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Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell

A. J. Seward el Lun Nov 12, 2018 5:29 pm


Discoteca The Hole || Viernes 26 de octubre del 2018 || 23:26 pm ||Mis pintajas


El campo de visión de A. J. estaba repleto de jóvenes, y no tan jóvenes, riendo y pasándoselo bien al ritmo de la música, la mayoría con alguna copa en la mano que les ayudase a desinhibirse y soltarse un poco más. Algunos iban disfrazados mientras que otros habían optado por vestir de manera usual, al fin y al cabo no a todo el mundo le gustaba disfrazarse y aunque aquella fiesta era en honor a Halloween, todavía quedaban cinco días para dicha festividad que aquel año caía entre semana, por lo que no era raro encontrarse con gente disfrazada por los distintos locales de la ciudad, en alguna fiesta pre-Halloween para los que no pudiesen celebrarlo el día treinta y uno.

The Hole era una discoteca para magos y brujas que estaba ubicada en el distrito de Crouch End, no eran tan conocida ni popular como la discoteca Babylon pero seguía siendo una buena opción para disfrutar del ambiente mágico y festivo londinense. La entrada era cuanto menos curiosa, pues estaba ubicada en lo que a simple vista parecía un muro custodiado por una estatua conocida entre los muggles como el espíritu Sprigan, en la famosa vía de ferrocarril abandonada Parkland Walk. Lo que los muggles desconocían era que cuando caía la noche y los magos y brujas se presentaban ante la susodicha estatua con la varita en mano, ésta cobraba vida, haciendo que el muro se abriese y dándoles entrada a la famosa discoteca.

¿Qué hacía A. J. en un lugar como aquel? Disfrutar, desde luego, no. Sabía que corría un gran peligro al acudir a un lugar como aquel siendo un fugitivo buscado por el gobierno y con una cuantiosa cifra a cambio de su cabeza, pero no se habría arriesgado si el motivo no fuera importante para él. Llevaba ya media hora en aquel lugar, dando vueltas con una cerveza sin alcohol en la mano, buscando al hijo de puta de Jem Sallow, un cazarecompensas culpable de la muerte y encarcelamiento de muchos de sus compañeros y de un amigo en particular.

Ethan y A. J. se habían conocido al poco tiempo de llegar el primero a los radicales, no se habían caído bien de manera inmediata pero con el tiempo consiguieron formar un buen equipo y una sólida amistad. Siendo un fugitivo, y radical además, A. J. sabía que ni él ni ninguno de sus compañeros y compañeras estarían a salvo hasta que el gobierno cayese, pero cuando cogieron a Ethan él estaba presente y eso lo hizo personal.

Jem Sallow no jugaba limpio, lo cual no era una sorpresa tratándose de un cazarrecompensas, pero debía de admitir que era bueno. Ni Ethan ni A. J. se dieron cuenta de que los estaba siguiendo, esperando descubrir una presa mayor: el refugio de los radicales. Afortunadamente se dieron cuenta antes de que fuese demasiado tarde, pero mientras trataban de despistarlo Ethan y A. J. se separaron y el primero jamás volvió. No hacía falta ser adivino para saber que en el mejor de los casos estaría muerto.

Sus pasos lo llevaron hasta el segundo piso de la discoteca, que hacía una especie de U sobre la planta inferior, dándole una vista perfecta de la pista de baile desde la barandilla sobre la que se apoyó. Llevaba la capucha bien puesta, tapándole prácticamente los ojos pero sin obstaculizarle demasiado la vista, más allá de que a él no le gustasen esos rollos de disfrazarse tampoco tenía dinero como para malgastarlo en máscaras o chorradas por el estilo.

Estaba empezando a impacientarse y se notaba en la fuerza que estaba ejerciendo sobre el botellín en su mano derecha, pero sabía que aparecería tarde o temprano. Lo había estado siguiendo y sabía que le gustaban más las faldas y la fiesta que a un tonto un lápiz, pero además le habían dado un soplo que parecía de fiar. Sí, aparecería, estaba seguro. Tenía que aparecer.


Jem Sallow:
Estatua Sprigan:
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A. J. SewardInactivo

Danielle J. Maxwell el Mar Nov 13, 2018 3:51 am

¿Sabéis cual es el truco de poder sobrevivir cursando dos carreras, intentando ser alguien en la Orden del Fénix, estar metiéndote poco a poco en un proyecto nuevo con Ryan y mantener activas no solo mis relaciones con mis amigos muggles, sino también con mis amigos magos y, para más guasa, mis amigos magos escondidos porque son fugitivos? Yo tampoco. Creía firmemente que uno de mis siguientes pasos en esta vida para evitar el estrés y que me siguiesen saliendo canas era dejar una de mis carreras, porque admitámoslo: la carrera muggle me ofrecía paz y un hobbie que adoraba, ¿pero la mágica? ¿Qué cojones me aportan las pociones? En serio, tío, es que cada vez que pienso en que dentro de tres años—si termino la carrera—voy a estar trabajando de HACER POCIONES, me da puta depresión. O sea, ¿había algo más triste que trabajar haciendo pociones cuando llevo años soñando con ser jugadora profesional de Quidditch? Maldita sea, es que no había cosa más sosa.  

Estaba en un dilema, ciertamente. Tenía muchas cosas que hacer en esta vida, muchas decisiones que tomar y... era complicado, sobre todo porque con mi edad de mierda solía responder tanto frente a mis padres como a mi abuela—que era quién ponía el dinero—por lo que tenía que meditar muy bien mis decisiones. Además, hablando claro: yo era una de esas personas que NO sabía elegir. Siempre la cago.

Y vamos, hoy os daríais cuenta de que soy un puto desastre tomando decisiones.

Había ido de fiesta esa noche con mis amigos de la universidad. No creáis que tenía demasiado, ya que solo eran dos: Hugo y Christine. Y tenían un puto lío entre ellos, así que yo había ido un poco de Lumière. Lo cierto es que si llego a saber que estaban tan empalagosos hubiera ido disfrazada de candelabro asesino o algo así.

Estaba bebiéndome mi primera copa de vodka con limón, paseándome por la zona alta, cuando un grupo de chicas en estampida decidió usarme como sacrificio a Thor. Es decir, por casi no me tiran al suelo y me pisotean. Primero me empujó una, luego otra, luego una tercera, hasta que finalmente en mi copa no quedaba casi bebida—obvio, estaba todo encima de mi disfraz o el suelo—y me choqué contra la espalda de un tipo que estaba apoyado a la barandilla.

Lo sieeeento. —Me quejé con retintín, pues no había sido culpa mía pero había tenido que ir por la vida disculpándome del retraso de otra gente. —Me empujaron —añadí, para que quedase constancia.

Iba a seguir de largo porque ese señor suponía no me iba a aportar NADA en esta vida, sin embargo, cuando se giró un poquito, pude ver su cara. Y me sonó. Pero me sonó lo justo y necesario para que no me girase de nuevo a ver quién era o saludarle, ya que me había sonado al nivel de 'tampoco me importa tanto'. Así que seguí mi camino de inspección, a ver si es que había algo útil o tendría que emborracharme hasta bailar con una farola y perder un zapato.

Unos quince minutos después

Yo no lo sabía—porque soy una ignorante de la vida—pero el señor que el fugitivo estaba buscando, justo acababa de entrar en la discoteca. Yo estaba en la barra del piso de arriba, pidiéndome mi segunda copa con un ritmo en las venas—nótese la ironía—que daba vértigo. Tenía ganas de que llegase Edward ya, pero como salía muy tarde del Caldero Chorreante seguro que todavía le quedaban como mil horas para aparecer.

Sin embargo, oteando el horizonte de aquel club tan aburrido, vi como el señor que me sonó, se giraba. Y fue en ese momento en donde lo reconocí. Me costó, pero porque llevaba muchísimos meses sin saber de él, pero yo lo había visto caminar por el refugio de la Orden del Fénix cuando apenas yo me gradué y comencé a ir con asiduidad. Y claro, ese señor no me pasaba desapercibido porque se hizo eco cuando dejó la Orden del Fénix para, las malas lenguas decían, irse con los fugitivos malvados. Por llamarlos de alguna manera, ya que la palabra 'radical' me parece tan políticamente incorrecta y hecha para crear confrontaciones sociales que no me gustaba usarla. Además, una persona muy coherente y lógica podía pertenecer a los radicales por tener un pensamiento sólo un poco menos convencional, ¿no? Yo es que... todo el mundo me intentaba meter por los ojos que los radicales eran malvados pero... joder, a mí no me parecían tan descabellado. Una cosa era la intención y otra el resultado y lo cierto es que los radicales han tenido muy mala suerte. 

Así que cogí mi nueva copa—porque ya la había pagado y no era precisamente barata—y caminé hacia el fugitivo. ¿Veis como mi capacidad para elegir es sencillamente nefasta? ¿No había nada más peligroso que ir a hablar con un fugitivo en mitad de una discoteca mágica?

¡Eh! —Le llamé, por encima de la música, cuando llegué hasta él. —No sé cuáles son tus prioridades, pero como alguien te reconozca como he hecho yo, estás jodido —le dije, gritando lo suficiente—y poniéndome de puntillas—para poder hacerle llegar mis ondas sonoras.

Disfraz de la noche:
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A. J. Seward el Vie Nov 16, 2018 2:36 pm

Tenía la vista clavada en la decimocuarta vampira putilla de la noche, que ojo, él no tenía nada que recriminar pero un poquito más de originalidad tampoco estaría mal. Pero bueno, al menos habían hecho el esfuerzo de disfrazarse, algo que ni A. J. ni algunos otros magos allí presentes habían hecho. Si le preguntaban podía decir que iba de hombre lobo, pensó con cierta ironía. Aunque no estaba allí para juzgar los disfraces de nadie, ni mucho menos para disfrazarse él.

Y así, de repente, notó como algo lo golpeaba desde atrás. Estaba reclinado sobre la barandilla, con los brazos cruzados sobre ésta, y de no haber sido por el fuerte agarre que mantenía sobre el botellín de cerveza posiblemente éste se habría caído en la cabeza de algún pobre inconsciente que habría acabado con la cabeza abierta. No entendía como antes se lo pasaba bien en las discotecas, tan llenas de gente y con un fuerte olor a alcohol, aunque quizá el alcohol era la clave.

Giró la cabeza lo suficiente como para mirar por encima de su hombro y ver a quien lo había empujado, encontrando allí a una chica más joven y bajita que él y que iba cubierta de lo que imaginaba sería sangre falsa. Alzó una ceja cuando se disculpó, alegando que la habían empujado, y sin decir nada se volvió a girar para seguir buscando al bastardo de Sallow.

Dejando aquel suceso a un lado, A. J. no tuvo ningún otro altercado que lo sacase de lo que estaba haciendo. Puede que no llevase precisamente bien lo de sentarse y esperar, pero mereció la pena cuando lo vio entrar por la puerta, ajeno a los ojos que lo vigilaban y que lo llevaban esperando más de una hora. Sentía la rabia fluir por sus venas a una velocidad alarmante pero no podía apresurarse, no ahora que al fin lo tenía allí, debía pensar antes de actuar y esperar al mejor momento para aprovechar la ventaja que tenía. Si actuaba impulsivamente todo aquello habría sido para nada.

El cuerpo de A. J. se fue girando involuntariamente mientras seguía la dirección de Sallow con la mirada, debía dejar de mirarlo tan fijamente pero le era difícil quitarle los ojos de encima a ese hijo de puta. Sentía que si dejaba de verlo, aunque fuera por unos segundos, desaparecería.

Fue como si el universo hubiese escuchado sus pensamientos y le hubiese mandado de nuevo a aquella cría cubierta de sangre a importunarlo, y así, ya de paso, a ayudarlo a levantar la mirada de Sallow para fijarla en su inoportuna acompañante. Una ayuda, que por cierto, no había pedido.

No me digas —murmuró con un tono que dejaba claro que la chiquilla no acababa de descubrir la pólvora precisamente. Spoiler: él ya estaba jodido. — ¿Eso es que no vas a delatarme? Qué generosa —parecía que no le estaba dando importancia al hecho de que lo habían reconocido, pero lo cierto es que estaba más tieso que una estaca. A saber por dónde le salía la cría. — Pues si no vas a gritar fugitivo a todo pulmón no sé qué haces aquí. No quiero compañía y ya no firmo autógrafos, así que… —terminó acompañando sus palabras con un gesto de su mano libre que la indicaba que volviese por donde había venido.

No sabía de dónde lo había reconocido, si de los carteles de Se Busca, si de los tiempos en que jugaba a Quidditch o de la cola del McDonald’s, pero fuese como fuese A. J. tenía asuntos más urgentes por los que ocuparse. Miró por encima de la cabeza de la joven para comprobar que Sallow no se había movido de donde estaba, pero sorpresa sorpresa: Ya no estaba.

¡Mierda! —exclamó con rabia. — Lo he perdido, joder —sus ojos recorrían la discoteca de un extremo a otro, buscando a quien había perdido, pero no había rastro de él y la multitud de gente disfrazada y bailando no lo hacía más fácil. Era como buscar a Wally. — Muchas gracias —le espetó a la joven cubierta de sangre, aunque en realidad estaba más enfadado consigo mismo que con ella, a pesar de que su aparición había sido de todo menos oportuna.

Se marchó de allí sin mirar atrás, esquivando a la gente que iba tan bebida que no se daba de su alrededor, su intención era la de buscar otra posición en aquel piso que le diese otro ángulo distinto del primero. Debía obrar con cuidado, porque si no había logrado ubicar a Sallow en el piso inferior bien podría significar que se encontraban en la misma planta, y lo que menos le convenía a A. J. era cruzárselo de frente.
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Danielle J. Maxwell el Mar Nov 20, 2018 3:29 am

'¿No me digas? ¿Me acababa decir 'no me digas'? Es decir...

No me digas:

Vale que era obvio que él como fugitivo debería de saber que este tipo de sitios eran peligrosos para él, más que nada porque está lleno de magos y el mundo mágico ha puesto precio a su cabeza. Un precio razonablemente alto. Vale, hasta ahí bien. Sin embargo, me he encontrado a lo largo de mi—corta—vida mucho subnormal retrasado, así que teniendo en cuenta que pese a las consecuencias y amenazas ÉL sigue estando en dónde está, quizás es subnormal y retrasado y una persona cuerda y racional como yo tiene que ir a decirle que está atentando contra su seguridad e integridad física. Digo, yo. Pero vamos, al parecer era subnormal, retrasado y, lo peor de todo, ¡orgulloso de serlo! ¡No me digas, me dice! ¡Pero será...! Si es que los capitanes de los equipos de Quidditch siempre se lo tienen muy creído, de verdad. ¡Hasta cuando ya no lo son!

Qué antipático. Encima que venía a decirle que su disfraz de NADA era una puta mierda y se le reconocía y me trataba así. Ya podría haberse puesto una máscara de Jason o pintarse con sangre la cara o ALGO. Que Adrien Jordan Seward no era precisamente un rostro que pasase DESAPERCIBIDO.

Una vez fui a una firma de los Puddlemere United, estabas tú y no te pedí ninguno. No me gustabas. —Él me ha ofendido con su sarcasmo cuando yo he ido con toda mi buena fe a advertirle que es una persona que no aprovecha las oportunidades, porque ya me dirás si se puede tener más suerte que ir a una fiesta de disfraces siendo fugitivo. —No voy a delatarte, lo único que quería era...

Pero de repente gritó, enfadado, mirando para todos lados en busca de alguien. O algo. A lo mejor se acababa de dar cuenta de que había perdido su careta de Jason, lo que cual haría que mi percepción de su amor por la vida cambiase radicalmente. Y claro, más todavía me sentí ofendida cuando me dijo con ese retintín que MUCHAS GRACIAS. Muchas gracias de qué, tío. ¡De qué me hablas! Le iba a contestar muy dignamente, pero se giró y se fue.

¡Pero bueno! —Me quejé, con la palabra en la boca.

Entonces le perseguí, sin intención de dejar aquello así. Atravesé una horda de borrachos que estaban bailando a destiempo y perreando con la barandilla, para entonces ponerme a su lado y gritarle en el oído mientras caminaba.

¿Muchas gracias de qué, tío? Eres un antipático. ¡Encima que voy a avisarte de que se nota un montón que eres tú y me tratas de estorbo! ¿Pues sabes lo que te digo? —Hice una pausa, arrepintiéndome. Joder, es que siempre me pasa lo mismo, de verdad. ¿Por qué narices tengo la maldita coletilla de '¿pues sabes lo que te digo?'? ¡Si es que luego nunca sé que decir! Me pongo en evidencia a mí misma. —Te digo que eres idiota. Deberías robarle cómo mínimo la máscara a algún borracho y ponértela, porque alguna fanática borracha va a reconocerte y va a venir a arrimarte la cebolleta y te va a delatar ante todos.

Me enfadé. Y yo con una copita encima me sube el carisma y el carácter los puntos suficientes como para encararme con la gente así, así que ahora fui YO, muy digna de mí, quién se giró para irse por su camino. Sin embargo, como el karma me odia, al girarme tan dramáticamente, me choqué de frente con un conejito sexy—que no conejita sexy—y mi copa nos manchó a ambos, quedándome sin prácticamente nada en el interior. Rugí con rabia por lo bajo al haber perdido mi momento melodramático de la noche frente a Adrien Jordan Seward y, pasando del conejito sexy que al parecer me había tirado caña o algo así, lo sorteé y seguí de largo.
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A. J. Seward el Miér Nov 21, 2018 3:48 pm

¿Se suponía que aquello debía ofenderlo? Porque ni siquiera se lo tomó como un insulto, hacía tanto de sus tiempos como jugador de Quidditch, o al menos él sentía que había pasado una eternidad, que difícilmente pudo tomarse aquel ataque como algo personal. La cara de aquella cría le quería sonar de algo, no sabía de dónde exactamente pero quizá fuera de la mencionada firma que ella había dicho. A saber.

No iba a mentir, sintió cierto alivio al escuchar que no pensaba delatarlo aunque no terminaba de fiarse de la palabra de una desconocida. De cualquier modo, encontró su comportamiento sumamente extraño y sospechoso, podía entender que no quisiese delatar a un fugitivo, al fin y al cabo todavía había gente que no apoyaba al nuevo gobierno aunque no lo manifestase, ¿pero acercarse a él como si nada? Como bien había dicho si alguien lo reconocía estaba jodido y si ese alguien la veía a ella a su lado estaría igual de jodida, ¿qué pretendía?

Sin embargo, cuando vio que Sallow no estaba, todas sus sospechas y cavilaciones sobre la chica que tenía en frente pasaron a un segundo plano. Tenía que volver a encontrarlo, aunque no contaba con que aquel molesto ser lo siguiera. ¡Qué molesta era! Se giró para encararla mientras ésta lo increpaba por ser un antipático, y mientras ella se desahogaba, A. J. iba perdiendo su paciencia a cada palabra que le dedicaba. Tenía mejores cosas que hacer que escuchar como una chiquilla enfurruñada lo llamaba idiota.

Pensaba dejarla marchar sin decir nada más, que se pirase con su enfado y lo dejara tranquilo sonaba como una buena opción en la mente de A. J., al menos hasta que encontrase de nuevo a Sallow, pero cuando se dio la vuelta, toda digna, y se chocó de frente con un conejito ligero de ropa, no pudo evitar soltar una risa. Una risa de verdad, y aunque ella no lo supiese aquellas escaseaban en la vida del mago. No le quitó los ojos de encima mientras la veía seguir su camino, aunque esta vez la miraba con algo menos de rencor por haberlo interrumpido antes.

Desde aquella nueva posición volvió a buscar a Sallow, pero algo no se le iba de la cabeza: las palabras de la chica. No esperaba que nadie lo reconociese, pues a pesar de no llevar máscara, ocultaba su rostro tras la capucha, pero era evidente que no era suficiente, debía hacer algo más. Así que, siguiendo el iracundo consejo de la chica ensangrentada, buscó una máscara que poderle robar a algún borracho y se la puso.

Tenía que buscar a ese hijo de puta cazarrecompensas, pero su naturaleza desconfiada no se fiaba de que la joven de antes no fuera a delatarlo. Se encontraba en una encrucijada a la que solamente veía a una opción: seguiría a la chica, observándola durante un rato para asegurarse de que hacía honor a su palabra y no lo delataba, luego buscaría a Sallow. De nada le serviría encontrar a ese bastardo si la otra lo delataba. De modo que la buscó por aquel local, yendo en la dirección por la que se había ido momentos antes y cuando la encontró se dedicó a observarla, atento a sus movimientos y si interactuaba con alguien sospechoso.

Para cuando se acabó el botellín de cerveza sin alcohol, seguía sin ver ningún indicio que revelase que quería delatarlo, su comportamiento parecía natural, y A. J. estuvo a punto de darse media vuelta, hasta que por azares del destino vio a Sallow, charlando con un grupo de chicas que estaba apenas a unos metros de la joven.

Putas casualidades.


Máscara chachi guay que he conseguido:
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Danielle J. Maxwell el Vie Nov 23, 2018 3:49 am

Menuda manera de hacer el maldito ridículo. Huí como un tejón asustadizo cuando aquel estúpido conejo hizo que toda la copa se me cayese prácticamente por encima. No sabía qué me había molestado más: la risa de Adrien, el comentario estúpido del conejo que se cree sexy, el poco drama que pude conseguir con mi giro inesperado y digno, o el hecho de que la copa me había costado cuatro libras y no me había durado absolutamente nada. No, miento, el cúmulo de todo es lo que me estaba hirviendo por dentro. Así que caminé, sorteando la gente, hasta que llegué a la barra en dónde me había pedido esa última copa. Me apoyé de pie, ya que no había taburetes libres, y pedí otra copa, dejando allí mi triste y vacío vaso de tubo. La camarera me miró con cara de: '¿otra vez tú por aquí?', pero yo me limité a negar con la cabeza y enseñarle el gran charco de vodka con limón que había en mi pecho, a lo que ella rió divertida.

Sí, ríete, perra. Claro, como yo me dejo mis dineros aquí... ya te vale. Mientras la tipa me servía la otra copa y yo intentaba ignorar el hecho de que había un radical por la zona y no estaba haciendo nada ni por ayudarlo ni por delatarlo, cogí el móvil para ver si Edward me había dicho algo. Pero nada, no me había dicho nada. Miré la hora y... en verdad era normal que no me dijese nada, ¿por qué iba a decirme algo si estaba trabajando, eh? No tenía sentido.

Me guardé el móvil y la camarera me dio de nuevo la copa. Fui a hacer el amago de coger la cartera y darle el dinero, pero ella, demostrando que era humana y muy Hufflepuff, me negó con la cabeza. Al parecer mi cara de ameba triste, acompañado al hecho de que debía de tener un cartel de mala suerte en la cara, le habían hecho apiadarse de mi cartera y regalarme una copa, teniendo en cuenta que no probé apenas nada de la anterior. La verdad es que ahora me arrepentía de haberla llamado perra. Se veía que era una chica legal y guay. Así era mi vida, cambiando de opiniones en tres segundos. Así era yo.

Una de las chicas se puso a hablar conmigo en la barra, sacándome conversación con que estaba manchada. Ya os podéis imaginar mi cara, la cual alababa irónicamente su capacidad de observación. Sin embargo, mientras esa señora borracha me hablaba como si fuera su amiga de toda la vida sobre lo bonito que tenía el pelo y lo real que parecía mi sangre, pude fijarme por el rabillo del ojo que el ex-cazador de Puddlemere United, ataviado con LA MÁSCARA MÁS FEA de todo el local, estaba mirando en mi dirección. No supe muy bien sus intenciones. ¿Me estaba vigilando? Madre mía, la paranoia. Le había dicho que no le iba a delatar, ¿acaso no me recordaba de la Orden del Fénix? ¡Soy su aliada! Aunque bueno, qué cosas. Es como pedirle peras al olivo, de verdad, cuando esa gente solo parecía ir siempre mirando hacia adelante, hacia la punta invisible de su ego, a ver si crecía.

Mientras asentía y sonreía a mi nueva amiga, miraba al fugitivo, con una mirada interrogante. Me daba puto mal rollo. De repente parecía un stalker mirando hacia donde estaba yo y un grupo de chicas. Bueno, más que un stalker parecía un pedófilo. Pero no, no podía ser un pedófilo, me negaba a creer que era un pedófilo porque ser pedófilo es algo muy feo. Así que ignorando un poco a mi amiga—y luego yo me quejaba de que no hago amigos—observé a mi alrededor. Vi a un señor hablando con un grupito de chicas, una camarera chica y dos camareros más corpulentos. También vi una pareja al otro lado de la barra, dándose el lote. Dudo que esté mirando eso.

Aceite —respondí cuando mi amiga me preguntó que qué me echaba después de la ducha en el pelo. —Así se me encrespa menos y las ondas me salen más naturales.

Claro... —dijo ella, sorprendida por mis artes en belleza femenina. Y no, me lo había dicho la peluquera hace como cinco lustros y yo había seguido su técnica hasta el infinito y más allá.

Pero por mucho que me siguiese hablando, yo tenía la mirada puesta en él todo el rato, con curiosidad por saber qué narices hacía en una discoteca. Estaba claro que debía de tener un objetivo, pues con la mala hostia que tenía y bebiendo cerveza sin alcohol, dudaba mucho que estuviese ahí para darle alegría y cosa buena a su cuerpo. Los fugitivos no solían salir si no era por algo específico. Y ese objetivo debía de estar cerca de mí o... ¿¡ERA YO!? No, no podía ser yo. Si yo no le importo ni a mi gato, como narices iba a ser yo.
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A. J. Seward el Vie Dic 14, 2018 9:42 pm

Verle la cara a Sallow era como revivir una y otra vez la noche en que les tendió aquella emboscada a él y a Ethan. Cuando Sallow se dio cuenta de que ambos fugitivos estaban dando vueltas con el fin de alejarlo lo más posible del refugio de los radicales, no dudó en atacarlos y, aunque Ethan y A. J. eran dos y Sallow solo uno, lo cierto es que el cazarrecompensas tenía tal habilidad que les fue difícil distraerlo lo suficiente como para emprender una retirada. ¿Por qué retirarse cuando eran dos contra uno? Bueno, ahí la culpa recaía enteramente sobre A. J., quien estaba demasiado débil para luchar debido a la luna llena, que tuvo lugar dos días antes. Todavía podía escuchar las palabras de su amigo, instándole a separarse para despistar a su perseguidor, algo que en principio a A. J. no le había hecho demasiada gracia, pues la superioridad numérica era algo a tener muy en cuenta. Desde entonces maldecía el momento en que dio su brazo a torcer, separando su camino del de su amigo para no volver a verlo jamás. Lo que A. J. no sabía es que mientras que él siguió el plan, tomando una ruta distinta a la de su amigo, Ethan volvió sobre sus pasos para enfrentar a Sallow solo, sabiendo que A. J. no tendría oportunidad contra el cazarrecompensas en su estado.

Ethan había perdido a su mujer con el cambio de gobierno, pero tenía un hijo pequeño con vida, que estaba a salvo en Canadá con la familia muggle de Ethan. A. J. cerró los ojos durante un momento, buscando calmarse, mientras pensaba en aquel niño que probablemente jamás volvería a ver su padre. A pesar de que A. J. no sabía toda la verdad sobre lo que ocurrió aquella noche, seguía culpándose a sí mismo por haber aceptado separarse y, sobre todo, por no haber estado en condiciones para luchar. Quizá juntos podrían haber derrotado a Sallow. Pero aquella noche sí que estaba en pleno uso de sus facultades, y pensaba usarlas todas contra ese hijo de puta.

Cuando volvió a abrir los ojos, un poco más sereno, notó como la misma chica ensangrentada que lo había descubierto antes, y a la que había estado observando para asegurarse de que no lo delataba, ahora lo estaba mirando fijamente mientras otra chica, visiblemente borracha, le hablaba sin cesar. La compadeció internamente, él también había tenido que aguantar en alguna ocasión al borracho de turno. Sallow, por otro lado, había agarrado a dos chicas, cada una bajo uno de sus brazos, y se encaminaba hacía lo que parecía un área de reservados.

No le quitas ojo de encima, eh —dijo la chica con una risita que de haber estado sobria habría sonado burlesca, pero que debido al alcohol sonó bastante ridícula. — Lo entiendo, no está mal, aunque para mí gusto esa máscara tan cutre me corta todo el rollo. Sabes, a mi me gusta más ese de ahí tan alto y fuerte, y con ese pelo largo y la barba. Parece de los que te coge y ¡ups, lo siento! —al señalar con la mano hacia el sitio por donde se iba Sallow le dio sin querer a un chico en la mano, haciendo que tirase su cubata al suelo. — Que patosa estoy hoy, jajaja. Anda mira, parece que tu chico también va para allá y menuda cara de funeral lleva. Quizá una de esas es su novia y se la está pegando con el buenorro de la barba, yo no la culpo —se rió con una risa que era más estruendosa que agradable.

Efectivamente, tras esperar unos segundos, A. J. había salido tras los pasos del cazarrecompensas que acababa de entrar en uno de los reservados a los que, evidentemente, él no tenía acceso. Se quedó apoyado en un pilar, a unos metros de la entrada del reservado, pensando en una manera para conseguir deslizar la poción de mareo que tenía guardada en el bolsillo sobre la copa de Sallow, pues no era tan estúpido como para enfrentarse a él sin una pequeña ventaja extra. Quiera vencer fuese como fuese.

Había camareros que entraba y salían de aquella zona con las bandejas llenas de copas y cubiteras con botellas, quizá podría usar la maldición Imperius con alguno de los camareros y así conseguir que le diesen la poción a Sallow.
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Danielle J. Maxwell el Lun Dic 17, 2018 3:19 am

No supe muy bien qué me molestó más, que aquella chica se pusiera a hablarme de mi pelo o que se me pusiese a hablar de los hombres que estaban allí. A ver, ¿esa señorita borracha no se daba cuenta de que yo era una adolescente y los hombres que me estaba señalando eran como veinte mil años más viejos que yo? O el de la máscara cutre o el peludo. No sé cuál era peor. Por ahora no me van los viejetes. De verdad, qué pesada. Si tanto le gusta el señor de la barba, que se acerque a él a ver si le hace caso, que por lo que parecía solo quería llevarse a un par de chicas a algún reservado y poco más.

Por suerte la tipa dejó de hacerme mucho caso cuando le tiró un cubata a un tipo. Pude ver delante de mis ojos como aquella chica y aquel chico se miraban, se reían y tenían una conexión visual que yo pude calificar como AMOR A PRIMERA VISTA. Amor de borrachos, por supuesto. Aquello sería un amor de seis horas en donde tendrían sexo en algún lugar y, en un estado de absoluta decadencia, se dirían adiós y más nunca se reencontrarían. Y si lo hacían sería para volver a repetir el proceso en el mismo estado de alcoholización.

Yo me di cuenta de una cosa: Seward caminó hacia donde se había ido el señor peludo, ergo yo ya tenía clara una cosa: el señor o alguna de las dos chicas eran su objetivo. Y teniendo en cuenta que las chicas parecían dos idiotas más que la tipa que estaba hablando conmigo, me decantaría totalmente por el hombre fornido. Vi al tipo entonces apoyado en una columna, observando de manera muy poco sutil el lugar en donde se habían metido Fornido y compañía. Yo negué con la cabeza, aplaudiendo mentalmente a su discreción inexistente.

Me dispuse a acercarme a él por la espalda después de terminarme la copa, pensando que seguramente que Fornido era su enemigo y que quizás Seward quería algo de él. Lo que no me imaginaba en absoluto es que quisiera matarlo por venganza. Y no me lo imaginaba porque no me imaginaba a nadie con esa máscara tan cutre pudiendo matar a alguien como Fornido en una discoteca de este calibre. Además, ni de lejos me hubiera acercado a él de nuevo si llego a tener la ligera sospecha de que sus intenciones es matar a otra persona. Mira que en muchas ocasiones me planteo si la violencia en un buen método de contingencia, pero el enfrentamiento basado en la venganza nunca me ha parecido un móvil válido. Y hablaba totalmente desde la ignorancia y la inexperiencia pues, por fortuna, nunca he tenido que sentir nada que me haga querer matar a otro alguien por venganza.

Eh, tú, el de la máscara con retraso —le llamé desde la espalda. —¿Por qué no traes un cartel fluorescente que ponga 'soy un fugitivo cazador' en la frente? Quizás sería menos descarado. —Lo dije en voz alta, claro, pero porque la música estaba la hostia de alto—volumen discoteca, básicamente—y a ese volumen solo me escucharía Seward. —Hasta yo me he dado cuenta de que estás siguiendo al tipo que acaba de entrar ahí con esas dos. Los reservados son para gente importante, así que los tienen vigilado. No intentaría hacer nada ahí. —Y vamos, que quizás no se le notaba tanto y yo me daba cuenta porque no le había quitado ojo de encima, pero para mí estaba siendo super descarado.

Le di mi opinión, una opinión que teniendo en cuenta la vida LE IMPORTARÍA UNA MIERDA. ¿Pero sabes qué? Yo era una adolescente que últimamente iba a muchas discotecas y él era un radical buscado por la ley, así que quizás mi perspectiva de la vida era un poquito relevante para su bien. Sólo quizás.

Deberías esperar, tengas en mente lo que tengas —le recomendé. —Espera a que salga y lo pillas fuera de la discoteca. Aquí vas a tener a todo el mundo en tu contra como te pillen.

La verdad es que la idea de que actuase dentro a mí tampoco me gustaba porque si un fugitivo había estado en el interior, todos íbamos a ser interrogados y yo lo había identificado, así que podría meterme en un buen problema. Y como es evidente, yo soy de esas que meten la cabeza bajo tierra cuando se enfrentan a problemas.

Y entonces llegó LA TIPA en un intento de hacer de Celestina, ya que la muy idiota se creía que de verdad me gustaba el viejo de no sé cuántos años de la máscara con retraso mental. Puse los ojos en blanco cuando me rodeó con una de sus manos el hombro, para usar su otra mano para rodear los hombros de Seward. Nos miró como con confidencialidad.

¡Yo sé lo que pasa entre ustedes!

Miré a AJ con los ojos abiertos, ¡por un momento pensé que lo habían descubierto!

¡SE GUSTAN! ¡A MI AMIGA LA RUBIA LE GUSTAN LOS HOMBRES CON MÁSCARAS FEAS!

Y me aparté de la chica, sintiéndome como la ameba que soy en mitad de un estanque de pirañas. ¡La virgen, pero qué necesidad de meterme en este tipo de compromisos!

¡Pero bueno, vete a ligarte a aquel de allí, déjame vivir! —La eché. —¿No ves que es de la época de los dinosaurios? ¡La discoteca le queda joven! ¡Anda, corre, baisss! —Continué, poniéndome roja como un tomate por el simple hecho de que alguien sugiriese ese tipo de cosas. Menos mal que tenía la cara llena de sangre y no se me notaba tanto. La chica se fue ofendida, pero yo me limité a mirar a AJ y señalar en dirección a la idiota. —¡Es una pesada! —Le eché la culpa a ella.
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A. J. Seward el Jue Ene 31, 2019 10:02 pm

Lo último que se esperaba era volver a escuchar aquella voz, sacándolo de sus pensamientos y haciéndolo poner los ojos en blanco antes de girarse para bajar la mirada a la misma niña ensangrentada de antes. A. J. ya se había quedado tranquilo viendo que, tal y como le había dicho antes, no tenía intenciones de delatarlo, pero, ¿por qué diablos volvía si ya le había dejado claro que era una persona non grata?

Eres como un constipado mal curado, ¿lo sabías? —le respondió cruzándose de brazos y mirándola con gesto serio. Al menos ahora tenía ubicado a Sallow y sabía que no había probabilidades de que se fuera de allí pronto, por lo que no lo perdería de nuevo.— ¿Te das cuenta de que eres la única que lo ha notado? —señaló con un gesto de su cabeza hacia la multitud de gente que continuaba con su vida ajenos a lo que ambos estaban hablando.— Y deja de usar la palabra fugitivo, la música está alta pero nunca se sabe quién puede escucharte —gruñó con el ceño fruncido. Manda cojones que le estuviese llamando a él descarado. Lejos de lo que aquella chiquilla molesta pudiese pensar sobre él, lo cierto es que le preocupaba su libertad y preferiría seguir conservándola. — Quizá deberías dejar de seguirme y meterte en tus propios asuntos, esto no es un juego.

Dudaba que la niña molesta de la sangre supiera lo que estaba haciendo, parecía de esas que actuaba primero y luego, ya si eso, pensaba en lo que había hecho. Claro que tampoco parecía que le hubiese dedicado mucho tiempo a pensar en que acercarse a un fugitivo era peligroso porque lo había vuelto a hacer, no porque él le fuese hacer algo sino por lo que implicaba que la viesen con él si lo descubrían. Quizá había visto demasiadas películas y tenía la cabeza llena de pájaros, sea como fuera no dejaba de ser un problema. Un problema muy molesto.

La miró con una ceja enarcada, como si no se creyese lo que le estaba diciendo. ¿De verdad se pensaba que era tan estúpido como para hacer nada allí dentro? Dios.

Puedes estar tranquila, no tengo intención de hacer nada aquí dentro. No sé qué te piensas que tengo en la cabeza pero te garantizo que no soy ni la mitad de inconsciente de lo que tú estás siendo en estos momentos —respondió. A.J. no la conocía, no sabía ni cómo se llamaba, pero no quería cargar en la conciencia con lo que podría pasarle si alguien, igual que había hecho ella antes, llegaba a descubrirlo. Aquel era un riesgo que él había aceptado al ir allí, pero sus planes eran en solitario, no incluían a una adolescente pululando a su alrededor tratando de, ¿ayudarlo? Bueno, lo que fuera que estuviera haciendo.— Solo necesito ponerle algo en la copa y esperaré a que salga, nada más.

No había ido a aquella discoteca a lo loco, había pensado en ello detenidamente antes de hacerlo, tenía un plan y pensaba ceñirse a él. Es cierto que muchas veces pecaba de impulsivo, pero no lo suficiente como para liarla dentro de una discoteca abarrotada de gente. Asumía que podían descubrirlo al exponerse de esa manera, pero una cosa era saber que era una posibilidad y otra ir pidiéndolo a gritos.

Oye, mira… —empezó a decirle, pero entonces la borracha de antes, la que parecía ser amiga suya, volvió a aparecer con aquella voz que, pese al alto volumen de la música, a A.J. le daban ganas de explotarse los tímpanos . Y lo que dijo no mejoró en absoluto la situación, porque el fugitivo pensó exactamente lo mismo que la rubia: que lo había pillado.

Fueron unos segundos tensos. Pudo sentir la mirada de la rubia sobre él. Su cuerpo se tensó más que una cuerda de violín.

No podían importarle menos las sandeces que estaba diciendo la chica borracha, lo único que importaba en aquel momento es que su identidad seguía a salvo. Todavía le costó un poco recuperarse y destensar su cuerpo, le había dado un buen susto.

Escuchó como la rubia echó a la borracha con unas palabras muy poco amables y A.J. no pudo evitar sonreír con ironía. Vaya, vaya, ¿quién es ahora la antipática?, fue lo que pensó el fugitivo recordando lo que ella misma le había dicho a él antes. Ironía que se hizo más grande cuando exclamó indignada que la borracha era una pesada.

A.J. la miró con cara de, ¿en serio, ella es una pesada? Tuvo ganas de reírse pero se contuvo, aunque conservó la sonrisa durante unos momentos más. Debía admitir que la situación había tenido su gracia, excepto cuando pensó que lo habían descubierto o cuando lo había llamado dinosaurio. Que él no era tan viejo, es solo que ella apenas hacía dos días que había dejado de ser un cigoto.

Ahora que volvían a estar solos tenía la oportunidad de seguir con lo que había estado a punto de decirle antes de ser interrumpidos.

Mira… —e hizo una pausa porque había tenido la intención de llamarla por su nombre, pero recordó que no lo sabía. En fin.— No sé cómo te llamas, pero bueno, no importa. Lo que intento decir es que te agradezco que no me hayas delatado. De verdad. Pero esto es peligroso y tú eresuna críamuy joven. No tengo ni idea de qué es lo que pretendes, pero sea lo que sea estoy seguro de que no es buena idea. Deberías volver con tus amigos y olvidar que me has visto.

Estaba claro que ser desagradable no había funcionado, así que optó por ser más amable esta vez. Había sido sincero con sus palabras, realmente estaba agradecido porque no lo fuera a delatar, pero esperaba que esta vez le hiciese caso y se marchase, que entendiese el peligro y volviese con sus amigos. Cuanto antes se fuese ella, antes podría volver él a pensar en cómo ingeniárselas para verter el contenido de la poción en la copa de Sallow.
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Danielle J. Maxwell el Mar Feb 12, 2019 5:12 pm

Nunca nadie antes me había llamado constipado mal curado y eso que me habían llamado muchas cosas malas, pero 'constipado mal curado' era cruel. A nadie le gustaba tener un constipado mal curado. Lo miré con cara de patata idiota porque la verdad es que ese insulto tan ingenioso me cogió con las defensas bajas, ¿cómo narices se supone que te defiendes de eso? Decidí ignorarlo como si hubiese sido un insulto insulso y feo que no merecía contestación.

—Soy la única que lo ha notado porque soy la que menos borracha está, pero hay una mínima probabilidad de que haya algún perdedor que esté menos borracho que yo, ¿sabes? No es que tu cara pase precisamente desapercibida. —Eso podía sonar un poquito mal, así que maticé: —Porque eras famoso, digo.

En realidad yo iba mucho de persona anti-alcohol, pero lo poquito que había bebido se me iba notando. En realidad, ese era uno de los motivos principales de que me hubiese acercado tanto a este señor. Si llego a estar en pleno uso de mis facultades, quizás hubiese actuado de otra manera y no me hubiese tirado de cabeza al peligro. Porque otra cosa no, pero este señor tenía escrito en la frente la palabra 'peligro'. Y sí, bueno, yo estaba siendo un poquito—muy poquito—inconsciente, pero él no se quedaba corto. Eso de declararme a mí la inconsciente de la noche cuando él se ha metido en una discoteca mágica siendo un fugitivo buscando por las autoridades mágicas, es como algo super estúpido. Y luego yo que buenamente le aviso, la inconsciente soy yo.

—¿En serio tu plan es ponerle algo en la copa? —Enarqué una ceja, dudosa por ese plan. —Ánimo. —Y eso sonó con mucha ironía porque su plan no me parecía del todo maestro. Esperaba algo más estratégico en plan Ocean's Eleven viniendo de radicales. Yo es que de radicales sabía poco, solo que como bien me estaba demostrando Seward, eran un poco inconscientes.

Después de la aparición de la tipa idiota, Ajota pareció dejar a un lado su trato hostil y mostrarse amable conmigo. Y la verdad es que todo lo que decía tenía sentido: yo no ganaba nada acercándome a él, más que hacerle de 'tapadera' de que no era un antisocial sospechoso muy pendiente de la zona de reservados. Me dolió que nombrase a mis amigos porque... ¿¡QUÉ AMIGOS!? ¡ESTABA SOLA Y ACABO DE ECHAR A MI ÚNICA AMIGA PORQUE ES UNA PESADA! Pero carraspeé porque una perdedora con clase nunca lo aceptaría sin más en una situación así. Así que me puse seria y me mojé los labios.

—No pretendo nada —le dije claramente. —Estoy de tu lado. No me gustaría que alguno de estos puristas pijos de mierda con aires de grandeza te capture por confiarte. Sé que tendemos a subestimar a nuestros enemigos, pero por mucho que aquí haya 'jóvenes' te digo yo que no pasas tan desapercibidos como crees. —Le hablé de la misma manera: con tranquilidad y amabilidad. Fuera hostilidades. Me acerqué a él para hablarle de manera abierta, con las palabras claras y sin tener que ocultar nada. —Te dejo en paz, pero hay cámaras. No me seas cutre de ponerle algo en la copa porque te van a pillar. —Acabaría de salir del cigoto, pero eso se aprende en primero de Razón Humana.

Me alejé de él de espaldas, dando un par de pasos, para entonces dirigirme a las escaleras y bajarlas hasta el piso de abajo. Si no lo veía no tendría tentaciones de volver a acercarme a él de manera masoquista.


Cuarenta y cinco minutos después

Y tú dirás: qué hace una persona como yo, sin amigos, en una discoteca. Yo tampoco lo entendía. Sin embargo, ese día tuve suerte y me había encontrado a mis compañeros de la universidad de pociones. La verdad es que no es que fuesen las mejores personas con las que una persona como yo puede encajar, pero al menos no eran puristas horribles, ni pijas repelentes... eran personas normales, aunque no fuésemos de esas que encajan muy bien. Así que me uní a ellos y ellos me aceptaron con amor.

La verdad es que era raro: ¿salía mi clase de pociones, no me invitaban y luego nos encontrábamos por ahí? Casi que parecía por puro compromiso, pero estaban todos tan borrachos que me sentí querida de verdad.

Bebí con ellos, bailé con ellos e incluso jugué con ellos mientras me mantenía atenta al WhatsApp a Edward, por si me decía algo. La verdad es que algo me decía que iba a terminar reventado del Caldero Chorreante y no vendría. Sin embargo, no me dio mucho tiempo de decirle nada por WhatsApp, pues cuando lo abrí y una de mis compañeras echaba el ojo en un intento de stalkear mi conversación y meterse en mi vida privada como si fuésemos mejores amigas, fue cuando yo vi salir al tipo al que Ajota estaba persiguiendo. Ignoré por completo a mi compañera, observando como aquel hombre de pelo largo bajaba las escaleras con una sola acompañante que sujetaba por la cintura como un caballero.

Lo vi caminar hasta la puerta, entre la multitud y de hecho me erguí un poco sentada en un taburete para poder ver por encima de todas las cabecitas. Como es evidente, busqué al hombre de la máscara retrasada y lo encontré a una distancia prudencial, sin apartar la mirada de él, persiguiéndolo hacia la salida. Y claro, de manera totalmente inesperada, me puse nerviosa. Y no entendía por qué: ¿por qué narices me pongo nerviosa por algo que no me concierne en absoluto? Pero una cosa estaba clara: allí fuera iba a pasar algo. Y yo estaba en mitad de una incertidumbre... prestar ayuda al fugitivo, avisar al cazarrecompensas, desentenderme totalmente... ¿debería pasar absolutamente de todo o salir al exterior como parecía que me estaba animando mi cuerpo? Y mientras mi compañera me hablaba de un tal Edward que me mandaba WhatsApp, yo tenía la mirada perdida en la puerta de aquella discoteca, ignorándola y pensando sólo en lo que hacer en ese momento.
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