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[FB] The day will come when you won't be ||{ft. Prue&Ayax}

Lohran Martins el Lun Nov 19, 2018 8:40 pm


Gráfico by @DasFlai || Jueves 6 de septiembre, 2018 || Metro de Londres || 23:49 horas || Mi ropa

Lohran Martins estaba de los nervios. Su rostro, generalmente más relajado, mostraba una tensión de lo más apropiada para lo que se les venía encima a él y a su hermana. Prue y él caminaban a través del entramado de vías del metro de Londres, siguiendo el plano que uno de los contactos de Murray les había conseguido, y ninguno de los dos había hablado desde hacía más de diez minutos. Los únicos sonidos que acompañaban a los dos mellizos Martins eran los ecos de sus pisadas, resonando en el vacío de los túneles, así como los demás sonidos ambientales: goteos ocasionales, chillidos ahogados que quizás pertenecieran a ratas u otros animales, y el sonido de trenes distantes que recorrían las vías. Lohran intentaba no prestar atención a los otros sonidos, a esos a los que no podía dar una explicación; de prestarles atención, lo más probable sería que se volviera un poco loco.
Se ajustó la mochila al hombro izquierdo, la varita firmemente empuñada en la mano derecha. Si aquella varita fuese la suya, la que le había puesto Ollivander en las manos cuando tenía once años, se fiaría mucho más de sus dotes mágicas.

—Creo que ya estamos llegando.—Dijo el brasileño, rompiendo el silencio, mientras observaba el túnel a ambos lados con ayuda del hechizo de visión nocturna—obra de Prue, por supuesto, pues ni loco iba Lohran a apuntarse con su propia varita a los ojos, a no ser que anhelara en secreto que estos estallasen—, pendiente de cualquier movimiento.—Espero de verdad que esta Melina Whitmore sea la respuesta...—Dejó caer, recordando una vez más las dos veces que habían sido estafados antes.

Y es que Lohran y Prue Martins habían acudido a aquel lugar para intentar poner en marcha la última fase de su plan: comprar documentación falsa para ellos y para su hermana pequeña, y salir del país. Los radicales hablaban bien de Whitmore, quien si bien no era miembro activa del grupo, sí era una poderosa aliada. Ella y su grupo se encargaban de proveer a otros fugitivos con documentación falsa… a cambio de dinero, por supuesto. Y es que, por mucho que los fugitivos intentaran ser altruistas y solidarios con los demás fugitivos, al final del día había que comer. Y mantener un grupo como el que decían que tenía Melina debía costar dinero. Por no mencionar las falsificaciones en sí.
Su hermana pequeña había querido acompañarles, pero Lohran se había negado en rotundo. Con apenas diecisiete años, aquel no era lugar para ella. Había un montón de cosas que podían salir mal, y si así era, el brasileño prefería que al menos uno de los miembros de su familia estuviese a salvo. De hecho, habría incluso preferido venir solo, pero había tenido que conformarse con aquel arreglo: dudaba que hubiera podido convencer a Prue de lo contrario.
Así que los dos mayores se encargarían de la peligrosa misión de conseguir los documentos falsos, mientras la pequeña se quedaba junto a Alfredinho vigilando el refugio, que en aquellos días se emplazaba en una sección abandonada del metro muy similar a la que los dos brasileños recorrían en ese momento.

—¿Estás tan nerviosa como yo?—Preguntó Lohran, mirando a su hermana, con una sonrisa. Las cosas habían sido duras, especialmente cuando supieron de la muerte de sus padres, pero el brasileño se sentía afortunado de tener a su lado a sus hermanas. Eran todo su mundo.—Ya casi nos veo en Brasil...—Añadió, y si bien nunca había sido muy supersticioso, deseó no haber dicho aquello. Solo faltaría que gafase aquella oportunidad por hablar antes de tiempo.

Lohran consultó una vez más el mapa que les habían entregado los radicales una vez llegaron a una intersección en la vías, en la cual debían decidir si seguir de frente, o si girar a la derecha. El mapa indicaba a la derecha. Lohran miró a su hermana, y con un gesto de la cabeza, indicó la derecha.
Ya casi estaban allí.
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Níobe el Miér Nov 21, 2018 10:18 pm

Mi rostro o más bien, el gesto de mi rostro no había cambiado desde que habíamos salido del refugio, no porque no estuviese de acuerdo con lo que íbamos a hacer, si no porque me preocupaba el hecho de que algo saliese mal. No sabíamos bien a que nos enfrentábamos y no iba a dejar que mi hermano fuese solo, antes muerta. Había estado hablando con Lohran para lograr apaciguar todo lo que sentía, todo el nerviosismo que me recorría el cuerpo. Pero habíamos dejado de hablar diez minutos antes y yo solo podría concentrarme en andar a su lado, manteniendo mi varita bien agarrada a mi mano, confiando más en mi magia que en la de mi hermano por la varita desobediente que tenía después de lo ocurrido en Hogwarts. Intentaba no escuchar todo lo que nos envolvía, solo en los sonidos que me confirmasen que alguien o algo de acercaba. Sabía que aquella zona estaba abandonada y no pasaban trenes por aquellas vías sobre las que caminábamos, pero la desconfianza se había hecho un hueco a su medida dentro de mí y no había manera de quitármela desde que toda aquella locura había empezado. Además, aquel entramado de vías podía esconder mil peligros, sobre todo para nosotros y no quería que nada nos pillaste por sorpresa aunque sabía bien que Lohran y yo siempre íbamos con todos los sentidos activados y mucho más desde que teníamos a nuestra hermana a nuestro cargo, ella podía decir que era mayor, pero para nosotros siempre sería la pequeña a la que debíamos proteger. Aunque eso no quería decir que no lo hiciéramos entre nosotros, nuestra conexión era especial, siempre lo había sido y eso hacía que nos preocupásemos por el otro en todo momento y que saltásemos en salvación del otro sin preocuparnos por nuestro bienestar.

Escuché a mi mellizo mientras escudriñaba cada rincón gracias al hechizo que nos había hecho a ambos. La verdad es que quería pensar que aquella vez iba a salir bien y que podríamos escapar de todo lo que amenazaba con matarnos, todo aquello que ya estaba harta de soportar, a veces, anhelaba poder mostrarme y poder acabar con todo junto a la familia que éramos con los Radicales, pero sabía que no todo era tan fácil y tras lo que éramos, lo único que deseaba era mantener a mis hermanos a salvo junto a mí en algún sitio lejos de todo aquello. Lejos de aquel gobierno totalmente corrupto que se había alzado de un momento a otro, todo aquello se había formado en la sombra sin que ninguno de todos nosotros nos diésemos cuenta de todo aquello que nos amenazaba. Ojalá alguien se hubiese dado cuenta y hubiese dado la voz de alarma... -De verdad te lo digo, Lohran. Cómo Melina no sea lo que estamos buscando, te prometo que me va a dar algo... estoy cansada de que todo nos salga al revés. Solo quiero encontrar a alguien que nos pueda hacer lo que necesitamos.--No pensé en todo lo que decía, solo lo solté sin más. Miré a mi mellizo e hice un mohín, sabía que a veces me dejaba derrotar por la situación pero no podía evitarlo, pero para esos momentos tenía a mi hermano que me daba la fuerza necesaria para seguir adelante. Yo lo hacía con él cuando algo le pasaba, teníamos una relación perfecta y eso era lo que habíamos hecho desde siempre. Mi vida no habría sido la misma sin mi mellizo al lado, por eso daba gracias a Merlín de haberme hecho nacer acompañada de mi maravilloso hermano. -Lo siento... todo este tema me tiene de los nervios. No quiero que todo vuelva a salir mal. Quiero que estemos a salvo con nuestra hermana donde "ellos" no nos puedan dañar.- Apoyé mi cabeza en el brazo de mi hermano mientras hablaba y avanzábamos, con Lohran no tenía miedo de mostrarme tal y como era, sabía que no pasaría nada y que me aceptaría pasase lo que pasase. Podía mostrar mis miedos porque él sabía cómo hacerlos desaparecer.

Seguimos unos pasos más hasta que las palabras de mi hermano me hicieron mirarle de nuevo. -¿No se me nota? Estoy muerta de nervios, esto nos puede cambiar la vida.- Dije sonriendo, la verdad es que pesar del miedo y la desconfianza... el poder cumplir nuestro sueño de huir de todo era mucho más fuerte que todo eso. Me cogí a su mano y me alcé un poco de puntillas para darle un beso en la mejilla al escuchar lo que decía de Brasil. -Volveremos a casa, hermano.- Le sonreí y me esperé a que mirase el mapa y me indicase por donde tirar. Aún con su mano cogida, me dirigí en esa dirección y no le solté en ningún momento, quería llegar lo más rápido posible. No podía hablar por lo nerviosa que estaba, pero como había algunos pasillos que se abrían a nuestros lados, no sabía si estaba haciendo bien. Solté a mi hermano y me asomé a uno viendo lo que allí había gracias al hechizo que tenía en mis ojos. -¿Debemos seguir recto, Lohran?- Pregunté sin mirarle, solo adentrándome un poco en uno de los pasillos, curioseando si por allí había algo de lo que los dos estábamos buscando.
Níobe
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Ayax Edevane el Jue Nov 22, 2018 2:45 am

No es que Ayax fuese muy dado a compartir ese tipo de misiones con personas que no fueran su mentor, pero a veces era preciso y necesario, sobre todo cuando Wolfgang no podía estar presente. Al parecer tenía cosas más importantes que hacer y no podía estar en la incursión que habían estado planeando para encontrar el escondite de Melina Whitmore. Ya le gustaría a Ayax saber qué era más importante que encontrar el escondite de Melina Whitmore, un jueves a las doce menos cuarto de la noche. Pocas explicaciones le había dado a Ayax, pero él ya se imaginaba el motivo más estúpido. Seguro que había quedado con alguna chica y se había desentendido de sus obligaciones como Mortífago. En realidad Ayax tenía en bastante estima a Wolfgang como para pensar realmente eso de él.  

En vez de estar con Wolfgang, se encontraba con Meric de Fonallosa y Paul Price, un mortífago y su aspirante. Su maestro le habían dicho que eran personas de confianza, pero como es evidente, Ayax estaba un poco reacio a trabajar con gente que no conocía de nada en un plan que había ideado con Rawson, pero no le importaba, pues si algo caracterizaba a Ayax—además de ser un rarito, pelirrojo y tener a una amiga imaginaria—era que se podía adaptar a todas las situaciones.

—Por lo que hemos descubierto, Melina se encuentra en una de esas habitaciones de seguridad en mitad de las vías del tren. —Ayax lo miraba con indignación, pues él había estado presente cuando Wolfgang se lo sonsacó al tipo y el tal Meric no estaba presente. El Mortífago señalaba en los planos de las vías del tren las múltiples habitaciones que había. Eran cuatro las que comprendía aquel sector. —Las vías en las que nos internaremos no están en uso, pero igualmente hay que tener cuidado. Si un grupo de fugitivos está utilizando ese lugar como escondite es altamente probable que haya trampas, protecciones y vigilancia. Y sólo unos necios con constancia de la situación caerían en la trampa igualmente.

—Con los hechizos adecuados podemos pasar muy desapercibidos, pero sobre todo hay que tener en cuenta el cubrirnos muy bien las espaldas. Si nos atacan se asegurarán de hacerlo tanto por delante como por detrás, por lo que hay que tener ojos en todos lados para no vernos sorprendidos. —Opinó Ayax.

Paul, que se notaba que era el más inexperto de todos, tanto por falta de experiencia como por su corta edad—sólo tenía dieciocho años—por lo que se mantuvo callado, atendiendo a lo que decían los 'mayores'. Meric se vio complacido por el añadido de Ayax, a lo que señaló a Paul.

—Yo iré en primer lugar, Paul me apoyará y, Ayax, tú vigilarás la retaguardia. —Y le sorprendió.

No destacaba la valentía como adjetivo famoso entre los mortífagos, pero se notaba que Meric se había puesto por delante para proteger a lo más ‘inexpertos’ y no porque creyese que lo tenía todo controlado. Con tanta persona arrogante en las filas de Lord Voldemort daba gusto encontrar alguien así, aunque todo fuese falsa modestia. Sin embargo, quería creer que las intenciones de Meric eran reales, o eso le inspiraba al pelirrojo. Ayax aceptó y el trío se internó en las vías del metro.

_____________________

Un hechizo bien formulado hizo que ninguno de los tres mortífagos hicieran ruido con sus pisadas, camuflándose con los sutiles sonidos de las vías. Escondidos en la oscuridad y caminando pegados a la pared, uno creería que nadie estaba pasando por ahí. Podías ir saltando, que a menos que te quedases exhausto y tu respiración te delatase, tu caminar iba a ser silencioso. Así mismo, Ayax se tomó la libertad de auto-hechizarse con el hechizo ‘echoes’, ya que sus compañeros se limitaron con el hechizo de ver en la oscuridad. Teniendo en cuenta el silencio que había y que sus compañeros estaban esforzándose en no hacer ruido, era el hechizo perfecto para detectar cualquier movimiento inusual en un radio bastante amplio.

Hechizado de aquella manera, su visión era totalmente diferente. No veía debido a la oscuridad, pero sentía que cualquier ruido provocaba una onda que revelaba lo que había a su alrededor, viendo incluso a través del hormigón. Podía identificar las ratas, el lugar en donde había una avería e incluso el chirriar de las vías debido al temblor de éstas. No veía qué las hacía temblar, pero veía como la vibración llegaba hasta allí, tan tenue y suave que parecía una brisa.

Llegaron a la primera habitación, la más cercana a la entrada, pero estaba totalmente vacía y, por haber, no había indicios de que nadie hubiera estado viviendo ahí en ningún momento de su existencia. Así que continuaron a la segunda, con el mismo modus operandi. En cierta ocasión tuvieron que decidir si ir hacia la izquierda o la derecha, pues ambos caminos llevaban a habitaciones diferentes, sin embargo, alejándose del tópico americano de ‘separarse es una buena idea’, decidieron seguir juntos, aunque tardasen más. No era plan de ponerse en peligro innecesariamente después de haber creado un plan que, en principio, estaba funcionando.

No obstante, cuando caminaron unos metros hacia la izquierda, Ayax identificó los pasos de personas por el camino de la derecha, acercándose a ellos.

Tskdijo, muy bajito, alertando a sus compañeros. A Paul casi le da un infarto.

Se limitó a hacer gestos con la mano: apuntó con sus dedos el número dos y señaló en la dirección en donde los había visto/escuchado. Como es evidente ninguno de los tres sabían si eran magos, indigentes, vampiros solitarios o algún alma descarriada que había perdido el coche en los aparcamientos del centro comercial y había terminado aquí, buscándolo. Sin embargo, si había alguien ahí abajo y ellos tenían información de presencia de fugitivos, la alerta era evidente y había que actuar.

Meric y Paul volvieron sobre sus pasos, tomando la delantera de nuevo en dirección contraria. Ayax continuó con la vigilancia, retrocediendo de espaldas hacia ellos.

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Lohran Martins el Vie Nov 23, 2018 11:09 pm

En lo que a fracasos y decepciones se refería, los Martins habían acumulado una amplia experiencia durante el último año y medio. Yendo de un falsificador a otro para encontrarse con que lo único que habían hecho había sido perder dinero, tiempo, o ambas cosas, había vuelto a Prue y a Lohran recelosos. Y es que, si algo parecía demasiado bueno para ser verdad, generalmente, se debía a que lo era. Las palabras de Prue definían a la perfección lo que su hermano mellizo estaba pensando en aquel momento: que si nuevamente estaban caminando directos hacia otra decepción, claramente el mundo tenía algo en contra de ellos.
Ciertamente, tenía que ser complicado conseguir toda la documentación falsa que, supuestamente, Melina Whitmore podría conseguirles. Eso no lo ponía en duda el brasileño. Sin embargo, el pensar que existieran tantas personas dispuestas a estafar a gente que no tenía casi nada en la vida le revolvía las tripas. A sus ojos, alguien así no era mejor que los mortífagos, y si lo que quería era dinero, podía dejarse de hipocresías y simplemente venderlos al Ministerio a cambio de la recompensa.
Pero, por supuesto, no podía poner en palabras esos pensamientos. Ser pesimistas era lo que menos falta les hacía en aquellos momentos.

—Murray y los demás hablan bien de Whitmore.—Aseguró Lohran, volviendo la mirada en dirección a su hermana, y sonriéndole con confianza, en un intento por calmar sus nervios.—Si alguien puede sacarnos de Inglaterra, es esa tía. No sé, no creo que tantas personas hablen bien de ella sin motivo, ¿no crees?—Depositó entonces un suave beso en la frente de su hermana.—Todo saldrá bien, Prue. De verdad. Lo presiento.—Aseguró.

Claramente, Lohran Martins no era vidente. Si aquello salía mal, mejor que no intentara ponerse a ganar dinero a base de hacer predicciones y lecturas de cartas. No acertaría ni una, y aunque quizás ganara algo de dinero, finalmente acabaría siendo perseguido por una turba enfurecida cuyo único objetivo sería partirle las piernas con palos y hachas. Por timador, por ser incapaz de acertar una sola predicción.
Pero el futuro era incierto, y el presente era lo que importaba. ¿Y dónde estaban en el presente? En aquellos túneles, buscando la guarida secreta de una mujer que… bueno, que nadie realmente sabía a qué se dedicaba. Todos le decían que ayudaba a fugitivos, pero aquella explicación era tan vaga como decir que la hora actual oscilaba entre las doce de la mañana y las doce de la noche. Había muchas formas de ayudar a fugitivos, y claramente una de ellas era la de falsificar documentos para que pudieran abandonar el país. Pero… ¿y las otras?
Y… sí, ambos estaban nerviosos, definitivamente. Ambos hermanos Martins se habrían puesto a temblar como si sus piernas fueran de gelatina si la situación no requiriera concentración máxima. Al menos, a Lohran la tensión el ayudaba a controlar un poco los nervios. Sin embargo, emocionarse era algo natural, sobre todo cuando estabas tan cerca de tu objetivo que casi podías tocarlo con las yemas de los dedos.
Su hermana le cogió la mano y le besó la mejilla, y Lohran sonrió, haciendo lo propio con ella. Su hermana melliza, y su hermanastra, eran su mundo, eran todo lo que le quedaba. Y solo imaginarse a los tres disfrutando del sol en Brasil, olvidándose de todo aquello, hacía que sus esperanzas se renovaran.

—¿Crees que podríamos vivir en el barrio en que vivíamos de pequeños?—Preguntó divertido Lohran, aunque sabía perfectamente que no era el momento para ponerse a hablar de aquello.—¿O, como la refinada dama de la nobleza inglesa que eres actualmente, preferirías una casa en un barrio mejor? ¿Un chalet con piscina?—Bromeó el brasileño, picando un poco a su hermana en un intento de que se olvidara de sus nervios.

Siguieron adelante por el túnel, llegando a una intersección que obligó a Lohran a comprobar el mapa. El camino indicado parecía ser hacia la izquierda, por lo cual Lohran se lo comunicó a su hermana.

—Debemos seguir hacia la izquierda. Dirección norte.—Dijo, sin soltar la mano de Prue, encaminándose en esa dirección.—Venga, dime. ¿Qué es lo primero que harás con tu libertad cuando estemos en Brasil?—Preguntó el sonriente Lohran, para acto seguido añadir:—Yo quiero una buena cerveza en una playa soleada.

Un plan perfecto, un plan idílico… El único problema era que se dirigían hacia un grupo de personas que no eran para nada amigables. Y mientras esas personas habían amortiguado el sonido de sus pasos, ellos no lo habían hecho. No lo habían creído necesario, dado el estado de aquellos túneles.
Craso error.


Última edición por Lohran Martins el Mar Ene 22, 2019 2:02 am, editado 1 vez
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Níobe el Jue Dic 13, 2018 10:28 pm

Llegaba el momento en la vida de uno que pensabas que lo mejor era dejarse de tonterías y hacer las cosas por uno mismo, a mi me había pasado. Después de todas las decepciones que habíamos pasado, se me había pasado por la cabeza el falsificar yo misma los documentos que los mis hermanos y yo necesitábamos, lo había dejado pasar por ser una idea imposible porque nada sabía de falsificación y porque ya tenía suficientes problemas con todo lo que estaba pasando en el mundo mágico y que nos afectaba a nosotros directamente. Pero al menos, tenía a alguien fuerte como mi mellizo a mi lado y él me ayudaba a levantarme después de una nueva decepción, después llegábamos con nuestra hermanastra y ella hacía que pensase que todo lo que hacíamos valía la pena solo para encontrar a alguien que nos ayudase y pudiéramos ponernos a salvo. Soñaba con el día que no tuviésemos que escondernos, que no tuviésemos que preocuparnos por si alguien nos perseguía por nuestra sangre... Parecía incluso demasiado bonito para ser verdad. Pero si algo había aprendido en aquella vida que llevábamos es que no podíamos dejarnos vencer por las adversidades que si lo hacíamos, estábamos perdidos. Por eso, Lohran se encargaba de mantenerme a mí de pie y yo me encargaba de hacerlo con él, los dos procurábamos que nuestra hermana se mantuviese en pie y la manteníamos protegida para evitar que cualquier indeseable le hiciese daño, preferíamos ser dañados nosotros antes que ella, pero sabía bien que mi mellizo desearía ser dañado él antes de que me hiciese daño a mí.

Miré a Lohran en el momento en que su voz inundó el sitio donde somos encontrábamos, encontrando las palabras exactas unidas a su sonrisa para que mis nervios se calmasen, al menos por el momento. Sonreí con ternura ante el beso en mi frente, me agarré a su mano tras eso. -Quiero confiar en lo que todos dicen de ella, sí ella nos saca de aquí, le estaré eternamente agradecida. Tu presentimiento debe ser cierto, hermano. Después de tanto tiempo, las cosas tienen que salir bien. Whitmore nos ayudará y nos alejaremos de todo esto. La suerte va a volver a sonreírnos.- Dije intentando empaparme de las buenas vibraciones que Lohran intentaba desprender, solo él podía conseguir que mis pensamientos cambiasen, tan solo él podía conseguir que mis músculos recuperasen una posición de relajación que pocas veces tenían.

Al sentir los labios de mi hermano sobre mi mejilla me hizo sonreír y calmarme un poco más, muchos no lo creerían pero el ser mellizos nos había dotado de una conexión especial y había muchas cosas que para los demás hermanos eran vergonzosas o les costaba hacer y que para nosotros era algo tan normal como respirar. La broma de Lohran me hizo reír aunque le pegué con la mano en el brazo, sin hacerle daño. -¿Por quién me ha tomado, señorito Lohran?- Dije siguiéndole la broma, alzando la cabeza, pero eso duró muy poco porque al acordarme de nuestro viejo hogar, mis ojos se llamaron de añoranza. -Amaría volver a nuestro barrio de crianza, sería bonito que nuestra hermana viese donde crecimos. No sé si nuestra casa está habitada, podríamos intentar volver allí. Nuestro barrio, nuestra casa... sería volver a tener una vida normal, una vida donde no vivamos con el miedo a morir. El sueño de toda una vida, Lohran.- Me apoyé en su brazo mientras avanzábamos dejándome el gusto de perderme un poco en aquella maravillosa fantasía que de hacerse real...nos convertiría en las personas más felices del mundo. Aunque rápidamente, mi atención se centró en el camino que debíamos seguir, no quería un fallo, ni uno solo. Seguí el camino marcado por mi hermano, siempre cogida a su mano... cómo habíamos ido toda la vida.

Pensé bien en la pregunta de mi hermano y reí con su respuesta. -Esa es fácil, mientras tú te tomas una cerveza en la arena, yo me voy a coger unas cuantas olas... echo de menos surfear. O me iría con el skate, oh por dios, no recordaba lo mucho que amo esas dos cosas.- No dejaba de pensar en todo eso, riéndome al recordar lo mucho que me gustaba hacer esas cosas, lo mucho que lo había hecho de niña porque había aprendido a surfear y a ir en skate, cosas que había hecho hasta el cansancio en Brasil antes de que nos fuésemos y pensar que podríamos hacerlo de nuevo me hacia tremendamente feliz, tirando un poco de la mano de mi hermano hacia donde él me había dicho sin saber que nos dirigíamos hacia algo que nos cambiaria la vida a ambos e incluso, a nuestra pequeña hermanastra.
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Ayax Edevane el Lun Dic 17, 2018 3:24 am

Meric y Paul encabezaron de nuevo la incursión, acercándose hacia dónde habían visto a las dos personas caminar. Actuaron con muchísima paciencia, así como con frialdad. Era bien sabido que muchos de los Mortífagos optaban por 'disparar' y luego preguntar, pero teniendo en cuenta que allí abajo se escondía Melina Whitmore y compañía, no era inteligente hacer ruido en vano, hasta que lo tuvieran todo bajo control. Es por eso que Meric, Paul y Ayax se escondieron entre las sombras del lugar, aguardando a que aquellas dos personas llegasen hacia ellos y se metiesen por sí solos en la boca del lobo.

La misma conversación que mantenían ambos hermanos había delatado bastante bien su propio origen, hablando de una libertad que anhelaban y evidentemente no poseían. Los tres tuvieron bien claro que aquellas personas no eran muggles, sino fugitivos. Así que esperando a que el cabeza de grupo actuase, Ayax y Paul permanecieron escondidos hasta que Meric hizo acto de aparición por detrás de los dos. Con la varita en alto, utilizó las sombras del lugar para atacarlos, sin que nadie pudiera decir nada respecto a la visión de la mujer de surfear y skatear un rato en la utópica vida que se estaban imaginando. Aquel brazo de sombras serpenteó hacia ellos, con intención de coger a la chica, pero Lohran lo vio venir, empujando a Prue hacia un lado y no pudiendo evitar que aquello le atrapase a él el tobillo. Lo levantó por los aires  y lo movió contra una de las paredes de aquel pasillo. Recibió un fuerte golpe con la espalda, notando como sus extremidades eran retenidas contra la pared por una fuerza oscura.

Paul también salió de su escondite, pero por delante de los chicos, apuntando directamente a la chica. Estaban rodeados. Como el más joven estaba más cerca de la chica, fue quién habló para advertirle de lo que estaba por venir.

—No saques la varita o esto se va a convertir en una guerra sin benevolencia. Os superamos en num...

Pero como es evidente, ningún fugitivo se para a escuchar a un Mortífago cuando su ser querido está en desventaja, siendo retenido por magia oscura. Cualquiera con instinto de supervivencia, con alma luchadora, sin miedo que le paralice y con ganas de pelear por lo que es suyo, sacaría la varita y daría guerra. Y la futura Níobe no iba a ser menos. Fallo de Paul, indudablemente. En este caso sí era necesario 'disparar' y luego advertir, para así no poder darle ninguna oportunidad.

Prue atacó rápidamente al más joven solo para mantenerlo ocupado, para entonces atacar al otro de manera casi ciega y así poder acercarse a su hermano. Sin embargo, el hecho de hacer que el títere de las sombras tuviese que prestar atención a otro ataque, había hecho que las sombras se debilitasen, haciendo que Lohran cayese al suelo.

Ayax, por su parte, no había entrado en escena. Intentaba, en vano, mantenerse concentrado en el resto de las vías por si se acercaban enemigos al escuchar todo aquello, pero le era imposible. El hechizo 'echoes' funcionaba sólo por vibraciones del sonido, ergo ahora que tenía a unos metros a gente hablando, cayendo y lanzando cosas, su mente estaba agobiada de toda la información que le llegaba tan de cerca. Así que por desgracia no podía vigilar. Se des-hechizó y, con la mirada acoplada perfectamente a la oscuridad, observó la situación para poder ser útil cuando hiciese falta. Era innecesario e incorrecto hacerse notar tan rápido si Meric y Paul podían con ellos. Era mejor que fuese un tercero que apareciese cuando menos se lo esperasen; en el momento adecuado.


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Lohran Martins el Lun Dic 17, 2018 11:32 pm

Resultaba muy fácil perderse en fantasías. Como solía decir el dicho, vender la piel del oso antes de cazarlo. Cuando la hipotética piel de oso no era otra cosa que una libertad que llevaban ansiando desde hacía casi dos años, resultaba muy fácil permitirse a uno mismo hacer como en el cuento de la lechera: imaginarse qué harían una vez hubieran alcanzado ese objetivo que, si bien parecía un sueño, ya no parecía uno tan inalcanzable como lo había sido en su momento.
Ambos hermanos Martins cayeron en la tentación de cantar victoria antes de tiempo, de reír imaginando las cosas que harían una vez fueran libres. Incluso se atrevieron a bromear. ¿Quizás habrían llamado a la mala suerte? Tal vez, pero si algo había aprendido Lohran a lo largo de su vida, ese algo era que si algo malo puede pasar, acabará pasando, y que no existe la mala suerte. Las cosas, simplemente, ocurren.

—¡El fútbol!—Exclamó Lohran ante la mención de su hermana a distintos deportes que le gustaría practicar.—También echo de menos el fútbol. Estos ingleses no son tan aficionados al fútbol como los brasileños, y no hablemos ya de los magos: los sacas de su Quidditch y parece que no saben hacer nada.—Bromeó Lohran, consciente de que existían muchos magos que no disfrutaban el Quidditch.—Todavía me acuerdo de los partidos que jugaba con mis amigos, en plena calle. Si volvemos a nuestro viejo barrio, me gustaría encontrar a alguno de ellos...—Suspiró, con aire pensativo, mientras sujetaba con su mano izquierda la de su hermana, con fuerza.—Todavía me acuerdo de cuando papá me llevó a...

No hubo una conclusión para aquella frase, y definitivamente, ni Lohran ni Prue volverían a pisar el barrio de su infancia. El brasileño escuchó un sonido semejante al de una corriente de aire a sus espaldas, y al darse la vuelta, sus ojos acostumbrados a la oscuridad por el hechizo de su hermana vieron aquella estampida de sombras corriendo en dirección a ellos. Y actuó.
Hizo a su hermana a un lado, apartándola de la trayectoria, pero por desgracia para él no tuvo la misma suerte: fue apresado y enviado al suelo, de bruces, para acto seguido ser arrastrado. La sombra que le sostenía, igual que una mano con férreos dedos, alzó al brasileño por el pie como si fuera un simple muñeco de trapo. Lo zarandeó y lo envió contra una pared con violencia. El golpe fue tal que sintió un dolor casi paralizante recorriéndole la espalda. Las sombras, una vez allí, se cerraron alrededor de su cuerpo como cuerdas, inmovilizándolo boca abajo.
Entraron en escena dos tipos, más un tercero que permanecía unos metros por detrás. Llevaban varitas en las manos, y a pesar de la oscuridad, el hechizo permitió ver a Lohran las facciones de estos. Un hombre de mediana edad, un joven, y el tercero estaba demasiado lejos como para identificarlo.
El mayor pronunció una advertencia… que Prue desoyó totalmente. Su hermana se puso a atacar de inmediato, y a consecuencia de la contienda, Lohran Martins se vio libre. Cayó al suelo, logrando girarse en el aire para caer con los pies por delante, y se puso en marcha para apoyar a su hermana.

—¡A cubierto, Prue!—Exclamó Lohran, que en ese momento ya corría agazapado y veloz en dirección a los dos magos que tenían más cerca. Estaban todavía un tanto aturdidos por el duelo con su hermana, por lo que el brasileño no tuvo problemas en acercarse. El más joven lanzó un hechizo en su dirección, pero el brasileño lo esquivó como si nada, con un paso lateral. Entonces, se enzarzó en una lucha cuerpo a cuerpo con aquellos magos, claramente inexpertos en lo que a lucha física se refería.

Nada más plantarse ante ellos, el mago mayor apuntó a Lohran con su varita. El brasileño desvió el hechizo con un golpe de su antebrazo en la muñeca del tipo, de tal manera que una porción del techo del túnel recibió el impacto. Lohran escuchó caer fragmentos de gravilla.
El más joven intentó hacer lo mismo, y Lohran le asestó un codazo con el brazo derecho a la barbilla, mandándolo al suelo. Acto seguido, ejecutó una patada giratoria contra el primero. Le acertó en el hombro izquierdo y lo hizo trastabillar varios pasos. Le remató lanzándole una segunda patada a la espalda, y el tipo acabó cayendo de bruces al suelo y perdiendo la varita. Todo iba muy bien… y entonces Lohran salió despedido por los aires, impactando otra vez contra la pared del túnel.

—¡Joder...!—Exclamó, casi sin aire, comprobando que había sido el joven quien le había atacado por sorpresa. Se disponía a volver a atacarle, posiblemente con un hechizo aturdidor que terminaría su participación en aquella pelea, dejando a Prue sola ante el peligro...
Lohran Martins
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Níobe el Miér Ene 02, 2019 2:19 pm

Al escuchar la exclamación de Lohran no pude evitar reírme como hacía mucho tiempo que no me permitía hacerlo. Nos habíamos pasado tardes enteras jugando al fútbol, juntos o con su grupo de amigos... gracias a estar tan unidos había sido como un amigo más entre ellos. En aquel momento, mientras nos imaginábamos una vida utópica donde volvíamos a una vida que habíamos dejado atrás y a la que ansiábamos volver, me había permitido volver a ser la Prue de antaño, aquella que reía sin miedo a ser descubierta... uno de los grandes errores que podría cometer en aquella situación. -Supongo que alguno seguirá viviendo por allí, podemos buscarlos cuando volvamos. Sería una buena manera de contactar con nuestra antigua vida, además seguro que si volvemos a jugar a fútbol puedo volver a ganarte como cuando éramos niños.- Dije riendo como nunca antes, apretando fuerte su mano mientras le sacaba la lengua, lo cierto es que la idea de volverá encontrarnos con nuestros amigos muggles era algo que me encantaba y mucho más cuando ellos habían sido una parte esencial de nuestra vida antes de dejarnos envolver por aquella vida de magia que nos había dado cosas maravillosas pero que también nos había dañado con otras.

Antes de que pudiera recibir alguna parte de la vida de mi hermano, esté se giró y sin poder hacer lo mismo, me vi empujada hacia el suelo, cubriéndome la cabeza con las manos para evitar el golpe contra esta. Rodé un poco sobre mi misma al no esperarme aquel golpe, pero levanté la cabeza para ver a Lohran atrapado por unas sombras, un grito se murió en mi garganta, no me esperaba todo aquello. ¿Jamás íbamos a poder vivir tranquilos? ¿Jamás íbamos a poder volver a Brasil? ¿Jamás íbamos a poder enseñarle parte de sus raíces a nuestra hermana? Soñaba con el momento de poder ser magos con raíces muggles... los insultos que habíamos recibido el colegio eran un juego de niños comparado con aquello. Antes de poderme poner en pie para ayudar a mi hermano, uno de ellos se me puso delante y me amenazó... ¡sería imbécil! ¡Nada me detenía cuando algo amenazaba a mi familia! Saqué la varita y sin detenerme demasiado a pensar ataqué a quien tenía delante, levantándome después de un salto. Sin dudar ni un segundo, me giré y ataqué a quien había atacado a mi hermano con las sombras. -¡Lohran!- El nombre de mi hermano salió con ansia de mi garganta, preocupada al verlo caer al suelo. No tardé demasiado en saber que estaba bien, entonces los dos nos centramos en la batalla que debíamos librar, una batalla para conseguir nuestra libertad y mantenernos con vida. Quizás era Lohran el experto de los dos en lucha cuerpo a cuerpo, pero si algo me había enseñado además de hacer algunos movimientos para dejar K.O. a algunas personas, me había enseñado a moverme para evitar cualquier ataque que quisiesen lanzarme.

Los dos atacantes que nos habían interrumpido en nuestra importante búsqueda, no se rendían y parecían dispuestos a conseguir sus objetivos, pero yo no iba a rendirme sin luchar, no iba a levantar mis manos en señal de rendición, ¡no soltaría mi varita por más que ellos así me lo pidiesen! Apreté mi arma mágica en mi mano y como Lohran hacia corrí hacia ellos, encontrándome con el primero al que había atacado, el más joven de ellos dos. -No nos vamos a rendir ante vosotros.- Dije adelantándome a cualquier comentario estúpido que me pudiese decir, empezamos entonces una batalla con nuestras varitas, hechizos por doquier que o bien nos daban o bien esquivábamos. No le quitaba la vista de encima a mi otra mitad hasta que un despiste por mi parte al sonreír por lo que le había al mayor de nuestros dos atacantes hizo que el joven pudiese atacarme y me mandase unos metros más atrás donde caí lanzando un grito de dolor por el golpe. Este fue olvidado rápidamente cuando vi a mi hermano impactar contra la pared del túnel de nuevo, esta vez por un ataque del joven, el cual había aprovechado para atacar a mi hermano después de atacarme a mí. Pero vi como se disponía a atacarle de nuevo, apreté la mandíbula mientras intentaba ponerme en pie. -¡No!- No pude evitar gritar antes de correr hacia él y lanzarme encima suyo para evitarlo, intentando quitarle su varita. ¿Por qué no le había atacado con un hechizo? Porque se me había caído la varita al caer y no había tenido tiempo de recogerla… lo más importante era mi hermano.
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Ayax Edevane el Dom Ene 06, 2019 3:58 am

Meric de Fonollosa

Cuando vio que Paul había conseguido lanzar al varón contra la pared del túnel y la mujer se avalanzaba contra él, no dudó en dividir sus fuerzas. Había visto lo bien que se le daba al hombre pelear cuerpo a cuerpo, por lo que una cosa tenía bien clara: mantener las distancias con él lo máximo posible. Además, por lo que había visto no había utilizado su varita: ¿quizás no tenía? Meric era de esas personas—al parecer en peligro de extinción de las filas de los Mortífagos—que no subestimaban a sus enemigos, por lo que por mucho que aquel hombre pareciese no tener varita, no iba a creer que estaba por encima de sus aptitudes.

Cuando cayó al suelo después de impactar contra la pared, Meric le apuntó con la varita. Le lanzó un hechizo que lo movió de manera violenta hacia su dirección, haciéndole chocar contra el escalón que daba a un desnivel superior por donde transitar de manera segura. Era bien consciente que disminuir las distancias era malo, pero quería evitar que entre ellos pudiesen ayudarse y Meric prefería tener el peligro de tener que enfrentarse a él cuerpo a cuerpo, que el hecho de que Paul tuviese que enfrentarse a dos personas. Era un crío inexperto y desconocían el nivel de ambas personas.

Así que con ambas partes separadas, se colocó con una pose muy elegante de duelista. Meric era purista y apoyaba al nuevo gobierno, pero era de esos que si ahora mismo estaba atacando a esas dos personas era porque eran fugitivos y nada más, ergo eran enemigos del gobierno. No tenía más intención que cumplir con su deber, más allá de motivaciones más perversas y oscuras.

Así que con intención de mantenerlo alejado de él, conjuró un látigo invisible que golpeó al varón en el hombro. Acto seguido una cuerda salió de la punta de su varita, la cual se estiraba mágicamente a decisión de Follonosa, la cual utilizó de látigo con intención de atrapar y reducir alguna de sus extremidades.

Si Lohran tiene un +10 en habilidad física, supongamos que Meric tiene un +5. Para que te hagas una idea y tengas en cuentas sus capacidades al relatar la pelea si lo atacas físicamente.


Paul Jeremiah Price

De repente se sintió placado por la mujer, haciendo que su pie se trabase con una de las tablas de los raíles y cayese al suelo de espaldas. La varita desapareció de su mano, pues la caída le había hecho abrir sendas palmas para evitar un fuerte golpe. Vio que su mentor le había alejado al varón que sin duda le superaba en nivel y es que apenas había hecho nada y ya sentía que todo le daba vueltas.

Se asustó al no sentir la varita en sus manos, pero frente a esa desesperación se fijó en que la chica tampoco tenía. Él no tenía muchos conocimientos—por no decir ninguno—sobre pelear cuerpo a cuerpo, por lo que se levantó y esperó tener al menos los reflejos suficientes al no encontrar su varita tras tantear el terreno más cercano a él con sus manos.

No paraba de preguntarse en dónde estaba el dichoso Ayax, pero no iba a pedir ayuda; no iba a delatar el número ni mucho menos echar por la borda las intenciones de los más experimentados. Así que sin mucha idea, se acercó a la chica con los puños protegiendo su cara—como un boxeador—en un intento de protegerse. La poca experiencia que había tenido al respecto se limitaba a algunas peleas en Hogwarts y poco más, en donde, todo había que decirlo, Paul no es que saliese normalmente victorioso. Y es que por mucho que pudiera aparentar ser ‘un maloso prepotente’ en verdad sólo era un niño de mamá demasiado mimado y cobarde. Llevaba tiempo pensando que todo aquello le quedaba un poco grande, por mucho que su actitud fuese pro-activa.

Así que se acercó a la mujer, dispuesto a defenderse y atacar hasta poder reducirla.

Níobe, si Lohran es un 10 en habilidad física y Meric un 5, puedes asumir que Paul es un 3. Que es torpe, pero tiene fuerza si te sujeta. Según tu ficha Níobe no sabe ningún arte marcial, así que supongo que será una pelea muy divertida xD Sé libre de pegarle y de hacer que te pegue, todo lo que quieras.

PNJS:

Meric de Fonollosa #9999ff ——— Paul Jeremiah Price #0099ff
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Lohran Martins el Dom Ene 06, 2019 9:26 pm

Lohran Martins, por muy buena forma física que tuviera y por muy buen entrenamiento que hubiera recibido en materia de lucha y de encajar golpes, se resintió de los dos impactos que había recibido, en pocos minutos, contra duras paredes de hormigón armado. Las secuelas que le dejó el segundo golpe fueron claras: un estado de aturdimiento del que le estaba costando salir. Y no es que aquello fuera demasiado beneficioso teniendo ante sí al más joven de los dos atacantes, apuntándole con su varita para rematar la faena.

Le hubiera gustado poder decir que se levantó. Le hubiera gustado poder decir que, con su hermana en mente, recuperó fuerzas milagrosamente y se deshizo de su enemigo. Le hubiera gustado decir un montón de cosas que no eran más que ficción. Quizás Bruce Willis pudiera hacerlo en las películas de La jungla de cristal, pero Lohran no. Lohran solo pudo alzar los brazos en un débil intento de cubrirse…

...y entonces, su hermana se lanzó sobre el enemigo que le apuntaba, arrojándolo al suelo. Los vio enzarzarse en una lucha, agarrados, y poco más pudo ver. Y es que, todavía aturdido, el fugitivo salió disparado hacia delante, como si una grúa invisible lo hubiera asido por el pecho y tirado de él.

Aterrizó sobre el duro suelo de los túneles, y sobre el escalón que separaba los raíles del metro con el escaso espacio que había destinado a personas. Otro golpe más que no hizo más que aumentar su aturdimiento. Además, un hilillo de sangre brotó de sus labios. Se había cortado la parte interior de éstos con los dientes al recibir aquel golpe. Dolía como pocas cosas que le hubieran ocurrido antes.

No disponer de una varita funcional era una gran limitación para un mago. Por mucho que Lohran supiera luchar cuerpo a cuerpo, y por mucho que a veces pudiera sorprender a sus enemigos, cuando se desvanecía el factor sorpresa, la lucha cuerpo a cuerpo era prácticamente inútil. Pero no tengo pensado rendirme, pensó el ex-Hufflepuff mientras hacía un esfuerzo consciente para ponerse en pie. El único pensamiento que tenía en la cabeza: su hermana melliza.

Su enemigo, que había adoptado una pose de duelista, aprovechó su ventaja para golpear a Lohran. Lo hizo con un hechizo que restalló contra su hombro igual que un látigo, causándole un dolor lacerante y un gruñido. Lohran retrocedió un par de pasos a consecuencia, pero no tuvo mucho tiempo a hacer nada: otro hechizo le apresó la mano derecha, en este caso una cuerda mágica que se enroscó en su muñeca.

Lohran se encontraba un poco mejor ahora, a pesar de que objetivamente le dolía hasta la tarjeta de identidad, y no perdió aquella ocasión: atarte a un mago que domina el combate cuerpo a cuerpo es muy mala idea. Lohran asió con su mano libre la cuerda y pegó un fuerte tirón de ésta. A consecuencia de ello, su enemigo perdió la varita, que se le escapó de las manos. Cayó al suelo entre ambos, y al hacerlo, el hechizo se desvaneció.

Ambos se miraron a los ojos un segundo, y Lohran hizo un amago. Los ojos de su enemigo se abrieron ligeramente al comprender lo que pretendía, y se lanzó a la carrera para recuperar su varita. Lohran, que había hecho creer al hombre que esa era también su intención, no se lanzó a por el arma, sino que se desapareció. Volvió a aparecerse cerca de su enemigo y le lanzó una patada directa al estómago mientras corría. Teniendo en cuenta que no se esperaba el golpe, éste no solo lo paró en seco, sino que lo hizo caer dando una voltereta hacia delante. Irónicamente, su espalda entró en contacto con el suelo en el mismo lugar en que se encontraba su varita. Literalmente, la aplastó bajo su cuerpo.

Lohran, que por lo general prefería no luchar sucio, hizo una excepción: con una rodilla clavada en el pedregoso suelo de los túneles, alzó un puño y comenzó a golpear a su enemigo. El primer golpe lo recibió en plena cara, pero cuando Lohran repitió el proceso, éste se cubrió con sus antebrazos. Lo mismo ocurrió con el tercero, el cuarto, el quinto… hasta que su enemigo logró detener su puño con uno de sus antebrazos y tuvo ocasión de contraatacar.

Lohran recibió un puñetazo en la cara, y mientras se recuperaba de éste, una patada directa al pecho que le derribó. Cayó de espaldas sobre la grava, observando cómo se ponía en pie su enemigo, y mientras éste se giraba para intentar recoger su varita, el brasileño aprovechó la poca distancia entre ellos para arrearle una patada, con todas sus fuerzas, a la rodilla. El golpe fue tal que obligó al mago a clavar dicha rodilla en el suelo, con un gruñido de dolor.

Se levantó con agilidad y se dispuso a lanzar una doble patada de capoeira, pero su enemigo fue lo bastante rápido como para agacharse. Los pies de Lohran pasaron rozando la coronilla de su enemigo, quien aprovechó el momento recuperar su varita y, desde su posición medio agachado, lanzar un nuevo hechizo contra Lohran. Martins salió despedido, alejándose nuevamente de su enemigo, y perdiendo la que quizás fuera su última oportunidad de de acabar con aquello.

¡Ah, sí! Y no solo eso. Aquella sección de los túneles del metro estaba llena de basura debido al abandono que sufría, y al uso ocasional que le daban los indigentes. Así que no fue sorprendente que Lohran Martins, en su caída, sufriese una fea herida en el costado, provocada por un pedazo filoso de metal oxidado. Sintió el terrible dolor, abriendo los ojos como platos, y también el momento en que la sangre, caliente y pegajosa, brotaba de la herida y comenzaba a empapar su ropa.

—Joder… Estoy jodido...—Musitó Lohran entre dientes, intentando ponerse en pie. Esta vez iba a resultarle muy difícil…

Espero que esté todo correcto así. Si hay algo que no te guste, ya tú sabeh, tú me dices :dios:
Lohran Martins
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Níobe el Vie Ene 25, 2019 2:32 pm

¡Lo había conseguido! Tenía que admitir que cuando me lancé encima de aquel hombre, no las tenía todas conmigo. No sabía bien que iba a pasar y tampoco lo había pensado, pero al placarlo, lo desestabilicé y caímos al suelo. No dudé en soltarlo y utilizar el impulso de la caída para rodar alejándome un poco de él, no era tonta, se le notaba que tenía fuerza y si dejaba que me sujetase poniéndose encima de mí, estaba perdida. Me puse rápidamente en pie, viendo con una sonrisa como había perdido su varita. ¡Esto se ponía más emocionante por momentos! Le faltaba práctica, de haberse tenido que enfrentar a Lohran... habría mordido el polvo en menos que cantaba un gallo. Por suerte para él y por desgracia para mí, yo estaba muy verde en las técnicas que mi hermano dominaba. Se podía decir que lo mío era más bien, nivel zigoto. Pero por el amor a mis hermanos que iba a intentar hacerle todo el daño posible. Yo siempre le decía algo a mi hermana pequeña: "Sí no puedes usar tu varita, utiliza tus manos.".

Era un buen consejo porque en aquel momento yo había perdido mi varita de vista y debía intentar dañar al niñato que tenía delante. No sabía cuántos años tenía y tampoco me importaba, por eso, cerré los puños y me lancé contra él. Estaba cegada de rabia, no porque nos estaban negando el vivir la vida que nosotros deseábamos sino también porque había visto al otro atacar a mi hermano y eso era algo por lo que no pasaría. No pensaba con frialdad y quizás eso iba a ser mi gran error en todo aquello. Pero cuando avancé rápidamente hacia el más joven, no pensé en lanzarme de nuevo encima de él, suponía que no sería tan sumamente estúpido como caer en la misma trampa dos veces seguidas. Cerré mi puño durante mi carrera, viendo como se intentaba proteger la cara, sonreí de medio lado, bajé el puño hasta alcanzar su estómago pero sin los reflejos suficientes como para alejarme a tiempo y uno de sus puños me impactó en mi mejilla derecha haciéndome trastabillar y caer al suelo.

¡Mierda! Aquello solo me encendió más, pero no por el hecho de que él me hubiese pegado, si no por el hecho de que no había sido lo bastante lista como para pensar en que él podía pegarme. Me levanté rápidamente, mirándolo con rabia... Aquel individuo no sabía con quién se estaba metiendo, Prue Martins no se rendía con facilidad y menos cuando en mente solo estaba el salir de allí acompañada por mi hermano mellizo por el que estaba preocupada viendo lo que le estaba pasando. Necesitaba pensar con rapidez, intenté ubicar con rapidez sitios de su cuerpo donde poder atacarle sin ponerme en peligro, porque aunque había visto que era torpe como él solo... me podía reducir si me agarraba. Por el momento, mi golpe y el suyo habían dado en la diana y los dos habíamos necesitado un pequeño momento para recuperarnos.

Me puse en guardia al ver como se acercaba a mí de nuevo, aquella vez fue él el más rápido e intentó agarrarme y yo me tire hacia atrás, intentándolo esquivar en medida de lo posible. Consiguió agarrarme de una manga, tirando de mi hasta conseguir acercarme a él, no sabía que pretendía, pero levanté mi mano izquierda que era la que tenía libre y la llevé con toda la fuerza posible hasta su oreja, dándole con fuerza esperando que eso le produjera un momento de sordera o incluso de desorientación. El quejido que salió de su garganta, me hizo saber que había estado en lo cierto, pero el maldito tuvo tiempo de hacer que su mano libre me fuese un manotazo de nuevo en la cara que me hizo ponerme la mano para calmar un poco el dolor.

Después de eso, los golpes entre nosotros fueron sucediéndose, no teníamos una maldita idea de pelea y hacíamos lo que podíamos, pero al menos, había conseguido que perdiese su varita y eso me daba un pequeño respiro o eso creía yo. Me estaba cansando de aquello, yo le había dado unos golpes en la cara y el estómago, él había conseguido lo mismo y debía admitir que era imbécil pero su fuerza era proporcional a su tamaño y los golpes me dolían sobre todo por la fuerza que se había empleado en ellos. Del último en el estómago había necesitado un momento más largo para recuperarme, lo miraba con rabia, me daba rabia no llevar mis botas porque habría hecho mucho más daño en las patadas que con mis deportivas. Me llevé una mano al estómago, cerrando los ojos un segundo, repasando lo que había pasado en la pelea... vernos habría sido por lo menos divertido, porque aunque nos habíamos pegado... suponía que ante la inexperiencia de ambos, había resultado ridículo de ver.

Acababa de tener otro error de los grandes, cerrar los ojos teniéndolo cerca. Antes de que pudiera abrir mis ojos al escuchar sus pasos, se abalanzó contra mí y me acorraló contra la pared. Mis ojos se encontraron con los suyos, quise pegarle, pero me cogió las manos evitando cualquier movimiento y la rabia se apoderó de mí. Solo necesitó una de sus manos para cogerlas, mientras que con la otra cogió mi cuello y apretó, no sabía que pretendía... pero no me iba a quedar a averiguarlo. Ahí entró en vigencia, otro consejo que le daba a mi hermanita: "Sí no puedes usar tus manos, usa tus piernas." Aquel malnacido me estaba empezando a dejar sin aire, por lo que levanté una de mis piernas y con todas mis fuerzas le pegué en su entrepierna, haciendo que gritaste de dolor y me soltase para llevarse sus manos a su dolorida zona masculina. Yo aproveché para rodar hasta ponerme boca abajo y poderme poner en pie, no era totalmente fácil porque aún me faltaba el aire y mis pulmones intentaban coger todo el aire que les había sido negado hacía un instante.

Al conseguir tenerme en pie y no caerme, lo miré y decidí alejarme de él todo lo que pudiese, me giré y cuando iba a salir corriendo, sentí como su mano me agarraba el tobillo derecho y tiraba de mi, haciéndome caer y pegar un grito por no esperármelo. El golpe contra el suelo fue duro, haciéndome perder el aire de nuevo y darme un golpe en la cabeza que me desorientó. No podía levantarme, esta vez sí que no. -Joder... malnacido...- Maldije aún en el suelo sin poderme levantar... Lohran estaba en la misma situación... parecía que la suerte nos había abandonado a ambos y no pude evitar mirar a mi hermano mientras intentaba controlar el dolor y la desorientación que estaba sintiendo.

Espero que esté todo correcto. Ya sabéis que si hay algo mal, me lo decís. Siento la tardanza, he estado con problemas en casa que me han tenido rota.
Níobe
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Ayax Edevane el Sáb Ene 26, 2019 3:57 am

Meric de Fonollosa

No sabía todavía cómo se había librado de aquello. Realmente, todavía no era consciente de lo que se había librado de lo que podría haber sido una pelea física con Lohran Martins. Los golpes que le había acertado habían hecho que Meric se quedase muy perdido y desorientado, por lo que para él fue todo un éxito acertarle con el hechizo para mandarlo muy lejos y poder respirar tranquilo, aunque fuesen solo unos segundos. Necesitaba volver a ordenar su cabeza, pero no podía bajar la guardia. Él desconocía que Lohran había salido gravemente herido de aquel golpe.


Paul Jeremiah Price

Aquello fue un despropósito. En aquel momento Paul supo lo tan inútil que era peleando cuerpo a cuerpo y lo terriblemente humillante que debía de parecer la pelea que estaban teniendo. Y es que... ¿no os habéis fijado en lo imbéciles que parecían los dos intentando agarrar al otro y golpearlo de manera que quedase totalmente inconsciente? Y lo peor de todo es que ninguno tenía los conocimientos necesarios como para eso, ni mucho menos la fuerza.

Para él, fue totalmente un estallido de suerte el terminar con aquella chica en el suelo tras agarrarle, patosamente, su tobillo cuando intentó correr. El golpe que se dio la dejó desorientada, pero la verdad es que Paul no estaba mejor.


Peter & Alba
Definición gráfica de fugitivos peligrosos sin varita:

Habían escuchado los gritos y los ruidos. Peter y Alba pertenecían al grupo de Melina Whitmore y eran los vigilantes de aquellas vías abandonadas: si alguien estaba ahí, ellos lo sabían y no iban a dejar que nadie se acercase al refugio de Melina y sus compañeros. Así que al escuchar ruidos, corrieron en busca del foco. No tardaron en encontrarlos e identificar a sus enemigos, pues tenían en una de sus manos linternas y en la otra pistolas, al estilo muggle.

Ellos habían perdido la varita hacía tiempo, por lo que no se andaban con rodeos: habían acudido a las armas muggles para poder defenderse y matar a aquellos que quieren matarles.

Habían aparecido por el lado de Lohran, por lo que le reconocieron a él y a Meric, como un Mortífago dado a este tipo de incursiones. Tampoco les costó identificar más allá a un tipo a favor de Meric y al apoyo de Lohran. En ese momento no reconocieron a Prue como Prue, pues estaba demasiado lejos. Meric, sin embargo, los apuntó con la varita, pero lejos de poder atacar, Alba fue la primera en disparar. Le dio directamente en el hombro de la varita, haciendo que el hechizo que conjuró saliese disparado al techo. Frente al ruido del disparo, Paul se giró para mirar qué había ocurrido, por lo que Níobe aprovechó para golpearlo en el rostro fuertemente. Cuando se levantó para ir contra Prue, recibió un disparo en la pierna que lo hizo gritar y caer.

—¡No te muevas! —Le gritó Alba a Meric, que aún tenía la varita en la mano. —¡Suéltala! ¡Suelta la varita, Fonollosa!

Pero Ayax sabía que Meric no iba a soltar la varita. Era un hombre muy honorable, pero prefería morir habiendo luchado, que terminar como preso de los radicales o de Melina Whitmore. Así que el pelirrojo se desapareció de en dónde estaba, viendo que era su momento, y apareció junto a Meric y justo cuando Peter disparó contra él al ver que Meric iba a conjurar algo, Ayax creó una barrera para parar esos proyectiles. Al ver que lo había parado, continuó disparando cuatro veces más hasta que se quedó sin balas. Ayax continuó creando la barrera todo el rato. Justo cuando Alba iba a coger el relevo, Ayax le lanzó un hechizo que le golpeó directa en el pecho, mandándola a volar junto a Lohran. Mientras Peter recargaba, Ayax apuntó al techo justo entre ellos y con un bombarda lo hizo estallar, montón de escombros cayeron justo en medio, más cerca de ellos que del propio Ayax y Meric, creando una gran nube de polvo.

Cayeron varios escombros, suficientes para retenerlos pues tendrían que escalarlos para llegar a la otra parte.

Ayax se giró entonces, viendo entonces como la chica salía corriendo y la apuntó con la varita. Le sujetó por la muñeca una cuerda y tiró de ella fuertemente, haciéndola girar de manera violenta en su carrera, sin embargo, delante de ella no había nadie. Ayax se desapareció, apareciendo justamente detrás de ella, para sujetarla y tirarla al suelo.
Ayax Edevane
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Lohran Martins el Lun Ene 28, 2019 12:45 am

La camisa de Lohran Martins presentaba una mancha roja y húmeda con un tamaño suficiente para ser preocupante. La sangre ya se filtraba a través del corte en la tela en un lento goteo que formaba un pequeño charco sobre las piedras que en ese momento le servían de cama.

Lohran había sufrido heridas en su vida, especialmente como fugitivo. Ningún ejemplo mejor de aquello que las palabras ‘sangre sucia’ grabadas en su omóplato izquierdo, que no habían sido otra cosa que el colofón de aquel encuentro. Sin embargo, nunca había sufrido algo como aquello, y no fue hasta ese momento en que se dio cuenta de lo rápido que las fuerzas abandonan un cuerpo humano cuando se está sangrando tanto.

No lograba ponerse en pie, y por lo que sabía, estaba totalmente a merced del mortífago. Era cuestión de tiempo que cayera fulminado. Con suerte, moriría a causa de la herida, y no tendría que verse encerrado en el Área-M.

La llegada de los dos fugitivos le pilló totalmente desprevenido, semi incorporado sobre su codo. Les escuchó hablar, y lo peor de todo no fue aquello: les escuchó disparar. ¡Disparar! El fugitivo, instintivamente, se cubrió con los brazos, como si estos fueran a ser capaces de proteger su cabeza frente al impacto de una bala.

No hubo tiempo de cantar victoria ni mucho menos. Si bien agradecida, la aparición de los fugitivos no supuso un cambio en las tornas. Dispararon, sí, e hirieron al tal Fonollosa, también, pero los mortífagos se reservaban un nuevo aliado: un pelirrojo que hizo acto de presencia, protegiendo al hombre que había enviado a Lohran al suelo.

Hubo más disparos, pero la cosa se resolvió con la fugitiva volando por los aires, acabando junto a Lohran, y soltando el arma a consecuencia. El brasileño pensó preguntarle si se encontraba bien, pero en su lugar tuvo que moverse rápidamente: una avalancha de escombros se les vino encima, o eso le pareció al principio. Se arrastró un par de pasos hacia atrás, valiéndose de codos y piernas por igual, pero enseguida comprobó que no les iban a caer encima. Por el contrario, aquello había sido una ‘bomba de humo’: una estrategia de los mortífagos para salir huyendo.

El único problema era… que Prue se quedó del otro lado de la pila de escombros.

—¡PRUE!—Gritó a todo lo que dieron sus pulmones, y su voz reverberó en los túneles. Hizo otro esfuerzo por ponerse en pie, esta vez consiguiendo incorporarse hasta estar sentado. Volvió a gritar el nombre de su hermana, mientras un nudo le atenazaba el pecho y la garganta.

Aquello no podía acabar así. No, no podía ser que, después de haberlo intentado tanto, justo al final del camino fueran a acabar así.

Lohran se llevó la mano al bolsillo, donde guardaba la varita, y la empuñó con una mano izquierda manchada de la sangre de su costado. El brazo que la sostenía era tembloroso, más no la voluntad de su propietario.

—Si me escuchas, Prue… ¡Apártate de los escombros!—Gritó Lohran, y tras darle a su hermana un margen de dos segundos, conjuró un hechizo Bombarda Maxima no verbal.

¿Qué decir del resultado? Solo podían ocurrir dos cosas cuando de aquella varita desleal se hablaba: o bien nada, o bien algo terriblemente desproporcionado. Fue lo segundo.

Una explosión tremenda iluminó el túnel. La deflagración arrojó en todas direcciones fragmentos de hormigón armado, y la dirección en que se encontraban ellos no fue una excepción: Lohran recibió el impacto de un fragmento del tamaño de un puño en la sien, lo cual lo tumbó de nuevo y abrió una brecha sobre su ceja derecha. Un hilillo de sangre corría por su pie.

Las paredes se agitaron, y el sonido tenía pinta de haberse escuchado hasta en la superficie. Por un momento, Lohran temió que el resto del túnel se les viniera encima, cosa que por suerte no sucedió. Sin embargo, la polvareda resultante de todo aquello fue incluso peor.

Los tres fugitivos permanecían atentos a lo que sucedía, esperando que el polvo se depositase. Los que habían acudido en ayuda del brasileño y su hermana empuñaban ya sus armas, en alto, fijas en la polvareda. Lohran no podía más que sujetar su varita y cruzar los dedos porque le sirviera. Si le fallaba, aunque solo fuera una vez, estaría muerto. Después de todo, no le quedaban más fuerzas para ponerse en pie y luchar.
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Níobe el Lun Ene 28, 2019 2:50 pm

Mierda, mierda, mierda... mi mente se apuntó que si conseguía salir viva de allí tenía que aprender a pelear, se lo pediría a mi hermano claramente, porque si uno salía vivo de allí el otro también. Entre nosotros no había medias tintas, o los dos o ninguno. Pero el golpe de mi cabeza contra el duro cemento, había hecho que todo me diese vueltas y no pudiese ubicarme para conseguir ponerme en pie. Poco a poco, conseguía que mis ojos empezasen a enfocar todo lo que tenía alrededor, el hechizo que mi hermano y yo llevábamos me ayudó a distinguir a Lohran en el suelo, pero mis ojos se abrieron como platos al ver su cantidad de sangre perdida en su camisa, verlo de ese modo me preocupó tanto que luché contra mi propio cuerpo para ponerme en pie. Mi mente solo repetía el nombre de mi hermano como un mantra, no, no, no... no podía perderle, a él no. Pero una cosa era luchar para conseguirlo y otra hacerlo, además teniendo al mortifago intentando mantenerme en el suelo. Era difícil el querer levantarme y el tenerlo allí intentando retenerme.

No me había dado cuenta de la entrada de los fugitivos hasta que el primer disparo retumbó dentro de los túneles, miré a los fugitivos y por un momento pensé en que estábamos salvados... o eso quería pensar. Aquel contra quién yo estaba luchando o lo que fuera lo que estábamos haciendo, se giró y vi la oportunidad, levanté el pie izquierdo y le di un fuerte golpe en la cara. Sonriendo al escuchar el pequeño quejido que soltaba, pero me reprendí por no haberme alejado, aunque un disparo de la chica lo hizo quedarse quieto al ser herido. Aproveché para moverme un poco aunque era aún a cuatro patas, pero sin perderme ni un movimiento de todo lo que me pasaba. No tuve tiempo de recuperarme de la aparición de aquellos fugitivos cuando un nuevo mortifago apareció en escena. Mi cara de sorpresa era de órdago, no sabía dónde se había escondido pero ahora eso era una gran desventaja para nosotros.

Mientras me ponía en pie, no perdía detalle de lo que estaba pasando. Al ver caer a la chica al lado de Lohran, me preocupé pero más lo hacía el estado de mi hermano. Intenté correr hacia ellos cuando el mortifago recién aparecido, lanzó un bombarda y me vi obligada a apartarme, cubriéndome con los brazos para evitar el humo que se crearía a mí alrededor. Cuando levanté la vista, una gran montaña de escombros me separaba de mi hermano, de mi salvación, de la única persona hasta el momento que me había demostrado que le importaba de verdad. Miraba la montaña con ojos ansiosos, sabía que en cualquier momento saldría corriendo, hasta que la voz de mi hermano me hizo volver a la realidad y salí corriendo hacia allí, estaba dispuesta a dejarme las últimas fuerzas en escalar los escombros, me daba igual lo que me costase.

Salí corriendo hacia la pila de escombros, pero antes de que mi boca se abriese para llamar a mi hermano, sentí como una cuerda agarraba mi muñeca y tiraban de mi, pude ver quien había sido el culpable, aquel nuevo mortifago pelirrojo me había impedido correr hacia mi otra mitad y de pronto, sentí como se aparecía detrás de mi mientras yo trastabillaba por el hechizo que me había echado. Me vi tirada al suelo y me quedé sin aire al caer, sin poder gritar por el golpe. Miraba al mortifago sin poder decir nada, mis cuerdas vocales parecían paralizadas en aquel momento.

Escuché a Lohran intentando advertirme y reaccioné de nuevo, abriendo los ojos como platos, quise abrir la boca para advertir a mi hermano de que no podía moverme también había adivinado lo que quería hacer y sabia que hacerlo con su varita era un peligro. Pero de pronto, el ruido de una explosión y la luz del mismo resonaron en el túnel haciendo que cerrase los ojos, noté un golpe de uno de los fragmentos de escombros en mi cabeza y grité, haciendo que mis cuerdas vocales despertasen del letargo en el que habían estado.

El polvo estaba por todos lados, pero yo intenté moverme, quitármelo de encima, volverme con mi hermano, encontrar mi varita, atacar a aquel pelirrojo que no dejaba que me moviese. -¡Suéltame! ¡Lohran!- Grité con todas mis fuerzas, tensé mi cuerpo, moviéndome con fuerza, no me dejaba moverme y me estaba costando hacerlo. Y recordé la última de las lecciones a mi hermana: “Si no puedes usar ni siquiera las piernas, utiliza tu boca.” Y me hice caso a mí misma, moví la cabeza hasta que alcancé su brazo y le mordí con fuerza, dejando que mis dientes se hundiesen en su piel y no lo iba a soltar hasta que él me soltase a mí.
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Ayax Edevane el Mar Feb 12, 2019 5:08 pm

Paul había quedado totalmente fuera de combate después de que el fugitivo hiciese estallar de aquella manera la pila de escombros, ya que varios le golpearon, dejándolo tirados sobre los raíles del metro. Lo malo es que de esa manera no podía apretarse la herida de bala y probablemente perdiese mucha sangre por la herida de la pierna. Meric, por su parte, había tenido la suerte de que nada impactase contra él y se había puesto en pie aprovechándose del polvo en suspensión para buscar su varita, ciegamente, en donde creía que la había visto caer.

El pelirrojo no tuvo tanta suerte. Había tenido que utilizar su varita para protegerse de unos proyectiles que volaban hacia él, pero también era el que más cerca se encontraba de esa pila de escombros, por lo que más de uno le impactó igualmente. Hubo uno que le dio en la sien, pero no había sido excesivamente grande, por lo que no soltó en ningún momento a la fugitiva que tenía sujetada con fuerza por la muñeca. Cuando el polvo se volvió el protagonista de la escena y sólo podían verse ellos dos por la cercanía en la que se encontraban, él intentó volver a sujetarla bien, pero se llevó un mordisco que no se esperaba en absoluto. Sintió los dientes de aquella asquerosa mujer clavándose en su antebrazo y un dolor horrible se le extendió por todo el brazo. Clavó sus dientes y gruñó de dolor, dándose cuenta de que tirar no era una opción, por lo que ante esa situación tan inesperada, sólo pudo utilizar su otra mano para golpear con fuerza el rostro enemigo con un puñetazo. La chica aflojó automáticamente aquella mordida, cayendo al suelo totalmente fuera de sí. No estaba totalmente inconsciente, pero por el estado en el que había caído, Ayax asumía que posiblemente estuviese en todos lados menos ahí. Se miró con preocupación la mordida, la cual tenía un aspecto horrible y sangrante, con miedo de que esa señora le hubiera transmitido a saber qué mierda. No se fiaba de los fugitivos. Ni de las mujeres. Mucho menos de las negras. Era un conjunto de sospechas infundadas por su educación. Y otra cosa no era, pero menuda salvaje.

Antes de poder hacer nada, una mano chocó en el hombro de Ayax: era Meric, quién habló en bajito.

—Me pareció ver a Paul siendo golpeado, tenemos que salir de aquí. —Lo decía con una mano en el hombro, la cual estaba empapada de sangre, así como casi todo su costado.

Ayax tocó libremente la herida por detrás, dándose cuenta de que el disparo no había atravesado la piel. De hecho, por la cara de sufrimiento que tenía Meric, cargada de sudor, y la posición de la herida, el pelirrojo pensó que probablemente le hubiese dado en algún hueso y por eso le dolía tantísimo.

—No te puedo hacer ningún amaño aquí o terminarías peor: carga con Paul mágicamente. Es en aquella dirección. —Le señaló en donde estaba Paul, que era el lugar más alejado a donde se encontraban los fugitivos armados, pues Meric se veía desorientado por el dolor y el polvo. Ayax se fue a agachar para sujetar a la mujer.

—No te la lleves, te va a ralentizar.

—Tú y Paul me vais a ralentizar y aún así no me voy a ir. Corre. —Se fue hacia allí, en busca de su pupilo, mientras Ayax sujetaba a la mujer y se la cargaba al hombro. No estaba herido, más que la mordida y una pequeña herida abierta en la sien, por lo que podía cargar perfectamente con ella. Podría haberlo hecho con magia, pero teniendo en cuenta las condiciones, prefería tener la varita libre para cualquier cosa.

De hecho, para propiciar su huida apuntó a dónde estaba la pila de escombros y con sencillo 'Humus' hizo que muchísimo humo se concentrase junto al polvo, manipulándolo para hacerlo más denso. Apenas habían hecho ruido, por lo que los fugitivos armados deberían de arriesgarse mucho para pasar esa humareda sin saber lo que habría esperándolos al otro lado. Pero era bien consciente de que ahora mismo no podías asumir que nadie era razonable y que cualquiera se lanzaría al vacío por algo que ama. Y por lo que había podido ver, allí atrás había alguien que lucharía hasta el final por la chica que ahora cargaba al hombro.

Cuando Ayax se acercó a Meric y Paul, hizo que una cuerda se apretase en el muslo del más joven para parar en la medida de lo posible la hemorragia, pero rápidamente continuaron caminando en dirección opuesta.
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