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Halloween night... and something else {Caroline Shepard} {+18}

Hester A. Marlowe el Miér Oct 31, 2018 2:10 am

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Miércoles 31 de octubre, 2018 || Caldero Chorreante || 21:27 horas || [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

No era ningún secreto que las pequeñas desgracias—provocadas en gran medida debido a su innata torpeza—perseguían a Hester Marlowe. Si la joven compartía estancia con un jarrón chino muy frágil del siglo XI de la dinastía Ming, existía una alta probabilidad de que acabase en el suelo hecho trocitos, con Hester como responsable indirecta de tamaño crimen contra la historia de la humanidad. Y ni mencionar la cantidad de veces que la joven se había caído de su bicicleta.

Sin embargo, había algo sobre lo que Hester no tenía el más mínimo control y que, sin embargo, siempre que ocurría derivaba en situaciones propias de un gag cómico: cada vez que su lechuza entraba por la ventana con correo para ella.

Hester había empezado a aceptar con el paso de los años que su pequeña cabecita, su valiosa cabecita de vidente y oclumante—¡Doble amenaza! ¡Temedme!—tenía algún tipo de magnetismo natural que atraía el correo directo hacia ella. O quizás tuviese la lechuza más troll sobre la faz de la Tierra, y no precisamente de esos trolls famosos en el mundo mágico que tenían la estatura de una casa pequeña, la belleza del protagonista de la película Shrek y un garrote del tamaño de un árbol.

Fuese cosa del destino—manifiesto en su infinita torpeza—o fuese cosa de su lechuza, la conclusión era la misma: el correo aterrizaba sobre la cabeza de Hester. Si se trataba de una carta, tampoco pasaba gran cosa, pero si se trataba de algún paquete… Bueno, en ese caso a Hester más le valía andarse con buenos reflejos. Menos mal que no solía pedir nada por correo, o pasaría media vida en San Mungo recibiendo primeros auxilios.


Y… ¿a qué viene todo esto? Bueno, es sencillo: Hester había recibido una carta a finales de la semana anterior, y dicha carta, por supuesto, aterrizó sobre su cabeza. Se encontraba repantingada en el sofá, en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], tan enfrascada en la novela de misterio que estaba leyendo que dio un respingo e incluso pegó un gritito cuando vio aparecer la misiva ante ella, sobre las páginas de su libro.

Sin ningún tipo de consideración por su bienestar, su lechuza se marchó de la misma manera que llegó: a través de la ventana, sin siquiera un ululato de despedida. Hester tampoco le dio demasiada importancia, y recuperada del susto, sacó la carta del sobre y se puso a leerla.

La carta en cuestión era una invitación a una pequeña fiesta de Halloween que organizaban algunos empleados del Ministerio de Magia. Nada oficial, solamente una modesta reunión de compañeros en el Caldero Chorreante, según anunciaba la misiva. Habría cena, baile y, por supuesto, alcohol.

Hester pensó seriamente declinar la oferta. Es decir, no se relacionaba con demasiadas personas en el Ministerio de Magia, más allá de lo estrictamente necesario y de lo estrictamente profesional, especialmente desde que los mortífagos ostentaban el poder. La mayoría de la gente que le caía bien o que había sido amable con ella había acabado entre rejas o huyendo. Como Dorothea, la recepcionista del archivo del Departamento de Misterios: una señora de unos setenta años que había sido arrestada el día siguiente al ataque, aparentemente, por ayudar a su hijo adoptivo de sangre muggle escapar de las garras de los mortífagos; o aquella legeremante rubia tan guapa que a Hester le hacía tilín, y que siempre la saludaba con una sonrisa cuando se cruzaban en los pasillos.

Sin embargo, algo en la carta—posiblemente las palabras ‘nada oficial’—le daba confianza. Y quizás no sería mala idea que estableciese algún tipo de relación social con alguno de sus compañeros. Y dándole vueltas a estos pensamientos durante los días siguientes llegó a la conclusión de que la idea no era mala. Solo esperaba no tener alguna visión al tocarle la mano a alguien, pues dudaba mucho que las palabras ‘Acabo de ver tu futuro’ fuesen las mejores para romper el hielo.


Así que allí estaba ella, entrando por la puerta del Caldero Chorreante con el monísimo disfraz de gatita que había comprado a través de Amazon—bendito envío en un día—, dispuesta a tener una noche en compañía de sus compañeros de trabajo. Quizás hiciese alguna amistad, y sus días dentro de ese edificio subterráneo fuesen más agradables.

Había ya bastante gente del Ministerio allí cuando llegó, todos ellos ataviados con disfraces variopintos. Hester, sin embargo, no sabía a quién acercarse exactamente, así que optó por tomar asiento en uno de los taburetes junto a la barra. Al hacerlo, a punto estuvo de caerse del asiento—no preguntéis: torpeza innata—, pero logró evitar un aparatoso accidente y una bochornosa situación posterior. La camarera, entonces, le preguntó qué le apetecía beber. Hester, que no era una bebedora habitual—por no tener, ni cervezas tenía en casa—empezó pidiendo...

—Una cerveza de mantequilla, por favor.—Sí, una cerveza de mantequilla. Hester no era de las que empezaban fuerte la noche. De hecho, contaba con no emborracharse, pues lo único que quería era conocer gente, y disfrutar quizás de algún tipo de broma con temática de Halloween.

Sentada en su taburete, mientras esperaba la cerveza de mantequilla, Hester contempló la decoración terrorífica del Caldero Chorreante: murciélagos falsos animados con magia con un aspecto muy realista, revoloteando por todo el bar; calabazas con terroríficos rostros tallados y llamas crepitantes en su interior; una ligera neblina envolviéndolo todo; un caldero colocado en el centro del bar, posiblemente lleno de algún tipo de ponche, del cual brotaba la misma bruma que cubría el local; sonidos fantasmagóricos elevándose cada pocos segundos por encima de la música… Todo estaba muy cuidado, y Hester se maravilló del hermoso aspecto que tenía aquel lugar.


Última edición por Hester A. Marlowe el Lun Mar 04, 2019 2:58 am, editado 1 vez
Hester A. Marlowe
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Hester A. MarloweMagos y brujas

Caroline Shepard el Dom Nov 11, 2018 7:14 pm

Las cosas últimamente en la vida de Caroline se resumía a pasar la mayoría del tiempo en el trabajo, o en misiones externas a el que ella misma se había atribuido (sin pedirle permiso a nadie) en un afán de agregarle la palabra “Cuidado” al Departamento de Control y Regulación de Criaturas mágicas del Ministerio de Magia. Ya han pasado dos años desde que llegó a Londres y aún  sigue sorprendiéndose por el escaso interés que poseen por las Criaturas en este lado del mundo, ella cree que los estudios se estancaron con Scamander (su amor platónico desde pequeña) y desde allí son muy pocas las personas que realmente dedican su vida al estudio y protección de esos tan hermosos seres, muy al contrario que en Japón, donde prácticamente las personas viven a la par con los animales en una sana y respetuosa convivencia. Todo aquello indicaría que la pelirroja tuviera unas ganas incontrolables de volver a esas tierras, pero no era su caso, ya que ella prefería estar en donde necesitaran más de su ayuda en vez de en un lugar donde las cosas ya estuvieran mucho más avanzadas y tranquilas. Aquí la necesitan y aquí se iba a quedar, por las criaturas y por sus hermosos amigos.

Las cosas habían estado duras el último tiempo, en todo sentido, el año se le ha sido muy difícil de llevar y para su desgracia al parecer no existe una fecha próxima en que todo vuelva  a calmarse. El gobierno seguía más hostil que nunca, la resistencia al parecer se ha tornado más radical y violenta, y los cazarecompensas se multiplican como cucarachas haciendo que la vida de su mejor amiga Samantha y sus queridos compañeros fugitivos cada día corrieran más peligro. Y a todo eso la ex ravenclaw seguía dando pelea, cicatrices en su cuerpo podían dar testimonio de aquello, y pretende seguir luchando hasta el fin de los tiempos,  pero no puede negar que a veces esa doble vida que lleva para proteger su libertad es muy dura, frustrante, y triste. Convivir continuamente en un lugar que representa unos ideales que ella aborrece le causa náuseas y dolores de cabeza continuamente, pero como en todo caos siempre hay un rayo de luz esta vez no es la excepción.

En el trabajo Caroline la mayoría del tiempo debía lidiar con personas que en otras circunstancias ni de joda le hubiera dedicado un segundo de su atención, pero para poder seguir ayudando a las Criaturas como lo hace hasta ahora se muerde la lengua, respira y los deja pasar. Pero a veces, ocurre el milagro divino de encontrarse con personas que son un respiro dentro de ese lugar y uno de ellos es Marshall Adams del Departamento de Deportes y Juegos mágicos, que aparte de ser una fanático del Quidditch logra siempre, sin excepción, robarte una sonrisa por su graciosa forma de ser. Se lo había topado hace unos meses  en una taberna  mágica, había querido ir allá para distraerse un poco y se enteró al llegar que allí transmitirían el partido de los Appleby Arrows contra los Avispas de Wimbourne. La pelirroja jamás ha sido una fanática de dicho deporte pero solo le bastó hablar con Marshall unos diez minutos para terminar con él gritando y tomando cerveza junto a los demás fanáticos en aquella taberna. Y con el paso del tiempo descubrió que aparte de ser una gran persona Marshall también forma parte de aquellos que luchaban contra este gobierno de manera anónima, pero desde su vereda que era el deporte. Él contaba con un club deportivo de Quidditch sólo para hijos de muggles en una de sus parcelas al sur de España, ya que según él “ningún niña o niño debía privarse de la magia de volar sobre una escoba”. Por lo que desde aquel inesperado encuentro hasta el día de hoy los dos han formado un lazo muy cercano a la amistad.

Es por eso que no tardó en aceptar su invitación a la fiesta que él organizó para Halloween, a decir verdad la pelirroja no tenía muchas ganas de celebrar ni irse de fiesta en estos tiempos, pero sabía que a su cuerpo le hacía falta distenderse aunque sea unas horas y algo le decía que las personas que Marshall invitaría sería de la misma cepa, personas de las cuales unos podía divertirse y sentirse más libre en opinión e ideología, y esperaba de todo corazón no equivocarse.
El disfraz no había sido mayor problema, fue a una tienda de disfraces y dejó que la dueña le recomendará el mejor disfraz para ella, y ese resultó ser el de Batwoman, ya que según ella Caroline debía aprovechar su pelirroja cabellera y combatir el crimen la noche de Halloween.

El lugar citado era el Caldero Chorreante, y con tan solo mirar desde afuera el local uno podía deducir que esa noche sería una pasada, realmente se habían lucido con la decoración y la música era de esas que aunque uno no quisieras se te movían los hombros con ganas de bailar.
Caroline entró y rio cuando lo primero que vio fue a Marshall cantando eufóricamente karaoke sobre el escenario mientras hacía pasos graciosos, este iba disfrazado de Frankenstein.- ¿Caroline, eres tú?.- preguntó con ojos de huevo frito al verla en la entrada, la pelirroja sonrió ampliamente y asintió.- Wow.- musitó el castaño para cederle el micrófono a un chico vestido de pato y bajar del escenario para acercarse a ella y abrazarla.- ¡Que genial que hayas venido!Te queda estupendo el disfraz, eh. Te pega mil.- le dijo mientras le pegaba una mirada de los pies a la cabeza.

- Gracias, gracias.- le respondió Caroline.- Tú también te ves en tu mejor momento, eh.- bromeó divertida haciendo al mago reír.

- Aún no han llegado todos, pero en el escenario se encuentran mi amada Claire que ya conoces, y Jonas del Departamento de Cooperación mágica Internacional.- agregó apuntándole a ambos mientras le ofrecía una amplia sonrisa.


- Y también llegó…- hizo una pausa para buscar a la otra persona hasta que se detuvo en la barra.- Hester, que es instructora de Oclumancia ¿Quieres tomar algo? Yo invito, y así la conoces mejor, de seguro te caerá genial.- le comentó para tomarla del brazo y llevarla a la barra.

- Hester, te quiero presentar a Caroline Shepard del Departamento de Criaturas mágicas.- dijo el mago apenas llegar a la barra.- Hester ella es Caroline, Caroline ella es Hester y yo Marshall el puente mágico que las une y que ahora pedirá un Whisky para alegrar su noche.- soltó divertido para luego comenzar a hablar con el barman.

- Hola, un gusto.- saludó la pelirroja para sentarse junto a ella en la barra.- ¿Caroline tú quieres algo de tomar? ¿Hester tú ya pediste algo?.- preguntó Marshall.- ¿Esa es una cerveza de mantequilla?.- preguntó atacado el mago al ver el brebaje de la castaña.- Un vodka de naranja, por favor.- le respondió Caroline ofreciendole de paso una sonrisa a la chica que vestía de gatito, pensando que si pretendía distenderse esa noche un poco de vodka en su cuerpo no le vendría nada de mal.

Disfraz:

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Marshall Adams:

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Última edición por Caroline Shepard el Jue Nov 29, 2018 3:35 am, editado 1 vez
Caroline Shepard
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Hester A. Marlowe el Lun Nov 12, 2018 2:58 am

A Hester Marlowe le gustaba mucho la festividad de Halloween. No es que fuese una fan acérrima del terror, de los disfraces o de la oscuridad—de hecho, seguía padeciendo de nictofobia, y todavía era incapaz de dormir sin una tenue luz con temporizador encendida— pero el espíritu de la festividad le parecía de lo más atractivo. Especialmente, le gustaba la tradición de pedir caramelos de puerta en puerta, pues le traía recuerdos de su estancia en el orfanato: una vez al año, los huérfanos se ataviaban con disfraces hechos a mano—generalmente consistentes en sábanas y otros elementos cotidianos que podían encontrarse en el edificio—y salían a pedir caramelos acompañados por las hermanas. Solían volver con sus fundas de almohada llenas de chucherías que se comían al día siguiente, sin parar hasta que les dolía la barriga.

Aquella fiesta distaba mucho de las que se celebraban en el único hogar de infancia que había conocido Hester, por supuesto: no había más que contemplar aquella decoración tan realista, lo cuidado de cada detalle, y el hecho de que todos los asistentes eran adultos y no niños sin padres. Y el alcohol, claro. En Saint Christopher estaba terminantemente prohibido el alcohol. ¿Quizás se debiese a esa prohibición que Hester, incluso en una fiesta como aquella, tuviese una cerveza de mantequilla entre sus manos, envueltas en guantes que emulaban las patas de un gato? Aquella bebida no emborracharía ni a un bebé.

Había dado apenas un sorbo a su bebida cuando un Frankenstein con mucho ritmo saltó al escenario y se puso a cantar en el karaoke. La oclumante al principio no le reconoció, tan increíble como era su disfraz, pero se trataba de Marshall Adams: su nombre figuraba en la carta de invitación que Hester había recibido, pues al parecer había sido el organizador de la misma. Hester le observó y escuchó bebiendo otro sorbo de su cerveza, muy atenta… hasta que no pudo más que empezar a reírse. No tenía mucho trato con Marshall, no más allá del terreno laboral, y si bien le parecía una persona simpática y amable, nunca se hubiese imaginado que tuviese una vena tan divertida.

Hester todavía reía, divertida, cuando Marshall paró de cantar para saludar a una recién llegada. La mirada de la oclumante se posó inmediatamente sobre la mujer en cuestión y… ¡Oh, dios mío!, pensó Hester mientras se llevaba la botella de nuevo a la boca. La tal Caroline iba disfrazada de Batwoman, y dicho disfraz resaltaba sus formas femeninas. Hasta el punto en que Hester se encontró mirándola de arriba abajo con gran interés. ¿Y esta mujer? ¿De dónde ha salido? ¿Desde cuando tengo una compañera de trabajo tan atractiva?


Para su sorpresa, tras intercambiar algunos saludos, Marshall y la recién llegada Batwoman se dirigieron a la barra, donde se encontraba ella acompañada únicamente por una cerveza de mantequilla que ni siquiera iba por la mitad. Al ver acercarse a la atractiva mujer murciélago de Gotham, Hester estuvo a punto de atragantarse con la cerveza, nerviosa como estaba. No era de piedra, y aquella mujer… aquella mujer era un sueño erótico en sí mismo, vestida con aquel ajustado traje. Se sintió un poco mal por tener aquellos pensamientos, especialmente tratándose de una persona que trabajaba en el mismo edificio que ella, pero no pudo evitarlo.

Y, para colmo, Marshall las presentó. Batwoman era Caroline Shepard, del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. La pelirroja saludó a Hester con toda la naturalidad del mundo, antes de sentarse junto a ella; mientras tanto, la oclumante sonreía con la boca entreabierta. Si ya normalmente se ponía nerviosa a la hora de interactuar con otras personas, si esas otras personas eran mujeres tan atractivas como esa… bueno, entonces su nerviosismo aumentaba.

—¡Ho… hola, Caroline!—Aquello sonó incluso coherente y normal.—Encantada de conocerte.—Aquello ya no sonó tan bien: ‘conocerte’ sonó como ‘conocertre’.

Marshall—a quien Hester había ignorado un poco de manera involuntaria porque, seamos sinceras, tenía ante sí a una atractiva mujer que había llamado muchísimo su atención—aseguró ser el puente que unía a ambas, segundos antes de invitarlas a beber algo. La pelirroja pidió un vodka de naranja, y Hester se sintió de repente muy estúpida con su cerveza de mantequilla. ¿Quién pide cerveza de mantequilla en una fiesta, Hester? Yo te diré quién lo hace: los niños pequeños. ¡Y los niños pequeños a esta hora están durmiendo!, se recriminó la joven, apretando los labios.

—Eh… Sí.—Respondió Hester a Marshall. Ojalá se le hubiese ocurrido algo un poco más ingenioso. Algo así como ‘La noche es joven, no se puede empezar fuerte’. Pero no se le ocurrió.

—¡Oh, vamos, Hester! ¡Es una fiesta, diviértete un poco!—Exclamó Marshall, sonriente, animándola a divertirse.

—Bueno, es que...—¿Es que qué? No había nada peor que no saber qué decir. Marshall la miraba con esa expresión que parecía querer decir ‘¡Vamos, sabes que lo estás deseando!’, y Hester acabó rindiéndose. Dejó la cerveza sobre la barra, y sonrió, resignada.—Tomaré lo mismo que Caroline.—Hester no era experta en bebidas alcohólicas, así que se guiaría por el gusto de la pelirroja, a la cual no pudo evitar echar una discreta mirada de reojo.

—¡Esa es mi Hester!—Exclamó Marshall con un gesto de triunfo.—¡En seguida vuelvo con sus bebidas, señoritas!—Anunció, antes de separarse de ellas en dirección a la zona más alejada de la barra, donde se encontraba el barman.

Hester, bastante más nerviosa de lo que le gustaría, se quedó a solas con Caroline Shepard, una Batwoman de la vida real que se había sentado a su lado. Se atrevió a mirarla y a mantenerle la mirada más de cinco segundos, y como no sabía exactamente qué decirle, le dedicó una cálida sonrisa. No le pasaron por alto esos labios pintados de rojo tan atractivos… ¿Había algo en ella que no fuese atractivo, acaso?
Hester A. Marlowe
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Hester A. MarloweMagos y brujas

Caroline Shepard el Dom Dic 23, 2018 2:04 am

La verdad es que la pelirroja no tenía muchas ganas de ir a una fiesta, las cosas no habían estado fáciles por lo que ir de parranda se encontraba en el último lugar de sus prioridades. Pero todo aquel que conociera a Marshall Adams podría decir que era una hombre bastante carismático y testarudo cuando una idea se le había metido en la cabeza. Y su deseo este Halloween era que todos aquellas personas que él estima del Ministerio tuvieran una fiesta que los hiciera, aunque sea por unas horas, olvidarse de todo el horror que manchaba hace un buen tiempo el mundo mágico. El lado más amargo de la pelirroja diría que ni todo el alcohol ni buena música del mundo le haría olvidar todo lo que ha pasado pero, como Caroline siempre tiende a ver el vaso medio lleno se dejó llevar por su instinto y fue a la fiesta a probar suerte.

Al llegar al local le sorprendió el ardúo trabajo que habían hecho para que ese lugar pareciera sacado de una película de terror, y admirando su entorno fue que se topó con una imagen que le sacó la primera sonrisa de la noche. Marshall vestido de Frankenstein se encontraba dándolo todo en el karaoke, este pese a su disfraz creyó reconocerla  y partió a su encuentro rápidamente. Cuando recibió su cariñoso abrazo pensó que tal vez el haber venido no había sido una mala idea en absoluto, sino que todo lo contrario. La invitó a tomar algo y la pelirroja le siguió hasta la barra en donde le presentó a una chica vestida de gato llamada Hester, no pudo observarla detenidamente ya que Marshall le había vuelto a hablar preguntando sobre el trago que quería tomar. Vodka de naranja, respondió sin dudarlo.

Luego vino el turno de Hester, y fue allí mientras los dos conversaban que Caroline clavó su mirada en la maga. Su primera parada fueron sus ojos y mientras los admiraba se preguntaba cómo es que no la había visto antes en algún pasillo o ascensor del Ministerio, rápidamente se respondió que de seguro es porque solo conoce al veinte por ciento de aquel edificio como para estar sorprendiendose (y lamentándose) de no haberla visto antes, luego su mirada pretendía hacer un recorrido rápido a todo su cuerpo pero no pudo evitar detenerse más del tiempo debido en su boca. Es que si Caroline tenía una debilidad eran esas bocas que pedían a gritos ser besadas, o mordidas y la de esa chica le provocaba eso y más. Se mordió su boca de forma inconsciente y no fue hasta que escuchó su nombre que pestañeó rápidamente para subir su mirada nuevamente a su ojos, sucediendo una pequeño encuentro entre ambas miradas que hizo a la pelirroja sonreír coquetamente, sintiendo un pequeño cosquilleo al escuchar su nombre salir precisamente de esos labios.

Marshall se fue y se mantuvieron unos segundo en silencio con sus miradas clavadas en la otra, y en Caroline una sonrisa que demostraba lo contenta que estaba con este inesperado encuentro.- Entonces eres oclumante...- comenzó a decirle para luego de manera natural acercar más a ella su silla, acortando (a su parecer) esa innecesaria distancia inicial entre las dos.- ... que bonita profesión.- terminó por decir. Y no mentía, ya que gracias a su amiga Sam había descubierto lo maravilloso del estudio del cerebro y sus funciones.- ¿Hace cuánto que trabajas en el Ministerio?.- le preguntó curiosa.- Buah, que pregunta más aburrida ¿no?.- agregó enseguida entre risas.- Lo siento, es solo que encuentro curioso no haberte visto antes, solo eso. Pero no me hagas caso, no estamos acá para hablar del trabajo.- durante todo el tiempo mantuvo su mirada clavada en la suya, hasta este momento que bajó su mirada junto a una sonrisa para luego desviarla hacia un pote con maní que no tardó en sacar un par y llevárselo a la boca.

- ¡Vodka de naranjas para las señoritas mas guapas del local! .- exclamó un alegre Marshall situándose en el medio de las dos y  dejando encima de la barra ambas vasos.- Gracias, señor Frankenstein.- le dijo con una amplia sonrisa tomando con su mano derecha su trago.- Bueno, me encantaría hacer un salu... - comenzó a decir el mago hasta que una voz lo interrumpió.- ¡Marshall viene nuestra cancion, mueve tu culo al escenario señorito!.- dijo por el micrófono Claire, su pareja.- Joder, esta mujer no puede vivir ni un segundo sin mi culo .- bromeó el castaño divertido haciendo a la pelirroja reír.- Bueno, luego vuelvo por ese salud, ahora el karaoke me llama. Luego les tocará a ustedes, eh. Esta noche al menos una canción deben cantar, así que vayan pensando mientras disfrutan el increíble espectaculo que daremos con mi amada .- dijo mientras hacía pasos graciosos de baile y retrocedía sin girarse hasta que chocó con una mesa que lo hizo girar, no sin antes dedicarle a ambas un "Jijiji" de su parte.

Caroline sostuvo su mirada en él hasta que subió al escenario y la música comenzó a sonar, no reconocía la canción pero a primeras sonaba muy divertida, desvió su mirada sutilmente y ahora si que sí observó por completo a la maga que se encontraba a su lado, corroborando lo guapa que era y lo atrayente que le resultaba su presencia.- ¿Te animaras a cantar una canción? podríamos cantar una juntas, así podemos romper el hielo del escenario acompañadas.- le dijo sin ser consciente de su coquetería.- Bueno, pero antes de que me respondas, hagamos un salud...- le dijo elevando su vaso y girando para poder mirar mejor a la maga.- ...Un salud por esta noche, para que sea una muy buena y divertida.- chocó su vaso con el de ella y se lo llevó a la boca dando un trago de su brebaje, cuando terminó de tragar, saboreó su trago pasando hasta su lengua por sus labios.- Hmmm delicioso.- señaló para luego ofrecerle una cálida sonrisa a la maga.
Caroline Shepard
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Hester A. Marlowe el Mar Dic 25, 2018 8:26 pm

Hasta ese preciso momento, Hester Marlowe no tenía ni idea de que aquello era una nueva fantasía sexual para ella: una mujer pelirroja, enfundada en aquel traje de cuero negro. Quizás antes no lo fuera, o quizás sí y acababa de descubrirlo; como fuera, la oclumante no podía evitar tener ciertos pensamientos que mejor sería que se quedaran en su cabeza. No porque fueran malos pensamientos—si lo que estaba pensando era malo, todo lo que ella hacía con mujeres en el dormitorio era malísimo—sino porque se sentiría avergonzada.

Lo más normal, lo menos ‘picante’, que se pasaba por la mente de Hester en aquellos momentos era la curiosidad que sentía por ver el rostro oculto tras aquella máscara. Y es que ante sus ojos había unos labios pintados de rojo muy seductores, la mitad inferior de un rostro, y luego todo era pura máscara negra de murciélago. Y pelo rojo, claro. ¿Sería una pelirroja natural? ¿O el pelo formaría parte del disfraz? Si formaba parte del disfraz, era de lo más realista. Y lo más importante de todo: ¿qué más cosas oculta ese cuero negro, pensó una Hester que se sorprendió paseando la mirada por el cuerpo de Caroline… hasta que Batwoman habló.

—¿Qué? ¡Oh, gracias!—Respondió, sintiéndose como si Caroline hubiera sido capaz de meterse dentro de su cabeza y hubiera visto sus pensamientos más íntimos. Resultaba irónico que una oclumante pensara, precisamente, aquello.—Marshall no me ha dicho a qué te dedicas tú dentro del Ministerio. ¿Cuál es tu campo?—Las manos de Hester, en su regazo, empezaron a moverse nerviosamente. Intentaba alejar sus pensamientos pecaminosos para poder mantener una conversación normal con aquella mujer, y sus dedos no dejaban de martillear sobre sus muslos.—Pues...—Iba a responder a la pregunta de la pelirroja, pero ella la interrumpió antes, riendo ante su propia pregunta formal y seria. Hester la acompañó con su risita nerviosa, para restar importancia al tema.—¡Oh, no te apures! No me molesta.—Dijo con total sinceridad.—Pues llevo… unos tres años. Desde que me gradué en la universidad. Pero no suelo salir de mi departamento, la verdad. Todavía no conozco ni a la mitad de las personas que trabajan allí. ¿Tú llevas mucho tiempo?—Añadió, preguntando tanto por educación como por interés, teniendo en cuenta que estaban en el mismo caso: ninguna de las dos se conocía antes de esa noche. Bueno, ¿y tú qué sabes? Debajo de esa máscara podría haber alguien a quien conozcas perfectamente, se recordó, puntillosa. Técnicamente era cierto, aunque por otro lado ni siquiera le sonaba su voz.

Marshall regresó con pelirroja y castaña, y les entregó las copas que habían pedido. Hester tomó la suya e, igual que Caroline, dio las gracias al simpático empleado del Ministerio. Fue testigo silenciosa de la breve conversación que Caroline y él mantuvieron, llevándose de manera involuntaria el vaso con la bebida a los labios. Y mientras el hombre bromeaba sobre su culo y Caroline reía, Hester se daba cuenta de una cosa: la bebida era bastante fuerte, más de lo que acostumbraba a beber, pero dejó en sus labios un sabor a naranja muy agradable.

Caroline entonces le propuso cantar con ella, y Hester no pudo evitar reírse nerviosamente. ¿Ella, cantando en el karaoke? Existían como un millar de motivos por los cuales Hester podía terminar haciendo el ridículo en lo alto del escenario, y por lo menos cien de ellas incluían una caída humillante. Hester era especialista en tropezarse con el aire o enredarse en sus propios pies, para finalmente ocupar el lugar que la gravedad le decía que le pertenecía: el duro suelo. Así que se permitió terminar primero el brindis, antes de decidir nada sobre el karaoke.

Bebió de golpe en cuanto las copas chocaron—mala idea—y enseguida se sintió un tanto mareada. La bebida, si bien sabía muy bien—ahora confirmado—era ciertamente más fuerte. La cara de Hester se puso un poco roja, y sin embargo, se las arregló para mantener la compostura. Pero claro, aún no habiendo formado parte de la casa Ravenclaw, la oclumante sabía sumar uno más uno: si ya era torpe de por sí estando sobria, estando borracha iba a ofrecer un espectáculo lamentable. En ello estaba pensando cuando sus ojos captaron la imagen de Caroline relamiéndose los labios… y el corazón se le aceleró dentro del pecho.

—¿Cuál era la pregunta?—Dijo, distraída con sus labios. Le costó mucho esfuerzo alzar la mirada hacia sus ojos. Dejó escapar una risita nerviosa.—Lo siento, por un momento me he perdido en esos labios rojos tan bonitos que tienes.—Sí, lo dijo tal cual, dándose cuenta de lo que había dicho en el momento en que había salido de su boca. A consecuencia, abrió los ojos como platos y se puso muy roja.—¡Oh, perdona, yo lo…!—Y como no sabía qué hacer consigo misma en aquellos momentos, dio otro trago a la bebida y se la vació. Mala solución a un problema que había empezado precisamente por beber alcohol.—¿Has dicho karaoke? ¡Venga, vamos al karaoke!—Propuso, recordando la pregunta que le había hecho Caroline.

Dejó la copa sobre la barra y se bajó del taburete tan rápido que estuvo a punto de perder el equilibrio. De hecho, logró mantenerse en pie única y exclusivamente porque se aferró al asiento sobre el que antes reposaba su trasero. Este va a ser el mayor reto al que te has enfrentado en toda tu vida, Hester Aurore Marlowe, señaló su mente. Sí, definitivamente, caminar en ese estado iba a ser todo un reto.
Hester A. Marlowe
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Hester A. MarloweMagos y brujas

Caroline Shepard el Mar Dic 25, 2018 10:50 pm

Pese a tener externamente su atención en Marshall, la pelirroja sin tener que voltear su mirada hacia la castaña podía sentir los ojos de la maga sobre su cuerpo, inspeccionando, descubriendo sus curvas y de cierta manera queriendo ver qué había más allá de ese traje que había encontrado para hoy de manera tan imprevista pero que para su suerte le había quedado, a su parecer, a la perfección.  Cuando se volteó la mirada de la maga seguía puesta en su cuerpo, y no le molestó sino que todo lo contrario,  y cuando le halago su profesión y sus miradas volvieron a cruzarse quiso transmitirle ese sentir, ese sentirse a gusto de ser observada por alguien tan guapa como ella.  

Sonrió radiantemente cuando le preguntó sobre su profesión, es que para la pelirroja ese tema era uno de sus favoritos.- Soy magizoologista, una que todavía lucha por poner la palabra Cuidado en mi Departamento.- dijo lo último bajito, acercándose un poco más a ella para decirle y luego soltar una risita coqueta, es que de un momento a otro de manera inconsciente todos los movimientos de la pelirroja se habían vuelto muy felinos y seductores. Le preguntó sobre el tiempo que llevaba en el Ministerio y se arrepintió en el acto por encontrarse una aburrida en potencia, pero la oclumante de una manera muy dulce le demostró lo contrario.- No, menos que tú de hecho. Un año y medio, por ahí. Antes estuve como unos ocho años en Japón, me especialice en las criaturas marinas, específicamente en los Kappas por lo que allá era el mejor lugar para rendir mi carrera y luego ejecutarla, pero bueno, una muy buena amiga me trajo de regreso a estas tierras...y aquí me tienes.- terminó por decir sonriente y encogiéndose de hombros divertida.

Marshall regresó y les dió a ambas sus tragos, hizo el ademán de querer hacer un salud pero su pareja Claire captó su atención antes de que sucediera, Caroline mantuvo su atención un tiempo en ellos hasta que descubrió que la canción que iban a tocar en el karaoke le era desconocida, se volteó nuevamente hacia Hester, quién con tan sólo existir lograba robarle su atención a todos. Le ofreció que más tarde ambas cantarán una canción, pero no sin antes hacer el primer brindis de esa noche, la pelirroja tomó un sorbo de su copa tras brindar y no pudo evitar relamerse los labios al saborear su trago favorito.

Y cuando la volvió a mirar, sus labios se entreabrieron al observar la clara mirada de la bruja sobre ellos, soltó una risa acoplada por el mordisco que le hacía a su labio inferior al sentir de pronto un cosquilleo recorrer todo su cuerpo. Abrió sus ojos sorprendida cuando escuchó sus siguientes palabras, entrecerró los ojos divertida mientras se preguntaba si será posible poder conocer más profundamente a la bruja esa noche, le vió avergonzaba tomar lo que le quedaba de su vaso y dirigirse hacía el escenario no sin antes perder un poco el equilibrio al bajarse del taburete. El primer impulso de Caroline fue tomarle el brazo, girarla hacia ella, recorrer su brazo pausadamene hasta llegar a su manos donde entrelazo sus dedos con los de la bruja, había notado como se había puesto muy nerviosa de pronto  (encontrandolo sumamente adorable, por cierto) y ella no quería que la oclumante sintiese eso, quería tranquilizarla y hacerla sentir en confianza a su lado, hacerle sentir que podía decirle todo lo que en esa, ahora tentadora mente, pasaba.- Los chicos aún están cantando, pero por mientras podemos escoger nuestra canción.- dijo con su mirada clavada en los ojos de la castaña, se bajó de su taburete quedando sus cuerpos más cerca mientras su mano entrelazada jugaba  y acariciaba los dedos ajenos. Dirigió una mirada fugaz a la barra hasta que encontró lo que buscaba. Y sin soltarle la mano a la oclumante y tras tomar su vaso de la barra con su mano libre la llevó hacia donde se encontraba la carpeta con canciones disponibles.  

Mientras caminaba se preguntó si era su idea o había empezado de repente a hacer mucho calor dentro del local. De hecho su mano entrelazada con la bruja era fuego en ese preciso momento. Cuando llegaron depositó su vaso sobre la barra y abrió la carpeta.- ¿Te gusta Queen?.- le preguntó curiosa, mientras comenzaba a hojear la carpeta, pero de pronto recordó que había dejado al por decirle en el tintero.- Oh, por cierto...- giró su rostro y clavó su mirada en la boca de la oclumante.- Tú también tienen una boca muy bonita y provocadora.- le dijo en tono más grave, para luego sonreír, subir nuevamente su mirada y luego voltearla hacia la carpeta para tomar un sorbo más largo esta vez de su copa, de pronto había comenzando a sentir mucha sed.

En su interior la pelirroja sentía un cosquilleo que hace mucho no sentía, esa atracción fugaz por alguien, ese querer ir más allá y tentandose a no tener pelos en la lengua cuando halagar los atributos de la otra se trataba. Todo le indicaba que al igual que ella, el poder pasarla bien junto a otra mujer era posible por parte de la ocluamente, es por eso que no se fue con rodeos en sus últimas palabras, para así al ver su reacción corroborar sus sospechas y porqué no, quizás ir un poco más allá junto a ella esa noche.
Caroline Shepard
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Hester A. Marlowe el Vie Dic 28, 2018 1:15 am

Lo curioso de aquella conversación en que Caroline informaba a Hester de su profesión, es que unos días después, la oclumante se vería enfrascada en una conversación acerca de animales con tintes muy surrealistas. Entonces, no podría evitar preguntarse si la pelirroja confería a los animales y criaturas una naturaleza tan inteligente y humanizada como la que les otorgaba el joven con el que mantendría aquella conversación. Y si bien Hester era una amante de los animales, no era una entendida en la materia. Por consiguiente, podría empezar a pensar que el destino o lo que fuera le estaba mandando un sutil mensaje: ‘Aprende un poco más sobre el tema, Hester, que no sabes nada.’

Caroline era incluso más novata que Hester dentro del Ministerio, lo cual no dejaba de ser curioso. No porque no fuera posible, pues mucha gente llegaba transferida de otros Ministerios, o simplemente cambiaban de trabajo. Sin embargo, Hester se consideraba una novata por su edad, y si bien estimar la edad de otras personas se le daba tan mal como la sincronización motora, creía que Caroline Shepard era mayor que ella. Así que se había esperado que fuera una veterana del Ministerio.

—¿Magizoologista especializada en kappas que ha vivido en Japón? Ya con esa tarjeta de presentación conseguirías impresionar a cualquiera.—Admiró Hester, sonriendo, para luego añadir:—A mí me has impresionado, por lo menos. Parece una carrera de lo más apasionante, y seguro que te tiene más tiempo fuera que dentro del Ministerio, ¿no?—Hester apenas sabía nada de la magizoología, pero no tenía pinta de ser un empleo de interior. O quizás sí: por lo que ella sabía, dentro del Ministerio de Magia se guardaban criaturas mágicas, no sabía bien con qué propósito porque tampoco quería saberlo. No le hacía mucha gracia la idea de criaturas encerradas en jaulas.

Algo que estaba sucediendo entre pelirroja y castaña era… bueno, un cierto interés mutuo que ambas chicas sentían la una por la otra. Hester, que tenía un problema de nervios bastante importante, había soltado una frase para el recuerdo sobre los labios de la pelirroja. Siendo una de las pocas partes visibles de su anatomía, era normal y excusable que se fijara en ellos; lo que no era tan normal ni excusable era haberle soltado aquella frase de buenas a primeras. Intentaría culpar al alcohol, pero solo había bebido una copa. ¿Tan fuerte era el vodka con naranja?

Así que para intentar acabar con aquel momento incómodo, Hester se puso en pie y aceptó la oferta inicial de Caroline de hacer dúo en el karaoke. Se dio cuenta de que muy posiblemente sus piernas no la sostendrían. Torpe sobria, doblemente torpe borracha.

Que Caroline cogiera su mano no ayudó demasiado a su nerviosismo. En la mente de Hester empezó a formularse un pensamiento repetitivo: Batwoman me ha cogido la mano, Batwoman me ha cogido la mano, Batwoman me ha cogido la mano… Y cuando la pelirroja se levantó y los cuerpos de ambas quedaron tan cerca, hasta el punto de que casi se tocaban, el pulso de Hester se elevó hasta niveles que alarmarían a cualquier cardiólogo.

—Sí, vale, escojamos canción. ¡Escoger canción es divertido! ¡Vamos, vamos! Escojamos canción...—Hester, no me hagas mucho caso, pero creo que ya has dicho tres veces la palabra ‘canción’ y tres veces ‘escoger’ o variantes. Así que, por el amor de Merlín…¡Cálmate!, le dijo su mente. Era un buen consejo, pero de pensarlo a hacerlo iba un largo paso.

Se dejó conducir hacia la carpeta de canciones, caminando de la mano de Caroline, un par de pasos por detrás de ella. Brevemente, cuando la pelirroja se giró, pudo apreciar la forma de su trasero marcada por las prendas de cuero que llevaba, pero dicha visión celestial desapareció de sus ojos cuando la capa, meciéndose con el movimiento, volvió a su sitio. Maldijo eternamente a esa capa por meterse en su camino, y para cuando Caroline se volvió en su dirección, sorprendió a Hester levantando la mirada, algo apurada. Iba a decir algo pero… ¿Cómo decir algo después de aquello? Cualquier persona normal se habría quedado callada… cosa que Hester no hizo.

—Eh… Gracias. ¡Muchas gracias! Es un bonito cumplido. Te lo agradezco y… no estaba mirándote el culo ni nada. No podría ni aunque quisiera, con esa capa entrometida de por medio. Solo estaba… ¿Qué me preguntabas? ¿Queen?—Sí, Hester dijo todo aquello a toda velocidad, casi sin respirar.—¡Sí, vale, Queen me gusta! Me gusta mucho We will rock you, que suena en la película Destino de caballero! No soy muy fan de introducir música moderna en películas medievales o antiguas, pero siendo Queen se le perdona todo, ya sabes… Y además, Heath Ledger era un regalo para Hollywood, y es una pena que se fuera tan pronto...—Y así, seguiría Hester, un buen rato, divagando. Porque cuando se ponía nerviosa, se le soltaba la lengua. Y a no ser que nadie la detuviera, así iba a seguir.
Hester A. Marlowe
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Hester A. MarloweMagos y brujas

Caroline Shepard el Sáb Ene 19, 2019 6:53 pm

La vida está llena de enigmas, jugarretas y curiosidades, pequeños acontecimientos que solo estan esperando el momento preciso para desencadenarse en una serie de eventos, que más tarde lograran sacarte una sonrisa cuando sientas el tibio té recorrer tu garganta en una mañana de invierno. Y uno de esos traviesos acontecimientos esa noche tenía nombre y apellido, Hester Marlowe. Una chica que al mirarla enseguida te invitaba a depositar tus ojos nuevamente, pero de una manera mucho más inquisitiva y con un anhelo de querer saber más, de querer aventurarse a recorrer ese camino desconocido para que algún día, ojalá más temprano que tarde, se convierta en conocido.

Era una escenario muy particular en el cual la vida quiso reunir a esas dos magas, era de esas noches en donde los muertos salen de jarana porque la gente los recuerda más que nunca, al nivel que regresan de donde sea que se encuentren para ir a echar un vistazo a los que aún se encuentran en el mundo terrenal,  mientras que los humanos juegan a visitar a la muerte bailando con ella algún canción de moda, mientras se disfrazan, y se divierten sin tapujos, porque esa noche, por alguna extraña razón, todo está permitido.

Uno de los primeros temas que salió a relucir entre las dos fue el trabajo, algo de esperarse ya que fue precisamente aquello que hizo que ambas se encontraran en aquel lugar, a esa hora y aquella noche en particular. Y de paso hizo que Caroline se cuestionara el cambiar su actitud dentro del Ministerio, ya que esa distancia y ese querer pasar desapercibida que había adoptado hace un tiempo en su trabajo no le había permitido conocer antes a esa chica que, de alguna y otra manera había captado su atención enormemente. Pero ya estaban allí, y ella no se quería quedar atrás del tiempo que corre tan velozmente cuando uno lo está pasando bien.

Le resumió muy generalmente su estadía fuera de Londres y su regreso, le comentó en otras palabras el porqué por más que ella se viera mayor o con más tiempo dentro del Ministerio, aún se consideraba una novata dentro de ese edificio. Sonrió cuando ella se sorprendió de su historial, y se alegró porque a pesar de no ser la primera que admiraba su profesión y pasión por las criaturas, aún existían muchas personas que pensaban que "gastar" el tiempo en esos seres era realmente una pérdida de tiempo, y que habían otras profesiones mucho más útiles e interesantes. Pero este no era el caso, por fortuna.- Pues, sí. Paso un tiempo fuera, pero no lo que a mi realmente me gustaría estar .- le confesó junto a una mueca en sus labios.- Es que como te dije, acá en Londres la palabra cuidado aún no existe dentro de la planta de Criaturas mágicas. Por lo que nuestra labor se centra más que nada en controlar y regular su existencia, centrándose en que ojalá no causen grandes desmanes o hagan acto de aparición frente a un muggle. A diferencia de otros lugares, Japón por ejemplo, donde ahí uno si que pasa en terreno porque uno se centra en estudiarlas, comprenderlas y de paso luchar para no se provoque su extinción...- no pudo evitar decirle su sentir, sabía que apenas la había conocido pero desde siempre la pelirroja ha sido muy visceral con las cosas que le gusta, y no se censura a la hora de hablar apasionadamente de ello.- ...hacer eso es realmente bello y en Londres esta a años luz de hacerlo.- terminó por decir casi en un suspiro, con una pizca de melancolía.- Bueno, si pasas un buen tiempo conmigo esta noche te darás cuenta que soy una persona que ama y confía más en los animales y criaturas que los humanos.- agregó sonriente, para luego lanzarle un rápido vistazo a su disfraz.- Y tú  tienes un gran punto a tu favor, porque esta noche eres una gatita.- terminó por decir divertida.- Ahora, ¿qué me cuentas tú? Me gusta escuchar hablar a la gente de su trabajo, pero sólo si les gusta, y si ese no es tu caso, pues obvia lo que te dije y hablemos de cualquier otra cosa.- dijo moviendo su mano como si estuviera con ella corriendo algo invisible que estorbaba, haciendo alusión al tema actual que era el trabajo y sus respectivas profesiones.

No había que ser un adivino para saber que entre las dos jovenes un algo ocurría, ese algo que hace que tu mirada se vuelva más intensa, y te invita a tentar las distancias en busca de eso que si te apresuran a ponerle nombre, uno podría decir que era atracción, como si ambas tuvieran una especie de imán invisible que no les permite ( y tampoco quieres) estar mucho tiempo lejos de la otra.

Hester hizo alusión a la boca de la pelirroja, que era la única parte de su cuerpo junto a su ojos y parte de su rostro que se encontraba al descubierto. Y por su siguiente reaccionar, la magizoologista deduzco que había sido más bien un pensamiento en voz alta que un consciente decir. Caroline quiso calmarla deteniendo su rápido y algo torpe accionar tomando de su mano de manera pausada y dulce, para luego invitarla a escoger la canción para el karaoke, que en esos momentos se encontraba dominado por Marshall y su pareja, en una canción que pese a no conocerla podía deducir sin mucho problema que se trataba de amor.

Al llegar a la carpeta que contenía las canciones disponibles, la pelirroja no pudo evitar nombrar a su grupo favorito, en un intento de ver si Hester se animaba tanto como ella para cantar algo de ellos. Pero antes de sumergirse de lleno en la búsqueda de la canción perfecta, hizo un pequeña pausa para devolverle el cumplido que ella minutos antes le había dado. Soltó una pequeña risa cuando nombró su culo, porque ella podía hacer que no se daba cuenta de algunas cosas pero claramente se había fijado como al girarse, la castaña tenía su mirada mucho más abajo que su nuca, pero eso no le incomodo, todo lo contrario le divirtió, y la tentó a querer seguir provocando. Asintió divertida cuando le preguntó si ella había dicho de Queen, y permaneció en silencio junto a una mirada cargada de entre ternura y coqueteo mientras la castaña hablaba rápidamente, como si el tiempo se fuera acabar en cualquier momento.  Y cuando terminó de hablar, Caroline se giró un poco a su izquierda para poder quedar más de frente a la maga.- "Una vez conocí a una chica que me partió el corazón y yo decía que los añicos de mi corazón roto son tan pequeños que pasarían por el ojo de una aguja.".- le recitó, sin jamás apartarle la mirada, un extracto de la película que ella había nombrado. Es que una de las innumerables curiosidades de Caroline, es que sin mucho trabajo algunas frases de películas o libros se le quedaban grabadas en su cabeza, como a fuego- Es una bonita película. Y sí, todos lamentamos que Heath Ledger haya muerto, recuerdo que me entere meses después porque me encontraba en una misión en terreno alejada de todo, ese verano en particular pasaron muchas cosas en mi lejanía, su muerte fue una de ellas.- comentó con una sonrisa de lado mientras miles de flashes de aquel verano se le cruzaron por su cabeza.- Y vale, me gusta mucho esa canción, así que We will rock you a todos esta noche.- le dijo sonriente, para luego mirar su vaso vacío y de paso tomar otro sorbo del suyo, esta vez mucho más largo vaciando el suyo también.- ¿Te animas a otra ronda?.- le preguntó mirándola de reojo moviendo su vasito en su dirección.- ¿O prefieres ir para allá?.- agregó enseguida, llevando su mirada hacia la esquina opuesta de donde se encontraba el escenario de karaoke señalando una especie de pista de baile donde habían cuatro parejas bailando.- ¿Te gusta bailar, Hester?.- le preguntó mientras su mirada curiosa volvía a depositarse en los hipnotizantes ojos de la castaña.- Porque a mí sí, y la verdad me gustaría mucho bailar contigo.- le confesó su pudor alguno.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Hester A. Marlowe el Dom Ene 20, 2019 3:16 am

Desde el momento en que el Ministerio de Magia había pasado a estar bajo el control del innombrable, no eran pocos los empleados que preferían pasar la menor cantidad posible de tiempo entre sus cuatro paredes. Y es que muchos otros más allí ostentaban la infame marca tenebrosa y enarbolaban los ideales puristas con todo su orgullo, y vivir en ambiente como aquel era, cuanto menos, un agobio. Hester se había sentido agobiada muchas veces, y en más de una ocasión había llegado a pensar el tomarse un año sabático o algo por el estilo. O cambiar de empleo, directamente. Cuanto más lo pensaba, más apropiado le parecía buscar trabajo en el Callejón Diagón, o en la misma Londres.

Sin embargo, el caso de Caroline era muy distinto: era una idealista, y tenía claros sus principios. Y allí estaba Hester, escuchándola hablar, y por mucho que se fijara en el sensual movimiento de sus rojos labios, no perdía detalle de lo que la pelirroja decía. Tal fue la fascinación que sintió por sus palabras que llegó a apoyar el codo en la barra, y la cara en el dorso de su mano, con una sonrisa un tanto bobalicona.

—Suena fascinante todo eso, y la verdad es que me dejas de piedra cuando mencionas que en Japón se respeta tanto a las criaturas mágicas. Es decir, una no se espera eso de un país en que es legal cazar ballenas, así como otras atrocidades.—Hester veía también muchos documentales. Era lo que ocurría cuando una tenía la tele como su principal entretenimiento: que algún documental caía, tarde o temprano. Igual que los informativos. Y los documentales sobre Japón… no dejaban al país muy bien parado.—Por lo que me cuentas, la sociedad mágica japonesa debe ser muy diferente de su sociedad muggle.—Reflexionó Hester, con aire pensativo. ¿Era posible que la sociedad mágica aprendiera de los errores de la no-mágica en cualquier país? Porque, desde luego, a la sociedad mágica británica no le vendría mal aprender un poco de la sociedad no-mágica británica… siempre y cuando una se olvidara del dichoso Brexit, claro.

El cumplido de la pelirroja la pilló un poco desprevenida, y respondió con una risita un tanto nerviosa. ¿Cómo no iba una a sentirse halagada ante semejante cumplido? Una Hester un tanto juguetona en su interior la tentó para que dijese algo, algo provocativo a Caroline, pero no hubo suerte: Hester no tenía ni la más mínima idea de ligar. Era torpe en todos los sentidos de la vida… a excepción de la oclumancia, que se le daba increíblemente bien. Así lo atestiguaban sus profesores, al menos, y todas las personas que habían intentado entrar en su mente y habían salido escaldadas.

—¿Mi trabajo? Bueno, la verdad es que es más aburrido de lo que parece.—Respondió con toda sinceridad. Algunos podían pensar que la oclumancia era apasionante. A todos esos les decía Hester que ojalá tuvieran ocasión de pasar ocho horas al día instruyendo a alumnos en una disciplina tan repetitiva. Le servía para pagar las facturas, pero dudaba mucho que pudiera considerarse su vocación.—Por mucho que trabaje en el Departamento de Misterios, no tiene ningún misterio lo que hago, valga la redundancia: instruyo a la gente para que aprenda a cerrar su mente, les examino, califico exámenes… A fin de cuentas, soy una profesora, sin más.—Aunque dudaba que las profesoras tuvieran que soportar a los idiotas insatisfechos que alguna vez ella tenía que aguantar. Aquellos incapaces de cerrar la mente y que decidían que la culpa era suya y no de ellos mismos. Esas situaciones eran horribles para una persona cuya primera respuesta ante un conflicto era la de meter la cabeza bajo tierra.

Ya frente a la carpeta de selección de canciones, y tras un comentario un tanto desafortunado de la oclumante acerca del culo de ‘Batwoman’, Caroline propuso cantar alguna de Queen. Hester, que se puso nerviosa, aceptó de buen grado la propuesta y empezó a divagar acerca de Queen, We will rock you, Destino de caballero, Heath Ledger… Por suerte, Caroline la paró justo a tiempo, o habría seguido hablando infinitamente acerca de todas aquellas cosas. Era altamente probable.

—¡Así que has visto la película!—Exclamó Hester, entusiasmada y dando un pequeño saltito. Incluso dio un par de palmas con las manos. Entonces, la pelirroja habló sobre la muerte de Heath Ledger, y Hester se puso un poco triste.—No puedo imaginarme peor noticia a la vuelta de una misión. ¿Y sabes qué? Siempre he creído que su papel en El Caballero Oscuro como Joker no habría estado tan bien valorado si hubiera seguido vivo. Recuerdo que a la gente al principio no le gustaba Heath como Joker, y en cuanto murió… ¡En fin, la gente no sabe valorar el talento!

Así que, con We will rock you como tema para cantar en el karaoke, se les planteó qué hacer hasta que este quedara libre. Las propuestas eran beber y bailar… y… ¡Oh, Dios mío! Esa mirada… Hester se quedó sin aliento ante la forma en que Caroline declaró que le apetecía bailar con ella, y una bobalicona sonrisa apareció en sus labios. Su corazón iba a cien por hora, por el calor que desprendían sus mejillas se imaginó que se había puesto un poco roja.

—Lo que sea.—Alargó ambas manos para coger las de la pelirroja.—Lo que te apetezca, a mí me apetece, pero contigo.—Le dijo, aún más sonriente… para entonces añadir, nerviosa.—Es decir, ya sabes, lo que sea no. No quiero ir a robar un banco ni nada por el estilo, pero… ¡Bueno, ya me entiendes!—Y dejó escapar una risita nerviosa, mirando a los ojos a ‘Batwoman’. Se quedó entonces en silencio un par de segundos, y para cuando volvió a hablar, su cerebro había mandado un claro mensaje a sus labios: “¡Al Diablo! Díselo ya.”—Oye, yo no suelo hacer cosas así con compañeras de trabajo, porque si luego sale mal, es incómodo. ¡Es muy incómodo verse después por los pasillos y eso! Y luego la gente murmura y...—La mirada de Hester paseó de un lado a otro, nerviosa, y finalmente acabó posada de nuevo sobre los ojos de Caroline. Sonrió nerviosa, y añadió:—Lo que quiero decir es que me apetece un montón besarte.

Y, por miedo a un silencio incómodo, Hester se adelantó un poco y unió sus labios con los de Caroline. Fue un beso breve, apenas suficiente para sentir algo, pero el corazón de Hester se aceleró. Se sentía bien después de eso, pero sabía que si Caroline no le correspondía, se iba a sentir terriblemente ridícula y avergonzada. Muy probablemente saliera corriendo, tropezándose con todo en el proceso, y desaparecería. Los días siguientes se pasearía por el Ministerio con una capucha y unas gafas de sol para no ser reconocida o… ¡O puedo irme del país! ¡Sí, sí, esa sería una buena medida!
Hester A. Marlowe
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Caroline Shepard el Dom Feb 10, 2019 2:31 am

Caroline desde siempre ha sido muy sociable, le gusta conocer gente nueva ya que cree que cada persona es un universo, y como ella siempre ha sido muy exploradora, le encanta embarcarse en nuevas aventuras para conocer de otros planetas lejanos al suyo. Y esta noche tuvo la suerte de conocer el universo llamado Hester, una chica de magnética mirada y encantadora sonrisa, que logró capturar su atención a primera vista.

Y ahí estaba la pelirroja, hablando de su profesión más que feliz, le encanta hablar de las cosas que le apasionan y poder dar a conocer a los demás algo que a ella le remueve por completo, como es el caso de las criaturas tanto mágicas como muggles.

La magizoologista suspiró y adoptó una mueca de frustración cuando escuchó a la castaña hablar sobre la caza de ballenas en Japón.- Como en todas partes, hay cosas buenas como malas. Y sí, lamentablemente allá el mundo muggle tiene mucho menos conciencia que el mundo mágico, al menos con lo que respecta a las criaturas y la importancia de conservar y cuidar el medioambiente, y las criaturas que lo habitan. Ahora, sí existen muchas agrupaciones de magos que luchan y rescatan a animales muggles en cautiverio, o en mataderos. Sólo que no salen en los diarios, o noticias, ya que como todos sabemos los medios de comunicación más masivos ( al menos la gran mayoría) más que informar, desinforman.- concluyó encogiéndose de hombros.  

Le causó una ternura infinita cuando le escuchó reír tras su cumplido, y se mordió el labio inferior mientras miraba a la chica cada vez con mayor intensidad. Es que era curioso, pero la castaña hacía que a medida que pasaban los minutos la pelirroja quisiera saber más y más de ella, haciéndola olvidar a ratos de que se encontraban en una fiesta con más personas.

Se sorprendió cuando la maga le dijo que su trabajo no era del todo interesante, ya que al tener una amiga que trabajaba con la mente, siempre le ha tenido un especial cariño a todo lo que respecta a ese ramo de la magia. Y admira profundamente a las personas que deciden embarcarse en el rumbo del estudio de la mente humana, ya que a veces podía volverse un terreno muy hostil y pantanoso.- ¿Eres una profesora sin más? Vamos, de seguro eres una profesora genial. Además, no enseñas algo menor. Ya quisiera yo poder cerrar mi mente, y mucho más en el tiempo en que nos encontramos.- suspiró, para luego mirarla de reojo curiosa.- ¿No das clases particulares por casualidad?.- le preguntó mirándola expectante. No perdía nada con intentarlo, ya que en la situación de peligro constante en que se encuentra por querer involucrarse cada vez más en ayudar a los hijos de muggles o fugitivos, el saber cerrar la mente no le venía nada de mal.- Hace un tiempo que vengo pensando que me gustaría aprender aquello, por lo que sí tienes tiempo, yo feliz te pago clases particulares. Prometo ser una muy buena alumna.- le dijo sonriente y de mirada coqueta.

- Pues sí la he visto, y más de una vez.- confesó divertida.- Casi siempre pasa eso con los grande artistas, los reconocen muy tarde o cuando ya están muertos. Menos mal que no hicieron aquello con Leo Dicaprio, aunque debo admitir que creo que el papel por el que le dieron el Oscar no era tan bueno como muuuchos más que ya había hecho hasta ese momento, pero bueh...¿Quién entiende a la academia? al menos, yo no.- terminó por decir entre risitas.

Luego la invitó a tomarse otra ronda de tragos o ir a mover el cuerpo a la pista de baile, la última opción le era mucho más tentadora, ya que siempre ha creído que bailando siempre salen cosas buenas entre dos personas, y más si es que existe aunque sea una mínima atracción. Y quizás la pelirroja se equivoca, pero al menos ella sentía que entre las dos si existía un algo que podría darse mucho más fácil si es que movían sus cuerpos al ritmo de la música.

Caroline sonrió cuando la escuchó hablar, y le hizo cariños suaves en las manos de Hester cuando esta cogió las suyas.- ¿No vamos a robar una banco? .- preguntó en broma mientras hacía un puchero.- Y yo que tenía eso en el primer puesto de nuestro panoramas.- le dijo toda seria para luego reír.

La miró curiosa cuando la castaña comenzó a decir cosas de manera enigmática, ya que no podía comprender del todo. Pero lo que si la pillo por sorpresa fueron sus palabras finales, y mucho menos aquel fugaz beso ´robado´que le dió la maga. Se quedó en shock un par de segundos, y no porque no le hubiese gustado, todo lo contrario ella quería más, y mucho más después de eso. Es sólo que no se lo esperaba de Hester, ya que la veía muy tímida y casi siempre era ella la que daba el primer paso, no la otra persona. Y eso, más que asustarle le agradó y mucho.

Cuando logró salir de ese mini estado de shock, que no duró más de cinco segundos, sonrió de lado coquetamente y su mirada se volvió muy parecida a la de un felino. Se acercó a ella y llevó sus manos a la cintura de la castaña.- Mira que curioso...- comenzó a decir acercándose cada vez más a su boca, de manera pausada y juguetona.- ...te me has adelantado, porque yo también tengo muchas ganas de besarla, señorita Marlowe.- le dijo antes de volver a unir su boca con la de la castaña, pero esta vez de manera mucho más intensa y prolongada. Dándose el tiempo de juguetear con su boca, y morder sutilmente sus labios  e introducir su lengua, que comenzó a recorrer y tentar a la ajena. Acercó aún más su cuerpo, tratando de fundir el suyo con el de la castaña, sintiendo como iba ganando calor, y su corazón latía cada vez más de prisa.  

Afortunadamente la pelirroja siempre ha llevado orgullosamente su sexualidad, y jamás le ha importado el qué dirán, por lo que no se limitó ante los ojos curiosos de sus demás compañeros de trabajo y se permitió disfrutar con todo aquel beso que por más que no quería ponerle fin debió hacerlo ya que el aire le estaba resultando escaso. Se separó de ella y le sonrió mientras su mirada brillaba más de lo usual. Hace mucho que no besaba labios ajenos, y realmente había sido muy agradable hacerlo con la castaña, y pese a que el beso fue bastante prolongado e intenso, quería más, ya que Hester había despertado en la pelirroja algo que hace tiempo lo tenía en modo de pausa.

De pronto una [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] comenzó a sonar que llamó la atención de Caroline haciendola sonreír ampliamente al escucharla.- Me encanta esta canción.- le dijo a la castaña antes de tomar de su mano y llevarla hasta la pista de baile, donde comenzó a bailar coquetamente con la maga, acercándose a su boca, alejándose, robandole besos fugaces, y moviendo su cuerpo cerca del suyo de manera seductora.

Es que Hester había despertado su felina interior, y ahora debía hacerse cargo de aquello. Y como la pelirroja jamás se ha ido con rodeos, tras uno de los tantos besos que le robaba entre paso y paso a la castaña se acercó a ella y le susurra al oído.- ¿Sabes? Acá también hay habitaciones disponibles, digo...por si te has cansado de tanto bailar, yo feliz me voy a descansar contigo.- le dijo mientras rozaba sus labios con el lóbulo de su oreja. Claramente lo menos que quería era descansar, pero esperaba que la castaña entendiera el doble sentido de sus palabras, y sino, la pelirroja no tendría problema en ser más directa.

Caroline Shepard
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Hester A. Marlowe el Lun Feb 11, 2019 12:43 am

Hester no había escuchado cosas demasiado buenas respecto a la sociedad japonesa y, de hecho, se había tragado una serie de documentales que sacaban a la luz lo peor de los nipones: que si no hablabas el idioma japonés, muy probablemente no te tomaran en serio y buscaran maneras de librarse de ti; que Japón era el país líder en suicidios con motivos laborales; que la gente buscaba desesperadamente encajar en una sociedad que, de mostrar algún tipo de individualismo, se los comería vivos o los repudiaría; gente que ni siquiera salía de su casa en años, y hacía vida por medio de internet o con videojuegos…

Mucha gente occidental tenía idealizada la cultura japonesa, y quizás fuera cierto que se trataba de una potencia mundial a nivel tecnológico, pioneros en muchas cosas con las que los occidentales ni podrían soñar. Pero, desde luego, lo que ella había visto en documentales hechos por gente que había vivido meses en el país distaban mucho de la imagen que el occidental medio tenía de Japón.

Por lo visto, el mundo mágico era muy diferente. Al menos, en palabras de Caroline, y teniendo en cuenta que Hester no había vivido allí, no se atrevería a contradecirla. Sin embargo, le resultaba extraño que la sociedad muggle distase tanto de la mágica, pues la inglesa—por mucho que pesara a los puristas—bebía mucho de su sociedad muggle.

—Sí, supongo que hay de todo en todas partes.—Convino Hester tras escuchar las palabras de Caroline, sin tener realmente mucho más que aportar a la conversación. Después de todo, ¿cómo iba a opinar sobre algo que nunca había visto con sus propios ojos? Y muy probablemente jamás lo vería.

No podría negar que los cumplidos de Caroline—sin demasiado fundamento, todo hay que decirlo, pues jamás la pelirroja había visto a la oclumante en acción—le subieron un poco la autoestima.

Hester no era muy dada a pensar lo mejor de sí misma—aunque tampoco llegaba al extremo de creerse lo peor del mundo, claro; lo suyo era creer que era una persona normal, sin más, del montón—, por lo que le resultó agradable que la pelirroja valorara positivamente sus dotes como profesora.

—Gracias por tus cumplidos, aunque no me has visto todavía; a lo mejor soy todo un desastre.—Respondió Hester con una enorme sonrisa en los labios. Y lo siguiente que preguntó Caroline, sobre las clases particulares, la habría hecho sentir rechazo en otro momento; en ese momento, Hester estaba en modo fangirl de Caroline Shepard.—¿Quién ha dicho nada de pagar? ¡Me encantaría darte clases particulares!—Le respondió. Sí, tenía que admitirlo: la ligereza de aquella respuesta posiblemente se debiera al alcohol… y a otras cosas que sentía hacia ella.

Y, además, Caroline Shepard tenía algo que a Hester le gustaba muchísimo: valoraba el cine. ¡Conocía sus referencias!

Hester Marlowe, apasionada de la telebasura, por supuesto que veía películas muy a menudo. Y siempre que podía gustaba de disfrutar de ellas en una sala de cine como Dios manda, con sus palomitas y su refresco de tamaño grande, en medio de la privacidad que otorga la oscuridad.

Así que ella y Caroline se vieron envueltas en una reflexión acerca de Heath Ledger y otros artistas cuyo talento no había sido realmente reconocido hasta que habían muerto. Un tema interesante del que Hester podría hablar horas y horas.

—¡Exacto! ¡Eso digo yo!—Exclamó Hester, emocionada, abriendo mucho los ojos.—¡Es como el tema de Paul Walker, sólo que al revés! Si antes de morir, la gente le tenía por un don nadie que se dedicaba única y exclusivamente a hacer películas de acción malas, ¿por qué de repente es un pedazo de actor cuando muere? ¡Sigue habiendo hecho películas muy malas!—Exclamó Hester, quien odiaba con toda su alma la saga de Fast & Furious, hasta el punto de que había aborrecido cualquier película que tratase un mínimo sobre conducción.—Y no, no me hagas hablar de Leonardo DiCaprio. El renacido estaba bien, pero tampoco hay que exagerar. En mi opinión, hizo un papel mucho mejor en la película de Django Unchained. Pero claro, como es una película de tiros y tiene gore...—Hester hizo rodar los ojos, negando con la cabeza.

En este punto, la oclumante pensó que era mejor callarse lo que estaba pensando: que Black Panther iría a los Oscar mientras que Infinity War no. Siendo ambas películas del género de superhéroes, Hester ya podía imaginarse el motivo de que la primera sí, y la segunda no. Pero no dijo nada. Hay cosas que es mejor callarse…

Llegados a este punto de la noche, Hester acabó cortocircuitando. Empezó a decir una serie de cosas inconexas que ni el más hábil de los investigadores sería capaz de ordenar con lógica, y finalmente… sí, terminó besando a Caroline Shepard. Y lo hizo única y exclusivamente porque llevaba toda la noche pensando en ello. Llevaba toda la noche deseando hacerlo.

Se preparó para una huida bochornosa, para arrojar una metafórica bomba de humo y desaparecer. Ya se veía incluso desapareciendo del país y consiguiéndose una identidad nueva cuando…

¡Oh, Dios! Tú sí que sabes dejar sin respiración a una chica, Caroline, pensó Hester cuando la pelirroja no solo le devolvió el beso, sino que se enredó con ella en uno de los mejores besos que la oclumante había tenido.

Hester cerró los ojos y se dejó llevar. Sentía calor por todo el cuerpo, y sus manos actuaron por sí solas: una fue a parar a la mejilla de su querida Batwoman, mientras que la otra, ni corta ni perezosa, terminó sobre una de sus nalgas. Esas mismas nalgas que había intentado mirar Hester mientras la capa se metía en su camino.

Sus labios parecían querer fundirse, igual que sus lenguas. Hester sentía un cosquilleo placentero recorriéndole todo el cuerpo, y luchaba por pegarse todavía más a Caroline. Y si por ella fuera, no se habría separado nunca de la pelirroja.

Pero, como suele decirse: respirar es muy importante para la vida. Y tarde o temprano tuvieron que parar para tomar aire.

Hester estaba muy roja, en parte por la falta de oxígeno, y en parte por lo inesperado del beso. Pero sonreía.

—¡Vaya! Esto es… ¡Vaya!—Fueron las elocuentes palabras que dijo la oclumante mientras intentaba recobrar el aliento. Sus manos seguían allí donde las había puesto, por lo que se esforzó en retirarlas. Muy a su pesar, pues ese culo…

Así que Hester, todavía en una especie de shock por lo que acababa de ocurrir, no pudo más que dejarse llevar a la pista de baile. Y de no haber sido por los besos y los sensuales movimientos de Caroline, muy posiblemente se hubiera empezado a mover como un pato mareado simplemente por no estar quieta como un pasmarote.

Pero no: si en un momento Caroline adoptó una actitud de felina de lo más atrayente, Hester no se quedó corta. Sus manos se deslizaban por deliciosas formas del cuerpo de Caroline a medida que respondía a cada uno de sus besos. Poco a poco, la Hester atontada y torpe fue quedando en un segundo plano y la sustituyó esa Hester salvaje que sabía lo que quería.

Y lo que quería era…

—Vamos.—Respondió de inmediato la castaña a la proposición de irse a una habitación. Si antes Hester no veía el momento de mirar bajo el traje de Batwoman, ahora lo necesitaba como el oxígeno para respirar.—Quiero descubrir la identidad secreta de Batwoman… hasta el más mínimo detalle.—Dijo, mordiéndose el labio inferior mientras curvaba los labios en una sonrisa de lo más traviesa, para luego besarla una vez más.

Tomó entonces sus manos y…

Unos minutos más tarde, en una de las habitaciones...

Hester y Caroline, literalmente, entraron besándose en la habitación.

Tan ocupadas estaban devorándose la una a la otra que casi no tuvieron ocasión de cerrar la puerta. Por fortuna, Hester le dio un golpecito con el pie a la susodicha, y ésta se cerró con un ligero golpe. Avanzaron entonces hacia la cama.

La capucha del disfraz de Hester se había caído en aquella suerte de ‘forcejeo’ romántico. La oclumante, también, perdió los guantes de gatita que llevaba, dejándolos caer en el suelo para continuar recreándose, con sus manos, en las formas del cuerpo de Caroline.

La empujó suavemente cuando llegaron a la cama, a fin de que cayese sentada sobre ella, y ahí inevitablemente se separaron sus labios. Hester la miró con deseo y se sentó en su regazo, una pierna a cada lado del cuerpo de ella, y continuó besándola.

—Déjame ver qué hay bajo la máscara, Batwoman… Prometo que no revelaré a nadie tu identidad secreta.—Le susurró, con una risita, en un momento en que se separó de sus labios, para acto seguido empezar a retirar la máscara...
Hester A. Marlowe
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Hester A. MarloweMagos y brujas

Caroline Shepard el Dom Mar 03, 2019 7:45 pm

Caroline era consciente que como todo el mundo Japón tenía cosas buenas como malas, pero su estadía allí había estado llena de tantas cosas maravillosas que siempre estaría agradecida de todas las personas y lugares que se topó en su camino. Quizás había tenido suerte y había visto tan sólo las cosas bellas de ese país, pero con ese recuerdo se quería quedar, con ese Japón que lo único que hacía era sacarle una sonrisa al recordarlo.

- Hay de todo, pero al menos yo me tope en su mayoría con innumerables personas increíbles, lugares mágicos y criaturas hermosas. Mientras más alejado de la ciudad te encuentres, más maravilloso es todo.- dijo con un brillo que transmitía un cariño inmenso a través de sus ojos. Allí comprendió que los lugares con menos intervención humana, más cariñito te daban al alma, y Japón tenía mucho de aquellos lugares, donde el verde de la naturaleza y el azul de las aguas eran de una nitidez abismantemente hermosa- Un día si quieres te puedo llevar a alguno. Una de las cosas buenas de la magia es que nos podemos trasladar rápidamente, y a mí siempre me encanta ir nuevamente a esos lugares en que disfrute mucho la vida.- le comentó sonriente. La pelirroja sabía que hace muy poco había conocido a la castaña, pero ella quien siempre se ha considerado un chivatoscopio humano, podía oler y sentir que Hester era una persona que valía la pena crear planes a futuro, de esas que uno sabe que no puede dejar escapar fácilmente, al menos no hasta conocerla un poco más y sacar conclusiones más completas con respecto a su persona. Y quizás se equivocaba, pero ¿qué es la vida sin un poquito de riesgo? pues una muy aburrida y monótona, al menos eso creía ella.

Y luego la maga se aventuró a pedirle a la castaña unas clases particulares de oclumancia, el panorama le parecía perfecto,ya que hace un tiempo había decidido comenzar a averiguar cursos al respecto y parecía como si la vida aquella noche le hubiera puesto a Hester en su camino, no sólo para hacerle mucho más amena y bonita la noche, sino que también para ayudarla en otro plano de su vida que debía ponerle atención, como lo era su propia protección ante los constantes riesgos que corría por gusto e ideales propios. - Bueno, si eres un desastre. Dejame decirte que eres uno que vale totalmente la pena.- le miró y sonrió coquetamente, le salía tan natural ser coqueta frente a la castaña, como si fuera la única forma de poder entablar conversación con ella, a su cuerpo le salía por inercia ser así a su lado.- ¿De verdad?.- preguntó asombrada cuando escuchó que ni siquiera le cobraría.- No me molesta pagar, de verdad. Tengo ahorros guardados, así que no te preocupes por ello. No me sentiría bien si te pido realizar tu trabajo sin nada a cambio. Quizás...- hizo una pausa pensativa, para luego abrir los ojos como si una ampolleta se hubiera prendido sobre su cabeza.-... podemos hacer un trueque de conocimientos. Tu me enseñas oclumancia, y yo te puedo llevar a conocer la habita y vida de algunas criaturas. Mi especialización son las marinas, pero me se de varias más.- le comentó, mirándola a la espera de su respuesta.

Y luego, vino el tema del cine. Ese hermoso mundo que Caroline desde que tiene uso de razón le ha encantado, aunque nunca más que sus amados libros, ellos siempre serán su eterno amor, aunque las películas están bien cerca, sobre todo esas que le daban cariñitos a su corazón.

HIzo una mueca.- ¡Ash, sí! Cuando murió todos comenzaron alabarlo aún más de lo que ya lo hacían y a casi decir que era el mejor actor de su época. Yo nunca ví sus películas, nunca les encontré sentido.- confesó encogiéndose de hombros.- ¡Amo esa película! Todos los actores y actrices en ella se lucieron. Hasta Tarantino en su divertida intervención que siempre hace en sus películas.- exclamó con ojos brillosos y contagiosa sonrisa.- Merecía mucho el oscar allí, o en El lobo de Wall Street, joder es que ahí se pasa millón. Pero no, decidieron dárselo en una que con suerte habla e interactúa con personas. A modo personal, encontré que era demasiado irreal sobrevivir a todas esas cosas. Sé que está inspirada en un hecho real, pero vamos...se pasaron un poco ¿no?.- comentó junto a una mueca.  

Y de pronto, en un giro dramático sorprendente, Hester besó a Caroline. Y pese a que en un inicio dejó a la pelirroja paralizada sin saber muy bien qué hacer, bastaron tan sólo un par de segundos para poder responder aquel beso de la castaña, por uno mucho más intenso y placentero para ambas. La pelirroja no debía ser adivina para saber que desde un comienzo la atracción entre ellas era evidente, pero la timidez de la oclumante le había prolongado ese impulso de querer besarla, más que nada para no incomodarla. Pero cuando ella dió el primer paso, no fue ningún problema para la magizoologista dar el segundo, tercero y cuarto.

Sonrió cariñosamente al escuchar sus palabras cuando el aire les fue necesario para seguir viviendo. Llevó su mano a su rostro para despejarle unos cabellos revoltosos que se encontraban tapandole la hermosa vista de sus ojos y los guardó delicadamente tras su oreja. Para luego, tras escuchar una de las tantas canciones favoritas que tenía para bailar, tomar de su mano y arrastrarla a la pista. En donde comenzaron un baile lleno de seducción y deseo entre ambas, que terminó por incentivar a la pelirroja a invitar a la castaña a otro lugar más...privado.

Para su satisfacción la respuesta de la maga fue positiva, y sonriente tomó de su mano para ir en dirección a una habitación.

***

Al entrar a la habitación el lenguaje entre las dos se había convertido en besos y caricias, que exploraban el cuerpo de la otra con deseo desenfrenado. Cuando Hester dió un leve empujón a Caroline que la llevó a quedar sentada al borde de la cama con una castaña sentada sobre su regazo, la pelirroja no pudo evitar escapar un pequeño gemido, ante esa nueva cercanía. Mientras no tardaba en llevar ambas manos al culo de la castaña para de un movimiento atraerla más hacia ella, y fundirse aún más, si es que era posible, junto a su cuerpo.

Sonrió seductoramente cuando Hester comenzó a sacarle la máscara, y sólo le dejó observala un par de segundos para luego volver a atrapar sus labios con sus dientes y besarlos intensamente, para luego comenzar a bajar por su cuello, donde le repartió besos, y mordiscos, dejándose sumergir en el delicioso aroma que desprendía la maga. Pero la pelirroja quería más, quería ver y sentir la suave piel de la castaña junto a la suya, por lo que no tardó en comenzar a bajar el cierre del disfraz de la castaña mientras unía su rostro con él de ella, rozando sus labios con su respiración que cada vez se volvía más agitada, y su mirada cada vez más densa. Y pese a las ansias de querer sentir el tacto de la desnudez de la maga junto a la suya, comenzó a desprender el traje de la castaña lentamente, aprovechando el roce de sus dedos al ir sacandoselo, y mirando como los ojos de la maga iban proyectando cada vez más fuego. Para su sorpresa, y una muy agradable debajo de aquel traje se topó en seguida con la ropa interior de la castaña, que a modo personal, creía que le quedaba a la perfección, haciendo que por inercia llevará su revoltosa lengua a saborear la piel que se encontraba al borde del sostén de uno de sus pechos. Quiso sacarle su ropa interior superior que ahora sólo le estorbaba pero primero decidió ponerse a la par con ella, por lo que se separó muy a su pesar del cuerpo de la maga y comenzó a bajar el cierre de su disfraz, que a diferencia de la castaña no tenía nada debajo de él, era demasiado ceñido como para arruinarlo con un sostén, por lo que Hester enseguida se encontró con la desnudez completa, de al menos la parte superior del cuerpo de la pelirroja.

Su piel se puso de gallina cuando volvió a unir su cuerpo con el de la castaña, y sus manos comenzaron a recorrer su piel, hasta llegar al broche de su sostén y desabrocharlo, sonriendo juguetonamente dentro del beso, para luego susurrarle.- ¿Sabes? siempre me ha gustado mucho más la vista desde arriba.- y sin más tomó la cintura de Hester para de un solo movimiento girarse y dejarla tendida sobre la cama con ella ahora encima, buscando enseguida unir sus labios con los de ella.
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Hester A. Marlowe el Lun Mar 04, 2019 4:26 am

Hester Marlowe no solía socializar a menudo con gente del mundo mágico, y menos en los tiempos que corrían: los puristas estaban a la vuelta de cada esquina, y si bien por algún maravilloso y extraño motivo, habían conseguido reunirse en aquel lugar personas que no simpatizaban con aquellas ideas discriminatorias y dictatoriales que se les imponían a todos los magos de la sociedad mágica británica.

Por ese motivo, por lo poco que socializaba con sus compañeros mágicos, Hester se vio sorprendida por la invitación de Caroline para llevarla a Japón. Acababan de conocerse, y si bien antes de que terminara la noche habrían tenido ocasión de verse desnudas y examinarse hasta la última marca de nacimiento, en aquel momento a la oclumante tal invitación la pilló desprevenida.

Por un momento, no supo qué decir. Acababa de conocerla, y pese a que se sentía muy a gusto con ella, quizás le parecía todo aquello demasiado precipitado. Así que buscó las palabras más elocuentes para manifestarlo.

Obviamente, elocuencia no es lo que consiguió. De haberlo hecho, no sería Hester Marlowe.

—Pues… No es que no me apetezca.—Empezó Hester. Una manera horrible de empezar, todo había que decirlo.—Soy una persona muy casera. Me gusta pasar tiempo en mi apartamento, con el mando del televisor en una mano y… y no sé por qué te estoy contando todo esto. No tiene sentido, es sólo que… No sé, ¿no me veo viajando? Quizás algún día. Tal vez. No sé… Tal vez.

Lo que no se había parado a pensar Hester es que quizás, sólo quizás, Caroline no le estaba ofreciendo irse con ella a Japón de inmediato, esa misma noche. La oclumante mostraba un problema de comprensión cuando se ponía nerviosa como lo estaba en ese momento. ¿Y cómo no estarlo? Aquella era una de esas cosas que se escapaban de su zona de comfort, y en su zona de comfort se sentía muy a gusto.

Hester enrojeció un poco ante las palabras de Caroline: un desastre que merecía la pena. Nunca le habían dicho algo tan bonito como eso, lo cual si una lo pensaba a fondo era un poco triste.

Fuera como fuese, Caroline quería compensar a Hester con algo a cambio de sus clases de oclumancia, por las cuales la vidente no se sentía cómoda de recibir dinero alguno. También era cierto que el alcohol estaba nublando un poco su juicio, de tal manera que hablaba del asunto con una gran ligereza.

—Pues sí. Podrías enseñarme los entresijos de la fauna marina. Me parece un buen trato.—Dijo con una sonrisa, entusiasmada. Le gustaba aprender cosas, y no le vendría mal.

Y no, si os lo estáis preguntando, no: Hester no pilló el doble sentido que podría atribuírsele a aquella frase. Uno relacionado con el sexo entre dos mujeres, cosa que practicarían Caroline y ella esa misma noche.

Pero antes de todo eso hablaron con gran entusiasmo sobre cine: películas que les gustaban a las dos, actores infravalorados, actores sobrevalorados, la muerte en Hollywood, Leonardo DiCaprio… Y es que Hester opinaba igual que Caroline en aquellos aspectos.

—Coincido en que la película peca totalmente de irreal. “Basada en hechos reales” no tiene que significar necesariamente que sea cien por cien fiel a la realidad. ¿Has escuchado los rumores sobre la película Capitán Phillips? ¿Esa de Tom Hanks sobre los piratas que asaltan un barco? Al parecer, los sucesos reales en los que está basados no son como los han retratado...—Lo dijo casi con rencor, como si el director de la película hubiera hecho trampa de alguna manera.—Pero volviendo al tema de Leonardo DiCaprio, creo que ambas estamos de acuerdo en que ese hombre lo hace todo bien, ¿no? Que se le nota que es un actor de verdad, con estudios y un talento natural, quiero decir. ¿Me equivoco?—Resultaba gracioso verla emocionarse por cosas como aquella, dedicando toda su pasión a aquel pequeño intercambio de opiniones.


Ya en la habitación, la situación que había dado comienzo en la pista de baile se tornó mucho más seria y adulta, hasta el punto en que Hester se encontró sentada en el regazo de Caroline, con su disfraz de gatita caído de cintura para arriba, mostrando su sujetador. Y Caroline por fin había perdido la máscara, y lo que Hester vio era más hermoso de lo que se imaginaba.

Le sonrió, mordiéndose el labio inferior, para acto seguido entregarse nuevamente a los labios de aquella hermosa pelirroja que había tenido la fortuna de que se fijara en ella.

Los labios de Caroline, juguetones, recorrieron la piel de Hester hasta llegar a sus pechos, todavía cubiertos por el sujetador. La oclumante dejó escapar un gemido, sintiendo cómo el calor crecía dentro de ella, cómo se humedecía su zona más íntima ante el contacto de la pelirroja. Incluso cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, dejando ir un largo suspiro de excitación.

Volvió a abrir los ojos, de repente, cuando escuchó el sonido de la cremallera del disfraz de su compañera de cama al bajar, y bajó la vista de inmediato. Su calor aumentó a medida que el cuero dejaba a la vista la blanca piel de Caroline: primero hombros, luego la parte superior de sus pechos, y después los pechos en sí.

Son perfectos, pensó Hester, admirando aquellas formas curvas y abundantes, tan atrayentes, con sus rosados y preciosos pezones ya erectos. Son lo más bonito del mundo, y están a mi alcance.

No tuvo tiempo a ofrecer un cumplido, en medio de jadeos y suspiros, a Caroline, pues la pelirroja, tras pronunciar aquellas palabras tan llenas de intención, cambió las posiciones de ambas, tumbando a Hester en la cama y colocándose ella por encima.

—La vista desde aquí abajo tampoco está nada mal...—Dijo Hester, mordiéndose el labio inferior, dedicando una fugaz mirada a los pechos desnudos de Caroline, para acto seguido sonreírle.

Cuando la pelirroja la volvió a besar, las manos de Hester no perdieron el tiempo: cada una se colocó sobre uno de los pechos de Caroline, y mientras sus lenguas jugueteaban, los dedos de la oclumante juguetearon con los pezones de la magizoóloga. Y es que Hester adoraba prácticamente todo de una mujer, ¿pero los pechos? Los pechos le encantaban.

Cuando sus manos se dieron por satisfechas, Hester las deslizó por la cintura desnuda de Caroline hasta el lugar en que todavía había cuero cubriendo su desnudez. Comenzó a tirar para continuar deslizando el disfraz por los muslos de Caroline: la quería totalmente desnuda, pues ya no necesitaba nada de ropa.

—Me pregunto...—Dijo en un momento dado en que sus labios se separaron para recuperar el aliento, mordiéndose el labio inferior.—¿Tampoco llevas ropa interior ahí abajo…?

Soltó una risita. Toda la situación la estaba excitando, hasta el punto en que su ropa interior estaba empapada entre las piernas. Sobraba decir que su excitación cada vez era más grande, y que se sentía a punto de estallar en llamas.
Hester A. Marlowe
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Hester A. MarloweMagos y brujas

Caroline Shepard el Jue Abr 04, 2019 2:34 am

Carol siempre ha creído que es como una especie de chivastoscopio humano, uno que sabe muy bien en quién confiar y en quién no. ¿Podía equivocarse alguna vez? Claro que sí, pero hasta el momento siempre le ha resultado y jamás se ha equivocado en sus intuiciones. Y si le preguntaban por Hester, desde el primer momento le generó una buena impresión y a medida que avanzaba el tiempo con ella iba confirmandolo cada vez más hasta el punto que sin pensarlo demasiado la invitó a visitar Japón, no hoy, ni mañana, ni pasado pero algún día, si es que después de ese sorpresivo encuentro las cosas seguían tan bien como hasta el momento, es por eso que cuando recibió su negativa por más que la entendía perfectamente, no pudo evitar sentir una leve desilusión, es que estaba tan animada hablando con ella y conociendola que ese panorama le resultaba fantástico.

Oh...no te preocupes, que esta bien. A mí me gusta más viajar pero durante el último tiempo he aprendido a disfrutar también de ser una persona más de casa, me gusta por sobre todo en invierno, estar así bien arropadita viendo maratones de series más comida deliciosa...— hizo una pausa para inspirar, abrazarse a ella misma y cerrar sus ojos disfrutando de la sensación que le producía ese sensación invernal.—...es un panorama muy maravilloso.— terminó por decir ofreciendole una cálida sonrisa.

En eso la oclumante le ofreció algo que Caroline no pudo rechazar, hace mucho tiempo estaba deseando tener clases de aquello y la vida se lo había traído una noche de Halloween, simplemente increíble. Aceptó gustosa y a cambio le ofreció clases pero en algo que ella era realmente buena, todo lo que respectaba al mundo marino y sus criaturas.

Entonces ya tenemos un trato, señorita Marlowe.— dijo ladeando su cabeza sonriente, y feliz no solo de tener clases con ella, sino porque este trato de una u otra manera aseguraba volver a verla, y eso alegró de sobremanera manera a la pelirroja.

El increíble mundo del cine se hizo presente y logró que ambas magas hablaran animadamente de ciertas películas y actores, compartieran sus opiniones y descubrieran de paso que pensaban muy parecido. — Debo admitir que Tom Hanks jamás ha sido muy de mi gusto, así que no conozco esa película.— confesó junto a una mueca.— Pero volviendo al tema sobre películas de "Hechos reales" creo que muchas de ellas transgiversan mucho la historia, y a veces resulta ser todo más inventado que real, y ocupan esa frase en un comienzo o final de la película para que por más que sea pésima uno diga : "¡Oh! esto sucedió en la vida real, ahora si es que es fuerte y muy buena película", pero en el fondo uno sabe que no fue buena.— terminó por decir encogiéndose de hombros.— ¡ Y claramente Leo DiCaprio es un tremendo actor! Yo soy su fan eterna, y sufrí junto a él Oscar tras Oscar y discutía con la Academía año tras año, hasta el mismo día que decidieron dárselo con esa película.— dijo soltando una resoplido y negando con la cabeza toda indignada.

***

La atracción entre ambas magas era evidente, tan solo bastaba verlas un par de segundos para observar cómo sus cuerpos se atraían como dos imanes que tarde o temprano terminarían por fundirse uno en el otro.

Y así fue, tan solo basto un par de canciones en la pista de baile para que se animaran a ir en busca de una habitación. Ya dentro, lejanas de las miradas curiosas y sorprendidas de los demás magos, las cosas se tornaron mucho más intensas. Y si antes se habían comenzando a conocer de manera verbal, ahora se trataba de un lenguaje totalmente diferente, donde sus cuerpos eran los principales protagonistas.

La boca de Caroline saboreaba la boca de la maga, creando una danza llena de coquetería y pasión con la lengua ajena, donde de vez en cuando dejaba entrar al baile a sus dientes que mordían la carne del labio inferior de la castaña atrayéndola hacia ella queriendo generar un leve dolor, pero uno placentero.

Cuando se sentó sobre su regazo y le quitó su máscara no le dió mucho tiempo a la oclumante para que observara su rostro ya que enseguida volvió a besarla y a comenzar una ruta por su cuerpo repartiendo besos y mordiscos hasta llegar a sus pechos, donde su lengua siempre tan revoltosa se introdujo en la comisura de su sostén para ir rozar con ella el pezón de la maga, que elevó su pecho echando su cuello para atrás, imagen que hizo que la pelirroja sintiera cosquillas en la parte baja de su cuerpo que cada vez se encontraba más húmeda.

No quería quedar atrás, por lo que con su mirada clavada en la castaña comenzó a bajar el cierre de su disfraz, dando cuenta que debajo de el solo se encontraba su blanca piel, y sonrió al sentir la mirada que Hester le estaba dedicando, le encantaba sentir el placer y deseo de la otra sin necesidad de palabras, un sentir que era completamente mutuo entre ambas.

Desabrochó su sostén pero no se lo sacó ya que tenía otra intención antes de aquello, es que Caroline desde siempre le ha gustado llevar el control de las cosas, y en el ámbito sexual no era diferente, aunque si mucho más permeable, ya que también disfrutaba de vez en cuando soltar y dejarse guiar y querer por la otra persona. Es por esto que no tardó demasiado en tomar la cintura de la castaña y de un movimiento dejarla sobre la cama con ella encima.

Sonrió coqueta cuando escuchó las palabras y observó la mirada que Hester le dedicaba, para volver a unir sus labios con los ajenos. Cuando sintió ambas manos de la maga sobre su pecho soltó un gemido de placer percibiendo como cada vez esa zona se volvía más sensible al contacto.

Hester comenzó a bajar aún más su disfraz, y le preguntó algo que hizo que Caroline soltará una pequeña risita, mucho más profunda y seductora que todas las anteriores.— Pues, déjame ayudarte a descubrirlo.— le susurró, separándose muy a su pesar del cuerpo ajeno hasta quedar de rodillas sobre la cama y comenzar a bajar su disfraz hasta sacarlo por completo, dejando al descubierto una pequeña tanga negra de encaje. Miró felinamente a la castaña para sacar también lo que le quedaba de disfraz para poder disfrutar aún más del cuerpo de la maga.

Cuando ambos disfraces quedaron a un lado, la pelirroja volvió a unir sus cuerpos, pero estaba vez recostandose levemente sobre el cuerpo de la maga, sin apoyar su peso totalmente ayudándose de sus piernas, donde una se encontraba al costado de las piernas de la castaña y la otra entre ellas. — Hmmm.— ronroneo placenteramente cuando presionó la zona íntima de la oclumente con su piernas y sintió su humedad, y seguro que Hester sintió lo mismo en su pierna.

Unió nuevamente sus labios y comenzó a mover su cadera para generar mayor roce entre sus zonas bajas, mientras que sus manos sacaron el sostén de la castaña para que su boca pudiera disfrutar libremente de los pechos de la maga. Comenzó besandolos, para luego lamerlos y darle pequeños mordiscones, se centró en uno y luego en el otro, sin dejar de mover sus caderas y sentir como esa zona cada vez se humedecia más.

Por más que estaba disfrutando mucho esa zona, la pelirroja quería ir un poco más allá, así que comenzó a bajar a base de besos el cuerpo de la castaña, hasta llegar hasta su calzón, agarró con sus dientes el borde y lo levantó generando una presión en esa zona, tenía muchas ganas de mandarlo a volar e ir de lleno a recorrer pero si había algo que le encantaba, cuando se podía y el tiempo se encontraba a favor era ir de a poco y disfrutar del placer que gradualmente iba en aumento.

Lentamente abrió sus piernas, y empezó a repartir caricias en ellas con sus manos, mientras su boca seguía repartiendo besos en los alrededores, disfrutando de sus movimientos y del olor que desprendía y que la invitaba a querer saborear, es por esto que llevó su lengua y comenzó a lamer sobre el calzón su zona más íntima, mojando aún más esta prenda.
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Hester A. Marlowe el Sáb Abr 06, 2019 2:05 am

El cómo la velada había pasado de conversaciones sobre películas, sobre lugares del mundo y oclumancia, a la situación en que ambas brujas se encontraban, era algo que a Hester se le escapaba entre los dedos.

Era simple y llanamente la magia de la atracción.

Para ese momento, la oclumante ya no era del todo dueña de sus actos: su mente nadaba en un cálido mar de excitación que convertía su cuerpo en una maquinaria al rojo vivo, incandescente, que buscaba únicamente ofrecer y recibir placer a la mujer que, en esos momentos, compartía espacio vital con ella.

Hester se volvió incapaz de hacer otra cosa que acariciarla, besarla, dejarse acariciar y dejarse besar. Y si bien seguían intercambiando palabras la una con la otra, en el momento en que Caroline comenzó aquel sensual roce entre sus piernas y sus zonas íntimas, se volvió totalmente incapaz de mantener la concentración en otra cosa. Cerró los ojos, se mordió el labio inferior, saboreó la sensación, y acarició los pechos de la pelirroja con ambas manos. Se le escaparon un par de gemidos, y suspiraba profundamente, sintiendo el corazón acelerado dentro del pecho.

Algunas palabras lograron formarse en aquel caldo hirviente de excitación que era su cerebro, y las pronunció lo mejor que le permitió su estado actual.

—Si puedes hacer eso con una pierna, no quiero ni imaginarme lo que puedes hacer con...—No pudo decir más. Era simplemente imposible.

Sobre ella, Caroline estaba a sus anchas: el cuerpo de Hester era todo suyo, y pronto sus labios comenzaron a recrearse en la forma de los erectos pezones de la castaña. Los mordisqueó suavemente y los besó, y mientras tanto, allí abajo, no dejaba de darle placer únicamente con su pierna. Hester acompañaba estos roces con movimientos de cadera, de tal manera que el roce entre ambas era mucho más intenso.

Pero la mejor parte, como ya se había imaginado, llegó cuando la pelirroja descendió y le separó las piernas. Hester le permitió hacerlo—y, dato curioso, podía separar bastante las piernas—y la cabeza de su compañera ocupó el espacio entre sus muslos. Tras unos preámbulos que aumentaron su excitación y la hicieron mordisquearse el labio inferior con impaciencia, llegaron los fuegos artificiales.

—¡Oh, Dios mío!—Gritó Hester, abriendo mucho los ojos para, acto seguido, volver a cerrarlos. Dejó escapar un largo gemido, con la boca abierta de par en par, y sus manos buscaron el rojo cabello de Caroline, sus dedos perdiéndose entre sus mechones del color del fuego.

Hester se dejó llevar por el placer. En un momento dado, sus manos se separaron de la cabeza de Caroline y acudieron a sus propios pechos, masajeándolos. Se pellizcó suavemente los pezones con índices y pulgares, al tiempo que gemía y suspiraba a partes iguales. Pronto llegaría al orgasmo y…

...y, con todo el dolor de su alma, se obligó a regresar al mundo real y hablarle a Caroline.

—Si sigues así, me corro.—Le dijo, sin delicadeza alguna, estando en el estado que estaba. La miraba desde su posición tumbada, los ojos de Caroline encontrándose con los suyos mientras su boca seguía ahí abajo.—Vamos a hacerlo juntas...—Se mordió el labio inferior, y Caroline comprendió enseguida lo que le pedía.

Apenas unos segundos después, la pelirroja había cambiado de posición: su cabeza seguía entre las piernas de Hester, pero la de Hester se encontraba entre las suyas, con una rodilla de Caroline a cada lado.

La castaña liberó a la pelirroja del tanga que ocultaba sus partes más íntimas—preciosas, a juicio de Hester—y se dispuso a darle lo mismo que ella le estaba dando…


Habiendo perdido totalmente la noción del tiempo, Hester Marlowe yacía en la cama, totalmente desnuda, junto a una Caroline Shepard que también vestía únicamente su propia piel. La temperatura en la habitación era alta, en gran parte debido a la actividad que ambas habían llevado a cabo allí dentro, y sus disfraces estaban desperdigados por el suelo sin orden alguno. Estaban sofocadas, estaban agotadas, sus pechos subiendo y bajando por lo pesado de sus respiraciones.

Hester volvió la mirada en dirección a Caroline, y como siempre que le ocurría cuando terminaba de mantener relaciones sexuales, se sintió presa de un profundo cariño hacia la otra mujer: acercó su rostro al suyo y unió sus labios con los de ella en un beso tierno, para luego apartar uno de sus mechones rojizos de la frente, a la cual se había pegado a causa del sudor que perlaba su frente.

La mano de Hester descansó sobre la mejilla de Caroline, y la oclumante le sonrió.

—Eres lo más bonito que hay en esta habitación. Lo sabes, ¿no?—Le dijo, y tan solo con pronunciar esas palabras, tuvo que tomar aire, tal era su cansancio actual.

Hester había tenido sexo con muchas mujeres, y de muchas maneras distintas. Con Caroline había sido intenso, agotador y plenamente satisfactorio. Tanto que no tenía ni la menor idea de cuándo iba a ser capaz de volver a moverse de la cama, o si sería capaz de hacerlo antes de quedarse dormida. Le resultaba poco probable.

—Creo que… se puede ser más feliz de lo que lo soy yo en estos momentos, pero… sinceramente, no sé cómo.—Le dijo, y se le escapó una risa plena, de esas que una suelta cuando está feliz y el mundo alrededor le importa un comino. No necesitaba nada más en aquellos momentos que estar así, con ella.
Hester A. Marlowe
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