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No mercy left [Priv. Ayax "Primito" Edevane]

Joshua Eckhart el Mar Oct 30, 2018 11:56 pm


Durante la noche del lobo, todo comienza en el punto estratégico donde la luna ejerce su fuerza sobre la tierra. Uno se siente morir, pero no puede gritar, y en su lugar nace un aullido intenso de rabia y dolor. Los huesos se deforman debido al veneno que corroe la sangre, y en licántropos como Joshua, el instinto hablaba más fuerte que la humanidad, a pesar de beber pociones matalobos. Esas eran las noches más oscuras, cuando necesitaba una luz para seguir, y nadie estaba ahí para tenderle la mano en su desesperación.

Su juicio estaba nublado y había perdido por completo la cabeza. Una bestia, lo llamaban, y podía ser que eso fuera. La línea entre el hombre y el monstruo era tan delgada que se rompía por completo, y en sus manos aparecía el poder para matar a sangre fría. Ni siquiera lo recordaría a la mañana siguiente. Debía ser por eso que no reconocía al hombre que miraba en el espejo: en su humanidad había bestialidad, y viceversa. Cada vez más difícil poder decir de qué lado se encontraba.

El instinto, era todo lo que le quedaba. La voracidad y la supervivencia, no había otra cosa, o eso era lo que pensaba. Cuando la bestia ve una presa entre la oscuridad, puede escuchar su corazón latir, la sangre recorriendo sus venas. El olor del miedo, que es sudor y ansiedad. Era un depredador y cazaba a su víctima con las patas sobre el suelo y el lomo erizado, mostrando los dientes sin perderle de vista, un suave gruñido que se difuminaba con las palabras silenciosas que sólo puede pronunciar el viento.

Ataca entonces, y las zarpas desgarran aire y piel con la misma facilidad. Muerde sin paz, con un hambre voraz. Los gritos entonaban una melodía que la bestia encontraba dulce, no había quien pudiese frenar el ataque de un hombre lobo cuando este ha comenzado. Un grito anuncia una vida que está a punto de acabar, cuando la sangre se drena a través de las heridas y mordidas que ha recibido, la carne hecha jirones y su pelea por sobrevivir cada vez más débil hasta que puede darse por perdida.

Es parte de la noche del lobo. Acaba como un mal sueño, incapaz de recordar qué fue lo que sucedió, uno puede despertar en medio de la nada, desnudo y desorientado, manchado en sangre y con el sabor metálico en la boca, y restos de piel bajo las uñas. La evidencia tangible de que fue real. Con dolor de cabeza y el cuerpo completamente dolorido, sin saber cómo regresar a casa, Joshua se dio cuenta de lo peor.

Que no estaba en medio de la nada. Estaba encerrado en una jaula de metal, y sus manos y piernas tintineaban las cadenas que ceñían los pares. Esposado de manos a la espalda y de pies, con un bozal de jaula. Como si fuera alguna especie de animal. Todavía estaba adormecido cuando fue llevado al tribunal mágico a presenciar su juicio. A nadie le importaba saber su versión: era una amenaza para la comunidad mágica.

Audiencia por delitos cometidos por Joshua Eckhart, los cargos contra el acusado son los siguientes: que a propósito y con conocimiento de la ilegalidad de sus acciones omitió su integración al Registro de Criaturas Mágicas y tuvo una transformación generada por la enfermedad de licantropía dando como resultado la muerte de al menos un miembro de la comunidad mágica —leyó sus cargos el miembro del jurado. — ¿Niegas haber omitido tu integración al mencionado registro?—preguntó el hombre.

No, pero… —intentó defenderse, decir cualquier cosa que pudiese protegerlo del destino que se veía venir. No había nada que pudiese decir en su defensa, sólo bastaba con mirar la manta con que cubría su desnudez, manchada de sangre de su víctima.

¿Estabas consciente de que está prohibido no registrarte debidamente por el riesgo que tiene a ser un potencial peligro para la sociedad mágica?—inquirió de nuevo el juez, esperando su respuesta con los dedos entrelazados.

Sí, así es, pero… —imposible, era imposible decir algo antes de que aquel hombre volviese a interrumpirlo.

Brujas y magos del Wizengamot, el acusado se encuentra culpable de omitir registros pertinentes y de asesinar a un mago durante su transformación —se dirigió al resto de la audiencia y después al joven acusado. — Pero ya que nuestras leyes son benévolas, su condena será formar parte del equipo de investigación del Área-M para ayudarles a encontrar un método para prevenir el peligro durante las transformaciones más eficiente que la poción matalobos —golpeó con su martillo una vez. — Caso cerrado.

Era culpable. Para ellos era culpable, no había forma de defenderse. Fue así como llegó a ese lugar, hogar de pesadillas y dolor: Azkaban. Recorrió sus pasillos con los ojos vendados hasta llegar a lo que llamaban el área-M, de investigación y conocimiento mágico. No a las celdas de presos, no: a las de las criaturas mágicas. Le quitaron el bozal y las cadenas, dejándolo solo en su soledad. Desde su celda podía ver un thestral y un hipogrifo, sabiendo que muchas más criaturas compartían ese lugar con él.

¡Esto es un error! ¡Libérenme! —gritaba, pero nadie lo escuchaba.
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Dom Nov 04, 2018 8:42 pm

Desconocía por completo que su primo era licántropo, que había sido delatado por un chivato y que después de un juicio había sido encarcelado en el Área-M, en la zona destinada para las Criaturas Mágicas. A decir verdad, él siempre pensó que si su primo terminaba ahí sería como extirpador, no como preso. Y ahora mismo no podía asquearle más la idea de que su primo fuese un licántropo incapaz de controlar su ira y su rabia... incapaz de cuidarse como la bestia inmunda que era.

Ayax todavía no se había enterado de que su primo estaba en el Área-M, sino que fue algo que le cogió totalmente desprevenido. Él llevaba ya unas semanas con un experimento un tanto complicado que relacionaba la mente humana con las capacidades de las criaturas, cuyo objeto de experimentación era Adae West, un niño que estaba resultando ser muy interesante por sus capacidades cognitivas.

Acababan de salir de una sesión fuerte de estudio y Adae caminaba al lado de Ayax de manera débil, cabizbajo. Si todavía tuviese el pelo seta que solía representarle, probablemente le tapase toda la cara. Sin embargo, estaba totalmente rapado, como un preso impoluto, sumiso y callado.

Pasó por delante de la celda de Joshua y si bien el eco y la reverberación del pasillo habían distorsionado la voz de su primo como para que no la reconociese al principio, nada más llegar sintió un pinchazo de traición al ver en el interior de aquella jaula a Joshua Eckhart, probablemente el familiar más afín y su mejor amigo. Un primo que había estado tanteando el terreno para ver qué opinaba Ayax sobre los de su especie, para luego ocultarle información de primera mano: él era la bestia que tanto miedo tenía por salir. Los pasos del pelirrojo se pararon, a la vez que los de Adae, quién miró por curiosidad hacia el interior de la celda, poniendo unos ojos desorbitados.

—Vaya —
dijo, mirando a su primo. —Qué decepción, Joshua. No sólo eres un mentiroso, sino también la escoria que no es capaz de controlar lo que es —le dijo, con desdén. —La gente como tú es la que se merece estar aquí abajo. No servís más que para hacer que el resto aprenda de vuestros errores.

Ayax le dio un empujón a Adae para que siguiese caminando, quién tenía los ojos empañados al ver a su amigo entre rejas. Eso sí, el pelirrojo no se dio cuenta de ese dato, pues aunque su rostro pareciese totalmente frío, inexpresivo y carente de emociones, cualquiera no siente rencor por la traición y tristeza por la pérdida. Es sólo que Ayax, en ese momento, se dejaba llevar por su mente más calculadora y fría: y no podía dejar que nada de eso le afectase. No en su trabajo. Y así lo haría.

***

Al día siguiente, Ayax volvió a pasar por allí con el mismo niño, aunque ésta vez éste estaba bien y no en un estado deplorable de cansancio. Se volvió a quedar frente a la celda de Joshua, quién se encontraba en una esquina probablemente lamentándose por su miserable vida y la que le quedaba por vivir.

—Como hace poco murió el único licántropo que teníamos aquí, debido a mi estudio me has sido asignado. ¿No es caprichoso el destino? —preguntó, fingiendo diversión.

El pelirrojo había ido con unas directrices profesionales establecidas, pero tenía bien claro que el rencor le iba a jugar una mala pasada como no se controlase. Como no la controlase a ella.
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Ayax EdevaneBecario Área-M

Joshua Eckhart el Mar Nov 06, 2018 3:11 am

No podía ser verdad. No podía creerlo. Era algo que había temido desde el primer día, la posibilidad de no controlarse y que la gente equivocada se enterase de su estado. Una posición de desventaja sobre el poder establecido, pues había sido considerado peligroso. Ellos lo habían señalado de esa manera, y nadie en el mundo podría hacerles pensar lo contrario. Había sido desprovisto de su dignidad de humano, como si nunca lo hubiese sido, para ser señalado por la sociedad como una bestia, por lo que su versión era el agregado más absurdo, una verdad sólo para sí mismo.

En su crisis existencial más profunda, lo vio. Era su primo, uno de esos pocos familiares con quien había congeniado y que era también su mejor amigo y confidente. Había escasos secretos que no había podido decirle, justo como lo era el que ese día lo estaba condenando. Sintió una sensación de posible esperanza, de que él, de entre todas las personas, fuese capaz de comprender su situación, de entender que se esforzaba en no ser peligroso. Que si no se lo había dicho, había sido porque quería mostrarle que todo iba a estar bien.

Ayax, primo —lo llamó, sujetando los barrotes para aproximarse cuanto sus ataduras se lo permitiesen. Sus palabras lo dejaron estático en su lugar, petrificado y con las palabras en la punta de la lengua. Una decepción, era lo que veía en él. — No, no entiendes… —trató de defenderse, balbuceando lo que tenía por decir. — Yo estaba… Realmente intentaba… —pero el intento no era un hecho, y en ese momento no bastaba.

Confundido, cuando menos. Esperaba otra cosa. Esperaba, de alguna manera, que Ayax pudiese ver más allá de lo que todos señalaban. Quiso pensar que era sólo la sorpresa, el rencor de la mentira lo que lo estaba haciendo decir esas cosas. Que lo pensaría bien, y que entendería que la intención de Joshua no había sido otra que esperar el momento adecuado para confesar la verdad. Un momento que ahora no iba a llegar.

***

Los días en el área-M eran solitarios y fríos. A lo largo de ese día, una mujer adulta había venido y lo ató como si fuese una criatura peligrosa, para realizar un riguroso examen médico y conocer para qué tipo de experimentación era apto. Su peso, su tipo de sangre, estatura y complexión. Su estado interno, también. Debía ser una sanadora, o una magizoóloga, ni siquiera sabría decir la diferencia en ese momento, porque ya no había diferencia entre su yo humano y su yo animal, porque alguien así lo había decidido.

Su primera noche ahí fue horrible. Sin ventanas, no había diferencia entre el día y la noche, su sol se había convertido en la luz del corredor que se apagaba y se encendía cuando alguien así lo decidía. No había camas ni siquiera, unas mantas cuando menos en el suelo como única muestra de piedad para las criaturas que habitaban ese lugar. La gran mayoría de ellas no necesitaba camas. Escuchaba el lamento y los gruñidos de las criaturas mágicas a su alrededor, apenas pudo dormir.

Al día siguiente, había tomado un desayuno que ni siquiera sabía si se podía llamar así. Sobra decir que no había probado nada de lo que le habían dejado, no tenía hambre así que el sacrificio no había sido un horror. El horror vino cuando su primo volvió a pararse justo en frente de su celda, de nuevo con un niño. Antes había estado tan alterado que ni siquiera lo había mirado, pero ahora que lo observaba, le parecía familiar. Si le imaginaba con cabello, podía ver claramente que era…

¿Adae…? —preguntó, en voz baja, dolido por dentro. Lo había conocido en Hogwarts hace tiempo, y habían tenido una conversación agradable algunas ocasiones, pocas antes de que desapareciera por completo. Le dejó a deber libros, pero no se los tomó en cuenta. — Ayax, por favor, escúchame… —le pidió, poniéndose de pie. — No quería mentirte, estaba… Quería decírtelo cuando estuviese seguro que podía controlarlo… —trató de explicarse, rogando que su primo lo escuchase esta vez, que los años que habían vivido juntos se lo permitiesen entender. Que nunca había querido engañarlo o guardarle secretos.

Pero la mirada de Ayax era glacial y tan filosa que parecía que podía cortar. Esas miradas que hacen a uno sentirse increíblemente incómodo, juzgado incluso. Una que nunca le había dirigido, ni siquiera cuando lo llamaba subnormal al jugar juntos y actuar como retrasado.
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Lun Nov 12, 2018 9:33 pm

Las cosas no se podían tomar a la ligera, mucho menos cuando te sentías traicionado por un familiar al que tan estima tenías, con el que podrías incluso sentirte como uno solo. Joshua no solo le había estado tratando por idiota, sino que encima pretendía que Ayax creyese sus estúpidas explicaciones en donde no pretendía mentirle. Y las cosas en esta vida normalmente no tienen cabida en una escala de grises: o están bien, o están mal y el pelirrojo solía tratar las mentiras como lo que era: cuchillas que intentan clavarte en la espalda después de haberte tomado por una persona no solo de poca confianza, sino también de poca inteligencia.

Es por eso que ahora mismo no tenía ningún tipo de empatía por su primo segundo. Ya ni siquiera quería verlo como el primo más cercano que tenía, pese a no ser de sangre directa, sino directamente como uno más de su familia a la que, de nuevo, deja de lado. Si es que ya se lo decía su abuela: solo la familia cercana de sangre es la que vale la pena, la que nunca te traicionará. Y él siempre se empeñaba en meter a Joshua como uno más dentro de los Edevane. Qué iluso. Un Eckhart jamás será un Edevane.

Cuando su primo le pidió que le escuchara, lo miró con fingida atención, pero a decir verdad no dijo nada que a Ayax le hiciera cambiar de parecer.

—Claro —respondió, haciendo que Adae se sentase en el suelo, en una de las esquinas. El niño había sido amaestrado a palos—metafóricamente hablando—, por lo que tenía una obediencia exquisita a cualquier orden aunque no fuese atado u obligado mediante magia. —Joshua, fuiste Ravenclaw. Dejando de lado el hecho de que se supone que eres inteligente y sabías no solo que soy medimago, sino que trabajo en una de las áreas científicas más grande de Europa a nivel mágico, ¿no creíste conveniente contármelo teniendo en cuenta de que podría ayudarte? —preguntó retóricamente, para entonces elevar la mano, pues no quería que Joshua contestase a su pregunta, cuya respuesta ya sabía. —Claro que no, ¿por qué ibas a hacerlo? Era más divertido ocultarlo y poner a toda la familia en peligro, como la persona irresponsable, inmadura y niñata que eres. —Ayax se acercó a él y, con la varita, le obligó a arrodillarse de nuevo, reprimiendo cualquier movimiento que quisiera hacer. Se acuclilló delante de él. —Mataste a una persona y heriste de gravedad a tres con tu descontrol, debido a una falta no solo de humildad sino también de inteligencia. ¿Te acuerdas de a quién mataste y a quiénes heriste? ¿Creíste que podrías controlar a esa bestia que te queda tan grande? Claro que no... por eso no fuiste capaz de parar cuando tus asquerosas zarpas se clavaron en mi hermana pequeña... —Eso último lo dijo con rabia, rencor y odio, con los dientes apretados y una voz dolida y enfadada. Miraba a Joshua como quién mira a un despojo que sólo quería patear hacia la basura. Una de las manos de Ayax se aferró al cuello de su primo, con fuerza. —Y ahora está en San Mungo, en la planta de ingresos permanentes en un estado crítico. Aún no se ha despertado y... ¿cuándo lo haga qué le tocará? ¿Convertirse en la misma mierda en la que te has convertido tú? —Y, tras continuar apretando, se separó.

Se puso en pie, se giró y dio unos pasos, alejándose de Joshua. Estuvo unos segundos mirando hacia la pared opuesta, misterioso. Se tranquilizó—o fingió tranquilizarse—en un momento, volviendo a girarse con un aire mucho más grácil y una sonrisa irónica.

—Pero soy una persona profesional —confesó al final. —Si te mato, cosa que me encantaría, serías literalmente la basura más inútil del Área-M. Y me encantaría utilizarte para hacerle la vida más fácil a mi hermana, si es que sobrevive. Porque puedes estar seguro de que como mi hermana no salga de esta, yo mismo te mataré.

Y la mirada, tan fría que le echó a su primo, declaraba sin lugar a dudas sus intenciones de hacerlo. Quizás Joshua, que conocía bastante bien a Ayax, podía divisar más allá de esa mirada dolor y traición, pero en realidad ahora mismo tenía una mirada tan gélida que parecía que había creado una coraza sin sentimientos que lo rodeaba por completo. Y teniendo en cuenta a lo que se tenía que enfrentar: de utilizar al atacante de su hermana, a su primo traicionero, como sujeto de pruebas en el Área-M, Ayax había tenido que hacer un ejercicio muy duro de auto-control que no estaba muy seguro de poder llevar a cabo.
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