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Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell

A. J. Seward el Lun Nov 12, 2018 5:29 pm

Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell DqH6lP6
Discoteca The Hole || Viernes 26 de octubre del 2018 || 23:26 pm ||Mis pintajas



El campo de visión de A. J. estaba repleto de jóvenes, y no tan jóvenes, riendo y pasándoselo bien al ritmo de la música, la mayoría con alguna copa en la mano que les ayudase a desinhibirse y soltarse un poco más. Algunos iban disfrazados mientras que otros habían optado por vestir de manera usual, al fin y al cabo no a todo el mundo le gustaba disfrazarse y aunque aquella fiesta era en honor a Halloween, todavía quedaban cinco días para dicha festividad que aquel año caía entre semana, por lo que no era raro encontrarse con gente disfrazada por los distintos locales de la ciudad, en alguna fiesta pre-Halloween para los que no pudiesen celebrarlo el día treinta y uno.

The Hole era una discoteca para magos y brujas que estaba ubicada en el distrito de Crouch End, no eran tan conocida ni popular como la discoteca Babylon pero seguía siendo una buena opción para disfrutar del ambiente mágico y festivo londinense. La entrada era cuanto menos curiosa, pues estaba ubicada en lo que a simple vista parecía un muro custodiado por una estatua conocida entre los muggles como el espíritu Sprigan, en la famosa vía de ferrocarril abandonada Parkland Walk. Lo que los muggles desconocían era que cuando caía la noche y los magos y brujas se presentaban ante la susodicha estatua con la varita en mano, ésta cobraba vida, haciendo que el muro se abriese y dándoles entrada a la famosa discoteca.

¿Qué hacía A. J. en un lugar como aquel? Disfrutar, desde luego, no. Sabía que corría un gran peligro al acudir a un lugar como aquel siendo un fugitivo buscado por el gobierno y con una cuantiosa cifra a cambio de su cabeza, pero no se habría arriesgado si el motivo no fuera importante para él. Llevaba ya media hora en aquel lugar, dando vueltas con una cerveza sin alcohol en la mano, buscando al hijo de puta de Jem Sallow, un cazarecompensas culpable de la muerte y encarcelamiento de muchos de sus compañeros y de un amigo en particular.

Ethan y A. J. se habían conocido al poco tiempo de llegar el primero a los radicales, no se habían caído bien de manera inmediata pero con el tiempo consiguieron formar un buen equipo y una sólida amistad. Siendo un fugitivo, y radical además, A. J. sabía que ni él ni ninguno de sus compañeros y compañeras estarían a salvo hasta que el gobierno cayese, pero cuando cogieron a Ethan él estaba presente y eso lo hizo personal.

Jem Sallow no jugaba limpio, lo cual no era una sorpresa tratándose de un cazarrecompensas, pero debía de admitir que era bueno. Ni Ethan ni A. J. se dieron cuenta de que los estaba siguiendo, esperando descubrir una presa mayor: el refugio de los radicales. Afortunadamente se dieron cuenta antes de que fuese demasiado tarde, pero mientras trataban de despistarlo Ethan y A. J. se separaron y el primero jamás volvió. No hacía falta ser adivino para saber que en el mejor de los casos estaría muerto.

Sus pasos lo llevaron hasta el segundo piso de la discoteca, que hacía una especie de U sobre la planta inferior, dándole una vista perfecta de la pista de baile desde la barandilla sobre la que se apoyó. Llevaba la capucha bien puesta, tapándole prácticamente los ojos pero sin obstaculizarle demasiado la vista, más allá de que a él no le gustasen esos rollos de disfrazarse tampoco tenía dinero como para malgastarlo en máscaras o chorradas por el estilo.

Estaba empezando a impacientarse y se notaba en la fuerza que estaba ejerciendo sobre el botellín en su mano derecha, pero sabía que aparecería tarde o temprano. Lo había estado siguiendo y sabía que le gustaban más las faldas y la fiesta que a un tonto un lápiz, pero además le habían dado un soplo que parecía de fiar. Sí, aparecería, estaba seguro. Tenía que aparecer.


Jem Sallow:
Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell Cab2033f311e182ba7eaa1f334ab06e8
Estatua Sprigan:
Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell Lugares-curiosos-y-desconocidos-para-visitar-Londres


Última edición por A. J. Seward el Jue Mayo 02, 2019 7:33 pm, editado 1 vez
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Danielle J. Maxwell el Mar Nov 13, 2018 3:51 am

¿Sabéis cual es el truco de poder sobrevivir cursando dos carreras, intentando ser alguien en la Orden del Fénix, estar metiéndote poco a poco en un proyecto nuevo con Ryan y mantener activas no solo mis relaciones con mis amigos muggles, sino también con mis amigos magos y, para más guasa, mis amigos magos escondidos porque son fugitivos? Yo tampoco. Creía firmemente que uno de mis siguientes pasos en esta vida para evitar el estrés y que me siguiesen saliendo canas era dejar una de mis carreras, porque admitámoslo: la carrera muggle me ofrecía paz y un hobbie que adoraba, ¿pero la mágica? ¿Qué cojones me aportan las pociones? En serio, tío, es que cada vez que pienso en que dentro de tres años—si termino la carrera—voy a estar trabajando de HACER POCIONES, me da puta depresión. O sea, ¿había algo más triste que trabajar haciendo pociones cuando llevo años soñando con ser jugadora profesional de Quidditch? Maldita sea, es que no había cosa más sosa.  

Estaba en un dilema, ciertamente. Tenía muchas cosas que hacer en esta vida, muchas decisiones que tomar y... era complicado, sobre todo porque con mi edad de mierda solía responder tanto frente a mis padres como a mi abuela—que era quién ponía el dinero—por lo que tenía que meditar muy bien mis decisiones. Además, hablando claro: yo era una de esas personas que NO sabía elegir. Siempre la cago.

Y vamos, hoy os daríais cuenta de que soy un puto desastre tomando decisiones.

Había ido de fiesta esa noche con mis amigos de la universidad. No creáis que tenía demasiado, ya que solo eran dos: Hugo y Christine. Y tenían un puto lío entre ellos, así que yo había ido un poco de Lumière. Lo cierto es que si llego a saber que estaban tan empalagosos hubiera ido disfrazada de candelabro asesino o algo así.

Estaba bebiéndome mi primera copa de vodka con limón, paseándome por la zona alta, cuando un grupo de chicas en estampida decidió usarme como sacrificio a Thor. Es decir, por casi no me tiran al suelo y me pisotean. Primero me empujó una, luego otra, luego una tercera, hasta que finalmente en mi copa no quedaba casi bebida—obvio, estaba todo encima de mi disfraz o el suelo—y me choqué contra la espalda de un tipo que estaba apoyado a la barandilla.

Lo sieeeento. —Me quejé con retintín, pues no había sido culpa mía pero había tenido que ir por la vida disculpándome del retraso de otra gente. —Me empujaron —añadí, para que quedase constancia.

Iba a seguir de largo porque ese señor suponía no me iba a aportar NADA en esta vida, sin embargo, cuando se giró un poquito, pude ver su cara. Y me sonó. Pero me sonó lo justo y necesario para que no me girase de nuevo a ver quién era o saludarle, ya que me había sonado al nivel de 'tampoco me importa tanto'. Así que seguí mi camino de inspección, a ver si es que había algo útil o tendría que emborracharme hasta bailar con una farola y perder un zapato.

Unos quince minutos después

Yo no lo sabía—porque soy una ignorante de la vida—pero el señor que el fugitivo estaba buscando, justo acababa de entrar en la discoteca. Yo estaba en la barra del piso de arriba, pidiéndome mi segunda copa con un ritmo en las venas—nótese la ironía—que daba vértigo. Tenía ganas de que llegase Edward ya, pero como salía muy tarde del Caldero Chorreante seguro que todavía le quedaban como mil horas para aparecer.

Sin embargo, oteando el horizonte de aquel club tan aburrido, vi como el señor que me sonó, se giraba. Y fue en ese momento en donde lo reconocí. Me costó, pero porque llevaba muchísimos meses sin saber de él, pero yo lo había visto caminar por el refugio de la Orden del Fénix cuando apenas yo me gradué y comencé a ir con asiduidad. Y claro, ese señor no me pasaba desapercibido porque se hizo eco cuando dejó la Orden del Fénix para, las malas lenguas decían, irse con los fugitivos malvados. Por llamarlos de alguna manera, ya que la palabra 'radical' me parece tan políticamente incorrecta y hecha para crear confrontaciones sociales que no me gustaba usarla. Además, una persona muy coherente y lógica podía pertenecer a los radicales por tener un pensamiento sólo un poco menos convencional, ¿no? Yo es que... todo el mundo me intentaba meter por los ojos que los radicales eran malvados pero... joder, a mí no me parecían tan descabellado. Una cosa era la intención y otra el resultado y lo cierto es que los radicales han tenido muy mala suerte. 

Así que cogí mi nueva copa—porque ya la había pagado y no era precisamente barata—y caminé hacia el fugitivo. ¿Veis como mi capacidad para elegir es sencillamente nefasta? ¿No había nada más peligroso que ir a hablar con un fugitivo en mitad de una discoteca mágica?

¡Eh! —Le llamé, por encima de la música, cuando llegué hasta él. —No sé cuáles son tus prioridades, pero como alguien te reconozca como he hecho yo, estás jodido —le dije, gritando lo suficiente—y poniéndome de puntillas—para poder hacerle llegar mis ondas sonoras.

Disfraz de la noche:
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A. J. Seward el Vie Nov 16, 2018 2:36 pm

Tenía la vista clavada en la decimocuarta vampira putilla de la noche, que ojo, él no tenía nada que recriminar pero un poquito más de originalidad tampoco estaría mal. Pero bueno, al menos habían hecho el esfuerzo de disfrazarse, algo que ni A. J. ni algunos otros magos allí presentes habían hecho. Si le preguntaban podía decir que iba de hombre lobo, pensó con cierta ironía. Aunque no estaba allí para juzgar los disfraces de nadie, ni mucho menos para disfrazarse él.

Y así, de repente, notó como algo lo golpeaba desde atrás. Estaba reclinado sobre la barandilla, con los brazos cruzados sobre ésta, y de no haber sido por el fuerte agarre que mantenía sobre el botellín de cerveza posiblemente éste se habría caído en la cabeza de algún pobre inconsciente que habría acabado con la cabeza abierta. No entendía como antes se lo pasaba bien en las discotecas, tan llenas de gente y con un fuerte olor a alcohol, aunque quizá el alcohol era la clave.

Giró la cabeza lo suficiente como para mirar por encima de su hombro y ver a quien lo había empujado, encontrando allí a una chica más joven y bajita que él y que iba cubierta de lo que imaginaba sería sangre falsa. Alzó una ceja cuando se disculpó, alegando que la habían empujado, y sin decir nada se volvió a girar para seguir buscando al bastardo de Sallow.

Dejando aquel suceso a un lado, A. J. no tuvo ningún otro altercado que lo sacase de lo que estaba haciendo. Puede que no llevase precisamente bien lo de sentarse y esperar, pero mereció la pena cuando lo vio entrar por la puerta, ajeno a los ojos que lo vigilaban y que lo llevaban esperando más de una hora. Sentía la rabia fluir por sus venas a una velocidad alarmante pero no podía apresurarse, no ahora que al fin lo tenía allí, debía pensar antes de actuar y esperar al mejor momento para aprovechar la ventaja que tenía. Si actuaba impulsivamente todo aquello habría sido para nada.

El cuerpo de A. J. se fue girando involuntariamente mientras seguía la dirección de Sallow con la mirada, debía dejar de mirarlo tan fijamente pero le era difícil quitarle los ojos de encima a ese hijo de puta. Sentía que si dejaba de verlo, aunque fuera por unos segundos, desaparecería.

Fue como si el universo hubiese escuchado sus pensamientos y le hubiese mandado de nuevo a aquella cría cubierta de sangre a importunarlo, y así, ya de paso, a ayudarlo a levantar la mirada de Sallow para fijarla en su inoportuna acompañante. Una ayuda, que por cierto, no había pedido.

No me digas —murmuró con un tono que dejaba claro que la chiquilla no acababa de descubrir la pólvora precisamente. Spoiler: él ya estaba jodido. — ¿Eso es que no vas a delatarme? Qué generosa —parecía que no le estaba dando importancia al hecho de que lo habían reconocido, pero lo cierto es que estaba más tieso que una estaca. A saber por dónde le salía la cría. — Pues si no vas a gritar fugitivo a todo pulmón no sé qué haces aquí. No quiero compañía y ya no firmo autógrafos, así que… —terminó acompañando sus palabras con un gesto de su mano libre que la indicaba que volviese por donde había venido.

No sabía de dónde lo había reconocido, si de los carteles de Se Busca, si de los tiempos en que jugaba a Quidditch o de la cola del McDonald’s, pero fuese como fuese A. J. tenía asuntos más urgentes por los que ocuparse. Miró por encima de la cabeza de la joven para comprobar que Sallow no se había movido de donde estaba, pero sorpresa sorpresa: Ya no estaba.

¡Mierda! —exclamó con rabia. — Lo he perdido, joder —sus ojos recorrían la discoteca de un extremo a otro, buscando a quien había perdido, pero no había rastro de él y la multitud de gente disfrazada y bailando no lo hacía más fácil. Era como buscar a Wally. — Muchas gracias —le espetó a la joven cubierta de sangre, aunque en realidad estaba más enfadado consigo mismo que con ella, a pesar de que su aparición había sido de todo menos oportuna.

Se marchó de allí sin mirar atrás, esquivando a la gente que iba tan bebida que no se daba de su alrededor, su intención era la de buscar otra posición en aquel piso que le diese otro ángulo distinto del primero. Debía obrar con cuidado, porque si no había logrado ubicar a Sallow en el piso inferior bien podría significar que se encontraban en la misma planta, y lo que menos le convenía a A. J. era cruzárselo de frente.
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Danielle J. Maxwell el Mar Nov 20, 2018 3:29 am

'¿No me digas? ¿Me acababa decir 'no me digas'? Es decir...

No me digas:
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Vale que era obvio que él como fugitivo debería de saber que este tipo de sitios eran peligrosos para él, más que nada porque está lleno de magos y el mundo mágico ha puesto precio a su cabeza. Un precio razonablemente alto. Vale, hasta ahí bien. Sin embargo, me he encontrado a lo largo de mi—corta—vida mucho subnormal retrasado, así que teniendo en cuenta que pese a las consecuencias y amenazas ÉL sigue estando en dónde está, quizás es subnormal y retrasado y una persona cuerda y racional como yo tiene que ir a decirle que está atentando contra su seguridad e integridad física. Digo, yo. Pero vamos, al parecer era subnormal, retrasado y, lo peor de todo, ¡orgulloso de serlo! ¡No me digas, me dice! ¡Pero será...! Si es que los capitanes de los equipos de Quidditch siempre se lo tienen muy creído, de verdad. ¡Hasta cuando ya no lo son!

Qué antipático. Encima que venía a decirle que su disfraz de NADA era una puta mierda y se le reconocía y me trataba así. Ya podría haberse puesto una máscara de Jason o pintarse con sangre la cara o ALGO. Que Adrien Jordan Seward no era precisamente un rostro que pasase DESAPERCIBIDO.

Una vez fui a una firma de los Puddlemere United, estabas tú y no te pedí ninguno. No me gustabas. —Él me ha ofendido con su sarcasmo cuando yo he ido con toda mi buena fe a advertirle que es una persona que no aprovecha las oportunidades, porque ya me dirás si se puede tener más suerte que ir a una fiesta de disfraces siendo fugitivo. —No voy a delatarte, lo único que quería era...

Pero de repente gritó, enfadado, mirando para todos lados en busca de alguien. O algo. A lo mejor se acababa de dar cuenta de que había perdido su careta de Jason, lo que cual haría que mi percepción de su amor por la vida cambiase radicalmente. Y claro, más todavía me sentí ofendida cuando me dijo con ese retintín que MUCHAS GRACIAS. Muchas gracias de qué, tío. ¡De qué me hablas! Le iba a contestar muy dignamente, pero se giró y se fue.

¡Pero bueno! —Me quejé, con la palabra en la boca.

Entonces le perseguí, sin intención de dejar aquello así. Atravesé una horda de borrachos que estaban bailando a destiempo y perreando con la barandilla, para entonces ponerme a su lado y gritarle en el oído mientras caminaba.

¿Muchas gracias de qué, tío? Eres un antipático. ¡Encima que voy a avisarte de que se nota un montón que eres tú y me tratas de estorbo! ¿Pues sabes lo que te digo? —Hice una pausa, arrepintiéndome. Joder, es que siempre me pasa lo mismo, de verdad. ¿Por qué narices tengo la maldita coletilla de '¿pues sabes lo que te digo?'? ¡Si es que luego nunca sé que decir! Me pongo en evidencia a mí misma. —Te digo que eres idiota. Deberías robarle cómo mínimo la máscara a algún borracho y ponértela, porque alguna fanática borracha va a reconocerte y va a venir a arrimarte la cebolleta y te va a delatar ante todos.

Me enfadé. Y yo con una copita encima me sube el carisma y el carácter los puntos suficientes como para encararme con la gente así, así que ahora fui YO, muy digna de mí, quién se giró para irse por su camino. Sin embargo, como el karma me odia, al girarme tan dramáticamente, me choqué de frente con un conejito sexy—que no conejita sexy—y mi copa nos manchó a ambos, quedándome sin prácticamente nada en el interior. Rugí con rabia por lo bajo al haber perdido mi momento melodramático de la noche frente a Adrien Jordan Seward y, pasando del conejito sexy que al parecer me había tirado caña o algo así, lo sorteé y seguí de largo.
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A. J. Seward el Miér Nov 21, 2018 3:48 pm

¿Se suponía que aquello debía ofenderlo? Porque ni siquiera se lo tomó como un insulto, hacía tanto de sus tiempos como jugador de Quidditch, o al menos él sentía que había pasado una eternidad, que difícilmente pudo tomarse aquel ataque como algo personal. La cara de aquella cría le quería sonar de algo, no sabía de dónde exactamente pero quizá fuera de la mencionada firma que ella había dicho. A saber.

No iba a mentir, sintió cierto alivio al escuchar que no pensaba delatarlo aunque no terminaba de fiarse de la palabra de una desconocida. De cualquier modo, encontró su comportamiento sumamente extraño y sospechoso, podía entender que no quisiese delatar a un fugitivo, al fin y al cabo todavía había gente que no apoyaba al nuevo gobierno aunque no lo manifestase, ¿pero acercarse a él como si nada? Como bien había dicho si alguien lo reconocía estaba jodido y si ese alguien la veía a ella a su lado estaría igual de jodida, ¿qué pretendía?

Sin embargo, cuando vio que Sallow no estaba, todas sus sospechas y cavilaciones sobre la chica que tenía en frente pasaron a un segundo plano. Tenía que volver a encontrarlo, aunque no contaba con que aquel molesto ser lo siguiera. ¡Qué molesta era! Se giró para encararla mientras ésta lo increpaba por ser un antipático, y mientras ella se desahogaba, A. J. iba perdiendo su paciencia a cada palabra que le dedicaba. Tenía mejores cosas que hacer que escuchar como una chiquilla enfurruñada lo llamaba idiota.

Pensaba dejarla marchar sin decir nada más, que se pirase con su enfado y lo dejara tranquilo sonaba como una buena opción en la mente de A. J., al menos hasta que encontrase de nuevo a Sallow, pero cuando se dio la vuelta, toda digna, y se chocó de frente con un conejito ligero de ropa, no pudo evitar soltar una risa. Una risa de verdad, y aunque ella no lo supiese aquellas escaseaban en la vida del mago. No le quitó los ojos de encima mientras la veía seguir su camino, aunque esta vez la miraba con algo menos de rencor por haberlo interrumpido antes.

Desde aquella nueva posición volvió a buscar a Sallow, pero algo no se le iba de la cabeza: las palabras de la chica. No esperaba que nadie lo reconociese, pues a pesar de no llevar máscara, ocultaba su rostro tras la capucha, pero era evidente que no era suficiente, debía hacer algo más. Así que, siguiendo el iracundo consejo de la chica ensangrentada, buscó una máscara que poderle robar a algún borracho y se la puso.

Tenía que buscar a ese hijo de puta cazarrecompensas, pero su naturaleza desconfiada no se fiaba de que la joven de antes no fuera a delatarlo. Se encontraba en una encrucijada a la que solamente veía a una opción: seguiría a la chica, observándola durante un rato para asegurarse de que hacía honor a su palabra y no lo delataba, luego buscaría a Sallow. De nada le serviría encontrar a ese bastardo si la otra lo delataba. De modo que la buscó por aquel local, yendo en la dirección por la que se había ido momentos antes y cuando la encontró se dedicó a observarla, atento a sus movimientos y si interactuaba con alguien sospechoso.

Para cuando se acabó el botellín de cerveza sin alcohol, seguía sin ver ningún indicio que revelase que quería delatarlo, su comportamiento parecía natural, y A. J. estuvo a punto de darse media vuelta, hasta que por azares del destino vio a Sallow, charlando con un grupo de chicas que estaba apenas a unos metros de la joven.

Putas casualidades.


Máscara chachi guay que he conseguido:
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Danielle J. Maxwell el Vie Nov 23, 2018 3:49 am

Menuda manera de hacer el maldito ridículo. Huí como un tejón asustadizo cuando aquel estúpido conejo hizo que toda la copa se me cayese prácticamente por encima. No sabía qué me había molestado más: la risa de Adrien, el comentario estúpido del conejo que se cree sexy, el poco drama que pude conseguir con mi giro inesperado y digno, o el hecho de que la copa me había costado cuatro libras y no me había durado absolutamente nada. No, miento, el cúmulo de todo es lo que me estaba hirviendo por dentro. Así que caminé, sorteando la gente, hasta que llegué a la barra en dónde me había pedido esa última copa. Me apoyé de pie, ya que no había taburetes libres, y pedí otra copa, dejando allí mi triste y vacío vaso de tubo. La camarera me miró con cara de: '¿otra vez tú por aquí?', pero yo me limité a negar con la cabeza y enseñarle el gran charco de vodka con limón que había en mi pecho, a lo que ella rió divertida.

Sí, ríete, perra. Claro, como yo me dejo mis dineros aquí... ya te vale. Mientras la tipa me servía la otra copa y yo intentaba ignorar el hecho de que había un radical por la zona y no estaba haciendo nada ni por ayudarlo ni por delatarlo, cogí el móvil para ver si Edward me había dicho algo. Pero nada, no me había dicho nada. Miré la hora y... en verdad era normal que no me dijese nada, ¿por qué iba a decirme algo si estaba trabajando, eh? No tenía sentido.

Me guardé el móvil y la camarera me dio de nuevo la copa. Fui a hacer el amago de coger la cartera y darle el dinero, pero ella, demostrando que era humana y muy Hufflepuff, me negó con la cabeza. Al parecer mi cara de ameba triste, acompañado al hecho de que debía de tener un cartel de mala suerte en la cara, le habían hecho apiadarse de mi cartera y regalarme una copa, teniendo en cuenta que no probé apenas nada de la anterior. La verdad es que ahora me arrepentía de haberla llamado perra. Se veía que era una chica legal y guay. Así era mi vida, cambiando de opiniones en tres segundos. Así era yo.

Una de las chicas se puso a hablar conmigo en la barra, sacándome conversación con que estaba manchada. Ya os podéis imaginar mi cara, la cual alababa irónicamente su capacidad de observación. Sin embargo, mientras esa señora borracha me hablaba como si fuera su amiga de toda la vida sobre lo bonito que tenía el pelo y lo real que parecía mi sangre, pude fijarme por el rabillo del ojo que el ex-cazador de Puddlemere United, ataviado con LA MÁSCARA MÁS FEA de todo el local, estaba mirando en mi dirección. No supe muy bien sus intenciones. ¿Me estaba vigilando? Madre mía, la paranoia. Le había dicho que no le iba a delatar, ¿acaso no me recordaba de la Orden del Fénix? ¡Soy su aliada! Aunque bueno, qué cosas. Es como pedirle peras al olivo, de verdad, cuando esa gente solo parecía ir siempre mirando hacia adelante, hacia la punta invisible de su ego, a ver si crecía.

Mientras asentía y sonreía a mi nueva amiga, miraba al fugitivo, con una mirada interrogante. Me daba puto mal rollo. De repente parecía un stalker mirando hacia donde estaba yo y un grupo de chicas. Bueno, más que un stalker parecía un pedófilo. Pero no, no podía ser un pedófilo, me negaba a creer que era un pedófilo porque ser pedófilo es algo muy feo. Así que ignorando un poco a mi amiga—y luego yo me quejaba de que no hago amigos—observé a mi alrededor. Vi a un señor hablando con un grupito de chicas, una camarera chica y dos camareros más corpulentos. También vi una pareja al otro lado de la barra, dándose el lote. Dudo que esté mirando eso.

Aceite —respondí cuando mi amiga me preguntó que qué me echaba después de la ducha en el pelo. —Así se me encrespa menos y las ondas me salen más naturales.

Claro... —dijo ella, sorprendida por mis artes en belleza femenina. Y no, me lo había dicho la peluquera hace como cinco lustros y yo había seguido su técnica hasta el infinito y más allá.

Pero por mucho que me siguiese hablando, yo tenía la mirada puesta en él todo el rato, con curiosidad por saber qué narices hacía en una discoteca. Estaba claro que debía de tener un objetivo, pues con la mala hostia que tenía y bebiendo cerveza sin alcohol, dudaba mucho que estuviese ahí para darle alegría y cosa buena a su cuerpo. Los fugitivos no solían salir si no era por algo específico. Y ese objetivo debía de estar cerca de mí o... ¿¡ERA YO!? No, no podía ser yo. Si yo no le importo ni a mi gato, como narices iba a ser yo.
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A. J. Seward el Vie Dic 14, 2018 9:42 pm

Verle la cara a Sallow era como revivir una y otra vez la noche en que les tendió aquella emboscada a él y a Ethan. Cuando Sallow se dio cuenta de que ambos fugitivos estaban dando vueltas con el fin de alejarlo lo más posible del refugio de los radicales, no dudó en atacarlos y, aunque Ethan y A. J. eran dos y Sallow solo uno, lo cierto es que el cazarrecompensas tenía tal habilidad que les fue difícil distraerlo lo suficiente como para emprender una retirada. ¿Por qué retirarse cuando eran dos contra uno? Bueno, ahí la culpa recaía enteramente sobre A. J., quien estaba demasiado débil para luchar debido a la luna llena, que tuvo lugar dos días antes. Todavía podía escuchar las palabras de su amigo, instándole a separarse para despistar a su perseguidor, algo que en principio a A. J. no le había hecho demasiada gracia, pues la superioridad numérica era algo a tener muy en cuenta. Desde entonces maldecía el momento en que dio su brazo a torcer, separando su camino del de su amigo para no volver a verlo jamás. Lo que A. J. no sabía es que mientras que él siguió el plan, tomando una ruta distinta a la de su amigo, Ethan volvió sobre sus pasos para enfrentar a Sallow solo, sabiendo que A. J. no tendría oportunidad contra el cazarrecompensas en su estado.

Ethan había perdido a su mujer con el cambio de gobierno, pero tenía un hijo pequeño con vida, que estaba a salvo en Canadá con la familia muggle de Ethan. A. J. cerró los ojos durante un momento, buscando calmarse, mientras pensaba en aquel niño que probablemente jamás volvería a ver su padre. A pesar de que A. J. no sabía toda la verdad sobre lo que ocurrió aquella noche, seguía culpándose a sí mismo por haber aceptado separarse y, sobre todo, por no haber estado en condiciones para luchar. Quizá juntos podrían haber derrotado a Sallow. Pero aquella noche sí que estaba en pleno uso de sus facultades, y pensaba usarlas todas contra ese hijo de puta.

Cuando volvió a abrir los ojos, un poco más sereno, notó como la misma chica ensangrentada que lo había descubierto antes, y a la que había estado observando para asegurarse de que no lo delataba, ahora lo estaba mirando fijamente mientras otra chica, visiblemente borracha, le hablaba sin cesar. La compadeció internamente, él también había tenido que aguantar en alguna ocasión al borracho de turno. Sallow, por otro lado, había agarrado a dos chicas, cada una bajo uno de sus brazos, y se encaminaba hacía lo que parecía un área de reservados.

No le quitas ojo de encima, eh —dijo la chica con una risita que de haber estado sobria habría sonado burlesca, pero que debido al alcohol sonó bastante ridícula. — Lo entiendo, no está mal, aunque para mí gusto esa máscara tan cutre me corta todo el rollo. Sabes, a mi me gusta más ese de ahí tan alto y fuerte, y con ese pelo largo y la barba. Parece de los que te coge y ¡ups, lo siento! —al señalar con la mano hacia el sitio por donde se iba Sallow le dio sin querer a un chico en la mano, haciendo que tirase su cubata al suelo. — Que patosa estoy hoy, jajaja. Anda mira, parece que tu chico también va para allá y menuda cara de funeral lleva. Quizá una de esas es su novia y se la está pegando con el buenorro de la barba, yo no la culpo —se rió con una risa que era más estruendosa que agradable.

Efectivamente, tras esperar unos segundos, A. J. había salido tras los pasos del cazarrecompensas que acababa de entrar en uno de los reservados a los que, evidentemente, él no tenía acceso. Se quedó apoyado en un pilar, a unos metros de la entrada del reservado, pensando en una manera para conseguir deslizar la poción de mareo que tenía guardada en el bolsillo sobre la copa de Sallow, pues no era tan estúpido como para enfrentarse a él sin una pequeña ventaja extra. Quiera vencer fuese como fuese.

Había camareros que entraba y salían de aquella zona con las bandejas llenas de copas y cubiteras con botellas, quizá podría usar la maldición Imperius con alguno de los camareros y así conseguir que le diesen la poción a Sallow.
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Danielle J. Maxwell el Lun Dic 17, 2018 3:19 am

No supe muy bien qué me molestó más, que aquella chica se pusiera a hablarme de mi pelo o que se me pusiese a hablar de los hombres que estaban allí. A ver, ¿esa señorita borracha no se daba cuenta de que yo era una adolescente y los hombres que me estaba señalando eran como veinte mil años más viejos que yo? O el de la máscara cutre o el peludo. No sé cuál era peor. Por ahora no me van los viejetes. De verdad, qué pesada. Si tanto le gusta el señor de la barba, que se acerque a él a ver si le hace caso, que por lo que parecía solo quería llevarse a un par de chicas a algún reservado y poco más.

Por suerte la tipa dejó de hacerme mucho caso cuando le tiró un cubata a un tipo. Pude ver delante de mis ojos como aquella chica y aquel chico se miraban, se reían y tenían una conexión visual que yo pude calificar como AMOR A PRIMERA VISTA. Amor de borrachos, por supuesto. Aquello sería un amor de seis horas en donde tendrían sexo en algún lugar y, en un estado de absoluta decadencia, se dirían adiós y más nunca se reencontrarían. Y si lo hacían sería para volver a repetir el proceso en el mismo estado de alcoholización.

Yo me di cuenta de una cosa: Seward caminó hacia donde se había ido el señor peludo, ergo yo ya tenía clara una cosa: el señor o alguna de las dos chicas eran su objetivo. Y teniendo en cuenta que las chicas parecían dos idiotas más que la tipa que estaba hablando conmigo, me decantaría totalmente por el hombre fornido. Vi al tipo entonces apoyado en una columna, observando de manera muy poco sutil el lugar en donde se habían metido Fornido y compañía. Yo negué con la cabeza, aplaudiendo mentalmente a su discreción inexistente.

Me dispuse a acercarme a él por la espalda después de terminarme la copa, pensando que seguramente que Fornido era su enemigo y que quizás Seward quería algo de él. Lo que no me imaginaba en absoluto es que quisiera matarlo por venganza. Y no me lo imaginaba porque no me imaginaba a nadie con esa máscara tan cutre pudiendo matar a alguien como Fornido en una discoteca de este calibre. Además, ni de lejos me hubiera acercado a él de nuevo si llego a tener la ligera sospecha de que sus intenciones es matar a otra persona. Mira que en muchas ocasiones me planteo si la violencia en un buen método de contingencia, pero el enfrentamiento basado en la venganza nunca me ha parecido un móvil válido. Y hablaba totalmente desde la ignorancia y la inexperiencia pues, por fortuna, nunca he tenido que sentir nada que me haga querer matar a otro alguien por venganza.

Eh, tú, el de la máscara con retraso —le llamé desde la espalda. —¿Por qué no traes un cartel fluorescente que ponga 'soy un fugitivo cazador' en la frente? Quizás sería menos descarado. —Lo dije en voz alta, claro, pero porque la música estaba la hostia de alto—volumen discoteca, básicamente—y a ese volumen solo me escucharía Seward. —Hasta yo me he dado cuenta de que estás siguiendo al tipo que acaba de entrar ahí con esas dos. Los reservados son para gente importante, así que los tienen vigilado. No intentaría hacer nada ahí. —Y vamos, que quizás no se le notaba tanto y yo me daba cuenta porque no le había quitado ojo de encima, pero para mí estaba siendo super descarado.

Le di mi opinión, una opinión que teniendo en cuenta la vida LE IMPORTARÍA UNA MIERDA. ¿Pero sabes qué? Yo era una adolescente que últimamente iba a muchas discotecas y él era un radical buscado por la ley, así que quizás mi perspectiva de la vida era un poquito relevante para su bien. Sólo quizás.

Deberías esperar, tengas en mente lo que tengas —le recomendé. —Espera a que salga y lo pillas fuera de la discoteca. Aquí vas a tener a todo el mundo en tu contra como te pillen.

La verdad es que la idea de que actuase dentro a mí tampoco me gustaba porque si un fugitivo había estado en el interior, todos íbamos a ser interrogados y yo lo había identificado, así que podría meterme en un buen problema. Y como es evidente, yo soy de esas que meten la cabeza bajo tierra cuando se enfrentan a problemas.

Y entonces llegó LA TIPA en un intento de hacer de Celestina, ya que la muy idiota se creía que de verdad me gustaba el viejo de no sé cuántos años de la máscara con retraso mental. Puse los ojos en blanco cuando me rodeó con una de sus manos el hombro, para usar su otra mano para rodear los hombros de Seward. Nos miró como con confidencialidad.

¡Yo sé lo que pasa entre ustedes!

Miré a AJ con los ojos abiertos, ¡por un momento pensé que lo habían descubierto!

¡SE GUSTAN! ¡A MI AMIGA LA RUBIA LE GUSTAN LOS HOMBRES CON MÁSCARAS FEAS!

Y me aparté de la chica, sintiéndome como la ameba que soy en mitad de un estanque de pirañas. ¡La virgen, pero qué necesidad de meterme en este tipo de compromisos!

¡Pero bueno, vete a ligarte a aquel de allí, déjame vivir! —La eché. —¿No ves que es de la época de los dinosaurios? ¡La discoteca le queda joven! ¡Anda, corre, baisss! —Continué, poniéndome roja como un tomate por el simple hecho de que alguien sugiriese ese tipo de cosas. Menos mal que tenía la cara llena de sangre y no se me notaba tanto. La chica se fue ofendida, pero yo me limité a mirar a AJ y señalar en dirección a la idiota. —¡Es una pesada! —Le eché la culpa a ella.
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A. J. Seward el Jue Ene 31, 2019 10:02 pm

Lo último que se esperaba era volver a escuchar aquella voz, sacándolo de sus pensamientos y haciéndolo poner los ojos en blanco antes de girarse para bajar la mirada a la misma niña ensangrentada de antes. A. J. ya se había quedado tranquilo viendo que, tal y como le había dicho antes, no tenía intenciones de delatarlo, pero, ¿por qué diablos volvía si ya le había dejado claro que era una persona non grata?

Eres como un constipado mal curado, ¿lo sabías? —le respondió cruzándose de brazos y mirándola con gesto serio. Al menos ahora tenía ubicado a Sallow y sabía que no había probabilidades de que se fuera de allí pronto, por lo que no lo perdería de nuevo.— ¿Te das cuenta de que eres la única que lo ha notado? —señaló con un gesto de su cabeza hacia la multitud de gente que continuaba con su vida ajenos a lo que ambos estaban hablando.— Y deja de usar la palabra fugitivo, la música está alta pero nunca se sabe quién puede escucharte —gruñó con el ceño fruncido. Manda cojones que le estuviese llamando a él descarado. Lejos de lo que aquella chiquilla molesta pudiese pensar sobre él, lo cierto es que le preocupaba su libertad y preferiría seguir conservándola. — Quizá deberías dejar de seguirme y meterte en tus propios asuntos, esto no es un juego.

Dudaba que la niña molesta de la sangre supiera lo que estaba haciendo, parecía de esas que actuaba primero y luego, ya si eso, pensaba en lo que había hecho. Claro que tampoco parecía que le hubiese dedicado mucho tiempo a pensar en que acercarse a un fugitivo era peligroso porque lo había vuelto a hacer, no porque él le fuese hacer algo sino por lo que implicaba que la viesen con él si lo descubrían. Quizá había visto demasiadas películas y tenía la cabeza llena de pájaros, sea como fuera no dejaba de ser un problema. Un problema muy molesto.

La miró con una ceja enarcada, como si no se creyese lo que le estaba diciendo. ¿De verdad se pensaba que era tan estúpido como para hacer nada allí dentro? Dios.

Puedes estar tranquila, no tengo intención de hacer nada aquí dentro. No sé qué te piensas que tengo en la cabeza pero te garantizo que no soy ni la mitad de inconsciente de lo que tú estás siendo en estos momentos —respondió. A.J. no la conocía, no sabía ni cómo se llamaba, pero no quería cargar en la conciencia con lo que podría pasarle si alguien, igual que había hecho ella antes, llegaba a descubrirlo. Aquel era un riesgo que él había aceptado al ir allí, pero sus planes eran en solitario, no incluían a una adolescente pululando a su alrededor tratando de, ¿ayudarlo? Bueno, lo que fuera que estuviera haciendo.— Solo necesito ponerle algo en la copa y esperaré a que salga, nada más.

No había ido a aquella discoteca a lo loco, había pensado en ello detenidamente antes de hacerlo, tenía un plan y pensaba ceñirse a él. Es cierto que muchas veces pecaba de impulsivo, pero no lo suficiente como para liarla dentro de una discoteca abarrotada de gente. Asumía que podían descubrirlo al exponerse de esa manera, pero una cosa era saber que era una posibilidad y otra ir pidiéndolo a gritos.

Oye, mira… —empezó a decirle, pero entonces la borracha de antes, la que parecía ser amiga suya, volvió a aparecer con aquella voz que, pese al alto volumen de la música, a A.J. le daban ganas de explotarse los tímpanos . Y lo que dijo no mejoró en absoluto la situación, porque el fugitivo pensó exactamente lo mismo que la rubia: que lo había pillado.

Fueron unos segundos tensos. Pudo sentir la mirada de la rubia sobre él. Su cuerpo se tensó más que una cuerda de violín.

No podían importarle menos las sandeces que estaba diciendo la chica borracha, lo único que importaba en aquel momento es que su identidad seguía a salvo. Todavía le costó un poco recuperarse y destensar su cuerpo, le había dado un buen susto.

Escuchó como la rubia echó a la borracha con unas palabras muy poco amables y A.J. no pudo evitar sonreír con ironía. Vaya, vaya, ¿quién es ahora la antipática?, fue lo que pensó el fugitivo recordando lo que ella misma le había dicho a él antes. Ironía que se hizo más grande cuando exclamó indignada que la borracha era una pesada.

A.J. la miró con cara de, ¿en serio, ella es una pesada? Tuvo ganas de reírse pero se contuvo, aunque conservó la sonrisa durante unos momentos más. Debía admitir que la situación había tenido su gracia, excepto cuando pensó que lo habían descubierto o cuando lo había llamado dinosaurio. Que él no era tan viejo, es solo que ella apenas hacía dos días que había dejado de ser un cigoto.

Ahora que volvían a estar solos tenía la oportunidad de seguir con lo que había estado a punto de decirle antes de ser interrumpidos.

Mira… —e hizo una pausa porque había tenido la intención de llamarla por su nombre, pero recordó que no lo sabía. En fin.— No sé cómo te llamas, pero bueno, no importa. Lo que intento decir es que te agradezco que no me hayas delatado. De verdad. Pero esto es peligroso y tú eresuna críamuy joven. No tengo ni idea de qué es lo que pretendes, pero sea lo que sea estoy seguro de que no es buena idea. Deberías volver con tus amigos y olvidar que me has visto.

Estaba claro que ser desagradable no había funcionado, así que optó por ser más amable esta vez. Había sido sincero con sus palabras, realmente estaba agradecido porque no lo fuera a delatar, pero esperaba que esta vez le hiciese caso y se marchase, que entendiese el peligro y volviese con sus amigos. Cuanto antes se fuese ella, antes podría volver él a pensar en cómo ingeniárselas para verter el contenido de la poción en la copa de Sallow.
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Danielle J. Maxwell el Mar Feb 12, 2019 5:12 pm

Nunca nadie antes me había llamado constipado mal curado y eso que me habían llamado muchas cosas malas, pero 'constipado mal curado' era cruel. A nadie le gustaba tener un constipado mal curado. Lo miré con cara de patata idiota porque la verdad es que ese insulto tan ingenioso me cogió con las defensas bajas, ¿cómo narices se supone que te defiendes de eso? Decidí ignorarlo como si hubiese sido un insulto insulso y feo que no merecía contestación.

—Soy la única que lo ha notado porque soy la que menos borracha está, pero hay una mínima probabilidad de que haya algún perdedor que esté menos borracho que yo, ¿sabes? No es que tu cara pase precisamente desapercibida. —Eso podía sonar un poquito mal, así que maticé: —Porque eras famoso, digo.

En realidad yo iba mucho de persona anti-alcohol, pero lo poquito que había bebido se me iba notando. En realidad, ese era uno de los motivos principales de que me hubiese acercado tanto a este señor. Si llego a estar en pleno uso de mis facultades, quizás hubiese actuado de otra manera y no me hubiese tirado de cabeza al peligro. Porque otra cosa no, pero este señor tenía escrito en la frente la palabra 'peligro'. Y sí, bueno, yo estaba siendo un poquito—muy poquito—inconsciente, pero él no se quedaba corto. Eso de declararme a mí la inconsciente de la noche cuando él se ha metido en una discoteca mágica siendo un fugitivo buscando por las autoridades mágicas, es como algo super estúpido. Y luego yo que buenamente le aviso, la inconsciente soy yo.

—¿En serio tu plan es ponerle algo en la copa? —Enarqué una ceja, dudosa por ese plan. —Ánimo. —Y eso sonó con mucha ironía porque su plan no me parecía del todo maestro. Esperaba algo más estratégico en plan Ocean's Eleven viniendo de radicales. Yo es que de radicales sabía poco, solo que como bien me estaba demostrando Seward, eran un poco inconscientes.

Después de la aparición de la tipa idiota, Ajota pareció dejar a un lado su trato hostil y mostrarse amable conmigo. Y la verdad es que todo lo que decía tenía sentido: yo no ganaba nada acercándome a él, más que hacerle de 'tapadera' de que no era un antisocial sospechoso muy pendiente de la zona de reservados. Me dolió que nombrase a mis amigos porque... ¿¡QUÉ AMIGOS!? ¡ESTABA SOLA Y ACABO DE ECHAR A MI ÚNICA AMIGA PORQUE ES UNA PESADA! Pero carraspeé porque una perdedora con clase nunca lo aceptaría sin más en una situación así. Así que me puse seria y me mojé los labios.

—No pretendo nada —le dije claramente. —Estoy de tu lado. No me gustaría que alguno de estos puristas pijos de mierda con aires de grandeza te capture por confiarte. Sé que tendemos a subestimar a nuestros enemigos, pero por mucho que aquí haya 'jóvenes' te digo yo que no pasas tan desapercibidos como crees. —Le hablé de la misma manera: con tranquilidad y amabilidad. Fuera hostilidades. Me acerqué a él para hablarle de manera abierta, con las palabras claras y sin tener que ocultar nada. —Te dejo en paz, pero hay cámaras. No me seas cutre de ponerle algo en la copa porque te van a pillar. —Acabaría de salir del cigoto, pero eso se aprende en primero de Razón Humana.

Me alejé de él de espaldas, dando un par de pasos, para entonces dirigirme a las escaleras y bajarlas hasta el piso de abajo. Si no lo veía no tendría tentaciones de volver a acercarme a él de manera masoquista.


Cuarenta y cinco minutos después

Y tú dirás: qué hace una persona como yo, sin amigos, en una discoteca. Yo tampoco lo entendía. Sin embargo, ese día tuve suerte y me había encontrado a mis compañeros de la universidad de pociones. La verdad es que no es que fuesen las mejores personas con las que una persona como yo puede encajar, pero al menos no eran puristas horribles, ni pijas repelentes... eran personas normales, aunque no fuésemos de esas que encajan muy bien. Así que me uní a ellos y ellos me aceptaron con amor.

La verdad es que era raro: ¿salía mi clase de pociones, no me invitaban y luego nos encontrábamos por ahí? Casi que parecía por puro compromiso, pero estaban todos tan borrachos que me sentí querida de verdad.

Bebí con ellos, bailé con ellos e incluso jugué con ellos mientras me mantenía atenta al WhatsApp a Edward, por si me decía algo. La verdad es que algo me decía que iba a terminar reventado del Caldero Chorreante y no vendría. Sin embargo, no me dio mucho tiempo de decirle nada por WhatsApp, pues cuando lo abrí y una de mis compañeras echaba el ojo en un intento de stalkear mi conversación y meterse en mi vida privada como si fuésemos mejores amigas, fue cuando yo vi salir al tipo al que Ajota estaba persiguiendo. Ignoré por completo a mi compañera, observando como aquel hombre de pelo largo bajaba las escaleras con una sola acompañante que sujetaba por la cintura como un caballero.

Lo vi caminar hasta la puerta, entre la multitud y de hecho me erguí un poco sentada en un taburete para poder ver por encima de todas las cabecitas. Como es evidente, busqué al hombre de la máscara retrasada y lo encontré a una distancia prudencial, sin apartar la mirada de él, persiguiéndolo hacia la salida. Y claro, de manera totalmente inesperada, me puse nerviosa. Y no entendía por qué: ¿por qué narices me pongo nerviosa por algo que no me concierne en absoluto? Pero una cosa estaba clara: allí fuera iba a pasar algo. Y yo estaba en mitad de una incertidumbre... prestar ayuda al fugitivo, avisar al cazarrecompensas, desentenderme totalmente... ¿debería pasar absolutamente de todo o salir al exterior como parecía que me estaba animando mi cuerpo? Y mientras mi compañera me hablaba de un tal Edward que me mandaba WhatsApp, yo tenía la mirada perdida en la puerta de aquella discoteca, ignorándola y pensando sólo en lo que hacer en ese momento.
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A. J. Seward el Lun Abr 29, 2019 8:12 pm

Después de tanto tiempo al fin había conseguido acercarse lo suficiente como para tener una oportunidad con Sallow; tenía ansías de venganza, impaciencia y ciertamente, el animal que vivía dentro de él, estaba pletórico con la posibilidad de derramar la sangre de ese hijo de puta aquella noche. Sí, quizá había demasiados factores que le estaban impidiendo ser todo lo cauteloso que debería ser en una situación como aquella, aunque si se paraba pensarlo, ¿qué podía perder? Ya no le quedaba nada más que su propia vida.

Una pequeña, y nada común, sonrisa de amabilidad se formó en sus labios durante un par de segundos, cuando la pequeña niña sangrienta le dijo que estaba de su lado. Si es que lo sabía: era una inconsciente. Pero aquella declaración y la forma de decirlo “puristas pijos de mierda con aires de grandeza”, hizo que la viera con cierta simpatía después de todo. En los tiempos de mierda que vivían encontrarse con alguien tan joven que pensase de esa manera era todo un alivio. Quizá había más que no estaban de acuerdo con el régimen impuesto por Lord Voldemort y sus secuaces, pero callaban por miedo y desde luego no se jugarían la libertad, e incluso la vida, por ir a advertirlo como lo había hecho ella a pesar de que A.J. seguía convencido de que no se había parado a pensarlo cuando se acercó a él. En fin, punto positivo para ella, aunque no dejaba de ser terriblemente molesta.

Está bien, lo tendré en cuenta —aceptó su consejo. Hacía cuatro años que se había retirado del Quidditch, él pensaba que era tiempo más que suficiente como para que la gente se hubiera olvidado de su cara, pero el pequeño dolor de muelas que tenía en frente era la clara prueba de que no era así.

No iba a mentir, se sintió aliviado cuando finalmente la vio irse por las escaleras. No solamente era una distracción sino que, si acababa teniendo razón y alguien más lo reconocía, no quería tener que cargar en su conciencia con lo que le pasaría a ella si seguía pululando a su alrededor. Ya le costaba bastante dormir por las noches como añadir una carga más.



45 minutos después.



Le había hecho caso a la joven y había pasado de echarle la poción en la copa, había pensado en usar la maldición Imperius en uno de los camareros, pero finalmente había desechado la idea. Aquella poción era solamente una ayuda extra y ahora tendría que enfrentarse a Sallow en igualdad de condiciones, lo cual era infinitamente más peligroso, pero la adrenalina corría por sus venas, la furia lo cegaba y no pensaba desaprovechar aquella oportunidad única que podía no repetirse.

A.J. acechaba a Sallow en la oscuridad, lo siguió a la salida de la discoteca y también por las oscuras y frías calles alrededor de la discoteca. Había llegado el momento, ahora podría vengar a tantos de sus compañeros caídos, a Ethan, y quizá después de haberlo matado al fin conseguiría dormir un poquito mejor. Porque sí, A.J. odiaba a Sallow por todo el daño que había causado, pero más se odiaba a sí mismo por haber permitido que cogiera a Ethan, él sentía que era su culpa y aunque la venganza no le devolvería a su amigo, esperaba al menos encontrar consuelo en ella.



27 de abril de 2019.
Enfield, Inglaterra. 23:58 pm.



¿Había algo peor que los puristas que llevaban más de dos años dando caza a los nacidos de muggles y a todos aquellos que considerasen inferiores o traidores a sus ideales? Pues sí, dentro de tanta mierda todavía había gente que, para A.J., eran mucho peores que los mortífagos y sus simpatizantes. ¿Quiénes eran? Pues los aprovechados. Ojo, que no los neutrales, aquello era totalmente distinto aunque tampoco lo aprobase. Se refería a esa clase de personas que aprovechan que hay personas desfavorecidas y otras con mucho poder para sacar provecho de la situación. Véase, por ejemplo: Alphonse Townsend, un mago mestizo irlandés que vendía información sobre los fugitivos al gobierno de McDowell. Un hijo de la gran puta, si le preguntáis a A.J., pero no el único por desgracia, pues ya se habían encargado de unos cuantos como él.

Aquella noche él era el encargado de coger a esa rata aprovechada y eliminarlo de la ecuación, antes de que se produjese un nuevo intercambio de información y más familias fugitivas se viesen perjudicadas. Townsend se aprovechaba de grupos reducidos de fugitivos para sacar ganancia vendiéndolos al gobierno, su fuente de negocio eran los pequeños grupos que no tenían nada que ver con los radicales, ni tampoco con la Orden o su refugio seguro, y que por lo tanto estaban más desprotegidos. Como ya había dicho: un hijo de la gran puta.

Les había costado dar con su paradero, pues se iba moviendo de un sitio a otro, pero finalmente habían logrado dar con él en Enfield, en una casa algo apartada del resto y, probablemente, dotada con protecciones mágicas. A.J. había sido el elegido para realizar aquel trabajo, el de eliminar a Townsend y sacarle toda la información que pudiera. Iba solo y aunque Townsend representaba una amenaza, lo cierto es que no era un luchador, lo suyo era la venta de información, los trabajos sibilinos y rastreros, pero no la lucha. Esperaba no tener demasiados contra tiempos.

Al amparo de la oscuridad y tras haber dejado sin luz parte de la calle, empezó a quitar las protecciones de la casa para no llevarse sorpresas. Le llevaría un tiempo hacerlo con discreción, pero Townsend no se iba a ir a ningún lado, no cuando tenía una venta de información que cumplir al día siguiente.


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Danielle J. Maxwell el Sáb Mayo 04, 2019 2:51 am

¡Una misión de la Orden del Fénix! ¡Woooow! ¿Sabéis lo feliz que me hacía tener misiones, al fin, de la dichosa Orden del Fénix? Pues yo te lo digo: me hacía muy feliz. Quería decir que por fin esa organización confiaba en mí como una bruja de nivel decente como para poder enfrascarse en misiones relativamente complicadas. Era cierto que no me mandaban nada especialmente difícil porque todavía era una novata, pero sí que me mandaban en compañía de gente experta para ir adquiriendo experiencia y ser la ayudante.

Tampoco me mandaban nada que pudiese poner en demasiado riesgo mi identidad. Al fin y al cabo a la Orden del Fénix no le interesaba que las personas como nosotros, que todavía teníamos una identidad intacta, nos arriesgásemos más de la cuenta en algo que no valía la pena. La Orden ya tenía a soldados que era fugitivos que, podría decirse, se encargaban de las cosas más complicadas, ya que si eran descubiertos no arriesgaban nada pues su rostro ya era conocido por toda la sociedad como enemigos del gobierno.

Ese día, específicamente, íbamos a ir a por Alphonse Townsend. Era un idiota irlandés que vendía información de los fugitivos al gobierno y ya por su culpa habían sido capturado compañeros y familiares de muchos que vivían en el refugio de la Orden del Fénix.

Yo iba en compañía de Viktor, mi padrino.

Mi padrino:


Viktor Lébedev
32 años MuggleProMuggles
Profesor universidadPadrino de DannyRuso
HISTORIA Y PERSONALIDAD
DATOS RELEVANTES
• Fue a Koldovstoretz y jugó al quidditch montado en árboles.
• En Koldovstoretz se daba mucha importancia a los duelos por lo que es un buen duelista.
• Es profesor de universidad en la Universidad Mágica de Londres.
• Imparte 'Introducción a la Legeremancia' en primer curso de esa carrera, así como 'Prevención de riesgos mentales' en tercero.
• Su pareja está en Azkaban retenida por haber sido pillada ayudando a hijos de muggles.
• Simpatiza con la filosofía de los radicales pero si no se une a ellos es porque no está dispuesto a pagar el precio que establecen.

RELACIÓN CON DANNY
Llevan siendo padrino-ahijado apenas un mes, por lo que no han tenido mucho tiempo en el que conocerse. Sin embargo, pese a que Danny tiene novio y sabe que Viktor está muy lejos de sus posibilidades: LO ADORA. Considera que es una persona muy guay y lo admira en todos los sentidos. Considera que es muy responsable, que siempre lo tiene todo perfectamente controlado, no se le escapa un detalle y... encima es bueno en todo lo que hace. Además, si por todo eso fuera poco, tiene una personalidad muy afable y agradable. Bromista cuando tiene que serlo, pero con un humor un poco negro y pícaro, en muchas ocasiones cargado de ironía y sarcasmo.

Ayuda a Danielle sobre todo a mejorar con la varita, pues él es muy básico en cuanto a defensa personal se refiere. Así mismo instruye a la chica no solo de manera mágica, sino que le intenta dar siempre varias visiones no solo de las misiones a la que van, sino también de las reuniones y de todo lo que ve. Es un hombre muy hablador, siempre con muchas perspectivas en mente. Hace que Danny le de mucho al coco y vea todas las posibilidades, pues siempre ha sido bastante simple.



Era un tío muy guay y la verdad es que quería pensar que congeniábamos muy bien. Después de haber tenido a Maverick como padrino, lo cierto es que CUALQUIER PERSONA podría ser mejor padrino después de mis pocas expectativas. Sin embargo, Viktor era muy atento conmigo y lo guay de tenerlo a él es que podíamos quedar fuera del refugio para cualquier cosa, pues ambos teníamos nuestra vida fuera del refugio de la Orden del Fénix. Y la verdad es que lo agradecía, pues ir tantas veces seguidas al refugio a veces me ocasionaba cierta incomodidad. Sé que nadie en esta vida se preocuparía de una ex-Hufflepuff con problemas con dormir demasiado, ¡pero yo que sé, concurrir tanto tiempo el mismo sitio buscado por la ley me ponía nerviosa!

Sabíamos la ubicación de Townsend gracias a un tipo de la Orden del Fénix que lo había estado vigilando, por lo que llegar a Einfield fue fácil y rápido. Dimos con la casa y, siendo conscientes de que al principio no debería de haber ninguna amenaza, Viktor y yo nos separamos para observar los alrededores. Mi padrino se encargó de la zona más alejada, asegurándose de que no había nada raro, mientras que yo pasé por los alrededores de la casa, buscando evidencias de protecciones.

La calle estaba más oscura que el resto, pero si os soy sincera, ni me percaté de eso. Con lo mal que estaba la economía pensé que se trataría de una fallo eléctrico que habían tardado mucho en arreglar en esa zona. Sin embargo, tras coger la esquina para ir por una secundaria y más pequeña, vi a una figura con la varita en alto en dirección a la casa. Miré para un lado; miré para el otro… intenté enfocar la vista para ver si se trataba de Viktor y… no era Viktor.

Sujeté mi varita en el interior de mi bolsillo. No era la primera vez que me topaba en alguna misión con otros magos. ¿Pero sería ese Townsend? ¿Sería tan imbécil de salir a la calle para hacer las protecciones a su casa?

Alphonse no tendría por qué reconocerme, por lo que seguí caminando despreocupadamente por la calle en aquella dirección, sudando como una condenada. ¿Debería parar y esperar a Viktor? Seguramente, pero no lo hice.
Danielle J. Maxwell
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A. J. Seward el Jue Mayo 16, 2019 12:26 pm

Los contra hechizos para levantar las protecciones mágicas de aquella casa estaban funcionando pero iba despacio, al fin y al cabo tenía que hacerlo sin que se notase y, además, Twonsend se había vuelto loco colocando protecciones. Había muchísimas, no demasiado complicadas, pero siendo solo uno estaba tardando el doble.

Para qué mentir, afrontaba la tarea de eliminar las barreras mágicas como quien afronta una clase de dos horas de Historia de la Magia: con ganas de que acabe lo antes posible o de que un meteorito aterrizase sobre su cabeza. De un tiempo a esta parte a AJ le gustaba resolverlo todo con puñetazos, dejarse llevar por esa vena animal que sentía en su interior, pero antes de poder echarle el guante a Townsend debía de obrar con cuidado y eliminar metódicamente cualquier hechizo que pudiera darle en las narices si intentaba poner un pie en aquella casa. Era hábil con la varita y se desenvolvía bien en los duelos, llegando a ser un digno contrincante, pero cuando peleaba piel contra piel sentía como parte de esa rabia que siempre lo acompañaba se aplacaba lo suficiente como para darle algo de paz a su alma. No sabía si había llegado el punto en el que lo disfrutaba, pero tampoco quería saberlo, porque sentía que de alguna manera sería como perderse a sí mismo para siempre.

Aunque se consideraba a sí mismo un monstruo en muchos aspectos, no pensaba que lo que iba a hacerle a Townsend fuera algo malo. Ese hijo de perra se lucraba a costa de familias inocentes, como lo había sido la suya, y para AJ poco era lo que le iba a pasar en comparación con lo que estarían sufriendo muchos de los fugitivos a los que había entregado en el Área-M.

Suspiró girándose un poco hacía la izquierda sobre su propio eje para continuar con los contra hechizos, la oscuridad reinaba en aquella calle pero AJ había conjurado un nocte visionem justo después de dejar la calle a oscuras, por lo que fue capaz de ver la figura que se acercaba, cada vez más, al punto donde se encontraba él. En teoría no había motivo para alarmarse, podía ser cualquier vecino, pero ¿quién elige meterse voluntariamente en una calle a oscuras a aquellas horas de la noche?

Bajó la varita poco a poco, sin movimientos bruscos, por si las moscas realmente era un muggle y se pensaba que un loco andaba suelto por el barrio señalando casas con un palo. Pero no la guardó ni mucho menos, la asió con fuerza y dejó el brazo pegado a su cuerpo, al mismo tiempo que entrecerró los ojos para enfocar mejor a la desconocida figura, que por el tamaño parecía ser una mujer.

No fue hasta que la distancia se hizo más corta que AJ, gracias a la visión que le proporcionaba el hechizo, creyó distinguir los rasgos de aquel rostro que ya había visto antes, aunque sin toda es sangre falsa era difícil estar seguro. Pero no podía ser, debía tratarse de un error. Alzó ligeramente la varita, con un movimiento suave para que no se pensase que iba a atacarla, y conjuró de manera no verbal un sutil lumos que iluminó tanto su rostro como el de la otra persona.

Mierda —maldijo una vez superado el shock inicial de encontrarse a alguien a quien jamás habría esperado ver en aquel preciso momento. Una cosa era una discoteca para magos donde abundaban los adolescentes, pero ¿qué demonios hacía Danielle a aquellas horas frente a la casa de un mago que vendía información al gobierno? — Esto tiene que ser una jodida broma, ¿qué coño haces tú aquí? No puedes estar aquí —dijo en voz baja y con los dientes apretados.

No quería sonar borde, pero estaba realmente sorprendido y no supo reaccionar de otra manera. No era como si se hubieran encontrado una feliz mañana en la cola del Starbucks mientras esperaban por un frapuccino, no, estaban frente a la casa donde se escondía un tipo que vendía fugitivos al gobierno. No era una feliz coincidencia.

La tenue luz que emitía su varita seguía brillando, iluminando sus rostros y haciendo posible que Danielle viese la cara de incredulidad de AJ, que la exhortaba con la mirada a que le contase que demonios estaba haciendo allí y cuáles eran sus intenciones, porque ponía la mano en el fuego a que tenía que ver con Townsend.
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Danielle J. Maxwell el Miér Mayo 29, 2019 2:38 am

Mi plan parecía sin fisuras: caminar aparentando tranquilidad por aquel callejón de un punto hacia el otro, sin que aquella figura mágica repararse en mí. Era un buen plan, ¿no? Normalmente los magos que no querían llamar la atención solían despreciar a los muggles, por lo que podría pasar de un lado a otro sin ser llamativa. O eso era lo que mi mente pensaba, claro, porque la simple idea de ver aquello, girarme y coger otro camino me parecía lo más descarado que podría haber hecho. Era como todo lo contrario a parecer NO PARECER SOSPECHOSA.

Sin embargo, mi plan no contaba con un pequeño detalle… y es que yo me ponía muy nerviosa con esas cosas y cuando tengo miedo tiendo a emparanoiarme con posibilidades terribles de muerte y locura. A medida que me acercaba a aquella figura, dicha figura se giraba hacia mí y no paraba de observarme... así que yo no podía dejar de pensar cada vez en cosas más terribles. ¿Y si era un mago tenebroso, me reconocía y me mataba? ¿Y si era un mago y encima VIOLADOR? Había que recordar que estábamos en zona propicia para violadores, ¿vale? Oscura, estrecha... Y yo era una muchacha joven y virgen: sus favoritas, que los violadores huelen esas cosas. Además, todos sabemos que ser mago y malvado no te exime también de ser un violador.

Que ojo, es que yo tengo un trauma con violadores. Me parecían seres horribles y no fue hasta que estuve casi al lado que pensé en lo que debería de haber pensado antes de entrar: “¿Y si es una persona malvada y violadora y yo de aquí no salgo por idiota?” Esperaba que Viktor no se hubiese ido demasiado lejos para que pudiese escuchar mis gritos cuando aquel tipo me…

Pero entonces me iluminó con un lumos.

Al principio entrecerré los ojos levemente pues me molestó a la vista, pero luego lo reconocí: era Ajota. Podría haberme molestado su ‘mierda’ o lo de que podía ser una jodida broma, ¡¿pero sabéis lo tranquila que me había quedado al saber que no era un violador, SÓLO AJOTA?!

—Tío, que puto susto, de verdad, que me metí aquí toda valiente pensando en una estrategia infalible y llevo pensando todo el trayecto que me ibas a matar o a violar o algo. —Solté aire profundamente, mirando hacia el cielo como queriendo agradecerle a algún Dios Todopoderoso. Sí, le había ignorado un poco porque mi alivio personal por seguir con vida era mucho más importante que su mala hostia que al parecer parecía un rasgo esencial de su personalidad. —Claro que puedo estar aquí: ¿has venido a por Townsend tú también?

Entonces me puse un poco más seria—todo lo seria que Danny Maxwell puede estar—y dejé de lado mi gran alivio para dar paso a uno de los muchos problemas que solíamos tener los de la Orden del Fénix: los radicales. Si bien no era suficiente tener que lidiar con los malos, los radicales eran una especie de antihéroes que estaban todo el rato molestando todo lo que la Orden del Fénix intentaba hacer. Parecía que teníamos los mismos objetivos, pero si bien mi objetivo junto a Viktor no llevaba por nombre asesinar ni hacer nada ‘malo’ a Townsend, algo me decía que los radicales iban a tener otra política de ejecución.

—¿Has venido solo? No es la primera vez que me encuentro con gente como tú en esta situación —le dije, en voz baja y apartando su varita con la mano tras acercarme a él, pues me molestaba la luz en todos mis ojos. —‘Como tú’ me refiero a los de tu grupo. Siempre estáis en mitad de nuestras misiones y siempre intentáis joder lo que tenemos que hacer nosotros: ¿qué es lo que tienes que hacer tú ahora?

No era la primera vez que se sospechaba en la Orden del Fénix que había un topo que avisaba a los radicales de todo lo que se hablaba allí, motivo principal de que siempre coincidiésemos en la misma situación, a la misma vez. Ya los radicales no se conformaban con hacer el mal a su rollo, sino que también parecía que se habían puesto de acuerdo en frustrar las cosas que tenía que hacer la Orden del Fénix. Aún recordaba aquella misión tan sencilla en donde teníamos que conseguir unos documentos y Charlotte, una radical, nos lo había quitado en nuestras propias narices por un chivatazo.
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A. J. Seward el Vie Mayo 31, 2019 10:02 pm

AJ la miró con ambas cejas alzadas, totalmente incrédulo, ya no solo por la sorpresa de encontrársela en el lugar más inesperado, sino por lo que le estaba diciendo. Realmente podía ver el alivio reflejado en sus facciones cuando se dio cuenta de que no era un asesino o violador, como ella misma le contaba, claro que si lo hubiese sido podría habérselo quitado de encima con un simple movimiento de varita.

¿Y qué tipo de estrategia infalible era esa? —cuestionó. — Porque ir directa hacia un asesino o violador no creo que se pueda considerar una estrategia, cuanto menos una infalible —se metió un poco con ella, pero sin maldad, que conste. Es que era imposible no hacerlo.

Soltó un sonoro suspiro cuando le preguntó si él también estaba allí por Townsend, pero finalmente asintió como simple contestación a la pregunta. En el fondo lo había sabido desde que la había reconocido, ¿por qué sino iba a estar allí si no era por Townsend? Pero escucharlo de su propia boca fue la confirmación que necesitaba para empezar a pensar en qué iba a hacer ahora. Para AJ encontrarse con miembros de la Orden del Fénix suponía una putada, hablando claro y mal, porque no solo no estaban dispuestos a hacer lo necesario para acabar con el nuevo régimen, sino que parecían empeñados en que ellos, los radicales, tampoco pudieran hacerlo. ¡Como si ellos fueran los enemigos! En fin, un quebradero de cabeza al que ahora iba a tener que hacer frente, porque no pensaba irse de allí sin cumplir con lo que había ido a hacer.

Supongo que tú no estás sola —se aventuró a afirmar, saliéndose por la tangente y evitando así contestarle la pregunta. Townsend no era realmente peligroso, más bien una rata sucia  huidiza, pero es en los momentos donde uno se juega el pescuezo cuando se hace lo que haga falta para sobrevivir. Por eso dudaba que Danielle estuviese allí sola. — Sé a lo que te refieres —contestó poniendo los ojos en blanco y bajando la varita, guardándola en el bolsillo trasero de su pantalón.— Nosotros podríamos decir exactamente lo mismo de vosotros, pero con el añadido de que lo que hacéis es igual a nada —dio su opinión libremente, porque era lo que realmente pensaba de la Orden del Fénix, que no hacían nada útil para derrocar al nuevo régimen, y que encima, les ponían trabas a ellos. — Dime, ¿qué pensáis hacer con Townsend, darle unas palmaditas en la espalda y decirle que lo que hace está mal? —preguntó con sorna. — Sí, seguro que le abrís los ojos y decide dedicarse a la carpintería a partir de ahora.

La otra vez, en la discoteca, cuando había visto a Danielle su cara se le había hecho familiar pero no había sabido decir dónde la había visto antes, y no fue hasta más tarde cuando la recordó del refugio de la Orden del Fénix. Sin embargo aquella noche no había salido como él había planeado y ahora se sentía en deuda con la chica, motivo principal por el que estaban ahí conversando como si nada, de haber sido él otro radical o ella otra miembro de la Orden, la situación sería muy distinta.

¿Te han contado a lo que se dedica esa rata? Voy a hacerle unas preguntas y luego… Bueno, se merece lo que va a pasarle —dijo sin más. No intentaba convencerla a ella, ni convencerse a sí mismo, simplemente lo dijo como una verdad absoluta. Teniendo en cuenta el destino de muchos de los fugitivos a los que había delatado, la muerte no era un final tan malo para una rata como Townsend. — Imagino que no estarás de acuerdo conmigo, así que, ¿hay alguna manera de resolver esto por las buenas?  Yo he llegado antes, así que podríais iros y probar a ser más rápidos la próxima vez, ¿qué te parece? —ofreció con cierta gracia en su tono.

Sabía que había las mismas probabilidades de que ellos diesen marcha atrás como de que lo hiciera él, pero lo cierto es que a pesar de tener la habilidad para ser terriblemente irritante, Danielle le causaba cierta simpatía que todavía no entendía de dónde había salido, así que prefería no tener que usar la fuerza para poder cumplir su misión. Seguía debiéndole un favor, pero en su lista había prioridades más altas.
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