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What lies beneath the surface {Carol, Sam & Gwen}

Gwendoline Edevane el Sáb Nov 03, 2018 4:07 am

Recuerdo del primer mensaje :


Miércoles 31 de octubre, 2018 || Apartamento de Caroline Shepard y Samantha Lehmann || 23:09 horas || Atuendo de la intrusa

Miércoles 31 de octubre, 2018 - 22:35 horas
Uno de los pisos francos de Artemis Hemsley

Artemis Hemsley cruzó la pierna derecha por encima de la izquierda, al tiempo que dejaba escapar un prolongado bostezo. Se la notaba cansada, casi como una persona normal que había salido tarde del trabajo, o que llevaba haciendo horas extras toda la semana. Nada más lejos de la realidad con aquella mujer.

Gwendoline, una muñeca inerte con la mirada perdida, permanecía sentada en una silla, frente a la cama de Artemis. La mortífaga, casi como si ignorase la presencia de la desmemorizadora, o como si para ella no fuese más que un objeto inanimado, continuó maquillándose frente al espejo de su tocador. ¡Oh, sí! Y estaba totalmente desnuda, como si no tuviese ninguna invitada o no le preocupase lo que ésta pudiese ver. A tal nivel había llegado su confianza con Gwendoline Edevane.

Repítelo.Dijo Artemis, observando el resultado de su pequeña sesión de maquillaje en el espejo. Estaba casi satisfecha, pero ese lápiz de ojos… no acababa de convencerla.

—Caroline va a una fiesta de Halloween hoy. Estará fuera gran parte de la noche.—La voz de Gwendoline sonaba monótona, casi como una voz muerta. No existía emoción alguna en su entonación. Se limitaba a obedecer cada orden que Hemsley, su titiritera, le daba.—Sam está trabajando. Al ser noche de Halloween, también volverá tarde a casa...

Artemis asintió con la cabeza, al tiempo que se retocaba las pestañas con un poco de máscara. Cuando estuvo satisfecha con el resultado, se puso en pie y caminó por la estancia hasta llegar a la cama. Una vez allí, se sentó frente a Gwendoline. En su rostro aparecía una sonrisa enorme, que algunos podrían confundir con una agradable, pero que no lo era: Hemsley escondía sus dientes debajo de aquella sonrisa.

Lo has hecho muy bien, mi pequeña Gwendoline.Felicitó, risueña, la mortífaga. Entonces, su rostro se puso triste.Pero me has fallado: no me has traído la información que te pedí. Sigo sin saber una mierda sobre Allistar.Artemis apretó el puño, y su rostro se tiñó de ira. Gwendoline se puso visiblemente tensa, pero no alteró la posición en la silla. Lo tenía prohibido. La mortífaga la perforó con los ojos durante unos segundos más, antes de suavizar un poco su expresión.Tranquila, muñequita. Soy buena persona, y voy a darte una última oportunidad de redención.Y compuso una sonrisa que, de lo amplia y fingida amable que era, provocaba escalofríos.

Artemis se puso en pie y, haciendo gala de su dominio sobre la magia no verbal sin varita, con un simple gesto hizo aparecer ropa sobre su desnudo cuerpo de ébano. Se trataba de un disfraz de gata, mayormente de cuero. Se dio una vuelta delante de Gwendoline, como una niña orgullosa de su traje de graduación el día del baile.

¿Qué pinta tengo? ¿Estoy irresistible o no?Por supuesto, Gwendoline no respondió. No tenía tal capacidad: en aquel estado, sólo podía obedecer órdenes directas.Voy a una fiesta de Halloween, y después quizás tenga algo más de diversión.Hemsley sonrió de forma traviesa e hizo aparecer un látigo en sus manos, azotando el suelo con él a continuación. Gwendoline permaneció impasible.Pero no te preocupes: para ti también hay disfraz. No pensarías que iba a ser yo la única que disfrutaría de Halloween, ¿no?Y, con una risita, Hemsley hizo un nuevo movimiento de manos, esta vez en dirección a Gwendoline.

La ropa de la joven cambió: ahora, vestía totalmente de cuero negro, con una chaqueta con capucha reluciente. Ésta caía sobre los hombros de la mujer blanca, y la mujer negra la tomó, poniéndosela por encima de la cabeza con delicadeza. La miró como quien mira a una hija antes de ese hipotético baile de fin de curso, a fin de comprobar que todo esté en orden con el vestuario y el peinado.

Sammy tiene algo muy importante. Ha puesto sus sucias manos de ladrona de magia sobre mi espejo. Y tú, mi querida Alice, vas a recuperarlo.Artemis sonrió como una niña buena, y sin perder esa sonrisa, añadió:Esta vez, no admito fallos: como no cumplas la misión, te prometo, mi niña, que vas a saber lo que es el dolor. Y esas cosas que he visto en tu cabeza, eso de los hermanos Crowley, me ha dado muchas ideas. Créeme...

Gwendoline Edevane tenía miedo. Quizás la maldición Imperius no le permitiese mostrarlo, pero lo tenía. Y sabía que Hemsley hablaba en serio: el fracaso no estaba permitido, o pagaría las consecuencias.

***

Una figura femenina envuelta vestida de negro hizo su aparición en plena calle, enfrente de la vivienda que Caroline Shepard compartía con la fugitiva Samantha Lehmann. El cuero negro la ayudaba a pasar desapercibida en la noche. Observó la vivienda durante unos cuantos segundos, evaluando cualquier tipo de riesgo, y cuando estuvo segura de que no había ninguno, la mujer avanzó con paso decidido, cruzando la calle.

Se detuvo apenas unos instantes ante la puerta, sacando la varita de la manga de su chaqueta. La empuñó con una mano enguantada en cuero negro y la apuntó hacia la cerradura. Un hechizo Alohomora no verbal destrabó la cerradura con un chasquido metálico. La mujer apoyó su otra mano, la zurda, sobre la puerta, y empujó suavemente. Ésta se abrió apenas unos centímetros, lo justo para que la mujer echase un breve vistazo a la penumbra que reinaba en el interior.

Conjuró entonces un hechizo Echoes, el cual reveló la presencia de algunos seres vivos en el interior: los animales de la sangre sucia, seguramente. Ningún ser humano se encontraba en aquella casa, y la mujer de la capucha supo que era el momento perfecto para entrar. Nada más hacerlo, cerró la puerta tras de sí, y con un nuevo hechizo, sus ojos comenzaron a ver en la oscuridad.

Sobre la mesa, cerca de la entrada, se encontraba el gato de Lehmann. Éste, nada más ver a la desconocida, se puso en pie, curvó su espalda, y empezó a gruñir a la recién llegada. El pelo de su lomo se había erizado, y había adoptado una actitud hostil.

—Shhhh...—La mujer se llevó el dedo índice izquierdo al lugar donde estarían sus labios. En su lugar, estaba la máscara.

El gato, por supuesto, no obedeció a su educada solicitud de silencio, y la mujer tuvo que dejarlo dormido con un Leniendo no verbal. El animal cayó desplomado, sobre la mesa, durmiendo plácidamente.

***

La enmascarada cruzó el umbral la puerta abierta del cuarto de Lehmann. Nada más hacerlo, se encontró con los otros dos animales sobre la cama de la sangre sucia. No dormían, ni mucho menos: el cerdito había alzado la cabeza con curiosidad, mientras que la perrita observaba a la desconocida, confundida; movía y dejaba de mover la cola de manera intermitente, como si no fuese capaz de comprender lo que veía.

La mujer no perdió el tiempo: también durmió a aquellos dos.

Con los animales fuera de combate, y la vivienda a su total disposición, pudo finalmente quitarse la máscara. Era útil para ocultar su identidad, pero limitaba un montón su campo de visión. La dejó sobre la cama de Lehmann y entonces, en la oscuridad, se puso a buscar el objeto que Hemsley le había ordenado recuperar: el espejo. Mientras tanto, la puerta del cuarto de Lehmann permanecía abierta.

La máscara:


Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Nov 27, 2018 4:55 am, editado 2 veces
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Sam J. Lehmann el Miér Dic 05, 2018 4:07 am

De repente todo se quedó oscuro y se paró de golpe, intentando descubrir qué había pasado.

No le sugería nada bueno. Una Gwen tomando el control de su cuerpo y de su mente no haría que en su cabeza ocurriese algo así y la legeremante todavía sentía esa incomodidad; esa presión que denotaba que todo seguía yendo mal y nada había cambiado. Lo que sí notó es que el Imperius había llegado a un punto en donde se había serenado. Ni lo que hacía Sam funcionaba, ni lo que parecía estar haciendo Gwen funcionaba. Estaba quieto. Le daba la sensación de que se había convertido en una barrera infranqueable en ninguno de los sentidos, un muro que las separaba.

De hecho, en ese momento Sam llegó a lo que parecía un límite en aquel pasillo que parecía infinito. Una especie de tela húmeda y pegajosa se alzaba hasta lo más alto, cortándole el paso. Sam la tocó, intentando romperla o traspasarla, pero era elástica e imposible de romper. Apenas un segundo después esa tela se volvió en contra de ella y comenzó a adherirse a su piel desde su mano, subiendo lentamente por su antebrazo como si tuviera vida propia. En un autoreflejo intentó apartar la mano con presteza, pero no pudo. Una mano se materializó en su muñeca, sujetándola con fuerza, una mano ataviada con aquel anillo que tanto había visto en el anular de Sebastian Crowley. Con miedo alzó la mirada y lo vio aparecer a través de aquella barrera con ojos cargados de odio. Ella intentó retroceder, pero él apretó más su mano sobre su muñeca, impidiéndoselo con la misma sonrisa con la que siempre declaraba su perverso poder frente a ella. Un poder superior, indiscutible y dominante. —Estás muerto… —dijo en un murmullo, ojiplática, convenciéndose de que aquello no era real. Pero cuando tu miedo se presenta ante ti, por mucho que tengas la certeza de que no es real, te sigue erizando el vello, congelándote la piel y perdiendo la capacidad de reacción. Y Sebastian había conseguido muchísimo más que eso. Hizo fuerza con su mano. —¡Estás muerto! —Y se apartó de él unos pasos.

Él se limitó a señalar el suelo y como si de una fuerza superior se tratase, como si él siempre tuviera sobre ella ese poder celestial al que no podía negarse, sus rodillas flaquearon y terminó de rodillas frente a él. A su lado aparecieron Vladimir y Zed Crowley, exactamente igual vestidos a la única vez que trató con ellos. Sam temblaba, hasta que Sebastian la obligó a mirar hacia arriba, alejándose de ese lugar y viajando por unos recuerdos que si bien le pertenecían sólo a ella, los había compartido justo con la persona en la que ahora mismo residía.

Los vivió en primera persona, sintiendo como Sebastian la golpeaba, la empujaba contra una pared y la arrinconaba, recordándole como tantas veces el poder que ejercía hacia ella, recordándole el valor de su vida y la posición de todos sus seres queridos. Revivió esos momentos de sumisión degradante frente a él, revivió los momentos en donde su integridad como bruja y legeremante se veía cuestionaba con la mentira y la traición mientras Sebastian Crowley sonreía desde Wizengamot, contento porque su niña era obediente. Y fue entonces cuando el recuerdo estrella llegó a la mente de Sam, posicionándola de rodillas, en mitad de una grandísima alfombra ensangrentada, frente a un Vladimir Crowley con un látigo lacerante. —No… —Cerró los ojos, pero de nada sirvió. Eso era una pesadilla real, de esas que te come por dentro, esa que por mucho que cierres o abras los ojos, siempre estará allí para hacerte la vida imposible. Esa que por mucho que te tapes con la manta sigue subiéndote las pulsaciones. La misma que te afecta en sueños, como en la vida real. Y no, Sam no quería tener que revivir eso. —No es real… —Se repetía, viendo la locura en los ojos de Vladimir arremeter con el látigo. —¡No es real!

Y en ese momento se dio cuenta de que, sin haberlo esperado bajo ninguna premisa, había caído en una trampa de Artemis Hemsley. Un método defensivo en donde el invasor acababa de ser invadido. Y no podía permitirlo. No podía quedarse allí encerrada.
Sam J. Lehmann
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Sam J. Lehmann el Miér Dic 05, 2018 4:41 am

No es real. No es real. No era real. Sebastian había sido asesinado. Vladimir había sido asesinado. Zed había sido asesinado. No había ningún Crowley posible que pudiera volver a su vida. Nada de aquello era real, sólo era la repetición del momento más horrible de su vida; un trauma que, ni meses después, una era capaz de superar. Así que se concentró y dejó de sentir. Guardó en el interior de su mente todas sus emociones, todos sus traumas... Apartó sus miedos a un lado y por mucho que aquellos recuerdos que había compartido con Gwen se empeñasen en recordarle lo miserable que había sido su vida, no podía recaer en la mísera emoción de un recuerdo pasado.

Pero eso era lo peor de todo: ese recuerdo pasado que te persigue, se adhiere a tu alma y no te suelta. Sin embargo, Sam era consciente de sus miedos y por mucho que ahora mismo la Sam real estuviese con unas pulsaciones cargadas de nervios y su cuerpo creyese que aquella sensación era real, sabía que aquello no era más que una trampa para retenerla. Y la norma más importante de un legeremante al entrar a la mente ajena era no convertirse él en la víctima. Y no iba a permitirlo.

Así que Sam tiró fuerte, tiró más fuerte, siguió tirando fuerte y… aquellas cadenas que la mantenían a merced de los hermanos se rompieron en mil pedazos con la fuerza que, en su momento, no tuvo. De repente se encontró en medio de ningún sitio, en una inmesa oscuridad. Ya no había nada. Miró hacia todos lados, pero no había rastro de ningún Crowley ni al frente, ni detrás de ella. No había marcas en sus muñecas, no había sangre, no había temblor en sus manos, ni piel erizada, ni reacciones a destiempo.

La Sam de la vida real suspiró y sus manos se apoyaron en el escritorio que tenía delante, aún con una emoción de inseguridad en su interior que no se la iba a quitar nadie. Todavía se sorprendía frente al miedo irracional que le tenía a los fantasmas del pasado. Le daba miedo el miedo, pues a su parecer le habían hecho terriblemente débil.

Todavía en la mente de Gwen y sin saber en dónde narices estaba, sintió como sus piernas pisaban un charco de agua. No era agua estática, sino la desviación de un pequeño afluente de agua. Siguió la dirección por la que venía, hasta que a lo lejos, en mitad de una inmensidad desmedida, avistó el inicio de lo que parecía un bosque. Múltiples árboles y enredaderas creaban una especie de barrera justo en el inicio, como si fuese una cárcel y ellos sus barrotes. Ahora dejó de lado cualquier truco de legeremantes y corrió hacia allí, hacia la prisión que había aparecido en mitad de ningún sitio. A medida que se acercaba, se dio cuenta de que más que un bosque convencional parecía una especie de laberinto. Sam no pudo entrar al interior, ya que cada vez que lo intentaba el exterior se lo impedía. Las enredaderas se ponían en medio, los árboles cambiaban a merced y le era imposible. Retrocedió unos pasos. —¿¡Gwen!? —la llamó.

Era una maniobra muy trabajada; una prisión muy bien hecha para que no fuese nada. Sam había asumido que si Gwen estaba en algún sitio, iba a estar allí encerrada y que si había podido llegar tan lejos había sido derribando las barreras anteriores. —Gwen… —añadió. —Si estás ahí dentro… si me oyes, tienes que luchar contra lo que tienes delante. Estoy al otro lado, esperándote. —Se acercó a una entrada, pero una enredadera se formó rápidamente hacia aquella dirección, impidiéndole el paso. Mientras seguía hablando, no paró de caminar alrededor de todo el perímetro, buscando algún punto débil en aquella prisión. —Un legeremante siempre te va a poner retos delante que vas a tener que sortear para demostrarle que no puede burlarte en tu propia mente. Puede ser un acertijo, puede ser un puzzle, puede ser el reconocer la aguja en medio del pajar... puede ser cualquier cosa. Tienes que concentrarte y sacar fuerzas. —Y, tras una pausa, continuó. —Tú eres mucho más que ella. Sabes que confío en ti más que en nadie, puedes salir de ahí.

Tenía que haber algún punto débil en aquella prisión. Ella sabía que ninguna trampa hecha en la mente ajena tenía una efectividad del cien por cien. Siempre había errores, imprecisiones, restos de una mente que no eran del todo compatibles con el resto, patrones que siempre seguían las mismas personas. Y por mucho que Artemis Hemsley se considerase perfecta y creyese que no podía cometer errores, estaba muy equivocada.
Sam J. Lehmann
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Gwendoline Edevane el Miér Dic 05, 2018 2:54 pm

Algo no iba bien.
Todo se tornó oscuro de repente, como si alguien hubiera pulsado el interruptor de la luz. El mundo del bosque, ya de por sí en penumbra, se tornó negro como el carbón, y de repente me encontré sola en aquel lugar. Detuve en seco mi carrera, confundida, mirando todo a mi alrededor. Todo era igual, una masa negra e informe en que me encontraba atrapada. Hasta la luz del faro se había extinguido.
Por un momento, pensé que Artemis había logrado atraparme y enviarme a lo más profundo de aquel vacío del que había logrado escapar hacía poco—o mucho, pues la percepción del tiempo allí era extraña.
Sin embargo, pronto empezaron a aparecer imágenes abominables en aquel vacío oscuro. Ante mis ojos vi aparecer a Sebastian Crowley, acercando su mano a una temblorosa Sam, para acto seguido acariciarle la mejilla y recordarle que, si no fuera una asquerosa sangre sucia, le demostraría en todos los niveles cuál era su posición en el mundo.
Después apareció Zed Crowley, sosteniendo entre sus manos la varita de Sam segundos antes de romperla, asegurando que a Sam iba a ocurrirle lo mismo.
Lo siguió Vladimir Crowley, borracho como una cuba, violento como un ser irracional, mirando a Sam desde su posición, de pie ante ella. La miraba con unos ojos que no me gustaban nada, y aseguraba que era un desperdicio de mujer.

—Sé lo que estás haciendo...—Dije entre dientes, refiriéndome a Artemis Hemsley.—No les habrías traído aquí si Sam no estuviera aquí.—Y es que, si bien yo odiaba a los Crowley y deseaba librarme de todo lo relacionado con ellos, Sam les tenía miedo. Les tenía un pánico muy justificado, teniendo en cuenta las imágenes que se sucedían ante mis ojos. Sus hechizos y látigos la golpeaban una y otra vez. Cerré los ojos… cosa bastante inútil, teniendo en cuenta que estaba dentro de mi propia cabeza.—¡Detén esto inmediatamente!—Grité. No quería seguir viendo cómo esos salvajes la torturaban.—¡PARA YA!—Grité con más fuerza, a todo pulmón… y todo paró.

Al abrir de nuevo los ojos, me encontraba nuevamente en el bosque, y ya no quedaba rastro de los Crowley. Tampoco parecía quedar rastro del avatar de Artemis Hemsley en aquel mundo, que había pasado ya por varias formas. Solo había un bosque, árboles y oscuridad, el viento meciendo las briznas de hierba, el cielo oscuro y privado de estrellas… y el faro. La torre volvía a alzarse ante mí, al final de un camino que debía recorrer. Su luz brillaba de forma muy tenue.
Tengo que…, pensé, y el pensamiento reverberó por todo el bosque, inconcluso.
A dicha voz la sustituyó la de Sam, la cual me hizo alzar la mirada, buscándola. ¿Dónde estaba? ¿De dónde procedía su voz?

—¿Sam?—Pregunté, pero mi voz no alcanzó a mi amiga. Lo supe porque continuó hablándome. Me estaba explicando la forma de salir de aquel lugar… y brindándome toda su confianza.—Veo una luz.—Aseguré.—Es un faro. Lo vi la primera vez que escuché tu voz. Tiene que ser la salida.—No sabía si me estaba escuchando, pues igual que yo no podía salir de la prisión de Artemis, mi voz quizás tampoco.—Voy a intentar llegar hasta él.

Observé la luz del faro, clavando la mirada en la edificación de piedra. ¿Sería capaz de llegar allí? No necesité hacerme esa pregunta durante mucho tiempo: a mi espalda, el bosque cobró vida nuevamente, y un rugido emergió de sus profundidades. Se trataba de ella, de Artemis, y no estaba contenta con lo que estaba ocurriendo.
El bosque, igual que una cinta transportadora, comenzó a retroceder a toda velocidad. Más que como una cinta transportadora, daba la sensación de que en algún punto a mis espaldas hubiera un agujero negro, un centro gravitatorio que estaba absorbiendo todo el bosque. Los árboles comenzaron a crujir y a doblarse, y algunos de ellos fueron arrancados literalmente del suelo, siendo arrastrados por el vórtice.
Yo misma empecé a notar la presión de aquel centro gravitatorio y lo supe: o corría, o terminaría absorbida yo también. De vuelta en aquella prisión.

—¡Ahora o nunca!—Exclamé, echando a correr a toda la velocidad que me permitía mi ser en aquellos momentos.


***

En el exterior del bosque, dónde se encontraba la legeremante, todo parecía normal. A excepción de la presencia de Artemis Hemsley, o mejor dicho, uno de sus muchos avatares, que emergió de las sombras a espaldas de Samantha Lehmann.

Pero no era Artemis Hemsley, tal y como la conocían Gwendoline Edevane y la susodicha Lehmann. Se trataba de una monstruosidad informe, compuesta por multitud de tentáculos. Lo único reconocible de la mujer que en el exterior se batía en duelo con Caroline Shepard eran sus ojos y su boca. Los tentáculos parecían emerger de su cabeza, de tal manera que Hemsley parecía una máscara sujeta por los tentáculos que brotaban de ella, una suerte de Medusa o Gorgona.

Lanzó uno de sus tentáculos en dirección a Samantha Lehmann, con intención de hacerle daño si no se marchaba de inmediato.
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Caroline Shepard el Miér Dic 05, 2018 4:55 pm


Caroline se considera una persona impulsiva, pero una precavida. De esas que a pesar de dar de manera inmediata el primer paso, ya al segundo y tercero comienza a maquinar en su cabeza cuales serían los mejores pasos a seguir. En esta ocasión las cosas serían un poco más complicadas, ya que por más que la pelirroja no ha estado alejada de duelos peligrosos e improvisados, ella en su interior sabía que esta vez sería un poco diferente al resto. Más que nada porque ella había tenido la fortuna de admirar con sus propios ojos, gracias a su amigo Ryo, las maravillas que podía crear Aoyama, y lo fatal que podían llegar a ser sus creaciones en manos equivocadas.

La pelirroja recuerda muy bien la primera vez que sus amigas le hablaron sobre Grulla, bastaba con tan solo ver sus rostros para saber que esa mujer iba a ser un gran grano en el culo. Recuerda también la impotencia que sintió al comprobar que ese miedo de perder a un ser querido iba a ser una sensación permanente durante un tiempo largo e incierto, y que cada vez se le tornaba más lento, doloroso y frustrante.

Le resultaba cada vez más tedioso tener que trabajar en un lugar lleno de personas que no dudarían en dañar a uno de sus seres queridos por un poco de dinero o status, porque eso era Artemisa, una mera chica con sed de poder, y claramente carente de cariño. Porque una persona que sabe aunque sea un poquito lo que es amor, no disfruta hiriendo y aprovechándose del resto para obtener bienes materiales y superfluos. Porque uno descubre que a veces vale más una tarde de risas con unos amigos, un regaloneo con tu mascota, o un encuentro de pies helados bajo las sábanas que un bolso lleno de galeones o títulos mágicos.

La magizoologista no disfruta odiar, ni mucho menos aborrecer a las personas, aunque tenga un temperamento a veces distante con los demás, siempre intenta ver el lado bueno de los demás. Pero personas como Crowley, la Ministra, o Hemsley simplemente sacan lo peor de ella, ese lado que no le gusta habitar pero debe hacerlo, y lo hará mil veces más si de eso depende salvar a sus seres queridos.

Escondida tras esa pared, sentía su corazón palpitar rápidamente como una gran caballería galopeando vorazmente. ¿Tenía miedo de que todo saliera mal? Sí, pero no iba a dejar que eso la paralizará. Y mucho menos que esa rabia que sentía por esa mujer, llegara a nublarle la razón, ya que hoy debía estar más despierta y atenta que nunca. Escuchó las palabras de Artemisa, y por unos segundos todo su cuerpo se tensó, pero no cedió a sus provocaciones, no cedió a su intento de derrumbarla emocionalmente antes de siquiera haber empezado el duelo.
Pese al hostil contexto en el que se encontraba se dio un tiempo breve para cerrar sus ojos y regular su respiración, necesitaba estar en su mejor momento, no con una pulsación de un siervo asustado. Recordó las palabras de su maestro cuándo le dijo que en momentos en que el tiempo no estaba de tu lado, lo mejor siempre era pensar en tus puntos más fuertes, y aferrarte a ellos como una sanguijuela. Y fuera de las criaturas algo que se le daba bastante bien era el combate al estilo muggle. No sabía cuánto tiempo tendría para dar sus mejores golpes, pero lo aprovecharía al máximo.

Abrió los ojos como platos cuando observó como un montón de shurikens es tuvieron a un pelo de convertirla en rebanadas, inspiró profundamente y supo que había llegado el momento de comenzar de una vez aquel duelo, y de dar la pelea hasta que su cuerpo aguantase.

Se apareció detrás de Artemisa y le dio una patada de lleno en su zona lumbar, para luego sin siquiera tener tiempo para un respiro aparecer frene suyo y hundirle sus puños, uno en su rostro y otro en su estómago, el segundo no llegó a darlo del todo ya que salió disparada por los aires, una vez más. En esta ocasión el golpe al aterrizar fue mucho más fuerte que el anterior, aún ni lograba salir de aquel impacto cuando volvió a estar por los aires, y como una muñeca de trapo ser lanzada una vez más a otra dirección. En esta oportunidad, sus reflejos dieron todo de sí y pudo invocar un hechizo que amortiguara aunque fuera un poco su caída.

No llevaban ni diez minutos y ya le dolía todo, pero aún le quedaba mucha energía por derrochar. Se levantó como si su cuerpo estuviera en perfectas condiciones, y con varita en alto, mentón alzado clavó su azul mirada en Artemisa Hemsley.- Que comience el juego.

Un nuevo rayo de luz salió de su varita, no sabía si realmente llegaría a destino, pero dese allí en adelante, no dejará de atacar ni proteger ni por un milésima de segundo, con personas como Grulla, el marcador siempre parte en negativo para su contrincante, y Caroline era consciente que no tenía todo para ganar, pero al menos quería darle cara y hacerle sentir que poseer ese anillo, no era lo más importante, ya que habían ideales que poseían mucho más poder.
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Gwendoline Edevane el Jue Dic 06, 2018 1:54 am

La figura del faro, imponente y luminosa, se alzaba cada vez más cerca de mí. Contra todo pronóstico, y a pesar de que no las tenía todas conmigo cuando empecé a correr, estaba alcanzando la salida. Esta vez, sin dudas: en cuanto tenga el pomo al alcance de mi mano, lo cogeré, me dije a mí misma mientras veía la puerta aproximarse.
Aquel agujero negro seguía devorando todo a su paso, arrancando árboles de cuajo mientras se aproximaba hacia mí. La voluntad de Hemsley era fuerte, muy fuerte, pero a pesar de todo… Lo estoy logrando, me dije, y una vez más mis pensamientos resonaron por todas partes en el bosque, del cual cada vez quedaba menos.
El contorno de la puerta empezó a iluminarse a medida que me acercaba a ella. Un rectángulo de bordes luminosos alzándose ante mí. De la misma manera, todo lo demás empezó a oscurecerse, y pronto no quedó otra cosa que no fuera la puerta, el agujero negro y yo misma.

—¡No me vas a atrapar!—Grité, sorteando la poca distancia que me quedaba por recorrer, a la carrera. Allí estaba la puerta, justo delante de mí, y sin perder un solo segundo, así el pomo y lo giré.


***

La figura del faro, imponente y luminosa, se alzaba cada vez más cerca de mí. Contra todo pronóstico, y a pesar de que no las tenía todas conmigo cuando empecé a correr, estaba alcanzando la salida. Esta vez, sin dudas: en cuanto tenga el pomo al alcance de mi mano, lo cogeré, me dije a mí misma mientras veía la puerta aproximarse.
Aquel agujero negro seguía devorando todo a su paso, arrancando árboles de cuajo mientras se aproximaba hacia mí. La voluntad de Hemsley era fuerte, muy fuerte, pero a pesar de todo… Lo estoy logrando, me dije, y una vez más mis pensamientos resonaron por todas partes en el bosque, del cual cada vez quedaba menos.
El contorno de la puerta empezó a iluminarse a medida que me acercaba a ella. Un rectángulo de bordes luminosos alzándose ante mí. De la misma manera, todo lo demás empezó a oscurecerse, y pronto no quedó otra cosa que no fuera la puerta, el agujero negro y yo misma.

—¡No me vas a atrapar!—Grité, sorteando la poca distancia que me quedaba por recorrer, a la carrera. Allí estaba la puerta, justo delante de mí, y sin perder un solo segundo, así el pomo y lo giré.


***

Una de las entradas, aquella frente a la que se había detenido Sam, se abrió repentinamente. Las enredaderas que impedían el paso a mi amiga repentinamente se abrieron, separándose las unas de las otras, y emergí yo a la carrera. Mis ojos se encontraron con los de mi amiga, con los de mi persona especial, y una sonrisa empezó a dibujarse en mi rostro. Sentí alivio durante una fracción de segundo… y entonces lo vi.
La sombra que acechaba detrás de Sam, esa amalgama de tentáculos que sostenía una máscara con el rostro de Artemis Hemsley. Sonreía con una boca llena de afilados dientes, una sonrisa horrenda de oreja a oreja. Uno de sus tentáculos se zarandeaba de un lado a otro, buscando el hombro de Sam.
No lo dudé ni un segundo. En mis manos, conjuré una bola de luz roja, dispuesta a arrojarla contra la criatura.

—¡No la toques!—Grité, arrojando con todas mis fuerzas la luz en dirección a aquella criatura sombría, con tal precisión que la arrojé de vuelta a la oscuridad a la que pertenecía. Su cuerpo, o lo que en aquel lugar parecía un cuerpo, estalló en mil pedazos y desapareció.


Apoyo gráfico:

Miré a Sam, y por fin se formó esa sonrisa en mi rostro. Sentía que llevaba lejos de ella y de todos los que amaba demasiado tiempo. Artemis me había tenido bajo su control, utilizándome a su propio placer y conveniencia, alejándome de mi vida. Sentí un gran alivio al poder acercarme a ella, una vez más, como yo.

—Me has salvado.—Dije, caminando hacia ella y abrazándola con fuerza...


De vuelta en el mundo real

En el mundo real, la conexión mental entre Sam y yo se cortó entonces, y ambas, apoyadas en aquella mesa desvencijada, nos encontramos mirándonos a los ojos. Sentía todavía las mejillas húmedas debido a las lágrimas que antes habían conseguido escapárseme, y que prometían no ser las últimas que lloraría aquel día.
Sorprendida, observé el mundo a mi alrededor. No recordaba haber pisado aquel edificio en mi vida, pero evidentemente me encontraba allí. Tampoco podía decir que recordara demasiado de muchas cosas que habían ocurrido durante los últimos meses. Tenía la sensación de que, cuando estaba dentro de mi propia mente, encerrada, todo era más claro. Que allí sí que podía entender cosas que ahora se me escapaban.
Bueno… no importa, pensé mientras sentía el frío arrullo de la brisa de noviembre. Lo importante es que estoy de vuelta.

—Me has salvado...—Repetí, mirando a Sam, y acercándome a ella para poder abrazarla, esta vez en el plano físico.—¡Muchas gracias por traerme de vuelta!

Como ya me imaginaba que ocurriría, mis ojos se humedecieron y, con el rostro apoyado en el hombro de Sam, comencé a llorar. Pero no lloraba lágrimas de tristeza ni de miedo, sino de alivio. De alegría. Había estado en un lugar oscuro del que jamás creí que lograría salir, y Sam había ido a buscarme incluso a aquel lugar oscuro. No había temido, a pesar de que la que se hacía pasar por mí había esgrimido contra ella su mayor temor.
Me sentía muy afortunada de tener a una amiga como ella...


Resultado del duelo:

Gwen - 3 toques || Sam - 1 toque

¡Gana Samcita!

Artemis Hemsley y Caroline Shepard

Artemis arrojó una lluvia de shurikens de hielo en todas direcciones, igual que una onda expansiva fruto de una explosión. En su mayoría impactaron sobre las paredes y demás elementos del mobiliario que todavía quedaban intactos, pero algunos atravesaron las ventanas sin cristales, y se perdieron en la noche.

Shepard logró librarse del ataque, aunque Artemis tampoco esperaba otra cosa: oculta como una rata, la mestiza no ofrecía lo que se dice un blanco claro, y si alguna de las estrellas la hubiera alcanzado, habría sido de casualidad.

La mortífaga bajó lentamente la mano izquierda, la del anillo, observando lo que sucedía a su alrededor. Y sí, los primeros ataques de Shepard la pillaron desprevenida: la pelirroja lanzó dos golpes por la espalda, haciendo uso de la aparición, y acto seguido un tercer golpe en plena cara. La bruja planeaba asestarle un cuarto golpe a la cazarrecompensas, pero volvió a alzar el puño cerrado justo a tiempo, deteniendo su embestida con su magia potenciada por el anillo que le había fabricado Aoyama. Shepard salió despedida nuevamente, en esta ocasión aterrizando de manera mucho más dolorosa en el suelo de aquella oficina abandonada.

Artemis la alzó de nuevo por los aires y la arrojó en otra dirección, pero una Shepard más atenta logró amortiguar el golpe con su magia. Hemsley dejó de ejercer presión sobre ella con su magia, dándole tiempo para ponerse en pie.

Al menos, reconoceré que tienes agallas. Me has pillado desprevenida, pero… Spoiler: no volverá a ocurrir.Artemis pronunció la última frase como si fuera un secreto que nadie más que ellas dos pudieran saber, y aderezó su tono de voz fingidamente dulce con una sonrisa que no tenía nada de dulce.

Shepard alzó su varita, conjurando un hechizo contra Artemis. La mortífaga, empuñando su katana en ambas manos, mantuvo la mirada fija sobre la de Caroline. Sin siquiera mirar, comenzó a controlar las sombras que cubrían la estancia, de tal manera que se arremolinaron a su alrededor igual que un torbellino compuesto de oscuridad. El hechizo de Shepard impactó directamente sobre éstas, y a consecuencia detonaron. Lo que antes parecían sombras se convirtió en una oscura bruma que cubrió toda la estancia, opacando la luz y sumiéndolo todo en la penumbra.

Artemis no perdió el tiempo: utilizando el hechizo Umbra transporte, se movió entre las sombras, camuflándose, acechando a una Caroline Shepard sorprendida, que no sabría ver por dónde le vendría el siguiente ataque. Ahora que estaba en pleno uso de sus capacidades físicas, y que no tenía herida alguna en su pierna, Artemis podía moverse libremente, sin apenas hacer ruido.

Y pasó al ataque.

Lanzó un tajo horizontal con su katana en dirección a Shepard, atacándola desde un lateral. Sin embargo, la bruja estaba más preparada de lo que Hemsley se esperaba: quizás debido al entrenamiento que había recibido en Japón, debió escuchar el sonido de la katana cortando el aire, y a consecuencia esquivó por muy poco el tajo.

Pero Hemsley no se detuvo ahí. Se agachó, utilizando la inercia de su primer ataque, y lanzó una patada directa al estómago de Caroline Shepard. La bruja interpuso el antebrazo y logró parar la pierna de Hemsley, quien no pudo evitar componer una sonrisa divertida: no iba a ser tan fácil como ella esperaba, y de haberlo sido, habría sentido la más grande de las decepciones.

Se puso en pie ejecutando una voltereta hacia atrás, escondiéndose nuevamente en la cortina de sombras que había creado. Mientras hablaba, comenzó a moverse de un lado a otro.

Veo que has recibido un entrenamiento digno de admirar. Al final, quizás esto no sea tan aburrido como esperaba que fuese.Y soltó una pequeña risita, mientras seguía moviéndose.

Se lanzó nuevamente al ataque, dispuesta a golpear a Shepard por la espalda en esta ocasión, pero no llegaría a hacerlo. La mortífaga vio aparecer un punto de luz brillante por delante de ella, y enseguida lo identificó: Shepard estaba conjurando un hechizo de luz para contrarrestar las sombras. No tenía forma de detener aquello, así que en lugar de intentarlo, atrajo cuantas sombras pudo en su dirección y las moldeó para que formasen un sólido muro por delante de ella.

Entonces, llegó la luz, intensa y blanca, y el muro a duras penas pudo con ella. Por fortuna, Artemis no quedó cegada por la luz, pero sí quedó nuevamente al descubierto. Y cuando los jirones de sombras que quedaban en la estancia se disiparon, estaba frente a frente con Shepard. Y sonreía.

¡Muy lista! ¡Se nota que fuiste a Ravenclaw!Poco le faltó a Artemis para ponerse a aplaudir allí mismo, siempre de manera irónica.Cara a cara será, pues.Añadió, empuñando la katana en ambas manos, lista para luchar.

Aprovechando la distancia que las separaba, Shepard conjuró varios hechizo en dirección a Artemis. La mortífaga se sirvió de la aparición para evitarlos, y una vez estuvo lo bastante cerca de su rival, alzó el arma para asestarle un tajo. Shepard se puso en guardia con intención de esquivarla, pero el golpe nunca llegó: Artemis se valió nuevamente de la aparición para situarse a su espalda, y ahí fue asestó su golpe.

Fue un tajo diagonal ascendente, y la hoja mágica forjada cortó la ropa de la pelirroja como si fuera mantequilla. También cortó la piel y la carne por debajo, pero solo superficialmente. La sangre brotó entre los jirones de tela de la ropa de Shepard y enseguida empezó a gotear en el suelo. La bruja, anonadada, avanzó un par de pasos vacilantes.

Artemis clavó la espada en el suelo de la oficina y la dejó ahí. Alzó su puño izquierdo y, con su magia, hizo levitar una de las paredes móviles atravesadas por estrellas ninja de hielo, arrojándola contra Caroline. La bruja recibió un golpe desde un lateral, desequilibrándose, y terminó clavando una rodilla en el suelo.

Artemis avanzó hacia ella, poniéndole una mano en el hombro cuando llegó a su lado. La obligó a darse la vuelta, y Shepard aprovechó la ocasión para asestarle un puñetazo directo en la mandíbula a Hemsley. El golpe fue tan contundente que el labio inferior de Artemis se partió, y un hilillo de sangre corrió por su mentón.

Me estás empezando a caer muy bien.Respondió Artemis con una sonrisa aparentemente cálida, para acto seguido arrear un puñetazo en la cara a Shepard. Fue tan contundente que la bruja, debilitada, terminó cayendo de bruces al suelo.Levántate. Presenta batalla, asquerosa traidora.La retó Artemis, colocando la suela de su bota sobre la espalda herida de Shepard, pisándole el corte que acababa de hacerle con la katana.Unos cuántos más de estos y tendrás una espalda a juego con tu amiguita, la sangre sucia.Comentó Hemsley, soltando una risita perversa.
Gwendoline Edevane
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Caroline Shepard el Dom Dic 23, 2018 4:29 pm

Las cosas de un momento a otro habían tomado un giro radical, Sam había salido del "escondite" en que se encontraba junto a Caroline para enfrentar a Grulla. De ahí en adelante todo se fragmentó, cada cual fue por su lado, tocándole a la pelirroja enfrentar a una acalorada Hemsley. Se escondió tras las paredes para poder ordenar su cabeza rápidamente y escoger los mejores pasos a seguir, pero tras pasar un de par de minutos comprendió que planeará lo que planeará no podría controlar ni prever lo que sucedería en aquel enfrentamiento. Lo único que tenía claro es que debía resistir hasta que Sam lograse ayudar a Gwen a salir de aquel maleficio, debía hacer tiempo y distraer a Artemis hasta que sus amigas volvieran a estar juntas y fueran a ayudarla a luchar contra ella.

Un montón de shurikens le atacaron sacándola de aquel espacio de retrospección que se había dado para poder ordenar sus ideas, debía comenzar de una vez aquel duelo, donde sin importar el resultado la pelirroja iba a dar todo de sí, hasta el último round. Se apareció detrás de Artemis y le atacó de manera muggle con toda la fuerza que tenía, salió disparada por los aires estrellándose fuertemente en el suelo, no logró reincorporarse cuando nuevamente fue proyectada hacia otro lugar,  para su suerte logró esta vez evitar un fuerte golpe invocando un hechizo que amortiguó su caída. Se levantó de inmediato pese a los dolores que ya podían sentir en su cuerpo y que estaba segura marcarían su piel posteriormente.

Observó como Hemsley tomaba entre sus manos firmemente la katana, y la pelirroja no pudo evitar recordar a su amigo Ryo, quién había pasado largas horas en el verano enseñándole el arte de dominar una espada como aquella. Recordaba cómo había logrado que ella se enamorase de una katana y logrará sentirla como una extensión de su propio cuerpo y se preguntó de paso si Artemis era capaz de generar esa conexión con aquel objeto, pero no tuvo más tiempo para pensar en cosas del pasado ya que de pronto todo se volvió oscuro, unas sombras emergieron de todos lados cubriendo toda la habitación. Caroline elevó su varita y invocó silenciosamente un "Homenum Revelio" para descubrir desde qué lugar Grulla volvería a atacar. Justo cuando esta iba con todo con la katana su varita le informó de su presencia y logro zafarse de aquello en un ágil movimiento, para luego de la misma forma bloquear aquella patada que quería la morena hundir en su estomago.

La sintió alejarse pero jamás bajó la guardia, miraba para todas partes mientras le escuchaba hablar atenta a cualquier mínimo movimiento que ocurriese a su alrededor. Mientras la escuchaba pensó en otro hechizo que la ayudase en aquel estado en que se encontraba, invocó un "Lumus máxima" que le ayudó a esquivar una vez más un ataque por parte de Grulla, lo que no se esperaba era esa gran muralla de sombras que apareció después, pero no dió ni un paso atrás, volvió a conjurar nuevamente aquel hechizo y con más fuerzas, pensando que su rayo de luz era como el más fuerte puñetazo dado jamás, y así fue, con el logró que las sombras se fueron proyectadas para todas partes quedando una vez más frente a frente a Artemis.

No perdió su tiempo en responderle, solo atino a lanzarle todos los hechizos que se le venían a la mente, y pese a frustrarse al ver que ninguno de ellos llegaba a destino no se detuvo. Grulla utilizando su mismo juego de aparecerse los esquivaba sin mayor problema, y cuando le vio aparecerse muy cerca suyo la pelirroja iba dispuesta a enterrarle un buen puñetazo en plena quijada, pero no logró hacerlo porque en menos de un pestañear la castaña ya se encontraba en su espalda donde no dudó en  proporcionarle un tajo con la  katana. Caroline no pudo evitar soltar un quejido de dolor, sintió sus rodillas tambalear pero logró sostenerse aún en pie, pero no logró más con ello cuando recibió un impacto de un costado que la hizo caer de rodillas al suelo.

Escuchó como Artemis se acercaba a ella, y a penas sintió el roce de su mano en su hombro no tardó en proporcionarle un puñetazo en todo su rostro. Le dolía todo y le ardía intensamente su herida, tenía la vista borrosa por lo que no pudo evitar el golpe de devuelta de Grulla hacia su persona que la hizo terminar cayendo del todo al piso. Se sentía débil, pero aún con fuerzas para seguir luchando, sus convicciones siempre han sido más fuerte que sus dolores y realmente esperaba que esta vez no fuera la excepción. Sintió la bota de Artemis hundirse en la herida de su espalda y apretó su mandíbula fuertemente en un intento de ahogar el grito de dolor que rogaba por salir de su boca, porque no le iba a dar ese gusto, el gusto de escuchar su clemencia.

Cuando nombró a Sam fue el impulso que necesitaba para recobrar algo de fuerzas por lo que en un rápido movimiento que hizo que absolutamente todo su cuerpo le doliera, se giró rápidamente por el suelo, le agarró el pie a la morena e hizo que esta cayera de espalda al suelo, para luego en un movimiento quedar encima de ella y pegarle dos nuevos e intensos puñetazos en su rostro, uno en un costado y otro de lleno en su nariz haciéndola sangrar al acto. Sólo alcanzó a darle dos antes de salir nuevamente proyectada hacia un costado y caer de bruces al suelo.

Esta vez le costó más levantarse, de hecho sólo pudo quedar de rodillas con su varita en alto, ya que la herida que tenía en su espalda se había abierto aún más por los movimientos y golpes recibidos, haciendo que sangrase y doliese más de la cuenta. Una nueva ronda de hechizos comenzó a lanzarle a Grulla, y pese a lo débil que se sentía la rabia y fuerza con que los lanzaba no era menor. Inspiró profundamente y su siguiente movimiento fue aparecerse nuevamente a espaldas de Grulla y con un ágil accionar cruzó sus brazos alrededor del cuello de la maga haciéndole la llave llamada "Mata leones" que consistía en inmovilizar al oponente hasta asfixiarlo. Lo hizo lo más fuerte que la condición física en que se encontraba se lo permitía, ya que era muy consciente de que no tardaría en salir nuevamente proyectada lejos y mientras lo hacía por su cabeza se cruzó el rostro de Sam y Gwen, y rogó para que ambas se encontraran bien, y que al menos en su lado las cosas marcharan mejor.
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Gwendoline Edevane el Dom Dic 23, 2018 10:29 pm

Habiendo dejado a un lado la katana, clavada en el suelo, sería una mentira decir que Artemis Hemsley no empezó a tomarse aquello como un juego. La mortífaga, acostumbrada a no tener rival en duelo, consideraba aquello un juego de niños, aún a pesar de las habilidades de la bruja pelirroja. Con su recién adquirido anillo—que no sería desacertado calificar como ‘anillo de poder’—nadie era rival para la cazarrecompensas. ¿Y qué había de malo por jugar un poco con su enemiga? Absolutamente nada.

Excepto, claro, en el momento en que acabó tendida en el suelo. Supo que su provocación había tenido efecto en la pelirroja, por supuesto: en cuanto a debilidades, Samantha Lehmann era la suya. Su pequeña Alice había tenido la gentileza de contarle la relación que existía entre rubia y pelirroja, de no ser porque su muñequita estaba enamorada hasta las trancas de la legeremante, habría shippeado a aquellas dos.

Así que Shepard logró tirar a Hemsley al suelo, e inevitablemente pudo asestarle un par de golpes mal dirigidos. Hemsley, con la nariz sangrando y un aburrimiento marcado, alzó de nuevo su mano izquierda y arrojó por los aires a Shepard utilizando sus poderes mágicos, potenciados por el anillo. No tardó tampoco en ponerse en pie, utilizando para ello uno de los movimientos que había aprendido durante su entrenamiento en Japón. Su sensei, Masashi Oka, podía ser todo un cretino, pero enseñaba bien.

Shepard reanudó el ataque, utilizando para ello su magia. Artemis, haciendo gala de una combinación de agilidad y aparición, comenzó a esquivar un hechizo tras otro con la facilidad de un pájaro en vuelo.

En una de estas, Shepard desapareció, aprovechando uno de los momentos en que Artemis estaba ocupada esquivando un hechizo; apareció a sus espaldas, y enseguida cerró los brazos alrededor de su cuello. Artemis sintió una ligera presión sobre su nuez, pero la detuvo enseguida, utilizando la magia sin varita que tanto había perfeccionado, y que con el anillo no había hecho otra cosa que volverse más poderosa. Poco a poco, forzó a Shepard a separar los brazos, de tal manera que fue quedándose libre de su presa.

Deberías haber cogido la espada.Recomendó Artemis mientras se daba la vuelta para encarar a Shepard.Te dije que no ibas a volver a cogerme desprevenida, ¿verdad? Bueno...Hemsley, que mantenía la mano del anillo con el puño cerrado en alto, inmovilizando a Shepard, utilizó su otra mano para conjurar un accio en dirección a su espada. Esta voló directa a su mano, la empuñó, y se dispuso a acabar aquello....se acabó el juego, Caroline.Y dicho esto, compuso una sonrisa perversa, antes de apuñalar a Shepard con la katana.

Por supuesto, no la apuñaló en el pecho. No la quería muerta tan pronto. Su muerte se produciría horas después, cuando Lehmann le diera lo que quería, tras padecer mucho dolor. La hoja de la espalda atravesó el hombro izquierdo de Shepard, con tal violencia que la atravesó de lado a lado. Una herida dolorosa e impresionante a los ojos, pero pese a todo, no era letal ni mucho menos.

La sangre brotó de la herida, corriendo por la hoja y goteando en el suelo. Hemsley se permitió saborear aquel momento durante un segundo, para entonces arrancar de cuajo la espada, sin delicadeza alguna. La hoja describió un arco en el aire y salpicó la sangre de Shepard sobre los restos del mobiliario que quedaban en aquella oficina. La bruja pelirroja seguía inmóvil, dónde estaba momentos antes, intentando agarrarla del cuello.

Solo para que entiendas tu situación, mi pequeña Caroline: tú y tus amigas estáis jodidas.Afirmó Hemsley con aquel tono de voz falsamente dulce, en consonancia con lo que estaba haciendo a Shepard.Me he cansado de esperar, y voy a conseguir lo que necesito. Si tu amiguita sangre sucia no me lo da por las buenas, me lo va a dar cuando tú y Alice, par de traidoras, estéis sufriendo una agonía terrible ante sus ojos.

Dicho esto, Hemsley soltó a Shepard. La bruja se vino hacia delante, cayendo de rodillas en el suelo, mientras de la herida en su hombro goteaba sangre por ambos lados, pecho y espalda. Artemis la obligó a ponerse en pie con otro hechizo, clavó de nuevo la espada en el suelo de la oficina, y avanzó hacia Shepard. Sin ningún tipo de contemplación y aprovechando su debilidad, empezó a asestar golpes a la magizoóloga: un puñetazo del revés en la mandíbula, una patada al estómago, otro puñetazo en la mandíbula… Hemsley golpeaba demasiado rápido para el estado físico en que se encontraba Shepard, y lo poco que podía hacer era retroceder. En una ocasión intentó alzar la varita contra la mortífaga, pero Hemsley se la arrebató con un Expelliarmus no verbal, para finalmente asestar una patada directa al pecho de Caroline, mandándola al suelo con su espalda herida por delante.

Eres patética.Se mofó Artemis, al tiempo que alzaba de nuevo la mano del anillo. Sin embargo, en este caso no utilizó su magia con Shepard, sino con ella misma: conjuró un Vulnera Sanentum que cerró las pocas heridas que había podido hacerle Shepard en la cara y la nariz.¿Sigues teniendo fuerzas para intentar levantarte? ¿O prefieres quedarte ahí tumbada? Te aconsejo que hagas lo segundo...Artemis usaba su tono jovial habitual, y era consciente de que, muy probablemente, Caroline no podría ponerse en pie otra vez.

Si lo hacía… bueno, a Artemis le daba igual hacerle lo que fuera, con tal de que al final siguiera vivita y coleando.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Lun Dic 24, 2018 3:47 am

Abrazó a Gwen con fuerza, físicamente, sintiendo el calor de su abrazo y sabiendo perfectamente que ni la ilusión mejor ejecutada podría compararse con aquello. La estrechó contra ella con fuerza, con temor retenido por la posibilidad de no haber podido ayudarla, llevando una de sus manos a su cabeza, acariciándole el pelo. No dijo nada y es que… de verdad, tenía el corazón en la garganta de los nervios y ahora mismo no le salían las palabras. Además, ¿qué iba a decirle? ¿“No hay de qué”? Si estaba en mano de Sam el poder sacar a Gwen de cualquier situación peligrosa, ya podría hacerse a la idea de que su amiga se iba a tirar al pozo de cabeza. E incluso aunque no estuviese en su mano, ya te digo yo que Sam se tiraba de cabeza igualmente. La verdad es que si se trataba de sus seres queridos, a la legeremante le daba igual todo.

Así que siendo consciente de que Caroline ahora mismo estaba enfrentándose a Artemis, se separó de Gwen, poniendo ambas manos en los hombros de su amiga y mirándola a los ojos. —No voy a dejar que te vayas a ningún otro lado —le prometió.

Quiso decirle más cosas, pero fue cuando escuchó el grito de Caroline proveniente de la otra habitación, haciendo que su corazón se encogiese por completo. Aquel grito no había sido de victoria y sólo de pensar el por qué de aquello hacía que su corazón no volviese a su estado original. Así que casi de manera instantánea se separó de Gwen y corrió a buscar su varita que estaba en el suelo. Luego se acercó a Gwen y dejó la varita de Savannah junto a su cuerpo, para luego correr hacia la otra habitación. No vio ni a Artemis ni a Caroline en primera instancia, pues estaban detrás de una columna y unas mesas destrozadas, pero los sonidos de sus voces le declararon su posición. Sam caminó hacia allí la primera, en silencio. No quería poner en peligro la única oportunidad de coger a Artemis Hemsley por sorpresa, pero tampoco quería poner en peligro la vida de Caroline. Así que caminando con sigilo, llegaron a justo detrás de aquella columna. Sam miró, pero vio a Caroline en el suelo, malherida y desangrándose a partir de una herida que ella, desde esa distancia, no sabía decir si era peligrosa o no. Por la cantidad de sangre y porque no tenía ni idea, diría que sí, lo cual no hacía más que meter más presión al asunto.

Optó por la situación más sencilla de todas: que una hiciera de distracción mientras la otra ayudaba a Caroline a salir de allí. Porque una cosa estaba clara: no iban a enfrentarse a Artemis con Caroline en aquel estado. Así que Sam se giró, encarando a Gwen para decirle lo que tenía que hacer: —Voy a mantener a Artemis distraída —le susurró muy bajito. —Necesito que desde que veas que aparezco frente a ella, corras a por Caroline y la saques de aquí, ¿vale? Está malherida, tiene que ser rápido. —Tenía muchas dudas, pero no quería pasárselas a ella, por lo que sonó con seguridad. Pero... ¿y si no podía distraerla y cogía a Gwen mientras se acercaba a ellas? La verdad es que nunca había dudado de sus capacidades como legeremante, pero después de haber visto lo que había hecho Hemsley con su amiga, temía no estar a la altura, o que sus nervios la traicionasen. —Vamos.

Señaló hacia la derecha de aquella columna para guiar a Gwendoline por ahí, mientras que ella fue por el otro lado, rodeando las mesas rotas. Prácticamente llegando hasta ellas, escuchaba perfectamente las palabras de Artemis, intentando retar a Caroline a levantarse. La verdad es que la rubia no le dio tiempo ni a Artemis para seguir demostrando su poder, ni mucho menos a la terca de su amiga Caroline para levantarse de ahí. Porque todos conocemos a Caroline y aquella mujer hasta que no se quedase sin poder mover las piernas, ella siempre intentaría volver a levantarse. Y es que si había una palabra para definir a la pelirroja, sin duda sería luchadora.

Así que Sam apareció a una distancia ‘prudencial’ de unos metros, alzando la varita contra ella. Dudó durante un segundo, porque en su vida 'dudar' era tan común como respirar. —¡Hemsley! —La llamó, sin otro motivo más que tener su mirada en la suya.

Podría haberla atacado, pero Sam era muy consciente de que a nivel de duelos, ella no podía igualarla ni en sueños. La única manera que tenía de que aquello pudiese salir un poco bien era jugar en terreno de Sam, aunque ése terreno también fuese el de ella porque Artemis al parecer no tenía debilidad en ningún terreno. Sin embargo, el haberla llamado así denotaba que Sam temía su presencia, o al menos es lo que quería que Artemis creyese, que lo que la legeremante estaba haciendo no era más que un intento de salvar a su amiga débil y sin ninguna esperanza. Pero no era así. Desde que Artemis Hemsley miró a Sam, esa conexión visual había hecho que la legeremante se metiese en la mente de aquella mujer. Y tenía miedo. No quería meterse en la mente de alguien que seguramente la conociese tan bien como para poner a los Crowley en la mente de su amiga. Tenía miedo de lo que pudiese ver ahí dentro, pero sobre todo de perderse ante una legeremante que pudiera ser mejor que ella.

Pero se arriesgó, porque como solía decirse: quién no arriesga, no gana.

No se metió en su mente para indagar en ella, ni mucho menos para intentar inmovilizarla de ninguna manera. Se metió en su mente para ganar tiempo, haciéndole creer que todo lo que ocurriría a partir de aquel ‘Hemsley’ era real, cuando en realidad no era más que una ilusión.

En esa ilusión Sam había atacado después de haberla llamado, pero falló el hechizo. Ella se carcajeó de su ridiculez, para lanzarle a Sam un hechizo con el anillo, el cual se lo logró proteger con una barrera protectora que la hizo retroceder unos pasos de lo poderoso que había sido. Grulla volvió a conjurar contra ella, pero esta vez Sam lo desvió, haciendo que chocase contra el techo de manera violenta. El techo comenzó a romperse en una especie de caída con efecto de dominó, creando encima de ellas una grieta que se desprendería sobre sus cabezas de manera rápida e inevitable. La rubia se apartó, mientras que Hemsley se protegió con un escudo en forma de cúpula que hizo que todos los escombros resbalasen por él y cayesen por todos lados, liberándola de ser aplastada.
Sam J. Lehmann
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Gwendoline Edevane el Miér Dic 26, 2018 4:01 pm

Gwendoline Edevane

Regresar al mundo real supuso toda una liberación para la morena: sentía que había pasado una eternidad atrapada en aquella prisión mental, en aquel mundo al que no pertenecía y que Hemsley había creado únicamente para retenerla. Para mover sus hilos a su antojo. Y no pudo hacer otra cosa que abrazar a la persona que la había sacado de allí, la que más se había preocupado siempre por ella: Sam, su Sam.

Sin embargo, no había tiempo para reencuentros. La urgencia llamó a la puerta en la forma de un grito que heló la sangre a Gwendoline: el de Caroline Shepard. La pelirroja, mientras ellas dos estaban allí, se batía en duelo con Artemis Hemsley, y por el sonido de aquel grito, la cosa no iba bien en lo más mínimo.

La idea de hacer frente a Hemsley la hizo quedarse paralizada, por lo que cuando Sam se puso en movimiento y recuperó su varita, Gwen se quedó donde estaba, inmóvil. Sentía todo el miedo que la mortífaga se había ocupado de implantar en ella durante los últimos meses. Aquellos insoportables dolores que le causaba con su magia, la forma en que la había estado controlando… todo pesaba mucho más que la necesidad de ayudar a su amiga.

No puedes quedarte paralizada ahora, se recordó a sí misma. Tienes que dejar el miedo para más tarde. Resultaba muy fácil de decir, pero no tan fácil de hacer. ¿Qué podía hacer ella contra Hemsley? La mortífaga era superior a ella en todos los sentidos, y mucho más desde que tenía ese anillo en su poder. Literalmente, si quería, podía derribar aquel edificio solo con pensarlo. ¿Qué era Gwendoline en comparación con un edificio?

Solo reaccionó cuando Sam, armada una vez más con la varita que ella misma le había cedido hacía meses, volvió a estar frente a ella. Seguía teniendo miedo, sin duda, pero la visión de su amiga tan cerca de ella le dio fuerzas de sobra para moverse. Y lo primero que hizo fue recoger su propia varita del suelo, para acto seguido seguir a la rubia con paso vacilante. En su cabeza, una y otra vez, se repetía: Puedo hacerlo, ya lo he hecho una vez. Puedo hacerlo.

La situación en la habitación contigua era mala. Mucho. Hemsley se alzaba en pie ante una Caroline tendida en el suelo, y bajo la pelirroja había empezado a formarse un charco de sangre muy preocupante. Desde aquella posición, Gwendoline no podía apreciar qué clase de heridas tenía la magizoóloga, pero viendo la espada clavada en el suelo un par de metros por detrás de Artemis, con la hoja manchada de sangre, se iba haciendo una idea. La mortífaga no estaba jugando en aquella ocasión, ni había subestimado a sus enemigas: iba en serio, dispuesta a todo para terminar aquello.

Sintió el temblor que invadía sus músculos, agazapada como estaba junto a Sam, y solo cuando su amiga le habló pudo volver a la realidad. Se sentía tan aturdida que al principio no procesó las palabras de la legeremante, teniendo que repasarlas mentalmente antes de comprenderlas bien. Asintió con la cabeza, comprendiendo las instrucciones, y sin ser capaz de articular palabra alguna, se movió en la dirección indicada, todavía agazapada para que la mortífaga no la viera. Entonces, esperó… y cuando Sam llamó a la mortífaga por su apellido, Gwendoline se puso en movimiento.

No perdió ni siquiera un segundo en contemplar lo que sucedía entre ambas legeremantes. Simplemente, corrió a toda velocidad en dirección a Caroline, cayendo de rodillas a su lado. Le puso una mano en el hombro—en el derecho, pues el izquierdo estaba apuñalado por la katana de Hemsley—y miró a los ojos a Caroline. Ante la mirada confusa de la pelirroja, natural en una situación en que estaba perdiendo tanta sangre y padeciendo tanto dolor como lo era aquella, Gwendoline le dedicó un asentimiento con la cabeza.

—Soy yo.—Le dijo, confirmando que era la auténtica Gwen.—Voy a sacarte de aquí, te lo prometo.—Y dicho aquello, Gwendoline supo que no le quedaba otra: tenía que mover a Caroline, por mucho que pudiera causarle dolor.—Dame tus manos. Te sacaré de aquí...—Sin embargo, la pelirroja se resistió, musitando débilmente el nombre de Sam. Gwendoline la obligó a coger ambas manos suyas, una de las cuales sostenía la varita.—¡Volveré a por ella, te lo prometo! Pero si te quedas aquí te vas a morir. Así que nos...

Gwendoline no terminó la frase. Y es que, ante sus ojos, apareció la pierna de Artemis Hemsley, la cual lanzaba una patada en su dirección. Abrió los ojos como platos, y por una fracción de segundo no supo cómo reaccionar; entonces, se lanzó hacia delante, cubriendo a Caroline con su propio cuerpo y esquivando al mismo tiempo aquel golpe. Cuando alzó la mirada, esperó ver a Artemis Hemsley apuntándola con su varita o algo por el estilo, pero no: la mortífaga estaba lanzando golpes al aire, alejándose de aquel lugar.

Gwen volvió la mirada en dirección a Sam, y se la encontró de pie, apuntando con su varita en dirección a Artemis. Entonces lo comprendió: había metido a la mortífaga en un combate imaginario, muy posiblemente contra ella, y aquellos movimientos se correspondían con lo que estaba viendo.

—¡Vámonos de aquí!—Le dijo a Caroline, sujetándola de nuevo por ambas manos. Ambas brujas se desaparecieron, con destino la casa de Caroline. La morena esperaba que su amiga pudiera aguantar un poco más, pues las heridas de Caroline necesitaban, al menos, una atención muy básica. De lo contrario, la pelirroja iba a desangrarse.


Artemis Hemsley

La sangre sucia estaba resultando ser una adversaria más interesante de lo que Artemis había esperado. La rubia había mejorado sus habilidades, tanto de duelo como de combate, hasta el punto de que la misma estructura del edificio empezaba a dañarse a causa de la colisión de los hechizos de ambas.

Tras protegerse con aquel escudo en forma de cúpula de los escombros que caían del techo, fruto del último hechizo perdido, Hemsley perdió de vista a Lehmann. La buscó con la mirada, sin moverse de donde estaba, en tensión. ¿Qué estaba planeando la rubia?

¡Sammy, sal de dónde estés escondida! ¡Escondiéndote no salvarás a tu amiguita!Rió Artemis, sabiendo que aquello haría salir de su escondite a la sangre sucia. Aquella era su debilidad: sus malditas amigas.Cuando acabe contigo, las tres vais a saber lo que es...

Pero Artemis no terminó la frase. Y es que, cortando el aire en su dirección, apareció la hoja de su propia katana, y Hemsley tuvo que esquivarla. Primero se agachó, y cuando Lehmann lanzó un segundo tajo, retrocedió un par de pasos. La legeremante se dispuso a lanzar un nuevo ataque con la espada, pero Hemsley la detuvo con la magia de su anillo. Con un simple gesto de mano, la desarmó, arrojando la espada por una ventana cercana.

¿Quieres pelear, Sammy? ¡Peleemos!Y de esta manera, Artemis se enfrascó en un combate cuerpo a cuerpo con Samantha Lehmann. La legeremante trató de lanzarle un hechizo con su varita mientras la mortífaga se acercaba, pero fue demasiado rápida: le arrancó la varita de la mano de una patada—la misma patada que Gwendoline Edevane tuvo que esquivar en el mundo real—para acto seguido encadenar una serie de golpes de los que la legeremante, mucho más entrenada de lo que esperaba, eludió con movimientos defensivos, o bien bloqueó con los antebrazos.¡Parece que has mejorado tu estilo! ¡Te felicito!Exclamó Hemsley en tono jovial, continuando su pequeño enfrentamiento con Lehmann.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Dic 27, 2018 12:03 am

Era la primera vez que Sam utilizaba una ilusión mental para fingir que estaba peleando con un enemigo, la primera vez que se arriesgaba a meterse en una mente que era bien consciente que podía estar por encima de ella. Pero lo hizo porque creía que era la única manera en la que Samantha Lehmann podía hacerle frente a Artemis Hemsley y que, en el caso de perder, al menos sería después de dar mucha más guerra que en el plano real. Lo hizo porque, después de todo, la legeremante estaba harta de subestimar sus propias capacidades y no quería que Hemsley se fuese con una victoria más.

Así que hizo de aquel plano mental su propio coliseo e hizo lo que Samantha Lehmann jamás podría hacer en la realidad: plantarle cara individualmente a Hemsley. La rubia era consciente de que tenía que tener cuidado y que a la mínima incongruencia con la realidad de su enemiga, ésta iba a descubrir que todo era una mentira. Y no solo eso: tenía que tener cuidado con caer en la misma trampa. No sería la primera vez que un legeremante que intenta defenderse, terminar siendo el que ataca a su invasor. Se arriesgaba porque lo último que necesitaba es que Artemis se metiera en su mente sin que ella se diese cuenta y consiguiese en su interior todo lo necesario para destrozarla y la información por la que llevaba meses detrás de ellas. Sería una manera de cagarla estrepitosamente. 

Por lo que no perdió el tiempo y se aseguró de que la cabeza de Hemsley estuviese ocupada totalmente en aquella contienda, una contienda que ella creería real, siempre y cuando Sam la hiciese ver real. No era fácil crear una ilusión creíble si no conocías a la otra persona y, sin duda alguna, Artemis Hemsley era un ser muy imprevisible.

Cuando vio la oportunidad después de aquella distracción del techo, la Sam del plano mental había desaparecido, para aparecer directamente con la katana, haciéndola creer que había roto sus propias defensas. Ejecutó varios ataques con el arma blanca, hasta que ésta terminó saliendo volando por una ventana por la magia del anillo. Pelear ‘físicamente’ con Hemsley fue fácil, pues si bien en la vida real Sam no tenía esos reflejos ni agilidad, sabía muy bien cómo debía defenderse. Vamos, era Ravenclaw, quizás la práctica un poco floja, pero la teoría se la sabía mejor que nadie. Sin embargo, también era consciente de que ni ella misma se creería que Sam podía presentarle semejante batalla, por lo que aprovechándose de un movimiento de Artemis, la Sam de la ilusión recibió una patada en el pecho que la hizo caer al suelo de espaldas.

Poco tiempo le dio a la Sam del suelo de moverse para cuando vio a Artemis apuntándola con el anillo. Solo pudo elevar la varita, creando una barrera protectora frente a un hechizo que la abarcó por completo, un hechizo mucho más poderoso que esa supuesta barrera. En realidad no podía fingir que se lo protegía, pues en la vida real aquel hechizo había destrozado el suelo que tenía justo delante, por lo que la Sam del plano mental se desapareció de aquel lugar, apareciendo justo detrás de Artemis después de aquel intento. Sin embargo, intuyó que Sam aparecería detrás de ella y golpeó hacia atrás con el codo, el cual interceptó Sam con sus manos. Pero Hemsley se deshizo rápidamente de su agarre y la golpeó en el rostro, haciéndola retroceder unos pasos. Abrió la mano en donde tenía puesto el anillo en dirección a la ventana y la katana volvió por donde se había ido, siendo llamada por su dueña. La empuñó de nuevo y dio un paso hacia adelante, dispuesta a acabar con aquello.

Pero en ese paso decisivo, la rodilla de Hemsley chocó contra algo. Al mirar hacia abajo no veía nada, pero podía notar perfectamente como se trataba del lateral de un escritorio. Entonces su mente comenzó a conformar el puzzle y fue cuando se dio cuenta de lo que ocurría. Y también se dio cuenta de que estaba siendo inmovilizada, pues no podía moverse y su cuerpo temblaba por el esfuerzo al intentarlo. Sam también se había dado cuenta de la cagada—pues después de tanto moverse era muy complicado ser fiel con la realidad—, por lo que al cortar la conexión con ella, la intentó inmovilizar rápidamente en un intento de 'no perder la ventaja'. Grulla pudo ver como frente a ella estaba Lehmann sin haber sido tocada, apuntándola con la varita mientras hacía un esfuerzo sobrehumano para mantenerla inmóvil. Y es que no entendía como es que no podía.

Sammy... —murmuró, con rabia. Y es que a Artemis no le gustaba que jugasen con su mente. Ella no era el juguetito de nadie. —Quién juega con fuego... termina quemándose.

Así que con el puño cerrado, comenzó a subir la mano de su anillo en su dirección, muy lentamente, mientras Samantha intentaba impedírselo. Pero no entendía que estaba ocurriendo, ni tampoco el poder que emanaba Artemis.
Sam J. Lehmann
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Gwendoline Edevane el Sáb Dic 29, 2018 6:58 pm

Gwendoline Edevane
Casa de Caroline Shepard y Samantha Lehmann

Gwendoline no escogió ningún punto en concreto de la residencia de Sam y Caroline para aparecerse, ni mucho menos; simplemente, se desapareció, con la imagen del hogar de sus amigas en mente, y cuando el mundo dejó de girar a su alrededor, allí estaban. Y por algún golpe de suerte que no podía creerse, la desmemorizadora se encontraba en el cuarto de su mejor amiga, quien en aquellos momentos seguía manteniendo ocupada a Artemis Hemsley. ¿Que por qué fue un golpe de suerte? Bueno, pues porque debajo de la cama de Sam había un botiquín.

Soltó las manos de una Caroline que palidecía por momentos—y que por fortuna se había aparecido entera—y se apresuró a trabajar. No solo por Caroline, quien en aquellos momentos tenía un aspecto horrible, sino también por Sam, que hacía frente ella sola a una de las mortífagas más poderosas que Gwendoline conocía. Así que se asomó bajo la cama, atrajo con un Accio la caja que contenía el material médico, y sin más dilación se puso en marcha.

Vulnera Sanentum. Vulnera Sanentum. Vulnera Sanentum…Pronunció una vez tras otra, apuntando a la pelirroja y cerrando los ojos. No se concentraba en una herida en concreto, sino en todas a la vez, por lo que estaba costándole más esfuerzo del que creía en principio.

Las heridas de Caroline se cerraron solo un poco, demasiado profundas como para sus conocimientos de medimagia, y cuando la morena vio que su hechizo ya no hacía efecto alguno, abandonó la varita a un lado y pasó a los vendajes. Tiró de Caroline con ambas manos, a fin de que se incorporara hasta quedar sentada. Lo consiguió, no sin ciertos gruñidos de dolor por parte de la pelirroja.

—Aguanta un poco. Tengo que quitarte esto.—Se refería a la parte de arriba de su ropa. Sin pudor alguno, Gwendoline la desnudó de cintura para arriba, a excepción del sujetador—la espada que le había atravesado el hombro había cortado el tirante derecho de éste—y procedió a aplicar vendajes, tanto en la herida de entrada del hombro como en el de salida, así como en el largo corte diagonal que tenía en la espalda. Para hacer esto último, tuvo que envolver el torso de Caroline en vendajes, para lo cual se valió de su varita.—No puedo hacer más por ti ahora mismo.—Dijo Gwen, con tono de disculpa, mientras se sacaba la chaqueta que llevaba puesta—que ni siquiera era suya, sino algo que Artemis la había obligado a ponerse—, para a continuación ponerla sobre los hombros de Caroline. Conjuró un Accio en dirección a la almohada de la cama de Sam, y ésta voló en su dirección. La puso debajo de la cabeza de Caroline, y luego depositó con cuidado a la bruja en el suelo.—Voy a volver a por Sam. Tú no te muevas, ¿de acuerdo?—Se puso de pie y tomó la colcha de la cama de Sam, echándosela por encima a Caroline. Se puso de nuevo de rodillas y rebuscó en el contenido del botiquín. No tardó en dar con lo que buscaba: un frasco casi vacío de poción reabastecedora de sangre, muy probablemente utilizado por Ryosuke durante el tratamiento de las heridas de Sam, tras la violenta agresión de los Crowley sobre ella.—Toma, bébete esto. Es reabastecedora de sangre. No hay mucha, pero te hará sentirte mejor. Y toma...—Le entregó el frasco de la poción, y acto seguido sacó de su bolsillo su teléfono móvil.—Llama a Ryosuke. La contraseña de desbloqueo es 1312.—Sí, efectivamente: el código de desbloqueo de su teléfono móvil era la fecha del cumpleaños de Sam.

Recogió nuevamente su varita, deseando no haber perdido allí tanto tiempo como creía que había perdido, y entonces se desapareció.


Artemis Hemsley
Piso superior del almacén Siete Hermanas

Había sido una ilusión. Una maldita ilusión conjurada por una principiante… o eso pensaba Artemis antes de todo aquello, que Lehmann era una principiante en comparación con ella. Una vez más, había subestimado a la rubia. ¿Se debía a su ascendencia muggle? No, ni mucho menos. Hemsley, por muy mortífaga que fuera y por mucho que utilizara el término ‘sangre sucia’ como la que más, jamás había pensado que un mago de ascendencia muggle pudiera ser muy inferior a uno se sangre limpia. El problema real radicaba en que Artemis Hemsley se creía superior a cualquier persona que osara enfrentarse a ella.

Tras salir de la ilusión mental, la bruja alzó su anillo, sonriente. Cerró el puño con fuerza, su joya mágica se iluminó con una luz brillante, y una gran cantidad de su poder mágico empezó a concentrarse alrededor de su brazo. Lehmann, consciente de lo que estaba a punto de ocurrir, buscó cobijo detrás de una de las columnas. Hemsley proyectó toda esta energía mágica en su dirección, y no le acertó por muy poco. La magia, de un color rojizo, alcanzó de refilón la columna, abriéndole un boquete en el lateral.

¿Sabes una cosa, Sammy? Te respeto.Confesó Artemis Hemsley, alzando la voz para que la legeremante pudiera escucharla.Aún con tu ascendencia no mágica, has sido capaz de labrarte una reputación. La mejor legeremante de todo el Ministerio de Magia, te llamaban.Artemis hizo un movimiento con la mano, como para abarcar todo lo que significaba aquella frase.Pero hay una cosa de ti que me cabrea y mucho. Y no, no es que seas una asquerosa sangre sucia: que podrías ser una diosa, y en cambio te contentas con dar ese uso tan mediocre a tus poderes. ¡Me pone de los nervios!Artemis gritó aquella última frase con toda sinceridad.Tienes en tus manos el poder para crear realidades, para destruir mentes, para infligir dolor a aquellos que te lo han causado a ti sin siquiera tener que mancharte las manos… y te conformas con ese uso que das a tus poderes...La mortífaga negó con la cabeza, como diciendo ‘Artemis no aprueba tu conducta’.Me pone de los nervios ver la grandeza desperdiciada.

Con un simple movimiento de la mano del anillo, Artemis Hemsley hizo saltar por los aires la columna tras la que se escondía Lehmann. La bruja sangre sucia, sin tiempo de apartarse, se cubrió tras una barrera protectora, y entonces ambas quedaron frente a frente. En el rostro de Artemis se podía leer una seriedad y una resolución que no dejaban lugar a dudas: la batalla había llegado a su clímax. A partir de ahí, todo podía ocurrir.

Cerró el puño del anillo, éste se iluminó nuevamente, y entonces Artemis alzó la mano por encima de su cabeza, y flotando sobre ésta se materializaron varias estacas de hielo enormes. La mortífaga echó la mano atrás para tomar impulso y entonces…

...entonces, algo se enroscó con fuerza alrededor de su muñeca izquierda, impidiéndole ejecutar el lanzamiento de las estacas de hielo. A consecuencia de esto, Artemis perdió la concentración, y las lanzas heladas se desvanecieron. La mujer de color miró su muñeca, encontrándose que alrededor de ésta había una cuerda, y cuando echó un vistazo por encima de su hombro, se encontró con Gwendoline Edevane. De la varita de su antigua muñequita brotaba la cuerda que mantenía inmovilizada su mano.

Mi muñequita...Dijo, con una sonrisa casi cálida, segundos antes de pegar un tirón con su brazo. Realmente, utilizó la magia para arrojar a Gwendoline al suelo, a su lado, pero tal y cómo lo hizo, pareció que había tirado de ella con sus propias fuerzas, elevándola por los aires unos metros y haciéndola caer de bruces a sus pies.¿Has venido a ayudar a tu amiguita? Qué ternura… Bueno, así podrá verte morir entre terribles sufrimientos.

La mortífaga, que parecía invencible, alargó su mano derecha en la dirección en que se encontraba clavada su katana mágica. Ésta voló hacia ella, y Artemis cerró sus dedos entorno a la empuñadura. Se giró hacia Gwendoline y empuñó la espada con ambas manos. La morena estaba totalmente inmóvil, con los ojos abiertos como platos. La paralizaba totalmente el miedo.

¿Crees que si te atravieso el corazón con esta espada, tu amiguita me dará a Thaddeus Allistar? ¿O te traicionará incluso cuando hayas muerto?Y sin esperar más, la mortífaga se dispuso a dar muerte a Gwendoline...
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