse en más problemas.

Jo, por su parte, seguía sentada en su rincón, con rostro apático. Gwendoline la observó y dejó lo que estaba haciendo, y tras meditarlo un par de segundos, se acercó a ella. Se sentó en el suelo, a su lado.

—Lo siento si he sido dura contigo. Sé que debes estar pasándolo mal, y que si hay alguien aquí que tiene derecho a estar enfadada eres tú, pero… a veces, la gente pierde los papeles en momentos de estrés.—La miró, calibrando su reacción.—Ojalá hubiera podido salvar a tu hermana. Hice todo lo que estaba en mi mano...

La muerte de aquella muchacha la perseguiría, y lo sabía: había sido la primera persona a la que veía morir, y la primera paciente a la que no había podido salvar. Un triste desenlace para una persona tan joven...
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : Jaque mate para la reina {Abi, Carol, Sam y Gwen} - Página 2 Giphy
RP : 10
PB : Elizabeth Olsen
Edad del pj : 30
Ocupación : Jefa de Desmemorizadores
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 8.086
Lealtad : Pro-muggles
Patronus : Tortuga marina
RP Adicional : ---
Mensajes : 1242
Puntos : 799
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t5349-gwendoline-edevane http://www.expectopatronum-rpg.com/t5353-relaciones-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5368-cronologia-de-gwendoline http://www.expectopatronum-rpg.com/t5354-correspondencia-de-gwendoline
Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.