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If you look into the abyss... // {Missy&Gwen}

Gwendoline Edevane el Jue Nov 22, 2018 2:31 am

If you look into the abyss... // {Missy&Gwen} KkXkUKW
Viernes 7 de septiembre, 2018 || Departamento de Accidentes y Catástrofes del Ministerio || 23:07 horas || Mi ropa

Las palabras que había dicho a Melissa Masters, esas acerca de lo interesante del turno de noche, ni se aproximaban a la realidad: el turno de noche era uno de los más tranquilos y aburridos en la jornada laboral del Ministerio de Magia Británico. Apenas había empleados, pues en su mayoría las tareas que se llevaban a cabo a aquellas horas eran las de menor importancia. Literalmente, una persona podía pasearse por todo el edificio, de punta a punta, y no cruzarse con nadie.
Aquello era precisamente lo atractivo del turno de noche, y el motivo de que al menos una noche a la semana hiciera algunas ‘horas extra’: de aquella manera reunía información requerida por la Orden del Fénix. La soledad era sinónimo de privacidad. El archivo del Ministerio estaba a mi completa disposición, y toda la información allí recopilada podía servir, para variar, a un propósito noble.
Todavía estaba un poco nerviosa por haber confiado en Melissa Masters. No sabía lo suficiente de aquella mujer como para saber si había hecho lo correcto, pero había algo en su forma de solicitar aquella información que me había dado ‘buena espina’: la mujer parecía interesada en la privacidad, en que su secreto no se airease. Teniendo en cuenta el gobierno actual, quería pensar que no quería que los mortífagos se enteraran de que andaba husmeando en el pasado, por mucho que fuera el suyo propio.
Bueno, ahora no puedo hacer nada para remediarlo, pensé. Alguna noche, Melissa Masters aparecería allí, y yo tendría que ayudarla. Se lo había prometido, y si las cosas salían mal… Siempre cabe la opción de desmemorizarla.


***

Cerca de las once de la noche, abandoné mi despacho y cerré la puerta con llave. Me guardé esta en el bolsillo, y me encaminé a ver a Mathilda Gherson. No había ni un alma en la planta, las luces estaban bajas, y reinaba el silencio. En cierto modo, aquello me ponía los pelos de punta: la mente humana, traicionera como solo algo humano podía serlo, se disparaba en situaciones como aquellas. Y si bien ya debería estar acostumbrada a deambular por aquellos pasillos, que me conocía como la palma de mi mano, el reciente ataque de los radicales al Ministerio no hacía ningún bien a mi desbocada imaginación.
Así que caminaba con la varita en alto, más por precaución que por otra cosa. Mis pasos resonaban y reverberaban en el silencio, y por momentos parecía que había alguien más en el lugar. Por supuesto, aquello no era cierto: como ya he dicho, mi imaginación se desbocaba.
Dejando estos pensamientos a un lado, en la medida de lo posible, enfilé el largo pasillo en que había citado a Melissa Masters, sin saber si esa sería la noche en que nos encontraríamos o no. Recorrí el corredor casi hasta el final y me detuve ante el busto de piedra. Su inscripción rezaba: Mathilda Gherson, 1897 - 1959, y un resumen detallado de todas las contribuciones de aquella mujer al departamento. Me llevé la mano al bolso y rebusqué en su interior hasta dar con una cajita que contenía una rana de chocolate.

—Buenas noches, Mathilda.—Dije en voz baja, al tiempo que abría el envoltorio de la rana de chocolate. Como era de esperar, el pequeño batracio de chocolate animado con magia saltó en el mismo momento en que se vio libre, atravesando la pared en que se encontraba el busto como si no estuviera allí.

Se trataba de un principio similar al de la pared del andén nueve y tres cuartos: estaba allí, pero podía atravesarse como si no estuviera. No tenía ni idea de quien había diseñado aquel escondite, pero de una cosa estaba segura: solamente yo lo conocía. Lo había descubierto por casualidad, además, mientras buscaba información sobre Ulises Kant y Grulla para Sam. Un empleado del departamento había desenvuelto una rana de chocolate delante de aquella misma pared y ésta había desaparecido a través de ella. El empleado no lo había visto, pero yo sí, y en cuanto tuve ocasión quise averiguar qué pasaba allí.
Lo sorprendente de todo esto es que, si no se utilizaba el método de la rana de chocolate, la pared no podía atravesarse. Fuera quien fuese el autor de semejante burbuja de realidad alternativa, había sido muy meticuloso a la hora de esconderla.
Una vez liberada la rana, la puerta estaba abierta para mí. Sin dudar, crucé al interior, y me encontré en aquel pequeño habitáculo repleto de estanterías. No era muy espacioso, ni el lugar más confortable del mundo, pero era un escondite perfecto: allí guardaba copias de todo lo que sacaba de los archivos, y si bien todavía no había sacado nada con respecto a Melissa Masters, quizás eso cambiase aquella noche.

—Solo espero que esto no termine teniendo que borrarle la memoria a Masters.—Murmuré para mí misma, mientras tomaba una de las carpetas que guardaba allí con intención de revisarla. Era mucha información y tenía que hacer un pequeño proceso de criba.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Melissa Masters el Sáb Dic 01, 2018 12:52 am

La imaginación de Edevane quizás se desbocaba un poco, pero eso no significaba que no hubiera otra persona en el edificio. Quizás sí, cuando  recorrió los pasillos lo hizo en soledad, pero eso sólo sería porque varios minutos antes los tacones de otra cierta bruja los habían recorrido en la misma manera, con acaso mayor prisa.

Después de que Gwendoline Edevane hubiera soltado tan generosamente aquella información en su oficina, Missy se había tomado su justo tiempo primero para evaluar si aquello era una trampa y luego para, finalmente, comenzar a considerar la posibilidad de presentarse al lugar indicado. Naturalmente el primer paso fue investigar lo todo lo posible respecto a la famosa Mathilda Gherson, e imagina su sorpresa cuando descubrió que aquella mujer ya llevaba varias décadas muerta, probablemente cultivando amapolas, gusanos o quien sabe qué otra clase de materia orgánica en el cementerio. Eso, sin embargo, no trastocaba demasiado sus posibilidades: esto es el Mundo Mágico en todo caso, e incluso la tal Mathilda podía ser tan -o acaso más- útil muerta como en vida, tratásese de un fantasma o de algo un poco más… abstracto, o creativo si se quiere. Era un dato conveniente sin embargo, pues sabiendo que no se trataba de una bruja viva, no sería necesario un cargamento gigante de ranas de chocolate para sobornarla, como inicialmente Missy planeó. No, con un par alcanzaría. Investigaciones posteriores confirmaron sus sospechas: se suponía que aquella bruja tenía un pequeño busto a su nombre en el  Departamento de Accidentes y Catástrofes del Ministerio a su honor. El viernes 7 de septiembre, Melissa decidió asistir.

Así, aquella noche, algo pasadas las diez y media, la bruja se inmiscuyó casualmente en el Departamento, varita en mano, labios firmemente apretados y ojos y oídos atentos. Pasaron varios minutos hasta que finalmente Missy dio con aquello que buscaba: el busto de Mathilda Gherson. Missy rebuscó en su bolso hundiendo el codo hasta el fondo, a la vez que dedicaba una sonrisa a aquel bonito busto de mármol, como si acaso fuera una persona real.

-Amé el sombrero -gesticuló. Finalmente rescató la pequeña cajita de las profundidades de su bolso y ejecutó el mismo proceso que Edevane realizaría algunos minutos después, con la diferencia de que cuando Missy vio la rana literalmente atravesar la pared de un salto, la bruja dio a su vez un pequeño salto que casi hace que el busto de la pobre Mathilda cayera al suelo. Oops. Pero afortunadamente nada de eso pasó, y tras una última mirada rápida a ambos lados del corredor para cerciorarse de que se encontraba sola, la bruja siguió a la rana.

Curioso habitáculo era aquel, sin duda. Missy admiró con ojos abiertos de par en par el paisaje que tenía ante ella: estanterías y estanterías, repletas de esferas de los colores más diversos. Contenedores, sin duda. ¿Pero de qué? De recuerdos, esperaba, pero lo cierto era que le recordaban bastante a las profecías que se decía otras habitaciones igualmente misteriosas del Ministerio albergaban. Esferas hipnóticas como fuera, lo suficiente para que la bruja se paseara entre ellas, apenas conteniendo la curiosidad y el deseo de rozarlas con las puntas de sus dedos enguantados, incluso si sabía que muy probablemente esa era una idea terrible. Es más: rompería una por el sólo placer de saciar su curiosidad respecto a qué clase de humo o vapor provocaría al estrellarse contra el piso de roca, si tan sólo tuviera la certeza de que la esfera destruida no tenía nada que ver con ella. Tan abstraída se encontraba que apenas detectó los pasos que se escuchaban a la lejanía, amortiguados, pero que ciertamente estaban allí. No se percató de la amenaza de una nueva presencia hasta que fue demasiado tarde; puntualmente, cuando una nueva rana de chocolate atravesó abruptamente la aparentemente sólida pared de roca. Missy tuvo apenas unos segundos para ocultarse al fondo de la habitación, detrás de una estantería, cuando Gwendoline penetró en la habitación.

Melissa la observó con atención y en completo silencio. Tan concentrada como había estado en las curiosas esferas, no había reparado en las carpetas que Gwendoline empezó a hojear ni bien llegó. Quizás habría permanecido oculta un poco más de tiempo, fisgoneándola en el mayor de los anonimatos, pero la mención de su apellido prácticamente la empujó a delatarse. Con los brazos en jarra emergió de su escondite,  a la vez que soltaba una carcajada.

-Eso sería muy irónico. Que termine saliendo de aquí con menos recuerdos que con los que entré -sonrió ladina, aunque manteniendo una distancia, no fuera cosa de que la bruja se asustara tanto al punto de lanzarle un hechizo gratuitamente, en un arrebato. Melissa ladeó levemente el rostro, a la vez que señalaba con la punta de su varita en dirección a las carpetas-. Lo siento, espero no haberte asustado. ¿Qué tienes ahí, Gweny-Gwen? ¿Puedo ver?
Melissa Masters
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Melissa MastersInactivo

Gwendoline Edevane el Lun Dic 03, 2018 1:17 am

Ciertamente, esperaba que en algún momento Melissa Masters acabase dando con aquel lugar. No en vano, había dejado caer algunas pistas para la bruja con la única intención de conocer sus intenciones, si estas eran buenas o malas. Es posible que hubiera sido un gran error desvelarle el único lugar que podía brindarme un poco de privacidad entre aquellas cuatro paredes a una persona en la que todavía no tenía una confianza plena. Sin embargo, todo el mundo merecía una oportunidad, y a una mala, siempre podía desmemorizarla.
Sin embargo, y a pesar de que esperaba hablar cara a cara con Melissa Masters en aquella misma estancia, no me esperaba que ese momento concreto fuera aquel. Y es que al principio no reconocí su voz, y cuando la escuché salir de algún punto a mis espaldas, entre los estantes llenos de esferas multicolor, me puse en guardia. La carpeta de archivos acabó en el suelo por lo brusco del movimiento que hice al girarme, alzando la varita en dirección a quien hablaba.
Me encontré con otra varita apuntando en mi dirección, aunque no exactamente de la misma forma que la mía: la de Melissa Masters, propietaria de la voz que me había sobresaltado, apuntaba concretamente a la carpeta de archivos que estaba revisando.

—Bueno… no estoy apuntándola con una varita por gusto, créame.—Respondí con un rostro inexpresivo que no denotaba ningún tipo de emoción; el hecho de que bajase el brazo de la varita fue suficiente indicativo de que allí no iba a ocurrir nada violento… por el momento.—Buenas noches, señora Masters. Disculpe la reacción, pero lo que menos me esperaba era que ya hubiera alguien aquí.—Con un movimiento de varita, hice que la carpeta y las hojas que contenía—se habían desperdigado al caer—volvieran a ordenarse correctamente, y terminaran sobre mi antebrazo izquierdo. Acto seguido, dejé la carpeta sobre una pequeña escalera plegable que hacía las veces también de asiento.—Dejemos eso para otro momento, si le parece.—Dije en referencia a la carpeta, cruzándome de brazos. No pude evitar reparar en la curiosa forma de referirse a mí. Tenía que ser, sin lugar a dudas, la más original hasta la fecha.

Resultaba complicado tratar aquello sin desvelar todas mis cartas. No quería ofrecer más información de la necesaria hasta saber si podía confiar en aquella mujer. Ella misma se había definido como harpía durante nuestro primer encuentro, y eso sin mencionar el hecho de que había pertenecido a la casa Slytherin. Aquello podría no ser indicativo de nada en concreto, pues existía la misma variedad en Slytherin que en las demás casas de Hogwarts, pero sin duda era la que peor reputación tenía.
Pero bueno… ya estamos aquí, ¿no? Sí, allí estábamos, y lo mejor sería que empezáramos a hablar de algo sustancial.

—Dijo usted que quería acceder a unos recuerdos que le fueron borrados.—Empecé con cautela, dando un paso hacia ella y manteniéndole la mirada pese a lo incómodo que se me hacía eso por norma general.—Puedo ayudarle a encontrar esos recuerdos, o una manera de acceder a ellos, siempre y cuando haya algo en el archivo al respecto. Sin embargo, necesito saber que mantendrá usted el secreto de este lugar.

Otra persona en mi situación habría sugerido la posibilidad de realizar un juramento inquebrantable, pero yo no: después de todo lo vivido en los últimos meses, y de conocer la horrible verdad detrás de la ruptura de mi amistad con Sam hacía casi dos años, había aprendido a odiar aquella suerte de magia. Me parecía más inmoral incluso que el hecho de eliminar recuerdos de la memoria de una persona.
Sin embargo, si Masters me obliga, no dudaré en hacerlo, pensé, y no refiriéndome al juramento inquebrantable, sino a aquello en lo que yo era buena: borrar y modificar memorias. No me siento orgullosa de ello.
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Melissa Masters el Lun Dic 24, 2018 4:20 pm

Bueno, Missy ciertamente tenías sus dudas respecto a eso porque, ¿a quién no le gustaría apuntar a Melissa Masters con una varita? La ex aurora podía pensar en una larga lista de nombres. Pero curiosamente, y había que darle su mérito por ello, Gwendoline -o ‘Gweny-Gwen’, como la bruja había decidido denominarla a partir de ahora- era una de las pocas personas con las que tenía un trato más o menos cordial. Por supuesto nunca digas nunca, la posibilidad de arruinar un buen vínculo siempre está a la vuelta de la esquina, pero so far so good.

-Buuu, tú siempre tan seria. ¿No me gano ni siquiera una felicitación por mis dotes investigativos? ¿Ni siquiera una palmadita en la espalda, o un bizcocho? -se quejó la mujer, exagerando dramáticamente su decepción, curvando los labios y dejando caer los brazos, abandonando todo intento de apuntar a la carpeta. Sea, aceptaba dejar el tema de la carpeta… Por ahora, desde luego. Sus ojos azules se detuvieron un segundo más sobre el objeto que la desmemorizadora cerraba antes de volver a concentrarse en su rostro. Por ahora. Ah, pero Gwendoline hizo un maravilloso trabajo captando su atención tan pronto como sacó a colación la razón por la cual la bruja había asistido a aquel escondrijo en un primer lugar: sus recuerdos. Missy dio un paso al frente a su vez por instinto, sus ojos fijos en los de la bruja más joven. ¿Ella incómoda? No, desde luego que no, ni siquiera en el hipotético caso de que alguien violara la burbuja de su espacio personal, que de todas maneras distaba de ser el caso actual por aún un par de pasos.

-Oh sí, lo juro por el alma inmortal de mi madre -repuso rápidamente con una pequeña sonrisa en sus labios, aunque una risotada no tardó en escapársela. Claro, por su madre, ¿y ya que estaba por qué no jurarlo también por la vida de una rata de los desagües? Jurar algo en nombre de esa mujer era prácticamente una garantía de que faltaría a su promesa, un terrible ejemplo. Y normalmente Missy no se preocuparía en asegurarse la confianza de su interlocutora, pero este caso se salía de la norma. Melissa había extraviado algo, y su única oportunidad de recuperarlo estaba en compañía de Gwendoline.

La expresión de la ex auror cambió. Por una vez, se puso seria.

-Puedes confiar en eso. No tengo nada que ganar traicionándote, y mucho que perder. Si acaso confías en mi mera palabra o si necesitas un juramento de sangre, es tu decisión. Sólo voy a advertirte una cosa, Gwendoline Edevane: no voy a irme de aquí con menos recuerdos de los que tenía al entrar. Así que si necesitas un juramento inquebrantable o cualquier tipo de prueba de mi fidelidad, es tu momento para decidirlo
- la bruja ladeó su cabeza levemente, mas no esbozó ningún tipo de sonrisa. Toda su atención estaba volcada en la joven bruja, para bien o para mal-. ¿Estoy siendo clara? Para tu seguridad, pero principalmente la mía.
Melissa Masters
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Melissa MastersInactivo

Gwendoline Edevane el Mar Dic 25, 2018 7:02 pm

’Confianza’ era una palabra que no podía emplearse a la ligera en los tiempos que corrían. Y menos en el caso de Gwendoline: nunca se había caracterizado por ser una persona que entregaba su confianza a cualquiera, y mucho menos a alguien del Ministerio sobre quien no tenía ningún tipo de información. Se había arriesgado con ella única y exclusivamente porque las filas del Innombrable eran numerosas, y nunca venía mal un aliado nuevo para la causa que le hacía frente. Quizás una posible aliada fuera Melissa Masters, o quizás no, pero si no se arriesgaba un poco, la respuesta sería negativa.

Sin embargo, su actitud con respecto a ella seguía siendo seria, y en cierto modo distante. Suponía que no había traído consigo a algún auror para arrestar a la morena en el momento en que tuviera alguna prueba de su traición, o de lo contrario ya estaría esposada. Pero no podía cambiar su actitud desconfiada y reacia a bromear de la noche a la mañana. Así que no respondió al sarcasmo de la mujer que tenía delante, la cual hacía gala de una personalidad irónica que jamás se habría imaginado que tendría cuando la conoció.

En su lugar, pasó al asunto que las ocupaba: los recuerdos de Melissa Masters. Aquel asunto parecía sumamente importante para ella, hasta el punto de pretender pasar por debajo de todos los procedimientos legales. Si bien aquel asunto quizás pudiera tratarse de manera oficial, Masters parecía preferir llevar aquel asunto con cierto secretismo. Gwendoline no tenía ni idea del por qué de esto, y tampoco tenía intención de ponerse a preguntarle al respecto. Sus asuntos personales eran solamente suyos.

Tras jurar que no desvelaría el secreto, la mujer dijo algo que hizo a Gwendoline abrir los ojos con sorpresa: estaba dispuesta a realizar incluso un juramento inquebrantable, pero no a renunciar a más de sus recuerdos. Por un momento, Gwen no supo qué decir y se quedó en silencio, bajo la atenta mirada de Melissa Masters. Y es que la mención del juramento inquebrantable traía a su mente recuerdos poco gratos, relacionados con Sebastian Crowley y con su mejor amiga, Samantha Lehmann. El juramento inquebrantable se había convertido para ella en una forma vil de magia, y no quería tener nada que ver con ello.

Le bastaba la intención de Masters de realizarlo.

—No será necesario llegar a esos extremos.—Dijo finalmente, asintiendo con la cabeza y mirando a los ojos a la mujer.—La creo, señora Masters.—Y si bien no pondría la mano en el fuego—siempre cabía la duda de que hubiera dicho aquellas palabras, ofreciéndose al juramento inquebrantable, como una forma de manipulación—, Gwendoline habló con sinceridad.—Y sí, está siendo usted clara como el agua. Nadie aquí va a tocar sus recuerdos, se lo prometo. Lamento la desconfianza inicial, pero comprenderá que esto...—Gwendoline abarcó con ambas manos la estancia que la rodeaba.—...no es precisamente algo que el Ministerio vería con buenos ojos.

Gwendoline se volvió entonces en dirección a las estanterías. Había más de un millar de esferas en aquellos estantes, las cuales contenían distintos recuerdos demasiado valiosos como para ser borrados sin más. La bruja más joven no tenía la menor idea de qué contenían la mayoría, pues no eran de su interés: había aprendido en su trabajo a respetar la privacidad de la gente, y empezar a examinar recuerdos supondría violar la de otros.

—De acuerdo.—Gwendoline caminó en dirección al estante central y echó mano de un grueso volumen encuadernado en cuero. Lo soltó de inmediato, y el libro levitó ante ella, como sujeto por hilos invisibles. Con un movimiento de varita, hizo que el libro se abriera por las páginas centrales.—Es posible que sus recuerdos se encuentren almacenados aquí.—Suspiró profundamente, para acto seguido pronunciar con toda claridad:—Masters, Melissa.—Las páginas del libro, entonces, empezaron a pasar a toda velocidad ante sus ojos, como si un observador invisible las estuviera hojeando a gran velocidad...


Off rol:
Lo primero, perdón por el cambio de narración de primera a tercera. Espero que no choque mucho ^^u
Segundo, dejo el post justo aquí para que decidas tú si aparece algo con respecto a los recuerdos de Melissa, si no aparece, o en caso de aparecer, qué aparece. ¡Todo tuyo! :dios:
Gwendoline Edevane
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