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Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell

A. J. Seward el Lun Nov 12, 2018 5:29 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell - Página 2 DqH6lP6
Discoteca The Hole || Viernes 26 de octubre del 2018 || 23:26 pm ||Mis pintajas



El campo de visión de A. J. estaba repleto de jóvenes, y no tan jóvenes, riendo y pasándoselo bien al ritmo de la música, la mayoría con alguna copa en la mano que les ayudase a desinhibirse y soltarse un poco más. Algunos iban disfrazados mientras que otros habían optado por vestir de manera usual, al fin y al cabo no a todo el mundo le gustaba disfrazarse y aunque aquella fiesta era en honor a Halloween, todavía quedaban cinco días para dicha festividad que aquel año caía entre semana, por lo que no era raro encontrarse con gente disfrazada por los distintos locales de la ciudad, en alguna fiesta pre-Halloween para los que no pudiesen celebrarlo el día treinta y uno.

The Hole era una discoteca para magos y brujas que estaba ubicada en el distrito de Crouch End, no eran tan conocida ni popular como la discoteca Babylon pero seguía siendo una buena opción para disfrutar del ambiente mágico y festivo londinense. La entrada era cuanto menos curiosa, pues estaba ubicada en lo que a simple vista parecía un muro custodiado por una estatua conocida entre los muggles como el espíritu Sprigan, en la famosa vía de ferrocarril abandonada Parkland Walk. Lo que los muggles desconocían era que cuando caía la noche y los magos y brujas se presentaban ante la susodicha estatua con la varita en mano, ésta cobraba vida, haciendo que el muro se abriese y dándoles entrada a la famosa discoteca.

¿Qué hacía A. J. en un lugar como aquel? Disfrutar, desde luego, no. Sabía que corría un gran peligro al acudir a un lugar como aquel siendo un fugitivo buscado por el gobierno y con una cuantiosa cifra a cambio de su cabeza, pero no se habría arriesgado si el motivo no fuera importante para él. Llevaba ya media hora en aquel lugar, dando vueltas con una cerveza sin alcohol en la mano, buscando al hijo de puta de Jem Sallow, un cazarecompensas culpable de la muerte y encarcelamiento de muchos de sus compañeros y de un amigo en particular.

Ethan y A. J. se habían conocido al poco tiempo de llegar el primero a los radicales, no se habían caído bien de manera inmediata pero con el tiempo consiguieron formar un buen equipo y una sólida amistad. Siendo un fugitivo, y radical además, A. J. sabía que ni él ni ninguno de sus compañeros y compañeras estarían a salvo hasta que el gobierno cayese, pero cuando cogieron a Ethan él estaba presente y eso lo hizo personal.

Jem Sallow no jugaba limpio, lo cual no era una sorpresa tratándose de un cazarrecompensas, pero debía de admitir que era bueno. Ni Ethan ni A. J. se dieron cuenta de que los estaba siguiendo, esperando descubrir una presa mayor: el refugio de los radicales. Afortunadamente se dieron cuenta antes de que fuese demasiado tarde, pero mientras trataban de despistarlo Ethan y A. J. se separaron y el primero jamás volvió. No hacía falta ser adivino para saber que en el mejor de los casos estaría muerto.

Sus pasos lo llevaron hasta el segundo piso de la discoteca, que hacía una especie de U sobre la planta inferior, dándole una vista perfecta de la pista de baile desde la barandilla sobre la que se apoyó. Llevaba la capucha bien puesta, tapándole prácticamente los ojos pero sin obstaculizarle demasiado la vista, más allá de que a él no le gustasen esos rollos de disfrazarse tampoco tenía dinero como para malgastarlo en máscaras o chorradas por el estilo.

Estaba empezando a impacientarse y se notaba en la fuerza que estaba ejerciendo sobre el botellín en su mano derecha, pero sabía que aparecería tarde o temprano. Lo había estado siguiendo y sabía que le gustaban más las faldas y la fiesta que a un tonto un lápiz, pero además le habían dado un soplo que parecía de fiar. Sí, aparecería, estaba seguro. Tenía que aparecer.


Jem Sallow:
Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell - Página 2 Cab2033f311e182ba7eaa1f334ab06e8
Estatua Sprigan:
Rather be the hunter than the prey — Danny Maxwell - Página 2 Lugares-curiosos-y-desconocidos-para-visitar-Londres


Última edición por A. J. Seward el Jue Mayo 02, 2019 7:33 pm, editado 1 vez
A. J. Seward
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Danielle J. Maxwell el Lun Jun 03, 2019 12:41 am

Ya sabía que la varita era un arma infalible contra violadores o borrachos, o incluso asesinos—aunque las pistolas siempre me han dado respeto igualmente—pero eso no quitaba que diese miedo estar en mitad de un callejón y que un violador estuviese ahí esperando para atacarte. ¿Y si era un violador mágico? ¡Ahí la varita no era tan importante! Además, siempre me ponía a pensar que con lo torpe que yo era, no sería complicado que si alguien de ese estilo se me acerca para hacerme daño, seguro que tiene la suerte de que me quita la varita de un golpe y yo me convierto en una ameba inútil. Porque yo soy muy inútil de normal, pero como me quites la varita mi inutilidad roza límites estratosféricos.

—No, a ver. —Fruncí el ceño y lo miré, moviendo la mano como si estuviese a punto de explicarle mi estrategia infalible. —Aún estoy haciéndome a esto de las estrategias infalibles. Sólo quería llegar de un lado a otro, pero no sabía qué clase de personas serías y me asusté, ¿vale? Deja de meterte conmigo, señor que va a una fiesta de disfraces sin disfraz siendo un radical desconocido. —Me metí entonces con él, moviendo mi cabeza cual negra del Bronx que acaba de hacer un contraataque propio de una ganadora.

Pero a ver, que tampoco era plan de ponerse ahí a tener una conversación susurrante, pues allí habían dos cosas más importantes: Townsend y el hecho de que él pertenecía a una organización radical con ideas muy diferentes a la Orden del Fénix. Y yo ya sabía que iba a haber ahí confrontación de intereses.

—Me ofende que pienses que la Orden del Fénix no confía en mí para una misión en solitario como esta. —En realidad no me ofendía en lo más mínimo, pero él era tan soberbio que el hecho de que lo dijera él pues sí me ofendía. Pero tal y cómo él no me contestó a la pregunta, yo tampoco lo hice. —Técnicamente la Orden del Fénix se conformó antes que vosotros, por lo que sois vosotros los que vinieron luego a molestar pensando que vuestras decisiones son mejores que las del resto. Y al final os habéis convertido en asesinos. Definitivamente sois mucho mejores que los que están ahora en el poder, ¿no? —Me crucé de brazos.

En realidad en muchas ocasiones yo creía que las decisiones que tomaban los radicales eran buenas, si en dichas decisiones no perdiesen la cabeza en destrozarlo todo o actuar con una violencia descontrolada. Yo seguía pensando que la violencia era mala y no la apoyaba—en realidad me daba miedo la violencia, lo admito—pero muchas cosas de las que hacían los radicales me parecían más acertadas que la 'pasividad' con la que se lo tomaba la Orden del Fénix. ¿Pero admitirlo delante de un radical como Ajota Seward? No, eso no.

—Claro que me han contado a lo que se dedica esa rata. —Se dedicaba a hacerse pasar por un aliado de los nuestros y luego vender esa información al Ministerio, ¿no? Joder, la verdad es que quedaría fatal si me he equivocado, pero estaba noventa y ocho por ciento segura. —¿Has llegado primero? ¿Qué esto, una recreativa y nos peleamos para ver quién juega al comecocos? ¿Qué tienes, doce años? —Me metí con él, sin poder evitar sonreír. —No me pienso ir a ningún lado y tampoco voy a dejar que mates a Townsend. ¿Te crees que matando a este subnormal vas a evitar que salgan más idiotas de debajo de las piedras? Él será un imbécil que ha hecho mucho daño, pero matarlo no va a hacer que tú dejes de ser buscado o que McDowell se muera.

Me hacía mucha gracia estar hablando de esa manera tan 'intensa' de manera susurrante porque básicamente estábamos al lado de la dichosa casa de Townsend. Sólo imagináos a Alphonse en la ventana más cercana con el oído puesto escuchándonos discutir como dos subnormales.

—Nosotros... —Ya le había dicho que iba, como mínimo, con otra persona. —Tenemos el objetivo no sólo de desvincularlo por completo con el mundo fugitivo, sino de utilizarlo a nuestro favor. Ha venido conmigo un legeremante y la idea es que crea que no tiene nada que ver con nosotros, pero vamos a sacarle información del enemigo y si vemos que es una persona de la que podríamos sacar más, utilizarlo en el futuro como una fuente sin que él lo sepa. —Le conté nuestra estrategia, en secreto, es decir, en voz baja. En realidad no sabía si era buena idea haberle dicho todo eso, no confiaba en él pero... se la conté solo para poder decir lo siguiente: —¿Crees que tu estúpida idea de hacerle unas preguntitas y luego matarlo será mejor? Trágate el orgullo y admite que no, como no era buena idea ir a por aquel tipo a la discoteca.
Danielle J. Maxwell
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Danielle J. MaxwellMagos y brujas

A. J. Seward el Lun Jun 10, 2019 11:07 pm

Alzó ambas manos, señalando una tregua, cuando Danielle sacó a relucir el episodio de la discoteca. AJ sabía que aquel no había sido su momento más brillante, se había dejado llevar por las ansias de venganza y no le había salido bien el tiro, y también sabía que sería inútil decirle que lo olvidase ya que seguramente debió de ser uno de los pocos momentos en su vida en los que tuvo razón. Debía ser una novedad para ella.

Podría haber seguido metiéndose con Danielle indefinidamente, se lo ponía demasiado fácil. Además, en lo que ya parecía otra vida, AJ había sido el mayor de tres hermanos, por lo que acumulaba una sobrada experiencia en incordiar a personas pequeñas y molestas. Pero no era el momento ni el lugar, sin contar con que sabía que la discusión que estaba a punto de comenzar le quitaría las ya de por sí pocas ganas que solía tener de bromear.

Se encogió de hombros ante la aparente ofensa que le había causado con su insinuación.

Mejores que las vuestras, desde luego —afirmó sin dudar.— Dime, ¿de verdad piensas que vuestra manera de hacer las cosas es la correcta, que os está dando resultados? Porque hace ya más de dos años que empezó esta locura y los mortífagos no están ni un poquito más cerca de caer, los muertos siguen aumentando y vosotros parece que estéis esperando a que se produzca un puto milagro —en lo personal AJ era incapaz de considerarse mejor que nadie, pero no estaban hablando a título personal sino de las organizaciones a las que pertenecían, y le tocó los cojones que los comparase con los mortífagos.— No somos unos santos, pero si preguntas a cualquiera de los fugitivos que hay en nuestro refugio todos preferirían seguir con sus familias y no haber tenido que matar nunca. Si tanto os molestamos quizá deberíais haber hecho más y así nosotros no tendríamos razón de existir.

De normal AJ no entraba al trapo con los debates moralistas que defendían a capa y espada los miembros de la Orden del Fénix, como Danielle, que los juzgaban por estar dispuestos a mancharse las manos. Pero en aquella ocasión las palabras de la joven le causaron una profunda molestia que no fue capaz de acallar, sobre todo porque hablaba desde una posición bastante cómoda al no tener su rostro estampado en un cártel de “Se Busca”.

Desvió la vista hacia la negrura, respirando hondo, en un intento de recuperar la compostura. En realidad no era todo culpa de las palabras de Danielle, también influía el hecho de que AJ tenía una vena irascible que a veces no podía controlar, aunque se esforzaba por hacerlo. No eran pocas las veces que sentía que estaba al filo de la navaja con sus emociones, su parte racional, el AJ que alguna vez fuera, versus la bestia en la que lo habían convertido.

Eh, un poco de respeto, que apenas levantas un palmo del suelo —le devolvió la pulla, mirándola desde su metro ochenta y tres. Vamos, que lo acusase de inmaduro alguien que acababa de pasar la pubertad hace apenas dos días, tenía tela la cosa.— Solo estaba intentando hablar tu idioma, a ver si así nos entendíamos mejor.  

Suspiró, presionándose el puente de la nariz entre sus dedos pulgar e índice. Como esto siguiese así iba a acabar con un dolor de cabeza épico.

Ya sé que que matarlo no hará nada de eso —de hecho, aunque McDowell muriese las cosas seguirían igual, solamente tendrían que poner a otro en su puesto y listo.— Pero es lo mínimo que se merece después de todas las vidas que ha destrozado —para AJ era tan simple como eso. Townsend se merecía la misma consideración que él había tenido con todos los fugitivos que había entregado: ninguna. Puede que matarlo no solucionase nada, pero se aseguraban que jamás volvería a hacer de las suyas.

Escuchó el plan que tenían Danielle y quien fuera que fuese su acompañante y no pudo evitar negar con la cabeza a la vez que soltaba una breve, seca y nada divertida risa. Todo a volumen mínimo, como el resto de la conversación que estaban teniendo, porque estando donde estaban no podían darse el lujo de elevar el tono. Debía ser bastante cómico visto desde fuera.  

—  Vamos a ver, queréis meteros en su mente para sacarle información, alejarlo de los fugitivos y mantenerlo con vida por si os puede servir en un futuro facilitándoos más información. Y si decidís que no os puede ser de utilidad en el futuro, ¿entonces qué? ¿Lo dejaréis ir sin ningún tipo de castigo por lo que ha hecho? —cuestionó con una mirada de desaprobación.— ¿Y qué vais a hacer si resulta ser oclumante? —no era una posibilidad tan descabellada teniendo en cuenta la información que manejaba.— No pienso tragarme nada —contestó despacio y con una paciencia que hasta a él lo sorprendió.— De hecho, si pensases un poco antes de hablar te darías cuenta que lo que queremos no es tan distinto. Vosotros queréis información y yo también, lo único que cambia son los métodos por los que pensamos obtenerla —él no era legeremante y había dicho “hacerle unas preguntas” porque sonaba menos bestia que los métodos que usaba para sacar información.— Queréis alejarlo de los fugitivos y yo también, aunque a mi manera sería mucho más eficaz y  permanente —se encogió de hombros.— Además, para conseguir información útil de Townsend en un futuro necesitaréis que siga con sus trapicheos o de lo contrario no tendrá nada que ofreceros, lo que es arriesgado y estúpido pudiendo acabar con el problema de raíz.

AJ sabía que estaba en un callejón sin salida, no iba a conseguir hacerla cambiar de opinión y en el poco probable caso de conseguirlo todavía quedaba el sujeto que la acompañaba. Barajaba las distintas posibilidades que tenía en su cabeza, de ser otra persona la que tuviera en frente ya habría atacado, pero prefería evitarlo de ser posible. Y entonces tuvo una idea.

A ver qué te parece esto. Ambos queremos la información de Townsend, podríamos colaborar para conseguirla y a partir de ahí ya veremos hacia dónde vamos. Estoy dispuesto a dialogar —ofreció. En parte no mentía, estaba dispuesto a unir fuerzas para conseguir la información, pero luego acabaría con Townsend, le daba igual el ridículo plan de dejarlo con vida por si acaso era útil en el futuro. El único futuro seguro para los fugitivos era que la gente como Townsend desapareciese.— Ninguno podemos irnos con las manos vacías, así que vamos a evitar que esto acabe en un enfrentamiento. Habla con quien sea que hayas venido y pensadlo, yo creo que no es un mal acuerdo teniendo en cuenta las circunstancias. El enemigo es Townsend, deberíamos centrarnos en eso.

Si convencía a Danielle, ella convencería a su acompañante, y él estaría un paso más cerca de su objetivo.
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Danielle J. Maxwell el Jue Jun 13, 2019 12:00 am

¿Este hombre se escucharía a sí mismo cuando hablaba? Mira que en muchas ocasiones podría apostar por los métodos radicales en vez de por los de la Orden del Fénix, pero lo que no podía era justificarme el hecho de ‘muchos preferirían seguir con sus familias antes que haber matado’. Había una gran diferencia entre matar por defensa propia y asesinar y, por mucho que los radicales quisieran justificarse, no solo mataban en defensa propia, por lo que eran tan asesinos como los mortifagos.

—Tío, un puto milagro no —le respondí, con el ceño fruncido. —La Orden del Fénix ha estado ahí desde el minuto uno en el que ocurrió toda esta mierda, ¿sabes la cantidad de gente que tiene en su interior ese refugio? ¿Sabes todo lo que hay que hacer para que todos tengan una cama en donde dormir y comida en la mesa todos los días? Dumbledore ha primado la seguridad de todos, el poder darles un vida, por mierda que sea, antes que recuperar un poder que no podrían retener por más de cinco minutos. —En verdad es que yo estaba con el corazón dividido, pues entendía perfectamente las cosas que hacía la Orden del Fénix, aunque en ciertas ocasiones me hubiera gustado hacer ciertas cosas de otras maneras. —La gran mayoría de nuestro ‘ejército’ o como quieras llamarlo son civiles que no saben utilizar una varita de manera defensiva. ¿Ves la diferencia, no? Vuestro grupo se creó de la necesidad de desatar la rabia de la venganza porque la Orden del Fénix os frenaba los pies, porque todo el mundo sabe que la venganza nunca es buena.

Hmmm… ¿que estaba utilizando las palabras de mi abuela para defender la Orden del Fénix? Pues sí, estaba utilizando las palabras de mi abuela, porque ya te digo yo que yo tan sabia no era. Eso sí, opinaba igual que mi abuela, con la excepción de que mi abuela—bien por orgullo o por el amor que le profesaba a Dumbledore—jamás aceptaría nada que hicieran los radicales como algo bueno.

—No le echéis al culpa a la Orden del Fénix y su manera comedida de ser de todas vuestras decisiones. Quién es malo: es malo. —Me crucé de brazos.

Tampoco me gustó lo siguiente que dijo: “morir es lo mínimo que se merece.” En serio, éramos un mundo dividido. Dividido por nuestras creencias; un puto mundo dividido y temeroso. ¿Que se lo merecía? ¡Pues claro que se lo merecía, me cago en diez! ¡Ese tío se merecía morir! ¿Pero qué narices conseguíamos comportándonos como ellos?

—Tío… —Iba a reprocharle, ¿pero de qué serviría? —Hay que romper el círculo de odio, o no vamos a conseguir nada.

Entonces le conté nuestro plan, pues estaba siendo una persona cooperativa. Sabía que él no sería cooperativo, pero quería hacerle ver que nuestro plan indudablemente sería mucho mejor que el suyo, pero él al parecer tenías muchas pegas. Cuando empezó a hablar, me hirvió un poco la sangre.

—¿Pero tú quién te crees que eres para castigar a nadie, Ajota? ¿Te recuerdo que fuiste jugador de quidditch? ¿Allí te enseñaron de leyes o de justicia? —Le pregunté, con el ceño fruncido. —Y si es oclumante nos lo llevamos al refugio de la Orden del Fénix y hacemos lo que haga falta.

Y ya cuando me dijo que si ‘pensase’ antes de hablar… ¿¡Está sugiriendo que yo acaso no pienso!? ¡Arggg! Mira que pensé que Maverick se ganaría el premio a persona más insoportable pero indudablemente Ajota se lo gana. Pero vamos, de lejos. Y ya cuando sugirió que nuestro plan era arriesgado y estúpido, negué con la cabeza varias veces.

—No es eso, caraqueso. —Quería insultarle de manera más grave pero soy una persona y no voy por ahí llamando estúpido ni “no-piensas” a nadie. —La idea es que no siga con sus trapicheos, sino sacar nosotros información de él y de sus contactos. A partir de aquí no pondrá a ningún otro fugitivo en peligro porque es lo que hemos venido a evitar. —Pero entonces pareció que a Ajota le llegó la lógica que le faltaba, ofreciéndome a colaborar con él. Yo no era tonta, ¿vale? Era cierto que no era la mujer más avispada del mundo, pero sabía perfectamente que fiarse no era una opción. —A dialogar, ergo ni se te ocurra matarlo. —Lo señalé. —Vamos a cooperar para sacarle información y dialogaremos qué hacer con él después de eso. Confío en que Viktor te haga cambiar de opinión.

Porque yo no iba a permitir que lo matase porque tenía unos ideales que quería proteger. O eso creía, al menos.

—Espera aquí mientras continúas haciendo lo que sea que estabas haciendo. —Y me fui por donde había venido.


***

Unos diez minutos después—pues me costó encontrar a Viktor—ambos nos metimos por aquel callejón, llegando a donde AJ. Por un momento pensé que se metería él solo y mataría a Townsend sin conseguir ningún tipo de información con tal de no tener que vérselas con nosotros, pero se había portado bien y allí seguía.

—Ajota. —Saludó Viktor al famoso ex-jugador de quidditch. Viktor tenía gran acento ruso, marcando bien las erres. —Me llamo Viktor Lébedev. Antaño te hubiera pedido un autógrafo, ahora creo que es más lógico pedir una cooperación justa. —Y tras hacer una pausa, miró a la casa. —He visto que por la otra parte hay una luz encendida en el segundo piso. Es la única encendida por lo que será su habitación o su despacho. Si has deshecho las protecciones podríamos entrar sin problemas mediante magia, aunque optaría por crear nuestras propias barreras para encerrarle en su propia carta y tener cierta ventaja. —Entonces cogió aire, mirando a Ajota. —¿Tú venías con algún plan para entrar?

Se le notaba abierto a cooperar, sin poner pegas ni tonterías. Ya cuando hubiera que discutir, se discutiría, mientras tanto no aportaba nada una actitud defensiva y distante.
Danielle J. Maxwell
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Danielle J. MaxwellMagos y brujas

A. J. Seward el Vie Jun 21, 2019 6:55 pm

Cuando había conocido a Danielle le había parecido igual de molesta que un mosquito rondándote la oreja cuando intentas dormir, pero definitivamente estaba alcanzando límites insospechados cuando empezó a recitar ese discurso que seguramente habría escuchado tantas veces en la Orden del Fénix. No iban a ponerse de acuerdo, pero a pesar de lo insoportable que le pudiese estar resultando la actitud de Danielle en ese momento, lo cierto era que no le echaba la culpa a la joven. La culpa era suya por haber entrado al trapo sabiendo de la superioridad moral de la cual alardeaban los miembros de la Orden aun cuando, en realidad, no eran más que unos inútiles.

Otra manera de verlo era que la Orden había estado ahí desde el minuto uno en que ocurrió toda esa mierda y aun así no habían hecho nada útil para cambiar las tornas. Había otros muchos modos de ver todo lo que ella estaba diciendo, como el atreverse a asegurar que de haber recuperado el poder no podrían haberlo mantenido ni por cinco minutos. Eso era pura demagogia. ¿Acaso cuando los mortífagos habían dado aquel golpe de estado la sociedad mágica daba un duro porque todo aquello fuese duradero? Él mismo pensó que toda aquella locura no duraría más que un par de semanas como máximo, y mira donde estaban dos años después.

Yo no critico todo lo que hace la Orden dándole refugio a los fugitivos, me parece encomiable —aseguró.—  Pero si, tal y como dices, esa es vuestra prioridad deberíais centraros en ella y dejarnos a nosotros hacer nuestro trabajo. Lo único que hacéis al entorpecernos es ayudar al gobierno.

Sentenció.

AJ se preguntó qué sabría Danielle de venganza para afirmar con tal seguridad que no traía nada bueno. Probablemente nada.

¿Manera comedida? Eso es un eufemismo —y uno de los gordos, añadió mentalmente. La pasividad de la Orden era más desesperante que ir caminando por la calle y tener delante a alguien que va a paso de tortuga y no te deja avanzar. — Yo no he dicho que seamos buenos, y yo menos que nadie. Pero nosotros no habríamos matado nunca a nadie por el mero hecho de considerar que sus orígenes son “sucios”. No te atrevas a meternos en el mismo saco, porque no.

Romper el círculo de odio… eso era fácil de decir cuando no es a ti al que están sometiendo a juicios de moral a cada paso que das.

No lo pudo evitar, de verdad que no. Se había estado conteniendo para no enfrascarse en un debate mucho peor del que estaban teniendo, y le había costado mucho esfuerzo no contestarle a la sarta de tonterías que le había soltado momentos antes. Pero de verdad que en ese momento fue incapaz de morderse la lengua.

¿Qué quién me creo que soy para castigar a nadie? —por un momento un atisbo de la bestia que habitaba en su interior salió a flote.— Ese desgraciado, y otros como él, han condenado a la muerte y sufrimiento a muchas personas, han destrozado familias… Familias como la mía. Puede que no estudiara leyes, pero te aseguro que justicia no es dejarlos ir para que sigan teniendo una vida como vosotros queréis hacer. Te aseguro que si ese de ahí dentro —señaló a la casa donde se escondía Townsend— fuera el que mató a mi madre y quemó vivo a mi padre, el que se llevó a mis hermanos delante de mis narices para torturarlos en el Área-M, la muerte sería lo único que encontraría justo para él. Lo que no es justo es que ellos sigan viviendo cuando mi familia no puede —AJ creía firmemente todas y cada una de las palabras que estaba diciendo. Se había dejado llevar por las emociones y se arrepintió enseguida de haberlo hecho. Pero lo dicho, dicho estaba.— No se merecen ningún tipo de perdón, y puede que nosotros tampoco, pero eso será algo con lo que lidiaremos cuando todo esto acabe —dijo ya más calmado.— Y ya que vosotros no estáis dispuestos a hacerlo, lo haremos nosotros.

Durante unos momentos esquivó la mirada de Danielle, sintiéndose incómodo tras hablar de algo tan doloroso y personal como lo que le pasó a su familia. Aquel tema, junto al de su licantropía, era temas de los que se sentía incapaz de hablar normalmente. Demasiado dolorosos. Pero el tono y los reproches de Danielle lo habían sacado de sus casillas de tal manera que había acabado hablando con una desgarradora sinceridad.

Reconocía que, después de un momento tan tenso como el que acababa de suceder, el escucharla llamarle caraqueso consiguió que esbozase lo que podría considerarse como un intento de sonrisa. Incluso se relajó un poco.

Estaba harto de discutir y no quería volver a perder los estribos, sabía que no llegarían a ningún acuerdo, por lo que acabó soltando un suspiro y asintiendo.

Ese tal Viktor tendrá que ser realmente elocuente —contestó a la esperanza de Danielle de que AJ cambiase de opinión. Eso no iba a pasar, pero dejaría que creyeran que estaba dispuesto a valorar la opción.

Cuando la rubia se fue AJ aprovechó para respirar hondamente, apreciando la repentina tranquilidad que había dejado a su paso.

▲▼▲

Como si lo hubiesen ensayado, AJ terminó de derribar las barreras mágicas justo cuando Danielle y el tal Viktor aparecieron.

El radical correspondió al saludo con un simple gesto de asentimiento. No dijo nada sobre el comentario del autógrafo, pero prestó atención a todo lo demás. Durantes unos segundos se dedicó a evaluarlo, su actitud, su pose, sus palabras y el tono que empleaba… Finalmente se animó a contestar, a pesar del recelo que sentía.

He quitado todas las protecciones —afirmó.— Ya había pensado en levantar barreras propias, una anti-aparición es la más necesaria. Mi plan era entrar sin llamar la atención —simple, pero eficaz.— Si la única luz es la del segundo piso deberíais conjuraros un Nocte Visionem, yo ya lo he hecho. Usar el encantamiento Lumus no es una opción, podría delatarnos, y un Muta Silentia también es necesario, no hay que hacer ningún ruido —dijo esto mirando de reojo a Danielle, imaginándosela tropezando con un paragüero y armando un follón.— Quería pillarlo desprevenido para que no tuviera opción de defenderse, atacar por sorpresa y por la espalda es sucio, pero efectivo. ¿Qué decís vosotros?

Por lo pronto lo primordial antes de entrar en la casa era conjurar las barreras que les dieran cierta seguridad mientras estaban dentro. En eso, al menos, estaban de acuerdo.

Pero lo primero son las barreras —expuso sus pensamientos, alzando después la varita para empezar.
A. J. Seward
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Danielle J. Maxwell el Sáb Jun 22, 2019 2:46 am

En este momento tenía ganas de tener un peluche con el pelo largo y barba cutre para poder estrujarlo en el nombre de A. J. Seward porque… ¡arggg, me estaba sacando de quicio! La verdad es que esta discusión… era LA TÍPICA discusión sin ningún buen puerto en la que se enfrascaban un fugitivo radical y alguien que perteneciese a la Orden del Fénix. O que al menos simpatizase con la Orden del Fénix.

Y me di cuenta de que era una discusión estúpida cuando de repente empezó a decir cosas que me estaban dejando sin palabras pero, que a su vez, yo no compartía. Era ese momento de… “joder, no me he cansado de discutir, pero es que somos los dos gilipollas con mentalidades claramente opuestas, ¿qué cojones hacemos?” Que ojo, discutir a veces era divertido, pero cuando empezabas a sacar tu vena irascible, a sentir como la vena del cuello se hincha y como empiezas a tener sentimientos de querer torturar a un peluche por lo que te dice el otro, es el momento de dejar de discutir. Eso ya no era divertido.

Con total honestidad también tenía que decir que no me veía en el mismo nivel moral ni serio que AJ, por lo que cuando acogió esa actitud muchísimo más seria y rabiosa, directamente me intimidó. Y al intimidarme me hizo verle con otros ojos… en el sentido de que dejé, por un momento, de pensar como una aspirante de la Orden del Fénix, para simplemente pensar como una persona humana que empatizaba con otra que ha sufrido mucho. Había notado mucho la rabia en su voz y… si aquello que le había dicho era verdad, ¿de verdad quién era yo para decirle a él lo que tenía que hacer o cómo actuar?

¿Por qué era todo tan difícil? ¿No podía haber UNA manera correcta de hacer las cosas y ya está? Si bien AJ esquivó mi mirada, yo también la aparté hacia otro lado, incómoda.

Al final solo pude decirle las cosas lo más claras que se me vinieron a la mente y me fui de allí con un sentimiento extraño y feo en mi interior. No me gustaba nada de nada que me hicieran cuestionarme lo que creo, ¿pero sabes qué era peor todavía? El hecho de que yo nunca estaba segura con mis convicciones porque… ¿cómo iba a estarlo con todo lo que ocurría día tras día? Era imposible ser justa después de todo lo que había pasado. Siendo justos con unos, estabas siendo injustos con otros.


***

Puse cara de ser perfectamente CAPAZ de, por ejemplo, no tropezarme con un paragüero y armando un follón inconsciente, dejando a los ‘mayores’ hablar. Yo me adaptaría, pero de repente sentía que sobraba de manera descomunal. Iba como apoyo a Viktor, pero claramente AJ era una persona mucho más preparada que yo, con la única pega de que quería matar a todo lo que se movía y que podía sacar tu peor versión en tres minutos.

Aunque… bueno, ahora no podía ser demasiado objetiva después de escucharle hablar sobre lo que le pasó a su familia. ¿Quién no iba a ser así, después de eso?


Unos diez minutos después, ya estábamos en mitad de la misión. Todos habíamos sido encantados con visión nocturna, así como con un hechizo para no hacer ruido con tus pasos. Habíamos entrado por las ventanas del salón, cuya luz estaba pagada. Con un ligero hechizo, las ventanas cedieron por sí solas y entramos sin hacer ningún ruido.

La casa era bastante grande, pero estaba cargadísima de muebles por todos lados, así como objetos y decoraciones. Estaba muy bien organizada, pero demasiado llena de cosas. Yo caminaba la última con la varita en alto y no pude dejar pasar un unicornio de cristal que había en una de las cómodas del pasillo.

Viktor iba el primero, en dirección al segundo piso, en donde la luz estaba encendida.

La entrada fue rápida y sin que hubiese manera de que el tipo pudiese reaccionar a tiempo. De un hechizo la puerta se abrió de par en par y Viktor entró con la varita en alto, dando una gran zancada al interior. Yo entré detrás de él, posicionándome a un lado de la habitación también con la varita en su dirección.

Townsend estaba leyendo un libro mientras se fumaba un puro y sólo pudo alzar ambas manos mientras el puro se le caía al suelo, mirando a los tres enemigos con los ojos como platos.


Fui yo la encargada de atar a Townsend a su silla y guardar su varita mientras AJ y Viktor llegaban a un punto en común.

—Soy legeremante —le informó, pese a que yo ya se lo había chivado antes. —Que quede claro que no estoy desestimando tus prácticas para sacar información, pero la mente de ese tío no nos va a soltar ninguna mentira.

Mientras tanto, Townsend me miraba a mí, el eslabón débil.

—Tú no eres una fugitiva… ni él tampoco… —Susurraba, mirando a Viktor. —¿Sabes lo que os va a pasar? Voy a asegurarme de que los dos terminéis siendo la comida de las criaturas del Área-M. Asquerosos y despreciables traidores. —Y escupió en mi dirección, cayéndome en la ropa.
Danielle J. Maxwell
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A. J. Seward el Lun Jul 08, 2019 6:31 pm

Entraron en la casa tal y como él había propuesto, en silencio y ayudado de un par de hechizos que hicieron la tarea mucho más sencilla. De momento llegar a un acuerdo había sido sencillo, pero AJ sabía que lo difícil llegaría una vez tuvieran lo que querían de Townsend y tuvieran que discutir qué hacían con él. Pero eso era adelantar acontecimientos, y lo que primaba en ese momento era pillarlo desprevenido.

Viktor fue el encargado de abrir una de las ventanas, por lo que entró primero, seguido por el propio AJ y con Danielle a la cola.

El fugitivo estaba esperando que en cualquier momento Danielle chocase contra algo, alertando así de su presencia a Townsend y echando a perder el elemento sorpresa. Pero no pasó, lo cual fue una grata sorpresa para el ex jugador de Quidditch, que quizá debía de empezar a concederle más crédito a la joven.

Alphonse Townsend estaba sentado, leyendo un libro y fumándose un puro, con la confianza y tranquilidad que caracteriza al que se cree a salvo de cualquier peligro. Por eso AJ no era muy dado a confiarse, porque la confianza era peligrosa y hacía que bajases la guardia, dando la oportunidad a posibles enemigos de acabar contigo.

Fue casi cómico ver la cara que puso al verlos allí y como el puro cayó al suelo , pero ninguno había ido allí a echarse unas risas.

Danielle se encargó de inmovilizarlo atándolo a la silla, mientras él y Viktor intercambiaban unas palabras sobre cómo proceder con el interrogatorio. Asintió cuando Lébedev le dijo que era legeremante, como si fuese la primera vez lo que escuchaba, pues tampoco quería poner a Danielle en un compromiso, y sonrió fugazmente cuando hizo referencia a su prácticas para sacar información. Le hizo gracia la precaución con la que parecía hablar Viktor, como si no quisiera ofenderle.

Está bien, no soy estúpido, sé que la mejor manera de obtener la información es dejarte hacerlo a ti, así que adelante. Mientras consigamos lo que queremos no tengo objeción ninguna a que lo hagas a tú manera —dijo, estando conforme con dejar que Viktor se metiese en la mente de Townsend.

Viktor y él no se habían alejado mucho mientras Danielle ataba a Townsend, por si acaso éste intentaba algo, por lo que fueron capaces de escuchar sus amenazas y sus ojos no obviaron el detalle de que había escupido sobre Danielle.

La cara de AJ era seria, miraba a Townsend con frialdad y, paso a paso, terminó eliminando la distancia que lo separaba del mercenario mientras le hablaba.

Apuesto a que a mi si que me conoces, ¿verdad? Yo si soy fugitivo —dijo como si no fuera obvio, y por si fuera poco, también era reconocido como radical, ya que siempre luchaba a cara descubierta. Sus palabras ocultaban una amenaza que, a juzgar por la expresión de Townsend, captó sin problemas.

Bajo la atenta mirada de Danielle y Viktor, que sabía que cuestionaban sus métodos y no los compartían, AJ le dio un puñetazo a Alphonse que hizo que cayese al suelo, con silla incluida. Él también se había hecho daño en el puño, pero era un dolor familiar, y cuando lo levantó para volver a dejarlo en la misma posición que antes, observó que le había roto la nariz.

¡Hijo de perra! ¡Me has roto la nariz! ¡Os encerraran a todos por esto! —se quejó el mercenario, que sangraba y lo mataba con la mirada, incapaz de hacerlo de otra manera.

Sí, sí, supéralo —apoyó sus manos en los brazos de la silla, acercando su cara a la de Townsend para poder verlo de cerca.— Éstos dos traidores, como tú los llamas, son los que evitan que yo te dé tu merecido, así que harías bien en mostrar un poco de gratitud —sus ojos azules lo miraban con la misma frialdad con la que hablaba. Y fiel al ojo por ojo, AJ escupió sobre Townsend, pero en vez de sobre su ropa, sobre su rostro.— Ahora haznos un favor a todos y colabora con él —dijo refiriéndose a Viktor.— Todo tuyo.

Se apartó de Alphonse, para dejarle a Lébedev hacer sus truquitos mentales y le dio una mirada que le decía que él no se metería más, a no ser que fuera necesario. Ahora era Viktor quien tenía la voz cantante y él se dedicó a acercarse al escritorio de Townsend, buscando entre los papeles, carpetas y libros que allí había, cualquier información que pudiera ser útil.

Ey —llamó a Danielle, haciéndole un gesto para que se acercase hasta el escritorio.— ¿Todo bien? —preguntó sin dejar de rebuscar entre los libros, pero prestándole atención. Para él la amenaza de Townsend hacia ella y Viktor no habían sido más que palabras vacías, pues no estaba en posición de amenazar a nadie, pero por muy hosco que pudiera ser el ex jugador de Quidditch creyó que era oportuno preguntarle.— Bueno, ¿me ayudas a buscar? —había estado a punto de decirlo a modo de orden, pero se retractó, no queriendo volver a enzarzarse en ningún tipo de disputa con Danielle, que había demostrado ser más terca que una mula.— Nombres, sitios, fechas… cualquier cosa que pueda ser útil y esté relacionada con los fugitivos o con el gobierno.

En uno de los cajones había cárteles de Se Busca, algunos tenían el nombre tachado, y al fondo encontró un pequeño cuaderno de cuero, pero estaba en blanco. El cuaderno tenía pinta de gastado, de haber sido usado con frecuencia, y AJ sospechó que, hubiese lo que hubiese en su interior, estaría oculto con magia. Probó con encantamientos reveladores, pero ninguno funcionó, debía de estar bajo algún encantamiento especial de Townsend.

Pregúntale qué hay aquí dentro y cómo lo podemos ver —le pidió a Viktor, enseñándole el cuaderno.
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Danielle J. Maxwell el Vie Jul 12, 2019 2:46 pm

¿Os he dicho ya que soy bastante incapaz de hacerle frente a situaciones que me sorprenden? La amenaza podría habérmela esperado, pero no que me escupiese como si fuese menos que un ser humano. Pude ver en su cara el desprecio y el asco con el que lo hizo y la verdad es que me quedé un poco en shock hasta que Ajota apareció allí delante de mí. Lo golpeó de un puñetazo, tirándolo con la silla al suelo y, cuando volvió a colocarlo en su posición inicial, tenía la nariz rota, de la cual le caía sangre profundamente.

Miré a Viktor en varias ocasiones mientras el radical trataba con el tipo, para entonces ver como le escupió como venganza a él en el rostro. Debo de admitir que pese a que hora horrible el gesto de escupir, su escupitajo en la manga de mi brazo había hecho que hasta me sintiese bien con ese gesto por parte de Ajota.

Me quedé un poco al margen cuando Viktor se acercó a Townsend, para entonces hacer caso al radical cuando me llamó, acercándome a él. Mi compañero se había llevado al tipo a una esquina de la habitación para poder tener ‘intimidad’ y no molestar, por lo que me quedé con Ajota ‘a solas’ mientras me preguntaba que si todo estaba bien. Yo solté un ligero bufido, muy suave, para entonces encogerme de hombros.

—Creo que no me acostumbraré nunca a estas cosas… —Y no me refería solo al hecho de que un tipo me escupiese creyendo que soy escoria, sino a… todo. No es que me sintiese fuera de lugar, ¿sabes? Yo quería estar ahí. Pero igualmente todo lo que pasaba siempre me parecía estar por encima de mis expectativas. —Sí, claro.

Entonces me agaché a su lado, quedándome con los cajones de la izquierda para poder ver todo lo que había en el interior. Los abrí todos con magia pues tenían cerraduras muggles y realmente no vi nada muy importante en el interior, no al menos que yo supiese identificar como importante. Habían varios informes, pero no hablaban de personas, sino más bien eran contratos y quise suponer que se trataba del negocio que supuestamente ese señor se trajese entre manos.

Ajota encontró un cuaderno que no parecía tener escrito nada y, tras preguntarle a Viktor, éste decidió no preguntar al respecto. Siendo legeremante le parecía una pérdida de tiempo, sobre todo después de haberle lanzado un confundus a Townsend y tenerlo en su poder durante un rato sin demasiada resistencia. Cuando Viktor lo descubrió, volvió a cortar la conexión con él y señaló a Ajota para llamar su atención.

—Parece ser un diario. Utiliza un encantamiento que desconozco de protección, pero al parecer es un diario en donde se guardan los recuerdos que él mismo se quita de la mente. No hay nada escrito, realmente, si quieres verlo tienes que meterte en el interior.

—¿Con el fabula Inmersionen?

—Eso parece —dijo entonces el ruso. —No sé si me fiaría mucho de meterme ahí dentro. —Viktor entonces volvió a la cabeza de Townsend.

Yo, por mi parte, tenía mi información sobre ese encantamiento para meterse en el interior de los libros, aunque siempre me había dado un poco de miedo y nunca lo había practicado. Más que nada porque sabía todo lo malo que podía ocurrir.

—Mejor llévatelo. Quizás consigas alguna manera de desvincular los recuerdos del diario y usarlos en un pensadero. Si tiene alguna protección te podrías quedar atrapado dentro. —Aunque más que ‘protección’ eso se podría considerar ‘maldición’, pero yo era de esas que veían siempre el vaso medio lleno y al final siempre dependía del punto de referencia. —Si lo protege tanto es porque dentro tendrá…

—Uff… —Sonó de fondo, proveniente de Viktor. —Este hijo de puta…

Evidentemente miré hacia él, pues parecía haberse dado cuenta de algo muy importante—o muy de hijo de puta—en la cabeza de Townsend. Después de un pequeño momento, volvió a desconectarse mientras Alphonse poco a poco iba recuperando, de manera muy lenta, su consciencia total después de aquel confundus. Viktor, por su parte, nos miró. Primero me miró a mí, como intentando auto-convencerse de querer decir algo en concreto, pero se dio cuenta de que lo mejor era ir por la verdad por delante, aunque fuese dolorosa; aunque fuese una absoluta mierda. Por lo que parecía, ni él mismo se esperaba encontrar esa información ahí dentro.

—No sabía quién era cien por cien este tío, la verdad. —Se puso en pie y se estiró. —Hace un par de semanas pasó algo bastante malo dentro de la Orden del Fénix. Murieron dos de nuestros compañeros y tres de ellos salieron heridos, de hecho, si mal no recuerdo, uno salió de un coma hace relativamente poco por culpa de una maldición... —Entonces me miró a mí. —Este tipo tuvo mucho que ver. De hecho... la muerte de Christine fue prácticamente cosa de él.

—¿Estás de broma? —pregunté, enarcando una ceja. Él sabía lo bien que me llevaba yo con Christine.

—No, Danny. No estoy de broma. He visto claramente lo que pasó aquel día y ni idea teníamos de que Alphonse hubiese estado implicado. —Se puso sendas manos sobre sus caderas. —He parado para no cagarla —dijo en referencia a la legeremancia, pues para eso había que tener mucha concentración.

Yo me quedé sin habla, recordando lo mal que lo pasamos cuando nos enteramos de aquello, pues yo misma estaba en el refugio y viví la llegada de mis compañeros heridos con los dos cadáveres.
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A. J. Seward el Jue Ago 29, 2019 12:12 am

Sé a lo que te refieres —comentó mirando a la rubia de reojo sin dejar de rebuscar en el escritorio. Quizá por primera vez desde que sus caminos se habían cruzado AJ realmente había entendido lo que insinuaba Danielle, pero es que él mismo había pensado aquellas mismas palabras en infinidad de ocasiones, cuando se veía sobrepasado por las circunstancias, que solía ser más a menudo de lo que le gustaría.

Ambos se pusieron a buscar entre los papeles que había por los cajones y encima del escritorio, buscando algo que mereciese la pena, pero la mayoría era basura, incluyendo un cajón lleno de facturas muggles, que intuía que serían del auténtico propietario de aquella casa. Lo único que encontró que mereciese la pena fue aquel cuaderno, y unos cuantos carteles de Se Busca.

Esperó hasta que Viktor obtuvo la información sobre el cuaderno de la propia mente de Townsend, y frunció el ceño ante la respuesta del legeremante. No le gustaba lo que estaba escuchando, ¿es que las cosas, aunque fueran por una sola vez, no podían ser más sencillas?

Suspiró, y le asintió al ruso con la cabeza antes de que éste volviese a su tarea.

Es una buena idea —le concedió el crédito a Danielle, guardándose el cuaderno en el bolsillo trasero de sus pantalones. No es que AJ fuese estúpido pero él no podría hacer otra cosa con aquel cuaderno que no fuera meterse dentro, se podría decir que él era más un hombre de acción, pero en el refugio había personas que quizá si consiguiesen sacar los recuerdos del cuaderno, o al menos, quitar las protecciones.

Sabiendo a lo que se dedicaba Townsend, una parte de él no quería ni saber lo que había dentro de aquel cuaderno.

AJ estaba pendiente de Danielle, de lo que le estaba diciendo, cuando la voz de Viktor interrumpió lo que le estaba diciendo. Ambos miraron al legeremante, AJ con la incertidumbre plasmada en el rostro, sin saber qué esperar, pero por la forma en que Viktor estaba mirando a Danielle supo que no iba a ser nada bueno.

Cuando Viktor empezó a hablar, supo que se estaba dirigiendo a él, básicamente porque le estaba poniendo en contexto con lo sucedido, siendo él el único que no pertenecía a la Orden. AJ asintió con la cabeza haciéndole saber que tenía toda su atención mientras le relataba lo sucedido en aquel ataque de hacía un par de semanas, y la bomba cayó cuando dejó de mirarlo a él para mirar a Danielle.

No sabía quién era la tal Christine, pero supuso que era alguien importante para la rubia por la reacción que tuvo, y por cómo Viktor había dudado unos segundos antes de darle la noticia.

Durante un segundo se dedicó a mirar entre Viktor y Danielle, deseando no estar allí en ese momento. En cierta manera sentía que sobraba. Por desgracia AJ sabía lo que se sentía al perder a un compañero.

Centró su mirada en Danielle y posó una de sus manos sobre el hombro de la joven, en un intento de darle un poco de consuelo.

Lo siento, de verdad —dijo con total sinceridad. Más allá de rivalidades y desacuerdos entre ambas organizaciones, la Orden y los radicales, todos allí eran humanos y de alguna u otra forma conocían lo que era la pérdida.

Les dejó unos momentos para asimilar lo que acababan de descubrir, no quería parecer demasiado insensible, aunque tenía claro que seguían en medio de una misión y no podían descentrarse del objetivo principal.

Pero todo aquello les dejaba un interrogante mayor, como bien había dicho Viktor, ninguno tenía ni idea de que Townsend se dedicase a emboscadas, capturas o ataques. Al menos hasta donde él tenía entendido solo se limitaba a vender información, ¿en qué más estaría metido ese bastardo y ellos no lo sabían?

Miró entonces a Townsend que empezaba a recuperar la conciencia poco a poco, y entonces entrecerró los ojos cuando recordó los carteles de Se Busca que había visto antes y que había pasado por alto. Sin decir nada los cogió del cajón donde los había encontrado y empezó a revisarlos, encontrando que algunos tenían el nombre tachado en rojo y otros sin embargo carecían de marca alguna.

Aquí hay carteles con el nombre tachado, antes pensaba que eran de recompensas que había cobrado por vender información, pero ahora cabe la posibilidad de que quizá tuviera algo más que ver —comentó dejando los carteles sobre la mesa.— Por si les queréis echar un vistazo —AJ no estaba seguro de en qué les ayudaría eso, pero desde luego él preferiría saber a vivir en la ignorancia. La verdad duele, pero también da tranquilidad.

Los carteles que no estaban tachados podrían pertenecer a futuros objetivos, de hecho, entre ellos se encontraba el suyo, pero no le dio mayor importancia, ya que no era el único radical que había entre los carteles. Perteneciendo a una organización catalogada por el nuevo gobierno como terrorista no era de extrañar que los cazarrecompensas fueran tras ellos.

Hasta donde nosotros sabíamos solo vendía información, no se manchaba las manos. Se hacía pasar por un aliado de grupos pequeños de fugitivos y luego los traicionaba vendiendo todo lo que sabía al gobierno. Pensábamos que elegía a sus víctimas precisamente por tratarse de grupos reducidos, más débiles, que nos evitaba a nosotros y a vosotros porque era demasiado cobarde y tenía miedo de llamar demasiado la atención —dijo todo lo que sabía y lo que habían supuesto con la información que tenían los radicales. Ahora un poco más receptivo a compartir información de lo que había estado antes.— Todo esto es nuevo, a saber en qué más habrá estado involucrado —suspiró, sabiendo que fuera lo que fuera no sería nada bueno.— Sé que esto es una mierda, pero tenemos que seguir. ¿Has visto algo más que pueda ser de utilidad? Quizá trabaje con alguien, o sepa de algún ataque que se vaya a llevar acabo dentro de poco.   —AJ no era legeremante, de hecho era una rama de la magia que no le gustaba ni un ápice, pero quizá Viktor todavía estuviese afectado por la reciente noticia como para volver a meterse en su mente.— Puedo encargarme yo si necesitas descansar.
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Danielle J. Maxwell el Jue Sep 05, 2019 1:53 am

Recibir esa información sobre Christine había sido como si me tiraran un cubo de agua fría por encima. Esa mujer, a simple vista, no era más que una mujer perteneciente a la Orden del Fénix que se encargaba de impartir clases de Defensa contra las Artes Oscuras, pero para mí era una persona muy importante, pues me había enseñado mucho, no solo defenderme contra este tipo de personas. Sentí pena al escuchar la noticia, pero sobre todo sentí rabia. Rabia por haber sido engañada pensando que el asesino de Christine era otro, rabia porque aquel cabrón que tenía delante había matado a mi amiga y… rabia por haber defendido su vida hace un rato frente a AJ, cuando ahora mismo no me opondría a que le hiciera nada.

¿Era de hipócritas eso? Dudar era de humanos, ¿no? Una podía cambiar de opinión. Sin embargo, sentir este odio hacia Townsend y esta indiferencia por su destino me hacía sentir terriblemente mal. Sabía que por mucho que muriese, por mucho que se lo mereciese, no me iba a sentir nada mejor.

Asentí, sin saber qué decir, frente a la disculpa de AJ por la muerte de mi amiga, sin querer decir nada al respecto. Tampoco quería que se me notase el hecho de que me había afectado, pues sería claramente una señal de que no estaba preparada para esas cosas y estaba un poco harta de que me hicieran sentir como una niña que no debería estar ahí.

Observé los carteles que AJ, pero después del impacto de lo de Christine, la verdad es que no sabía ni qué pensar de esos carteles. ¿Qué era? ¿Una especie de obsequio/recordatorio de las personas que había matado? Solo le faltaba enmarcarlas en la pared.

Viktor estaba bien como para seguir, pero también le había afectado. Lo que decía AJ era cierto: la información que tenían de Townsend era totalmente errónea, pues estaba metido en más mierda de la que ninguno de los tres se hubiera imaginado, siendo incluso el mismo asesino de una de sus amigas. Ahora mismo, la verdad, me hubiera encantado quedarme en casa y no haber venido, más que nada porque no quería tener que lidiar con mi código moral que estaba pendiendo de un hilo.

―Sigue tú, todo tuyo. Se me han quitado un poco las ganas de ser el poli bueno. ―Confesó Viktor, a lo que yo no le pude reprochar nada. ―He visto que tuvo que ver con los asesinatos del grupo de Sasha Bennington, la líder de unos de los grupos reducidos que no quiso tener que ver con la Orden del Fénix. Ese hijo de perra ha estado metido en más mierda de la que nos gustaría admitir.


***

Media hora después, Townsend se encontraba en su silla, malherido y sin haber dicho ni una sola palabra. No sabía si era cuestión de honor… o si realmente las personas como él ya se habían hecho amigos de la muerte y no temían en absoluto lo que pudiera pasarles. Yo me había quedado al margen, observando como AJ y Viktor se encargaban de Townsend. Habían terminado por cooperar, pues el tipo tenía ciertas dotes oclumánticas y Viktor había terminado por averiguar que había más información escondida de la que él podía averiguar.

Llegó un momento en el que quedarse allí era… una pérdida de tiempo. No íbamos a encontrar nada más de lo que ya habían encontrado y ahora sólo quedaba una cuestión: ¿qué hacíamos con él? ¿Nos limitábamos a hacer lo que Viktor y yo habíamos pensado? ¿De verdad nos íbamos a ir sin más, después de saber lo que sabíamos?

―¿Qué hacemos? ―preguntó mi padrino, mirándome.

―¿Por qué me miras a mí? Tú eres el jefe ―le respondí, cruzada de brazos, todavía con cara de patata enfadada. ―Me da igual.

―¿Te da igual? Entonces si te digo de irnos, le modifico los recuerdos y convenzo a AJ de que no lo mate, ¿te parece que justo después de todo lo que ha hecho? ―Me preguntaba, no sé si con intención de hacerme elegir o de hacer que me sintiera mal cuando me fuera de allí. ―¿Crees que merece la oportunidad de una redención? ¿Crees que la aprovechará?

Me limité a negar con la cabeza.

―Y todo eso partiendo del hecho de que AJ se deje convencer de que no lo mate. ―Viktor miró a AJ, casi bufando. ―Que no sé si será demasiado fácil.

Entonces miré a AJ, sin tener muy claro si lo que iba a decir era una buena idea o no, o si me hacía ser alguien que en realidad no soy. ¡O yo que sé, todo era muy difícil! El hecho es que ya no sabía si debería perdonar o no. Así que puestos a no querer decir nada de manera clara, pero teniendo bien claro que ese tipo no se merecía ningún tipo de segunda oportunidad, fui por el camino más fácil.

―Haz lo que tú quieras ―le dije al radical. ―No me importa lo que le pase a ese… pedazo mierda. ―Y eso lo dije más bajito, casi hasta sintiéndome mal.

Desde que Viktor me había dicho lo de Christine, no había podido quitármela de la cabeza.
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